El 18 de marzo a las tres de la mañana comienza el incendio en una nave con residuos plásticos y neumáticos en el municipio de La Bañeza, a día de hoy, el siniestro sigue activo sin que se tengan noticias de las toneladas calcinadas y del impacto ambiental que está teniendo.
El humo y las cenizas está contaminando el aire y poniendo en peligro la seguridad y la salud de miles de personas en el entorno de La Bañeza y sus comarcas, llegando incluso en algunos momentos al valle del Tuerto, Sequeda y Astorga. provocando una situación inaceptable e insostenible.
Después del tiempo transcurrido, ¿Como es posible que todavía no se haya informado a la ciudadanía de manera real sobre la peligrosidad del incendio? ¿Se ha analizado la calidad del aire? ¿Sí se ha hecho porque no se ha dado información pública sobre estos análisis? ¿Porque el Ayuntamiento de la Bañeza no ha desmantelado este depósito que parece ilegal?
El gobierno de Castilla y León lejos de tomar las medidas oportunas para evitar los incendios oferta continuamente la región como un lugar adecuado para recibir todo tipo de residuos de otras comunidades o países, un ejemplo claro es el vertedero que se pretende construir en San Justo de la Vega.
Debido a esta política han aumentado los incidentes en instalaciones de residuos de todo tipo. Por el contrario, las medidas legales, administrativas y económicas se postergan. Ni las normativas ni las tasas medioambientales se han adaptado a los tiempos mientras los mecanismos de control y sancionadores se debilitan constantemente.
La Junta de Castilla y León no han adoptado las medidas adecuadas para evitar que vuelva a producirse un caso similar y ya son dos en la provincia de León en pocos años, RMD y La Bañeza.
Este tipo de incendios están siendo habituales mientras se incentiva la misma política de gestión y se deja de lado la dotación de medios de vigilancia y sanción.
Ecologistas en Acción exige que la Junta de Castilla y León asuma sus responsabilidades, se favorezca la prevención, los controles e inspección de los gestores y extienda la responsabilidad del productor en la gestión de los residuos.
El MITECO ha puesto en su página web a información pública hasta el 30 de marzo de 2026 el trámite inicial ambiental en el cual se debe definir el alcance del Estudio de Impacto Ambiental para su posterior Evaluación y Autorización de un gran parque eólico y fotovoltaico.
A lo largo de todo extremo suroeste de la provincia de Soria se pretende instalar 49 aerogeneradores de grandes dimensiones, así como 161 hectáreas de placas solares; y una línea de alta tensión aérea de 24 km de longitud que afecta a los municipios segovianos de Ayllón, Lagunilla, Maderuelo; y a los burgaleses de La Vid, así como al soriano de Castillejo de Robledo y Langa de Duero.
Su potencia (575 MW) será casi la mitad de la potencia eólica total aproximada instalada ahora en la provincia de Soria. (1.263 MW -megavatios-)
La documentación del proyecto, denominado Proyecto Híbrido Liceras, promovido por la empresa Eólica Navarra S.L.U. consiste en una variada cartografía y en una memoria descriptiva, de cuya lectura, Ecologistas saca las siguiente información:
El proyecto Liceras no es una instalación convencional, sino un complejo híbrido de grandes dimensiones que integra energía eólica, solar fotovoltaica y almacenamiento por baterías (BESS). La infraestructura se extiende sobre una superficie de afección de aproximadamente 7.600 hectáreas, afectando a términos municipales de la provincia de Soria, y secundariamente a los de Segovia y Burgos.
Componentes técnicos destacados
Según la documentación técnica analizada, el complejo contará con una capacidad total de 575,73 MW, desglosados de la siguiente manera:
Módulo Eólico: Instalación de 49 aerogeneradores de 7,5 MW de potencia cada uno (cada uno equivale a 9 aerogeneradores de los actuales de la Sierra de Pela, y el conjunto equivalen a 409 aerogeneradores). La altura de su fuste es de 110 metros y 201 m incluidas las palas, sumando una potencia de 367,5 MW que se ubican a lo largo de todo el municipio de Tiermes y de Liceras, y secundariamente en el de San Esteban de Gormaz (localidades de Quintanas Rubias de Arriba, Torremocha de Ayllón y Torraño).
Módulo Fotovoltaico: Una planta solar compuesta por 310.016 fotovoltaicos, con una potencia de 184,8 MW. que ocupan 161 hectáreas, localizada en los municipios de Liceras y Montejo de Tiermes.
Un sistema de baterías con capacidad de 23,43 MW, en Cuevas de Ayllón.
Infraestructura Eléctrica: El proyecto requiere la construcción de cinco subestaciones eléctricas (SET Elevadora I, II, III, IV y SET Colectora) y una red de líneas de evacuación de alta tensión aérea (66 kV y 220 kV) de 24 km de longitud que conectará con la red de transporte en la SET Zuzones 400 kV (REE), que pasa por Ayllón, Lagunilla, Maderuelo, Castillejo de Robledo, Langa de Duero, y la Vid y Barrios.
Impactos ambientales a considerar
Aunque el promotor presenta el proyecto como una medida necesaria para la descarbonización y la transición energética, resulta que lo ubican donde menos rechazo social puede haber y alejados de los centros de consumo de las grandes poblaciones. Para ASDEN, su ubicación y la gran dimensión del proyecto conlleva impactos significativos que deben ser evaluados con rigor:
Ocupación del territorio: La transformación de 7.600 hectáreas supone una alteración profunda de los usos del suelo, afectando principalmente a terrenos de los municipios de la zona sur de Soria y el nordeste de Segovia.
Impacto paisajístico y de obra civil: La instalación de 49 aerogeneradores de gran potencia y miles de paneles solares, junto con la red de viales, cimentaciones y subestaciones, modificará permanentemente el paisaje rural y natural de gran singularidad.
Fragmentación de hábitats: La construcción de kilómetros de líneas eléctricas de evacuación y vallados perimetrales (se han identificado al menos siete zonas de vallado distintas en el proyecto) puede generar efectos de barrera para la fauna local.
En la zona hay una interesante población de aves rapaces, así como de esteparias las cuales no están bien reconocidas en las cartografías de la Junta de Castilla y León en la que se analiza la afección de los parques eólicos para las aves planeadoras.
El valor natural y cultural de la zona hizo que hace más de 20 años, con el proyecto LIFE VALLE DE TIERMES-CARACENA, de la Asociación de amigos del Museo de Tiermes, se elaborara un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales con el objetivo de declarar la zona como parque natural. Algo que fue rechazado por la Junta de Castilla y León. Tales valores deberían limitar en gran medida este proyecto, ya que su ejecución supondrá no poder declarar la zona como Parque Natural, y los beneficios que ello conllevaría frente a este tipo de proyectos energéticos e industriales que en la provincia de Soria no han contribuido a asentar población.
ASDEN-Ecoogistas en Acción de Soria va a presentar alegaciones en esta fase preliminar de consultas potestativas con objeto de que se eliminen aerogeneradores de las áreas más sensibles y se hagan los estudios con la calidad adecuada para valorar correctamente los impactos que van a generar, en especial: sobre la avifauna y sobre el paisaje. Además; anima a toda la población local a que presente y aporte información sobre sus impactos para que los mismos aparezcan en el Estudio de Impacto Ambiental y sean valorados correctamente.
En este proyecto, así como en otros tramitados por el MITECO, el procedimiento de participación ciudadana ofrece una información cartográfica en formato digital que facilita conocer su ubicación y afecciones; algo que no hace la Junta de Castilla y León a pesar de que se le ha reclamado en muchas ocasiones. Por otro lado; llama la atención que ningún organismo público ni ayuntamiento haya informado de la existencia de este proyecto y de su fase de participación pública.
Ver: mapa
Plazo de alegaciones y aportaciones: hasta 30 de marzo de 2026
Acceso a la documentación
La Sala de lo Contencioso-Administrativo de Valladolid tumba la Orden MAV/534/2024 por un defecto sustancial en su tramitación. La sentencia subraya que la gestión del jabalí como una especie con un impacto transversal en la sanidad, la agricultura y la seguridad, no puede despacharse como una mera “operativa de caza”.
El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL) ha dictado sentencia estimando el recurso interpuesto por la Federación de Ecologistas en Acción de Castilla y León, declarando la nulidad de pleno derecho de la Orden MAV/534/2024, de 3 de junio, que aprobaba el Plan de Gestión del Jabalí en la Comunidad (BOCyL nº 109 de 6 de junio de 2024).
Un plan sin el aval del Consejo Regional de Medio Ambiente
El tribunal fundamenta la nulidad en la falta de un informe preceptivo del Pleno del Consejo Regional de Medio Ambiente. La Administración autonómica pretendió validar el plan únicamente con el visto bueno de la Comisión de Caza, argumentando que se trataba de una cuestión meramente cinegética.
Sin embargo, la sentencia es tajante al señalar que la gestión del jabalí excede el ámbito de la caza debido a su “notable carácter transversal”. El tribunal destaca que la norma afecta directamente a:
La seguridad vial y de las personas.
La salud pública y la sanidad animal.
La agricultura y el medio ambiente en su conjunto.
Además, le parece excesiva la pretensión de que el Plan tenga una vigencia indefinida considerando sus características, ya que “no hay ninguna situación alarmante, preocupante o extrema”.
Necesidad de una visión integral
Para el TSJCyL, una planificación de esta envergadura a escala autonómica requería un informe de “mayor calado” y una “perspectiva más amplia” como la que ofrece el Pleno del Consejo, donde están representados diversos intereses y no solo los cinegéticos. Al haber omitido este paso, la Junta de Castilla y León vició de nulidad toda la norma. Igualmente, el TSJCyL esgrime que el texto definitivo no fue presentado nuevamente a escrutinio público luego de ser modificado.
Desde Ecologistas en Acción, celebramos que la justicia vuelva a poner freno a la nefasta gestión que del medio natural hace esta Consejería con su Consejero el Sr.Quiñones y su Director General del Medio Natural Jose Ángel Arranz, una gestión que, lejos de basarse en criterios científicos, de conservación, protección y sostenibilidad, se basa exclusivamente en criterios extractivos y de rédito político cortoplacista para “contentar” a sectores relevantes entre sus votantes. Convine recordar por tanto a la Consejería de Medio Ambiente que la fauna silvestre debe gestionarse bajo el rigor de la participación pública y el análisis de todos sus impactos sociales y ambientales y con la ciencia y los datos técnicos por bandera. Así debería hacerse con otras especies como el lobo y sin embargo se sigue aplicando la máxima de “tirar para adelante” y luego ya se verá, siendo colectivos ecologistas como Ecologistas en Acción quienes deben actuar para frenar todo los despropósitos que plantean.
Pero ¿quién asume responsabilidades políticas en este caso? No es la primera vez que la justicia da un varapalo a la gestión de esta Consejería pero ninguna de las anteriores, y nos tememos que esta tampoco, han tenido consecuencias políticas para sus responsables. Desde Ecologistas en Acción entendemos que ya es hora de que la administración regional, encargada de velar por la buena gestión del patrimonio y de los fondos de esta Comunidad, se empeñe en gobernar para unos pocos desamparando la protección del medio ambiente y haciendo que sea la justicia, con la intervención de la sociedad civil organizada, quien intervenga y ponga orden y cordura. Exigimos dimisiones y responsabilidades políticas inmediatas.
Detalles del fallo
La sentencia nº 266/2026, fechada a 9 de marzo y notificada formalmente el 16 de marzo, ha sido dictada por la Sala de lo Contencioso-Administrativo (Sección 1) de Valladolid.
De una tierra conservadora y en detalle desconocida como Castilla y León lo que no se espera nunca es la sorpresa. Pero este es un tiempo de cambios y las elecciones autonómicas de 2026 han sido, sobre todo, lo que nadie esperaba. El PP estaba preocupado por la movilización de sus votantes, en los segundos comicios a Cortes despegados de los municipales, y Vox prometía seguir en la ola superando el umbral del 20% por primera vez en una autonomía. Al PSOE nadie le auguraba una noche tan buena y su aspiración de, al menos, poder decir que ganaba las elecciones (se quedó a casi 60.000 votos y 3 escaños) se fiaba a la penetración de los de Santiago Abascal en territorio popular. La Unión del Pueblo Leonés (UPL) quería rubricar un triunfo histórico con grupo propio y sorpasso al PSOE, y quedó encallada. Los localismos de Soria ¡Ya! y Por Ávila perdieron fuelle. Y desaparecen del hemiciclo IU-Sumar, Podemos y Ciudadanos.
Alfonso Fernández Mañueco, el hombre que con 60 años lo ha sido todo en 31 de los 38 que su partido ha gobernado en Castilla y León, es el único con posibilidad de presidir la Junta de nuevo, pero tendrá que volver a hacerlo con un Vox que ya salió de espantada por mandato nacional a mitad de legislatura y que lo llama “canalla” y de quien él ha dicho que es un partido que quiere “tirar gente [migrantes] al mar”. El domingo por la noche, en el cuartel electoral del PP en su Salamanca natal, estaba contento y aliviado: cree que con el pinchazo de Vox (al que casi duplica en votos) sobre las expectativas, ahora a los de Abascal se les bajarán los humos y se sentarán a negociar en base al programa del PP, sin apretar.
El nuevo líder de la oposición, el socialista Carlos Martínez, confía en que la negociación de tantos gobiernos autonómicos resulte en una ruptura en la derecha que lleve a una repetición electoral. Sabe que la campaña se le ha quedado corta y él no está acostumbrado a perder: ha sido cinco veces alcalde de Soria y tiene la única mayoría absoluta del PSOE en una capital de provincias. Siguiéndolo en campaña (rápido, porque llegó a visitar cinco provincias en día y medio), muchos intuyeron lo que acabó confirmándose la noche del domingo: que era un buen candidato socialista para Castilla y León. Un hombre común, desenfadado, que hace “pincho-mítines” con un botellín en la mano; al que no han enseñado todavía a hablar como un político moderno, que dice cosas inusuales y no rehúye preguntas, con un discurso muy aterrizado en los servicios públicos y la igualdad, cercano, un alcalde con peña al que mantean en fiestas.
La etapa Mañueco en Castilla y León ha estado marcada por la ola del gran cambio político contemporáneo en España. En 2015 –las últimas elecciones de su predecesor Juan Vicente Herrera–, la tercera fuerza en Cortes era Podemos con 10 escaños. Ahora no llega a los 10.000 votos, casi la mitad que el partido de Alvise y apenas el doble que el PACMA. La coalición IU-Sumar triplica los apoyos de Podemos, pero ni siquiera yendo juntos a estos comicios habrían mantenido el escaño en la única provincia donde tenían posibilidades: Valladolid. No es la única explicación, pero sí les ha hecho daño el voto estratégico: las circunscripciones provinciales, sobre todo las más pequeñas, han sido históricamente un lugar en el que la izquierda alternativa (antes IU en solitario) veía cómo se le perdían votos sin representación. En estas elecciones los votantes han querido asegurarse de que su voto vaya a un saco seguro: los de derechas al PP, el statu quo, y los progresistas o centristas (a los que les espanta la ultraderecha) al PSOE. El voto a los dos grandes partidos es muy leal en Castilla y León, y tienen algo que a Vox (y a Podemos y a Sumar) se le ha dado especialmente mal: cuadros de partido y despliegue territorial. IU sí resiste, a su escala, en ese aspecto.
En 2019, cuando el PSOE de Luis Tudanca ganó las primeras elecciones de un Mañueco que se estrenó con el peor resultado de su partido en su gran bastión, Ciudadanos (tercera fuerza con 12) tuvo en su mano ofrecer a los castellano y leoneses la posibilidad de conocer un gobierno que no fuera del PP e hizo lo contrario. Esa apuesta acabó con adelanto electoral. Ahora se ha quedado por debajo de los 5.000 votos y fuera de las Cortes. El que fuera vicepresidente de ese Gobierno, Francisco Igea, pidió el voto en estas elecciones para IU-Sumar en Valladolid. Cosas veredes. En 2022, una campaña en Castilla y León con gran seguimiento nacional a diferencia de esta, Vox llegó a su primer gobierno autonómico con 13 procuradores. Juan García-Gallardo, ese joven político estridente del “latido fetal” de quien Abascal dijo aquello de que se le estaba poniendo cara de vicepresidente, tuiteó el domingo, desde la ruptura hostil con el líder, un acertado análisis de la noche: “Es el bipartidismo y no Vox el que hoy está de fiesta”.
Castilla y León es una comunidad enorme y compleja. Nacida de la unión de una región histórica (León) y otra desmembrada (Castilla) como contrapeso español a los nacionalismos periféricos, alberga realidades diversas: voto urbano más progresista que el rural, que decrece; León –y ahora Soria con su alcalde– como diques socialistas en un mar azul de interior. Pero tiene un elemento definitorio: su votante medio supera los 50 años. Este grupo demográfico lo domina todo –incluso cómo se hacen las cosas: “así, como se han hecho siempre”– y está harto de los sobresaltos de los dos últimos gobiernos de coalición fallidos.
Vox no acertó a la hora de ponerse el listón en el 20% de los votos: ni el campo de Castilla y León –amarrado por alcaldes del PP desde hace casi 40 años y sin grandes empresas como las que tiene, por ejemplo, Murcia– ni su demografía favorecen su crecimiento. Su ascenso se sustenta en el nuevo votante, jóvenes de entre 18 y 25 años, la parte inicial del éxodo continuo que condena a esta comunidad: más de 1 millón de sus nacidos viven fuera de ella. Dentro apenas 2,4 millones y cada vez más envejecidos.
En estas elecciones se han equivocado la mayoría de las encuestas (el CIS no tuvo mala puntería, aunque con horquillas amplias), los análisis, los partidos, todos, en definitiva, al no concebir que las urnas tienen vida propia y que este es un tiempo de cambios, aunque el cambio en esta tierra conservadora sea una vuelta (parcial) al bipartidismo. Una vuelta a casa, a lo (malo o bueno) conocido, después de un par de aventuras que no salieron bien.
El movimiento ecologista de León, representado por las asociaciones Bierzo Aire Limpio, Ecologistas en Acción de León y la Plataforma para la defensa de la cordillera Cantábrica, recurren en alzada las resoluciones de la Junta que pretenden permitir la ganaderia y la caza en los montes de la provincia de León incendiados el pasado verano.
La nefasta y cuestionada gestión de los incendios por parte de la Junta de Castilla y León, propició que en agosto del año pasado, se produjera la mayor catástrofe ambiental registrada en León: casi el 10% de toda la superficie forestal de la provincia calcinada. Los incendios afectaron a espacios protegidos de incalculable valor ecológico.
Apenas transcurrido medio año desde entonces, y a pocas fechas de las elecciones autonómicas, el Servicio Territorial de Medio Ambiente de León, instado por la Dirección General de Patrimonio Natural y Política Forestal de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente, publicó el pasado 12 de febrero en el Boletín de la Provincia de León, sendas resoluciones de la Junta, firmadas por el Jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente de León, Jesús Méndez Fernández, para dejar sin efecto la suspensión de los aprovechamientos cinegéticos y ganaderos en la totalidad de los terrenos afectados por los incendios del último verano.
Dicha suspensión, cuyo objetivo es permitir la recuperación de la cubierta vegetal, es automática, tiene una duración de 5 años y está regulada en el artículo 92 de la Ley de Montes de Castilla y León. No obstante, ese mismo artículo reconoce que dichas prohibiciones podrán ser levantadas “cuando se acredite la compatibilidad de los aprovechamientos con la regeneración del monte incendiado y con la restauración del hábitat y supervivencia de las especies de flora y fauna silvestre”. Sin embargo, la Junta no ha evaluado el impacto ambiental de los incendios, no ha estudiado su repercusión sobre las especies de flora y fauna, no ha elaborado planes de restauración y ni siquiera ha convocado al Consejo Regional de Medio Ambiente. Con argumentaciones carentes de cualquier rigor técnico se levantan las prohibiciones, sin distinción alguna en todo el territorio afectado, para todas las especies cinegéticas (incluidas las de caza menor), a todas las explotaciones ganaderas, y durante todo el periodo de los cinco años previstos en la Ley.
En sus recursos Bierzo Aire Limpio, Ecologistas en Acción y la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica, ponen de manifiesto la falta de rigor en los argumentos esgrimidos por la Junta para aplicar las excepciones previstas en la Ley. Las resoluciones han ignorado el riesgo enorme de erosión de estas actividades en los terrenos quemados que, anegados y desestabilizados con las incesantes lluvias de este invierno, han perdido ya parte de su capacidad de regeneración. Ahora tocaría extremar las precauciones para evitar que ese deterioro vaya a más y se deberían, por tanto, mantener las suspensiones previstas en la Ley de Montes de Castilla y León. Además, levantar las prohibiciones en la totalidad de los montes quemados, sin tener en cuenta su régimen de protección o su ubicación en espacios de la Red Natura 2000 y/o parques regionales, nacionales o reservas de la biosfera, denota la total desvinculación de las resoluciones con la conservación del medio ambiente, a la que se debe tanto el Servicio Territorial de León como la Dirección General de Patrimonio Natural y Política Forestal.
Para terminar, recordar que los responsables tanto políticos como técnicos de estas resoluciones, tienen la obligación legal de restaurar los terrenos forestales incendiados y de recuperar el Patrimonio Natural afectado. Lejos de eso, en una burda maniobra electoral, pretenden priorizar los intereses de unos sectores muy concretos, en detrimento del bien común.
Por todo ello, las asociaciones ecologistas barajan la posibilidad de seguir la vía contencioso administrativa, incluso la vía penal por prevaricación ambiental contra los responsables políticos y técnicos, si se desestiman los recursos.
Ante la cercanía de las elecciones autonómicas, Ecologistas en Acción hace un llamamiento a la ciudadanía y a las fuerzas políticas de Castilla y León para reflexionar sobre el modelo de sociedad que queremos construir. La organización, junto a otras entidades sociales, presentó el informe “Transición Ecosocial Justa en Castilla y León”, que subraya la urgencia de emprender un cambio de sistema que combine justicia social y sostenibilidad ambiental.
La ciudadanía ha comenzado a demandar con fuerza cambios profundos, como demuestran los numerosos procesos deliberativos y movimientos sociales recientes, incluyendo la iniciativa europea BEYOND GROWTH, la conferencia “Más allá del crecimiento” en España y diversos foros regionales como el desarrollado en Castilla y León. Estas iniciativas buscan sentar las bases de un pacto social post-crecimiento que atienda las crisis ecológicas y sociales actuales.
En este contexto, durante 2025 se elaboró de forma participativa, con las aportaciones de casi 300 personas, este informe que concluye que Castilla y León tiene unas condiciones favorables para una transición ecosocial justa, gracias a su territorio, recursos naturales y potencial de arraigo económico. Sin embargo, lograrlo requiere transformaciones profundas en todos los aspectos de la vida: social, económica, cultural y ambiental. Entre las propuestas clave a considerar para estas elecciones destacan:
Reconciliarse con el territorio y restaurar los ecosistemas mediante planificación, gestión forestal y renaturalización de municipios.
Construir nuevas formas de gobernanza que incluyan a la ciudadanía en la toma de decisiones.
Promover la educación ecosocial para generar conciencia y participación.
Fortalecer comunidades y redes colectivas locales.
Redistribuir la riqueza y el poder de forma equitativa para financiar servicios públicos esenciales.
Desarrollar oportunidades en el medio rural y reforzar el vínculo campo-ciudad.
Impulsar la transición agroecológica y la soberanía alimentaria.
Planificar la reconversión industrial con criterios ecosociales.
Avanzar hacia un modelo energético distribuido, democrático y participativo.
Ecologistas en Acción hace un llamamiento a partidos y candidaturas para que integren estas prioridades y a la ciudadanía para que las tenga en cuenta a la hora de decidir su voto. “No podemos posponer más la acción; la transición ecosocial justa no es una opción, es una necesidad urgente”, subraya la organización.
La reflexión preelectoral propuesta invita a considerar no solo el presente, sino también el futuro que queremos para nuestras ciudades, pueblos y para el territorio en su conjunto, con justicia social y respeto a los límites del planeta. “Castilla y León debe y puede afrontar un cambio que reconcilie el bienestar humano con la salud de los ecosistemas, pero solo si asumimos colectivamente este desafío”.
Un grupo de organizaciones sociales, ambientales y políticas de Castilla y León presentaron una carta abierta al Presidente y al Consejero de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, así como a los diversos grupos políticos, reclamando la adopción de medidas urgentes y estructurales para hacer frente a los incendios forestales y a los efectos de la crisis climática en la región.
En la misiva, las entidades recuerdan a las personas afectadas por la ola de incendios que el verano pasado arrasó más de 164.000 hectáreas en la comunidad, con 1.200 incendios registrados desde agosto, según datos del Sistema de Información de Incendios Forestales de la Comisión Europea (Copernicus). La carta subraya que la crisis climática agrava la frecuencia, intensidad y destructividad de los incendios, y cita las proyecciones de la ONU, que anticipan un aumento de los incendios extremos de 14 % para 2030, 30 % para 2050 y 50 % a final de siglo.
Las organizaciones recuerdan que los incendios no solo son un problema ambiental, sino también de derechos humanos, afectando al derecho a la vida, la salud, la vivienda y los medios de vida de las comunidades afectadas.
Por eso, destacan diversas medidas para que los partidos políticos tomen en cuenta:
Prevención: incluir una gestión forestal adaptada al cambio climático, campañas de concienciación ciudadana, y dignificación del trabajo de los equipos de extinción. Además, garantizar una planificación territorial que tenga en cuenta el riesgo de incendios y reforzar la investigación para conocer mejor sus causas.
Recuperación y formación: fortalecer el operativo y los sistemas de alerta y comunicación en emergencias, implementar planes de recuperación para las zonas quemadas, controlar la erosión y la contaminación, y proporcionar ayudas a las víctimas. De la misma forma, es necesario fomentar la sensibilización ciudadana y ofrecer formación escolar sobre prevención, autoprotección y actuación en caso de incendio.
Otras recomendaciones: realizar evaluaciones de daños, estabilizar el suelo y proteger cauces y embalses. Planificar la recuperación postincendio para aumentar la resiliencia del territorio y actualizar la Estrategia Regional Contra el Cambio Climático.
Las organizaciones instan a los futuros representantes de la comunidad a traducir estas medidas en acciones concretas y ofrecen su disposición para reuniones y colaboración técnica.
Firmantes:
Amnistía Internacional, Asociación Vecinos La Calle, CRIOSANABRIA, Ecologistas en Acción Castilla y León, Intersindical de Castilla y León, Stop Macrogranja Fuentemolinos, Partido Comunista de España, Podemos Castilla y León.
El pasado 28 de febrero, la Casa del Medioambiente de Valladolid acogió la primera sesión del Curso de Ecología Social organizado por Ecologistas en Acción Castilla y León, una iniciativa dirigida a jóvenes interesadas e interesados en comprender y afrontar la actual crisis ecosocial desde una perspectiva colectiva y transformadora.
Bajo el título “Esto está que arde: de lo global a lo local”, la jornada abordó las múltiples dimensiones de la crisis climática, energética y social, así como las estrategias de resistencia y resiliencia que ya se están impulsando desde el activismo y los movimientos sociales.
La sesión contó con presentaciones de Fridays for Future, Ecolojóvenes y GEEDS, quienes compartieron experiencias y reflexiones sobre la necesidad de fortalecer la organización colectiva frente a la ecoansiedad, la desinformación y el aumento de las desigualdades.
El encuentro combinó exposiciones, debate y trabajo participativo, generando un espacio de intercambio en el que las personas asistentes pudieron analizar la conexión entre los desafíos globales y la realidad de Castilla y León, así como explorar herramientas para impulsar cambios desde lo local.
El Curso de Ecología Social continuará en las próximas semanas con nuevas sesiones centradas en la transición ecosocial, el ecofeminismo, las herramientas jurídicas para la defensa del medioambiente y la comunicación transformadora.
Con esta formación, Ecologistas en Acción apuesta por reforzar el compromiso juvenil con la justicia climática y social, promoviendo el paso de la preocupación individual a la acción colectiva organizada.
Documental “Comprar Tirar Comprar” sobre la obsolescencia programada (click para verlo).
La opción de compra más ecológica es, en general, no comprar nada. Pero claro, salirse del sistema totalmente puede no ser fácil, o puede ser más fácil de lo que pensamos (aquí hay un caso real). La decisión de comprar algo, debe ser una decisión consciente, no impulsiva. Pero cuando ya hemos decidido conscientemente que vamos a comprar algo, los productos de segunda mano ofrecen ventajas que el comprador ecológico debe analizar. Estás son algunas:
Comprar productos usados evita (o al menos reduce) la necesidad de extraer materiales de la Naturaleza.
Permite que materiales ya extraídos se utilicen más, haciéndole un favor al anterior propietario. Aunque haya que cambiar alguna pieza, el beneficio es evidente.
Son productos más baratos, y en Internet se encuentran webs donde se ofrecen todo tipo de productos, aunque son preferibles las tiendas locales (favoreciendo el ecológico comercio local).
Comprando (y vendiendo) productos usados ralentizamos la maquinaria industrial (la famosa “flecha dorada del consumo” del genial vídeo de Annie Leonard), y eso ofrece un respiro a la Naturaleza. Eso podría no ser del todo cierto si el vendedor usa el dinero para comprar productos nuevos, pero eso es responsabilidad del vendedor, no del comprador: Siempre hay que tener en cuenta que lo mejor es aprovechar las cosas hasta el final. Ejemplos:
Un sistema de transporte privado que consuma mucha energía externa no puede ser ecológico, aunque no emita CO2.
Si el coche (o el móvil, ordenador…) sigue prestando el servicio para el que fue comprado, es mejor no cambiarlo, salvo que su mantenimiento sea excesivo (aunque hay tiendas de recambios usados muy baratos). Pero en materia de “coches” nada será sostenible.
Las bicicletas de segunda mano son una buena y barata opción para animarse a pedalear. Siempre se pueden revender.
Es una pena tirar o acumular muebles, libros… cuando pueden restaurarse, o encontrarles alguien que les dé utilidad.
En electrodomésticos, como en casi todo, es dudoso que sea mejor comprar uno nuevo «ecológico» antes de aprovechar uno antiguo (o de segunda mano) que funcione adecuadamente.
Una de las cosas buenas de las crisis es que fomenta que la gente aproveche mejor sus productos (ley de las 3 erres), y que use más el mercado de segunda mano, además de una economía alternativa basada en monedas locales complementarias, los sistemas LETS (en Málaga, por ejemplo, está la moneda complementaria el Común). Pero la crisis tiene otras muchas alternativas.
Reflexión final: Intuyo que la mayoría de la gente que lea esto hasta el final será gente ya concienciada. Si el artículo te ha hecho reflexionar en algo, o bien, tienes experiencias o ideas en compra-venta de productos de segunda mano, por favor, pon un comentario con tus pensamientos al respecto. Gracias.
Este artículo es largo, pero merece la pena leerlo hasta el final.
Naomi Klein (periodista canadiense, 1970-) ha escrito tres libros que han conseguido cambiar la percepción de la sociedad. Sus anteriores libros son “No logo” (1999) y “La doctrina del shock” (2007).
En “Esto lo cambia todo” (2015) se propone hablar de un tema incómodo y que muchos eluden (como corrobora Leonardo DiCaprio en su documental “Before the flood“, verlo entero aquí). Naomi Klein expone los mitos y las realidades del Cambio Climático, sin caer en tópicos ni en la desesperación, ofreciendo datos, caminos y opciones que debemos transitar.
Naomi Klein reconoce que ella misma negó el cambio climático cuando “sabía que estaba pasando”. No lo negaba como Donald Trump diciendo que mientras exista el invierno el cambio climático es mentira. Pero lo ignoraba, como mucha gente, mirando para otro lado sin querer ser consciente de la realidad o confiando en milagros tecnológicos o políticos. “El cambio climático es así: es difícil pensar en él durante mucho tiempo. Practicamos esta forma de amnesia ecológica intermitente por motivos perfectamente racionales. Lo negamos porque tememos que, si dejamos que nos invada la plena y cruda realidad de esta crisis, todo cambiará. Y no andamos desencaminados”: “El cambio climático lo transformará todo en nuestro mundo”. Esto implica “cambiar cómo vivimos y cómo funcionan nuestras economías, e incluso cambiar las historias que contamos para justificar nuestro lugar en la Tierra. La buena noticia es que muchos de esos cambios no tienen nada de catastróficos. Todo lo contrario: buena parte de ellos son simplemente emocionantes”.
Naomi Klein constata que es posible que la lucha contra el cambio climático requiera invertir dinero, pero el dinero se puede conseguir. Como muestra, resalta que las autoridades sacaron “billones de dólares hasta de debajo de las piedras” para salvar la banca y han hecho “pagar a la ciudadanía la factura dejada por los bancos” que ocasionaron la crisis. “El cambio climático, sin embargo, no ha sido nunca tratado como una crisis por nuestros dirigentes”, pero “si un número suficiente de todos nosotros dejamos de mirar para otro lado y decidimos que el cambio climático sea una crisis (…) no hay duda de que lo será y de que la clase política tendrá que responder”, porque “no basta con que lo mitiguemos o nos adaptemos a él. Podemos aprovechar esto para reactivar economías locales, “recuperar nuestras democracias de las garras de la corrosiva influencia de las grandes empresas”, “recobrar la propiedad de servicios esenciales como la electricidad y el agua, reformar nuestro enfermo sistema agrícola y hacer que sea mucho más sano”, respetar los derechos indígenas y las migraciones climáticas, y “poner fin a los hoy grotescos niveles de desigualdad existentes”:
La Doctrina del Shock: Lee un resumen de este libro, también de Naomi Klein.
“La emergencia misma del cambio climático podría constituir la base de un poderoso movimiento de masas”.
Muchas veces se han aprovechado las crisis para imponer medidas que enriquecen a una reducida élite (España es un claro ejemplo): suprimiendo regulaciones, recortando gasto social, forzando privatizaciones, regulando a favor de ciertas empresas, limitando los derechos civiles (la “ley mordaza” en España), regalando dinero a los bancos, etc. El cambio climático es una crisis que podría aprovecharse, una vez más, para beneficiar a los ricos “en vez de para incentivar soluciones motivadoras (…) que mejoren espectacularmente la vida de las personas”: “El cambio climático representa una oportunidad histórica”.
Naomi Klein critica a la ONU porque, a pesar de tener la misión de prevenir que se alcancen en el mundo niveles peligrosos de cambio climático, no solo no ha realizado progresos, sino que ha permitido que se retroceda. Tal vez, lo mejor que ha conseguido es que se hable del cambio climático. Lo peor que puede ocurrir es que se ignoren los problemas: olas de calor brutales, sequías, inundaciones, plagas, huracanes, incendios, aumento del nivel del mar, desplazamiento de millones de personas, contaminación atmosférica, lluvia ácida, enfermedades viajeras, pérdidas de cosechas… problemas que se unen a otros como las pesquerías diezmadas o el aumento mundial de la demanda de carne. Klein afirma que ante un panorama así “cuesta ciertamente imaginar qué quedaría sobre lo que sustentar una sociedad pacífica y ordenada”.
La climatóloga Lonnie G. Thompson dijo: “Casi todos los científicos y científicas del clima estamos ya convencidos de que el calentamiento global representa un peligro inminente para la civilización“. Lo curioso es que “disponemos de las herramientas técnicas para desengancharnos de los combustibles fósiles” y aunque, haya que tomar medidas extraordinarias, el ser humano es capaz de hacerlo. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial se redujo el uso de automóviles por placer en el Reino Unido. También en EE.UU. y Canadá aumentó el uso del transporte público y se cultivaron los llamados “huertos de la victoria”. Y aún hoy sacrificamos nuestro bienestar cuando nos lo piden en nombre de la austeridad y del crecimiento económico (reducción de pensiones, aumento de la edad de jubilación, pérdida de derechos laborales, reducción de las prestaciones públicas… o cosas como salvar las autopistas en España).
“Estamos atascados porque las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe –y que beneficiarían a la inmensa mayoría de la población humana– son sumamente amenazadoras para una élite minoritaria que mantiene un particular dominio sobre nuestra economía, nuestro proceso político y la mayoría de nuestros principales medios de comunicación”. Y esto se demuestra en lo que llama los “tres pilares de las políticas de esta nueva era“: “privatización del sector público, desregulación del sector privado y reducción de la presión fiscal a las empresas” (o permitir que defrauden en paraísos fiscales).
Todo esto demuestra que “nuestra economía está en guerra con múltiples formas de vida sobre la Tierra, incluida la humana”, pero “podemos transformar nuestra economía”. Estamos ante una “dura elección: permitir que las alteraciones del clima lo cambien todo en nuestro mundo o modificar la práctica totalidad de nuestra economía”. La autora dice que “el cambio climático es una batalla entre el capitalismo y el planeta (…) y el capitalismo la está ganando”: Más que esperar nuevas tecnologías, “tenemos que pensar de manera distinta” y aplicar las tecnologías que ya tenemos.
Los alces de Canadá están muriendo envenenados por beber agua contaminada por las toxinas de las arenas bituminosas de la industria de las energías sucias (Shell). Este es sólo un ejemplo de los millones que se podrían poner. Si queremos preservar nuestro planeta “tendremos que renunciar a ciertos lujos”. Ello conllevaría la desaparición de industrias enteras. Veremos desastres “hagamos lo que hagamos”. Aún así no es demasiado tarde para evitar lo peor.
Psicología del cambio climático
Diversos estudios sostienen que la ideología o «cosmovisión» personal influye en la opinión sobre el cambio climático más que ninguna otra cosa (más que la edad, la etnia, el nivel educativo o la afiliación a un partido). Así, las personas con cosmovisiones «igualitaristas» (caracterizadas por la inclinación hacia la acción colectiva y la preocupación por la desigualdad y la justicia social) aceptan el consenso científico sobre el cambio climático. Por el contrario, las personas que tienen visiones del mundo «jerárquicas» e «individualistas» (marcadas por su oposición a la ayuda a las minorías y a la pobreza, apoyo fuerte a la empresa privada y convencidos de que todos tenemos más o menos lo que nos merecemos) rechazan ese mismo consenso científico.
Dan Kahan, profesor en Yale, llama «cognición cultural» al proceso por el que, con independencia de nuestras ideologías políticas, aceptamos una información nueva sólo si confirma nuestra visión, pero si supone una amenaza a nuestro sistema de creencias, entonces nuestro cerebro se pone de inmediato a producir “anticuerpos intelectuales destinados a repeler esa invasión”. Es decir, “siempre es más fácil negar la realidad que permitir que se haga añicos nuestra visión del mundo”. Y resulta que “algo tiene la cuestión del cambio climático que hace que ciertas personas se sientan muy amenazadas”.
Ejemplo de esto es que en las regiones más dependientes de la extracción de combustibles fósiles se niega más el cambio climático (independientemente de la ideología política, tanto en EE.UU. como en Canadá). Los mismos científicos sufren este efecto: Mientras el 97% de los científicos opina que una causa importante del cambio climático somos los humanos, ese porcentaje cae al 47% entre los científicos que se dedican a estudiar formaciones naturales para extraer sus recursos. “Todos nos sentimos inclinados a la negación cuando la verdad nos resulta demasiado costosa (emocional, intelectual o económicamente)”.
Upton Sinclair dijo: «¡Qué difícil es conseguir que un hombre comprenda algo cuando su sueldo depende de que no lo comprenda!».
Los negacionistas tienen razón en algo
El negacionismo climático (liderado por el Instituto Hertland, Koch Industries y Exxon-Mobil), sabe que admitir el cambio climático supone aceptar también que hay que planificar nuestras sociedades de otra forma, y eso implica que no podemos dejar las cosas a la libertad del mercado (como propugna el liberalismo). “Muchos negacionistas reconocen con toda franqueza que su desconfianza ante las tesis científicas sobre el tema creció a partir de un temor muy profundo a las catastróficas implicaciones políticas que tendría para ellos el hecho de que el cambio climático fuese real”. El cambio climático no supone el fin del mundo, pero reducir las emisiones como sugiere la ciencia sí sería “el fin de su mundo”. Y para algunos conservadores supone también una amenaza a su absurda creencia de que el hombre está aquí para someter y dominar el planeta (desmentida por el Papa Francisco por ejemplo) o de que que nuestras diferencias con otros animales no son sólo cuestión de grado (desmentido por múltiples evidencias y hasta por Darwin).
Lo curioso es que los negacionistas, como el Instituto Heartland, “están completamente equivocados en lo que respecta a la versión científica de los hechos, pero en lo referente a las consecuencias políticas y económicas de esos resultados científicos (…) no podrían tener los ojos más abiertos”. Casi todos los científicos que presentan sus trabajos en el Instituto Heartland están descaradamente “empapados en dólares del sector de los combustibles fósiles”. Algunos incluso, en vez de negarlo, buscan ventajas al cambio climático como afirmar que vendrán momentos muy duros para países que son amenazas para EE.UU.
Como también dijo Carl Sagan, las compañías de seguros están realmente asustadas con el cambio climático. Tienen hasta equipos de climatólogos para prepararse para los desastres. Sin embargo, no han presionado apenas para que se pongan en práctica políticas climáticas agresivas.
El cambio climático, que debería unirnos a la humanidad, podría también dividirnos más aún. “La razón real por la que no estamos reaccionando a la altura de lo que exige el momento climático actual es que las acciones requeridas para ello ponen directamente en cuestión nuestro paradigma económico dominante (capitalismo desregulado combinado con la austeridad en el sector público)”.
Promover el comercio local debe ser prioritario
En muchos países se están promoviendo acuerdos comerciales que impiden el desarrollo de la industria local. Este libro denuncia que la OMC ha interferido en muchas ocasiones para evitar acciones contra el cambio climático (en Canadá, por ejemplo) para favorecer los intereses del comercio. También se critica que la OMC nunca ha hecho nada para que las compañías de combustibles fósiles reciban menos subvenciones o que paguen algo por “el privilegio de tratar nuestra atmósfera compartida como un vertedero gratuito de sus residuos” (que muera gente parece ser irrelevante).
Klein apunta a unos culpables claros: “Si los países ricos consumiesen menos, todo el mundo estaría más seguro”. Y señala al sector alimentario como uno de los sectores clave, pues representa entre un 19 y un 29% de las emisiones mundiales de GEI (Gases de Efecto Invernadero). No es justo que los países sean sólo responsables de la contaminación que generan dentro de sus propias fronteras y no de la que se produce al fabricar bienes que se fabrican para llevarlos a su territorio. Además, la contaminación de los buques portacontenedores no se atribuyen formalmente a ningún país. “Cuando China se convirtió en la fábrica del mundo también pasó a ser la chimenea del mundo”. No hay control para que las multinacionales no abusen de la mano de obra en los países más pobres, ni los contaminen o exploten sus recursos naturales: “Cuando las fábricas se marcharon hacia China, también se volvieron acusadamente más sucias”. “La explotación de los trabajadores y la del planeta forman, por lo que parece, un pack de oferta: dos por el precio de uno”.
Ilana Solomon, analista para el Sierra Club, decía que tenemos que “reflexionar sobre qué estamos comprando y cómo lo estamos haciendo, y sobre cómo se produce lo que compramos”. Pero Klein sugiere que “el hecho de que el clima de la Tierra cambie hasta extremos caóticos y desastrosos es más fácil de aceptar que la idea de transformar la lógica fundamental del capitalismo, fundado sobre el crecimiento”. Si esperamos que la tecnología lo arregle todo avanzaremos poco y tarde. Lo urgente es “consumir menos, desde ya”, pero para los políticos resulta difícil animar a la población a consumir menos. Aunque hay mucha gente que intenta reducir su consumo, no podemos permitir que todo dependa de un grupo de urbanitas concienciados. Necesitamos que las opciones bajas en carbono sean accesibles para todos, transportes públicos baratos, viviendas asequibles y de elevada eficiencia, fomento de la bicicleta… y todas las clásicas demandas ecologistas que hasta el Papa Francisco ha apoyado tan claramente. Y resulta gratificante que esas políticas, además de reducir los GEI, fomenten el fortalecimiento de las comunidades locales, aire y agua más limpios, reducción de la desigualdad, etc.
Klein también pide una “reordenación” del PIB, para que no sea una medida tan nefasta del desarrollo de un país. También propone: aumentar los “impuestos sobre el lujo” (ya que los ricos consumen y contaminan más), jornadas laborales más cortas, una renta básica (para compensar el hecho de que “el sistema no puede facilitar puestos de trabajo para todos”), “regulación estricta de la actividad empresarial”, “dar marcha atrás en privatizaciones de empresas y servicios fundamentales” y garantizar “que todo el mundo tiene cubiertas sus necesidades básicas: sanidad, educación, alimento y agua limpia”. En definitiva, “las medidas que debemos tomar (…) chocan frontalmente a todos los niveles con la ortodoxia económica”.
Defendiendo lo público se cuida del bien común
Más de 200 regiones en Alemania (como Hamburgo) han decidido devolver al control municipal sus redes de electricidad, gas y calefacción. Resulta interesante constatar que “existe una relación clara y manifiesta entre la propiedad pública y la facilidad de las comunidades locales para abandonar la energía sucia”. Pero además, es que esa energía sucia, que beneficia sólo a empresas privadas, es muy inestable en precio y suministro.
Privar de recursos al sector público (la mal llamada “austeridad”) choca con la realidad del calentamiento climático y la toma de decisiones importantes para todos, especialmente para los más vulnerables. En EE.UU., es común el “racismo medioambiental”, por el que las industrias tóxicas instalan sus fábricas y sus almacenes de residuos contaminantes en zonas donde viven personas de color.
Ya en 1979, el presidente estadounidense Jimmy Carter, instó a los americanos a reducir su consumismo: «Cualquier acto de ahorro de energía es algo más que de sentido común: yo os digo que es un acto de patriotismo». Sin embargo, algunos consideran que ese discurso fue una de las razones por las que Carter perdió las siguientes elecciones ante Reagan. Hoy, posiblemente, “cualquier político que pida al electorado que se sacrifique para resolver una crisis medioambiental se estará embarcando en una misión suicida”. Pero el problema no es económico: “el problema es que nuestra clase política no tiene voluntad alguna de buscar el dinero”.
El cambio necesario
El libro nos cuenta casos como el de una fábrica de recambios para coches de Ontario que, cuando cerró por la crisis, fue reabierta por los empleados para producir equipos de energía solar. A los que dicen que esta conversión es cara hay que decirles que más caro será no hacerla. Además, Klein dice que los bancos que fueron rescatados deberían ser los encargados de financiar ese tipo de cambios, para devolver el favor a la ciudadanía.
Esa transición necesaria será un gran generador de empleo si se hace bien. Se trata de generar empleo sostenible aunque a veces sea necesario nacionalizar servicios básicos. Un sondeo británico reveló que una mayoría apoya la nacionalización de la energía y el ferrocarril. Pone el ejemplo de Alemania, donde la mitad de las instalaciones de energía renovable están en manos de agricultores, organizaciones ciudadanas y unas 900 cooperativas energéticas. También Dinamarca va en esa línea. España también.
La agricultura es un sector esencial, y no sólo por sus altas emisiones contaminantes, sino porque puede contribuir a disminuir la pobreza y ayudar a la autosuficiencia, además de que “los métodos agroecológicos superan en rendimiento al uso de fertilizantes químicos” en entornos desfavorables. Pero el hambre lo provoca la pobreza y no la falta de comida.
También se repasa el desastre del fracking o de las arenas bituminosas, que en Alberta están destrozando grandes extensiones: “La tierra, despellejada viva”, emitiendo además entre 3 y 4 más GEI (especialmente metano y CO2) que el petróleo convencional. Por tanto, concluye que “la necesidad de que recortemos nuestras emisiones radicalmente no es compatible con la continuidad de una de las más lucrativas industrias del mundo” (la de los combustibles fósiles). Aunque el estado de Noruega es propietario de una de las empresas que está desgarrando el área de las arenas bituminosas de Alberta, también hace cosas bien: Estocolmo tiene un 74% de residentes que van a sus trabajos a pie, en bicicleta o en transporte público.
Critica también el fenómeno de las Puertas Giratorias (que no sólo ocurre en España, sino también en EE.UU., Reino Unido…) y el “capitalismo desregulado”. El “libre comercio (…) ha sido exactamente la carrera hacia el abismo que tantos alertaban que seria”. Pero Klein levanta una bandera de optimismo: “El cambio climático confronta lo que el planeta necesita para mantener la estabilidad con lo que nuestro modelo económico necesita para sostenerse a sí mismo”. Miya Yoshitani dijo también: “Estamos todos unidos en esta batalla, que no es una batalla solamente para conseguir una reducción de las partes por millón de CO2 en la atmósfera, sino también por transformar nuestras economías y reconstruir un mundo que queremos hoy”. Pensemos también que “las migraciones humanas están cada vez más vinculadas al clima”.
Klein también critica a la ciudadanía en general cuando dice, por ejemplo, que los manifestantes que salen a las calles para protestar por los fallos del sistema, olvidan el cambio climático, cuando éste “podría representar el verdadero golpe de gracia para esas estructuras que denuncian”. La misma crítica va también para políticos como Alexis Tsipras que, a pesar de ser de izquierdas, no aprovechan el cambio climático para impulsar sus demandas.
Extractivismo: Extraer recursos de la Naturaleza como si fuera infinita
En el siglo XVIII se empezó “a tratar la atmósfera como si fuera un vertedero”, pero no es sólo de la atmósfera de lo que hemos abusado. Klein cuenta el dramático caso de la isla de Nauru donde sus minas de fosfato de calcio han sido explotadas como abono, hasta destrozar la isla y hacerla prácticamente yerma. Luego, se convirtió en paraíso fiscal. “Pocos lugares en la Tierra encarnan más gráficamente que Nauru los resultados suicidas de haber basado nuestras economías en la extracción contaminante”. Por último, Nauru cobra para que Australia lleve allí a sus inmigrantes y sobrevivan en tan mal estado que ha sido denunciado por Amnistía Internacional.
Francis Bacon dio permiso para “acosar a la naturaleza” y James Watt inventó la máquina de vapor que aumentó el poder para hacerlo. Pero ya hoy eso debería estar superado. Los combustibles fósiles destruyen la vida en todas partes. “Cuando se deja en su sitio, el carbón es muy útil, porque mantiene capturado no solo el carbono que las plantas sustrajeron del aire millones de años atrás, sino también toda clase de toxinas adicionales”. Y por eso Klein pide que dejemos de ser “una sociedad de ladrones de tumbas”.
El Club de Roma publicó “Los límites del crecimiento” (1972) y sus advertencias se están cumpliendo casi completamente, pero donde más acertó fue en los límites de los “sumideros”. Es decir, el ser humano no ha encontrado cómo ampliar la capacidad de la Tierra para absorber la contaminación.
Klein critica a algunas organizaciones ecologistas en EEUU que realmente no están interesadas en la conservación de la biodiversidad y cita varios casos, como el de la organización Nature Conservancy que, por ejemplo, extrajo petróleo de una zona que custodiaba para la conservación del pollo de las praderas de Attwater, llevándolo a su extinción en dichos terrenos. También denuncia, como hizo Galeano, que en este «mundo al revés» “el sector de los combustibles fósiles son invitados a las cumbres del clima de la ONU en calidad de «socios» clave”. Es cierto que EE.UU. y casi todos los países han aprobado muchas leyes ambientales, pero la realidad demuestra que no han sido suficientes. Algunas empresas gastan más dinero en promocionar el Día de la Tierra que en reformar sus actividades a fondo. Por otra parte, el comercio internacional de derechos de emisiones ha sido un fracaso estrepitoso y así lo demuestran algunos de los ejemplos que se incluyen en el libro, como una empresa india cuyo 93% de ingresos procedía de la venta de créditos de carbono, empresas que fabrican potentes gases GEI para luego cobrar por reducirlos, campesinos e indígenas que no pueden usar los bosques porque son sumideros de carbono, bosques que permiten que se contamine más en otra parte, técnicas para que las empresas que contaminan ganen más, etc.
Soluciones demasiado simples: La «ignorancia arrogante» (hibris)
Muchos millonarios se han propuesto salvar el planeta, como Jeremy Grantham, Warren Buffett, Michael Boomberg, Bill Gates, Tom Steyer y T. Boone Pickens. Pero todos ellos lo han hecho de forma superficial e interesada, incluso invirtiendo en el sector del petróleo a la vez. Un caso paradigmático es el de Richard Branson, magnate de las aerolíneas Virgin, que anunció que dedicaría sus beneficios a la lucha contra el cambio climático, pero cuyo objetivo parece ser más bien retrasar las medidas regulatorias anti-cambio climático. Su éxito consiste en haber conseguido que vuele más gente que antes, y con la conciencia tranquila pensando que dicha compañía hace algo para mitigar el cambio climático. ¿Será Leonardo DiCaprio otro farsante?
Para Klein, pensar que el capitalismo, y solo el capitalismo, puede salvar al mundo es claramente absurdo, y esos bienintencionados magnates sólo están explotando nuestra infundada creencia de que la tecnología va a salvarnos del gran problema que ella misma ha creado.
La geoingeniería pretende dar soluciones simples para el gran problema del cambio climático, incluyendo ideas tan extrañas o descabelladas como fertilizar los océanos para que asuman más carbono, recubrir desiertos con sábanas blancas, poner espejos en órbita, tapar el sol (GRS/SRM) echando, por ejemplo, gases sulfurosos en la atmósfera (Opción Pinatubo)… Pero es imposible validar esas ideas, ni probarlas, ni implementarlas a la escala necesaria. Además, esas ideas no contribuyen a cambiar la causa raíz, sino que se limitan a tratar un único síntoma, sin tener en cuenta los efectos secundarios: acidificación de océanos, la imprevisible reacción de la biosfera… y hasta cambios climáticos peores que sin GRS, como la alteración de precipitaciones que arriesgarían el alimento de millones de humanos. Por otra parte, esas soluciones harían ganar mucho dinero a algunos de esos ideólogos. Entre los detractores están, por citar algunos, Greenpeace, Sallie Chisholm, Alan Robock, o Vandana Shiva, quien afirma que los métodos agroecológicos permitirían capturar grandes cantidades de carbono, reducirían las emisiones y potenciarían la seguridad alimentaria.
Blockadia: Los pueblos bloqueando grandes compañías fósiles
Las compañías de combustibles fósiles o las empresas mineras se están encontrando cada vez con más oposición a todos sus proyectos (almacenamiento de gas, prospecciones, extracciones, fracking,minas de uranio, de oro, de cobre…). En muchos casos, esta oposición es de pueblos que no se dejan sobornar porque defienden su forma de vida tradicional, que al ser ajena a la extracción no depende de esos sucios negocios.
Esta férrea oposición a las compañías extractivas se ha visto y se está viendo por todo el planeta. El libro repasa algunos casos en Grecia, Rumanía, Canadá, Reino Unido, Rusia (contando el caso de los activistas de Greenpeace detenidos), Australia, China, EE.UU., Francia… aunque uno de sus mayores orígenes fue en Nigeria contra la empresa Shell, en la que se llegaron a ahorcar legalmente a los ecologistas que se opusieron. Aún hoy, en el delta del Níger, se vierte cada año una marea negra como la del Exxon Valdez, envenenando peces, animales terrestres y personas. Ante tanta injusticia, el vandalismo contra los oleoductos no cesa. El pueblo ogoni y el ijaw no dejan de sufrir las consecuencias de un gobierno corrupto y una empresa extranjera, Shell, que se lleva sus recursos naturales porque en los países ricos siguen repostando en sus gasolineras sin enterarse de las consecuencias.
Un caso muy llamativo es el del oleoducto Keystone XL entre Canadá y EE.UU., para dar salida a las altamente contaminantes arenas bituminosas de Alberta. Miles de aves han muerto allí al posarse en las inmensas balsas de desecho tóxico. Tantas aves mueren que se ven obligados a disparar unos cañonazos cada pocos minutos para espantar a las pobres aves migratorias que buscan lo que otrora fue un bosque. Por supuesto, esas balsas no son perfectas y tienen escapes y filtraciones. “Los médicos tienen miedo cuando se trata de diagnosticar afecciones relacionadas con la industria del petróleo y el gas”, declara un médico canadiense de la zona. Esas balsas proceden del inmenso consumo de agua que requiere este tipo de minería (2.3 barriles de agua por cada barril de petróleo, mientras que el crudo convencional requiere hasta 0.3 barriles). El fracking requiere aún más cantidad de agua y una vez utilizada queda tóxica y radiactiva.
La industria extractiva nunca ha sido segura y siempre ha precisado zonas de sacrificio para contaminarlas, cuando no se trata de contaminar la atmósfera. Los que sufren más la contaminación son, no por casualidad, los más pobres. Pero resulta que “ahora todos estamos en la zona de sacrificio” y los riesgos de hoy son “sustancialmente más elevados” que los de antes, debido a que ya sólo quedan los yacimientos más costosos, más profundos y en zonas más valiosas. El desastre de BP en el golfo de México (más de tres meses manando petróleo) o el vertido por la rotura de un oleoducto en Michigan (el mayor vertido en tierra de EE.UU.) son pruebas de ello y de que las industrias fósiles prefieren ganar más dinero a costa de aumentar los riesgos para otros, sostiene Naomi Klein, quien también denuncia la corrupción en EE.UU. a la hora de controlar a este tipo de industrias.
En algunas zonas, las empresas que envenenan consiguen más poder, ya que los únicos empleos son precisamente en la industria que envenena sus tierras (y hasta esos empleos son de mala calidad, aunque estén bien pagados). Pero en otras zonas, donde hay más diversidad empresarial y laboral, hay “personas dispuestas a pelear muy duro por proteger modos de vida que consideran intrínsecamente incompatibles con la extracción tóxica”. Klein dice que “cuando aquello por lo que se lucha es una identidad, una cultura, un lugar querido […] nada pueden ofrecer las empresas como contrapartida”.
Los éxitos son insuficientes, pero muy importantes. Francia, por ejemplo, gracias a las protestas ha aprobado una moratoria nacional contra la fracturación hidráulica o fracking. También hay moratorias en Bulgaria, Países Bajos, Chequia, Sudáfrica y algunos estados de EE.UU. Además, este último país ha descendido su producción eléctrica con carbón por la presión ciudadana, entre otros motivos. Costa Rica ha prohibido la minería a cielo abierto en todo el país. India tiene centrales térmicas a medio construir porque se paralizó su construcción ante las protestas. En China también se han paralizado centrales de carbón por las protestas, pues allí la contaminación es espectacular y supone un experimento de lo que ocurre cuando es el progreso lo que más importa: Pekín alcanza a veces los 671 microgramos de partículas en suspensión (las PM2.5) cuando la OMS fija el límite máximo en 25. Las actividades al aire libre se suspenden si se superan los 450.
Otra batalla con gran éxito es la de la desinversión, apoyada por la organización 350.org, por la que se pretende que todo tipo de organizaciones y fondos de inversión dejen de apoyar a las industrias de los combustibles fósiles. El Banco Mundial ha anunciado que no apoyará más proyectos de prospección o extracción de carbón y hay miles de organizaciones más que ya están retirando su apoyo y su dinero a las industrias sucias.
A veces, cuando una empresa no puede extraer el combustible por un cambio en la legislación, alega cláusulas de protección de los inversores de acuerdos de libre comercio. Pero estas demandas tienen el poder que los gobiernos quieran, pues ninguna empresa puede interferir en la libertad de un pueblo en defender su territorio de la degradación ambiental. El problema no son los acuerdos comerciales sino los gobiernos que no defienden correctamente el bien común. No obstante, Klein afirma que esos acuerdos comerciales tienen hoy mayor debate público que antes, como lo demuestra el caso del TTIP en Europa. Pero hay que estar muy atentos, porque si nos descuidamos, los intereses del capital financiero y de la industria energética estarán por delante del bien común: Un claro ejemplo es España, donde los bancos son empresas privilegiadas y las industrias energéticas dictan las leyes.
Cuando fallan los gobiernos nacionales y los organismos internacionales, muchos ayuntamientos se deciden a actuar en la acción climática. Son las llamadas «comunidades de transición» nacidas en Totnes (Reino Unido), que pretenden actuar en lo local para conseguir un cambio hacia economías de bajo carbono.
¿Derechos para los pueblos indígenas?
En Canadá y en otros muchos países, los indígenas no han cedido nunca sus tierras para su explotación petrolera. Como mucho, han aceptado compartirlas mientras no se socaven sus derechos a vivir, pescar, recolectar… pero no se puede compartir “si una de las partes se dedica a alterar irrevocablemente y a envenenar esa tierra compartida“.
Algunos de los pueblos indígenas amenazados por la sed de petróleo son los haida, los nez percé, los cheyenes, los lummi, los ogoni, los ijaw, los lakota, los tunebos, los chipewyan (ayudados por el rockero Neil Young del acoso de Shell), los tsilhquot’in, los cree del lago Beaver (“las personas más marginadas de mi país”, Canadá, en palabras de Klein)… Muchos pueblos indígenas carecen de recursos para que se respeten sus derechos, aunque los tengan claramente otorgados. En 2007 se firmó la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y los únicos países que votaron inicialmente en contra fueron Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Finalmente, aceptaron esa declaración que proclama que los «pueblos indígenas tienen derecho a la conservación y protección del medio ambiente», así como a la reparación de las tierras confiscadas, ocupadas o dañadas. Que la incidencia de cáncer suba en todas las tribus canadienses afectadas por las arenas bituminosas no parece hacer desistir a la petrolera Shell.
“Mientras los abogados argumentan y debaten en los tribunales sobre las complejidades de la titularidad de la propiedad de la tierra, las sierras mecánicas siguen talando árboles que son cuatro veces más viejos que nuestros países, y los fluidos tóxicos de la fracturación hidráulica continúan filtrándose hacia las aguas subterráneas”.
Las energías renovables son “no extractivas” en dos sentidos: El veneno y el carbono no se extraen del subsuelo y el dinero no se extrae de la comunidad (las petroleras extraen recursos de un sitio y extraen el dinero de otro).
Ecuador (y los cheyenes de norteamérica) ha pedido ser compensado por mantener sus combustibles fósiles en el subsuelo porque «la manera más directa de reducir emisiones de CO2 es dejando los combustibles fósiles en el subsuelo donde ya están» (en palabras de Esperanza Martínez, de Acción Ecológica). Esto es lo que se conoce como «deuda climática» reconocida (al menos indirectamente) en la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático indicando que hay unas «responsabilidades comunes pero diferenciadas» ya que los países que más han contaminado deben ser los primeros en reducir sus emisiones.
Al hablar de «deuda climática» muchos habitantes de los países ricos argumentan que no son responsables de lo que hicieron sus antepasados. Sunita Narain, directora general del Centre for Science and Environment, responde claramente: «Vuestra riqueza actual guarda relación con cómo la sociedad ha explotado la naturaleza» (ya dijo De Jouvenel que nuestra riqueza procede de explotar la Naturaleza). Naomi Klein concluye: “Los países ricos no solo tienen que ayudar al Sur Global a encaminarse por una senda económica de bajas emisiones porque eso sea lo correcto, sino que necesitamos hacerlo así porque de ello depende nuestra supervivencia colectiva”. Y por supuesto, añade que igual que haber sufrido un atraco no da derecho a atracar, tampoco hay fundado derecho a contaminar por parte de los países pobres. Por tanto, es evidente que los ricos deben ayudar a los pobres a conseguir un desarrollo más limpio. Esto traerá mayor bienestar y empleo, lo que evitaría las enormes tasas de inmigración que hay y que, si no lo remediamos, habrá.
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Conclusiones
Naomi Klein asegura que no se tienen en consideración suficientemente los efectos de tanta contaminación sobre la fertilidad y sobre los animales no adultos, incluyendo niños. Por ejemplo, en zonas de fracking aumentan las probabilidades de problemas cardíacos en bebés, abortos involuntarios, altos niveles de PCB… El caso de Mossville es tristemente famoso por el “racismo medioambiental”: La población pobre debe soportar altos niveles de contaminación de las industrias petroquímicas con frecuentes vertidos y explosiones. En Mossville son frecuentes las enfermedades respiratorias, el cáncer, defectos de nacimiento y las histerectomías en mujeres.
El informe de BP antes del desastre del golfo de México es de risa: por ejemplo, suponía que los moluscos sobrevivirían a un desastre huyendo o que supondría poco estrés para los mamíferos. El desastre demostró que nada puede restituir lo perdido: millones de larvas y los bebés de delfín murieron… La acidificación de los océanos hace que las larvas de ostras no puedan formar sus caparazones y mueran, y herbicidas como la atrazina afecta directamente a la esterilidad en anfibios, junto con defectos congénitos y abortos espontáneos en humanos, sin contar la amenaza sobre las abejas.
Pero sabemos hacer las cosas mejor. Ecuador, por ejemplo, en su constitución de 2008 reconoció a la naturaleza o Pachamama el derecho a que se respeten su existencia y sus ciclos vitales (art. 71). En las luchas contra el extractivismo hay un arma secreta: la unión heterogénea hace una gran fuerza: indígenas y no indígenas, jóvenes y mayores… todos unidos en una causa común.
Los cambios que hacen falta son importantes, pero tenemos experiencia. Los cambios sociales de los siglos XIX y XX, por ejemplo, supusieron un cambio profundo en la cultura dominante (cambios en los derechos civiles, de las mujeres, de los homosexuales, de grupos étnicos como el caso del apartheid de Sudáfrica o el racismo en EE.UU., pero también la instauración de la Seguridad Social o el seguro de desempleo). La abolición de la esclavitud obligó a ciertas élites a renunciar a prácticas que les resultaban muy lucrativas (tanto como la extracción de combustibles fósiles hoy en día). Pensemos por ejemplo, que en el siglo XVIII los negocios más lucrativos del imperio británico se basaban en la esclavitud (plantaciones de azúcar del Caribe, compra/venta de esclavos…) y en EE.UU. “la esclavitud fue el eje sobre el que giró la revolución mercantil”.
Naomi Klein es consciente de que hay que cambiar la cosmovisión global, lo que nos decimos del mundo y de nosotros. Y eso no es fácil, pero es posible y para ello propone no aspirar simplemente a cambiar leyes, sino a modificar pautas de pensamiento. Por ejemplo, dice que pedir un impuesto sobre el carbono puede ser menos útil que reivindicar una renta mínima garantizada, porque ésto segundo abre el debate sobre los valores y “sobre lo que nos debemos unos a otros sobre la base de nuestra condición humana”. Y sentencia que “tendremos que comenzar a creer de nuevo que los seres humanos no somos irremediablemente egoístas y codiciosos (que es la imagen de nosotros mismos que se nos ha vendido)“.
Muchas veces se plantea si frenar a las compañías de combustibles fósiles tiene influencia en el PIB, pero lo importante es pensar si el crecimiento económico tiene alguna importancia cuando el planeta esté convulsionado. Son las compañías las que tienen que demostrar que sus acciones y sus técnicas son seguras. Y nosotros debemos exigirlo, porque “nadie va a venir a salvarnos de esta crisis” y “la ideología del libre mercado ha quedado desacreditada tras décadas de desigualdad y corrupción crecientes”.
Después del que es, muy posiblemente, el mejor documental ecologista y humanitario de la historia, Annie Leonard ha realizado otros muchos documentales siguiendo el mismo estilo, tan fresco, ameno, con datos reales, y llamando a la acción.
Entre estos documentales encontramos, por ejemplo, la historia de los electrodomésticos (sobre la necesidad de evitar tantos electrodomésticos que se vuelven viejos tan rápido), de los cosméticos (y sus tóxicos), del agua embotellada (y las toneladas de plástico y transportes que genera), del comercio de emisiones (cap & trade), de los ciudadanos unidos (sobre la crisis de democracia y el abuso de las empresas), la historia de la ruina económica (y del destino de los impuestos en EE.UU.)… y uno de los más modernos, “Historia del Cambio”, que con su ritmo trepidante os invitamos a ver (subtitulado), y os sugerimos que vayáis parando para poder leer y reflexionar cada idea. Bajo este vídeo, os exponemos algunas ideas clave del mismo, y os facilitamos otros documentales de la genial Annie Leonard:
Ideas clave del documental “Historia del Cambio”:
Cuando asumimos que el rumbo del desarrollo está equivocado porque abusa de las personas y de la Naturaleza, las soluciones más inmediatas son pensar en lo que compramos, y preocuparnos por reciclar nuestros resíduos. Pero eso, NO ES SUFICIENTE.
Los ciudadanos no somos los que elegimos, ni los que permitimos, que haya productos tóxicos en lo que se vende, ni que se permita la explotación infantil (como el caso de Nestlé y su chocolate), ni que se permita la contaminación de tierra, aire, y agua, ni que se permita la obsolescencia programada… porque es complicado saber el origen y destino de todo lo que pasa por nuestras manos.
La culpa es de malas políticas y malos procedimientos empresariales. Por tanto, es más importante cambiar las REGLAS (leyes…), que cambiar sólo a los consumidores, porque tratar de vivir ecológicamente en las sociedades actuales es tarea casi imposible. Por eso, si conseguimos reglas más sensatas, vivir ecológicamente será más simple y barato.
No es importante que esos grupos sean numerosos, sino que pasen a la ACCIÓN. Así, las tres cosas necesarias para el CAMBIO son: Tener IDEAS de lo que se quiere cambiar, UNIRSE, y pasar a la ACCIÓN.
Hoy día hay mucha gente que quiere apoyar las energías renovables por sus enormes ventajas, que no quiere que las empresas influyan en los gobiernos, ni que haya tantos tóxicos en lo que compramos, ni que se use esclavitudinfantil fuera ni dentro de nuestras fronteras: Entonces… ¿Por qué no hay un cambio sustancial?
Otros documentales de Annie Leonard que merece la pena “estudiar”:
“Historia de los cosméticos”: ¿Qué hay realmente en los botes que usamos? ¿Podemos usar jabón natural casero?
“Historia de las soluciones” (V.O., aún sin subtítulos en español): Se explica el error del crecimiento económico, y del PIB, para cambiar la manía por tener más y más, por el gusto de tener mejores cosas:
El objetivo principal del manual de resistencia de Pedro Sánchez es resistirlo todo. Pareciera una tautología –y, por tanto, redundante–, pero resistir, en política, es un asunto serio. No consiste simplemente en esperar a verlas venir. Por ejemplo: hay que resistir los ataques de los rivales políticos y de la opinión pública ante la corrupción de un secretario de organización, o incluso de un par de ellos.
También hay que poder pactar con quienes en el pasado fueron señalados como enemigos de la patria, mientras se intenta consolidar el relato de que quien la defiende eres tú, y no los que vendrán. Mantener la disidencia interna a raya ayuda, siempre que se conserve la apariencia de diálogo y talante. Sobre todo, la apariencia.
Por si fuera poco, aun haciendo todo eso –y haciéndolo bien–, la resistencia no está garantizada. A Sánchez no le basta con sobrevivir de forma aislada: sus socios de coalición también deben hacerlo. Y eso, a día de hoy, se antoja todavía más complicado.
2026: comienza la carrera de obstáculos
El futuro no está escrito, pero tampoco es un lienzo en blanco. Está condicionado por el presente, y cuanto más cerca está ese futuro, mayor es la dependencia. Traducido a términos políticos, el camino de Pedro Sánchez para llegar a las elecciones generales está plagado de piedras, barrancos y controles policiales. Ahora bien, en política representativa un año puede ser mucho tiempo. Siempre hay margen para equivocarse, y todavía más cuando la alternativa al sanchismo la lidera un sofista mediocre colega de un narcotraficante.
La fecha límite para la celebración de las elecciones generales es el 22 de agosto de 2027. De agotarse la legislatura, todavía quedaría más de un año y medio para la decimonovena «fiesta de la democracia» tras el franquismo. La pregunta es si Sánchez será capaz de llegar hasta ahí o si se verá forzado a convocar elecciones anticipadas. Y, sobre todo, qué obstáculos deberá sortear para hacerlo con alguna opción real de disputarle el poder político a la extrema derecha.
8 de febrero de 2026 – Elecciones autonómicas en Aragón
Aragón será la primera cita y, como suele ocurrir con las primeras, servirá más para marcar clima que para repartir poder real. No es una comunidad decisiva en términos aritméticos, pero sí un buen termómetro del estado anímico del PSOE fuera de sus plazas más protegidas. Allí, donde el partido conserva una implantación reconocible pero debilitada, Sánchez ha decidido intervenir directamente.
Lo ha hecho colocando al frente de la candidatura a Pilar Alegría, hasta hace poco portavoz del Gobierno, forzando su salida del Ejecutivo. No se trata de un relevo discreto ni de una transición orgánica, sino de un movimiento visible y deliberado, pensado para concentrar foco y disciplina en una comunidad donde el PSOE no despega por inercia. Alegría llega con el encargo de recomponer un espacio político erosionado, en un contexto de fragmentación a la izquierda y con el PP gobernando sin sobresaltos.
El resultado, sea cual sea, tendrá lectura nacional. No tanto por lo que se gane o se pierda en Zaragoza, sino porque marca una pauta que se repetirá después en otros territorios. Como ocurrirá en Andalucía, Sánchez parece asumir que algunas batallas autonómicas solo pueden librarse trasladando parte del Gobierno al terreno y aceptando que el coste de hacerlo forma parte del precio de seguir resistiendo.
Marzo 2026 – Elecciones autonómicas en Castilla y León
Castilla y León será el siguiente revés para el PSOE autonómico y, por extensión, para el partido en su conjunto. La reedición del gobierno de coalición entre PP y Vox, encabezado por Alfonso Fernández Mañueco, se da prácticamente por hecha. Y eso pese a que el PSOE ganó las elecciones autonómicas de 2019 con 35 diputados, seis más que el PP. En 2022, en cambio, los populares quedaron primeros con 31 escaños frente a los 28 socialistas.
Para que a Sánchez no se le atragante Salamanca, bastaría con reducir distancias. Para ganar oxígeno de verdad, necesitaría algo mucho menos probable: un vuelco electoral que, aun sin permitir al candidato socialista Carlos Martínez alcanzar la presidencia –el bloque de la derecha mantiene un margen amplio–, serviría como golpe de efecto. Impactante. Improbable.
La resolución de la Ley de Amnistía y el regreso de Puigdemont
Si el Gobierno sigue en pie y Junts per Catalunya no ha roto todavía con Pedro Sánchez, no es por afinidad ideológica ni por una súbita vocación de estabilidad institucional. Es por la Ley de Amnistía. La legislatura entera gravita alrededor de esa promesa, y todo lo demás –los amagos de ruptura, las advertencias públicas, la teatralidad parlamentaria– responde más a la necesidad de marcar perfil que a una voluntad real de romper la baraja.
Junts acepta el desgaste por su flanco derecho y la sangría constante hacia Aliança Catalana a cambio de una expectativa concreta: cerrar el frente judicial abierto desde 2017 y permitir el regreso de su líder. Pero ese movimiento tiene un coste elevado para Sánchez, y no se limita al ruido de la derecha ni a la ofensiva mediática permanente. La amnistía erosiona también por dentro. Entre una parte del electorado socialista que no acaba de asumirla como un mal necesario y entre dirigentes territoriales que no están dispuestos a pagar ese peaje en sus comunidades. Emiliano García-Page ha sido el más explícito, aunque no el único.
En ese contexto, el eventual regreso de Carles Puigdemont no será solo una imagen de alto voltaje simbólico, sino la confirmación de algo más incómodo: que la resistencia también desgasta a quienes resisten. La amnistía puede ser condición necesaria para sostener la legislatura. Difícilmente será un activo electoral. Y eso, en Moncloa, lo saben desde el primer día. Todavía no hay una fecha concreta, aunque se espera que la resolución del Tribunal Constitucional llegue durante el primer trimestre de 2026.
Junio de 2026 – Elecciones autonómicas en Andalucía
Al PSOE le duele Andalucía. Como en la típica escena de una película barata de detectives, se encuentran delante del cadáver mientras se preguntan, anonadados, cómo pudo suceder algo así. Antaño principal feudo socialista, cuna del felipismo y cantera de cuadros orgánicos del principal partido de España, Andalucía pasó de ser una base sólida a un problema estructural.
La mayoría absoluta de Juanma Moreno en 2022 certificó ese cambio de ciclo. Y, como en Aragón, Sánchez ha decidido quemar otra carta de alto valor, repitiendo una estrategia que ya no es táctica, sino defensiva: enviar a María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, a encabezar la candidatura socialista. Sacarla del núcleo duro del Gobierno no es un gesto menor. Es admitir que Andalucía no se recupera con perfiles intermedios ni con discursos amortiguados. El problema es que incluso esa jugada llega con el terreno ya muy erosionado. Aun mejorando resultados, desalojar al PP parece fuera de alcance. Y una nueva derrota, por ajustada que sea, consolidaría una idea peligrosa para Moncloa: que el PSOE no solo perdió Andalucía, sino que todavía no ha terminado de entender por qué.
Resistir hasta lo desconocido y más allá
Así de complicado es el camino que tiene Pedro Sánchez para llegar hasta agosto de 2027. Y eso sin mencionar que, al final de esa ruta, se abrirá un nuevo ciclo electoral con las elecciones municipales y otras tantas autonómicas. Eso, en todo caso, lo analizaremos el año que viene…si es que Sánchez todavía sigue resistiendo.