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AnteayerSalida Principal

Cafeta sesión vermú por Palestina en CSR Gamonal

1 Abril 2026 at 09:54
Por: editor

El próximo sábado 11 de abril en el Centro Social Recuperado de Gamonal tendrá lugar una cafeta sesión vermú en apoyo a las personas represaliadas por participar en iniciativas de apoyo al pueblo palestino. La actividad, que incluirá varios conciertos, dará comienzo a partir de las 13:00 horas y contará con la presencia de las bandas Coco Crashers, Ilex-Ilex, Katerva y Cinnamon. Como de costumbre en el CSR Gamonal, la entrada es libre y gratuita hasta completar el aforo.

De la detención administrativa a la ejecución: un mensaje de terror legal para la población palestina

1 Abril 2026 at 07:08

El Parlamento israelí votó el pasado martes, 30 de marzo, a favor de una ley que pretende convertir la pena de muerte en castigo obligatorio para cualquier palestino acusado de matar a un israelí en un ataque calificado como «terrorista». La iniciativa, impulsada por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, no ha sido aprobada de forma definitiva —al menos todavía— pero su sola tramitación ya cumple una función: enviar un mensaje de terror legal a la población palestina.

Porque antes de entender qué significa esta ley, hay que recordar que Israel ya aplica una forma de muerte civil a miles de palestinos. Actualmente, alrededor de 3.000 se encuentran en detención administrativa: encarcelados sin cargos, sin juicio y sin conocer las pruebas contra ellos. Basta con que un comandante militar firme una orden basada en «información secreta» para que un palestino desaparezca entre rejas durante meses o años. Es la suspensión de todo derecho sin fecha de caducidad.

Desde la Nakba, muchas prisiones israelíes han funcionado como piezas clave de la maquinaria colonial: espacios de tortura, aislamiento y desaparición forzada. La detención administrativa es heredera directa de esa tradición: secuestrar cuerpos sin explicación, mantenerlos en un limbo legal indefinido. Ahora Ben-Gvir quiere dar el salto: de la celda sin juicio a la horca sin indulto.

Lo que propone es el salto definitivo. Su proyecto no solo establece la pena de muerte para los palestinos acusados de atentados mortales, sino que la hace irreversible: sin posibilidad de apelación, sin derecho a indulto presidencial, sin margen para ningún recurso. Un tribunal militar dictaría la condena y esa sería la última palabra.

Excluidos los colonos que cometan asesinatos

Además, la ley sería explícitamente discriminatoria. Se aplicaría únicamente a los palestinos de Cisjordania, excluyendo a los colonos judíos que cometan asesinatos por motivos nacionalistas, una práctica en aumento que el propio gobierno de Ben-Gvir ha protegido sistemáticamente.

Pero lo más importante no es si la ley llegará a aprobarse en sus lecturas finales, sino el propósito que persigue. Porque ni la detención administrativa ni la ley de ejecución son herramientas de justicia. Son instrumentos de disuasión por terror.

La estrategia es clara: forzar un sistema de castigo tan desproporcionado y tan irreversible que cualquier palestino que contemple la resistencia armada sepa que el precio puede ser su vida, sin juicio justo, sin apelación y sin posibilidad de canje. Los intercambios de prisioneros, que históricamente han permitido liberar a miles de encarcelados, quedarían bloqueados ante la imposibilidad de negociar con condenas a muerte irrevocables.

Pero el objetivo no es solo disuadir al individuo. Es paralizar a la comunidad. El miedo, en esta lógica, no es un efecto secundario indeseado. Es el mecanismo central. Una población aterrorizada es una población que no se organiza, que no protesta, que no resiste. O al menos esa es la apuesta de Ben-Gvir y los sectores más extremistas del Gobierno israelí.

Dentro de Israel, sin embargo, esta deriva está generando fracturas profundas. Sectores liberales, juristas y ex altos cargos militares han alzado la voz para advertir que convertir la excepción en ley tendría un coste inasumible para el propio Estado. Dificultaría cualquier futuro intercambio de prisioneros —una herramienta que Israel ha utilizado en numerosas ocasiones para recuperar a sus soldados—, entraría en contradicción con los acuerdos internacionales y expondría a los líderes israelíes a ser perseguidos en tribunales internacionales. Para muchos israelíes, esta ley no representa la defensa de su país, sino la imposición de una agenda mesiánica que antepone la venganza al interés nacional. Ben-Gvir, sin embargo, ha ignorado sistemáticamente estas advertencias.

La ley de ejecución no ha sido aprobada aún. Pero su mera presencia en el debate ya está cumpliendo su función: normalizar lo inaceptable y profundizar un régimen que convierte la arbitrariedad en método y el miedo en política de Estado. La pregunta es si el mundo seguirá mirando hacia otro lado mientras Israel construye, piedra por piedra, un sistema legal diseñado para ejecutar sin juicio, encarcelar sin causa y castigar sin límite.

La entrada De la detención administrativa a la ejecución: un mensaje de terror legal para la población palestina se publicó primero en lamarea.com.

Manifestación por el Día de la Tierra Palestina

28 Marzo 2026 at 07:09
Por: editor

El domingo 29 de marzo los colectivos Burgos con Palestina y Asamblea con la Resistencia Palestina organizan una manifestación unitaria por el Día de la Tierra Palestina que este año celebra su 50 aniversario. La manifestación dará comienzo a partir de las 12:00 horas tomando como punto de inicio la plaza del Cid.

La sociedad civil lanza una campaña estatal de boicot a la farmacéutica israelí Teva en solidaridad con Palestina

27 Febrero 2026 at 10:39
  • Más de 200 organizaciones de todo el Estado español, entre ellas Ecologistas en Acción, llaman al boicot al gigante farmacéutico por su complicidad con la ocupación, apartheid y genocidio en Palestina.
  • Defienden que hacer boicot a Teva desde las administraciones, el personal sanitario y la ciudadanía es sencillo: hay alternativa a todos los medicamentos comercializados por Teva.
  • Teva paga impuestos al Estado de Israel, dividendos a los fondos sionistas que componen su accionariado y donaciones a las fuerzas de ocupación israelíes. Además, ha apoyado con efectivos y material al ejército israelí durante el genocidio en Gaza.

Un amplio conjunto de organizaciones, colectivos y movimientos sociales de todo el Estado, entre ellos numerosas asociaciones de profesionales sanitarios solidarios con Palestina, presentan la campaña estatal ¿Teva? NO, Gracias, una iniciativa de boicot contra la farmacéutica israelí como medida de solidaridad activa con el pueblo palestino.

Bajo el lema “Que tus medicamentos no sean sus balas”, se han convocado concentraciones frente a consejerías de salud, hospitales y organismos sanitarios de distintos territorios. Reclaman la suspensión de los contratos vigentes de las Administraciones públicas con el gigante farmacéutico e interpelan al personal sanitario y a la ciudadanía para que opten por otros medicamentos.

Representantes de la campaña se han concentrado frente al Ministerio de Sanidad en Madrid para exigir a la ministra Mónica García Gómez “acción política para cumplir con las obligaciones legales que emanan del derecho internacional” y establecer canales de diálogo. Como primer paso urgente, demandan la incorporación inmediata de este asunto a la agenda del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud y a la de la Comisión Interministerial de Precios de los medicamentos.

Las organizaciones convocantes, tal y como identifica el movimiento internacional Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), señalan a Teva como un objetivo prioritario para realizar boicot económico a Israel. En su manifiesto, denuncian que el gigante farmacéutico —líder en el mercado de genéricos en España con una facturación de más de 500 millones de euros al Sistema Nacional de Salud en 2023 y mayor empresa de la bolsa de Israel— financia la ocupación, el apartheid y el genocidio en Palestina, mediante el pago de impuestos al Estado de Israel, dividendos a los fondos sionistas que componen su accionariado y donaciones a las fuerzas de ocupación israelíes.

Además, acusan a Teva de beneficiarse de la ocupación ilegal, del sistema de apartheid y de su posición de privilegio en el mercado cautivo de los territorios ocupados. También le reprochan un abierto apoyo al ejército israelí durante el genocidio en Gaza, mediante la donación de material, la participación de al menos un 10 % de su plantilla en el ejército o el establecimiento de sus sedes como puntos de recogida de suministros para los soldados.

“Hacer boicot a empresas que sustentan un régimen que perpetra crímenes contra la humanidad es una obligación moral, ética y legal ineludible”, señalan, recordando que la cifra oficial de personas asesinadas en Gaza desde el 7 de octubre de 2023 supera las 72.000, aunque según la relatora de la ONU Francesca Albanese, esta podría ser hasta diez veces mayor.

Llamamiento a la acción de la sociedad civil, personal sanitario y farmacéutico e instituciones

“Hacer boicot a Teva es sencillo”, arguye Mar Gimena, médica de familia y portavoz estatal de la campaña, ya que “hay alternativa a todos los medicamentos comercializados por Teva en el Estado español”. Por eso, las organizaciones convocantes apelan a la población general a rechazar los medicamentos “manchados de sangre” del gigante farmacéutico.

No es la primera iniciativa de la sociedad civil encaminada a romper la complicidad de las Administraciones con Teva. A mediados de noviembre, el Gobierno asturiano anunció, tras la presión social, que no renovaría los contratos con la farmacéutica, mientras que Navarra no prorrogará el contrato de tres fármacos suministrados por Teva y estudia el cese del resto de contratos.

“El boicot es necesario y funciona” enfatiza el doctor Pablo Simón, médico de la localidad de Chauchina en Granada. Por dichas declaraciones, una entidad sionista denunció a este facultativo como parte de “un ejercicio de intimidación”. Sin embargo, el Colegio de Médicos de Granada archivó la querella tras la presión de cientos de personas y organizaciones.

Adhesiones y participación

En tan solo diez días, más de 240 organizaciones sociales, sindicatos y partidos políticos se han adherido a la iniciativa. La campaña se estrena con una página web en la que se enumeran las razones para hacer boicot a Teva, con informes detallados que pretenden sacar a la luz los lazos de la farmacéutica con el sionismo y el genocidio. También se puede encontrar información dirigida a diferentes colectivos, así como materiales para su difusión.

Con esta acción, las organizaciones firmantes buscan romper la cadena de complicidad con Israel desde la calle, la consulta, la farmacia y las instituciones, utilizando la herramienta del boicot, que consideran legítima e histórica.

 

 

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El daño medioambiental causado por la ocupación israelí en Palestina

En Palestina, y de forma más acentuada en Gaza, el daño ambiental se ha utilizado como arma de devastación y exclusión, y es una característica de la política colonial sionista. Forma parte de la destrucción premeditada, por parte de Israel, de todo el tejido social y ecológico de Palestina. Es lo que se ha dado en llamar apartheid ecológico. Varios estudios han trabajado este aspecto de la ocupación israelí de Palestina, donde el daño ambiental va mucho más allá de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Es necesario retroceder en el tiempo para comprobar cómo este daño ambiental deliberado se ha estado llevando a cabo durante muchas décadas.

Durante mucho tiempo, Israel se ha referido a la Palestina anterior a 1948 como un desierto estéril en contraste con el supuesto oasis creado tras el establecimiento del Estado israelí. Este oasis tiene también una cierta función en el proyecto israelí de eliminar Palestina. El Fondo Nacional Judío, una organización paraestatal, intentó, mediante la repoblación forestal, borrar los restos físicos de 86 pueblos palestinos destruidos durante la Nakba. La plantación de árboles sirvió para ocultar el desplazamiento colonial masivo, la destrucción del medio ambiente y el expolio. Igualmente, los colonos israelíes han creado un nuevo paisaje para sustituir al autóctono. Es la transformación impuesta del medio ambiente original.

Algunas de estas prácticas fueron utilizadas por el Reino Unido durante su Protectorado sobre Palestina (a partir de 1922). Muy especialmente en la represión de la gran revuelta del movimiento nacionalista palestino (1936-1939). Se generalizó la política de castigos colectivos, se bombardearon aldeas y se derribaron miles de viviendas. Los campesinos perdieron las tierras, se les incendiaron las cosechas, se les incautó el ganado y se arrancaron olivos y cítricos. Se generalizaron las detenciones administrativas sin juicio, las ejecuciones extrajudiciales y las torturas.

La apropiación de recursos palestinos por parte de Israel incluye el agua. En 1948 el Fondo Nacional Judío desecó el lago Hula y sus humedales, para ampliar la tierra agrícola para los colonos judíos recién llegados. Provocó un gran daño ambiental ya que destruyó especies de fauna y flora vitales y degradó seriamente la calidad del agua del lago de Tiberíades. La empresa estatal de agua israelí Mekorot desvió el agua del Jordán para que llegara a los colonos israelíes de la costa y a las ciudades y asentamientos del desierto de Naqab. Hoy, el Jordán es poco más que un riachuelo lleno de tierra y aguas residuales.

Volviendo a un momento más actual, los bombardeos constantes a partir del 7 de octubre de 2023 ya habían destruido, a principios de 2024, gran parte de las tierras agrícolas de Gaza: huertas, invernaderos, olivares y explotaciones agrícolas. En ese momento había ya más de 40 millones de toneladas de escombros y material peligroso. El suelo y el agua subterránea estaban contaminados. También lo estaba el agua del mar con aguas residuales y desechos. Israel había cortado o destruido el suministro eléctrico de las plantas de tratamiento del agua.

Ante la crisis climática

Palestina tendrá que hacer frente a la crisis climática en una situación de fuerte desventaja. Su vulnerabilidad es debida a un siglo de colonialismo, apartheid, expolio y desplazamiento poblacional por parte de Israel. A finales de este siglo, las precipitaciones en Palestina podrían disminuir un 30% respecto al período 1961-1990. El IPCC prevé que las temperaturas aumentarán entre 2,2 y 5,1°C. Se intensificará la desertificación. Unas temporadas más cortas de crecimiento de los cultivos y la precariedad del agua amenazarán la seguridad alimentaria.

Existe una profunda asimetría en la forma en que la crisis climática afectará a Israel y a Palestina. La ocupación de Israel impide que los palestinos accedan a los recursos y puedan desarrollar infraestructuras y estrategias adaptativas. Por el contrario, Israel es uno de los países de la región más preparados para afrontar el cambio climático. Gracias a que se ha apoderado, saqueado y controlado la mayoría de los recursos de Palestina, ha desarrollado tecnología para aliviar algunos de los impactos del cambio climático. Su más cruda manifestación es el acceso al agua.

A diferencia de los países vecinos, no existe escasez de agua entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Sin embargo, la escasez crónica de agua afecta a los palestinos de Cisjordania y Gaza como resultado de la política de ocupación y la infraestructura hídrica del apartheid. Desde que ocupó Cisjordania en 1967, Israel ha monopolizado las fuentes de agua.

El acuerdo de Oslo II de 1995 otorgó a Israel el control sobre el 80% del agua de Cisjordania. Ello incluye el control israelí de las fuentes de agua, cuotas estrictas de suministro para los palestinos, la denegación de la excavación de pozos y la destrucción repetida de la infraestructura hídrica palestina. En Cisjordania, en 2020, sólo el 36% de los palestinos tenía acceso fiable durante todo el año y el 47% recibía agua menos de 10 días al mes. Los 600.000 colonos ilegales de Israel utilizaban seis veces más agua que los 3 millones de palestinos. Los asentamientos ilegales consumen 700 litros per cápita al día, incluyendo piscinas y césped, mientras que algunas comunidades palestinas, desconectadas de la red del agua, sobreviven con tan sólo 26 litros por persona. La OMS establece que el límite inferior necesario es de 100 litros/habitante/día. El consumo medio de agua en Catalunya es de unos 117 litros por habitante y día.

En Gaza, la situación es mucho peor. Incluso antes del 7 de octubre de 2023, sólo el 30% de los hogares tenían acceso diario al agua y entre el 90% y el 95% del agua de Gaza no era potable ni para regar. El agua contaminada causaba más del 26% de las enfermedades registradas y era una de las principales causas de mortalidad infantil (más del 12% de las muertes). Israel no sólo bloquea la entrada suficiente de agua limpia en Gaza, sino que también impide la construcción o reparación de infraestructuras prohibiendo la entrada de los materiales necesarios. En febrero de 2025 Oxfam estimaba que la cantidad de agua disponible en Gaza era de 5,7 litros por persona y día.

Como consecuencia, los efectos del cambio climático sobre la disponibilidad y calidad del agua tendrán consecuencias mortales, sobre todo en Gaza.

Imagen de Israel como país verde

Este objetivo ya quedó reflejado en los Acuerdos de Abraham firmados en 2020 por Israel, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán y que recoge acuerdos para implementar conjuntamente proyectos medioambientales de energías renovables, agroindustria y agua. En Marruecos, desde entonces, las inversiones y los acuerdos israelíes han aumentado, especialmente en la agroindustria y las renovables.

En 2022, Jordania e Israel firmaron un memorando de entendimiento para un estudio de viabilidad de potabilización de agua. Jordania comprará agua de una estación desalinizadora israelí alimentada por una planta solar en Jordania. La imagen beneficiosa que el proyecto transmite enmascara el saqueo, durante décadas, del agua palestina por parte de Israel. Mekorot, empresa estatal israelí de desalinización, se posiciona como líder mundial del sector. Parte de los beneficios que genera se destinan al apartheid del agua por parte del gobierno israelí.

También en 2022, Jordania, Marruecos, Emiratos, Arabia Saudita, Egipto, Bahréin y Omán firmaron otro memorando de entendimiento con dos empresas energéticas israelíes para implementar proyectos de energía renovable en toda la región: energía solar, eólica y almacenamiento de energía. Todos estos acuerdos refuerzan la imagen de Israel como actor regional clave en energías renovables, al tiempo que le permiten extender su influencia geopolítica en toda la región. El objetivo es integrar a Israel en las altas esferas energéticas y económicas de su entorno árabe desde una posición de superioridad que, a su vez, puede ayudar también a la normalización y blanqueamiento de la imagen de Israel.

Posición de Israel en la región

En Oriente Medio se produce alrededor del 35% del petróleo del mundo. Por otro lado, Israel pretende convertirse en un centro de energía a nivel regional, mediante yacimientos de gas en el mar Mediterráneo. El dominio de Estados Unidos en Oriente Medio se basa en dos pilares: Israel y las monarquías del golfo Pérsico. Israel (en palabras del ex secretario de Estado de Estados Unidos, Alexander Haig, “el mayor portaaviones norteamericano del mundo”) ayuda a controlar los recursos de combustibles fósiles, aporta vigilancia y se integra en la región a través de sectores como el agronegocio, la energía y la desalinización. Estados Unidos y sus aliados se esfuerzan por normalizar la presencia y la función de Israel en la región. Este proceso comenzó con los Acuerdos de Camp David (1978) y ha continuado con el Tratado de Paz entre Jordania e Israel (1994) y los Acuerdos de Abraham y los memorandos mencionados.

Emisiones militares de carbono

Diversos informes han intentado estimar las emisiones militares de carbono asociadas a la ocupación israelí. Nos interesa uno especialmente por dos razones; abarca un periodo muy amplio, desde el establecimiento del estado de Israel (1948) hasta enero de 2025 y calcula la reparación climática que Israel debe al pueblo palestino a causa de esas emisiones. De dichas emisiones no sólo es responsable Israel como país ocupante, sino también aquellos países que han apoyado, en mayor o menor medida, la ocupación.

Para cuantificar el coste monetario de dicha reparación, se utiliza el concepto de Coste Social del Carbono. Este se define como el valor monetario del daño a la sociedad, a largo plazo, causado por una tonelada adicional de emisiones de carbono. Los científicos evalúan el valor del CSC en unos 285 dólares por tonelada adicional de CO2 a partir de modelos con medias globales. El resultado del CSC para Palestina será un límite inferior, ya que estas medias globales pueden ser menores que el daño tan desproporcionado que ha sufrido Palestina.

El informe da como resultado un valor de 148.170 millones de dólares para el Coste Social del Carbono de las reparaciones climáticas militares que Israel y sus aliados deben al pueblo palestino desde 1948 hasta enero de 2025. De esa cantidad, Israel es responsable de 103.000 millones, EE. UU. es responsable de 40.800 millones, y otros aliados de Israel comparten responsabilidad: Alemania 2.700 millones, otros (Francia, Reino Unido e Italia) 1.670 millones.

En esta estimación de las reparaciones no se incluyen el robo de agua, la destrucción de la flora autóctona y de los bancos de semillas.

En resumen, la destrucción sistemática de los ecosistemas y los sistemas que sustentan la vida en Palestina es una política deliberada de Israel para su territorio inhabitable. Es un acto ecocida en paralelo con el genocidio, para suprimir al pueblo palestino, su cultura y su tierra.

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De la guerra de los Balcanes a Palestina y Sudán

18 Febrero 2026 at 11:46

El libro 'No matarían ni una mosca. Retratos de los criminales de las guerras balcánicas', de Slavenka Drakulić, invita a indagar en los espacios de negación histórica.

La entrada De la guerra de los Balcanes a Palestina y Sudán se publicó primero en Pikara Magazine.

Nasser Abu Srour: “Desde el 7 de octubre, las cárceles se convirtieron en un frente más de la guerra contra Gaza”

14 Febrero 2026 at 07:50

Nasser Abu Srour (Campo de refugiados de Aida, Cisjordania, 1969) es uno de los palestinos que más tiempo ha pasado preso en una cárcel israelí: 32 de sus 57 años. Durante su presidio escribió La historia de un muro, uno de los libros que mejor alumbra la fortaleza que puede llegar a tener el ser humano y un pueblo, el palestino. Mientras sufría hambre, torturas y violaciones, su obra fue traducida a siete idiomas, publicada en España por Galaxia Gutenberg y premiada con reconocimientos tan prestigiosos como el Premio de la literatura árabe 2025 del Instituto del Mundo Árabe de Francia. Pese a que acababa de ser liberado, no pudo viajar a la gala. Por ahora, solo puede salir de Egipto para instalarse en Brasil o Malasia.

En 1993, Abu Srour tenía 24 años y vivía en el campo de refugiados en el que había nacido, el de Aida, cerca de Belén. Allí estudió en la escuela de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo), que sigue garantizando el derecho a la educación a la infancia de este gueto, cercado por el muro del apartheid israelí. Cuando cursaba Literatura Inglesa en la Universidad de Al Quds se unió a las protestas de la primera Intifada. Fue detenido y condenado a cadena perpetua por participar presuntamente en el asesinato de un oficial de la inteligencia israelí.

El nombre de Abu Srour aparecía en los listados de los palestinos que debían liberarse según los Acuerdos de Oslo y en las negociaciones de Wafa al Ahrar de 2011, por las que Israel liberó a mil palestinos a cambio de un soldado israelí. Pero Tel Aviv no cumplió.

Finalmente, en octubre de 2025, 32 años después de su encarcalamiento, fue puesto en libertad junto a otros 154 secuestrados palestinos en un intercambio acordado por el Plan de Trump para la Franja de Gaza.

Su madre, Mayzour, que se había convertido en un referente de la defensa de los derechos de los secuestrados palestinos, había muerto 70 días antes. Esta periodista tuvo la oportunidad de conocerla en su casa gracias a la mediación de Lora Abuaita, quien también ha participado en esta entrevista como traductora. En aquel encuentro, Mayzour nos mostró su armario, donde guardaba por orden cronológico los vestidos que había tejido para visitar a su hijo a lo largo de su vida. Las autoridades israelíes le prohibieron recibir visitas durante los primeros siete años de presidio. Después, ella hacía viaje de dos y tres días por el desierto para que, a menudo, los carceleros israelíes la humillasen y cancelaran a última hora el encuentro. 

Su madre es el único tema del que Abu Srour ha preferido no hablar en esta entrevista que mantuvimos por videoconferencia durante más de tres horas. Una de las primeras que ha concedido a un medio de comunicación.

«En las cárceles dan de comer el mínimo de calorías necesario para que no nos muramos y así poder seguir golpeándonos hasta matarnos del dolor«

Nasser Abu Srour tras su puesta en libertad. IMAGEN CEDIDA.

¿Cómo cambió la vida para los palestinos secuestrados en las cárceles israelíes tras el 7 de octubre de 2023?

En los años previos, el movimiento de presos había conseguido que tuviéramos acceso a comida, libros, cuadernos y a un mínimo de información del exterior. Pero desde el 7 de octubre, las cárceles se convirtieron en un frente más de la guerra contra Gaza. Como ocurrió en Cisjordania, en el Líbano, en Yemen…

La misma noche del 7 de octubre desconectaron toda comunicación con el exterior. Los guardias se cambiaron los uniformes por unos con el rótulo en el pecho de «Guerreros». Desde entonces, en las cárceles dan de comer el mínimo de calorías necesario para que no nos muramos y así poder seguir golpeándonos hasta matarnos del dolor. En las celdas donde cabíamos dos o cuatro presos, metieron a doce. A diario nos torturaban, nos golpeaban, nos violaban. Antes de 2023 también lo hacían, pero a partir de entonces fue algo totalmente diferente. No había límites. Redujeron nuestra existencia a lo puramente animal, a respirar y pensar cómo sobrevivir. 

Nos quitaron los espejos para que no nos pudiéramos ver. Cuando llovía, buscábamos charcos en el patio para vernos. Yo perdí 12 kilos, pero porque ya estaba muy delgado. Hay presos que han perdido muchos más. Nos daban de comer apenas un vasito de café con arroz, cubierto de excrementos de ave porque los dejaban en el patio antes de distribuirlos. Y si no nos lo comíamos, nos pegaban hasta la muerte. Otras veces, nos dejaban sin comer como castigo colectivo. 

Tenían un plan con todo lo que querían experimentar con nosotros y lo llevaron a cabo. Antes del 7 de octubre, te podían golpear hasta partirte los huesos, pero luego te curaban para que siguieras vivo. Pero a partir de entonces, desapareció la atención médica. Han matado a muchos presos de hambre y de falta de medicinas.

El hacinamiento, la falta de higiene, las heridas y las enfermedades han generado una variante de la sarna que se come el cuerpo de los presos. Yo he llegado a verle los huesos a algunos. Muchos han muerto por eso.

En las prisiones pusieron una foto de la Franja destruida, de seis metros de largo, con el título «La nueva Gaza». Era una forma de tortura psicológica, de decirnos “no podéis hacer nada, esto es lo que está pasando allí afuera”. 

En las 48 horas previas a ponernos en libertad, la violencia aumentó muchísimo. Nos pegaron tanto que cuando llegamos a la frontera no podíamos siquiera caminar para cambiar de autobús, no teníamos fuerzas.

El otro muro
Grafiti con el rostro del escritor palestino Nasser Abu Srour cerca de su casa familiar, en Cisjordania. VLADIMIR GUREWICH

¿Cómo está ahora?

Es difícil explicarlo. Respiro, y eso está bien. Estoy comiendo, bebiendo, amando, y eso se supone que está bien. Puedo ver las calles, algo que no podía hacer desde hace 32 años. Y puedo hablar por teléfono con personas de la Palestina ocupada y eso está bien. Pero no estoy bien. De hecho, no sé si le puedo dar las gracias a Dios por nuestra liberación porque el precio ha sido que 80.000 personas hayan sido asesinadas en Gaza. Y en las cárceles siguen matando, humillando, degradando y violando a diario. Le he escrito una carta a uno de los amigos que siguen encarcelados en la que le pido perdón por cada vez que respiro porque les he dejado solos. 

En los dos últimos años pensé en suicidarme porque era tanta la violencia que no podía controlar mi cuerpo y no quería convertirme en un animal. Le decía a mi cuerpo que no tenía hambre, pero no podía controlarlo. Lo único que me permitió mantener un mínimo de valentía para sobrevivir fue la fe en que algún día viviría en libertad.

«En las cárceles israelíes siguen matando, humillando, degradando y violando a diario«

¿Convivió con las personas que secuestraban de Gaza durante el genocidio?

No, los llevaban a una sección distinta de las prisiones. Escuchábamos sus gritos, unos desgarros que no puedo describir. Nada de lo que vivimos nosotros es comparable a lo que hacen con los presos de Gaza.

¿Cómo fue la puesta en libertad?

Nos llevaron por el sur de la Franja y lo primero que hice cuando cruzamos la frontera de Rafah fue abrir la cortinilla del autobús. Era la ventana más grande que he visto en mi vida porque solo conocía las del campo de refugiados en el que nací y las de la cárcel. Cuando llegamos al hotel no sabía qué hacer. Era la primera vez en mi vida que estaba en uno. Salía de la habitación y tenía que volver cinco veces porque siempre se me olvidaba algo. Mis hermanos que viven en Estados Unidos vinieron a verme y me trajeron muchos regalos caros, como un Iphone. Yo no sabía qué hacer con él. 

No sabía ni siquiera dar ni recibir amor. Tuve que pedirles momentos de pausa a la familia porque no podía recibir ni dar tanto cariño. En un momento dado, mi hermana me iba a abrazar y le tuve que pedir que no lo hiciese, no podía. 

Tampoco consigo reconocerme con el tiempo ni el lugar. En prisión, vivía fuera del tiempo y en un no-lugar. Estoy aprendiendo.

Primero, les alojaron en un hotel en El Cairo. Al día siguiente, el panfleto sensacionalista Daily Mail publicó una noticia en la que criticaba que turistas británicos tuvieran que desayunar en la misma sala que ustedes. La titularon El hotel de Hamás. Entonces, les vuelven a meter en un autobús y les trasladan a un hotel en medio del desierto. ¿Cómo se sintió entonces?

Sentí que nos trasladaban a otra prisión. Nos dijeron que teníamos que recoger todo lo que nuestros familiares nos habían regalado y marcharnos rápidamente porque en esa noticia decían que éramos una amenaza para la vida de los turistas y para la seguridad mundial. 

Me revivió el trauma de cuando nos cambiaban de prisión: volví a tener dolor de estómago y ganas de vomitar como entonces. Primero nos llevaron a un hotel en una ciudad deportiva en el desierto y, después, cuando lo necesitaron para unas competiciones, a otro aún más lejos, junto al Mar Rojo.

Como escribió el pensador Al-Manfaluti si no cambias tu estado emocional, da igual que cambies de lugar: seguirás sintiéndote igual. Como nos trasladaron de manera forzada y nos seguían tratando como una amenaza, yo me seguía sintiendo en prisión.

¿Dónde vive ahora? 

Los presos que tenemos apoyo económico de nuestras familias hemos alquilado apartamentos en distintas partes de Egipto. Pero hay 150 presos que siguen viviendo en ese hotel aislado.

«Nada de lo que vivimos nosotros es comparable a lo que hacen con los presos de Gaza«

La condición para salir de prisión fue que no podía volver a Palestina. 

No, el sionismo no nos permite volver a Palestina a los presos liberados porque su objetivo siempre ha sido conseguir que sea una tierra sin pueblo. Y para ello emplea los asesinatos, los genocidios, las masacres y el exilio forzado.

¿Qué mensaje le gustaría enviarle a todo el mundo?

Que el mundo vea al pueblo palestino, que dejen de hacer como si los palestinos y palestinas fuésemos invisibles, víctimas sin ningún valor. El mundo tiene que entender que el pueblo palestino lleva 100 años sufriendo genocidio tras genocidio, no solo en los últimos dos años. Y también tiene que entender que sus gobiernos siempre han sido cómplices. 

Israel no habría podido ejecutar este genocidio, y menos durante tanto tiempo, sin la financiación, las armas y el apoyo de Estados Unidos y de países de la Unión Europea para masacrar a un pueblo entero. Necesitamos que cuando el mundo escucha que en Gaza se están muriendo de hambre, no lo escuche como si fuesen solo palabras. Porque no lo son.

Seguimos en el 48, la Nakba continúa. Israel no ha dejado de matar y de aplicar políticas de opresión desde entonces. Israel es cada vez más fuerte, más brutal a la hora de cometer las masacres y los genocidios. Y lo que está pasando en Gaza es la demostración de cómo se puede eliminar a un pueblo, arrasar un territorio hasta dejarlo plano, dejar a los supervivientes en la calle hambrientos para después abrir la frontera, dejar pasar a 10 personas después de haber asesinado a 80.000 y decir que eso es la paz. El mundo tiene que dejar de ser cómplice, no solo con la Franja de Gaza sino con toda la Palestina histórica.

«No sabía ni siquiera dar ni recibir amor«

Cuando usted aún estaba preso, el escritor español José Ovejero publicó una reseña sobre su libro en la que decía que si pudiera entrevistarle la primera pregunta habría sido: “¿Por qué, en lugar de mostrar la carne tumefacta y la herida, en lugar de volver la mirada hacia el verdugo, en lugar de hacer visible la reja y la celda miserable, ha decidido escribir sobre lo que no se ve?”. Ahora que está libre se la hago yo en su nombre.

El otro muro
Portada del libro ‘La historia de un muro’. GALAXIA GUTENBERG

El ser humano tiene cinco sentidos que nos ofrecen significados muy limitados. Puedes escuchar y quedarte solo con lo escuchado; mirar, y quedarte solo con lo visto. Pero lo que normalmente no hacemos los seres humanos es darle sentido y un significado a lo que sentimos. Y todo lo que hay a nuestro alrededor puede tener miles de ellos. Y para hacerlo, tienes que aplicarle la imaginación. Si yo veo la pared de la prisión y digo “No se puede cruzar, no se puede destruir, no va a desaparecer nunca”, voy a estar preso para siempre. Pero si utilizo la imaginación para ver y sentir lo que hay tras los muros, para imaginar una flor y oler su perfume, para viajar a Barcelona, para tener una cita con una mujer… Entonces voy a intentar sobrevivir. La ciencia está demostrando que hay muchas cosas que no vemos y que existen. Y en mi escritura utilizo la imaginación para dar sentido a lo que no se ve. 

¿Ha sido la imaginación lo que le ha permitido sobrevivir a 32 años de encarcelamiento?

Sí, desarrollé este mecanismo de defensa de dar otro significado a las cosas para olvidar que iba a vivir ahí toda la vida. He vivido una vida entera con este muro. Lo he besado, lo he abrazado, he hablado con él, me ha abierto muchas puertas… Ha sido muy bonito sorprenderme con lo que me ha enseñado. Sólo los niños -hasta los diez años- y los filósofos conservan la capacidad de sorpresa. Y eso lo que yo he hecho para dar sentido a seguir vivo junto a ese muro.

Escribe que uno de los dolores más fuertes que ha sufrido en prisión se lo provocó enamorarse.

Todos nacemos con un torrente de emociones que nos acompañan a lo largo de la vida. Y hay un dicho que dice que todos nacemos con unos lazos que nos unen a unas personas. Yo crecí con ese desbordamiento de amor y lo dirigía a la familia y a personas de mi alrededor. Hasta que la conocí. Cuando la vi la primera vez, a través del cristal, pensé «Pobres los muros» porque sentí que ella podía hacerlo todo, incluso, destruirlos. Era mi abogada y cuando llevábamos dos años de relación me di cuenta de que esa mujer de 27 años necesitaba alguien que la pudiera abrazar, darle un beso, vivir con ella. Y yo ni siquiera la pude tocar. No podía dejar de sentirme culpable, no la podía condenar a perderse todo eso. Cuando rompimos la relación, sentí que un grito de alivio resonaba entre las montañas porque aquella mujer podría por fin vivir. Esa mujer es mi prometida hoy, está aquí conmigo. Volvimos a estar juntos hace un par de años y nos vamos a casar.

«El mundo tiene que dejar de ser cómplice, no solo con la Franja de Gaza sino con toda la Palestina histórica«

¿Cómo fue sacando sus escritos de prisión a lo largo de estos años? He leído a sus editores que algunos los dictó por teléfono cuando podía hacer llamadas y que otros los sacaron algunas personas que le visitaron de manera clandestina. 

Sí, pero no puedo dar detalles para no comprometer a las personas que me ayudaron.

La madre de Abu Srour, Mazyuna, en la puerta de su casa en el campo de Aida durante la visita de esta esta periodista. ALEX ZAPICO.

Tras el 7 de octubre, le quitaron el papel y los bolígrafos y le prohibieron escribir. ¿Qué supuso para usted privarle de la escritura? 

En aquel momento lo único en lo que podía pensar, yo y el resto de los presos, era en sobrevivir un día más, en esconder un mendrugo de pan para el día siguiente, en encontrar un lugar donde no morirme de frío. La escritura dejó de existir, las palabras dejaron de existir, los pensamientos se esfumaron. En mi cabeza solo había una idea: sobrevivir. 

En el listado de países a los que inicialmente podría mudarse se encontraba España, además de Malasia, Qatar y Argelia, entre otros. ¿Sabe por qué España se cayó de esa lista? 

España se retiró, no sabemos por qué. También estaba Turquía, que recibió a algunos presos pero ya no recibe a nadie más. Ahora mismo podríamos mudarnos a Brasil o a Malasia. No hemos tomado la decisión porque no queremos estar lejos de las familias y tiene que ser un destino en el que nos puedan visitar. Además, quiero vivir en un país donde haya dolor. Siempre he convivido con el dolor y quiero seguir escribiendo sobre el dolor, pero para eso necesito entenderlo. Por eso necesito que sea un lugar que se parezca en algo a nuestra vida y para eso no basta que sea árabe porque hay ciudades árabes que no tienen espíritu, ni vida. No podría vivir en un sitio así. 

Usted escribe que los palestinos son solidarios con quienes se rebelan contra la injusticia y que apoyan a quienes no han triunfado. Estamos viendo cómo el movimiento internacional contra el genocidio de Gaza se ha convertido en la mayor movilización global no sólo en apoyo a Palestina sino también contra la ola antidemocrática liderada por Trump y Netanyahu, entre otros. ¿Se siente conectado con ese movimiento internacional de solidaridad con Palestina? 

Sí, siempre son los oprimidos, los derrotados y los débiles quienes tienen la razón. El punto de partida es la solidaridad con quienes pasan por la misma experiencia. En los últimos años, con lo ocurrido en Gaza, la cuestión palestina se ha convertido en el movimiento social más grande y efectivo a nivel mundial. Ojalá les pudiera dar las gracias personalmente a cada una de las personas que participan en este movimiento, que han sido golpeados cuando se manifiestan, echados de sus trabajos y secuestrados cuando vinieron en la flotilla.


«El sionismo no nos permite volver a Palestina a los presos liberados porque su objetivo siempre ha sido conseguir que sea una tierra sin pueblo»

Como sabe, tuve el privilegio de visitar en su casa a su madre, Mazyuna, una mujer excepcional que se convirtió en una lideresa del movimiento de apoyo a los presos palestinos. Tras una vida luchando por su liberación, murió 70 días antes de que usted saliera de prisión. ¿Cómo la describiría?

Lo siento mucho, pero no puedo responder a esta pregunta. Cada vez que toco su muerte me derrumbo. Hoy tengo un compromiso y no me lo puedo permitir. Lo siento. 

Nasser Abu Srour junto a su madre, Mazyuna, en una de sus visitas a prisión. ARCHIVO FAMILIAR.

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Francesca Albanese: “Como no se puede reformar, la ONU se está volviendo cada vez más irrelevante, y eso es peligroso”

1 Febrero 2026 at 13:29

Suscríbete a La Marea y, además de la revista, te puedes llevar de regalo el nuevo libro de Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina, de Francesca Albanese.

Francesca Albanese (Italia, 1977) se ha convertido en un referente internacional de la defensa de los derechos humanos. Desde que comenzase el genocidio de Gaza, su trabajo incansable a través de informes, de la participación continua en el debate público mediante entrevistas, conferencias y las redes sociales denunciando no sólo los crímenes de Israel, sino también la responsabilidad de los gobiernos, empresas y medios de comunicación occidentales, la han convertido en una figura inspiradora para millones de personas de todas las generaciones. Y, también, en una de las más odiadas, atacadas y perseguidas por los Gobiernos de Israel y Estados Unidos, así como por el lobby sionista internacional. De hecho, la Administración Trump la ha llegado a sancionar por colaborar con la Corte Penal Internacional en su intento de juzgar a los responsables del genocidio.

Ahora, Albanese publica en España Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina (Galaxia Gutenberg), un ensayo en el que cuenta la historia de la ocupación a través del derecho internacional, pero también de sus vivencias y reflexiones personales y de las de diez personas –la mayoría, amigos y amigas de Albanese– que protagonizan cada uno de los capítulos. Y lo escribe con la claridad, la precisión y la determinación que la han convertido en una de las voces más respetadas de la esfera pública. Y, también, compartiendo el sufrimiento, el dolor y el miedo que acarrea, a veces, estar en la primera línea de la “guerra contra los valores” que están sufriendo, en palabras suyas, quienes participan en el ‘efecto Palestina’, como llama a la nueva conciencia global que ha despertado el genocidio contra Gaza.

En su libro Cuando el mundo duerme cuenta la historia de Palestina, de la ocupación, del régimen de apartheid, del genocidio con rigor y datos, y, también, mediante sus vivencias. ¿Por qué decidió escribirlo desde esta perspectiva personal?

Primero, porque había planeado escribirlo un año antes, cuando salió mi primer libro en italiano, poco después del inicio del ataque contra Gaza en octubre de 2023. En aquel caso buscaba que el público italiano tuviese una especie de punto de referencia, porque allí, desde el principio de los ataques, la retórica y la propaganda fueron muy proisraelíes. Y lo digo sin negar el sufrimiento de los israelíes ni lo duro que fue lo que sufrieron el 7 de octubre. Yo sabía que el Gobierno israelí capitalizaría ese sufrimiento y que los líderes occidentales cederían para complacer y favorecer a Israel. Así que quería ofrecer una especie de glosario.

«En estos dos años he llegado a aceptar la vulnerabilidad de una forma en la que no lo había hecho antes»

Pero una vez que ese libro vio la luz, ya tenía en marcha este proyecto, en el que quería hablar sobre Palestina desde la perspectiva del derecho internacional, pero de una manera personal, humanizando esa historia y haciéndola accesible, especialmente para los más jóvenes.

En segundo lugar, también lo escribí así por mí. Fue un ejercicio muy catártico. Tuve que articular cómo había entrado en mi vida Palestina cuando llevábamos ya año y medio de genocidio y mientras trabajaba en el informe sobre la economía del genocidio.

Es un libro difícil de catalogar porque tiene mucho de historia, de ensayo, de derecho internacional, pero no es un libro de solo una de esas cosas. Tampoco una biografía ni autobiografía, aunque contiene muchas vidas. Pero creo que también eso es lo que hacemos las mujeres, mostramos quiénes somos sin ocultar nuestras debilidades. En estos dos años he llegado a aceptar la vulnerabilidad de una forma en la que no lo había hecho antes. Por eso me sentí atraída a escribir este libro, en el que me expongo y comparto tanto de mi viaje personal.

«Estamos en una especie de guerra contra los principios, contra los ideales puros. Y quienes luchamos en ella compartimos algo muy profundo»

El libro es también una carta de amor a la amistad, a los amigos palestinos, israelíes y judíos no israelíes que le han permitido comprender la realidad de Palestina. De hecho, lo comienza con una cita de Alisa Weise: “La solidaridad es una manifestación política de amor”. ¿Cómo describiría el papel de la amistad en su compromiso y en el movimiento internacional de solidaridad global con Palestina que ha surgido a raíz del genocidio?

Es interesante porque cuando leí el libro en octubre, meses después de su publicación en Francia, me di cuenta de que parecía deliberado que hubiese palestinos e israelíes, como si los quisiera reunir en una mesa. No fue así. Los elegí porque son mis amigos y porque me enseñaron muchas cosas. Alon Confino era probablemente el más israelí de todos, pero nunca pensé en él como un israelí porque era una persona universal.

Además, mi círculo de amigos ha crecido mucho a partir del genocidio. Personas que van desde el colegio de mis hijos al ámbito público, que me han apoyado siempre, que han querido estar cerca de mí cuando he sufrido los ataques más feroces. Como cuando el gobierno y los medios de comunicación de Italia, donde no son muy libres, empezaron a atacarme hasta por estornudar. Siento que estamos en una especie de guerra contra los principios, contra los ideales puros. Y quienes luchamos en ella compartimos algo muy profundo.

Para mí, la relación más profunda de la vida no es el amor que sientes por tu pareja, tus hijos, tus hermanos o tus padres: para mí, el valor más importante es la amistad. La amistad es la red que te mantiene unido, que no te deja caer en el aislamiento. Además, la amistad es un valor para el futuro. Necesitamos recuperar la humanidad en nuestras vidas, estamos demasiado aislados, somos demasiado individualistas, y la amistad, este vínculo que nos une a todos, es un buen camino.

Francesca Albanese. Foto cedida: FAROOQ ZAMIR.

«Palestina nos ha iluminado y nos está mostrando el camino para resistir, que no es solo resistencia, es también resiliencia»

Sostiene que el genocidio de Gaza ha despertado una nueva conciencia global a través del movimiento internacional de solidaridad con Palestina. ¿Cómo puede este movimiento contribuir a frenar la ola reaccionaria y antidemocrática que sufrimos?

Veo un movimiento que llamo una, como el plural en latín de unus (unidad), porque reúne tantas realidades individuales que se convierten en una colectividad. Se trata de un movimiento sin líderes, pero con valores muy fuertes, identificables, y con una primera línea. Siento que soy parte de esa primera línea con los palestinos, Greta Thunberg, Yanis Varoufakis, el movimiento BDS, las organizaciones de derechos humanos, los abogados, los periodistas que hablan a pesar de la censura… Llamo a este movimiento “efecto Palestina” porque Palestina nos ha despertado, nos ha mostrado la diferencia entre los valores y sus contrarios, como la luz y la oscuridad. Palestina nos ha iluminado y nos está mostrando el camino para resistir, que no es solo resistencia, es también resiliencia. Me gusta este concepto porque es resistencia y firmeza, la capacidad de adaptarse, transformar, repensar. Y es un movimiento que no se puede vivir individualmente, tiene que ser colectivo para sea transformador; una elección ética que concierne a todo: al medio ambiente, a los animales, a los seres humanos. Y esto es, en definitiva, lo que Palestina representa para mí.

El “efecto Palestina” es despertar, unir y movilizar, con un espíritu de hermandad, como estamos viendo. Y la relación de amistad que hemos creado personas que, en un principio, éramos camaradas es más fuerte que la que tengo con algunas personas que han formado parte constante de mi vida. Luchamos y, aunque no sepamos cuándo veremos el final, nos vamos enriqueciendo al unirnos en torno a unos valores comunes.

Y al mismo tiempo que provoca esta reacción de admiración e inspiración, también genera mucho odio por lo que representa: la autoridad de la ley y los derechos de Palestina frente a la impunidad del poderoso Israel. En el libro explica que una de las razones por las que más odio ha recibido es por señalar que Israel es un proyecto colonial. ¿Por qué algo tan obvio genera tanta virulencia?

Si hubiéramos tenido esta discusión en la década de 1950 o incluso a principios de la década de 1960, nadie habría dicho ni una palabra porque entonces el colonialismo no era visto como la madre de todos los males, como sí ocurre hoy. Por eso entiendo que a los israelíes no les guste que los llamen pueblo colonial.

El proyecto del Estado de Israel precedió al Holocausto, y no hay duda de que el pueblo judío fue perseguido y que el proyecto nacional surgió para protegerlo. No era la única solución, también lo podría haber protegido donde estaban. Pero es cierto que las circunstancias hicieron que tuvieran que abandonar sus hogares en Europa y no había muchos países que los quisieran. Incluso supervivientes del Holocausto fueron rechazados por Gran Bretaña, Estados Unidos y Australia cuando huían como refugiados de Europa.

El caso es que podrían haber ido como refugiados a Palestina. Pero no, fueron como parte de un proyecto nacional colonial que cogía la tierra y los hogares de otras personas, de los pueblos indígenas. Entiendo que muchos creen o les gusta creer que Dios les dio esa tierra, pero Dios no es un agente inmobiliario y no le dio la tierra a nadie.

Hoy estamos gobernados por la ley e Israel no debería haber sido creado a expensas –no digo que no debería haber sido creado– sino que no debió crearse a expensas de casi un millón de palestinos, de los cuales unos 750.000 fueron expulsados y nunca se les permitió regresar. Además, Israel ha seguido comportándose como una colonia de colonos en lo que quedaba de la Palestina histórica, en el territorio palestino ocupado, en Gaza, Cisjordania o Jerusalén Este. Y lo presentan con la burbuja del origen divino de Israel, como si se tratase del pueblo judío regresando a su tierra. No digo que el pueblo judío no tenga vínculos con la Tierra Santa. Solo digo que lo que hicieron fue violento y que esa violencia perdura. Además, contar que es un proyecto colonial desmiente el mito de la tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra. Y claro, todo eso no les gusta.

«Estamos demasiado aislados, somos demasiado individualistas, y la amistad, este vínculo que nos une a todos, es un buen camino»

¿Qué debería hacer la Unión Europea con respecto a Israel si decidiese cumplir con el derecho internacional?

En primer lugar, al menos, debería suspender, o incluso derogar, el acuerdo de asociación de la UE con Israel. En segundo lugar, debería considerar permitir que los Estados puedan cumplir con la ley, porque eventualmente los Estados miembros utilizan a la Unión Europea como excusa para incumplir sus obligaciones internacionales, que imponen detener el comercio de armas, dejar de comprar armas a Israel y cortar los lazos económicos. Un embargo de armas es necesario, pero también cortar los lazos con la economía israelí, porque Israel está perpetrando los crímenes de apartheid y de genocidio. ¿Qué más tiene que hacer Israel para que la Unión Europea haga todo esto? La Unión Europea debería alentar a sus Estados miembros a cortar lazos con Israel y, también, debería dejar de financiar proyectos de investigación israelíes, especialmente en el sector militar y de vigilancia. Productos que han sido probados con los palestinos, tanto en el campo de batalla como en sistemas de seguridad, y que se han convertido en sofisticados equipos utilizados para matar o aterrorizar a toda una población durante los últimos dos años.

Comienza el libro con un capítulo dedicado a las violencias que Israel emplea contra la infancia palestina. ¿Cómo es posible que la Unión Europea y Estados Unidos hayan mantenido su apoyo a Israel, incluso después de que haya cometido un infanticidio en Gaza y de todos los asesinatos, encarcelamientos, torturas y otros crímenes que comete contra los niños y niñas palestinos de Cisjordania y Jerusalén?

Me gustaría recordar que Estados Unidos es el único país del mundo que no ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño. Además, creo que los soldados israelíes y muchos sectores de la sociedad israelí no ven a los niños palestinos: solo ven a palestinos, a los que ven como posibles amenazas terroristas y a la seguridad. Existe una profunda deshumanización. Nunca he visto nada parecido al nivel de racismo institucionalizado y generalizado contra todo un pueblo que vive a tu lado. Y esa demonización no solo afecta a Israel, sino también a algunos de nosotros en el mundo global de minorías blancas privilegiadas.

Quizás sea una fantasía, pero imagino a gente yendo libremente a Gaza y ayudando a limpiar la zona. Me imagino que los seres humanos pueden ayudar a reconstruir la Franja y ayudar a los palestinos a sanar las heridas. Se requerirá mucha humanidad para contrarrestar la inhumanidad que han mostrado el Gobierno y los soldados israelíes, así como las sociedades occidentales.

Francesca Albanese. Foto cedida: MONA VAN DEN BERG.

«La Unión Europea debería alentar a sus Estados miembros a cortar lazos con Israel y, también, debería dejar de financiar proyectos de investigación israelíes, especialmente en el sector militar y de vigilancia»

Una de las consecuencias del genocidio ha sido la pérdida de la poca credibilidad que le quedaba a buena parte de los medios occidentales. ¿Cree que podrán ser juzgados por su responsabilidad en el genocidio?

Sí, aquellos que han sido apologistas del genocidio deberían ser juzgados. Y también deberían dejar de tener lectores y clientes. Pero le contaré más en unos meses porque esta es una de las investigaciones que estoy realizando.

TikTok acaba de cerrar la cuenta del periodista gazatí Bisan Ota y YouTube ha eliminado miles de vídeos subidos por soldados israelíes que publicaban sus propios crímenes de guerra. ¿Qué responsabilidad tienen las plataformas tecnológicas en el genocidio de Gaza y la ocupación de Palestina?

Muchas de ellos han silenciado, censurado y alterado contenido palestino y en solidaridad con los palestinos. Esto no es neutral, no respeta la libertad de expresión ni la primera enmienda –ya que la mayor parte de ellas están radicadas en Estados Unidos–. Estos medios y gigantes tecnológicos han elegido en qué parte de la historia han querido posicionarse y al menos yo, como abogada, deseo verlos investigados judicialmente.

Pero mientras eso ocurre, [estas plataformas] deberían perder a sus seguidores. Y espero que tenga éxito Upscrolled, creada por un empresario palestino como una versión libre de censura de TikTok. Tuvo un millón de descargas en un día y espero que siga creciendo a ese ritmo porque lo necesitamos. Mi temor es que se generen cámaras de eco y que TikTok siga siendo para los proisraelíes y los crédulos, mientras que el otro sea donde se divulgue la información. En cualquier caso, necesitamos alternativas.

¿Cree que lo sucedido con el genocidio podría ser una oportunidad para impulsar una reforma democratizadora de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad?

No sucederá. No sucederá a menos que se revisen los cimientos del sistema, basado en el privilegio o la dominación de algunos Estados. No creo que ocurra. Y como no se puede reformar, la ONU se está volviendo cada vez más irrelevante, y eso es peligroso.

Espero que países como los que integran el Grupo de La Haya se conviertan en actores importantes y que España juegue un papel importante dentro de él. Porque no solo el Gobierno español, sino el pueblo español, las universidades españolas y los medios de comunicación españoles han sido un gran ejemplo de compromiso positivo y ético. Por eso espero que el Gobierno de España se una al Grupo de La Haya pronto.

¿Qué medidas debe tomar la sociedad civil en esta nueva fase del genocidio de Gaza?

En primer lugar, apoyar los esfuerzos de quienes intentan lograr justicia, como la Fundación Hind Rajab –en España también hay abogados persiguiendo a las empresas [que participan en el genocidio]–. Debería investigarse más a los actores privados que han sido cómplices de los crímenes israelíes. Debe haber una presión continua para que las instituciones sigan haciendo lo correcto, porque no creo que el Gobierno español hubiera hecho lo que ha hecho sin el empuje del pueblo español. Y luego, el consumo ético –nadie debería vender productos relacionados con la ocupación israelí–, la banca ética –comprobar que sus bancos no tienen inversiones relacionadas con la ocupación–, y adherirse a la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS).

La reclusión, la erradicación y la persecución del pueblo palestino siguen siendo el principal objetivo del gobierno actual de Israel. Y el horizonte es incierto porque es un plan que no tiene fin.

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Seis bebés muertos por frío y 442 asesinados en Gaza tres meses después del alto el fuego

9 Enero 2026 at 19:54

Extraído de El Salto

El Ministerio de Salud de Gaza sigue dando testimonio del impacto del genocidio que Israel ha perpetrado en Gaza desde el 7 de octubre de 2023. Tres meses después de la entrada en vigor del alto el fuego auspiciado por Trump, la muerte de un bebé recién nacido (de siete días) y otro niño de cuatro años ha elevado a seis el número total de muertes infantiles causadas por el frío desde el comienzo del invierno, según el recuento del Gobierno de la Franja.

Además, la semana pasada se informaba de la muerte de Ata Mai, un niño de siete años, quien se ahogó el 27 de diciembre durante las inundaciones en un campamento improvisado para desplazados internos en Sudaniyeh, al noroeste de la ciudad de Gaza.

Las inundaciones del 30 de diciembre y el 9 de enero han recrudecido las condiciones en un contexto en el que los materiales para refugios sigue siendo “críticamente insuficiente”, en palabras del Ministerio de Salud: “Casi un millón de personas necesitan urgentemente vivienda de emergencia, y las organizaciones humanitarias piden soluciones de refugio duraderas y la rehabilitación de las viviendas dañadas”.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) estima que un millón de personas en Gaza siguen necesitando urgentemente asistencia de emergencia para refugios.

Naciones Unidas ha dado la voz de alerta sobre la precariedad de la vida en los campamentos de refugiados: “Como estructuras de emergencia, las tiendas de campaña ofrecen una protección limitada contra las fuertes lluvias, las inundaciones o el frío, y se deterioran rápidamente con el uso prolongado”, advirtió la ONU.

La prohibición por parte del gobierno israelí de 37 organizaciones que proporcionaban ayuda humanitaria y suministros básicos, ordenada por Israel por una supuesta “explotación de los marcos humanitarios con fines terroristas”, ha empeorado una situación catastrófica también por la destrucción de las infraestructuras. Se calcula que el 80 % de la infraestructura de agua y saneamiento de Gaza ha sido destruida parcial o totalmente, incluidas las seis principales plantas de tratamiento de aguas residuales.

En la actualidad, Israel no ha cumplido el capítulo del alto el fuego con respecto a la autorización de entrada de camiones de ayuda humanitaria. La Cruz Roja alemana ha denunciado que no se ha llegado aun al mínimo requerido de 600 camiones diarios.

Cisjordania, ocupación en Yenín y Tulkarem - 6


Las inundaciones del 30 de diciembre y el 9 de enero han recrudecido las condiciones en un contexto en el que los materiales para refugios sigue siendo “críticamente insuficiente”, en palabras del Ministerio de Salud: “Casi un millón de personas necesitan urgentemente vivienda de emergencia, y las organizaciones humanitarias piden soluciones de refugio duraderas y la rehabilitación de las viviendas dañadas”.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) estima que un millón de personas en Gaza siguen necesitando urgentemente asistencia de emergencia para refugios.

Naciones Unidas ha dado la voz de alerta sobre la precariedad de la vida en los campamentos de refugiados: “Como estructuras de emergencia, las tiendas de campaña ofrecen una protección limitada contra las fuertes lluvias, las inundaciones o el frío, y se deterioran rápidamente con el uso prolongado”, advirtió la ONU.

El domingo 11 de enero, la Comisión de Prisioneros Palestinos, denunciaba la confirmación de la muerte del preso palestino Hamza Adwan en una prisión israelí

La prohibición por parte del gobierno israelí de 37 organizaciones que proporcionaban ayuda humanitaria y suministros básicos, ordenada por Israel por una supuesta “explotación de los marcos humanitarios con fines terroristas”, ha empeorado una situación catastrófica también por la destrucción de las infraestructuras. Se calcula que el 80 % de la infraestructura de agua y saneamiento de Gaza ha sido destruida parcial o totalmente, incluidas las seis principales plantas de tratamiento de aguas residuales.

En la actualidad, Israel no ha cumplido el capítulo del alto el fuego con respecto a la autorización de entrada de camiones de ayuda humanitaria. La Cruz Roja alemana ha denunciado que no se ha llegado aun al mínimo requerido de 600 camiones diarios.

Pese al efecto cloroformo que supuso la solución Trump, las muertes de civiles en Gaza siguen goteando en la Franja. Cada día desde el alto el fuego Israel ha matado a una media de cinco personas.

La última masacre tuvo lugar el jueves 8 de enero, cuando las Fuerzas Armadas de Israel atacaron con un dron una tienda de campaña que albergaba a personas desplazadas en el sur de Gaza, causando la muerte de 13 personas, cinco de ellas menores de edad. El lunes, Al Jazeera informaba de que un dron cuadricóptero israelí había asesinado a tres palestinos en Khan Younis, al sur de la Franja.

Además, las autoridades de Gaza confirmaban que una milicia colaboracionista con Israel de la Franja había llevado a cabo un atentado en el que acabó con la vida de Mahmoud Al-Astal, de 40 años, director de Investigaciones Policiales.

Muertes en comisaría

El domingo 11 de enero, la Comisión de Prisioneros Palestinos (PPSMO, en inglés), denunciaba la confirmación de la muerte del preso palestino Hamza Adwan en una prisión israelí. El hecho tuvo lugar el 9 de septiembre de 2025, pero no ha sido hasta este 2026 cuando las autoridades penitenciarias confirmaron esa muerte, que supone la número 87 de presos palestinos desde el 7 de octubre de 2023, en lo que es la peor campaña de asesinatos en prisión en la historia del conflicto. 51 de esas 87 personas fueron detenidas en Gaza.

Las cifras, no obstante, es más elevada, según la PPSMO, que calcula que “decenas de detenidos mártires de Gaza siguen desaparecidos por la fuerza, junto con decenas de detenidos que fueron ejecutados sumariamente”.

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Tres manifestantes de Palestine Action ponen fin a su huelga de hambre: Logran que el gobierno cancele contrato millonario con Elbit Systems UK

5 Enero 2026 at 20:51

Se pone fin a la huelga de hambre de una presa y dos presos de Palestine Action que llevaban más tiempo sumidas en ella, tras más de 70 días (más tiempo de lo que estuvo Bobby Sands en huelga de hambre antes de morir). Si bien no se han estimado todas sus demandas, han logrado una victoria parcial, logrando que el gobierno inglés no conceda un nuevo contrato a Elbit Systems UK.

Tras más de dos meses de ayuno extremo, una presa y dos presos de Palestine Action que mantenían la huelga de hambre más prolongada han anunciado el fin de la protesta. La decisión llega después de que el gobierno británico haya confirmado que no concederá un contrato público de 2.000 millones de libras a Elbit Systems UK, filial de la mayor empresa armamentística israelí, una de las principales demandas planteadas por los huelguistas.

La protesta, que había generado una creciente alarma por el estado de salud de los presos, se desarrollaba en un contexto de máxima tensión. Heba Muraisi, de 31 años, alcanzó los 73 días sin ingerir alimentos, una cifra que evocaba inevitablemente la memoria de las huelgas de hambre de presos republicanos irlandeses en 1981, donde varios murieron tras periodos incluso más cortos de ayuno. Otros presos, como Kamran Ahmed, de 28 años, y Lewie Chiaramello, de 22 —diabético tipo 1 y en ayuno intermitente—, también habían llevado su cuerpo al límite como forma de protesta política.

Según el colectivo Presos en huelga de hambre, la negativa del Ministerio de Defensa a otorgar el contrato a Elbit Systems UK supone un giro significativo en la política del gobierno británico, que desde 2012 había adjudicado a la empresa más de una decena de contratos públicos. El acuerdo frustrado habría permitido a la compañía entrenar a unos 60.000 soldados británicos al año, reforzando los vínculos entre el Estado británico y la industria militar israelí.

Además de la cuestión contractual, durante las últimas semanas se produjeron reuniones entre responsables nacionales de atención sanitaria en prisiones y representantes de los huelguistas, promovidas por el Ministerio de Justicia. En esos encuentros se abordaron tanto las condiciones de reclusión como los protocolos médicos, en un momento en el que la vida de los presos estaba seriamente amenazada.

Junto a Muraisi, Ahmed y Chiaramello, otros cuatro presos —Teuta Hoxha, Jon Cink, Qesser Zuhrah y Amu Gib—, que habían pausado previamente su participación en la huelga, han decidido darla por finalizada de manera definitiva. Todos ellos han iniciado ahora el delicado proceso de realimentación bajo pautas médicas, una fase que también entraña riesgos graves si no se gestiona adecuadamente.

El colectivo Presos por Palestina sostiene que la huelga ha logrado varias victorias políticas. Entre ellas, destacan el aumento de la movilización directa contra el complejo militar-industrial israelí —con centenares de personas incorporándose a acciones en apenas unas semanas— y avances concretos en las condiciones de los presos. En el caso de Heba Muraisi, se ha aceptado su traslado a la prisión de Bronzefield, en Surrey, lo que permitirá acercarla a su entorno familiar tras haber sido enviada anteriormente a un centro situado a cientos de kilómetros.

Otras demandas también han comenzado a desbloquearse, como el acceso a comunicaciones y materiales censurados durante meses. Según denunciaron, durante la huelga algunos presos empezaron a recibir de golpe grandes cantidades de correo retenido, incluidos libros sobre Gaza y feminismo que habían sido bloqueados sin explicación.

Desde el entorno de los presos califican la huelga de hambre como un hito de resistencia política. A su juicio, ha dejado al descubierto la existencia de presos políticos en el Reino Unido y el papel del Estado británico en el sostenimiento de la industria armamentística israelí. En palabras de Amu Gib: «Nunca le hemos confiado nuestras vidas al gobierno, y no empezaremos ahora. Seremos nosotros quienes decidamos cómo entregamos nuestras vidas a la justicia y la liberación».

La huelga de hambre termina, pero el conflicto político que la originó —la complicidad del Estado británico con la maquinaria de guerra israelí— sigue abierto.

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El E1, el asentamiento que dinamitará la posibilidad de un Estado palestino

1 Enero 2026 at 21:04

Extraído de El Salto

Mientras la comunidad internacional mira hacia Venezuela y Groenlandia, en la Cisjordania ocupada, el gobierno de Benjamin Netanyahu aprovecha para continuar anexionándose territorios palestinos.

Para materializar otro proyecto israelí, que lleva el nombre de E1 y por el cual se prevé la construcción de 3.401 viviendas para colonos, se ha abierto una convocatoria pública destinada a aquellas empresas que quieran llevar a cabo esta nueva construcción. Se trata de una vulneración más del derecho internacional por parte de Israel en territorio palestino.

Se enterraría la solución de los dos Estados

El objetivo de este proyecto colonial, tal y como ha reconocido la administración israelí, es dinamitar la idea de un posible Estado palestino; de ahí el interés en que se lleve a cabo. La nueva construcción estaría geográficamente ubicada entre Jerusalén, Ramallah y Belén y se proyecta como una extensión del asentamiento de Ma’ale Adumim, más que como un nuevo asentamiento. Queda cercano a Jerusalén Este, tendrá una extensión de unos 12 kilómetros cuadrados y albergará unas 7.600 viviendas familiares, según adelanta el periódico israelí Haaretz.

Asentamiento E1 Cisjordania
Mapa elaborado por Peace Now donde se muestra el asentamiento E1.

La idea no es nueva, y varios gobiernos anteriores ya la habían intentado llevar a cabo. Hasta ahora, sin embargo, la comunidad internacional —incluido Estados Unidos— se había negado en rotundo por las implicaciones políticas que tiene. De hecho, el plan llevaba congelado desde 2005. Ahora, parece ser que Estados Unidos habría dado el visto bueno, a diferencia de países como Francia, Canadá o Australia, que ya en agosto, cuando se aprobó la puesta en marcha del proyecto, mostraron su rechazo a esta nueva construcción.

Israel ha movido ficha y ha acelerado los tempos de los procedimientos. También porque el primer ministro israelí, que está siendo juzgado por un caso de corrupción, quiere abonar el terreno de cara a las próximas elecciones

Ahora, aprovechando el revuelo internacional por el secuestro de Nicolás Maduro y la intervención en Venezuela por parte de Trump y las polémicas en torno a Groenlandia, Israel ha movido ficha y ha acelerado los tempos de los procedimientos. También porque el primer ministro israelí, que está siendo juzgado por un caso de corrupción, quiere abonar el terreno de cara a las próximas elecciones generales, que se celebrarán en octubre de este año que justo empieza.

De construirse, y si nada lo impide así parece que así será, el E1 desplazará a miles de palestinos; y esa es la meta. El ministro israelí de Finanzas y colono él mismo, el ultra Bezalel Smotrich, ya lo anunció en agosto: “Haremos desaparecer a los palestinos con acciones, no con eslóganes”. Las implicaciones políticas que esto tendría son inmensas, puesto que dificultaría, por no decir que enterraría, un posible acuerdo de paz futuro.

La política de asentamientos no ha dejado de crecer

Con parte de los medios de comunicación internacionales y las organizaciones humanitarias centradas en el genocidio que desde el 7 de octubre de 2023 se está llevando a cabo en Gaza, desde 2022 y hasta diciembre de 2025 se habían construido hasta 69 asentamientos nuevos, según Peace Now, una organización que monitorea la actividad colonial de Israel. De hecho, ese mismo mes, el gobierno de Netanyahu anunció la construcción de 19 más; algo que se materializará en los próximos meses.

Gráfico Asentamientos
Número de licitaciones para la construcción de asentamientos por año. Fuente: Peace Now.

Esta política de asentamientos ha ido acompañada de un incremento, en los últimos dos años, de la violencia en Cisjordania contra la población local palestina. Buena muestra de ello ha sido la última campaña de la aceituna, especialmente violenta. A lo largo de este otoño, tanto organizaciones locales como internacionales han denunciado la violación sistemática de los derechos de los y las agricultoras palestinas, a quien se ha impedido llevar a cabo la campaña.

El pasado miércoles 7 de enero veía la luz un nuevo informe de Naciones Unidas en el que precisamente se habla de esa violencia y de la situación de “asfixia” que vive la ciudadanía palestina en los territorios ocupados de Cisjordania y Jerusalén Este. El informe, de una cuarentena de páginas, califica la situación de “segregación racial y apartheid” y hace hincapié en el deterioro de la calidad de vida de los y las palestinas a lo largo de estos últimos tres años.

En una intervención en vídeo, a raíz de la publicación del documento, el Alto Comisionado de Naciones Unidas, Volker Turk, aseguraba que: “Hay una asfixia sistemática de los derechos de los palestinos en Cisjordania, ya sea en el acceso al agua, a colegios, hospitales, al visitar familiares o amigos, o al cultivar sus olivos; cada aspecto de la vida diaria de los palestinos en Cisjordania está controlado y restringido por las leyes, políticas y prácticas discriminatorias de Israel”. En el vídeo, Turk se refiere a la situación en Palestina como “apartheid”. Es  el primer Alto Comisionado que usa esta terminología.

El informe también hace referencia a la futura construcción del E1: “Al dividir Cisjordania en dos y aislar a Jerusalén del resto de Cisjordania, el plan restringirá drásticamente aún más la capacidad de los palestinos para desplazarse dentro de la Cisjordania ocupada, con efectos catastróficos para el disfrute de sus derechos fundamentales, incluidos el derecho a la salud, la educación y el mantenimiento de los vínculos familiares. Paralelamente, el gobierno de Israel impulsó la construcción de una carretera exclusiva para palestinos —la llamada ‘carretera del tejido de la vida’ o ‘carretera de la soberanía’ — para desviar el tráfico palestino del bloque de asentamientos en la zona E1 y consolidar su anexión. En total, 18 comunidades de pastores palestinos que viven en la zona designada para la zona E1 corren un riesgo inminente de desplazamiento”.

Naciones unidas considera que “los avances del gobierno de Israel sobre el terreno, la expansión agresiva de los asentamientos, incluido el plan E1, junto con la apropiación de tierras palestinas, el desplazamiento forzado de residentes de sus aldeas y la creciente violencia de los colonos, reflejan colectivamente un esfuerzo sistemático por socavar la presencia palestina en la Cisjordania ocupada y un esfuerzo coordinado por afianzar el control israelí y obstruir permanentemente la formación de un Estado palestino contiguo allí”, se puede leer en el informe.

Por último, se insta a respetar las resoluciones y se pide al gobierno de Israel que ponga fin a la política de asentamientos en Cisjordania para que la población palestina pueda volver a sus hogares.

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La lucha por nosotrxs

17 Enero 2026 at 12:00

Cuando me recuerdan que tenía que haber entregado este artículo hace dos semanas, me encuentro leyendo el libro La lucha por Barcelona. Clase, cultura y conflicto 1898-1937, de Chris Ealham. Un libro increíble, que me está gustando muchísimo. De momento, en el primer cuarto del libro, y supongo que en el resto, desarrolla cómo se crea la comunidad proletaria que asalta las instituciones políticas, sociales y económicas de la época, cómo en los barrios se construye una identidad colectiva que fragua unidad, solidaridad, reconocimiento de los intereses comunes, socialización de los conflictos particulares, etc., que posibilita la lucha por la mejora de sus condiciones materiales de existencia:

“Este sentido de clase era más emocional que político: representaba una cultura poderosa de identidad local, un esprit de quartier (espíritu de barrio), resultado de los extensos vínculos afectivos que generaban los rituales de apoyo, la solidaridad y las relaciones sociales directas de la vida de barrio”.

Otra cuestión, que no es eje principal del libro pero me dió que pensar, es que una de las razones de la radicalidad del movimiento obrero en España, en el primer tercio del siglo XX, es la miopía de las clases dirigentes que al negarse a reconocer reivindicación alguna, por muy básica que ésta fuera, al negarse a considerar a las instituciones obreras como interlocutores legítimos y al aplicar una feroz represión, es decir, al cerrar ellos mismos la vía de la reforma, de la integración de las organizaciones de los trabajadores en el Estado, además de llenar de sangre las calles, empujan a nuestra clase por una vía de sentido único, la vía de la impugnación total del Sistema, que justo coincide con el corpus desarrollado y aprendido en tantos artículos de la prensa obrera, mítines, asambleas, obras literarias, etc. La clase trabajadora organizada del país tenía claro que dentro del Estado liberal y el régimen capitalista no había solución posible a su miseria cotidiana, pero, es que, además, la clase dirigente se lo confirmó; la burguesía no tuvo intención alguna de ceder ni un milímetro en su posición ni de integrar a parte del proletariado.

Esto podría encontrar cierta correspondencia con escenarios presentes.

Respecto a la vivienda, ni el disponer de un presunto gobierno progresista ni la crítica situación han hecho que, en estos últimos 6-7 años, se haya tomado medida alguna que tenga un efecto real, que disminuya un ápice los ingentes ingresos de rentistas y especuladores. De hecho, la situación es desoladora, nadie considera que se vaya a revertir sino que, en este 2026, sabemos que irá a peor. El Estado es incapaz de asumir hasta la necesidad de implantar un mínimo control de los precios y se ha instalado un pesimismo que corre por nuestras venas como un veneno paralizante. Lo mismo tiene lugar con la situación brutal de exterminio de la población palestina agravada en estos dos últimos años y la imposibilidad de conseguir que, como mínimo, como punto de partida, el Estado español y el sector económico rompan relaciones políticas y comerciales con la maquinaria estatal sionista, ya no hablemos de crear un frente que acabe con el proyecto colonial.

El problema actual es que no disponemos de la comunidad social compartida que permita construir la comunidad de lucha necesaria para abordar dichas cuestiones, pero, es que, además, la mayoría de veces, cuando nos embarcamos en esta tarea, intentamos empezar la casa por el tejado, lanzándonos a una batalla sin los mínimos cimientos necesarios para aguantar más de un embiste.

En esta línea, un vecino y compañero siempre repite que hay que dejarse de la reacción directa, estéril, que versa sobre un tema en cada semana, que tiene más que ver con nuestra necesidad personal de sentir que algo estamos haciendo, con un sentimiento visceral loable, que con la disposición real de afrontar dicha pelea. Aparcar parte de estas reacciones momentáneas para asumir la tarea de la reconstrucción del mínimo común en nuestro entorno, desde un equipo deportivo a un club de lectura, pasando por prácticas cotidianas de solidaridad, es una tarea que tenemos que afrontar más pronto que tarde.

De esto sabe muy bien el pueblo irlandés, que, tras el genocidio sufrido en el siglo XIX, con las hambrunas, ocupación militar británica y procesos migratorios, comienzan el nuevo siglo con sus comunidades destrozadas. En este contexto, lo primero que reconstruyen son las instituciones deportivas y culturales gaelicas, recuperando así una identidad nacional compartida y unos lazos sociales generados en estos espacios comunes, algo diferente al ejemplo planteado por Ealham pero relevante en un contexto de ocupación imperialista. Son los jóvenes que practican estos deportes, forman parte de los grupos de «boys scouts» republicanos o acuden a clases de gaelico, quienes conformarán las estructuras que plantarán cara a los ingleses durante más de 70 años.

Pero cómo compaginar este planteamiento con las urgencias presentes. No podemos decirles a nuestras hermanas palestinas que eviten ser extinguidas que aún estamos reconstruyendo nuestras comunidades de lucha. Hay batallas que hay que librar aquí y ahora, por ello, debemos intentar afrontarlas de la manera más efectiva con las herramientas presentes y, sobre todo, aunque suframos derrotas, que el camino recorrido nos coloque en una posición más favorable de cara a la próxima pelea.

Es complicado decir algo sobre Palestina que no se haya dicho ya. Es complicado reflejar por escrito la impotencia, rabia, dolor, odio y pena, que nos ha desolado y sigue desolando en estos casi 800 días de ofensiva. Es complicado dejar de sentirse uno cómplice con lo ocurrido, pues por muchos panfletos repartidos, manifestaciones, boicots individuales, etc., el sentimiento de que algo más se puede hacer está siempre presente. Pero qué ha fallado, qué ha ocurrido para que no se haya producido la reacción necesaria para poner contra las cuerdas al ente sionista y a sus cómplices.

Son múltiples los análisis ya presentes y, desde aquí no tenemos la capacidad para realizar una contribución realmente diferencial. Pero, reflexionando sobre la lucha en nuestro ámbito local, esperamos que estos apuntes pueden ser de utilidad teniendo presentes los dos ejes que han estado presentes en dicho texto hasta ahora, el fortalecimiento de nuestras comunidades y las victorias frente a nuestros enemigos. Casi nada.

Los resultados más relevantes se han producido cuando se ha delimitado un objetivo concreto y, aunque difícil, viable. En muchas ocasiones las manifestaciones o acciones de protesta suponían un canto difuso contra lo que estaba teniendo lugar, sin un aterrizaje local, pero, cuando ha existido un fin específico, por ejemplo, el que no deba celebrarse la Vuelta ciclista mientras siga siendo cómplice de la campaña de normalización del ente sionista, se han conseguido victorias, esto ha hecho activar redes locales de militantes por todo el Estado y empoderarlas en base a la posibilidad de conseguir un impacto palpable, aquí y ahora. La campaña contra la Vuelta ha tenido una repercusión internacional relevante, extendiendo una práctica de boicot a los satélites deportivos sionistas, una pequeña alegría en este páramo, algo muy importante, pues estas alegrías son gasolina para siguientes retos.

Al igual que se planteó este objetivo, cabe la posibilidad de fijar otros en el dominio local que puedan ser asumidos no sólo por las redes de activistas ya existentes por esta cuestión sino por múltiples personas simpatizantes y organizaciones de otra naturaleza. En nuestros barrios y entornos, por ejemplo, hay entidades accesibles y cercanas asociadas al régimen israelí, ya fuera porque se encuentran presentes en territorios ocupados, como la conocida cadena de supermercados francesa, o porque autorizan la venta de armamento que será usado contra la población palestina. ¿Os imagináis a un número relevante de las personas que han acudido a las masivas manifestaciones bloqueando la entrada de clientes en los supermercados que andan desperdigados por nuestros barrios? Debemos romper la inercia de nuestros rituales de protesta, poner en práctica formas de conflicto directo que supongan la apertura de brechas en el escenario de la normalidad democrática donde tan bien suelen encajar nuestras manifestaciones.

Por otro lado, en este tiempo, se ha centralizado la iniciativa en las mismas organizaciones y espacios de lucha, la mayoría preexistentes antes de octubre de 2023, y, sin desmerecer todo el trabajo realizado, todo el contrario, han conseguido mantener el pulso en la calle durante todo este tiempo, la mayoría de personas hemos tenido un papel más pasivo, respondiendo a las convocatorias que nos llegaban por parte de estos grupos, y que, en las ciudades grandes, se han concentrado en sus centros turísticos y comerciales. No hemos conseguido esparcir por todo el territorio nacional, barrios y pueblos, estructuras más pegadas a lo local que pudieran desarrollar un trabajo de propaganda, denuncia y disputa, que pudieran haber posibilitado el contacto, encuentro y establecimiento de redes que desbordaran también a otras problemáticas.

El fijar objetivos concretos que nos permitieran conseguir pequeñas victorias que al ir escalándolas nos hubieran posibilitado hacer avanzar el conflicto con el Estado y el Capital cómplice con el régimen sionista, y, además, el establecimiento de comités locales que recogieran la indignación popular presente en tantas manifestaciones y acciones, son dos pequeñas aportaciones que, de forma escueta, realizamos en estas páginas.

Para terminar, Palestina ha sido un laboratorio de pruebas para conocer el límite de las dinámicas imperialistas y prácticas de exterminio, y, una vez comprobado que no existe límite alguno, lo sucedido durante estos primeros días del año en Venezuela no es más que los primeros metros recorridos por parte de una maquinaria bestial que, ante la crítica situación planetaria, está dispuesta a sacrificarnos a todas con tal de salvarse a sí misma. Por ello, en esta lucha por la vida, como nos señala el libro reseñado, recuperemos una celebración radical del nosotros, reconstruyamos comunidades de lucha por la impugnación total. Aún está todo por hacer.

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Peligra la salud de las activistas presas de Palestine Action tras más de 50 días de huelga de hambre

24 Diciembre 2025 at 10:12

En julio de 2025, el Gobierno británico declaró «organización terrorista» e ilegalizó Palestine Action, un grupo que ha llevado a cabo diversas acciones directas (sin causar daños personales) contra la industria armamentística que suministra armas al ejército de Israel. Actualmente, hay 33 presas preventivas vinculadas a acciones de Palestine Action, consistentes en entrar en una fábrica de armas o en una base aérea y vandalizar con pintura las instalaciones. Y de estas 33, ocho se encuentran en huelga de hambre, algunas desde hace cincuenta días.

La acción comenzó como protesta por restricciones a la comunicación postal, llamadas y visitas, y los activistas exigen el cierre de todas las empresas del sector militar vinculadas con el régimen de Israel, la revocación de la ilegalización de Palestine Action y la libertad bajo fianza de los presos. Se trata de la mayor huelga de hambre coordinada en prisiones británicas desde la organizada por presos del IRA en 1981.

La salud de las presas peligra seriamente. Kamran Ahmed, de 28 años, lleva 44 días sin ingerir alimentos; Amy Gardiner-Gibson, conocida como ‘Amu Gib’, de 30 años, ha superado ya los 50 días de huelga; en idéntico sentido, Qesser Zuhrah, de 20 años, también lleva más de 50 días de huelga. Las tres se encuentran hospitalizadas y sus vidas corren peligro. En una entrevista publicada el 21 de diciembre por The Daily Telegraph, Ahmed aseguró desde su celda que “vale la pena” arriesgar la vida si ello contribuye a “rebajar la opresión en el extranjero”. “Sí. Tengo miedo de morir. Sí. Creo que esto podría tener secuelas para el resto de mi vida, pero veo riesgo-beneficio y creo que merece la pena”, declaró.

Desde que se ilegalizó Palestine Action, más de 2.500 personas han sido detenidas por visibilizar su apoyo al colectivo y/o a las presas en huelga de hambre, ya sea con pancartas o camisetas. El caso más reciente ha sido el de Greta Thunberg, detenida el 23 de diciembre por sentarse en la calle con una pancarta que leía «Apoyo a los presos de Palestine Action. Me opongo al genocidio«.

La sensación de urgencia para apoyar a las presas es cada vez mayor y en muchas ciudades del mundo se están convocando acciones de protesta. Por ejemplo, en Madrid se celebró una concentración frente al Consulado Británico el 22 de diciembre.

Hace unos días publicamos un artículo describiendo la motivación y situación de las huelguistas. Pero, desde entonces, su estado de salud ha empeorado, por lo que, para actualizar la información, a continuación copiamos un artículo publicado por Queralt Castillo Cerezuela en El Salto.

Los medios de comunicación mainstream británicos están tratando de ignorarla, pero en Reino Unido se está llevando a cabo la mayor huelga de hambre coordinada desde 1982, cuando los presos republicanos irlandeses se negaron a comer para hacer valer sus reivindicaciones.

Seis son las personas detenidas y en prisión preventiva que se encuentran actualmente en huelga de hambre en Gran Bretaña. Son activistas del grupo Palestine Action, clasificado como “organización terrorista” por el gobierno británico en julio de 2025, después de que varios de ellos allanasen una base aérea en Oxfordshire y vandalizasen una fábrica, cerca de Bristol, de Elbit Systems, uno de los mayores fabricantes de armas israelí. Acerca de la clasificación como organización terrorista, varios grupos de derechos humanos internacionales y Naciones Unidas ya lo han considerado como “desproporcionado”.

A los activistas detenidos, algunos de los cuales llevan ya 50 días sin comer —dos han tenido que ser hospitalizados en las últimas horas y dos más tuvieron que abandonar la protesta por motivos severos de salud— se les acusa de daños criminales, robo y disturbios violentos. Si bien el sistema de prisión preventiva británico prevé una pena de seis meses, si nada cambia, para cuando se lleve a cabo el juicio de estos activistas, habrán pasado más de un año en prisión preventiva. Desde que Palestine Action fuera declarada organización terrorista, la policía británica ha arrestado a más de 1.600 personas relacionadas con el grupo.

Más de 50 días de huelga de hambre y unas demandas claras

Más de 50 son los días que Qesser ZuhrahAmu Gib y Heba Muraisiestán en huelga de hambre; Teuta Hoxha y Kamran Ahmed encaran sus días en ayuno 45 y 44, respectivamente; y Lewie Chiaramello hace 30 días que no come. Umer Khalid y Jon Cink tuvieron que abandonar la protesta el día 13 y el 45 en ayunas, respectivamente. 

Esta es la manera que estos ocho detenidos, activistas de Palestina Action, han decidido protestar por su detención y por los cargos que se les imputan. Desde Palestine Action se asegura que los detenidos están sometidos a restricciones comunicativas y a interferencias por parte de las administraciones penitenciarias: “La censura dentro de las prisiones es una herramienta de control utilizada para castigar la resistencia. Las cartas, las llamadas telefónicas, las declaraciones políticas, los libros y cualquier otra forma de expresión deben ser respetadas”, se puede leer en su web.

También se exige la liberación de las personas presas hasta que se produzca el juicio y que este sea justo. Un juicio que, según dicen, “no podrá realizarse hasta que se publiquen íntegramente todos los documentos relevantes de nuestros casos. Esto incluye todas las reuniones entre funcionarios estatales británicos e israelíes, la policía británica, el fiscal general, representantes de Elbit Systems y cualquier otra persona involucrada en la coordinación de la continua caza de brujas contra activistas y activistas”. El grupo ha pedido que se publiquen todos los registros gubernamentales de todas las exportaciones de Elbit Systems UK de los últimos cinco años. “Tenemos derecho a saber qué armas se fabrican y exportan desde el Reino Unido, especialmente cuando se utilizan para cometer genocidio”, destacan. Una de las demandas con más peso es la retirada de todos los cargos que relacionan a los activistas con el terrorismo y que se saque a la organización de la lista de grupos terroristas, porque “la acción directa no es terrorismo”, insisten desde la organización.

Por último, Palestine Action pone en el punto de mira en sus demandas a la filial británica de Elbit Systems, el mayor fabricante de armas de Israel. Según cuentan ellos mismos, desde 2012, Elbit ha obtenido 25 contratos públicos en el Reino Unido por un total de más de 355 millones de libras. A pesar del genocidio iniciado el 7 de octubre de 2023 y de saberse que esas armas se usan en Gaza contra la población Palestina, el Ministerio de Defensa británico tiene intención de continuar firmando contratos con la empresa mencionada. A este respecto, la organización pide que se rescindan los contratos con Elbit y que se deje de usar “el dinero de los contribuyentes para financiar la maquinaria genocida”, además del cierre de todas las instalaciones de Elbit Systems en el Reino Unido.

En peligro el derecho a la protesta

En el Reino Unido, las manifestaciones contra el genocidio en Gaza han sido, como también ha sucedido en otras capitales europeas, masivas. Las marchas para exigir el embargo de armas israelíes y el fin de las relaciones con Israel han tomado Londres y otras ciudades británicas en diferentes ocasiones a lo largo de estos más de dos años de campaña genocida de Israel en Gaza. 

Si bien el pasado 21 de septiembre, en una declaración coordinada, el Reino Unido, Canadá y Australia reconocían oficialmente a Palestina, en el caso del primero, la represión contra la ciudadanía que defiende la causa ha sido titular en los medios de comunicación en varias ocasiones. La consideración de Palestine Action como grupo terrorista no solo afecta a la protesta contra el genocidio, destacan juristas y sindicalistas, sino que interfieren en el derecho a la protesta pacífica.

“La prohibición de Acción Palestina en el Reino Unido confunde la libertad de expresión con actos de terrorismo”, aseguró el pasado 25 de julio el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, quien instó a las autoridades del país a revocar la decisión. 

El Reino Unido prohibió Palestine Action bajo la Ley de Terrorismo del año 2000. Según esto, ser miembro de la organización o expresar apoyo de manera pública puede ocasionar sanciones penales, incluyendo multas y penas de prisión de hasta 14 años. En aquel momento Türk advirtió que la decisión le parecía “desproporcionada”, “innecesaria” e “inadmisible” y que contravenía “las obligaciones internacionales del Reino Unido en materia de derechos humanos”.

También en Alemania se está produciendo una situación similar: el pasado 8 de septiembre, cinco personas entraron en las instalaciones de Elbit Systems en la ciudad de Ulm, en el sur del país. La acción no violenta consistió en grabar una una serie de vídeos a rostro descubierto con varias demandas. La principal era el cierre de la fábrica de Elbit Systems en Ulm.

Los activistas, de diferentes nacionalidades —irlandesa, británica, alemana y argentino-española— fueron detenidos el mismo día y no opusieron resistencia. Desde entonces permanecen encerrados en prisión preventiva y han denunciado abusos y denegación de derechos, como la obligación de permanecer sólo con ropa interior, la ausencia de abogados durante los interrogatorios o incluso la imposibilidad de reunirse con ellos. También vienen denunciando condiciones de aislamiento, trato inadecuado y una estricta vigilancia de sus comunicaciones, entre otros.

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Salud mental en Gaza: cómo sobrevivir emocionalmente a la barbarie

16 Diciembre 2025 at 14:43

Por Marta Guarch-Rubio. Extraído de The Conversation

Hoy, la vida en Gaza es una cuestión de fe. La inseguridad acerca de la propia supervivencia o de la de los seres queridos es el pan de cada día. Literalmente, hay más incertidumbre que alimento.

En una guerra no solo se sufren los bombardeos con pérdidas humanas y materiales. Se padecen los desplazamientos forzados, las hambrunas y, en Gaza también, la escasez de agua y el bloqueo de la ayuda internacional por la acción de Israel.

Psicológicamente, en esta ofensiva contra la población palestina hay un fuerte componente de deshumanización, algo tan sencillo como no atribuir la categoría de persona a un ser humano. Son procesos característicos en el estudio de los genocidios a lo largo del tiempo y en la práctica de tortura.

Más vulnerables a los enfermedades mentales

Como consecuencia, ser superviviente conlleva una ruptura en ciertos valores morales. Por ejemplo, ante la creencia en la humanidad o ante el hecho de que todas las vidas tienen un mismo valor. La salud mental y el bienestar están conectados con la percepción de justicia social y de derechos humanos. Además, a todo esto se añade que antes del 7 de octubre de 2023, Gaza ya acusaba un contexto de años de inestabilidad sociopolítica, de ciclos de violencia, de privaciones económicas y de dificultades en el acceso a recursos, como los sanitarios. Estos factores han debilitado la salud mental de la población gazatí durante décadas y los palestinos han llegado exhaustos psicológicamente a su asedio actual.

Se ha demostrado que la exposición a conflictos armados tiene un importante impacto en la salud mental de la población civil. En concreto, desde 1948 el impacto del trauma intergeneracional en los palestinos ha aumentado su vulnerabilidad para el desarrollo de dolencias psíquicas.

En 2024, y a consecuencia del actual genocidio, se encontró ansiedad severa (65 %), depresión (72.7%) y probable trastorno de estrés postraumático (72.3 %) en la población palestina evaluada.

Un estudio reciente muestra que la probabilidad de padecer estrés en Gaza es doce veces superior a la probabilidad que se presentaba en 2020 y la prevalencia de angustia psicológica es tres veces mayor, aumentando del 19,5 % en 2020 al 67,2 % en 2025.

¿En qué apoyarse cuando todo se derrumba?

Sumud es un término árabe que alude a la capacidad psicológica de resistencia a la ocupación, definida como el corazón resiliente para muchos palestinos. El apoyo en la comunidad es esencial cuando todo falla, con una relevancia mayor cuando las vivencias son compartidas y unos necesitan de otros para sobrevivir. Recientemente se ha visto que en la población joven palestina el apoyo social es un elemento de protección que mitiga los síntomas del trastorno de estrés postraumático (reviviscencias, evitación, cognición y emoción negativas e hiperactivación).

Igualmente, las prácticas religiosas y espirituales, el apoyo entre iguales y la solidaridad comunitaria potencian el bienestar en los climas de adversidad, como en las guerras o en las crisis humanitarias.

De la misma forma que existe una transmisión generacional del trauma, existe una transmisión generacional de la resiliencia. En Palestina, la intencionalidad de mantener la cultura y la identidad dibujan tanto procesos como resultados resilientes y de crecimiento postraumático.

Manifestaciones que mejoraron la salud

En Gaza, algunas acciones políticas de resistencia como las movilizaciones por la “Gran Marcha del retorno” de 2018 tuvieron efectos positivos en la salud mental de los gazatíes. Fueron manifestaciones pacíficas convocadas a través de redes sociales, donde participaron jóvenes y familias en un ambiente lúdico y festivo. Las protestas incluían cánticos, actuaciones de clowns y acróbatas e incluso celebraciones de bodas, y se concentraban entre la Franja de Gaza e Israel.

Inicialmente, se reportaron mejoras en la salud mental de los participantes, en el sentido de un aumento de la esperanza y una capacidad de participación en movilizaciones sin precedentes. Se observaron mejoras en los estados de ánimo y en las respuestas al trauma, ya que el factor político es un elemento resiliente y protege frente a la violencia política.

Sin embargo, en marzo de 2019, los manifestantes y sus familiares sufrieron violencia en respuesta a su involucración en la marcha y se alcanzaron las tasas más altas de palestinos heridos desde las hostilidades de 2014.

En definitiva, trauma y resiliencia son conceptos que definen desde hace décadas la identidad palestina en Gaza, y cada vez con mayor frecuencia, la definen también en Cisjordania.

Hoy en día, resulta complicado abordar el estado de salud mental de una comunidad como la gazatí. Día a día la asfixia psicológica y de necesidades básicas y sociales es mayor. Por eso, estamos lejos de predecir el impacto psicosocial y clínico que acusará a largo plazo la población de Gaza.

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Huelga de hambre de solidarias con Palestina encerradas en prisiones británicas

20 Diciembre 2025 at 22:25

El pasado 3 de julio de 2025, el Gobierno laborista británico, con el apoyo de liberales y conservadores, aprobó una ley por la cual declaró a Palestine Action una organización terrorista con 385 votos a favor y tan solo 26 en contra.

Palestine Action, fundado en 2020, es un colectivo que llevaba cinco años organizando protestas pacíficas de diversa índole, como sentadas y bloqueos delante de las oficinas de Elbit Systems (empresa armamentísica israelí)1, pintadas en las sedes de las manufactureras de armas UAV Tactical Systems (franco-israelí) y Leonardo (italiana), la vandalización de un retrato de Arthur Balfour en Trinity College y el robo de dos bustos de Chaim Weizmann de la Universidad de Manchester. Su acción más grande, que es la que le ha granjeado el calificativo de «terrorista», fue la invasión de la base militar aérea RAF Brize Norton y el sabotaje a dos aviones Airbus Voyager con pintura y palos, el pasado mes de junio.

Desde la ilegalización del colectivo, más de 2.500 personas han sido detenidas en distintas manifestaciones por portar pancartas con la leyenda «Apoyo a Acción Palestina». El día más destacado fue el 6 de septiembre, cuando 890 personas (de un total de 1.400 manifestantes) fueron detenidas en una concentración en el centro de Londres (857 de ellas acusadas de enaltecimiento del terrorismo por portar pancartas de apoyo a la organización y 33 por delitos contra el orden público), lo cual supone el mayor caso de detenciones masivas en la historia del Reino Unido. La concentración fue convocada por la organización Defend Our Juries, bajo el lema “Me opongo al genocidio. Apoyo a Acción Palestina”.

Las detenidas lo fueron con base en la sección 12 de la Ley de Terrorismo inglesa, y afrontan posibles procesos con condenas que llegarían hasta los catorce años de prisión. Esta brutal respuesta afecta a las protestas contra el genocidio en Palestina pero también al propio derecho a la protesta. No solo por los registros, propuestas de sanción, multas, detenciones e incluso encarcelamiento, sino por el llamado “efecto paralizante” (chilling efect) y la represalias que pueden acarrear también en empresas y centros de trabajo la participación en manifestaciones de cualquier tipo.

Huelga de hambre por la libertad

Actualmente, hay 33 presas encarcelados en Gran Bretaña por supuestas acciones en solidaridad con Palestina relacionadas con este colectivo. Muchas de ellas pertenecen a los 24 de Filton [Filton 24], detenidas por una acción contra un centro de investigación de Elbit Systems en agosto y a los Brize Norton 5 (quienes realizaron la acción de pintar dos aviones en la base aérea mencionada previamente)2.

Filton 24

Se encuentran en prisión preventiva, sin juicio, sin fianza y algunos pueden esperar hasta dos años para ser juzgadas. Además, denuncian que han sido objeto de un trato degradante y arbitrario, que incluye la retención de su correo, libros y propiedades, órdenes de no asociación, exclusión de programas de empleo y educación, un régimen arbitrario de aislamiento y la retirada de sus keffiyehs.

En el momento en el que escribimos estas líneas, 8 de las 33 presas se encuentran en huelga de hambre, la mayoría desde el 2 de noviembre. Sus demandas pasan por el fin de toda censura, la libertad inmediata bajo fianza, el derecho a un juicio justo sin interferencias extranjeras y políticas, la desclasificación de Palestine Action como organización terrorista y el cierre de Elbit Systems.

Las huelguistas comenzaron la acción el mismo día en que el gobierno británico emitió la Declaración Balfour en 1917, allanando el camino para el establecimiento de un Estado colonialista y sionista. Comenzaron Amu Gib y Qesser Zuhrah, Heba Muraisi se unió un día después y les siguieron Jon Cink, T Hoxha y Kamran Ahmed. Eel último en unirse a la huelga de hambre es Muhammad Umer Khalid, hace pocos días. Lewie Chiaramello también se unió el 23 de noviembre, realizando una huelga de hambre parcial, cada tercer día, ya que es diabético. Se trata de la mayor huelga de hambre coordinada en las Islas Británicas desde las huelgas de hambre de 1981 de los presos políticos irlandeses lideradas por Bobby Sands durante el conflicto, y que provocaron la muerte de 10 jóvenes3.

Solidaridad internacional

En solidaridad, presos de todo el mundo se han unido a los huelguistas de hambre durante periodos más cortos. Dimitris Chatzivasileiadis se unió desde Grecia, Massimo Passamani y Luca Dolce desde Italia4 y Jakhi McCray en Estados Unidos. Los presos Casey Goonan y Malik Muhammad, en Estados Unidos, también se unieron a una huelga de hambre, aparte, en solidaridad con Teuta Hoxha y los 24 de Filton, cuyo juicio comenzó en noviembre y durará 8 semanas.

Mientras tanto, Israel ha encarcelado a casi 9.100 palestinos como presos políticos, muchos de los cuales también se encuentran en huelga de hambre. Siguen saliendo a la luz detalles sobre los abusos que sufren, incluidos abusos sexuales, psicológicos y físicos, así como inanición forzada. Muchos cadáveres son devueltos a Gaza con signos de tortura, mutilación y ejecución.

Las consecuencias de la huelga

El cuerpo tiene un límite en lo que puede aguantar. A medida que el hambre se instala, comienzan a agotar sus reservas, primero la grasa, luego los músculos y, finalmente, los órganos vitales comienzan a fallar. Tres de los ocho huelguistas de hambre, Qesser, Teuta y Kamran, ya han sido hospitalizados debido al deterioro de su salud. Amu Gib ha perdido 10 kg. Más de cien profesionales médicos han firmado una declaración en la que exigen que se tomen medidas para evitar que las y los huelguistas sufran más daños. Pasado un mes, existe una grave preocupación de que los huelguistas sufran daños irreversibles.

Hace unos días, el médico de urgencias y profesor del University College de Londres, Dr. James Smith, afirmó que el estado de los detenidos se ha deteriorado drásticamente y declaró a periodistas que “los huelguistas de hambre se están muriendo”. Smith dijo que los relatos desde el interior del sistema penitenciario apuntan a “un seguimiento y tratamiento deficientes. […] En mi opinión, como médico del NHS, la complejidad de las necesidades de atención de los huelguistas de hambre ahora debe gestionarse con la participación regular de especialistas, o incluso con un seguimiento continuo en el hospital”, dijo.

Por otro lado, más de 200 miembros de la Asociación Médica Británica expresaron su preocupación unos días antes y 900 profesionales de la salud han escrito al viceprimer ministro y secretario de Justicia, David Lammy, al secretario de Salud, Wes Streeting, a altos funcionarios del NHS y a las autoridades penitenciarias exigiendo medidas urgentes.

Shahmina Alam, hermana de Kamran Ahmed (28 años), declaró que “Ahmed está cursando el día 39 de su huelga de hambre. Ha tenido dos internaciones desde que inició su huelga de hambre, y fue dado de alta apenas la semana pasada. Si bien lograron estabilizar sus cetonas, los niveles de estas han vuelto a subir considerablemente. Pero lo más preocupante es que su corazón se está debilitando y su pulso se está desacelerando, además de que, en este momento, Ahmed está perdiendo medio kilo por día”.

Pese a todo esto, hasta ahora el Gobierno británico y los medios de comunicación (salvo honrosas excepciones) han ignorado por completo las huelgas de hambre, evitando que se introduzca en la agenda pública. El objetivo de las activistas ahora es romper ese muro de silencio, algo que han intentado por ejemplo bandas como Kneecap, The Pogues y otros 200 artistas irlandeses y británicos, que han publicado una carta al Gobierno solicitando que se acceda a las demandas de las huelguistas.

Como siempre, la solidaridad internacional, la denuncia y la organización de la clase trabajadora siguen siendo la única garantía de que estos casos no queden en la impunidad ni en el olvido.

Este artículo ha sido escrito partiendo de piezas extraídas deBriega, Democracy Now, Naiz, Todo por Hacer, Prisoners for Palestine, Resumen Latinoamericano, Spanish Utopia, Izquierda Diario, Insurgente, Filton Actionists y TeleSur.

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1 Elbit Systems suministra al Ejército israelí el 85 % de su equipamiento terrestre y el 85 % de sus drones. Activistas propalestinas denuncian que sus drones se han utilizado en Gaza para reproducir sonidos de niños llorando y gritando, con el fin de atraer a la gente y luego dispararles.

2 Desde Brize Norton parten regularmente aviones con destino a la base aérea de Akrotiri, en Chipre, desde donde se dirigen las operaciones británicas en Oriente Medio, incluidos vuelos de espionaje sobre Gaza.

3 Bobby Sands murió el 5 de mayo 1981, después de 66 días en huelga de hambre. El informe original establecía que la causa de la muerte había sido «inanición auto impuesta«, aunque fue enmendado posteriormente tras las protestas de los familiares, estableciéndose simplemente como «inanición«. Sands fue miembro del Parlamento de Westminster durante veinticinco días, aunque nunca ocupó su escaño ni juró su cargo. Entre sus escritos, encontramos una de sus frases más célebres y que ha sido difundida en infinidad de murales por las calles de Belfast oeste principalmente: «Nuestra venganza será la sonrisa de nuestros hijos«. Se estima que más de 100.000 personas asistieron al funeral de Sands, el mayor funeral republicano desde el del alcalde de Cork del Sinn Féin, Terence MacSwiney, que murió en la cárcel de Brixton el 25 de octubre de 1920 después de otra huelga de hambre de 74 días. Después de Sands, otros nueve presos republicanos murieron en la huelga de hambre –Francis Hughes, Raymond McCreesh, Patsy O’Hara, Joe McDonnell, Martin Hurson, Kevin Lynch, Kieran Doherty, Thomas McElwee y Michael Devine–. La huelga finalizó el 3 de octubre de 1981.

4 Desde Italia, el anarquista Luca Dolce hizo una declaración que rompe con la línea dominante de que las huelgas de hambre son simplemente protestas sobre las condiciones de los presos: “La lucha contra la prisión y el sistema militar tecnoindustrial es esencial para una lucha de mayor alcance, de resistencia revolucionaria e internacionalista… Estoy a su lado con serenidad y resolución”. Dolce también saluda al prisionero palestino Anan Yaeesh en la prisión de Melfi, en el sur de Italia, otro objetivo de las tácticas de aislamiento y traslado destinadas a borrar a los presos políticos. Según Dolce, no está claro si Yaeesh continúa en huelga.

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Crónica de un conflicto interminable. Palestina e Israel

17 Diciembre 2025 at 08:00

Por Paco Marcellán. Miembro de la redacción de Redes Libertarias (medio del que se ha extraído este artículo)

Los poderosos siempre han hecho que sus masacres siempre parecieran necesarias y correctas.
Pankaj Mistra

A modo de introducción

La cotidianeidad que nos alumbra la represión del pueblo palestino, el dolor irreparable causado por el vandalismo militar israelí tanto en Gaza como en Cisjordania, que se extiende a Yemen, Irán, Líbano y Siria, exige una búsqueda de las raíces de un conflicto que supera el ámbito geográfico y plantea tres cuestiones en las que me quiero centrar, independientemente de otros apartados que exigirían un análisis complementario. Desde la perspectiva de los derechos humanos, el debate sobre la calificación como genocidio, crimen de lesa humanidad o exterminio va más allá de los aspectos jurídicos y semánticos y engarza con un sustrato colonialista y xenófobo que ha caracterizado la génesis, desarrollo y proyección de futuro del Estado de Israel. Pero no hay que olvidar el marco geopolítico en el que se desenvuelve el conflicto con actores como Estados Unidos, el mundo árabe, la Unión Europea, y el Sur Global en el que las contradicciones, intereses y dualidad en las respuestas por parte de los gobiernos y los pueblos condicionan soluciones a medio y largo plazo.

Genocidio, delitos de lesa humanidad, exterminio calculado. Cómo analizar la vulneración de los derechos humanos en Palestina.

La Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas sobre los Territorios Palestinos Ocupados, comisión creada en 2021 por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, divulgó un informe el pasado 16 de septiembre en el que acusaba, por primera vez, a Israel de ser responsable de genocidio en Gaza al considerar que su actual ofensiva bélica en Gaza tiene como objetivo «destruir a los palestinos de la Franja como grupo». Así mismo destacaba que el presidente israelí, Isaac Herzog, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, y el exministro de Defensa, Yoav Gallant, «incitaron a cometer genocidio». Acusan al Estado de Israel de «matar, causar daños físicos o mentales graves, infligir deliberadamente condiciones de vida calculadas para causar la destrucción total o parcial del pueblo palestino e imponer medidas para impedir los nacimientos» , cuatro de los cinco criterios que figuran en la definición de genocidio recogida por la Convención sobre la prevención y la sanción de este delito aprobada en 1948, tras las masacres nazis en el Holocausto y la reformulación del Derecho penal internacional impulsada por los juicios de Núremberg. Sorprendentemente, la comisión no encuentra pruebas que cumplan con el quinto criterio, el traslado forzoso de menores, cuando las imágenes divulgadas por medios de comunicación muestran masivos desplazamientos de población a lo largo de la Franja, incluyendo menores que son sometidos a una pertinaz hambruna y a la ausencia de atención médica por la destrucción masiva de hospitales, el asesinato de médicos y sanitarios y el de los periodistas que dan un testimonio directo de la masacre.

La amplia lista de vulneraciones de derechos humanos abarca el asesinato y lesiones graves causadas a «un número sin precedentes» de población civil a través del uso de munición pesada (misiles aéreos, bombas de gran tonelaje suministradas por las diversas administraciones estadounidenses, tanto demócratas como republicanas), drones, material de artillería, pero también utilización de recursos de IA e identificación facial en zonas altamente pobladas (el caso extremo es Ciudad de Gaza en el mes de septiembre de 2025) hasta la imposición de un asedio total que ha causado niveles desconocidos de hambruna en un conflicto tan desigual. Por otra parte, la destrucción sistemática de los servicios de salud y educación, la violencia sexual y de género por parte de las autoproclamadas Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), a las que sus exégetas califican de «fuerza militar más moral del mundo», los ataques directos contra niños y adolescentes incluso en las escasa zonas de distribución de ayuda, en campos de refugiados o en rutas de desalojo muestran una crueldad sin límites. Arrasar edificios religiosos (cristianos y musulmanes) y culturales (las universidades gazatíes han desaparecido del mapa), combinado con desplazamientos forzosos, la destrucción de viviendas (con el falaz argumento de cobijar «terroristas») y, finalmente, los bombardeos indiscriminados incluso en períodos de treguas no respetadas según su conveniencia, por parte del ejército israelí, sirven de base para destacar que «la intención genocida era la única conclusión razonable que se podía extraer de la totalidad de las pruebas».

Frente al debate semántico, utilizado por quienes de un modo u otro mantienen la justificación de la venganza por parte del «único país democrático» del Oriente Próximo tras la incursión de Hamás en territorio israelí el pasado 7 de octubre de 2023 y el asesinato indiscriminado de habitantes de las zonas fronterizas (algunos de ellos involucrados en acciones de cooperación autónoma israelopalestinas al margen de sus gobiernos), la toma de rehenes y otras acciones reprobables, es necesario ir a las raíces de un problema que une los elementos coloniales del Estado de Israel con intereses geopolíticos en los que Estados Unidos, en primer lugar, pretenden tener un ejecutor de su dominio de recursos naturales y vías de comunicación en el marco de una globalización capitalista y con un acento imperial.

Modelo colonial, racismo, xenofobia, supremacismo, negacionismo del Otro.

El marco de este desigual conflicto tiene un largo recorrido. La constitución del Estado de Israel, iniciado tras la finalización del mandato británico con la desaparición del Imperio Otomano a finales de la segunda década del pasado siglo, se agudizó en sus comienzos con la tragedia de la Nakba en 1948, punto de partida de la expulsión y degradación de la población originaria árabe asentada en Palestina.

Frente a un proceso de colonización del territorio, el movimiento sionista debió abordar el hecho de que a principios del siglo XX el 95% de la población del territorio palestino era árabe con sólo una pequeña minoría judía. Este es‐ quema poblacional significaba que los primeros sionistas que deseaban crear un Estado judío tenían tres opciones: abandonar del todo la idea, imponer un gobierno minoritario o emprender un programa de limpieza étnica. Esta realidad demográfica hacía inevitable que la puesta en práctica del sueño sionista fuera una tarea violenta, antidemocrática y racista. Como señala Fawaz Turki, «quienes admiran los logros israelíes, en particular su milagro en el desierto, pueden tener dificultades para admitir que, bajo el glamour, se oculta la tragedia de otro pueblo que sufrió sin motivo, que fue desplazado de su espacio vital y que, aunque nunca en su historia había practicado la persecución de los judíos, se vio obligado a pagar el precio del Holocausto, un crimen practicado por la Alemania nazi y sus acólitos y colaboradores europeos», de esa Europa que históricamente utilizó el cristianismo para acabar con los Otros, judíos, gitanos, árabes y en el que España jugó un papel iniciático para uniformizar su Estado‐Nación en los siglos XV y XVI. La visión de una Palestina deshabitada, «una tierra sin pueblo» impresa en las mentes de los primeros sionistas europeos organizados a finales del siglo XIX en base a la justificación de su lucha bajo el lema de «un pueblo sin tierra». El alcalde de Jerusalén, Diya‐al‐Khalidi, en una carta escrita en 1899 a Theodor Herzl, fundador del movimiento sionista, manifestaba su simpatía por el proyecto sionista pero le advertía que su plan tenía un problema: que Palestina «ya estaba habitada por otros». Concluía que el sionismo político era desastroso y suplicaba: «En nombre de Dios, que dejen a Palestina en paz». Herzl ignoró esta vía de aproximación y en otro lugar escribió: «Tanto el proceso de expropiación como la eliminación de los pobres deben llevarse a cabo con discreción y cuidado». Los defensores sinceros de la creación de un Estado judío reconocieron desde el principio que el suyo era un proyecto colonial y que debería llevarse a cabo en contra de la población nativa.

Zeev Jabotinsky, fundador del sionismo revisionista, entendió las bases de ese colonialismo: Los palestinos se oponían al sionismo porque entendían tan bien como los hebreos «lo que no es bueno para ellos», y miraban «a Palestina con el mismo amor instintivo y fervor auténtico con el que cualquier pueblo originario mexicano o norteamericano miraba su entorno vital». Además, sostenía que «todos los pueblos indígenas resistirían a los colonos extranjeros mientras tuvieran alguna esperanza de librarse del peligro de la colonización extranjera» y concluía: «eso es lo que estaban haciendo los árabes en Palestina y lo que seguirán haciendo mientras existiera la más mínima chispa de esperanza de poder impedir la transformación de Palestina en la Tierra de Israel». El sionismo era, para él, una «empresa colonizadora» y, por lo tanto, se sostenía o caía dependiendo de la fuerza militar. Chaim Weizmann, que se convertiría en el primer presidente de Israel, afirmaba que «los derechos concedidos al pueblo judío en Palestina no dependen del consentimiento de la mayoría de sus habitantes actuales, ni pueden estar sujetos a su voluntad». El historiador israelí Benny Morris explicitó que el sionismo «era una ideología y un movimiento colonizador y expansionista que se había propuesto despojar y reemplazar política e incluso físicamente a los árabes».

Los sionistas encontraron un preciado apoyo en el Imperio británico, que respaldó oficialmente el proyecto de establecer una patria judía en Palestina mediante la Declaración Balfour. Winston Churchill afirmaba que «un Estado judío, a horcajadas sobre el puente entre Europa y África, flanqueando las rutas terrestres hacia el Este podrá ser una enorme ventaja para el Imperio británico».

La cuestión de cómo deshacerse de la población árabe se basaba en una «política de transferencia obligatoria», en otras palabras, en una limpieza étnica. En línea con la visión dominante colonial «los árabes eran primitivos, deshonestos, fatalistas, perezosos y salvajes», muy similar a la visión que tenían los colonos europeos de las poblaciones originarias de África y Asia. Las menciones de Herzl a Israel como «un puesto de avanzada de la civilización contra la barbarie» han constituido un eje conductor de la actual visión del Estado de Israel y de una mayoría de su población sobre los habitantes de Gaza, Cisjordania y los propios árabes con ciudadanía israelí (aunque sea de segunda especie).

En 1948, durante la guerra que siguió al anuncio del plan de partición, Israel dio un paso adelante en la solución de su «problema demográfico». 700.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares en la catástrofe (Nakba). «Llegamos, disparamos, quemamos; estallamos, expulsamos, desplazamos y mandamos al exilio» en palabras concluyentes del novelista israelí Sámej Yizhar.

Los fundamentos coloniales del actual estado de Israel son básicos para contrarrestar la visión de la resistencia palestina como producto de un antisemitismo irracional. Israel se fraguó mediante la conquista y la limpieza étnica, esa consideración de subhumano del pueblo palestino al que su previsible capacidad de resistencia ha llevado a ser caracterizado como agresor en el conflicto y a la negación del derecho a decidir sobre su futuro, incluso en los pocos territorios que aún conservan: Gaza destruido y sin futuro y Cisjordania bajo una aparente Autoridad palestina alejada de los intereses populares, la desestructuración social y la presión de los colonos que, amparados por el ejército israelí, avanzan en una estrategia de tierra quemada para consolidar sus asentamientos.

No hay que pensar en Netanyahu y en su partido Likud sino también en Golda Meir y su partido Laborista cuando afirmaba que «no había nada parecido a los palestinos… no existían», palabras que reflejan un consenso en una mayoría de la población del Estado de Israel y que alimentan los partidos ultraortodoxos (Sionismo Religioso y Poder Judío) a través de las soflamas de sus dirigentes Bezalel Smotrich (ministro de Finanzas) e Itamar Ben‐Gvir (ministro de Seguridad Nacional). Supremacismo que justifica toda acción anti palestina y la concreción de ese Gran Israel (Eretz Israel) como objetivo a alcanzar a corto plazo.

La dimensión internacional del conflicto. Entra en juego la geopolítica.

A través de la vía diplomática, mediante su capacidad de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, su imponente ayuda militar a Israel (un 52% del total de la aportación exterior) que ha convertido a sus fuerzas armadas en uno de los ejércitos tecnológicamente más sofisticados del mundo, su capacidad para romper el mundo árabe y, en particular Egipto y Jordania a través de ayudas militares para afianzar sus regímenes, pero también a través de los diferentes acuerdos bilaterales con petro‐monarquías como Arabia Saudí, países del Golfo Pérsico y el impulso de Trump durante su primera presidencia de los acuerdos de Abraham para el reconocimiento de Israel por parte de otros países árabes como Marruecos, constituyen la muestra palpable del rol de Estados Unidos en el ajedrez estratégico de Próximo Oriente.

Su papel para impedir cualquier acuerdo entre Israel y Palestina se ha mostrado sistemático desde 1970, vetando resoluciones en Naciones Unidas orientadas a propiciar un acuerdo de configuración de dos Estados con fronteras reconocidas, saboteando el consenso internacional sobre una solución diplomática y apoyando, en contrapartida, la continua expansión de Israel en territorio palestino ocupado de manera ilegal. Todas las administraciones norteamericanas, guiadas por una sólida vinculación a los grupos sionistas y proisraelíes en dicho país y la creciente identificación de los sectores religiosos evangelistas con la Tierra Prometida encarnada en ese Gran Israel, han seguido políticas de avestruz en la convicción de que Israel es su gendarme natural en Oriente Próximo, elemento fundamental para enfrentarse al gobierno teocrático de Irán y al eje del Mal al que adscriben a Hizbulá, Hamás, huties de Yemen y a la galaxia residual de Al Qaeda y el Estado Islámico (ISIS). Los conflictos en Siria y Líbano en el marco de la búsqueda de «fronteras seguras» para Israel, la venta de armas y tecnología de última generación a las potentes economías de las monarquías del Golfo sirven de eje de negocio al complejo industrial, tecnológico y militar norteamericano que encuentra en el fortalecimiento de Israel como potencia local un instrumento de su hard power una vez que ha considerado finiquitado su soft power para profundizar en el enfrentamiento con el enemigo prioritario, China.

La debilidad estructural, desde un punto de vista político y social, del mundo árabe con gobiernos y dinastías preocupadas por el beneficio oligárquico, la imposición de una servidumbre apabullante en grandes capas de su población, la indiferencia de sus clases dominantes ante el drama palestino, para no «ofender al patrón norteamericano», el combate radical contra Irán y las disputas regionales (caso de Turquía como potencia local) llevan a una situación que ni el bombardeo israelí, con la aquiescencia norteamericana, de un edificio en Qatar que alojaba a la delegación de Hamás participante en las conversaciones para abordar un alto el fuego en Gaza, altera en lo sustancial.

El derecho internacional, vulnerado por la pareja de baile Israel/Estados Unidos, se ha puesto en entredicho ante la inocencia operativa de Naciones Unidas, la ausencia del llamado Sur Global con otras preocupaciones de supervivencia, y la pasividad de la Unión Europea, incapaz de suscitar un mínimo debate y acciones por parte de la Comisión, sometida a las reglas de oro de la unanimidad en el que el papel de Alemania (con un agudizado sentido histórico de culpabilidad por el Holocausto) y Francia (con la mayor comunidad judía del continente) ha sido clave para la vacilación suspicaz de tratar de intervenir en defensa del pueblo palestino y la denuncia del exterminio sistemático del mismo.

A diferencia de la segunda guerra de Irak, en la que la respuesta popular fue masiva, hay que impulsar y fortalecer el apoyo a Palestina, la demanda de paz duradera, la liberación de los rehenes israelíes pero también de todos los presos y presas palestinas sometidos en Israel a leyes militares y olvidados por la comunidad internacional, la persecución judicial internacional (Corte Internacional de Justicia y Tribunal Penal Internacional) de los políticos y militares israelíes responsables de la barbarie contra Gaza. Pero también hay que impulsar la toma de conciencia de los sectores de la población israelí sometidos a la desinformación sistemática de lo que ocurre en Gaza y que aspiran a retomar su vida cotidiana superando la permanente lectura antipalestina que las clases dominantes del bloque políticoreligioso de Israel pretenden hacer eje de identidad de su Estado contra viento y marea. Las reacciones contra Netanyahu, que utiliza el conflicto para eludir sus problemas judiciales, contra los sectores ultraortodoxos que se consideran al margen de las leyes y adoptan actitudes xenófobas y racistas, contra los colonos que quieren acabar con la presencia palestina en la Cisjordania y Jerusalén Este ocupados, constituyen ámbitos que deben ser tenidos en cuenta de cara al futuro inmediato.

Pero también, en Palestina las gentes que luchan por su supervivencia como pueblo deben superar las inercias políticas de la Autoridad Palestina, un gobierno sin iniciativa y proximidad a la población, y el vacío que genera Hamás, organización descabezada política y militarmente. Retomar la amplia organización espontánea que significaron las intifadas como paso superior a los modelos de lucha de los grupos históricos (Fatah, FPLP, OLP) es el reto que debe abordar un pueblo que se constituye en referente para la solidaridad internacional.

Finalizo con unas esclarecedoras palabras de Noam Chomsky: «Es de una importancia crucial saber qué objetivos imposibles queremos alcanzar si nuestra intención es alcanzar algunos objetivos posibles».

Algunas lecturas para profundizar la comprensión del conflicto
 

Noam Chomsky y Nathan J. Robinson, El mito del idealismo americano, Ariel, Barcelona 2025.

Una reflexión sobre cómo la política exterior de EEUU pone el mundo en peligro. La primera parte está dedicada a la crónica de ese pretendido «idealismo» a través de un análisis detallado de las intervenciones norteamericanas (directas y/o encubiertas) en el sur global, el sudeste asiático, Afganistán, Irak e Israel‐Palestina, entre otros.

Rashid Khalidi, Cien años de colonialismo y resistencia, Capitán Swing, Madrid 2022.

Un recorrido exhaustivo y esclarecedor sobre la historia de Palestina durante el período 1917 ‐2017 escrito por un historiador y escritor estadounidense de origen palestino‐libanés. Una visión directa desde un compromiso crítico con las actuaciones de los dirigentes palestinos a lo largo de dicho periodo y centrado en seis declaraciones de guerra (1917‐1939, 1947‐ 1948, 1967, 1982, 1987‐1995, 2000‐2014) que han determinado la evolución de un conflicto permanente.

Yitzhak Laor, Las falacias del sionismo progresista. El nuevo filosemitismo europeo y «el campo de la paz» en Israel. Edicions Bellaterra, Barcelona 2012.

Desentrañar una intrincada maraña así como la exposición de las profundas contradicciones existentes en el seno de la sociedad israelí y en particular los grupos de la izquierda organizada, la lectura interactiva con los referentes intelectuales de la izquierda con el objetivo de diferenciarse del entorno árabe, la necesidad de una construcción como elemento foráneo separado y único en la región, sirven de base a este ensayo publicado en inglés en 2009 en «medio del fuego y el azufre» que Israel lanzaba sobre Gaza.

Meir Margalit, El eclipse de la sociedad israelí. Las claves para descifrar a Israel en Gaza. Ediciones de la Catarata, Madrid 2024.

Una visión crítica por parte de un activista por los derechos humanos argentino‐israelí sobre los orígenes y desarrollo del proceso de descomposición moral de una sociedad israelí ensimismada e incapaz de avistar una solución, refugiada en el mantra del antisemitismo. Como se señala en el prólogo «este libro no pretende volver a narrar lo que otros ya han escrito, sino expresa aquello que pocos libros se animan a decir en estos difíciles momentos».

Pankaj Mishra, El mundo después de Gaza. Una breve historia. Galaxia Gutenberg, Madrid 2025. 

El autor desarrolla su línea argumental en base a las postrimerías de la Shoah con su visión como ofensa incurable por parte de Israel, su recordatorio por parte de Alemania (del antisemitismo al filosemitismo que debe complementarse con un concepto diferente como es la defensa a ultranza del sionismo encarnado en el Estado de Israel, que no en el conjunto de la comunidad judía a nivel internacional) y complementariamente con la americanización del Holocausto y, finalmente, el choque de narrativas (la Shoah, la esclavitud y el colonialismo) junto con el marketing de la atrocidad y la política identitaria.

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