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‘Un infierno en vida’: Israel intensifica los abusos y torturas sistemáticas a los presos palestinos

4 Febrero 2026 at 15:18
Por: La Marea

Israel continúa con su política institucionalizada y sistémica de torturas y abusos hacia los presos palestinos, aprobada y respaldada por el sistema político, judicial, mediático y, por supuesto, por las autoridades carcelarias, que se jactan abiertamente de las condiciones en las que estas personas son retenidas”. Es la principal conclusión del nuevo informe elaborado por B’Tselem, el Centro de Información Israelí sobre Derechos Humanos en los Territorios Ocupados. 

Titulado Infierno en vida, se trata de la continuación de un estudio publicado por el colectivo en agosto de 2024 –Bienvenidos al infierno–, en el que la organización proporciona cifras actualizadas y nuevos testimonios de 21 palestinos liberados de prisiones israelíes en los últimos meses. Además, incluye datos de otras organizaciones israelíes e internacionales de derechos humanos.

La información actualizada indica que las cárceles israelíes siguen funcionando como una red de campos de tortura para palestinos, con abusos sistemáticos aún más extendidos que antes: esto incluye abusos físicos y psicológicos, condiciones inhumanas, inanición deliberada y negación de atención médica, lo que ha provocado numerosas muertes. 

Algunos testigos, según recoge el estudio, también describieron haber sufrido o presenciado violencia y abusos sexuales, que, avisa el documento, pueden herir cualquier sensibilidad: desde electroshocks a penetración de diferentes objetos y ataques de perros. “La transformación de las cárceles en una red de campos de tortura forma parte de la ofensiva coordinada del régimen israelí contra la sociedad palestina, cuyo objetivo es desmantelar el colectivo palestino”, insiste la organización israelí.

Según los datos recopilados, desde octubre de 2023 hasta diciembre de 2025, 85 palestinos, incluido un menor, murieron en cárceles o centros de detención israelíes. Además, algunos testimonios aportados al Comité contra la Tortura de la ONU indican abusos sexuales a menores.

A partir de septiembre de 2025, 350 menores fueron capturados por Israel. El 74% de ellos, según el documento, sufrieron violencia, el 26% fue interrogado bajo condiciones de presión y el 21% fue aislado durante dos días o más. Los abusos incluyen humillaciones verbales y psicológicas, que van mermando, a su vez, el estado físico de estas personas. «Ellos me decían que habían matado a mi familia entera. Yo me quería morir», recoge uno de los testimonios.

En el caso de la muerte documentada del menor, de 17 años, se atribuye al hambre y la denegación de tratamiento médico.

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La respuesta marroquí al activismo saharaui: cárcel y represión

3 Diciembre 2025 at 09:29

Este reportaje forma parte del dossier dedicado al Sáhara Occidental publicado en #LaMarea108. Puedes descargarte gratuitamente la revista aquí o suscribirte para recibir los próximos números y seguir apoyando el periodismo independiente.

La última semana de septiembre de 2024, los periódicos amanecieron con el titular de que el Ministerio del Interior había denegado la solicitud de asilo internacional a los 10 activistas saharauis que la habían solicitado en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Poco después, todos ellos fueron devueltos a Marruecos. Si son detenidos allí, encontrarán aislamiento, torturas y un abuso continuo de su dignidad, según denuncian diversas organizaciones en defensa de los derechos humanos, a quienes, por otra parte, se les niega el acceso al país.

Hassanna Abba Moulay es el responsable de Relaciones Exteriores de la organización independiente Liga para la Protección de los Presos Saharauis en las Cárceles Marroquíes (LPPS), donde tienen contabilizados a 32 presos políticos saharauis. El detenido que lleva más tiempo encarcelado es Salek El Aseriy, en prisión desde 2004. Moulay habla desde El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental ocupado. Él mismo se encarga de tramitar las denuncias de vulneración de derechos ante las Naciones Unidas. «La situación de los presos saharauis es grave y se deteriora constantemente a pesar de las resoluciones emitidas. El Estado marroquí las ignora sistemáticamente», relata.

Este defensor de los derechos humanos afirma que las prácticas de represalia se han intensificado en los últimos años. Entre estas prácticas, recalca, está la denegación de tratamiento médico y asistencia sanitaria, el confinamiento en régimen de aislamiento prolongado (incluso durante años), la restricción o denegación de visitas familiares y el traslado de los presos a cárceles remotas lejos de sus allegados.

Resistencia civil no violenta

Moulay señala que la principal razón para el encarcelamiento de civiles saharauis es «su activismo pacífico en apoyo de la autodeterminación y su rechazo a la ocupación marroquí del Sáhara Occidental». Él mismo recuerda que desde el inicio de la Intifada por la Independencia en 2005, el pueblo saharaui ha adoptado la resistencia civil no violenta como forma de lucha. Sin embargo, Marruecos ha respondido con «una represión brutal», apuntilla.

Esta represión se ha materializado en la detención de defensores de derechos humanos y periodistas, el enjuiciamiento militar de civiles, montajes policiales y el uso de confesiones obtenidas bajo tortura como prueba en los tribunales, así como la persecución de todos aquellos que documentan las violaciones o denuncian el saqueo de los recursos naturales en el territorio ocupado. Según denuncia, «Marruecos utiliza su sistema judicial como herramienta política para silenciar las voces disidentes y suprimir la libertad de expresión».

Quebrar el espíritu de lucha

Los presos saharauis son objeto de un trato racista y discriminatorio en comparación con los presos marroquíes, además de estar expuestos a la tortura física y psicológica, «especialmente en respuesta a cualquier reivindicación de sus derechos», explica Moulay. Este activista también incide en que se les confiscan libros y correspondencia personal, y se les deniega el acceso a medios de comunicación.

Además, el Estado marroquí «incita a los presos comunes contra ellos, creando un ambiente de amenazas y violencia constantes». Todas estas acciones, defiende el propio Moulay, «no son meramente punitivas, sino que están diseñadas para quebrantar su espíritu y disuadirles de continuar su lucha pacífica dentro de la prisión».

En los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia) está Mahfud Bechri, colaborador de Novact, una organización catalana en defensa de los derechos humanos, e integrante de Western Sahara is Not for Sale: «Los únicos contactos que tenemos con los presos son a través de sus familias, que de forma directa e indirecta también sufren la detención de sus seres queridos». Este activista subraya que la prisión más cercana con presos saharauis está a casi 1.000 kilómetros de El Aaiún.

Bechri critica que Marruecos niega la condición de presos políticos a los 60 saharauis encarcelados que asegura tener localizados en la actualidad. Esta realidad crea un caldo de cultivo condimentado con un miedo enorme que sufre el pueblo saharaui a la hora de reivindicar su derecho de autodeterminación, amparado por la ONU. «Muchos activistas me han dicho que prefieren dar un paso atrás por el daño que el Estado marroquí puede hacer a sus familias, a quienes estrangulan económicamente o les allanan la casa», comenta.

Marruecos es impenetrable

En este sentido, Moulay enfatiza que el papel de las organizaciones internacionales es «crucial» a la hora de supervisar las violaciones cometidas contra los presos saharauis. Alfonso López, coordinador de la estrategia de trabajo para el norte de África en Amnistía Internacional (AI), denuncia que no se les permite el paso a Marruecos para poder investigar lo que sucede en sus cárceles. «Y mucho menos ir al Sáhara Occidental», detalla.

Este miembro de AI destaca que «los presos saharauis están sometidos a un hostigamiento continuo» mientras que «Marruecos actúa sin ningún tipo de oposición por parte de ninguna autoridad que pueda vigilar si se respetan los derechos humanos en su territorio».

Así, se suceden las violaciones de derechos por parte de un Marruecos que no se somete a ningún control internacional. Mientras tanto, los integrantes de la LPPS siguen poniendo en riesgo incluso su vida para reclamar la liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos saharauis; el reconocimiento de que sus juicios fueron ilegales, basados en pruebas obtenidas bajo tortura o falsificadas; la apertura de una investigación internacional independiente sobre las circunstancias de su detención, encarcelamiento y juicio; y una mejora de las condiciones carcelarias hasta su liberación.

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