Probablemente, si estás leyendo esto, serás un apasionado de los coches o de la movilidad eléctrica. Si además eres, como yo, un “común mortal”, es decir, una persona que se gana la vida trabajando, te parecerá que el precio de los coches eléctricos es sumamente elevado.
Pero ¿por qué son tan caros? La respuesta es evidente: no interesa a los fabricantes convencionales ni a las petroleras, ergo, no hay voluntad de venderlos. Pero aunque se acaba el tiempo de los coches fósiles, debemos también cambiar el enfoque: Siempre partimos de la base de “comprar”, pero ¿y si partimos del reciclaje?
Esto nos lleva al concepto de “conversión” de un coche convencional en uno eléctrico, que además sirve para reciclar y reutilizar, términos de “moda” (aunque realmente lo que deberíamos hacer es decrecer).
¿Y cómo vamos a hacer eso? Pues con “voluntad política” porque ahora mismo en España, esto es casi inviable, porque resulta que una conversión, por ejemplo, de un Citroën Saxo (poniendo tú el coche) sale por unos 12.000€, igual que uno nuevo con motor de explosión. A eso hay que sumar la homologación a la que te obliga la Ley, que puede costar sobre unos 3.000€ y un par de meses. El precio es excesivo, incluso sin homologación, debido a que en España no hay muchos que lo hagan, mientras que en otros países sale por unos 6.000, homologación incluida.
La homologación está pensada en España para el gran fabricante. Por eso es tan cara. Si un fabricante quiere vender un modelo nuevo de coche, debe homologarlo, es decir, homologar un modelo concreto le permitirá vender infinitos coches de ese modelo con una sola homologación. Evidentemente, esto no está pensado para los particulares que se ven abocados a comprar un coche nuevo.
Hablaba de “voluntad política” porque simplemente cambiando la legislación se podría facilitar que los talleres hicieran las conversiones. Se exigiría un “carnet de instalador autorizado” (ahora debe ser un ingeniero industrial colegiado) que obligue a unos mínimos estándares de seguridad y luego todo ello refrendado por una ITV (50€) que certifique que todo está correcto.
Conversión “casera” de un clásico VW “escarabajo”
Por unos 6.000€ podrías re-estrenar tu coche, en lugar de gastarte 15.000€ en uno nuevo diésel o en uno eléctrico de segunda mano (como el Nissan Leaf). Con la crisis actual, ese precio no estaría nada mal. Incluso serviría para dotar de nueva vida a coches clásicos. Esto se hace así de simple en Alemania o EE.UU., es decir, que no es nada “descabellado” y además ofrece las siguientes ventajas:
Reducimos la contaminación: el humo del diésel es cancerígeno al mismo nivel que el amianto según la OMS.
Reutilizamos los recursos al aprovechar un coche ya existente (todo menos el motor).
Aumentamos la eficiencia: un motor eléctrico es mucho más eficiente, además de recuperar la energía en las frenadas.
Dinamizamos la economía y creamos empleo con alta cualificación en los talleres ya existentes, animando a más gente a renovar su viejo coche.
Daría el impulso definitivo a las energías renovables para la creciente demanda de recargar el coche “gratis” (con tus propios paneles solares).
Reduciríamos drásticamente la contaminación acústica en las ciudades, haciéndolas más habitables y reduciendo enfermedades relacionadas con el estrés.
Por último, también podemos decantarnos por comprar uno eléctrico de segunda mano. En ese caso hay que tener en cuenta que las baterías no son nuevas, mientras que si electrificas tu coche las baterías las eliges tú. En conclusión, actualmente en España no sale rentable convertir vehículos en eléctricos por las trabas burocráticas, cosa que no ocurre en Alemania o EE.UU. Esto debe acabar, ya que todo son ventajas, pero sobretodo, porque es el futuro. Sinceramente, no me veo en casa utilizando una aspiradora con petróleo…
Jorge García, Twitter: @jorgejabali
Diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad de Valencia
Noruega ha prohibido los coches de gasolina y diésel a partir de 2025. Las restricciones hacen que ya no compense comprar un coche nuevo de ese tipo, ya que pronto no podremos acceder con ellos a muchos países o ciudades. Noruega también ha prohibido la deforestación de bosques.
Islandia replanta a toda prisa los bosques arrasados por los vikingos. El calentamiento global hace que allí los árboles crezcan más rápido. También reducirán en 40% sus emisiones de GEI para 2030, para lograr los compromisos de la COP21.
El Colegio de Biólogos declara que la caza no es sostenible y es un riesgo para la fauna: Si la caza fuera una actividad de conservación, ecologistas y biólogos la apoyarían sin reservas. En cambio, ambos colectivos tienen claro que la caza es contraria al bienestar de los animales y de los ecosistemas por múltiples motivos. El lobo, la codorniz y la tórtola son especies que requieren moratorias de caza para garantizar su conservación. Es otro punto en el que ecologistas y animalistas coinciden. La caza es contraria a la conservación, cosa que se demuestra porque en muchos cotos de caza tienen que liberar especies salvajes criadas artificialmente, debido a que apenas hay individuos a los que disparar.
Victoria animalista en Almadén: Ese ayuntamiento iba a soltar conejos en la plaza de toros para que los perros los descuartizaran. La movilización de la ciudadanía ha conseguido que se paralice esa salvajada.
Rechazo al museo de caza: Un rico cazador quería exponer sus cientos de animales abatidos y disecados, pero la oposición masiva lo ha impedido. La sociedad entiende que matar animales no es un acto para presumir.
Buenas noticias para los cetáceos: Desde la libertad de algunas de las orcas y belugas de la famosa cárcel de ballenas rusa, a la prohibición de mantener cetáceos en cautividad en Canadá o a la prohibición de nadar con delfines en el mar en Nueva Zelanda, terminando con el santuario para delfines en Bali (Indonesia). España es el país de la Unión Europea con más cetáceos cautivos y muchos mueren cada año.
El informe más demoledor contra la energía nuclear: ni es limpia ni económicamente viable. Recientes estudios confirman lo que los ecologistas llevan años diciendo. El informe concluye que ninguna de las más de 600 centrales nucleares construidas en el mundo ha sido competitiva: han funcionado y continúan operando solo porque los gobiernos las han subsidiado de forma generalizada. “La energía nuclear nunca fue diseñada para la generación de electricidad comercial: estaba dirigida a las armas nucleares”.
España declara el estado de emergencia climática: A pesar del único voto en contra del partido Vox, la lista de declaraciones similares no para de crecer y ya son miles, desde países (como Irlanda, Canadá, Francia o Argentina) hasta instituciones de todo tipo (como universidades). La ciencia habla, pero aunque el cambio climático fuera mentira la realidad es tozuda y no hace falta ser científico para ver que nos estamos pasando de contaminación y destrozo medioambiental. Es obvio que los políticos de Vox saben que el cambio climático es real, pero lo niegan por intereses políticos/económicos que no van a revelar. ¿Su plan es seguir contaminando sin sentimientos de culpa?
Suspendida cautelarmente la recogida nocturna en olivares “superintensivos” para salvar miles de aves: Aunque la medida es temporal, esperamos que los estudios aclaren si debe hacerse definitiva. Las organizaciones ecologistas como SEO y WWF han mostrado su alegría ante esta medida.
Rusia ha protegido 300.000 hectáreas de bosque virgen en Dvinsky: El bosque primario de Dvinsky ocupaba más de 1.150.000 hectáreas en el año 2000. Ahora solo quedan 700.000. Es decir, la zona protegida no llega ni a la mitad de lo que queda. Hay que agradecer a Greenpeace y a WWF su contribución a este logro. La mejor forma de agradecerlo es hacerse socio de estas ONG.
La UE parece decidida a plantar cara a la obsolescencia programada: Acortar la vida de los aparatos para forzar a que los consumidores compren aparatos nuevos será controlado. Los aparatos deben tener piezas de recambio durante al menos 7 ó 10 años, según cada caso. Esta medida ahorra agua, CO2, materiales y mucha energía. La norma es mejorable pero es un primer paso para que la industria tome nota. Las averías “sospechosas” deben desaparecer, pues generan muchos residuos que aún no sabemos/queremos tratar adecuadamente. Se estima que alargando 1 año la vida de aparatos electrónicos se ahorran 4 millones de toneladas de CO2. Por ejemplo, muchas cafeteras se diseñan para que no se puedan abrir y así, averías que se repararían de forma cómoda y barata implican tirar el aparato. Recomendamos este breve documental.
Endesa se rinde ante las críticas y ante las renovables: Cerrará sus centrales de carbón, empezando por la de León (Compostilla) y la de Teruel (llamada Andorra). También ha solicitado cerrar la central de As Pontes (A Coruña) y la de Carboneras (Almería), la más contaminante de Andalucía. En esta última central quería quemar residuos de invernadero en sustitución del carbón. Quemar basura puede ser barato pero jamás será “ecológico”. Pensemos que solo ha solicitado el cierre de estas centrales, lo cual no implica que se vayan a cerrar. La presión en la calle y la pérdida de clientes a favor de empresas de renovables, está haciendo el cambio.
El TC confirma que la Red Natura 2000 no es urbanizable: El Tribunal Constitucional deja claro que la Ley del Suelo de Extremadura es inconstitucional. Por tanto, el complejo urbanístico Marina Isla Valdecañas es ilegal. Tras 12 años y 3 sentencias a favor de los ecologistas se debe restaurar lo dañado para dejarlo en su estado original. Queda claro que los poderes públicos no están respetando la legalidad y esperemos que no ocurra en este caso como el hotel Algarrobico de Almería.
Europa, el primer continente en declarar la “emergencia climática”: El Parlamento Europeo lo tiene claro, aunque algunos partidos han votado en contra. Los únicos representantes españoles en votar en contra han sido los diputados de Vox. La declaración no implica acciones concretas pero empuja claramente a un cambio de modelo económico/energético, pese a quien pese.
Las familias veganas piden menús escolares libres de crueldad: Los nutricionistas y las organizaciones científicas lo tienen claro: «cualquier persona, de cualquier edad, puede llevar una dieta 100% vegetal». Las familias se están uniendo para pedir comprensión y una mayor sostenibilidad. Los niños veganos no quieren comer “animales muertos”. Por su parte, los padres tienen derecho a educar a sus hijos en la cultura del respeto a los animales. Cada vez es más frecuente encontrar gente vegana, vegetariana o flexitariana. ¿Sabes sus motivos?
Financiación ética O peto(web en gallego): Una entidad financiera de microcréditos a proyectos sociales, culturales y apoyando a gente en riesgo de exclusión.
Fabricar vaqueros con antiguos vaqueros Back to Eco (Barcelona): Reducir el consumo de materiales y de energía es el objetivo, pero lo más eficiente es usar la ropa hasta el final y evitar desechar ropa rápidamente.
Productos locales y ecológicos desde Mijas (Málaga): Pretenden mucho más que eso (recuperar semillas antiguas, biodiversidad, recuperar herramientas tradicionales, fomentar la economía local…).
Reparar y vender bicicletas (Zaragoza): Además del dar más vida a las bicicletas, esta cooperativa tiene mensajería en bicicleta, donación de bicicletas y tienda de ropa de segunda mano.
Difundir las noticias ambientales (entre amigos, en las redes sociales…) tiene un gran impacto positivo. Si las noticias son buenas, el impacto es aún mayor. Gracias por difundir nuestros artículos.
Este artículo es largo, pero merece la pena leerlo hasta el final.
Naomi Klein (periodista canadiense, 1970-) ha escrito tres libros que han conseguido cambiar la percepción de la sociedad. Sus anteriores libros son “No logo” (1999) y “La doctrina del shock” (2007).
En “Esto lo cambia todo” (2015) se propone hablar de un tema incómodo y que muchos eluden (como corrobora Leonardo DiCaprio en su documental “Before the flood“, verlo entero aquí). Naomi Klein expone los mitos y las realidades del Cambio Climático, sin caer en tópicos ni en la desesperación, ofreciendo datos, caminos y opciones que debemos transitar.
Naomi Klein reconoce que ella misma negó el cambio climático cuando “sabía que estaba pasando”. No lo negaba como Donald Trump diciendo que mientras exista el invierno el cambio climático es mentira. Pero lo ignoraba, como mucha gente, mirando para otro lado sin querer ser consciente de la realidad o confiando en milagros tecnológicos o políticos. “El cambio climático es así: es difícil pensar en él durante mucho tiempo. Practicamos esta forma de amnesia ecológica intermitente por motivos perfectamente racionales. Lo negamos porque tememos que, si dejamos que nos invada la plena y cruda realidad de esta crisis, todo cambiará. Y no andamos desencaminados”: “El cambio climático lo transformará todo en nuestro mundo”. Esto implica “cambiar cómo vivimos y cómo funcionan nuestras economías, e incluso cambiar las historias que contamos para justificar nuestro lugar en la Tierra. La buena noticia es que muchos de esos cambios no tienen nada de catastróficos. Todo lo contrario: buena parte de ellos son simplemente emocionantes”.
Naomi Klein constata que es posible que la lucha contra el cambio climático requiera invertir dinero, pero el dinero se puede conseguir. Como muestra, resalta que las autoridades sacaron “billones de dólares hasta de debajo de las piedras” para salvar la banca y han hecho “pagar a la ciudadanía la factura dejada por los bancos” que ocasionaron la crisis. “El cambio climático, sin embargo, no ha sido nunca tratado como una crisis por nuestros dirigentes”, pero “si un número suficiente de todos nosotros dejamos de mirar para otro lado y decidimos que el cambio climático sea una crisis (…) no hay duda de que lo será y de que la clase política tendrá que responder”, porque “no basta con que lo mitiguemos o nos adaptemos a él. Podemos aprovechar esto para reactivar economías locales, “recuperar nuestras democracias de las garras de la corrosiva influencia de las grandes empresas”, “recobrar la propiedad de servicios esenciales como la electricidad y el agua, reformar nuestro enfermo sistema agrícola y hacer que sea mucho más sano”, respetar los derechos indígenas y las migraciones climáticas, y “poner fin a los hoy grotescos niveles de desigualdad existentes”:
La Doctrina del Shock: Lee un resumen de este libro, también de Naomi Klein.
“La emergencia misma del cambio climático podría constituir la base de un poderoso movimiento de masas”.
Muchas veces se han aprovechado las crisis para imponer medidas que enriquecen a una reducida élite (España es un claro ejemplo): suprimiendo regulaciones, recortando gasto social, forzando privatizaciones, regulando a favor de ciertas empresas, limitando los derechos civiles (la “ley mordaza” en España), regalando dinero a los bancos, etc. El cambio climático es una crisis que podría aprovecharse, una vez más, para beneficiar a los ricos “en vez de para incentivar soluciones motivadoras (…) que mejoren espectacularmente la vida de las personas”: “El cambio climático representa una oportunidad histórica”.
Naomi Klein critica a la ONU porque, a pesar de tener la misión de prevenir que se alcancen en el mundo niveles peligrosos de cambio climático, no solo no ha realizado progresos, sino que ha permitido que se retroceda. Tal vez, lo mejor que ha conseguido es que se hable del cambio climático. Lo peor que puede ocurrir es que se ignoren los problemas: olas de calor brutales, sequías, inundaciones, plagas, huracanes, incendios, aumento del nivel del mar, desplazamiento de millones de personas, contaminación atmosférica, lluvia ácida, enfermedades viajeras, pérdidas de cosechas… problemas que se unen a otros como las pesquerías diezmadas o el aumento mundial de la demanda de carne. Klein afirma que ante un panorama así “cuesta ciertamente imaginar qué quedaría sobre lo que sustentar una sociedad pacífica y ordenada”.
La climatóloga Lonnie G. Thompson dijo: “Casi todos los científicos y científicas del clima estamos ya convencidos de que el calentamiento global representa un peligro inminente para la civilización“. Lo curioso es que “disponemos de las herramientas técnicas para desengancharnos de los combustibles fósiles” y aunque, haya que tomar medidas extraordinarias, el ser humano es capaz de hacerlo. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial se redujo el uso de automóviles por placer en el Reino Unido. También en EE.UU. y Canadá aumentó el uso del transporte público y se cultivaron los llamados “huertos de la victoria”. Y aún hoy sacrificamos nuestro bienestar cuando nos lo piden en nombre de la austeridad y del crecimiento económico (reducción de pensiones, aumento de la edad de jubilación, pérdida de derechos laborales, reducción de las prestaciones públicas… o cosas como salvar las autopistas en España).
“Estamos atascados porque las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe –y que beneficiarían a la inmensa mayoría de la población humana– son sumamente amenazadoras para una élite minoritaria que mantiene un particular dominio sobre nuestra economía, nuestro proceso político y la mayoría de nuestros principales medios de comunicación”. Y esto se demuestra en lo que llama los “tres pilares de las políticas de esta nueva era“: “privatización del sector público, desregulación del sector privado y reducción de la presión fiscal a las empresas” (o permitir que defrauden en paraísos fiscales).
Todo esto demuestra que “nuestra economía está en guerra con múltiples formas de vida sobre la Tierra, incluida la humana”, pero “podemos transformar nuestra economía”. Estamos ante una “dura elección: permitir que las alteraciones del clima lo cambien todo en nuestro mundo o modificar la práctica totalidad de nuestra economía”. La autora dice que “el cambio climático es una batalla entre el capitalismo y el planeta (…) y el capitalismo la está ganando”: Más que esperar nuevas tecnologías, “tenemos que pensar de manera distinta” y aplicar las tecnologías que ya tenemos.
Los alces de Canadá están muriendo envenenados por beber agua contaminada por las toxinas de las arenas bituminosas de la industria de las energías sucias (Shell). Este es sólo un ejemplo de los millones que se podrían poner. Si queremos preservar nuestro planeta “tendremos que renunciar a ciertos lujos”. Ello conllevaría la desaparición de industrias enteras. Veremos desastres “hagamos lo que hagamos”. Aún así no es demasiado tarde para evitar lo peor.
Psicología del cambio climático
Diversos estudios sostienen que la ideología o «cosmovisión» personal influye en la opinión sobre el cambio climático más que ninguna otra cosa (más que la edad, la etnia, el nivel educativo o la afiliación a un partido). Así, las personas con cosmovisiones «igualitaristas» (caracterizadas por la inclinación hacia la acción colectiva y la preocupación por la desigualdad y la justicia social) aceptan el consenso científico sobre el cambio climático. Por el contrario, las personas que tienen visiones del mundo «jerárquicas» e «individualistas» (marcadas por su oposición a la ayuda a las minorías y a la pobreza, apoyo fuerte a la empresa privada y convencidos de que todos tenemos más o menos lo que nos merecemos) rechazan ese mismo consenso científico.
Dan Kahan, profesor en Yale, llama «cognición cultural» al proceso por el que, con independencia de nuestras ideologías políticas, aceptamos una información nueva sólo si confirma nuestra visión, pero si supone una amenaza a nuestro sistema de creencias, entonces nuestro cerebro se pone de inmediato a producir “anticuerpos intelectuales destinados a repeler esa invasión”. Es decir, “siempre es más fácil negar la realidad que permitir que se haga añicos nuestra visión del mundo”. Y resulta que “algo tiene la cuestión del cambio climático que hace que ciertas personas se sientan muy amenazadas”.
Ejemplo de esto es que en las regiones más dependientes de la extracción de combustibles fósiles se niega más el cambio climático (independientemente de la ideología política, tanto en EE.UU. como en Canadá). Los mismos científicos sufren este efecto: Mientras el 97% de los científicos opina que una causa importante del cambio climático somos los humanos, ese porcentaje cae al 47% entre los científicos que se dedican a estudiar formaciones naturales para extraer sus recursos. “Todos nos sentimos inclinados a la negación cuando la verdad nos resulta demasiado costosa (emocional, intelectual o económicamente)”.
Upton Sinclair dijo: «¡Qué difícil es conseguir que un hombre comprenda algo cuando su sueldo depende de que no lo comprenda!».
Los negacionistas tienen razón en algo
El negacionismo climático (liderado por el Instituto Hertland, Koch Industries y Exxon-Mobil), sabe que admitir el cambio climático supone aceptar también que hay que planificar nuestras sociedades de otra forma, y eso implica que no podemos dejar las cosas a la libertad del mercado (como propugna el liberalismo). “Muchos negacionistas reconocen con toda franqueza que su desconfianza ante las tesis científicas sobre el tema creció a partir de un temor muy profundo a las catastróficas implicaciones políticas que tendría para ellos el hecho de que el cambio climático fuese real”. El cambio climático no supone el fin del mundo, pero reducir las emisiones como sugiere la ciencia sí sería “el fin de su mundo”. Y para algunos conservadores supone también una amenaza a su absurda creencia de que el hombre está aquí para someter y dominar el planeta (desmentida por el Papa Francisco por ejemplo) o de que que nuestras diferencias con otros animales no son sólo cuestión de grado (desmentido por múltiples evidencias y hasta por Darwin).
Lo curioso es que los negacionistas, como el Instituto Heartland, “están completamente equivocados en lo que respecta a la versión científica de los hechos, pero en lo referente a las consecuencias políticas y económicas de esos resultados científicos (…) no podrían tener los ojos más abiertos”. Casi todos los científicos que presentan sus trabajos en el Instituto Heartland están descaradamente “empapados en dólares del sector de los combustibles fósiles”. Algunos incluso, en vez de negarlo, buscan ventajas al cambio climático como afirmar que vendrán momentos muy duros para países que son amenazas para EE.UU.
Como también dijo Carl Sagan, las compañías de seguros están realmente asustadas con el cambio climático. Tienen hasta equipos de climatólogos para prepararse para los desastres. Sin embargo, no han presionado apenas para que se pongan en práctica políticas climáticas agresivas.
El cambio climático, que debería unirnos a la humanidad, podría también dividirnos más aún. “La razón real por la que no estamos reaccionando a la altura de lo que exige el momento climático actual es que las acciones requeridas para ello ponen directamente en cuestión nuestro paradigma económico dominante (capitalismo desregulado combinado con la austeridad en el sector público)”.
Promover el comercio local debe ser prioritario
En muchos países se están promoviendo acuerdos comerciales que impiden el desarrollo de la industria local. Este libro denuncia que la OMC ha interferido en muchas ocasiones para evitar acciones contra el cambio climático (en Canadá, por ejemplo) para favorecer los intereses del comercio. También se critica que la OMC nunca ha hecho nada para que las compañías de combustibles fósiles reciban menos subvenciones o que paguen algo por “el privilegio de tratar nuestra atmósfera compartida como un vertedero gratuito de sus residuos” (que muera gente parece ser irrelevante).
Klein apunta a unos culpables claros: “Si los países ricos consumiesen menos, todo el mundo estaría más seguro”. Y señala al sector alimentario como uno de los sectores clave, pues representa entre un 19 y un 29% de las emisiones mundiales de GEI (Gases de Efecto Invernadero). No es justo que los países sean sólo responsables de la contaminación que generan dentro de sus propias fronteras y no de la que se produce al fabricar bienes que se fabrican para llevarlos a su territorio. Además, la contaminación de los buques portacontenedores no se atribuyen formalmente a ningún país. “Cuando China se convirtió en la fábrica del mundo también pasó a ser la chimenea del mundo”. No hay control para que las multinacionales no abusen de la mano de obra en los países más pobres, ni los contaminen o exploten sus recursos naturales: “Cuando las fábricas se marcharon hacia China, también se volvieron acusadamente más sucias”. “La explotación de los trabajadores y la del planeta forman, por lo que parece, un pack de oferta: dos por el precio de uno”.
Ilana Solomon, analista para el Sierra Club, decía que tenemos que “reflexionar sobre qué estamos comprando y cómo lo estamos haciendo, y sobre cómo se produce lo que compramos”. Pero Klein sugiere que “el hecho de que el clima de la Tierra cambie hasta extremos caóticos y desastrosos es más fácil de aceptar que la idea de transformar la lógica fundamental del capitalismo, fundado sobre el crecimiento”. Si esperamos que la tecnología lo arregle todo avanzaremos poco y tarde. Lo urgente es “consumir menos, desde ya”, pero para los políticos resulta difícil animar a la población a consumir menos. Aunque hay mucha gente que intenta reducir su consumo, no podemos permitir que todo dependa de un grupo de urbanitas concienciados. Necesitamos que las opciones bajas en carbono sean accesibles para todos, transportes públicos baratos, viviendas asequibles y de elevada eficiencia, fomento de la bicicleta… y todas las clásicas demandas ecologistas que hasta el Papa Francisco ha apoyado tan claramente. Y resulta gratificante que esas políticas, además de reducir los GEI, fomenten el fortalecimiento de las comunidades locales, aire y agua más limpios, reducción de la desigualdad, etc.
Klein también pide una “reordenación” del PIB, para que no sea una medida tan nefasta del desarrollo de un país. También propone: aumentar los “impuestos sobre el lujo” (ya que los ricos consumen y contaminan más), jornadas laborales más cortas, una renta básica (para compensar el hecho de que “el sistema no puede facilitar puestos de trabajo para todos”), “regulación estricta de la actividad empresarial”, “dar marcha atrás en privatizaciones de empresas y servicios fundamentales” y garantizar “que todo el mundo tiene cubiertas sus necesidades básicas: sanidad, educación, alimento y agua limpia”. En definitiva, “las medidas que debemos tomar (…) chocan frontalmente a todos los niveles con la ortodoxia económica”.
Defendiendo lo público se cuida del bien común
Más de 200 regiones en Alemania (como Hamburgo) han decidido devolver al control municipal sus redes de electricidad, gas y calefacción. Resulta interesante constatar que “existe una relación clara y manifiesta entre la propiedad pública y la facilidad de las comunidades locales para abandonar la energía sucia”. Pero además, es que esa energía sucia, que beneficia sólo a empresas privadas, es muy inestable en precio y suministro.
Privar de recursos al sector público (la mal llamada “austeridad”) choca con la realidad del calentamiento climático y la toma de decisiones importantes para todos, especialmente para los más vulnerables. En EE.UU., es común el “racismo medioambiental”, por el que las industrias tóxicas instalan sus fábricas y sus almacenes de residuos contaminantes en zonas donde viven personas de color.
Ya en 1979, el presidente estadounidense Jimmy Carter, instó a los americanos a reducir su consumismo: «Cualquier acto de ahorro de energía es algo más que de sentido común: yo os digo que es un acto de patriotismo». Sin embargo, algunos consideran que ese discurso fue una de las razones por las que Carter perdió las siguientes elecciones ante Reagan. Hoy, posiblemente, “cualquier político que pida al electorado que se sacrifique para resolver una crisis medioambiental se estará embarcando en una misión suicida”. Pero el problema no es económico: “el problema es que nuestra clase política no tiene voluntad alguna de buscar el dinero”.
El cambio necesario
El libro nos cuenta casos como el de una fábrica de recambios para coches de Ontario que, cuando cerró por la crisis, fue reabierta por los empleados para producir equipos de energía solar. A los que dicen que esta conversión es cara hay que decirles que más caro será no hacerla. Además, Klein dice que los bancos que fueron rescatados deberían ser los encargados de financiar ese tipo de cambios, para devolver el favor a la ciudadanía.
Esa transición necesaria será un gran generador de empleo si se hace bien. Se trata de generar empleo sostenible aunque a veces sea necesario nacionalizar servicios básicos. Un sondeo británico reveló que una mayoría apoya la nacionalización de la energía y el ferrocarril. Pone el ejemplo de Alemania, donde la mitad de las instalaciones de energía renovable están en manos de agricultores, organizaciones ciudadanas y unas 900 cooperativas energéticas. También Dinamarca va en esa línea. España también.
La agricultura es un sector esencial, y no sólo por sus altas emisiones contaminantes, sino porque puede contribuir a disminuir la pobreza y ayudar a la autosuficiencia, además de que “los métodos agroecológicos superan en rendimiento al uso de fertilizantes químicos” en entornos desfavorables. Pero el hambre lo provoca la pobreza y no la falta de comida.
También se repasa el desastre del fracking o de las arenas bituminosas, que en Alberta están destrozando grandes extensiones: “La tierra, despellejada viva”, emitiendo además entre 3 y 4 más GEI (especialmente metano y CO2) que el petróleo convencional. Por tanto, concluye que “la necesidad de que recortemos nuestras emisiones radicalmente no es compatible con la continuidad de una de las más lucrativas industrias del mundo” (la de los combustibles fósiles). Aunque el estado de Noruega es propietario de una de las empresas que está desgarrando el área de las arenas bituminosas de Alberta, también hace cosas bien: Estocolmo tiene un 74% de residentes que van a sus trabajos a pie, en bicicleta o en transporte público.
Critica también el fenómeno de las Puertas Giratorias (que no sólo ocurre en España, sino también en EE.UU., Reino Unido…) y el “capitalismo desregulado”. El “libre comercio (…) ha sido exactamente la carrera hacia el abismo que tantos alertaban que seria”. Pero Klein levanta una bandera de optimismo: “El cambio climático confronta lo que el planeta necesita para mantener la estabilidad con lo que nuestro modelo económico necesita para sostenerse a sí mismo”. Miya Yoshitani dijo también: “Estamos todos unidos en esta batalla, que no es una batalla solamente para conseguir una reducción de las partes por millón de CO2 en la atmósfera, sino también por transformar nuestras economías y reconstruir un mundo que queremos hoy”. Pensemos también que “las migraciones humanas están cada vez más vinculadas al clima”.
Klein también critica a la ciudadanía en general cuando dice, por ejemplo, que los manifestantes que salen a las calles para protestar por los fallos del sistema, olvidan el cambio climático, cuando éste “podría representar el verdadero golpe de gracia para esas estructuras que denuncian”. La misma crítica va también para políticos como Alexis Tsipras que, a pesar de ser de izquierdas, no aprovechan el cambio climático para impulsar sus demandas.
Extractivismo: Extraer recursos de la Naturaleza como si fuera infinita
En el siglo XVIII se empezó “a tratar la atmósfera como si fuera un vertedero”, pero no es sólo de la atmósfera de lo que hemos abusado. Klein cuenta el dramático caso de la isla de Nauru donde sus minas de fosfato de calcio han sido explotadas como abono, hasta destrozar la isla y hacerla prácticamente yerma. Luego, se convirtió en paraíso fiscal. “Pocos lugares en la Tierra encarnan más gráficamente que Nauru los resultados suicidas de haber basado nuestras economías en la extracción contaminante”. Por último, Nauru cobra para que Australia lleve allí a sus inmigrantes y sobrevivan en tan mal estado que ha sido denunciado por Amnistía Internacional.
Francis Bacon dio permiso para “acosar a la naturaleza” y James Watt inventó la máquina de vapor que aumentó el poder para hacerlo. Pero ya hoy eso debería estar superado. Los combustibles fósiles destruyen la vida en todas partes. “Cuando se deja en su sitio, el carbón es muy útil, porque mantiene capturado no solo el carbono que las plantas sustrajeron del aire millones de años atrás, sino también toda clase de toxinas adicionales”. Y por eso Klein pide que dejemos de ser “una sociedad de ladrones de tumbas”.
El Club de Roma publicó “Los límites del crecimiento” (1972) y sus advertencias se están cumpliendo casi completamente, pero donde más acertó fue en los límites de los “sumideros”. Es decir, el ser humano no ha encontrado cómo ampliar la capacidad de la Tierra para absorber la contaminación.
Klein critica a algunas organizaciones ecologistas en EEUU que realmente no están interesadas en la conservación de la biodiversidad y cita varios casos, como el de la organización Nature Conservancy que, por ejemplo, extrajo petróleo de una zona que custodiaba para la conservación del pollo de las praderas de Attwater, llevándolo a su extinción en dichos terrenos. También denuncia, como hizo Galeano, que en este «mundo al revés» “el sector de los combustibles fósiles son invitados a las cumbres del clima de la ONU en calidad de «socios» clave”. Es cierto que EE.UU. y casi todos los países han aprobado muchas leyes ambientales, pero la realidad demuestra que no han sido suficientes. Algunas empresas gastan más dinero en promocionar el Día de la Tierra que en reformar sus actividades a fondo. Por otra parte, el comercio internacional de derechos de emisiones ha sido un fracaso estrepitoso y así lo demuestran algunos de los ejemplos que se incluyen en el libro, como una empresa india cuyo 93% de ingresos procedía de la venta de créditos de carbono, empresas que fabrican potentes gases GEI para luego cobrar por reducirlos, campesinos e indígenas que no pueden usar los bosques porque son sumideros de carbono, bosques que permiten que se contamine más en otra parte, técnicas para que las empresas que contaminan ganen más, etc.
Soluciones demasiado simples: La «ignorancia arrogante» (hibris)
Muchos millonarios se han propuesto salvar el planeta, como Jeremy Grantham, Warren Buffett, Michael Boomberg, Bill Gates, Tom Steyer y T. Boone Pickens. Pero todos ellos lo han hecho de forma superficial e interesada, incluso invirtiendo en el sector del petróleo a la vez. Un caso paradigmático es el de Richard Branson, magnate de las aerolíneas Virgin, que anunció que dedicaría sus beneficios a la lucha contra el cambio climático, pero cuyo objetivo parece ser más bien retrasar las medidas regulatorias anti-cambio climático. Su éxito consiste en haber conseguido que vuele más gente que antes, y con la conciencia tranquila pensando que dicha compañía hace algo para mitigar el cambio climático. ¿Será Leonardo DiCaprio otro farsante?
Para Klein, pensar que el capitalismo, y solo el capitalismo, puede salvar al mundo es claramente absurdo, y esos bienintencionados magnates sólo están explotando nuestra infundada creencia de que la tecnología va a salvarnos del gran problema que ella misma ha creado.
La geoingeniería pretende dar soluciones simples para el gran problema del cambio climático, incluyendo ideas tan extrañas o descabelladas como fertilizar los océanos para que asuman más carbono, recubrir desiertos con sábanas blancas, poner espejos en órbita, tapar el sol (GRS/SRM) echando, por ejemplo, gases sulfurosos en la atmósfera (Opción Pinatubo)… Pero es imposible validar esas ideas, ni probarlas, ni implementarlas a la escala necesaria. Además, esas ideas no contribuyen a cambiar la causa raíz, sino que se limitan a tratar un único síntoma, sin tener en cuenta los efectos secundarios: acidificación de océanos, la imprevisible reacción de la biosfera… y hasta cambios climáticos peores que sin GRS, como la alteración de precipitaciones que arriesgarían el alimento de millones de humanos. Por otra parte, esas soluciones harían ganar mucho dinero a algunos de esos ideólogos. Entre los detractores están, por citar algunos, Greenpeace, Sallie Chisholm, Alan Robock, o Vandana Shiva, quien afirma que los métodos agroecológicos permitirían capturar grandes cantidades de carbono, reducirían las emisiones y potenciarían la seguridad alimentaria.
Blockadia: Los pueblos bloqueando grandes compañías fósiles
Las compañías de combustibles fósiles o las empresas mineras se están encontrando cada vez con más oposición a todos sus proyectos (almacenamiento de gas, prospecciones, extracciones, fracking,minas de uranio, de oro, de cobre…). En muchos casos, esta oposición es de pueblos que no se dejan sobornar porque defienden su forma de vida tradicional, que al ser ajena a la extracción no depende de esos sucios negocios.
Esta férrea oposición a las compañías extractivas se ha visto y se está viendo por todo el planeta. El libro repasa algunos casos en Grecia, Rumanía, Canadá, Reino Unido, Rusia (contando el caso de los activistas de Greenpeace detenidos), Australia, China, EE.UU., Francia… aunque uno de sus mayores orígenes fue en Nigeria contra la empresa Shell, en la que se llegaron a ahorcar legalmente a los ecologistas que se opusieron. Aún hoy, en el delta del Níger, se vierte cada año una marea negra como la del Exxon Valdez, envenenando peces, animales terrestres y personas. Ante tanta injusticia, el vandalismo contra los oleoductos no cesa. El pueblo ogoni y el ijaw no dejan de sufrir las consecuencias de un gobierno corrupto y una empresa extranjera, Shell, que se lleva sus recursos naturales porque en los países ricos siguen repostando en sus gasolineras sin enterarse de las consecuencias.
Un caso muy llamativo es el del oleoducto Keystone XL entre Canadá y EE.UU., para dar salida a las altamente contaminantes arenas bituminosas de Alberta. Miles de aves han muerto allí al posarse en las inmensas balsas de desecho tóxico. Tantas aves mueren que se ven obligados a disparar unos cañonazos cada pocos minutos para espantar a las pobres aves migratorias que buscan lo que otrora fue un bosque. Por supuesto, esas balsas no son perfectas y tienen escapes y filtraciones. “Los médicos tienen miedo cuando se trata de diagnosticar afecciones relacionadas con la industria del petróleo y el gas”, declara un médico canadiense de la zona. Esas balsas proceden del inmenso consumo de agua que requiere este tipo de minería (2.3 barriles de agua por cada barril de petróleo, mientras que el crudo convencional requiere hasta 0.3 barriles). El fracking requiere aún más cantidad de agua y una vez utilizada queda tóxica y radiactiva.
La industria extractiva nunca ha sido segura y siempre ha precisado zonas de sacrificio para contaminarlas, cuando no se trata de contaminar la atmósfera. Los que sufren más la contaminación son, no por casualidad, los más pobres. Pero resulta que “ahora todos estamos en la zona de sacrificio” y los riesgos de hoy son “sustancialmente más elevados” que los de antes, debido a que ya sólo quedan los yacimientos más costosos, más profundos y en zonas más valiosas. El desastre de BP en el golfo de México (más de tres meses manando petróleo) o el vertido por la rotura de un oleoducto en Michigan (el mayor vertido en tierra de EE.UU.) son pruebas de ello y de que las industrias fósiles prefieren ganar más dinero a costa de aumentar los riesgos para otros, sostiene Naomi Klein, quien también denuncia la corrupción en EE.UU. a la hora de controlar a este tipo de industrias.
En algunas zonas, las empresas que envenenan consiguen más poder, ya que los únicos empleos son precisamente en la industria que envenena sus tierras (y hasta esos empleos son de mala calidad, aunque estén bien pagados). Pero en otras zonas, donde hay más diversidad empresarial y laboral, hay “personas dispuestas a pelear muy duro por proteger modos de vida que consideran intrínsecamente incompatibles con la extracción tóxica”. Klein dice que “cuando aquello por lo que se lucha es una identidad, una cultura, un lugar querido […] nada pueden ofrecer las empresas como contrapartida”.
Los éxitos son insuficientes, pero muy importantes. Francia, por ejemplo, gracias a las protestas ha aprobado una moratoria nacional contra la fracturación hidráulica o fracking. También hay moratorias en Bulgaria, Países Bajos, Chequia, Sudáfrica y algunos estados de EE.UU. Además, este último país ha descendido su producción eléctrica con carbón por la presión ciudadana, entre otros motivos. Costa Rica ha prohibido la minería a cielo abierto en todo el país. India tiene centrales térmicas a medio construir porque se paralizó su construcción ante las protestas. En China también se han paralizado centrales de carbón por las protestas, pues allí la contaminación es espectacular y supone un experimento de lo que ocurre cuando es el progreso lo que más importa: Pekín alcanza a veces los 671 microgramos de partículas en suspensión (las PM2.5) cuando la OMS fija el límite máximo en 25. Las actividades al aire libre se suspenden si se superan los 450.
Otra batalla con gran éxito es la de la desinversión, apoyada por la organización 350.org, por la que se pretende que todo tipo de organizaciones y fondos de inversión dejen de apoyar a las industrias de los combustibles fósiles. El Banco Mundial ha anunciado que no apoyará más proyectos de prospección o extracción de carbón y hay miles de organizaciones más que ya están retirando su apoyo y su dinero a las industrias sucias.
A veces, cuando una empresa no puede extraer el combustible por un cambio en la legislación, alega cláusulas de protección de los inversores de acuerdos de libre comercio. Pero estas demandas tienen el poder que los gobiernos quieran, pues ninguna empresa puede interferir en la libertad de un pueblo en defender su territorio de la degradación ambiental. El problema no son los acuerdos comerciales sino los gobiernos que no defienden correctamente el bien común. No obstante, Klein afirma que esos acuerdos comerciales tienen hoy mayor debate público que antes, como lo demuestra el caso del TTIP en Europa. Pero hay que estar muy atentos, porque si nos descuidamos, los intereses del capital financiero y de la industria energética estarán por delante del bien común: Un claro ejemplo es España, donde los bancos son empresas privilegiadas y las industrias energéticas dictan las leyes.
Cuando fallan los gobiernos nacionales y los organismos internacionales, muchos ayuntamientos se deciden a actuar en la acción climática. Son las llamadas «comunidades de transición» nacidas en Totnes (Reino Unido), que pretenden actuar en lo local para conseguir un cambio hacia economías de bajo carbono.
¿Derechos para los pueblos indígenas?
En Canadá y en otros muchos países, los indígenas no han cedido nunca sus tierras para su explotación petrolera. Como mucho, han aceptado compartirlas mientras no se socaven sus derechos a vivir, pescar, recolectar… pero no se puede compartir “si una de las partes se dedica a alterar irrevocablemente y a envenenar esa tierra compartida“.
Algunos de los pueblos indígenas amenazados por la sed de petróleo son los haida, los nez percé, los cheyenes, los lummi, los ogoni, los ijaw, los lakota, los tunebos, los chipewyan (ayudados por el rockero Neil Young del acoso de Shell), los tsilhquot’in, los cree del lago Beaver (“las personas más marginadas de mi país”, Canadá, en palabras de Klein)… Muchos pueblos indígenas carecen de recursos para que se respeten sus derechos, aunque los tengan claramente otorgados. En 2007 se firmó la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y los únicos países que votaron inicialmente en contra fueron Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Finalmente, aceptaron esa declaración que proclama que los «pueblos indígenas tienen derecho a la conservación y protección del medio ambiente», así como a la reparación de las tierras confiscadas, ocupadas o dañadas. Que la incidencia de cáncer suba en todas las tribus canadienses afectadas por las arenas bituminosas no parece hacer desistir a la petrolera Shell.
“Mientras los abogados argumentan y debaten en los tribunales sobre las complejidades de la titularidad de la propiedad de la tierra, las sierras mecánicas siguen talando árboles que son cuatro veces más viejos que nuestros países, y los fluidos tóxicos de la fracturación hidráulica continúan filtrándose hacia las aguas subterráneas”.
Las energías renovables son “no extractivas” en dos sentidos: El veneno y el carbono no se extraen del subsuelo y el dinero no se extrae de la comunidad (las petroleras extraen recursos de un sitio y extraen el dinero de otro).
Ecuador (y los cheyenes de norteamérica) ha pedido ser compensado por mantener sus combustibles fósiles en el subsuelo porque «la manera más directa de reducir emisiones de CO2 es dejando los combustibles fósiles en el subsuelo donde ya están» (en palabras de Esperanza Martínez, de Acción Ecológica). Esto es lo que se conoce como «deuda climática» reconocida (al menos indirectamente) en la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático indicando que hay unas «responsabilidades comunes pero diferenciadas» ya que los países que más han contaminado deben ser los primeros en reducir sus emisiones.
Al hablar de «deuda climática» muchos habitantes de los países ricos argumentan que no son responsables de lo que hicieron sus antepasados. Sunita Narain, directora general del Centre for Science and Environment, responde claramente: «Vuestra riqueza actual guarda relación con cómo la sociedad ha explotado la naturaleza» (ya dijo De Jouvenel que nuestra riqueza procede de explotar la Naturaleza). Naomi Klein concluye: “Los países ricos no solo tienen que ayudar al Sur Global a encaminarse por una senda económica de bajas emisiones porque eso sea lo correcto, sino que necesitamos hacerlo así porque de ello depende nuestra supervivencia colectiva”. Y por supuesto, añade que igual que haber sufrido un atraco no da derecho a atracar, tampoco hay fundado derecho a contaminar por parte de los países pobres. Por tanto, es evidente que los ricos deben ayudar a los pobres a conseguir un desarrollo más limpio. Esto traerá mayor bienestar y empleo, lo que evitaría las enormes tasas de inmigración que hay y que, si no lo remediamos, habrá.
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Conclusiones
Naomi Klein asegura que no se tienen en consideración suficientemente los efectos de tanta contaminación sobre la fertilidad y sobre los animales no adultos, incluyendo niños. Por ejemplo, en zonas de fracking aumentan las probabilidades de problemas cardíacos en bebés, abortos involuntarios, altos niveles de PCB… El caso de Mossville es tristemente famoso por el “racismo medioambiental”: La población pobre debe soportar altos niveles de contaminación de las industrias petroquímicas con frecuentes vertidos y explosiones. En Mossville son frecuentes las enfermedades respiratorias, el cáncer, defectos de nacimiento y las histerectomías en mujeres.
El informe de BP antes del desastre del golfo de México es de risa: por ejemplo, suponía que los moluscos sobrevivirían a un desastre huyendo o que supondría poco estrés para los mamíferos. El desastre demostró que nada puede restituir lo perdido: millones de larvas y los bebés de delfín murieron… La acidificación de los océanos hace que las larvas de ostras no puedan formar sus caparazones y mueran, y herbicidas como la atrazina afecta directamente a la esterilidad en anfibios, junto con defectos congénitos y abortos espontáneos en humanos, sin contar la amenaza sobre las abejas.
Pero sabemos hacer las cosas mejor. Ecuador, por ejemplo, en su constitución de 2008 reconoció a la naturaleza o Pachamama el derecho a que se respeten su existencia y sus ciclos vitales (art. 71). En las luchas contra el extractivismo hay un arma secreta: la unión heterogénea hace una gran fuerza: indígenas y no indígenas, jóvenes y mayores… todos unidos en una causa común.
Los cambios que hacen falta son importantes, pero tenemos experiencia. Los cambios sociales de los siglos XIX y XX, por ejemplo, supusieron un cambio profundo en la cultura dominante (cambios en los derechos civiles, de las mujeres, de los homosexuales, de grupos étnicos como el caso del apartheid de Sudáfrica o el racismo en EE.UU., pero también la instauración de la Seguridad Social o el seguro de desempleo). La abolición de la esclavitud obligó a ciertas élites a renunciar a prácticas que les resultaban muy lucrativas (tanto como la extracción de combustibles fósiles hoy en día). Pensemos por ejemplo, que en el siglo XVIII los negocios más lucrativos del imperio británico se basaban en la esclavitud (plantaciones de azúcar del Caribe, compra/venta de esclavos…) y en EE.UU. “la esclavitud fue el eje sobre el que giró la revolución mercantil”.
Naomi Klein es consciente de que hay que cambiar la cosmovisión global, lo que nos decimos del mundo y de nosotros. Y eso no es fácil, pero es posible y para ello propone no aspirar simplemente a cambiar leyes, sino a modificar pautas de pensamiento. Por ejemplo, dice que pedir un impuesto sobre el carbono puede ser menos útil que reivindicar una renta mínima garantizada, porque ésto segundo abre el debate sobre los valores y “sobre lo que nos debemos unos a otros sobre la base de nuestra condición humana”. Y sentencia que “tendremos que comenzar a creer de nuevo que los seres humanos no somos irremediablemente egoístas y codiciosos (que es la imagen de nosotros mismos que se nos ha vendido)“.
Muchas veces se plantea si frenar a las compañías de combustibles fósiles tiene influencia en el PIB, pero lo importante es pensar si el crecimiento económico tiene alguna importancia cuando el planeta esté convulsionado. Son las compañías las que tienen que demostrar que sus acciones y sus técnicas son seguras. Y nosotros debemos exigirlo, porque “nadie va a venir a salvarnos de esta crisis” y “la ideología del libre mercado ha quedado desacreditada tras décadas de desigualdad y corrupción crecientes”.
Attac España expresa su más profunda condena ante la operación militar ejecutada por el Gobierno de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela, que ha incluido ataques aéreos en varias regiones del país y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores durante la madrugada del día 3 de enero.
La utilización de la fuerza militar por parte de una potencia extranjera para intervenir en los asuntos internos de un Estado soberano constituye una violación flagrante del derecho internacional, de la Carta de las Naciones Unidas y del principio fundamental de la no injerencia. La detención y traslado de un jefe de Estado y su cónyuge sin el consentimiento del país afectado constituyen un secuestro internacional, con efectos devastadores para la paz, la estabilidad regional y la vida cotidiana de millones de personas.
ATTAC España rechaza con contundencia cualquier justificación basada en acusaciones o pretextos legales presentados unilateralmente por el Gobierno de Estados Unidos para legitimar esta agresión. La historia demuestra que las intervenciones militares “por motivos humanitarios”, “lucha contra el narcotráfico” o “lucha contra la corrupción” suelen encubrir intereses geoestratégicos y económicos que nada tienen que ver con el bienestar de las poblaciones afectadas y sólo generan sufrimiento, desplazamientos forzosos y agravamiento de crisis sociales.
Las sanciones económicas, el bloqueo financiero y las amenazas de acción militar ya venían provocando graves efectos sobre la población civil venezolana, dificultando el acceso a bienes esenciales como alimentos, medicinas y servicios básicos. Estas políticas coercitivas, ahora acompañadas de una escalada militar abierta, constituyen una forma de guerra multidimensional contra el pueblo venezolano que rechazamos sin reservas.
ATTAC España reafirma su solidaridad con el pueblo de Venezuela, con sus organizaciones sociales y movimientos populares, y con todas las voces que luchan por una solución pacífica, democrática y soberana a la compleja situación política, económica y social que vive el país latinoamericano. Llamamos a la comunidad internacional a exigir el respeto al derecho internacional, el fin de las agresiones externas, y a trabajar por un diálogo incluyente que priorice los derechos humanos y la autodeterminación de los pueblos.
No a la injerencia militar. No a la violación de la soberanía de los pueblos. Sí a la paz, la justicia y la solidaridad internacional.
La indignación continúa en las calles de Mineápolis tras el fallecimiento de Renee Nicole Good, ciudadana estadounidense de 37 años, abatida por los disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). El incidente tuvo lugar en una zona de alta actividad comercial inmigrante, a menos de dos kilómetros del sitio donde George Floyd falleció en 2020.
Numerosos medios de comunicación han analizado los vídeos ciudadanos y las grabaciones de seguridad para entender los hechos. Estos vídeos nos muestran distintas perspectivas, ofreciendo imágenes precisas frente a la versión de «defensa propia» esgrimida por el gobierno federal. Las manifestaciones de indignación no han cesado desde entonces.
Mientras la secretaria de Seguridad Interior, Kristi Noem, y el presidente Donald Trump han calificado el acto como «defensa propia» frente a una amenaza de «terrorismo doméstico», las autoridades locales mantienen una postura crítica. El alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, ha solicitado formalmente el cese de operaciones de ICE en la ciudad y ha respaldado las peticiones en el Congreso para una investigación independiente.
La organización ciudadana Unicorn Riot (@UR_Ninja) —nacida tras las protestas por el asesinato de George Floyd—, nos muestran como la documentación vecinal es fundamental para la fiscalización de las agencias de seguridad. Unicorn Riot continúa publicando hilos de vídeo en su cuenta de X (@UR_Ninja) y de Instagram.
Este caso se suma a una lista creciente de muertes vinculadas a operativos del ICE, lo que ha llevado a organizaciones de derechos humanos a exigir una revisión de los protocolos de intervención en zonas urbanas. La muerte de Good es vista por los manifestantes no como un hecho aislado, sino como parte de una política de «tolerancia cero» que prioriza la fuerza sobre la desescalada.
11 de enero de 2026 se documentó el arresto de un manifestante de edad avanzada tras ser atacado con bolas de pimienta por agentes federales. El vehículo del manifestante fue confiscado y remolcado en un operativo captado por testigos.
El alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, tras revisar la evidencia disponible, ha solicitado formalmente el cese de operaciones de ICE en la ciudad y apoya una investigación independiente en el Congreso.
¿Qué es el consumo responsable? (PINCHA EN LA IMAGEN)
¿Qué es crecimiento económico? Casi todos los políticos, cuando hablan de “crecimiento” se refieren al crecimiento del PIB (Producto Interior Bruto), y no al crecimiento del bienestar de la gente. El PIB es una medida muy mala del desarrollo de un país, pues sólo mide la cantidad de dinero que se mueve en un país, y no en qué se gasta.
Veamos algunos ejemplos que hacen que suba el PIB. A esto le llaman “crecimiento económico”:
Un bosque sólo influye en el PIB si se tala y se vende su madera. Si se deja vivo, no tiene valor para el PIB, y por tanto no mejora la economía. ¿Cuánto vale un bosque?
Dejar luces encendidas hace subir el PIB. No importa si ese gasto sirve para alumbrar a alguien o no.
Tener mala salud, hace subir el PIB, porque genera gastos en cuidados y medicinas. Un país enfermo con dinero para pagar sus medicinas, tendrá mejor PIB que un país sano.
El excesivo tráfico de vehículos genera más accidentes, mayor consumo de combustible, y enfermedades respiratorias, todo lo cual aumenta el PIB. Mejorar el transporte público no es buena idea si queremos subir el PIB.
Como vemos, el PIB es una mala medida, incluso aunque viviéramos en un planeta con recursos infinitos. Pero por desgracia, los recursos son finitos y menguantes, por lo que es urgente reducir nuestro consumo de materiales y de energía, y reconducir nuestro crecimiento, no hacia crecimiento económico, sino hacia crecimiento en bienestar, en justicia, en equidad, y en sostenibilidad. De hecho, los recursos (bosques, pesca, minerales…) han sido ya tan fuertemente explotados que somos muchos los que vemos que los países ricos deberían reducir su PIB, por justicia global. Es lo que se ha llamado decrecimiento.
Los gobernantes deben entender que la gente demanda mejoras en su calidad de vida, y no a cualquier precio. La gente no quiere comprar ropa barata a costa de la semi esclavitud de trabajadoras (niñas incluso) en Bangladesh. Los que compran esa ropa no son responsables (si ignoran lo que esa ropa esconde). Los máximos responsables son los que lo hacen, y los gobiernos que lo consienten a sus empresas, o en su territorio.
Mucha gente piensa que si aumentamos el consumo, crecerá el PIB y se crearán empleos. Es posible. Pero si no se tienen en cuenta factores de sostenibilidad, serán empleos NO sostenibles. Talar un bosque crea empleo, pero cuando el bosque se agota sólo queda destrucción, y los empleos que se crearon, se pierden.
La austeridad es mejor que gastar dinero en algo insostenible, que nos hunda más en el problema.
Ya hay medidas alternativas al PIB que usan más factores que el meramente monetario. Examinemos algunas de manera rápida, empezando por la más importante:
Definido por Lew Daly, el IPG se usa ya en algunos estados de EE.UU. (Maryland o Vermont). Si comparamos el PIB con el IPG en ese país, vemos que mientras el primero no ha parado de subir, el segundo es casi estable desde 1968. Ahí se muestra que mientras una minoría gasta más dinero, hay sectores de la sociedad que están empeorando en aspectos claves de la calidad de vida. Mientras el PIB sólo mide un aspecto, el IPG incluye 26 indicadores en 3 áreas temáticas:
Indicadores económicos: Incluyen medidas económicas, como los gastos en general, pero también tienen en cuenta la duración de los bienes duraderos (electrodomésticos, coches…). Esto último beneficiará a las sociedades que construyan bienes más duraderos, evitando la obsolescencia programada. El PIB en cambio, crece más cuánto más se rompan las cosas. El IPG también tiene en cuenta lo que llama subempleo (desempleados crónicos, a tiempo parcial sin desearlo, etc.), además de la desigualdad de ingresos, y las inversiones netas (deudas y déficit).
Indicadores ambientales: Miden la contaminación del aire, del agua, y por ruido, además de la pérdida de ecosistemas (humedales, tierras de cultivo, bosques…). También se cuantifican los daños del cambio climático (93 dólares por tonelada de CO2), los costos del agotamiento del ozono, y los costos del agotamiento de recursos no renovables. Sin embargo, el actual PIB considera beneficioso el agotamiento de recursos, porque ese proceso mueve dinero.
Indicadores sociales: En este apartado se pretende medir la calidad de vida de las personas. Por tanto, considera positivo y cuantifica actividades que el PIB ignora totalmente: tareas del hogar, cuidados de los hijos, trabajo de voluntariado, valor de la educación, y el uso de infraestructuras. Ahora como algo negativo, mide el coste del crimen, si el tiempo libre disminuye, los gastos familiares para contrarrestar la contaminación (por ejemplo, en China mucha gente compra aparatos purificadores de aire, lo cual es bueno para el PIB, pero demuestra una peor calidad de vida), el coste de los accidentes de tráfico, y el coste en los desplazamientos (pagar el medio de transporte, y por emplear tiempo que podríamos usarlo en otra actividad más agradable o productiva). En general, se trata de valorar como negativas las principales cosas que empeoran la calidad de vida de la gente.
2. SCAEI (Sistema de Contabilidad Ambiental Económica Integrada)
Elaborado por la ONU en el lejano 1993, el SCAEI incluye un completo análisis ambiental, aunque deja fuera aspectos que sí mide el ya visto IPG. Sintetizando, el SCAEI incluye el agotamiento de los recursos naturales en la producción y el consumo final, además de los efectos de la contaminación causada por las actividades de producción y consumo en la calidad del medio ambiente (emisiones).
El SCAEI amplía el concepto de capital para abarcar no sólo el capital producido por el hombre sino también el capital natural no producido, como los recursos marinos o los bosques tropicales, la tierra, el suelo, los activos del subsuelo (yacimientos minerales), y los recursos aire y agua.
Consiste en dar valor económico a los daños provocados a la Naturaleza, y restarlos al PIB tradicional. China prometió usarlo, pero los resultados fueron tan negativos que se descartó usar el PIB Verde, pues resultó mejor para la economía taparse los ojos a los daños ambientales. Aunque no es fácil medir el valor de la biodiversidad, de los bosques… lo cierto es que es un error muy grave no medir nada de eso, y eso es justamente lo que hace el actual PIB.
Definido por la ONU, usa 3 parámetros para medir la calidad de vida de un país:
Esperanza de vida,
Nivel de vida digno (PIB per cápita), y
Educación (años de educación obligatoria, alumnos matriculados en distintos niveles, y tasas de alfabetización).
Es una medida muy referenciada, pero muy incompleta, pues no mide nada de lo ambiental, ni la desigualdad existente. Para evitar la injusticia de no considerar la desigualdad existe el IDH ajustado por desigualdad, que será igual al IDH en un país en el que no haya desigualdad en salud, educación e ingresos (los 3 únicos aspectos que se tienen en cuenta).
Miden la sostenibilidad de una región, producto o actividad, respecto a su consumo de recursos naturales. Valores altos de estos indicadores indican un alto consumo de recursos, es decir, mayor huella indica menor sostenibilidad. La huella ecológica mide la cantidad de territorio que se requiere para mantener una actividad o modo de vida, y la compara con el territorio disponible real. Todos los países industrializados necesitan para mantener su estilo de vida más del doble del territorio que poseen, por lo que están usando recursos que, en justicia, corresponden a otras personas. La huella ecológica es una de las medidas que usa el Informe Planeta Vivo de WWF.
Por su parte, la huella hídrica mide el volumen de agua dulce empleado por un producto, empresa, país… teniendo en cuenta todo su ciclo y no sólo el empleo directo de agua. Así, por ejemplo suelen sorprender estos datos:
1 kg. de oro requiere 230 000 litros de agua (además de la contaminación que no se cuenta aquí);
1 kg. de carne de vaca requiere utilizar 13 000 litros de agua (y también produce contaminación que no contamos);
1 kg. de pollo necesita 3 920 litros de agua;
1 camiseta de algodón, 2 700 litros de agua;
1 kg. de papel, 2 000 litros de agua;
1 café necesita más agua que la que se bebe: 140 litros de agua;
¿Cuál es la huella ecológica de lo que usas cotidianamente, o de lo que fabrica tu empresa? Por internet hay webs que te permiten calcular tu huella personalizada, y también se habla del foodprint, la huella de nuestra comida (agricultura, transporte…).
6. FIB (Felicidad Interior Bruta)
Conscientes de que tener muchos bienes materiales no implica tener felicidad, en Bután definieron este indicador que tiene en cuenta la asistencia sanitaria, el tiempo disponible para la familia y los amigos, la conservación de los recursos naturales y el medio ambiente, o el disfrute del arte. Así por ejemplo, reducir la jornada laboral es sin duda una buena medida, porque no sólo se reduciría el paro, sino que tendríamos más tiempo libre. La idea es muy interesante, siempre que no sirva para dejar de preocuparse por la pobreza y la desigualdad.
Conclusión
Sin quitar importancia al hecho de medir la economía, es absolutamente inaceptable que no se mida la ecología. Decía Georgescu-Roegen que «la economía debe ser una rama de la biología (…). Somos una de las especies biológicas de este planeta, y como tal estamos sometidos a todas las leyes que gobiernan la existencia de la vida terrestre».
Aunque todos los indicadores tienen su utilidad práctica, el indicador que debería estandarizarse debiera ser, por ahora, el IPG, ya que es suficientemente completo. La ONU, y todos los gobiernos, deberían calcular el IPG y estudiar en qué aspectos del IPG se puede, o se debe, mejorar en cada país o región, para conseguir una sociedad mejor para todos.
A partir de ahora, cuando alguien hable de que hay que potenciar el “crecimiento”, tal vez queramos preguntar: “¿Crecimiento de qué? ¿de PIB? NO, GRACIAS”.
Más información:
Web oficial del IPG o IPR (Indicador de Progreso Genuino, o Real) o, en inglés GPI (Genuine Progress Indicator): genuineprogress.net (en inglés).
Originalmente las centrales de energía nuclear se crearon dentro de un plan de estrategia energética, debido a la gran dependencia que existía hasta esa fecha, de los combustibles fósiles. Así, tras la creación, en la antigua URSS, del primer reactor de energía nuclear en 1954, sobrevino un periodo de edad dorada nuclear, entre 1960 y 1988, cuando se pasó de apenas 16 centrales de energía nuclear a 416.
Acontecimientos como el ocurrido en la central nuclear americana de Three Mile Island en 1979, o el de Chernóbil en 1986 supusieron un alto a una mayor implantación de este tipo de modelo energético. De hecho, desde entonces apenas se ha construido una central nuclear al año en todo el mundo.
El terremoto y posterior tsunami ocurrido el pasado 2011 en Japón derivó en otra catástrofe nuclear, cuya magnitud eclipsó a la del propio terremoto y volvió a recordarnos los peligros de la actividad nuclear. La alarma social creada llevó a políticos de todo el mundo a hacer promesas, más o menos comprometidas con los movimientos antinucleares, especialmente en aquellos países que más dependen de la energía nuclear. Y es que actualmente, debido a la inversión y el desarrollo de sistemas de generación energética a partir de fuentes renovables, es el momento de traer a primer plano de la actualidad la discusión sobre la necesidad de las plantas de energía nuclear a fin de conseguir compromisos políticos aprovechando el momento de sensibilidad social.
En este contexto, y quizá debido a él, en Europa el pasado año se aprobó el llamado “Paquete Nuclear” de directivas sobre seguridad nuclear y tratamiento de residuos nucleares, en un intento de comprometer a los Estados Miembros, no ya con la seguridad en las plantas de energía nuclear, sino sobre todo, con el tratamiento de los residuos generados por el combustible consumido en los reactores. Así en las directivas se compromete a los Estados Miembros para el desarrollo, en el ámbito nacional, de plantas de almacén final para residuos nucleares.
Y es que tras más de 50 años utilizando energía nuclear para uso civil, es necesaria la generación de lugares de almacenamiento final de residuos procedentes del combustible empleado en las centrales nucleares. Actualmente la mayoría de los residuos de combustible nuclear se encuentran en las piscinas de los reactores nucleares, pues se necesitan entre 40-50 años para que estos residuos puedan ser manipulados en unas condiciones de seguridad permisibles. Aunque hay distintos tipos de tratamiento del combustible nuclear, ninguno de ellos puede ser considerado como definitivo. Por lo que durante todo este tiempo se ha utilizado y se sigue usando la energía nuclear, sin saber exactamente qué hacer con los residuos que se ella se derivan.
Dadas las características de los residuos, en muchos países se ha optado por la creación de almacenes en espacios geológicos a gran profundidad, en los que gracias a una superposición de barreras naturales y artificiales se quiere aislar al máximo la radiación para evitar daño a las personas y el medioambiente. El almacén consistiría en túneles o cavernas en las que se depositarían los residuos empaquetados. En algunos casos los contenedores de residuos serán rodeados por material como cemento o arcilla para proveer otra barrera. Las opciones de contenedor varían según el tipo de residuo y la naturaleza geológica del lugar. La profundidad de estos lugares varía desde 250 a 1000 m. Sin embargo debido a la gran duración de la radiactividad de estos residuos (del orden de decenas o centenas de miles de años) es imposible pronosticar la total efectividad de las medidas.
Un antecedente conocido, y sobre el que se han realizado multitud de estudios que sirven de base para plantear este tipo de almacenes, ocurrió hace 2 millones de años, cuando por las condiciones naturales, en una zona del oeste de África rica en uranio, se produjo una serie de reacciones nucleares. La actividad se prolongó durante 500.000 años, y actualmente los residuos que quedan no presentan radioactividad.
Según recomendaciones de la Agencia Internacional para la Energía Atómica, estos lugares de almacenaje de residuos nucleares deben garantizar el aislamiento de los residuos nucleares de forma pasiva, es decir sin que sean necesarias medidas de control o mantenimiento a generaciones futuras. Por lo que todo empleo generado en la región será temporal, mientras que la contaminación será para siempre o al menos durante decenas de miles de años, en el mejor de los casos.
Aún hay controversia a nivel internacional sobre si estos espacios geológicos a gran profundidad deben ser cerrados y sellados completamente, lo que mejoraría en la medida de lo posible el aislamiento de los residuos; o si debe permitirse la posibilidad de recuperar los residuos por si en el futuro el posible utilizarlos nuevamente como fuente de energía. En la actualidad no existe en el mundo ningún almacén final de residuos nucleares. El único ejemplo es una planta piloto en EEUU donde se almacenan desde 1999 residuos nucleares derivados de la actividad investigadora y de la industria bélica.
Quizá haya llegado el momento de echar tierra sobre la energía nuclear, o quizá veamos florecer en los próximos años más plantas de energía nuclear alrededor del mundo (ante el problema del pico del petróleo… pero tengamos en cuenta que los costes previstos de construir y desmantelar centrales nucleares, y guardar sus residuos en ATCs se calculan teniendo en cuenta precios del petróleo asequibles, como los actuales, lo cual puede durar no mucho). En todo caso, ya que la tecnología nos ha llevado hasta aquí, esperemos seguir progresando y encontrar soluciones, aunque sean para problemas generados en el pasado.
Francisco J. López Voluntario Greenpeace (grupo local de Málaga)
En Estados Unidos está en marcha una guerra contra los migrantes pobres, a los que se cataloga de personas indeseables, una calificación que hace referencia a los humildes del mundo no importa del país de donde vengan, ni las condiciones de violencia, miseria, hambre, destrucción ambiental que los obliguen a dejar su suelo natal, condiciones que son propiciadas en gran medida por Estados Unidos. Todos los días se conocen nuevas disposiciones jurídicas, restricciones legales y económicas, anuncios amenazantes, con mucha dosis de crueldad, clasismo y racismo.
Quedaría la impresión de que en Estados Unidos ‒un
país de inmigrantes‒ se rechaza a todos los extranjeros, con independencia de sus
extracción de clase. Esto no es cierto, porque en los Estados Unidos se acoge a
ciertos migrantes, que hagan parte del club de los ricos del planeta,
predominantemente blancos. Esto lo
evidencian dos hechos de índole clasista: la venta de visas doradas y el asilo
de afrikáneres que proceden de Sudáfrica.
VENTA DE VISAS DORADAS [GOLDEN CARD]
En Estados Unidos existe la Green Card [Carta Verde],
una visa especial que se concede a ciertas personas que quieran vivir y
trabajar en ese país y quienes la obtengan gozan de los mismos derechos de
cualquier ciudadano estadounidense. Los que quieran esa visa deben hacer una
solicitud, realizar unos trámites y esperar aprobación oficial del gobierno de
Estados Unidos. Donald Trump ha propuesto una nueva visa, la Golden Card
[Tarjeta Dorada], la que puede comprarse sin realizar ningún trámite, simplemente
desembolsando la “modesta cifra” de cinco millones de dólares [equivalentes a
unos veintidós mil millones de pesos colombianos].
Trump es un típico capitalista que ve a Estados Unidos
como una gigantesca empresa en la que pueden obtenerse jugosos réditos, a costa
de la explotación y miseria de la gran mayoría de la población de ese país y
del resto del mundo. Trump demuestra una sólida conciencia y solidaridad de
clase, con los de su clase, los capitalistas, multimillonarios y poderosos no
importa donde hayan nacido, siempre que tengan como identidad el capital del
que dispongan. Con esa perspectiva, Trump ha dicho que esa Tarjeta Dorada va a
atraer a inversionistas con dinero líquido, los cuales van a crear empleos y a
pagar impuestos, para beneficio de esa economía, a diferencia de los migrantes
pobres que son, para esos ricos, un incómodo estorbo, que hay que quitar del
camino. A los millonarios que compren su Tarjeta Dorada se les garantiza la
ciudadanía de Estados Unidos, pero eso si deben ser de “clase mundial”, gentes
de muy “alto nivel”, agregó Trump, del nivel delincuencial que a él lo
caracteriza y que forma parte de la identidad de la lumpenburguesía de
cualquier lugar del planeta.
ASILO Y REFUGIO A “BLANCOS PUROS” [AFRIKANERES]
DE SUDAFRICA
El otro hecho que expresa el claro carácter de clase
del gobierno de Donald Trump es el de la acogida jubilosa de 59 “refugiados” de
la etnia blanca afrikáners de Sudáfrica. Son “blancos puros” que pertenecen al
minoritario sector que mantuvo el Apartheid en ese país durante décadas y sometió
con brutalidad a la población negra, la mayoría absoluta, de ese territorio.
Descienden directamente de los holandeses que llegaron al sur del continente
africano desde 1652. Aunque solo constituyen el 7% de la población de
Sudáfrica, acaparan el 50% de la tierra, lo que indica su poder económico.
Para obtener refugio en Estados Unidos han alegado que
están siendo sometidos a un genocidio, ejercido contra ellos por ser blancos,
por parte de la mayoría negra del país. Y Trump ha usado este argumento como
excusa para darles asilo, indicando que “es un genocidio lo que está ocurriendo
y “están matando a los granjeros. Da la casualidad de que son blancos”. A lo
que había que agregar que no solo son blancos, sino que pertenecen a una
fracción de la clase dominante de Sudáfrica.
De ahí que se les acoja como
refugiados, se envíe un avión chárter de Estados Unidos para llevarlos hacia
ese país y se invente un genocidio. Este término, en boca de genocidas de larga
data como son los asociados al poder en Estados Unidos, es falaz, cuando ese
país es responsable directo del genocidio de Palestina. Mientras que Israel asesina
cada segundo a hombres, niños y mujeres, a los que bombardea en escuelas y
hospitales, los acorrala y los mata de hambre, los palestinos [claro pobres y
de color oscuro] ni siquiera gozan del derecho a que se reconozca que ellos
están viviendo a flor de piel un genocidio sin precedentes en la historia
reciente del mundo.
La medida del gobierno de Trump
tiene un sesgo genocida de clase y de raza, porque al tiempo que se inventa un
genocidio, niega el real, el de Palestina, e incluso acusa a Sudáfrica por
haber interpuesto una demanda contra el estado sionista y asesino de
Israel.
Como para que no queden dudas de su
clasismo, Trump dispuso que los afrikáneres recién llegados sean alojados en
hogares que cuenten con mobiliario y artículos domésticos esenciales. Algo que
se les niega a los millones de migrantes que hace años malviven en Estados
Unidos y a los que se les encarcela en jaulas o se les expulsa a las cárceles
de Bukele en el Salvador.
No solo a los palestinos se les
niega cualquier ayuda ‒salvo la humanitaria de bombardearlos a diario‒-sino
que se niega el asilo a personas procedentes de Afganistán, Sudán o El Congo,
asolados por guerras, guerras que llevan la marca Made in Usa.
La importancia de la clase
social
En síntesis, para los multimillonarios todos los
privilegios porque se les considera como humanos de primera clase, que merecen
las atenciones del gobierno de Estados Unidos y de sus clases dominantes,
mientras que a los migrantes pobres, que se les concibe como una plaga
indeseable, sucia y apestosa, se les persigue con una crueldad de clase,
propia del capitalismo realmente existente y no de los manuales de economía
neoliberales, que aplauden la “libertad de elegir” que supuestamente
proporciona el capitalismo.
Esto indica que la C-L-A-S-E [en inglés C-L-A-S-S], esa impronunciable palabra de cinco letras al decir de Noam Chomsky, es una realidad material que sigue existiendo y su consideración es fundamental para entender lo que sucede hoy en la primera potencia del mundo. En consecuencia, aunque sean importantes otros aspectos, entre ellos el racial y el de género, en última instancia Donald Trump y compañía, con su cinismo y desprecio de clase (CLASISMO) ‒ expresión de la lucha de clases que libran desde arriba los poderosos del mundo contra los trabajadores, los desvalidos, los migrantes pobres‒ evidencian la importancia de la conciencia y solidaridad de clase por parte de los capitalistas de allá y acullá, algo que deberían aprender los miembros de las desorganizadas clases subalternas, tanto en el corazón del imperio como en nuestro heterogéneo mundo periférico y dejar a un lado tanta ideología woke, que despolitiza e inmoviliza en la lucha contra el capitalismo realmente existente.
Publicado en papel en El Colectivo (Medellín), No. 108, junio de 2025.
“En cuanto termine la guerra [Primera Guerra Mundial] podremos someterlos a nuestro modo de pensar, entre otras cosas porque estarán financieramente en nuestras manos”. William Wilson, presidente de EE.UU., en carta al coronel House.
Toda la historia de EE.UU. cabe en una gota de petróleo, en un dólar, en una bala, y la de su clase dirigente para hacer lo que hace, cabe en una sola mentira, la continua remisión de sus quehaceres a su designio divino como raza. No es un asunto menor, no es una casualidad, es el propósito elaborado a partir de una práctica que da como consecuencia una filosofía, un sistema de pensamiento fruto de una guerra permanente que busca “la solución final”.
En la guerra contra España, Doménico Losurdo explica cómo la
dirigencia estadounidense reclamaba la libertad y la independencia de
la isla de Cuba aduciendo que es que es “tan vecina a nuestras
fronteras”, y de paso acusaba al viejo imperio de emplear medidas
que son una “desgracia para la civilización cristiana”,
mezclando de es manera la idea de pertenencia a EEUU en una llamada
atribuyéndose la “democracia, la moral y la religión” apartando
o condenando a el viejo imperio español de todo ello por más
católico que éste se hiciese llamar. De semejante modo el imperio
naciente se daba la autorización sagrada de intervención.
El autor se detiene en McKinley cuando toma la decisión de
anexionarse Filipinas declarando que ha tenido un encargo de “Dios
Todopoderoso”, pues había rezado para que le iluminase y fue eso
lo que hizo que el designio le liberase de toda tribulación, ni
siquiera de la posibilidad de permitir que se encargase de la tarea
“a Francia o a Alemania, nuestros rivales comerciales en Oriente”,
y continua diciendo el autor del ensayo que los filipinos no podían
tampoco hacerse cargo porque eran “ineptos para el autogobierno”,
y se hundirían en la “anarquía y (el) mal gobierno” peor que lo
que hacía el imperio español:
“No nos quedaba más remedio que conservar Filipinas, educar a
los filipinos elevándolos, civilizándolos y cristianizándolos, y
-con ayuda de Dios- hacer lo mejor para ellos, como nuestros
hermanos, para los que también murió Cristo. Y entonces me fui a la
cama, me amodorré y dormí profundamente.”
Ha quedado en la historia la destrucción sembrada por el ejército
estadounidense, la matanza de la población, la hambruna y las
enfermedades causadas de manera general, el encierro de la población
en campos de concentración, “y hasta recurriendo en determinados
casos al asesinato de todos los varones mayores de diez años.”
El imperio experimenta un gusto por la guerra mezclando robo con
encargo divino, la verticalidad de las cuentas y la vara religiosa, y
con ese espíritu acomete la primera Guerra Mundial. Entrando en ella
es cuando el presidente Wilson, ese que parecía tan “demócrata”,
escribe a su coronel House sobre sus “aliados”: “En cuanto
termine la guerra podremos someterlos a nuestro modo de pensar, entre
otras cosas porque estarán financieramente en nuestras manos”. La
grandeza imperial se funda en la degradación de sus mismos aliados,
y reforzará semejante “grandeza” con el encargo celestial
elaborando la mística con la que educa a los suyos en el afán de
conquista sin dar pie a cuestionarse lo hecho mientras anulan los 5
sentidos de la población embutiendo en su ideario las palabras paz,
democracia, valores humanos, todo tan manoseado que desaparece el
significado.
A partir de aquí Losurdo presenta declaraciones de los
presidentes del imperio, todas como se verá insistiendo en la misma
elaboración fundamentalista economica-política-religiosa con la que
desentenderse de la responsabilidad que cae sobre ellos como clase y
aparato de sojuzgamiento mundial. En la Guerra fría Eisenhower, en
1953, declara: “La libertad está en lucha contra la esclavitud; la
luz contra las tinieblas”. En otra ocasión ordena a sus oyentes
que inclinen la cabeza ante “Dios todopoderoso” y como si se
dirigiese a ese su Dios dice: “Que todo se desarrolle para el bien
de nuestro amado país y para Tu gloria. Amén”.
Foster Dulles -·un puritano riguroso”, según Churchill-,
declara con orgullo: “en el Departamento de Estado nadie conoce la
Biblia mejor que yo”. (Éste es el que declaraba que a la juventud
había que introducirla en el mundo de la drogadicción, la música
sin sentido, y todas las perversiones para controlarla mejor, ese era
su “lado práctico”). Aseguraba: “Estamos convencidos de que es
necesario hacer que nuestro pensamiento y nuestras prácticas
políticas reflejen del modo más fiel posible la fe religiosa según
la cual el hombre tiene en Dios su origen y su destino”. Mientras
Dulles sostiene que los que se niegan a ponerse de su parte contra la
Unión Soviética viven bajo “pecado”, los EEUU dirigen la
cruzada como “pueblo moral” que son.
Ronald Reagan, desde 1983 será el conductor moral añadiendo que
su “pueblo” es el más fiel a Dios, haciendo de cartel para
lanzar la lucha contra “el enemigo ateo” y combatiendo” el
pecado y el mal” como manda la “Escritura” y “Nuestro Señor
Jesús”.
Clinton comenzó su mandato con las siguientes palabras: “Hoy
celebramos el misterio de la resurrección americana”, para luego
traer a colación “el pacto de nuestros padres fundadores y el
Todopoderoso”. Y añadió: “Nuestra misión es intemporal”.
Terminó declarando: “Desde esta cumbre de la celebración
escuchamos una llamada de auxilio en el valle. Hemos oído las
trompetas, hemos realizado el cambio de guardia. Y ahora, cada uno a
su modo y con la ayuda de Dios, debemos responder a la llamada.
Gracias y que Dios os bendiga a todos”. Cuando fue reelegido dio
“gracias a Dios por haberle hecho nacer americano”.
George W.Bush hizo su campaña electoral con el dogma: “Nuestra
nación ha sido elegida por Dios y tiene la misión histórica de ser
un modelo para el mundo”.
Todo indica que los imperialistas toman la religión bajo sus
intereses expansionistas y exterminadores como medio para dominar a
los pueblos y hacer de ellos esclavos.
Para terminar Doménico Losurdo escribe: “Incluso la
aniquilación atómica de Hiroshima es ocasión para ensalzar al
Todopoderoso, que ha reafirmado clara y justamente su confianza en el
pueblo elegido, garantizándole en exclusiva la nueva y terrible arma
de destrucción masiva. Así es como argumenta el presidente Truman:
“Damos gracias a Dios por haberla puesto a nuestra disposición y
no en manos de nuestros enemigos, y le rogamos para que nos enseñe a
usarla según Sus disposiciones y Sus designios”. Como se ve, la
legitimación y la asistencia divina están garantizadas también
para las nuevas Hiroshima Después han figurado como presidentes
otros tantos, son figurones que cambian porque el gran capital
culebrea para agrupar fuerzas en dirección del objetivo que define a
la clase imperial. En situaciones de crisis sistémica como es la que
sufre hoy, comprobamos diariamente que su apoyo en ese mandato divino
que se atribuyen se infla junto a su mal estado, y busca la Tercera
Guerra Mundial, ¿nuclear?, con “aspiraciones de conquista y
designio celestial”, en el Norte, en el Sur, en el Este y en el
Oeste.
En la actualidad tenemos como emprendedor mercenario de la tarea imperial, con los mismos presupuestos de exterminio, de genocidio, de “Solución final”, bajo el manto bíblico y toda la fraseología “democrática y celestial”, al ente colonial que cuida y arma EE.UU. El último escándalo “civilizatorio divino” fue hace dos días en la ONU votando contra un acuerdo de paz en Gaza.
Toda la historia de EE.UU. cabe en una gota de petróleo, en un dólar, en una bala, y la de su clase dirigente para hacer lo que hace, cabe en una sola mentira, la continua remisión de sus quehaceres a su designio divino como raza.
Ramón
Pedregal Casanova es
autor de los libros: Gaza 51 días; Palestina. Crónicas de vida y
Resistencia; Dietario de Crisis; Belver Yin en la perspectiva de
género y Jesús Ferrero; y, Siete Novelas de la Memoria Histórica.
Posfacios. Colaborador
del canal Antiimperialistas.com, de la Red en Defensa de la
Humanidad.
Como instrumento de las élites estadounidenses y expresión de las ideas más nefastas del supremacismo yanqui, el programa político que encabeza Donald Trump busca recuperar el cercenado poderío imperial de Estados Unidos. Su estrategia: combinar la guerra total a escala global contra los países enemigos, exacerbar la sumisión de países y entes político económicos ya subordinados y construir y eliminar a un enemigo interno en lo nacional.
A
través de identificar a los inmigrantes como el enemigo interno, Trump
construye el relato de que esa población– en especial la latina,
asiática y africana– es la causa de todos los problemas del país. Las
redadas contra migrantes se iniciaron bajo el argumento que sólo se
deportarían a personas con una situación migratoria irregular que
hubieran cometido algún delito. Pronto esto se demostró falso. Las
deportaciones al centro de detención en El Salvador y a otros países
incluyeron incluso a ciudadanos estadunidenses y a personas sin siquiera
una multa de tránsito. Entre los criterios para identificarlos como
delincuentes, además de aplicar el criterio racial, era que ellos tenían
tatuajes (¡uno de cada tres estadunidenses tiene tatuajes!).
Desde
el fin de semana pasado, la política antimigrante de Trump topó con la
realidad: una rebelión espontánea de latinos –principalmente mexicanos–
en la ciudad de Los Ángeles. Las redadas del Servicio de Inmigración y
Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) fueron directamente a centros de
trabajo en busca de personas “indocumentadas”. Eso detonó la ira
popular. Cientos de personas las enfrentaron, impidiendo sus labores.
Los combates se extendieron contra policías, personal de la FBI, de la
DEA y de la oficina de seguridad del suelo patrio. Fue entonces que
Trump envío a 2 mil tropas de la Guardia Nacional y 500 marines para
sofocar la rebelión y, hasta ahora nada han podido hacer.
La
Guardia Nacional es la reserva militar de Estados Unidos. Ese cuerpo
represivo y de ocupación, fundado en 1663, antes de que Estados Unidos
existiera como país independiente, fue enviado sin la anuencia del
gobernador de California (algo que no ocurría desde hace 60 años). Su
presencia en las calles, atacando a la población, pone en evidencia una
guerra civil en curso, que había permanecido soterrada. Los inmigrantes,
como enemigo interno, son el objetivo de la guerra interna.
El
estado de California representa por sí solo la quinta economía más
grande del mundo y Los Ángeles la ciudad más desigual de Estados Unidos.
Un tercio de sus residentes viven en la línea de la pobreza. Mientras
el precio por metro cuadrado de tierra está entre los 10 más caros del
mundo, 80 mil ciudadanos viven en las calles. Es una de las ciudades en
que el proceso de desindustrialización de fines del siglo XX avanzó de
manera ejemplar con la gentrificación de barrios, la especulación
inmobiliaria y la superexplotación de los trabajadores, sacando una
renta extraordinaria de los inmigrantes sin papeles.
En
la década de 1990, el urbanista crítico Mike Davis en Ciudad de Cuarzo
resaltó su carácter de promesa utópica y de vertedero posmoderno del sueño americano.
Alertó sobre los desastres sociales que podían venir a causa de la
estructura imperante. En 1992, ante la exoneración de cuatro policías
que habían golpeado casi hasta la muerte al taxista afro Rodney
King, estalló en esa ciudad una revuelta de enorme magnitud: 63 personas
fueron asesinadas por la policía, miles fueron detenidas y decenas de
miles de negocios fueron incendiados. Por aquel entonces, Los Ángeles
era la segunda ciudad con mayor población afro de Estados Unidos.
Hoy la revuelta migrante alerta sobre un conflicto de proporciones
inéditas: más de 40 por ciento de su población es latina.
No
todo es rebeldía. La gente también tiene miedo. El terrorismo de Estado
sigue siendo funcional. Los restaurantes mexicanos registran poca
afluencia.
Mucha gente teme ser deportada.
Algunas personas han dejado de salir de sus hogares. Esta guerra interna
amenaza con quebrar lazos comunitarios muy profundos.
La
rebelión rebasó a las organizaciones sociales. Los sindicatos están
paralizados y sumidos en su periodo de negociación contractual. Las
fuerzas más activas y beligerantes son las de las agrupaciones vecinales
que luchan por la vivienda, defienden a la población inmigrante y
fortalecen la vida comunitaria. Para ellas el desafío de hoy radica en
combinar el alzamiento espontáneo con estrategias de resistencia a largo
plazo. Identifican que la verdadera batalla será en los barrios y por
periodos prolongados.
Si el conflicto se
sostiene o aumenta, lo más probable es que las élites políticas
intentarán decantar las contradicciones a través de las disputas
político electorales entre demócratas y republicanos y sus ONG afines,
tratando de hacer discreta una guerra interna que, como ocurre con las
guerras externas, requieren tanto del garrote como de la zanahoria.
Esto es el fin. El último capítulo sangriento del genocidio. Pronto terminará todo. En unas semanas como mucho. Hay dos millones de personas acampadas entre los escombros o al aire libre. Docenas de ellas son asesinadas a diario por los proyectiles, los misiles, los drones, las bombas y las balas. Carecen de agua limpia, medicinas y alimento. Han alcanzado el punto de colapso. Enfermos, heridos, aterrorizados, humillados, abandonados, desahuciados, hambrientos, sin esperanza.
En las últimas páginas de esta historia de horror, Israel está provocando sádicamente a los hambrientos palestinos con promesas de comida, atrayéndolos a la estrecha y congestionada franja de tierra de catorce kilómetros que limita con Egipto. Israel y su cínicamente llamada Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por sus siglas en inglés), supuestamente financiada por el Ministerio de Defensa de Israel y el Mossad, están convirtiendo el hambre en un arma. Están atrayendo a los palestinos al sur de Gaza del mismo modo que los nazis atraían a los judíos hambrientos del gueto de Varsovia para que subieran a los trenes que los llevaban a los campos de exterminio. El objetivo no es alimentar a los palestinos. Nadie sostiene seriamente que haya suficientes alimentos o centros de ayuda. El objetivo no es otro que hacinar a los palestinos en recintos fuertemente vigilados y deportarlos.
Miembros de una empresa privada de seguridad de EE.UU., contratada por la Fundación Humanitaria de Gaza (sic) dirige a los palestinos que se juntan para recibir paquetes de ayuda en un centro de distribución del centro de la Franja de Gaza el 8 de junio de 2025, mientras tropas israelíes disparan bombas de humo (Foto: Eyad vía Getty Images).
¿Qué viene a continuación? Hace tiempo que desistí de intentar
predecir el futuro. Pero se producirá una explosión humanitaria final en el
matadero humano de Gaza. Lo vemos en las aglomeraciones de palestinos que
luchan por conseguir un paquete de alimentos, lo que ha desembocado en que mercenarios
israelíes y estadounidenses hayan matado a tiros al menos a 130 personas y
herido a más de 700 en los primeros ocho días de distribución de ayuda. Lo
vemos con Benjamin Netanyahu armando a bandas vinculadas al ISIS [Estado
Islámico de Irak y Siria] en Gaza que saquean los suministros de alimentos.
Israel, que ha eliminado a cientos de empleados la UNRWA (la Agencia de
Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo), médicos,
periodistas, funcionarios y policías en asesinatos selectivos, ha orquestado la
implosión de la sociedad civil.
Yo sospecho que Israel facilitará una abertura en la valla
que recorre la frontera con Egipto. Los desesperados palestinos saldrán en
estampida hacia el Sinaí egipcio. Puede que todo acabe de otra manera, pero
acabará pronto. Los palestinos ya no pueden soportar mucho más.
Nosotros –participantes de pleno derecho en este genocidio–
habremos logrado nuestro demencial objetivo de vaciar Gaza y expandir
el Gran Israel. Habremos bajado el telón del genocidio retransmitido en
directo. Nos habremos burlado de los omnipresentes programas universitarios de
estudios sobre el Holocausto, diseñados, según parece, no para equiparnos para
poner fin a los genocidios, sino para deificar a Israel como una víctima eterna
con licencia para llevar a cabo matanzas masivas. El mantra del nunca más es una broma. La idea de que
cuando tenemos la capacidad de detener un genocidio y no lo hacemos somos
culpables, no se aplica a nosotros. El genocidio es una política pública.
Avalado y sostenido por nuestros dos partidos gobernantes [demócratas y
republicanos].
No hay nada más que decir. Tal vez ese sea el objetivo:
dejarnos sin palabras. ¿Quién no se siente paralizado? Y tal vez ese sea
también el objetivo: paralizarnos. ¿Quién no está traumatizado? Tal vez eso
también esté planificado. Según parece, nada de lo que hagamos puede detener la
masacre. Nos sentimos indefensos. Nos sentimos impotentes. El genocidio como
espectáculo.
Yo he dejado de mirar las imágenes. Las filas de cuerpecitos
amortajados. Los hombres y mujeres decapitados. Las familias quemadas vivas en
sus tiendas. Los niños que han perdido sus extremidades o están paralíticos.
Las máscaras mortuorias blanquecinas de aquellos a quienes sacan de los
escombros. Los lamentos de dolor. Los rostros demacrados. No puedo mirar más.
Este genocidio nos perseguirá. Resonará en la historia con
la fuerza de un tsunami. Nos dividirá para siempre. No hay vuelta atrás.
¿Y cómo recordaremos? No recordando.
Una vez se haya acabado, todos aquellos que lo apoyaron,
todos aquellos que lo ignoraron, todo aquellos que no hicieron nada,
reescribirán la historia, incluyendo su historia personal. Era difícil
encontrar a alguien que admitiera ser nazi en la Alemania de posguerra, o a un
miembro del Klu Klux Klan una vez que terminó la segregación en el sur de
EE.UU. Una nación de inocentes, de víctimas
incluso. Nos encanta pensar que habríamos salvado a Anne Frank, pero la verdad
es otra. La verdad es que, paralizados por el miedo, casi todos nosotros sólo
nos salvaríamos a nosotros mismos, incluso a costa de los demás. Pero es una
verdad difícil de afrontar. Esa es la verdadera lección del Holocausto. Mejor
borrarla.
En su libro “Un día, todos habrán estado siempre contra
esto”, Omar El Akkad escribe:
“Si un avión no tripulado pulveriza un alma anónima al otro lado del planeta, ¿quién de nosotros quiere montar un escándalo? ¿Y si resulta que era un terrorista? ¿Y si la acusación resulta ser cierta y, por consiguiente, nos tachan de simpatizantes del terrorismo, nos condenan al ostracismo y nos insultan? Por lo general, las personas se sienten más motivadas por lo peor que les pueda pasar. Para algunos, lo peor que les puede pasar es que un misil acabe con su linaje. Toda su vida convertida en escombros y todo ello justificado preventivamente en nombre de la lucha contra terroristas que son terroristas por defecto, por haber sido asesinados. Para otros, lo peor que les puede pasar es que les insulten a gritos”.
(En este vínculo
pueden ver mi entrevista con el escritor egipcio-canadiense El Akkad, en inglés).
No se puede diezmar a un pueblo, efectuar bombardeos de
saturación durante 20 meses para arrasar sus hogares, sus pueblos y ciudades,
masacrar a decenas de miles de inocentes, llevar a cabo un asedio para asegurar
la muerte por inanición de miles de personas, expulsarlos de la tierra en la
que han vivido durante siglos y no esperar que se produzcan represalias. El
genocidio terminará. Comenzará la respuesta al reinado del terror de Estado. Si
creen que no ocurrirá no saben nada de la naturaleza humana ni de historia. El asesinato
de dos diplomáticos israelíes en Washington y el ataque
contra partidarios de Israel en una protesta en Boulder, Colorado, son sólo el
principio.
Chaim Engel, que participó en la sublevación del campo de
exterminio nazi de Sobibor (Polonia), describió cómo, armado con un cuchillo,
atacó a un guardia del campo.
“No es una decisión”, explicó Engel años después. “Simplemente
reaccionas, reaccionas instintivamente a eso. Simplemente pensé: `Vamos allá, podemos
lanzarnos y hacerlo´. Y lo hice. Fui con el hombre de la oficina y matamos a
ese alemán. Con cada puñalada, decía: ‘Esto es por mi padre, esto por mi madre,
por toda esta gente, por todos los judíos que mataste’”.
¿Acaso alguien espera que los palestinos actúen de otro
modo? ¿Cómo van a reaccionar cuando Europa y Estados Unidos, que se consideran
a sí mismos la vanguardia de la civilización, han apoyado un genocidio que ha
asesinado a sus padres, a sus hijos, a sus comunidades, ocupado sus tierras y
derribado sus hogares y pueblos hasta convertirlos en escombros? ¿Cómo no van a
odiar a quienes les hicieron eso?
¿Cuál es la lección que este genocidio ha impartido no solo
a los palestinos, sino a todas las personas del Sur Global?
Es inequívoco: no importáis. El derecho humanitario no es
aplicable a vosotros. No nos importa vuestro sufrimiento, el asesinato de
vuestros hijos. Sois alimañas. Seres despreciables. Merecéis ser asesinados,
morir de hambre y ser desahuciados. Deberíais ser borrados de la faz de la
tierra.
“Para preservar los valores del mundo civilizado, es
necesario incendiar una biblioteca”, escribe El Akkad:
“Volar una mezquita. Incinerar olivos. Vestirse con la lencería de las mujeres que huyeron y luego hacerse fotos. Arrasar universidades. Saquear joyas, obras de arte, alimentos, bancos. Detener a niños por coger verduras. Disparar a niños por tirar piedras. Hacer desfilar a los hombres capturados en ropa interior. Romperle los dientes a un hombre y meterle una escobilla de váter en la boca. Echar perros de combate a un hombre con síndrome de Down y dejarlo morir. De lo contrario, el mundo incivilizado podría ganar.
Hay personas a las que conozco desde hace años a las que no
volveré a hablar. Ellas saben lo que está pasando; ¿quién no? No correrán el
riesgo de enemistarse con sus colegas, ser difamados como antisemitas, poner en
peligro su estatus, sufrir una reprimenda o perder su empleo. No se arriesgan a
morir, como hacen los palestinos. Se arriesgan a que se empañen los patéticos
monumentos de estatus y riqueza que se han pasado la vida construyendo. Ídolos.
Se inclinan ante estos ídolos. Adoran a esos ídolos. Están esclavizados por
ellos.
A los pies de esos ídolos yacen decenas de miles de
palestinos asesinados.
El presente artículo
puede reproducirse libremente a condición de que se respete su integridad y se
nombre a su autor, a su traductor y a Rebelión como fuente del mismo.
Se
acaba de cumplir lo que no pocos analistas políticos auguraron: el fin del
romance del presidente de EE.UU., Donald Trump, y su controvertido asesor Elon Musk,
considerado el hombre más rico del mundo.
Luego
de varios meses de amoríos intensos entre los dos multimillonarios, la bronca
estalló entre ambos la pasada semana, y de que manera.
Musk
anunció su abandono de la Casa Blanca y pocas horas después arremetió con
severas críticas y ofensas contra el gobernante de Washington.
Por
su parte, Trump, ni corto ni perezoso, respondió a su “expareja” acusándole de
consumir drogas, y por esa razón su comportamiento.
En
pocos días ya se han dicho de todo, hasta del mal que van a morir, y es de
esperar que el enfrentamiento se caliente aun más, a juicio de los analistas.
Detrás
de las divergencias, y también delante, están el dinero y la sed de supremacía
de dos maniáticos que ansían el trono de un imperio que transita hacia su fin,
como le ocurrió al romano en su tiempo por las luchas de poder.
Los
mismos expertos alertan que la batalla campal entre los referidos
multimillonarios corre el peligro de terminar en una grave crisis política sin
precedentes en EE.UU.
Vaticinan,
de otro lado, que las ambiciones entre los integrantes de la Casa Blanca pueden
dar al traste con el segundo gobierno de Trump.
Concuerdan
además en que, igual a Musk, el secretario de estado, Marco Rubio, termine por
salirse o sea expulsado del gabinete estadounidense por el actual mandatario.
Las
mismas fuentes subrayan que Rubio es otro arribista, y recuerdan que compitió
con su ahora jefe por la candidatura a la presidencia por el partido
Republicano.
Aunque
se den caricias hoy, como antes Musk y Trump, el responsable de la diplomacia
de EE.UU. tiene conocidas aspiraciones de convertirse en inquilino de la Casa
Blanca.
La
confrontación entre ese trio solo ha comenzado, y parafraseando contrariamente
a lo que reza un viejo refrán popular, puede que la sangre sí llegue hasta el
rio.
Tras la visita de Donald Trump a los Estados árabes del Golfo, hubo muchos comentarios sobre un cambio radical que el recién estrenado presidente de EE.UU. supuestamente introdujo en la política exterior estadounidense, en particular hacia la región árabe. Los comentarios se basaban en las declaraciones de Trump durante la visita, en particular sus elogios a lo que describió como los notables éxitos de los regímenes exportadores de petróleo y gas del Golfo, y su insinuación de que la principal fuente de su riqueza es su habilidad para gestionar los asuntos. Acompañó sus elogios con su repetida afirmación de que había puesto en marcha un cambio radical en la política exterior de Washington, de modo que Estados Unidos ya no da lecciones de democracia a otros Estados, ni intenta reconstruir algunos de ellos sobre bases democráticas, en referencia a los fracasos estadounidenses en Irak y Afganistán.
En realidad, el único periodo de la
historia moderna en el que se produjo un cambio real, aunque limitado,
en la política árabe de Washington fue durante el primer mandato de
George W. Bush (2001-2005) y la primera mitad de su segundo mandato
(2005-2009). La arrogancia de Estados Unidos en el apogeo de la
hegemonía mundial unipolar que experimentó en la última década del siglo
pasado, tras el colapso del sistema soviético, dio lugar a la llegada
de los neoconservadores al poder en la nueva administración. Los neoconservadores promovieron una ingenua política idealista
que fantaseaba con una réplica del papel que Estados Unidos desempeñó
en la reconstrucción de Europa Occidental y Japón sobre bases
supuestamente democráticas, pero esta vez en la región árabe. De hecho,
la ideología neoconservadora proporcionó a la administración Bush un
pretexto para su ocupación continuada de Iraq, pretexto que adquirió
mayor importancia cuando el pretexto principal original (la mentira de
que Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva) se vino abajo.
Washington se embarcó entonces en un intento de construir un sistema democrático
en Iraq que se ajustara a sus intereses, tratando de imponerlo al
pueblo iraquí a través de legisladores de su propia elección, hasta que
el movimiento popular convocado por la autoridad religiosa chií le
obligó a aceptar una asamblea constituyente elegida en lugar de una
designada por el ocupante. En ese momento, en un esfuerzo por afirmar la
sinceridad de sus intenciones, la administración Bush, especialmente a
través de Condoleezza Rice tras su ascenso de Consejera de Seguridad
Nacional a Secretaria de Estado, declaró que la época en la que se daba
prioridad a la estabilidad autoritaria frente a las exigencias de la
democracia había terminado, y que había llegado el momento de invertir
la ecuación. Esta afirmación fue acompañada de presiones sobre el reino
saudí, Kuwait y Egipto para que aplicaran reformas limitadas. En Egipto
se desvaneció rápidamente cuando Hosni Mubarak, en la segunda vuelta de
las elecciones parlamentarias de 2005, cerró la limitada ventana
democrática que había abierto en la primera ronda, sabiendo que los
Hermanos Musulmanes serían los principales beneficiarios. Los resultados
de la primera vuelta fueron suficientes para respaldar su argumento
ante Washington, que posteriormente dejó de ejercer presión sobre él.
Toda la perspectiva idealista
de los neoconservadores se vino abajo con el estallido de la guerra
civil iraquí en 2006. La administración Bush se deshizo de los
neoconservadores más destacados en la segunda mitad del segundo mandato
del presidente (2007-2008). Volvió al rumbo que Estados Unidos había
seguido a escala mundial desde el comienzo de la Guerra Fría. En el
Norte Global, este curso dirigía un discurso ideológico democrático casi
exclusivamente a la esfera soviética (Washington acogió al régimen
cuasi-fascista portugués entre los miembros fundadores de la OTAN en
1949, y el golpe de Estado en Grecia en 1967 no impidió que este país
siguiera siendo miembro de la alianza durante todo el gobierno militar
que terminó en 1974).
En el Sur Global, el rumbo realista
constituyó la norma. De hecho, Washington desempeñó un papel clave en
el derrocamiento por la fuerza de varios regímenes democráticos
progresistas y su sustitución por dictaduras de derechas (quizá el más
famoso de estos numerosos casos sea el golpe militar de 1973 contra
Salvador Allende en Chile). Tanto Barack Obama como Joe Biden han
seguido el mismo rumbo hipócrita, independientemente de sus
pretensiones. De hecho, la hipocresía alcanzó su punto máximo con Biden,
quien tanto en 2021 como en 2023 convocó una «Cumbre por la Democracia»
que incluía a figuras prominentes de la galaxia neofascista, como el
brasileño Bolsonaro, el filipino Duterte y el indio Modi, por no
mencionar, por supuesto, al israelí Netanyahu.
En la región árabe, las pretensiones
democráticas de Washington desde la época de la Guerra Fría no le
impidieron patrocinar el establecimiento de un régimen impregnado de
extremismo religioso en el reino saudí mientras explotaba su riqueza
petrolera. Más bien, presionó para que se endureciera o se volviera a
endurecer ante la «Revolución Islámica» de Irán en 1979. Así lo señaló
el príncipe heredero Mohammed bin Salman en una famosa entrevista tras
asumir el cargo, en respuesta a una pregunta sobre el extremismo
religioso en el reino, que se había propuesto desmantelar. El pretexto
utilizado por Estados Unidos y otros países occidentales con intereses
en la región árabe para justificar su silencio sobre el despotismo fue
el «respeto a las culturas locales». Es el mismo pretexto utilizado por
Donald Trump para justificar su priorización de los intereses
estadounidenses y de sus intereses personales y familiares por encima de
cualquier otra consideración.
Si Trump ha introducido algún cambio
en el rumbo de la política exterior estadounidense, es en el abandono
del discurso democrático que esta política había practicado en
combinación hipócrita con un realismo que priorizaba los valores materialistas sobre cualquier otro valor. Trump ha abandonado así una de las herramientas de poder blando
que Estados Unidos imaginaba poseer sobre el mundo entero hasta su
llegada a la Casa Blanca. Sin embargo, el rumbo neofascista que
Washington ha adoptado durante el segundo mandato de Trump no es menos
hipócrita que antes. El vicepresidente J.D. Vance sermoneó a los
gobiernos liberales europeos sobre la «democracia» en defensa de las
fuerzas neofascistas en sus propios países, y hemos visto al propio
Trump apresurarse a ofrecer asilo a un puñado de granjeros blancos
sudafricanos con el pretexto de que estaban siendo sometidos a un
genocidio, producto de la imaginación de sus compañeros supremacistas
blancos, mientras incitaba a un genocidio real, ciertamente terrible, en
Gaza. La moraleja de todo esto es que la hipocresía ha sido la
constante más destacada de la política exterior de Washington durante
décadas y hasta el día de hoy.
Gilbert Achcar es un académico y escritor socialista libanés.
Cuando pensamos en la economía, la mayoría de nosotros sentimos una «bola de confusión»; esto no es solo una gran canción de la época de R & B (Ritmo y Blues). La frase significa que están sucediendo cosas alrededor que no dejan de confundirnos y por lo tanto, de desestabilizarnos. Porque al estar confundidos, no es posible moverse. Psicológicamente es ser como un venado inmovilizado por los faros.
Pensemos en la economía de hoy. Estamos entrando en la «era de las tarifas», casi sin precedente en la historia moderna estadounidense. Según los tipos del Fondo Monetario Internacional –especialistas en obtener y guardar dinero que hablan de la acumulación capitalista– la caída en la actividad económica en Estados Unidos se está acercando a tasas comparables a las de 1932. Cuando escuché estas palabras, un escalofrío me recorrió los huesos, porque 1932 marcó la Era de la Gran Depresión.
Escucharán en cada canal, con la posible excepción de Fox o Newsmax, a un economista diciendo que nos estamos acercando a una recesión. Una recesión significa dos trimestres de actividad económica a la baja, o sea, varios meses, seis meses o más.
Nadie se atreve a usar “la palabra con d”, y no me refiero a la democracia. “La palabra con d” es depresión, una de las palabras más temidas en el idioma inglés, pero el FMI acaba de hablar de esto. Sus voceros no simplemente sacaron cualquier número al decir 1932. Hablaron en lenguaje económico para decirles a otros economistas, historiadores y analistas que la economía se está acercando a una depresión. Y esta noticia debería preocupar a todos los que vivimos en este país.
Es cierto que la gran mayoría de la
actividad económica en Estados Unidos es generada por los consumidores.
Esto significa que cuando la gente sale a comprar, se convierte en el
motor de la economía estadounidense. Y por eso la economía
estadounidense es tan robusta. Pero si eso es cierto, lo contrario
también lo es. Cuando haya una falta de ese tipo de actividad económica,
entonces la recesión y, sí, la depresión, están en el futuro.
No es nada que celebrar, sino algo en lo que pensar y considerar muy seriamente.
¿En esta nueva etapa, la (supuesta) democracia seguirá siendo factible? ¿Qué significa que los acompañantes de Trump digan que su libertad es incompatible con la democracia?
Entrevista con Naomi Klein :: "Ya se trate de las armas nucleares, ya sea la crisis climática o el genocidio en Palestina, estamos en un momento de peligro sin precedentes"
Como cada atardecer en Colonia del Sacramento, estaba sentado bajo los olivos de los abuelos, descansando de una larga jornada en la recogida de tomates en la granja, con mi por entonces amada Historia Universal del Arte de José Ráfols en las rodillas. Alguien (creo que uno de mis tíos, pero no pude ver su rostro) se acercó y me dijo que no estaba sabiendo explicar el problema porque no me estaba haciendo la pregunta correcta.
Me desperté inquieto y pensando en el mismo problema que me había agotado el día anterior. Supe a qué se refería aquel tío desconocido, tal vez el tío muerto en un misterioso accidente hace cuarenta años. En principio era un problema irrelevante: el mismo circo global producido en una casa de gobierno de un poderoso país. Pero la pregunta ausente iba acompañada de una respuesta trágica.
Intentaré explicarme.
La pregunta ausente
Las discusiones sobre las políticas del gobierno de Trump giran en torno a las posibles consecuencias de sus medidas arancelarias que han revuelto medio mundo: las bolsas de valores, la inflación, la reindustrialización, “una prosperidad nunca vista antes”. Todas parten de los decretos y declaraciones de intención del presidente.
Hay algo que está ausente en los medios dominantes en los análisis académicos, y no son las consecuencias ni las intenciones declaradas, sino el origen de todo. No es un origen histórico, sino su opuesto. Es un origen teleológico, un origen y una causa que está (de forma precaria) en el futuro.
Al proceder de esta forma, no sólo encontraremos consistencia de la orgía de aranceles con otras políticas del mismo gobierno, como la guerra contra la inmigración y las universidades, sino también una conclusión dramática.
Antes, resumiré las (significativas) contradicciones de estas políticas y narrativas.
Tarifas
Estados Unidos tiene déficit comercial y un endeudamiento real, aunque no tan grave como Japón. Los genios de los negocios siempre han basado su éxito, a punta de cañón, en la irresponsabilidad propia y las obligaciones ajenas. Es algo muy viejo, pero, como toda crisis, es usada como cortina de humo para el ajuste de los de abajo.
En teoría, los aranceles tendrían el objetivo de equilibrar la balanza financiera, pero las medidas reales revelan algo difícil de etiquetar como ignorancia. Como bien saben los economistas, todos tenemos déficit con nuestro supermercado y superávit con nuestro empleador. Sin embargo, la idea anunciada en abril de 2025 (“El día de la liberación”) consistió en una tabla rasa de aranceles a prácticamente todo el mundo.
En 1890 McKinley produjo la mayor recesión del siglo con una política arancelaria. En 1930, el presidente Hoover agravó la crisis con más políticas arancelarias, produciendo la gran Depresión de los años treinta que obligó al país a socializarse para salir de la catástrofe. Un factor central de esa crisis anunciada por Marx e iniciada en 1929 con el hundimiento de Wall Street, se debió a la sobreproducción de productos industriales que no se podían vender porque los obreros no tenían capacidad de compra.
Ahora, traigamos estas lecciones históricas al presente e imaginemos que se produce un milagro y Estados Unidos se reindustrializa con salarios que nadie aceptaría hoy. ¿A quién le vamos a vender los productos industriales que nuestra clase media no podrá comprar y tampoco el 96 por ciento del mundo debido a las barreras arancelarias?
Ahorro
El Objetivo Real necesita esa clase obrera, servil e incondicional, en situación de necesidad perpetua. Para eso se debe radicalizar su pérdida de derechos políticos (como la libertad de expresión) y sus beneficios sociales, creados por Roosevelt en los 30s y Johnson en los 60s, luego reducidos por la ola neoliberal y libertaria a partir de la Era Reagan-Thatcher, como la educación pública y los programas de salud estatales, como el Medicare y el Medicaid.
¿Qué mejor, para una población sufriente y embrutecida con la propaganda políticoreligiosa que más circo? La motosierra de Elon Musk es uno de los artilugios de bufón que para nada inventó el presidente argentino Javier Milei; ya lo había usado en los 90s otro neoliberal en Uruguay, el presidente Lacalle Herrera. Esta motosierra (DOGE) ya ha destrozado cientos de miles de puestos de trabajo sin alcanzar sus objetivos. Por el contrario, su maquinaria destructora ahorró 150 mil millones de dólares y, por su propia burocracia, produjo un gasto muerto de 130 mil millones, además de erosionar la producción y el consumo.
No hay que olvidar que, aparte del fanatismo anglosajón escondido detrás de excusas patrióticas, estas políticas están escritas por un gobierno de los ricos, por los ricos y para los ricos. El uno por ciento de la población estadounidense posee 50 billones de dólares, es decir, el doble del PIB de Estados Unidos.
Pero hay que ahorrar quitándole la asistencia médica a los jubilados pobres. Ellos no son productivos ni lucharán ninguna guerra.
Inmigración
Las políticas de deportación indiscriminada y las declaraciones racistas de Trump, son un agregado personal y cultural de este país. Son parte del circo y de la clásica incitación fascista, pero también coinciden con el Objetivo Real. Se podría legalizar a esos millones de trabajadores (y consumidores) altamente necesarios y productivos, como hizo Ronald Reagan en 1986, pero, para el Objetivo Real, no se confía en la sumisión incondicional de extranjeros no caucásicos. (Recordemos que más allá de los billones de dólares invertidos por las superpotencias en análisis de Inteligencia, todo se reduce a la escasa inteligencia de un pequeño grupo de psicópatas con un coeficiente intelectual más bien mediocre. Alguien con conexiones un poco más arriba me ha dicho que me odian por esta “arrogancia” y, honestamente, me importa un carajo.)
El propósito declarado no es que son negros y mestizos, sino la reducción de la criminalidad, al tiempo que se crean empleos en el sector manufacturero para los ciudadanos. Un contrasentido por donde se lo mire. Actualmente, en el sector industrial existe medio millón de puestos eternamente vacantes, y ese número va en aumento. Como no se puede decir que los hispanos son improductivos, se los acusa de asesinos y violadores, a pesar de que la tasa de criminalidad en este grupo es, por lejos, inferior a la de los nacionales.
La excusa tradicional siempre fue “No estamos contra la inmigración, sino contra la inmigración ilegal” (ver “El racismo no necesita racistas”). Ahora, como estos argumentos racistas y xenófobos no son suficientes para el Objetivo Real, se continúa por criminalizar a los inmigrantes legales: profesores y estudiantes extranjeros, todos legales, usando dos excusas anticonstitucionales: (1) expulsar, desmoralizar, desacreditar o silenciar a los críticos de Israel acusándolos de antisemitas; (2) los chinos son comunistas por nacimiento y, por lo tanto, son un peligro para Estados Unidos. ¿Y los Nazis? Bueno, bienvenidos, como siempre.
Universidades
Es el mismo problema de la base laboral, pero en la cúspide de la pirámide: cualquier reindustrialización, aparte de difícil por los salarios nacionales, será doblemente imposible por las mismas medidas tomadas: para una reindustrialización se necesitan universidades, ciencia, tecnología. Pero, para el Objetivo Real, en palabras del vicepresidente Vance, “Los profesores son el enemigo” y para el Proyecto 2025, “Las universidades son el enemigo”. Cuando Eugene Debs y otros estadounidenses antimperialistas comenzaron a dar discursos contra el ingreso a la Primera Guerra Mundial, fueron encarcelados por cometer el “delito de opinión”. Ahora, un siglo después, como lo expliqué en P = d.t, cuando el poder tiembla, la tolerancia a la diversidad-disidencia-democracia disminuye de forma proporcional.
A pesar de que la retórica se centra en “solo los estadounidenses importan”, los mismos estudiantes estadounidenses no quieren ir a universidades sin estudiantes internacionales. ¿Por qué? Por la ahora peligrosa diversidad. Porque no son estúpidos. Los estudiantes saben que en la diversidad de experiencias y perspectivas radica el progreso científico y académico en todas las áreas. Por otra parte, también saben que si quieren hacer una carrera más allá de la mera sobrevivencia animal deben relacionarse con gente de todas partes del mundo, aunque ni siquiera se tomen la molestia de viajar a otro país.
Hace unos años estuve en el MIT invitado por Noam Chomsky para una conversación y, recorriendo sus edificios, encontré una abrumadora mayoría de estudiantes y profesores hablando una diversidad de idiomas o hablando inglés con acento extranjero. Lo mismo Harvard y casi cualquier otra universidad que se precie de algo. Desde hace muchas décadas, la mayoría de las patentes en Estados Unidos es creada por extranjeros. Pues, justo esa ventaja que sobrevive en este país es la que los propulsores del Proyecto 2025 y de el Objetivo Real quieren destruir.
El Objetivo Real
La obsesión de Trump de una imposible reindustrialización con obreros con salarios de los 60, esconde un problema global y una advertencia oscura: la idea es hacer a Estados Unidos autosuficiente en previsión de una guerra global.
¿Por qué deberíamos llegar a este extremo? Por la explicación que hemos desarrollado por años: porque, diferente a otras culturas y continentes, Noroccidente sólo se desarrolló por la brutalidad imperial y la fuerza de eliminar la prosperidad ajena con el discurso contrario. En particular, el mundo protestante y anglosajón no puede ver a nada ni a nadie sin clasificarlo como ángel o demonio. Obviamente, los demonios (los salvajes, los terroristas) son siempre los otros, y es urgente eliminarlos antes de que se les ocurra la misma idea a ellos.
Este Objetivo Real (seguro que en este momento está sobre una mesa de roble y caoba con un nombre más poético) está previendo y promoviendo la Tercera Guerra Mundial en base a datos concretos recogidos de los actuales campos de batalla. Sería abusar de la inocencia de los pueblos si descartamos esta hipótesis que, entiendo, es el mayor problema desde el año 850.000 AC, cuando solo sobrevivieron 1200 humanos en todo el planeta por una razón que los científicos todavía intentan aclarar.
La Segunda Guerra mundial no solo desarrolló la industria en Estados Unidos, sino que fue el factor que extendió la hegemonía anglosajona ante la decadencia del Reino Unido. La posguerra (la Guerra fría) demostró la eficacia del imperio Noroccidental (la OTAN) basado en la agresión y el acoso, no en la negociación o la convivencia.
Estos son dos de los principales escenarios de estudio, ahora en las mesas de roble y caoba:
I
Rusia es el ejemplo más temido y más deseado. Las notas y discusiones sobre Rusia deben ser selváticas en este momento, ya que son una prueba sorpresiva e irrefutable de un país mediano que logró atravesar un largo conflicto bélico, bajo el bloqueo y acoso unánime de la OTAN, sin destruir su economía sino todo lo contrario. La clave no ha sido solo su poderío tecnológico, que no es superior al de Estados Unidos, sino su autosuficiencia industrial y agrícola.
Karoline Leavitt, la vocera de la Casa Blanca declaró: “Necesitamos más plomeros y menos graduados en estudios culturales”. Estas ideas repetidas no sólo apelan al manual fascista creando falsas dicotomías para mantener a los de abajo en un permanente conflicto, sino que tienen un propósito doble: Si un plomero no escucha las criticas al sistema que lo mantiene en estado de necesidad, no sólo continuará en estado de obediencia sino que culpará a los críticos de su situación y (2) para el Objetivo Real, los esclavos funcionales serán cruciales, ya que no habría cárceles para tantos críticos saboteadores como Eugene Debs.
II
Gaza es el otro laboratorio donde esta mentalidad anglo-sionista, psicópata a extremos impensables, estudia cómo reacciona la población mundial ante repetidas matanzas surreales y cómo se controlan la indignación, las protestas y la opinión pública.
Sobre este tema, enorme, hemos escrito libros. No tengo espacio aquí para volver sobre los detalles, pero creo que la explicación sobre esta oscuridad ha sido bastante clara.
El escritor Ross Barkan publicó en 2021 el libro The Prince, en el que relata las aventuras de Andrew Cuomo, discutido primogénito de Mario Cuomo, ex gobernador del Estado de Nueva York, perteneciente a una de las clásicas dinastías familiares que se mueven en torno y dentro del Partido Demócrata.
Andrew Cuomo, como su padre, también ocupó el cargo de gobernador de Nueva York, desde 2010 hasta agosto de 2021, cuando tuvo que dimitir por las múltiples acusaciones de molestias sexuales, que son solo un eslabón de la cadena de ilícitos que jalonan su carrera. Lo que diferencia esta acusación de las otras es el enfoque periodístico de los grandes medios, en este caso con seriedad y claridad.
La parábola de Cuomo es importante para entender los sectores burgueses y ricos que componen el ala conservadora del Partido Demócrata.
Cuomo también se ha preocupado por mantener una imagen progresista mientras en realidad se entendía con los republicanos. En su primer mandato, creó bajo cuerda el Independent Democratic Conference; los ocho miembros del esta agrupación votaban siempre con los republicanos. La derrota electoral de los componentes llevó a su disolución.
En 2014, Cuomo clausuró arbitrariamente la Moreland Commission, instituida por el mismo Cuomo para investigar hechos de corrupción en el estado de Nueva York.
Pero lo peor llegó con el COVID cuando algunos parlamentarios denunciaron los millares de muertos en las casas de reposo; Cuomo, garantizando la inmunidad penal retroactiva a las corporaciones sanitarias, sus fieles financiadores, autorizó a los hospitales a retirar a los ancianos internados por COVID, aun cuando todavía eran positivos.
Cuando los inevitables fallecimientos comenzaron a llevar a Nueva York a los primeros puestos de este ranking macabro, Cuomo falsificó las cifras.
Esta colección de ilícitos no ha conseguido todavía desplazar a Cuomo del partido y su participación en las primarias.
En el mes de abril pasado se realizó un encuentro de fundraising en Nueva York, organizado por la Columbus Citizen Foundation y la Italian American Democrats, donde se pagaba el ingreso.
Obviamente, se recaudaron decenas de miles de dólares apuntando a las primarias democratas del 24 de junio para el cargo de intendente. Andrew Cuomo es el favorito en los sondeos con el 38%; su principal antagonista es Zohran Mamdani, del Democratic Socialists of America, actualmente diputado en el Parlamento del Estado; los sondeos le adjudican un 17%.
Un participante del encuentro al que se le garantizó el anonimato aceptó responder a un periodista de Jacobin USA; entre los asistentes se encontraban muchísimos hombres de negocios conservadores, se podían fotografiar con Cuomo en un cuarto especialmente preparado, hablaban directamente con él explicando ideas y proyectos, sabiendo que después el candidato los recordaría.
La atmósfera era familiar porque había muchos viejos sostenedores que habían apoyado al padre y ahora sostienen a Andrew en un clima que recuerda el film El Padrino.
Cuomo pronunció un discurso donde criticó a la izquierda que “considera reaccionaria a la comunidad italoamericana”. Sostiene que todos los grandes líderes americanos poseían esclavos, entonces existe una rabia selectiva contra los ítaloamericanos, “perseguidos porque Cristóbal Colón era italiano y los italianos son un blanco fácil”.
Esta frase desencadenó un aplauso estruendoso por parte de esta multitud rica, conservadora y predominantemente anciana.
Uno de sus blancos favoritos es Alexandria Ocasio-Cortez, a quien considera responsable de que Jeff Bezos haya renunciado a abrir en Queens un cuartel general de Amazon que habría significado 25.000 puestos de trabajo.
Con la retórica usual que acompaña los grandes proyectos edilicios (progreso, áreas saneadas, trabajo) argumentó que el proyecto había sido aprobado por el mismo Bill de Blasio; el proyecto cayó porque Ocasio-Cortez denunció que se trataba de un corporate welfare, un regalo a las corporaciones; en efecto, el proyecto comportaba exenciones fiscales gigantescas.
El estado y la ciudad de Nueva York son tradicionalmente democráticos; Cuomo, que es esencialmente un republicano, se debe mover con un código cifrado que los conservadores democráticos comprenden y aplauden, de allí los ataques al ala izquierda del Partido Demócrata, “que tiene todas las características de los socialistas porque son anti negocios, contra la riqueza y contra el desarrollo”.
Y dijo que le hará juicio a Democratic Socialists of America por apropiación ilícita del término demócrata.
La comunidad ítaloamericana es también responsable del proceso de gentrificación; es notorio el cambio del perfil de Brooklyn, que ha pasado de ser una ciudad horizontal a vertical; con sus torres, ahora compite con la vecina Manhattan. El cambio ha producido la expulsión de miles de residentes y las cuotas de casas prometidas no han sido respetadas.
Algunos de estos empresarios estaban en el evento de Cuomo, como Carlo Scissura, presidente del New York Building Congress, que representa a centenares de empresas del sector. También estaba John Viola, hijo del millonario Vincent Viola, que, además de constructor, es CEO de la National Italian American Foundation (NIAF), la organización no profit italoamericana más prestigiosa e influyente, fundada en los años ‘70.
El tour opositor
Mientras Trump y su banda operan según sus particulares impulsos destructivos, el tour Fighting Oligarchy recorre el país encabezado por sus líderes, el octogenario Bernie Sanders y Ocasio-Cortez; pertenecen al restringido grupo que en Estados Unidos practica una oposición severa y popular.
Las cuestiones que básicamente interesan a la población son sanidad, salario mínimo y aborto, argumentos que tienen un impacto significativo en la vida cotidiana.
Una de las cuestiones es cómo el Partido Demócrata podrá reconquistar el voto de los hombres, en especial de los blancos, sin abandonar las comunidades marginales.
Sanders sostiene que, si bien hay argumentos que separan a las personas, hay otros, en especial económicos, que las unen, uno especialmente: la ineficiencia de la sanidad pública.
El problema es traducir el éxito de las concentraciones masivas del tour en votos; ninguno del dúo compite en sedes electorales (los dos son parlamentarios); la organización tiene una plataforma nacional que recoge pequeñas donaciones para tener en pie la lucha. Una de las posibilidades de enrolar estas voluntades podría ser el arma del referéndum, dado que en las elecciones generales la gente común no tiene ocasiones de intervenir en el debate legislativo.
En cambio, las medidas electorales promovidas por los ciudadanos en el ámbito de cada Estado funcionan; han sido aprobadas en el 55% de los casos. En el caso de políticas igualitarias para conseguir una sociedad más equitativa, se aprobaron en el 65% de los casos; las medidas centradas en la redistribución económica han superado el 75% de los votos.
Los puntos son siempre los mismos: aumento del salario mínimo, ampliar el acceso a Medicaid, reducción del recaudo abusivo de las deudas y tasación de los ricos para financiar el servicio público.
La cosa más importante es que estas victorias se verifican tanto en Estados azules (demócratas) como en rojos (republicanos). En los Estados republicanos, las iniciativas por justicia económica han sido aprobadas en un 92%, lo cual es un gran suceso. Quiere decir que cuando los electores republicanos tienen la posibilidad de elegir políticas más justas, nueve de cada diez votan “sí”.
Los republicanos han hecho blanco de su batalla el Affordable Care Act de Obama, pero cuando los electores de ocho Estados republicanos han votado sobre la ampliación del Medicaid, la propuesta fue aprobada en siete con una media del 60%; es el único modo de ampliar el servicio en los Estados republicanos.
En el ámbito del salario mínimo, las iniciativas han tenido un éxito notable: de veintiocho votaciones estatales, veintisiete fueron aprobadas, siempre con una media del 60%. Con el costo de la vida alto y con el endeudamiento de las familias, el electorado, votando de esa manera, solamente ha hecho una cosa lógica: ha actuado en favor de sus intereses.
El aborto ha sido una causa de división del país prácticamente a la mitad; empero, cuando la cuestión apareció en 2022 en las listas electorales de diecisiete Estados, catorce eligieron la libertad reproductiva, incluyendo Estados republicanos como Arizona, Missouri y Montana.
El Partido Demócrata se comporta como si aprobar políticas dirigidas a las personas comunes fuera un esfuerzo de acrobacia política casi imposible; las iniciativas ciudadanas a veces obtienen resultados mayores que los políticos vencedores de la misma lista.
Obviamente, los grandes partidos trabajan para recortar el poder a los ciudadanos, como comenta Quentin Savwoir, director de Programas y Estrategia del Ballot Initiative Strategy Center (BISC), un think tank que opera en las campañas de iniciativa electoral progresista, y agrega “principalmente el partido republicano, pero para ser honesto, en algunos casos también el Partido Demócrata”.
Claramente, estas victorias no pueden basarse en la popularidad de un argumento; se necesitan campañas estratégicas bien organizadas. De esto se ocupa el Fairness Project, que ha conseguido 29 resultados en 32 presentaciones en la última década.
Cuentan con un pequeño equipo y su modelo es simple: concentrarse en cuestiones realizables, de gran impacto y popularidad en los Estados republicanos; Kelly Hall, dirigente del Fairness, dice: “Nos liberamos del aspecto de perfomance y nos concentramos sobre lo que es altamente eficaz”.
Un ejemplo fue la campaña por el derecho al aborto en Arizona, que recogió tantas firmas, donde la oposición antiaborto, que contaba con un presupuesto imponente, fracasó totalmente. La Propuesta 139, como se llamaba, venció con el 62% de los votos, centenares de miles de votos más que los que obtuvieron Trump y Kamala Harris en el Estado.
Sucedió algo similar con Medicaid, donde el protagonista es Josh Hawley, senador republicano de Missouri, famoso por haber sido fotografiado delante del Capitolio el 6 de enero de 2021 con brazo y puño alzado en dirección a la manifestación que negaba la victoria de Biden.
Hawley, enemigo jurado del Medicaid, realizó una inversión en U cuando su Estado, Missouri, votó por la ampliación del Medicaid en 2020. Ahora es uno de los republicanos que lo defienden de Trump.
Los triunfos de las iniciativas populares no garantizan la realización de las propuestas; algo similar sucedió en Italia con el referéndum a favor del agua pública: la propuesta ganó, pero no consigue imponerse en el mundo real por el fuerte rechazo de los poderes fácticos y algunos partidos.
En Estados Unidos, colocar una iniciativa en la boleta electoral es difícil y costoso; mientras tanto, las reglas se han complicado y se vuelven más restrictivas. Son los anticuerpos del sistema, que a través de parlamentarios y poderosos grupos de intereses atacan las iniciativas populares.
Las victorias que podrían traer alivio a los ciudadanos en dificultad son atacadas por los parlamentos del Estado y a veces por los tribunales, como sucedió con la iniciativa del 2020 en Arizona, que proponía tasar los réditos altos para financiar la instrucción pública.
Los estudiosos de la democracia desde abajo consideran que la fuerza disruptiva del tour de Sanders y Ocasio-Cortez podría ser la herramienta que conecte los esfuerzos de los Estados en un único movimiento en todo el país, que consiga consolidar esta fuerza en un programa nacional coherente.
Los Jóvenes Turcos
En 2002 apareció un network radial llamado The Young Turks (TYT); en 2005 cambió formato, entrando en YouTube. Es uno de los canales de difusión progresista más seguido en Estados Unidos.
Su creador hoy tiene 55 años; es Cenk Uygur, nacido en Turquía y crecido en Estados Unidos. Uygur tiene fama de fogoso y apasionado, y se le reconoce además su sinceridad.
Su trabajo no es solo mediático; también actúa en el mundo real. En 2016 fue cofundador de Justice Democrats para desafiar a los pesos pesados del establishment americano. En 2018, el grupo llevó a la victoria a Ocasio-Cortez al Capitolio y a Zohran Mamdani a la asamblea estatal (rival de Cuomo en Nueva York), lo que recuerda la acción de los fundadores de Podemos en España, hacer política desde el programa La Tuerka.
Cenk Uygur ha lanzado un nuevo movimiento, Populist Takeover of the Democratic Party, con el que piensa atraer también a “populistas” de derecha-centro para las elecciones de medio término de 2026.
Uygur tiene opiniones propias y claras respecto a los próceres del Partido Demócrata, admira a Bernie Sanders y ha denunciado el falso progresismo de Barack Obama: “Obama ha dañado el movimiento progresista, finge serlo y actúa subrepticiamente. En 2020 consiguió que el establishment demócrata apoyara a Biden en detrimento de Bernie Sanders, aunque nunca lo dijo públicamente porque no tiene el coraje de decir lo que piensa”.
En 2020, los sondeos daban a Sanders adelante de Trump, así como en 2016, cuando medía 12 puntos más que Hillary Clinton; en cambio, las emisoras de TV sostenían que solo Hillary podía vencer. Evidentemente, el candidato progresista fue boicoteado.
“Obama ama más a los donantes que a los electores”, dice Uygur; además, los demócratas ricos tienen terror de Sanders, de un aumento de impuestos y una regulación de los negocios.
“Obama, pero también Nancy Pelosi, después del desastroso debate con Trump, presionaron a Biden para que se retirara; querían una convención abierta porque consideraban a la Harris una candidata terrible, y en esto estoy de acuerdo con ellos”.
Las cosas se complicaron dentro del Partido Demócrata porque Biden, según Uygur, es una de las personas más egocéntricas y vengativas de la política. Por eso dio su apoyo a la candidatura de Harris solo el día de su retiro porque sabía que sería muy difícil contrastar su decisión.
Tanto Obama como Pelosi y Biden sabían que Harris era solo una word salad, capaz de hablar y hablar sin llegar a ninguna conclusión coherente; Biden lo había comprobado en más de tres años de presidencia y todo el establishment demócrata lo sabía.
Esta operación fue una montaña de mentiras hasta imponer la idea de que Harris era la candidata perfecta. Pelosi, velozmente, el día sucesivo formalizó su apoyo a la candidatura; después pasaban los días y el silencio de Obama era siempre más opresivo. Finalmente, después de cinco días, Obama se pronunció en una llamada telefónica con su esposa Michelle y dieron su respaldo a Harris.
Uygur sostiene que en el Partido Demócrata existen tres tendencias o corrientes: los corporate democrats, que hacen lo que quieren sus electores y financiadores; esta corriente sostiene un discurso progresista que en la práctica de gobierno llega al máximo al 15% de su cumplimiento, como el Obamacare o un mínimo del Green Deal en la administración Biden.
Después vienen los progresistas, donde Uygur ubica a Sanders y The Young Turks; y después vienen los “populistas”, que pueden ser de derecha, de centro o de izquierda.
Los populistas de izquierda se interesan en las cuestiones económicas y en la guerra, y son el punto de referencia principal de Populist Takeover, el movimiento que está lanzando Uygur.
Pero también existe dentro de los progresistas la corriente que puede definirse (según Uygur) far–left, que forma parte de su movimiento, donde militan muchos marxistas; es una corriente focalizada en problemas sociales y luchas culturales. El mismo Uygur se considera far-left.
En este momento histórico es imposible romper la estructura bipartidista, por la enorme cantidad de dinero que requiere; el único que lo logró fue un millonario, Ross Perot. Este debate está siempre vigente por la cuestión de la posible reformabilidad del Partido Demócrata. Uygur piensa que practicar una especie de entrismo en las primarias democratas sea más realista que la creación de un tercer partido; el antecedente es una vez más Bernie Sanders, que casi lo logró en dos ocasiones.
Pero Sanders tiene un problema, una cuestión de personalidad: es demasiado buena persona, es educado, y en los debates no mete el dedo en la llaga. “En los debates de 2020 con Joe Biden, el equipo le había preparado una lista de escándalos y mentiras para desenmascarar a Biden”. Sanders lo intentó, pero atacar de manera brutal a Biden (o cualquier otro) no pertenece a su estilo, lo que en estos tiempos hace de Sanders una persona especial.