El fabricante alemán BMW ha anunciado este 29 de julio de 2026 un programa de reducción de plantilla que afectará a miles de puestos de trabajo en sus instalaciones en Alemania. La medida, que se extenderá hasta finales de 2027, convierte a BMW en el último gran fabricante de automóviles del país en emprender un recorte masivo de empleo.
Contexto de la reestructuración
El anuncio llega en un momento de presión para la industria automovilística alemana, que ya ha visto cómo otros grandes grupos, como Volkswagen y Mercedes-Benz, han puesto en marcha planes similares en los últimos meses. BMW, que hasta ahora había resistido la tendencia, se suma así a la ola de ajustes con un programa que abarca varias de sus plantas en territorio alemán, aunque la compañía no ha detallado ni la cifra exacta de despidos ni los centros concretos afectados.
Según fuentes próximas a la compañía, la decisión responde a la necesidad de reducir costes y aumentar la competitividad en un mercado global marcado por la transición hacia el vehículo eléctrico y la creciente presión de fabricantes chinos y estadounidenses. El sector automovilístico alemán, históricamente motor de la economía del país, afronta una de sus crisis más profundas, con caídas en las ventas y márgenes cada vez más estrechos.
La noticia ha tenido un impacto inmediato en el sector en toda Europa, especialmente en España, donde la industria de componentes y fabricantes como SEAT y Ford están estrechamente vinculados a la evolución del mercado alemán. Sindicatos y asociaciones empresariales han mostrado su preocupación por el efecto dominó que los recortes puedan tener en la cadena de suministro.
Francia ha anunciado este viernes el lanzamiento oficial de la fase de diseño del sucesor del programa Future Combat Air System (FCAS), con el objetivo de disponer de un prototipo de caza de nueva generación a principios de la década de 2030. El anuncio, realizado por la Dirección General de Armamento (DGA) y las empresas Dassault Aviation y Airbus Defence and Space, marca un hito en la hoja de ruta del caza europeo.
El nuevo avión, concebido para sustituir al actual Rafale a partir de 2040, se desarrollará en paralelo a las primeras entregas del FCAS, cuyo primer vuelo está previsto para 2029. La decisión francesa responde a la necesidad de mantener la competitividad tecnológica frente a los programas estadounidenses y chinos de sexta generación, y tiene implicaciones directas para la industria española, socia del FCAS junto a Alemania.
Una hoja de ruta acelerada
Según fuentes de la DGA, el nuevo programa —denominado provisionalmente Next Generation Fighter (NGF)— se encuentra en fase de estudios conceptuales, con contratos ya firmados para definir los requisitos técnicos. El objetivo es cerrar la definición del sistema a finales de 2028 y comenzar la fabricación del demostrador tecnológico en 2029, con vistas a las primeras pruebas de vuelo entre 2030 y 2032.
Dassault Aviation, responsable del diseño aerodinámico y del fuselaje, ha confirmado que el nuevo caza integrará capacidades furtivas mejoradas, inteligencia artificial embarcada y un radar de última generación. Airbus Defence and Space se encargará de los sistemas de combate en red y de la gestión de datos, así como de la integración con drones colaboradores.
Implicaciones para la industria española
El desarrollo del sucesor del FCAS podría modificar las cargas de trabajo dentro del consorcio. España participa actualmente en el programa principal con una cuota industrial estimada en el 13%, y empresas como Indra, ITP Aero y Airbus España trabajan en los subsistemas electrónicos y de propulsión. Fuentes del Ministerio de Defensa español han señalado que el nuevo programa podría abrir oportunidades adicionales de participación, aunque no hay aún compromisos formales.
El calendario anunciado sitúa a Francia a la cabeza de la próxima generación de cazas europeos, mientras que Alemania ha mostrado en los últimos meses cautela sobre el ritmo de inversión. La decisión francesa, tomada de forma unilateral, ha generado tensión en el seno del programa FCAS, que originalmente preveía un único caza para las tres naciones.
Europa descubre los atractivos industriales de Argelia impulsada por la crisis climática y la inestabilidad en Oriente Medio. Las centrales de compra de al menos varios países europeos han comenzado a solicitar a Argelia el suministro de climatizadores para hacer frente a la ola de calor que azota el continente, donde las infraestructuras de refrigeración no están preparadas para temperaturas extremas, según informa la prensa argelina.
El artículo titulado «Canicule et crise au Moyen-Orient : l’Europe découvre les atouts industriels de l’Algérie» sostiene que «los planetas se alinean para la economía argelina». Tras el papel clave de Argelia como proveedor de gas a Europa en el contexto de los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, ahora la industria del país magrebí se perfila como un socio estratégico para cubrir las necesidades urgentes del Viejo Continente.
Una oportunidad industrial en plena ola de calor
La canicule que sufre Europa no solo dispara la demanda de electricidad y gas para climatización, sino que también expone la dependencia europea de productos de refrigeración fabricados en el extranjero. Argelia, con su base industrial y su proximidad geográfica, se presenta como una alternativa para acortar las cadenas de suministro y reducir la vulnerabilidad frente a los vaivenes geopolíticos.
La crisis en Oriente Medio, que afecta a las rutas marítimas y al comercio internacional, refuerza aún más el interés europeo por diversificar sus socios industriales. En este contexto, Argelia aparece como un polo de estabilidad y cercanía capaz de asumir pedidos urgentes de equipos de aire acondicionado y otros bienes.
El análisis argelino subraya que la convergencia de la crisis climática y la inestabilidad en la región oriental ofrece una ventana de oportunidad para la economía argelina, que ya ha demostrado su fiabilidad en el suministro energético. Las autoridades del país magrebí ven con buenos ojos esta demanda europea, que podría significar un impulso para su sector manufacturero y una mayor integración económica con el norte del Mediterráneo.
El sector de la defensa ha registrado varios anuncios de calado durante el mes de julio de 2026, con contratos multimillonarios, certificaciones operativas y primeros ensayos que afectan a Canadá, Ucrania, Reino Unido, Australia y Estados Unidos. Las novedades abarcan desde drones de combate colaborativos hasta blindados y helicópteros de ataque, con implicaciones para la industria armamentística occidental.
Primer cliente para el dron U030 Flexrotor en Canadá
Airbus Helicopters ha conseguido el primer cliente para su sistema aéreo no tripulado (UAS) U030 Flexrotor. La compañía Voyageur Aviation ha firmado un acuerdo para adquirir este sistema de aeronave táctica no tripulada, convirtiéndose en el primer operador canadiense del aparato. El contrato supone un hito comercial para Airbus en el creciente mercado de los drones militares ligeros.
General Dynamics fabricará 225 blindados 8×8 ACSV
General Dynamics Land Systems–Canada (GDLS-Canada) ha formalizado una alianza estratégica con el Gobierno de Canadá que incluye un contrato cercano a los 2.000 millones de dólares para la fabricación de 190 nuevos vehículos blindados de apoyo al combate (ACSV) para las Fuerzas Armadas canadienses y otros 35 ejemplares destinados a Ucrania. Estos vehículos 8×8 refuerzan la capacidad de apoyo logístico y protección de las tropas en el campo de batalla. El acuerdo se enmarca en el compromiso de Ottawa de modernizar su flota blindada y de sostener a Ucrania frente a la invasión rusa.
BAE, Boeing y Saab se alían para ensamblar el T-7 en el Reino Unido
BAE Systems, Boeing y Saab han firmado un acuerdo de colaboración para impulsar el desarrollo y ensamblaje del avión de entrenamiento T-7 en el Reino Unido. El pacto busca potenciar la producción local del aparato, que sustituirá a los veteranos T-6 de la RAF y podría generar puestos de trabajo en la industria británica de defensa. Las tres compañías aportarán sus capacidades en sistemas de formación, fuselaje y electrónica.
Australia certifica el Apache AH-64E como nuevo helicóptero de ataque
Australia ha certificado en su propio territorio el empleo real de todo el paquete de armas del helicóptero de ataque AH-64E Apache, consolidando al aparato como nuevo eje de la aviación de ataque del Ejército australiano. El país había recibido sus primeros ejemplares hacía apenas unos meses, y la certificación supone un hito acelerado que prepara al arma para operaciones de alta intensidad en el Indo-Pacífico. El Apache es una pieza clave en la estrategia de proyección de fuerza de Canberra.
Primer disparo AIM-120 desde un dron YFQ-44A Fury
Por primera vez, un dron del programa de Aviones de Combate Colaborativos (ACC) de Estados Unidos ha realizado el disparo de un misil aire-aire real. Fue desde el dron de combate YFQ-44A Fury de Anduril, que lanzó un misil inerte AIM-120 AMRAAM, según el comunicado de la Fuerza Aérea de los EE.UU. (USAF). La prueba marca la entrada en la siguiente fase de desarrollo del programa ACC, que busca integrar drones autónomos con cazas tripulados. El disparo, aunque sin carga explosiva, valida la capacidad de lanzamiento de misiles desde plataformas no tripuladas, un hito clave para el combate aéreo del futuro.
El grupo estadounidense Curtiss-Wright Corporation, especializado en componentes de alta tecnología para el sector aeroespacial, ha firmado un acuerdo con el Reino de Marruecos para instalarse en el país norteafricano. La decisión, anunciada este martes en el Salón Aeronáutico de Farnborough (Reino Unido), refuerza la industria aeronáutica marroquí, que compite directamente con los polos de Sevilla y Toulouse, donde España mantiene intereses estratégicos.
Un nuevo competidor en el Mediterráneo
El acuerdo se ha materializado mediante un protocolo de intenciones firmado entre ambos gobiernos. Aunque no se han revelado cifras de inversión ni plazos concretos, la instalación de Curtiss-Wright supone un salto cualitativo en la capacidad de Marruecos para atraer fabricantes de componentes aeronáuticos de primer nivel. La compañía, fundada en 1929 y con sede en Charlotte (Carolina del Norte), es proveedora de los principales fabricantes de aviones del mundo.
La apuesta marroquí por el sector aeronáutico no es nueva, pero la llegada de un grupo como Curtiss-Wright sitúa al país como un polo emergente en la cuenca mediterránea. Las autoridades marroquíes han fomentado en los últimos años la creación de una zona industrial especializada en torno a Casablanca y la ciudad de Nouaceur, donde ya operan gigantes como Boeing, Airbus o Safran.
Implicaciones para España
El movimiento de Curtiss-Wright representa un desafío directo para el clúster aeronáutico de Sevilla, donde el consorcio Alestis y otras empresas auxiliares dependen en buena medida de la demanda europea. Según fuentes del sector citadas por la prensa marroquí, la decisión de la compañía estadounidense se ha visto influida por los menores costes laborales y los incentivos fiscales ofrecidos por Rabat, así como por la cercanía a los grandes fabricantes europeos.
El acuerdo se firmó en el marco del Salón Internacional de la Aeronáutica y el Espacio de Farnborough, donde Marruecos ha tenido una presencia destacada para promocionar su oferta de inversiones. La administración marroquí ha subrayado que la llegada de Curtiss-Wright demuestra la confianza internacional en el sector aeroespacial del país, que crece a tasas de dos dígitos anuales.
Los gobiernos de Portugal e Italia han firmado este 21 de julio de 2026 un acuerdo bilateral para la adquisición de tres fragatas FREMM EVO, según ha informado el Ejecutivo portugués. La operación supone un refuerzo significativo para la Armada lusa y marca un hito en la cooperación naval entre países europeos.
Las fragatas FREMM EVO son la versión evolucionada del programa europeo de fragatas multipropósito (FREMM), desarrollado originalmente por Francia e Italia. Este modelo incorpora mejoras en sigilo, sistemas de combate y capacidad antisubmarina, lo que lo convierte en uno de los buques de superficie más avanzados del continente.
El acuerdo, de carácter intergubernamental, incluye el suministro de las tres unidades, así como el apoyo logístico y la formación de tripulaciones. Aunque no se han hecho públicas las cifras económicas del contrato, fuentes próximas a la negociación indican que el valor total podría rondar los 1.500 millones de euros, incluidos los paquetes de mantenimiento y armamento asociados.
Para Portugal, esta compra supone un salto cualitativo en su capacidad naval, al sustituir parte de su flota envejecida y alinearse con los estándares de la OTAN. La Armada portuguesa opera actualmente fragatas de la clase Vasco da Gama (MEKO 200) y Bartolomeu Dias (M-class), cuya vida operativa está llegando a su límite.
Italia, por su parte, consolida su industria naval con una nueva exportación de la serie FREMM, que ya ha sido adquirida por países como Egipto y Marruecos. La versión EVO representa la evolución más reciente y sitúa a la empresa pública Fincantieri como uno de los actores principales del mercado de fragatas europeo.
La operación ha sido calificada por fuentes del Ministerio de Defensa portugués como «un paso estratégico para la defensa nacional y la contribución a la seguridad colectiva europea». El acuerdo se firmó en Roma, en presencia de los ministros de Defensa de ambos países.
La compra portuguesa de las FREMM EVO podría tener implicaciones para otros programas navales en Europa, incluido el futuro de la Armada española, que estudia la renovación de sus fragatas F-100 e incluso ha valorado la incorporación de buques de diseño similar en el marco de la cooperación europea.
Los responsables del Programa Aéreo de Combate Global (GCAP) han asegurado este martes que la hoja de ruta del nuevo caza de sexta generación «no cambiará, aunque se incorpore un nuevo país» al consorcio. La declaración busca disipar las dudas sobre la estabilidad del proyecto, en el que participan España, Italia y Japón, y que aspira a tener el primer avión operativo a partir de 2035.
El GCAP, lanzado formalmente en diciembre de 2022, fusionó las iniciativas de combate aéreo de los tres países para desarrollar un caza furtivo de nueva generación. La posible incorporación de nuevos socios, como Arabia Saudí o algunos países europeos, ha generado incertidumbre sobre los plazos y los costes compartidos.
«El programa tiene una arquitectura y un calendario definidos —explicaron fuentes del consorcio—. La entrada de un nuevo participante no alteraría los hitos tecnológicos ni los compromisos de producción». La industria de defensa de los tres países socios, con firmas como Leonardo, BAE Systems y Mitsubishi Heavy Industries como contratistas principales, ha reiterado que el diseño modular del sistema permite absorber cambios sin retrasos críticos.
El coste del programa, estimado en varias decenas de miles de millones de euros, se reparte entre los tres gobiernos. Cada socio es responsable de áreas de trabajo específicas: Japón lidera el desarrollo del fuselaje y los sistemas de aviónica; Italia, la electrónica de combate y los sensores; y España, la integración de armamento y las estructuras del ala. La planta de ensamblaje final se ubicará en Italia.
La declaración llega en un momento clave, cuando el GCAP afronta la fase de revisión de diseño crítico y los primeros prototipos deben comenzar los ensayos en tierra a finales de 2027. La estabilidad del consorcio es vista como fundamental para competir con otros programas como el Tempest británico y el NGAD estadounidense, así como para contrarrestar los avances de China y Rusia en aviación de combate.
La empresa estadounidense de defensa y tecnología KBR ha anunciado este martes una reorganización de su división de tecnología de defensa con el objetivo de optar a contratos del programa Golden Dome, el sistema de defensa antimisiles impulsado por Washington. La compañía, uno de los mayores contratistas del Pentágono, busca posicionarse en un mercado que requerirá capacidades avanzadas de ingeniería digital, seguimiento espacial y experiencia en misiles.
Una apuesta por la defensa antimisiles
Golden Dome es un programa del Departamento de Defensa estadounidense para desarrollar un escudo antimisiles de nueva generación. Aunque todavía en fase inicial, el proyecto podría movilizar miles de millones de dólares en contratos durante la próxima década. KBR ha señalado que su reestructuración interna permitirá presentar ofertas integradas que combinen ingeniería digital, sistemas de seguimiento por satélite y conocimientos en tecnología de misiles, áreas en las que la compañía ya tiene experiencia.
La decisión de KBR refleja la creciente competencia entre los grandes contratistas de defensa por hacerse con una parte del pastel de Golden Dome. La empresa compite con gigantes como Lockheed Martin, Raytheon y Northrop Grumman, que también han comenzado a reorganizar sus divisiones para captar los futuros contratos.
El posible impacto en la industria europea de defensa es incierto, pero analistas del sector apuntan que las compañías europeas podrían buscar alianzas con firmas estadounidenses para participar en el programa, o bien desarrollar sistemas equivalentes para no depender tecnológicamente de Estados Unidos.
KBR no ha precisado el valor de los contratos a los que aspira ni el calendario previsto para las primeras adjudicaciones, pero la reorganización anunciada este martes es una señal clara de que la empresa considera Golden Dome como una prioridad estratégica.
El astillero de Navantia en Ferrol ha completado este lunes la puesta de quilla de la fragata F113, correspondiente al programa F110 de la Armada, con un adelanto de siete meses sobre el cronograma previsto. El hito supone un nuevo avance en la construcción de las fragatas que sustituirán a las de la clase Santa María, según informó la empresa pública española.
La fragata F113 es la tercera unidad de la serie de cinco buques contratados por el Ministerio de Defensa para la modernización de la flota de superficie. El programa F110, con un presupuesto superior a los 4.300 millones de euros, contempla la entrega progresiva de los buques a partir de 2028. El adelanto en la puesta de quilla refleja la eficiencia en los procesos industriales del astillero gallego, que ha aplicado lecciones aprendidas de las fragatas anteriores para optimizar los plazos.
Impacto industrial y estratégico
El programa F110 no solo refuerza la capacidad de la Armada, sino que también garantiza carga de trabajo para los astilleros de la ría de Ferrol durante la próxima década. Navantia ha introducido técnicas de construcción modular y sistemas de gestión digital que permiten reducir los tiempos de fabricación. La Armada ha destacado que el adelanto en la F113 supone un hito en la planificación del programa, que busca tener los cinco buques operativos antes de 2032.
La fragata F113, aún sin nombre asignado, incorporará el sistema de combate SCOMBA español, radares AESA y lanzadores verticales para misiles, consolidando la soberanía tecnológica nacional en defensa naval. Navantia prevé que los trabajos de ensamblaje continúen durante los próximos meses, con la botadura programada para 2028.
Las Fuerzas Armadas de Rusia han llevado a cabo ataques con misiles y drones contra centros logísticos e instalaciones del complejo militar-industrial ucraniano en Kiev y sus alrededores, así como en la región de Odesa, según informó el Ministerio de Defensa ruso este 19 de julio.
La ofensiva, que se enmarca en la campaña rusa para degradar la capacidad militar de Ucrania, alcanzó empresas relacionadas con la fabricación de los misiles Flamingo y Neptun, entre otros objetivos estratégicos. También se registraron impactos en la región de Dnipropetrovsk durante la jornada anterior.
El ministerio ruso no precisó el número de proyectiles empleados ni la magnitud de los daños, pero describió la operación como un golpe masivo contra infraestructuras logísticas y de producción armamentística. Kiev y sus alrededores fueron el epicentro de los ataques, que se produjeron durante la noche, según la misma fuente.
Ucrania no ha ofrecido por ahora un balance oficial de víctimas o daños materiales. Las autoridades ucranianas suelen limitarse a confirmar la activación de defensas antiaéreas en las zonas afectadas, sin detallar el alcance de los impactos. En las últimas semanas, Moscú ha intensificado los bombardeos sobre objetivos del complejo militar-industrial ucraniano, en un intento por limitar la capacidad de producción de armamento de Kiev.
La región de Odesa, en el mar Negro, es clave tanto por su puerto como por su infraestructura logística, mientras que Kiev sigue siendo un objetivo prioritario por su valor simbólico y político. Los ataques de este domingo suponen una escalada significativa en la guerra que ya dura más de dos años y medio.
Sam Hayward, Sophie Skevany, Francesca Cicculli y Paolo Riva contribuyeron a este reportaje, que ha sido publicado en La Marea-Climática, IRPI Media y AGtivist.
Pocas manos y casi todas nacionales. La industria cárnica española se ha convertido en una de las más importantes del mundo a través de un modelo típicamente nacional en el que unas pocas empresas de capital español controlan buena parte de la cadena. Esta investigación ha identificado las principales empresas cárnicas en España, Italia y el Reino Unido para conocer su estructura financiera y determinar de quién depende esta industria que en nuestro país produjo casi 5 millones de toneladas de cerdo y casi 2 millones de toneladas de carne de ave en 2024.
La carne es en la actualidad el cuarto sector industrial más importante en España y el mayor dentro del sector agroalimentario, con una facturación de 41.337 millones de euros en 2024, según la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España (Anice). Y aunque esta cifra se refiere únicamente a la fase de procesamiento, el modelo español se caracteriza por una estrecha interrelación entre las granjas y las empresas transformadoras a través de un sistema de integración que ha sido la clave del meteórico crecimiento del sector y que ha permitido que su facturación se haya incrementado un 70% desde 2019.
Este crecimiento ha estado impulsado en gran medida por la expansión de los grandes grupos empresariales y por el aumento de la integración vertical en el sector, según ha constatado esta investigación. Los datos recopilados muestran que las cinco mayores empresas concentraron cerca del 30% de la facturación total en 2024 (12.170 millones de euros, el 29,4%), mientras que las diez primeras alcanzaron alrededor del 42% (17.220 millones de euros, el 41,6%). En la industria láctea, la concentración es incluso mayor: 5 empresas controlan el 48% del mercado.
“Todo empezó con Franco”, explica Javier Guzmán, director de Justicia Alimentaria, una organización que defiende el derecho a una alimentación saludable en España. Tras la Guerra Civil, el país atravesaba una situación de escasez alimentaria que llevó a la dictadura franquista a buscar aliados para desarrollar una industria cárnica propia. “En la década de 1950 se firman los acuerdos con Estados Unidos para importar sus excedentes de soja y empiezan a surgir en Catalunya las primeras concentraciones de producción cárnica”, señala. Poco después tomó forma el sistema de integración que hoy en día caracteriza al sector en España, mediante el cual las grandes empresas controlan prácticamente todas las fases de la producción y establecen contratos con pequeños ganaderos que les garantizan la cría de los animales.
El modelo surgió en las fábricas de piensos y se centró sobre todo en la industria porcina que entre los años 60 y 90 se vio muy afectada por la gripe porcina africana. Los frecuentes impagos del pienso por parte de los ganaderos llevaron a los fabricantes de alimentación animal a exigir como garantía los propios animales. De este modo fue tomando forma el modelo actual, en el que las empresas integradoras son propietarias del ganado, producen el pienso, gestionan la atención veterinaria y comercializan la carne, mientras que los ganaderos suelen aportar las instalaciones y la mano de obra, recibiendo una remuneración por animal engordado o por ciclo de producción.
Según datos de COAG, la integración supone en el porcino el 75% de la producción, mientras que sólo un 10% son ganaderos independientes. El 15% restante lo controlarían las cooperativas. “En la carne no tenemos opción a no estar integrados. Solo es posible para granjas muy pequeñas y producto de proximidad”, asegura Eloy Ureña, responsable del sector avícola en UAGA-COAG, otro ámbito en el que el modelo de integración también se ha vuelto mayoritario. Ganaderos consultados aseguran que una de las mayores dificultades para los pequeños productores es el acceso a puntos clave de la cadena, como los mataderos o la distribución, controlados por los grandes conglomerados. En la industria porcina, por ejemplo, sólo siete empresas controlan el 50% de los sacrificios a nivel nacional.
El modelo se ha replicado en cierta medida en otros países europeos, especialmente en Italia, donde la integración se ha consolidado sobre todo al calor de la expansión de la industria avícola. La concentración empresarial en el país presenta niveles similares a los de España según los datos recogidos: las cinco mayores empresas controlan alrededor del 30% del mercado y las diez primeras cerca del 40%, en un contexto, igualmente, de creciente concentración del sector. El Reino Unido, por su parte, muestra un grado de concentración aún mayor, con ocho empresas que controlan entre el 70% y el 85% del mercado y una presencia más destacada de capital extranjero.
Porque otra de las características del modelo español es su escasa apertura al capital extranjero. Entre las diez mayores empresas del sector, solo dos cuentan con participación foránea, y ambas operaciones se han producido en la última década. La más relevante fue la adquisición en 2015 de Campofrío, una de las marcas cárnicas más populares de España, por parte del grupo mexicano Sigma. Cuatro años después se incorporó a este reducido grupo el conglomerado italiano Pini, que impulsó la creación de Litera Meat y la puesta en marcha del matadero de Binéfar (Huesca), considerado el mayor de Europa para el sacrificio de cerdos.
Las familias al frente de la industria cárnica
El resto de manos que controlan la industria cárnica son españolas y, además, están concentradas en unas pocas familias, según la investigación realizada. A la cabeza se sitúa Vall Companys, un grupo familiar controlado por los cuatro hermanos Vall Esquerda, que, según Forbes, poseen la sexta mayor fortuna de Catalunya.
Como muchas otras compañías del sector, Vall Companys nació en la década de 1950 como una pequeña harinera que se adentró en el negocio de los piensos y comenzó a establecer contratos de integración con ganaderos de la zona. Desde entonces, el grupo ha experimentado un fuerte crecimiento: ha duplicado su facturación en apenas cinco años entre 2019 y 2024 y actualmente controla alrededor del 10% del mercado español.
El grupo Jorge, en tercer lugar en el ranking de mayores empresas cárnicas, está controlado por la familia SamperRivas, heredera del fundador Tomás Samper Albal. En la década de 1940, Samper Rivas se convertiría en uno de los pioneros de la intermediación porcina en España, iniciando un negocio de compraventa de cerdos para venderlos posteriormente en los mercados locales. Sería su hijo, Fernando Samper Pinilla, quien expandiría el negocio, integrando la producción ganadera y, más adelante, mataderos y despiece. A finales de los años noventa entrarían en el negocio de las renovables y en 2011, el hermano mayor, Fernando Samper, fundaría Forestalia, una empresa energética que hoy está siendo investigada por presunta corrupción.
En cuarto lugar está la popular marca El Pozo, parte del Grupo Fuertes, controlado por la familia del mismo apellido. Considerada la familia más rica de Murcia, su imperio comenzó con una tienda de ultramarinos que en los años 50 empezó a elaborar también productos de matanza y que ahora tiene inversiones no sólo en la industria cárnica, sino también en el inmobiliario, en los aceites industriales e incluso un zoológico. El quinto puesto es para otro negocio familiar: el Grupo Cañigueral, controlado también por la familia del mismo nombre. Incarlopsa, la proveedora de cerdo de Mercadona, está en sexto lugar, controlada por la familia Loriente Piqueras y con la producción concentrada en Castilla-La Mancha.
Entre las 10 mayores empresas cárnicas destacan dos por contar con modelos de propiedad diferentes: Corporación Alimentaria Guissona y Coren. La primera, segunda empresa cárnica de España por volumen de negocio, tiene su origen en una cooperativa que en los años noventa se transformó en sociedad limitada, incorporando a buena parte de los cooperativistas como socios. En la actualidad, su capital está repartido entre unas 5.000 personas. Coren, por su parte, mantiene una estructura cooperativa con una actividad especialmente concentrada en Galicia.
Sin embargo, estos modelos no han impedido una fuerte concentración del poder de decisión. En Guissona, el principal accionista es Jaume Alsina, que ha estado al frente de la compañía durante casi siete décadas y cuyo hijo, Ramón Alsina, acaba de sucederle en la presidencia. En Coren, la familia Gómez-Franqueira ha mantenido el control desde la fundación de la cooperativa en los años cincuenta por Eulogio Gómez-Franqueira.
La décima empresa del ranking, Olot Meats, también presenta un modelo de propiedad diferente, ya que pertenece al fondo de inversión Korga. Sin embargo, el fondo está en manos del empresario vasco Mikel Soraluze Zelaia.
Haciéndose grandes a través de adquisiciones
El sector se está concentrando y el número de empresas no deja de reducirse. Entre 2008 y 2025 desaparecieron cerca de 1.400 empresas, el 31,7% del total, de modo que en 2025 apenas quedaban 3.016, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque algunas han cesado su actividad, muchas otras han sido absorbidas o adquiridas por grupos de mayor tamaño. Solo en los dos últimos años esta investigación ha identificado al menos 10 operaciones relevantes de compraventa empresarial, la mayoría protagonizadas por grandes compañías que han incorporado firmas más pequeñas.
La más activa ha sido Vall Companys, que desde 2025 ha participado en al menos cinco operaciones importantes. La mayor de ellas fue la adquisición en mayo de 2025 de Inga Food, una de las mayores integradoras de porcino de España, en una operación conjunta con Grupo Cañigueral e Incarlopsa. Además, en agosto de 2025, Vall Companys se hizo con agroalimentaria Chico, un grupo especializado en porcino. Ya este año, Vall Companys ha comprado un 40% del productor cerdo ibérico Julián Martín y un 20% de La Selva.
Aunque hasta ahora el sector avícola ha sido menos importante en la industria española, durante los últimos años buena parte de las operaciones se han centrado en él: está entrando más capital internacional. En abril de 2025, la propia Vall Companys amplió su capital hasta el 50,01% para tomar el control de Industria Avícola Sureña S.L. (INASUR), una integradora de carne de pollo en la que había entrado en 2020. Por su parte, Grupo Jorge compró Aragonesa de Piensos (Arpisa) en 2025, lo que supuso su entrada en el sector avícola. Además, la neerlandesa Plukon Food Group se ha convertido en el cuarto mayor productor de pollo en España al adquirir el 100% de la histórica compañía avícola Avimosa en mayo de 2026, tras haber integrado también al Grupo Avícola Hidalgo en enero de 2025.
Pero la operación más relevante fue la protagonizada por Uvesa, una de las principales productoras avícolas de España. Con un accionariado hasta entonces muy atomizado, varias compañías, entre ellas El Pozo, compitieron por hacerse con una participación de control. Finalmente, la ucraniana MHP logró adquirir el 92% del capital y tomar las riendas de la empresa.
Un futuro integrado
La creciente competitividad del sector apunta, según los expertos, a una mayor concentración de la producción. “Yo creo que se consolidará un modelo dual, con grandes explotaciones tremendamente intensivas y respaldadas por capital externo”, señala Isabel Bardají, catedrática de Economía y Política Agraria de la Universidad Politécnica de Madrid. “Y espero que siga existiendo una ganadería profesional de medianas explotaciones, no pequeñas y muy pequeñas, sino explotaciones medianas con capacidad para mantenerse en el mercado”, añade.
Para Toni Valero, portavoz de Agricultura de Sumar en el Congreso, esta evolución responde a cambios más profundos en las reglas del comercio internacional. “Los tratados de libre comercio han creado unas relaciones de poder en la cadena alimentaria en las que el agronegocio se está imponiendo y expandiendo, poniendo en riesgo un modelo de agricultura y ganadería familiar que durante décadas fue predominante”, afirma.
Las consecuencias de esta concentración no afectan únicamente a quienes producen. También tienen impacto sobre quienes consumen. “Cuando cada vez menos empresas controlan una parte mayor del mercado, los consumidores tienen menos margen de decisión porque disponen de menos alternativas reales”, explica Eduardo Montero, responsable de Alimentación de la Federación de Consumidores y Usuarios CECU. Además, la reducción del número de operadores refuerza la capacidad de las grandes compañías para influir sobre los precios, las condiciones de producción y la oferta disponible en los lineales, añade.
“Es el arquetipo de un sistema globalizado, industrializado, que no tiene nada que ver con la alimentación”, asegura Javier Guzmán. “Simplemente son grandes empresas que ganan mucho dinero, a base de unos impactos tremendos en medio ambiente, en deforestación, en explotación laboral, en desestructurar el territorio, y hacer desaparecer el tejido ganadero propio del país”. Para Guzmán, la única solución pasa por reestructurar el sector para “ordenar cuánta carne deberíamos producir”. Pero en esa reconversión, Guzmán no es optimista: “Lo que nos dice la experiencia es que acabarán quedando, todavía más, las más grandes”.
Está en la cabecera de todos los medios de comunicación. La decisión de la Administración estadounidense de retirar una parte de las tropas desplegadas en Europa –cuando escribo estas líneas está todavía pendiente el alcance de esta decisión–, empezando por una parte, todavía relativamente reducida, de las situadas en Alemania.
¡Todas las alarmas se activan ante la situación de «desprotección» en que quedaría Europa ante la retirada estratégica del «amigo americano»!
Y como cabía esperar, en esta encrucijada resuenan con más fuerza si cabe –ya disponían de altavoces muy potentes– las voces que, ante la necesidad de enfrentar un entorno geopolítico hostil y crecientemente amenazante (empezando, según este relato, por Rusia), reclaman reforzar el gasto militar europeo: dicho gasto se presenta, pues, como la piedra angular de la supervivencia y de la influencia del denominado «proyecto europeo». Quienes dan esto por descontado, por evidente, sitúan el debate en la dimensión de este gasto militar, dado que, aunque ha aumentado con intensidad en los últimos años, en este escenario, sería claramente insuficiente, y en si debe realizarlo cada gobierno o la Unión Europea; los más «europeístas» se alinean claramente por esta segunda alternativa.
En realidad, nada nuevo bajo el sol. Con el diagnóstico de que esa amenaza, la retirada estratégica de Estados Unidos, es real y creciente, los principales responsables comunitarios y la mayor parte de los gobiernos europeos (también el nuestro) ya están tomando decisiones en la dirección de reforzar el rearme. Con estos mimbres, encargados por la Comisión Europea, se han elaborado los informes Draghi y Letta; en ambos, el gasto militar debería convertirse en un engranaje clave del proyecto de reestructuración y modernización de las economías europeas. En consecuencia, no estaría sólo vinculado ni determinado por la existencia de una amenaza externa. Un planteamiento de gran calado que abre las puertas de par en par a la militarización de las economías europeas y a la justificación de la misma en nombre de más y mejor Europa.
Estamos ante un debate que, sin duda alguna, resulta crucial para el presente y el futuro de la ciudadanía europea (no sólo presenta una dimensión institucional) y que los enunciados que acabo de describir de manera sucinta lo meten en una (interesada) camisa de fuerza… que en modo alguno la gente de izquierdas podemos dar por buena.
Porque, esta es la idea fundamental que quiero trasladar en estas breves notas, ese debate no se puede abordar al margen de las necesidades sociales, productivas y medioambientales existentes, que hay que dimensionar y acometer con urgencia. Porque, reconozcámoslo, no sigamos mareando la perdiz, lejos de los discursos autocomplacientes del estilo «la economía va como un tiro», en realidad, aunque haya mejorado en algunas dimensiones, no va bien en aspectos fundamentales para las clases populares y especialmente para los colectivos situados en las condiciones más precarias: vivienda inaccesible, salarios estancados o en retroceso, indicadores de degradación climática disparados, concentración extrema de la renta y la riqueza, deuda externa imposible de abordar, oligopolización de las estructuras empresariales… y ahora, fuerte aumento de la tasa de inflación, que impactará negativamente sobre las condiciones de vida de la mayor parte de la población y que, como siempre, proporcionará un plus de beneficio a unos pocos.
Si no se cuantifican estas necesidades, si no se diseñan políticas audaces en la dirección de abordarlas y corregirlas, si no se moviliza a las clases populares, si se presupone, erróneamente, que esa agenda es compatible con la estrategia militarista que todo lo contamina (la realidad es que es claramente incompatible)… recorreremos el camino equivocado, el que favorece al complejo militar-industrial y a las corporaciones y oligarquías que se benefician del mismo; estaremos renunciando, de hecho, a la implementación de políticas comprometidas con la igualdad y la lucha contra el cambio climático, que quedarán reducidas a pura palabrería… y, tengámoslo muy en cuenta, abriremos el camino a la extrema derecha y a las derechas extremas.