Sabemos que, aunque lleves el electrónico a la playa, aún te gusta meter la nariz entre los libros para olerlos. Que, de vez en cuando, mientras scrolleas en tu smartphone, te viene a la cabeza el momento café y periódico una mañana de verano. Sabemos también que te encanta recibir regalos envueltos delicadamente, tal vez con un textito a boli, con una dedicatoria –aunque tal vez seas más de los que les gusta hacerlo–. Imagínate, piensa por un momento, lo que sería recibir un mensaje en una botella. Pues mira, La Marea te trae eso este verano y todo el año: un periodismo que puedes tocar, sentir, oler, humano, lento. Un periodismo hecho con Inteligencia Artesanal.
En esta casa concebimos nuestra profesión como un oficio hecho por personas y al servicio de las personas, no del poder político ni del económico, ni de ese otro poder tan particular que ostentan las tecnológicas. Pero dedicarse a la artesanía, ya saben, es difícil en tiempos de esa otra supuesta inteligencia, la artificial: exige buenos materiales, cuidado, mimo. Es decir, tiempo y recursos.
Ahora mismo, entre ola y ola de calor, estamos preparando dos nuevas investigaciones que están suponiendo un esfuerzo importante. Por ello, te pedimos que, si puedes, apoyes nuestro trabajo con una suscripción. Ahora puedes hacerlo desde 5 euros al mes.
ArianeGroup, contratista principal de la Agencia Espacial Europea (ESA) para el programa Themis, ha completado con éxito un ensayo general húmedo (wet dress rehearsal) del demostrador de cohete reutilizable en el Centro Espacial Esrange, en Suecia. La prueba, realizada el 23 de julio por equipos de ArianeGroup y SSC Space, supone el primer avance significativo en la campaña de ensayos del vehículo en más de diez meses.
El ensayo general húmedo consiste en la simulación completa de las operaciones previas al lanzamiento, incluyendo el llenado de propelentes y los procedimientos de cuenta atrás, sin que el cohete despegue. Este hito es fundamental para validar los sistemas de tierra y la secuencia de lanzamiento antes de realizar pruebas de vuelo reales. El demostrador Themis está diseñado para probar tecnologías de propulsión y aterrizaje vertical, un paso clave para que Europa desarrolle capacidades de lanzamiento reutilizable y reduzca su dependencia de proveedores externos, como SpaceX.
El programa Themis, promovido por la ESA con la participación de varias empresas europeas, tiene como objetivo sentar las bases de un futuro lanzador reutilizable europeo. La elección del Centro Espacial Esrange, en el norte de Suecia, responde a su baja densidad de población y a su infraestructura adecuada para este tipo de pruebas. Aunque los plazos concretos para el primer vuelo del demostrador no se han hecho públicos, este ensayo general acerca a Europa a un hito tecnológico largamente esperado en el ámbito espacial.
El éxito de este ensayo también tiene implicaciones para la industria espacial española, que participa en varios programas de la ESA. España, a través de empresas como Sener o GMV, colabora en el desarrollo de sistemas de guiado y control para vehículos reutilizables. Por tanto, los avances en Themis repercuten directamente en la competitividad del sector espacial español.
Los incendios que desde hace días azotan la Comunidad de Madrid han vuelto a poner de manifiesto la importancia de la colaboración ciudadana en la generación y difusión de mapas de información geolocalizada, una herramienta que se ha consolidado como una de las vías más eficaces para informar en tiempo real de la evolución de una catástrofe.
Desde que en la madrugada del 24 de julio se declaró la emergencia de interés nacional por los incendios forestales que afectan a la región, la Sierra Oeste se ha convertido en el foco de una de las crisis medioambientales más graves que ha vivido la Comunidad de Madrid.
El mapa que puedes consultar sobre estas líneas se apoya, como buena parte de las herramientas geolocalizadas que citamos en este artículo, en OpenStreetMap (OSM), el proyecto de cartografía colaborativa y de código abierto nacido en 2004 en el Reino Unido. A diferencia de Google Maps o Apple Maps, la cartografía de OSM no la elabora ni la posee una empresa privada, sino una comunidad de varios millones de voluntarios repartidos por todo el mundo —entre ellos miles de mapeadores activos en España— que editan a mano calles, edificios, senderos y puntos de interés, y liberan esos datos bajo una licencia abierta (ODbL) que permite a cualquiera reutilizarlos, modificarlos y redistribuirlos libremente. Es, en el fondo, otra forma de participación ciudadana, previa y menos visible que la de las redes sociales: la que construye, aportación a aportación, la infraestructura cartográfica de base sobre la que luego se montan servicios como IncendiosEspaña.es para representar, en tiempo real, dónde está ardiendo el territorio.
Como ya ocurrió durante la oleada de incendios de Galicia, Asturias y Portugal que analizamos en su día en PC, la información geolocalizada vuelve a demostrar su valor para entender de un vistazo dónde está el fuego, hacia dónde se mueve y qué zonas conviene evitar. Y, de nuevo, la participación ciudadana —esta vez menos a través de datos aportados directamente por los vecinos y más a través del uso masivo, la difusión y la exigencia de información fiable— ha sido determinante para que estas herramientas cumplan su función.
El papel de la ciudadanía: de espectadora a usuaria activa de los datos
Más allá del mapa de fondo que aporta OpenStreetMap —las calles, los municipios y las carreteras sobre las que luego se sitúan los datos del incendio—, en lo que se refiere a esos datos del incendio en sí, y a diferencia de otras emergencias en las que la información ciudadana se incorpora directamente al mapa en tiempo real (fotografías, avisos geolocalizados, reportes en el propio terreno), en el caso de los incendios de Madrid el papel de la participación ciudadana se ha concentrado sobre todo en dos frentes: la configuración de alertas personalizadas y la amplificación en redes sociales del hashtag oficial #IFSierraOeste, que la propia Comunidad de Madrid utiliza como canal centralizado para difundir cortes de carreteras, confinamientos, evacuaciones y el estado de los servicios básicos en las zonas afectadas.
Esa combinación —una fuente institucional que informa en abierto y una ciudadanía que la difunde, la consulta y la utiliza para tomar decisiones— es precisamente lo que ha dado utilidad real a los mapas interactivos que han proliferado estos días.
Los mapas que se han utilizado para seguir el incendio
IncendiosEspaña.es, el mapa que puedes consultar aquí, se ha consolidado como una de las referencias durante esta emergencia. Sobre ese mapa de fondo de OpenStreetMap, la plataforma —independiente, gratuita y no vinculada a ningún organismo oficial— sitúa los datos de los servicios de emergencias autonómicos combinados con información satelital de NASA y EUMETSAT, tal y como explicaba Xataka al detallar su funcionamiento. El sistema se actualiza cada cinco y cada quince minutos respectivamente, y cubre toda España, lo que le permite mostrar focos activos incluso en zonas donde todavía no hay confirmación oficial. La propia web dispone de una sección específica para Madrid donde puede consultarse la situación de los focos activos en la Sierra de Guadarrama y el resto de la región, además de recomendaciones básicas de seguridad —llamar al 112, no intentar apagar el fuego y alejarse en dirección contraria al viento— pensadas para quien se encuentre cerca de una zona de riesgo.
Uno de los elementos más útiles de la herramienta, y el que mejor ilustra ese papel activo de la ciudadanía, es su sistema de alertas por correo electrónico: como explicaba Xataka, cualquier usuario puede introducir su código postal y un radio de aviso (entre 10 y 50 kilómetros) para recibir un correo si se detecta un incendio dentro de esa distancia. Sus propios responsables insisten en que la plataforma no sustituye a los sistemas oficiales de emergencias, sino que actúa como una capa adicional de visualización apoyada en datos públicos.
A esta herramienta se suma la función de incendios de Google Maps, que también se ha popularizado durante esta ola de calor. Según describía El Debate, la herramienta cruza datos satelitales con los partes oficiales de las agencias de emergencia y, al activar la capa correspondiente, muestra alertas sobre cortes de carreteras o avisos de evacuación, con enlaces directos a las autoridades locales de protección civil. Pinchando sobre cada icono de incendio activo pueden consultarse la hora de la última actualización, la superficie afectada y teléfonos de asistencia, lo que la convierte en una herramienta orientada sobre todo a la planificación de rutas de evacuación seguras.
Para el seguimiento institucional, la propia Comunidad de Madrid mantiene actualizada una página oficial sobre el #IFSierraOeste, con la evolución del fuego, los municipios afectados, los cortes de carreteras y las medidas puestas en marcha: refuerzo de la red sanitaria del SUMMA 112, instalación de unidades móviles de telecomunicaciones en las zonas sin cobertura, asesoramiento jurídico gratuito en los partidos judiciales de San Lorenzo de El Escorial y Navalcarnero, y un plan urgente de vivienda dotado con 30 millones de euros para las familias damnificadas.
El valor de la participación ciudadana ante catástrofes climáticas: no es la primera vez
En Periodismo Ciudadano llevamos años documentando cómo el contenido generado por los usuarios se convierte en una pieza clave para informar, y a veces para salvar vidas, en catástrofes naturales. Ya lo vimos con los incendios gallegos, pero también con desastres de otra naturaleza en distintos puntos del planeta.
Cuando en julio de 2021 Zhengzhou, en la provincia china de Henan, sufrió en apenas 24 horas el equivalente a varios meses de lluvia —«un acontecimiento único en 1.000 años», según llegó a calificarlo la ONU—, fueron los vídeos y fotografías compartidos por los propios ciudadanos, especialmente los que mostraban a los pasajeros atrapados en el metro con el agua al cuello, los que permitieron dimensionar la magnitud real de la catástrofe antes incluso de que lo hicieran los medios tradicionales. Lo contamos entonces en «Las inundaciones de Zhengzhou, en China y el valor del periodismo ciudadano».
Algo similar ocurrió tras el terremoto que sacudió Marruecos en septiembre de 2023: como recogimos en «Vídeos ciudadanos muestran el impacto del devastador terremoto de Marruecos», las grabaciones difundidas en Twitter y TikTok por los propios afectados —desde derrumbes captados en directo hasta imágenes de la solidaridad vecinal organizando la ayuda— sirvieron tanto para tomar conciencia de la magnitud de lo ocurrido como para apoyar las labores de rescate y emergencia sobre el terreno.
El caso de los incendios de Madrid encaja en esa misma tradición, aunque con un matiz: aquí la ciudadanía no está tanto generando el contenido informativo original —como sí ocurrió con los vídeos de Zhengzhou o Marruecos— como activando, difundiendo y exigiendo que la información oficial y satelital llegue de forma clara y utilizable a quien la necesita. Es, en el fondo, la otra cara de la misma moneda: un ecosistema informativo en el que administraciones, plataformas independientes y ciudadanía se necesitan mutuamente para que los datos geolocalizados cumplan su función real, que no es otra que proteger a las personas.
Una función que va más allá de la emergencia inmediata
Estos mapas no solo sirven para seguir el fuego mientras arde. Su función se mantiene, e incluso se amplía, en las fases posteriores: permiten a los vecinos evacuados comprobar el estado de sus municipios antes de plantearse el regreso, ayudan a periodistas y organizaciones a documentar el alcance real de la superficie quemada —según los datos que la propia Comunidad de Madrid mantiene actualizados, el #IFSierraOeste ha afectado ya a cerca de 34.000 hectáreas y ha obligado a evacuar o confinar a más de 56.500 personas— y ofrecen una base de datos abierta que, con el tiempo, servirá para análisis posteriores sobre la magnitud de la catástrofe, como ya hizo en su día la Fundación Civio con los incendios de Galicia.
La lección que dejan estos días en Madrid es similar a la que dejaron los grandes incendios gallegos, las inundaciones de Zhengzhou o el terremoto de Marruecos: cuando los datos oficiales se combinan con información abierta y con una ciudadanía que los consulta, los difunde y los usa para protegerse, el periodismo de datos y los mapas geolocalizados dejan de ser una curiosidad técnica para convertirse en una herramienta de seguridad real. Mientras el #IFSierraOeste siga activo, estos mapas seguirán siendo, para buena parte de los madrileños, la forma más rápida y fiable de saber qué está pasando cerca de sus casas.
Dónde seguir informado
Comunidad de Madrid – #IFSierraOeste: la fuente oficial, con partes actualizados sobre evolución del fuego, cortes de carreteras, confinamientos y ayudas a los afectados.
Google Maps – capa de incendios: activando la capa correspondiente en la app o en maps.google.com se pueden consultar focos activos, cortes de vías y avisos de evacuación.
Copernicus EFFIS – Current Situation Viewer: el visor oficial de la Unión Europea, con datos de focos activos y zonas quemadas a partir de satélites de la NASA y de EUMETSAT.
112 Comunidad de Madrid: para emergencias reales sobre el terreno, ningún mapa sustituye la llamada al teléfono de emergencias.
El sensacionalismo hizo mella en nuestros movimientos. Tanta noticia sobre las cloacas del estado o del servicio secreto militar de Marruecos nos han hecho desviar la atención y creernos participes de una novela de John le Carré. Nada más lejos de la realidad…
Tu móvil no tiene Pegasus ni lo tendrá, en cambio puede que estés vigilado igualmente. Muchos de los agujeros de seguridad y las puertas traseras que nuestras amables instituciones permitieron son de sobra conocidos. Cada generación de GSM trae más velocidad y una nueva forma de control social, me pregunto ¿qué traerá el G6?. Os contaré una historia. Se cree que Bolsonaro llegó al poder gracias a este tipo de brechas que normalmente comercializan empresas israelíes, en concreto explotó una vulnerabilidad en la red GSM. La estrategia de Bolsonaro fue la siguiente, en manifestaciones, en iglesias, en barrios pobres, en barrios ricos… colocaban furgonetas con estos sistemas de interceptación para descubrir los números de teléfono que por las cercanías concurrían. Así sabían qué teléfono era de izquierdas, cuál de derechas, cuál iba a misa o cuál acudía a la mezquita. Además de todo esto Brasil estaba atado a la aplicación Whatsapp, mucha gente en 2018 se informaba con ella. Aprovechando este hábito incluían a las personas en canales que eran de su agrado, confirmaban sus sesgos, se ganaban su confianza mientras los estudiaban mejor. Una vez llegadas las elecciones el equipo de Bolsonaro se dedicó a torpedear mediante noticias falsas con la intención de activar y desactivar el voto. No se trata de convencer, se trata de inmovilizar a determinados votantes mientras movilizas a otros. Se cree que esta fue una de las estrategias claves de Bolsonaro para llegar al poder. Pero seamos realistas, esta historia de Bolsonaro y los móviles había que ponerla en entredicho, era tan probable que fuese cierta como un bulo.
La leyenda de Bolsonaro no acaba aquí, durante su mandato con la ayuda de una empresa israelí llamada Cognyte espió a opositores, jueces, periodistas… No está claro el número de teléfonos que se espiaron durante su mandato, pero se hicieron 61.000 consultas a Cognyte además de confiarle el guardado de los datos espiados. Esta empresa vende algo bastante realista, vende localización, simplemente eso. No se sabe si es capaz de entrar en tu móvil y probablemente no lo sea, dónde se especializa es en detectar la ubicación de números de móvil. En 2022 lo de Bolsonaro y los móviles ya empezaba a oler mal y aquella historia de las caravanas espías empezaba a ser más probable.
Hace unos días, gracias a la filtración de un contrato con el estado de Texas y Cognyte, se descubrió la existencia de FalcoNet. FalcoNet es un producto como aquellos que usaba Bolsonaro pero adaptado a la realidad actual. Como se creía los móviles en la zona de actuación del aparato se identifican y probablemente se analicen gracias a fallos de seguridad conocidos y permitidos de las redes GSM. Este tipo de tecnologías llevan años en nuestra sociedad, incluso Bolsonaro hace ya más de 8 años pudo acceder a ellas sin ser tan siquiera una agencia gubernamental, tan sólo un puto chiringuito partido político recién fundado.
Mientras las noticias hablaban del NSO Group, de Pegasus, spywares y de ataques de “zero click” tu acudías a la manifestación, a las sede de movimientos o a actos políticos sin despegarte de tu móvil. Nos pensamos que la seguridad eran ataques dirigidos y que pagar una licencia de Pegasus para infectar un móvil era el pan nuestro de cada día. La realidad es que una licencia de Pegasus cuesta cerca del millón de euros y cunde más que ese millón de euros se invierta en tecnologías de control masivo. Cognyte trabaja para el estado, está confirmado que lo hace. En 2025 un artículo del medio Directa desveló contratos de esta empresa con la policía catalana y la Guardia Civil. Deberíamos haber dejado más veces el móvil en casa, deberíamos haber llevado el móvil apagado o en modo avión a esa manifestación y aunque no lo hiciésemos eso puede y debe cambiar. ¡Cuidate compañero!.
El 8 de febrero de 2026, Joseph Djogbénou fue elegido presidente de la Asamblea Nacional de Benín, cargo que se suma a la presidencia del partido mayoritario, la Unión Progresista para la Renovación (UPR). Su ascenso consolida una red de aliados y amigos forjada a lo largo de décadas de trayectoria política, judicial y activista.
Una red tejida en tres frentes
Djogbénou ha construido su círculo de confianza a partir de tres ámbitos clave: el judicial, donde ejerció como abogado y luego como ministro de Justicia; el político, como líder de la UPR; y el militante, vinculado a movimientos sociales y sindicatos. Entre sus colaboradores más estrechos figuran Mathieu Adjovi, exministro de Defensa y actual vicepresidente de la Asamblea, y Éric Houndété, diputado y secretario ejecutivo del partido.
La fortaleza de Djogbénou reside en su capacidad para articular intereses diversos: desde juristas hasta activistas, pasando por empresarios del sector algodonero y dirigentes locales.
Influencia en el equilibrio político beninés
La red de Djogbénuo no solo controla la agenda legislativa, sino que actúa como contrapeso interno dentro de la coalición gubernamental. Su relación con el presidente Patrice Talon es clave: ambos mantienen una alianza pragmática, aunque con tensiones no declaradas. Analistas locales señalan que el control de la Asamblea le otorga a Djogbénou capacidad de veto sobre iniciativas clave.
Para España, Benín es un socio relevante en el Golfo de Guinea, tanto por el comercio como por la cooperación en seguridad marítima. La consolidación de Djogbénou ofrece un interlocutor estable, pero también introduce un factor de centralización del poder que la diplomacia española sigue de cerca.
La Agencia Espacial Europea (ESA) y la Comisión Europea han anunciado este viernes la entrada en servicio de dos nuevos satélites de la constelación Galileo, el sistema de navegación por satélite de la Unión Europea. Según informó el Ejecutivo comunitario, los dos nuevos satélites, lanzados previamente y ahora operativos, aumentan la capacidad del sistema y refuerzan su resiliencia y autonomía frente a redes externas como el GPS estadounidense o el GLONASS ruso.
Un paso hacia la independencia tecnológica
Con esta incorporación, la constelación operativa se amplía, mejorando la precisión y la cobertura global del sistema. La Comisión Europea ha subrayado que la expansión de Galileo es clave para la soberanía tecnológica y estratégica de Europa, especialmente en ámbitos como la defensa, el transporte y las comunicaciones críticas. Está previsto que otros cuatro satélites se sumen a la constelación en los próximos meses, según las fuentes del Ejecutivo comunitario.
Galileo, el sistema civil de navegación más preciso del mundo, ofrece servicios de posicionamiento, navegación y temporización con una exactitud de hasta un metro. La inclusión de estos dos nuevos satélites permite una mayor redundancia y reduce la dependencia de sistemas controlados por potencias externas.
Implicaciones para España y Europa
La mejora de Galileo tiene un impacto directo en España, donde el sistema se utiliza en sectores como la agricultura de precisión, la logística portuaria y las infraestructuras críticas. La autonomía europea en navegación satelital es un pilar de la Política Espacial de la UE, y la entrada de estos satélites consolida a Europa como un actor relevante en el ámbito espacial. La inversión continuada en Galileo refuerza la posición estratégica del continente frente a otros sistemas de navegación global.
La Agencia Espacial Europea (ESA) ha comprometido 65 millones de euros para el desarrollo de la primera misión europea de exploración de hielo polar lunar. El rover será construido por ispace-Europe, filial de la empresa japonesa ispace, según anunció la agencia el 24 de julio de 2026.
Una apuesta por los recursos lunares
El objetivo de la misión es extraer hielo de agua en el polo sur de la Luna. El agua es un recurso clave para futuras misiones tripuladas, ya que puede utilizarse para consumo, producción de oxígeno y combustible. La iniciativa se enmarca en el concepto de utilización de recursos in situ (ISRU), considerado un paso fundamental para lograr una presencia sostenible en el satélite.
El contrato, valorado en 65 millones de euros, supone un hito estratégico para la autonomía europea en el espacio. ispace-Europe, con sede en Luxemburgo, será la encargada de diseñar y fabricar el rover, que deberá operar en condiciones extremas de temperatura y radiación en la región polar lunar.
La ESA no ha precisado la fecha de lanzamiento ni la ventana temporal de la misión, aunque fuentes de la agencia han señalado que el proyecto se encuentra en fase de diseño conceptual. Con esta inversión, Europa da un paso firme en la carrera por la exploración y explotación de recursos lunares, compitiendo con las misiones estadounidenses (programa Artemis) y chinas (Chang’e) en la misma región.
La extracción de hielo de agua en la Luna es considerada una capacidad estratégica para el sostenimiento de bases permanentes. El rover de ispace-Europe deberá demostrar la viabilidad de la tecnología ISRU en un entorno de vacío y temperaturas extremas, allanando el camino para futuras misiones de larga duración. La ESA ha subrayado que esta inversión refuerza el liderazgo europeo en el desarrollo de tecnologías críticas para la exploración espacial.
La Agencia para el Desarrollo Agrícola (ADA) de Marruecos y el Banco Africano de Desarrollo (BAD) han puesto en marcha un programa dotado con 100 millones de euros destinado a dinamizar la agricultura solidaria en el país magrebí. El proyecto, presentado durante un seminario de lanzamiento celebrado recientemente, busca reforzar el desarrollo rural inclusivo y la competitividad del sector agrícola marroquí.
Según informó la ADA, el programa se enmarca en la estrategia del Reino para mejorar las condiciones de vida de los pequeños agricultores y fomentar prácticas agrícolas sostenibles. La colaboración con el BAD, uno de los principales organismos de financiación del continente, permitirá movilizar recursos financieros y técnicos para impulsar proyectos de economía social en el ámbito rural.
La iniciativa tiene implicaciones directas para España, ya que Marruecos es un competidor directo en la exportación de frutas, hortalizas y aceite de oliva al mercado europeo. La inyección de 100 millones de euros en el sector primario marroquí podría reforzar la posición del país en los mercados internacionales, especialmente en un contexto donde la agricultura española enfrenta desafíos como la sequía y el aumento de costes.
El programa, cuyos detalles operativos se concretarán en los próximos meses, se suma a otras iniciativas de cooperación entre Rabat y organismos multilaterales para modernizar el campo marroquí. Según fuentes oficiales, el objetivo es generar empleo en zonas rurales y reducir las desigualdades territoriales, al tiempo que se incrementa la producción agrícola para la exportación.
El Ministerio de Defensa de Rusia ha informado este lunes de un ataque contra dos buques de carga seca en el puerto de Odesa, en el mar Negro, mientras descargaban material militar para las Fuerzas Armadas de Ucrania. El bombardeo también alcanzó tanques de combustible y lubricantes ucranianos, según ha detallado el departamento castrense.
En un comunicado, el ministerio ha indicado que la acción forma parte de la estrategia rusa para degradar la logística ucraniana en el mar Negro, una zona clave tanto para el suministro militar como para las exportaciones agrícolas del país. La continuidad de estos ataques amenaza la seguridad energética y alimentaria global, al interrumpir las rutas de transporte desde uno de los puertos ucranianos más importantes.
Odesa ha sido objetivo recurrente de las fuerzas rusas desde el inicio de la invasión en febrero de 2022. El puerto, que canaliza una parte significativa de las exportaciones de grano ucraniano, ha sufrido múltiples bombardeos que han dañado infraestructuras civiles y militares. La ofensiva de este lunes subraya la apuesta de Moscú por bloquear el acceso marítimo de Ucrania, en un momento en que el país, dependiente de la ayuda militar occidental, trata de mantener abiertas sus vías logísticas.
Rusia continúa paralizando la logística ucraniana en el mar Negro, según declaró el Ministerio de Defensa ruso este lunes. El ataque se produce en el marco de una campaña sistemática para aislar a Ucrania de sus líneas de suministro por mar.
El Kremlin justifica los bombardeos como parte de su objetivo de desmilitarizar Ucrania, mientras que Kiev y sus aliados denuncian una violación del derecho internacional humanitario por el impacto sobre la población civil y la seguridad alimentaria.
La empresa india Skyroot Aerospace se convirtió este sábado en la primera compañía privada del país en alcanzar la órbita terrestre, al lanzar con éxito su cohete Vikram-1 desde el puerto espacial de Sriharikota. El hito representa un salto cualitativo para la industria espacial india y abre la puerta a la competencia privada en un mercado dominado por actores estatales y empresas extranjeras.
Un lanzador propio para el mercado orbital
El Vikram-1, un lanzador de combustible sólido diseñado para poner cargas pequeñas en órbita baja terrestre (LEO), despegó a las 09:45 hora local del sábado 20 de julio de 2026. Según confirmó la compañía en un comunicado, la misión alcanzó los parámetros previstos y el vehículo insertó su carga útil en la órbita objetivo. Este éxito convierte a Skyroot en la primera startup india en lograr un lanzamiento orbital, un segmento hasta ahora reservado a la agencia estatal ISRO.
Fundada en 2018 por ingenieros que trabajaron previamente en ISRO, Skyroot ha desarrollado el Vikram-1 como un lanzador ligero capaz de transportar satélites de hasta 500 kilogramos a LEO. La compañía compite en el segmento de microsatélites con empresas como SpaceX y Rocket Lab, pero su ventaja competitiva reside en los costes reducidos de fabricación y lanzamiento desde suelo indio.
El papel de India como polo lanzador alternativo
El lanzamiento consolida a India como un polo de lanzamiento alternativo a los tradicionales centros de Cabo Cañaveral, Baikonur o Kourou. El éxito de Skyroot reduce la dependencia del país de los lanzadores de ISRO y abre oportunidades comerciales para operadores de satélites que buscan opciones más baratas y flexibles. La compañía ya ha firmado contratos con varios clientes internacionales, aunque no se han revelado los detalles del primer vuelo.
El hito llega en un momento en que la industria espacial mundial se orienta hacia la privatización y la reducción de costes. La entrada de una empresa india privada en el mercado orbital podría acelerar la adopción de lanzadores asiáticos por parte de agencias gubernamentales y empresas de telecomunicaciones, incluyendo posibles clientes hispanohablantes.
La periodista Chantal Flores había escuchado tantas historias de mujeres mexicanas que perdieron a un ser querido que cuando viajó a Bosnia, Serbia y Kosovo para entender el impacto de las desapariciones forzadas allí, no le hizo falta entender las palabras de las mujeres que le compartían sus experiencias en serbocroata o albanés: le bastó con leer su lenguaje corporal.
En su libro Huecos. Retazos de la vida ante la desaparición forzada, Flores, que nació en Monterrey en 1985, sigue a seis mujeres en México, Colombia y los Balcanes –Mirna, Lucy, Dragana, Zekija, Margarita y Valdete– que viven, o sobreviven, con el dolor de la pérdida. Nos cuenta sus historias en una serie de viñetas que a veces adoptan un tono periodístico y otras se leen más como novela o poema. A lo largo del libro, Flores escribe como una persona solidaria que se deja afectar por el duelo de estas seis mujeres que se enfrentan a silencios, intimidaciones, injusticias y sistemas rotos.
Lo que motivó a Flores a escribir este libro fue una sensación de impotencia ante el problema de la desaparición forzada en su propio país, donde se producen entre 35 y 40 desapariciones diarias. Al conectar las experiencias de mujeres mexicanas con las vividas en Colombia y los Balcanes, nos obliga a asumir que el sufrimiento que causa la desaparición forzada es universal, sin borrar la especifidad de cada lugar y cada experiencia individual.
Para comprender México, ha tenido que visitar otros países.
Mi intención nunca fue ser la corresponsal extranjera que le va a enseñar al mundo cómo son las cosas en los Balcanes o Colombia. Mi punto de partida siempre fue: esto que está pasando en mi país, en México, es muy grave. No tenemos un marco de referencia para entenderlo. No se compara con el periodo de desapariciones que México vivió en los años setenta, por ejemplo. Así que viajé a otros países para ver qué podía aprender. Sabía muy bien que los contextos no son los mismos, pero, por otra parte, supuse que algunas de sus luchas son similares.
Hay muchos países con desapariciones. ¿Cómo llegó a Colombia y los Balcanes?
Acabé en Colombia por el papel que allí tiene el narcotráfico, que es uno de varios agentes diferentes que perpetran las desapariciones. Me pareció similar a lo que está sucediendo en México. A los Balcanes llegué más bien por mis lecturas sobre el trabajo de la ciencia forense en la identificación de los restos. En esos libros siempre sale el ejemplo de los Balcanes, donde se ha usado la identificación de ADN con mayor efecto. Mi pregunta era: ¿tendrán paz esos familiares? Lo que ellos sufrieron se reconoció como una guerra –algo que en México no ocurre–. Segundo, atrajo una gran inversión y apoyo internacionales. Dado todo esto, me preguntaba, ¿cómo siguen estas familias, que además ya llevan unos 20 años desde que terminó la guerra? ¿Cómo viven con el dolor, con todo este camino ya recorrido?
¿Qué descubrió?
Más allá de las diferencias que he mencionado, encontré muchas similitudes. Al final del día vi el mismo dolor, la misma forma de organización entre las mujeres, que han construido redes, pero que también se encuentran algo aisladas de sus propias familias. Esta dimensión de género me llamó mucho la atención. Yo sabía que se tenían que comunicar entre ellas. Y como no las pude juntar en un espacio físico, las junté en las páginas de Huecos. Lo que quiero es que sepan que no están solas, que de cierta forma están aprendiendo unas de otras. Y que tienen cosas que enseñar a las otras que están por venir, porque esto no termina. Nunca va a haber suficiente información sobre la desaparición forzada.
Su propia voz y experiencia están muy presentes en el libro.
La verdad es que, cuando empecé Huecos, mi idea era escribir un libro serio de investigación periodística, con datos, cronologías y análisis políticos. Así que, cuando empecé a escribir, me encontré cortando todos los pasajes en los que aparecía yo: todo lo que sucedía después de que se apagara la grabadora –por ejemplo, los momentos en los que Mirna y yo estábamos platicando en la cama–. Pero cuando lo hablé con mi editor, me dijo: “Eso no lo cortes: tú eres la única que estuviste ahí y tienes que contarlo”.
¿Le costó incluir esa dimensión más personal?
Mi miedo inicial era que yo me convirtiera en la protagonista del libro. Yo era muy consciente de que las cosas de las que fui testigo pasaron en parte porque yo estaba allí cubriéndolas como reportera. Las familias que buscan a sus desaparecidos muchas veces sienten la presencia de los medios como una presión para que sucedan cosas, para que encuentren algo. A fin de cuentas, ¿qué son las familias que buscan si no encuentran cuerpos?
El resultado es un libro que logra conectar directamente con las lectoras. A mí, al menos, la lectura ha llegado a afectarme mucho.
Mi idea era, precisamente, que si yo me pongo ahí, a lo mejor el lector o la lectora se va a identificar con más facilidad. No soy la periodista inalcanzable que ni contesta al mail, sino al contrario, soy quien lleva a mis lectores de la mano. Eso era lo que yo quería que sintieran los lectores: ese dolor que te destroza cada vez que entras a estos viajes y entras en contacto con esta realidad. Con Huecos, yo quería aportar esa capa extra. Más que informarte, quiero que sientas y veas que estas son familias como la tuya o como la mía.
¿Cómo lidió usted misma con la carga del dolor?
Los primeros años me sentía mal conmigo misma, porque veía la desaparición por todas partes. Me afectó mucho. Pero acabé por encontrar las herramientas creativas para darle salida a ese dolor, a esa crueldad. Y cuando ahora alguien me dice, “no tengo corazón para leerlo”, le digo: “¡Si yo ya lo mastiqué por ti! Lo que te está llegando por mi libro es el 1%. No te lo estoy dando crudo”.
En algunas de las viñetas más literarias, como “Y no está”, abandona su voz narrativa regular para recurrir a una especie de corriente de conciencia. Me ha parecido muy poderoso.
En realidad, fue mi solución a un problema complicado. Hablé con muchísimas familias sobre sus vivencias. Fue muy difícil escoger a las seis mujeres que acabaron siendo mis protagonistas. Por otro lado, irónicamente, también fue muy fácil, porque ellas son las que estuvieron más dispuestas a contestar a las dudas que me surgían. Aun así, al escribir Huecos no me abandonaban esas otras familias a las que había dejado fuera, por más que también dieran forma a mi proceso de escritura. En esa viñeta que mencionas, intento incluir sus vivencias y algunos de los muchísimos detalles que me contaron. Es mi forma de decirles a mis lectoras: “Todo esto está pasando. Puede que no tenga nombres y fechas para todo, que no tenga los datos concretos, pero esto está pasando”. La verdad es que fue una viñeta que empecé a escribir con hartazgo, vomitándole al lector. Lo que sentí fue algo así como: “Ya me cansé yo de cargarlo todo sola”. Luego, cuando me puse a procesarlo, mi actitud cambió. Me imaginaba diciéndoles a mis lectores: “Quiero compartirte esto; espero puedas ver que no son solo Mirna, Lucy o Chuchita. Es todo esto”.
A las mujeres colombianas y mexicanas les podía hablar en español, pero para las entrevistas en los Balcanes tuvo que recurrir a intérpretes. ¿Cómo funcionaba eso?
El tema me estresaba mucho, la verdad, porque sabía que yo no iba realmente a entender toda la entrevista hasta que leyera la transcripción traducida. Por más rápida que fuera mi traductora, nunca iba a hacer lo mismo que yo en una entrevista en castellano o inglés. Además, cuando llegué a la primera cita en Ilijas, una ciudad bosnia, me encontré con un grupo grande de mujeres, aunque yo me había preparado para una entrevista con la líder. Entonces cerré los ojos y dije: “A ver, no voy a comprender el 100% de lo que se está compartiendo aquí. ¿Qué puedo ver?”. Y empecé a observar cómo esas mujeres se organizaban, cómo se sentaban unas, cómo se paraban otras, cómo se juntaban unas y se apartaban otras… Debo agregar que soy maestra de yoga y que lo que me mantiene sana en este trabajo es mover el cuerpo. Ahora bien, antes de ir a los Balcanes, una amiga me invitó a tomar un cursillo de yoga informada por el trauma. Es una forma de enseñar que enfoca en el impacto de la vida, de las experiencias, del trauma, en el sistema nervioso, y cómo el trauma se manifiesta en los movimientos y en los dolores físicos de las personas.
¿Esa experiencia le sirvió con el grupo de mujeres en Bosnia?
Pasó un proceso muy raro. Yo no podía más que asociar cómo movían el cuerpo las mujeres bosnias con los movimientos corporales de las mujeres que yo ya había visto en México. Entonces entendí: ahora, ella me está platicando de esta parte de la desaparición. En otras palabras, me di cuenta de que yo ya traía una idea de cómo se cuenta la desaparición de un ser querido. Es una estructura narrativa que, de cierta forma, se vuelve rígida con el paso del tiempo. Porque la mayoría de ellas han contado esa historia muchísimas veces: a los medios, a gobiernos, a organizaciones de derechos humanos.
La comprensión de estas dinámicas, ¿también le permite relacionarse de otra forma con sus entrevistadas?
Sí, claro. De hecho, ahora la uso mucho. Por ejemplo, el jueves pasado hicimos unas entrevistas en la cárcel para un proyecto sobre el narcomenudeo en el que estoy metida. Yo nunca había entrado a una cárcel de mujeres, y no era el mejor espacio o el espacio más seguro para hacer ese tipo de entrevistas, que además son por tiempo muy limitado y en presencia de las autoridades. Pero cuando empecé a relajar mi cuerpo, ellas se empezaron a relajar y nuestro lenguaje corporal se conectó. Fluyó muy bien la entrevista a pesar de ese entorno restrictivo. Eso, en fin, es algo que aprendí de las mujeres en los Balcanes: cómo acoplarme al espacio de ellas, a cómo se mueven, cómo sirven el café. Todos esos son detalles que la gente cree que son extras en una entrevista, pero que son realmente parte de crear ese entorno para que la gente comparta realmente lo que siente sobre ese momento de su vida. Y eso fue algo que quise transmitir en Huecos: cómo cargamos las historias con el cuerpo.
Huecos se publicó hace un par de años ya. ¿Sigue con el mismo tema?
Cuando salió Huecos, necesitaba como un refresh mental. Viendo el escenario en México, la falta de cambio, no ayuda. Y lo que sí cambia, es para peor: los métodos de desaparecer a la gente son cada vez más brutales, y es cada vez más cínico el manejo de los casos de desaparición. Todavía noto que tengo una respuesta muy emocional ante eso, lo que me impide cubrirlo de buena forma, periodísticamente hablando. Por tanto, he intentado abordarlo de otra forma. Ahora estamos por lanzar una plataforma que se llama Mapping Absence. Es una plataforma bilingüe enfocada en la desaparición forzada, pero globalmente, desde distintas miradas. Somos un colectivo chiquito de académicos y artistas; yo estoy como periodista. No tenemos recursos, realmente hay mucho de voluntariado, pero el punto es crear una plataforma fija donde podamos estar discutiendo la desaparición forzada desde distintos ángulos y visibilizando a los colectivos que lideran esta búsqueda, no solo en México. La desaparición forzada ha evolucionado mucho y se maneja en diferentes contextos. Ya llegamos a un punto donde hasta se niega que se trate de desapariciones forzadas, como hemos visto en Estados Unidos con el ICE.
Dicen que los datos son fríos. Es posible, pero también pueden ser esclarecedores, y ser capaces de resumir lo que podría calificarse de despropósito global. Uno de esos datos lo ofreció recientemente Tom Fletcher, responsable de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA): Estados Unidos gastó alrededor de 2.000 millones de dólares al día durante su ofensiva contra Irán; en menos de dos semanas habría superado la cifra de 23.000 millones, la financiación que busca el organismo para tratar de salvar 87 millones de vidas. La conclusión no puede ser más evidente: faltan fondos para sostener la vida, mientras que los recursos para la guerra parecen ilimitados.
Además, al poco de iniciarse los ataques simultáneos a Irán y Líbano, Naciones Unidas alertó sobre cómo las dificultades en el paso por el estrecho de Ormuz, así como el alza de precios de los combustibles, estaban encareciendo –cuando no directamente impidiendo– la entrada de ayuda humanitaria a zonas muy castigadas. Una situación que, de alargarse, pondría en riesgo la vida de 46 millones de personas, alertaban.
«Es la mayor perturbación de la ayuda desde la pandemia de la COVID-19», denuncian desde el Programa Mundial de Alimentos de la ONU. Sobrecostes en el transporte, mayores dificultades en la entrega, compras de menor cantidad de alimentos. Es decir, la guerra no solo acapara recursos que restringen el gasto en otras partidas, sino que ha hecho que el dinero destinado a los programas de cooperación sea menos efectivo.
Tijeras globales, desde Trump hasta Extremadura
Presupuestos para la guerra o para cooperación. Aunque no se trate de vasos comunicantes directos, en los que si baja una partida sube proporcionalmente la otra, lo cierto es que el elevado gasto militar escandaliza en mayor medida a instituciones humanitarias y ONG después de los recortes drásticos a nivel global que han sufrido en los últimos dos años.
Entre 2024 y 2025 la ayuda internacional habría perdido el 30% de sus fondos, debido sobre todo al desmantelamiento por parte de la Administración Trump de USAID. La mayor agencia de cooperación del mundo habría visto cómo se esfumaban el 90% de sus fondos. Pero Estados Unidos no está solo a la hora de coger las tijeras –o la motosierra– con las que recortar esta política, que además de salvar vidas de forma inmediata tiene entre sus objetivos crear condiciones para prevenir conflictos y luchar contra el cambio climático. Países como Alemania, Francia, Reino Unido y Japón han reducido también sus presupuestos. La Red Europea de ONG para el Desarrollo (CONCORD) destacaba cómo por tercer año consecutivo las instituciones de la UE y los Estados miembros han reducido el porcentaje de gasto que destinan a cooperación al desarrollo. En 2025 el descenso fue de casi el 10% respecto al ejercicio anterior.
En un momento en el que se debate si los países europeos deberían destinar hasta el 5% de sus presupuestos a «defensa», solo cuatro países en el mundo –Dinamarca, Luxemburgo, Noruega y Suecia– superaron el objetivo de invertir al menos el 0,7% de la renta nacional en cooperación. España, aunque aumentó ligeramente sus fondos, se quedó en el 0,27%. Es decir, muy lejos no solo del compromiso del 0,7% marcado para 2030 por la Ley de Cooperación, también por debajo de la media de los países de la UE.
La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo confirma que asistimos al «mayor recorte de la historia, en un contexto global enormemente complejo». En declaraciones a La Marea, su presidente Javier Ruiz, afirma que «las políticas de ataque directo a la cooperación están avanzando en todo el planeta y tienen consecuencias incalculables sobre millones de personas». Ruiz considera «muy preocupante» el hecho de que esta ola de recortes internacional esté permeando a todos los niveles y haya llegado hasta los recientes acuerdos de gobierno en comunidadescomo Aragón y Extremadura como parte de una estrategia nacional que persigue «el desmantelamiento de las políticas sociales».
Un marcador dramático
«Mis hijos no comen bien y el pequeño siempre está enfermo. Solo puedo permitirme enviar a tres de mis seis hijos a la escuela. En lugar de continuar con su educación, mi hijo mayor cuida de sus hermanos pequeños cada vez que yo voy a trabajar». Es el lamento desesperado de Nawal, una mujer sudanesa que vive en El Cairo y que nos llega a través de ACNUR.
La agencia para los refugiados de Naciones Unidas es una de las organizaciones que se ha visto más afectada por la falta de financiación. El pasado 16 de abril alertaba de que ya había tenido que reducir las ayudas a la mitad de las 20.000 familias sudanesas refugiadas en Egipto. Hasta ese momento solo había recibido el 2% de lo necesario para mantener los programas en este país, por lo que, si no llegan nuevos fondos, advierten que tendrán que paralizar todas las ayudas que ofrecen.
Las cifras bailan, oscilan según la fuente, se actualizan, pero sobre todo preocupan porque resulta imposible calibrar el sufrimiento que representan. Según la revista sanitaria Lancet, los actuales recortes por parte de los países más ricos podrían provocar entre9,4 y 22,6 millones de muertes más desde hoy hasta 2030. La mayoría de ellas en África.
La Universidad de Boston ha creado ImpactCounter, un dramático marcador que ya alcanza las 780.000 muertes prematuras debido a los recortes en la financiación únicamente de los programas del USAID. De ellas, más de medio millón habrían sido de niñas y niños.
«Decisiones desgarradoras»
Las principales organizaciones de desarrollo ya han empezado a tener que elegir qué proyectos pueden continuar, y hacen cálculos sobre cómo retrasar lo más posible el cierre de programas vitales para millones de personas. En un informe de la Asociación Española de Fundraising sobre el impacto de los recortes por parte de Estados Unidos, Save the Children reconocía haber tenido que tomar «decisiones desgarradoras para interrumpir programas que tratan a niños y niñas gravemente desnutridos o que proporcionan atención médica a recién nacidos que viven en zonas de guerra». Unas medidas que según la ONG afectarán a más de 10 millones de personas en lugares donde persiste la amenaza de la guerra y la violencia, como República Democrática del Congo o Sudán.
Desde Acción contra el Hambre apuntan cómo los recortes les han obligado a reducir personal y reestructurar operaciones, y destacan cómo la reducción de programas nutricionales amenaza la vida de medio millón de personas en países del Sahel como Níger o Mali. UNICEF, por su parte, lamenta que los recortes en la Ayuda Oficial al Desarrollo pongan en peligro los avances realizados en mortalidad infantil desde el año 2000. Millones de niños y niñas en todo el mundo corren ya mayor riesgo de contraer enfermedades y sufrir violencia según la agencia internacional para la infancia. En Afganistán, nueve millones de mujeres dejarán de recibir servicios de salud básicos como los relacionados con el embarazo y la maternidad.
Hace unas semanas, la tripulación de la nave Artemis II envió un mensaje durante su viaje hacia la Luna al contemplar nuestro planeta en su totalidad. «Desde aquí arriba somos una sola cosa: homo sapiens, todos nosotros, sin importar de dónde vengas ni cómo seas, somos un solo pueblo». No parece que el mensaje haya calado entre quienes optan por dedicar cada vez más fondos a la guerra y menos a cooperar.
Este reportaje se publicó originalmente en La Marea 111. Puedes conseguir la revista y suscribirte en nuestro kiosco.
La mañana del 28 de febrero, decenas de niñas y docentes ingresaron a la escuela primaria Shajareh Tayyebeh de Minab, una ciudad de más de 70.000 habitantes en el sur de Irán. Era sábado, el primer día de la semana laboral en ese país. También el primer día de la operación «Furia Épica», como denominó el Pentágono a la ofensiva que lanzó contra Irán junto a Israel (Tel Aviv, por su parte, la llamó «Rugido del León»).
Alrededor de las 10.30 hora local, un misil Tomahawk impactó en la escuela, perforando el techo y colapsando la estructura. Análisis forenses de imágenes satelitales revelaron que, poco después, otro misil impactó en el patio, seguido por un tercero que completó el ataque. Según las autoridades iraníes, al menos 168 personas, en su mayoría niñas de entre siete y 12 años, fallecieron en el ataque. No se trató de un fallo técnico.
Los misiles Tomahawk no son cualquier misil. Pueden cubrir más de 2.000 kilómetros de forma autónoma, a velocidades cercanas a los 880 km/h, e impactar en su objetivo con un margen de error de pocos metros.
La escuela estaba ubicada en un edificio que hace una década fue separado de una base de las fuerzas navales del Cuerpo de Guardianes mediante un muro. Dicha base también fue golpeada en los ataques del 28 de febrero. Por ello, es probable que EE. UU. identificara esa base como objetivo militar pero que los mapas utilizados para esa identificación no estuvieran actualizados. Pero ¿quién es responsable de ese error en una guerra en la que se combate esencialmente con inteligencia artificial?
La cadena de muerte
En términos militares, con kill chain (literalmente, ‘cadena de muerte’) nos referimos a la secuencia de acciones que ocurre entre la identificación de un objetivo, la decisión de atacar y el despliegue del ataque. Durante casi un siglo, los ejércitos han intentado comprimir la kill chain todo lo posible, algo que permitiría atacar al enemigo de forma más rápida y eficaz.
Este deseo se convirtió en necesidad por primera vez durante la Guerra del Golfo del año 1991, cuando los iraquíes emplearon lanzadores móviles de misiles capaces de desplazarse varios kilómetros antes de que los estadounidenses pudieran coordinar una respuesta. Las viejas técnicas analógicas, en las que los analistas tenían que revisar manualmente mapas, grabaciones y otros datos, no servían. Se necesitaban máquinas capaces de volar tan bajo como para esquivar los radares, identificar un objetivo y eliminarlo en minutos. En pocas palabras, drones armados: vehículos capaces de volar (y atacar) sin tripulación a bordo.
El primer ejemplo llegó en 2001, cuando el capitán de la Fuerza Aérea de EE. UU. Scott Swanson y el sargento mayor Jeff A. Gunny Guay intentaron matar, sin éxito, al mulá Omar, líder de los talibanes y aliado de Osama Bin Laden, mientras controlaban un dron armado Predator desde Langley (Virginia), a miles de kilómetros de distancia. A pesar de que la misión no obtuvo los resultados esperados, los drones Predator y el más pesado Reaper en poco tiempo se convirtieron en instrumentos claves de las misiones militares tanto de EE. UU. como de Israel. Su uso se amplió enormemente durante la presidencia de Barack Obama, llegando incluso a ser considerados por algunos más «humanos» que otro tipo de ataques.
«La pregunta es si los drones nos tentarán a hacer cosas incorrectas. Pero no parece que sea así, porque tenemos casos en los que los drones se usaron de manera justa, y parece que, en realidad, mejoran nuestra capacidad de actuar con justicia», dijo en 2012 a The Guardian Bradley Strawser, filósofo y por entonces profesor en la Universidad Naval de Monterrey. «Literalmente cada acción que realizan queda registrada. Ante una decisión difícil, los operadores pueden incluso tomarse su tiempo y llamar a otras personas a la sala. Hay más margen para los controles y la supervisión», argumentó.
Pero con el aumento de los datos, poco a poco los controles y supervisión se volvieron cada vez más complejos. «En un futuro no muy lejano, vamos a encontrarnos nadando en sensores y ahogándonos en datos», aventuró en 2010 un alto cargo de inteligencia de la Fuerza Aérea estadounidense. Y eso fue lo que pasó. La difusión de redes sociales, drones y tecnologías de vigilancia masiva aumentaron enormemente la disponibilidad de datos en manos de los ejércitos para identificar y rastrear objetivos. Eso llevó a un cuello de botella. ¿Quién podía analizar tanta información? La inteligencia artificial trajo la respuesta.
Guerra sin piloto
«El objetivo de los sistemas de IA es liberar al ser humano del procesamiento cognitivo; hacer las cosas más rápidas y eficientes», comenta a La MareaElke Schwarz, profesora de Teoría Política en la Universidad Queen Mary de Londres y autora del libro Death Machines: The Ethics of Violent Technologies (2018). Schwarz lleva años estudiando las consecuencias reales y potenciales del empeño humano por automatizar al máximo la práctica de matarse unos a otros.
Su investigación comenzó a principios de la década de 2010, años antes de la invasión rusa de Ucrania, una guerra que se ha convertido en un campo de experimentación para el uso de algoritmos e inteligencia artificial en batalla. «Muchas empresas emergentes llevaron sus nuevas tecnologías al conflicto», señala Schwarz.
Muy pronto, la asimetría del conflicto en Ucrania trajo el uso masivo de drones teledirigidos. A diferencia de los complejos y costosos sistemas Predator, estos eran instrumentos baratos que, con una inversión de apenas 500 dólares y comandados de forma remota, eran capaces de destruir tanques. No obstante, se revelaron vulnerables ante la guerra electrónica, es decir, ataques que interrumpen la comunicación entre el dron y su piloto. Esto propició que se impulsara el desarrollo de aeronaves con capacidades autónomas de vuelo y ataque.
Los drones autónomos están dotados de software capaz de transportar explosivos a lo largo de cientos de kilómetros y localizar objetivos. Otro tipo de drones, de cuatro hélices, se dotaron de inteligencia artificial para atacar a soldados rusos sin intervención humana cuando las comunicaciones fallaran. El siguiente paso fueron los enjambres de drones, capaces de perpetrar ataques masivos sin necesidad de contar con decenas de operadores.
Entre las innovaciones desplegadas en Ucrania, destaca el envío, en febrero de 2026, de dos robots humanoides Phantom MK-1 para cumplir funciones descritas oficialmente como «de apoyo» y no de combate. Según la startup californiana Foundation que los ha creado, este modelo sería el primer autómata diseñado específicamente para zonas de conflicto armado. «Lo que estamos viendo ahora es el primer intento torpe de cómo los robots van a librar nuestras guerras», declaró a la revista TimeMike LeBlanc, cofundador de la empresa y veterano de los Marines con experiencia en Irak y Afganistán. «Pero, en realidad, solo están esperando a que empiece el espectáculo», añadió.
Al margen del posible desarrollo de estos robots, en la actualidad las decisiones bélicas ya pasan por las principales empresas de inteligencia artificial, las mismas que diseñan los chatbots (asistentes conversacionales de IA) que cada día usan millones de personas para corregir correos electrónicos.
Decisiones de algoritmos
El libro The Making of the Atomic Bomb, de Richard Rhodes, publicado en 1986 y ganador del premio Pulitzer, se ha convertido en una de las lecturas más populares en las oficinas de Anthropic, la empresa creadora del chatbot Claude. Como escribía Charlie Warzel en 2023 en el medio The Atlantic, la obra se ha convertido en una suerte de texto fundacional para cierto tipo de investigadores en IA: los que creen que sus creaciones podrían tener el poder de matarnos a todos.
En febrero de este año, el secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth exigió a Anthropic acceso sin restricciones a sus sistemas de inteligencia artificial para cualquier uso militar. La respuesta del consejero delegado, Dario Amodei, fue una negativa pública: «En conciencia, no podemos aceptar su petición». Hegseth contestó designando a Anthropic como «riesgo para la cadena de suministro», una calificación reservada habitualmente a empresas vinculadas con gobiernos adversarios, como la china Huawei o la rusa Kaspersky.
En respuesta, Anthropic demandó al Gobierno, que por su cuenta comenzó el proceso de reemplazar Claude con los modelos de empresas que supuestamente aceptaron sus condiciones, como ChatGPT, de OpenAI, y Gemini, de Google. Hasta ese momento, la colaboración entre esta empresa –fundada por exmiembros de OpenAI– y el Departamento de Defensa había sido estrecha.
El Mando Central de EE. UU. (CENTCOM) habría utilizado una versión clasificada de Claude para asistir en evaluaciones de inteligencia, identificación de objetivos y simulación de escenarios de combate durante operaciones militares en Irán. Según revelóThe Wall Street Journal, Claude también habría sido empleado en la operación militar estadounidense que condujo a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero de este año.
Además, Anthropic ya se había asociado con Palantir Technologies, el gigante de análisis de datos cofundado por Peter Thiel y uno de los principales contratistas tecnológicos del Pentágono. En particular, Claude sería clave para el funcionamiento del sistema Maven Smart, diseñado por Palantir y supuestamente utilizado por el Ejército de EE. UU. en su guerra en Irán. Maven es capaz de procesar volúmenes enormes de datos clasificados procedentes de satélites, vigilancia y otras fuentes de inteligencia, y generar a partir de ellos información operativa. Según Hegseth, durante las primeras 24 horas de su ofensiva, EE. UU. atacó más de mil objetivos.
Protesta ante la sede de Palantir, en Nueva York, por su colaboración con el ICE. MADISON SWART / REUTERS
«Sugieren miles de objetivos y luego tienes un equipo reducido de personas para comprobarlos o validarlos, pero tienen que hacerlo a toda velocidad», subraya Schwarz a La Marea. «Ocurre tan rápido que tenemos que preguntarnos si puede haber una supervisión significativa o si el humano simplemente va diciendo “sí, no, sí, no”, absorbido por la lógica funcional del sistema de IA, por la lógica de la máquina».
Según una investigación publicada en el año 2024 por la revista israelí-palestina +972 Magazine, Israel empleó el sistema Lavender en Gaza para analizar datos de vigilancia masiva de casi la totalidad de los 2,3 millones de habitantes de la Franja. El sistema asigna a cada individuo una puntuación del 1 al 100 según su probabilidad de ser miliciano. La investigación indica que la supervisión humana se reducía con frecuencia a una validación pro forma de aproximadamente 20 segundos por objetivo, tratando en la práctica la sugerencia de la máquina como una decisión firme.
Al comprobarse que Lavender supuestamente alcanzaba un 90% de precisión en la identificación de afiliaciones con Hamás, el Ejército autorizó su uso generalizado. A partir de ese momento, según las fuentes de +972 Magazine, si Lavender determinaba que un individuo era miliciano, los operadores debían tratar esa decisión como una orden, sin necesidad de verificar de forma independiente el razonamiento algorítmico ni examinar los datos en los que se basaba.
«Para hacer posible la violencia de masas es necesario deshumanizar al enemigo», concluye Schwarz. Y para eso, la inteligencia artificial ofrece grandes oportunidades. «Cuanto mayor es la distancia entre la aplicación de la fuerza y sus efectos, mayor es también la distancia emocional y moral que se genera».
A diferencia de los sistemas de armas convencionales, fabricados por empresas como Lockheed Martin y sujetos a marcos regulatorios, el uso militar de la inteligencia artificial carece de regulación.
Frenar la máquina
En uno de los muchos cafés de moda que hay en Brooklyn, frente a un capuccino, Peter Asaro admite que negociar un tratado para regular las armas con altos niveles de automatización es una tarea titánica en el laberíntico sistema de la ONU. Este filósofo de la ciencia, la tecnología y los medios digitales, ya atendió a La Marea en octubre de 2023 en la sede de Naciones Unidas.
Hoy, Asaro, vicepresidente del Comité Internacional para el Control de Armas Robóticas (ICRAC) y portavoz de la campaña Stop Killer Robots, se muestra esperanzado con el estado actual del borrador para negociar un marco legal común en las Naciones Unidas que permita ejercer control sobre las armas con altos niveles de automatización.
Tras varios intentos fallidos de prohibir por completo el uso de armas autónomas, el estado actual de las negociaciones se centra en regular su empleo y definir en qué contextos son aceptables. Es el caso, por ejemplo, de los sistemas de defensa antimisiles, que deben operar con inmediatez para neutralizar amenazas masivas. El debate de fondo radica en hasta qué punto es imprescindible mantener a un humano en el proceso y qué nivel de intervención se considera «significativo». Por ello, las discusiones se centran en la definición de un «control humano apropiado al contexto».
«La idea es que “apropiado” no sea un término vacío», matiza Asaro. «Exige algún tipo de valoración humana contextual que confirme que el sistema opera en un entorno conocido y que es capaz de hacerlo correctamente».
Estos esfuerzos regulatorios chocan con la oposición de potencias muy activas en el desarrollo armamentístico, convencidas de que la IA les otorgará una ventaja táctica decisiva. Países como Estados Unidos, Rusia, China, Israel, Corea del Sur y Turquía prefieren sustituir un tratado vinculante por meras «directrices» o «mejores prácticas».
Se espera que en noviembre de 2026 las Naciones Unidas voten el inicio oficial de las negociaciones. De ser así, el tratado formal podría ver la luz en 2027, seguido de un arduo proceso de ratificación global que seguramente intentarán torpedear los países detractores. Sin embargo, Asaro recuerda que no es una situación inédita y que la historia demuestra que el progreso es posible frente a la resistencia de las grandes potencias.
En el caso de las armas nucleares, un tratado de prohibición ha logrado establecer normas claras. Aunque las potencias nucleares no lo firmaron, el respaldo de la mayor parte del mundo consolidó una norma internacional que declara estas armas «inmorales e ilegales». Del mismo modo, aunque Siria nunca firmó el tratado sobre armas químicas, la comunidad internacional la hizo responsable de su uso. «Esperamos lograr algo similar. Como mínimo que podamos restringir el uso de estos sistemas y alejar la IA de las aplicaciones bélicas más peligrosas que podamos imaginar», concluye Asaro.
Así, al menos, la responsabilidad de las muertes de civiles podrá seguir siendo identificable y no quedar sepultada tras algoritmos indescifrables.
El miércoles 17 de diciembre, los Mossos d’Esquadra llevaron a cabo el desalojo del antiguo institut B9 de Badalona (Barcelona), un edificio abandonado que se había convertido en la alternativa habitacional de decenas de personas migrantes y empobrecidas ante la pasividad prolongada de las administraciones.
El operativo comenzó a las 8 de la mañana, con el habitual y amplio cordón policial1. El desalojo fue impulsado por el Ayuntamiento de Badalona, en manos del xenófobo Xavier García Albiol2, amparado en una resolución judicial del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 11 de Barcelona, fechada el pasado 12 de diciembre, que autorizaba al consistorio a recuperar la propiedad.
La jueza había dado luz verde al desalojo masivo, pero igualmente ordenó al Ayuntamiento a prestar atención social a los migrantes. Pese a ello, Albiol se negó en todo momento a ofrecer una alternativa habitacional. El alcalde del PP, conocido por su posiciones de ultraderecha hacia las personas migrantes (a las que en esta ocasión tildó de “salvajes”), ordenó igualmente el desahucio. “El ayuntamiento de Badalona no va a invertir ni un solo euro en darles vivienda a personas que se han dedicado a hacer la vida imposible a los vecinos”, declaró ante los medios de comunicación.
Por ello, durante la mañana solo se presentaron dos personas trabajadoras de los servicios sociales para atender a las 400. Hicieron mucho más por ayudar a las decenas de familias afectadas un centenar de activistas que se concentraron en la puerta que cualquier institución.
El desalojo, además, condujo a la identificación de más de 180 personas y a la detención y derivación de 18 de ellas al CIE de la Zona Franca de Barcelona, para su futura expulsión del país. Dos días después, quedaron en libertad.
Discursos de odio sin tapujos
El desalojo de cientos de personas sin alternativa habitacional ha sido el más grande de la historia de Catalunya y ha sido fuertemente criticado por organizaciones como Badalona Acull, la Plataforma del Barrio de Sant Roc, Regularización Ya y el Sindicato de Vivienda de Badalona. De las 400 personas vivían en el inmueble del antiguo instituto B9, 200 de ellas ya habían abandonado el bloque ante las amenazas abiertas del alcalde semanas antes, las otras 200, sin alternativa a donde ir a vivir, fueron desalojadas en pleno temporal de lluvia, viento y frío. Decenas de ellas pernoctaron los siguientes días bajo un puente de la C-31 en Badalona, mientras, con ayuda de vecinas, organizaciones sociales y sindicatos de vivienda trataban de encontrar soluciones.
Además, el desalojo ha venido acompañado de un discurso claramente criminalizador de la pobreza y de la población migrante. Da igual si en un edificio aparece una moto robada o si algunas personas no tienen papeles: la retórica es siempre la misma. Se construye un relato que vincula pobreza, migración y criminalidad para legitimar el desplazamiento. Un relato que no solo explica lo que ocurre, sino que lo produce: prepara el terreno para que ciertas vidas sean expulsables, para que su presencia en la ciudad sea siempre provisional, siempre cuestionada.
“Cuando Albiol habla en la radio y TV de ‘esta gente’ y los trata de delincuentes, está cometiendo un delito de odio”, ha señalado el Observatori del Sistema Penal i els Drets Humans (OSPDH), de la Universidad de Barcelona (UB) a través de un comunicado publicado es sus redes sociales. “Se trata de un ejemplo claro de racismo institucional, crueldad extrema y menosprecio público”.
Por su parte, el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU emitió un comunicado recordando que “desalojar a una persona en pleno invierno y dejarla sin hogar constituye una grave violación del derecho a una vivienda adecuada y de otros derechos”, que pueden “constituir un trato cruel, inhumano o degradante estrictamente prohibido por el derecho internacional”. Y afea que se haya producido “acompañado de un discurso estigmatizador por parte de las autoridades que describen a todos los que vivían en el bloque B9 como una fuente de inseguridad de la zona y los tildan de delincuentes o personas violentas sin aportar pruebas… esa retórica es inaceptable, discriminatoria y profundamente perjudicial” y que “las autoridades deben esforzarse por combatir la discriminación y no alimentarla”.
Entre chatarra y golpes de porra
“¿Qué tipo de persona puede dejar sin un techo, en pleno invierno, a más de 400 personas? Albiol, el actual alcalde de Badalona, nos ha mostrado esta semana que entre sus delirios racistas es capaz de deshumanizar a una parte de la clase trabajadora para justificar su agenda política. Ahora bien, cabe destacar que lejos de ser un fenómeno aislado, no deja de ser la punta de lanza de un movimiento mucho más generalizado, que de hecho encarna el signo de los tiempos: la reacción”, reflexiona Gisela Bermúdez en El Salto.
“El desahucio del B9 no solo forma parte de los desvaríos autoritarios de Albiol, sino también de una política de la pobreza por la vía punitiva. Una agenda que actúa como si tapando las grietas de un sistema cada vez más inhumano con pintura fresca, estas dejaran de existir. Un programa político que piensa que, al imponerles el cielo como techo a centenares de personas estas desaparecerán, como si de un truco de magia se tratase.
[…] Situamos el desahucio más grande de Catalunya en el contexto político más convulso que se ha visto en décadas. Genocidios, guerras y catástrofes se desarrollan bajo el telón de fondo de una crisis generalizada que lleva en si el agravamiento del problema de la vivienda. La tendencia al alza de los fenómenos de la infravivienda y el sinhogarismo aparecen hoy como la punta del iceberg de la crisis de la vivienda, focalizados en un segmento poblacional muy concreto.
Pues solo hace falta ver las imágenes del desahucio del antiguo instituto para darse cuenta de quiénes fueron los protagonistas de la bochornosa jornada: trabajadores migrantes que malviven errando de nave industrial en nave industrial, vendiendo chatarra, sometidos a salarios de miseria, irregularidad legal y violencia policial sistemática. Albiol, bajo la pudiente retórica a la que nos tiene acostumbrados balbuceó que «lo que tiene que hacer Sánchez es acogerlos él y darles vivienda». Unas palabras que duele oírlas entre aquellos que ya sabemos que el PSOE lleva años abrazando las políticas higienistas de la reacción. Ya sea en forma de laboratorios de criminalización y persecución bajo la marca del “Pla Endreça” en Barcelona o abriendo cárceles de migrantes en Mauritania, en el caso del Gobierno del Estado español.
En el acceso a la vivienda se concentran muchas de las contradicciones, pero la experiencia del B9 nos permite extraer una lección. Mientras que, en Badalona, según el INE, hay más de 7.000 pisos vacíos, hoy 400 personas que antes tenían techo están durmiendo al raso. Esta disonancia inhumana, que haya gente sin casa y casas sin gente, es consecuencia directa de las lógicas del capitalismo. Las viviendas, igual que el resto de las mercancías, no se producen y se distribuyen según su capacidad de satisfacer necesidades humanas, sino por su capacidad de generar beneficios económicos para unos pocos. En pocas palabras: el beneficio de un rentista vale más que condenar a una persona a condiciones infrahumanas de hambre y frío; y el sistema, a golpe de porra, pone todos los medios a la disposición para que no cese la barbarie”.
El desahucio como infraestructura antiinmigratoria
“Lo ocurrido en Badalona parece romper incluso con las expectativas más pesimistas. Aunque el incremento del odio es evidente, una no puede evitar preguntarse: ¿cómo hemos llegado a este nivel de criminalización de la pobreza y del activismo solidario, de racismo institucionalizado y de violencia abierta?”, se pregunta la activista de la PAH Barcelona Julieta Lechini Vittorino. “La extrema vulnerabilidad de las personas que vivían en la IB9 unió a activistas por el derecho a la vivienda, por los derechos humanos y por los derechos de la población migrante, dejándonos con una pregunta común: ¿cómo se ha vuelto posible esto y cómo podemos frenarlo?
Hace apenas unas semanas, con compañeras de la PAH, reapareció el recuerdo de la revista Pronto, que hace años que regalaba pegatinas de “Stop desahucios”. Un activista con más trayectoria que yo me compartía esa memoria con cierta nostalgia, acordándose de un tiempo en el que defender que la gente se quedara en su casa era algo ampliamente compartido, casi obvio, como el derecho que es.
Está claro que muchas cosas han cambiado desde entonces. Los desahucios por hipoteca son minoría y es hoy una población cada vez más vulnerable la que llega a las asamblea. Si extrapolamos aún un poco más, el contexto del auge de la extrema derecha ha traído consigo figuras autoritarias, desde Argentina hasta Rusia, que han normalizado discursos de odio que hoy impregnan tanto el espacio digital como la vida cotidiana. En este panorama, vemos crecer la individualización de nuestras comunidades y una necesidad exacerbada de construir al otro como amenaza, como enemigo. Un “ellos contra nosotros” que se apoya en identidades nacionales, raciales o culturales para reafirmar un “nosotros” cada vez más estrecho y excluyente.
Pero en este caldo de cultivo de odio, miedo e inseguridad, ¿qué papel juegan los desahucios? ¿Cómo se convierten en infraestructura —porque mueven personas, recursos, materiales y espacios— de control antimigratorio gestionada desde los gobiernos locales? Esta es una pregunta que llevo más de un año y medio haciéndome, como activista y como investigadora migrante, al encontrarme diariamente con la naturalización del desahucio del migrante. Una pregunta que en los últimos días parece haberse materializado en hitos de crueldad y frialdad institucional difíciles de ignorar: dejar a más de 400 personas en una situación de altísima vulnerabilidad en la calle, en pleno invierno, desplazándolas no una sino varias veces, con un mensaje claro y contundente: en esta ciudad no te queremos.
Dos geógrafos urbanos, Baker y Van Baar, ayudan a entender este momento. Ambos coinciden en que el desahucio funciona como una práctica de frontera dentro de la ciudad. No se trata solo de perder una casa, sino de vivir bajo la amenaza constante de perderla. Van Baar llama a esto “evictabilidad”, estableciendo un paralelismo clave entre el espectáculo de la frontera y el espectáculo del desahucio. Así como la frontera produce la ilegalidad migrante como algo naturalizado, el desahucio produce una condición permanente de vulnerabilidad, en la que ciertas personas saben que pueden ser expulsadas en cualquier momento. No es solo el acto del desalojo lo que importa, sino la amenaza constante, la normalización de que hay cuerpos siempre desplazables.
Desde la investigación urbana crítica se viene advirtiendo desde hace tiempo: el desahucio no es solo una consecuencia de la financiarización de la vivienda, sino una práctica de frontera. Como explica Baker, los desahucios no son rupturas excepcionales del orden urbano, sino actos infraestructurales de gobierno que producen lo que denomina una “disposición hacia el desplazamiento”. No se trata únicamente de expulsar cuerpos de un espacio concreto, sino de disciplinarlos, de enseñarles que su permanencia en la ciudad es siempre condicional.
En este sentido, la frontera no está solo en los aeropuertos o en las pateras del Mediterráneo. Invade el ámbito más íntimo: el hogar. Entra a través de la policía, de los juzgados, de las deudas, del mercado del alquiler y de perfiles racializados que determinan quién puede acceder a una vivienda y quién queda sistemáticamente fuera. El proceso del desahucio implica un trabajo constante sobre los cuerpos: funcionarios, agentes judiciales y fuerzas de seguridad actúan para justificar y producir esa disposición al desplazamiento, gestionando los movimientos de quienes son considerados prescindibles en el espacio urbano.
[…] De este modo, el desplazamiento vuelve a cumplir una función conocida: asegurar simbólicamente la identidad del español blanco —aunque también precarizado— que consume estas noticias. El desahucio no solo expulsa, también ordena. Ordena quién pertenece, quién sobra y quién puede ser sacrificado para sostener un imaginario de seguridad y normalidad. Y en ese orden, la vivienda se consolida como una de las infraestructuras más eficaces de la frontera contemporánea”.
Concentraciones racistas y respuesta solidaria
Tres días después del desalojo, la Creu Roja y Cáritas anunció que acogería a 15 de las personas más vulnerables que fueron desalojadas en la parroquia de la Mare de Déu de Montserrat. Una decisión claramente insuficiente a la vista de la magnitud del problema, pero que al menos puede dar una solución temporal a un puñado de personas.
Sin embargo, 200 personas, supuestamente vecinos de Badalona, se concentraron en la puerta del centro religioso. Con cánticos racistas y xenófobos, incluso amenazas de muerte, querían impedir la entrada de las personas desalojadas. Las expresiones abiertamente criminalizadoras contra las personas migrantes se asemejaban a las contenidas en los discursos de Albiol y buscaban una confrontación directa.
Xavier García Albiol se presentó en la concentración, supuestamente para apaciguar los ánimos. Después de haber negado durante todo el fin de semana la asistencia a los inmigrantes pidió a los vecinos que permitieran el alojamiento al menos durante aquella noche y se comprometió a abordar el asunto al día siguiente y pedir que no alojaran a los inmigrantes y fueran trasladados a otra parte. Como reveló Jesús Rodríguez en La Directa, «durante la reunión se comprobó la sintonía y la confianza entre Xavier Garcia Albiol y algunos de los concentrados, hasta el punto de recomendar discreción a las personas exaltadas que instigaban a asaltar el albergue y quemarlo. “Os hago una recomendación, especialmente a los más jóvenes. No digáis según qué cosas porque aquí se está grabando absolutamente todo”, dirigiéndose a un grupo que iba con la cara tapada con pasamontañas, para después ejemplificarlo: “Imagínate que esta noche pasa algo. El que ha dicho ‘hay que quemarlo’ se la carga”. En algunos momentos, los gritos no permitían oírle, y le exigían que dejara de hablar y pasara a la acción. Fue entonces cuando consiguió la ovación más grande de la noche: “Dejadme margen, coño, para intentar resolverlo o, si no, haced lo que consideréis”«.
Dado lo caldeados que estaban los ánimos, la parroquia anuló la acogida. Por ello, las personas desamparadas tuvieron que acudir a otros espacios solidarios. Un grupo reducido pudo dormir en el local de la CUP y el Casal Antoni Sala i Pont y otras ocuparon un albergue municipal que estaba clausurado, pero todavía hay decenas de personas pernoctando bajo el puente de la C-31, usando tiendas y sacos de dormir que les han donado distintas activistas.
A pesar de los esfuerzos de colectivos sociales que intentan paliar con autoorganización inestabilidad de las personas que se han quedado en la calle, Badalona Acull y el resto de colectivos aseguran que la crisis continúa, que sus recursos solidarios son limitados y reclaman a las instituciones implicarse con soluciones a medio y largo plazo.
Este mensaje fue replicado el lunes 22 de diciembre, cuando unas 500 personas se concentraron frente al espacio recuperado Can Bofí Vell y recorrieron las calles de Badalona en una manifestación antirracista, al grito de “nadie es ilegal” y “Albiol fascista” y bajo el lema “Contra els atacs racistes, unitat de classe”.
Mientras tanto, otros 300 vecinos de la ciudad, se concentraron a unos metros de distancia, soltando proclamas xenófobas y contra Pedro Sánchez, apoyando a su alcalde mientras ondeaban banderas españolas.
Vox y PP obtienen sus mejores resultados en los municipios del Área Metropolitana de Barcelona y Tarragona, en barrios habitados por trabajadores de lengua castellana de la segunda o tercera generación procedentes de la inmigración del sur de España del franquismo. Por el contrario, Aliança Catalana, dirigida por Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll, mayoritariamente obtiene sus apoyos en poblaciones de la Catalunya interior, en localidades de Girona y Lleida donde la extinta Convergència de Jordi Pujol obtenía grandes mayorías y que fueron feudos del carlismo en el siglo XIX. Actualmente cuentan con dos diputats, pero un sondeo electoral de septiembre les otorga una previsión de ocupar 19 escaños.
“Ciertamente, el ascenso de las extremas derechas en Occidente es un fenómeno global con muy diversas concreciones y particularidades nacionales. La singularidad del caso catalán radica en la consolidación de dos formaciones que comparten un discurso antiinmigración, islamófobo y sionista, pero que militan en ultranacionalismos antagónicos. Además, representan una base identitaria, territorial y social muy distinta que puede resumirse esquemáticamente en las antinomias: lengua castellana/catalana, clase trabajadora/clase media, Catalunya metropolitana/interior”, explica Antonio Santamaría (periodista y ensayista sobre el nacionalismo catalán) en Zona de Estrategia.
“Desde el punto de vista ideológico, Vox no ha roto amarras con el nacionalcatolicismo franquista cuyos símbolos y memoria reivindica. Por el contrario, los referentes históricos de Aliança Catalana son fascistas catalanes de los años 30 del siglo pasado como Daniel Cardona de Nosaltres Sols o los hermanos Badia de Estat Català. Respecto al factor generacional, Vox y AC obtienen elevados apoyos electorales entre la juventud; aunque, en el caso de AC sus perfiles son algo más transversales.
El proceso independentista actuó como un acumulador de fuerzas, un desencadenante, para ambas formaciones, aunque en sentido contrario. Vox creció en los años de ascenso del procés que activó los registros del ultranacionalismo español en defensa de la unidad de la patria amenazada por los separatistas catalanes. Aliança Catalana sin embargo es un producto del declive del procés, de la frustración provocada en amplios sectores del movimiento independentista por las falsas promesas, la desunión de los partidos independentistas y la falta de perspectivas para avanzar hacia la secesión. Aquí radica la explicación del fenómeno de la existencia de dos ofertas políticas de extrema derecha en Catalunya.
El ultranacionalismo y la xenofobia son dos de los principales ejes ideológicos de las extremas derechas occidentales. Los trabajadores inmigrantes, especialmente los musulmanes, son percibidos como una amenaza para la identidad nacional/cultural y una competencia en el acceso a los servicios públicos y prestaciones sociales. Vox y AC coinciden, tanto en el discurso racista como en sus propuestas legislativas punitivas contra la inmigración, pero discrepan radicalmente en la cuestión de la identidad nacional”.
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1Para profundizar en los hechos, en lo que expresaban las desalojadas y sus interacciones con la policía y políticos, recomendamos las crónicas realizadas por Jesús Rodríguez en La Directa.
2En las pasadas municipales, Albiol obtuvo una aplastante mayoría absoluta. Presidente del PP catalán en los años del procés, ejerció de alcalde entre 2011 y 2015 con una campaña populista, antinmigración y antiocupación bajo el lema “limpiar Badalona”. Es significativo que, a diferencia de otros municipios del Área Metropolitana de Barcelona, aquí Vox no obtuvo representación. Al igual que Isabel Díaz Ayuso en Madrid, García Albiol ha asumido con éxito gran parte del discurso de la extrema derecha en materia de inmigración y seguridad ciudadana.
Como cada año, en Periodismociudadano.com, realizamos un resumen de las noticias más destacadas que reflejan el compromiso y la dedicación de informadores voluntarios en todo el mundo. Este repaso anual vuelve a poner de relieve la importancia del contenido generado por el usuario para visibilizar realidades silenciadas y defender los derechos humanos. Además, destacamos la crucial necesidad de proteger a los periodistas ciudadanos, quienes arriesgan su seguridad para informar y empoderar a sus comunidades, así como la importancia de luchar contra la desinformación.
A continuación, presentamos el ranking cronológico de las 10 noticias más destacadas publicadas durante el último año:
1-Vertido de Pellets en las Costas Gallegas y su Gestión con Mapas Colaborativos
Un contenedor con 26,3 toneladas de pellets de plástico vertió su carga en las costas de Galicia, Asturias y Cantabria. Se implementaron mapa colaborativos para rastrear y gestionar la limpieza, contando con la participación de la asociación ecologista Noia Limpa y diversas organizaciones que impulsan una petición para cambiar la normativa y prevenir futuros vertidos. Los mapas han sido esenciales para coordinar jornadas de limpieza y recopilar datos a través de la colaboración ciudadana.
2-Julian Assange fue liberado bajo fianza tras doce años de confinamiento.
Tras este interminabla confinamiento Julian Assange,fundador de WikiLeaks, era liberado bajo fianza por el Tribunal Superior de Londres.
Su liberación marca un hito significativo en su prolongada batalla legal de la que os hemos hablado en numerosas ocasiones en PC. Tras su liberación se inició una campaña para recaudar los 520,000 dólares destinados a cubrir su vuelo a Saipan y asegurar su bienestar y recuperación. Organizaciones defensoras de la libertad de prensa y múltiples personalidades celebraron la noticia, esperando que esta decisión marque un precedente positivo para la protección de los derechos de los periodistas y la libertad de expresión a nivel mundial.
La Corte Suprema de Estados Unidos anulaba un fallo que bloqueaba la demanda de Priscilla Villarreal, conocida en redes como «La Gordiloca», una periodista ciudadana de Texas. Villarreal, arrestada en 2017 por publicar información no pública sobre un suicidio en su página de Facebook, ahora ve reabierto su caso. Esta victoria no solo es importante para ella, sino quese convierte en un precedente decisivo que sienta las bases para una mayor protección de los periodistas ciudadanos que se enfrentan a represalias y a toda clase de riesgos al realizar su trabajo. En contexto represivos y frente al auge de la desinformación, figuras como Villarreal han emergido como referentes informativos para sus comunidades, utilizando plataformas como Instagram y Facebook para compartir noticias con miles de seguidores. La Corte Suprema ordenaba al Quinto Circuito que reconsiderase la demanda presentada por Villarreal, lo que podría ampliar las protecciones legales para todos los periodistas ciudadanos.
Witness, (@witness_es), una organización cofundada por el músico y activista Peter Gabriel, era galardonada con el prestigioso Peabody Awards, Global Impact por su incansable labor en la defensa y protección de los derechos humanos a través de la tecnología y el vídeo. Desde sus inicios en 1992, Witness ha proporcionado equipos de vídeo y capacitación a activistas de todo el mundo, apoyando el derecho de la ciudadanía a documentar violaciones de derechos humanos. Su reconocimiento en la 84ª edición de los premios anuales Peabody Awards, destacaba la importancia del periodismo ciudadano y el contenido generado por el usuario para visibilizar desigualdades e injusticias sociales que de otro modo permanecerían silenciadas. En su discurso de agradecimiento, Sam Gregory, Director Ejecutivo de Witness, reconoció a los periodistas ciudadanos y a los millones de testigos en primera línea que defienden sus derechos y documentan abusos en todo el mundo.
5-Récord de Asesinatos en Pakistán: La Heroica Resistencia de Periodistas Profesionales y ciudadanos
En los primeros seis meses de 2024, Pakistán registró un récord de siete asesinatos de periodistas, incluyendo tanto a profesionales como a reporteros ciudadanos. Este aumento resalta la peligrosa situación para los medios en el país y la necesidad urgente de proteger a quienes informan sobre corrupción y conflictos locales. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras subrayan que Pakistán es uno de los países más peligrosos del mundo para los periodistas, con impunidad generalizada para los perpetradores. En la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa se situaba en el puesto 152 de 180 países.
Los podcast de Amazondas (@amazondas_), fue galardonado este 2024 en la 3ª edición de los premios Ondas del Podcast como mejor Podcast Experimental. Este reconocimiento destaca la creatividad y el impacto social de la producción, que empodera a comunidades indígenas de la selva peruana a través de relatos sonoros innovadores. El equipo detrás de Amazondas, liderado por Fátima González Donado, (@fgdonado), ha logrado combinar voces auténticas con una producción profesional, creando una experiencia sonora que ha cautivado a audiencias locales e internacionales.
En medio del conflicto en Gaza, periodistas ciudadanos como Motaz Azaiza, Bisan Owdao Plestia Alaqad han jugado un papel crucial, proporcionando información en tiempo real a través de redes sociales y colaborando con medios internacionales para ofrecer una perspectiva auténtica y humana del conflicto. El trabajo de informadores como Motaz Azaiza, (@azaizamotaz9), del que os hemos hablado en PC, ha permitido una visión directa de la guerra, alterando la percepción convencional del conflicto y ofreciendo una perspectiva humana que los medios tradicionales a menudo no pueden capturar.
En este contexto de crisis que ya se vivió en conflictos similares como fue la guerra en Siria, medios como la CNN señala: «Los palestinos han conseguido abrir una ventana a la guerra» a través de sus redes sociales, convirtiéndose en un elemento crucial que permite seguir el conflicto a través de sus testimonios:
A través de sus publicaciones en Instagram, X y otras plataformas, estos periodistas ciudadanos le están poniendo rostro al conflicto.
Mansour Shouman, (@ShoumanMansour), periodista ciudadano palestino-canadiense, ha documentando la vida de los palestinos en Gaza, proporcionando testimonios esenciales y colaborando con medios internacionales. Su trabajo resalta la importancia del periodismo ciudadano en contextos de alta peligrosidad, permitiendo que las voces de los civiles palestinos sean escuchadas globalmente, a pesar de las amenazas y riesgos personales que enfrenta.
El periodismo ciudadano que Shouman representa pone en valor la capacidad de los individuos para generar contenido de gran valor en circunstancias límites, denunciando injusticias y ofreciendo visibilidad a las voces silenciadas. (Si quieres apoyar el trabajo de Shouman puedes visitar esta web).
La Organización para el Desarrollo Social Sostenible (SSDO), (@SSDOPakistan), ha lanzado la iniciativa Climate Optics, (@ClimateOpticsPK), con el objetivo de combatir los crecientes desafíos climáticos de Pakistán. La iniciativa Climate Optics, promueve el periodismo ciudadano para enfrentar los desafíos climáticos en Pakistán. Empodera a los jóvenes para liderar acciones sostenibles y fomenta la colaboración internacional para mejorar la resiliencia climática del país. A través de la documentación y difusión de eventos climáticos, Climate Optics ayuda a visibilizar las necesidades de las comunidades afectadas y promueve el activismo desde la base.
10-Inundaciones de la DANA en Valencia: Información Ciudadana Clave para visibilizar la magnitud del desastre
Frente a la desinformación es importante también destacar cómo la rápida difusión de información permitió una mejor coordinación de las respuestas de emergencia y una mayor conciencia pública sobre la magnitud del desastre. En este caso vimos como las redes se convierten en un gran elemento para canalizar la solidaridad ciudadana, coordinar mensajes de apoyo y dfundir información sobre los desaparecidos.
En la mañana del 1 de febrero de 2021, el Tatmadaw o ejército de Myanmar, dio un golpe de estado contra el gobierno democráticamente elegido para recuperar el poder en el país. Desde entonces, Myanmar se ha convertido en el segundo mayor represor de periodistas del mundo (solo detrás de China).
En Periodismo Ciudadano ya os hemos hablado de cómo, un año después del golpe, los informes ciudadanos se convirtieron en la alternativa al bloqueo informativo impuesto por el gobierno.
Ole Chavannes, desarrollador de la Democratic Voice of Burma (DVB), (Voz Democrática de Birmania), uno de los principales proveedores de información independientes de Myanmar, señala en declaraciones al IJnet, el destacado papel que los periodistas ciudadanos jugaron tras el golpe de estado en Myanar, cuando el ejercito revocó la licencia de funcionamiento del sistema estatal de satélites y el de toda la redacción, poniendo la vida de todos sus periodistas en peligro.
A pesar de esta situación, DVB nunca dejó de transmitir en Myanmar. Su equipo huyó del país y se estableció en: Oslo, Melbourne, Atlanta, Toronto y Chiang Mai, Tailandia en donde según señala Chavannes:
trabajan hoy en día con la mayor red clandestina de periodistas ciudadanos dentro de Myanmar
Desde su fundación el trabajo de la DVB ha sido informar desde la clandestinidad, con la tecnología como aliada. Antes de su lanzamiento oficial desde Oslo en 1992, DVB operaba como una radio de onda corta en la selva dirigida por estudiantes rebeldes después del levantamiento estudiantil del 8888 contra la junta Tatmadaw, en el poder en ese momento. La radio estudiantil se convirtió, en Oslo, en la Voz Democrática de Birmania.
En la década de 2000, DVB adoptó la tecnología satelite para transmitir sus noticias. Una década más tarde, para cubrir las elecciones de 2012 en Myanmar, la sala de redacción utilizó una estación de enlaces que transmitían contenido desde el interior del país a los satélites, para llegar así a los principales medios internacionales. Además, DVB fue pionero en el uso de drones para capturar imágenes de vídeo, sobrevolando el edificio del parlamento en la capital de Naypyidaw y mostrar el país desde arriba. Incluso el año pasado, recurrieron nuevamente a la radio de onda corta para proporcionar noticias e información diaria sobre la ayuda en casos de desastres naturales, como sucedió con los afectados por el ciclón Mocha, que mató a cientos de personas en mayo de 2023.
El pan de cada día del medio son los dispositivos móviles de sus periodistas ciudadanos, que utilizan para filmar “todo”. Estos periodistas envían sus imágenes y reportajes a DVB, que luego transmite vía satélite para llegar a la diáspora birmana y a los usuarios de VPN que aún se encuentran dentro del país: la gran mayoría de su audiencia. A pesar de las restricciones y los riesgos, DVB mantiene un gran número de seguidores leales en plataformas como Facebook y YouTube, a pesar de que es ilegal que las personas dentro de Myanmar visiten estos sitios. La gente sintoniza DVB porque a veces incluso se trata de información que salva vidas, especialmente durante la actual guerra civil en Myanmar entre los rebeldes antimilitares y la junta.
Si quieres conocer más detalles no te pierdas el stupendo reportaje de IJnet.
La cifra de fallecidos tras el terremoto sufrido en Marruecos el pasado viernes asciende a más de 2.900 muertos y más de 5.500 heridos, siendo la región de Al Haouz, al sur de Marrakech, la más afectada. La ONU estima que más de 300.000 personas se han visto afectadas en Marrakech y en la zona del Alto Atlas. Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), unos 100.000 niños se han visto afectados.
Esete montaje aglutina una selección de vídeos grabados por los afectados en el momento del seismo que nos acercan al horror que se vivió en las calles:
Una vez más los vídeos grabados por los ciudadanos han servido para ilustrar la magnitud de la catástrofe e informar en tiempo real de los acontecimientos. Los desastres naturales continúan mostrándonos la importancia del contenido generado por el usuario tanto para tomar conciencia de la magnitud de los hechos como para activar las labores de rescate y emergencia. En esta grabación vemos cómo se derrumba un edifico durante el seísmo:
A través de Tik Tok llegaban también numerosos documentos gráficos ilustrando la magnitud y el desconcierto de los marroquíes que no comprenden qué está sucediendo:
Desde esta red social se hacían virales vídeos como el enviado por @mohamedsaidbadaoui mostrando la solidaridad del pueblo marroquí en el que observamos cómo la gente llena los carros con agua y provisiones de primera necesidad para ayudar a las personas afectadas:
Especialmente viral se han hecho estas imágenes grabadas por una cámara de seguridad que capta a la perfección el momento en el que comienza el seismo: