🔒
Hay nuevos artículos disponibles. Pincha para refrescar la página.
AnteayerSalida Principal

Los chatbots de inteligencia artificial pueden copiar libros enteros, y las tecnológicas lo sabían

2 Febrero 2026 at 12:01

Cuando las grandes tecnológicas explican cómo funcionan sus sistemas de inteligencia artificial, recurren siempre a la misma metáfora: los modelos aprenden, como un estudiante que lee miles de libros y luego escribe con sus propias palabras. Esa imagen, cómoda y humanizadora, acaba de chocar contra una realidad incómoda: estos sistemas no solo aprenden, también copian. Y pueden hacerlo con una precisión que sorprende incluso a sus creadores.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford ha conseguido extraer libros prácticamente completos de los principales sistemas de IA del mercado. En el caso más llamativo recuperaron el 95,8% del texto de Harry Potter y la piedra filosofal del modelo Claude 3.7 Sonnet, desarrollado por Anthropic. Del mismo sistema extrajeron el 97,5% de El gran Gatsby, la célebre novela de F. Scott Fitzgerald.

Los hallazgos, publicados hace unos días, amenazan con dinamitar el argumento central que estas empresas han presentado ante los tribunales estadounidenses: que sus sistemas transforman creativamente el material con el que se entrenan, sin almacenar copias de las obras originales.

Una técnica sencilla

Lo más revelador del estudio no es solo lo que encontraron, sino cómo lo encontraron. En dos de los cuatro sistemas analizados –Gemini 2.5 Pro de Google y Grok 3 de xAI, la empresa de Elon Musk– ni siquiera fue necesario engañar al sistema. Bastó con pedirles que continuaran un fragmento inicial del libro. Los modelos, obedientes, siguieron recitando página tras página.

Con Claude de Anthropic y GPT-4.1 de OpenAI la cosa fue algo más complicada. Los investigadores Ahmed Ahmed y A. Feder Cooper tuvieron que utilizar una técnica conocida como Best-of-N: modificar repetidamente la instrucción –cambiando mayúsculas, añadiendo caracteres especiales– hasta encontrar una variante que sorteara las protecciones del sistema. Probaron hasta 10.000 variaciones.

El resultado: Claude reprodujo más del 94% de cuatro libros completos, incluyendo 1984 de George Orwell. GPT-4.1 de OpenAI se resistió más –tendía a detenerse tras el primer capítulo–, pero aun así los investigadores lograron extraer el 4% de Harry Potter. Gemini y Grok entregaron el 76,8% y el 70,3% respectivamente de la primera entrega de la saga de J.K. Rowling.

Comprimir, no aprender

Para entender por qué estos hallazgos son tan problemáticos, conviene abandonar la metáfora del aprendizaje. Los grandes modelos de lenguaje funcionan más bien como algoritmos de compresión, similar a cómo un archivo JPEG reduce el tamaño de una fotografía. La imagen comprimida no es idéntica a la original, pero conserva suficiente información para reconstruirla con alta fidelidad.

Cuando un modelo puede reproducir miles de palabras consecutivas de un libro –en algunos casos, capítulos enteros–, la explicación más plausible no es que haya aprendido conceptos abstractos, sino que ha almacenado literalmente fragmentos del texto en sus parámetros internos.

Mark Lemley, profesor de Derecho en Stanford que ha asesorado a empresas como Meta en casos similares, reconoce la complejidad del asunto. «No estoy seguro de si es preciso decir que un modelo contiene una copia de un libro, o si tenemos un conjunto de instrucciones que nos permite crear una copia sobre la marcha», explica a La Marea. Incluso la segunda interpretación, más benévola para las tecnológicas, podría considerarse problemática legalmente.

Ninguna de las cuatro empresas afectadas –Anthropic, Google, OpenAI y xAI– accedió a ser entrevistada para el estudio. Las tres primeras reconocieron haber recibido la notificación de los investigadores; xAI ni siquiera respondió.

Las declaraciones previas de estas compañías contrastan con los nuevos hallazgos. Google afirmó ante la Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos que «no existe copia de los datos de entrenamiento presente en el modelo mismo». OpenAI hizo declaraciones similares. Los estudios demuestran que tales afirmaciones son, en el mejor de los casos, imprecisas.

Las consecuencias legales

Según Lemley, estos hallazgos complican las narrativas que tanto demandantes como demandados han presentado ante los tribunales. La primera implicación es que los propios modelos de IA podrían considerarse obras derivadas de los libros que memorizan. En derecho de autor estadounidense, si un modelo codifica libros completos en sus parámetros, podría argumentarse que el modelo mismo es una copia ilegal, no solo lo que produce cuando se le pregunta.

La segunda es que resulta práctico generar copias infractoras. Los estudios muestran que es posible extraer contenido protegido de modelos comerciales, algo que probablemente constituye una infracción.

En Europa, el panorama legal ya está cambiando. Un tribunal alemán dictaminó recientemente contra OpenAI en un caso presentado por GEMA, una organización de licencias musicales, tras demostrar que ChatGPT podía producir imitaciones muy cercanas de letras de canciones. El juez comparó el modelo con archivos MP3 y JPEG que almacenan música y fotos en formatos comprimidos.

En Estados Unidos, dos casos recientes han determinado que el entrenamiento de modelos de lenguaje puede considerarse uso justo, una doctrina legal que permite ciertos usos de material protegido. Pero ambos jueces señalaron que los demandantes no habían aportado pruebas convincentes de que los modelos pudieran reproducir sus obras de forma casi literal.

Estos nuevos estudios llenan precisamente ese vacío.

El precio de la piratería

Extraer un libro completo de estos sistemas no es gratuito. Los investigadores gastaron aproximadamente 120 dólares para obtener Harry Potter y la piedra filosofal de Claude, aunque solo 2,44 dólares con Gemini. Como señala Feder Cooper, coautora del estudio: «Existen formas más fáciles y baratas de piratear un libro».

Pero el problema trasciende la piratería individual. Lo que está en juego es si estas empresas han construido imperios tecnológicos valorados en miles de millones de dólares sobre cimientos de material protegido por derechos de autor, sin pagar un céntimo a los autores.

«Independientemente de las perspectivas de los litigios en curso», concluyen los autores del estudio, «los hechos técnicos son claros: los modelos de lenguaje memorizan porciones de sus datos de entrenamiento, estos datos están codificados en los pesos del modelo y, como demostramos aquí, es posible extraer grandes cantidades de datos protegidos por derechos de autor de modelos comerciales».

Los investigadores esperaron 90 días –el protocolo estándar de divulgación responsable– antes de hacer públicos sus resultados. Al final de ese periodo, algunos de los sistemas probados seguían siendo vulnerables.

La entrada Los chatbots de inteligencia artificial pueden copiar libros enteros, y las tecnológicas lo sabían se publicó primero en lamarea.com.

Máquinas y robots nos quitan el empleo pero mejoran nuestra vida

En 1948, Norbert Wiener, considerado padre de la cibernética, advirtió ya el conflicto entre tecnología y empleo, sugiriendo indemnizar a los ciudadanos [14]. Recientemente, Paul Mason decía que en 30 años “entre el 40 y el 50% de los trabajos desaparecerán y serán automatizados, sobre todo en el comercio y en trabajos de oficina” [11]. Otros informes reflejan cifras similares [1, 3, 9]. En todo caso, es obvio que en el mundo actual el trabajo se está automatizando y gran parte del que no se puede automatizar se lleva a países con una regulación laboral o ambiental menos exigente o donde la mano de obra y los impuestos son más baratos.

Las máquinas en general (ordenadores, robots, máquinas industriales o agrícolas…)  aumentan la productividad en todos los sectores, e inevitablemente, se pierden empleos. Si seguimos así, viviremos en una sociedad en la que hay que trabajar poco, pero en la que la miseria y el desempleo socavarán la calidad de vida y la convivencia pacífica. ¿Sabremos adaptarnos para conseguir las ventajas y evitar los inconvenientes de la automatización?

La informática se aplica a todo pero destruye más empleo del que crea

La mecanización agrícola acabó con muchos puestos de trabajo en el campo pero creó muchos otros en las ciudades. Sin embargo, en la actualidad se supone que sólo los robots destruirán 3,5 empleos por cada uno que consigan crear.

En España, por ejemplo, hay algunos datos preocupantes que podrían estar relacionados entre sí: es el país de la OCDE con más desigualdad entre ricos y pobres y, por otro lado, el sector de la banca lleva ocho años echando a 200 empleados a la semana. Obviamente, la banca no es un sector en crisis, por lo que los recortes son principalmente debidos a la automatización: las operaciones se hacen por Internet con coste casi cero para la banca.

Cientos de profesionales ven cada día cómo sus trabajos son realizados por robots o por empresas de Internet con muy pocos ordenadores y empleados. Ejemplos de esto son agencias de viajes, editoriales o el sector del taxi, sustituidos por simples webs o Apps, telefonistas sustituidos por programas para chatear (bots), u obreros industriales reemplazados en todos los sectores, como los robots albañiles (que ponen más del doble de ladrillos por hora que el mejor albañil). También se pierden empleos por la obsolescencia programada y por la bajada de precios, debida en parte también a la automatización (ese es el caso de relojeros, zapateros o reparadores de electrodomésticos).

En la docencia, por ejemplo, si los profesores publican en Internet vídeos de sus clases, los alumnos podrían cursar las asignaturas desde sus casas, repitiendo el vídeo cuantas veces quieran. Así, podrían ir al centro de estudios sólo para clases prácticas (o simplemente para socializar y jugar, en el caso de los más pequeños). Hasta las dudas podrían resolverse por chat o videoconferencia. Además de un simple vídeo pueden usarse otros mecanismos informáticos que captan mejor la atención del alumno (programas con animaciones, documentales, ejercicios o juegos). Por otro lado, esos cambios conllevarían que con menos profesores se podría atender a una mayor cantidad de alumnos.

El avance más descomunal, de hecho, no está en las máquinas (hardware), sino en el software, usando técnicas de “Inteligencia Artificial“: sistemas expertos, reconocimiento facial o de voz, coches autoconducidos… El oxímoron “Inteligencia Artificial” incluye un conjunto de técnicas que imitan el comportamiento humano. No es propiamente inteligencia, pero lo parece y en muchos casos funciona mejor que la inteligencia humana. Ello es debido, entre otros factores, a la gran memoria y velocidad de cálculo de los procesadores electrónicos y también a una objetividad de la que a veces los humanos carecen. Incluso, hay técnicas en las que el objetivo no es decirle a la máquina lo que tiene que hacer, sino dejar que lo descubra y que aprenda por sí misma (machine learning). Aunque hay mucho por hacer, los avances en esta materia son espectaculares (toma de decisiones en medicina o en economía, comprensión de textos… y muchas más).

Opciones para evitar lo peor

Cambios como los anteriores pueden no percibirse como algo brusco. Sin embargo, esos cambios llevan a Mason a afirmar que el capitalismo está a punto de desaparecer como lo conocemos, lo cual puede provocar, según él, el caos o, al menos, el fin del trabajo en su forma actual.

Ahora y siempre, para conseguir empleo es importante la formación, pero actualmente no sólo tienen valor los conocimientos, sino que vale mucho más la creatividad, la especialización y la capacidad de aprender nuevas cosas en un mundo tan cambiante (son los llamados «nómadas del conocimiento» o knowmads). Pero aunque consigamos para el futuro una sociedad mejor formada, el problema de la automatización no se resuelve, pues en el futuro harán falta menos personas para trabajar. Si no hacemos nada, la automatización podrá beneficiar a la sociedad, pero aún así, muchos perderán sus empleos, con todo lo que ello implica.

Si estamos de acuerdo en que una sociedad desigual no beneficia a la mayoría y es fuente de injusticias, entonces algo hay que hacer. Autores como Keynes, McAfee o Meyer han hecho propuestas en este sentido:

  1. Fomentar el trabajo a tiempo parcial, para repartir mejor el empleo existente.
  2. Reducir la jornada laboral, por ejemplo, a cuatro días semanales para compensar la reducción en el trabajo disponible [6]. Keynes pronosticó 15 horas semanales para 2030 [1].
  3. Instaurar una Renta Básica Universal [6, 7] (aunque sea muy básica) que complemente los salarios (bajos por trabajar pocas horas o nulos) y controlando que esto no haga descender los salarios [1]. Podría justificarse esta renta en el hecho de que todo ciudadano de un país tiene derecho a poseer los recursos naturales y económicos públicos. Donde se ha probado, se ha demostrado que no desincentiva trabajar. Próximamente se va a probar en Barcelona y otras ciudades europeas [4].
  4. Tratar a ordenadores y robots como empleados de las empresas y que paguen impuestos (o sea, que no sea tan rentable usar máquinas a costa de despedir empleados).
  5. Convertir al Estado en “empleador de última instancia para evitar desempleados de larga duración [12].
  6. Dar valor a tareas ahora no remuneradas, como voluntariado, cuidado de niños o de mayores, etc. Estas actividades podrían pagarse con algún tipo de beneficio.
  7. Evitar la deslocalización y el abuso de las multinacionales de los países ricos exigiéndoles el mismo comportamiento legal y ético en todos los países en los que actúen [8] (respetando las leyes ambientales y de seguridad laboral, como si estuvieran en su propio país).
  8. Evaluar el impacto de cada tecnología, pues es evidente que no vamos a renunciar a todos los avances tecnológicos, pero tampoco debemos asumirlos todos, pues algunos tienen impactos muy considerables.

Conclusiones

Bertrand De Jouvenel dijo [2]: “Todos los planes elaborados en todos los países del mundo tienden a incrementar la demanda de recursos naturales; la gran aspiración común a todos es economizar trabajo, cuando el factor hombre se hace cada vez más abundante, y no se piensa apenas en economizar los recursos naturales, que sin embargo son limitados”. Tal vez, si reducimos el número de horas que un humano puede trabajar, entonces, el trabajo humano tendrá más valor.

Que la tecnología destruye puestos de trabajo, lo recordó hasta el Papa Francisco [5]. Pero nuestra sociedad ensalza el trabajo remunerado tanto como la tecnología, y cuando son, aparentemente opuestos, nos negamos a elegir entre uno u otro. Nadie debería quejarse de que las máquinas trabajen, si lo hacen mejor, más barato, sin cansarse y disponibles a cualquier hora, pero tenemos que establecer mecanismos para que esas ventajas generen beneficios para todos y nos permita una sociedad más equitativa.

Hasta la generación de electricidad con renovables requiere menos puestos de trabajo por cada megavatio [10], lo cual es otra gran ventaja de una sociedad renovada.

La tecnología pone en nuestras manos un gran poder, y ello implica una gran responsabilidad, pero… ¿estamos siendo suficientemente responsables? ¿Somos responsables siquiera en conseguir de forma ética los materiales con los que construimos nuestras máquinas? (pensemos en el coltán, por ejemplo).

Si no hacemos nada, se consumará, como dijo Marta Tafalla [13], nuestro fracaso como ser racional.

Referencias

  1. Lidia Brum, “Robots y Trabajo” (CC.OO. Perspectiva, 2017).
  2. Bertrand De Jouvenel, “La Civilización de la Potencia: De la Economía política a la Ecología política” (1976). Libro resumido aquí.
  3. David Fernández, “La inteligencia artificial obliga a redefinir la economía“: La productividad podría aumentar el 40%, mientras se pierden el 47% de los empleos (El País, 2017).
  4. Sergi Franch, “La Unión Europea elige Barcelona para testar cuatro modelos de Renta Básica con 1.000 vecinos” (Eldiario.es, 2017).
  5. Papa Francisco, encíclica “Laudato Si” (2015). Libro resumido aquí.
  6. José Galindo, “¿Qué Pasaría si en los Países Ricos Trabajáramos Menos? (Hacia una Economía Sostenible)” (Blogsostenible, 2011).
  7. José Galindo, “Dos Erres URGENTES: Renta básica y Reducción de la jornada laboral” (Blogsostenible, 2015).
  8. José Galindo, “Lista de empresas que deben ser multadas y boicoteadas” (Blogsostenible, 2017).
  9. José Galindo, “¿Qué fuente de energía requiere menos empleo? (Empleos por Megavatio)” (Blogsostenible, 2017).
  10. Gary Marcos, “Will a robot take your job?” (The New Yorker, 2012): En 90 años desaparecerán el 70% de los empleos.
  11. Paul Mason, “Postcapitalism: a guide to our future” (Allen Lane, 2015).
  12. Henning Meyer, “No hace falta una renta básica: cinco medidas para afrontar la amenaza del desempleo tecnológico” (Ctxt, 2017).
  13. Marta Tafalla, “Crisis ecológica, conocimiento y finitud: Fracaso del ser humano como ser racional” (Blogsostenible, 2016).
  14. Norbert Wiener, “Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine” (The MIT Press, 1948).

NOTA: Este artículo ha sido publicado algo más breve en Crónicas del Intangible, un espacio de divulgación sobre software y ciencias de la computación (blogs de EL PAIS, Junio 2017).

IA, concentración y poder: anatomía de una burbuja que no explota

26 Enero 2026 at 09:27

La pregunta que conviene hacerse no es si la inteligencia artificial (IA) vive una burbuja. Las burbujas, cuando se describen en abstracto, parecen fenómenos casi naturales: aparecen, crecen, estallan y desaparecen. El problema es que, en economía política, las burbujas no caen del cielo. Se construyen. Y, una vez construidas, no siempre explotan, sino que a menudo se institucionalizan. Lo que a menudo se presenta como el desarrollo orgánico de los distintos agentes que participan libremente en un mercado, es en realidad una compleja trama de intereses políticos ideológicamente cargados que se alimentan de recursos públicos. 

Y si hablamos de la IA en 2026, el riesgo principal no es un colapso súbito del sector, sino algo más persistente y menos espectacular: la normalización de un modelo altamente concentrado, intensivo en recursos energéticos y… sostenido por un relato tecnosolucionista en manos de una élite ultraderechista que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial.

Concentración: cuando el índice deja de ser un índice

Hoy, una parte sustancial del valor bursátil estadounidense –y, por extensión, del ahorro global indexado– descansa en apenas una decena de compañías, la mayoría de ellas grandes tecnológicas. Microsoft, Apple, Nvidia, Alphabet, Amazon y Meta concentran buena parte del peso del S&P 500 y dominan el top 10 del índice junto a algunas excepciones puntuales como Berkshire Hathaway, la empresa matriz de Warren Buffet. 

Según datos de S&P Dow Jones Indices, el peso agregado de estas diez empresas suma ya más de un tercio del total del índice, un nivel de concentración que no se registraba desde antes del estallido de la burbuja puntocom. Cuando un índice supuestamente diversificado depende en tal medida de un núcleo reducido de gigantes tecnológicos, deja de funcionar como termómetro del conjunto de la economía y pasa a reflejar, sobre todo, la hegemonía de la Big Tech y su promesa de crecimiento futuro ligada a la inteligencia artificial.

Por eso el Banco de España, en sus últimos Informes de Estabilidad Financiera, ha señalado explícitamente los riesgos asociados a la elevada concentración bursátil y a las valoraciones exigentes en determinados sectores tecnológicos: “La potencial corrección de la valoración de las empresas tecnológicas de EEUU y su elevado peso bursátil continúa suponiendo un factor adicional de riesgo de mercado”, señalan. 

Infraestructura: la nube pesa toneladas

El segundo pilar de esta burbuja no es financiero, sino material. La inteligencia artificial no flota en el aire como pompas de jabón. Se ejecuta en centros de datos que consumen electricidad, agua, suelo y capacidad de red. Y lo hacen a una escala que ya no puede considerarse marginal

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que los centros de datos, junto con la IA y las criptomonedas, consumen ya alrededor del 1,5% de la electricidad mundial y que esa cifra podría duplicarse antes de 2030, alcanzando niveles comparables al consumo anual de países como Japón. Además, según apuntan, el crecimiento de la demanda eléctrica asociada a la IA está siendo mucho más rápido de lo previsto hace apenas dos años.

Cada nuevo centro de datos compite por electricidad con hogares, transporte e industria. Obliga a acelerar inversiones en redes de alta tensión, subestaciones y sistemas de respaldo que, en la práctica, se financian en gran medida con dinero público. Presiona territorios concretos –municipios, comarcas– que asumen impactos ambientales y urbanos mientras los beneficios económicos se concentran lejos. Es decir; la burbuja de la IA no se infla solo con capital privado, sino con decisiones públicas sobre suelo, red eléctrica y prioridades energéticas.

Agua, territorio y externalidades invisibles

A la electricidad se suma otro recurso cada vez más escaso: el agua. El enfriamiento de grandes infraestructuras digitales requiere cantidades significativas de agua dulce, especialmente en climas cálidos o en centros de datos de alta densidad. La UNESCO ha advertido de que el auge de la inteligencia artificial está disparando simultáneamente la demanda de energía, agua y minerales críticos, intensificando tensiones ecológicas ya existentes.

Estudios académicos publicados subrayan que la huella hídrica del entrenamiento de grandes modelos de IA es todavía poco transparente y, en muchos casos, subestimada. La burbuja no es solo financiera, también es territorial. Se manifiesta cuando se prometen empleos y modernización a cambio de infraestructuras que consumen recursos locales y cuyos beneficios fiscales y productivos apenas revierten en el entorno inmediato.

Poder de mercado: la IA como oligopolio de hecho

El ecosistema de la IA se organiza en torno a unos pocos actores que controlan simultáneamente la infraestructura en la nube, los chips especializados, los modelos fundacionales y, en muchos casos, los datos. Tres empresas –Amazon Web Services, Microsoft Azure, y Google Cloud–, concentran aproximadamente dos tercios del mercado global de nube. Una empresa –NVIDIA–, controla más del 80% de la producción de chips. Y cuatro empresas –OpenAI, Google DeepMind, Meta y Anthropic– concentran el desarrollo de los modelos fundacionales más avanzados. 

La OCDE también ha alertado de que la inteligencia artificial presenta una fuerte tendencia a la concentración debido a las economías de escala, las barreras de entrada y el control de infraestructuras críticas. No estamos ante un mercado emergente abierto, sino ante un oligopolio en formación que fija precios, condiciones de acceso y ritmos de innovación.

De hecho, la situación adquiere todavía un tono más grave si tenemos en cuenta que algunas de estas grandes empresas, como Tesla o Palantir, están al servicio ideológico de una ultraderecha que cada día que pasa se parece más al fascismo de entre guerras del siglo pasado. La burbuja de la IA, con su corazón en Estados Unidos, se funde en un conjunto de intereses corporativistas y oligopolistas en el que las subvenciones, las excepciones regulatorias, los contratos públicos y recalificaciones de suelo se convierten en moneda de cambio para no quedarse fuera de la carrera tecnológica. 

A todo ello se superpone un relato omnipresente. La inteligencia artificial aparece como solución transversal al estancamiento productivo, al envejecimiento demográfico, a la crisis climática, incluso a la escasez de recursos públicos. Cada problema tiene su algoritmo pendiente, un discurso que cumple la función política precisa de desactivar el conflicto. Si la tecnología promete hacerlo todo más eficiente mañana, cualquier crítica hoy se presenta como miedo, atraso o falta de visión.

Y así se matan dos pájaros de un tiro: el que pretende defender un cierto grado de privacidad, y el que pretende defender la necesidad de un mayor grado de redistribución económica. 

¿Burbuja o proyecto político?

Llegados a este punto, la pregunta cambia. No se trata de saber si la burbuja de la inteligencia artificial explotará en 2026 o en 2028. Se trata de entender qué ocurre si no explota. Qué pasa si se consolida un sistema altamente concentrado, energéticamente voraz y políticamente blindado por la urgencia tecnológica.

Porque incluso sin crash, el resultado puede ser profundamente disfuncional: más dependencia tecnológica, más desigualdad territorial, más transferencia de recursos públicos hacia rentas privadas y menos capacidad democrática para decidir prioridades.

La historia económica reciente ofrece suficientes precedentes. Las grandes crisis no suelen llegar por sorpresa. Llegan después de años de advertencias ignoradas, normalizaciones progresivas y relatos tranquilizadores. Cuando el ajuste llega –si llega– ya no se discute el modelo: se gestiona el daño. Y se hace siempre protegiendo aquellos que generaron la burbuja y se beneficiaron de ella. ¿Y los perdedores, quienes serán? También los de siempre, por supuesto. 

La entrada IA, concentración y poder: anatomía de una burbuja que no explota se publicó primero en lamarea.com.

La IA al desnudo: cinco motivos para subir sus impuestos

El escritor Yuval N. Harari decía en su libro Nexus que la herramienta más revolucionaria creada por el ser humano, la Inteligencia Artificial (IA), «puede destruir nuestra civilización». Uno de los motivos, podría ser la inmensa cantidad de puestos de trabajo que están siendo sustituidos por robots y algoritmos. Ejemplo: se han producido más de 200.000 despidos solo en el sector tecnológico mundial. Amazon lidera los recortes, pero es algo que afecta a multitud de empresas de todos los sectores.Robots fabricando coches: un proceso barato pero con un impacto ambiental brutal.

Los negacionistas gritarán que también se están creando empleos. Pero… ¿cuál es el balance global? Nouriel Roubini dice que «la IA invade más puestos de trabajo que las revoluciones anteriores» y la califica como una de las grandes amenazas globales.

Las empresas que se suben a este carro aumentan sus beneficios y disminuyen sus gastos. Este es otro factor que hace crecer la desigualdad: la lista de supermillonarios en España sigue creciendo con los inmensos daños que ello conlleva: sociales, ambientales, etc.

¿Es justo que los beneficios caigan en manos de una minoría?

Tengamos en cuenta estos aspectos:

  1. La llamada Inteligencia Artificial está formada por diversas tecnologías creadas por personal científico, muchas veces pagado con dinero público. Gran parte de los avances que han permitido la IA actual han sido financiados por organismos públicos y —gracias a eso— publicados en revistas en abierto, sin patentes.
  2. La IA y cualquier aparato electrónico tienen un enorme impacto ambiental, principalmente por la minería y por la gran cantidad de energía y agua que requieren.
  3. Las empresas tecnológicas —o con un uso intensivo de tecnología— suelen tener enormes beneficios y costes muy bajos (una vez que han desarrollado su producto).
  4. Estas empresas contribuyen a la destrucción del empleo (los bancos son un claro ejemplo).
  5. Por último, la IA necesita nuestros datos para alimentarse. ¿Por qué crees que hay tantas cosas «gratis» en Internet? Buscadores gratis, redes sociales gratis, almacenamiento gratis, correo electrónico, películas, vídeos, juegos, noticias, etc. De una forma u otra estamos cediendo nuestros datos gratis sin saber para qué. También recibimos publicidad que —aunque no lo queramos reconocer— nos manipula.

Los motores de la IA se alimentan con datos de millones de humanos: los nuestros o los de otros países: colonización digital. A cambio, las empresas nos pagan con despidos masivos y con ingeniería financiera para evadir en paraísos fiscales. Los casos de gigantes como Inditex (la Zara de Amancio Ortega), Meta, Amazon o Apple son solo algunos de los tufos más sonados.

Con razón concluían J. Vicente y M. Pérez que «el gran negocio de estas tecnológicas no son los productos, sino nuestros datos personales. Lo saben todo sobre nosotros: nuestros gustos, búsquedas y hábitos». Con toda esa información, tal vez la IA conozca al ser humano mejor que nosotros mismos. No solo pueden manipularte mejor a ti y a todos los humanos con tu perfil, sino que, con tus datos, entrenan a la IA para lo que quieran, desde inducir opiniones políticas hasta fomentar libros, películas u otros bienes de consumo.

¿Cómo podemos quedarnos con lo mejor de la automatización?

Emplear ordenadores, robots o la IA supone enormes ventajas para la humanidad. Sin embargo, si no controlamos bien este poder, podría destruir el bienestar alcanzado.

Al menos en Europa, estamos construyendo sociedades en las que tenemos gratis muchas cosas valiosas. En realidad no son gratis, sino pagadas entre todos: con dinero público. En España, la sanidad es universal (incluso para los extranjeros). ¿Quién querría vivir en un país donde los pobres se mueren por las calles? ¿En serio los votantes del PP quieren que los inmigrantes pasen frío y hambre en la calle, como en Badalona?

Más ejemplos de lo importante que es el sector público en España: casi todas las carreteras se mantienen gratuitamente para todos. La educación básica también es gratis y hay becas para formarse a cualquier nivel. También son de libre acceso las bibliotecas, los parques y zonas naturales, la televisión pública (RTVE y otros canales autonómicos), la policía, el alumbrado público (a veces excesivo), la recogida de basura y de papeleras, etc.

Si no estamos atentos, podríamos perder cosas tan valiosas como una sanidad y una educación públicas de calidad. Fue una de las lecciones que debimos aprender del coronavirus. Siempre hay amenazas que debemos combatir.

Tampoco debemos olvidar todas las acciones de cuidado ambiental que se pagan con dinero público: estudios científicos, cuidado de bosques y reforestación, bomberos forestales, restauración de ecosistemas, apoyo a energías renovables o agricultura ecológica, programas de conservación de especies, gestión y depuración del agua, control de la contaminación, etc.

Para costear todos esos servicios públicos, tenemos que aplicar la inteligencia natural y tomar medidas urgentes, como las siguientes:

  1. Lo primero sería tomar conciencia del problema para, así, votar, trabajar y educar siempre con el objetivo de construir sociedades más justas y más felices.
  2. Controlar los errores de la IA. Los sistemas humanos no están exentos de errores. Por ejemplo, la IA se alimenta de millones de datos humanos en los que el machismo está incrustado. Por tanto, no es raro que la IA adopte decisiones y opiniones machistas. Por otra parte, a veces la IA alucina, término que se usa para indicar cuando se inventa datos, lo cual es realmente muy peligroso. Se han dado casos en los que la IA induce al suicidio.
  3. Fortalecer el sector público y, para ello, que las empresas que usen la IA, robots u ordenadores paguen impuestos razonables por beneficiarse de avances colectivos de la humanidad. No se trata de asfixiar a las empresas, sino de exigir una retribución justa que no ahogue a la sociedad en su conjunto.
  4. Reducir la jornada laboral es un factor lógico para aumentar la felicidad. Y, por supuesto, genera empleo que compensaría, en parte, el que se está perdiendo por las nuevas tecnologías.
  5. Roubini también sugiere una Renta Básica Universal que reduzca los problemas de la desigualdad.

Con estas medidas, todos saldremos ganando, incluso los que se oponen a ellas. Usemos la inteligencia (natural) para fortalecer nuestro sistema público, que es el único que nos defenderá en las situaciones fáciles y también en las difíciles.

♦ Más reivindicaciones:

blogsostenible

Robots fabricando coches: un proceso barato pero con un impacto ambiental brutal.

La IA al desnudo: cinco motivos para subir sus impuestos

El escritor Yuval N. Harari decía en su libro Nexus que la herramienta más revolucionaria creada por el ser humano, la Inteligencia Artificial (IA), «puede destruir nuestra civilización». Uno de los motivos, podría ser la inmensa cantidad de puestos de trabajo que están siendo sustituidos por robots y algoritmos. Ejemplo: se han producido más de 200.000 despidos solo en el sector tecnológico mundial. Amazon lidera los recortes, pero es algo que afecta a multitud de empresas de todos los sectores.Robots fabricando coches: un proceso barato pero con un impacto ambiental brutal.

Los negacionistas gritarán que también se están creando empleos. Pero… ¿cuál es el balance global? Nouriel Roubini dice que «la IA invade más puestos de trabajo que las revoluciones anteriores» y la califica como una de las grandes amenazas globales.

Las empresas que se suben a este carro aumentan sus beneficios y disminuyen sus gastos. Este es otro factor que hace crecer la desigualdad: la lista de supermillonarios en España sigue creciendo con los inmensos daños que ello conlleva: sociales, ambientales, etc.

¿Es justo que los beneficios caigan en manos de una minoría?

Tengamos en cuenta estos aspectos:

  1. La llamada Inteligencia Artificial está formada por diversas tecnologías creadas por personal científico, muchas veces pagado con dinero público. Gran parte de los avances que han permitido la IA actual han sido financiados por organismos públicos y —gracias a eso— publicados en revistas en abierto, sin patentes.
  2. La IA y cualquier aparato electrónico tienen un enorme impacto ambiental, principalmente por la minería y por la gran cantidad de energía y agua que requieren.
  3. Las empresas tecnológicas —o con un uso intensivo de tecnología— suelen tener enormes beneficios y costes muy bajos (una vez que han desarrollado su producto).
  4. Estas empresas contribuyen a la destrucción del empleo (los bancos son un claro ejemplo).
  5. Por último, la IA necesita nuestros datos para alimentarse. ¿Por qué crees que hay tantas cosas «gratis» en Internet? Buscadores gratis, redes sociales gratis, almacenamiento gratis, correo electrónico, películas, vídeos, juegos, noticias, etc. De una forma u otra estamos cediendo nuestros datos gratis sin saber para qué. También recibimos publicidad que —aunque no lo queramos reconocer— nos manipula.

Los motores de la IA se alimentan con datos de millones de humanos: los nuestros o los de otros países: colonización digital. A cambio, las empresas nos pagan con despidos masivos y con ingeniería financiera para evadir en paraísos fiscales. Los casos de gigantes como Inditex (la Zara de Amancio Ortega), Meta, Amazon o Apple son solo algunos de los tufos más sonados.

Con razón concluían J. Vicente y M. Pérez que «el gran negocio de estas tecnológicas no son los productos, sino nuestros datos personales. Lo saben todo sobre nosotros: nuestros gustos, búsquedas y hábitos». Con toda esa información, tal vez la IA conozca al ser humano mejor que nosotros mismos. No solo pueden manipularte mejor a ti y a todos los humanos con tu perfil, sino que, con tus datos, entrenan a la IA para lo que quieran, desde inducir opiniones políticas hasta fomentar libros, películas u otros bienes de consumo.

¿Cómo podemos quedarnos con lo mejor de la automatización?

Emplear ordenadores, robots o la IA supone enormes ventajas para la humanidad. Sin embargo, si no controlamos bien este poder, podría destruir el bienestar alcanzado.

Al menos en Europa, estamos construyendo sociedades en las que tenemos gratis muchas cosas valiosas. En realidad no son gratis, sino pagadas entre todos: con dinero público. En España, la sanidad es universal (incluso para los extranjeros). ¿Quién querría vivir en un país donde los pobres se mueren por las calles? ¿En serio los votantes del PP quieren que los inmigrantes pasen frío y hambre en la calle, como en Badalona?

Más ejemplos de lo importante que es el sector público en España: casi todas las carreteras se mantienen gratuitamente para todos. La educación básica también es gratis y hay becas para formarse a cualquier nivel. También son de libre acceso las bibliotecas, los parques y zonas naturales, la televisión pública (RTVE y otros canales autonómicos), la policía, el alumbrado público (a veces excesivo), la recogida de basura y de papeleras, etc.

Si no estamos atentos, podríamos perder cosas tan valiosas como una sanidad y una educación públicas de calidad. Fue una de las lecciones que debimos aprender del coronavirus. Siempre hay amenazas que debemos combatir.

Tampoco debemos olvidar todas las acciones de cuidado ambiental que se pagan con dinero público: estudios científicos, cuidado de bosques y reforestación, bomberos forestales, restauración de ecosistemas, apoyo a energías renovables o agricultura ecológica, programas de conservación de especies, gestión y depuración del agua, control de la contaminación, etc.

Para costear todos esos servicios públicos, tenemos que aplicar la inteligencia natural y tomar medidas urgentes, como las siguientes:

  1. Lo primero sería tomar conciencia del problema para, así, votar, trabajar y educar siempre con el objetivo de construir sociedades más justas y más felices.
  2. Controlar los errores de la IA. Los sistemas humanos no están exentos de errores. Por ejemplo, la IA se alimenta de millones de datos humanos en los que el machismo está incrustado. Por tanto, no es raro que la IA adopte decisiones y opiniones machistas. Por otra parte, a veces la IA alucina, término que se usa para indicar cuando se inventa datos, lo cual es realmente muy peligroso. Se han dado casos en los que la IA induce al suicidio.
  3. Fortalecer el sector público y, para ello, que las empresas que usen la IA, robots u ordenadores paguen impuestos razonables por beneficiarse de avances colectivos de la humanidad. No se trata de asfixiar a las empresas, sino de exigir una retribución justa que no ahogue a la sociedad en su conjunto.
  4. Reducir la jornada laboral es un factor lógico para aumentar la felicidad. Y, por supuesto, genera empleo que compensaría, en parte, el que se está perdiendo por las nuevas tecnologías.
  5. Roubini también sugiere una Renta Básica Universal que reduzca los problemas de la desigualdad.

Con estas medidas, todos saldremos ganando, incluso los que se oponen a ellas. Usemos la inteligencia (natural) para fortalecer nuestro sistema público, que es el único que nos defenderá en las situaciones fáciles y también en las difíciles.

♦ Más reivindicaciones:

El aterrizaje de la IA en la sanidad pública: opaco, desigual y con escasa supervisión

17 Noviembre 2025 at 00:01
Por: CIVIO

Este artículo ha sido publicado originalmente en Civio y forma parte de su serie sobre transparencia algorítmica.

Ángela Bernardo, María Álvarez del VayoAdrián MaquedaCarmen Torrecillas y Ter García // “La Estrategia de Salud Digital del Sistema Nacional de Salud, que se lanzó en el 2021, está dotada con más de 1.000 millones de euros en planes colaborativos entre el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas y ha sentado las bases para introducir tecnologías avanzadas de manera coordinada y de manera cohesionada, que creo que es muy importante”. Con estas palabras inauguraba Mónica García, ministra de Sanidad, el I Foro de Inteligencia Artificial para el Sistema de Salud, celebrado a mediados de septiembre. Sin embargo, sus buenos deseos chocan con la realidad que viven a diario los profesionales del Sistema Nacional de Salud consultados por Civio.

Aunque cada vez es mayor el número de algoritmos y sistemas de inteligencia artificial que se incorporan en la sanidad pública, su implementación está marcada por una enorme disparidad. “Hay diversidad por todo tipo, por comunidad autónoma, por hospitales, por campos, por todo. Básicamente, esto es una guerra: cada uno compra el software que quiere, el que puede o el que necesita”, dice Antonio López Rueda, portavoz de la Sociedad Española de Radiología Médica (SERAM) y radiólogo del Hospital Universitario de Bellvitge. Para Nuria Ribelles Entrena, portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncóloga del Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga, existe “cero” coordinación para compartir o reutilizar tecnología: “Cada comunidad va por libre”.

Una integración poco transparente y desigual

En líneas generales, la incorporación de la IA en el Sistema Nacional de Salud se está haciendo de forma bastante opaca. “Los ciudadanos deberíamos tener el derecho de poder saber qué sistemas se están integrando, cómo fueron entrenados, qué datos de entrenamiento utilizaron, cómo se han comprado o si fue algo que está desarrollando la propia administración pública”, dice la jurista Anabel K. Arias, portavoz de la Federación de Consumidores y Usuarios (CECU). Sin embargo, solo dos comunidades autónomas, País Vasco y Generalitat Valenciana, cuentan con un registro público de algoritmos, incluyendo los que se aplican en salud. En opinión de Arias, la transparencia algorítmica “es relevante para poder hacer un control sobre lo que se está implementando en general en España y en la sanidad pública”.

Entre 2024 y 2025, Civio ha realizado, a través de la Ley de Transparencia, una veintena de solicitudes de acceso a la información pública a las consejerías autonómicas con competencias en sanidad o digitalización y al Ministerio de Sanidad. Dada la situación cambiante de la IA, intentamos además actualizar la información directamente con los gabinetes de prensa de cada departamento. Nuestra investigación arroja una situación tremendamente desigual: mientras la Comunidad de Madrid se acerca al centenar de proyectos basados en IA, con cada hospital actuando por cuenta propia; otras regiones, como Asturias, Galicia o la Comunidad Valenciana, han integrado un menor número de aplicaciones, en su mayoría centradas en el diagnóstico. Cataluña, por su parte, solo ha dado información parcial, amparándose en el secreto empresarial y en la protección de la propiedad intelectual e industrial.

“Si al final hay determinados hospitales o comunidades autónomas que están acelerando la incorporación de sistemas de IA en sus hospitales o servicios públicos y otros no, puede llegar a verse desde un punto de vista de la brecha digital: que algunas personas puedan tener un servicio de salud y otras, otro tipo completamente diferente”, apunta la jurista Anabel K. Arias. Aunque la IA se está integrando a velocidades distintas, parece evidente que su implementación se está acelerando a marchas forzadas. Por ejemplo, a mediados de 2024, Asturias o Castilla y León negaron contar con algoritmos, pero, unos meses más tarde, la situación era diferente pues introdujeron varios sistemas. “Es el problema del FOMO (fear of missing out), el miedo a quedarnos fuera: si no usas nada de IA, estás fuera de este mundo. Si usas algo, probablemente aparezcas en las noticias”, dice López Rueda.

En el Ministerio de Sanidad, la realidad también es bastante diferente. Dentro de este departamento, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha desarrollado varios sistemas basados en procesamiento de lenguaje natural, incluido el fallido MeqA, que daba respuestas erróneas sobre medicamentos, mientras que el trabajo en la Dirección General de Salud Digital y Sistemas de Información para el SNS se ha centrado en dos aplicaciones, una para predecir “la expansión de enfermedades transmisibles” y otra para resolver dudas a quienes se presentan a las pruebas como el MIR.

También dentro del Ministerio, el Instituto de Gestión Sanitaria (INGESA) ha incorporado, por ejemplo, tecnología de reconocimiento facial con IA para fichar a pacientes de Ceuta y Melilla. En cambio, la Organización Nacional de Transplantes no ha contratado ni desarrollado por el momento sistemas basados en inteligencia artificial, a diferencia de lo ocurrido en Reino Unido. Allí, la implementación de un algoritmo conllevó discriminación hacia pacientes jóvenes en las listas de espera para recibir un órgano.

IA sanitaria: un auge sin suficientes garantías

El mapeo de Civio no permite saber en qué especialidades está más avanzada la inteligencia artificial, porque no todas las comunidades dan el mismo nivel ni detalle en la información. Pero donde sí hay datos se observa un patrón claro: muchas aplicaciones se incorporan para analizar imágenes médicas (por ejemplo, en radiología, dermatología, anatomía patológica), como también sucede en países como Estados Unidos. “El análisis de un píxel, que es la unidad básica de la imagen, es muchísimo más sencillo que el análisis del dato, de palabras, de texto. El análisis de texto escrito es muchísimo más complejo, por eso va mucho más retrasado”, explica la oncóloga Ribelles Entrena.

Otros sistemas que se están integrando con rapidez son los que permiten gestionar de forma automatizada la información clínica, por ejemplo, para transcribir automáticamente la conversación entre profesionales y pacientes o para asignar códigos a los diagnósticos en urgencias. “Uno de los principales avances que esperamos es toda la tecnología de IA que tiene que ver con el lenguaje natural, ya que disminuir la ingente burocracia que asumimos en las consultas y que consume la mayor parte del tiempo de que disponemos permitiría poder centrarnos de manera más directa en lo que espera de nosotros el paciente: que le miremos a los ojos en vez de estar tecleando y mirando a la pantalla”, dice Rosa Taberner Ferrer, dermatóloga en el Hospital Son Llàtzer de Mallorca. Y añade: “Es lo que de verdad dará un giro de 180º a nuestras consultas”.

“Estamos en unas etapas muy iniciales de lo que puede ser la IA en oncología o en cualquier otra especialidad, quitando anatomía patológica, radiología o dermatología, donde está más desarrollada”, asegura Ribelles Entrena. No obstante, incluso donde hay más avances, la limitada digitalización del sistema sanitario dificulta la implementación del software y su integración en los flujos habituales de trabajo. Por ejemplo, en radiología se utiliza el llamado sistema de almacenamiento de imágenes médicas (PACS, por sus siglas en inglés) y cualquier desarrollo de IA debe adaptarse a la plataforma concreta que se aplique. “La única comunidad que tiene un PACS es Andalucía; aquí en Cataluña no tenemos un PACS único. Por tanto, si quiero implementar un software de imagen médica, necesito implementarlo y adaptarlo a seis, siete u ocho PACS diferentes. Y cada PACS tiene su intríngulis”, explica López Rueda.

Los especialistas consultados por Civio también advierten de la necesidad de mantener una postura crítica. Los sistemas de IA sanitaria suelen clasificarse en función de su finalidad y riesgo dentro de la clase IIa del reglamento europeo sobre productos sanitarios —salvo excepciones que puedan suponer mayores riesgos para los pacientes—. Por ello, deben contar con el marcado CE para poder ser comercializados, lo que a su vez exige realizar investigaciones clínicas al respecto. No obstante, muchos de estos software no se han probado en las condiciones necesarias, es decir, no han llegado a demostrar que brinden resultados superiores y mejores a lo que se utiliza en la actualidad.

“Tenemos que ser reticentes a la hora de implementar esto en la práctica asistencial. Deberíamos exigir: uno, estudios aleatorizados que demuestren que la lectura de la máquina es superior a la del especialista y dos, que este tipo de implementaciones son costo-eficaces”, señala López Rueda. Sin embargo, la situación actual dista de ser idónea. En palabras de Josep Malvehy Guilera, director de la Unidad de Cáncer cutáneo del Hospital Clínic de Barcelona: “Hay desconocimiento por parte de los profesionales, los usuarios que van a utilizar esto. Tengo la impresión que también por parte de los responsables de la compra de estos productos, porque si no exigirían algo más”. De hecho, tanto fuera como dentro de España, la mayoría de algoritmos no se han evaluado en estudios rigurosos (de carácter prospectivo o en ensayos clínicos aleatorizados), lo que implica que faltan validaciones externas e independientes. “Hay que exigir un poco más de seriedad. Si hiciéramos lo mismo con un antibiótico, nos meterían en la cárcel”, zanja Malvehy Guilera.

La entrada El aterrizaje de la IA en la sanidad pública: opaco, desigual y con escasa supervisión se publicó primero en lamarea.com.

Libro “21 lecciones para el siglo XXI” de Y.N. Harari (resumen)

Resumen del libro "21 lecciones para el siglo XXI" de Harari. En nuestro blog también encontrarás el resumen de su libro "Sapiens"Sus dos anteriores libros fueron “Sapiens” y “Homo Deus” y en ellos se exploraba la historia del hombre y su futuro, respectivamente. Aquí, Yuval Noah Harari nos presenta un compendio de 21 temas esenciales para el presente. Mientras estamos atareados en nuestros problemas cotidianos, están pasando cosas a nivel global que nos deberían importar.

“A la filosofía, a la religión y a la ciencia se les está acabando el tiempo”. La inminente crisis ecológica, la creciente amenaza de las armas de destrucción masiva y el auge de las nuevas tecnologías disruptivas no permitirá prolongar mucho más el debate sobre el significado de la vida. Porque ese significado se ha de usar para tomar decisiones importantes (en ciencia, biotecnología, inteligencia artificial…). Los mercados son impacientes y no toman siempre las mejores decisiones para todos.

1. Decepción ante la ausencia de una ideología convincente

“Relatos Ecoanimalistas” —Colección de relatos ecologistas y animalistas.
“Relatos Ecoanimalistas” —Colección de relatos cortos, ideal para regalar a personas, sean o no ecologistas o animalistas. Aumentará la conciencia ambiental del planeta. Gracias.

Tras la caída del fascismo y del comunismo, el liberalismo se ha impuesto casi por todo el mundo de una u otra forma, defendiendo cosas tan bonitas como la libertad, los derechos humanos, la libertad de movimiento (más para el dinero que para las personas, ciertamente), o el libre mercado (que con tanto acierto criticó N. Klein). Pero desde la crisis global de 2008, los decepcionados por el liberalismo crecen y hay, además, dos retos que para Harari son muy inquietantes: la infotecnología (desarrollos tecnológicos, inteligencia artificial, robots…) y la biotecnología (modificar genes, transgénicos…). “Los humanos siempre han sido mucho más duchos en inventar herramientas que en usarlas sabiamente. Es más fácil reconducir un río mediante la construcción de una presa que predecir las complejas consecuencias que ello tendrá para el sistema ecológico de la región”.

El poder de “manipular el mundo” ha llevado a que “nos enfrentamos a un colapso ecológico”, porque las revoluciones en biotecnología y en infotecnología las lideran científicos o emprendedores “que apenas son conscientes de las implicaciones políticas de sus decisiones”. Así, “Donald Trump advirtió a los votantes que mexicanos y chinos les quitarían el trabajo y (…) nunca advirtió a los votantes que los algoritmos les quitarían el trabajo” (poniendo a las máquinas a trabajar). “Quizá en el siglo XXI las revueltas populistas se organicen no contra una élite económica que explota a la gente, sino contra una élite económica que no la necesita”. Cada vez se precisan menos trabajadores y ahora debemos ya empezar a buscar soluciones (como reducir la jornada laboral o la renta básica), antes de alcanzar el “desempleo masivo”.

Los que votaron a Trump en EE.UU. o a favor del Brexit en Reino Unido, no rechazaron el liberalismo totalmente pero sí quisieron encerrarse un poco en su casa y que se adoptaran “políticas intolerantes para con los extranjeros”. Pretender aislarse, como pide el nacionalismo, es una política inviable en la era de internet y del calentamiento global. China lo hace al revés: aplica el liberalismo más fuera de sus fronteras que dentro, mientras Rusia aplica un liberalismo atroz que genera la “mayor desigualdad del mundo” (el 87% de la riqueza está en manos del 10% de los más ricos) y el islamismo solo atrae a algunos de los que crecieron en su seno. A pesar de todo, la humanidad no puede abandonar el liberalismo, “porque no tiene ninguna alternativa”, aunque tampoco ofrece respuestas “a los mayores problemas a los que nos enfrentamos: el colapso ecológico y la disrupción tecnológica”. El liberalismo todo lo resuelve con el crecimiento económico pero esa solución no sirve porque ya sabemos que esa es precisamente la causa de la crisis ecológica y que gran parte de la tecnología tiene un fuerte impacto social y ambiental. Por eso, para Harari la primera medida es la perplejidad: reconocer que no sabemos lo que está ocurriendo.

2. Trabajo: en el futuro habrá mucho menos empleo

La robotización tiene ventajas e inconvenientesEs obvio que las máquinas y los robots están efectuando cada vez más trabajos: mejoran nuestra vida y, a la vez, nos quitan el trabajo. El poder de las máquinas, junto con la IA (Inteligencia Artificial) es inmenso y tienen dos capacidades muy importantes: la conectividad y la capacidad de actualización. Por ejemplo, en conducción automática de vehículos, dos coches podrían conectarse para acordar quien pasa primero y evitar colisionar. Además, cualquier nueva norma de tráfico o mejora del software podría actualizarse en todos los vehículos automáticos de forma inmediata.

También es cierto que se están creando nuevos empleos, pero en general exigen “un gran nivel de pericia y, por tanto, no resolverán los problemas de los trabajadores no cualificados”. Podría ocurrir que padezcamos “a la vez unas tasas de desempleo elevadas y escasez de mano de obra especializada”. Además, dado la vertiginosa velocidad de cambio, podrían ser profesiones que surgen y desaparecen en cuestión de una década, por lo que es muy complicado exigir derechos laborales o crear sindicatos en tales circunstancias. El autor sostiene que “hoy ya son pocos los empleados que esperan ocupar el mismo empleo toda la vida”. Además reconoce que “el cambio es siempre estresante” y podría ser complicado reeducar a miles de empleados.

Por otra parte, evitar la pérdida de puestos de trabajo no es una buena opción, porque supone abandonar las ventajas de la mecanización, pero tampoco podemos hacerlo sin dar alternativas a los empleados. Harari alaba lo que ocurre en Escandinavia, donde los gobiernos siguen el lema «proteger a los obreros, no los empleos». Una forma de hacer esto es lo que llamamos las dos erres urgentes: Reducir la jornada laboral y la RBU (Renta Básica Universal). Por supuesto, también se está aplicando en muchos países la subvención de servicios básicos universales: educación, sanidad, transporte… Pero en estas opciones el problema está en definir qué es «universal» y qué es «básico»:

  • Por universal se suele interpretar la población nacionalizada en un país, pero hay que tener en cuenta que las principales víctimas de la automatización quizá no vivan en donde se apruebe la RBU o esos servicios básicos universales. Automatizar en exceso podría generar la ruina en países en desarrollo que actualmente están dando mano de obra barata a los países ricos.
  • Por básico se puede interpretar la comida que un sapiens requiere (entre 1500 y 2500 calorías), pero también se pueden considerar básicos aspectos como la educación, la sanidad, el acceso a internet…

El problema es complejo, porque contentar a los sapiens no es tarea sencilla. La felicidad puede depender de las expectativas y éstas dependen de las circunstancias. Por tanto, aunque se mejoren las condiciones, no se garantiza que haya satisfacción. Como ejemplo exitoso cita el caso de Israel, país que obtiene buenos resultados en la satisfacción de la población, en parte gracias a un montón de personas pobres que no trabajan y que se dedican exclusivamente a cuestiones religiosas (el 50% de los hombres judíos ultraortodoxos). El gobierno da generosas subvenciones y se constata que debatir el Talmud es más satisfactorio que el trabajo de los obreros. Así pues, “la búsqueda de plenitud y de comunidad podría eclipsar la búsqueda de un puesto de trabajo”. El objetivo debería ser combinar una red de seguridad económica universal y básica, comunidades fuertes con servicios básicos universales y educar para una búsqueda de una vida plena. Esto podría compensar la pérdida de empleos y mejorar la calidad de vida de la gente.

“Dado el inmenso poder destructor de nuestra civilización, no podemos permitirnos más modelos fallidos”, pues equivocarnos ahora podría acabar en una guerra nuclear, en desastres por manipulación genética o en un colapso completo de la biosfera.

3. Libertad: computadoras y big data contra los derechos humanos

Lee un resumen de este otro libro de Harari. En Nexus habla de la Inteligencia Artificial, de la democracia y del futuro.
Lee un resumen de este otro libro de Harari. En Nexus habla de la Inteligencia Artificial, de la democracia y del futuro.

Dice Harari que “los referéndums y las elecciones tienen siempre que ver con los sentimientos humanos, no con la racionalidad”. Aunque algunas personas están más informadas y otras son más racionales, al final cada voto cuenta lo mismo y los sentimientos son los que guían a la mayoría. El biólogo Richard Dawkins dijo a propósito de la votación del Brexit que someterlo a referéndum es como «dejar que los pasajeros de un avión votaran en qué pista debería aterrizar el piloto». Teniendo esto en cuenta, queda claro el alto interés en acceder al corazón humano, a sus entresijos y a cómo manipularlo. Si se consiguiera en grado suficiente, la política sería “un espectáculo de títeres emocional”.

Pensemos que, al final, los sentimientos están basados en el cálculo. Millones de neuronas calculan, por ejemplo, cuando tener miedo según la probabilidad de ser dañados. Los sentimientos “encarnan la racionalidad evolutiva”, pero “pronto los algoritmos informáticos podrán aconsejarnos mejor que los sentimientos humanos”. Seguramente cometerán errores, pero solo se necesita que sean, de media, mejor que nosotros, lo cual “no es muy difícil, porque la mayoría de las personas no se conocen muy bien a sí mismas, y (…) suelen cometer terribles equivocaciones en las decisiones más importantes de su vida”. Incluso en ética, las máquinas superarán a la mayoría de los humanos, porque las máquinas no tienen emociones. Se ha demostrado que las emociones humanas controlan las decisiones humanas, por encima de sus ideologías o de sus planteamientos filosóficos. La selección natural no ha seleccionado a los homínidos más éticos, sino a los que gracias a sus emociones (miedo, deseo…) han conseguido reproducirse con más éxito. Por otra parte, “los ordenadores no tienen subconsciente” y si fallaran, resultaría “mucho más fácil corregir el programa que librar a los humanos de sus prejuicios”. Esto abre mercado a los filósofos, pues hará falta la filosofía para hacer buenos programas.

Cuando las decisiones importantes las tomen los algoritmos, basados en el cómputo de millones de datos (macrodatos o big data), ¿dónde queda nuestra libertad? ¿Confiaremos en los algoritmos para que nos escojan pareja, qué estudiar o dónde trabajar? ¿Escogerán también a quien votar? ¿Qué sentido tienen entonces las elecciones y los mercados libres?

Ya hoy día la gente confía en Google para hallar respuestas mientras “la capacidad para buscar información por nosotros mismos disminuye”. Esto hace que la gente considere «verdad» lo que aparece en los primeros resultados de la respuesta de Google. Más aún, la capacidad para orientarse es como un músculo que o lo usas o lo pierdes, y mucha gente depende tanto de Google Maps que si falla se encuentra completamente perdida.

El que controle esos algoritmos de macrodatos, controlará buena parte del mundo. Un ejemplo está en Israel, país que controla el cielo, las ondas de radio, el ciberespacio y el mar y, gracias a ello, un puñado de soldados pueden controlar a 2.5 millones de palestinos en Cisjordania. Y lo hacen usando IA: en 2017 un palestino publicó una foto poniendo en árabe “¡Buenos días!”. Un algoritmo israelí confundió las letras árabes y lo tradujo como “¡Mátalos!” y el obrero fue detenido. Quedó en libertad cuando se aclaró el error, pero el incidente demuestra la importancia de la IA para controlar a la población. Llevado al extremo, en manos de gobiernos autoritarios las herramientas de IA podrían controlar a la población “más incluso que en la Alemania nazi”.

Usando las reglas de la selección natural, hemos criado vacas dóciles que producen más leche, pero que son inferiores en otros aspectos. Igualmente, “estamos creando humanos mansos” pero que “en absoluto maximizan el potencial humano”. De hecho, “sabemos poquísimo de la mente humana”, mientras la investigación se centra en mejorar los ordenadores y los algoritmos. “Si no somos prudentes, terminaremos con humanos degradados que usarán mal ordenadores mejorados”. Para Harari esto podría provocar el caos, “acabar con la libertad” y “crear las sociedades más desiguales que jamás hayan existido”. La inmensa mayoría de la gente podría sufrir algo peor que la explotación: la irrelevancia.

4.  Igualdad: El que tenga los datos dominará el mundo

Los primeros grupos de sapiens eran más igualitarios que cualquier sociedad posterior. La revolución agrícola multiplicó la propiedad (tierra, herramientas…) y con ella la desigualdad. En el siglo XX se ha reducido la desigualdad en muchos países, pero “hay indicios de una desigualdad creciente”: “El 1% más rico posee la mitad de las riquezas del mundo” (y es responsable de la mitad de la contaminación mundial) y las 100 personas más ricas tienen más que los 4.000 millones más pobres. En el futuro, la biotecnología podría dar ventajas a ciertos sapiens (mayor longevidad, mejores capacidades físicas…) y podrían generarse “castas biológicas”, lo cual ahondará en la desigualdad. También insiste en el poder de la infotecnología para eliminar la utilidad de los humanos para las élites.

Antiguamente la tierra era el bien más importante. Luego pasaron a ser las máquinas y la industria. Hoy, cada vez tienen más importancia los datos. Empresas como Google, Facebook, Baidu y Tencent lo saben bien. Por ejemplo, Google nos proporciona servicios gratuitos, pero gracias a eso consigue millones de datos de sus usuarios. Esos datos valen mucho. No solo para ponernos la publicidad en la que caeremos con mayor probabilidad. Creemos que Google nos ayuda mucho, pero nosotros ayudamos a Google mucho más, porque mientras Google solo nos hace la vida un poco más fácil, nosotros somos los que permitimos que Google pueda existir haciendo negocio con nuestros datos. Así, en el futuro habrá que responder a una pregunta clave en nuestra era: ¿quién es el propietario de los datos? (datos sobre nuestros hábitos, nuestro ADN, nuestros gustos…). Tenemos experiencia regulando la propiedad de la tierra y la propiedad de la industria, pero “no tenemos mucha experiencia en regular la propiedad de los datos”, los cuales tienen características especiales (fáciles de copiar y de transportar, están en muchos sitios y en muchos formatos…).

¿Qué prefieres? ¿Libertad o igualdad?

5. Comunidad: “La gente lleva vidas cada vez más solitarias en un planeta cada vez más conectado”

Las redes sociales están rompiendo aún más las comunidades íntimas, las cuales ya están bastante sustituidas por gobiernos y empresas. Facebook se propuso conectar a los humanos, pero el escándalo de Cambridge Analytica reveló que se recogían datos “para manipular las elecciones en todo el mundo”. En teoría, las redes sociales pueden contribuir a fortalecer el tejido social y a hacer que el mundo esté más unido (ingeniería social), pero es complicado porque eso choca con intereses empresariales. Mientras la gente esté más interesada en el ciberespacio que en lo que pasa en su calle hay mayores posibilidades de manipularlo y de sacarle el dinero online. No olvidemos que los gigantes tecnológicos han sido acusados repetidas veces de evasión fiscal. ¿Es creíble que empresas que no pagan sus impuestos nos vayan a ayudar realmente a crear comunidades fuera del mundo virtual?

6. Civilización: Solo existe ya una civilización

Harari desmonta la teoría de que hay un choque de civilizaciones, pues en realidad la globalización tiende a unir cada vez más a la gente y no es posible, ni deseable, dar marcha atrás. “Hace diez mil años la humanidad estaba dividida en incontables tribus aisladas. Con cada milenio que pasaba, estas tribus se fusionaron en grupos cada vez mayores”. El proceso de unificación de la humanidad se ve claro si uno piensa los vínculos que hay entre los distintos grupos y las prácticas comunes entre ellos. Con sus diferencias, todos los países aceptan una serie de protocolos diplomáticos, leyes internacionales… y participan en los Juegos Olímpicos bajo las mismas reglas, lo cual es “un asombroso acuerdo global” y debemos “sentir orgullo porque la humanidad sea capaz de organizar un acontecimiento de este tipo”. Más aún, todos comparten similares reglas económicas, confianza en el dinero, los médicos comparten conocimientos y tienen similares protocolos… “La gente tiene todavía diferentes religiones e identidades nacionales. Pero cuando se trata de asuntos prácticos (…) casi todos pertenecemos a la misma civilización“. Nuestras diversas opiniones traerán debates y conflictos, pero eso nos hará aún más conectados, más interdependientes.

7. Nacionalismo: La historia tiende a unirnos, no a separarnos

El Brexit o el nacionalismo en Cataluña… ¿a qué se deben? ¿pueden dar respuestas a los problemas más importantes? Las formas moderadas de patriotismo pueden ser benignas. “El problema empieza cuando el patriotismo benigno se metamorfosea en ultranacionalismo patriotero”, lo cual es “terreno fértil para los conflictos violentos”. En el pasado era razonable buscar seguridad y sentido en el regazo de la nación, pero hoy, sin negar eso, tenemos al menos tres retos que nos obligan a trabajar más conjuntamente. La guerra nuclear es el primero y ciertamente en este campo lo estamos haciendo bien: a pesar de las guerras, hoy mueren menos personas por violencia humana que por obesidad, accidentes de tráfico o suicidio. El miedo a la guerra nuclear hace que los estados poderosos piensen bien antes de meterse en una guerra que sería desastrosa para el planeta.Resumen del libro "Sapiens", muy recomendable. Haz click para leerlo.

El segundo reto es el cambio climático y el desastre ambiental  (contaminación de la agricultura, pérdida de biodiversidad…). “Un agricultor que cultive maíz en Iowa podría, sin saberlo, estar matando peces en el golfo de México”. Homo sapiens ha pasado de ser un asesino ecológico en serie (como explica Harari en su libro Sapiens) a ser un asesino ecológico en masa. “Los científicos están de acuerdo en que las actividades humanas (…) hacen que el clima de la Tierra cambie a un ritmo alarmante. (…) Es fundamental que realmente hagamos algo al respecto ahora”. Harari tiene claro que el nacionalismo no puede sino empeorar la respuesta a este problema, porque las actuaciones “para ser efectivas, tienen que emprenderse a un nivel global”. Harari subraya que la industria de la carne, además del enorme sufrimiento que infringe, “es una de las principales causas del calentamiento global, una de las principales consumidoras de antibióticos y venenos, y una de las mayores contaminadoras de aire, tierra y agua” (producir 1 kilo de carne puede consumir 15.000 litros de agua).

El tercer reto es la disrupción tecnológica (biotecnología e infotecnología). A muchos nacionalistas les gustaría volver a tiempos pasados, pero eso es algo imposible. Estos tres retos pueden servir para “forjar una identidad común” que permita afrontar los riesgos. Por supuesto, queda espacio para “ese patriotismo que celebra la singularidad de mi nación y destaca mis obligaciones especiales hacia ella”. Harari ve claro que debemos “globalizar nuestra política”, lo cual no implica necesariamente un gobierno global, sino que todos los gobiernos (nacionales o de ciudades) “den mucha más relevancia a los problemas y los intereses globales”. Por ejemplo, recientemente muchas ciudades se han propuesto muchos retos en el llamado Pacto de Milán, como por ejemplo reducir el consumo de carne.

8. Religión: ¿Una ayuda para la unión del mundo o un inconveniente?

¿Pueden las religiones ayudar a resolver los problemas? Para Harari hay tres tipos de problemas —técnicos, políticos y de identidad— y las religiones solo pueden ayudar en el último tipo. Precisamente porque no ofrecen soluciones interesantes a los dos primeros tipos de problemas, “la autoridad religiosa ha estado reduciéndose”. Por ejemplo, cada vez menos gente acude a la religión ante problemas de salud, y si acude, lo hace después de acudir a la ciencia. A nivel político tampoco la religión ofrece alternativas globales a los retos actuales. De hecho, en muchos casos se desoye la religión cuando están en juego intereses políticos. Harari dice que “aunque algunas de las cosas que dijo Jesús suenan a comunismo total, (…) buenos capitalistas norteamericanos seguían leyendo el Sermón de la Montaña sin apenas darse cuenta”. Otras veces es la religión la que intenta meterse en política, con escaso éxito. Tal es el caso de la encíclica “ecológica” del Papa Francisco, “Laudato Si” (véase aquí un resumen sobre ella).

Las religiones determinan quiénes somos y quiénes son los demás. Es aquí donde la religión puede jugar un papel importante. Las religiones continuarán siendo importantes y pueden contribuir a la unión del mundo pero, como el nacionalismo, en demasiados casos lo que hacen es dividir y generar hostilidades.

9. Inmigración: La discriminación por la cultura genera injusticias

“Aunque la globalización ha reducido muchísimo las diferencias culturales en todo el planeta, a la vez ha hecho que sea más fácil toparse con extranjeros y que nos sintamos molestos por sus rarezas”. Pero las migraciones son naturales en el hombre a lo largo de toda su historia, y hoy el problema más grave está en Europa. La Unión Europea ha conseguido convivir con las diferencias entre los distintos países pero tiene problemas para convivir con todos los inmigrantes y refugiados que llegan.

Para Harari, “mientras no sepamos si la integración es un deber o un favor, qué nivel de integración se exige a los inmigrantes y con qué rapidez los países anfitriones deben tratarlos como ciudadanos de pleno derecho, no podremos juzgar si las dos partes cumplen sus obligaciones”. Pero si esa evaluación se hace de forma colectiva pueden generarse injusticias. Por otra parte, cada cultura tiene distinto nivel de aceptación a otros. Harari resalta que “Alemania ha acogido a más refugiados sirios de los que han sido aceptados en Arabia Saudí”.

Harari dice que la gente “lucha contra el racismo tradicional sin darse cuenta de que el frente de batalla ha cambiado”, porque ahora hay discriminación por la cultura (que este autor llama «culturismo»). Así, muchas veces se culpa a los inmigrantes de tener una cultura y valores no adecuados, pero por otra parte, “en muchos casos, hay pocas razones para adoptar la cultura dominante y en muchos otros se trata de una misión casi imposible”, pues podría, por ejemplo, requerir un nivel económico o educativo imposible de alcanzar por las clases inferiores (sean o no inmigrantes). Los dos grandes problemas de la discriminación por la cultura son:

  1. Usan afirmaciones generales, poco objetivas, que evalúan una cultura como superior a otra, sin hacer una valoración completa y objetiva.
  2. Discriminan a individuos concretos en base a esas afirmaciones generales.

“Si 500 millones de europeos ricos no son capaces de acoger a unos pocos millones de refugiados pobres, ¿qué probabilidades tiene la humanidad de superar los conflictos de mucha más enjundia que acosan a nuestra civilización global?”. “La humanidad puede dar la talla si mantenemos nuestros temores bajo control y somos un poco más humildes respecto a nuestras opiniones”.

10. Terrorismo: los terroristas son débiles y su arma es el miedo

Los terroristas “matan a muy pocas personas, pero aún así consiguen aterrorizar a miles de millones”. Desde el 11-S los terroristas han matado anualmente a unas 50 personas en la UE, 10 en EE.UU…. y hasta 25.000 en el mundo (principalmente en Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria y Siria). “En comparación, los accidentes de tráfico matan anualmente a unos 80.000 europeos, 40.000 norteamericanos (…) y 1,25 millones de personas en todo el mundo”. Por su parte, la contaminación atmosférica mata a unos 7 millones y nuevas formas de contaminación nos invaden con efectos desconocidos.

“Existe una desproporción asombrosa entre la fuerza real de los terroristas y el miedo que consiguen inspirar”, pero ellos son débiles. Si tomamos conciencia de su debilidad, ellos serán aún más débiles, porque su mayor poder radica en el miedo que generan. Por supuesto, los gobiernos y los medios de comunicación deben luchar contra el terrorismo e informar, pero evitando la histeria. “El dinero, el tiempo y el capital político invertido en luchar contra el terrorismo no se han invertido en luchar contra el calentamiento global, el sida y la pobreza; en aportar paz y prosperidad al África subsahariana, o en forjar mejores vínculos” entre las naciones del mundo.

11. Guerra: hoy se pierde más con las guerras de lo que se gana

El militar japonés Tojo fue el culpable de que Japón se metiera en la Segunda Guerra Mundial. Sus malas decisiones generaron millones de muertos. Fue juzgado por un tribunal internacional y condenado a muerte en la horca.“Las últimas décadas han sido las más pacíficas de la historia de la humanidad” (ver datos). Antiguamente, ganar una guerra era un símbolo de prosperidad pero las cosas han cambiado. Hoy las guerras no traen prosperidad, sino miseria, porque “los principales activos económicos consisten en el conocimiento técnico e institucional más que en los trigales, las minas de oro o incluso los campos petrolíferos, y el conocimiento no se conquista mediante la guerra“. De hecho, tras la Segunda Guerra Mundial, las potencias derrotadas prosperaron como nunca antes (Alemania, Japón…). La guerra fue producto de un “error de cálculo”. Pensaron que sin nuevas conquistas estaban condenados al estancamiento económico, pero se equivocaron. Por todo esto, las nuevas guerras merecen menos la pena, pero Harari nos advierte de que no podemos confiarnos, pues “los humanos son propensos a dedicarse a actividades autodestructivas”. Y dado que un detonante de la guerra es el sentimiento de superioridad, Harari recomienda “una dosis de humildad”.

12. Humildad: ¿Y si aprendemos más de las demás culturas?

“La mayoría de la gente suele creer que es el centro del mundo y su cultura, el eje de la historia”. Pero no es así. La historia de la humanidad empezó mucho antes que las culturas actuales y continuará, tal vez, tras ellas. Harari dice que su pueblo, los judíos, “piensan también que son lo más importante del mundo”, para luego pasar a desmontar punto por punto esa “desfachatez”, desde el origen de la ética hasta las importantes contribuciones científicas de los judíos. Con respecto a lo primero, “todos los animales sociales, como lobos, delfines y monos, poseen códigos éticos, adaptados por la evolución”, así como sentimientos que muchos atribuyen solo a humanos. Además, Buda, Mahavira o Confucio crearon sistemas morales anteriores al judaísmo. Por tanto, “humanos de todas las creencias harían bien en tomarse más en serio la humildad”.

13. Dios: ¿Quién dice lo que es correcto?

Dios puede verse como un enigma del que “no sabemos absolutamente nada”, o bien, como un “legislador severo y mundano, acerca del cual sabemos demasiado”, pues se han escrito bibliotecas enteras, y se ha usado el nombre de Dios para justificar intereses de todo tipo. Aunque las religiones pueden generar amor y paz, también han generado odio y violencia y por eso, para Harari no son estrictamente necesarias, pues la moral se puede justificar sin acudir a Dios. “Hacer daño a los demás siempre me hace daño también a mí”, porque antes de hacer algo mal hay un sentimiento interno que hace daño: “antes de que matemos a alguien, nuestra ira ya ha matado nuestra paz de espíritu”.

14. Laicismo: Ser responsables sin que lo mande Dios

El laicismo no es rechazar todo lo espiritual, sino no confundir verdad con fe, no santificar ningún libro, persona o grupo como poseedores de la verdad absoluta. Y también es el compromiso con la compasión y la comprensión del sufrimiento. Por ejemplo, “la gente secular se abstiene del homicidio no porque algún libro antiguo lo prohíba, sino porque matar inflige un sufrimiento inmenso a seres conscientes”. Es mejor encontrar la motivación en la compasión que en la obediencia divina. Pero el laicismo también se encuentra con dilemas complejos y, en tal caso, “sopesan con cuidado los sentimientos de todas las partes”. El laicismo también valora la responsabilidad: “En lugar de rezar para que ocurran milagros, necesitamos preguntar qué podemos hacer nosotros para ayudar”.

15. Ignorancia: A la gente no le gustan los hechos reales

Sócrates, el defensor de la necesidad de reconocer nuestra ignoranciaLos humanos nos movemos en la ignorancia y en la irracionalidad. “La mayoría de las decisiones humanas se basan en reacciones emocionales y atajos heurísticos más que en análisis racionales. (…) No solo la racionalidad es un mito: también lo es la individualidad. Los humanos rara vez piensan por sí mismos. Más bien piensan en grupos. (…) Es probable que bombardear a la gente con hechos y mostrar su ignorancia individual resulte contraproducente. A la mayoría de las personas no les gustan demasiado los hechos y tampoco parecer estúpidas”. Más aún, los poderosos en vez de aprovechar su poder para obtener una mejor visión de la realidad, suelen emplearlo en distorsionar la verdad. Así, los que buscan la verdad deben alejarse del poder y permitirse “la pérdida de mucho tiempo vagando por aquí y por allá en la periferia” y como hizo Sócrates, “reconocer nuestra propia ignorancia individual”.

16. Justicia: ¿Somos responsables de las injusticias de las empresas?

“Nuestro sentido de la justicia podría estar anticuado”. Dependemos de una red alucinante de lazos económicos y políticos, hasta el punto de costarnos responder preguntas sencillas como de dónde viene mi almuerzo. ¿Podemos ser inocentes de las injusticias que generan las multinacionales? Harari afirma que es erróneo tener en cuenta solo las intenciones sin hacer un esfuerzo sincero por saber lo que se esconde. Pero también sostiene que “el planeta se ha vuelto demasiado complicado para nuestro cerebro de cazadores-recolectores“. “Padecemos problemas globales, sin tener una comunidad global” y por tanto, entender bien tales problemas es misión imposible. Por eso, mientras unos simplifican la realidad para hacerla abarcable, otros se centran en alguna historia conmovedora olvidando los demás datos, otros inventan teorías conspiratorias, y otros depositan su confianza en algún líder o teoría, porque “la complejidad de la realidad se vuelve tan irritante que nos vemos impelidos a imaginar una doctrina que no pueda cuestionarse” y que nos dé tranquilidad, aunque difícilmente proporcione justicia.

17. Posverdad: Los poderosos siempre mienten

Estamos rodeados de mentiras y ficciones, pero la desinformación no es nada nuevo. El autor comenta varios casos de mentiras históricas, como los relatos falsos de asesinatos rituales por parte de judíos en la Edad Media, lo cual costó la vida a muchos judíos inocentes.

Si el ser humano es capaz de matar por una causa, ¿cómo no va a ser capaz de mentir? De hecho, como explica Harari en su libro anterior, el ser humano conquistó el planeta gracias a su capacidad de crear ficciones. Cuando un grupo cree en las mismas ficciones, son capaces de cooperar de manera eficaz. “Cuando mil personas creen durante un mes algún cuento inventado, esto es una noticia falsa. Cuando mil millones de personas lo creen durante mil años, es una religión, y se nos advierte que no lo llamemos «noticia falsa» para no herir los sentimientos de los fieles”. Pero Harari aclara que no niega “la efectividad ni la benevolencia potencial de la religión”. Las religiones inspiran buenas y malas acciones.

Una de las mentiras más aceptadas en la actualidad procede de los anuncios de las marcas comerciales. Nos cuentan repetidamente un relato hasta que la gente se convence de que es la verdad. Por ejemplo: ¿con qué se asocia la Coca-Cola? ¿Con jóvenes divirtiéndose o con pacientes con diabetes y sobrepeso en un hospital? Beber Coca-Cola aumenta la probabilidad de padecer obesidad y diabetes, y no nos va a hacer jóvenes . ¿Ha funcionado el relato falso que nos cuenta Coca-Cola en su publicidad?

Harari asegura que “si queremos poder, en algún momento tendremos que difundir ficciones”, pues la verdad no siempre gusta a todos. “Como especie, los humanos prefieren el poder a la verdad. Invertimos mucho más tiempo y esfuerzo en intentar controlar el mundo que en intentar entenderlo”. Por eso, “es responsabilidad de todos dedicar tiempo y esfuerzo a descubrir nuestros prejuicios y a verificar nuestras fuentes de información”. Harari ofrece dos reglas para evitar el lavado de cerebro: a) “Si el lector consigue las noticias gratis, podría muy bien ser él el producto”. b) “Haga el esfuerzo para leer la literatura científica relevante”, pues la ciencia suele ser objetiva. Y por eso hace un llamamiento a los científicos a hacer oír su voz cuando el debate caiga dentro de su campo.

18. Ciencia ficción: No te puedes librar de la manipulación, pero tú puedes hacerte feliz a ti mismo

La ciencia ficción es un género artístico que ha de tomar importancia, porque modela lo que la gente piensa sobre cuestiones tecnológicas, sociales y económicas de nuestra época, dado que poca gente lee los artículos científicos. Muchas películas de este género, como Matrix, reflejan el miedo a estar atrapado y manipulado y el deseo de liberarse. Sin embargo, “la mente nunca está libre de manipulación”. Por ejemplo, las películas de Hollywood socavan el subconsciente creando paradigmas de lo bueno y lo correcto. Pero cuanto experimentamos en la vida se halla dentro de nuestra mente y nosotros mismos podemos manipularlo también. O sea, no podemos librarnos de la manipulación, pero tampoco necesitamos ir a Fiyi para sentir la alegría.

En la novela Un mundo feliz, Aldous Huxley describe una sociedad idílica, sin sufrimiento ni tristeza. Todo el mundo es virtuoso gracias a soma, una droga que consigue volver a la gente paciente y sin problemas. La gente sabe lo que tiene que hacer y lo hace sin esfuerzo. Es una sociedad libre de mosquitos. Pero hay un personaje, El Salvaje, que se queja alegando que la sociedad se libra de todo lo desagradable en vez de aprender a soportarlo. El Salvaje, reclama su derecho a ser libre con todas las consecuencias y el líder le dice que lo que está reclamando es el derecho a ser desgraciado, a enfermar, a vivir con incertidumbre, a sufrir hambre, miedo… El Salvaje asiente y entonces le permiten salirse de la sociedad para vivir como un ermitaño, un bicho raro en una sociedad que no le entiende y que le lleva a un triste final.

19. Educación: Conócete a ti mismo mejor que los algoritmos

Lo único que podemos asegurar del futuro es que habrá grandes cambios en poco tiempo. ¿Qué debemos enseñar a los jóvenes? Gracias a Internet y a los medios de comunicación, estamos inundados de información, contradictoria casi siempre. En educación, proporcionar más información no es lo más necesario, sino que debemos enseñar a dar sentido a la información y a discriminar lo que es o no importante. Expertos pedagogos recalcan que se deben enseñar «las cuatros CES»: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad.

Esta necesidad de aprender constantemente y de reinventarnos choca con el hecho de que con cincuenta años “no queremos cambios”. Pero además, enseñar resiliencia, enseñar a aceptar los cambios con equilibrio mental es mucho más difícil que enseñar una fórmula de física. Para Harari, el mejor consejo que dar a los jóvenes es que no confíen demasiado en los adultos, pues aunque tengan buenas intenciones no acaban de entender el mundo.

La invención de la agricultura sirvió para enriquecer a una élite minúscula, al tiempo que esclavizaba a la mayoría de la población. Algo similar podría ocurrir con la tecnología. “Si sabes lo que quieres hacer en la vida, tal vez te ayude a obtenerlo. Pero si no lo sabes, a la tecnología le será facilísimo moldear tus objetivos por ti y tomar el control de tu vida“. Por eso, hoy es más importante que nunca algo que han repetido filósofos desde antiguo: Conócete a ti mismo, “saber qué eres y qué quieres en la vida”. Y hoy eso es más importante que nunca porque ahora hay una competencia seria: multinacionales sin conciencia ética (y partidos políticos) están trabajando duro para usar los algoritmos y el big data para conocerte mejor que tú mismo (cada vez que usas tu teléfono o tu tarjeta estás regalando valiosos datos sobre ti mismo). “Vivimos en la época de hackear a humanos” y “si los algoritmos entienden de verdad lo que ocurre dentro de ti mejor que tú mismo, la autoridad pasará a ellos”. Pero si quieres conservar cierto control de tu existencia, tendrás que conocerte bien y saber cómo liberarte porque… “¿Has visto esos zombis que vagan por las calles con la cara pegada a sus teléfonos inteligentes? ¿Crees que controlan la tecnología, o que esta los controla a ellos?”

20. Significado: ¿Para qué dar sentido a nuestras vidas?

¿Cuál es el sentido de la vida? Eterna pregunta para la que “cada generación necesita una respuesta nueva”. El libro sagrado hindú Bhagavad Gita sostiene que cada ser debe seguir su camino concreto (dharma) y si no se sigue, no se hallará paz ni alegría. Ideologías de todo tipo (religiones, política, nacionalismos…) cuentan un relato para hacer que los suyos se sientan importantes, un relato que da trascendencia a sus vidas pero que siempre tiene contradicciones que evitan aclarar. Los nacionalistas, por ejemplo, suelen centrarse solo en el valor de su nación pero no suelen aclarar el porqué de esa superioridad. Para Harari, los relatos que cuentan esas corrientes de pensamiento son invenciones humanas y siempre tienen errores. Sin embargo, esas invenciones humanas nos han permitido colaborar entre nosotros y montar sociedades complejas que podrían desmoronarse si todos nos damos cuenta de que esos relatos son falsos: “La mayoría de los relatos se mantienen cohesionados por el peso de su techo más que por la solidez de sus cimientos” (y el peso del techo representa el peligro que hay al mostrar que los cimientos son débiles).

“Si queremos conocer la verdad última de la vida, ritos y rituales son un obstáculo enorme”. Los ritos solo sirven para ayudar a mantener relatos falsos, pero también cierta armonía y estabilidad social. “Una vez que sufrimos por un relato, eso suele bastar para convencernos de que el relato es real”, porque el sufrimiento es de las cosas más reales que existen. Dado que a la gente no le gusta admitir que es tonta, cuanto más se sacrifica por una causa, más se fortalece su fe en ella. También se usa el sufrimiento hacia los demás, y dado que a la gente no le gusta admitir que es cruel, también fortalece la fe en una causa el hacer sufrir a los demás por ella. Ese “sufrimiento” (o esfuerzo) puede ser de muchos tipos: corporal, dedicación de dinero o tiempo… Harari pregunta: “¿Por qué cree el lector que las mujeres piden a sus amantes que les regalen anillos de diamantes?”. Creen que cuanto mayor es el sacrificio mayor es el compromiso. Por todo esto, los embaucadores adoran las palabras sacrificio, eternidad, pureza, redención…

Para dar sentido trascendente a la vida, algunos se centran en dejar tras la muerte algo tangible (un poema, genes…), pero puede ser complicado y, al fin y al cabo, ni siquiera el planeta es eterno (dentro de 7.700 millones de años el Sol absorberá la Tierra y el fin del universo llegará, aunque tarde al menos 13.000 millones de años). Con ese panorama, Harari se pregunta: “¿No será suficiente con que hagamos que el mundo sea un poco mejor? Podemos ayudar a alguien, y ese alguien ayudará a continuación a alguna otra persona, y así contribuiremos a la mejora general del mundo y seremos un pequeño eslabón en la gran cadena de la bondad“. En el fondo, el amor es más seguro que los demás relatos.

La gente corriente suele creer en varios relatos a la vez, sentir distintas identidades, y muchas veces hay contradicciones importantes, porque en el fondo no están convencidos de su propias creencias. La historia está llena de estas “disonancias cognitivas”. Un ejemplo son los que han ido a la guerra para defender el cristianismo, religión del amor. Pero aún hoy día hay muchos cristianos que se oponen a las políticas de bienestar social, que se oponen a ayudar a los inmigrantes o que apoyan las armas, por ejemplo. También es fácil encontrar gente que se lamenta de la injusta distribución de la riqueza pero tienen inversiones en bolsa, cuando es bien sabido que invertir en bolsa genera injusticias y desigualdad (y si tu banco no es ético también estás colaborando con sucios negocios).

Nuestros deseos nos llevan a actuar y Harari sostiene que somos libres para elegir nuestras acciones, pero no nuestros deseos. Muy poca gente es la que controla sus pensamientos. Para la mayoría, los pensamientos vienen y van de forma caótica y descontrolada. Algunas religiones enseñan a controlar la mente. Buda enseño que hay tres realidades básicas del universo: que todo cambia sin cesar, que no hay nada eterno y que nada es completamente satisfactorio. Aceptando esto, el sufrimiento cesa: “según Buda la vida no tiene sentido, y la gente no necesita crear ningún sentido”. El consejo de Buda es: «No hagas nada. Absolutamente nada». “Todo problema radica en que no paramos de hacer cosas” (física o mentalmente). No hacer nada es conseguir que la mente tampoco haga nada.

21. Meditación, para conocernos mejor

Haz click para aprender la bases teóricas e históricas del hinduísmo, la meditación, el tantra, el yoga...En el último capítulo, el autor nos cuenta su experiencia personal aclarando que no tiene porqué funcionar bien a todo el mundo. Casi por casualidad, descubrió la meditación Vipassana (introspección) que, simplificando, consiste en centrar la atención en algo concreto, como el aire que entra y sale por la nariz. La gente corriente es incapaz de mantener esta atención de forma prolongada y Harari confiesa que al instante perdía la concentración. El objetivo de esta meditación es observar las sensaciones personales. Cuando uno se enfada se centra en pensar en el objeto que supuestamente provoca el enfado y no la realidad sensorial. Harari dice que aprendió más cosas sobre sí mismo y los humanos observando sus sensaciones en diez días que durante el resto de su vida hasta ese momento y, además, sin tener que aceptar cuentos o mitologías. Basta solo con observar la realidad como es.

El origen del sufrimiento está en la propia mente. Cuando deseamos que ocurra algo y no ocurre, generamos sufrimiento. Es una reacción de la mente. Es la mente la que provoca el sufrimiento. “Aprender esto es el primer paso para dejar de generar más sufrimiento”. La meditación es cualquier método de observación directa de nuestra propia mente y, aunque la han usado muchas religiones, la meditación no es necesariamente religiosa. La meditación Vipassana advierte que no se debe practicar solo como búsqueda de experiencias especiales, sino para comprender la realidad de nuestra propia mente, aprovechando todo tipo de sensaciones por simples que sean (calor, picor…).

Meditar te ahorrará tus sufrimientosHarari dice que medita dos horas diarias y que le ayuda al resto de tareas del día. Además, recomienda meditar para conocernos a nosotros mismos, antes de que los algoritmos decidan por nosotros quiénes somos realmente.

♥ Información relacionada:

  1. Lee otros libros resumidos, para captar su esencia en poco tiempo.
  2. De Yuval Noah Harari:
  3. Dos Erres URGENTES: Renta básica y Reducción de la jornada laboral.
  4. Máquinas y robots nos quitan el empleo pero mejoran nuestra vida.
  5. Crisis ecológica, conocimiento y finitud: Fracaso del ser humano como ser racional.
  6. HINDUISMO: Upanishad, Bhagavad Gîtâ, yoga y tantra, meditación, iluminación y mucho más.

Sí, predigo el pinchazo de la burbuja financiera de la Inteligencia Artificial en 2026

9 Noviembre 2025 at 08:00
Por: Nuria

Artículo original publicado en elsaltodiario.com por Juan Laborda

En el año 2000, cuando el mundo se rendía al espejismo de internet, advertí que la exuberancia alrededor de las puntocom no podía sostenerse: las valoraciones se habían divorciado de la realidad económica. Poco después, el Nasdaq se desplomó. En 2008, ante un mercado eufórico con la deuda hipotecaria, sostuve que el riesgo sistémico era evidente. También entonces el tiempo me dio la razón.

Hoy, dos décadas después, percibo señales inquietantemente familiares. La Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en el nuevo fetiche financiero, el activo al que todo inversor quiere exponerse. Pero bajo el brillo tecnológico se esconde un andamiaje de deuda y expectativas insostenibles. Creo sinceramente que nos acercamos al estallido de la burbuja de la IA, un evento que podría desencadenar la mayor crisis de deuda corporativa privada en la historia reciente de Estados Unidos.

La IA ha pasado, en cuestión de meses, de ser una promesa a convertirse en el núcleo de una nueva fiebre tecnológica. Los inversores se comportan como si asistieran a la irrupción de una economía paralela. Los balances de las grandes tecnológicas baten récords, las startups captan capital a ritmos desorbitados y los fondos de inversión reestructuran carteras para incluir cualquier empresa que mencione “AI” en su nombre.

Las valoraciones de algunas compañías del sector ya superan las de 1999, y la deuda utilizada para financiar esta expansión está alcanzando niveles críticos

Pero los números no mienten: las valoraciones de algunas compañías del sector ya superan las de 1999, y la deuda utilizada para financiar esta expansión está alcanzando niveles críticos. La fiebre del oro digital se ha vuelto a encender, solo que ahora el metal precioso es el algoritmo. El problema es que el entusiasmo está sustituyendo al análisis. El capital barato y la narrativa del progreso ilimitado han generado un ecosistema donde se confunde inversión con fe.

Sin tierras raras no hay chips, sin chips no hay IA

Detrás de cada chip, cada GPU y cada servidor que alimenta la revolución de la IA, hay un componente invisible pero indispensable: las tierras raras. Se trata de un conjunto de 17 elementos químicos esenciales para fabricar dispositivos electrónicos, semiconductores, motores eléctricos, sistemas láser y equipamiento militar. Sin ellos, la inteligencia artificial —literalmente— dejaría de funcionar.

Un corte en el flujo de tierras raras no solo pondría en jaque la producción de hardware: podría paralizar el motor mismo de la inteligencia artificial global

China controla cerca del 70% de la extracción mundial y más del 90% de la capacidad de refinado. Ningún país dispone de los medios industriales necesarios para sustituir esa hegemonía. Estados Unidos, pese a su músculo financiero, depende estructuralmente del suministro chino para mantener operativa su industria tecnológica y militar. Esa dependencia constituye el auténtico talón de Aquiles del modelo tecnológico estadounidense. Un corte en el flujo de tierras raras no solo pondría en jaque la producción de hardware: podría paralizar el motor mismo de la inteligencia artificial global.

Aranceles, amenazas y una trampa estratégica

La administración Trump parece dispuesta a reavivar la guerra comercial con China. Los nuevos aranceles y restricciones buscan recuperar un sueño ya perdido, el liderazgo industrial estadounidense. Pero el cálculo estratégico es erróneo. Jugar a la presión con un país que controla los materiales más críticos del siglo XXI es una apuesta temeraria. Pekín no necesita recurrir a sanciones ni a medidas agresivas para responder: basta con ralentizar las exportaciones de tierras raras, endurecer los permisos o introducir inspecciones medioambientales adicionales. Pequeños ajustes burocráticos bastarían para bloquear el suministro global.

Pekín tiene en su mano la capacidad de provocar el pinchazo de la burbuja de la IA con un simple movimiento administrativo

En tal escenario, Estados Unidos se encontraría ante un choque de oferta devastador. La industria militar sufriría retrasos en la producción del F-35 o de misiles de precisión; el sector tecnológico vería incrementos de costes inmediatos; y la cadena global de hardware colapsaría. Si la administración Trump insiste en su política arancelaria, Pekín tiene en su mano la capacidad de provocar el pinchazo de la burbuja de la IA con un simple movimiento administrativo.

El escenario no es hipotético. En 2010, China ya suspendió temporalmente las exportaciones de tierras raras a Japón, disparando los precios globales. En 2019 insinuó lo mismo frente a Estados Unidos. Hoy, con el control total del procesamiento, el impacto sería aún mayor. Un retraso de pocas semanas en los suministros podría obligar a empresas como Nvidia o AMD a frenar la producción de chips. Los costes de hardware se dispararían y las previsiones de crecimiento del sector se revisarían drásticamente a la baja. En ese momento, el mercado perdería la fe. Las acciones tecnológicas caerían en bloque, los fondos de inversión rotarían hacia activos refugio y el flujo de capital hacia proyectos de IA se detendría. Lo que comenzó como un problema de logística se convertiría en una corrección bursátil masiva en un contexto de clara sobrevaloración de la bolsa estadounidense. El equilibrio actual es tan frágil que un movimiento táctico de China bastaría para desencadenar el proceso.

Del optimismo al miedo: la reacción de los mercados

El estallido de una burbuja tecnológica suele seguir el mismo guion: primero llega la desilusión, luego el pánico y finalmente la búsqueda de culpables. En este caso, el detonante podría venir revestido de geopolítica. Pero el origen es otro, la generación de una clásica burbuja financiera basada en el tradicional cuento de la lechera. Ante una restricción de tierras raras, los inversores anticiparían una desaceleración inmediata de la productividad en el sector tecnológico. Las grandes corporaciones, sobreendeudadas tras años de expansión, tendrían dificultades para refinanciar su pasivo. Los índices tecnológicos —el Nasdaq en particular— sufrirían correcciones históricas. El efecto psicológico sería devastador. Aumentaría la aversión global al riesgo, los capitales huirían de los activos de crecimiento y se refugiarían en deuda soberana, oro y liquidez. Los países emergentes —especialmente aquellos con deuda denominada en dólares— sufrirían salidas de capital masivas. En pocos meses, el sueño de la revolución tecnológica se transformaría en un recordatorio de la fragilidad estructural del capitalismo digital.

Las amenazas comerciales de Trump solo fortalecen la posición china. Mientras Estados Unidos habla de sanciones, China actúa con paciencia

Washington parece no comprender que el poder de Pekín no reside solo en su tamaño económico, sino en su capacidad para condicionar el funcionamiento del sistema global. Las tierras raras son la herramienta perfecta: un recurso estratégico, irremplazable y políticamente controlable. Las amenazas comerciales de Trump solo fortalecen la posición china. Mientras Estados Unidos habla de sanciones, China actúa con paciencia. Cada licencia denegada, cada control de exportación adicional, equivale a una presión indirecta sobre Wall Street. Si la Casa Blanca mantiene el pulso, el desenlace será inevitable: el sector de la IA estadounidense enfrentará cuellos de botella, los márgenes se reducirán y los inversores perderán confianza, y la burbuja de la IA estallará.

Epílogo: el preludio de una crisis mayor

El verdadero peligro no está solo en la caída bursátil, sino en lo que vendrá después. Cuando la burbuja se desinfle, el apalancamiento que la alimentó se convertirá en una trampa mortal. Miles de empresas tecnológicas, financiadas con deuda barata, deberán refinanciarse en un entorno de tipos altos y ventas decrecientes. Los bonos corporativos perderán valor, los fondos de crédito sufrirán reembolsos y la cadena de confianza se romperá. El sistema financiero estadounidense, ya tensionado por la proliferación de deuda BBB y préstamos privados de alto riesgo, podría enfrentar una crisis de deuda corporativa sin precedentes.

El pinchazo de la burbuja de la IA será el detonante de una nueva crisis financiera global. El foco se desplazará a otro frente igual de peligroso: el de la deuda privada corporativa estadounidense

El auge de la Inteligencia Artificial ha generado innovación, sí, pero también una peligrosa ilusión colectiva. El mercado ha confundido el progreso tecnológico con la rentabilidad garantizada. Y la política comercial estadounidense, en lugar de fortalecer su posición, podría acelerar su caída. China no necesita disparar misiles ni imponer sanciones: controla la llave de los materiales que hacen funcionar el siglo XXI. Si decide utilizarla, el castillo de naipes de la inteligencia artificial podría derrumbarse más rápido de lo que nadie imagina.

El pinchazo de la burbuja de la IA será el detonante de una nueva crisis financiera global. El foco se desplazará a otro frente igual de peligroso: el de la deuda privada corporativa estadounidense. Ese será el tema del próximo análisis: cómo el estallido de la burbuja de la IA desencadenará una crisis de crédito que sacuda los cimientos de la economía norteamericana.

La entrada Sí, predigo el pinchazo de la burbuja financiera de la Inteligencia Artificial en 2026 se publicó primero en ATTAC España | Otro mundo es posible.

Todo lo que la IA puede hacer por vos y tu radio

5 Junio 2025 at 20:51

Cómo un insignificante cambio que llega para “solucionarnos la vida” puede implicar que nadie visite tu página web o lea artículos como este. (Sumamos el audio de la entrevista que nos hicieron en “Una Radio Muchas Voces” sobre esta nota).

0:00 0:00

Procesar y resumir enormes cantidades de datos y ponerlos a disposición de empresas, universidades o Estados. Analizar millones de informes médicos para realizar diagnósticos más precisos. O usos más cotidianos como traducir textos a otros idiomas, programar scripts informáticos o producir podcasts. Estas son algunas de las muchas funciones para las que actualmente se emplea Inteligencia Artifical (IA). Sin duda alguna, es uno de los avances tecnocientíficos más importantes de esta época.

Sin embargo, es conveniente recordar que la IA no es más que una programación informática que, al seguirse alimentando de cada vez más datos, aumenta su capacidad de ejecutar acciones. Eso no significa que aprenda en un sentido humano, a pesar de que este mito esté muy extendido.

De hecho, todos los desarrollos tecnocientificos relacionados con las TIC llegaron siempre acompañados de un optimismo exagerado y un misticismo mágico. Cuando apareció Internet nos prometieron que el desarrollo alcanzaría a todas las áreas desfavorecidas de la tierra o que sería un ágora democrática. Luego, que las Redes Sociales servirían para democratizar la libertad de expresión y pensamos que las podríamos resignificar para hacer la revolución. Veinte años después de su aparición estamos clamando por legislaciones que eviten que la juventud se exponga a estos espacios convertidos en burbujas de odio que promueven el consumismo y el individualismo exacerbado.

Y no, no ha sido porque las usemos mal. Como hemos repetido en otras ocasiones, las tecnologías no son neutras. Si desarrollamos ciencia y tecnología en un contexto monopólico de empresas que solo buscan ganancias desorbitantes, inevitablemente, estos son los resultados. Ese puñado de compañías se convirtieron en las más ricas del planeta, mientras continuan ignorando las investigaciones de sus propios empleados que alertan de los riesgos psicológicos y de adicción que pueden sufrir quienes usan sus plataformas.

Tampoco la IA es neutra. De hecho, se alimenta de los sesgos que tiene los datos con que se entrena y, esos sesgos, se transmiten a la decisiones que toma. (Por cierto, también se alimenta de ingentes cantidades de agua como ya hablamos en este otro texto).

Por ejemplo, si empleamos un modelo genérico de IA para procesar y resumir entrevistas de audio o un grupo de documentos académicos, ¿en base a qué hará ese recorte? Al no tener acceso para matizar ese algoritmo, por mucho que definamos la instrucción (lo que se conoce como promt) siempre existirá un recorte subjetivo. Ciertamente, también sería subjetivo el resumen que haríamos cada uno de nosotros y nosotras, pero tendríamos el poder de ponderar ciertos aspectos que a la IA se les escapan: como que estén más presentes las voces de mujeres o minorías porque siempre son relegadas; entender que la voz de los pueblos originarios no suele estar en los textos de historia porque tienen una tradición oral y siempre fueron los occidentales quienes escribieron sobre ellos; o que la academia suele priorizar teorías del norte global que son las más repetidas, en contraposición con los postulados de quienes investigan desde el sur global.

Pero hay otros peligrosos recortes que ya podemos cuantificar, que están simplificando –aún más– la forma en que aprendemos o procesamos el conocimiento, debido principalmente al modelo oligopólico privado de desarrollo tecnocientífico que venimos denunciando.

El buscador de Google se emplea en 9 de cada 10 búsquedas que se hacen en Internet. La posición dominante de esta herramienta de la compañía Alphabet –que se suma a la que tiene en otros segmentos con servicios como Youtube, GMaps, GDrive o GMail, entre un larguísimo ectcetera– le permite tomar decisiones que afectan radicalmente la lógica en que consumimos los contenidos en Internet.

Google nunca abrió su algoritmo por lo que solo podemos intuir por qué prioriza unas páginas web por encima de otras: una buena gestión de etiquetas en el sitio web con palabras claves, algo en lo que se afanan quienes hacen SEO (optimización de motores de búsqueda); que una página web sea enlazada por otras; y otras estrategias que quienes trabajan como community manager intentan adivinar.

Hasta hace unos meses, el buscador de la compañía funcionaba de forma sencilla. Alguien introducía una pregunta, por ejemplo, “cómo instalar una radio en línea” y en la página aparecían los resultados que Google filtraba en función del idioma de la búsqueda, del país o región donde te encuentres o, incluso, relacionándolo con tus búsqueda anteriores. Un necesario intermediario entre quienes creamos contenidos y nuestras audiencias, en un mar infinito de páginas web y plataformas de contenido.

Como gran parte de los ingresos de Google son por publicidad, entre los primeros resultados muestra algunos patrocinados, pero el buscador lo indica claramente. De este modo, sabes que aparecen destacados porque pagan y no porque tenga un buen posicionamiento dentro del buscador. Luego, promociona varios videos de su servicio Youtube. Y después, las páginas con los resultados que podías visitar para encontrar la respuesta a la búsqueda realizada. (Clic aquí o en la imagen para ver en grande).

Ahora bien, desde que Google incorporó por defecto a su buscador la “Visión general IA” (AI Overviews), al realizar esa misma pregunta, lo que aparece destacado en primer lugar es un resumen realizado por esa Inteligencia Artificial [1].

Aunque Google añade el enlace a los contenidos originales con los que confecciona dicho resumen, la mayoría de las personas se quedan con la respuesta que les ofrece el extracto y no visitan esos sitios. Incluso, a pesar de que el mismo buscador alerta expresamente de queLa visión general creada por IA puede cometer errores y, de hecho, los tendrá. De ser un mediador necesario, Google paso a acaparar todo el tráfico que ya no se traduce en visitas a las páginas que proveen el contenido.

“Google se transforma en el ensamblador de contenido ajeno y de paso es el único que obtiene el tráfico que produce con las respuestas que ofrece. Gracias a eso, se queda con la audiencia”.

Juan Carlos Camús, Huellas Digitales.

Esta nueva dinámica en las búsquedas se ha traducido en un descenso drástico de las visitas a las páginas web generadoras del contenido. Varios blogs venían alertando de esta situación pero, la pasada semana, la revista JotDown, lo cuantificó con los siguientes datos:

“Durante los primeros cinco meses de 2025, la versión digital de Jot Down ha perdido un 35,8 % de sus lectores. Las sesiones han bajado un 40,5 %, las páginas vistas un 15,9 %. Google nos ha traído un 31,8 % menos de visitas que el año pasado”.

Ángel Fernández Recuero, Jot Down

Este descenso se suma al que ya venían experimentando por las visitas que llegaban desde las redes sociales “Twitter, un 56 % menos. Facebook, un 35 %”.

En un crudo editorial titulado “Qué hacer cuando nadie nos busca”, Jot Down pronostica que “la web, tal como la conocíamos, está dejando de existir” y llaman a conformar una “comunidad contralgorítmica”. Comunidad que, por cierto, lleva tiempo existiendo y sosteniendo alternativas como medios comunitarios, infraestructura autónoma o el fediverso.

Otros grandes medios internacionales, como New York Times o Wall Street Journal’s, han reportado caídas similares de su tráfico orgánico.

“En el caso de Business Insider, el descenso fue del 55% entre abril de 2022 y abril de 2025. Esta situación obligó al medio a despedir al 21% de su personal”.

Carolina Martínez Elebi, Observacom.

Ciertamente, la IA seguirá avanzando. Las empresas siguen apostando a su desarrollo porque obtienen ganancias descomunales. Pero esos avances, que a veces parecen insignificantes y como usuarias valoramos porque nos “hacen la vida más sencilla”, van moldeando nuestros hábitos, nuestras formas de aprender y elaborar el conocimiento, de disfrutar del arte y la cultura, o de relacionarnos entre nosotres.

Usar una u otra tecnología es una decisión personal pero politizar su desarrollo es una cuestión que deberíamos asumir como sociedad. Al menos quienes tenemos la convicción de que la comunicación es un derecho humano y apostamos por las tecnologías libres y los medios comunitarios. ¿De qué sirve usar IA para llenar una radio o una página web de contenidos si nadie los lee, y si con ello no provocamos diálogos participativos o transformamos las condiciones de vida de nuestras comunidades?


Cuando este año estrenamos el nuevo logo, varias personas nos preguntaron si el símbolo que sustituye a la “O” era un ovni o un ojo divino que todo lo ve. Ninguna de las dos. Es un banquito de tres patas. Porque aunque nuestro proyecto se construye desde y para Internet, seguimos reivindicando esas antiguas tecnologías de comunicación que nos permiten sentarnos junto a otres, con un mate o un café, a dialogar.


Más recursos para debatir sobre una IA ética:

Notas:

[1] Google indica que si quieres ver los resultados sin el resumen, puedes hacer clic en los filtros superiores, concretamente en “Web” (está junto al de Imágenes, Videos o Herramientas. Pero eso solo puedes hacerlo una vez que ya te mostró los resultados, con el resumen Overview incluido. Nuestro querido Dani Cotillas (de Nodo Común, Comunicación Abierta o Club Manhattan) nos compartió un sencillo truco para que muestra los resultados sin IA y es sumar alguna mala palabra en la búsqueda como “joder”, lo probamos y anda :D.

Open Assistant, la alternativa libre a ChatGPT

5 Mayo 2023 at 23:07

La tecnología ha evolucionado a pasos agigantados en las últimas décadas, y cada vez se desarrollan herramientas más inteligentes que nos facilitan la vida cotidiana. Uno de los avances más impresionantes en esta materia es el desarrollo de los asistentes virtuales basados en la inteligencia artificial, que permiten a los usuarios realizar tareas de forma más rápida y sencilla. Entre ellos, destaca Open Assistant, un asistente virtual libre que está cambiando la forma en que nos relacionamos con la tecnología.

Open Assistant es un asistente virtual de inteligencia artificial (IA) diseñado para ayudar a los usuarios en una variedad de tareas cotidianas. Utiliza tecnologías de procesamiento de lenguaje natural (PLN) y aprendizaje automático para comprender y responder a las solicitudes de los usuarios. Este asistente virtual se desarrolló como un proyecto de software libre para permitir a cualquier persona acceder y utilizar esta tecnología sin restricciones, basado en la comunidad e impulsado por LAION e.V., organización alemana sin fines de lucro dedicada a promover el software libre y la cultura digital. Por lo tanto, el código y todos los archivos de Open Assistant están disponibles bajo diferentes licencias de Creative Commons Attribution ShareAlike (CC BY SA). Estas licencias permiten que otros usuarios modifiquen, distribuyan y usen los trabajos creados por Open Assistant, siempre y cuando mencionen y compartan los resultados obtenidos a través de estos trabajos de manera compatible con estas licencias. De esta manera, se fomenta la colaboración entre diferentes proyectos de software libre y la comunicación abierta para el bien común.

Una de las principales ventajas de Open Assistant es su capacidad para realizar una amplia variedad de tareas. Desde buscar información en línea hasta controlar dispositivos domésticos inteligentes, puede ayudarnos a hacer nuestra vida cotidiana más fácil. Además, su integración con otros servicios en línea le permite proporcionar información adicional a los usuarios para una mejor asistencia. Se utiliza principalmente a través de una interfaz de chat, voz o texto. Los usuarios pueden interactuar con el asistente virtual mediante el lenguaje natural, lo que facilita su uso para cualquier persona sin importar su nivel de conocimiento en tecnología. A medida que el usuario interactúa con Open Assistant, el sistema aprende más sobre sus preferencias y comportamientos para proporcionar una mejor asistencia en el futuro.

Otro aspecto destacado es su capacidad de adaptarse a diferentes entornos y necesidades. Por ejemplo, puede ayudar a personas con discapacidades físicas a realizar tareas de forma más accesible e inclusiva. Asimismo, puede integrarse con diferentes dispositivos inteligentes, lo que permite a los usuarios controlar su hogar de forma remota o automatizar tareas específicas. Tiene capacidad suficiente para identificarse con temáticas específicas gracias a lo cual puede automatizar muchas tareas relacionadas con información general y conocimientos especializados. Puedes encontrar ejemplos de uso AQUÍ.

En resumen, Open Assistant es una herramienta tecnológica impresionante que está cambiando la forma en que interactuamos con la tecnología. Su capacidad para realizar una amplia variedad de tareas, su facilidad de uso y su adaptabilidad a diferentes entornos y necesidades lo convierten en una opción atractiva para cualquier usuario. Además, el hecho de ser un proyecto de software libre fomenta la colaboración y el desarrollo de la tecnología en
beneficio de toda la comunidad.

A medida que la tecnología sigue evolucionando, es probable que veamos más asistentes virtuales como Open Assistant. Sin embargo, lo que diferencia a este asistente virtual es su enfoque en la accesibilidad y la inclusión. Al permitir que personas con discapacidades físicas o cognitivas puedan interactuar con la tecnología de manera más accesible, está ayudando a romper barreras y promover la igualdad de oportunidades para todos. Además, su capacidad  para integrarse con otros servicios en línea le permite proporcionar una experiencia de usuario más personalizada y completa. Por ejemplo, puede ayudar a los usuarios a planificar su día, proporcionar recomendaciones de entretenimiento o ayudar en la compra de productos en línea. Todo esto se puede hacer mediante una simple conversación, lo que facilita enormemente la realización de tareas.

Sin embargo, aunque Open Assistant ofrece una experiencia de usuario sólida y versátil, todavía hay espacio para mejorar. Al ser un proyecto de software libre, la comunidad debe trabajar constantemente en su desarrollo para mantenerse al día con las últimas actualizaciones. También es importante asegurarse de que el asistente virtual se mantenga actualizado con respecto a la seguridad y privacidad de los datos de los usuarios.  Siempre es recomendable tomar precauciones antes de introducir cualquier tipo de datos personales como las redes sociales, los correos electrónicos o cuentas bancarias ya que pueden quedar expuestos a ataques cibernéticos. En el caso particular de esta aplicación es importante saber qué solo se recopilarán los datos necesarios para funcionar correctamente evitando la recolección desmedida de ellos. Además hay medidas adicionales en desarrollo para garantizar mayor privacidad.

En conclusión, Open Assistant es una herramienta tecnológica impresionante que está cambiando la forma en que interactuamos con la tecnología. Al permitir una experiencia de usuario más accesible e inclusiva, y ofrecer una amplia gama de funciones, este asistente virtual se ha convertido en una opción atractiva para cualquier persona que busque una herramienta para simplificar su vida cotidiana. Con su enfoque en el código abierto y la
colaboración de la comunidad, tiene el potencial de seguir mejorando y adaptándose a las necesidades de los usuarios en el futuro, si estás buscando una alternativa a ChatGPT o BingChat (que es lo mismo), Open Assistant podría ser tu solución. Al tratarse de software libre, la posibilidad de hacer uso de él en casa es mucho menor ya que requiere hardware potente para ejecutarse. Sin embargo, este inconveniente pronto se superará con el avance tecnológico. También, quien lo utiliza tendrá siempre acceso a su propia copia y podrá modificarlo según sus preferencias sin dependencia de terceros.

Si quieres ayudar a entrenar a esta maravilla de IA o necesitas más información, no dejes de ver el vídeo de DotCSV, un genio que da gusto escuchar hablar sobre inteligencia artificial.

 

Open Assistant, la alternativa libre a ChatGPT

5 Mayo 2023 at 23:07

La tecnología ha evolucionado a pasos agigantados en las últimas décadas, y cada vez se desarrollan herramientas más inteligentes que nos facilitan la vida cotidiana. Uno de los avances más impresionantes en esta materia es el desarrollo de los asistentes virtuales basados en la inteligencia artificial, que permiten a los usuarios realizar tareas de forma más rápida y sencilla. Entre ellos, destaca Open Assistant, un asistente virtual libre que está cambiando la forma en que nos relacionamos con la tecnología.

Open Assistant es un asistente virtual de inteligencia artificial (IA) diseñado para ayudar a los usuarios en una variedad de tareas cotidianas. Utiliza tecnologías de procesamiento de lenguaje natural (PLN) y aprendizaje automático para comprender y responder a las solicitudes de los usuarios. Este asistente virtual se desarrolló como un proyecto de software libre para permitir a cualquier persona acceder y utilizar esta tecnología sin restricciones, basado en la comunidad e impulsado por LAION e.V., organización alemana sin fines de lucro dedicada a promover el software libre y la cultura digital. Por lo tanto, el código y todos los archivos de Open Assistant están disponibles bajo diferentes licencias de Creative Commons Attribution ShareAlike (CC BY SA). Estas licencias permiten que otros usuarios modifiquen, distribuyan y usen los trabajos creados por Open Assistant, siempre y cuando mencionen y compartan los resultados obtenidos a través de estos trabajos de manera compatible con estas licencias. De esta manera, se fomenta la colaboración entre diferentes proyectos de software libre y la comunicación abierta para el bien común.

Una de las principales ventajas de Open Assistant es su capacidad para realizar una amplia variedad de tareas. Desde buscar información en línea hasta controlar dispositivos domésticos inteligentes, puede ayudarnos a hacer nuestra vida cotidiana más fácil. Además, su integración con otros servicios en línea le permite proporcionar información adicional a los usuarios para una mejor asistencia. Se utiliza principalmente a través de una interfaz de chat, voz o texto. Los usuarios pueden interactuar con el asistente virtual mediante el lenguaje natural, lo que facilita su uso para cualquier persona sin importar su nivel de conocimiento en tecnología. A medida que el usuario interactúa con Open Assistant, el sistema aprende más sobre sus preferencias y comportamientos para proporcionar una mejor asistencia en el futuro.

Otro aspecto destacado es su capacidad de adaptarse a diferentes entornos y necesidades. Por ejemplo, puede ayudar a personas con discapacidades físicas a realizar tareas de forma más accesible e inclusiva. Asimismo, puede integrarse con diferentes dispositivos inteligentes, lo que permite a los usuarios controlar su hogar de forma remota o automatizar tareas específicas. Tiene capacidad suficiente para identificarse con temáticas específicas gracias a lo cual puede automatizar muchas tareas relacionadas con información general y conocimientos especializados. Puedes encontrar ejemplos de uso AQUÍ.

En resumen, Open Assistant es una herramienta tecnológica impresionante que está cambiando la forma en que interactuamos con la tecnología. Su capacidad para realizar una amplia variedad de tareas, su facilidad de uso y su adaptabilidad a diferentes entornos y necesidades lo convierten en una opción atractiva para cualquier usuario. Además, el hecho de ser un proyecto de software libre fomenta la colaboración y el desarrollo de la tecnología en
beneficio de toda la comunidad.

A medida que la tecnología sigue evolucionando, es probable que veamos más asistentes virtuales como Open Assistant. Sin embargo, lo que diferencia a este asistente virtual es su enfoque en la accesibilidad y la inclusión. Al permitir que personas con discapacidades físicas o cognitivas puedan interactuar con la tecnología de manera más accesible, está ayudando a romper barreras y promover la igualdad de oportunidades para todos. Además, su capacidad  para integrarse con otros servicios en línea le permite proporcionar una experiencia de usuario más personalizada y completa. Por ejemplo, puede ayudar a los usuarios a planificar su día, proporcionar recomendaciones de entretenimiento o ayudar en la compra de productos en línea. Todo esto se puede hacer mediante una simple conversación, lo que facilita enormemente la realización de tareas.

Sin embargo, aunque Open Assistant ofrece una experiencia de usuario sólida y versátil, todavía hay espacio para mejorar. Al ser un proyecto de software libre, la comunidad debe trabajar constantemente en su desarrollo para mantenerse al día con las últimas actualizaciones. También es importante asegurarse de que el asistente virtual se mantenga actualizado con respecto a la seguridad y privacidad de los datos de los usuarios.  Siempre es recomendable tomar precauciones antes de introducir cualquier tipo de datos personales como las redes sociales, los correos electrónicos o cuentas bancarias ya que pueden quedar expuestos a ataques cibernéticos. En el caso particular de esta aplicación es importante saber qué solo se recopilarán los datos necesarios para funcionar correctamente evitando la recolección desmedida de ellos. Además hay medidas adicionales en desarrollo para garantizar mayor privacidad.

En conclusión, Open Assistant es una herramienta tecnológica impresionante que está cambiando la forma en que interactuamos con la tecnología. Al permitir una experiencia de usuario más accesible e inclusiva, y ofrecer una amplia gama de funciones, este asistente virtual se ha convertido en una opción atractiva para cualquier persona que busque una herramienta para simplificar su vida cotidiana. Con su enfoque en el código abierto y la
colaboración de la comunidad, tiene el potencial de seguir mejorando y adaptándose a las necesidades de los usuarios en el futuro, si estás buscando una alternativa a ChatGPT o BingChat (que es lo mismo), Open Assistant podría ser tu solución. Al tratarse de software libre, la posibilidad de hacer uso de él en casa es mucho menor ya que requiere hardware potente para ejecutarse. Sin embargo, este inconveniente pronto se superará con el avance tecnológico. También, quien lo utiliza tendrá siempre acceso a su propia copia y podrá modificarlo según sus preferencias sin dependencia de terceros.

Si quieres ayudar a entrenar a esta maravilla de IA o necesitas más información, no dejes de ver el vídeo de DotCSV, un genio que da gusto escuchar hablar sobre inteligencia artificial.

 

  • No hay más artículos
❌