Este artículo ha sido publicado originalmente en La Directa.
La palabra imperialismo vuelve a estar en boca de todos. La geopolitización de las relaciones internacionales, así como el marcaje territorial, la política de la fuerza, el nacionalismo expansionista y la coerción económica y militar, hacen difícil encontrar una mejor manera de describir las disputas en el tablero global. El principal motivo de este conflicto a gran escala es que vivimos en un tiempo liminal, un intervalo entre un estado anterior y uno nuevo, el interregno entre la unipolaridad estadounidense surgida del final de la Guerra Fría y la multipolaridad que reivindican las potencias medias y emergentes.
Ante la intensidad y la velocidad de los cambios globales, que tienden a invisibilizar otros ritmos y horizontes políticos, este texto nace con la voluntad de contribuir a la construcción de un antiimperialismo popular que responda al contexto y ponga en valor resistencias y alternativas.
Recursos, propaganda y desgaste social
Las diferentes dimensiones del embate imperial exigen una respuesta antiimperialista que vaya más allá del campismo —la idea de que “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”— y también de la condena selectiva que, por ejemplo, señala al imperialismo ruso mientras blanquea el imperialismo yanqui.
Es precisamente el imperialismo estadounidense, hoy encabezado por Donald Trump, quien está dinamitando las ya frágiles relaciones internacionales desde una lógica abiertamente transaccional. El afán por controlar recursos estratégicos —desde las tierras raras de Ucrania hasta el potencial gasístico de Gaza, pasando por el petróleo venezolano o los hidrocarburos de Irán— está reconfigurando aceleradamente las alianzas globales y, al mismo tiempo, se utiliza como instrumento de confrontación contra China.
Ahora bien, el imperialismo actual no solo opera mediante el expolio de recursos. También actúa como una fuerza destructiva con profundos efectos psicosociales: normaliza la violencia, alimenta la impotencia, la ansiedad y la apatía, y favorece el aislamiento. En su versión trumpista, la dimensión comunicativa se convierte en un elemento central para producir este impacto. Por un lado, busca saturar el espacio público con un flujo constante de mensajes que hegemoniza los canales de comunicación. Por otro, pretende desplazar la ventana de Overton, ampliando los límites de lo políticamente aceptable.El vídeo “Trump Gaza” es un ejemplo claro: una apuesta por normalizar lo grotesco.
La acción imperialista y su aparato propagandístico también penetran en el ámbito militante, generando fatiga, frustración y pérdida del sentido de la lucha. Este desgaste se explica, en parte, por la hiperresponsabilización y la incoherencia que implica reconocerse como pieza de un sistema estructuralmente injusto. Ulrich Brand definía esta realidad como “modo de vida imperial”: una forma de vida propia del Norte Global, sostenida sobre la explotación de territorios y ecosistemas ajenos, presentada falsamente como universal pero profundamente insostenible e injusta, y reproducida transversalmente por amplias capas sociales.
La sustancia del antiimperialismo popular
Podríamos definir el antiimperialismo popular como una crítica a la expansión política, económica y cultural de potencias dominantes sobre otros territorios, otorgando protagonismo a las formas de oposición que surgen desde las clases populares (trabajadoras, campesinas, colectivo LGTBIQ+, personas racializadas, pueblos indígenas, etc.).
La esencia del concepto puede encontrarse en diferentes tradiciones que van desde el marxismo de Vladimir Lenin o Rosa Luxemburgo, el decolonialismo de Frantz Fanon o Ho Chi Minh, hasta movimientos contemporáneos como el zapatismo y los movimientos indígenas, feministas y ecologistas, principalmente en el Sur Global.
En este sentido, diversas voces reivindican un antiimperialismo popular capaz de superar el campismo y el reduccionismo geopolítico. Ashley Smith alerta contra la lectura de los conflictos únicamente como disputas interimperialistas y rechaza la idea de Washington como fuerza positiva global. Al mismo tiempo, Anticapitalistas sitúa en el centro el apoyo a Palestina, el antirracismo, los derechos de las personas migrantes y la oposición al militarismo, mientras que Catarsi Magazine defiende la autonomía política de las resistencias y el anticolonialismo como respuesta a la extrema derecha. Finalmente, Walaa Alqaisiya reivindica un feminismo palestino antiimperialista que articule género, clase y liberación colectiva frente al colonialismo y al pinkwashing israelí.
Por tanto, el antiimperialismo popular debe articular la confrontación con el orden geopolítico actual junto con una transformación de las formas de producción y reproducción, orientada a superar las dinámicas de acumulación, sosteniendo la vida y defendiendo a las clases populares. Esto implica disputar el control de los recursos estratégicos y rechazar que la crisis ecológica se resuelva mediante una nueva expansión extractiva sostenida sobre el saqueo territorial, la dependencia tecnológica y la subordinación del Sur Global. La reconfiguración industrial impulsada por los bloques occidentales —desde las cadenas de minerales críticos hasta la consolidación de una economía orientada al rearme— no representa una ruptura con el modelo anterior, sino su adaptación militarizada.
Esta confrontación también exige situar la movilidad humana y la reproducción social en el centro del análisis político. Las fronteras y los regímenes migratorios actúan como mecanismos que legitiman internamente el autoritarismo y la excepcionalidad permanente. En este contexto, las luchas feministas, antirracistas, campesinas, indígenas y migrantes no pueden entenderse como frentes complementarios, sino como espacios centrales de confrontación con un modelo que mercantiliza los territorios, erosiona las condiciones materiales de la vida y externaliza los costes sociales y ecológicos hacia los colectivos precarizados y vulnerabilizados.
Esto implica reconocer como parte de la lucha antiimperialista diversas formas de resistencia popular ya existentes, que operan en diferentes escalas pero responden a una misma lógica de confrontación con el expolio, el racismo y la militarización. En Estados Unidos, destacan las redes de vigilancia comunitaria y apoyo mutuo impulsadas por organizaciones de base que alertan y protegen a las comunidades migrantes frente a las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), así como el movimiento autoorganizado migrante y antirracista ¡Regularización Ya!, centrado en la regularización y la defensa de los derechos de las personas sin papeles en el Estado español.
En el ámbito de los recursos, encontramos las resistencias al extractivismo verde del pueblo sami frente a la expansión de proyectos mineros de tierras raras que amenazan sus territorios y formas de vida, y las luchas de las comunidades lickanantay en el desierto de Atacama contra la extracción de litio vinculada a grandes corporaciones transnacionales. En la misma línea, en Cataluña, la Revoltes de la Terra denuncia y confronta la presencia de la empresa minera sionista ICL en el Bages, señalando los impactos ecológicos y las violaciones de derechos humanos derivadas de su actividad. Finalmente, en Europa, se cuestiona la deriva de la industria alemana —con casos como Volkswagen— por su implicación en cadenas de producción vinculadas a sistemas militares como la “Cúpula de Acero”, que ejemplifica la creciente integración entre el sector automovilístico y el complejo militar-industrial israelí.
Al mismo tiempo, diversas experiencias recientes en territorios directamente impactados por el imperialismo insisten en la necesidad de una autonomía política popular frente a las injerencias imperiales y las élites locales. El Sindicato de Trabajadores de los Autobuses de Teherán rechazaba tanto a las potencias extranjeras como el retorno monárquico impuesto “desde arriba” como vías de liberación para las clases populares iraníes. En una línea similar, el Comité Nacional de Conflicto venezolano denunciaba tanto la disputa entre imperialismos como la deriva proimperialista del gobierno de Delcy Rodríguez. Desde Palestina, Queers in Palestine rechaza la instrumentalización colonial de las disidencias sexuales para justificar violencia imperialista y genocida, negando que los derechos LGTBIQ+ puedan utilizarse como criterio para deshumanizar a pueblos colonizados.
Las tareas del antiimperialismo popular en el tiempo liminal
La buena noticia es que ya tenemos mucho trabajo hecho. Es importante que nuestros proyectos políticos no sean víctimas de un contexto lleno de excepcionalidades. Una de las tareas más importantes, en un presente discontinuo, es dar continuidad a nuestros horizontes políticos sin renunciar a un margen de maniobra suficiente para poder responder a los cambios del contexto.
Dentro de este margen de maniobra y en el marco de un antiimperialismo popular, es necesario articular un conjunto de propuestas que permitan responder a las diferentes dimensiones del embate imperial y a sus expresiones contemporáneas.
En primer lugar, el desarme debe plantearse como una condición material para reducir la capacidad de proyección de violencia de los bloques imperiales y de los Estados que los sostienen. Esto implica oponerse al atlantismo y al aumento de los presupuestos militares, a la expansión de la industria armamentística y de la industria dual —civil y militar—, y a la normalización de la guerra como instrumento político.
En segundo lugar, es necesario avanzar hacia una ruptura con la subordinación estructural a Estados Unidos, entendiéndolo como eje central del orden imperial contemporáneo. Esto supone cuestionar las dependencias metabólicas, económicas, militares y políticas, así como las alianzas que sostienen este orden, con el objetivo de abrir espacios de autonomía para proyectos populares.
En tercer lugar, es necesario desarrollar una práctica antirracista y decolonial que permita identificar y combatir las formas de dominación que sostienen el orden global actual. Esto implica analizar las bases materiales de la explotación colonial y neocolonial, desmontar las lógicas de acumulación capitalista y confrontar los discursos racistas y deshumanizadores que las legitiman.
Por último, es imprescindible responder al afán extractivo sobre los recursos naturales y territoriales, que estructura gran parte de las relaciones Norte-Sur y que se entrelaza con la emergencia climática y la crisis de la reproducción social. Esta respuesta implica defender la soberanía sobre los bienes comunes y oponerse a las lógicas de acumulación que destruyen ecosistemas y despojan a las comunidades, al tiempo que se sitúa en el centro la sostenibilidad de la vida. Esto supone reforzar las redes comunitarias, los servicios públicos y las condiciones materiales que hacen posible la vida cotidiana, disputando el sentido de lo que significa vivir dignamente fuera de las dinámicas de mercado, explotación y colapso ecológico.
El artículo de Radios Libres para número 17 de la revista digital de Internet Ciudadana que lleva el título “Instalando Alternativas al monopolio digital”.
Te recomendamos este número de la revista que incluye temas de actualidad (y peligrosidad) como “Palantir: la piedra vidente que amenaza la soberanía de América Latina” (por Rafael Bonifaz); “Software libre, Cuerpos libres”, donde Cielito Saravia, de Bolivia, aborda la alianza pendiente entre la Comunidad de Software Libre y el movimiento Feminista, o las experiencias de robótica educativa en Argentina. La revista recoge también dos artículos sobre el FLISOL que se celebró en abril del 2026, uno de ellos escrito por Radios Libres que te presentamos a continuación.
El FLISOL es un “Festival” porque la idea es juntarse en un ambiente lúdico y cercano a compartir saberes en torno a las tecnología libres. Es “Latinoamericano” porque surgió en esta región en abril de 2005. Y es de “Instalación de Software Libre” porque ese fue su espíritu original: ayudar a liberar computadoras con programas informáticos que:
(1) se pueden ejecutar para cualquier propósito;
(2) su código interno está disponible para ser estudiado y modificado según las necesidades, por ejemplo para traducirlo a otro idioma;
(3) se pueden distribuir copias del mismo legalmente;
(4) y también difundir las copias con las modificaciones realizadas.
Libre, en castellano, no es sinónimo de gratuito. En inglés para ambas cosas se emplea la palabra “free” y eso a veces genera confusión. Entre las 4 libertades del Software Libre que acabamos de mencionar no hay ninguna que hable del precio. Si bien es cierto, la mayoría de software libre es también gratuito, hay algunos que requieren de un pago para ser usados.
Lo interesante de este movimiento es su filosofía que concibe el conocimiento como un bien común colectivo, también el que se deposita en la tecnología: “sabemos lo que sabemos porque lo aprendimos de otros”, afirma la sabiduría popular. Por eso, lo devolvemos de forma abierta a la comunidad.
Esta mirada, además, tiene ventajas técnicas importantísimas aparte de las filosóficas. La principal, que no convierte los desarrollos tecnológicos en cajas negras imposibles de auditar. El software libre es transparente, se puede verificar que hace lo que nos dicen que hace. Además, uno pueden construir con otras personas, en colectivo, adaptando lo que alguien previamente programó a las necesidades propias.
Difundir este paradigma es el objetivo central del FLISOL, por encima de finalizar las jornadas con cientos de computadoras migradas. Por eso, la mayoría de sedes organizan charlas sobre distintas herramientas y su uso, además de promover los valores del movimiento.
En la primera edición celebrada en 2005 se autoconvocaron 106 ciudades de 13 países. En esta última edición de 2026, celebrada el último sábado de abril en la mayoría de lugares –aunque cada sede puede ajustar la fecha a sus tiempos– , se registraron 139 nodos en la página oficial (https://flisol.info/)
Una de estas sedes fue la Universidad Técnica Nacional de Mendoza donde su Centro de Estudiantes Tecnológico Enrique Mosconi (CETEM) junto al colectivo Cybercirujas estuvieron encargados de la organización: “en el evento hubo charlas y talleres sobre programas libres para diseño, programación 3D, gestión radiofónica o herramientas para la investigación académica. Ademas, tuvimos un espacio permanente para la instalación de sistemas operativos y herramientas libres”, relata Pablo García, presidente del CETEM.
Una facultad pública que ofrece carreras relacionadas con la tecnología, “tiene la responsabilidad de formar profesionales que comprendan como funcionan por dentro. Promover un software que permite acceder al código fuente, fomenta el pensamiento critico y reduce la dependencia de soluciones privativas que tienen altos costos para la universidad y sus contribuyentes”, afirma Pablo.
Agustín Pérez, conocido como “Retsa” en el mundo del desarrollo de videojuegos, es parte de Cybercirujas, el otro colectivo convocante del FLISOL en el nodo mendocino. Retsa remarca la necesidad de “educar y difundir” que no hace falta depender de las grandes empresas monopólicas como Microsoft o Google: “hay herramientas desarrolladas por la comunidad, una comunidad inmensa que te apoya y acompaña. El mundo del software y la computación puede ser mil veces más divertido e interesante de lo que uno lo que todos creemos”.
En un momento histórico donde opacos algoritmos pertenecientes a tecnomagnates autoritarios están comenzando a tomar decisiones sobre ámbitos de los que depende la humanidad, abordar la tecnología como algo político es clave para Retsa: “estamos en guerra contra los grupos económicos hiperconcentrados que tiene el interés de forzar este capitalismo de datos y de vigilancia”.
En este escenario, Fractus, uno de los participantes del FLISOL, concibe el software libre como un “antídoto y pócima mágica para este mundo, y sobre todo para el que vendrá. Pienso en el software libre como principio aplicable a todos los ámbitos: el código de todo aquello que construye civilización debe ser abierto, criticable y libremente reproducible por la mayor cantidad de personas posible. Tanto las técnicas, como las maquinas, los rituales, las instituciones, las ideas y todo lo demás”.
Nunka Paka, se acercó por primera vez a un Festival de Instalación y regresó a su casa con su computadora liberada: “hace tiempo venía cuestionándome porqué muchas opciones tecnológicas se nos presentan como ‘únicas y predeterminadas’. Estoy disgustada con muchas cosas de Google, me molesta que tenga que actualizar Windows para seguir usando mi modesta PC que, considero, aun puede durar más. Hablé con una amiga y me contó de este mundo nuevo de software libres y me entusiasme en conocerlo. Como en otros ámbitos de mi vida, también en lo tecnológico, quiero encontrar la soberanía en lo que decido usar/habitar/construir/utilizar. Es una decisión política”.
Un mito que es necesario derribar es la dificultad del software libre. Hay personas que se imaginan una pantalla negra en la que incluyen comandos informáticos inteligibles. La interfaz de un sistema operativo libre es prácticamente igual que la de un privativo. Y lo mejor, es que se puede modificar y adaptar a tu gusto.
Interfaz Debian 13, sistema operativo libre GNU/Linux, con el entorno de escritorio KDE.
Sin embargo, tampoco es cierto que por ser libre, el software es más sencillo. Al igual que cualquier dispositivo, entraña cierta dificultad. La ventaja respecto a lo privativo, es que el ámbito de lo libre siempre existe una comunidad dispuesta a acompañar, no un soporte técnico a través de un bot. “Hasta ahora fue un poco difícil para mi porque desconozco mucho sobre programación e informática”, cuenta Nunka, “pero pedí ayuda a las mismas personas del FLISOL por el grupo de Cybercirujas y ellxs me acompañan en cada duda o dificultad. Eso lo hace más llevadero y menos frustrante. Además, me invita a investigar y a indagar que opciones alternativas puedo usar, respecto a lo que ya estaba acostumbrada”.
El equipo organizador ya está pensando en nuevas actividades porque, como comenta Guadix, otras de las integrantes de Cybercirujas, “es urgente seguir promoviendo debates y abrir perspectivas nuevas sobre la tecnología, y no hay muchos espacios en donde se ponga en cuestión a estas herramientas o hacia dónde está yendo la sociedad respecto a las tecnologías que se producen y usan, generalmente se impone el discurso de las grandes corporaciones frente al paradigma del software libre, colectivo y comunitario”.
Ya puedes ir buscando la sede más cercana para acercarte para la próxima edición del FLISOL en tu ciudad en abril de 2027. Encontrarás programadoras, diseñadores, artistas, creadoras de videojuegos, activistas y un montón de personas interesadas en liberar a la tecnología de sus cadenas.
En la madrugada del sábado 28 de febrero de 2026, una serie de ataques «preventivos» lanzados por Israel y Estados Unidos contra Irán desencadenaron una escalada regional que ha vuelto a situar al Líbano en el centro del tablero de la guerra. A mediados de abril, los esfuerzos diplomáticos lograron el anuncio de un alto el fuego temporal de 10 días entre Líbano e Israel; sin embargo, la situación desde entonces sigue siendo extremadamente volátil y el riesgo de una nueva ruptura de las hostilidades persiste en todos los frentes.
En todo el sur del Líbano, el desplazamiento en 2026 no se ha producido como un momento único de huida, sino como un movimiento repetido marcado por los bombardeos, la incertidumbre, los refugios superpoblados y el acceso limitado a los servicios esenciales. A pesar del alto el fuego, las hostilidades continúan y las restricciones al retorno siguen vigentes en decenas de pueblos del sur. Muchas familias se desplazan de un lugar temporal a otro sin saber cuándo, o si, volverán a casa.
Estas seis historias, recopiladas por los equipos de Acción contra el Hambre en el Líbano, reflejan el impacto humano de una crisis multifacética marcada por el conflicto, las dificultades económicas y la inestabilidad prolongada.
«Durante tres días estuvimos en la carretera, en coches, al aire libre, desplazándonos de un lugar a otro»
Esta es la segunda vez que Ahmad huye del distrito de Tiro con su mujer y sus dos hijos, de 10 y 12 años. Durante la escalada de 2024, la familia ya había buscado refugio en el mismo centro de acogida colectiva en el que se alojan ahora de nuevo.
«El año pasado también estuvimos aquí», dice. «La gente nos ayudó mucho».
Esta vez, sin embargo, la magnitud del desplazamiento parece mayor y más caótica. Tras abandonar su hogar, la familia se desplazó repetidamente entre Beirut y el Monte Líbano en busca de refugio. Cuando finalmente llegaron a un refugio escolar en el distrito de Aley, se habían distribuido colchones y mantas gracias al apoyo de voluntarios y organizaciones humanitarias, pero las condiciones seguían siendo difíciles. La calefacción, la electricidad y el agua caliente eran limitadas.
«Nos las arreglamos», dice. «Pero hace frío», explica Ahmad, para quien la asistencia sanitaria es la principal preocupación, especialmente para los niños desplazados. «Si un niño está enfermo, necesitamos una atención adecuada. Esa es la prioridad».
«Si yo me derrumbo, ¿qué les quedará a ellos?»
Para Hanan, el desplazamiento se ha vuelto inseparable del miedo que sienten sus hijos.
Hanan, una enfermera del distrito de Bint Jbeil, huyó tras ver las carreteras abarrotadas de familias que escapaban del sur del Líbano. «Vimos las carreteras llenas. La gente se marchaba. Así que nosotros también nos fuimos».
Su familia pasó días desplazándose de un lugar temporal a otro hasta llegar finalmente a un refugio colectivo en el distrito de Aley. En un momento dado, tras esperar horas dentro de otro refugio escolar, les dijeron que no había espacio disponible.
«Fueron los voluntarios quienes nos ayudaron a encontrar un lugar», dice.
Dentro del refugio, las bajas temperaturas y el suministro eléctrico inestable siguen afectando a la vida cotidiana. Pero la mayor preocupación de Hanan es el impacto psicológico en sus hijos: «Mis hijos eran los mejores de su clase. Ahora mira lo que les está haciendo esto».
Su hijo ahora reacciona con intensidad ante los ruidos fuertes y el estrés.
«Si encuentro un lugar donde no oigan nada, me iré», dice. «Aunque tenga que vivir en la calle».
«Te vas de repente. Ni siquiera entiendes lo que está pasando. Simplemente te vas»
Rana y su familia huyeron del distrito de Tiro sin hacer las maletas, mientras los bombardeos se intensificaban en su zona.
El viaje hacia el Monte Líbano duró casi tres días. Cuando llegaron a un refugio colectivo en el distrito de Aley, nueve miembros de la familia de varias generaciones, incluidos sus hijos de 6 y 8 años y sus parientes mayores, compartían el suelo de una sola aula.
«Los primeros días dormíamos en el suelo. No había nada».
La familia de Rana huyó apresuradamente de Tiro tras el inicio repentino de los bombardeos. Nueve miembros de su familia compartían suelo en un refugio escolar en Aley. KAMILA LAKKIS / ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE
Con el tiempo, los voluntarios y las organizaciones humanitarias distribuyeron colchones, comida y suministros básicos, pero la incertidumbre sigue siendo constante.
«Antes, la gente solía acogernos», explica. «Esta vez, no había sitio».
Dentro del refugio, las aulas se han convertido en espacios habitables donde la privacidad ha desaparecido, y la vida cotidiana gira en torno a adaptarse a la escasez. Para la anciana de la familia, esta situación no era desconocida. El desplazamiento ya formaba parte de su experiencia vital, explica: «Confiamos en Dios. Eso es todo».
«No sabíamos adónde íbamos»
Saed salió del distrito de Bint Jbeil a medianoche con su mujer y sus tres hijos adolescentes. A última hora de la tarde del día siguiente, seguían desplazándose entre carreteras y pueblos sin un destino claro.
La familia cambió de rumbo repetidamente dependiendo de qué carreteras seguían siendo accesibles y dónde aún podría haber refugio disponible. Al igual que muchas familias desplazadas que huían del sur del Líbano, se desplazaban sin saber con certeza dónde pasarían la noche. «No nos fue fácil encontrar un sitio», confiesa.
Saed, que tiene unos 50 años y vive con una discapacidad, también necesita medicación regular para la diabetes y otras afecciones de salud. En el desplazamiento, el acceso al tratamiento se ha vuelto irregular y depende de la disponibilidad. La presión económica ha añadido otra capa de dificultades. Incluso los artículos básicos para el hogar se han vuelto inasequibles.
«Intenté comprar una sartén», dice su esposa. «Cuesta 15 dólares. No disponemos de esa cantidad».
La familia depende ahora en gran medida de la ayuda de familiares, vecinos y redes comunitarias mientras permanece en un refugio temporal. «Dependemos de la bondad de la gente», dice él. Por ahora, sus días siguen marcados por la incertidumbre, los recursos limitados y la ausencia de un plazo claro para el regreso.
«Dormí en el coche con mi hijo mayor porque no teníamos su silla de ruedas con nosotros»
Cuando las órdenes de desalojo llegaron a Borj Chimali, cerca de Tiro, Salman huyó con su esposa, sus cinco hijos y su anciano suegro. Tres de sus hijos padecen parálisis cerebral y tienen graves limitaciones de movilidad. Dos dependen por completo de sillas de ruedas, mientras que otro también padece epilepsia.
La familia pasó casi 15 horas en la carretera antes de llegar a un refugio colectivo en Saida.
Hoy, él y su familia se encuentran en la planta baja de un edificio de la Universidad de Saida, en la ciudad de Sidón. Una vez que por fin estuvieron a salvo, Salman regresó a Tiro para recoger las dos sillas de ruedas y las mantas de su casa. Dentro del refugio, la vida cotidiana se ve marcada por los retos de accesibilidad. Los aseos y el desplazamiento por los espacios compartidos siguen siendo difíciles para los niños, mientras que los suministros médicos y de higiene son limitados.
«El suelo es un problema. El frío hace que los niños se pongan enfermos. No paran de toser»
Zeina y su familia extensa abandonaron Deir al-Zahrani una hora después de que comenzara el bombardeo. «Nos fuimos inmediatamente», dice. «Llevábamos a los niños con nosotros».
Zeina y su familia huyeron de Deir al-Zahrani, en el sur del Líbano, apenas comenzó el bombardeo. Ya conocían el refugio escolar de Aley por experiencias previas de desplazamiento. KAMILA LAKKIS / ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE
El grupo de 13 personas huyó hacia el distrito de Aley, donde ya habían buscado refugio durante la anterior escalada de violencia en 2024. Llegar pronto no significaba que las condiciones estuvieran preparadas. «Ahora hay cosas disponibles», dice. «Pero seguimos sin tener almohadas ni colchonetas». Los niños del refugio siguen durmiendo al frío, mientras que el suministro eléctrico sigue siendo irregular.
A pesar de sus diferentes trayectorias, las familias comparten la misma realidad: desplazamientos repetidos, refugios superpoblados, atención interrumpida e incertidumbre sobre lo que les depara el futuro.
Texto y testimonios: Kamila Lakkis, especialista en Comunicación e Incidencia de Acción contra el Hambre en el Líbano
Actualmente,Acción contra el Hambre en el Líbanopresta apoyo en 284 refugios colectivos y ha ofrecido asistencia (alimentos, agua, saneamiento y atención sanitaria) a más de 70 000 personas en el país.
Una iniciativa de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) en la que ha trabajado Radios Libres.
La IA ya impacta en múltiples aspectos de nuestras vidas. Además del laboral y el ecológico, una de las áreas que requiere mayo atención es la educativa: ¿cómo están afectando estas plataformas la forma en que aprendemos y educamos?
CLADE intenta responder estas preguntas en el marco del proyecto Educación en Voz Alta (EVA). En la guía, se aportar diferentes estrategias para incluir dichas herramientas tras discusiones críticas y pensando siempre en quien aprende.
Con este material se abona a la profundización de la reflexión sobre las posibilidades de un uso de la IA en sintonía con la perspectiva de la red sobre tecnologías digitales, es decir, basado en la ética y en los derechos humanos, priorizando el uso de tecnologías digitales libres, abiertas y desarrolladas para el bien común, aspirando la soberanía digital y a una alfabetización digital crítica.
Esta guía sistematiza y resume los contenidos del curso virtual “Uso crítico y ético de la Inteligencia Artificial en la ducación”, celebrado entre los meses de octubre y diciembre de 2025. Una capacitación organizada por la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) junto a la Unidad Regional de Gestión de Educación en Voz Alta (EVA), una iniciativa financiada por el fondo de la Alianza Mundial por la Educación para la promoción y la responsabilidad social, curso en el que Radios Libres desarrolló la metodología y los contenidos y estuvo a cargo de la implementación junto al equipo de CLADE.
La Red de Radios Comunitarias y Software Libre (liberaturadio.org), a la que pertenece Radios Libres, presenta un nuevo Software de Automatización RAdial (SARA libre) que se suma a G-Radio, otro desarrollo de esa comunidad, y a Rivendell completando la familia de automatizadores con licencias libres que funcionan en distintas distribuciones GNU-Linux.
El próximo martes 19 de mayo de 2026, organizamos un taller de presentación de esta herramienta con el equipo de desarrollo, en los siguientes horarios:
Centroamérica y México 16’00 / Ecuador, Colombia y Perú 17’00 / Venezuela, Chile y Bolivia 18’00 / Argentina, Uruguay y Brasil 19’00.
SARA libre está en su fase ALFA. Esto significa que no se recomienda para usarse en las emisoras como automatizador principal. Esta primera versión se ha liberado para que más radios lo prueben y puedan reportar fallos (bugs) o hacer sugerencias.
Puedes descargar los archivos de instalación en la página web de SARA Libre. Y aquí tienes los videotutoriales realizados por Pablo López para comenzar a probar.
¿Qué puede hacer SARA Libre?
Compatible con GNU/Linux derivados de Debian 12+ y Devuan 5+, con soporte tanto para PipeWire como para PulseAudio.
Desarrollado en C++17 y Qt6. Usa GStreamer como motor de audio. 1.0 | SQLite WAL | CMake
Está diseñado para funcionar 24/7 en computadoras con hardware modesto con un consumo reducido de recursos de memoria y CPU.
Permite programar listas de reproducción por horario, eventos disparados a horas específicas, locuciones de hora, streams remotos, pisadores y crossfades configurables.
Eventos que pueden ser programados con prioridad, inmediatez y vigencia.
Se puede incluir nuevas pistas a varios eventos programados previamente.
Asistente en vivo (botonera) con 12 botones por página (presets) que se pueden guardar y configurar para que cada programa tenga la suya.
Locuciones de hora generadas automáticamente y programables en eventos o en programaciones musicales.
Reproducción de streams HTTP/HTTPS con reintentos automáticos si se corta la conexión.
Crossfades entre pistas y fade-out manual.
Pisadores automáticos o individuales.
Detección de silencio en archivos para auto-skip (salta a la siguiente si hay silencio prolongado).
Auditoría completa de reproducción y monitores particulares de reportes gráficos.
Modo manual o automático
Recuperación de estado tras corte de luz.
Distintos roles: operación, programación y administración. Con gestión de perfiles a través de contraseñas.
Preparado para funcionar en distintos idiomas y recibir nuevas traducciones.
¿Por qué se llama SARA y quién lo desarrolla?
Son las siglas de Software de Automatización RAdial. Además, le sumamos la palabra “libre” para enfatizar esta característica. Como sabes, la comunidad de LiberaTuRadio.org promueve el software y las tecnologías libres entre los medios alternativos y comunitarios. Además de libre (tiene una licencia GPL-3+) es gratuito.
SARA tiene opciones similares a otros programas de automatización radiofónica como G-Radio, Radit, Dinesat, Rivendell o Zara Radio. Pero se nutre de la experiencia de radialistas comunitarios de América Latina y el Caribe que se han involucrado desde el inicio al desarrollo, diseñando su arquitectura y lógica de funcionamiento. Algunos de ellos son José Luis Travieso (HiperActiva FM, Uruguay), Agustín Fontaine (Una Radio Muchas Voces, Argentina), Juan Burba (Radio Tierra Campesina, Argentina), Ana Salgado y Nacho Contreras (Radio Tsinaka, México). El desarrollo ha estado coordinado por Pablo López y Santiago García Gago, con la asesoría técnica de Javier Obregón. Nos hemos apoyado en herramientas de ia, principalmente Claude y los modelos abiertos de Qwen.
Si quieres ser parte de esta comunidad, probando, traduciendo, sugiriendo, visita la página oficial de SARA Libre o escríbenos.
Dos guías de DW Akademie para defender los territorios empleando el periodismo de investigación desde el abordaje de la Acción Sin Daño. Ambos tienen una licencia Creative Commons BY-NC-ND.
“Un periodismo al servicio de las comunidades que construye audiencias con ellas. Los medios comunitarios y algunos locales son los últimos bastiones de un periodismo directamente vinculado a sus territorios. Desde estos ecosistemas se puede realizar un ejercicio comunicativo relevante para la sociedad, que tenga impacto y que apunte a una posible incidencia en lo social-político”.
El núcleo metodológico propone ocho pasos que van desde la planificación estratégica y el mapeo de actores y riesgos, hasta la investigación periodística, la difusión participativa y la evaluación de resultados. La guía incluye herramientas prácticas pensadas para fortalecer capacidades y facilitar procesos colaborativos entre periodistas, comunicadores comunitarios y organizaciones indígenas, entre otros actores clave.
“La publicación demuestra que el periodismo local y comunitario, cuando está arraigado en los territorios y conectado con sus audiencias, puede cerrar brechas de información, fortalecer la participación ciudadana y contribuir a transformaciones sociales y ambientales. La guía invita, en definitiva, a repensar el periodismo como una práctica colectiva, útil y necesaria para la defensa de la Amazonía y para comunidades mejor informadas, críticas y articuladas.”
Spotify se está ganando cada vez más nuestro descontento. El esquema de partida es ya conflictivo: monopolio del consumo de música, enriquecimiento a costa de pagar una miseria a les artistas, algoritmos que orientan lo que escuchamos…
Cada vez más gente está buscando alternativas. Quizá no exista realmente una plataforma alternativa concreta que sea muy parecida a Spotify. Y quizá convenga decir «afortunadamente». Lo que sí hay son herramientas para distintas funciones y, sobre todo, prácticas alternativas. Aquí va una serie de propuestas. No dudes en compartirlas si te parecen interesantes.
Si lo que quieres es escuchar música en línea:
FunkWhale es lo más parecido al concepto de Spotify, pero en versión descentralizada y con tecnología libre. De hecho, es parte del Fediverso (la red de redes sociales libres e interoperables). No obstante, tiene muy poco contenido de momento. El servidor «bandera» o iniciador es https://open.audio/.
Jamendo es una plataforma llena de música, toda con licencia libre. Está bien para descubrir muchos talentos poco conocidos que publican su arte en modo libre.
BandCamp no está alineada con la cultura libre en sí, pero sí paga a los artistas mejor que Spotify y permite que estos vendan su música de manera algo más justa para todo el mundo. Aquí encontrarás música no necesariamente con licencia libre, pero sí de una gran variedad de artistas, la mayoría del mundo independiente. Incluso algunos pesos pesados, como Radiohead.
OpenTune es una aplicación libre para el teléfono. Nos permite explorar casi todo lo que está publicado, pero en realidad es una mera interfaz para YouTube Music, por lo que depende de Google. La ventaja frente a Spotify o YouTube es que no tiene publicidad, ni rastreo de nuestro comportamiento…
Por supuesto, hay muchas otras plataformas dentro del modelo comercial, más parecidas a Spotify: Deezer, Qobuz… Pero probablemente no sea lo que quieres si lo que buscas son modelos alternativos.
¿Por qué no escuchar de manera local?
Para mucha gente, la mejor opción es hacerse una misma su colección de música, pelis, etc., para no tener que depender de plataformas (corporativas o no). Entre otras ventajas, dejaremos de estar a merced de algoritmos, notificaciones y otros mecanismos destinados a desviar nuestra atención de donde realmente queremos estar. Además, al escuchar música directamente en nuestro dispositivo (en vez de en línea) reducimos enormemente el consumo de energía y agua o las emisiones de carbono que van ligadas a los centros de datos, ya que descargamos los archivos una sola vez, « para siempre». Parece ser una buena opción ecológica que no nos conviene perder.
Hay muchas formas de compartir archivos entre usuarixs (Torrents, EMule…). Una muy buena es SoulSeek, donde hay una comunidad viva que comparte y mantiene accesible un importante patrimonio digital (música, libros, películas…). Naturalmente, esto no nos impide contribuir económicamente con aquellos proyectos que creamos conveniente. Una vez descargada la música, la podemos escuchar fácilmente desde nuestra computadora e incluso poner algunos álbumes o canciones en nuestro teléfono u otros dispositivos con un simple cable USB, por ejemplo.
Si lo que quieres es escuchar podcasts
AntennaPod, una aplicación libre para el teléfono. Ahí puedes escuchar podcasts de diferentes plataformas comerciales, descargarlos para escucharlos sin conexión, administrar tus listas, etc.
VLC, que puedes usar en la computadora. Además de ser probablemente el reproductor multimedia más completo, en su apartado de podcasts puedes agregar los enlaces de RSS de tus favoritos para recibir cada nuevo episodio.
Radios, TIC y derecho a la comunicación. Compartimos el artículo que escribimos para el libro Lo ancestral funciona, una reflexión para intentar responder una pregunta clave en esta época: ¿Podemos resignificar las actuales tecnologías de información y comunicación?
Todo desarrollo tecnológico es hijo de su época y nace condicionado por el sistema económico, político y cultural del que surge. Los valores y creencias de quienes lo inventan lo moldean de igual manera. Las personas que posteriormente usen dichas tecnologías se las apropiarán de múltiples formas. Agregarán a la ecuación sus propios valores personales y sociales, transformando o resignificando los usos imaginados por los desarrolladores. Esos ajustes, sin embargo, siempre estarán limitados por los sesgos preexistentes en la concepción y posterior diseño del artefacto.
Por ejemplo, las tecnologías de telecomunicación que emergieron durante el siglo XIX –como el telégrafo, el teléfono y las radiocomunicaciones– nacieron en plena expansión del capitalismo financiero que genera riqueza a través de la especulación, algo que condicionó enormemente su modelo de desarrollo futuro. Los grandes magnates del ferrocarril que invirtieron enormes cantidades de dinero en instalaciones telegráficas, lo hicieron en beneficio propio y no para ofrecer un medio de comunicación a la sociedad. De hecho, aquellas familias adineradas –J.P. Morgan, Rockefeller, Vanderbilt o Gould– continúan, al día de hoy, interviniendo en el mundo de las finanzas. La prensa de aquel tiempo los bautizó como los “barones ladrones” por sus prácticas despóticas e ilegales para obtener ganancias que incluían la estafa y la coacción. Algo similar sucedió con distintas tecnologías de radiocomunicación. La mayoría de sus inventores –como Reginald Fessenden, inventor del primer transmisor que permitió emitir voz, o Lee de Forest, creador del audión, un pequeño amplificador de gran potencia que minimizó el tamaño de estos equipos– terminaron perdiendo sus propias empresas a manos de los socios inversionistas que solo se preocupaban por la rentabilidad del negocio.
“Los protectores de nuestras industrias”. Caricatura de Puck Magazine (1883). Muestra a los magnates del ferrocarril Cyrus West Field, Jay Gould, Cornelius Vanderbilt y Russell Sage sentados sobre bolsas de dinero a hombros de sus trabajadores. Imagen en Dominio Público.
Con este afán de lucro desmedido como objetivo principal de los desarrollos tecnológicos de la época, se originaron eternos litigios de patentes y disputas sobre su autoría. Se ignoraba, así, el carácter colectivo de todos estos avances, originados a partir de descubrimientos previos de otros científicos. Guglielmo Marconi nunca hubiera podido inventar su equipo de radiocomunicación sin las ecuaciones que formuló James Maxwell o los experimentos de Heinrich Hertz.
¿Qué hubiera sucedido con estas tecnologías si el modelo de desarrollo elegido hubiera estado abocado a garantizar derechos en vez de enfocarse en su rentabilidad?, ¿a dónde habríamos llegado si en vez del proteccionismo de las patentes los inventores hubieran contribuido abiertamente entre ellos?, ¿y si los Estados hubieran mantenido cierto control sobre su despliegue e implementación?, ¿o si en vez de hombres del Norte Global hubieran participado más mujeres y científicos del Sur?.
Preguntas como estas nos invitan a cuestionar el tan extendido paradigma de la neutralidad tecnológica. El debate no es si las tijeras sirven para hacer el bien o para asesinar a alguien, sino preguntarnos que sesgos transmiten o perpetúan. Algo que entienden perfectamente las personas zurdas que tienen que usar tijeras diseñadas para diestros.
El argentino Enrique Chaparro, miembro de Fundación Vía Libre, resumió este planteamiento en 2009 de la siguiente manera:1
Las tecnologías, en tanto producto de un sistema económico-político hegemónico, no solo están teñidas de ideología sino que además son vectores de ella. […] Es cierto que podemos subvertir algunos artificios tecnológicos, pero no podemos desprendernos de la ideología subyacente en el propio concepto del artificio.
Chaparro propone abordar el uso de la tecnología con una “visión crítica y razonable escepticismo”, desechando el estéril debate sobre los usos buenos o malos y las acusaciones cruzadas entre ciberutópicos y apocalípticos. De esta forma, se puede evaluar y cuestionar la veracidad de las promesas de progreso y modernidad que han acompañado el despliegue de cada tecnología de información y comunicación (TIC). Una invitación a situarnos como actores propositivos en la discusión sobre los modelos de desarrollo posibles y no como meras usuarias o consumidores fascinados por el último gadget o plataforma con la que el mercado nos pretende seducir.
Una actitud crítica que, históricamente, mantuvieron las radios populares, comunitarias y alternativas de América Latina y el Caribe, quienes concibieron la radiodifusión como un soporte tecnológico para promover el derecho a la comunicación. Un derecho éste, articulador y habilitador de otros derechos. A lo largo de todo el continente, estas emisoras hackearon la unidireccionalidad original del medio radiofónico, implementando una comunicación participativa de doble vía, como estrategia de democratización de la palabra. Eligieron el ámbito de la comunicación como un territorio en el que disputar la hegemonía a quienes tenían el monopolio en la creación de sentidos e imaginarios. Plantearon la discusión desde el plano político e ideológico, no meramente desde el tecnológico.
Estas radios, que se autodenominaron de formas muy diversas,2 constituyeron redes nacionales de coordinación y organizaciones regionales como la Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular (ALER) y la oficina para América Latina y el Caribe de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC-ALC). Junto a otros colectivos vinculados a la comunicación, como la World Association for Christian Communication (WACC) o la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), ALER y AMARC-ALC elaboraron propuestas legislativas para garantizar el derecho de la ciudadanía a acceder a los medios de comunicación. Sus demandas –respaldadas en reiteradas ocasiones por organismos internacionales como la Unesco o la Corte Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA– se podrían resumir en los siguientes puntos: entender la comunicación como un derecho antes que una mercancía; limitar la concentración de la propiedad evitando monopolios y oligopolios; fomentar el acceso equitativo a las frecuencias de radio y televisión para configurar un mapa mediático más plural y diverso; y disputar el poder dominante para que la ciudadanía participe ampliamente en el debate público.
Creemos que estos ejes de reivindicación y análisis no han perdido vigencia y son igualmente válidos para ayudarnos a entender y a transformar el sistema infocomunicacional contemporáneo.
¿Podemos resignificar las actuales tecnologías de información y comunicación?
Los medios populares y comunitarios han demostrado históricamente una notable capacidad para apropiarse y resignificar las TIC y ponerlas al servicio de sus fines políticos y comunicacionales. Sin embargo, sería importante analizar las estructuras y relaciones de poder actuales para evaluar las posibilidades de lograrlo en este nuevo escenario.
La propuesta es realizar este análisis desde tres abordajes complementarios: sirviéndonos de la economía política de la comunicación para entender la estructura de concentración de la propiedad de las TIC; observando los cambios que esta estructura híperconcentrada han provocado en las lógicas de producción y distribución de las industrias culturales; y por último, analizando cómo estas transformaciones están cuestionando la identidad de los medios populares y comunitarios.
1. Concentración del poder en favor de la restricción de derechos
A inicios de la década de los 90, las TIC comenzaron a llegar a las radios populares y comunitarias de la región. Computadoras, editores de audio digitales o receptores satelitales se integraron al trabajo diario de las emisoras. Incluso, había organizaciones sociales como Chasque, en Uruguay, Nicarao, en Nicaragua, o Ecuanex, en Ecuador, que ofrecían acceso a internet ante el desinterés de los Estados o empresas privadas por aquellas “nuevas tecnologías”.3
Con ese internet incipiente, en 1996, al equipo de AMARC-ALC se le ocurrió fundar Pulsar, una agencia de noticias que enviaba boletines por correo electrónico. Al año siguiente, ALER inauguró su red satelital descentralizada, llamada ALRED, a través de la cual intercambiaban todo tipo de contenidos y producciones. En aquel momento, estos nuevos soportes se asumieron como herramientas para amplificar las voces, aumentar la incidencia y alcanzar la tan ansiada masividad. Por fin, el sector alternativo tenía a disposición las mismas tecnologías que el comercial. En el tejado de una pequeña emisora popular del altiplano andino o una comunitaria de la Amazonía, se podía ver la misma parabólica que los medios comerciales instalaban en las principales capitales latinoamericanas.
A inicios de la década del 2000, se terminó de profundizar el proceso de privatización y convergencia de las TIC, fusionándose por completo el sector de las telecomunicaciones con los medios tradicionales y los nuevos canales de difusión digitales. Tras la grave crisis económica de 2008, el capital especulativo redirigió sus inversiones a las denominadas “plataformas”. Algunas ya consolidadas, como Facebook o Twitter, y otras que acababan de surgir, como Uber, Airbnb o Spotify.
Actualmente, una radio sale al aire por FM mientras alcanza audiencias mundiales por Youtube o un canal de streaming y difunde sus noticias por redes sociales corporativas. Resulta difícil no fascinarse con estas posibilidades para potenciar y amplificar las narrativas de un sector como el de los medios alternativos que siempre compitió en desventaja. El principal inconveniente es que la convergencia amplió a escala global los desequilibrios en la distribución de la propiedad de las tecnologías asociadas a internet y al resto de las telecomunicaciones de las que dependen actualmente todos los medios de comunicación.
Si los índices de concentración sobre las frecuencias de radio y televisión eran exagerados, los datos actuales son aún más escandalosos.4 Solo dos compañías se reparten el 99% del mercado de los sistemas operativos para móviles (Android con el 71% y iOS el 28%); en computadoras de escritorio las cifras son parecidas, el 87% de equipos usan sistemas operativos de Microsoft (72%) o de Apple (15%); dos navegadores tienen una cuota de mercado del 85% (Chrome 65% y Safari el 18%); un solo buscador, Google, acapara el 91.6% de las búsquedas; entre Apple eMail (56%) y Gmail (31%) suman el 87% de los buzones mundiales de correo electrónico; respecto al uso de redes sociales, entre Facebook, Instagram y Whatsapp suman más de siete mil millones de usuarios –las tres plataformas pertenecen a la misma compañía, Meta–. Si observamos la cuota de mercado entre los proveedores de infraestructura de nube para que terceros desarrollen sus servicios y aplicaciones, tres empresas se reparten el 66%: Amazon Web Services (31%), Azure Microsoft (24%) y Google Cloud (11%).5
Lo más sorprendente es que, aunque los datos corresponden a distintas capas o segmentos –sistemas operativos móviles y de escritorio, redes sociales, correo electrónicos o servicios de cloud– solo mencionamos a cinco empresas. Las llamadas Big Tech, conformadas por Google/Alphabet, Amazon, Facebook/Meta, Apple y Microsoft (GAFAM), controlan estos servicios globalmente, sobre todo en Occidente.6 Los ámbitos de dominio se expanden aún más si tenemos en cuenta que estas empresas están incursionando, por ejemplo, en la instalación de fibra óptica submarina. Las Big Tech acaparan prácticamente todas las capas que constituyen actualmente las TIC: desde la infraestructura física de cables y servidores hasta el software que usamos en los dispositivos finales.
Niveles menos exorbitantes de concentración, como fueron los del sector infocomunicacional en la década de los 70, contribuyeron a establecer un movimiento global que reclamaba la constitución de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC). También impulsaron la conformación de un movimiento social latinoamericano por la democratización de la comunicación que consiguió que varios gobiernos de la región aprobaran, más de tres décadas después, leyes para garantizar el derecho a la comunicación.
Hoy pareciera existir cierta permisividad hacia estos oligopolio tecnológicos que, en cualquier otro ámbito, generarían, al menos, debates y preocupación. También en el sector de los medios populares y comunitarios que pareciera haber atenuado el espíritu crítico sobre las tecnologías en favor de un enfoque instrumental al incorporar estas nuevas herramientas de producción y difusión sin cuestionar quiénes son sus dueños o sus posibles impactos.7
No hay duda de que las redes sociales corporativas ayudaron a instalar en la agenda la lucha de los movimientos indígenas y campesinos colombianos del Cauca o visibilizaron los crímenes contra periodistas en México. Sin embargo, sus nombres no son recordados y sus stories no acaparan tantos likes como aquellas de los influencers, que enseñan a maquillarse o bailar una coreografía a sus millones de seguidores. Tras años intentando hacer la revolución desde Facebook o subvertir Twitter –ahora X–, los imaginarios y sentidos que triunfaron no fueron los que hubiéramos deseado. Los discursos de odio y negacionistas, la desinformación, la regresión de derechos que se creían ganados y la apertura de debates históricos que se daban por saldados, se impusieron con la complicidad de los dueños de estas plataformas.8 Espacios que se presentaban como ágoras públicas y democráticas exacerbaron el consumismo salvaje y el individualismo desmedido que el sistema capitalista busca, mercantilizando así todas las esferas de la vida, también las tecnologías.
Mientras, los principales magnates tecnológicos rinden pleitesía a líderes populistas como Donald Trump, quien tomó posesión de su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos en enero de 2025 rodeado por todos ellos. Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Google) y Elon Musk (Tesla y X)9 abrazaron sus políticas de austeridad, conservadoras, negacionistas, machistas, racistas y homófobas. Estos modernos “barones ladrones”, ponen a disposición de Trump todo su poderío mediático y coquetean con total impunidad con los partidos de ultraderecha del mundo entero.
Los riesgo de depender de estos “señores feudales tecnológicos”10 para producir una comunicación contrahegemónica son evidentes. Significaría ir de la mano en esta lucha con los hombres más ricos del planeta. Por cierto, todos ellos blancos, heterosexuales, angloparlantes, y con ciudadanía estadounidense.11 Unos tecnomagnates que acumulan riqueza a unos niveles y con una rapidez nunca antes vista. Usar sus servicios incrementa, más aún, su poder y sus ganancias. Dinero que termina financiando a grupos con ideales antagónicos a los del movimiento popular y comunitario. Sería como aliarse en los 90 con los grandes grupos mediáticos comerciales que acusaban a estas radios de robarse el espectro o utilizar las ondas para fomentar el narcotráfico y el terrorismo.
2. Nuevas lógicas de producción al servicio de las plataformas.
La concentración y la profundización de la mercantilización y privatización de las TIC expuesta en el apartado anterior no solo tienen implicaciones económico-políticas sino que han alterado los modelos de negocio y las lógicas de producción y distribución de las industrias culturales. Es posible agrupar estas transformaciones en tres aspectos: la dictadura de los formatos, la dependencia de las plataformas de terceros, y la capacidad de elección de las audiencias en este nuevo escenario.
La dictadura de los formatos
Las redes sociales y el resto de plataformas de difusión de contenidos –independientemente de que éstas sean libres o privativas–, al igual que cualquier otra herramienta de información y comunicación, median y condicionan los procesos comunicativos: “activan y potencian nuevas prácticas y modos de acceder a la información, nuevas formas de organización, de movilización, de interacción, de comprar, de relacionarse”.12
Por ejemplo, el podcast, un formato habilitado por internet, revolucionó la temporalidad de la escucha al ofrecer la posibilidad de consumir “radio a la carta” frente a las instantáneas transmisiones en vivo. A partir de su popularización, las emisoras de todos los sectores se vieron obligadas a subir los programas a plataformas de podcast para responder a los nuevas prácticas de consumo de sus audiencias.13Algo similar ocurrió con las transmisiones de streaming de video a las que muchas emisoras se están apuntando, emitiendo en FM o AM y en simultáneo por YouTube o Twich.
Las dinámicas de distribución de contenidos en internet han sometido a todos los medios de comunicación, no solo a las radios, a una frenética carrera para adaptarse a la plataforma de moda. Sus lógicas de producción y difusión se alteraron, no por una convicción periodística o comunicacional, sino meramente comercial. Primero se vieron obligados a resumir una investigación en 140 caracteres; luego en stories de video de 30 segundos; y ahora deben gamificar sus contenidos e ignorar las clásicas reglas del periodismo en pos del clickbait y la monetización.
Esta evolución de la producción la imponen las plataformas que se nutren de una peligrosa economía de la atención. Los propios medios de comunicación fueron excluidos de esas decisiones, mucho más sus audiencias. Se les usurpó el poder de elegir la evolución de sus propias dinámicas de trabajo. La rapidez de estos cambios obliga a los medios a saltar de uno al otro sin tan siquiera terminar de adaptarse al anterior y, mucho menos, a reflexionar sobre su conveniencia o sus efectos.
El último informe sobre las tendencias del periodismo, medios y tecnología del Reuters Institute for the Study of Journalism University of Oxford alertó sobre “el poder disruptivo de la inteligencia artificial” y cómo está afectando, no solo a la producción de las noticias, sino también a su distribución. Esto provocó que los medios hayan visto descender drásticamente las visitas provenientes de las redes sociales más antiguas –“en 2023 el tráfico desde Facebook a los sitios de noticias cayó 48% y desde X [Twitter] disminuyó 27%”.14 Mientras, los chatbots gestionados con IA generativa se posicionan como los nuevos canales de distribución de la información a través de programas inicialmente concebidos para la mensajería instantánea interpersonal como Whatsapp. La mayoría de directores entrevistados en el estudio decidieron enfocarse más en esa plataforma, algo que también hicieron muchos medios alternativos en la región.
Esta dinámica se convierte en un círculo vicioso que los medios de comunicación no adivinan cómo romper. Por un lado se alarman por la incapacidad actual de las audiencias para consumir contenidos de más de un minuto de duración. Por el otro, se ven obligados a superficializar sus informaciones para aumentar el tráfico y subsistir así con la venta de publicidad digital. Mientras, compiten con influencers y creadores de contenido independientes que les superan notablemente en seguidores e incidencia.
Dependencia de plataformas de terceros
Además de modificar las lógicas de producción y distribución de múltiples formas, el uso de redes o plataformas corporativas acentúa la dependencia de terceros con los riesgos que eso conlleva para un medio de comunicación. El salvadoreño Leonel Herrera, expresidente de ALER, alertó en 2019 sobre estas herramientas corporativas: “responden al modelo de negocio de las transnacionales y no a la lógica de participación de la gente. En un momento dado cambia su modelo de negocio y dejan fuera a toda la gente que estaba participando en esa red”. Dos años después de estas premonitorias declaraciones, Elon Musk compró Twitter. Además de rebautizarla, impulsó cambios que han puesto en entredicho su continuidad.
La permanencia de estas empresas está ligada a su rentabilidad o al capricho del magnate que las controla y las vende o cierra de un día para otro. No hace tantos años el único chat era el de MSN Messenger. La red social de moda era Myspace. Second Life permitía vivir una vida virtual alternativa. Las fotos se subían a Flickr y los archivos se compartían a través de Megaupload. En pocos años, estas aplicaciones fueron cerrando o perdieron la mayoría de usuarios.
Ciertamente, mantener nuestra propia infraestructura es costoso, pero igualmente puede salir muy caro para un medio de comunicación delegar toda su memoria digital a una empresa sobre la que no tiene ningún control y con la que firma unos términos de servicio ilegibles que van cambiando constantemente. Acuerdos que se rigen por legislaciones de países en los que es extremadamente complicado reclamar si un día una de esas compañías censura un contenido y lo borra de sus servidores sin previo aviso.
Es frecuente que los medios populares y comunitarios ya no mantenga una web propia donde ofrecer sus contenidos que solo se encuentran en las plataformas corporativas. Ni tan siquiera guardan un respaldo en una nube propia o en la computadora local. Sería como entregar la llave de la antigua discoteca a los dueños de Google para que eliminaran vinilos a su antojo de un día para otro. O si Amazon controlara el transmisor de la emisora y decidiera el momento en que se apaga y se enciende. O como tener a Musk operando la consola y muteando discrecionalmente los micrófonos para silenciar ciertos mensajes.
Capacidad de elección de las audiencias en este nuevo escenario
En el ámbito de la radiodifusión, el ejercicio del derecho a la comunicación se vinculó estrechamente con el acceso al soporte tecnológico. Ese acceso lo podemos separar en dos partes, los equipos técnicos y la autorización legal. Para acceder a los equipos de transmisión hay que disponer de recursos económicos para comprar los dispositivos homologados. La siguiente es obtener el permiso del Estado para utilizar una frecuencia radioeléctrica de transmisiones. Cumpliendo ambas condiciones, una escuela radiofónica con suficientes recursos como Radio Sutatenza, logró equiparse con los transmisores más potentes del mercado y superó en cobertura a todos los medios comerciales de su país, llegando incluso a ser la cadena radial con más vatios de la región. O Radio Enriquillo, de República Dominicana, que con una programación innovadora, fresca y callejera, consiguió situarse como la emisora más escuchada de la zona.
A riesgo de que el planteamiento peque de reduccionista, ya que, ciertamente, hay otros factores que influyen en estas decisiones –sociales, culturales, económicos–, podríamos afirmar que contar con una licencia legal y con los recursos para garantizar los artefactos tecnológicos, sumado a la libertad de elección de la audiencia ante una propuesta comunicacional relevante, posibilitó a muchos medios populares y alternativos competir con los medios comerciales sin otro tipo de intervenciones o mediaciones. Incluso, en un sistema infocomunicacional que les era adverso. Por tanto, una política pública que garantizara el acceso a las frecuencias como soporte tecnológico y el acceso a recursos para adquirir los equipos, resolverían, en gran medida, la histórica demanda por el ejercicio del derecho a la comunicación.
Ahora bien, el escenario tecnológico actual es mucho más complejo. A esos factores que mencionamos, se suma un entramado de variables tecnológicas muy difíciles de controlar, incluso para los medios comerciales que pueden invertir cuantiosos recursos para intentarlo. En el ámbito de las plataformas y redes sociales comerciales –siendo las TIC más usadas actualmente–, tener a disposición y de forma “gratuita” ese soporte no garantiza posibilidades similares a las de la etapa anterior donde una radio tenía total potestad sobre el uso que hacía del transmisor y el resto de artefactos.
Hoy, esas tecnologías corporativos de las que dependemos, no solo no son propiedad de los medios sino que, además, aparecieron los algoritmos para mediar la interacción con las audiencias. Unos intermediarios que, lejos de ser inocuos o neutrales, favorecen a unos sectores frente a otros y ejercen de gatekeepers, censurando contenidos sin ofrecer explicación alguna. A eso hay que añadir que, de forma arbitraría y ocultando los motivos, las plataformas aplican filtros a cuentas o temáticas determinadas, lo que se conoce como showbaning. Y como las empresas dueñas son transnacionales que no están sujetas a políticas nacionales de comunicación, evitan cualquier tipo de restricción o sanción –además de ahorrarse el pago de impuestos–.
Asimismo, estos algoritmos restringen la libertad de elección de la audiencia. Si un usuario acostumbró al algoritmo que su preferencia son los medios de comunicación cercanos a una ideología determinada, muy probablemente ese algoritmo nunca le sugiera un medio de la ideología contraria. Incluso, aunque el periódico o la radio haya pagado para aumentar su visibilidad en dicha plataforma: “vivimos en una gubernamentalidad algorítmica”, afirma el reconocido comunicólogo Nestor García Canclini.
3. La disputa de la identidad de los medios populares y comunitarios
El comunicólogo Fernando Reyes Matta decía que “la comunicación puede ser alternativa solo en la medida que emerge y se sostiene por su capacidad para que puedan participar en ella sectores postergados” (1986). Actualmente, personas de esos sectores pueden intervenir en las conversaciones globales y lograr una incidencia mayor desde una cuenta personal de Tik Tok sin necesidad de la intermediación o representatividad de un medio tradicional.
El rol de los medios de comunicación en general, pero en particular el de aquellos que construyeron su identidad sobre la representatividad de los sectores oprimidos y olvidados, está profundamente cuestionado por estas nuevas lógicas de comunicación e información. El modelo que proponen las actuales plataformas mediáticas y las redes sociales corporativas se construye sobre individualidades en frontal oposición al modelo colectivo de la comunicación alternativa.
Precisamente, uno de los principales cismas de la comunicación popular a finales de los años 70 fue la preocupación por aumentar la participación de la comunidad. En una autoevalución crítica, identificaron que los maestros, curas y sindicalistas se habían apropiado de los micrófonos de las radios populares. Malinterpretando aquella frase de “ser la voz de los sin voz”, hablaban en nombre de la población en vez de abrir las puertas de la emisora o sacar los equipos a la calle para que los vecinos y vecinas se expresaran.
Manual de capacitación 1, “La entrevista” (ALER, 1983).
Es por eso que en la década siguiente, inspirados por las preceptos de Paulo Freire y los teólogos de la liberación, involucraron a sus audiencias en todo el proceso: desde el diseño de la programación hasta en la producción, operación y conducción de los diversos espacios de la radio. Pasaron de ser meros receptores que participaban de vez en cuando a convertirse en emisores y protagonizar el proceso comunicativo. Es por eso que la comunicación popular y comunitaria se gesta en colectivo, una minga de la palabra.
Más que en medios de comunicación, las radios se convirtieron en espacios de diálogo e intercambio de ideas, de articulación barrial, sindical o escolar. Muchas de ellas abrieron telecentros, cafeterías, restaurantes, no solo como fuente de sostenibilidad, sino como lugar para encontrarse. De esas articulaciones también surgieron conciertos, talleres o festivales de instalación de software libre. Y se fue conformando así un movimiento latinoamericano por la democratización de la comunicación sostenido por las coordinadoras nacionales, las redes regionales y las alianzas internacionales.
Toda este espíritu colectivo y comunal se opone diametralmente a las lógicas que promueven las redes sociales capitalistas que invitan, tanto a producir, como a consumir individualmente desde tu propio teléfono y plataforma. Y aunque los medios alternativos han intentado promover usos colectivos o disruptivos de estos espacios, ya expusimos las enormes limitaciones que tienen para hacerlo: tanto ideológicas –opuestas a los principios que defienden y promueven–; como políticas –son propiedad de los hombres más ricos y poderosos del planeta quienes sostienen el status quo que aspiramos a subvertir–; o de autonomía –generan una dependencia extrema de terceros sobre los soportes tecnológicos que usamos–; y periodística –condicionan nuestras lógicas de producción y la forma en que nos relacionamos con nuestras audiencias–.
Otros modelos de desarrollo posibles ya existen
Este texto no pretende ser una invitación para abandonar el uso de tecnologías. Todo lo contrario. Nos apasionan, tanto las radiofónicas como las tecnologías que nos permiten acceder a internet que, por cierto, contienen muchísimos servicios además de las plataformas comerciales. Cuando el movimiento por la democratización de la comunicación criticó la concentración de las frecuencias y se enfrentó al modelo de gestión del espectro que lo había privatizado y entregado el sector comercial, no se le calificó de “radioapocalípticos”. Eran conscientes del potencial de contar con medios propios para la construcción de esos otros mundos posibles y lucharon por ello. Por ese motivo, nos sentimos en la obligación y en la necesidad de debatir y proponer otros modelos de desarrollo tecncientífico que no dependan de los caprichos de un puñado de magnates multimillonarios, ególatras y vanidosos.
Creemos que, para actualizar aquellos planteamientos y demandas al contexto actual, podemos comenzar con algunas preguntas: ¿qué posibilidades tenemos de lograr un mundo más justo y equitativo, aliados con las empresas más poderosas del planeta cuyos dueños pertenecen a ese 1% que acumula más riqueza que el 95% de la población mundial? ¿Qué implica promover el derecho a la comunicación en este escenario de convergencia digital acelerada? ¿Qué impacto en el medio ambiente tienen los artefactos que usamos? En definitiva, ¿qué tecnologías necesitamos para el mundo que queremos construir y de qué forma nos apropiamos de ellas?
Para los sociólogos de la tecnología, existen cuatro formas de apropiarnos de los desarrollos tecnológicos.15 La apropiación adoptada o reproductiva de los usos, cuando es apropiada para los fines que fue desarrollada. La adaptada o creativa, se refiere a la innovación de usos originales más allá de los establecidos inicialmente en su concepción, usos denominados como “disruptivos”. La cooptativa, que excede el uso individual. Se presenta cuando una empresa o gobierno se apropia de una tecnología de forma directa, por compra o por imitación, casi siempre con un objetivo comercial. Y, por último, nuestra preferida, la creación tecnológica. En vez de incorporarse o apropiarse, la tecnología es directamente producida ya sea con fines económicos, sociales o activistas.
A lo largo de la historia de los medios populares y comunitarios, encontramos varios ejemplos en los que fueron innovadores en este sentido. Además de los proyectos mencionados anteriormente como la agencia digital Pulsar (AMARC-ALC), el sistema satelital ALRED (ALER) o el proyecto de Ecuanex promovido, entre otros, por ALER y ALAI, existen muchos más. A principios de los años 90, FM La Tribu de Buenos Aires, desarrollo su propio “tandero”, un automatizador de programación radiofónica que compartieron con otras emisoras. Años más tarde, impulsaron un sistema operativo libre GNU/Linux llamado Cafeína. También en Argentina, en 2010, la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA), junto a Antena Negra y el colectivo DTL, organizaron diversos talleres para que las radios fabricaran sus propios transmisores y antenas. Al finalizar la capacitación “llevaban consigo la tecnología necesaria para arrancar con un sueño”.16 Son apenas algunos ejemplos de creación tecnológica que representan la inquietud pionera del sector alternativo por desarrollar colectivamente sus propios artefactos tecnológicos.
Siguiendo la estela de aquella experiencias, otras organizaciones mantienen vivo ese espíritu, todas ellas con conexiones con el ámbito de la comunicación popular y comunitaria: Redes AC, Rizhomatica, Colnodo o Altermundi, promueven redes de internet, intranet y telefonía comunitaria en la región junto a varios medios alternativos; la Red de Radios Comunitarias y Software Libre acompaña a las emisoras que quieren liberarse tecnológicamente y desarrollan el sistema operativo libre GNU/Linux EterTICs y el automatizador G-Radio; o Internet Ciudadana, que agrupa a varias organizaciones que trabajan por una internet democrática y, entre otras iniciativas, facilita talleres para quienes quieren migrar al Fediverso, el universo de redes libres, federadas y descentralizadas, como Mastodon, Pixelfed o PeerTube.17
Más allá de las experiencias pioneras, el principal legado de los medios comunitarios y populares y las asociaciones que los articularon, fue politizar la discusión en torno al derecho a la comunicación. Su capacidad para movilizar a amplios sectores de la ciudadanía, propició la aprobación de varias legislaciones regionales que fueron elogiadas globalmente. E instalaron en la opinión pública la idea –secundada por diversos organismos nacionales e internacionales– de que sin medios comunitarios no hay democracia.
Es por eso que, antes de migrar a GNU/Linux o abrir una cuenta en el Fediverso –o al mismo tiempo, al menos–, hay comenzar tejiendo otros imaginarios en torno a la tecnología, no pensándola en tanto dispositivos o plataformas sino como sistemas de conocimiento y poder que reproducen o disputan hegemonía.
Esperamos que los argumentos expuestos a lo largo de este texto contribuyan en este sentido. Es urgente politizar las tecnologías. Cada día surgen más evidencias de que el modelo de desarrollo tecnológico capitalista y quienes lo lideran están poniendo en jaque a la democracia. ¿Lo vamos a permitir?18
Agencia Informativa del Foro Argentino de Radios Comunitarias (Farco).
Referencias bibliográficas
1 Publicado en “Tecnología: Definiciones. Muerde”, Colectivo La Tribu, 2009, pp. 73-74.
2 Mineras y sindicales, educativas, populares, comunitarias y ciudadanas. Emisoras rebeldes, clandestinas, insurgentes o revolucionarias. Sociales, asociativas, libres, participativas, independientes, interactivas, contrainformacionales o truchas. Indígenas, autónomas, comunales, rurales, campesinas, locales, barriales o vecinales; Cooperativas, escolares o religiosas. De mínima cobertura o baja potencia. Alternativas o alterativas, como decía Rafael Roncagliolo, por su objetivo es alterar el orden social y provocar.
4 Siempre se menciona el ejemplo de México donde un duopolio controla el 95% de las concesiones televisivas del país. Para un análisis completo de este panorama: La concentración infocomunicacional en América Latina (2000-2015): Nuevos medios y tecnologías, menos actores. Martín Becerra y Guillermo Mastrini. Universidad Nacional de Quilmes.
5 Datos obtenidos en enero 2024 de StatCounter, Litmus, Statista, Forbes y PewResearch.
6 El correlato chino de las GAFAM son las BATX: Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi.
8 Zuckerberg anunció que terminará con su programa de verificación de información por terceros en Facebook e Instagram que había sido criticado duramente por Trump y Musk. Y Jeff Bezzos, dueño de Amazon y del periódico The Washington Post, expresó que “Escribiremos todos los días en apoyo y defensa de dos pilares: las libertades personales y los mercados libres”, lo que provocó la salida de su jefe de opinión y un alineamiento explicito a las ideas del nuevo Presidente de los EEUU.
9 Musk, entró a formar parte del gobierno estadounidense encabezando el departamento de recortes del gabinete (DOGE), blandiendo una motosierra que le regaló el presidente argentino Javier Milei. Además de paralizar las ayudas para el desarrollo del gobierno de los EEUU, propone le despido de miles de empleados públicos en todas las áreas gubernamentales.
10 Concepto desarrollado por Cédric Durand en “Tecnofeudalismo: crítica de la economía digital” (2021) y por Yanis Varoufakis en “Tecnofeudalismos: el sigiloso sucesor del capitalismo” (2024).
12 “Gritos en el coro de señoritas: la apropiación del rol político de las mujeres a través de los medios”, publicado por AMARC-ALC en 2008
13 No es algo circunscrito a la radio, los canales tradicionales de televisión han vivido un proceso similar por la presión de las plataformas de streaming. Ahora, la mayoría cuentan con sus propias plataformas donde ofrecen los mismos programas y series que transmiten en vivo pero “bajo demanda”.
15 “La apropiación de tecnologías en América Latina: una genealogía conceptual” (2019). Luis Ricardo Sandoval. Revista Virtualis.
16 Declaración de Juan Pablo Berch y Sofía Loviscek, del colectivo América Profunda y la inicicativa RadioxRadio. Hay registro de iniciativas similares anteriores. En octubre de 1991, AMARC-ALC junto a las organizaciones CEPES, ILLA y CNR y la cooperación de la fundación italiana Crocevia, realizó un taller piloto en Lima con 9 campesinos aficionados a la electrónica. En apenas 15 días, cada uno de los participantes fabricó su pequeña emisora. Luego, se mejoraron los prototipos y se modificaron para emitir a 20 watts. La experiencia se documentó en un manual que otras radios emplearon para elaborar sus transmisores artesanales.
17 Estas plataformas no tienen un enfoque comercial ni tampoco venden los datos de quienes las usan. Tampoco tiene publicidad ni están mediadas por algoritmos. https://radioslibres.net/fediverso/
18 “Politizar la tecnología: radios comunitarias y derecho a la comunicación en los territorios digitales” (2020), por Inés Binder y Santiago García Gago. https://radioslibres.net/politizar-la-tecnologia/
Participa de alguna de las casi cien sedes que se reúnen del 18 al 30 de abril para festejar el software libre.
El FLISOL es un espacio autogestionado por comunidades locales que, desde 2005, se encuentran para difundir el uso de software libre a través de distintas actividades: desde la instalación de sistemas operativos libres hasta charlas de divulgación y encuentro de usuaries.
El equipo de Radios Libres participará de las actividades de la sede en Mendoza. La cita será en la Universidad Técnica Nacional, Facultad Regional Mendoza, el sábado 25 de abril a las 14 hs. Tendremos: Charlas relámpago (10 minutos): presentación de proyectos, iniciativas, ideas, etc. Charlas largas (30 minutos): un tema en profundidad. Talleres (1 hora): espacios de experimentación práctica sobre un tema específico. ¡Y un espacio para instalaciones de distintas distribuciones de software libre durante toda la jornada!
Representantes de 12 organizaciones latinoamericanas se encuentran reunidas en la segunda edición de la Escuela de Comunicación y Tecnologías Libres para la Defensa Común del Territorio, en Buenos Aires, para aprender técnicas de documentación de violaciones de derechos humanos, y formarse en la gestión de sus servidores autónomos.
El objetivo de la Escuela es que, frente a los latifundios digitales que dominan esta era de una internet concentrada y privatizada, las organizaciones sean capaces de cultivar huertas digitales comunitarias que les permitan almacenar de manera segura su información y ofrecer servicios a sus comunidades. A lo largo de diez días,
Las organizaciones participan con dos integrantes, cada uno de los cuales ha optado por el eje de documentación o el de huertas digitales. El eje de documentación estará centrado en procesos de construcción de memoria y narrativas, metodologías de archivo y organización de la información, técnicas de registro audiovisual, e investigación de fuentes abiertas. A su vez, harán una salida de campo para documentar la manifestación en conmemoración de los 50 años del último golpe cívico-militar en Argentina. El eje de huertas digitales se enfocará en las reflexiones tecnopolíticas que respaldan el desarrollo de infraestructura autónoma, la gestión y resguardo de datos en entornos de confianza, administrados comunitariamente, el uso de la terminal y la instalación y administración de servicios. Un tercer eje, el de cuidados digitales, ofrecerá claves y sugerencias para incorporar prácticas de seguridad holística en sus proyectos.
A través de un proceso de mentoría y sesiones virtuales, las organizaciones participantes tendrán dos meses para implementar un proyecto que ponga en práctica los conocimientos adquiridos en la Escuela. A su vez, serán invitadas a integrar Abya Yala, “una red de activistas, desarrolladorxs y técnicxs cuyo objetivo es hacer más fácil para organizaciones y comunidades el despliegue de plataformas digitales autónomas y seguras”.
JULIA CASTILLO // ¡¡¡Ay si la buena mujer levantara la cabeza!!! La Sirvienta, la película, nos acerca a la figura de Vicenta María López de Vicuña, fundadora de Congregación de Religiosas de María Inmaculada, y aunque la producción de Pablo Moreno apareció en el listado de candidatas para la 38ª edición (2024) de los Goya, no obtuvo ninguna nominación final por parte de la Academia de Cine.
La sinopsis, según Filmaffinity, es la siguiente: “La historia de Vicenta María López Vicuña, fundadora de las Religiosas de María Inmaculada, que desde hace más de 150 años llevan dedicadas a la promoción de las mujeres que salían de sus pueblos para labrarse un futuro mejor en el servicio doméstico de la capital. La historia real de una mujer, de muchas”.
Huelga decir que no pienso verla. Mi tiempo, cuanto más vieja me hago, más valioso lo considero. Es por ello por lo que no pienso perderlo, al menos conscientemente. Con la sinopsis tengo suficiente.
Pues bien, os cuento cómo llegué a esta buena mujer. Hay, en mi pueblo (me disculpen los habitantes de esta preciosa ciudad de Coruña por llamarle pueblo, pero considérenlo una licencia poética), un edificio al que siempre le tuve cierto apego y, más que nada, me provocaba mucha curiosidad. Supe de él porque un familiar muy cercano estuvo por allí, en el edificio que ocupaba ese solar antes del actual, hace más de 70 años, y contaba historias que, pasando el tiempo, cada vez me encajaban menos.
Años después, casualidades de la vida, residiendo en Madrid, conocí a una mujer que me contó historias que, en principio, nada tenían que ver con el lugar, pero de alguna manera me llevaban a él. Y la mente no engaña. Razones tiene que no siempre entiende tu razón.
Transcurridos unos 10 años más, terminamos, ella y yo, frente a ese edificio hablando de ese edificio, y de algún otro muy similar, también situado en Coruña. No me digáis que no tenéis curiosidad por conocer la historia.
Pues bien, si no la tienes deja de leer ahora mismo. No pierdas el tiempo porque quien no quiere saber no merece saber.
….
El actual edificio empezó a funcionar allá por los años 70 y albergó, hasta hace nada y menos, a una de estas congregaciones “asociadas” al Patronato.
Lugar que fue uno de los –estimados, porque no existen datos oficiales (curiosamente casi todos los archivos se quemaron unos y otros se mojaron en sendos incendios e inundaciones)– cerca de 900, sí, sí, 900 centros religiosos, esparcidos por todo el territorio español, donde el Patronato de Protección a la Mujer rescataba a chicas, caídas o en riesgo de caer, mandacarallo con el eufemismo. Literal y oficialmente, su fin era la «dignificación moral de la mujer» para erradicar la prostitución y el vicio.
Ah, ¿no sabes qué era el Patronato ese?
Pues te aconsejo que busques los libros de Consuelo García del Cid Guerra y te los leas todos. Los de ella y los de otras mujeres, también supervivientes de esta Gestapo a la española, como ellas le llaman.
El Patronato (que sin la complicidad de varias congregaciones religiosas jamás habría existido), aunque oficialmente se fundó en 1941 auspiciado por el ínclito y dependiente del Ministerio de Justicia y, también oficialmente, desapareció en 1985, no se fundó ese año sino que era originario del siglo XIX y, como veréis, desapareció ya próximo al siglo XXI, y eso si no tenemos en cuenta que esas congregaciones se hicieron una operación de cirugía estética, en diferentes clínicas, y siguen con sus prácticas de “ayuda social” con el beneplácito de los gobiernos, sean del color que sean, y financiadas con nuestros impuestos y/o con fondos europeos de los que tocará devolver, también con nuestros impuestos.
Huelga decir que el “contubernio judeomasónico” se daba entre Iglesia y Estado, ¿verdad? ¿Se daba…hummm?
Pero te adelanto unos cuantos datos para ponerte en situación transcribiendo parte de un artículo, publicado en BBC.com, donde Marina narra lo que su madre le contó de su pasado en uno de esos centros.
“… Días después voló a Madrid con su padre. Allí, la llevaron directamente a otro convento, perteneciente al sistema del Patronato, dependiente del Ministerio de Justicia español. A ella y a las demás mujeres internadas las clasificaron y segregaron. Mariona cuenta que acabó en la primera planta, reservada para ‘las rebeldes, las que consideraban mujeres de mala vida'».
El Patronato tenía potestad para detener a cualquier mujer menor de 25 años que no se ajustara a las normas. No eran delincuentes, sino mujeres consideradas necesitadas de «reeducación». Pero Mariona nunca supo las historias de las demás jóvenes con las que estuvo confinada.
«No nos dejaban hablar. Es increíble», cuenta. «Y te preguntas, ¿cómo lo conseguían?».
A las internas solo se les permitía intercambiar saludos sencillos entre sí, una forma de control y una manera de evitar que las chicas «malas» influyeran en las demás.
«Lo que no podías hacer era llegar a conocer bien a otra chica», dice Mariona. «Porque entonces te separaban: enviaban a una de nosotras a otro dormitorio, o incluso a otra institución».
Cree que había alrededor de cien internas en el convento. Dormían veinte por habitación, con una monja en un extremo, y la puerta cerrada con llave. La rutina diaria era agotadora: oraciones, misa, limpieza del convento y luego horas en un taller confeccionando ropa para comerciantes locales. Mientras las chicas cosían, una monja leía en voz alta para que nadie hablara.
«Había adoctrinamiento», recuerda Mariona. «Para que entendieras que te habías portado muy mal. Entonces, una vez que te dabas cuenta de esto, pedías perdón y te confesabas”.
Por cierto, de esta historia salió un cortometraje que sí obtuvo un Goya el año siguiente (2025) y varios premios más.
Y esto no es nada, porque esta chica, llevada allí por sus propios padres para que fuera reeducada dentro de la fe católica, para que fuera una buena mujer y dejase de ser “roja”, era solo una variedad, por llamarle de alguna manera. Porque, para terminar en alguno de aquellos centros, les sobraban pretextos.
Las mujeres que acababan allí lo hacían por motivos que el propio Patronato de Protección a la Mujer clasificaba como “desviaciones morales” o “riesgo social”. En la práctica, bastaba con encajar en alguno de estos perfiles:
Prostitución o “riesgo de prostitución”. Era la categoría principal. El propio Patronato hablaba de mujeres “caídas o en peligro de caer”.
Madre soltera o embarazo fuera del matrimonio. Especialmente si la familia denunciaba la situación o pedía “reeducación”. Incluso cuando su embarazo era consecuencia de una violación. Hubo muchas mujeres que fueron violadas por sus propios padres y las que acababan encerradas eran ellas, gozando ellos de plena libertad incluso para visitarlas y embarazarlas de nuevo. Lee, lee lo que cuentan ellas.
Conducta considerada “inmoral”. Una categoría muy amplia que podía incluir: relaciones sexuales, fuera del matrimonio, salir de noche, vivir sola, mantener relaciones con hombres sin permiso familiar.
Rebeldía o conflicto familiar. Padres o tutores podían pedir la intervención del Patronato para “corregir” a una hija.
Vagancia o desamparo. Chicas pobres, sin trabajo o consideradas “sin control familiar”.
Huérfanas o menores tuteladas. Muchas procedían de instituciones de beneficencia.
Hijas de presos o de familias republicanas. Esto aparece en bastantes testimonios de posguerra.
Lesbianismo o sospecha de homosexualidad. Considerado desviación moral.
Víctimas de abuso o violación. Como aclaré en el punto 2. Paradójicamente también podían acabar internadas por considerarse “deshonradas”.
Denuncias policiales o vecinales. La policía podía poner a disposición del Patronato a mujeres consideradas “escandalosas”.
Todas ellas eran seleccionadas, incluso con prueba de virginidad. Completa o Incompleta, aparecía en el resultado de ese examen. Ahí eras clasificada, dependiendo de este importante dato, pero también si estabas embarazada porque terminabas en centros como La Maternidad de Peñagrande en Madrid, donde, casualmente, morían bebés de los que nunca aparecieron los restos.
Si sigo escribiendo puedo llenar páginas, pero ellas ya lo cuentan mucho mejor que yo, ellas, LAS SUPERVIVIENTES.
Síguelas, búscalas, léelas… aprende historia de tu país. Es conveniente. Ah, y la relación de esa señora, de la que encabeza mi artículo, con todo esto es… la congregación que moraba en el edificio situado en la calle Santiago, nº 1 de esta ciudad… Vinculado al Patronato de Protección a la Mujer.
Y quien te diga lo contrario…
MIENTE.
Gracias por leer hasta aquí. Si te interesa saber más, busca documentales, artículos y, sobre todo, los libros escritos por las supervivientes.
Big Blue Button es una plataforma de videoconferencias diseñada para talleres, capacitaciones y clases en línea. Es software libre. Y puede ser instalado en un servidor propio, aumentando los niveles de seguridad, privacidad y autonomía.
Diversas organizaciones tienen “instancias” (servidores web donde está instalado BBB) que se pueden usar para videoconferencias.
La web del propio software ofrece una demo por si la quieres probar.
A continuación tienes un breve manual de uso, aunque la interfaz es muy similar al resto de plataformas de videoconferencias. Al inicio están las instrucciones para la computadora y al final las del celular.
Al entrar con el enlace de acceso debes ingresar tu nombre o nickname y aceptar los términos de referencia.
El sistema pregunta luego si quieres unirte con micrófono (podrás activarlo para hablar) o solamente como oyente.
Si te unes con micrófono, tendrás que permitir al navegador que acceda al micrófono. Dependiendo de si usar Firefox, Chrome y otro, la petición que aparece es distinta, pero debes seleccionar “Permitir” (1) y posteriormente “Unirse al audio” (2):
El sistema avisa que se está conectando.
Al entrar, en la parte interior (1) activas y desactivas cámara y micrófono. En la esquina inferior derecha (2) levantas la mano y reacciones. En la superior derecha (3) hay opciones para configurar o salir de la sala. Y en la esquina superior izquierda (4) se abre la lista de usuarias y usuarios y el acceso al chat.
Quien modera la sala puede activar las notas compartidas para anotar colectivamente. Y con el botón derecho sobre un usuario cualquiera, se le puede enviar un mensaje privado. Abajo está la caja para enviar mensajes.
En el teléfono celular, en la esquina superior izquierda, hay un icono que nos permite abrir el chat público. Y en la parte inferior están los mismos controles descritos para la computadora con los que activar y desactivar la cámara y el micrófono.
Una capacitación para entender cómo funciona la inteligencia artificial y practicar con aplicaciones y modelos abiertos. Fue organizado por AMARC-ALC, CPR y Radios Libres. ¡Descarga los recursos y vuelve a ver el video de la sesión!
La IA, sobre todo la Generativa, está cada vez más presente en nuestras vidas. Programa software, hace de psicóloga o de tutora de matemáticas e, incluso, locuta por radio. Todo esto nos impacta de múltiples formas, también en el trabajo de los medios comunitarios.
El objetivo del taller fue reflexionar sobre esas implicaciones desenredando los aspectos técnicos. Es decir, entendiendo cómo funciona internamente, qué son los “modelos de lenguaje” y por qué muchas veces la IA “alucina” o, directamente, se inventa las cosas. Una vez abierta la caja negra, exploramos de forma práctica aplicaciones de IA de código abierto que podemos usar en nuestras computadoras, sobre todo si estamos trabajando con información sensible que preferimos que se mantenga privada.
LUCÍA CASADO* / El 8 de marzo, día internacional de las mujeres trabajadoras, va a celebrase este 2026 en uno de los contextos políticos más reaccionario de las últimas décadas. Crisis económica, social y cultural, ofensiva contra las condiciones de vida y los derechos políticos de la clase trabajadora, guerras imperialistas y rearme, auge electoral y callejero de la extrema derecha y refuerzo del carácter autoritario de los Estados. Y en este marco, el machismo y la misoginia se presentan como uno de los ejes centrales del proyecto reaccionario: defensa del modelo de familia burguesa, jerárquica y heterosexual, donde se canonizan los roles de género, se subordina a las mujeres y se castiga, margina o patologiza a quienes se apartan de ese modelo.
Frente a esta ofensiva, el feminismo, tanto en su vertiente institucional como en su faceta movimentista o de base, se ha mostrado impotente. No es que el feminismo “haya llegado demasiado lejos”, como proclaman las nuevas derechas para justificar su programa reaccionario, sino que este no ha sido capaz de ir lo suficientemente lejos como para enfrentarlas ni para avanzar de manera efectiva hacia la emancipación real de las mujeres trabajadoras. El abandono del horizonte de superación del capitalismo, y, por tanto, también de la articulación del programa estratégico y la construcción de las herramientas necesarias para ello, ha conducido así a la desorganización, desmovilización y desilusión de sus bases, dejándonos inermes frente a la reacción en marcha.
La situación se agrava especialmente para las mujeres proletarias. Se nos asignan los empleos más precarios y peor remunerados, a menudo en condiciones de informalidad y sin derecho a jubilación ni paro. Persisten la brecha salarial y la parcialidad forzosa. Se deterioran los servicios públicos (como parte del saqueo al fondo de salario) y se privatizan los cuidados, trasladando aún más carga a nuestras espaldas, mientras el coste de la vida y de los bienes básicos se dispara y los alquileres se vuelven inasumibles.
Por si todo esto no fuera poco, seguimos encontrándonos con casos tan brutales y repugnantes como el caso Epstein. Casos que no son anomalías aisladas, sino que constituyen la expresión de una realidad tan antigua como persistente: la oligarquía goza de total impunidad para ejercer violencia sexual contra niñas y mujeres pobres. La sociedad de clases capitalista crea las condiciones materiales, jurídicas e ideológicas para que la explotación sexual de las mujeres proletarias pueda organizarse, encubrirse y perpetuarse en las altas esferas del capital.
En la misma lógica se inscriben los asesinatos y agresiones machistas de las que son acusados policías. Pese a la resistencia sistemática de los gobiernos a investigar, es un secreto a voces que los cuerpos policiales concentran una parte significativa de estas violencias y disfrutan de un alto grado de impunidad. Si consideramos que cualquier agresión machista es extremadamente difícil de nombrar y denunciar, las mujeres trabajadoras quedan completamente desprotegidas frente a las instituciones del Estado capitalista, cuyo papel esencial es mantener la sociedad de clases y, por tanto, perpetuar la violencia necesaria para sostener el poder de los capitalistas.
Esta realidad ha sido omitida por la socialdemocracia en el Gobierno y por el llamado “feminismo institucional” o “feminismo ministerial”. Estos se han erigido como referentes de la lucha contra la violencia machista, mientras sus medidas se han centrado en endurecer el Código Penal y reforzar los cuerpos de seguridad, lavando la imagen de la policía y presentándola como “defensora de las víctimas”, como si más patrullas en nuestros barrios y más agentes formados en “perspectiva de género” fueran a frenar la violencia machista. Pero reforzar a la policía del Estado capitalista es una medida abiertamente antiproletaria: esos recursos no se destinan a combatir las raíces materiales y estructurales de la violencia de género, sino a reforzar el control social sobre nuestra clase. Se emplean en hacer redadas en nuestros barrios, en aporrearnos en las manifestaciones donde defendemos derechos como el aborto y en ejecutar desahucios, incluso cuando esa vivienda sea el único reducto que nos separa a nosotras mismas y a nuestras hijas de un maltratador.
Ahora bien, las limitaciones del feminismo no se agotan en su ala institucional, pues el proyecto feminista en su conjunto comparte límites estratégicos que lo condenan a la impotencia.
Uno de esos límites tiene que ver con el sujeto. Por definición, el feminismo renuncia a organizar a la clase trabajadora como sujeto para centrase en la organización de las mujeres en sentido amplio. Lo que implica defender intereses esencialmente sectoriales e interclasistas, frente a la posibilidad de defender intereses universales.
Lo hemos visto históricamente con el acceso al aborto y otros derechos sexuales y reproductivos, negados de facto para las mujeres pobres. Lo vemos en casos como el de Epstein, que se dan con total impunidad a causa de la dependencia económica de las víctimas. Lo vemos en la posibilidad de alejarse de un padre o una pareja que nos maltrata, o de dejar un trabajo en el que soportamos a un jefe acosador. La realidad material dicta que las conquistas del feminismo solo las puede ejercer efectivamente quien puede pagarlas, esto es, las mujeres burguesas y de clases medias, mientras las mujeres trabajadoras continúan sufriendo las formas de explotación y opresión más intensificadas.
Además, el feminismo, con independencia de la variante en la que se enmarque («interseccional», «anticapitalista», «autónomo» o «de clase», entre otros), no tiene un proyecto de sociedad que pueda contraponer al proyecto capitalista. Así pues, ha renunciado a conquistar el poder político y a construir un «Estado de todos los oprimidos y oprimidas» que pueda recibir y aplicar sus demandas. De esta forma, y pese a que las individualidades que lo compongan puedan oponerse al Estado y al reformismo, el feminismo se ve obligado una y otra vez a dirigir sus demandas al mismo Estado que sostiene la propiedad privada, protege a la patronal y administra la violencia sobre nuestra clase, confiando en que desde ahí se concedan unas mínimas reformas que siempre llegan filtradas por la lógica de la desigualdad y la dominación.
De este modo, el feminismo, lo quiera o no, termina funcionando como un engranaje de legitimación del Estado capitalista: al tener que dirigir a este sus demandas como único receptor legitimado, las reformas que se obtendrán estarán inevitablemente condicionadas por la lógica de la sociedad de clases. Y esto no solo neutraliza cualquier potencial revolucionario de las reivindicaciones feministas, sino que, además, sirve al Estado capitalista para mejorar su imagen, maquillar su carácter violento y opresor y ajustar su dominación a los tiempos y necesidades actuales.
No obstante, el feminismo ha logrado visibilizar y desnaturalizar múltiples formas de violencia machista, generando información y politizando a toda una generación de jóvenes entre 2016 y 2020. Nosotras venimos de ahí y reconocemos ese legrado progresivo. Sin embargo, como proyecto, hemos llegado a la conclusiónde que estecarece de la capacidad para enfrentar y revertir el actual auge reaccionario y, sobre todo, para conquistar derechos de manera estable para todas las mujeres, de los que tienden a quedar excluidos las mujeres de clase trabajadora y el proletariado LTBIQ+.
La conclusión que se impone es sencilla: no habrá fin de la opresión de género sin fin del capitalismo. Y, por lo tanto, no hay lucha por la liberación de las mujeres efectiva y real que no pase a su vez por una lucha contra el sistema capitalista.
Superar este sistema implica, primero, reconstituir a la clase trabajadora en partido propio e independiente, una fuerza social disciplinada y arraigada en los centros de trabajo, en los barrios y en la juventud; y, segundo, en que ese partido conquiste el poder político, derribe el Estado de los capitalistas y levante un nuevo Estado que organice la transición hacia el socialismo, una nueva forma de organizar la sociedad en la que las bases de todas las formas de opresión y explotación son progresivamente eliminadas.
En ese nuevo poder de clase, la abolición del capital no es una consigna vacía, sino un programa concreto: expropiar a los grandes propietarios, planificar la economía según las necesidades sociales y eliminar de raíz las condiciones materiales y subjetivas que hoy obligan a tantas mujeres a soportar maltrato, precariedad y humillación. Pues solo de esta forma los derechos conquistados dejan de depender de nuestra posición de clase y su acceso se vuelve realmente universal.
Este planteamiento implica que la emancipación de las mujeres trabajadoras debe ser obra de ellas mismas, codo con codo con el resto de su clase. A través de un movimiento que no se conforme con gestionar la violencia, la desigualdad y el miedo, sino que se proponga destruirlos de raíz. Lo cual exige un programa claro que, en el ámbito de género, implica abolir la familia, socializar el trabajo doméstico y garantizar una verdadera emancipación en el ámbito sexual.
Nada de esto será posible sin un cuerpo militante en continuo aprendizaje y expansión. Un cuerpo capaz, por un lado, de reconocer y abordar las distintas subjetividades presentes en el interior del proletariado, para poner fin a cualquier forma de violencia intraclase y garantizar su unidad. Y, por otro lado, capaz de fortalecer su organización, expandirse territorialmente, e intervenir y confrontar cada agresión machista y expresión de la opresión de género, construyendo además una infraestructura que combata de manera efectiva las violencias, las agresiones y las distintas expresiones de explotación.
El reto no es menor. Conocemos la dureza y la crudeza de las violencias, desigualdades y aislamiento que padecemos las mujeres proletarias.
Por eso nos toca estar a la altura de las circunstancias y del reto histórico que las militantes revolucionarias tenemos por delante: levantar un proyecto socialista que haga de la emancipación de las mujeres trabajadoras una tarea central de toda la clase, sabiendo que solo un movimiento consciente podrá arrancar de raíz la opresión de género y cualquier otra forma de dominación de la que el capital se alimenta para sobrevivir.
Contra el capitalismo, el machismo y el fascismo: las mujeres trabajadoras vamos a estar en primera línea. Que nuestros enemigos sepan que, si ellos avanzan, nosotras avanzaremos también.
Lucía Casado es militante del Movimiento Socialista.
Aprende con esta videoconferencia cómo usar tu teléfono sin necesidad de que esté vinculado a Google y sin renunciar a ninguna aplicación. Un taller organizado por Internet Ciudadana.
Aunque lo ideal sería migrar el celular a un sistema operativo más libre, sobre todo después de los últimos anuncios de Google sobre lo que hará con Android, es una tarea compleja y avanzada. Por eso, este taller-conversatorio de iniciación celebrado el jueves 5 de marzo de 2026, se planteó como un espacio para dar los primeros pasos e ir liberándonos de los servicios de Google sin perder información ni dejar de usar las aplicaciones que necesites. En el video y en la presentación podrás:
aprender a desvincular tú celular de la cuenta de Google y gestionar los contactos o revisar el correo con otras aplicaciones.
instalar aplicaciones usando tiendas alternativas a Play Store.
configurar el celular para que las aplicaciones dejen de escuchar cuando no deben.
conocer aplicaciones alternativas para todos los servicios que te ofrece Google y otros proveedores de software privativo.
Un taller de Internet Ciudadana impartido por José Castro (Ética Digital), Miguel Guardado Albarreal (Comuna Digital) y Santiago García Gago (Radios Libres).
Si quieres enterarte de más formaciones como esta del colectivo Internet Ciudadana, puedes inscribirte en la lista de de correo escribiendo a esta dirección: fsi-alc@internetciudadana.net o visitar su web.
Un año más, el Festival Internacional de cine de Berlín se ha desarrollado en medio de la polémica, haciendo de espejo a la contradicción en la que se encuentra Alemania con respecto a su pasado, su memoria y su historia. El gran festival político y del público por excelencia sigue sin posicionarse contra el genocidio de Palestina cometido por el Estado de Israel. La directora del tercer festival más importante del cine, Tricia Tuttle, y el director alemán Wim Wenders, presidente del jurado de esta edición 76, argumentaron que «no se debe esperar que los artistas hablen de todos los temas políticos».
Una frase poco acertada -que se suma a la memoria mal hecha desde la culpa del país- que ha salpicado al que, por excelencia, es el festival más político. El comunicado de la institución respaldaba las palabras de Wenders al insistir en separar “el cine de la política”, cuando se entiende que todo cine es político ya que habla de nuestras sociedades y de los humanos, animales políticos.
El cineasta palestino Abdallah Al-Khatib durante su discurso en la Berlinale 2026.
Con todo, la 76ª Berlinale entregó su palmarés y consagró al director alemán de origen turco, lker Çatak, con el Oso de Oro por Gelbe Briefe (Yellow Letters), un drama sobre la resistencia a través de la correspondencia, un mecanismo de resistencia íntima y política en la Turquía de los 80.
El Gran Premio del Jurado fue para el «western anatolio» de Emin Alper, Kurtulus (Salvation), y Sandra Hüller se llevó el Oso a mejor interpretación por Rose, donde da vida a una madre rebelde en la Austria rural. El jurado también reconoció el trabajo de los nonagenarios Anna Calder-Marshall y Tom Courtenay por su emotivo papel como pareja enfrentada al desahucio en Queen at Sea.
Otro año prometedor para el cine en español
Con las calles heladas de Berlín, el toque más cálido lo puso el siempre bien acogido audiovisual latino. Vale la pena resaltar películas y series que sí tienen una posición clara y que hacen de este festival un gran escaparate de cine comprometido que explica otras realidades de nuestra sociedad. Una de ellas es, sin duda, la que promete ser una de las series del año en España: Ravalear, de Pol Rodríguez e Isaki Lacuesta (directores). Incluida en la Berlinale Special Series, nos habla de la especulación, la codicia y la pérdida de humanidad con un tema tan básico para la vida como lo de la vivienda.
El actor Enric Auquer en la serie Ravalear.
Con una realización casi documental, agitada, diversa y en constante movimiento, como el mismo barrio barcelonés del Raval, nos adentramos en la perversión del sistema capitalista con respecto a la gentrificación y a la especulación, tocando, con sus múltiples matices, el tema de la ocupación. Las víctimas son las de siempre, los sectores trabajadores y los más vulnerables. La serie, que podrá verse completa en España en mayo, nos habla de una realidad palpable y actual: las lógicas más crueles que enfrentan los de abajo, además de centrarse en esos modelos de ciudad que ya son globales.
Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa
Por otro lado, Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa (Panorama), obtuvo el Premio Teddy (premios LGTBIQ+) al mejor largometraje. La obra nos muestra la contradicción principal de la vida: la material. Una pareja trabajadora del campo de Almería – él un chico trans y ella una andaluza de origen marroquí- forma un cóctel explosivo y muy acertado para mostrar las grandes contradicciones de base, las de las desigualdades, capital-trabajo. Envueltos en los prejuicios sociales por sus propias particularidades y condiciones, el director retrata con delicadeza y una realización muy realista, al puro estilo de cine social, los miedos, contradicciones y anhelos de la pareja y sus familias. Temas como el egoísmo, la liberación, la aceptación, la familia y el amor hacen de este debut una pieza tierna y acertada en la que, de nuevo, la Berlinale es la plataforma de estas nuevas miradas que prometen. Un año más, desde Berlín, sale una de las películas más interesantes del año.
También las películas latinoamericanas han tenido buena visibilidad en esta edición de la Berlinale. Moscas, de Fernando Eimbcke (Sección Oficial), es un retrato conmovedor y sensible que habla del cariño, las heridas y los duelos. Una fotografía en blanco y negro, resaltando la belleza de la inocencia de un niño, Cristian, nos cuenta la historia de Olga, una mujer calculadora y rígida, que se cruza con la vida del pequeño y su padre para acabar de cerrar duelos compartidos. Un gran debut para México y una brillante y encantadora actuación de un jovencísimo Bastian Escobar. La película obtuvo el Premio del Jurado ecuménico (Competencia) y de la Berliner Morgenpost.
La casa de los espíritus, serie de Francisca Alegría y Andrés Wood.
Del cono sur del continente, nos encontramos con una adaptación del libro La casa de los espíritus, serie dirigida por Francisca Alegría y Andrés Wood que capta bien la profundidad y magia (sin exagerar los artificios) de la novela de Isabel Allende, siendo consciente siempre de las limitaciones de este formato. La obra se adentra en las personas, sus misterios y sus luchas internas, y nos engancha al formato de las plataformas. La memoria familiar y la memoria histórica de un país se funden con sus múltiples matices y se puede disfrutar de los muchos acentos del español. Como nos tiene acostumbrados el realismo mágico, hablar con los muertos es un pilar para entrar en esta magia.
Con Narcisode Marcelo Martinessi, premiada con el FIPRESCI de Panorama, se ponen sobre la mesa temas que hoy siguen siendo claves para entender este mundo: la globalización y la intervención de EE. UU. desde las estructuras estratégicas y culturales. La historia sitúa a Narciso, un trabajador de una emisora de rádio en plena dictadura paraguaya de Alfredo Stroessner. El rock se introduce gracias al carisma del protagonista y trae consigo un movimiento cultural que genera rechazo. El rock, sus bailes y muchos de sus seguidores son vistos como “invertidos”. La película no es redonda, pero retrata una época y nos alerta de la oscuridad también de nuestro contexto histórico. Es inevitable no comparar el debate de hoy con respecto al reggaeton y los diferentes referentes de las nuevas generaciones, porque el rock y sus bailes también fueron detestados en sus inicios.
Hijo propio, de Maite Alberdi (directora de La Memoria infinita, nominada a los Oscar en 2024), muestra un retrato muy humano de una chica que finge un embarazo por la presión social para ser madre, llevándola hasta las últimas consecuencias. Jaripeo de Efraín Mojica y Rebecca Zweig (Panorama) sorprende al explicarnos la vida de la diversa comunidad queer en un contexto de rancheros y vaqueros del México profundo.
El Oso de Cristal a mejor película y Gran Premio del Jurado internacional, Chicas Tristes, de Fernanda Tovar (GENERATION), habla del despertar sexual de unas adolescentes, la amistad y la línea roja y sensible del consentimiento. Y una de las sorpresas, fue la Mención especial a la difícil de conectar y ver, Matapanki, de Diego “Mapache” Fuentes.
Finalmente, cabe resaltar, por un lado, el premio GEN Z Audience Award para Cura Sana, de la catalana Lucía G. Romero, una de las miradas nuevas e interesantes del cine español. Por otro lado, dos pinceladas del cine alemán: la vida de un taxista palestino en Berlín en Where to?, de Assaf Machnes, una de las películas más emocionantes, sensibles y llenas de humanidad que nos habla del refugio, el desamor, los matices de la lectura política y la empatía.
Y, para acabar, un retrato de la complejidad del conflicto capital-trabajo en un sistema perverso de precariedad y codicia, que traspasa a las relaciones personales con Ich verstehe Ihren Unmut, de Kilian Armando Friedrich.
Santiago García Gago, Radios Libres y Colectivo de Medios Comunitarios del Cuyo (Comecuco), Argentina; y Lázaro Cruz García, Universidad de Murcia, Riccap España.
María aún debe ocultar su nombre tras un seudónimo, a pesar de llevar siete años exiliada en San José de Costa Rica. Es una de los 293 periodistas que han tenido que abandonar Nicaragua en distintas oleadas desde la crisis sociopolítica de 2018. Desde entonces, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos he registrado, al menos, 355 personas fallecidas y más de 100.000 exiliadas. “Huimos del país perseguidos por el régimen autoritario de Daniel Ortega y Rosario Murillo”, nos cuenta María para este capítulo del Anuario con su voz disfónica y entrecortada. Según el médico especialista se debe a una faringitis crónica que le dejó la pandemia de la Covid-19. Sin embargo, ella lo achaca a “todas las cosas que, como periodista, me he tenido que callar estos años. No puedo decir nada porque aún tengo familia en Nicaragua que puede sufrir represalias”.
Según el informe anual sobre la Libertad de Prensa en el mundo que realiza Reporteros Sin Fronteras (RSF) “el régimen Ortega-Murillo ha erradicado la prensa independiente de Nicaragua”. El país se ha convertido en el peor valorado de la región, bajando hasta el puesto 178 de los 200 analizados. Nicaragua ocupa el segundo lugar entre los países con mayor número de periodistas exiliados en América Latina y Caribe tras Venezuela, con 477 casos, y por delante de Cuba con 98. Entre estos tres países, suman más del 90% de los periodistas desplazados o exiliados durante este periodo, una dramática lista que completan Guatemala (19), Ecuador (13) y El Salvador (10), tal como lo analizó el estudio “Voces desplazadas: radiografías del exilio periodístico Latinoamericano 2018 -2024”, un trabajo de Oscar Mario Jiménez, Dagmar Thiel, Johanna Rodríguez, Alejandra Matus y Fernando Martínez.
A pesar de seguir siendo el país más peligroso para ejercer el periodismo, México no aparece en los primeros puestos de esta lista de periodistas exiliados. Sin embargo, quienes informan desde allá, enfrentan peligros mayores. La organización Artículo 19 ha documentado 175 asesinatos de trabajadores y trabajadoras de medios de comunicación desde el año 2.000. Esta feroz represión la ejercen, principalmente, el crimen organizado y el narcotráfico. Es por eso que, muchos periodistas, han optado por autocensurarse ante el riesgo que corren sus vidas y no pasan a integrar las listas de exiliados.
La radiografía del informe “Voces desplazadas” ilustra, por tanto, un fenómeno que se reavivó y agudizó en los últimos siete años: además de las amenazas del crimen organizado y de otros actores paraestatales, se incrementó la persecución y represión a periodistas y comunicadores por parte de distintos poderes y fuerzas del Estado. Poderes que amenazan, coaccionan, agraden, detienen y encarcelan a quienes, desde un medio de comunicación, les investigan, fiscalizan y confrontan.
Y aunque la atención global entre los años 2018 y 2024, sobre todo los últimos tres, se ha focalizado en la trágica situación que sufren quienes informan desde Palestina o Ucrania, los periodistas venezolanos y nicaragüenses, a los que recientemente se suman salvadoreños y guatemaltecos, siguen reclamando la atención internacional sobre un problema que se agrava año tras año: “solo entre mayo y junio de 2025 salieron 53 periodistas de El Salvador en el marco de una cruzada del gobierno contra voces críticas y periodistas que han revelado las irregularidades gubernamentales”, expresa la periodista salvadoreña Loida Martínez Avelar, a quien entrevistamos para el Anuario, citando datos de la Asociación de Periodistas de El Salvador. Martínez lleva 18 años investigando actos de corrupción y violaciones a derechos humanos en su país para la Revista Factum. En junio de 2025, tuvo que refugiarse en Guatemala debido a la persecución y a las amenazas directas del gobierno de Nayib Bukele.
La paradoja es que mientras varios periodistas salvadoreños, como Loida, se refugian en Guatemala, algunos colegas de ese país tienen que huir debido a las amenazas y la persecución, en su caso, del sistema judicial guatemalteco. Uno de ellos es Nelton Rivera, cofundador y miembro de la dirección de Prensa Comunitaria. Este medio digital independiente de Guatemala, realiza periodismo comunitario medioambiental, de investigación y anticorrupción desde 2012. Denuncian a las empresas mineras y su extractivismo inescrupuloso, a las hidroeléctricas, al negocio depredador de la palma de aceite, a la corrupción de los funcionarios públicos y a quienes deberían fiscalizarles. Este periodismo incómodo ha desencadenado ataques físicos y sabotajes digitales, ademá de una campaña de desinformación, intimidación y criminalización promovida por el “pacto de corruptos”. Así es como se denomina en Guatemala a la alianza entre el sector empresarial, la élite económica del país, la oligarquía, las redes criminales, y los militares que fueron responsables de delitos de lesa humanidad durante la contrainsurgencia.
Actualmente, siete integrantes del medio Prensa Comunitaria se han tenido que exiliar, entre ellos Rivera, quien prefiere no revelar su destino por motivos de seguridad y explicó en una entrevista para este capítulo que: “cuando nos filtraron que el Ministerio Público me iba a acusar por delitos de lavado de activos, con el antecedente del director del medio El Periódico, José Rubén Zamora, acusado y encarcelado por un delito similar a pesar de haber demostrar el origen lícito de los fondos, entendimos que pretendían llevarme a la cárcel como un nuevo castigo ejemplar. Además, amenazaban con intervenir y ahogar financieramente nuestro medio. Por eso, la primera semana de abril 2025 tomé la decisión de salir del país”.
El virus del autoritarismo se extiende por la región
Desde la segunda década del siglo XXI, el mundo experimenta una regresión de la democracia y el avance de políticas neoconservadoras y populistas de diferentes colores e ideologías. Este hecho tiene su correlato en varios países de América Latina y el Caribe, donde se profundizan regímenes autoritarios y un preocupante aumento de la polarización. En consecuencia, se evidencia “un descenso general de la libertad de expresión debido al deterioro de las condiciones de trabajo de la prensa, a las agresiones violentas, a la censura por parte del Estado, a las persecuciones judiciales y al hostigamiento digital”, como se documenta detalladamente en el informe “Voces desplazadas: radiografía del exilio periodístico latinoamericano 2018-2024”.
La lista de países de la región que se encaminan a un destino similar se ampliará en 2026. Chile será gobernado por el ultraderechista José Antonio Kast. Y en Honduras, el candidato conservador Nasry Asfura gobernará con el respaldo del presidente estadounidense Donald Trump, quien busca consolidar su influencia en América Latina, incluso, con intervenciones militares directas, como la ocurrida el 3 de enero de 2026 en Venezuela para capturar a Nicolas Maduro. Kast y Asfura, se suman a este funesto inventarios de mandatarios que amenazan la libertad de expresión como los mencionados Ortega o Bukele, o Daniel Noboa en Ecuador y el presidente argentino Javier Milei, quien ha iniciado acciones penales contra distintos periodistas llevando a Argentina a descender 21 puestos en la clasificación mundial de la Libertad de Prensa de RFS.
“El manual del dictador se ha expandido por la región. Aunque cada país tiene sus particularidades, hay una verdad indiscutible: el periodismo libre e independiente está pasando uno de sus peores momentos. Nada podrá ser mejor, todo indica que se incrementará la persecución de la prensa; incluso en países como Costa Rica que siempre ha sobresalido por su respeto a la democracia”. Loida Martínez, Revista Factum, El Salvador.
En medio de las denuncias, el hostigamiento y la criminalización del oficio de informar y comunicar, cada día, más periodistas se ven obligados a exiliarse o autocensurarse para evitar procesos penales, la prisión o agresiones físicas cada vez más violentas. Este éxodo masivo, que comenzó con comunicadores y comunicadoras de Venezuela, en estos últimos 5 años se acrecentó con sus colegas centroamericanos.
Además de la dramática situación que viven quienes se tienen que exiliar, la expulsión de estas voces críticas provoca en sus países los denominados “apagones informativos”: zonas donde no existen medios independientes. En Nicaragua, por ejemplo, el 56% del país estaría en esta situación, según la asociación de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN).
A las limitaciones para ejercer la libertad de expresión y las restricciones para que exista una esfera pública con pluralidad de voces, hay que sumar la desarticulación de los movimientos sociales y fragmentación de la sociedad civil provocada por diversos factores como la deslegitimización de las protestas y la acción colectiva, la profundización de las políticas neoliberales o la reconfiguración del escenario político y social. De este modo, los gobiernos autoritarios y populistas allanan el camino para imponer unilateralmente sus propias narrativas silenciando cualquier capacidad de crítica o fiscalización independiente del poder, como explica Daiana Bruzzone en Más derechos, menos derechas.
La crudeza del exilio
A pesar del esfuerzo que realizan las y los periodistas que salen de sus países para seguir informando desde el exterior, el exilio no es sinónimo de seguridad ni garantía para ejercer el derecho a la libertad de expresión. El miedo y los riesgos se mantienen “debido a represalias en contra de sus familiares que aún permanecen en Nicaragua, y por la presencia de redes de vigilancia transfronteriza y ataques digitales a sus cuentas”, explica Lourdes Arróliga en el diagnóstico de PCIN de 2025.
El exilio afecta a los periodistas en múltiples ámbitos: dificultades para conseguir un estatus migratorio legal, muchas veces porque al salir apresuradamente no cuentan con todos los documentos de identificación y otros que solicita el país de acogida; discriminación y rechazo; y obstáculos legales para ejercer su profesión, entre otros. En el informe sobre la situación de los periodistas nicaragüenses, “un 59% de los encuestados respondió que sí ha laborado en áreas distintas al periodismo en los últimos doce meses”.
“Nos enfrentamos al desarraigo, al trauma de vivir fuera, de quedarnos sin la posibilidad de acceder a la justicia para defendernos al estar en condiciones precarias, de vivir al día porque los programas de protección son escasos o limitados. Es decir, las condiciones de exilio que han vivido decenas de guatemaltecos durante muchísimas décadas”. Nelton Rivera, cofundador y miembro de la dirección de Prensa Comunitaria, Guatemala.
A esto hay que sumar diversas afecciones a la salud física y daños psicoemocionales, tales como ansiedad, trastornos del sueño, depresión y estrés, entre otros padecimientos.
“Las mujeres estamos expuestas a un doble riesgo, pues además del duelo por abandonar un país y a la familia, también nos enfrentamos a los riesgos de criminalidad en el nuevo lugar de acogida. El acoso callejero y el desconocimiento de las zonas peligrosas nos expone el doble. Además, las que tenemos enfermedades crónicas u otros padecimientos no contamos con una atención médica adecuada”. Loida Martínez, Revista Factum, El Salvador.
Apoyo internacional
Son varias las organizaciones internacionales que se dedican a prestar apoyo a periodistas amenazados que tienen que salir de sus países en busca de refugio. La mayoría ofrecen fondos económicos de emergencia para garantizar: viajes, primera vivienda o reunificación familiar; acceso a servicios de salud; o asesoría legal y migratoria.
A las más antiguas como Artículo 19, Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), Free Press Unlimited (FPU), Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión (IFEX), Network of Exiled Media Outlets (NEMO), Red Internacional de Periodistas (Ijnet) o Reporteros Sin Fronteras (RSF), se suman otras para apoyar, específicamente, en la región debido al incremento de casos. Entre ellas están la Red Latinoamericana de Periodistas en el Exilio de la (RELPEX) impulsada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en 2024, la que está integrada por 260 periodistas de Venezuela, Nicaragua, Cuba, Guatemala y El Salvador.
Otra de ellas, que actúa prioritariamente en Centroamérica, es la Casa para el periodismo libre, inaugurada en agosto de 2024 en San José, Costa Rica. Este proyecto, impulsado por la DW Akademie en alianza con el Instituto de Prensa y Libertad de Expresión (Iplex), es parte de la iniciativa global Space for Freedom de DW Akademie que cuenta con casas similares en otras regiones para fortalecer las competencias en seguridad y prevención de riesgos de periodistas de distintas partes del mundo.
La Casa, aspira a ser un espacio para el intercambio de experiencias y apoyo para periodistas en el exilio colaborando en su inserción laboral.“Nosotros estamos un paso después de la emergencia”, afirma Edgar Zamora Orpinel, project manager de la organización alemana que promueve la iniciativa en entrevista para este capítulo. Aunque articulan con otras organizaciones internacionales para brindar fondos de emergencia puntuales, priorizan la asistencia una vez que las y los periodistas salen de país, apoyándoles para que continúen informando. Por ejemplo, la Casa ofrece un espacio equipado con material técnico audiovisual para que entrevisten o reporten con seguridad y privacidad. Además, organizan programas de capacitación para obtener certificación oficial de universidades costarricenses.
“Las actividades del proyecto las proponen los periodistas y la idea es que les permitan seguir con su vida desde varias perspectivas, no solo la laboral con las capacitaciones, sino también emocionales, de relajación, esparcimiento y conversación”. Edgar Zamora Orpinel, project manager DW Akademie / Casa para el periodismo libre.
Para el periodista nicaragüense Julio López, editor del libro El periodismo nicaragüense está vivo, “el exilio es aferrarse a la libertad”. También, es una forma de activismo democrático, un mecanismo para conservar la memoria histórica, y una manera para lidiar con la tristeza y el desarraigo.
A pesar del temor y la persecución, para Lourdes Arróliga –periodistas nicaragüense en el exilio y editora del Diagnóstico situacional 2025 publicado por PCIN– “el exilio, en lugar de significar silencio, se ha convertido en un espacio de resistencia”. Espacio desde el que estos periodistas, la mayoría sirviéndose de Internet, siguen alzando sus voces críticas para denunciar los abusos de poder de los gobiernos autoritarios.
Los informes sobre periodistas en el exilio no comunican la tipología del medio al que pertenecen. Sin embargo, al analizar la lista de los periodistas y comunicadores , en su mayoría provienen de medios locales o alternativos y se definen como críticos e independientes. Por lo general, las grandes cadenas mediáticas, de origen privado-comercial, optan por no enfrentarse directamente con las autoridades por lo que sufren menos represión mientras que “los medios comunitarios continúan interviniendo públicamente en pos de la defensa y el fortalecimiento de una cultura democrática”, expresan categóricamente María Magdalena Doyle y Valeria Meirovich en el artículo “La politicidad de las radios comunitarias”, del compilado de CLACSO Más derechos, menos derechas.
Nelton Rivera sostiene que, en el caso guatemalteco, la mayoría de colegas exiliados pertenecen a medios independientes o son periodistas freelance. Solamente tienen registro de uno que pertenece a un medio corporativo. En la Alianza Intermedios, de la que forma parte la salvadoreña Loida Martínez, participan íntegramente medios comunitarios, independientes y alternativos, la mayoría de ellos son nativos digitales. Edgar Zamora destaca lo heterogéneo del exilio periodístico nicaragüense aunque “la mayoría pertenece a los que se podría denominar como un ecosistema de medios más alternativos, más locales e incluso hiperlocáles y algunas radios comunitarias”.
La mayoría de esos periodistas y comunicadores reivindican los principios impulsados por los primeros medios alternativos que surgieron en América Latina y el Caribe a mediados del siglo XX, definidos por la comunicadora argentina Margarita Graziano en 1980: “lo alternativo, en tanto tal, se levanta frente a otra concepción no solo de la comunicación sino de las relaciones de poder y de la transmisión de signos e imposición de códigos que esas relaciones permiten vehicular”.
La realidad que enfrentan actualmente muchos medios de comunicación independientes en distintos países de América Latina y el Caribe se va pareciendo, cada vez más, a la que vivieron aquellos pioneros medios alternativos que enfrentaron las represión de gobiernos autoritarios y brutales dictaduras. En este resurgir del unilateralismo global, de posturas ultraconservadoras que parecían enterradas, de la radicalización de las desigualdades, y de la impunidad ante las invasiones y las agresiones militares, los medios independientes y alternativos vuelven a postularse como espacios de resistencia y defensa de derechos frente a dinámicas autoritarias del Estado. Medios y periodistas que, incluso desde el desarraigo del exilio, buscan contrarrestar la concentración de poder, la censura, la restricción de libertades y la criminalización de voces disidentes.
En un contexto de auge de la extrema derecha y una nueva estrategia geopolítica, que implica deslegitimar la democracia, concentrar y controlar las infraestructuras tecnológicas de la comunicación e información, promover el negacionismo científico, y no creer en los fundamentos mínimos de la convivencia, este sexto informe anual de la RICCAP se propone como un llamado al diálogo, a la paz y a la cohesión social frente a la polarización que promueven grupos extremos.
La trayectoria editorial de este sexto informe 2025, construido capítulo a capítulo de manera intercontinental, revela el esfuerzo de investigadoras e investigadores de distintos países de Iberoamérica ―España, Portugal y Latinoamérica―que analizan y reflexionan sobre la evolución de los medios y experiencias de comunicación alternativa y comunitaria. Estos son agentes fundamentales para la democracia, la diversificación del ecosistema informativo, la elaboración de narrativas de paz, y la promoción del diálogo y la inclusión social.
Compartimos nuestra contribución a la nueva revista de Internet Ciudadana. Este nuevo número, el 16, llega con artículos sobre la inteligencia artificial, la falacia de la neutralidad o la “ingenuidad tecnológica”, un término que bautiza este artículo y que pronunció alguien impensado.
“Desde hace tiempo existen múltiples pruebas de que algoritmos proyectados para maximizar la implicación en las redes sociales —redituable para las plataformas— premian emociones rápidas y penalizan en cambio expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión. Encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación, estos algoritmos debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social.
A esto se sumó una confianza ingenuamente acrítica en la Inteligencia Artificial como ‘amiga’ omnisciente, dispensadora de toda información, archivo de toda memoria, ‘oráculo’ de todo consejo. Todo esto puede desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo, de comprender los significados, de distinguir entre sintaxis y semántica.
Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia en la gestión de tareas comunicativas, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y conformarnos con una recopilación estadística artificial, a la larga corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas.”
Esta cita no es nuestra. Tampoco pertenece a Evgeny Morozov, Shoshana Zuboff o algún otro acérrimo crítico del actual sistema sociotécnico y sus plataformas digitales. Aunque no lo creas, estos párrafos son parte del “Mensaje del Santo Padre León XIV para la 60a jornada mundial de las comunicaciones sociales”. Una misiva plagada de párrafos contundentes que alertan sobre los riesgos de las actuales TIC digitales y los desafíos a los que nos enfrentamos como humanidad por la adopción acrítica de la Inteligencia Artificial.
A pesar de profesar un profundo ateísmo, más si se trata de una institución como la Iglesia Católica, no podemos estar más de acuerdo con las afirmaciones del Santo Padre. ¿Se habrá convertido León XIV en un ciberpesimista? ¿Estará apostatando de la tecnología? ¿Perdió la fe en las redes sociales? ¿En un agnóstico de la Inteligencia Artificial?
Nada de eso. Robert Prevost, nombre bautismal del Papa León XIV, solo analiza críticamente los riesgos del actual modelo de desarrollo de las tecnologías digitales de comunicación e información. Un modelo impulsado por un puñado de magnates autoritarios y financiado por poderosos fondos de inversión especulativa que, guiados por un afán desmesurado e ilimitado de riqueza, ignoran las repercusiones sociales de su avaricia, algunas de ellas señaladas por el Papa y por las que ya están enfrentando a la justicia.1
Muy probablemente, al abordar este tema de ese modo, el Papa se sienta como Juan el Bautista: un predicador en el desierto. O como Moisés, indignado ante una sociedad embriagada de tecnomisticismo que idolatra a ChatGPT o se postra ante la última aplicación de moda.
Sin embargo, León XIV no se amedrenta en su carta y, al igual que hizo Jesús cuando agarró el látigo para expulsar a los mercaderes del templo, azota directamente a los falsos profetas de esta nueva religión binaria: los fundadores de un “puñado de empresas” que, aprovechando el control oligopólico de los algoritmos y los sistemas de Inteligencia Artificial, son “capaces de orientar sutilmente los comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad”.22
“Confianza ingenuamente acrítica en la Inteligencia Artificial”
Ciertamente, es muy sencillo claudicar y dejarse seducir por este nuevo becerro de oro que nos maravilla con sus prodigiosas capacidades de procesamiento informático. Sin embargo, el Papa alerta de los peligros de confiar ciega e ingenuamente en las promesas que acompañan el despliegue de la Inteligencia Artificial. Promesas tecnofetichistas que no son nuevas. Los mismos argumentos que hoy repiten los medios de comunicación, ponentes en webinarios académicos o tu cuñado en la cena familiar, son los que a finales de los 90 acompañaron el despliegue de Internet y, una década después, el desarrollo de las redes sociales y las plataformas 2.0.
También entonces depositamos en aquellos sistemas la esperanza para: democratizar la comunicación y conformar una esfera pública más plural, diversa e informada; empoderar a la ciudadanía para una participación política más activa; reducir la brecha digital; educar de forma innovadora y más eficiente mejorando las posibilidades de los estudiantes más desfavorecidos; aumentar la transparencia y la rendición de cuentas de gobiernos y empresas que serían fiscalizadas por la ciudadanía; o la creación de comunidades globales que nos permitieran alcanzar mayor equidad y justicia social.
Sería demagógico afirmar que nada de esto se alcanzó. Evidentemente, Internet y sus aplicaciones, posibilitan la producción colaborativa de conocimiento, permiten comunicarnos con una inmediatez impresionante, articular con personas de cualquier parte del planeta o aprender y divertirnos con memes y videos, entre otras muchas cosas.
Pero si profundizamos el análisis, ¿cuáles de aquellas promesas se cumplieron realmente?, ¿qué hemos logrado transformar estructuralmente?, ¿tenemos sociedades más democráticas y justas o creció la exclusión y la inequidad? Casualmente, la acertada carta del Papa coincidió con dos noticias globales que aportan respuestas concretas a estas preguntas.
Noticia 1: prohibiciones
La primera es que Francia y España, siguiendo los pasos de Australia, prohibirán el uso de redes sociales a menores de 15 y 16 años, respectivamente.3 Esta controvertida medida fue aprobada por mayoría en la Asamblea Nacional francesa –130 votos a favor frente a 21 en contra– y cuenta con el respaldo del 79% de los adultos y de un 67% de los jóvenes que la consideran justificada.
Estas leyes se aprobaron para mitigar los daños, evidentes y probados, que provocan en la salud mental de jóvenes (y adultos): “estas redes sociales prometían conectar, fragmentaron. Prometían informar, saturaron. Prometían divertir, encerraron.”, afirmó una de las diputadas que respaldó la iniciativa.
El presidente español, Pedro Sánchez, anunció que las plataformas como Instagram, Facebook, TikTok, Snapchat, X o Twitch, tendrán que implementar obligatoriamente mecanismos de verificación de la edad de quien accede. De esta forma, aspira a proteger a los menores del “salvaje Oeste digital” donde abunda la pornografía, la manipulación y desinformación, la violencia o los abusos.
Al anunciar las restricciones –que la Unión Europea está estudiando implementar en todos los países miembros porque “enganchan a los niños a algoritmos manipuladores”– Sánchez apuntó contra los “amos del algoritmo”, gobernantes de “Estados fallidos” donde no se respetan legislaciones ni se persiguen los delitos. Y señaló particularmente a uno de estos tecnooligarcas: Elon Musk y su Inteligencia Artificial Grok, investigado por la creación de millones de imágenes pornográficas de mujeres sin su consentimiento: “los directores generales de estas plataformas tecnológicas se enfrentarán a responsabilidades penales por no eliminar contenidos ilegales o que inciten al odio. Se acabó ocultarse bajo el código y decir que la tecnología es neutra”. Sus declaraciones le valieron los insultos de “tirano y traidor” por parte de Musk.
Noticia 2: rentabilidad
La segunda noticia que coincidió con la carta del Pontífice, fue el anuncio del crecimiento exagerado de las ganancias de las Big Tech, alimentado por las inversiones en IA Generativa. Tesla/X, Alphabet, Amazon, Meta, Nvidia, Oracle y Microsoft alcanzaron en 2025 “cifras inéditas” que no solo aumentan su ya inmensa riqueza –los dueños de estas empresas integran la lista de las diez personas más ricas del mundo, en el orden que las citamos– sino que consolidan su descomunal poder. Un poder que les autoriza a insultar presidentes o ignorar leyes.
No. El presidente español, en sus declaraciones, apuntó en la dirección adecuada al recordar que la tecnología no es neutra. Una falacia que, de tanto repetirla, se ha convertido en una especie de virtud teológica tecnocientífica.
Un mito muy útil ya que deriva la responsabilidad sobre quienes usan la tecnología y no sobre quienes la producen: “No son ellos a quienes hay que señalar, sino a esos traficantes que con sus algoritmos crean adicciones. Hay que neutralizarlos”, alegó el diputado francés Rodrigo Arenas, al oponerse a la ley aprobada en su país por creer que culpabiliza a las familias y profesores, cuando son las víctimas de las plataformas.
No existe la “neutralidad técnica”, ni siquiera de objetos sencillos como un martillo o un cuchillo. Desde una concepción instrumental y funcional, ciertamente estos artefactos pueden ser usados para algo bueno o malo. Eso no significa que sean neutras, porque cualquier tecnología está imbuida de valores humanos, empezando por los principios y la visión de mundo de quienes diseñan o financian. En ese diseño influyen también otros factores externos como el contexto social, económico, político.
Por lo tanto, no son solamente herramientas sin implicaciones éticas. Todas encarnan valores, principalmente cuando se integran dentro de un sistema tecnológico más amplio que modela los comportamientos sociales y consolida estructuras de poder.
No hay que perder la fe
El Papa León XIV termina su misiva con una recomendación: ser escépticos y no dejarnos dominar por la ingenuidad. Sin embargo, esa penitencia no implica perder la fe y dejar de creer en la tecnología.
Negar la neutralidad nos permite reconocer que todo desarrollo se rige por ciertas reglas, valores y normas que están presentes en el diseño de los objetos técnicos. Estas especificaciones integran lo que el filósofo canadiense Andrew Feenberg llama el “código técnico”. Este código naturaliza las decisiones de dominación como si fueran puramente técnicas o relacionadas con la eficiencia, neutrales, cuando son profundamente sociopolíticas y económicas. En el caso de las TIC y la IA, este código lo redactan los hombre (blancos, del Norte Global, heteronormativos) más ricos del planeta.
Feenberg, al igual que León XIV, nos invita a un “involucramiento táctico”. Esto significa apropiarse de los “elementos técnicos” para diseñar tecnologías desde otros paradigmas y alejarnos así de los códigos opresores. Solo evaluando seriamente sus impactos sociopolíticos o medioambientales podremos construir tecnologías con un verdadero fin democrático y liberador.
Por ejemplo, los elementos técnicos que permiten las creación de redes sociales se puede regir por un código técnico que favorece los intereses de un personaje como Elon Musk que nos traiciona entregando nuestros datos por varios puñados de monedas de plata o por otro que crea redes libres y diversas como las del Fediverso.4 Y así con cada una de las TIC digitales.
León XIV tiene claro que el código técnico que rige el desarrollo actual de la Inteligencia Artificial no augura un futuro prometedor para la humanidad. Sorprendentemente, su opinión coincide con la de Dario Amodei, que nada tiene que ver con la religión. Amodei es el director ejecutivo de Anthropic/Claude, una empresa fundada por exempleados de OpenIA (ChatGPT) que abandonaron la compañía debido a las polémicas decisiones de su presidente Sam Altman.
En un extenso manifiesto publicado en enero de 2026, Amodei afirma que “la humanidad debe despertar ante los peligros de la IA”5 . Y esboza cinco áreas críticas de riesgo: que la IA escape del control humano; que se use con fines destructivos; que se profundice la exclusión económica y se concentre más la riqueza debido a los cambios en el ámbito laboral que implica esta tecnología; que sea controlada por actores irresponsables y autoritarios concentrando el poder;6 y que no podamos enfrentarnos a los efectos imprevisibles de la IA. Cómo “única solución”, Amodei aboga por legislación y propone una “Constitución de la IA” definiendo claramente qué podrán hacer, y qué no, los algoritmos que rigen su funcionamiento.
Pareciera que la Inteligencia Artificial logró algo impensado: poner de acuerdo a ciencia y religión. Tanto la fe como los postulados científicos coinciden en recomendarnos que evitemos la confianza ingenua y acrítica en la Inteligencia Artificial y en todas las promesas que la rodean. Ojalá como humanidad estemos a la altura de dar respuesta a este desafío sin tener que esperar al Juicio Final.
Notas y referencias
“Los gigantes tecnológicos se enfrentan a un juicio histórico en EE. UU. por acusaciones de adicción a las redes sociales”. Meta, YouTube y TikTok acusados de crear productos intencionadamente adictivos y perjudiciales para los jóvenes. Meta, incluso, es consciente de que muchos de sus anuncios son engañosos o, directamente, estafas. Así lo evidencian documentos internos de la compañía que calculan que el 10% de sus ingresos se obtienen por estos anuncios fraudulentos, unos 15.000 millones de anuncios fraudulentos al día. Sin embargo, evitan tomar medidas porque eso implicaría perder miles de millones de ingresos por publicidad. ︎
Este empeño autoritario por reescribir la historia llevó a Elon Musk a ofrecer millones de dólares a Wikipedia para que cambie su enfoque, acusando a la enciclopedia colaborativa de ser “woke”. Al ignorar su propuesta, Musk anunció su propia alternativa Grokipedia, alimentada por su inteligencia artificial. ︎
Medidas polémicas sobre las que no se ha cerrado el debate pero que tienen su correlato en el mundo fuera de línea con prohibiciones para el acceso de los jóvenes a otros productos dañinos como la venta de alcohol o tabaco o el acceso a las apuestas deportivas. ︎
“Las redes sociales existentes se adaptan mucho mejor al programa iliberal que a un proyecto emancipador. Cuanto más disparatada sea la campaña, cuanto menos dependa de la construcción de lazos políticos sólidos, mejor es la relación entre esfuerzo invertido y resultados. Dedicando una hora al día a Twitter puedes convencer a millones de que la Tierra es plana y de que Hillary Clinton participa en una red de pedofilia satánica en una pizzería de Washington. Hacen falta vidas enteras de huelgas y asambleas para convencer a la gente de que el jefe que los explota es un explotador”, afirma el sociólogo César Rendueles en su último libro titulado “Redes vacías. Tecnología catastrófica y el fin de la democracia”. ︎
Hace dos años ya publicó otro con bastante repercusión sobre los posibles ámbitos donde impactaría la IA. ︎