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AnteayerSalida Principal

El imperio se tambalea

22 Marzo 2026 at 09:45

Este artículo se publicó originalmente en Substack. Puedes leerlo en inglés aquí.


Más de dos semanas después del inicio de la guerra de agresión contra Irán, Estados Unidos e Israel aún no han alcanzado su objetivo bélico de provocar un cambio de régimen, y es poco probable que lo logren por esta vía. La historia muestra que los bombardeos aéreos por sí solos rara vez conducen a la victoria, y mucho menos al derrocamiento de gobiernos. Al contrario, quienes son atacados suelen cerrar filas en torno a sus líderes, especialmente cuando el agresor, como en este caso, bombardea escuelas y hospitales.

Pero la guerra podría resultar ser mucho más que una misión fallida y costosa para Estados Unidos. Los ataques con misiles de Irán contra bases estadounidenses y otros objetivos en los Estados del Golfo están sacudiendo toda la estructura de poder de la región. Por un lado, estos ataques demuestran que Estados Unidos es incapaz de defender a los países del Golfo. Conviene recordarlo: el acuerdo histórico de los años setenta entre Estados Unidos, por un lado, y Arabia Saudí y otros Estados del Golfo, por otro, se sostenía sobre dos pilares. Las monarquías vendían su petróleo exclusivamente en dólares e invertían los excedentes de petrodólares en Estados Unidos. Esto garantizaba un flujo permanente de capital hacia Estados Unidos y, en particular, hacia Wall Street. A cambio, Estados Unidos ofrecía modernización tecnológica y, sobre todo, seguridad.

Ese segundo pilar se está derrumbando ante nuestros ojos. Las bases militares estadounidenses han demostrado no solo ser en gran medida inútiles frente a los misiles iraníes, sino también una carga para los Estados del Golfo, ya que constituyen objetivos evidentes. Además, sectores importantes de la población en algunos de estos países llevan tiempo oponiéndose a dichas bases. En Baréin, por ejemplo, donde el 60% de la población es chií, se produjeron muestras de celebración tras el éxito iraní al infligir graves daños al cuartel general de la Quinta Flota estadounidense. La presencia de Estados Unidos se revela así como un posible factor de inestabilidad política interna.

La magnitud de los ataques contra las bases estadounidenses es considerable. Irán logró, por ejemplo, destruir dos instalaciones clave de radar en Jordania y en los Emiratos Árabes Unidos, esenciales para guiar los misiles THAAD, un componente central de la defensa contra los misiles iraníes. La reconstrucción de estas infraestructuras, valoradas en miles de millones de dólares, podría llevar meses o incluso años. Otras bases importantes también fueron alcanzadas, como la de Erbil, en Irak, la mayor base de la Fuerza Aérea estadounidense en el país.

La situación podría agravarse aún más si Estados Unidos e Israel se enfrentan a una escasez de misiles interceptores. Estos ya eran limitados al final de la guerra de doce días contra Irán en junio de 2025, una de las razones clave por las que ambos países optaron entonces por un alto el fuego. Ahora, según diversos informes, los arsenales podrían acercarse a una escasez más severa, lo que debilitaría decisivamente una defensa ya de por sí incompleta.

Estados Unidos también ha demostrado ser incapaz de mantener abiertos los estrechos de Ormuz, a pesar de la promesa de Donald Trump de escoltar a los buques. Su llamada urgente a la OTAN y a otros aliados para que envíen barcos al Golfo Pérsico subraya la gravedad de la situación. El hecho de que todos sus aliados —desde el Reino Unido y Alemania hasta Australia y Japón— hayan rechazado la petición es una señal humillante del creciente aislamiento e impotencia de Estados Unidos. El estrecho de Ormuz es la arteria vital de las monarquías del Golfo. No solo dependen de él las exportaciones de petróleo y gas, sino también importaciones esenciales. Si permanece cerrado durante un periodo prolongado, las economías y las sociedades del Golfo afrontarán nuevas turbulencias.

Mientras las élites de las monarquías del Golfo empiezan a asumir que Estados Unidos no puede protegerlas e incluso está llevando la guerra a sus territorios, las repercusiones económicas socavan aún más el statu quo. El modelo de negocio de estos países se basa en la estabilidad. Tanto el turismo como la inversión extranjera descansan sobre la promesa de un mundo brillante, protegido de la pobreza y de las guerras constantes de los países vecinos. Pero ese modelo también podría colapsar. ¿Quién compraría islas frente a la costa de Dubái si no hay seguridad frente a los misiles? Y si las grandes fortunas se alejan, ¿quién querrá invertir miles de millones en una región con un futuro incierto?

La guerra también ha puesto de relieve la vulnerabilidad del suministro de agua dulce en la región. Las plantas desalinizadoras, que proporcionan entre el 60 y el 70 por ciento del consumo de agua en los Estados del Golfo, podrían quedar fuera de servicio con unos pocos ataques de misiles iraníes. Sin agua dulce, ni siquiera los más ricos pueden sobrevivir. Además, una evacuación rápida podría resultar imposible. Al inicio del conflicto, los vuelos privados disponibles se redujeron drásticamente en cuestión de horas, ya que pocos proveedores estaban dispuestos a asumir el riesgo. Los enclaves de lujo podrían convertirse en trampas.

Muchas de las monarquías petroleras han diversificado sus economías en los últimos años. Uno de los nuevos pilares son los centros de datos operados por grandes corporaciones estadounidenses como Amazon, Google, Microsoft, Palantir, NVIDIA u Oracle. Sin embargo, Irán ya ha atacado centros de datos de Amazon en Baréin y en los Emiratos, con importantes repercusiones sobre los servicios digitales. Además, el liderazgo iraní ha presentado una lista de 31 centros de datos que considera “objetivos legítimos”, al considerar que son utilizados por el ejército estadounidense. Si algunos de ellos fueran alcanzados, el golpe sería significativo no solo para la economía regional y su infraestructura digital, sino también para un pilar central de la hegemonía estadounidense.

Ante este escenario, Donald Trump busca desesperadamente una salida que le permita declarar la victoria y poner fin a la guerra. Pero lo más probable es que Irán no le facilite un desenlace rápido.

Incluso si el conflicto terminara en un plazo relativamente breve, su impacto sobre la región y el equilibrio geopolítico sería profundo y se desplegaría plenamente en los años siguientes. En cualquier caso, las monarquías del Golfo se verán obligadas a buscar nuevos modelos de supervivencia política y económica. Lo más probable es que giren hacia Asia, y en particular hacia China, que en los últimos años ha construido sólidos vínculos económicos y diplomáticos en la región y se ha posicionado como un actor de estabilidad. Podría ser el inicio del fin de la hegemonía estadounidense en el Golfo.


Fabian Scheidler es autor de ‘El fin de la megamáquina. Breve historia de una civilización en declive’, publicado en numerosos idiomas (www.megamachine.org). Su libro más reciente, publicado en alemán es ‘Bienestar o guerra. Por qué Europa debe elegir entre la razón y la autodestrucción’. Scheidler colabora también con ‘Le Monde Diplomatique’ y otros medios.
www.fabianscheidler.com

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Una derrota tras otra

19 Marzo 2026 at 12:14

15 de marzo

Nueva debacle de los partidos situados a la izquierda del PSOE, esta vez en Castilla y León. No recuerdo qué candidato, ya antes de las elecciones, atribuía los malos pronósticos a la concentración del voto útil en el PSOE. Pero quizá debería preguntarse por qué tanta gente está empezando a ver como voto inútil el de Podemos, Sumar, etc.

Y por qué, a pesar de que políticas impulsadas desde la izquierda han beneficiado a tanta gente –en los ámbitos de la vivienda y del trabajo, por ejemplo–, las y los votantes han abandonado a los partidos que las defienden.

Lo que está claro es que la derecha y la extrema derecha, cada vez más difíciles de distinguir, están arrasando. Ojalá no haya elecciones anticipadas; no tengo el estómago preparado para lo que se avecina.


16 de marzo

Me deja perplejo el Oscar a la mejor película para Una batalla tras otra. Es cierto que no estoy muy cualificado para juzgarla porque solo aguanté unos veinte minutos. Las actuaciones me parecieron tan impostadas y torpes, los diálogos tan ridículos, la sexualización de la actriz principal con un erotismo tan barato, las situaciones tan absurdas y mal rodadas, que no tuve ganas de continuar viéndola. Por suerte, a Edurne le pareció lo mismo y nos pusimos a ver otra, que he olvidado; quizá no fuera tan memorable pero si menos ofensiva.

Es la segunda vez que me pasa con una película de Paul Thomas Anderson; la primera fue con Licorice Pizza. Esta no me irritó, pero sí me aburrió y tampoco terminé de verla.


17 de marzo

Leo un bluit del periodista Alberto Moyano en el que aparece un texto de la novela Elegía, de Philip Roth (Everyman, en el original inglés), en el que se habla del llanto. En una conversación de dos personajes, se lee:


…y empezó a sollozar con las manos en la cara–. Es tan vergonzoso.

–No tiene nada de vergonzoso.

–Sí, sí que lo tiene –insistió ella, llorosa–. No poder cuidar de ti misma, la patética necesidad de que te consuelen….


Le respondo que Elegía es, precisamente, uno de los pocos libros con los que he llorado. Al releer ahora este diálogo pienso que uno no llora necesariamente para ser consolado; llorar no supone un «otro» presente que debe reaccionar al llanto. Cuando lloré leyendo Elegía estaba solo, absurdamente sentado en un avión, y desde luego no habría deseado que me consolase mi compañero de asiento.

El llanto, como la literatura, a veces busca una respuesta, establece una relación; otras veces, es la mera expresión de un estado de ánimo o un pensamiento, con el cuerpo en un caso, con el texto en otro.


18 de marzo

Hace unos meses nos pusimos a ver una serie basada en la vida de George Sand, pero no la acabamos –últimamente dejamos a medias un número considerable de películas y series–. Nos pareció demasiado plana, más pedagógica que sicológica. Leo que, cuando George Sand dejó a su marido, se fue a vivir a París llevándose a sus hijos. Tendría que revisarla para estar seguro de lo que voy a decir, pero en mi recuerdo de la serie los niños están casi absolutamente ausentes en su primera etapa en París. Me pregunto si el sentido de esa omisión se debe al deseo de mostrar a una mujer independiente, empoderada, alejada del papel de madre para centrarse en su creación y su carrera.

Si es así, creo que hace un flaco favor a las mujeres. Sería mucho más impactante verla teniendo que lidiar con dos críos dependientes de ella –por mucho que tuviese ayuda de una cuidadora– y al mismo tiempo intentando abrirse paso en el mundo literario masculino. Lo que se ajusta más a la realidad de tantas mujeres, de su época y posteriores.


La que sí terminamos, aunque tuvimos que verla en dos veces porque estábamos cansados y son tres horas de película, es Andrei Rublev, de Tarkovsky. Qué maravilla de película, qué imágenes potentes. Aunque los subtítulos son a ratos incomprensibles, pero al final la historia te la está contando sobre todo a través de lo que ves, así que no es tan catastrófico.

Hacia el final de Andrei Rublev, un ejército ruso con sus aliados tártaros entra en una ciudad en la que saquean, asesinan, torturan y violan; las cosas no han cambiado tanto, pienso. Hace poco leíamos cómo la policía israelí asesinó a un matrimonio y dos de sus niños, sin razón ni excusa alguna, y probablemente sin tener que responder del crimen. Y oigo a una mujer de no sé que instituciones israelíes decir que si se ha empezado la guerra contra Irán habrá que acabarla y que el régimen iraní mataba a mucha gente. No dice, para qué, que Trump hablaba de devastar Irán, ni que la guerra empezó con el asesinato de más de cien niñas de un colegio y está costando, también en los países vecinos, miles de muertos. Seguro que los rusos y los tártaros del siglo XV encontrarían también un discurso para justificar sus masacres.

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La desvergüenza de Ursula von der Leyen y también la de la Unión Europea

11 Marzo 2026 at 13:22

Esta señora es la presidenta de la Comisión Europea y, en consecuencia, sus declaraciones y actuaciones están inevitablemente vinculadas a su cargo. Lo más reciente –diría que lo penúltimo, dados sus continuos pronunciamientos, en muchos casos extralimitándose en las competencias asociadas a su privilegiada posición institucional– ha consistido en manifestar su comprensión al ataque a Irán: “Quiero ser clara: no hay que derramar lágrimas por el régimen iraní”, justificó de este modo la gravísima e inaceptable violación del derecho internacional, alineándose con la política imperialista, sembrada de arbitrariedades, de la administración Trump y con el régimen genocida de Israel.

En paralelo, también recientemente, ha declarado que “reducir la apuesta por la energía nuclear fue un error estratégico para Europa” y que la misma es limpia y barata (!!!), por lo que debería ser un pilar central en la transición energética hacia un modelo verde y sostenible. Y esto lo dice en un contexto donde los indicadores sobre el cambio climático empeoran continuamente.

Esta es la misma mujer que, en calidad de máxima responsable comunitaria, junto al primer ministro británico, rindió vasallaje a Donald Trump en su resort de lujo, situado en Turnberry (Escocia), dando el visto bueno a su política arancelaria y comprometiéndose –¡comprometiendo a la Unión Europea!– con una voluminosa compra en el mercado estadounidense de energía y armamento.

Estas son algunas pinceladas recientes de quién es Ursula von der Leyen, la máxima responsable de la UE.

En este contexto, por supuesto, doy todo el valor que tiene –mucho, en mi opinión– a las recientes decisiones adoptadas por el gobierno de coalición, declarando la ilegalidad de la guerra contra Irán y prohibiendo la utilización de las bases militares estadounidenses en Rota y Morón como apoyo logístico a esa guerra. Ese pronunciamiento debería acompañarse de una gran movilización social –que lamentablemente no se está produciendo–, que tendría que ser mucho más que una manifestación, con el lema de “no a la guerra”. Otra oportunidad perdida por parte de las izquierdas.

Pero en este momento hay que ir mucho más lejos, me refiero concretamente a la política de ocupación de Gaza y Cisjordania y de exterminio de la población palestina practicada por el Gobierno de Israel con el decisivo apoyo, económico y militar, de Estados Unidos, con un destacado papel del poderoso lobby sionista. Ante esta situación, indecentemente, las instituciones comunitarias miran hacia otro lado, al tiempo que algunos países –Alemania y Francia son dos ejemplos– continúan apoyando de muy diferentes maneras –inversiones, intercambios comerciales…– al régimen genocida.

Es cierto que, al mismo tiempo, buena parte de los países europeos –España está en este grupo– reconocen el derecho a la existencia de un Estado palestino, pero dicho reconocimiento es a todas luces insuficiente. Si se queda ahí es claramente un brindis al sol, una cortina de humo que encubre y de alguna manera justifica el genocidio. La dramática situación de la población palestina exige mucho más, más compromiso y determinación… porque ahora mismo, mientras escribo estas líneas, tan sólo hay hambre, enfermedad, desplazamientos continuos de la población, congelación de la ayuda humanitaria, asesinatos llevados a cabo por el ejército israelí y ocupación permanente del territorio. Un absoluto desprecio a los derechos humanos más básicos y a la legalidad internacional. No cabe mirar a otro lado. Hay una situación de emergencia; la prueba del algodón de que queda algo de decencia en la política institucional pasaría por romper todo tipo de relaciones, económicas y diplomáticas, con Israel.

Una última reflexión sobre las proclamas en el sentido de levantar la bandera europea frente al unilateralismo y la política de agresión practicada con total impunidad por Estados Unidos. Me pregunto y opino que hay que preguntarse ¿qué hay detrás de esa bandera, qué principios la sostienen? Una pregunta que abre un debate, en mi opinión vital, que no se debe pasar por alto. Porque la Europa realmente existente –es aquí donde debemos poner el foco– ha mostrado una total sumisión a la política agresiva de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en relación a la guerra de Ucrania, apuesta por la militarización de la sociedad y la economía como un engranaje básico de una Europa más fuerte, ha renunciado a implementar una política fiscal progresiva frente a las grandes fortunas y corporaciones, ha experimentado un intenso aumento de la desigualdad, no está enfrentando las gravísimas consecuencias del cambio climático y ha promovido y mantenido políticas centradas en la moderación salarial, la austeridad presupuestaria.

Para mí está claro: ESTA EUROPA NO.

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El eje del bien haciendo el mal

5 Marzo 2026 at 09:55

25 de febrero

Hace mucho que, en lugar de leer, estudio. Tengo ganas de volver al tiempo en que leía por placer y no para preparar un prólogo, una conferencia, un artículo.

En las últimas semanas, he leído o releído varias novelas de Dostoyevski para escribir un prólogo a la reedición de una de ellas. No es que no me produzca placer esa lectura, pero es un placer distinto. Por usar una imagen gráfica: no es lo mismo tumbarse en un prado con un perro al lado que salir de caza con él.

La diferencia es que no me gusta cazar pero sí estudiar.


1 de marzo

Hablaba con Edurne de todos esos libros que hemos leído y se han borrado de nuestra memoria. Aunque no pueda recordar ya nada de ellos ni reproducir una idea o una emoción de las que nacieron leyéndolos, creo que han influido en cómo pienso o, más en general, en quién soy. Probablemente somos tanto el resultado de lo que recordamos como de aquello que olvidamos pero actuó en nosotros en algún momento.

Más interesante aún: también puede influirme lo que no he leído. En el prólogo de Crimen y castigo he escrito precisamente que no hace falta conocer las obras de Freud, Einstein o Planck para que nuestra visión del mundo se haya visto influida por sus ideas y descubrimientos (por cierto, últimamente no hay película de ciencia ficción sin su pizquita de física cuántica); y lo mismo se puede decir cuando se trata no solo de científicos o pensadores que han transformado el conocimiento de la realidad; también escritores como Proust o Joyce o Kafka nos han cambiado, aunque hayan llegado a nosotros indirectamente, por medio de otros escritores que se dejaron influir por ellos, y porque sus ideas y su manera de contar la realidad se han ido convirtiendo no en lugares comunes, pero sí en parte del inconsciente colectivo. También Sor Juana, Beauvoir, Pardo Bazán, Sontag y tantas otras llegan a quienes jamás abrieron un libro suyo. ¿Y qué habría sido de mí –quién sería yo– sin mis años alemanes alimentados por Christa Wolf, Arno Schmidt, H. M. Enzensberger?


2 de marzo

Antes me resultaba difícil entender el ascenso de los totalitarismos, esto es, que tanta gente pudiera apoyar su brutalidad y su desprecio hacia la vida humana. Ahora que estoy siendo testigo de su nuevo auge, puedo ver día a día cómo encuentran cómplices por todas partes y por motivos muy diferentes: intereses económicos, conveniencia electoral, servilismo, cualquier otro tipo de utilitarismo cínico. Y veo cómo se justifica lo monstruoso con excusas tan absurdas que está claro que ni quien las pronuncia se las cree.

Justo ahora nos ponemos a ver La semilla de la higuera sagrada, película terrible que muestra a través de la vida de una familia la brutalidad del régimen iraní, en general pero muy en especial contra las mujeres. Brutalidad que los padres han interiorizado y asumido como necesaria, aunque sus certidumbres morales comienzan a agrietarse gracias a la mirada y la conciencia de las hijas. La historia de la represión de las jóvenes que aspiraban a un mínimo de libertad es absolutamente desoladora.

Pobres iraníes, que pasaron de un sátrapa a una dictadura religiosa y ahora además van a morir bajo las bombas de sus supuestos liberadores. Afirmar, como ha hecho el miserable Feijòo, que apoyar el ataque de Estados Unidos e Israel es estar del lado de la libertad, es repulsivo. Ni Trump ni Netanyahu están del lado de la libertad; tampoco el régimen de los ayatolas lo está. Y lanzar una guerra que se está extendiendo por los países vecinos no tiene ningún objetivo humanitario. Pero supongo que esto lo saben todos, así que ni merece la pena que intente argumentarlo.


Me acuerdo ahora de mi abuelo que, sentado en un sillón del que apenas se levantaba, no se perdía ni una vez las noticias y se las pasaba insultando a presentadores, políticos y, en general, a casi cualquiera que asomara a la pantalla. No he llegado tan lejos como él, pero voy por ese camino.


3 de marzo

Miren Elorduy, la librera de Mujeres & Compañía me envía Rey de gatos, un libro de cuentos de Concha Alós que andaba buscando pero estaba agotado. Me prometió intentar conseguírmelo y ha cumplido –estaba seguro de ello–. Acabo de terminar una recopilación de relatos de Luisa Carnés publicada por Hoja de Lata, que me gustó mucho, y paso ahora a este de Alós por recomendación de Clara Obligado. Si el cuento es un género que ha sido muy descuidado por la crítica en España –y por los lectores, y por los mismos escritores–, el escrito por mujeres ha sido doblemente ninguneado hasta hace poco.

Me llegó ayer, por cierto, Exilio, el último libro de Clara Obligado, ilustrado por Comotto, que se publica cuando se cumplen cincuenta años del golpe en Argentina. También aquél contó con las complicidades de países supuestamente democráticos. El eje del bien nunca deja de hacer el mal.

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La guerra contra Irán y el derecho a la legítima defensa

5 Marzo 2026 at 00:01

Estados Unidos de América (EE. UU.) e Israel han vuelto a bombardear Irán y, con ello, se ha desatado una guerra abierta en Asia Occidental. La respuesta defensiva de Irán, atacando la ciudad de Tel Aviv pero también las bases militares y embajadas de EE. UU. en varios países de la zona e, incluso, en Chipre, ha sorprendido a Donald Trump, según sus propias palabras. Los analistas debaten si la apertura de este nuevo frente bélico, de consecuencias imprevisibles, ha sido un error estratégico para EE. UU. o bien se trata de un escenario calculado por Washington. En el Congreso de EE. UU. el debate es, además, si lo que ha iniciado el Gobierno Trump este 28 de febrero puede ser definido como guerra y si el país se encuentra, nuevamente, ante una agresión contra un país extranjero sin el necesario aval del poder legislativo. 

Mientras llegan los poderes de guerra que respaldarían legalmente los ataques del Gobierno estadounidense, el conflicto se expande en Asia Occidental y las acciones y víctimas mortales se multiplican con el paso de los días. Irán ya ha declarado que está preparado para una guerra prolongada; Hizbulá ha entrado a la contienda en Líbano, mientras el Gobierno de ese país permite la entrada de tropas israelíes; en Bahréin, la mayoría chií, gobernada por una monarquía suní, se suma a las protestas contra los ataques a Irán; y las manifestaciones de población musulmana frente a embajadas de EE. UU. se suceden en distintos países asiáticos, como Pakistán. 

Por su parte, la Unión Europea (UE) sigue demostrando su doble rasero moral y su voluntad de profundizar su sometimiento geopolítico a EE. UU. Incapaces de condenar el asesinato de EE. UU. e Israel a casi 200 niñas en una escuela de Minab y a otros cientos de iraníes, incluido el líder supremo Alí Jamenei, la UE de Ursula Von der Leyen y Kaja Kallas cierra filas con sus aliados occidentales a la vez condena el derecho a la legítima defensa que ejerce Irán ante este crimen de agresión, amparándose en el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas. 

En paralelo, Francia, Alemania y el Reino Unido, el bloque conocido como E3, ha dado un paso al frente y, en una declaración conjunta del 1 de marzo, se muestra dispuesto a facilitar “acciones defensivas necesarias y proporcionadas para destruir la capacidad de Irán de disparar misiles y drones” proponiéndose “colaborar con Estados Unidos y sus aliados en la región en este asunto”. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha abundado en esta idea de cooperación con los aliados, a pesar de condenar el ataque fuera del marco legal de EE. UU. e Israel, y ha puesto nuevamente a disposición de Europa la capacidad de disuasión nuclear de Francia. 

En este contexto de belicismo rampante, emerge en Europa la voz discordante de Pedro Sánchez, quien se ha mostrado contrario a que EE. UU. pueda usar sus bases militares en territorio español para los ataques a Irán, lo que ha provocado una nueva escalada declaratoria de Trump contra el Gobierno español. Más allá de la distancia que puede mediar entre las declaraciones del presidente español y los hechos de la realpolitik, como ha demostrado el caso del comercio de armas con Israel, Pedro Sánchez está usando hábilmente su confrontación con Trump

Oponerse a la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán, quienes representan el liderazgo de la ultraderecha mundial y simbolizan la demolición del Derecho Internacional, para construir un perfil antagónico, basado en la defensa del Derecho Internacional y de los derechos humanos, le otorga a Sánchez una gran proyección internacional. Rescatar, además, el lema que en 2003 movilizó al 90% de la población española contra la guerra de Irak, “No a la guerra”, le puede dar réditos electorales en la política interna. 

Nuevos escenarios, viejas excusas

Es inevitable pensar en la guerra de Irak estos días, en la invasión a Afganistán iniciada en 2001 y en el punto de inflexión que supuso la guerra contra el terror global que desató EE. UU. con la excusa de los atentados del 11 de septiembre. Guerras que sentaron las bases de un nuevo momento de unilateralidad fuera de la ley internacional, y sin justificaciones humanitarias, en la política exterior estadounidense. Sin embargo, el punto de inflexión no fue sólo exterior. En el plano doméstico, este nuevo momento conllevó la aprobación de la Ley Patriota, que consagró un estado de excepción de facto al permitir el control masivo en aras de la lucha contra el terrorismo, así como el aumento de los niveles de represión a la disidencia interna. 

Las declaraciones de Donald Trump y Marco Rubio para justificar la ofensiva del pasado sábado 28 de febrero han ido variando a lo largo de los días. De reconocer abiertamente la búsqueda del cambio de régimen en Irán, se ha pasado a hablar del objetivo de destruir la “amenaza de los misiles balísticos de corto alcance” y de los “activos navales” del país, presionado por Israel (otras fuentes mencionan las presiones de Arabia Saudí). La imposibilidad de dar un argumento convincente que permita justificar un ataque a un país con el que se estaba sentado en la mesa de negociaciones, a punto de obtener un acuerdo sobre el programa nuclear iraní mucho mejor que el firmado por Barak Obama en 2015, es notoria. Parece que EE. UU. y sus aliados querían evitar ese escenario de distensión con Irán

De hecho, el pre-emptive attack esgrimido en el primer comunicado de Israel, traducido como “ataque preventivo” en español, fue la misma lógica doctrinal que EE. UU. usó en Afganistán. Pero la falta de originalidad en los paralelismos no acaba ahí. Estos días vuelve a posicionarse la idea de que Irán tendría armas nucleares, a pesar de la supuesta erradicación del programa nuclear iraní anunciada por Donald Trump tras los bombardeos estadounidenses de junio de 2025. Una excusa que recuerda al argumento de las inexistentes armas de destrucción masiva de Saddam Hussein que se usó, junto con el pretexto de la democratización, para defender la guerra ilegal del EE. UU. de George W. Bush contra Irak.

La supuesta voluntad de democratización de entonces planea también en quienes utilizan las vulneraciones a los derechos humanos, y en concreto de los derechos de las mujeres, para respaldar, desde una elástica moralidad, las actuaciones imperialistas que pretenden salvar a los pueblos del mundo a base de bombas. La instrumentalización de la legítima lucha de las mujeres iraníes por ganar espacios de mayor autodeterminación es especialmente obscena entre la ultraderecha que sigue a rajatabla el guion de un feminacionalismo claramente islamófobo. Una ultraderecha que, además, suspendería cualquier análisis comparativo sobre los derechos efectivos de las mujeres en distintos países de la zona.

Si alguien a estas alturas cree que EE. UU., o el ente genocida de Israel, tienen algún tipo de interés en defender a las mujeres musulmanas, promover los regímenes democráticos o salvaguardar los derechos humanos, sólo tiene que preguntarse por qué EE. UU. no bombardea Arabia Saudí y encontrará la respuesta. Pero también puede mirar adentro de sus fronteras y ver cómo EE. UU. responde a los ciudadanos estadounidenses que se manifiestan en contra del ICE, o cómo Israel trata a los palestinos israelíes, por no hablar de los que habitan en Gaza o Cisjordania. 

Ni las mujeres iraníes necesitan ser salvadas por Occidente ni el mundo en su conjunto puede sostener ya más hipocresía por parte de quienes se erigen en faro moral de la humanidad cuando cargan en sus espaldas la responsabilidad por algunos de los crímenes más abyectos que se hayan cometido, en el pasado, pero también en el presente. Por eso, es fundamental no perder las coordenadas ideológicas, ni caer en las trampas discursivas o en las equidistancias. Puede que hoy, más que nunca, defender el Derecho Internacional frente a los poderes hegemónicos que siempre lo han ignorado parezca revolucionario y, sin duda, lo es. Pero lo más revolucionario es defenderlo hasta sus últimas consecuencias, no negando el derecho a la legítima defensa de los Estados atacados por el imperialismo y el sionismo. 

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¿Puede Irán convertirse en el Vietnam de Trump?

4 Marzo 2026 at 00:33

Este artículo ha sido publicado originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerlo en catalán aquí.

En el tercer día de guerra abierta entre Estados Unidos, Israel e Irán, la escalada iniciada tras los bombardeos conjuntos sobre territorio iraní ha adquirido una dimensión regional de alto impacto estratégico. Tras el asesinato del líder supremo iraní y la destrucción de múltiples infraestructuras militares, Teherán ha respondido con una oleada coordinada de ataques con drones y misiles dirigidos contra bases estadounidenses en el Golfo, infraestructuras israelíes y posiciones diplomáticas en Arabia Saudí y Kuwait. Irán no es, en este sentido, Venezuela. La rendición, por ahora, no se contempla.

Organizaciones de derechos humanos estiman que más de 700 civiles han muerto desde el inicio de los bombardeos conjuntos, con cifras que oscilan entre los 555 fallecidos reconocidos por la Media Luna Roja iraní y los 742 civiles documentados por la agencia Human Rights Activists, entre ellos al menos 176 menores, aunque el apagón casi total de internet dentro de Irán dificulta la verificación independiente y alimenta la preocupación por un balance aún mayor.

La respuesta iraní apunta a una estrategia de resistencia sostenida orientada a multiplicar frentes y elevar el coste político y económico del conflicto. Como parte de esa contraofensiva, la Guardia Revolucionaria cerró el estrecho de Ormuz, paso por el que circula cerca del 20% del petróleo mundial. Los “mercados” ya han comenzado a reaccionar al alza, como no podía ser de otra manera; el precio del crudo se ha incrementado un 10%, y el de gas natural más de un 40%.

La expansión bélica también se ha desplazado hacia el norte. Israel ha iniciado el despliegue de tropas en el sur del Líbano tras intercambios de fuego con Hizbulá, abriendo un nuevo frente que reconfigura el mapa del conflicto. En el horizonte está el proyecto político del sionismo religioso del “Gran Israel” que abarcaría desde el río Nilo en Egipto hasta el río Éufrates en Irak, incluyendo Jordania, Cisjordania, la Franja de Gaza, el Sinaí y partes de Siria, Líbano y Turquía.

La promesa de una guerra breve

Donald Trump comenzó declarando que la guerra duraría entre cuatro o cinco semanas. Poco después admitió que podría prolongarse más tiempo, afirmando que ello no le preocupa porque Estados Unidos dispone del ejército más grande del mundo y puede “relajarse y esperar”. Es decir, que Trump está haciendo exactamente lo contrario a lo que dijo durante la campaña electoral, cuando prometió acabar con el pasado reciente intervencionista y virar hacia una política internacional aislacionista. Lo que está acabando, en realidad, son las últimas trazas de derecho internacional que se habían constituido –con sus faltas e incapacidades–, después de la segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, la confianza presidencial parece apoyarse en precedentes recientes percibidos como victorias rápidas, como la intervención indirecta en Venezuela. Ese marco refuerza la percepción de que la capacidad de proyectar fuerza y eliminar objetivos estratégicos puede producir resultados inmediatos sin consecuencias estructurales. Un análisis que, según el profesor chino-canadiense Jiang Xueqin (que previamente había previsto con acierto la victoria electoral de Trump y el posterior ataque estadounidense a Irán), es errónea y puede ser causante de que Irán se convierte en el Vietnam de Trump.

Por qué Estados Unidos puede perder

Para Jiang Xueqin, la guerra contra Irán no responde a la lógica convencional de superioridad tecnológica y golpes rápidos de decapitación estratégica. Se trata de una guerra de desgaste, híbrida y económicamente asimétrica. Y en ese terreno, sostiene, Estados Unidos parte con desventaja estructural. Su análisis es el que sigue:

El primer elemento es la asimetría de costes: el sistema militar estadounidense se diseñó para la Guerra Fría: tecnología sofisticada, sistemas complejos, plataformas de altísimo coste. En cambio, Irán opera con una lógica distinta. Drones de bajo coste, misiles relativamente baratos y redes distribuidas obligan a Estados Unidos a activar interceptores que multiplican por diez o por veinte el precio del ataque inicial. Cada intercepción exitosa supone una victoria táctica, pero un desgaste financiero estratégico. En una guerra prolongada, esta ecuación erosiona recursos.

El segundo elemento es el tiempo: Irán lleva dos décadas preparándose para este escenario. Ha estudiado las capacidades israelíes y estadounidenses, ha probado respuestas, ha construido una red de aliados y milicias en la región. Estados Unidos, en cambio, se enfrenta a un teatro fragmentado, sin un frente claro, con múltiples puntos de presión simultáneos. La guerra no se concentra en una capital ni en un ejército regular que pueda rendirse. Se dispersa en bases, rutas marítimas, infraestructuras energéticas y nodos logísticos.

El tercer factor es el Golfo: Arabia Saudí, Emiratos, Bahréin y Qatar constituyen el núcleo financiero del sistema del petrodólar. Venden energía y reciclan esos ingresos en activos estadounidenses, alimentando mercados financieros y, más recientemente, la expansión de la inteligencia artificial y los centros de datos. Irán ha desplazado la presión hacia ese espacio, y el cierre del estrecho de Ormuz afecta directamente al flujo energético mundial. Los ataques o amenazas sobre infraestructuras críticas saudíes –incluidas plantas desalinizadoras que proveen alrededor del 60% del agua potable del país–introducen vulnerabilidad civil y política. Una desestabilización prolongada del Golfo altera no solo la seguridad regional, sino la arquitectura financiera que sostiene al dólar.

El cuarto elemento es la economía digital: los ataques contra infraestructuras logísticas vinculadas a grandes plataformas tecnológicas trasladan la guerra al corazón de la cadena de suministro global. Centros asociados a Amazon y otros actores tecnológicos en Emiratos y Arabia Saudí forman parte de redes que sostienen comercio, datos y servicios en la nube. Cuando estos nodos se convierten en objetivos, el conflicto deja de ser exclusivamente militar. Y si el capital del Golfo reduce su exposición a activos estadounidenses por inestabilidad prolongada, el impacto se proyecta hacia el mercado bursátil y hacia la burbuja de inversión en inteligencia artificial.

El quinto factor es el dilema de la escalada: la historia reciente muestra que el cambio de régimen raramente se consigue exclusivamente desde el aire. En este sentido, si los objetivos estratégicos iniciales no se materializan, la presión para introducir tropas terrestres puede aumentar, especialmente si los aliados regionales exigen protección reforzada. Una intervención limitada puede transformarse en compromiso ampliado bajo la lógica de credibilidad y prestigio. En ese escenario, el coste humano y político se intensifica.

Ahora bien, también cabe hacerse otra pregunta, que introduce, si se quiere, un escenario todavía más turbulento: ¿Y si Trump no viera con malos ojos alargar una guerra que le sirviera para llevar al país en un estado de semi-excepción que le permitiera perpetuarse en el poder un tercer mandato?

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Diez apuntes breves de la agresión de EE.UU e Israel a Irán. O multilateralismo o guerra regional

28 Febrero 2026 at 21:45

A unas horas del inicio del masivo ataque de los regímenes de EE.UU. e Israel contra Irán, debemos hacer el esfuerzo de concretar dónde estamos y hacia dónde nos llevan.

1. Los ataques son una violación directa de la prohibición de agresión enunciado en el art. 2.4 de la Carta de Naciones Unidas. Es, también, una violación de la Constitución estadounidense, en otro paso del derrumbe de su sistema democrático. No es, sin embargo, una novedad. Es exactamente lo mismo que vimos en 2003 con el ataque a Irak. Una agresión militar basada en una falsedad: en su momento, las armas de destrucción masiva; ahora, el inexistente riesgo de armas nucleares.

2. El régimen iraní ha activado la legítima defensa que le corresponde según el art. 51 de la Carta ONU. Así se lo ha hecho saber al propio Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Cualquier Estado puede responder a un ataque armado para forzar su cese. La respuesta, en ataques a bases estadounidenses en la región o al territorio israelí, se enmarcan en este derecho. Habrá que analizar su justificación sobre los dirigidos contra bases de EE.UU. en terceros Estados, si estas no habían sido utilizadas en la agresión. Serían ataques lícitos si las bases se han utilizado, y una agresión, si no lo han sido. Esos ataques sí sirven para subrayar, entre el mundo árabe, la colaboración de sus gobiernos con Israel.

3. El Secretario General de la ONU, y diferentes altos cargos de la misma, han condenado ya la agresión estadounidense. Conun EE. UU cada vez más alejado de las instituciones internacionales, la ONU puede actuar y hablar de forma más libre. No hay diferencia entre esa agresión y la rusa sobre Ucrania, lo que permite a la ONU mantener una línea coherente ante el mundo y recordar su necesidad: cuanto más fuerte esté la ONU, menos riesgo de Tercera Guerra Mundial. Y viceversa, claro.

4. Las verdaderas razones de la guerra ahora iniciada son evidentes, Israel necesita más guerras para lograr la hegemonía regional y, sobre todo, para que Netanyahu no acabe en prisión. El primer ministro israelí, perseguido por la Corte Penal Internacional, necesita una guerra permanente. EE. UU es, en este caso, un ridículo obediente de la locura sionista. Trump está obedeciendo a Netayanhu. No hay nada de esta guerra que pueda beneficiar al antiguo gigante americano (que ayer casi tenía atado un acuerdo con Irán sobre la cuestión nuclear). Sin embargo, otra guerra oculta por unos días las acusaciones de pederastia a Trump. El anunciado cambio de régimen o la cuestión nuclear son bombas de humo.

5. La comparación con la guerra de 2003 sí muestra diferencias. Es un ataque igual de ilegal y que ya ha provocado crímenes de guerra y, puede, de lesa humanidad. Han bombardeado escuelas de niñas y objetivos civiles. Pero, ¿quiénes son sus aliados? EE.UU. e Israel han atacado solos. Ninguna otra potencia occidental ha colaborado (públicamente) ni, parece, que vaya a hacerlo. No criticarán, pero no enviarán soldados. Los estados árabes, siempre serviles con EE.UU. y traicionando al pueblo palestino, se limitan a intentar evitar que caigan misiles sobre Israel. Por lo demás, la potencia estadounidense vuelve a aparecer desnuda, y peligrosa, ante los ojos de todo el mundo. Otra comparación, más dolorosa aún, la sociedad civil global no parece despertar para defender a los pueblos bajo las bombas. Es prueba de hartazgo. También de que nadie en el mundo cuenta ya con EE.UU como garante de derechos o estabilidad.

6. La OTAN demuestra su irrelevancia, de forma más evidente que la ONU. Cuando la principal potencia de la alianza inicia una guerra regional, sin planes serios o realistas, y sin informar a los miembros, es que está políticamente muerta. Varios socios de la alianza, como España, Finlandia o Francia, se han opuesto públicamente al ataque. Queda el siguiente paso: prohibir la utilización de las bases estadounidenses para una guerra salvaje. No lo esperen. Ningún líder europeo se atreverá. La UE, fiel a su irrelevancia diplomática y geopolítica, no dice nada sobre la violación del Derecho internacional e intenta aunar sus irreconciliables posturas. Rusia y China, que han condenado la agresión a su socio, esperan con cautela más errores de EE.UU y advierten de que toman nota. 

7. En conexión con esto, es necesario subrayar el ridículo de Canadá o Reino Unido. Hace unas semanas, el primer ministro de Canadá denunciaba que EE.UU hacía peligrar “un orden basado en reglas”. Aunque avisábamos de la hipocresía canadiense, el apoyo de hoy a la violación de la Carta de Naciones Unidas demuestra que Canadá sigue sin una política exterior clara e independiente y se arrodilla ante EE.UU y su permanente amenaza a la paz y seguridad internacional. Igual que Alemania. El líder británico, por su parte, ha hecho lo propio. Apoyar diplomáticamente a EE.UU e Israel ante la agresión. En este caso, Starmer es un líder ignorado en el mundo y despreciado por su población. Entre otras cosas, por su apoyo al genocidio sobre el pueblo palestino. Y es que, en las democracias, la violación de las normas internacionales básicas se paga. Pregunten a Biden.

8. En España, el Gobierno se divide. Sánchez condena la agresión a Irán, poniendo a España en cabeza occidental de defensa del orden jurídico internacional, pero condena la legítima defensa del país persa, ignorando ese Derecho internacional que dice defender. Nada dice sobre el uso de las bases sobre el territorio o el espacio aéreo. A su izquierda, los partidos de Sumar son mucho más claros. Condena inequívoca de la agresión. Más a la izquierda, Podemos, libre de ataduras gubernamentales, se atreve a proponer cambios: salir de la OTAN, defensa europea, cierre de las bases militares estadounidenses y ruptura de relaciones (es increíble que todavía existan) con Israel. Ninguna de sus peticiones se va a cumplir, pero abren el campo del discurso político y las alternativas.

9. La derecha española, y la ultraderecha, vuelven a 2003, cuando estaban en el mismo partido. Y vuelven también al mismo discurso. Apoyo sin fisuras a las guerras ilegales en Medio Oriente, sumisión cobarde a Estados Unidos y seguidismo del sionismo criminal. Afortunadamente, no están en el gobierno. La última vez que nos metieron en una guerra, la consecuencia fue el 11M. Nunca han pedido perdón a familiares de asesinados y heridos. 

10. ¿Y el pueblo iraní? A nadie le importa. No al salvaje régimen iraní, no al hijo del antiguo sha, dictador sanguinario colocado por EE. UU., no a Estados Unidos o Israel. Nos dicen los agresores que quieren un cambio de régimen. Es falso. No se salva a un pueblo aniquilándolo. Este salvaje ataque parece reforzar, sin embargo, al gobierno autoritario. Nada une más a un pueblo que un ataque del enemigo exterior. La oposición democrática (que no quiere al “nuevo” sha), está desactivada y puede verse como traidora (gracias a Trump y Netayanhu) si apoya el ataque.El pueblo persa es orgulloso. Puede no querer a su gobierno y, al tiempo, no admitir que arrasen su país para colocar a otro dictador. Trump prefiere una guerra civil, lo que sería un desastre humanitario. No parece probable una invasión terrestre, precisamente porque el pueblo se defendería. De producirse, nos acercaríamos peligrosamente a otro genocidio. Sin duda, a decenas de miles de muertos entre todos los bandos. Defender la libertad del pueblo de Irán empieza por condenar que sean bombardeados y asesinadas. También,denunciando siempre la persecución y asesinatos de la oposición. Ninguna guerra de agresión ha liberado a pueblos. Los ha condenado a otra dictadura.

    Si han llegado hasta aquí y esperan una solución, lo siento, sólo hay una y no es nueva: diplomacia, rechazo social y político a las guerras y las agresiones, y reforzar la ONU como centro de la paz y seguridad mundial. Salgamos de nuevo a las calles. Hemos debilitado en los últimos años la institución que ha garantizado que no hayamos vivido una Tercera Guerra Mundial. Miremos los resultados y volvamos al multilateralismo en el sistema ONU. 

    Ander Gutiérrez-Solana Journoud es profesor de Derecho Internacional Público UPV/EHU

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    Concierto de Melifluo en Albacete

    27 Febrero 2026 at 00:30

     

    Melifluo

    Viernes 27 de febrero, apertura: 21:30 h. Inicio: 22:00 h.

    ClanDestino

    Entradas: anticipada 12€

     


    Concierto de Melifluo. Girando Por Salas.

    Melifluo

    Viernes 27 de febrero, apertura: 21:30 h. Inicio: 22:00 h.

    ClanDestino

    Entradas: anticipada 12€

    Concierto GPS.

    Melifluo es la banda que formaron en 2019 los hermanos Gómez Parrilla, Juan Carlos “Juanca” (batería) y Antonio “Gómez”, letrista, guitarrista y cantante. Su música ha estado en evolución desde sus inicios, hasta llegar al sonido actual: un poderoso pop rock, con una base sólida y mucha presencia de voces y guitarras.

    Tras su andadura en anteriores bandas como Supersubmarina y Casasola, los hermanos comenzaron este proyecto con el lanzamiento de cuatro singles y un primer EP, producido por Víctor Cabezuelo.

    En el año 2021 lanzaron su primer disco, Pasado_Futuro, producido por ellos mismos en su estudio Haleluya Music Studio (Baeza).

    En 2022, tanto 15 Pitis, Ahora me toca a mí, como Buenaventura EP, consolidaron el sonido de la banda. En 2023, “Jay” (guitarra de Supersubmarina), completa la formación, sumándose a Edu (guitarra) y Juanan (bajo).

    Dos años más tarde grabaron Voces Externas y firmaron por Calaverita Records, sello independiente que apuesta firmemente por la banda y les está impulsando y posicionando en la escena alternativa. 

    2025 ha sido el año que ha consolido al grupo como una de las bandas con mejor apuesta y sonido en directo. En octubre publicaron un nuevo single, Flor Géminis, grabado en directo en Estudio Uno. 


    Irán: Un levantamiento asediado desde dentro y desde fuera

    4 Enero 2026 at 20:59

    A partir del 28 de diciembre de 2025, una nueva ola de protestas estalló en todo Irán, provocada por las dificultades económicas y que se intensificó hasta pedir el derrocamiento del Gobierno. Se trata, como mínimo, del quinto movimiento de este tipo en una década, que se suma a las anteriores oleadas de disturbios laborales y resistencia feminista. Sin embargo, dentro de este levantamiento, los movimientos de base se enfrentan a monárquicos reaccionarios, en su mayoría radicados fuera de Irán, que buscan el apoyo de Estados Unidos e Israel para hacerse con el poder.

    Todo ello en medio de una situación geopolítica tumultuosa. El Gobierno israelí ha intensificado los bombardeos sobre Gaza y el Líbano y la apropiación de tierras en Gaza, el Líbano y Siria; se está preparando para construir un asentamiento que dividirá Cisjordania en dos, con el fin de imposibilitar la creación de un Estado palestino. Estados Unidos acaba de secuestrar al presidente de Venezuela y a su esposa para apoderarse del petróleo venezolano, lo que demuestra su determinación de llegar a cualquier extremo para dominar a los pueblos tanto dentro como fuera de sus fronteras.

    En el otoño de 2025, los manifestantes de Nepal y otros lugares demostraron que todavía es posible que los movimientos sociales derroquen gobiernos. Una revolución exitosa en Irán podría desencadenar una ola de cambios en todo el mundo. Pero si esa revolución fuera secuestrada por fuerzas reaccionarias, podría retrasar los movimientos de liberación otra generación o más.

    Hay mucho en juego. Le debemos a los movimientos populares de Irán informarnos sobre ellos y apoyarles, tanto porque se enfrentan a una situación desesperada como para asegurarnos de que no llegue al poder un régimen títere al servicio de Israel y Estados Unidos. 

    A continuación, presentamos tres perspectivas sobre el levantamiento de la última semana y media, extraídas del medio de comunicación Crimethinc.

    Informe sobre la actual ola de protestas en Irán

    Este texto ha sido aportado por unx anarquista residente en Irán que está documentando e informando activamente sobre la situación actual. Debido a graves motivos de seguridad, prefiere permanecer en el anonimato.

    Durante casi una década, la sociedad iraní ha sido testigo repetidamente de oleadas de protestas callejeras dirigidas contra el sistema político gobernante, la República Islámica. Si bien estas protestas han surgido como consecuencia de diferentes desencadenantes inmediatos, todas ellas tienen su origen en profundas crisis estructurales sin resolver —económicas, políticas y sociales— que siguen configurando la vida cotidiana en Irán.

    A lo largo de estos años, la principal respuesta del Estado a la disidencia pública ha sido la represión sistemática. Los movimientos de protesta se han enfrentado sistemáticamente a la fuerza letal, detenciones masivas, encarcelamientos e intimidación generalizada. Lejos de resolver los problemas subyacentes, este enfoque ha contribuido a la acumulación de la ira pública y a un creciente sentimiento de injusticia en toda la sociedad.

    Las protestas más recientes se desencadenaron inicialmente por el dramático colapso de la moneda nacional iraní y el grave deterioro de las condiciones de vida. La rápida devaluación del rial, combinada con la inflación galopante y la pobreza generalizada, ha empujado a amplios sectores de la población al límite de la supervivencia económica. Estas condiciones han llevado a muchos a concluir que la crisis no es temporal ni reformable, sino estructural e inseparable del sistema de poder existente.

    A diferencia de episodios anteriores, las protestas actuales reflejan un nivel más amplio de conciencia colectiva. Las manifestaciones ya no se limitan a ciudades o grupos sociales específicos, sino que se han extendido simultáneamente por múltiples regiones, involucrando a diversos segmentos de la sociedad. Las reivindicaciones económicas se han transformado rápidamente en demandas explícitamente políticas, con manifestantes que piden abiertamente el fin del régimen autoritario y el desmantelamiento de la República Islámica.

    Al mismo tiempo, parte de la oposición —sobre todo los grupos monárquicos— está intentando sacar partido del movimiento de protesta. A través de los medios de comunicación satélites y las plataformas sociales, estos actores tratan de presentarse como alternativas políticas viables, recurriendo a narrativas nostálgicas de la era prerrevolucionaria e intentando redirigir la ira popular hacia sus propios proyectos de poder.

    Mientras tanto, la represión estatal se ha intensificado significativamente. Los informes indican que más de diez manifestantes han sido asesinados y cientos detenidos en los últimos días, aunque es probable que las cifras reales sean más elevadas. Las fuerzas de seguridad han ampliado el uso de la violencia, la vigilancia y las detenciones arbitrarias, lo que ha ejercido una enorme presión sobre los manifestantes y la población en general.

    En general, la situación actual en Irán representa mucho más que un estallido espontáneo de descontento. Es señal de una profunda crisis de legitimidad, del colapso de la confianza pública en las instituciones gubernamentales y de una fase crítica en la confrontación entre la sociedad y el orden dominante. La trayectoria de este momento dependerá del equilibrio entre la resistencia social, la represión estatal y la capacidad de la población para organizarse de forma independiente, al margen tanto del poder estatal como de las fuerzas de oposición de la élite.


    Protestas en Irán en pleno asedio de enemigos internos y externos: informe sobre el reciente levantamiento popular

    El siguiente análisis es una contribución de Roja, un colectivo feminista independiente y de izquierdas con sede en París. Roja nació tras el feminicidio de Jina (Mahsa) Amini, coincidiendo con el inicio del levantamiento «Jin, Jiyan, Azadi» en septiembre de 2022. El colectivo está compuesto por activistas políticos de diversas nacionalidades y geografías políticas dentro de Irán, incluyendo kurdos, hazara, persas y otros. Las actividades de Roja no solo están relacionadas con los movimientos sociales en Irán y Oriente Medio, sino también con las luchas locales en París, en sintonía con las luchas internacionalistas, incluyendo el apoyo a Palestina. El nombre «Roja» se inspira en la resonancia de varias palabras en diferentes idiomas: en español, roja es el «rojo»; en kurdo, roj significa «luz» y «día»; en mazandarani, roja significa «estrella de la mañana» o «Venus», considerada el cuerpo celeste más brillante de la noche.

    I. El quinto levantamiento desde 2017

    Desde el 28 de diciembre de 2025, Irán ha vuelto a arder en la fiebre de las protestas generalizadas. Los cánticos de «Muerte al dictador» y «Muerte a Jamenei» han resonado en las calles de al menos 222 localidades de 78 ciudades en 26 provincias. Las protestas no solo son contra la pobreza, el alza de los precios, la inflación y el despojo, sino contra todo un sistema político podrido hasta la médula. La vida se ha vuelto insostenible para la mayoría, especialmente para la clase trabajadora, las mujeres, las personas lgbttqi+ y las minorías étnicas no persas. Esto se debe no solo a la caída libre de la moneda iraní tras la guerra de los doce días, sino también al colapso de los servicios sociales básicos, incluidos los repetidos cortes de electricidad; a la agudización de la crisis medioambiental (contaminación atmosférica, sequía, deforestación y mala gestión de los recursos hídricos); y a las ejecuciones masivas (al menos 2063 personas en 2025), todo lo cual se ha combinado para empeorar las condiciones de vida.

    La crisis de reproducción social es el punto central de las protestas actuales, y su horizonte último es la reivindicación de la vida.

    Este levantamiento es la quinta ola de una cadena de protestas que comenzó en diciembre de 2017 con el levantamiento conocido como la «Revuelta del Pan». Continuó con el sangriento levantamiento de noviembre de 2019, una explosión de ira pública contra la subida del precio del combustible y la injusticia. La revuelta de 2021 se conoció como el «levantamiento de los sedientos», iniciado y liderado por las minorías étnicas árabes. Esta ola alcanzó su punto álgido con el levantamiento «Mujer, Vida, Libertad» en 2022, que puso de relieve las luchas por la liberación de las mujeres y las luchas anticoloniales de naciones oprimidas como los kurdos y los baluchis, abriendo nuevos horizontes. El levantamiento actual vuelve a centrarse en la crisis de la reproducción social, esta vez en un terreno más radical y posbélico. Las protestas, que comienzan con reivindicaciones relacionadas con los medios de vida, pero con una rapidez sorprendente, se dirigen contra las estructuras de poder y la oligarquía gobernante corrupta.

    II. Un levantamiento asediado por amenazas externas e internas

    Las protestas que se están produciendo en Irán se ven asediadas por todas partes por amenazas tanto externas como internas. Solo un día antes del ataque imperialista de Estados Unidos contra Venezuela, Donald Trump, enarbolando el lenguaje del «apoyo a los manifestantes», lanzó una advertencia: si el Gobierno iraní «mata a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, los Estados Unidos de América acudirán en su rescate. Estamos preparados y listos para actuar». Este es el guion más antiguo del imperialismo, que utiliza la retórica de «salvar vidas» para legitimar la guerra, ya sea en Irak o en Libia. Estados Unidos sigue hoy ese guion: solo en 2025, lanzó ataques militares directos contra siete países.

    El genocida Gobierno israelí, que anteriormente había lanzado su asalto de doce días contra Irán bajo el slogan «Mujer, vida, libertad», ahora escribe en persa en las redes sociales: «Estamos con vosotros, manifestantes». Los monárquicos, como brazo local del sionismo, que asumieron la mancha y la vergüenza de apoyar a Israel durante la Guerra de los Doce Días, ahora intentan presentarse ante sus amos occidentales como la única alternativa. Lo han hecho mediante una representación selectiva y la manipulación de la realidad, lanzando una campaña online para apropiarse de las protestas, fabricar, distorsionar y alterar el sonido de las consignas callejeras a favor del monarquismo. Esto revela su engaño, sus ambiciones monopólicas, su poder mediático y, lo que es más importante, su debilidad dentro del país, ya que carecen de poder material en Irán. Con el eslogan «Make Iran Great Again» (Hagamos grande de nuevo a Irán), este grupo acogió con satisfacción la operación imperialista de Trump en Venezuela y ahora espera el secuestro de los líderes de la República Islámica por parte de sicarios estadounidenses e israelíes.

    Y, por supuesto, están los campistas pseudoprogresistas —los autodenominados «antiimperialistas»— que maquillan la dictadura de la República Islámica proyectando una máscara antiimperialista sobre su fachada. Ponen en duda la legitimidad de las protestas actuales repitiendo la trillada acusación de que «un levantamiento en estas condiciones no es más que jugar en el campo del imperialismo», porque solo pueden leer a Irán a través del lente del conflicto geopolítico, como si toda revuelta fuera simplemente un proyecto estadounidense-israelí disfrazado. Al hacerlo, niegan la subjetividad política del pueblo iraní y otorgan a la República Islámica inmunidad discursiva y política mientras masacra y reprime a su propia población.

    «Enojados con el imperialismo» pero «temerosos de la revolución» —por recordar la formulación fundacional de Amir Parviz Puyan—, su postura es una forma de antirreacción reaccionaria. Incluso se nos dice que no escribamos sobre las recientes protestas, asesinatos y represión en Irán en ningún idioma que no sea el persa en los foros internacionales, para no dar a los imperialistas un «pretexto», como si, más allá del persa, no hubiera personas en la región o en el mundo capaces de compartir destinos, experiencias, conexión y solidaridad en la lucha. Para los campistas, no hay otro sujeto que los gobiernos occidentales, ni otra realidad social que la geopolítica.

    En oposición a estos enemigos, insistimos en la legitimidad de estas protestas, en la intersección de las opresiones y en el destino compartido de las luchas. La corriente monárquica reaccionaria se está expandiendo dentro de la oposición de extrema derecha iraní, y la amenaza imperialista contra el pueblo de Irán, incluido el peligro de una intervención extranjera, es real. Pero también lo es la furia del pueblo, forjada a lo largo de cuatro décadas de brutal represión, explotación y «colonialismo interno» del Estado contra las comunidades no persas.

    No tenemos más remedio que afrontar estas contradicciones tal y como son. Lo que vemos hoy es una fuerza insurgente brotando de las profundidades del infierno social de Irán: personas que arriesgan sus vidas para sobrevivir, enfrentándose de lleno a la maquinaria de la represión.

    No tenemos derecho a utilizar el pretexto de una amenaza externa para negar la violencia infligida a millones de personas en Irán, ni para negar el derecho a sublevarse contra ella.

    Quienes salen a las calles están cansados de análisis abstractos, simplistas y condescendientes. Luchan desde dentro de las contradicciones: viven bajo sanciones y, al mismo tiempo, sufren el saqueo de una oligarquía nacional. Temen la guerra y temen la dictadura interna. Pero no se paralizan por el miedo. Insisten en ser sujetos activos de su propio destino y, al menos desde diciembre de 2017, su horizonte ya no es la reforma, sino la caída de la República Islámica.

    III. La propagación de la revuelta

    Las protestas se desencadenaron por la caída libre del rial, que estalló primero entre los comerciantes de la capital, especialmente en los mercados de teléfonos móviles y ordenadores, pero rápidamente se convirtieron en un levantamiento amplio y heterogéneo que atrajo a trabajadores asalariados, vendedores ambulantes, porteadores y trabajadores del sector servicios de toda la economía comerciante de Teherán. La revuelta pasó rápidamente de las calles de Teherán a las universidades y a otras ciudades, sobre todo a las más pequeñas, que se han convertido en el epicentro de esta ola de protestas.

    Desde el primer momento, las consignas se dirigieron contra la República Islámica en su conjunto. Hoy en día, la revuelta está siendo impulsada sobre todo por los pobres y los desposeídos: jóvenes, desempleados, las poblaciones excedentarias, trabajadores precarios y los estudiantes.

    Algunos han desestimado las protestas porque comenzaron en el Bazar (la economía comercial de Teherán), que a menudo se percibe como aliado del régimen y un símbolo del capitalismo comercial. Han tildado las protestas de «pequeñoburguesas» o «vinculadas al régimen». Este reflejo recuerda las primeras reacciones al movimiento de los chalecos amarillos de Francia en 2018: debido a que la revuelta surgió fuera de la clase trabajadora «tradicional» y de las redes de izquierda reconocidas, y debido a que llevaba consignas contradictorias, muchos se apresuraron a declararla condenada a ser reaccionaria.

    Pero dónde comienza un levantamiento no determina hacia dónde se dirige. Su punto de partida no predetermina su trayectoria. Las actuales protestas en Irán podrían haber sido reavivadas por cualquier chispa, no solo por el Bazar. También en este caso, lo que comenzó en el Bazar se extendió rápidamente a los barrios pobres de las ciudades de todo el país.

    IV. La geografía de la revuelta

    Si el corazón palpitante de «Jin, Jiyan, Azadi» en 2022 latía en las regiones marginadas —Kurdistán y Baluchistán—, hoy en día las ciudades más pequeñas del oeste y el suroeste se han convertido en los núcleos centrales de las revueltas: Hamedan, Lorestán, Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad, Kermanshah e Ilam. Las minorías lor, bakhtiari y lak de estas regiones están siendo doblemente aplastadas por las crisis superpuestas de la República Islámica: la presión de las sanciones y la sombra de la guerra, la represión y la explotación étnicas, y la destrucción ecológica que amenaza sus vidas, especialmente en Zagros. Se trata de la misma región en la que Mojahid Korkor (un manifestante Lor durante el levantamiento de Jina/Mahsa Amini) fue ejecutado por la República Islámica un día antes del ataque de Israel, y en la que Kian Pirfalak, un niño de nueve años, fue asesinado por balas reales disparadas por las fuerzas de seguridad durante el levantamiento de 2022.

    Sin embargo, a diferencia del levantamiento de Jina, que desde el principio se expandió conscientemente a lo largo de líneas divisorias de género/sexualidad y etnia, el antagonismo de clase ha sido más explícito en las recientes protestas y, hasta ahora, su propagación ha seguido una lógica más basada en las masas.

    Entre el 28 de diciembre y el 4 de enero de 2025, al menos 17 personas fueron asesinadas por las fuerzas represivas de la República Islámica con munición real y balas de goma, la mayoría de ellas lor (en sentido amplio, especialmente en Lorestán y Chaharmahal y Bakhtiari) y kurdas (especialmente en Ilam y Kermanshah). Cientos de personas han sido detenidas (al menos 580, entre ellas un mínimo de 70 menores) y decenas han resultado heridas. A medida que avanzan las protestas, la violencia policial se intensifica: en el séptimo día en Ilam, las fuerzas de seguridad irrumpieron en el hospital Imam-Khomeini para detener a los heridos; en Birjand, atacaron una residencia de estudiantes femenina. El número de muertos sigue aumentando a medida que se intensifica el levantamiento, y las cifras reales son sin duda superiores a las anunciadas.

    La distribución de esta violencia es desigual, por supuesto: la represión es más dura en las ciudades más pequeñas, especialmente en las comunidades marginadas y minoritarias que han sido empujadas a la periferia. Las sangrientas matanzas de Malekshahi en Ilam y Jafarabad en Kermanshah son testimonio de esta disparidad estructural en la opresión y la represión.

    En el cuarto día de protestas, el Gobierno, en coordinación con todas las instituciones, anunció cierres generalizados en 23 provincias con el pretexto del «frío» o la «escasez de energía». En realidad, se trataba de un intento de romper los circuitos a través de los cuales se propaga la revuelta: el Bazar, la universidad, la calle. Paralelamente, las universidades pasaron cada vez más a impartir las clases en línea para cortar los vínculos horizontales entre los espacios de resistencia.

    V. El impacto de la Guerra de los Doce Días

    Tras la Guerra de los Doce Días, el poder gobernante de Irán, en un intento por compensar el colapso de su autoridad, ha recurrido de forma más abierta a la violencia. Los ataques de Israel contra instalaciones militares y civiles iraníes han militarizado y securitizado aún más el espacio político y social, especialmente a través de la campaña racista de deportación masiva de inmigrantes afganos. Y mientras el Estado habla sin descanso en nombre de la «seguridad nacional», se ha convertido en sí mismo en un productor central de inseguridad: una inseguridad de vida intensificada a través de un aumento sin precedentes de las ejecuciones, el maltrato sistémico de los presos y una inseguridad económica intensificada a través de la brutal reducción de los medios de vida de la población.

    La Guerra de los Doce Días, seguida de la intensificación de las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea y la activación del mecanismo de restablecimiento de sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aumentó la presión sobre los ingresos petroleros, la banca y el sector financiero, ahogando la entrada de divisas y agravando la crisis presupuestaria.

    Desde el 24 de junio de 2025, cuando terminó la guerra, hasta la noche en que estallaron las primeras protestas en el Bazar de Teherán el 18 de diciembre, el rial perdió alrededor del 40 % de su valor. No se trató de una fluctuación «natural» del mercado. Fue el resultado combinado de la escalada de sanciones y el esfuerzo deliberado de la República Islámica por trasladar los efectos de la crisis de arriba hacia abajo mediante la devaluación controlada de la moneda nacional.

    Las sanciones deben condenarse incondicionalmente. Sin embargo, en el Irán actual, también funcionan como un instrumento interno de poder de clase. Las divisas extranjeras se concentran cada vez más en manos de una oligarquía militar y de seguridad que se beneficia de la evasión de sanciones y del opaco comercio petrolero. Los ingresos por exportaciones están efectivamente secuestrados y solo se liberan en la economía formal en momentos seleccionados y a tipos manipulados. Incluso cuando aumentan las ventas de petróleo, los ingresos circulan dentro de instituciones cuasi estatales y un «Estado paralelo» (sobre todo el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica), en lugar de entrar en la vida cotidiana de la población.

    Para cubrir el déficit producido por la caída de los ingresos y el bloqueo de los rendimientos, el Estado recurre a la eliminación de subsidios y a la austeridad. En este marco, la repentina caída del rial se convierte en una herramienta fiscal: obliga a la moneda «secuestrada» a volver a circular en los términos del Estado y amplía rápidamente los recursos en riales del Gobierno, ya que el propio Estado es uno de los mayores poseedores de dólares. El resultado es una extracción directa de los ingresos de las clases bajas y medias, y la transferencia de los beneficios de la elusión de las sanciones y la renta monetaria a una minoría reducida, profundizando la división de clases, la inestabilidad de los medios de vida y la ira social. En otras palabras, los costes de las sanciones los pagan directamente las clases bajas y la clase media, cada vez más reducida.

    Así, el colapso de la moneda nacional debe entenderse como un saqueo organizado por el Estado en una economía devastada por la guerra y estrangulada por las sanciones: una manipulación deliberada del tipo de cambio en favor de las redes de intermediación vinculadas a la oligarquía gobernante, al servicio de un Estado que ha convertido la liberalización neoliberal de los precios en una doctrina sagrada.

    Los campistas de pseudoizquierda reducen la crisis a las sanciones estadounidenses y la hegemonía del dólar, borrando el papel de la clase dominante de la República Islámica como agente activo del despojo y la acumulación financiarizada. Los campistas de derecha, generalmente alineados con el imperialismo occidental, culpan únicamente a la República Islámica y consideran irrelevantes las sanciones. Estas posiciones se espejan entre sí, y cada bando tiene claros intereses en adoptarlas. En contra de ambos, insistimos en reconocer el entrelazamiento del saqueo y la explotación global y local. Sí, las sanciones devastan la vida de las personas —a través de la escasez de medicamentos, la falta de piezas industriales, el desempleo y la erosión psicológica—, pero la carga se socializa sobre el pueblo, no sobre la oligarquía militar-securitaria que amasa una enorme riqueza controlando los circuitos informales de la moneda y el petróleo.

    VI. Las contradicciones

    En las calles se escuchan consignas contradictorias, desde llamamientos a derrocar la República Islámica hasta nostálgicos llamamientos a la monarquía. Al mismo tiempo, los estudiantes corean consignas dirigidas tanto contra el despotismo de la República Islámica como contra la autocracia monárquica. Las consignas a favor del Sha y de Pahlavi reflejan contradicciones reales sobre el terreno, pero también se amplifican y se fabrican a través de las distorsiones de los medios de comunicación derechistas, incluida la vergonzosa sustitución de la voz de los manifestantes por consignas monárquicas. El principal responsable de la manipulación mediática es Iran International, que se ha convertido en un megáfono de la propaganda sionista y monárquica. Según se informa, su presupuesto anual ronda los 250 millones de dólares, financiados por personas e instituciones vinculadas a los gobiernos de Arabia Saudí e Israel.

    Durante la última década, la geografía de Irán se ha convertido en un campo de tensión entre dos horizontes sociopolíticos, mediados por dos modelos diferentes de organización contra la República Islámica. Por un lado, se encuentra la organización social concreta e integrada a lo largo de las líneas divisorias de clase, género/sexualidad y etnia, que se manifiesta de forma más vívida en las redes interconectadas forjadas durante el levantamiento de Jina en 2022, que se extienden desde la prisión de Evin hasta la diáspora y producen una unidad sin precedentes entre diversas fuerzas, desde las mujeres hasta las minorías étnicas kurdas y baluchis, que se oponen a la dictadura al tiempo que plantean horizontes feministas y anticolonialistas. Por otro lado, se encuentra una movilización populista presentada como una «revolución nacional», cuyo objetivo es producir una masa homogénea de individuos atomizados a través de las cadenas de televisión satelital. Respaldado por Israel y Arabia Saudí, este proyecto busca reunir un cuerpo cuya «cabeza» —el hijo del derrocado Sha— pueda ser posteriormente insertada desde fuera, con una intervención respaldada por potencias extranjeras, e implantada en él. Durante la última década, los monárquicos, armados con un enorme poder mediático, han empujado a la opinión pública hacia un nacionalismo extremo y racista, profundizando las divisiones étnicas y fragmentando la imaginación política de los pueblos de Irán.

    El crecimiento de esta corriente en los últimos años no es un signo del «atraso» político del pueblo, sino el resultado de la falta de una amplia organización de izquierda y de poder mediático para producir un discurso alternativo contrahegemónico, una ausencia y debilidad producidas en parte por la represión y la asfixia, que abrieron espacio para este populismo reaccionario. En ausencia de una narrativa poderosa por parte de las fuerzas de izquierda, democráticas y no nacionalistas, incluso consignas e ideales universales como la libertad, la justicia y los derechos de las mujeres pueden ser fácilmente apropiados por los monárquicos y vendidos al pueblo bajo una apariencia progresista que esconde un núcleo autoritario. En algunos casos, esto se presenta incluso con un vocabulario socialista: es precisamente aquí donde la extrema derecha también devora el terreno de la economía política.

    Al mismo tiempo, a medida que se intensifica el antagonismo con la República Islámica, también se han intensificado las tensiones entre estos dos horizontes y modelos; hoy en día, esta división se puede ver en la distribución geográfica de las consignas de protesta. Dado que el proyecto del «regreso de Pahlavi» representa un horizonte patriarcal basado en el etnonacionalismo persa y una orientación profundamente derechista, en los lugares donde ha surgido la organización popular de trabajadores y feministas —en las universidades y en las regiones kurda, árabe, baluchi, turcomana, árabe y turca— los eslóganes a favor de la monarquía están en gran medida ausentes y a menudo provocan reacciones negativas. Esta situación contradictoria ha dado lugar a diversas formas de malentendidos sobre el reciente levantamiento.

    VII. El horizonte

    Irán se encuentra en un momento histórico decisivo. La República Islámica se encuentra en una de sus posiciones más débiles de la historia: a nivel internacional, tras el 7 de octubre de 2023 y el debilitamiento del llamado «Eje de la Resistencia», y a nivel interno, tras años de repetidas insurgencias y levantamientos. El futuro de esta nueva ola sigue siendo incierto, pero la magnitud de la crisis y la profundidad del descontento popular garantizan que en cualquier momento pueda estallar otra oleada de protestas. Aunque se reprima el levantamiento actual, volverá a producirse. En esta coyuntura, cualquier intervención militar o imperial sólo puede debilitar la lucha desde abajo y reforzar la mano de la República Islámica para llevar a cabo la represión.

    Durante la última década, la sociedad iraní ha estado reinventando la acción política colectiva desde abajo. Desde Baluchistán y Kurdistán en el levantamiento de Jina hasta ciudades más pequeñas en Lorestán e Isfahán en la actual ola de protestas, la agencia política —sin ninguna representación oficial desde arriba— se ha trasladado a las calles, a los comités de huelga y a las redes locales e informales. A pesar de la brutal represión, estas capacidades y conexiones siguen vivas dentro de la sociedad; su habilidad para volver y cristalizarse en poder político persiste. Pero la acumulación de ira no es lo único que determinará su continuidad y dirección. La posibilidad de construir un horizonte político independiente y una alternativa real también resultará decisiva.

    Este horizonte se enfrenta a dos amenazas paralelas. Por un lado, puede ser apropiado o marginado por fuerzas de derecha con sede fuera del país, fuerzas que instrumentalizan el sufrimiento de la población para justificar sanciones, guerras o intervenciones militares. Por otro lado, algunos segmentos de la clase dominante —ya sean facciones militares y de seguridad o corrientes reformistas— están trabajando entre bastidores para promocionarse ante Occidente como una opción «más racional», «más barata» y «más confiable»: una alternativa interna desde dentro de la República Islámica, no para romper con el orden de dominación existente, sino para reconfigurarlo bajo una cara diferente. (Donald Trump pretende hacer algo similar en Venezuela, doblando a elementos del gobierno gobernante a su voluntad en lugar de provocar un cambio de gobierno). Se trata de un frío cálculo de gestión de crisis: contener la ira social, recalibrar las tensiones con las potencias mundiales y reproducir un orden en el que se niega a los pueblos la autodeterminación.

    Frente a estas dos corrientes, el resurgimiento de una política internacionalista de liberación es más necesario que nunca. No se trata de una «tercera vía» abstracta, sino del compromiso de situar las luchas populares en el centro del análisis y la acción: la organización desde abajo en lugar de los guiones escritos desde arriba por líderes autoproclamados, en lugar de falsas oposiciones fabricadas desde fuera. Hoy en día, el internacionalismo significa mantener unidos el derecho de los pueblos a la autodeterminación y la obligación de luchar contra todas las formas de dominación, tanto internas como externas. Un verdadero bloque internacionalista debe construirse a partir de la experiencia vivida, las solidaridades concretas y las facultades independientes.

    Esto requiere la participación activa de las fuerzas de izquierda, feministas, anticolonialistas, ecologistas y democráticas en la construcción de una organización amplia y clasista dentro de la ola de protestas, tanto para recuperar la vida como para abrir horizontes alternativos de reproducción social. Al mismo tiempo, esta organización debe situarse en continuidad con el horizonte liberador de luchas anteriores, y específicamente con el movimiento «Jin, Jiyan, Azadi», cuya energía aún tiene el potencial de desbaratar, de un solo golpe, los discursos de la República Islámica, los monárquicos, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y aquellos antiguos reformistas que ahora sueñan con una transición controlada y la reintegración en los ciclos de acumulación estadounidense-israelíes en la región.

    Este es también un momento decisivo para la diáspora iraní: puede ayudar a redefinir una política de liberación o puede reproducir la agotada dicotomía entre «despotismo interno» e «intervención extranjera» y, con ello, prolongar el callejón sin salida político. En este contexto, es necesario que las fuerzas de la diáspora den pasos hacia la formación de un verdadero bloque político internacionalista, que marque líneas claras contra el despotismo interno y la dominación imperialista. Esta postura vincula la oposición a la intervención imperialista con una ruptura explícita con la República Islámica, rechazando cualquier justificación de la represión en nombre de la lucha contra un enemigo externo.


    La mirada desde Siria

    Este es un extracto de una declaración de internacionalistas anarquistas en el territorio en el norte de Siria.

    Irán es un actor importante en la geopolítica de Oriente Medio. Su influencia también tuvo un fuerte impacto en Siria durante la era de Assad. Las rutas de contrabando y otras rutas de transporte pasaban por Siria, abasteciendo a Hezbolá. Tras la caída del régimen de Assad, Irán fue expulsado de Siria y, en general, ha perdido su antiguo poder en la región. Los daños sufridos durante los ataques israelíes en junio de 2025 se convirtieron en otro factor que afectó a la situación de la República Islámica.

    Las protestas han estallado regularmente en Irán. Las protestas de 2022 bajo el lema «Mujer, vida, libertad» son famosas en todo el mundo. Al igual que entonces, las protestas se extendieron por todo el país. El descontento de la población se extendió debido a factores económicos —la inflación, el aumento de los precios y la pobreza—, pero finalmente llegó a pedir el derrocamiento del régimen. Los manifestantes se enfrentan a la policía en las calles y algunos han resultado muertos y heridos.

    Durante la escalada entre Israel e Irán en 2025, un detalle interesante a destacar fueron las declaraciones de Netanyahu y Trump sobre la desestabilización intencionada de Irán con el objetivo del cambio de régimen. Se trata de un enfoque bastante habitual de Estados Unidos hacia los gobiernos «inconvenientes» en las regiones de su interés: allanar el camino para políticos más colaboradores, como intentaron hacer en Afganistán. Durante la última escalada de la guerra entre Israel e Irán, corrieron rumores de que ya existía una figura gobernante «democrática» provisional, respaldada y preparada por Estados Unidos. Aunque esta información no se ha confirmado, podemos imaginar que podría ser cierta, teniendo en cuenta los métodos de Estados Unidos en otros casos (por ejemplo, el reciente secuestro del presidente venezolano). En este contexto, queda claro el significado de la intención declarada de Trump de acudir en ayuda de los manifestantes iraníes si Irán «mata cruelmente a los manifestantes pacíficos, como suele hacer».

    El Kurdistán iraní, Rojhilat, es una de las regiones rebeldes de Irán. Sus intentos de declarar la autonomía no han tenido éxito durante décadas, pero la lucha guerrillera en el territorio de Irán continúa. El PJAK (Partido de la Vida Libre del Kurdistán) ha apoyado a los manifestantes y ha condenado de nuevo al régimen actual.

    El movimiento de liberación kurdo lucha por la libertad no solo en Siria o Turquía. Las noticias de Rojhilat ocupan los titulares con menos frecuencia, pero la situación en Irán es especialmente difícil para la lucha de liberación. Las fuerzas del PJAK incluyen un ala armada femenina, lo que es especialmente importante en el contexto de una dictadura que ejerce una «policía de la moral» sobre la población y, como es habitual, perjudica a los grupos más vulnerables, incluidas las mujeres.

    La inestabilidad en Teherán podría ser beneficiosa para la región kurda y debilitar las alianzas imperialistas del eje Rusia-Irán-China. Sin embargo, un gobierno títere instalado por Estados Unidos, Israel o cualquier otro país no resolverá la cuestión kurda en Irán. Además, abordar la cuestión kurda en un marco imperialista neoliberal no puede proporcionar una solución verdadera para un Oriente Medio multiétnico y multirreligioso. El confederalismo democrático, que ya está siendo aplicado en el noreste de Siria por el Partido de la Unión Democrática (Partiya Yekîtiya Demokrat, PYD) y defendido por el PJAK en Rojhilat, ofrece una opción mucho más prometedora para lograr la paz.


    Apéndice: Lecturas recomendadas

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    El balance de muertos en las protestas de Irán asciende significativamente

    13 Enero 2026 at 14:48
    Por: La Marea

    La ONG noruega Iran Human Rights reporta un nuevo número de muertos en la represión que está llevando a cabo el régimen iraní contra las protestas populares que recorren el país: al menos son 648 los manifestantes asesinados por las fuerzas del orden. Pero la organización avisa de que la cifra real podría ser exponencialmente mayor. La agencia Reuters, que ha podido contactar con un funcionario iraní, eleva esa cifra a 2.000 personas, miembros de seguridad del Estado incluidos. El apagón de Internet impuesto por el gobierno está dificultando la verificación de esa cifra.

    Países de todo el mundo han reaccionado condenando la brutalidad ejercida por las autoridades iraníes. Entre los más vehementes están los europeos. De hecho, la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, está impulsando nuevas sanciones contra el régimen teocrático, a imagen y semejanza de lo aplicado contra Rusia tras la invasión de Ucrania (una iniciativa que contrasta con la ausencia de medidas reales contra Israel por el genocidio en Gaza). En este sentido, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que aplicará un arancel del 25% a los países que comercien con Irán.

    Entre las voces más contundentes contra la violencia ejercida contra los y las manifestantes está la del canciller alemán, Friedrich Merz, quien ha vaticinado que el poder de los ayatolás llegará a su fin en los próximos «días o semanas». Ante la avalancha de críticas, el Gobierno de Irán ha llamado a consultas a los embajadores de Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido para quejarse formalmente por su apoyo a los manifestantes y para convencerles del carácter violento de las protestas.

    En clave interior, el gobierno de Irán también ha organizado manifestaciones de apoyo al régimen y algunas de ellas han registrado una asistencia masiva. Además, la televisión iraní informa de la detención de «grupos terroristas» vinculados a Israel que entraron por la frontera este del país. Los supuestos terroristas cargaban armas y material explosivo estadounidense y estarían planeando atentados y sabotajes.

    La retórica del gobierno iraní contra sus enemigos ha subido de decibelios en las últimas horas. «¡Venid a arder en el fuego de los defensores de Irán! Será una lección inolvidable para los crueles dirigentes de Estados Unidos», arengaba el presidente del parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf. En la misma línea se expresó el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi en Al Jazeera: «Si Washington quiere probar la opción militar, estamos preparados».

    El lenguaje bélico del régimen intenta tapar las razones de fondo por las cuales el pueblo iraní salió a manifestarse hace dos semanas: una inflación del 40%, una devaluación colosal de la moneda local (hasta el 95% desde 2018 respecto al dólar) y la carestía de los productos básicos. Las condiciones de vida de los iraníes se han degradado, además, por una sequía y una crisis energética que están provocando continuos cortes de agua y electricidad.

    Las manifestaciones, que comenzaron en el bazar de Teherán, donde muchos comerciantes cerraron sus persianas y se lanzaron a la calle, se extendió por todo el país y son ya las más multitudinarias de la historia reciente. Pero el régimen de los ayatolás tiene experiencia a la hora de manejar este tipo de crisis: lo demostraron en 2009, cuando la gente se manifestó contra la victoria electoral de Mahmud Ahmadineyad, sospechosa de fraude; en 2019, contra la subida del combustible; y en 2022, cuando la joven kurda Mahsa/Zhina Amini murió en dependencias policiales tras ser golpeada por llevar mal puesto el velo.

    Estas últimas manifestaciones siguen vivas en el recuerdo de muchas mujeres iraníes; entonces quemaban sus velos en la calle y hoy, ya sin él, se sienten identificadas con una imagen que contiene una gran carga simbólica: la de una mujer encendiendo un cigarrillo con una foto ardiendo del líder supremo, Alí Jamenei.

    En esta línea, la pakistaní Malala Yousafzai, premio Nobel de la Paz en 2014 por defender el derecho de las niñas a la educación, ha mostrado su apoyo a las manifestaciones en Irán. «Las protestas en Irán son inseparables de las restricciones impuestas por el Estado desde hace tiempo a la autonomía de niñas y mujeres en todos los aspectos de la vida pública, incluida la educación», ha escrito Yousafzai en su cuenta de X. «Las niñas iraníes, como las niñas de todo el mundo, exigen una vida digna».

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    El régimen de los ayatolás, contra las cuerdas

    12 Enero 2026 at 12:13
    Por: La Marea

    Las manifestaciones que se iniciaron hace dos semanas en Irán por la elevada subida de los precios han propiciado que el régimen de los ayatolás empiece a tambalearse. La brutal represión ejecutada por el Gobierno se ha cobrado la vida de centenares de civiles. En un intento por frenar las protestas, las autoridades cortaron el acceso a Internet en todo el país. Desde Estados Unidos, Donald Trump se ha ofrecido para «liberar» a los iraníes. «Estamos listos», ha dicho el presidente estadounidense sobre una hipotética intervención militar.

    El Gobierno de Teherán atribuye precisamente las manifestaciones a maniobras de desestabilización por parte de Estados Unidos e Israel. El líder supremo, Alí Jamenei, dijo que los manifestantes están «arruinando sus propias calles» para complacer al presidente estadounidense. «Lo que está sucediendo no son protestas, es una guerra terrorista contra el país», afirmó por su parte el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi. El régimen ha amenazado a Washington con atacar las bases militares norteamericanas en Oriente Próximo si Trump se decidiera a actuar en Irán. El mandatario estadounidense rebate esta narrativa asegurando que los líderes iraníes le han llamado «para negociar».

    A pesar de que Teherán culpa a agentes exteriores de sus problemas, lo cierto es que las condiciones de vida de los iraníes se han deteriorado enormemente en los últimos meses. El país vive una intensa sequía, una crisis energética y sufre, por añadidura, los efectos de las duras sanciones impuestas por Estados Unidos, que ya atacó sus instalaciones nucleares el pasado mes de junio. La inflación supera el 40% y la moneda local, el rial, ha perdido más del 95% de su valor respecto al dólar desde 2018. El precio de los alimentos ha subido en torno al 70%. Todo esto ha lanzado a la población iraní a protagonizar unas protestas que superan en intensidad las sucedidas en 2022 tras el homicidio de la joven kurda Zhina Amini, cuando ésta estaba bajo custodia policial por llevar mal puesto el velo.

    El secretario general de la ONU, António Guterres, ha expresado su preocupación por la deriva de los acontecimientos. Las informaciones sobre «el violento y excesivo uso de la fuerza» por parte de las autoridades le ha llevado a pedir «contención» y a que se restauren las comunicaciones: el apagón de Internet dura más de cuatro días.

    Aunque no es fácil contrastar las pocas noticias que llegan desde Irán, se ha comprobado la veracidad de unas imágenes que muestran centenares de bolsas para cadáveres en las morgues, lo que confirmaría la brutalidad del régimen teocrático a la hora de reprimir las protestas.

    Una organización en defensa de los derechos humanos radicada en Estados Unidos, Human Rights Activists News Agency, habla de 490 manifestantes asesinados por el régimen iraní, así como de más de 10.600 detenidos.

    En esta tesitura, Reza Pahlavi, que vive exiliado en Estados Unidos y es hijo del último sha, quiere postularse como líder de la oposición al régimen de los ayatolás. Benjamín Netanyahu es su más firme defensor. Pahlavi grabó un mensaje en vídeo que publicó en su cuenta de X y en él se dirigía directamente al líder supremo de Irán: «Mi mensaje a Jamenei es este: vete ahora y podrás vivir junto a Al Assad en Moscú».

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