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Sabiduría del agua: lo que las primeras civilizaciones sabían (y nosotros hemos olvidado)

Cuando hablamos de civilización y tecnología, solemos pensar en el presente: satélites, inteligencia artificial, rascacielos de cristal, embalses colosales… y sin embargo, cada vez que excavamos el pasado, algo nos hace detenernos.

Una y otra vez, las primeras civilizaciones de la humanidad nos dan una lección de sabiduría que resulta más moderna y más urgente que muchos avances de hoy. Especialmente en algo esencial y sagrado: el agua.

¿Quiénes son los verdaderamente avanzados?

Panorámica de las ruinas de Mesa Verde, en el parque nacional del mismo nombre, Colorado, EEUU.Observamos las antiguas civilizaciones de Caral, Sumeria, Egipto, Harappa, los Olmecas, los Anasazi, los Celtas o los Minoicos y nos enfrentamos a un espejo incómodo pero revelador: fueron pueblos que vivieron en profunda armonía con la naturaleza, frente a una civilización moderna que ha hecho del desequilibrio su norma.

Estas culturas, a pesar de haber surgido en entornos climáticos difíciles (desiertos, selvas, montañas, islas volcánicas…), no impusieron su voluntad sobre la Tierra, sino que aprendieron a escucharla, leerla y fluir con ella.

  • Su gestión del agua no era extractiva, sino ritual y cooperativa: desde los canales sagrados de Caral hasta las cisternas de Dholavira o los pozos urbanos de Harappa, el agua era vista como fuente de vida y equilibrio, no como recurso ilimitado para explotar.
  • Su agricultura era regenerativa, local y sabia: sin monocultivos, sin pesticidas, sin devastación masiva del suelo. Cultivaban con la luna, rotaban los cultivos, respetaban el descanso de la tierra. La productividad no se medía en toneladas, sino en sostenibilidad multigeneracional.
  • Sus construcciones estaban integradas en el paisaje: ciudades de adobe que respiraban con el clima, terrazas que evitaban la erosión, palacios con ventilación natural, drenajes que imitaban el curso del agua. La arquitectura no se alzaba contra la naturaleza, sino que se tejía con ella.

En cambio, la civilización actual es tecnológicamente brillante pero espiritualmente desarraigada; ha olvidado esa danza antigua con el entorno. Nuestra relación con la naturaleza se ha vuelto instrumental, industrial y destructiva:

  • Construimos megaciudades que devoran suelo fértil.
  • Contaminamos ríos y construimos represas sin alma.
  • Industrializamos la agricultura hasta el punto de envenenar la tierra que nos da de comer.
  • Hemos sustituido el calendario solar por el de las bolsas de valores.

¿A qué precio? Todo esto se paga con crisis hídrica, colapso de suelos, pérdida de biodiversidad, enfermedades crónicas, ansiedad colectiva, cambio climático, etc.

Y, sin embargo, esas culturas del pasado —que llamamos «primitivas»— nos dejaron un mapa diferente. Un mapa basado en el equilibrio, la observación, la reverencia y la reciprocidad.

Ellos no hablaron de «desarrollo sostenible». Vivieron sosteniblemente. No necesitaban salvar el planeta, porque nunca lo pusieron en peligro.

El agua: de diosa a mercancía

Para las culturas ancestrales, el agua no era simplemente un recurso. Era vida, madre, deidad, ritmo del mundo.

Desde el Nilo en Egipto hasta los canales de la civilización Caral en Perú, pasando por los pozos de Harappa y los acueductos subterráneos de los Nazca, el agua se entendía como algo que se respeta, se honra y se distribuye con sabiduría.

En cambio, el mundo moderno ha convertido el agua en una mercancía: se compra, se desperdicia, se contamina y se sobreexplota. Hoy, el agua fluye al ritmo del dinero, no del ciclo natural.

¿Más antiguos o más avanzados?

Las culturas de la antigüedad desarrollaron sistemas hidráulicos tan ingeniosos y sostenibles que, muchas veces, superan en eficiencia ecológica a los de nuestra era.
A continuación, veamos algunos de los logros hidráulicos más sorprendentes de la historia antigua.

Egipcios (Egipto, ~3000 a.C.)

  • No represaban el Nilo. Lo seguían, lo escuchaban.
  • Usaban nilómetros para medir las crecidas y planificar cosechas.
  • Sus canales de irrigación respetaban el cauce natural del río.

La ingeniería iba de la mano del cosmos, no en contra de él.

Harappa y Dholavira (India, ~2600 a.C.)

  • Diseñaron ciudades enteras con sistemas de drenaje pluvial subterráneos.
  • Cada casa tenía su propio pozo de agua limpia.
  • Construyeron depósitos escalonados para recolectar agua de lluvia.

¿Moderno? Sí. ¿Contaminante? No. Más de 4000 años antes que los sistemas urbanos actuales.

Minoicos (Creta, ~2000 a.C.)

  • Tenían tuberías presurizadas de cerámica, baños con desagüe y agua corriente.
  • Colectaban agua de lluvia desde los techos hacia cisternas internas.

Su sistema de plomería era más higiénico y ecológico que el de muchas ciudades del siglo XXI.

Nazca (Perú, ~500 d.C.)

  • Crearon los puquios, acueductos en espiral que traían agua subterránea del desierto.
  • No necesitaban bombas ni motores. Solo gravedad, piedra, aire y precisión.

A día de hoy, varios puquios siguen funcionando. ¿Cuánto duran nuestras infraestructuras modernas sin mantenimiento?

Anasazi (EE.UU., ~1000 d.C.)

  • Vivían en el desierto y captaban agua de lluvia en cisternas.
  • Usaban diques de piedra y zanjas para evitar la erosión.
  • Practicaban agricultura de secano sin agotar el suelo.

Con técnicas que hoy llamamos «resiliencia hídrica», vivieron siglos sin colapsar su ecosistema.

¿Qué hacemos hoy? Comparemos

♦ Civilizaciones antiguas:

  • Uso del agua: moderado y cíclico.
  • Infraestructura: adaptada al entorno.
  • Contaminación: casi inexistente.
  • Relación con el agua: sagrada/espiritual.
  • Durabilidad de sistemas: algunos siguen funcionando hoy.
  • Agricultura: rotación, policultivo, respeto a la tierra y su biodiversidad.

♦ Civilización actual:

  • Uso del agua: excesivo y lineal.
  • Infraestructura: invasiva, cara y contaminante.
  • Contaminación: masiva, industrial y continua.
  • Relación con el agua: técnica y comercial.
  • Durabilidad de sistemas: requieren mantenimiento constante.
  • Agricultura: monocultivos con agroquímicos y sobreexplotación de recursos.

La ecología como legado, no como moda

Como decíamos, estas culturas no hablaban de «sostenibilidad». La vivían. No necesitaban tratados climáticos ni cumbres de emergencia, porque sabían —de forma orgánica y colectiva— que si destruyes la fuente, no hay futuro que salvar.

Hoy, a pesar de nuestra tecnología, inteligencia artificial y satélites, hemos olvidado lo más básico:

El agua no se domina, se comprende.
La tierra no se explota, se honra.
El entorno no es recurso, es hogar.

Las civilizaciones antiguas, lejos de ser primitivas, fueron profundamente sofisticadas en su relación con el planeta. Y en ese espejo, vemos más que el pasado: vemos una guía hacia el futuro.

¿Y si el verdadero avance… es volver a recordar?

Quizás no necesitamos inventar tanto como creemos. Tal vez solo debamos escuchar lo que ya sabían los sabios del agua: que el conocimiento verdadero no destruye. Cultiva. Conecta. Cuida.

Margarita Arnal Moscardó
Escritora y novelista espiritual

♦ Relacionado:

invitadoespecial

Panorámica de las ruinas de Mesa Verde, en el parque nacional del mismo nombre, Colorado, EEUU.

Sabiduría del agua: lo que las primeras civilizaciones sabían (y nosotros hemos olvidado)

Cuando hablamos de civilización y tecnología, solemos pensar en el presente: satélites, inteligencia artificial, rascacielos de cristal, embalses colosales… y sin embargo, cada vez que excavamos el pasado, algo nos hace detenernos.

Una y otra vez, las primeras civilizaciones de la humanidad nos dan una lección de sabiduría que resulta más moderna y más urgente que muchos avances de hoy. Especialmente en algo esencial y sagrado: el agua.

¿Quiénes son los verdaderamente avanzados?

Panorámica de las ruinas de Mesa Verde, en el parque nacional del mismo nombre, Colorado, EEUU.Observamos las antiguas civilizaciones de Caral, Sumeria, Egipto, Harappa, los Olmecas, los Anasazi, los Celtas o los Minoicos y nos enfrentamos a un espejo incómodo pero revelador: fueron pueblos que vivieron en profunda armonía con la naturaleza, frente a una civilización moderna que ha hecho del desequilibrio su norma.

Estas culturas, a pesar de haber surgido en entornos climáticos difíciles (desiertos, selvas, montañas, islas volcánicas…), no impusieron su voluntad sobre la Tierra, sino que aprendieron a escucharla, leerla y fluir con ella.

  • Su gestión del agua no era extractiva, sino ritual y cooperativa: desde los canales sagrados de Caral hasta las cisternas de Dholavira o los pozos urbanos de Harappa, el agua era vista como fuente de vida y equilibrio, no como recurso ilimitado para explotar.
  • Su agricultura era regenerativa, local y sabia: sin monocultivos, sin pesticidas, sin devastación masiva del suelo. Cultivaban con la luna, rotaban los cultivos, respetaban el descanso de la tierra. La productividad no se medía en toneladas, sino en sostenibilidad multigeneracional.
  • Sus construcciones estaban integradas en el paisaje: ciudades de adobe que respiraban con el clima, terrazas que evitaban la erosión, palacios con ventilación natural, drenajes que imitaban el curso del agua. La arquitectura no se alzaba contra la naturaleza, sino que se tejía con ella.

En cambio, la civilización actual es tecnológicamente brillante pero espiritualmente desarraigada; ha olvidado esa danza antigua con el entorno. Nuestra relación con la naturaleza se ha vuelto instrumental, industrial y destructiva:

  • Construimos megaciudades que devoran suelo fértil.
  • Contaminamos ríos y construimos represas sin alma.
  • Industrializamos la agricultura hasta el punto de envenenar la tierra que nos da de comer.
  • Hemos sustituido el calendario solar por el de las bolsas de valores.

¿A qué precio? Todo esto se paga con crisis hídrica, colapso de suelos, pérdida de biodiversidad, enfermedades crónicas, ansiedad colectiva, cambio climático, etc.

Y, sin embargo, esas culturas del pasado —que llamamos «primitivas»— nos dejaron un mapa diferente. Un mapa basado en el equilibrio, la observación, la reverencia y la reciprocidad.

Ellos no hablaron de «desarrollo sostenible». Vivieron sosteniblemente. No necesitaban salvar el planeta, porque nunca lo pusieron en peligro.

El agua: de diosa a mercancía

Para las culturas ancestrales, el agua no era simplemente un recurso. Era vida, madre, deidad, ritmo del mundo.

Desde el Nilo en Egipto hasta los canales de la civilización Caral en Perú, pasando por los pozos de Harappa y los acueductos subterráneos de los Nazca, el agua se entendía como algo que se respeta, se honra y se distribuye con sabiduría.

En cambio, el mundo moderno ha convertido el agua en una mercancía: se compra, se desperdicia, se contamina y se sobreexplota. Hoy, el agua fluye al ritmo del dinero, no del ciclo natural.

¿Más antiguos o más avanzados?

Las culturas de la antigüedad desarrollaron sistemas hidráulicos tan ingeniosos y sostenibles que, muchas veces, superan en eficiencia ecológica a los de nuestra era.
A continuación, veamos algunos de los logros hidráulicos más sorprendentes de la historia antigua.

Egipcios (Egipto, ~3000 a.C.)

  • No represaban el Nilo. Lo seguían, lo escuchaban.
  • Usaban nilómetros para medir las crecidas y planificar cosechas.
  • Sus canales de irrigación respetaban el cauce natural del río.

La ingeniería iba de la mano del cosmos, no en contra de él.

Harappa y Dholavira (India, ~2600 a.C.)

  • Diseñaron ciudades enteras con sistemas de drenaje pluvial subterráneos.
  • Cada casa tenía su propio pozo de agua limpia.
  • Construyeron depósitos escalonados para recolectar agua de lluvia.

¿Moderno? Sí. ¿Contaminante? No. Más de 4000 años antes que los sistemas urbanos actuales.

Minoicos (Creta, ~2000 a.C.)

  • Tenían tuberías presurizadas de cerámica, baños con desagüe y agua corriente.
  • Colectaban agua de lluvia desde los techos hacia cisternas internas.

Su sistema de plomería era más higiénico y ecológico que el de muchas ciudades del siglo XXI.

Nazca (Perú, ~500 d.C.)

  • Crearon los puquios, acueductos en espiral que traían agua subterránea del desierto.
  • No necesitaban bombas ni motores. Solo gravedad, piedra, aire y precisión.

A día de hoy, varios puquios siguen funcionando. ¿Cuánto duran nuestras infraestructuras modernas sin mantenimiento?

Anasazi (EE.UU., ~1000 d.C.)

  • Vivían en el desierto y captaban agua de lluvia en cisternas.
  • Usaban diques de piedra y zanjas para evitar la erosión.
  • Practicaban agricultura de secano sin agotar el suelo.

Con técnicas que hoy llamamos «resiliencia hídrica», vivieron siglos sin colapsar su ecosistema.

¿Qué hacemos hoy? Comparemos

♦ Civilizaciones antiguas:

  • Uso del agua: moderado y cíclico.
  • Infraestructura: adaptada al entorno.
  • Contaminación: casi inexistente.
  • Relación con el agua: sagrada/espiritual.
  • Durabilidad de sistemas: algunos siguen funcionando hoy.
  • Agricultura: rotación, policultivo, respeto a la tierra y su biodiversidad.

♦ Civilización actual:

  • Uso del agua: excesivo y lineal.
  • Infraestructura: invasiva, cara y contaminante.
  • Contaminación: masiva, industrial y continua.
  • Relación con el agua: técnica y comercial.
  • Durabilidad de sistemas: requieren mantenimiento constante.
  • Agricultura: monocultivos con agroquímicos y sobreexplotación de recursos.

La ecología como legado, no como moda

Como decíamos, estas culturas no hablaban de «sostenibilidad». La vivían. No necesitaban tratados climáticos ni cumbres de emergencia, porque sabían —de forma orgánica y colectiva— que si destruyes la fuente, no hay futuro que salvar.

Hoy, a pesar de nuestra tecnología, inteligencia artificial y satélites, hemos olvidado lo más básico:

El agua no se domina, se comprende.
La tierra no se explota, se honra.
El entorno no es recurso, es hogar.

Las civilizaciones antiguas, lejos de ser primitivas, fueron profundamente sofisticadas en su relación con el planeta. Y en ese espejo, vemos más que el pasado: vemos una guía hacia el futuro.

¿Y si el verdadero avance… es volver a recordar?

Quizás no necesitamos inventar tanto como creemos. Tal vez solo debamos escuchar lo que ya sabían los sabios del agua: que el conocimiento verdadero no destruye. Cultiva. Conecta. Cuida.

Margarita Arnal Moscardó
Escritora y novelista espiritual

♦ Relacionado:

EXAMEN: ¿Es tu ciudad sostenible?

¿Qué podemos y debemos hacer los habitantes de las ciudades ante los problemas ambientales que nos amenazan? Estos problemas no son algo lejano, sino que nos afectan directamente. Por ejemplo, el cambio climático está aumentando, el nivel del mar sube más rápido de lo que se pensaba, la contaminación atmosférica nos enferma y nos mata… y entre todos, aunque no de igual manera, arrasamos ecosistemas que sabemos que son valiosos (con autopistas, canteras, minas, puertos, edificios…).

Te invitamos a poner nota a tu ciudad de cero a diez en cada uno de los diez puntos siguientes. Luego calcula la media sumando todos los puntos y dividiendo entre diez. Así podremos ver (más o menos) si tu ciudad es “sostenible”. ¡Empecemos!

¿Cómo serían las ciudades sostenibles?

  1. Ciudades con suficientes parques y árboles, que huyen de las talas y de las podas, que hacen la ciudad bonita y habitable respetando su biodiversidad. Golondrinas, murciélagos o cigüeñas, entre otros, deben ser siempre animales bienvenidos. Debe haber zonas verdes cerca de las viviendas, árboles en sus calles y parques ecológicos. Este tipo de parques priorizan las plantas autóctonas, evitan usar peligrosos fitosanitarios como el glifosato, abonan con compost, incluyen hoteles para bichos y zonas para flora salvaje, entre otras medidas. También deben fomentarse los jardines verticales, los huertos urbanos comunitarios, y las pequeñas parcelas para alquilar.
  1. Ciudades que generan energía renovable distribuida: Debe fomentarse la energía solar, tanto fotovoltaica como para agua caliente (de hecho, calentar agua con el sol es cinco veces más eficiente). Las cubiertas de los edificios son lugares ideales para las energías renovables, pero también para los techos verdes y para los huertos urbanos. También se está extendiendo la generación de electricidad introduciendo pequeñas turbinas en las conducciones de agua, donde sea posible (Portland genera así la electricidad gratis para unos 150 hogares). Las ciudades no deben ser solo consumidoras de energía. ¿Fomentan las administraciones locales todo esto? También podemos incluir en este punto que los ciudadanos, las empresas y las administraciones de la ciudad tengan su contrato en eléctricas que suministran energía renovable 100%.
  1. Ciudades bien diseñadas y cohesionadas: Los barrios deben tener todo lo que la gente necesita (trabajo, compras, ocio, colegios, ambulatorios…). Separar estas zonas nos obliga a usar más el transporte, con la consiguiente pérdida de tiempo y energía. Para evaluar este punto reflexiona con estas preguntas: ¿Puedes ir a los lugares de ocio y hacer la compra básica andando o en bicicleta? ¿Hay barrios en tu ciudad con población envejecida? ¿Hay barrios marginales? ¿Hay mucha desigualdad (diferencias entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres, entre distintas razas…)? ¿Hay gentrificación?Click para leer un interesante resumen de ese libro sobre el
  1. Ciudades con transporte sostenible y que facilitan la vida a los peatones y a los ciclistas:
    • Si la ciudad está bien diseñada, las zonas peatonales serán lugares agradables y los carriles bici serán útiles. Un ejemplo es Pontevedra, un paraíso sin coches, sin ruido y donde se oyen los pájaros.
    • Señalizar la distancia a pie entre sitios emblemáticos y facilitar el alquiler de bicicletas fomentan la sostenibilidad. Pensemos que usar la bicicleta en la ciudad es saludable y, por tanto, ayuda a reducir gastos sanitarios.
    • Facilitar el uso del transporte colectivo: No basta con que el transporte público esté bien diseñado en rutas, sino que para que sea práctico han de cumplirse ciertas condiciones, y la primera es limitar y encarecer el uso del coche privado. Otras condiciones para el transporte público son: ser razonablemente barato, tener la posibilidad de trasbordos gratuitos y de poder montar la bicicleta (aunque sea en el exterior de los autobuses o en vagones específicos).
    • Limitar el uso del coche privado: En Copenhague se usa mucho la bici porque es la forma más cómoda de llegar a todos los sitios y no porque los daneses quieran estar en forma o pasar frío. Está demostrado que cuando el coche no puede usarse para ir a cualquier lugar, la gente toma alternativas y se acostumbra a dejar el coche aparcado. Ya que el coche eléctrico está ganando la batalla, las ciudades también deben instalar electrolineras, pero sin perder el objetivo principal: diseñar la ciudad para bicicletas y peatones (y no para coches).
  1. Ciudades fomentando la economía circular, local y sostenible: No se trata solo de reciclar, sino de fomentar los envases reutilizables, de que los puntos limpios faciliten reutilizar lo que allí llega, así como de establecer mecanismos para que los productos locales, se queden en la región y no tengan que viajar lejos. También es muy necesario que la ciudad convierta en compost sus residuos biodegradables y que sea fácil deshacerse de cosas como el aceite usado o las pilas eléctricas (aunque lo único realmente ecológico es no usar pilas desechables).
  1. Ciudades limpias y sanas: Aquí distinguimos cuatro temas:
    • Limpieza: No se trata de limpiar mucho sino de que los ciudadanos entiendan que es mejor no ensuciar su ciudad. También hay que entender que las hojas de los árboles no son suciedad y que quitarlas con máquinas sopladoras contamina en exceso. Hay tipos de aceras que requieren más gasto en agua y detergentes (por ejemplo, el blanco es peor que el tradicional gris). ¿Hay colillas o plásticos por el suelo? ¿Se depuran bien las aguas residuales?
    • Contaminación: Aquí habría que estudiar si hay industrias contaminantes en la ciudad o demasiado cerca, así cómo si hay medidores públicos con distintos tipos de contaminantes ambientales.
    • Salud: La salud está muy vinculada al lugar donde vives: en nuestra salud influye más nuestro código postal que nuestro código genético. Así, algunas ciudades facilitan el ejercicio de muchas formas: creando lugares apropiados o con sesiones de gimnasia en grupo para todas las edades en sitios públicos. ¿Se fuma en la calle aunque llegue el humo a la gente cercana? ¿Hay excesivo ruido (tráfico, bares…)? ¿Tiene el agua de grifo calidad suficiente?
    • Comida: ¿Qué comida se sirve en los colegios?  ¿Hay restaurantes vegetarianos o veganos por los barrios? ¿Es fácil comprar alimentos ecológicos y de producción local? ¿Resulta más fácil comer una hamburguesa que un plato de legumbres? El Pacto de Milán unió a muchas ciudades con el objetivo de fomentar una alimentación sostenible: reducir el consumo de carne y el despilfarro de alimentos, aumentar los mercados y facilitar los productos frescos, etc.
  1. Ciudades que ahorran electricidad y recursos: Aquí podemos incluir cientos de temas e ideas, como por ejemplo:
    • Antes de poner un semáforo, hay que pensar si una rotonda es mejor (además de mucho más barata).
    • Antes de poner farolas, hay que pensar en cuántas poner, cómo ponerlas y cuándo encenderlas (no como hace Málaga, un ejemplo de contaminación lumínica y despilfarro).
    • Se ahorra dinero contratando la electricidad municipal con alguna empresa de electricidad 100% renovable, o incluso comprándola directamente en el mercado mayorista (el ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid ahorra 400.000 euros al año de esta forma).
    • Ofrecer agua potable usando fuentes públicas y que los restaurantes y comedores ofrezcan agua sin tener que pedirla (ambos son objetivos de la UE y ya es obligatorio, por ley, en muchas partes de España, como Andalucía, Navarra, Baleares…). También podemos incluir aquí si la ciudad tiene planes y conciencia para minimizar el consumo de agua.
    • ¿Hay lugares para reparar lo que se rompe, sea lo que sea (ropa, pequeños electrodomésticos…)? ¿Hay sitios para comprar o intercambiar cosas de segunda mano?
  1. Ciudades que respetan su herencia cultural y natural: ¿Crecen en tu ciudad los restaurantes de “comida rápida despilfarrando envases de un solo uso”? ¿Es fácil encontrar comida fresca y local? ¿Se respetan las playas, los ríos… en definitiva, los monumentos naturales y los artificiales? Por ejemplo, el río Manzanares en Madrid pasó de ser un río medio muerto a ser un río lleno de vida para peces, aves… En contraposición, aunque la desembocadura del Guadalhorce está protegida en Málaga, el ayuntamiento destroza Arraijanal, un reducto de costa natural que aún se mantiene sin cemento.
  1. Ciudades que usan el suelo eficientemente y que no crecen sin medida: No está justificado quitar espacio a la Naturaleza cuando la ciudad tiene muchos pisos vacíos o edificios en ruinas. Hay que evitar que las ciudades crezcan a lo ancho y se pudran por dentro. El ayuntamiento de Málaga, por ejemplo, ha sido acusado de querer despoblar el centro.
  1. Ciudades integradoras, amigas de los extranjeros y de los refugiados: Si nos pusiéramos en la piel del inmigrante y del refugiado, entenderíamos porqué vienen y de qué huyen. Por otra parte, una mala planificación puede generar también ciudades turísticas incómodas para sus habitantes, lo cual produce la llamada “turismofobia“. Las políticas municipales pueden hacer mucho para que la integración sea enriquecedora para todos.

Si tras calcular la nota media entre los puntos anteriores, la nota sale por debajo de 7, debes escribir a tu ayuntamiento mandando este artículo y demandando lo que consideres pertinente. Que lo sepan. También, por favor, pon un comentario con tu ciudad y la nota que ha obtenido.

Nuestra ciudad la hacemos los ciudadanos. No toda la responsabilidad la tienen los ayuntamientos y no olvidemos que ellos hacen lo que los ciudadanos les dejan hacer.

Más información:

🥩Comer carne genera problemas GRAVES.
🥩Muchas ciudades se han propuesto COMER MENOS CARNE.
🥩Se llama Pacto de Milán.
🥩Han firmado Málaga, Bilbao, Córdoba, Madrid, Oviedo, Pamplona, Valencia…
🥩ONCE cosas que puede hacer una ciudad para conseguirlohttps://t.co/Ow61EeuuP5 pic.twitter.com/UpWqVAfEub

— BlogSOStenible ツ (@blogsostenible) October 18, 2018

Fuegos artificiales, petardos… son placer para unos pocos y dolor para todos los demás

Perros, gatos y todos los animales sufren con la pirotecnia y los petardosLos fuegos artificiales y los petardos hacen daño directo a personas y animales. Molestan a casi todo el mundo con la excusa del disfrute de una minoría. Ya hay fuegos artificiales silenciosos que son los únicos que deberían usarse, pero incluso ese tipo tiene inconvenientes que vamos a enumerar.

Tirar petardos en las calles está prohibido en casi todos los municipios, pero se hace la vista gorda, especialmente en ocasiones festivas. Entendemos que puede ser divertido para el que los utiliza, pero hay fuertes argumentos para no hacerlo. En caso de “necesidad” se pueden habilitar lugares concretos, en horarios concretos.

Debemos concienciarnos de que el ruido afecta a nuestra salud y, por tanto, debemos ser más severos y restringir todo lo que genere ruido innecesario. Para ello, una de las mejores herramientas es la información y, con ese objetivo, aquí pretendemos informar de lo que ocurre detrás de cada explosión:

  1. La pirotecnia y los petardos divierte a una minoría y molesta a todos los demás, personas y animales.Los animales sufren. El ruido es atronador para multitud de animales, generándoles dolor y ciertas enfermedades. Además, muchas las mascotas se pierden al huir aturdidas y asustadas.
    • Los perros y los gatos sufren ansiedad, miedo descontrolado, taquicardias, infartos, daños en el oído y, en algunos casos, la muerte. También se han provocado muertes por atropellos al salir el perro corriendo desesperadamente.
    • A las aves de las ciudades tampoco les hace ninguna gracia: muchas mueren por paro cardíaco o al chocar con algo en su huida.
    • Similares molestias sufren otros animales, como caballos, animales de granja, o los pobres animales encerrados en los zoos.Los petardos, la música fuerte y el ruido nos molesta a todos, pero no por igual
  2. Molesta también a las personas. La pirotecnia afecta negativamente a todo el mundo, pero especialmente a los que ya padecen enfermedades auditivas, respiratorias o cardiovasculares.
    • La molestia es más evidente en bebés (durmiendo) y ancianos, por no hablar de enfermos, que intentan recuperarse en la tranquilidad de su casa o de un hospital.
    • La pirotecnia molesta especialmente a determinadas personas. Hay multitud de enfermedades y síndromes que padecen muchas personas y que las hace especialmente vulnerables ante ruidos fuertes. Por ejemplo, las personas con autismo, epilepsia, síndrome de Asperger o enfermedad de Alzheimer sufren muchísimo. También molesta mucho a las PAS (Personas Altamente Sensibles). La ligirofobia es, de hecho, el miedo a ruidos fuertes.
  3. Provoca heridas y muertes. El uso de material pirotécnico genera numerosas quemaduras, amputaciones, e incluso la muerte, entre las personas que manipulan estos artefactos o los que están cerca. Especialmente grave es cuando lo que explota son los almacenes de este material. Un solo petardo puede llegar a los 120dB (decibelios), y con eso los oídos pueden ser fácilmente dañados. La OMS recomienda no exponerse a más de 65dB y un petardo siempre supera esa cifra.
  4. Contaminación química y de partículas. No es solo contaminación acústica. La pirotécnica genera contaminación con distintos tipos de gases (CO2, NO, SO2 entre otros) y también contaminación por partículas, pues contamina el aire con las peligrosas PM2.5. Para conseguir distintos colores se añaden metales en la pólvora, los cuales son liberados con la explosión y pueden ser respirados hasta llegar a los pulmones. No olvides que los petardos afectan a los pulmones y al oído.
  5. Otros daños ambientales. Para calcular el impacto ambiental completo, hay que tener en cuenta la contaminación de la industria en su fabricación y en su transporte, y considerar que la contaminación química no desaparece en el aire, sino que acaba llegando a otros lugares, contaminando la tierra y el agua.

Viñeta de Paco Catalán contra la pirotecnia y los petardosSi lo piensas bien, solo unos pocos seres humanos disfrutan con el ruido. Son una minoría, incluso dentro de su especie. Por ello, hay propuestas para que se regule adecuadamente.

La feria de Sevilla de este año tendrá cuatro horas sin ruido, lo cual demuestra que la concienciación frente al ruido aumenta y es cosa de todos.

Sin duda alguna, todos podemos divertirnos sin molestar a los demás. Por tanto, aquellas formas de diversión que molesten, debemos abandonarlas urgentemente.

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Demasiadas farolas y mal colocadas: El caso de Málaga (despilfarro y contaminación lumínica)

Málaga: Demasiadas farolas encendidas de día en una calle de poco tránsito.
Málaga: Demasiadas farolas encendidas de día en una calle de poco tránsito.

Diseñar una ciudad no es tarea para políticos, aunque tengan buenas intenciones. Hay que contar con información técnica, especialmente cuando el sentido común es escaso. Ya hemos comentado el caso del diseño de los carriles bici en Málaga, un desastre que, aunque va mejorando con parches, consigue que muchos ciclistas prefieran no usar los carriles bici.

Otro tema, pendiente en muchas ciudades, es estudiar la iluminación urbana y la contaminación lumínica. Pensemos que una de cada tres personas del mundo no ha visto nunca la Vía Láctea por la contaminación lumínica (en EE.UU. son aún menos). En esto también, Málaga es paradigma de lo que no se debe hacer, incumpliendo todos los puntos que se enumeran a continuación (ver galería de fotos más abajo):

  1. Demasiada iluminación: Para ver si hay demasiada iluminación debemos aplicar la “regla del libro“, según la cual decimos que hay demasiada iluminación si de noche podemos leer un libro en la calle con comodidad. Es absurdo iluminar una ciudad para que pueda leerse un libro en todas sus calles a cualquier hora de la noche. Más que absurdo, es innecesario, caro y extremadamente contaminante. El problema se eleva hasta el éxtasis del despilfarro con motivo de la Navidad.
  2. Las farolas son sólo para la noche: Algo que es elemental, pero sin embargo muchas ciudades encienden y apagan mal las farolas. Málaga es un ejemplo extremo pues todo el año se ven farolas encendidas cuando ya ha amanecido y mucho antes de que anochezca.
  3. Las farolas no deben estar encendidas toda la noche: En zonas de poco tránsito no tiene sentido mantener todas las farolas encendidas toda la noche. Apagarlas (aunque fuera la mitad) de 1 a 6 de la madrugada ahorraría muchos megavatios-hora de energía, pero sobre todo ahorraría contaminación y gastos sanitarios.Ejemplos de luminarias urbanas buenas y malas para la contaminación lumínica
  4. Las farolas deben iluminar el suelo: La luz que se lanza al cielo no vuelve y nos impide ver las estrellas, además de ocasionar problemas de insomnio y graves efectos a la fauna. Esa es la contaminación lumínica. El tipo de farola es importante. Así, mientras hay modelos que permiten que la luz escape al cielo y que deberían estar prohibidos, también hay otros tipos de farolas que dirigen bien la luz al suelo, utilizan sólo energía solar o incorporan bombillas LED (que dicen que consumen menos de la mitad que las de sodio, aunque hay que tener en cuenta otras consideraciones).
  5. Poner farolas más altas que los árboles no ilumina el suelo: Puede parecer elemental pero muchos “diseñadores urbanos” no piensan que las farolas deben estar por debajo de los árboles. Gastamos demasiado dinero en iluminar las copas de los árboles (no se pierdan las fotos más abajo).
  6. Las farolas no deben estorbar: Tanto si vas caminando, en silla de ruedas, con un carro de bebé o con el carrito de la compra, una farola no debería estorbar. Si estorba, el fallo es de la persona que decidió colocarla ahí. Observe que las farolas nunca entorpecen el tránsito de coches (los reyes de la ciudad), pero sí estorban en aceras y carriles bici.
  7. ¿De verdad hay que iluminar tanto las circunvalaciones de las ciudades? En las autoescuelas se enseña que los conductores deben adecuar su velocidad a las condiciones existentes (tipo de vía, estado de la calzada, iluminación…). Pagamos demasiado dinero para que los coches puedan correr más de noche.

Luciérnagas, en peligro de extinción por la contaminación lumínicaLa contaminación lumínica es algo poco reconocido por los ayuntamientos, pero generan muchos gastos e inconvenientes. Por ejemplo, las luciérnagas están desapareciendo por la urbanización excesiva.

Algunos cambios hacia lo que necesitamos no dependen de los políticos, sino de la sociedad. Los políticos que emanan de esta sociedad están tan faltos de conciencia como la sociedad que les permite gobernar. Así pues, tenemos que hacer una autocrítica como sociedad, pero también debemos exigir que los políticos se tomen la molestia de intentar hacer las cosas bien, y no hacerlas sin pensar, cosa que queda clara en las siguientes fotos sobre iluminación urbana en Málaga… ¿En tu ciudad se hace mejor? (Déjanos un comentario).

Málaga: Demasiadas farolas encendidas de día en una calle de poco tránsito.
Málaga: Demasiadas farolas encendidas de día en una calle de poco tránsito.
Málaga: Este es el peor tipo de farola, pues la iluminación escapa al cielo más que al suelo.
Málaga: Este es el peor tipo de farola, pues la iluminación escapa al cielo más que al suelo.
Málaga: Una farola por encima de los árboles ilumina sus copas y no el suelo. Una forma clara de perder dinero.
Málaga: Una farola por encima de los árboles ilumina sus copas y no el suelo. Una forma clara de perder dinero.
Málaga: El carril bici es desviado por una farola que podría haberse puesto en otro lugar.
Málaga: El carril bici es desviado por una farola que podría haberse puesto en otro lugar.
Málaga: Despilfarro por iluminación excesiva, con cuatro filas de farolas en una calle de dos carriles y de poco tránsito.
Málaga: Despilfarro por iluminación excesiva, con cuatro filas de farolas en una calle de dos carriles y de poco tránsito.
Málaga: Las farolas iluminando la copa de los árboles son habituales.
Málaga: Las farolas iluminando la copa de los árboles son habituales.
Málaga: Otro tipo de farola poco eficiente (que genera gran contaminación lumínica y gasto energético).
Málaga: Otro tipo de farola poco eficiente (que genera gran contaminación lumínica y gasto energético).
Málaga: Farolas mal situadas y señales de tráfico que estorban el tránsito de peatones (al menos la señal podría ponerse sobre la farola para ahorrar costes y estorbos).
Málaga: Farolas mal situadas y señales de tráfico que estorban el tránsito de peatones (al menos la señal podría ponerse sobre la farola para ahorrar costes y estorbos).
Málaga: La luz de las farolas ilumina las copas de los árboles y no a los peatones.
Málaga: La luz de las farolas ilumina las copas de los árboles y no a los peatones.
Málaga: Cuatro filas de farolas encendidas de día (un ejemplo de despilfarro).
Málaga: Cuatro filas de farolas encendidas de día (un ejemplo de despilfarro).
Málaga: Si amplias la foto se aprecia la excesiva iluminación en zonas poco pobladas y en horario diurno.
Málaga: Si amplias la foto se aprecia la excesiva iluminación en zonas poco pobladas y en horario diurno.
Málaga: Otro ejemplo más de farola situada sobre los árboles, cuando lo que se quiere iluminar está debajo de ellos.
Málaga: Otro ejemplo más de farola situada sobre los árboles, cuando lo que se quiere iluminar está debajo de ellos.

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ONDA NEGRA-PROGRAMA 43

21 Enero 2026 at 20:07

📢📢Desde ONDA NEGRA, el programa de CGT Aragón-La Rioja, una hora cargada de información laboral y sindical, social, feminismo y cultura💪🏽 👉🏽El programa nº 43 se emitirá los días 21 y 28 de enero y el 4 de febrero de 2026. CONTENIDO: ➡️ Huelga educativa convocada por CGT ENSEÑANZA los días 20, 21 y 22 […]

La entrada ONDA NEGRA-PROGRAMA 43 se publicó primero en Radio Topo.

Club de lectura FEMUBA: “John Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía”

19 Enero 2026 at 00:00

 

“John Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía”

Lunes 19 de enero, 19:00 h

Popular Libros

 


Club de lectura FEMUBAJohn Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía.

XI edición del Festival de Música Barroca de Albacete (FEMUBA). Coordinado por: Andrés Alberto Gómez.

Dentro de las actividades organizadas por FEMUBA - XI edición del Festival de Música Barroca de Albacete para conmemorar el 400 aniversario de John Dowland, os invitan a participar en este encuentro literario. Analizarán la obra: John Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía, de Alberto Álvarez Calero publicado por la editorial Fórcola.

 

Danza: "El triunfo del tiempo y del desengaño"

18 Enero 2026 at 09:36

 

El triunfo del tiempo y del desengaño – FEMUBA 2026

Domingo 18 de enero, 12:30 h – 13:30 h

Plaza de la Constitución, Albacete

 


La coreógrafa y directora albaceteña Cecilia Jiménez, junto a su compañía local el Taller Coreográfico, pone en escena mediante el lenguaje de la danza barroca y contemporánea, pasajes de la obra “El triunfo del tiempo y del desengaño”, del compositor Georg Friedrich Händel. Una pieza con gran dinamismo visual y concebida como espectáculo de calle, ofreciendo un punto de vista actualizado sobre las modificaciones que ejerce el tiempo en los elementos. Una pugna entre diversos personajes alegóricos: la Belleza, el Placer, el Desengaño, el Tiempo y la Verdad.

 

Presentación del libro "Nada es eterno salvo la Carrà"

15 Enero 2026 at 10:19

 

Presentación de libro sobre Rafaela Carrá

Jueves 15 de enero, 19:00 h

Popular Libros

 

 

Pedro Ángel Sánchez presenta Nada es eterno salvo la Carrá + Las chicas de Oro.

El autor conversará con Falso Amor.

Nada es eterno salvo la Carrà. Mucho más que una biografía sobre la icónica melena rubia de Italia. Pedro Ángel Sánchez pone en valor el significado de Raffaella Carrà como artista y desvela quién fue en realidad tanto dentro como fuera de los escenarios. Un recorrido por sus éxitos, sus desilusiones y esa vitalidad desbordante que la convirtió en un símbolo de libertad para cinco generaciones.

Las Chicas de Oro. Un homenaje a la sitcom que, cuarenta años después, sigue siendo un referente de la televisión. El autor nos propone un viaje por el legado de Blanche, Dorothy, Rose y Sophia: cuatro mujeres que desafiaron estereotipos hablando de sexo, feminismo y amistad en pleno prime time. El libro incluye anécdotas del casting, las tensiones entre las actrices y los secretos de una serie que nos enseñó que las amigas son la familia elegida.

Sobre el autor: Pedro Ángel Sánchez es un reconocido crítico musical y locutor con más de veinte años de trayectoria en medios como Kiss FM, Dial o Los 40 Principales. Desde 2018 presenta La Tarde Suena Bien en la Radio de Castilla-La Mancha, labor que compagina con su faceta de escritor.

 

¿Cuánto cuesta tener principios?

Chiste de El Roto.Es más fácil ser negacionista —o relativista— que actuar con responsabilidad medioambiental. Ahora, la moda es apoyar medidas ecologistas, pero de forma superficial, sobre el papel, con acciones tipo greenwashing: coche eléctrico, reciclaje, una supuesta economía circular o con bonitos lemas verdes. Por ejemplo, hoy todos apoyan las renovables (no se entendería no hacerlo), pero algunos siguen defendiendo la nuclear con argumentos falaces (como que evitaría el omnipresente riesgo de apagones).

Dejémoslo claro con un caso histórico. No generó turbación ni malestar general que el presidente de un gobierno defendiera el consumo de carne diciendo que un chuletón al punto es «imbatible». Lo que sí levantó la controversia fue visibilizar el enorme problema que tenemos por conseguir carne en el modo y la cantidad que lo hacemos (a nivel global, pero también a nivel europeo o español). Y no importa que sea de ganadería extensiva. Si te atreves a decir que la carne y el pescado deberían ser más caros, te machacarán si eres importante y te ningunearán si no lo eres.

¿Tiene algo que decir la ciencia en este tipo de debates? Por supuesto que sí. Ya lo ha hecho y su conclusión es muy clara en multitud de estudios, como el de Ripple et al., el de Kozicka et al., el de Pieper et al., el de Berkhout et al., el de Wynes et al. o el manifiesto firmado por más de 15.000 científicos. Pero, ¿de qué sirve realizar estos estudios —casi siempre financiados con dinero público— si no se atienden sus conclusiones?

La sociedad prefiere seguir danzando al ritmo de la música en la cubierta del Titanic. ¿Ignorancia? ¿Comodidad? ¿Egoísmo? ¿Confianza en el más allá, en dioses, en políticos, en el tecnooptimismo…? ¿Tal vez un poco de todo?

Si cumplir con tus principios no te cuesta dinero, ni críticas ni tu comodidad —las tres cosas—, es que son principios muy flojos.

Ser coherente con tus valores necesita, para empezar, un poco de sosiego y reflexión crítica para establecer tales principios con cierta consistencia y no porque lo dice «mi cuñao» o el «líder político de mi partido» (aunque ambos sepamos que son volubles y chaqueteros). Por otra parte, podemos asegurar que todo el mundo tiene principios éticos, más o menos fundamentados, procedentes de sus vivencias y de su formación (religiosa, cultural, mediática, política, etc.). Y a pesar de todo, sostener esos principios ha de ser costoso.

Principios para mitigar el colapso

El colapso es inevitable porque la alta dependencia de la tecnología requiere de muchos materiales y energía (y las alternativas no pueden sostener la complejidad actual). Las ciudades son aún más vulnerables por su dependencia de todo tipo de recursos externos. «No hay tiempo para una transición ordenada que pueda esquivar el colapso» (cfr. Fernández et al.). La transición energética requiere décadas y, encima, no se dan las condiciones políticas ni culturales. Algunas razones para esto son: el consumismo, el individualismo, el antropocentrismo, la irracionalidad humana o la comodidad en sí misma.

Este colapso, aunque sea inevitable, puede desacelerarse. Los científicos alegan que lo peor puede evitarse con medidas tan bien conocidas y aplicables como poco empleadas.

Defender los derechos sociales (vivienda, respirar aire limpio, derecho a migrar, etc.), señalar los desmanes de los mega ricos y sus paraísos fiscales, o denunciar la desigualdad imperante no es suficiente. En la era de las redes sociales, creíamos que la libertad de expresión sería mayor. En cambio, de nuevo, los intereses económicos han vuelto a ganar la partida, maximizando su libertad de expresión (léase de manipulación). Polarizan a la sociedad para que tengamos miedos que maximicen sus ganancias (en dinero o en votos). Demasiadas veces ha pasado ya en la historia.

Para algunos, la empatía hacia el pobre, hacia el necesitado, está bien para una foto, pero no para una película de larga duración y menos, subvencionada con dinero público recortando gastos en defensa.

♦ Propuestas inquietantes:

Listas sobre varios temas ambientales

¿Quién no ha escrito una lista alguna vez? De tareas pendientes, de la compra, para estudiar un examen… Las listas facilitan no olvidarnos de cosas importantes, aunque ser exhaustivos sea, con frecuencia, imposible.

A veces, nuestros artículos incluyen un elenco de hechos —numerados o no— con el que pretendemos dar una visión lo más completa posible del tema a tratar. Aquí os dejamos una lista con algunas de nuestras listas. Queda para ti decidir si sobran o faltan datos. ¡Vamos!

  1. Listas sobre la crisis ambiental y climática:
  2. Incendios de residuos. Nuestra sociedad no ha entendido que reciclar es tan caro que, como norma, a ninguna empresa le sale rentable reciclar de forma limpia. Reducir (la generación de residuos) es algo extremadamente antisistema y, por supuesto, reutilizar (envases, por ejemplo) es caro y trabajoso. ¿Que nos queda? Reciclar NO. Porque reciclar no es rentable. Ecoembes lo sabe muy bien y por eso miente más que recicla. Lo que la industria ha elegido es simular que se recicla, mientras el material para reciclar acaba en el mar, en los ríos o quemados en los cientos de incendios que hay por todo el planeta. En España, el ambientalista Fernando Follos registra los incendios de residuos de todo tipo, desde basureros ilegales hasta centros de reciclaje autorizados. Por nuestra parte, tenemos dos listas distintas de incendios españoles. Los datos asustan, porque demuestran el tamaño de la estafa cuando se habla de «reciclaje». Estas dos listas son:
  3. Barbaridades ambientales del Partido Popular (PP). Este partido político se caracteriza en España por estar en contra de casi todas las medidas ambientales y apoyar sistemáticamente aquello que dañe la naturaleza. Si uno lee un titular de prensa puede pensar —erróneamente— que se trata de algo puntual. Esta lista incorpora noticias desde hace años (antes y después de Rajoy) y todas apuntan a una conclusión evidente: el PP es un partido peligroso para el medioambiente y, por tanto, peligroso para la salud y la vida de toda la biosfera, humanos incluidos.
  4. Turismo. Sobre este asunto hemos elaborado estas curiosas listas:
  5. Sobre la caza y la pesca.
  6. Ciudad sostenible:
  7. Energía. Un tema crucial del que recomendamos estas listas:
  8. Alimentación, agroecología y macrogranjas.
  9. Ideas que funcionan para resolver el problema ambiental:
  10. Movilidad sostenible.
  11. GreenWashing.
  12. Respeto animal y su repercusión ambiental.
  13. Biodiversidad y naturaleza.
  14. Nuestras listas de buenas noticias. Al final del primer y segundo semestre de cada año publicamos sendas listas de buenas noticias para los animales y para el medioambiente. Esto sirve para corroborar que, aunque vamos mal, hay formas de hacer las cosas bien; y la conciencia ecoanimalista va calando en la sociedad (sin duda, más lento de lo necesario).
  15. Libros.
    • Lista con libros sintetizados de tematica variada: ecoanimalismo, pedagogía, filosofía, ética, economía, globalización, psicología, espiritualidad…
    • Nuestros libros publicados, para los que las ganancias que el autor obtenga serán dedicadas a organizaciones y proyectos ecoanimalistas.
  16. Mis citas preferidas de grandes personajes. Esta colección de frases célebres te hará pensar, reír… y asentir.

Tener una lista de ideas clave sobre un tema particular nos permite tomar perspectiva, ver el asunto con más contexto y, en definitiva, entender mejor la cuestión. Creemos que estas listas dan una visión bastante amplia de cada asunto y, en conjunto, de algunos de los principales problemas ecoanimalistas actuales. Te agradeceremos que nos lo hagas saber si crees que sobra o falta algún punto en alguna de las listas anteriores, o bien, si te gustaría una nueva lista sobre algún tema particular. Gracias.

♥ Otras cosas útiles:

Libro Megamenazas, de Nouriel Roubini (resumen)

Roubini es uno de los analistas económicos más influyentes y certeros del mundo. En 2006, fue apodado “Doctor Fatalidad” por su vaticinio de la crisis financiera. Dos años más tarde, se vio que estaba en lo cierto.

En este libro (Deusto, 2023), Roubini expone diez amenazas terribles que se ciernen sobre nosotros, a nivel global. Se trata de amenazas graves, económicas, financieras, geopolíticas, tecnológicas, sanitarias y medioambientales. Según él, «unas políticas adecuadas podrían evitar parcial o totalmente una o varias de ellas, pero en conjunto, la desgracia parece prácticamente asegurada [porque] las soluciones más plausibles son complejas y costosas y están cargadas de fricciones políticas y geopolíticas». Es decir, que aunque no sea lo más acertado, lo más cómodo a corto plazo es no hacer nada decisivo.

Esas amenazas podrían provocar grandes daños y miseria; y no se pueden resolver de forma rápida ni fácil. Además, todas ellas están relacionadas entre sí.

Para este analista, «nos enfrentamos a un cambio de régimen, pasando de una época de relativa estabilidad a una de grave inestabilidad, conflicto y caos». Si se cumplen sus predicciones, no solo perderemos un planeta sano y sostenible, sino también la batalla ante enfermedades infecciosas y, posiblemente, también la paz entre las grandes potencias. Para resolver esto, el autor mantiene que necesitamos tres factores: suerte, crecimiento económico y cooperación mundial. Desde Blogsostenible, no estamos de acuerdo en el segundo aspecto, porque el crecimiento económico siempre se hace a costa de degradar el planeta. Por tanto, cambiamos ese «crecimiento económico» por austeridad y solidaridad (decrecimiento).

Aunque parten de puntos de vista distintos, las conclusiones se parecen a las que llegan R. Fernández y L. González en su compendio En la espiral de la energía, por ejemplo en su rechazo a posibles soluciones que hoy no existen y que probablemente nunca lleguen a existir: tecno-optimismo o hipotéticas soluciones económicas.

La madre de todas las crisis de deuda

Desde hace bastantes años, nosotros y otras fuentes muy solventes, nos esforzamos por advertir que se está cociendo una crisis económica brutal. Nosotros le pusimos el nombre de la GRAN CRISIS (todo en mayúsculas). Resulta inquietante que este analista también lo augure poniendo una fecha aproximada: en esta década, o en la próxima. Roubini dice: «Si tenemos que dar con un nombre para la crisis que se avecina, llamémosla la gran crisis de deuda estanflacionaria».

La economía vive hinchando y explotando burbujas, alternando momentos de bonanza y de crisis, pero lo que está por venir podría ser de tal calado que será mucho peor que todas las crisis anteriores. El autor dice que «el mundo entero se parece cada vez más a Argentina» (que se endeuda una y otra vez y no es capaz de afrontar sus obligaciones). La deuda pública de los gobiernos y la privada sube a un ritmo muy alarmante. A finales del 2021, la deuda mundial sobrepasaba el 350% del PIB mundial (420% para algunas economías avanzadas; 330% para China). Ese nivel de endeudamiento es una locura para cualquier economía. Cuando una familia supera su nivel de deuda vienen problemas graves (desahucios, embargos, etc.). Sin embargo, los estados no paran de endeudarse más y más, hasta límites sencillamente insostenibles (y por tanto, son deudas imposibles de pagar).

Roubini no está en contra de endeudarse, y además, tiene claro que ante problemas de deuda no solo es culpable el deudor, sino que los prestamistas son cómplices (por correr en busca de rápidos beneficios, sin analizar bien el riesgo). Si inviertes pensando solo en ganar mucho, puede que pierdas todo. Un ejemplo —que cita el autor— es la inversión en criptomonedas y otros activos sin valor intrínseco, para los que se crean burbujas en las que solo muy pocos pueden ganar mucho, mientras que son muchos los que pierden. No olvidemos que «las burbujas siempre preceden a las quiebras y caídas, pero esta vez la escala supera con creces a todas las precursoras» (ahora hay más deuda que nunca).

Cuando un gobierno no puede devolver sus deudas (ni puede endeudarse más porque nadie se fía), viene la recesión. Por lo pronto, EE.UU. ha aumentado su techo de deuda para esquivar la crisis. Esto simplemente retrasa y aumenta la crisis. Por otra parte, los mercados emergentes fuertemente endeudados pueden sufrir «consecuencias demoledoras»; de tal forma que «en lugar de exportar bienes o materias primas (…) exportarán ciudadanos» (como ya se está viendo).

Ante problemas de impago de deudas, hay instituciones internacionales (FMI o Banco Mundial, por ejemplo) que pueden ayudar a camuflar los errores o la mala suerte (a cambio de ciertas medidas más o menos discutibles). Sin embargo, «cada vez es más difícil encontrar una ayuda sólida» y, además, hay riesgo de empeorar los problemas. Una alternativa que suele elegirse es el rescate a empresas (por ejemplo: España prestó dinero a los bancos en la crisis de 2008, pero ya se ha anunciado que no van a devolverlo). Roubini aclara: «la socialización de deuda privada insostenible suele conducir a deuda pública insostenible».

Resumiendo el caso de Estados Unidos, afirma que cuando mandan los republicanos (ultra derecha), recortan los impuestos, fingiendo que equiparan el dinero perdido a sus recortes en el gasto (para ayuda social), «y por lo general fracasan». Por su parte, los demócratas (derecha moderada) costean programas sociales sin aumentar los impuestos lo suficiente para sufragarlos. Conclusión: la deuda sube con ambos partidos.

No solo crece la deuda pública. La deuda privada también está aumentando a un ritmo exagerado, para viviendas, educación, ropa… A nivel particular lo más inteligente es reducir la deuda lo más rápido posible, aunque sea a costa de una austeridad inteligente. Esa es la receta de la escuela austríaca. Sin embargo, cuando se trata de gobiernos, las normas no son las mismas que para particulares, porque los Estados tienen otros mecanismos (emitir bonos, fabricar más dinero, estimular la demanda…). Por eso, los keynesianos tienen otro sistema para evitar la crisis: inyectar efectivo como sea. Es decir, «gastar más para resolver los problemas de deuda» (i.e. aumentar la deuda pública). Si se consigue mantener el crecimiento económico, la cosa puede funcionar, pero dado que el crecimiento no puede ser infinito, es predecible que «algún tipo de acontecimiento acabará por pinchar la burbuja de la deuda mundial». Y estamos «al borde del precipicio».

Otra solución es el impago de la deuda, con sus consecuencias (contracción del crédito, quiebra de empresas, desempleo, hogares que pierden sus ingresos y sus casas, inflación, estanflación…). Roubini apunta a que esto será lo que ocurrirá y avisa: «va a ser desagradable».

¿Habrá dinero para sanidad y pensiones?

Esta es otra megamenaza para Roubini. Algunos proponen retrasar la edad de jubilación, lo cual puede traer inestabilidad social (como ha ocurrido en Francia, por ejemplo). El envejecimiento de la población reduce la oferta de trabajadores y aumenta los gastos en jubilaciones y sanidad, pero hay que estudiar otros factores (como una menor delincuencia, por ejemplo).

Ante este problema, algunos políticos proponen erróneamente fomentar la natalidad. Es un error, porque agrava el problema para el futuro. El crecimiento demográfico no puede mantenerse indefinidamente, por lo que el problema del envejecimiento tendrá que ser afrontado tarde o temprano. Si es tarde, la humanidad tendrá que solucionarlo en un mundo más desgastado, con mayor cantidad de ancianos y donde los problemas actuales sean aún más acuciantes.

La falta de trabajadores se resuelve con dos medidas importantes: aumentar la libertad de circulación de personas (inmigración) y reducir la jornada laboral. Roubini también propone aumentar los impuestos a los multimillonarios, aunque esto puede tener el efecto contraproducente de que huyan a paraísos fiscales. Una ventaja importante de la inmigración es que los inmigrantes envían dinero a sus países de origen, lo que contribuye a estabilizar economías en países empobrecidos. Según el economista Dani Rodrik, una inmigración más libre es mejor para el PIB mundial que la liberalización del comercio y de los movimientos de capital. Por supuesto, no todo es positivo, ya que la inmigración podría implicar reducción de salarios.

Y a ese problema, se suma la pérdida de empleos por la creciente robotización. Dos soluciones ineludibles para afrontar esto son la ya mencionada reducción de la jornada laboral y, por supuesto, hacer que los robots y computadores paguen impuestos como cualquier otro trabajador.

Abaratar los préstamos es una alternativa cortoplacista, porque ello fomenta la afición al riesgo de pedir más y más dinero prestado. Demasiadas familias, empresas y gobiernos han caído y están cayendo en ese error. Por ejemplo, se generan burbujas inmobiliarias, las cuales aumentan el número de endeudados y también el número de desahuciados, además de graves destrozos ambientales. Desde la política, se puede intervenir para evitar recesiones. Inyectar dinero en el sistema y aumentar el gasto público no siempre funciona bien, porque acaba subiendo la inflación y la deuda pública. Roubini propone ser keynesiano al principio de una crisis, cuando hay falta de liquidez (i.e. facilitar el acceso al dinero), pero más adelante adoptar posturas en la línea de la escuela austríaca (austeridad y reducción de deuda).

Lo que Roubini viene a decirnos es que aunque hay shocks imprevisibles, podemos prepararnos para cuando vengan, aunque no sepamos cuándo. «Los cracs se producen porque en los buenos tiempos no somos inteligentes ni prudentes. No fomentamos lo bastante el ahorro en los sectores privado y público. Dejamos que el crédito y el endeudamiento se salgan fuera de control».

En la actual situación, el riesgo es de estanflación (estancamiento con inflación), la unión de desempleo, recesión e inflación. El economista Arthur Okun inventó el índice de miseria: una simple suma de la tasa porcentual de inflación con la tasa porcentual de desempleo. Cuanto mayor es este índice, peor es la situación.

Y todo esto en un clima en el que algunos proponen gastar más (aún) en defensa (y para esas personas la guerra en Ucrania y las locuras de Putin son la excusa ideal).

Emergencia climática desatendida y criptomonedas

Roubini nos advierte que el cambio climático es una fuerza que no pueden ignorar los bancos centrales y que empujará hacia la estanflación, al menos de cuatro formas:

  1. Sequías que expandirán los desiertos (en África, suroeste de EEUU., sur de Europa…).
  2. Aumento insuficiente en energías renovables, lo cual aumenta el precio de la energía.
  3. Catástrofes naturales que, evidentemente, frenan la industria.
  4. Nuevas pandemias globales, provocadas por la destrucción de ecosistemas o por el derretimiento del permafrost, que podría liberar virus congelados.

También apunta a otros factores como la militarización del dólar, los cada vez más frecuentes ciberataques y la desigualdad. Reconoce que la innovación tecnológica podría influir positivamente (tecno-optimismo), pero también negativamente, pues «la inteligencia artificial, la automatización y la robótica no son un bien en estado puro» (podrían alterar profesiones e industrias enteras, aumentando la desigualdad).

El libro afirma que la desigualdad es un grave problema que la inflación inevitablemente empeora. En Blogsostenible advertimos hace tiempo de este problema y dimos siete soluciones. Roubini resalta la necesidad de controlar especialmente a los que suelen quedarse atrás en una recesión: mujeres, minorías y pobres. Y advierte: «No cometas el error de pensar que la desigualdad de la riqueza solo perjudica a los que están en los peldaños más bajos». «La desigualdad es uno de los retos más terribles de nuestro tiempo».

Para este economista, las criptomonedas (que prefiere llamarlas shitcoins, del inglés shit, mierda) son también amenazas a la estabilidad financiera. Algunos motivos son su escasa estabilidad o su limitada escalabilidad. Además, en un mundo donde hay que reducir el consumo de energía, el sistema blockchain la dispara. Por si fuera poco, las criptomonedas se usan para ocultar ingresos a defraudadores y delincuentes de diversa índole (terroristas, traficantes…). Los incautos que invierten en esas monedas etéreas podrían estar colaborando con la delincuencia internacional y perder su dinero de un día para otro por invertir en «enormes riesgos», que en gran parte son «manipuladores esquemas Ponzi» (estafas piramidales).

«La desglobalización es una megamenaza»

Para Roubini, la globalización tiene más ventajas que inconvenientes. En el libro enumera tanto unas como otras, pero se olvida de los daños ambientales (por ejemplo, del transporte) y del enorme riesgo de depender del comercio internacional. Lo hemos visto con la COVID-19 y con un pequeño fallo en el canal de Suez.

Portada del libro La Doctrina del Shock de Naomi Klein: Lee un resumen de este y otros libros suyos aquí.
La Doctrina del Shock: Lee un resumen de este libro, también de Naomi Klein.

Efectivamente, la globalización traslada la producción a donde los salarios son más bajos. Con eso —simplifica— «cambiamos buenos puestos de trabajo con buenos salarios por importaciones baratas», y concluye que el proteccionismo —imponer barreras al comercio con aranceles— acaba aumentando los precios de los productos importados. Roubini olvida contabilizar las ventajas de una menor contaminación global. Naomi Klein advirtió claramente en uno de sus libros contra los peligros del excesivo libre mercado y, en otro, contra los peligros que el capitalismo ejerce sobre la naturaleza.

Es cierto que algunos partidos de ultraderecha usan la globalización como medio para justificar el racismo porque, supuestamente, los inmigrantes roban empleos a los nativos, o gastan recursos de sanidad. Según Roubini, la realidad es que «la contribución económica de los inmigrantes supera con creces cualquier carga para las finanzas públicas». No parece justo que, mientras el dinero fluye libremente, las personas pobres sufran toda clase de barreras.

Por otra parte, se reconoce que las multinacionales pueden abusar de los trabajadores en los países pobres, además de extraer recursos naturales «sin pensar en el impacto a largo plazo» (y no dice, ni una palabra, del impacto ambiental ni de la falta de derechos humanos en ciertos países, como China). Además de eso, la guerra de Ucrania nos ha mostrado los peligros de la dependencia energética excesiva de países como Rusia, y por eso Roubini habla de una globalización friendshoring, centrada en el comercio y la inversión entre amigos y aliados.

El autor se queja de las protecciones que dificultan la globalización, tales como las normas ambientales y las reivindicaciones de privacidad (por ejemplo, por parte de Europa al imponer controles y frenar el flujo de datos de poderosas empresas tecnológicas de Estados Unidos). Alega que Europa l0 hace para aumentar sus ventajas tecnológicas, cuando lo más probable es que solo se pretenda proteger el derecho a la privacidad de los europeos. De hecho, EE.UU. también impone controles de privacidad a empresas extranjeras (particularmente las de China). «Los datos son el nuevo petróleo», afirma este economista.

Roubini es un ejemplo de un economista educado en las ventajas del libre mercado y desinformado respecto a la importancia de la naturaleza y a cuánto la economía depende de la ecología (Georgescu-Roegen ya nos advirtió sobre ello). No obstante, intenta hacer un análisis completo de las ventajas e inconvenientes del libre mercado y reconoce que, a pesar de estar a favor del mismo, no garantiza un mundo equitativo en el que todos estén mejor. Para que unos tengan precios baratos, otros tienen que perder sus empleos. El autor no dedica aquí ni una palabra a comentar los males que genera el consumismo (por ejemplo, los datos ambientales), y se dedica a resaltar las bondades del «aumento neto de la producción global», dejando claro que su objetivo es crecer (en un mundo que necesita justo lo contrario: decrecer).

Ante el aumento de la pobreza y la desigualdad, Roubini sostiene que «la globalización redistribuye la riqueza» (aunque no sea de forma justa ni equitativa), y propone «políticas más generosas para las personas que sufren (…) para que todos estén mejor con un comercio más libre». Para él, la tecnología ha hecho desaparecer más empleos que la globalización y no se trata de copiar a los luditas ingleses que a principios del XIX destrozaban los telares mecanizados para conservar sus empleos. Es cierto que los robots y los ordenadores están eliminando puestos de trabajo de forma masiva, a la vez que mejoran nuestra calidad de vida. Nuestra sociedad debe buscar formas urgentes de resolver el problema de alimentar y satisfacer a millones de desempleados. El economista Richard Baldwin predijo una «convulsión globótica» (de globalización y robótica) que acabará en un enfrentamiento entre los humanos y las máquinas que los sustituyen. Como hemos dicho, nosotros proponemos implantar impuestos a los robots y a los ordenadores que desplacen el trabajo humano, así como reducir la jornada laboral (trabajar menos para repartir mejor el empleo donde sea posible). Se puede hacer manteniendo el salario o bajándolo ligeramente, de forma no proporcional (a cuenta de los impuestos a la mecanización). Incluso una microrreducción de la jornada sería algo positivo. Además, proponemos otras medidas variadas para atajar este grave problema.

El teletrabajo está haciendo que muchos empleados puedan vivir en países que les permiten bajar sus honorarios (contables, agentes de seguros, abogados, programadores…). Aunque Roubini critica la desglobalización y olvida tratar ciertos problemas, debe conocer sus amenazas ya que lo que finalmente propone es una globalización lenta.

La Inteligencia Artificial es otra megamenaza

«No importa cuál sea tu trabajo, la IA podría acabar haciéndolo mejor». Roubini nos pinta un futuro distópico donde las máquinas podrían desplazar a los humanos y generar nuevos problemas (como en relatos de ficción como Prefiero que me mientan o Son superiores, pero no en todo). Las tres leyes de la robótica de Asimov podrían ser insuficientes ante el aluvión de problemas que la IA puede conllevar (p.e., discriminación de todo tipo).

John Maynard Keynes y Bertrand De Jouvenel son economistas que nos han advertido claramente de los peligros de economizar mano de obra, cuando esta es abundante, y de despilfarrar recursos materiales y energéticos, cuando estos son escasos. Y, sin embargo, la tendencia de la IA es a sustituir el trabajo humano, aunque sea bajo la bandera de beneficiar a las personas. Todos los sectores están afectados (camareros, cocineros, profesores, sanitarios, conductores, contables…) y, aunque se crearán nuevos empleos hay algo cierto: «el sector tecnológico emplea a muchas menos personas que otros sectores más antiguos» y «la IA invade más puestos de trabajo que las revoluciones anteriores».

Incluso, Roubini añade: «Cuando los ordenadores desarrollen la motivación para aprender por sí mismos a una velocidad de vértigo sin dirección humana se producirá una explosión de inteligencia». Preguntamos: ¿A alguien le extrañaría que las máquinas concluyan que los humanos son una plaga que habría que exterminar? ¿Estamos ante una precuela de Terminator?

Sin duda, la IA y la robotización hará más ricos a los más ricos. Por tanto, es previsible que, más aún, aumente la desigualdad (con las consecuencias negativas y soluciones que debieran ser bien conocidas). Las soluciones que sugiere el libro son una Renta Básica Universal y gravar a la IA y a los robots (a sus propietarios, porque los ricos son un auténtico problema para la humanidad).

Otra guerra fría

Según el dictador de China, Xi Jinping, su país y Estados Unidos pueden prosperar juntos; pueden ser rivales sin derramar sangre. Ahora bien, cualquier excusa (como la anexión de Taiwán a China) podría ser el origen de una guerra multilateral. Para Roubini, la actual guerra fría es otra megamenaza que avanza en muchos terrenos, no solo el económico o el militar, a pesar de que ambos países «tienen muchas razones para colaborar».

Roubini aconseja que Europa se desvincule de China lo que pueda, aunque advierte que el desacople total sería terriblemente caro para ambas partes. Lo que no hay duda es de que las compras masivas de Europa a China es una forma de dar dinero a un gigante que no encaja con los más mínimos valores éticos: China es una dictadura que viola los Derechos Humanos y contribuye a emisiones de contaminación intolerables, por citar algunas cuestiones.

¿Un planeta inhabitable?

Abordar el problema climático requiere una cooperación internacional, que se ve entorpecida por la rivalidad EEUU-China. Conocemos las terribles consecuencias que nos esperan si no actuamos y —a pesar de ello— seguimos sin movernos.

Roubini advierte: «A no ser que vivas en un lugar elevado, en latitudes frías, con abundante agua potable y ricas tierras de cultivo, prepárate para mudarte». Debemos contar con migraciones masivas, y no solo de personas, sino también de microbios. A estas alturas, Roubini es muy claro: «Debatir sobre las causas del cambio climático hace que perdamos un tiempo valioso» (ya está bien demostrado que el origen es antropocéntrico).

En su rápido repaso por los múltiples desastres involucrados, está la subida del nivel del mar, que desafía no solo a ciudades y países costeros, sino a diversos emplazamientos con desperdicios peligrosos y con reactores nucleares. La salinización de acuíferos agravará el problema de la escasez de agua debido, entre otros motivos, a la sobreexplotación y a la contaminación. También hay que tener en cuenta las sequías masivas, incendios, desertización, huracanes y tifones, enfermedades zoonóticas por la destrucción de ecosistemas, etc. Como economista, Roubini tiene claro que las pérdidas van a ser billonarias (con b), por lo que cualquier inversión en prevención será rentable.

Roubini reconoce ciertos, aunque insuficientes, avances en algunas áreas, como las renovables y la electrificación, y comenta la contradicción que supone que muchos procesos de la transición ecológica requieren de energía fósil para hacerla posible (por ejemplo, la extracción de los minerales para las renovables o para el coche eléctrico, el cual hace que sea casi imposible un coche ecológico). En muchos casos, lo que se está haciendo es trasladar egoístamente las cargas económicas y los problemas ambientales a las generaciones futuras, a veces, bajo la «creencia mágica de que las nuevas tecnologías y el aumento de la riqueza resolverán el problema». Roubini alerta de las falsas promesas de la geoingeniería, tales como la captura de carbono, o la liberación de partículas en la alta atmósfera para frenar el calentamiento. Ese tipo de técnicas requieren una «inversión estratosférica» y tienen efectos laterales imprevisibles (como perjuicios a la agricultura, que evidentemente depende del sol).

Los impuestos al carbono podrían permitir tanto la reducción de la contaminación como la captura de fondos para financiar la transición. Sin embargo, esto supone un aumento de costes, lo cual puede ser algo indeseable para ciertos colectivos. Roubini afirma que la media mundial del impuesto sobre el carbono es de 2 dólares por tonelada de CO2, pero debiera estar en 200 dólares por tonelada para que las temperaturas no suban más de 2ºC. «Tres grados de calentamiento global son bastante probables y realmente desastrosos».

Este economista nos alerta de la «bomba de relojería medioambiental» que supone particularmente África, pero en realidad la bomba es planetaria. «Los que hoy no ven ninguna megamenaza en el cambio climático se preguntarán por qué no hicimos nada cuando tuvimos la oportunidad de actuar». La causa es que «hemos escuchado a la gente equivocada», no a los científicos. Tal vez, vemos que actuar es «demasiado caro»; y no queremos mirar el precio de la inacción.

Conclusiones

Al final del libro, Roubini hace dos predicciones posibles, una pesimista y otra (más o menos) optimista (como en el relato Dos futuros posibles tras una pandemia). En la opción distópica resume los peores efectos de los problemas comentados. Además, alerta de argumentos populistas (como los que auparon al Brexit o hicieron ganar a Donald Trump). Para manipular a la opinión pública, se usan frases sencillas, que buscan enemigos imaginarios para confrontarnos y crear el caldo de cultivo para sus políticas. De ahí que surjan movimientos antimusulmanes, antisemitas, antiinmigrantes, anti-LGTBI, antiecologismo, anticiencia, antirenovables (o pronucleares), etc. Son gentes que utilizan bien los medios de comunicación para manipular y crear noticias falsas que provoquen indignación. Un ejemplo, fue el asalto al Capitolio de EE.UU. en enero de 2021. Este tipo de hechos pueden acabar en guerras civiles, advierte.

En el escenario optimista-utópico, supone que el crecimiento económico lo resuelve todo, porque, según él, «genera recursos que pueden ayudarnos a abordar costosos proyectos públicos para prevenir el cambio climático, el envejecimiento y el desempleo tecnológico, o a hacer frente a futuras pandemias». Roubini se pregunta si la innovación tecnológica ayudará a crecer para salir de nuestros problemas. En nuestra humilde opinión, la respuesta es muy sencilla: NO, porque es precisamente la tecnología la que ha generado los mayores problemas. En teoría, podría traer soluciones, pero en la práctica es muy dudoso que el ser humano las aplique de forma altruísta. En este escenario utópico, Roubini parece rememorar la contradicción de un chiste de El Roto al decir que «nuestro objetivo debe ser seguir creciendo, pero también frenar bruscamente las emisiones de gases de efecto invernadero».

Respetar los ecosistemas reduciría el riesgo de enfermedades zoonóticas, pero el ser humano es reacio a valorar cuánto cuesta una pandemia que no ha ocurrido. Y cuando ocurre, ya es tarde para prevenir. Roubini fantasea con que el crecimiento podría aliviar los problemas de deuda, y traer energía barata, desalinización asequible, y carne cultivada en laboratorio. Pero no habla de que el crecimiento no puede ser mantenido indefinidamente por lo que, si llega ese crecimiento, será para retrasar y aumentar la crisis que nos espera. Desde el ecologismo, la solución es la contraria: un decrecimiento sensato y ordenado.

Resumen del Libro "Esto lo cambia todo" de Naomi Klein.
Lee un resumen de este otro libro de Klein.

Finalmente, Roubini se plantea si el bienestar de los últimos 75 años (en los países ricos) no ha sido solo una excepción en la Historia. El principio del siglo XX fue realmente aterrador: dos guerras mundiales, la mortífera gripe española, hiperinfación y luego la Gran Depresión, crisis financieras, deflación, regímenes populistas y autoritarios (Alemania, Italia, España…), etc. Para aumentar nuestra preocupación, ahora tenemos un escenario más complicado: un sistema financiero en peor estado, mayor desigualdad, armas más peligrosas (con peligro nuclear incluido), y el cambio climático, que ha venido para cambiarlo todo (queramos o no, como explicó N. Klein).

La solución está en colaborar con corazón altruista, sabiendo que cuando la cooperación fracasa, los resultados son peor para todos.

Por lo dicho, vemos que no estamos de acuerdo en todo lo que dice Roubini, pero sí en lo esencial; y también en su mazazo final: «demorarse es rendirse».

♦ Más sobre economía inquietante:

Ecología del transporte: las consecuencias de llenar el planeta de carreteras

El mensaje ecologista es —para algunos— extraordinariamente molesto. Son verdades que nos muestran lo mal que estamos haciendo las cosas —o lo que es lo mismo— lo tontos que somos. Hay que ser humilde y tener ganas de mejorar para aceptar el reto que se plantea. Sin duda, lo más cómodo es atacar al mensajero.

La Ecología del transporte es un campo que estudia las bioimplicaciones de nuestros sistemas de trasladarnos (por tierra, mar y aire, incluyendo aviones, trenes o motos de agua). La Ecología de carreteras es un subcampo que analiza todo el daño ecológico de esas infraestructuras, como por ejemplo:

  • Animales atropellados.
  • Rutas migratorias cortadas.
  • Contaminación por CO2, ruido, plásticos… y también, por supuesto, por partículas y caucho de los neumáticos.
  • Destrucción indirecta. Por ejemplo, las carreteras son infraestructuras necesarias para el desastre climático, facilitan provocar incendios forestales y ayudan a expoliar los bosques (permitiendo el transporte de los troncos y haciendo posible ganadería y agricultura donde sería inviable sin estas vías).

En síntesis, las carreteras pueden facilitar una destrucción y unos impactos mucho más graves de lo que ellas mismas destrozan directamente. Cuantas menos carreteras construyamos, menos poder destructivo daremos a los magnates del desastre.

Se ha demostrado que los incendios forestales son más frecuentes en las zonas donde hay vías de acceso. Casi todos los incendios son de origen humano y los caminos facilitan el acceso a los que provocan el fuego (intencionadamente o no).

🛣Entrevista a @ben_a_goldfarb por @asher_elbein
🛣Ecología de carreteras:
🛣Animales atropellados
🛣Rutas migratorias cortadas
🛣Contaminación: ruido, plástico, partículas…
🛣Las carreteras facilitan destruir mucho más que lo que ellas destruyenhttps://t.co/HotSiTAyAf

— BlogSOStenible ツ (@blogsostenible) September 7, 2023

Medidas necesarias para paliar el problema:

  1. Aprobar una moratoria a la construcción de nuevas carreteras (no solo autopistas).
  2. Mejorar la red de ferrocarriles y abaratar sus billetes. En esto, excluimos los trenes de alta velocidad por su enorme impacto ambiental.
  3. Desmantelar carreteras infrautilizadas. Estudiar qué vías no son rentables (mirando diversos parámetros) y eliminarlas, para devolver ese espacio a la naturaleza y para ahorrar sus costes de mantenimiento.
  4. Expulsar el coche [del centro] de las ciudades. Se ha demostrado que es la mejor manera de fomentar el transporte público.
  5. Poner peajes a las autopistas para reducir el tráfico y que los costes no sean soportados por todos los que no usan esas infraestructuras. Esto debe hacerse, al menos, para vehículos privados. Para mercancías o transporte colectivo, se puede optar por otro tipo de tasas que graven particularmente los viajes largos y los productos de alto impacto.
  6. Encarecer el comercio de mercancías a largas distancias para desincentivar el abuso. Los ingresos por esos impuestos deben dedicarse a fomentar alternativas locales y ecológicas. Los acuerdos comerciales de productos agrarios provocan problemas en el campo, como ya se ha comentado en otro artículo de Blogsostenible.
  7. Hay que permitir que la fauna pueda cruzar las rutas: construir puentes y túneles para todo tipo de animales y no solo para los más grandes como ciervos o lobos, sino también para anfibios o reptiles. Debemos darles prioridad. En India hay una autopista sobre un bosque para que la fauna viva debajo de ella sin cortarle el paso. En EE.UU. se están dedicando fondos federales a construir pasos para fauna en toda su red de carreteras.

Como decía un chiste de El Roto…, ya que sabemos lo que habría que hacer, haremos cualquier otra cosa.

♦ Más sobre transporte y sostenibilidad:

🚗Uno de los mayores problemas de la humanidad es el vehículo a motor
🚗Generan multitud de accidentes e ingentes cantidades de contaminación
🚗Invaden ciudades y tienen más privilegios que las personas normaleshttps://t.co/dCHQ0ydUgp#CambioClimaticoRadio3

— BlogSOStenible ツ (@blogsostenible) October 15, 2023

🫎Cómo actuar en caso de atropello de un animal
🫎Con cuidado, acercarnos para comprobar su salud: si respira, si hay hemorragia, si se mueve…
🫎Llamar a las autoridades para que nos informen sobre qué hacer
🫎Depende de si es salvaje o doméstico…https://t.co/Smj3tEkryD

— BlogSOStenible ツ (@blogsostenible) November 6, 2023

‘Belén’: “Esta historia es el fuego de todas”

10 Diciembre 2025 at 12:07

La película argentina está basada en un hecho real: una mujer fue presa por un aborto espontáneo. La actriz Dolores Fonzi la retoma y cuenta cómo un nombre anónimo se volvió bandera de una lucha que todavía incomoda al poder.

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Debates feministas sobre natalismo: una oportunidad para imaginar otras formas de familia

3 Diciembre 2025 at 12:22

'Generar Parentesco, No población. Debates feministas sobre natalismo' (Rara Avis, 2025) es una compilación de Donna Haraway y Adele Clarke. El libro reúne ensayos de investigadoras norteamericanas, asiáticas e indígenas, alrededor de la justicia reproductiva y medioambiental, las relaciones multiespecie y otras formas de generar parentesco no biológico.

La entrada Debates feministas sobre natalismo: una oportunidad para imaginar otras formas de familia se publicó primero en Pikara Magazine.

Hacer menos

Nuestra sociedad adora la cantidad más que la calidad, al menos en las acciones. No nos referimos a las que cotizan en bolsa, sino a las otras. En público, no son pocos los que presumen de la cantidad de cosas que hacen. Las redes sociales lo han convertido en una obsesión: fotos en paraísos remotos, fiestas supercukis, retos arriesgados… y por supuesto, también cosas de trabajo (reuniones, proyectos, horas extras…).

Una vez más, tenemos que repetir las palabras del sabio Araújo que, a propósito de los que presumen de no tener tiempo para nada, les recriminaba hacer un «impúdico exhibicionismo de su propia esclavitud». Dejemos, por supuesto, que cada uno presuma de lo que quiera. La cuestión es, queridos lectores, que —al menos nosotros y sin necesidad de gritarlo— pensemos si todo lo que hacemos merece de verdad ser hecho.

El lema ecologista de reducir es aplicable también en esto. Tal vez si reducimos nuestras actividades a las que sean más esenciales (las más importantes, las que más nos llenan y las que menos daño hacen), veremos entonces que podemos ser mejores sin esfuerzo. Es lo que sugiere la filosofía Wu Wei, cuyo lema es no hacer, no intervenir y no forzar. Comentamos esto al hablar de los positivos efectos en agricultura y jardinería del método Fukuoka.

Cada uno debe decidir cuánto, cuándo y cómo agarrarse a este «no hacer nada»: cinco minutos al día, un día al mes… El objetivo es simplemente hacer menos; y de paso, disfrutar más de lo que se haga. Eliminaremos o reduciremos primero las acciones más inútiles, más ingratas, menos necesarias o más dañinas. A cualquier escala, será fácil darse cuenta de que «menos es más» y de que vivimos con contradicciones que podemos empezar a disolver. Por ejemplo, hay cosas que nos estresan tanto cuando no están hechas como cuando las hacemos. Tal vez podemos encontrar un equilibrio entre esta «acción esencial» y el torrente de autoexigencia en nuestra cuadriculada mente. Pensemos en acciones como limpiar menos, planchar menos, comer menos, trabajar menos, o viajar menos. Hacer menos en algo implica tener más en otras facetas de la vida.

Pero hagamos lo que hagamos, debemos ser conscientes de por qué lo hacemos y qué implicaciones tiene. Es algo que se nos suele escapar constantemente. Un ejemplo: es frecuente que nos enfademos cuando nos interrumpen nuestros quehaceres. «¡No me interrumpas!», gritamos sin pensar que es posible que la vida nos demande una acción más importante. Quizás es alguien que nos pide ayuda o solo un poco de atención.

Pudiera parecer que «hacer menos» es algo sencillo. Pero no. En cuanto empieces, surgirán conflictos que no habías previsto. Tal vez, con aquellas personas con las que compartes tu vida. No todos te respetarán. Menos serán los que te entiendan. También habrá conflictos con uno mismo, contradicciones, dificultades para no hacer lo que habías decidido no hacer. ¿Por qué deberíamos hacer aquello que, con rotundidad, nos disgusta? Esta cuestión también hay que aplicarla al trabajo cuando no somos felices ahí. Entonces, algo falla. Es posible que tengamos que repensar nuestra relación con el trabajo.

Al trabajo deberíamos ir contentos. En caso contrario, algo nuestro ha fallado: nuestras elecciones, nuestros gobernantes, nuestras leyes, nuestra sociedad… y también nuestra forma de interpretar lo que nos sucede (léase, por favor, a Marco Aurelio). Conozco empresas en las que es frecuente que los trabajadores vayan al servicio para llorar. Los jefes lo saben y lo han normalizado, pero llorar por culpa del trabajo es algo indigno, no es ni debe ser normal.

En el contexto de crisis ecosocial que vivimos, reducir la jornada laboral no es solo recomendable, sino necesario. Da igual si aumenta o disminuye la productividad. Eso es secundario. Lo importante es mejorar la salud, la calidad de vida y sobre todo avanzar hacia la sostenibilidad. No es un capricho. La senda del ecocidio nos lleva a un precipicio. Trabajar e ingresar en exceso aumentan —casi siempre— las agresiones ambientales.

En todo caso, nuestro objetivo es plantear un «hacer menos» general. Ahora no hablamos de reducir la jornada laboral ni de trabajar menos para hacer otras cosas más divertidas. Tampoco hablamos de dejar de hacer lo que no nos guste (aunque estuviera bien). Por el contrario, proponemos hacer menos cosas; dejar cosas sin hacer y dedicar tiempo a no hacer nada. Busquemos una postura cómoda y empleemos unos minutos en observar y en observarnos, sin hacer nada más. No vale leer ni dormir ni mirar el móvil. Tampoco es meditar, pues eso ya sería hacer algo. Como mucho, podemos escribir pensamientos y observaciones. Aquí tienes un experimento de hacer eso durante veinte días, veinte minutos. Podemos responder a preguntas como: ¿Qué veo? ¿Qué escucho? ¿Qué me preocupa? ¿Qué siento? ¿Tengo pensamientos recurrentes? Pero lo mejor es no responder a nada. Hacer solo aquello que no podemos dejar de hacer: pensar, observar, sentir, respirar… Acercarnos lo más posible a la nada, aunque se nos resbale entre las neuronas. ¿Conoces las ventajas de respirar con conciencia?

El objetivo es zambullirse en la nada todo lo posible. ¿Seremos capaces de semejante reto en la sociedad del ruido y del estrés? Y luego —después del experimento, solo después de él y no durante el mismo—, examinemos qué es lo que ha pasado de la forma más global y completa posible. El mundo sigue ahí.

Puedes contarnos tu experiencia en los comentarios de abajo.

♥ Para hacer menos y mejor:

👩🏾‍🏭El trabajo, ¿fuente de felicidad o de estrés?
👩🏾‍🏭Una nueva forma de entender el trabajo
👩🏾‍🏭5 ideas para empresas y empleadoshttps://t.co/K9p8lSjXj8
#ProtegerLaVidaRadio3

— BlogSOStenible ツ (@blogsostenible) August 27, 2023

Presentación del libro "Cantar el infinito"

26 Noviembre 2025 at 00:00

 

Presentación del libro "Cantar el infinito"

Miércoles 26 de noviembre, 19:00 h

Salón de Plenos del Museo Municipal de Albacete 

 

 

Presentación de Cantar el infinito de Irene de Juan Bernabéu.

Presenta: José Eugenio Mañas.

La autora conversará con José María Ciria.

Actuación musical:

Pablo Navarro. Violín

Nerea Ojeda. Violonchelo

Organiza la Asociación de Amigos de la Música Clásica de CLM

Sobre el libro: Este ensayo recorre casi cien años en los que la música se convirtió en un arte capaz de expresar significado y se reivindicó como un medio ideal para la (re)creación de obras literarias, poesías y modos de pensamiento. Analiza compositores y obras para desvelar la relación entre música y palabra, y el significado que habita en sus pentagramas.

 

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