El nuevo presidente de la Asamblea Nacional de Senegal, Ousmane Sonko, ha lanzado una durísima crítica contra el presidente Bassirou Diomaye Faye en su primera intervención pública desde que fue destituido como primer ministro, el pasado 3 de junio. La diatriba, pronunciada ante los medios, revela la profunda fractura entre los dos líderes, hasta ahora aliados, y sumerge al país en una crisis política que afecta a un socio estratégico para España en África Occidental.
«Un país es algo serio», afirmó Sonko visiblemente enfadado, en una declaración recogida por varios medios locales. El nuevo presidente del legislativo no ahorró reproches hacia su antiguo aliado, aunque llamó al pueblo senegalés a mantener la unidad «por el interés general». El cese de Sonko como jefe de Gobierno, fulminante y sin explicaciones oficiales detalladas, ha sido interpretado como un intento de Diomaye de concentrar el poder ante el descontento social y las presiones internacionales.
Un aliado convertido en adversario
Sonko y Diomaye compartieron plataforma durante las elecciones presidenciales de 2024, en las que derrotaron al oficialismo con un discurso rupturista y soberanista. La coalición, sin embargo, se ha roto en menos de dos años. Según analistas senegaleses, el enfrentamiento responde a divisiones internas sobre el control de los recursos pesqueros y la relación con la Unión Europea, dos asuntos clave para España, cuya flota faena en aguas senegalesas y que mantiene un acuerdo pesquero con Dakar.
La crisis en Senegal preocupa a Madrid por su impacto en la cooperación migratoria y la lucha contra el yihadismo en el Sahel, donde Senegal es un aliado estable.
La Asamblea Nacional, controlada ahora por Sonko, podría convertirse en un foco de oposición al Ejecutivo. Las próximas semanas serán cruciales para determinar si la ruptura deriva en una inestabilidad crónica o si ambos líderes logran un pacto que evite un bloqueo institucional. De momento, la oposición ha exigido la convocatoria de elecciones anticipadas.
Senegal, una de las democracias más sólidas de África Occidental, atraviesa su mayor prueba desde la llegada al poder de Diomaye. Para España, la evolución de la crisis es de especial interés, dado que el país africano es interlocutor clave en la ruta migratoria atlántica y en la seguridad regional.