El Congreso de Estados Unidos afronta el próximo 12 de junio de 2026 como fecha límite para reautorizar la Sección 702 de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA), que permite la vigilancia sin orden judicial de comunicaciones de no estadounidenses fuera del país. A una semana del vencimiento, los legisladores continúan sin alcanzar un acuerdo, según fuentes del Capitolio.
La Sección 702, en vigor desde 2008, ha sido clave para las agencias de inteligencia como la NSA y el FBI en la recolección de información sobre amenazas extranjeras. Sin embargo, grupos defensores de la privacidad y libertades civiles denuncian que el programa vulnera derechos constitucionales y la privacidad digital global, al permitir la recopilación de comunicaciones sin orden judicial específica.
Los legisladores todavía no pueden decidir qué hacer sobre la vigilancia sin orden judicial.
Esta situación no es nueva: el Congreso ya había reautorizado la Sección 702 a finales de abril, pero solo por un periodo de 45 días, lo que ha generado un déjà vu legislativo. El debate enfrenta a quienes defienden la herramienta como esencial para la seguridad nacional y aquellos que exigen reformas para proteger la soberanía de datos y las relaciones diplomáticas, especialmente después de casos de abuso en años anteriores.
Implicaciones para la ciberseguridad global
La renovación o reforma de esta disposición tiene implicaciones directas en la ciberinfraestructura y las estrategias de defensa de Estados Unidos y sus aliados. La vigilancia masiva sin orden judicial afecta a ciudadanos y empresas de todo el mundo, cuyos datos pueden quedar expuestos sin garantías legales. La fecha del 12 de junio marca un punto de inflexión para el equilibrio entre seguridad y privacidad.
El intento republicano de prorrogar los poderes de vigilancia sin orden judicial en Estados Unidos fracasó este viernes en el Senado, en una votación que refleja las profundas divisiones entre seguridad nacional y libertades civiles. Siete senadores republicanos se unieron a todos los demócratas, excepto el senador John Fetterman, para rechazar la extensión de la Sección 702 de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA), que permite al gobierno recopilar comunicaciones de extranjeros sin orden judicial.
Un revés para los defensores de la seguridad nacional
La votación, que tuvo lugar en la madrugada del viernes 5 de junio de 2026, supone un nuevo tropiezo para los partidarios de renovar una herramienta que consideran clave para la lucha antiterrorista. Los defensores de la privacidad, por su parte, celebraron el bloqueo como una victoria contra la expansión de la vigilancia gubernamental. «El rechazo demuestra que el Congreso empieza a escuchar las preocupaciones de los ciudadanos sobre el abuso de poder», declararon fuentes de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU).
La Sección 702 ha sido objeto de controversia desde su creación en 2008. Mientras que agencias como la NSA defienden su utilidad para interceptar comunicaciones de terroristas y espías extranjeros, críticos señalan que también capta datos de ciudadanos estadounidenses sin orden judicial, vulnerando la Cuarta Enmienda. El fallido intento de extensión prolonga la incertidumbre sobre el futuro de esta política antes de su vencimiento a finales de año.
Implicaciones globales del debate
El resultado de la votación tiene repercusiones más allá de las fronteras estadounidenses. Estados Unidos presiona a aliados y socios para que compartan datos de inteligencia, pero la falta de un marco legal interno estable podría socavar la confianza en las garantías de privacidad. «Si Washington no puede garantizar la protección de los derechos de los ciudadanos, otras naciones podrían mostrarse reacias a cooperar», señalan analistas consultados. El debate, lejos de concluir, volverá al pleno del Senado en las próximas semanas, con enmiendas que buscan equilibrar vigilancia y libertades individuales.
Meta ha incorporado de forma silenciosa en sus gafas inteligentes Ray-Ban Meta un sistema de reconocimiento facial capaz de identificar personas en tiempo real, según ha revelado una revisión del código de la aplicación Meta View realizada por WIRED. La función, aún no activada públicamente, estaría diseñada para cotejar los rostros captados por las gafas con datos biométricos almacenados en el teléfono del usuario.
El código fue detectado en la versión 200.0.0.0.79 de la app, distribuida en mayo de 2026, y está presente en los millones de dispositivos que ya tienen instalada la aplicación, disponible tanto en Google Play como en la App Store de Apple. Las gafas, cuyo precio oscila entre 299 y 379 dólares, se venden en varios países sin que los compradores hayan sido informados de esta capacidad latente.
Un portavoz de Meta declaró a WIRED:
Estamos explorando funciones que podrían ayudar a los usuarios a recordar nombres y contextos, siempre dentro del marco regulatorio.
La compañía no ha confirmado plazos de activación ni si la función se limitará inicialmente a Estados Unidos o regiones con regulaciones de privacidad más laxas.
Conflicto con el GDPR y la privacidad en Europa
La posible activación del reconocimiento facial en las gafas inteligentes de Meta plantea graves conflictos con el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) europeo, que exige consentimiento explícito y transparente para el tratamiento de datos biométricos. La integración encubierta del código, sin notificación a los usuarios ni a las autoridades de control, podría suponer una infracción de los principios de privacidad desde el diseño y por defecto.
Organizaciones de defensa de los derechos digitales han advertido del riesgo de vigilancia masiva no consentida, ya que las gafas, al ser un dispositivo cotidiano, permitirían la identificación de cualquier persona sin su conocimiento. La falta de transparencia de Meta refuerza las críticas sobre su modelo de negocio basado en la recopilación masiva de datos.
El hallazgo se produce en un contexto de creciente escrutinio regulatorio hacia las grandes tecnológicas. La Comisión Europea ya investiga a Meta por posibles prácticas anticompetitivas y violaciones de la privacidad. La activación del reconocimiento facial sin salvaguardas adecuadas podría acelerar sanciones o incluso la prohibición del dispositivo en el mercado europeo.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha dictaminado este 4 de junio de 2026 que las multas impuestas por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) a grandes compañías de telecomunicaciones por compartir datos de localización de usuarios sin consentimiento eran legales. La decisión, respaldada por la administración Trump, exceptúa al juez Clarence Thomas, que votó en contra.
El alto tribunal consideró que la FCC actuaba dentro de sus competencias al sancionar a las operadoras que violaron la privacidad de los datos de localización de sus clientes. El fallo refuerza la capacidad del regulador para supervisar la gestión de información sensible por parte de infraestructuras críticas del sector de las telecomunicaciones.
La sentencia supone un espaldarazo a la política de privacidad de datos impulsada por el organismo regulador, que en los últimos años ha intensificado sus investigaciones sobre el uso indebido de información de geolocalización por parte de las telecos. Según fuentes judiciales, el fallo sienta un precedente para futuros casos de violación de privacidad en el sector.
La decisión del Tribunal Supremo se produce en un contexto de creciente escrutinio sobre el tratamiento de los datos personales por parte de las empresas tecnológicas. La FCC, que había impuesto las multas tras revelarse que varias operadoras vendían la localización de sus clientes a terceros sin autorización, ha defendido que dicha práctica vulnera la confianza de los consumidores y la normativa federal de privacidad. La administración Trump, alineada con el regulador, ha subrayado la necesidad de proteger la seguridad nacional y la intimidad de los ciudadanos frente a potenciales abusos.
El voto en contra del juez Clarence Thomas, conocido por su postura conservadora, introduce un matiz en la unanimidad general. Thomas argumentó que las multas podían exceder las atribuciones de la FCC en algunos casos, aunque no detalló su posición en la sentencia mayoritaria. El fallo, no obstante, ha sido recibido con satisfacción por grupos de defensa de la privacidad, que consideran que establece un estándar más exigente para la protección de datos sensibles en el sector de las telecomunicaciones.
La resolución podría tener implicaciones para casos similares en otros ámbitos, como la gestión de datos por plataformas digitales o servicios de geolocalización. Expertos legales citados por agencias internacionales señalan que el precedente refuerza la doctrina de que los reguladores federales pueden actuar con firmeza cuando las empresas comprometen la privacidad de los usuarios, siempre que actúen dentro de su mandato legal.
Google ha lanzado una nueva función en su aplicación Phone by Google que advierte al usuario cuando un estafador suplanta a uno de sus contactos mediante inteligencia artificial. La herramienta, disponible a partir del 2 de junio de 2026, responde al incremento de estafas telefónicas que utilizan IA para imitar la voz de personas conocidas.
Según el comunicado de la compañía, cuando una llamada entrante coincida con el número de un contacto almacenado en el dispositivo, pero el sistema detecte patrones de fraude asociados a la suplantación, la aplicación mostrará una advertencia en pantalla y sugerirá colgar. La detección se basa en el análisis de metadatos de la llamada y en modelos de aprendizaje automático que identifican comportamientos anómalos.
Una respuesta al auge del fraude con IA
El lanzamiento se produce en un contexto de creciente preocupación por las estafas de suplantación de identidad, donde la IA generativa permite clonar voces con pocos segundos de audio. Google ya había introducido funciones antispam en su aplicación Teléfono, pero esta es la primera que aborda específicamente la suplantación de contactos.
La función, que se irá desplegando gradualmente a nivel global, no requiere configuración adicional por parte del usuario. Google ha asegurado que el análisis se realiza localmente en el dispositivo, sin enviar datos de las conversaciones a sus servidores, para preservar la privacidad. La compañía no ha especificado el número de estafas detectadas durante las pruebas previas.
Esta medida se enmarca en los esfuerzos de las grandes tecnológicas por combatir el fraude vocal asistido por IA, una amenaza que según la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos ha aumentado un 300% en el último año. Google no ha detallado si la función estará disponible en todos los mercados simultáneamente.
Una startup de entrenamiento de inteligencia artificial, Shift, ha puesto en marcha en Nueva York un programa que ofrece limpieza gratuita de hogares a cambio de filmar a los residentes mientras realizan tareas cotidianas. La compañía, que planea expandirse a otras ciudades como Londres, busca obtener datos visuales del comportamiento humano doméstico para entrenar sus modelos de inteligencia artificial.
La iniciativa revela hasta qué punto la vida cotidiana se ha convertido en un recurso estratégico en la pugna global por la supremacía en inteligencia artificial. Mientras que durante años las empresas tecnológicas han recopilado datos a través de búsquedas en internet o interacciones en redes sociales, ahora el foco se desplaza hacia actividades físicas y rutinarias que antes quedaban fuera del radar de la industria.
Shift ofrece un servicio de limpieza sin coste, pero las personas que lo aceptan deben permitir que la empresa instale cámaras para grabar todas las acciones que realizan en su hogar durante la sesión de limpieza. Las grabaciones, según la compañía, se utilizarán para mejorar la capacidad de los sistemas de IA para reconocer y anticipar movimientos humanos en entornos reales, un campo conocido como aprendizaje por imitación.
La estrategia refleja la creciente escasez de datos de alta calidad para el entrenamiento de modelos, especialmente en el ámbito de la robótica y la interacción física. Empresas como OpenAI, Google o Meta compiten por acumular conjuntos de datos cada vez más detallados, y startups como Shift buscan nichos poco explotados, como las tareas del hogar, donde los datos disponibles son limitados.
El programa ha despertado un debate sobre los límites éticos de la recolección de datos. Críticos señalan que grabar a personas en su hogar plantea riesgos de privacidad y puede normalizar la vigilancia doméstica a cambio de servicios básicos. Shift afirma que los participantes firman un consentimiento informado y que pueden retirarse en cualquier momento.
Este fin de semana mi vecina, que es encantadora, volvió a animarme a que me uniera a una sesión de running en grupo por el parque. Aunque tenía mis reticencias, me sacudí las sábanas y la pereza y me preparé para el plan: mallas, deportivas, café aliñado con creatina, protección solar, y vámonos que nos vamos. «¡Venga, me apunto! [emoji bíceps emoji carita sonriente]», le contesté con mi mejor actitud de motivada. Sábado por la mañana, ejercicio al aire libre, socializar un rato y terminar con un dulce en la pastelería del barrio. ¿Qué podía salir mal? Pues muchas cosas.
Resulta que hace algo más de un mes «unos chicos» montaron un grupo de running en la zona. Desde entonces, cada fin de semana organizan quedadas «gratuitas» para dar un trote por el parque, todo en un ambiente así como muy amigable y nada competitivo; además, al finalizar, una cafetería cercana ofrece un 15% de descuento o regala una galleta a los participantes. Pensé: «pues qué bien, por fin una iniciativa para hacer barrio y, de paso, apoyar el comercio local«. Qué equivocada estaba.
La primera, en la frente
La primera red flag apareció rápido. Para participar en la actividad no bastaba con presentarse en el punto y hora de encuentro, no: había que inscribirse a través de una app de fitness, Strava. Yo la desconocía, como también desconocía la historia, absolutamente marciana pero real, de que este mismo mes de marzo el periódico francés Le Monde localizó la posición exacta del portaaviones Charles de Gaulle —desplegado en el Mediterráneo oriental en el contexto de la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán— porque uno de los oficiales a bordo se dedicó a pegarse carreras por el buque insignia de la Armada Francesa mientras compartía su entrenamiento en la aplicación de running.
Publicación anonimizada que muestra la ruta registrada en el mar, el 13 de marzo de 2026 | Le Monde.
Este primer paso me dio rabia y me pareció absurdo a partes iguales. Estoy absolutamente agotada de que cualquier trámite tenga que pasar por una app; de que cada actividad, por sencilla que sea, implique un golpe de smartphone. ¿Cómo que para ir a correr media hora tengo que registrarme en una aplicación y cederle un sinfín de datos personales a una empresa privada? No obstante, ya le había dicho que sí a mi vecina, así que decidí no darle demasiada importancia y simplemente saltarme el registro y plantarme allí a la hora acordada.
Nada es gratis
Me encontré con ella y con el resto de runners, agrupados en corillos que se saludaban y charlaban animadamente. Tras unos minutos de cortesía, subidos a un banco a modo de atril, los organizadores del «club» tomaron la palabra. Y ahí llegó la segunda red flag, mucho más grande que la anterior: «Ahora damos la palabra a Fulanito, de [inserte aquí nombre de empresa de productos de bebida y alimentación], que en el post-entreno nos ofrecerá una degustación de [product placement aquí]».
Ya te la han colado. Te levantas para ir a hacer deporte y, de repente, te encuentras dentro de un anuncio de la teletienda en el que no puedes cambiar de canal. Ahí me di cuenta de que aquello no era la iniciativa de barrio que me habían presentado, un grupo casual de gente que queda por Whatsapp para salir a correr, sino un proyecto planificado desde el principio, monetizable y hasta con patrocinadores. Mi nivel de mosqueo en este punto de la mañana era ya elevado. Pero aún iría a más.
El producto eres tú
Mientras medio escuchaba a Fulanito soltar su discurso promocional y algo sobre la importancia de cuidarse, miré a mi alrededor y apareció la tercera red flag, más o menos del tamaño de la de Plaza de Colón. De hecho, era tan evidente que no cuenta ni como red flag, sino como amigadatecuenta. Entre leggins y camisetas color flúor estaba la única persona que no iba vestida de deporte, una chica con estabilizador de imagen y móvil en mano, grabándolo todo para posterior contenido en redes sociales.
Es difícil explicar el nivel de indignación que experimenté en aquel momento, la sensación de vulnerabilidad, la cara de gilipollas que se me quedó. Estamos hartas de escucharlo y hasta de repetirlo, pero seguimos cayendo: si el producto es gratis, el producto eres tú.
Me aparté instintivamente y le dije que no me grabara. Pero todavía quedaba una última sorpresa. Esperando de frente al pelotón, grabando en un plano fijo el inicio de la carrera, Fultanito. Es decir, no solo es que estos «eventos gratuitos» tengan patrocinadores y hasta pasta como para pagarle a una persona exclusivamente para redes sociales, es que el patrocinador también se lleva unas imágenes recurso.
Todo es monetizable
Llegados a este punto conviene recordar que en España, según la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD), está permitido grabar sin pedir permiso individual en eventos públicos y cuando las imágenes son generales (como, por ejemplo, una carrera popular o un mitin). Pero esto no hace que me sienta menos incómoda. De buen rollo y en menos de cinco minutos, te has tragado un anuncio que no querías ver, una organización ha cogido tu imagen y la va a utilizar para promocionarse en Internet.
Sin embargo, lo que más me alarmó de este episodio fue que, cuando identifiqué la cámara y me quité de su campo de visión, fui la única que lo hizo. El resto del grupo parecía no percatarse, o les daba igual, algunos incluso saludaban. ¿En qué momento hemos normalizado todo esto? ¿Cuándo nos hemos acostumbrado a la presencia de cámaras en los momentos y lugares más insospechados? ¿Cómo hemos llegado a aceptar que las empresas nos graben para promocionar su actividad? ¿Por qué todo, hasta el ocio o la actividad más inocente, es susceptible de ser monetizado?
M. tenía razón
Tengo una amiga, M., que tiene fijación por algunos temas. Uno de ellos es el de la privacidad y las cookies —no las que regalaban en la pastelería del barrio después de la carrera, sino las que rastrean nuestro comportamiento en la web y comparten nuestros datos con terceros—. Antes, a veces pensaba que M. era un poco exagerada o que qué más da si total.
Pero pasan los años y el tiempo me ha demostrado que quizás mi amiga no era para nada exagerada, que sí que era para tanto, que M. tenía razón. Así que, cada vez más, me veo haciendo clic en todas las pestañitas de «rechazar cookies«, desinstalando aplicaciones y dejando solo las que no me queda más remedio —mala profesión escogí para esto—, no poniendo una reseña a un restaurante que me ha encantado, o marcando la casilla de «no acepto» en la autorización de uso de imágenes que me ponen por delante en la academia de idiomas, en el gimnasio y hasta en la autoescuela. No siempre es cómodo, porque a nadie le gusta ser el Grinch, pero a veces hay que ser un poco el Grinch.
Así que la quedada de running social terminó nada más empezar, dando esquinazo al pelotón y corriendo por mi cuenta mientras rumiaba todo esto. No tuve galleta de premio, pero sí pude proteger mi privacidad.
Después del articulo de presentación de Conversations+Orbot de Puppetmaster, creo que no estaría mal presentar otro programa para Android que hace lo mismo que Orbot y alguna cosa más.
Como ya sabeís, Tor sirve para conectarse a traves de la red anónima. DNSCrypt sirve para cifrar las peticiones DNS. I2P es otra red anónima que ya se ha comentado en algunos articulos de elbinario.
Es muy sencillo de usar, literamente de boton gordo. No necesita que este rooteado Android. Puede funcionar como una VPN o si tienes rooteado Android, en modo transparente.
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