El economista Thomas Piketty resalta el gran problema de la desigualdad (como lo hiciera el Nobel de economía A.K. Sen), encarnándolo en el drama del paro. La crisis ha servido para que haya muchos más ricos, y muchísimos más pobres. Y eso no beneficia ni siquiera a los ricos. Una sociedad desigual es una sociedad enferma, en crisis: no sostenible.
Intermón-Oxfam nos dice que las 80 personas más ricas del mundo tienen tanta riqueza como los 3.500 millones más pobres.
Pero si queremos generar empleo “sostenible” no vale talar nuestros bosques y vender la madera. Eso es “pan para hoy, y hambre para mañana“. Como sociedad, y como individuos, tenemos que invertir (dinero, recursos, y tiempo) en objetivos sostenibles, verdes, ecológicos: tomar del bosque en un año, como máximo lo que el bosque puede regenerar en un año.
Ya está bien de invertir sólo en lo que es rentable, sólo económicamente, y sólo a corto plazo. Tenemos que valorar otras formas de rentabilidad: ¿Cuánto vale dejar a nuestros sucesores un mundo menos degradado?
Los gobernantes, y los que los votan, tienen que entender que hay al menos tres conceptos en los que no se debe hablar de rentabilidad: Educación, Sanidad, y Alimentación, seguida de cerca por Investigación. En pocas palabras: Incluso aunque la educación no fuera rentable, hay que conseguir, como sea, que sea de calidad, y que la educación superior llegue a quien tenga interés (aunque no tenga dinero). Medir la rentabilidad en sanidad es también de mal gusto, como lo es dudar de la agricultura o la pesca sostenible. Lo que no es sostenible, no es admisible.
Dejemos YA de dar dinero a sectores que destruyen nuestro planeta y nuestra sociedad. Hay que transferir las inversiones a sectores responsables: Crear empleos sostenibles a largo plazo, y crear empleos como inspectores de sostenibilidad.
Si el EMPLEO VERDE es la única salida a la VIDA, también lo tiene que ser a la CRISIS.
Es incomprensible que ante el paro juvenil los gobernantes (y sus votantes) opten por:
Aumentar la edad de jubilación: ¿Para qué? ¿Para que trabajen los viejos mientras nuestros jóvenes se aburren?
Xi Kang (siglo III) es uno de Los siete sabios del bosque de bambú.
El dinero no debería ser quien decida qué es lo que hay que hacer. Debemos hacer lo que es correcto, aunque no haya dinero para hacerlo. Descubriríamos que lo correcto es siempre barato y rentable.
Tal vez, ayudaría que el dinero caducara: El dinero no gastado en un año desde que se ganó, lo perdería su propietario, y lo ganaría la sociedad. Podrían ponerse algunas excepciones (como para comprar la primera vivienda). Tal vez así se daría el necesario cambio de punto de vista que necesita nuestra sociedad para disfrutar más, y trabajar menos.
En 1948, Norbert Wiener, considerado padre de la cibernética, advirtió ya el conflicto entre tecnología y empleo, sugiriendo indemnizar a los ciudadanos [14]. Recientemente, Paul Mason decía que en 30 años “entre el 40 y el 50% de los trabajos desaparecerán y serán automatizados, sobre todo en el comercio y en trabajos de oficina” [11]. Otros informes reflejan cifras similares [1, 3, 9]. En todo caso, es obvio que en el mundo actual el trabajo se está automatizando y gran parte del que no se puede automatizar se lleva a países con una regulación laboral o ambiental menos exigente o donde la mano de obra y los impuestos son más baratos.
Las máquinas en general (ordenadores, robots, máquinas industriales o agrícolas…) aumentan la productividad en todos los sectores, e inevitablemente, se pierden empleos. Si seguimos así, viviremos en una sociedad en la que hay que trabajar poco, pero en la que la miseria y el desempleo socavarán la calidad de vida y la convivencia pacífica. ¿Sabremos adaptarnos para conseguir las ventajas y evitar los inconvenientes de la automatización?
La informática se aplica a todo pero destruye más empleo del que crea
La mecanización agrícola acabó con muchos puestos de trabajo en el campo pero creó muchos otros en las ciudades. Sin embargo, en la actualidad se supone que sólo los robots destruirán 3,5 empleos por cada uno que consigan crear.
En España, por ejemplo, hay algunos datos preocupantes que podrían estar relacionados entre sí: es el país de la OCDE con más desigualdad entre ricos y pobres y, por otro lado, el sector de la banca lleva ocho años echando a 200 empleados a la semana. Obviamente, la banca no es un sector en crisis, por lo que los recortes son principalmente debidos a la automatización: las operaciones se hacen por Internet con coste casi cero para la banca.
Cientos de profesionales ven cada día cómo sus trabajos son realizados por robots o por empresas de Internet con muy pocos ordenadores y empleados. Ejemplos de esto son agencias de viajes, editoriales o el sector del taxi, sustituidos por simples webs o Apps, telefonistas sustituidos por programas para chatear (bots), u obreros industriales reemplazados en todos los sectores, como los robots albañiles (que ponen más del doble de ladrillos por hora que el mejor albañil). También se pierden empleos por la obsolescencia programada y por la bajada de precios, debida en parte también a la automatización (ese es el caso de relojeros, zapateros o reparadores de electrodomésticos).
En la docencia, por ejemplo, si los profesores publican en Internet vídeos de sus clases, los alumnos podrían cursar las asignaturas desde sus casas, repitiendo el vídeo cuantas veces quieran. Así, podrían ir al centro de estudios sólo para clases prácticas (o simplemente para socializar y jugar, en el caso de los más pequeños). Hasta las dudas podrían resolverse por chat o videoconferencia. Además de un simple vídeo pueden usarse otros mecanismos informáticos que captan mejor la atención del alumno (programas con animaciones, documentales, ejercicios o juegos). Por otro lado, esos cambios conllevarían que con menos profesores se podría atender a una mayor cantidad de alumnos.
El avance más descomunal, de hecho, no está en las máquinas (hardware), sino en el software, usando técnicas de “Inteligencia Artificial“: sistemas expertos, reconocimiento facial o de voz, coches autoconducidos… El oxímoron “Inteligencia Artificial” incluye un conjunto de técnicas que imitan el comportamiento humano. No es propiamente inteligencia, pero lo parece y en muchos casos funciona mejor que la inteligencia humana. Ello es debido, entre otros factores, a la gran memoria y velocidad de cálculo de los procesadores electrónicos y también a una objetividad de la que a veces los humanos carecen. Incluso, hay técnicas en las que el objetivo no es decirle a la máquina lo que tiene que hacer, sino dejar que lo descubra y que aprenda por sí misma (machine learning). Aunque hay mucho por hacer, los avances en esta materia son espectaculares (toma de decisiones en medicina o en economía, comprensión de textos… y muchas más).
Opciones para evitar lo peor
Cambios como los anteriores pueden no percibirse como algo brusco. Sin embargo, esos cambios llevan a Mason a afirmar que el capitalismo está a punto de desaparecer como lo conocemos, lo cual puede provocar, según él, el caos o, al menos, el fin del trabajo en su forma actual.
Ahora y siempre, para conseguir empleo es importante la formación, pero actualmente no sólo tienen valor los conocimientos, sino que vale mucho más la creatividad, la especialización y la capacidad de aprender nuevas cosas en un mundo tan cambiante (son los llamados «nómadas del conocimiento» o knowmads). Pero aunque consigamos para el futuro una sociedad mejor formada, el problema de la automatización no se resuelve, pues en el futuro harán falta menos personas para trabajar. Si no hacemos nada, la automatización podrá beneficiar a la sociedad, pero aún así, muchos perderán sus empleos, con todo lo que ello implica.
Si estamos de acuerdo en que una sociedad desigual no beneficia a la mayoría y es fuente de injusticias, entonces algo hay que hacer. Autores como Keynes, McAfee o Meyer han hecho propuestas en este sentido:
Fomentar el trabajo a tiempo parcial, para repartir mejor el empleo existente.
Reducir la jornada laboral, por ejemplo, a cuatro días semanales para compensar la reducción en el trabajo disponible [6]. Keynes pronosticó 15 horas semanales para 2030 [1].
Instaurar una Renta Básica Universal [6, 7] (aunque sea muy básica) que complemente los salarios (bajos por trabajar pocas horas o nulos) y controlando que esto no haga descender los salarios [1]. Podría justificarse esta renta en el hecho de que todo ciudadano de un país tiene derecho a poseer los recursos naturales y económicos públicos. Donde se ha probado, se ha demostrado que no desincentiva trabajar. Próximamente se va a probar en Barcelona y otras ciudades europeas [4].
Tratar a ordenadores y robots como empleados de las empresas y que paguen impuestos (o sea, que no sea tan rentable usar máquinas a costa de despedir empleados).
Dar valor a tareas ahora no remuneradas, como voluntariado, cuidado de niños o de mayores, etc. Estas actividades podrían pagarse con algún tipo de beneficio.
Evitar la deslocalización y el abuso de las multinacionales de los países ricosexigiéndoles el mismo comportamiento legal y ético en todos los países en los que actúen [8] (respetando las leyes ambientales y de seguridad laboral, como si estuvieran en su propio país).
Evaluar el impacto de cada tecnología, pues es evidente que no vamos a renunciar a todos los avances tecnológicos, pero tampoco debemos asumirlos todos, pues algunos tienen impactos muy considerables.
Conclusiones
Bertrand De Jouvenel dijo [2]: “Todos los planes elaborados en todos los países del mundo tienden a incrementar la demanda de recursos naturales; la gran aspiración común a todos es economizartrabajo, cuando el factor hombre se hace cada vez más abundante, y no se piensa apenas en economizar los recursos naturales, que sin embargo son limitados”. Tal vez, si reducimos el número de horas que un humano puede trabajar, entonces, el trabajo humano tendrá más valor.
Que la tecnología destruye puestos de trabajo, lo recordó hasta el Papa Francisco [5]. Pero nuestra sociedad ensalza el trabajo remunerado tanto como la tecnología, y cuando son, aparentemente opuestos, nos negamos a elegir entre uno u otro. Nadie debería quejarse de que las máquinas trabajen, si lo hacen mejor, más barato, sin cansarse y disponibles a cualquier hora, pero tenemos que establecer mecanismos para que esas ventajas generen beneficios para todos y nos permita una sociedad más equitativa.
La tecnología pone en nuestras manos un gran poder, y ello implica una gran responsabilidad, pero… ¿estamos siendo suficientemente responsables? ¿Somos responsables siquiera en conseguir de forma ética los materiales con los que construimos nuestras máquinas? (pensemos en el coltán, por ejemplo).
Norbert Wiener, “Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine” (The MIT Press, 1948).
NOTA: Este artículo ha sido publicado algo más breve en Crónicas del Intangible, un espacio de divulgación sobre software y ciencias de la computación (blogs de EL PAIS, Junio 2017).
BlogSOStenible ha twitteado algunas ideas clave del libro «Hay Alternativas: Propuestas para crear empleo y bienestar social en España» (gratuito en PDF en muchos sitios de Internet), de los economistas @VicencNavarro,@juantorreslopez y @agarzon (bajo el hashtag #HayAlternativas). Aquí exponemos algunos de los tweets para reflexionar, con unas notas de nuestra cosecha (entre paréntesis ponemos la página del libro, para el que quiera ampliar información). Si quieres seguirnos en twitter, somos @BlogSOStenible:
Causas de la Crisis Mundial, y el caso de España:
Las agencias no dudaron en calificar como de gran calidad financiera la basura hipotecaria. Y muchos bancos picaron (23).
No tiene sentido dar dinero para salvar bancos sin modificar las reglas que han generado esta #crisis (19).
Hoy día es imposible que un empresario pueda aguantar sin financiación ajena (25, 141). NOTA: Lo curioso de esa afirmación es que eso no es #Sostenible. ¿Hay solución? O sea, ¿Podremos conseguir que las empresas funcionen sin contraer deudas? Si el endeudamiento es necesario, vamos mal, y estos autores afirman que eso es “lo principal” (pág. 63). Otra cosa son los microcréditos, pequeños y para NECESIDADES concretas (necesidades, no caprichos concretos).
Hay que ser muy ingenuo para creer que esta crisis sólo ha sido un desajuste financiero (192).
Los especuladores cambiaron de hipotecas a energía y alimentos, y miles de personas murieron (26). NOTA: Ya lo dijimos al hablar de la crisis alimentaria y de sus causas.
¿Cómo pudieron estafar los bancos a tanta gente sin que los bancos centrales lo evitaran? (26).
Tres claves: Las finanzas (bancos, especuladores…) han ganado poder, se han tomado medidas para que los especuladores ganen más, y la desigualdad creciente ha sido importante en la gestación de la crisis (27).
Paraísos fiscales: No controlan las operaciones de los bancos ni empresas. Mueven dinero negro que ocultan al Fisco (29, 154).
Individualismo, fragmentación social, paro, y endeudamiento son causas de sumisión y de desmovilización política (32).
El dinero ha dejado de ser un instrumento al servicio de la producción de bienes y servicios que puedan satisfacer las necesidades humanas para convertirse en un fin en sí mismo y en una simple fuente de poder (35).
El endeudamiento privado en España no se debe a que se haya vivido por encima de las posibilidades, sino a que los salarios han estado por debajo de las necesidades (49). NOTA: Es difícil estar de acuerdo con eso, pues se debe vivir de una forma conforme a la realidad de los ingresos, como enseña la Naturaleza: Una planta no crece hasta que dispone de todos los elementos necesarios para ello. Con otros argumentos, el archiconocido vídeo de Españistán nos da la razón y sugiere lo contrario que estos autores.
El modelo productivo español produce grandes daños medioambientales, despilfarra recursos naturales, y genera caros residuos.
Tanto gobiernos del PP, como del PSOE han aplicado medidas legales y fiscales que favorecieron la burbuja y la especulación inmobiliaria: La Ley del suelo del PP fue el culmen de estas nefastas políticas.
Agenda para una Economía más justa y eficiente, con empleo decente, sin déficit social y… ¿subir o bajar los salarios?:
Esta crisis es el resultado de defectos muy profundos, arraigados y extendidos en la economía y la sociedad capitalistas: Hay que refundar el capitalismo y moralizarlo, como dijo Sarkozy (Presidente de Francia) (61).
Paraísos fiscales: La mayoría de los bancos y las grandes empresas los usan para facilitar la evasión fiscal y los delitos económicos a sus clientes (62), u otros negocios como el tráfico de armas, de drogas, o de personas (67).
El 0.16% de la población mundial se apropia ya del 66% de los ingresos mundiales: El FMI reconoce que la crisis y sus medidas han aumentado la desigualdad (64). Causa última de la crisis: el impresionante incremento de la desigualdad (65).
Medidas para evitar los Crímenes Económicos contra la Humanidad: 1. Control de los movimientos de capital que sólo persiguen fines especulativos. 2. Establecimiento de impuestos sobre movimientos especulativos (Tasa Tobin, Robin Hood, o TTF). 3. Prohibición de los derivados de incumplimiento crediticio (Credit Default Swaps, CDS) que son armas financieras de destrucción masiva (son como seguros pero… ¡sobre algo que no es propiedad del asegurado!). 4. Control de los mercados de derivados y los hedge funds. 5. Poner fin al privilegio de la banca privada de crear dinero, y obtener beneficio y poder cada vez que concede un préstamo.
La causa más inmediata de la crisis es la falta de financiación a empresas y consumidores, por lo que si no se garantiza que vuelva a fluir será imposible salir de la crisis (73). NOTA: En esto tampoco podemos estar de acuerdo con estos autores, por estas razones:
¿Acaso no es una causa de la crisis la excesiva deuda privada? (especialmente a gente poco fiable, NINJAs, No Income, No Job, No Asset).
El sector público no debe endeudarse demasiado: Debe existir un límite claro y no excesivo, para no dejar excesiva deuda a las siguientes generaciones (de políticos, también). El déficit cero es básico para la sostenibilidad.
La economía no puede depender del endeudamiento: Aceptamos que el consumo es un motor de la economía, pero no debe ser un motor del crecimiento, porque «crecimiento sin fijar un límite sensato» es equivalente a «insostenibilidad».
Si una economía quiere «crecer», debe decir siempre «hasta dónde».
Debemos empezar a sostener la actividad económica en otro tipo de actividades con un uso diferente, más equitativo, racional y sostenible de los recursos materiales, humanos y naturales (74).
Es imposible que España vuelva recobrar los niveles de crecimiento y empleo basándose en actividades vinculadas a la construcción, o infraestructuras antieconómicas como los trenes de alta velocidad, más autovías, o transportes de metro en algunas ciudades, concebidos para dar beneficio a sus constructores (74).
Es imprescindible orientar los recursos a la generación de otro tipo de actividades: energías renovables, nuevas tecnologías, cultura, ocio, reciclaje y medio ambiente, agricultura, servicios sociales: Cambiar es difícil, pero continuar por el mismo camino es sencillamente suicida (75).
Reducir la desigualdad no es sólo una cuestión de deseo moral, sino también la forma de hacer que las economías funcionen mejor: Ingresos más repartidos, destinados principalmente a bienes y servicios, que ocasiona más ventas y más beneficios para las empresas (78). La única forma de salir con certeza de la crisis y de evitar otras más graves es combatir la desigualdad en todas sus manifestaciones (79). NOTA: Para ello es importante, disculpad la insistencia, reducir la jornada laboral, y fomentar el trabajo a tiempo parcial.
Hay grupos de interés muy poderosos a quienes no les interesa que haya pleno empleo, lo cual es el problema social más grave (83). Alto desempleo implica salarios más bajos y gente que aceptará cualesquiera condiciones laborales (84). Reducir los salarios no genera empleo (85), como demostró John M. Keynes pues para él dependerá de una suficiente demanda de bienes y servicios (88-89). Tampoco genera empleo tener normas de contratación flexibles como piden algunos empresarios, sino que influyen más las condiciones macroeconómicas: tipos de interés, capacidad de compra de los productos… (90). Alemania ha disminuido mucho su PIB por la crisis, pero no ha generado mucho desempleo (91-92), pues se han reducido las horas de trabajo en lugar de reducir el número de trabajadores. Si lo que queremos de verdad es proteger el empleo a donde tenemos que apuntar es a reducir la jornada de trabajo (95).
España: Los ricos y poderosos pagan el 20% de los impuestos que en Suecia, y es uno de los paises de la UE-15 con menor sector público (93).
No es verdad que lo que haya que hacer para crear empleo sea liberalizar aún más los mercados y las relaciones laborales (97).
El trabajo no puede ser únicamente para ganar dinero para realizarnos a través del consumo, sino que su importancia es tal que se debe crear trabajo que permita desarrollar la creatividad y la capacidad de goce (102).
Los economistas neoliberales usan la crisis para reducir el gasto público y en particular el destinado a servicios sociales e infraestructuras de bienestar social. NOTA: Recortar gasto es necesario siempre que se tengan deudas, pues lo que no es sensato ni sostenible es gastar lo que no se tiene. Eso no tiene que implicar recortes drásticos en lo social, pues hay otras partidas de gasto menos necesarias, como los gastos extravagantes.
España está a la cola de la Europa social. El estado del Bienestar contribuye a la eficiencia económica, educando, asegurando trabajo estimulante, ofreciendo seguridad y protección social que garantiza la cohesión social. El desempleo, el miedo, la inseguridad… nunca motivan a la población. La seguridad, la cooperación y la solidaridad sí (104-105).
La burbuja inmobiliaria, que tanto daño ha hecho a la economía española: El precio de las viviendas crecio un 106% desde que se estableció el euro, en 1999, hasta el 2007, mientras que los salarios nominales crecieron sólo un 8% (113).
Permitir la integración de las mujeres al mercado de trabajo es una inversión mejor que invertir en el AVE (118).
El salario es a nivel microeconómico un coste, pero a nivel macroeconómico es también un componente fundamental de la demanda, i.e., de la capacidad de consumo. En crisis ocurre este círculo vicioso: Bajan los salarios y hay despidos, lo que provoca menos consumo, que provoca menos ventas, que provoca menores salarios y más despidos. Soluciones: planes de estímulo público para proporcionar empleo, aumentar el salario mínimo, mejorar las prestaciones por desempleo. NOTA: En otra entrada ya vimos que reducir los salarios junto con el tiempo de trabajo puede ser muy estimulante para la economía y la sociedad.
La productividad depende de los salarios, pero también de los horarios, el ambiente laboral, el transporte al trabajo, compatibilidad con la vida personal, de la participación de trabajadores en las decisiones estratégicas de la empresa, de la calidad e innovacción… Trabajadores desmotivados son trabajadores que no producirán tanto como los que están motivados y felices en su trabajo (124 y 132). Es imposible que todos los países sean competitivos a la vez, por lo que más que competir hay que colaborar (131). NOTA: Hay que conseguir una economía en la que todos ganen o, al menos, todos puedan ganar: No podemos permitir que nuestro sistema de producción sobreexplote ni la Naturaleza, ni a otros seres humanos.
España es el país en el que existe mayor diferencia entre los salarios altos y la media salarial. Los políticos conservadores y neoliberales dicen que subir el salario mínimo destruye empleo pero los datos muestran lo contrario: Los países con menor salario mínimo tienen más desempleo. Subir el salario mínimo sirve de estímulo a la demanda, la producción y el empleo (134).
Ha de impedirse que empresas con beneficios disminuyan sus plantillas, y cualquier ventaja fiscal debe estar condicionada a la creación de empleo (136).
El crecimiento económico es el resultado de que aumente no sólo la inversión sino también el consumo, el gasto público y el saldo del comercio exterior. Y, por tanto, se puede generar crecimiento económico mediante el estímulo del consumo que favorecen los salarios más elevados. Bhaduri y Marglin han determinado que en la mayoría de las economías europeas (incluida Europa entera y España) lo mejor para aumentar el crecimiento económico es subir los salarios (139). NOTA: ¡Uf! Otra vez la palabra maldita de «crecimiento». No hace falta ser economista, ni biólogo, ni matemático, ni muy listo para entender que no es posible que NADA mantenga un crecimiento de forma indefinida. Por tanto, les exigimos a los políticos que cada vez que hablen de crecer, que digan hasta dónde pretenden crecer. O ponemos nosotros el limite, o lo pondrá la Naturaleza, con la misma piedad con la que la tratamos. ¿Te imaginas qué pasaría si un hámster no detuviera su crecimiento? Por eso ahora se habla de decrecimiento. En otras páginas del libro los autores se muestran más críticos con el crecimiento (pág. 198).
No podemos confiar en la banca privada, ni en el sistema financiero sin reglas, con plena libertad de movimiento de capitales para especular y ganar mucho sin beneficiar a la economía (144). Nada de eso lo han impedido ni el FMI ni el Banco Mundial. Los bancos han estafado y engañado con impunidad a muchos de sus clientes (145). NOTA:Ya lo dijo Toni Comín, y también proponía la Tasa Tobin.
La base de los problemas que ha creado la banca privada se encuentra en el privilegio que tiene de crear dinero bancario cuando concede préstamos (148). Se debe elaborar una ley de ética bancaria que imponga transparencia y buen uso de los fondos, e impida que los bancos sean instrumentos del fraude y evasión fiscal (149).
Hay que someter al Banco Central Europeo a los poderes representativos y vincular su función a la consecución del pleno empleo y la satisfacción plena e integral de las necesidades humanas, y no al servicio de poderosos grupos financieros (149). El BCE debería estar comprometido con la sostenibilidad económica y ambiental, la igualdad… y tendría que rendir cuentas al Parlamento Europeo (176).
Lo que se supone que debemos hacer es aumentar el gasto y también los ingresos (152). NOTA: En esto tampoco estamos de acuerdo con estos autores. Podría ser bueno aumentar el gasto en lo social, pero no de modo general. De modo general hay que reducir el gasto público, y sobretodo si no se tiene dinero, y más en gastos absurdos (senado, autopistas, AVE, escudo antimisiles…).
Hay inversiones que tienen un necesario horizonte a largo plazo y que lo lógico es que se financien con deuda (152). NOTA: ¿Es eso lo lógico? Lo lógico es nunca tener una deuda excesiva. Si para invertir en lo social tenemos que endeudarnos mucho, vamos muy mal. Insistimos: Hay que gastar lo que se tiene (déficit cero), salvo excepciones.
Premios Nobel de Economía como Joseph Stiglitz, o Paul Krugman se oponen a los planes de austeridad, indicando que dirigen las economías hacia el desastre (153). NOTA: Eso requiere puntualizar, ya que ¿será mejor un plan de derroche? Austeridad es gastar en lo importante, y no gastar en lo superfluo.
Los rescates a los Estados de la UE sólo benefician a los bancos: Es una transferencia de dinero público a manos privadas (a los bancos que tienen deuda pública) (157). NOTA: Es absurdo un Estado que pida deuda diariamente.
Otra Europa, otro mundo… y una economía al servicio de las personas y en armonía con la Naturaleza:
Hemos creado una economía internacional en la que los estándares de protección laboral, de salarios, protección ambiental son cada vez más reducidos, sometiendo los intereses sociales a los empresariales, y si las empresas no están conformes con las condiciones de un país (impuestos, normas laborales o ambientales) pueden deslocalizarse, irse a otro país con normas menos exigentes. A veces, basta con amenazar con irse para que los países cambien normas o apliquen subvenciones (169).
Las cosas se pueden hacer de otro modo: Es un evidente fracaso de las políticas neoliberales que mueran de hambre entre 30.000 y 35.000 personas todos los días, y unos 2.700 millones de personas carecen de acceso a agua limpia, por lo que mueren diariamente 5.500 personas (170). NOTA: Es innegable que lo estamos haciendo mal. Por tanto lo que está claro es que es urgente un cambio en las políticas internacionales… ¿te sumas?
La actual Europa se ha construido atendiendo únicamente a los aspectos financiero y monetario, y dejando de lado el resto de ámbitos económicos (172). NOTA: Y también biológicos, creo que diría el bio-economista Georgescu-Roegen.
Los autores de este libro se quejan de que el tratado de Maastrich obligaba a los Estados a no tener un déficit público mayor del 3% del PIB y una deuda púbica inferior al 60% del PIB, lo que significó (según ellos) un freno al crecimiento económico y a la producción de empleo (172, y en la pág. 177 vuelven a quejarse del poco crecimiento económico que permite la globalización financiera). NOTA: Frenar el crecimiento económico es bueno en un mundo claramente superpoblado y sobreexplotado en sus recursos naturales. ¿Cómo podemos frenar el crecimiento económico y la sobreexplotación, produciendo más empleo? Sólo se me ocurre una alternativa: Repartir el empleo, i.e., reducir la jornada laboral, lo cual tiene otras ventajas añadidas.
El modelo de crecimiento europeo tiene que ser de una naturaleza muy distinta: crecimiento cooperativo y coordinado, en donde la inversión pública y privada esté basada en las nuevas tecnologías y, en concreto, en las energías renovables y la investigación, en el respeto al medio ambiente y en la promoción de formas alternativas de producir y consumir (179). No puede seguirse el modelo capitalista de producir y consumir como si se dispusieran de recursos inagotables (196). NOTA: Hay que tender a la economía estable, sin crecimiento, pero tal vez se requiera una fase de decrecimiento en los países ricos. Como decía Joan Melé en una extraordinaria conferencia, los humanos primero crecemos físicamente, y luego hay que madurar pero ya sin crecimiento.
Si no se impone la cooperación, la armonía y el reparto equitativo de la riqueza, si no se admite que quien debe gobernar Europa es la ciudadanía mediante sus representantes y no los grupos de presión y los poderes financieros, no quedará más remedio que reclamar la salida del euro (181). NOTA:Más democracia, como pedía el Nobel de Economía A.K. Sen.
Entre Europa y Estados Unidos se han gastado más de 15 billones de dólares para hacer frente a la crisis ayudando a las empresas y a los bancos que las habían provocado y, sin embargo, no se puede decir que con ello se hayan solucionado los problemas porque se requieren reformas profundas además de dinero (182).
Hay que democratizar los organismos internacionales: Banco Mundial, ONU, FMI… (183), y sin derecho a veto. La ONU debería tener entonces poder para decisiones en materia económica. Y para ser miembro los países deberían respetar los Derechos Humanos (209). NOTA: Tal y como dijo Toni Comín.
La deuda de Estados Unidos es gigantesca y sólo se hace frente emitiendo más dólares (más papelitos), y esto les funciona porque China está comprando la deuda estadounidense a cambio de vender sus productos. Y eso sólo funciona porque China está acumulando esos dólares, de modo que antes o después va a obligar a que se modifique el estatus mundial. NOTA: China también tiene deuda española… está comprando el mundo, como impone el modelo parasitario chino de expansión económica.
Defender el libre comercio es injusto, mientras los países ricos subvencionen sus productos (186-187). Por ejemplo: En la UE es donde es más caro producir azúcar, pero gracias a las subvenciones es la primera potencia exportadora mundial, y causa del empobrecimiento de millones de personas. El libre comercio que defienden los neoliberales es un simple engaño que no se da en ninguna parte y que sirve de excusa para que sólo se protejan los ricos. Frente a eso hay que reclamar un mecanismo de cooperación (comercio justo).
En España hay 100 viviendas vacías por cada persona sin hogar. NOTA: Es evidente que en España se ha construido mal y demasiado, pero se puede sacar partido de eso… ¿Se podría expropiar una vivienda después de estar vacía más de 3 años, y tras avisar 3 veces, por ejemplo?
Como nada que no tenga expresión monetaria se registra al valorar la actividad económica, no cuentan la destrucción del medio ambiente, ni el despilfarro de residuos que no se usan pero que gastan energía y recursos naturales, ni la desaparición de especies, ni la belleza de un paisaje, por ejemplo. El PIB (Producto Interior Bruto) que usan los economistas permite hacer cuentas que son extraordinariamente engañosas porque incentivan la producción y el consumo en cantidades que no es posible soportar en la naturaleza (197). Si ello se hiciera, dejaría de ser rentable la construcción de docenas de campos de golf, trenes de alta velocidad, autopistas o muchas urbanizaciones. Hay que ver la Naturaleza como un espacio que tenemos prestado y que tenemos que devolver en las mismas condiciones (199). NOTA:El uso del PIB ha sido ya muy criticado por muchos economistas, y por este mismo blog, y fue identificado como uno de los problemas más serios de la humanidad que deberían tratarse el la cumbre mundial sobre Sostenibilidad Río+20.
Si calculamos el agua que gastamos directamente y la que ha sido necesaria para producir lo que consumimos, a cada persona le corresponde entre 2.000 y 5.000 litros de agua por día de media. Sólo comerse una hamburguesa conlleva gastar 2.400 litros de agua (más gasolina, abonos…) (197). NOTA: De ahí que Araújo, entre otros, dijera que el vegetarianismo es una de las mejores defensas ambientales.
Los alimentos que comemos conllevan un transporte por termino medio de 4.000 kilómetros. Para satisfacer el nivel de producción y consumo de España necesitaríamos 3,5 Españas. Estamos colonizando ambientalmente otras superficies del planeta. Hay que dar prioridad al incremento de la producción local, a la ecológica y a la ahorradora en energía, transporte y materiales (198). NOTA:Véase el Informe Planeta Vivo de WWF.
Las alternativas a la crisis pasan por romper este cascarón de fantasía consumista y de individualidad en el que están encerrados millones de personas. NOTA: Esta es una tarea importante de las ONGs, como conciencia de la sociedad.
El sistema electoral español está diseñado para perjudicar a los partidos minoritarios. Es importante que cada persona tenga la misma capacidad de decisión, con independencia de cuál sea su lugar de votación, y efectuar referendos vinculantes. Democracia no es sólo votar cada cuatro años. La supervisión de los gobernantes por los gobernados exige la posibilidad de retirar una decisión o a un representante según el deseo del electorado (206). NOTA: También es evidente que hay demasiados políticos en España, pues por lo menos sobra el inútil senado, las diputaciones y la mitad de los diputados autonómicos, además de reducciones serias en los ayuntamientos.
Propuestas concretas: Al final del libro los autores proponen 115 propuestas, de las que destacamos sólo éstas, además de las ya expuestas más arriba.
Prohibir los productos financieros especulativos, el secreto bancario, y los paraísos fiscales. Controlar los movimientos especulativos de capital. Prevenir y controlar el fraude fiscal, y gravar más las grandes riquezas. NOTA: Se podría empezar por los paraísos de la UE, tales como Gibraltar, así como peticiones concretas a otros como Suiza. En España hay unos típicos actos de fraude fiscal, algunos de ellos permitidos por los ciudadanos, y por las autoridades.
Impuestos sobre transacciones financieras en función del grado de utilidad social de la transacción (Tasa Tobin, Robin Hood, o TTF). Limitación de remuneraciones a directivos y brokers.
Ayuda oficial al desarrollo, del 0,7%, destinada al presupuesto de la ONU.
Reducción del gasto militar el 20% en todos los países, también para la ONU.
Impuestos sobre la emisión de gases contaminantes, para los presupuestos de la ONU.
Desaparición de barreras al comercio en los países pobres, y de subvenciones a sectores de los países ricos. NOTA: Esto puede implicar más paro en algunos sectores, pero también ahorro de dinero para fomentar empleo en otros sectores, y más justicia con los países pobres.
Obligar a las multinacionales a cumplir un código de responsabilidad en las condiciones laborales, sanitarias y humanas. NOTA: También ambientales, y todo ello cumpliendo, al menos, la legislación del país de origen de la multinacional (y donde vayan sus principales beneficios).
Creación de una agencia pública de calificación.
Fomentar la producción local, menos contaminante, y la que menos residuos genere y requiera menos gasto energético, así como la agricultura ecológica, y el transporte público eficiente (el AVE es caro, ineficiente y de gran impacto ambiental).
Incrementar el gasto social en España para converjer al gasto promedio de la UE-15, en cinco años.
Creación de una banca ética pública, que asegure que sus inversiones financieras sean socialmente responsables.
Promover cooperativas de agricultores y en otros sectores, para eliminar el peso de los intermediarios (que elevan el precio excesivamente, sin aportar apenas beneficios a la sociedad). Acercar los lugares de consumo y producción, ayudando al pequeño comercio frente a los centros comerciales.
Subir el salario mínimo, para equipararse a los países europeos de similar PIB.
Prohibición de los despidos en empresas con beneficios.
Repartir el trabajo disminuyendo la jornada laboral (y obtener sus ventajas), y eliminar el retraso de la jubilación de los 65 a los 67 años.
Mejorar la igualdad entre hombres y mujeres, y la conciliación entre la vida personal y laboral. Los permisos de maternidad/paternidad deben ser obligatorios para ambos.
Plan de austeridad pública que respete los derechos laborales y sociales.
Velar por la pluralidad en los medios de comunicación. NOTA: Y debería ponerse límite a la publicidad en cantidad y en calidad, incluso poner una tasa a los productos menos respetuosos con la sociedad y el medio ambiente.
Control exhaustivo de la clase política, aplicando nuevas tecnologías y procesos de transparencia. Instaurar una ley de transparencia en la financiación de los partidos políticos, controlando la salida y entrada de cargos políticos en cargos en la empresa privada.
Mejorar la democracia: referendos vinculantes, evaluar el grado de cumplimiento de los programas electorales, que el voto de cada persona valga lo mismo.
Téngase en cuenta que cada tweet no puede tener más de 140 caracteres, aunque aquí se han modificado ligeramente algunos por cuestiones de estilo. Para más libros resumidos como éste mira la web de nuestros libros resumidos.
Roubini es uno de los analistas económicos más influyentes y certeros del mundo. En 2006, fue apodado “Doctor Fatalidad” por su vaticinio de la crisis financiera. Dos años más tarde, se vio que estaba en lo cierto.
En este libro (Deusto, 2023), Roubini expone diez amenazas terribles que se ciernen sobre nosotros, a nivel global. Se trata de amenazas graves, económicas, financieras, geopolíticas, tecnológicas, sanitarias y medioambientales. Según él, «unas políticas adecuadas podrían evitar parcial o totalmente una o varias de ellas, pero en conjunto, la desgracia parece prácticamente asegurada [porque] las soluciones más plausibles son complejas y costosas y están cargadas de fricciones políticas y geopolíticas». Es decir, que aunque no sea lo más acertado, lo más cómodo a corto plazo es no hacer nada decisivo.
Esas amenazas podrían provocar grandes daños y miseria; y no se pueden resolver de forma rápida ni fácil. Además, todas ellas están relacionadas entre sí.
Para este analista, «nos enfrentamos a un cambio de régimen, pasando de una época de relativa estabilidad a una de grave inestabilidad, conflicto y caos». Si se cumplen sus predicciones, no solo perderemos un planeta sano y sostenible, sino también la batalla ante enfermedades infecciosas y, posiblemente, también la paz entre las grandes potencias. Para resolver esto, el autor mantiene que necesitamos tres factores: suerte, crecimiento económico y cooperación mundial. Desde Blogsostenible, no estamos de acuerdo en el segundo aspecto, porque el crecimiento económico siempre se hace a costa de degradar el planeta. Por tanto, cambiamos ese «crecimiento económico» por austeridad y solidaridad (decrecimiento).
Aunque parten de puntos de vista distintos, las conclusiones se parecen a las que llegan R. Fernández y L. González en su compendio En la espiral de la energía, por ejemplo en su rechazo a posibles soluciones que hoy no existen y que probablemente nunca lleguen a existir: tecno-optimismo o hipotéticas soluciones económicas.
La madre de todas las crisis de deuda
Desde hace bastantes años, nosotros y otras fuentes muy solventes, nos esforzamos por advertir que se está cociendo una crisis económica brutal. Nosotros le pusimos el nombre de la GRAN CRISIS (todo en mayúsculas). Resulta inquietante que este analista también lo augure poniendo una fecha aproximada: en esta década, o en la próxima. Roubini dice: «Si tenemos que dar con un nombre para la crisis que se avecina, llamémosla la gran crisis de deuda estanflacionaria».
La economía vive hinchando y explotando burbujas, alternando momentos de bonanza y de crisis, pero lo que está por venir podría ser de tal calado que será mucho peor que todas las crisis anteriores. El autor dice que «el mundo entero se parece cada vez más a Argentina» (que se endeuda una y otra vez y no es capaz de afrontar sus obligaciones). La deuda pública de los gobiernos y la privada sube a un ritmo muy alarmante. A finales del 2021, la deuda mundial sobrepasaba el 350% del PIB mundial (420% para algunas economías avanzadas; 330% para China). Ese nivel de endeudamiento es una locura para cualquier economía. Cuando una familia supera su nivel de deuda vienen problemas graves (desahucios, embargos, etc.). Sin embargo, los estados no paran de endeudarse más y más, hasta límites sencillamente insostenibles (y por tanto, son deudas imposibles de pagar).
Roubini no está en contra de endeudarse, y además, tiene claro que ante problemas de deuda no solo es culpable el deudor, sino que los prestamistas son cómplices (por correr en busca de rápidos beneficios, sin analizar bien el riesgo). Si inviertes pensando solo en ganar mucho, puede que pierdas todo. Un ejemplo —que cita el autor— es la inversión en criptomonedas y otros activos sin valor intrínseco, para los que se crean burbujas en las que solo muy pocos pueden ganar mucho, mientras que son muchos los que pierden. No olvidemos que «las burbujas siempre preceden a las quiebras y caídas, pero esta vez la escala supera con creces a todas las precursoras» (ahora hay más deuda que nunca).
Cuando un gobierno no puede devolver sus deudas (ni puede endeudarse más porque nadie se fía), viene la recesión. Por lo pronto, EE.UU. ha aumentado su techo de deuda para esquivar la crisis. Esto simplemente retrasa y aumenta la crisis. Por otra parte, los mercados emergentes fuertemente endeudados pueden sufrir «consecuencias demoledoras»; de tal forma que «en lugar de exportar bienes o materias primas (…) exportarán ciudadanos» (como ya se está viendo).
Ante problemas de impago de deudas, hay instituciones internacionales (FMI o Banco Mundial, por ejemplo) que pueden ayudar a camuflar los errores o la mala suerte (a cambio de ciertas medidas más o menos discutibles). Sin embargo, «cada vez es más difícil encontrar una ayuda sólida» y, además, hay riesgo de empeorar los problemas. Una alternativa que suele elegirse es el rescate a empresas (por ejemplo: España prestó dinero a los bancos en la crisis de 2008, pero ya se ha anunciado que no van a devolverlo). Roubini aclara: «la socialización de deuda privada insostenible suele conducir a deuda pública insostenible».
Resumiendo el caso de Estados Unidos, afirma que cuando mandan los republicanos (ultra derecha), recortan los impuestos, fingiendo que equiparan el dinero perdido a sus recortes en el gasto (para ayuda social), «y por lo general fracasan». Por su parte, los demócratas (derecha moderada) costean programas sociales sin aumentar los impuestos lo suficiente para sufragarlos. Conclusión: la deuda sube con ambos partidos.
No solo crece la deuda pública. La deuda privada también está aumentando a un ritmo exagerado, para viviendas, educación, ropa… A nivel particular lo más inteligente es reducir la deuda lo más rápido posible, aunque sea a costa de una austeridad inteligente. Esa es la receta de la escuela austríaca. Sin embargo, cuando se trata de gobiernos, las normas no son las mismas que para particulares, porque los Estados tienen otros mecanismos (emitir bonos, fabricar más dinero, estimular la demanda…). Por eso, los keynesianos tienen otro sistema para evitar la crisis: inyectar efectivo como sea. Es decir, «gastar más para resolver los problemas de deuda» (i.e. aumentar la deuda pública). Si se consigue mantener el crecimiento económico, la cosa puede funcionar, pero dado que el crecimiento no puede ser infinito, es predecible que «algún tipo de acontecimiento acabará por pinchar la burbuja de la deuda mundial». Y estamos «al borde del precipicio».
Otra solución es el impago de la deuda, con sus consecuencias (contracción del crédito, quiebra de empresas, desempleo, hogares que pierden sus ingresos y sus casas, inflación, estanflación…). Roubini apunta a que esto será lo que ocurrirá y avisa: «va a ser desagradable».
¿Habrá dinero para sanidad y pensiones?
Esta es otra megamenaza para Roubini. Algunos proponen retrasar la edad de jubilación, lo cual puede traer inestabilidad social (como ha ocurrido en Francia, por ejemplo). El envejecimiento de la población reduce la oferta de trabajadores y aumenta los gastos en jubilaciones y sanidad, pero hay que estudiar otros factores (como una menor delincuencia, por ejemplo).
Ante este problema, algunos políticos proponen erróneamente fomentar la natalidad. Es un error, porque agrava el problema para el futuro. El crecimiento demográfico no puede mantenerse indefinidamente, por lo que el problema del envejecimiento tendrá que ser afrontado tarde o temprano. Si es tarde, la humanidad tendrá que solucionarlo en un mundo más desgastado, con mayor cantidad de ancianos y donde los problemas actuales sean aún más acuciantes.
La falta de trabajadores se resuelve con dos medidas importantes: aumentar la libertad de circulación de personas (inmigración) y reducir la jornada laboral. Roubini también propone aumentar los impuestos a los multimillonarios, aunque esto puede tener el efecto contraproducente de que huyan a paraísos fiscales. Una ventaja importante de la inmigración es que los inmigrantes envían dinero a sus países de origen, lo que contribuye a estabilizar economías en países empobrecidos. Según el economista Dani Rodrik, una inmigración más libre es mejor para el PIB mundial que la liberalización del comercio y de los movimientos de capital. Por supuesto, no todo es positivo, ya que la inmigración podría implicar reducción de salarios.
Y a ese problema, se suma la pérdida de empleos por la creciente robotización. Dos soluciones ineludibles para afrontar esto son la ya mencionada reducción de la jornada laboral y, por supuesto, hacer que los robots y computadores paguen impuestos como cualquier otro trabajador.
Abaratar los préstamos es una alternativa cortoplacista, porque ello fomenta la afición al riesgo de pedir más y más dinero prestado. Demasiadas familias, empresas y gobiernos han caído y están cayendo en ese error. Por ejemplo, se generan burbujas inmobiliarias, las cuales aumentan el número de endeudados y también el número de desahuciados, además de graves destrozos ambientales. Desde la política, se puede intervenir para evitar recesiones. Inyectar dinero en el sistema y aumentar el gasto público no siempre funciona bien, porque acaba subiendo la inflación y la deuda pública. Roubini propone ser keynesiano al principio de una crisis, cuando hay falta de liquidez (i.e. facilitar el acceso al dinero), pero más adelante adoptar posturas en la línea de la escuela austríaca (austeridad y reducción de deuda).
Lo que Roubini viene a decirnos es que aunque hay shocks imprevisibles, podemos prepararnos para cuando vengan, aunque no sepamos cuándo. «Los cracs se producen porque en los buenos tiempos no somos inteligentes ni prudentes. No fomentamos lo bastante el ahorro en los sectores privado y público. Dejamos que el crédito y el endeudamiento se salgan fuera de control».
En la actual situación, el riesgo es de estanflación (estancamiento con inflación), la unión de desempleo, recesión e inflación. El economista Arthur Okun inventó el índice de miseria: una simple suma de la tasa porcentual de inflación con la tasa porcentual de desempleo. Cuanto mayor es este índice, peor es la situación.
Y todo esto en un clima en el que algunos proponen gastar más (aún) en defensa (y para esas personas la guerra en Ucrania y las locuras de Putin son la excusa ideal).
Emergencia climática desatendida y criptomonedas
Roubini nos advierte que el cambio climático es una fuerza que no pueden ignorar los bancos centrales y que empujará hacia la estanflación, al menos de cuatro formas:
Sequías que expandirán los desiertos (en África, suroeste de EEUU., sur de Europa…).
Aumento insuficiente en energías renovables, lo cual aumenta el precio de la energía.
Catástrofes naturales que, evidentemente, frenan la industria.
Nuevas pandemias globales, provocadas por la destrucción de ecosistemas o por el derretimiento del permafrost, que podría liberar virus congelados.
También apunta a otros factores como la militarización del dólar, los cada vez más frecuentes ciberataques y la desigualdad. Reconoce que la innovación tecnológica podría influir positivamente (tecno-optimismo), pero también negativamente, pues «la inteligencia artificial, la automatización y la robótica no son un bien en estado puro» (podrían alterar profesiones e industrias enteras, aumentando la desigualdad).
El libro afirma que la desigualdad es un grave problema que la inflación inevitablemente empeora. En Blogsostenible advertimos hace tiempo de este problema y dimos siete soluciones. Roubini resalta la necesidad de controlar especialmente a los que suelen quedarse atrás en una recesión: mujeres, minorías y pobres. Y advierte: «No cometas el error de pensar que la desigualdad de la riqueza solo perjudica a los que están en los peldaños más bajos». «La desigualdad es uno de los retos más terribles de nuestro tiempo».
Para este economista, las criptomonedas (que prefiere llamarlas shitcoins, del inglés shit, mierda) son también amenazas a la estabilidad financiera. Algunos motivos son su escasa estabilidad o su limitada escalabilidad. Además, en un mundo donde hay que reducir el consumo de energía, el sistema blockchain la dispara. Por si fuera poco, las criptomonedas se usan para ocultar ingresos a defraudadores y delincuentes de diversa índole (terroristas, traficantes…). Los incautos que invierten en esas monedas etéreas podrían estar colaborando con la delincuencia internacional y perder su dinero de un día para otro por invertir en «enormes riesgos», que en gran parte son «manipuladores esquemas Ponzi» (estafas piramidales).
«La desglobalización es una megamenaza»
Para Roubini, la globalización tiene más ventajas que inconvenientes. En el libro enumera tanto unas como otras, pero se olvida de los daños ambientales (por ejemplo, del transporte) y del enorme riesgo de depender del comercio internacional. Lo hemos visto con la COVID-19 y con un pequeño fallo en el canal de Suez.
La Doctrina del Shock: Lee un resumen de este libro, también de Naomi Klein.
Efectivamente, la globalización traslada la producción a donde los salarios son más bajos. Con eso —simplifica— «cambiamos buenos puestos de trabajo con buenos salarios por importaciones baratas», y concluye que el proteccionismo —imponer barreras al comercio con aranceles— acaba aumentando los precios de los productos importados. Roubini olvida contabilizar las ventajas de una menor contaminación global. Naomi Klein advirtió claramente en uno de sus libros contra los peligros del excesivo libre mercado y, en otro, contra los peligros que el capitalismo ejerce sobre la naturaleza.
Es cierto que algunos partidos de ultraderecha usan la globalización como medio para justificar el racismo porque, supuestamente, los inmigrantesroban empleos a los nativos, o gastan recursos de sanidad. Según Roubini, la realidad es que «la contribución económica de los inmigrantes supera con creces cualquier carga para las finanzas públicas». No parece justo que, mientras el dinero fluye libremente, las personas pobres sufran toda clase de barreras.
Por otra parte, se reconoce que las multinacionales pueden abusar de los trabajadores en los países pobres, además de extraer recursos naturales «sin pensar en el impacto a largo plazo» (y no dice, ni una palabra, del impacto ambiental ni de la falta de derechos humanos en ciertos países, como China). Además de eso, la guerra de Ucrania nos ha mostrado los peligros de la dependencia energética excesiva de países como Rusia, y por eso Roubini habla de una globalización friendshoring, centrada en el comercio y la inversión entre amigos y aliados.
El autor se queja de las protecciones que dificultan la globalización, tales como las normas ambientales y las reivindicaciones de privacidad (por ejemplo, por parte de Europa al imponer controles y frenar el flujo de datos de poderosas empresas tecnológicas de Estados Unidos). Alega que Europa l0 hace para aumentar sus ventajas tecnológicas, cuando lo más probable es que solo se pretenda proteger el derecho a la privacidad de los europeos. De hecho, EE.UU. también impone controles de privacidad a empresas extranjeras (particularmente las de China). «Los datos son el nuevo petróleo», afirma este economista.
Roubini es un ejemplo de un economista educado en las ventajas del libre mercado y desinformado respecto a la importancia de la naturaleza y a cuánto la economía depende de la ecología (Georgescu-Roegen ya nos advirtió sobre ello). No obstante, intenta hacer un análisis completo de las ventajas e inconvenientes del libre mercado y reconoce que, a pesar de estar a favor del mismo, no garantiza un mundo equitativo en el que todos estén mejor. Para que unos tengan precios baratos, otros tienen que perder sus empleos. El autor no dedica aquí ni una palabra a comentar los males que genera el consumismo (por ejemplo, los datos ambientales), y se dedica a resaltar las bondades del «aumento neto de la producción global», dejando claro que su objetivo es crecer (en un mundo que necesita justo lo contrario: decrecer).
Ante el aumento de la pobreza y la desigualdad, Roubini sostiene que «la globalización redistribuye la riqueza» (aunque no sea de forma justa ni equitativa), y propone «políticas más generosas para las personas que sufren (…) para que todos estén mejor con un comercio más libre». Para él, la tecnología ha hecho desaparecer más empleos que la globalización y no se trata de copiar a los luditas ingleses que a principios del XIX destrozaban los telares mecanizados para conservar sus empleos. Es cierto que los robots y los ordenadores están eliminando puestos de trabajo de forma masiva, a la vez que mejoran nuestra calidad de vida. Nuestra sociedad debe buscar formas urgentes de resolver el problema de alimentar y satisfacer a millones de desempleados. El economista Richard Baldwin predijo una «convulsión globótica» (de globalización y robótica) que acabará en un enfrentamiento entre los humanos y las máquinas que los sustituyen. Como hemos dicho, nosotros proponemos implantar impuestos a los robots y a los ordenadores que desplacen el trabajo humano, así como reducir la jornada laboral (trabajar menos para repartir mejor el empleo donde sea posible). Se puede hacer manteniendo el salario o bajándolo ligeramente, de forma no proporcional (a cuenta de los impuestos a la mecanización). Incluso una microrreducción de la jornada sería algo positivo. Además, proponemos otras medidas variadas para atajar este grave problema.
El teletrabajo está haciendo que muchos empleados puedan vivir en países que les permiten bajar sus honorarios (contables, agentes de seguros, abogados, programadores…). Aunque Roubini critica la desglobalización y olvida tratar ciertos problemas, debe conocer sus amenazas ya que lo que finalmente propone es una globalización lenta.
La Inteligencia Artificial es otra megamenaza
«No importa cuál sea tu trabajo, la IA podría acabar haciéndolo mejor». Roubini nos pinta un futuro distópico donde las máquinas podrían desplazar a los humanos y generar nuevos problemas (como en relatos de ficción como Prefiero que me mientan o Son superiores, pero no en todo). Las tres leyes de la robótica de Asimov podrían ser insuficientes ante el aluvión de problemas que la IA puede conllevar (p.e., discriminación de todo tipo).
John Maynard Keynes y Bertrand De Jouvenel son economistas que nos han advertido claramente de los peligros de economizar mano de obra, cuando esta es abundante, y de despilfarrar recursos materiales y energéticos, cuando estos son escasos. Y, sin embargo, la tendencia de la IA es a sustituir el trabajo humano, aunque sea bajo la bandera de beneficiar a las personas. Todos los sectores están afectados (camareros, cocineros, profesores, sanitarios, conductores, contables…) y, aunque se crearán nuevos empleos hay algo cierto: «el sector tecnológico emplea a muchas menos personas que otros sectores más antiguos» y «la IA invade más puestos de trabajo que las revoluciones anteriores».
Incluso, Roubini añade: «Cuando los ordenadores desarrollen la motivación para aprender por sí mismos a una velocidad de vértigo sin dirección humana se producirá una explosión de inteligencia». Preguntamos: ¿A alguien le extrañaría que las máquinas concluyan que los humanos son una plaga que habría que exterminar? ¿Estamos ante una precuela de Terminator?
Según el dictador de China, Xi Jinping, su país y Estados Unidos pueden prosperar juntos; pueden ser rivales sin derramar sangre. Ahora bien, cualquier excusa (como la anexión de Taiwán a China) podría ser el origen de una guerra multilateral. Para Roubini, la actual guerra fría es otra megamenaza que avanza en muchos terrenos, no solo el económico o el militar, a pesar de que ambos países «tienen muchas razones para colaborar».
Roubini aconseja que Europa se desvincule de China lo que pueda, aunque advierte que el desacople total sería terriblemente caro para ambas partes. Lo que no hay duda es de que las compras masivas de Europa a China es una forma de dar dinero a un gigante que no encaja con los más mínimos valores éticos: China es una dictadura que viola los Derechos Humanos y contribuye a emisiones de contaminación intolerables, por citar algunas cuestiones.
¿Un planeta inhabitable?
Abordar el problema climático requiere una cooperación internacional, que se ve entorpecida por la rivalidad EEUU-China. Conocemos las terribles consecuencias que nos esperan si no actuamos y —a pesar de ello— seguimos sin movernos.
Roubini advierte: «A no ser que vivas en un lugar elevado, en latitudes frías, con abundante agua potable y ricas tierras de cultivo, prepárate para mudarte». Debemos contar con migraciones masivas, y no solo de personas, sino también de microbios. A estas alturas, Roubini es muy claro: «Debatir sobre las causas del cambio climático hace que perdamos un tiempo valioso» (ya está bien demostrado que el origen es antropocéntrico).
En su rápido repaso por los múltiples desastres involucrados, está la subida del nivel del mar, que desafía no solo a ciudades y países costeros, sino a diversos emplazamientos con desperdicios peligrosos y con reactores nucleares. La salinización de acuíferos agravará el problema de la escasez de agua debido, entre otros motivos, a la sobreexplotación y a la contaminación. También hay que tener en cuenta las sequías masivas, incendios, desertización, huracanes y tifones, enfermedades zoonóticas por la destrucción de ecosistemas, etc. Como economista, Roubini tiene claro que las pérdidas van a ser billonarias (con b), por lo que cualquier inversión en prevención será rentable.
Roubini reconoce ciertos, aunque insuficientes, avances en algunas áreas, como las renovables y la electrificación, y comenta la contradicción que supone que muchos procesos de la transición ecológica requieren de energía fósil para hacerla posible (por ejemplo, la extracción de los minerales para las renovables o para el coche eléctrico, el cual hace que sea casi imposible un coche ecológico). En muchos casos, lo que se está haciendo es trasladar egoístamente las cargas económicas y los problemas ambientales a las generaciones futuras, a veces, bajo la «creencia mágica de que las nuevas tecnologías y el aumento de la riqueza resolverán el problema». Roubini alerta de las falsas promesas de la geoingeniería, tales como la captura de carbono, o la liberación de partículas en la alta atmósfera para frenar el calentamiento. Ese tipo de técnicas requieren una «inversión estratosférica» y tienen efectos laterales imprevisibles (como perjuicios a la agricultura, que evidentemente depende del sol).
Los impuestos al carbono podrían permitir tanto la reducción de la contaminación como la captura de fondos para financiar la transición. Sin embargo, esto supone un aumento de costes, lo cual puede ser algo indeseable para ciertos colectivos. Roubini afirma que la media mundial del impuesto sobre el carbono es de 2 dólares por tonelada de CO2, pero debiera estar en 200 dólares por tonelada para que las temperaturas no suban más de 2ºC. «Tres grados de calentamiento global son bastante probables y realmente desastrosos».
Este economista nos alerta de la «bomba de relojería medioambiental» que supone particularmente África, pero en realidad la bomba es planetaria. «Los que hoy no ven ninguna megamenaza en el cambio climático se preguntarán por qué no hicimos nada cuando tuvimos la oportunidad de actuar». La causa es que «hemos escuchado a la gente equivocada», no a los científicos. Tal vez, vemos que actuar es «demasiado caro»; y no queremos mirar el precio de la inacción.
Conclusiones
Al final del libro, Roubini hace dos predicciones posibles, una pesimista y otra (más o menos) optimista (como en el relato Dos futuros posibles tras una pandemia). En la opción distópica resume los peores efectos de los problemas comentados. Además, alerta de argumentos populistas (como los que auparon al Brexit o hicieron ganar a Donald Trump). Para manipular a la opinión pública, se usan frases sencillas, que buscan enemigos imaginarios para confrontarnos y crear el caldo de cultivo para sus políticas. De ahí que surjan movimientos antimusulmanes, antisemitas, antiinmigrantes, anti-LGTBI, antiecologismo, anticiencia, antirenovables (o pronucleares), etc. Son gentes que utilizan bien los medios de comunicación para manipular y crear noticias falsas que provoquen indignación. Un ejemplo, fue el asalto al Capitolio de EE.UU. en enero de 2021. Este tipo de hechos pueden acabar en guerras civiles, advierte.
En el escenario optimista-utópico, supone que el crecimiento económico lo resuelve todo, porque, según él, «genera recursos que pueden ayudarnos a abordar costosos proyectos públicos para prevenir el cambio climático, el envejecimiento y el desempleo tecnológico, o a hacer frente a futuras pandemias». Roubini se pregunta si la innovación tecnológica ayudará a crecer para salir de nuestros problemas. En nuestra humilde opinión, la respuesta es muy sencilla: NO, porque es precisamente la tecnología la que ha generado los mayores problemas. En teoría, podría traer soluciones, pero en la práctica es muy dudoso que el ser humano las aplique de forma altruísta. En este escenario utópico, Roubini parece rememorar la contradicción de un chiste de El Roto al decir que «nuestro objetivo debe ser seguir creciendo, pero también frenar bruscamente las emisiones de gases de efecto invernadero».
Respetar los ecosistemas reduciría el riesgo de enfermedades zoonóticas, pero el ser humano es reacio a valorar cuánto cuesta una pandemia que no ha ocurrido. Y cuando ocurre, ya es tarde para prevenir. Roubini fantasea con que el crecimiento podría aliviar los problemas de deuda, y traer energía barata, desalinización asequible, y carne cultivada en laboratorio. Pero no habla de que el crecimiento no puede ser mantenido indefinidamente por lo que, si llega ese crecimiento, será para retrasar y aumentar la crisis que nos espera. Desde el ecologismo, la solución es la contraria: un decrecimiento sensato y ordenado.
Lee un resumen de este otro libro de Klein.
Finalmente, Roubini se plantea si el bienestar de los últimos 75 años (en los países ricos) no ha sido solo una excepción en la Historia. El principio del siglo XX fue realmente aterrador: dos guerras mundiales, la mortífera gripe española, hiperinfación y luego la Gran Depresión, crisis financieras, deflación, regímenes populistas y autoritarios (Alemania, Italia, España…), etc. Para aumentar nuestra preocupación, ahora tenemos un escenario más complicado: un sistema financiero en peor estado, mayor desigualdad, armas más peligrosas (con peligro nuclear incluido), y el cambio climático, que ha venido para cambiarlo todo (queramos o no, como explicó N. Klein).
La solución está en colaborar con corazón altruista, sabiendo que cuando la cooperación fracasa, los resultados son peor para todos.
Por lo dicho, vemos que no estamos de acuerdo en todo lo que dice Roubini, pero sí en lo esencial; y también en su mazazo final: «demorarse es rendirse».
La respuesta no es evidente. Depende de muchos factores: la cantidad de dinero que queramos ganar es sólo uno más. Pero si el trabajo es escaso (como lo es, y más aún en épocas de crisis), lo más sensato es repartir el trabajo, y repartir los ingresos de dicho trabajo.
Esto conlleva una reducción de los ingresos de unas personas, y un aumento de los ingresos de otras. Con esto la sociedad en su conjunto se beneficia: Unos podrán tener unos ingresos mínimos, mientras otros tendrán que aumentar algo su austeridad. La austeridad voluntaria es una corriente denominada también como minimalismo existencial (sin necesidad de extremos como los de algunos famosos filósofos ascetas).
Como ciudadanos podemos aumentar nuestra austeridad voluntaria (cuidando que no nos afecte el perverso efecto rebote), pero repartir el trabajo es algo complicado de hacer sin contar con la colaboración de una legislación adecuada. ¿Qué puede hacer el gobierno de un país para caminar hacia el pleno empleo, la sostenibilidad, y reducir las crisis económica y ambiental? Muy fácil:
Fomentar el trabajo a Tiempo Parcial: Al menos, que el trabajador que lo desee pueda voluntariamente reducir su jornada laboral, repartiendo parte de su trabajo y sueldo con tanta gente sin trabajo. Podría empezarse por los funcionarios públicos, pero habría que llevar esta filosofía a todas las empresas: Esto facilitaría la conciliación de la vida personal y laboral, y aumentaría el número de gente con empleo. Esto no es apostar por el empleo precario: No es lo mismo cobrar poco por hora, que trabajar menos horas. Como han hecho empresas en Alemania, ante la crisis es mejor trabajar menos horas, que despedir a empleados.
Condonar parcialmente algunas hipotecas: La gente que se atenga a trabajar a tiempo parcial debería ver reducidas sus hipotecas proporcionalmente, especialmente aquellas hipotecas concedidas de forma irregular o abusiva, por el tiempo o por la cuantía. Es evidente que los bancos han abusado mucho de su poder de crear dinerocon abusivas hipotecas en las que concedían más dinero del legal (dando dinero para comprar un coche, amueblar el piso…). Más vale perdonar deudas parcialmente, que aumentar la morosidad de un país.
Aquella gente que piensa que cobra poco, puede no gustarle la idea de cobrar menos, aunque sea a costa de trabajar menos. Pero hay que pensar que otros que no cobran nada, pasarán a cobrar algo, y que algo es más que nada (hablamos de economía y de solidaridad). Y también deberían pensar en una reducción de su hipoteca, y en otras ventajas: una sociedad más sostenible, más ecuánime, con mayor igualdad, con menos estrés, más salud, más tiempo libre…
También es cierto que trabajar a tiempo parcial implica trabajar más años para jubilarse y también influye en la pensión. Hablamos de repartir solidariamente, hasta la pensión, teniendo en cuenta que o afrontamos la crisis con medidas posibles y efectivas o, aunque salgamos de ella parcialmente, será para meternos enla GRAN CRISIS. Desde luego, este tipo de medidas no son más que “parches” al auténtico problema. Si buscas una revolución mayor, tal vez la encuentres en una entrada anterior de este blog como invitación a la reflexión y a la revolución.
Nuestra sociedad adora la cantidad más que la calidad, al menos en las acciones. No nos referimos a las que cotizan en bolsa, sino a las otras. En público, no son pocos los que presumen de la cantidad de cosas que hacen. Las redes sociales lo han convertido en una obsesión: fotos en paraísos remotos, fiestas supercukis, retos arriesgados… y por supuesto, también cosas de trabajo (reuniones, proyectos, horas extras…).
Una vez más, tenemos que repetir las palabras del sabio Araújo que, a propósito de los que presumen de no tener tiempo para nada, les recriminaba hacer un «impúdico exhibicionismo de su propia esclavitud». Dejemos, por supuesto, que cada uno presuma de lo que quiera. La cuestión es, queridos lectores, que —al menos nosotros y sin necesidad de gritarlo— pensemos si todo lo que hacemos merece de verdad ser hecho.
El lema ecologista de reducir es aplicable también en esto. Tal vez si reducimos nuestras actividades a las que sean más esenciales (las más importantes, las que más nos llenan y las que menos daño hacen), veremos entonces que podemos ser mejores sin esfuerzo. Es lo que sugiere la filosofía Wu Wei, cuyo lema es no hacer, no intervenir y no forzar. Comentamos esto al hablar de los positivos efectos en agricultura y jardinería del método Fukuoka.
Cada uno debe decidir cuánto, cuándo y cómo agarrarse a este «no hacer nada»: cinco minutos al día, un día al mes… El objetivo es simplemente hacer menos; y de paso, disfrutar más de lo que se haga. Eliminaremos o reduciremos primero las acciones más inútiles, más ingratas, menos necesarias o más dañinas. A cualquier escala, será fácil darse cuenta de que «menos es más» y de que vivimos con contradicciones que podemos empezar a disolver. Por ejemplo, hay cosas que nos estresan tanto cuando no están hechas como cuando las hacemos. Tal vez podemos encontrar un equilibrio entre esta «acción esencial» y el torrente de autoexigencia en nuestra cuadriculada mente. Pensemos en acciones como limpiar menos, planchar menos, comer menos, trabajar menos, o viajar menos. Hacer menos en algo implica tener más en otras facetas de la vida.
Pero hagamos lo que hagamos, debemos ser conscientes de por qué lo hacemos y qué implicaciones tiene. Es algo que se nos suele escapar constantemente. Un ejemplo: es frecuente que nos enfademos cuando nos interrumpen nuestros quehaceres. «¡No me interrumpas!», gritamos sin pensar que es posible que la vida nos demande una acción más importante. Quizás es alguien que nos pide ayuda o solo un poco de atención.
Pudiera parecer que «hacer menos» es algo sencillo. Pero no. En cuanto empieces, surgirán conflictos que no habías previsto. Tal vez, con aquellas personas con las que compartes tu vida. No todos te respetarán. Menos serán los que te entiendan. También habrá conflictos con uno mismo, contradicciones, dificultades para no hacer lo que habías decidido no hacer. ¿Por qué deberíamos hacer aquello que, con rotundidad, nos disgusta? Esta cuestión también hay que aplicarla al trabajo cuando no somos felices ahí. Entonces, algo falla. Es posible que tengamos que repensar nuestra relación con el trabajo.
Al trabajo deberíamos ir contentos. En caso contrario, algo nuestro ha fallado: nuestras elecciones, nuestros gobernantes, nuestras leyes, nuestra sociedad… y también nuestra forma de interpretar lo que nos sucede (léase, por favor, a Marco Aurelio). Conozco empresas en las que es frecuente que los trabajadores vayan al servicio para llorar. Los jefes lo saben y lo han normalizado, pero llorar por culpa del trabajo es algo indigno, no es ni debe ser normal.
En el contexto de crisis ecosocial que vivimos, reducir la jornada laboral no es solo recomendable, sino necesario. Da igual si aumenta o disminuye la productividad. Eso es secundario. Lo importante es mejorar la salud, la calidad de vida y sobre todo avanzar hacia la sostenibilidad. No es un capricho. La senda del ecocidio nos lleva a un precipicio. Trabajar e ingresar en exceso aumentan —casi siempre— las agresiones ambientales.
En todo caso, nuestro objetivo es plantear un «hacer menos» general. Ahora no hablamos de reducir la jornada laboral ni de trabajar menos para hacer otras cosas más divertidas. Tampoco hablamos de dejar de hacer lo que no nos guste (aunque estuviera bien). Por el contrario, proponemos hacer menos cosas; dejar cosas sin hacer y dedicar tiempo a no hacer nada. Busquemos una postura cómoda y empleemos unos minutos en observar y en observarnos, sin hacer nada más. No vale leer ni dormir ni mirar el móvil. Tampoco es meditar, pues eso ya sería hacer algo. Como mucho, podemos escribir pensamientos y observaciones. Aquí tienes un experimento de hacer eso durante veinte días, veinte minutos. Podemos responder a preguntas como: ¿Qué veo? ¿Qué escucho? ¿Qué me preocupa? ¿Qué siento? ¿Tengo pensamientos recurrentes? Pero lo mejor es no responder a nada. Hacer solo aquello que no podemos dejar de hacer: pensar, observar, sentir, respirar… Acercarnos lo más posible a la nada, aunque se nos resbale entre las neuronas. ¿Conoces las ventajas de respirar con conciencia?
El objetivo es zambullirse en la nada todo lo posible. ¿Seremos capaces de semejante reto en la sociedad del ruido y del estrés? Y luego —después del experimento, solo después de él y no durante el mismo—, examinemos qué es lo que ha pasado de la forma más global y completa posible. El mundo sigue ahí.
Puedes contarnos tu experiencia en los comentarios de abajo.