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Ayer — 8 Abril 2026Salida Principal

Un monstruo te golpea la puerta y misiles por TV

8 Abril 2026 at 19:29
Por: pegasus

«Mi mamá siempre decía que no había monstruos, no hay monstruos reales, pero los hay».

Frase pronunciada en la película Aliens: El regreso, por Rebecca “Newt” Jorden.

Tirando de internet y de textos viejos para arrancar: sí, repetidos… ¿y qué?

Las noticias no solo informan, sino que construyen activamente la realidad social al seleccionar, jerarquizar y enmarcar hechos, actuando como intermediarios entre el acontecimiento y la audiencia. Estas plataformas crean y definen temas relevantes e influyen en la interpretación del mundo, a menudo priorizando enfoques emocionales, sensacionalistas o sesgados por sobre la objetividad. Este aspecto clave en la construcción de la noticia funciona como un proceso dinámico y continuo que, en la era digital, es amplificado por las redes sociales, transformando la percepción de los hechos y la participación: aparecen foros y encuestas.

Hace un tiempo ya que venimos mordiéndonos las uñas con la avalancha de noticias, llamemos “blanqueadas”, que generan cierta irrupción en la gente como masa consumidora: mire, lea y, lo mejor de todo, asómbrese, aterrorícese y entre por el tubo de lo que le venden como “realidad”.

Ese frenesí es de trayectoria corta, por eso el periodismo hace de la noticia un mapa: recorta, amplifica, ensaya hipótesis, convoca a expertos en el tema; algún osado menciona, medio en clave, nombres importantes; muestran imágenes borrosas, surgen nuevos documentos; el periodista, en la primera línea de defensa, se mete en el barro, con calor y lluvia intensa.

Ya es medio al pedo decir que la mayoría de los medios de comunicación son de los grandes capitales, empresarios sin escrúpulos, con amigos y favores hacia el poder y bla, bla… En fin. La cuestión es que, luego de masticar por algunos días, la noticia sale del radar para dar paso a otra bomba o, si la cosa estaba complicada, generar algo que se ponga de moda para tapar lo anterior.

¡Sí! Nos atan a la silla como en La naranja mecánica, gotas en los ojos y enchufan imágenes; estamos manipulados y nos encanta. Una parte nuestra quiere ser el depredador, el que arrasa cuerpos. Si no es así, ¿cómo se explica que tanto hijo de puta ande suelto, sostenido por sistemas verticales entre el poder y el dinero? ¿Cómo soportamos tanta injusticia y tanta violencia? Nos domestican como a las gallinas, nos meten placebos y, lo peor, es que nos gusta. El monstruo vive y es alimentado por nosotros.

Mundo oscuro

Hace poco tiempo se volvió a mencionar el nombre de Jeffrey Epstein. La cosa es que salieron a la luz una andanada de fotos, documentos y videos de gente vinculada y partícipe de fiestas sexuales y demás con Epstein, proporcionados por los paladines de la justicia que presionaron al FBI para que largue prenda. Acá es donde tendríamos que pararnos, separar por un instante todo el paquete que se nos presenta arriba de la mesa y preguntar: ¿cómo llegamos a esto? ¿Quién creó esta red perversa de criaturas? Desde empresarios hasta religiosos, académicos, políticos, deportistas, príncipes: todo un combo de figuras con peso e influencia. ¿Tendremos algo que ver nosotros con estas aberrantes creaciones?

Vamos a mal definir monstruos:

Dicen que proviene del latín monstrum… comenzó con el “desarrollo”, palabra medio de mierda esta. Bueno, con el desarrollo de las culturas, fueron descritos como seres fantásticos, deformes, cargados de mitología, maldad y, en fin, todo lo extraño que los separara de las especies conocidas. Dando un salto —bastante brusco— en el tiempo, el cine y la cultura pop, esa de hacer cosas para divertirnos, popularizó una serie de estos individuos sacados de la literatura… Hasta acá el asunto remite a algo más allá de la comprensión, que escapa a las reglas de convivencia, y entre horror y fascinación se movía la cosa.

El tema es cuando la línea de esa fantasía, ensoñación y demás variantes empieza a golpear lo que podríamos llamar “realidad”, que por ahí necesita cierta definición, pero la dejamos de deberes, y vamos a delimitar lo que todos normalizamos y pactamos para convivir, digamos, de una forma un poco más tranquila de andar en el mundo.

Y hablando un poco más sobre cine, en un momento determinado, y cómo este impulsa la industria a ocupar otro nicho en la producción de personajes, los guionistas comenzaron a darle a los humanos una importancia crucial, directamente vinculada con la crueldad. No por su forma exterior, física si viene al caso; más bien se pone en juego la psique del individuo. Él pasa a ser el protagonista y queda catalogado directamente como monstruo.

…esta vez, esta buena gente del campo produjo un error de la naturaleza, una aberración, un monstruo. ¿Eso soy para ti, un monstruo?”

Diálogo de los personajes principales en la película Best Seller (1987).

El monstruo ya no necesita maquillaje, es más cercano. Ahí es donde, capaz, habría que frenar un poco, no quedarse solo con los nombres y titulares sobre islas y anomalías, sino mirar la estructura.

Por ahí no es una anomalía, es el resultado. El monstruo no aparece de golpe, se fabrica. Sale de dinámicas que no solo dejamos pasar, sino que muchas veces premiamos. Lugares donde el poder compra silencio, donde la plata ordena todo, donde la visibilidad decide qué escándalo dura… y qué se olvida.

…¡Están golpeando la puerta!

Misiles por la TV

…un misil en mi placard, en mi placard

un modelo para armar, pero nunca para desarmar…”

Soda Stereo — Gustavo Adrián Cerati

Ha comenzado otra guerra de esas que ya nos tienen acostumbrados, sobre todo los yanquis, que duermen con un misil en el culo por las dudas y están listos para inmolarse como buenos patriotas. En esta guerra se suma Israel, con su cerebro de mosquito; nada bueno puede salir de esta alianza. La cosa es contra Irán, un país que tiene sus líos internos, sobre todo la represión constante, brutal y violenta hacia las mujeres. ¡Ojo! No es por este motivo que los atacantes quieren liberar al país; los temas son otros, tienen que ver con la geopolítica, presente y futura.

En el medio, la humanidad, esa entidad medio extraña, con un ojo en las bombas y otro en el mundial de fútbol que se viene. Cada día nos invade un nuevo capítulo del conflicto: amenazas, algún asesinato selectivo de los servicios secretos, y no tanto de Israel; daños colaterales que se hacen presentes pero no parecen frenar demasiado la maquinaria, llamados a la paz por conveniencia y reparto de territorios.

Las empresas armamentistas hacen caja; venían de años medio de capa caída, no salían de vender algunos rifles de asalto a grupos rebeldes del mundo, pero de golpe comenzaron a comer con aceite de oliva: Ucrania, Rusia, Pakistán e India tirándose cosas en la frontera; los conflictos africanos, esos que a nadie le importan una mierda; Siria; la supuesta guerra que nos quieren vender entre Israel y Palestina, que en el fondo es exterminio, genocidio y todo lo horrible que implica.

La Unión Europea se hace la distraída, pero también deja caer lágrimas por algunos asesinados que no estaban en los planes. No hay multinacional que no se frote las manos para luego reconstruir lo que se destruye. En este panorama nos atrapan sin dejarnos escapar, mostrando fragmentos, escenas de escombros, luces que surcan cielos y rezongos si nos portamos mal y salimos a plantar cara. El NO a la guerra se hace urgente, igual que el NO al sistema que la sostiene; porque, en definitiva, ese es el fondo de la cuestión: pocos mandan, muchos obedecen.

…¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo la paz del mundo estará en manos de los que hacen el negocio de la guerra?

¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo y que ese es nuestro destino?…

— Eduardo Galeano sobre la guerra

Rosalino Rodríguez

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AnteayerSalida Principal

Apuntes sobre la mundialización de la guerra y las resistencias de los pueblos

7 Abril 2026 at 20:07

 Introducción: Mirar hacia el abismo, reconocer la vida.

Comprender el presente se hace cada vez más difícil, la teoría está siempre por detrás de la coyuntura. Pero esa separación se hace gigantesca en la medida en que el caos informativo generado por las redes sociales y los medios tradicionales nublan nuestra mente y normalizan la violencia. Cómo dice Roberto Bolaño: “la rutina matiza todo horror”[1].

Así, los acontecimientos que han marcado este inicio de año no sólo revelan cuán catastrófico es el presente que nos toca vivir, sino también dan cuenta de la incapacidad generalizada por comprender la catástrofe como algo más que sólo un ruido de fondo que no llega del todo a interrumpir el común curso de nuestras vidas. Cómo suele decirse: “mañana igual tendremos que levantarnos a trabajar”.

Mientras que el imperialismo estadounidense muestra su versión más desatada en Venezuela, Groenlandia y ahora recientemente Cuba e Irán; a nivel nacional la ultraderecha electa, se preparó con bombo y platillo para asumir el poder, con un gabinete conformado entre “exorcistas”, estafadores y dos ex-concertación, estos fenómenos, en su acepción denostativa ilustran crudamente un proceso global del cual Chile se termina de poner al día: el avance del neoconservadurismo y el triunfo de la sinrazón. Al mismo tiempo que la derecha chilena vive su mejor momento en décadas, el progresismo experimenta su derrumbe ideológico y la deslegitimación de su proyecto político. La absolución de Claudio Crespo gracias a la Ley Naín-Retamal, se suma al sucidio de David Gómez Valenzuela y de Jorge Salvo, como constataciones del rol del gobierno de Gabriel Boric en consolidar la política de la impunidad, que no sólo protege a quiénes cegaron y mutilaron a compañerxs durante el 2019 y 2020, sino que será aplicada en contra de todos los futuros intentos de levantarse contra el próximo gobierno. Los nuevos administradores del modelo celebraron por lo alto, mientras que el sur de Chile se volvió a incendiar bajo crecientes sospechas de intervención y del beneficio de proyectos mineros.

Nuestras intenciones con este texto se pueden resumir en intentar encontrar sentido en medio de todo este caos disociativo de la realidad, pensar el periodo actual como parte de un proceso global. Un esfuerzo por revelar los engranajes y piezas que se esconden detrás del humo y de la ceniza. “El abismo se ha abierto, y no servirá de nada intentar ignorarlo. Hay que mirar al abismo, medir su extensión y profundidad. Hay que cartografiarlo, mientras caemos en él de manera inexorable[2]. Y en ese ejercicio, reconocer la vida; mirar esos otros engranajes que entre las cenizas se levantan, resisten, crean otras, nuevas y viejas formas de luchas para habitar la tierra. Resistencias que se enfrentan a este sistema de muerte y levantan alternativas como luciérnagas que iluminan entre tanta oscuridad.

1. Chile: Guerra por la vía “democrática”.

La guerra es una de las características definitorias de nuestra época, desde distintos sectores y análisis de los fenómenos bélicos que nos atraviesan, se sostiene que estamos en la tercera guerra mundial. La intensificación de este proceso global en el territorio chileno se puede ubicar en antagonismo a la revuelta popular de octubre de 2019. La estrategia del poder en ese entonces, bajo el gobierno de Sebastián Piñera, se ejecutó el 15 de noviembre del 2019, con el Pacto por la Paz, que agrupó a gran parte del Partido del Orden, desde la derecha hasta el progresismo. Un gran acto de unidad del poder, inaugurando un proceso de contrainsurgencia que abrió camino para el escenario actual, bajo dos cursos de acción complementarios, por un lado la conducción de la revuelta hacia los márgenes institucionales; y la consolidación del estado policial, brindando todas las herramientas necesarias a las fuerzas represivas para mantener el orden y proteger la propiedad privada.

Estas modalidades, no se limitaron a ser aplicadas durante los momentos de mayor radicalidad de la revuelta social, sino que se instalaron permanentemente dentro de las políticas de gestión gubernamental, mientras que el gobierno progresista que le siguió no hizo más que profundizarlas. No por nada, el gobierno de Gabriel Boric fue el que más leyes represivas generó durante su mandato, entregándole en bandeja al nuevo gobierno de Kast, las herramientas jurídicas para la gestión y represión de la población, reafirmando en todo momento su compromiso con la misión contrainsurgente. Ley Anti tomas (21.633), nueva Ley Antiterrorista (21.732), Ley Naín-Retamal (21.560), esta última, teniendo un papel fundamental en institucionalizar la impunidad para los efectivos policiales que se encarguen de acabar con aquellos que representen una amenaza para el orden.

Un gobierno progresista como el del Frente Amplio y el Partido Comunista, fue la condición necesaria para poder terminar de consolidar un Estado Policial sin resistencia en las calles, para que luego fuera la derecha quien continúe esa misión. Así como en 1990, Pinochet le entregaba la banda presidencial a Aylwin, institucionalizando así la dictadura para los siguientes años; este 11 de marzo de 2026, el progresismo le entregó la banda presidencial a los herederos de Pinochet, continuando así, la guerra por la vía democrática. En algunos lugares atacan con drones y misiles, en otros con intervenciones y secuestros, en Chile atacan con incendios forestales, devastación ambiental, infiltración en manifestaciones y organizaciones, prisión política, desapariciones forzadas, o lo que sea necesario con tal de asegurar la reproducción del capital y la acumulación de poder.

En la democracia chilena, en menos de 2 meses detuvieron a Nicolás Piña, absolvieron a Claudio Crespo, levantaron un montaje para inculpar a la familia de Julia Chuñil por su desaparición, desalojaron la toma de San Antonio; aprobaron en el senado la ley de conmutación de pena para violadores de DD HH, femicidas y abusadores; y no han parado de atacar a las comunidades del Wallmapu. El recrudecimiento del actuar del poder, no es más que la antesala de cómo será el nuevo periodo que enfrentaremos con Kast, quien ya ha sostenido reuniones con sus pares Bukele, Milei y Trump. El ciclo de luchas que se abre en el actual escenario de guerra, no da cabida a nostalgias que intenten repetir Octubre de 2019, sino que nos interpela a sacar las lecciones oportunas, de ese y otros procesos, para enfrentar con mayor organización y estrategia los desafíos que nos atraviesan, los que además se vislumbran más complejos, violentos y globales. Ahí la urgencia de desplegar una lucha internacionalista, con arraigo en los territorios y las experiencias comunitarias de organización de la vida.

2. Sobre la guerra global y sus formas.

La multiplicación de focos de conflicto en el mundo en los últimos años, pueden comprenderse dentro de una tendencia del capitalismo hacia la mundialización de la guerra en sus distintas formas. Sin embargo, esta tendencia es contradictoria. En la historia del capitalismo, la guerra responde a la necesidad de este por asegurar las condiciones mínimas para su reproducción por medio de la destrucción, el disciplinamiento y el exterminio. Permitiéndole al capitalismo superar sus límites inmediatos al provocar la desvalorización de la enorme masa del capital existente y posteriormente su regeneración. Por lo que podemos entender que el desarrollo del capitalismo está unido al perfeccionamiento y expansión de la guerra, pero en la medida que la potencia técnica de la guerra ha alcanzado la escala planetaria (a través de la energía nuclear), una guerra que movilice a las principales potencias del mundo no producirá la regeneración de las condiciones para la reproducción del capital, sino que paradójicamente podría producir la destrucción tanto del capital como de la vida. He ahí la contradicción que se oculta a la vista en el binomio capital-guerra. Cómo acertadamente comprende Robert Kurz, “la guerra simplemente se convierte en un catalizador de la crisis, acelerando la crisis gradual del capital, tanto a nivel regional como global”[3].

Al tratar de esquivar una situación de no retorno, la mundialización de la guerra en un primer momento toma una forma distinta a las de las guerras mundiales del siglo pasado. En tanto, se evita el enfrentamiento directo entre las principales potencias imperialistas, su disputa indirecta es representada a través de la multiplicación de distintos focos de conflictos simultáneos por los que se pone en juego las zonas de control de las respectivas potencias. Al mismo tiempo, que las innovaciones técnicas y estratégicas de las guerras mundiales son aplicadas de manera transversal como parte de las modalidades comunes de gestión, disciplinamiento y exterminio que despliegan los Estados dentro de sus propios territorios, indistintamente de la forma del Estado.

En este sentido podemos referirnos a la globalización de la guerra como una tendencia intrínseca del capitalismo, pero cuya expresión había estado parcialmente constreñida por las circunstancias históricas y la madurez del modo de producción capitalista. Por ello, este fenómeno se experimentó de una manera gradual, mientras se preparaban los prerrequisitos necesarios para que se expresara a gran escala. Nos referimos al proceso de dominación real de la tecnología y la destrucción de la infraestructura social del movimiento obrero, permitiendo la asimilación por este de los valores burgueses y su explotación sin resistencias. Esto no quiere decir la ausencia de la guerra hasta hoy, sino que la guerra se efectuaba de forma dispersa y fuera de foco, hasta el punto de poder ser negada formalmente. Mientras, la ideología liberal-progresista protegió y justificó la guerra, al menos hasta ahora que el capitalismo ya no necesita de ella y la guerra puede expresarse abiertamente por lo que es.

Así, cada acto de barbarie que enmarca el actual momento histórico encuentra su antecedente directo en los campos de exterminio judíos, el apartheid racial, los bombardeos a Hiroshima o las matanzas obreras. Pensar en los nazis al observar los corredores de muerte en Palestina o las detenciones a migrantes en Estados Unidos no es una asociación aleatoria, son los destellos de una conciencia acerca de cómo sobreviven las formas características de la guerra y el exterminio del  pasado en el presente.

2.1. La guerra contra el enemigo interno y la gestión fascista de la población sobrante.

Bajo esta lógica, la caza de migrantes por agentes de ICE (Control de inmigración y aduanas) es un dramático ejemplo sobre cómo la guerra se despliega dentro del propio Estado-nación y es justificada a partir de la producción de un “enemigo interno”[4]. Un agente patógeno que urge ser expulsado del cuerpo social. Este enemigo, ya sea en la forma de lxs migrantes,  “terroristas”, cuerpos disidentes e históricamente lxs judios, es representado como una amenaza omnipresente, siempre inminente, cuya mera existencia contradice la ficción de homogeneidad social y racial sobre la cual se funda el Estado-nación.

“La figura del migrante condensa hoy una tensión central del sistema: es a la vez cuerpo excedente, fuerza de trabajo potencial y sujeto que desborda los dispositivos estatales de contención. Esta figura encarna lo que puede denominarse un régimen de supervivencia sin garantías, donde la vida se sostiene no por el Estado, sino a pesar de él, bajo condiciones impuestas por la desposesión violenta, la movilidad forzada y el control biopolítico”[5].

Si en la actualidad la situación de las personas migrantes racializadas, en su mayoría mujeres, es tan particular, es porque tanto su expulsión del país migrado, como las condiciones que lo forzaron a emigrar a él, son dos respuestas complementarias a un mismo fenómeno: la incapacidad del capitalismo por asegurar la reproducción social. Para hacer frente a los crecientes flujos migratorios, la política antimigratoria y proteccionista adoptada por Estados Unidos se impone como estrategia modelo para la gestión de esta población. Sin embargo, mientras el ecocidio planetario continúa y las guerras se intensifican, aumentan los flujos migratorios desde las zonas periféricas hacia el Norte Global, y entre Sures, en donde los efectos ecológicos y económicos de la crisis todavía no se hayan expresado del todo. Asociado a esto, el Estado propicia la movilización de enormes sectores de la población civil dispuestos a actuar como soldados y colaboradores para la subordinación y exclusión selectiva de migrantes, refugiades y la población “sobrante” local. No es sólo miedo por las consecuencias de no colaborar lo que les mueve, es el anhelo de sentirse parte de aquellos que ejercen la violencia, aún cuando ellos mismos no pertenezcan racial ni socioeconómicamente a ellos.

Con el reciente asesinato a Renee Nicole Good y posteriormente a Alex Pretti (ambos ciudadanxs estadounidenses), la represión se ha extendido hacia cualquiera que se oponga al ICE. Los escuadrones de muerte característicos del fascismo, encuentran su forma en Estados Unidos por medio de los propios aparatos del Estado. Según datos oficiales, para hacer frente al Millón de deportaciones que se tiene como meta ICE contaría con 12.000 nuevos agentes en menos de un año de campaña de reclutamiento. Esta campaña estuvo caracterizada por el uso de canciones y eslóganes supremacistas como la frase “America for Americans” popularizada por el Ku Klux Klan durante el siglo pasado y referencias a literatura neonazi[6]. La campaña parece enfocarse específicamente hacia extremistas de derecha, militantes de MAGA y policías insatisfechos.

En retrospectiva, podemos encontrar una continuidad lógica al interior de la historia de exterminio y esclavitud estadounidense, que une los programas raciales hacia los indígenas americanos y el disciplinamiento de la población esclava con las políticas de deportaciones de migrantes en la actualidad. No es de extrañar que las acciones de ICE no sólo hagan recordar a las prácticas del fascismo histórico, sino que también reactiven la memoria sobre los procesos históricos de desposesión y dominación sobre los que se fundaron las bases de Estados Unidos. Así, el ICE parece una modernización de la máquina de guerra interna estadounidense, que bebe al mismo tiempo de la experiencia de los Slave Patrols, —milicias que durante más de un siglo estuvieron encargadas de retener a los esclavos en las plantaciones, evitar levantamientos y dar caza a los esclavos fugitivos—, como también de los clásicos escuadrones fascistas de Alemania e Italia. Por otro lado, que encuentre en el Estado y sus aparatos su forma de operar, y no en organizaciones extralegales —como las que surgieron durante el primer y segundo mandato de Trump— responde a la asimilación de las innovaciones históricas del nazi-fascismo cómo modalidades comunes o potenciales de todo Estado moderno.  

Por otro lado, no podemos responsabilizar únicamente al Trumpismo de generar una forma singular de conciencia reaccionaria, ni  que se experimente la corrosión de las relaciones comunitarias y la profundización de la enemistad entre ciertos grupos identitarios. La colaboración de civiles con los aparatos represivos, su apoyo público e ingreso masivo a sus filas, no se tratan de  simples fenómenos aislados, por el contrario, se trata de una mutación antropológica, de la que el caso estadounidense es sólo su estado más maduro. Está mutación se comprende como la predisposición de la sociedad hacia la guerra social, la producción de una comunidad nacional, dispuesta a matar y morir por el capital[7]. Invirtiendo la asociación inicial, el movimiento reaccionario global que encabeza Trump, puede existir en este momento a causa de décadas de un proceso de desmantelamiento de las estructuras sociales que permitían la solidaridad y la organización de los pueblos. Es el resultado final de la globalización del capitalismo y consigo, la imposición de la “competencia (es decir, la guerra social) en el principio universal de las relaciones humanas”[8].

2.2. La generalización de la guerra y su necesidad.

La característica más importante de la Guerra en el presente, es probablemente que ya no necesita terminar. La paz pierde su significado mientras que la guerra se expande como una realidad social sobre toda la tierra; la globalización de la guerra como reflejo a la de los mercados. Tanto Netanyahu en Israel como Zelensky en Ucrania necesitan de la movilización permanente de sus aparatos bélicos para ocultar las contradicciones sociales al interior de sus propios países. La existencia de un enemigo es tanto la excusa con la que aseguran más tiempo en el poder, como también la narrativa a través de la cual proyectan una sociedad idílica, racial y socialmente homogénea, unida gracias a este enemigo común. El fin de la guerra no es deseable. Cuando tiene lugar, lo hace sólo formalmente, para luego regresar bajo formas distintas, pero cumpliendo el mismo propósito.

Tanto para el EZLN como para el pueblo Kurdo, el presente es interpretado como el curso de una nueva Guerra Mundial. Para los primeros, estas guerras tienen como una de sus constantes la conquista de territorios y su reorganización geográfica[9]. Aspecto en el cual las guerras contemporáneas no son una excepción. La búsqueda estadounidense de anexionar nuevos territorios por medio de la fuerza y las amenazas es coherente con aquello. Tanto lo sucedido en Venezuela, como la disputa por territorios en África y el medio oriente corresponden a las expresiones más acabadas del actual reordenamiento geopolítico en el mundo. Para el movimiento de liberación en Kurdistán, la tercera guerra mundial en curso se está disputando el poder imperialista, “las potencias hegemónicas se alían o enfrentan según sus intereses, ya no hay un frente de batalla claro, los únicos dos frentes son las fuerzas que luchan por la hegemonía y por el otro lado el pueblo, los movimientos en resistencia[10]”.

En medio oriente somos testigos de cómo los imperios se pelean la hegemonía mundial; las protestas en Irán[11] han cobrado más de dos mil vidas; y los ataques a la Revolución de las Mujeres en Rojava ha desplegado a toda la resistencia Kurda en defensa del proyecto de vida que ha levantado el confederalismo democrático. En África, se crean nuevos Estados títeres como Somalilandia y los gobiernos panafricanistas como el de Burkina Faso resisten a intentos de golpes de Estado e intervención extranjera. En Estados Unidos se realiza una enorme limpieza étnica avalada por el Partido gobernante, junto a un importante sector de la población, a la vez que surgen cuadrillas de autodefensa en las calles, y millones de personas resisten a las bajas temperaturas y la represión fascista de Trump. En el resto del continente, la intervención estadounidense sobre Venezuela a comienzos de año, la posible anexión de Groenlandia y los recientes bombardeos coordinados junto a Israel hacia Irán que cobraron cientos de vidas de civiles constatan la disolución de las viejas concepciones de soberanía y el derecho internacional: la ley pertenece a quienes ostentan el poder.

2.3. Las nuevas tecnologías al servicio de la muerte.

¿Pero qué es lo que diferencia la guerra en el presente con las anteriores guerras mundiales? La respuesta fácil son las nuevas tecnologías (entre las que destaca la inteligencia artificial). Las guerras en este siglo han servido como ensayos para probar la eficacia de estas nuevas tecnologías en futuros conflictos a mayor escala. Hoy estamos en ese punto. La guerra ya no es un tema de seres humanos únicamente, sino de máquinas, algoritmos y redes digitales. Sistemas operativos autónomos identifican a los objetivos, trazan las coordenadas, ordenan el bombardeo y recopilan los datos para optimizar la operación militar. La tecnología está al servicio de la guerra y la humanidad podría perecer  por ella.

La tecnología ha logrado facilitar más que nunca la muerte a gran escala, transformándola en un acto impersonal y automatizado. Con la integración de las máquinas inteligentes se ha emancipado a la guerra de su limitaciones orgánicas y psicológicas, el asesinato se vuelve una tarea que no se ve interrumpida por la sensibilidad humana y el desgaste físico. En cambio, se reduce a una tarea repetitiva, maquínica de manera literal. Una prueba de ello, ocurrió en los días 17 y 18 de septiembre del 2024. La apodada Operación Grim Beeper se trató de la fabricación de miles de beepers y walkie-talkies intervenidos por la agencia de inteligencia israelí (Mossad) para ser detonados a distancia. Luego de que miembros de Hezbolá en el Líbano y Siria comenzarán a hacer uso de estos dispositivos como un intento de evitar la vigilancia de la inteligencia israelí, estos dispositivos se activaron simultáneamente en distintos puntos del Líbano y de Siria, resultando en el asesinato de al menos 40 personas (entre ellas 2 niños) y dejando heridas a cerca de 3000 personas. Esta operación requirió de al menos 5 meses de preparación, y su resultado demostró tanto la absurda superioridad técnica de la máquina de guerra genocida israelí, cómo también la capacidad que entrega la tecnología para ampliar el frente de esta guerra genocida a cualquier otro territorio.

En esta línea, el acuerdo del pasado sábado 28 de febrero entre el Departamento de Guerra de Estados Unidos y OpenAI, —una de las empresas de inteligencia artificial más grandes del mundo—, es un paso más en el proceso de automatización de la guerra a gran escala y la vigilancia masiva por medio de la implementación de modelos de inteligencia artificial. El acuerdo, anteriormente propuesto a Anthropic por quién fue rechazado, permite al gobierno estadounidense el “uso legal total” de la tecnología de OpenAI. Un límite legal que nada significa en un momento donde los Estados aparecen desprovistos de sus velos democráticos, para en cambio, ser afirmados únicamente como un enorme aparato represivo.

Pero la tecnología no se hace sola. El objetivo inmediato de la guerra es la conquista de recursos fósiles y tierras raras, ambas necesarias para que la guerra continúe siendo eterna y cada vez más optimizada. Esta lógica autodestructiva impulsa como una tendencia estructural la degradación ecológica global, el suicidio de la especie como consecuencia final del capital. Si bien, no podemos asegurar que los gobiernos deseen acabar con el mundo con una guerra abierta (aunque los hechos nos puedan llevar a afirmarlo), sí podemos asegurar que la preparación tanto ideológica como tecnológica para la guerra es un terreno cómodo para que distintos sectores empresariales[12] se enriquezcan (desde empresas de ciberseguridad y vigilancia como Palantir, a los dueños de proyectos extractivistas y el conjunto de la enorme industria armamentística).

3. Guerra contra la Tierra, las mujeres y los cuerpos disidentes.

Desde voces feministas, se sostiene que parte del carácter de la guerra en curso, en sintonía con lo que plantean las compañeras Zapatistas y Kurdas, es primero una guerra Colonial, por la ocupación de la tierra y territorios según intereses económicos y políticos. En Abya Yala, se han alzado diversas comunidades y organizaciones a enfrentarse a proyectos mineros, empresas, narcos y gobiernos; son cientos de personas, principalmente mujeres, que defienden los territorios, sus comunidades, sus bosques, sus aguas, sus ciclos. El poder, actuando con máxima crueldad, ha respondido sistemáticamente con asesinatos y desapariciones. Sólo el 2024 se registraron 146 casos. En nuestro territorio cargamos con los casos de Nicolasa Quintremán (2013), Macarena Valdés (2016), Emilia Bau (2021), y la reciente desaparición forzada de Julia Chuñil Catricura (2024), cuya familia hoy sufre un montaje judicial burdo, colonial y racista por parte del estado chileno.

La guerra global tiene un especial foco en la restitución del rol subordinado de  las mujeres, del binarismo y del régimen heteropatriarcal, invirtiendo cuantiosas sumas en estrategias dirigidas a correccionarnos, reeducarnos, e inmovilizarnos. La avanzada de las luchas por la liberación de las mujeres y disidencias —y/o luchas feministas—, ha generado en la última década importantes procesos de movilización que anticiparon revueltas tanto en Abya Yala, como en África y Medio Oriente, liderando proyectos emancipatorios importantes, como la Revolución de las Mujeres en Rojava – Kurdistán[13].

Son las mujeres quienes sostienen las comunidades, quienes reproducen la vida, quienes organizan los pueblos y quienes han ido delineando nuevas formas y paradigmas para librar las luchas del hoy. La opresión de las mujeres es una pieza fundamental del capitalismo, reproducen la mano de obra, cuidan y sostienen a las sociedades, y son la pieza principal del mercado más poderoso del mundo, el mercado sexual. Es por eso, que cualquier proyecto que se plantee la emancipación de las mujeres, se vuelve una amenaza profunda al patriarcado capitalista y colonial, he ahí el esmero, que durante todos estos años han desarrollado para restituir el orden y sus mandatos, teniendo a su haber las armas de manipulación global como las redes sociales y medios de comunicación; religiones y fundamentalismos; esoterismo y filosofías varias, mercado y academia.

Las mujeres y disidencias siempre hemos estado en guerra” es una consigna que se levanta desde las luchas feministas. La violencia sexual como una de sus aristas, es parte del repertorio bélico que las sociedades capitalistas, coloniales y patriarcales ofrecen a sus vidas. No obstante, en el actual período histórico, esta realidad se agudiza, se reinstala la cultura de la violación, y se hacen visibles los estado-nación como perpetradores -aunque siempre lo han sido-. Aún en ausencia de guerras entre países enemistados, la concepción deshumanizante del “enemigo interno” valida las violaciones, los femicidios, y los crímenes de odio contra la comunidad LGTBIQ+ como una práctica necesaria por parte de las fuerzas represivas, pues todo medio es razonable con tal de acabar con el enemigo. En Estados Unidos, son cientos los informes que incluyen relatos de “abortos espontáneos, negligencia infantil y abusos sexuales (hacia la población migrante) en centros de detención del ICE en docenas de estados”[14]. Mientras que en el contexto del genocidio en Gaza, la violencia sexual y reproductiva es aplicada por Israel como una “estrategia de guerra para controlar y destruir al pueblo palestino”[15]. “Las formas específicas de este tipo de violencia, como la desnudez pública forzada, el acoso sexual, incluidas las amenazas de violación, así como la agresión sexual, son «parte de los procedimientos operativos estándar de las fuerzas de seguridad israelíes frente a los palestinos«[16].

Esta revalidación ideológica del patriarcado es mucho más peligrosa que la tendencia al retroceso de algunos derechos civiles conquistados, aunque pareciera ser lo más visible de las acciones de los gobiernos conservadores. Lo que busca es realmente que las mujeres vuelvan al mundo privado por tanto dejen de organizarse, de pensar, de llevar a los pueblos a las condiciones necesarias para luchar. El riesgo de la restitución de las ideas conservadoras del patriarcado respecto a nuestras vidas y cuerpos, es mucho más que el riesgo de perder unos cuantos derechos fijados y controlados por la supremacía masculina. No obstante, es preciso reconocer cómo se comportan los gobiernos de ultraderecha, frente a su fijación en lo que han llamado “ideología de género”. Hasta ahora se ha observado la re-patologización de la transexualidad y de la disidencia sexo-genérica; en el caso peruano con el decreto supremo n.º 009-2024-SA[17] (publicado en 2024); la disolución del Ministerio de la mujer en Argentina (también en 2024); y más recientemente la desfinanciación de programas de salud sexual y reproductiva en todo el mundo como consecuencia de la congelación de fondos estadounidense destinados al desarrollo internacional (USAID), cuyas contribuciones constituían casi el 40% de la totalidad de la ayuda humanitaria mundial. Los cuerpos disidentes y proletarios precarizados quedan abandonados a su suerte, mientras que las organizaciones sociales que pueden prestar ayuda son perseguidas y desarticuladas. Con la reducción de las funciones sociales del Estado, este permanece únicamente como aparato de control y de represión. La austeridad no es mera reducción del gasto: es una arquitectura de violencia selectiva, donde la reproducción de la vida se vuelve objeto de gestión, control y castigo.

En la medida en que la sociedad en su conjunto es determinada por la Guerra, como un hecho global, se da lugar a un saqueo y colapso irracional de la tierra y sus ecosistemas; un re-disciplinamiento a las mujeres -subordinación a la matriz jerárquica de la familia y del patriarcado en su forma capitalista-; y rechazo y persecución a las diversidades sexogenéricas, en tanto su mera existencia supone una incoherencia con el orden cisheteronormativo y sus roles.         

4. Estrategia imperialista: Venezuela e Irán.

El actual escenario evidencia la incapacidad de las potencias por asegurar su control geopolítico por medios económicos no-bélicos. A las bombas de racimo y metrallas se les suman los aranceles y bloqueos como una guerra económica. La política no puede ser entendida si no es por medio de la guerra. Cómo comprenden compañerxs desde México: “pensar la guerra económica como excepción es no entender que ya no hay economía sin guerra[18].

La política exterior adoptada por las principales potencias del mundo, no tiene que ver únicamente con la extravagante personalidad de sus gobernantes, sino de la necesidad histórica por asegurar las condiciones mínimas de existencia del modelo por cualquier medio posible en un momento particular, donde dichas condiciones son cada vez más difíciles de asegurar. Hace más de un siglo atrás Rosa Luxemburgo describió el imperialismo como producto de un determinado grado de madurez del capitalismo global, en donde los Estados por medio de la vía militar conquistaban las condiciones para la acumulación. El imperialismo y sus guerras, según Luxemburgo, destruyen los velos de la sociedad burguesa, sus ilusiones de paz y progreso, para mostrarla tal cual es. Los acontecimientos mundiales que estamos experimentando, dan cuenta no únicamente de que el imperialismo nunca dejó el campo de juego, sino que sobre todo revela los rasgos distintivos del capitalismo en su fase actual frente a su crisis de legitimidad.

Aquello explica el proceso de contra-insurgencia de carácter global que despliega la guerra en sus diversas modalidades. Las acciones de Estados Unidos e Israel en el mundo, funcionan como un perfecto ejemplo de esta lógica imperialista, donde la guerra se vuelve un medio por el que se oculta la fragilidad del capitalismo. La invasión a Venezuela se convierte en un acontecimiento fundamental en el marco descrito, ya que con esto, la olvidada Latinoamérica ingresa abiertamente a la disputa militar interimperialista. Venezuela no sólo fue invadida por un mero interés económico inmediato (el petróleo[19]) o ideológico, sino que, por el valor geopolítico y estratégico que tiene Venezuela en sudamérica. Esto lo demuestra la continuación del régimen chavista, pese a la captura de Nicolás Maduro. Para Estados Unidos es más beneficioso aprovechar la infraestructura burocrática existente, llegando a acuerdos con facciones del régimen que derrocar por completo al chavismo y comenzar una reconstrucción desde 0.

Algo similar ocurre con el bombardeo coordinado entre Estados Unidos e Israel hacia Irán. A ninguna de las dos potencias nombradas les importan las horribles condiciones materiales en las que sobrevive la población iraní bajo el régimen del Ayatolá. Las acciones militares de Occidente sobre los regímenes totalitarios de medio-oriente y sudamérica, no liberarán a sus respectivos pueblos, más bien estos son ocupados como excusa para legitimar estas acciones militares. El asesinato en masa como medio para detener las manifestaciones masivas contra el gobierno durante enero de este año, no es una acción exclusiva del gobierno islamita, sino el modus operandis tipico de cualquier Estado capitalista en crisis. Y de esto son bien conscientes las minorías revolucionarias iraníes.

«Lo que está ocurriendo hoy en Irán es la forma desnuda del dominio capitalista en un momento de peligro. El régimen islámico, como la forma dominante actual del poder capitalista, defiende un orden cuya supervivencia está ligada a la explotación de la fuerza de trabajo y a la represión constante, mediante el corte de comunicaciones, la instauración práctica de la ley marcial y el disparo directo contra el pueblo. Esta violencia no es una excepción ni una desviación; es la lógica natural del capital en crisis”[20].

Las manifestaciones en Irán que han cobrado decenas de miles de muertos hasta la fecha dicen mucho sobre las formas contradictorias por las que la revuelta social surge no a pesar, sino que a partir de la guerra y la crisis. No se puede reconocer las semillas de la revolución donde las haya, sin comprender al proletariado (en su sentido más amplio) como una sujeto imperfecto y en constante cambio, lo que permite que actúe tanto a favor o como en contra de su propia opresión. En la medida en que la negación al capitalismo y sus distintas formas de opresión (patriarcal, militar, etc.) surge de las contradicciones del capital, los portadores de esta negación son así mismo, una contradicción viviente. De la misma forma, las contradicciones internas del Estado iraní (crisis ecológica, deslegitimación del gobierno, disputas internas) que generaron estos levantamientos, también sirvieron como una señal para actuar tanto para los remanentes pro-monárquicos que hasta el momento se habían fortalecido en las sombras del régimen, como para las potencias occidentales que hoy les bombardean.

A partir de esta situación el campismo (es decir, la defensa de uno de los bloques imperialistas en guerra) sólo es capaz de escoger el mal que creen menor, justificándose en la ridícula lógica de que el “enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Así, el campismo disuelve la guerra de clases que sucede en Irán en una defensa del Estado-nación y su derecho de autodeterminación, matizando el autoritarismo del régimen bajo ropajes antiimperialistas[21]. Una primera mirada apuntaría a que los intereses occidentales sobre el territorio tienen que ver en forzar un cambio de régimen a uno que Estados Unidos e Israel puedan controlar (Reza Pahlavi, príncipe exiliado de Irán parece ser el favorito a encabezar la nueva gestión). Cosa que aunque cierta, esconde detrás algo más profundo. Más bien, el actual escenario es la expresión más pura de la lógica del capitalismo en crisis que es perfectamente encarnada por Estados Unidos e Israel: hacer de la guerra su medio de supervivencia. La contradicción del capital convertida en una pulsión de muerte global.

4.1. La carrera por los recursos naturales y la renovación de la Doctrina “Donroe”.

Para que los imperios capitalistas sobrevivan necesitan hacerse con los recursos naturales que serán determinantes para la transición energética y la revolución tecnológico industrial en los siguientes años, sin estos el sistema capitalista alcanzará mucho antes sus límites físicos. El abandono de la diplomacia y el derecho internacional parte de esta necesidad urgente del capitalismo para hacerse de las condiciones mínimas para su reproducción. Por lo mismo, cuando Estados Unidos justifica sus acciones por el bien de la seguridad nacional no miente del todo, su política está fundada en la protección del capitalismo a cualquier costo. O como expresa Marx: Los intereses del capitalismo se presentan “como los fines últimos del Estado”[22]

Esta disputa por los recursos entre los distintos bloques imperialistas, como no podía suceder de otra manera, se lleva a cabo a través del uso de la fuerza, tanto económica, financiera, como militar, arrastrando al resto del mundo en el proceso. Al mismo tiempo que Estados Unidos se hace de recursos naturales, debe bloquear el suministro de estos desde el hemisferio occidental hacia China y Rusia, por medio del control de rutas comerciales, aranceles e intervenciones militares. Para estos fines, aliados estratégicos como Israel o Japón tienen una enorme importancia, al encontrarse en ubicaciones geográficas cercanas a las de sus rivales comerciales. Mientras que la estrategia adoptada por Estados Unidos en su patio trasero puede dividirse en dos cursos de acción posibles:

  • La intervención militar o cuanto menos su amenaza hacia los países que ideológicamente no se alinean a sus intereses, como en los casos de México, Cuba, Colombia y Brasil. La presión económica, bloqueos, desestabilización interna y el apoyo a una facción de la clase burguesa local son algunas de las prácticas a utilizar.
  • Y el apoyo público hacia candidatos que simpaticen con la política estadounidense. Este es el caso de Kast en Chile o de Milei en Argentina. Ambos países pertenecen al denominado “triángulo del Litio”[23], que es completado por Bolivia con quiénes Estados Unidos reanudó relaciones tras la elección de Rodrigo Paz Pereira.

Estos acontecimientos se suman a la serie de acciones militares imperialistas en Ucrania, Nigeria, Kurdistán, Gaza, Irán, Líbano, Taiwán, que también dan cuenta de los intereses de cada potencia y la defensa de sus respectivas zonas de dominio. En la práctica se van estableciendo las líneas rojas de EE.UU conforme a la actualización de su estrategia de seguridad nacional publicada en diciembre de 2025. Su zona de control estratégica es todo el continente americano. Para ello se establecen acciones que neutralizan a competidores “no hemisféricos” (Rusia y sobre todo China) y se reclutan liderazgos serviles a los intereses políticos, económicos e ideológicos yanquis. Esto último se ha evidenciado públicamente con el apoyo político y económico explícito de Trump a Nasry Asfura, presidente electo de Honduras[24], a la elección de Milei o la de Kast.

Podemos aventurarnos a pensar la política exterior de Donald Trump como un intento de forzar un equilibrio momentáneo y un reconocimiento entre las potencias que hoy amenazan su hegemonía, por medio de la confrontación directa y la extorsión, un regreso primitivo pero efectivo a la ley del más fuerte. Estos son los pilares de la denominada por Trump como la “Doctrina Donroe”, —que actualizaría la vieja Doctrina Monroe resumida en la frase: “América para los americanos”—. “En su deseo de rentabilizar directamente la violencia de Estado, esa doctrina es también testimonio de la debilidad definitiva de un imperio hemisférico que no se basa en el desarrollo, la colaboración o la paz —ni siquiera en la explotación en su sentido ordinario—, sino en la extorsión y el saqueo en su expresión más insolente”[25].

5. ¿Volveremos a las calles?

Tanto la nueva ola de gobiernos conservadores en el mundo, alineados con Estados Unidos; como las luchas por la soberanía nacional o autonomía de los pueblos en oriente medio y África, son parte del proceso de disputa de la hegemonía mundial. El neoliberalismo como fórmula de gestión capitalista impulsada por los Chicago Boys en Chile, y posteriormente extendida al resto del mundo, parece estar siendo llevada a su límite. Las características compartidas por las mayores potencias del mundo en la gestión del capital se encapsulan en lo que algunos han denominado como Posneoliberalismo o Fascismo neoliberal[26].

 El capitalismo está revelando su rostro más salvaje: las guerras se expanden, la democracia es deslegitimada y el planeta es quemado a voluntad. No obstante, es en momentos como este en que el orden abre nuevas posibilidades de ruptura. La desesperada defensa de las categorías básicas del sistema, debe comprenderse como la reacción violenta de un animal herido y no como la prueba del carácter imbatible de este. No debemos dejarnos convencer por el ánimo de derrota. La experiencia de los anteriores ciclos de lucha (el más reciente entre 2018 y 2022) no debe de pesar sobre nosotros como una constatación de la inminencia del fracaso.

El recuerdo de la revuelta social del 2019 ha sido falseado, y en su lugar se ha instalado una percepción negativa que se puede resumir en que “no logramos nada”. Pero, esta imagen ideológicamente reaccionaria se puede despedazar en segundos. Basta con volver a experimentar la comunidad espontánea que se genera en las calles y plazas, volviendo a sentir colectivamente la rabia y el rechazo hacia el estado de las cosas. El papel compartido por los gobiernos que le siguieron a las revueltas sociales fue el violento desmantelamiento de esta comunidad, y de cualquier recuerdo de que esta existió. Sin embargo, estos intentos terminan siendo siempre inútiles, la larga lucha de los pueblos se vuelve a reencaminar en la medida en que el mismo sistema genera nuevos focos de lucha. Esa es la contradicción del sistema, es ontológicamente incapaz de eliminar sus amenazas, generando por el contrario la posibilidad para su propia superación.

Las manifestaciones multitudinarias que encendieron las calles de Madagascar, Nepal, Marruecos y Laos durante el 2025, y las recientes protestas en Bolivia que frenaron el decreto que buscaba eliminar los subsidios a los combustibles, son prueba de que aún podemos volver a levantarnos. La desmovilización y el pesimismo es el interludio de una lucha mayor. Que el periodo revolucionario más importante en la historia haya tenido lugar entre crisis estructurales y guerras no es una casualidad[27]. Es a partir de estos períodos en que las convulsiones del capital se intensifican, donde se abre la posibilidad para diversas prácticas de resistencia y de fuga a las relaciones sociales que fundan el capitalismo.

Por lo mismo, las luchas migrantes y activistas contra las deportaciones masivas encabezadas por el ICE, así como los actos de insubordinación y deserción militar de los ejércitos ucranianos, rusos e israelíes, son de crucial interés para nosotrxs. Son la demostración de que la guerra de clases sigue latente aún en el corazón de los imperios. Sin embargo, sería un error esperar que cada protesta actual o futura, genere un desenlace radical que nos acerque a la revolución. Es preciso aprender de los procesos de lucha anteriores, que han demostrado que el asalto del poder político o el cambio de administración de los estado-nación no garantizan las transformaciones radicales que necesitamos los pueblos, sino que por el contrario, se han transformado en agentes que administran el monopolio económico, represivo y cultural del poder. Las luchas se fundan de las contradicciones y antagonismo del sistema, pero al mismo tiempo quiénes llevan a cabo estas son portadores de las mismas contradicciones, he ahí la urgencia en la construcción de fuerzas y autonomías hoy, no pensarlas al día siguiente de la “revolución”, sino que forjarlas en el presente, como ejercicios anticipatorios a nuevas sociedades no capitalistas, no patriarcales y no coloniales.

La historia de la lucha de clases nos enseña otro de los límites en la lucha revolucionaria, que está presente tanto en las oleadas de levantamientos de este siglo, como en las experiencias de autogestión territorial que sobreviven hasta hoy a las amenazas de los Estados, véanse los zapatistas en Chiapas y de lxs Kurdos en Rojava. Nos referimos a los límites del marco nacional y del localismo. Las protestas de este siglo se extinguen rápidamente en la medida en que no son capaces de extenderse hacia otros territorios. Focalizar la lucha en un territorio delimitado geográficamente (aún cuando se hable en términos de continente) obstaculiza la revolución como posibilidad. Pues, del mismo modo que el capitalismo y el patriarcado, como forma social son globales, la revolución debe de serlo también. Ese es el motivo por el que Chile no podía ser la “tumba del neoliberalismo”. Aún cuando lograse sacar a Piñera del poder, el neoliberalismo como fenómeno no sería superado como tal hasta que las condiciones que permiten su existencia sean borradas en todas partes.

La rearticulación del sector revolucionario, así como el intercambio de experiencias y aprendizajes con otros territorios, y la creación de organizaciones internacionalistas, que agrupe sectores de los distintos territorios en lucha, son claves para impulsar la expansión territorial de las revueltas que rechace los discursos nacionalistas y estatistas al interior del movimiento. Lo anterior encaminaría la construcción de “…una red internacional que equipe a los futuros levantamientos de una logística adecuada para hacer frente a situaciones de represión y de exilio, así como de la escalada de las luchas”[28].

La construcción de autonomía, la articulación de la lucha y rearticulación del sector revolucionario son principios estratégicos que permitirán elaborar las herramientas materiales y organizativas necesarias para evitar la muerte prematura de estos focos de lucha en nuestras comunidades y pueblos. El balance de las revueltas de este siglo nos muestra un primer el doble obstáculo a superar: la trampa del reformismo y la represión estatal (sin excluir nunca una de la otra). Basta de seguir oxigenando la democracia electoral, ecocida, femicida y genocida; y seguir pensando la revolución como un hito o jaque mate al poder; la revolución es la reafirmación permanente de la insurrección y de la construcción cotidiana de otros mundos posibles.

  

¡Es hora de acabar con siglos de explotación y dominación,

con todas las fuerzas de la historia, hasta alcanzar la victoria!

 

En memoria de todos los nombres y rostros

que nos acompañan en cada paso.

Centro de Estudios Populares Luz y Vida.

Marzo 2026

Antofagasta, Desierto de Atacama

[1] R. Bolaño, Nocturno de Chile.

[2] F. “Bifo” Berardi, Pensar después de Gaza. Ensayo sobre la ferocidad y la extinción de lo humano, ed. Tinta Limón, 2025. p. 17.

[3] T. Konicz, A guerra como catalisador de crises. Marzo 2026.

[4] La conceptualización de este enemigo, es determinada en términos de raza, género y clase. Mientras que para la alemania nacional-socialista este enemigo se construyó como judio y obrero, en Estados Unidos durante el siglo pasado, lo hizo como afrodescendiente, nativo americano, migrante no blanco, etc. Según M. Lazzarato: “La «raza» no se limita a definir al enemigo, sino que constituye, junto con el patriarcado y la heterosexualidad, el terreno de la subjetivación fascista e identitaria”. E. Alliez y M. Lazzarato, Guerra y Capital, ed.Traficante de sueños, 2021, p. 326.

[5] Editorial Conatus, Informe proletario sobre la periferia incendiada: México en la gestión global del excedente, junio de 2025.

[6] Como el libro Which Way Western Man? de William Gayley Simpson. Léase: J. Montpetit, “ICE nodding to far-right extremists in recruitment posts, experts say”, enero de 2025.

[7] Ten questions on the policies of the Trump government, International Perspective, diciembre 2025.

[8] F. “Bifo” Berardi, Pensar después de Gaza, 2025.

[9] ¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?, enlacezapatista, 2003.

[10] Sistematización “Reflexiones y aprendizajes de la jornada formativa con el MMK-Abya Yala”.

[11] Al respecto recomendamos leer: Z. Baheer, The Iranian uprising is at a very crucial stage, organize!, enero de 2026.

[12] Cómo por ejemplo, con los pagos multimillonarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas a empresas privadas de vigilancia para la localización y vigilancia de migrantes.

[13] Para el Movimiento de Mujeres del Kurdistán, y para el PKK, la liberación de las mujeres es un pilar central de su proyecto político -el Confederalismo Democrático-, y hoy lo conectan con experiencias de lucha de mujeres de todo el mundo.

[14] D. Cameron, Hay cientos de informes por abuso físico y sexual en los centros de detención de migrantes del ICE, wired, agosto de 2025.

[15] El uso sistemático de la violencia sexual por parte de Israel es “más de lo que el ser humano puede soportar”, Noticias ONU, marzo de 2025.

[16] Ibid.

[17] Al respecto recomendamos leer: B. Pfeil y C. Pfeil, Metamorfoseando el anarquismo: por trans-anarquías monstruosas, Colapso y Desvío, diciembre del 2025.

[18] Informe proletario sobre la periferia incendiada: México en la gestión global del excedente, Editorial Conatus, junio de 2025.

[19] “Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, superando a países como Arabia Saudita e Irán. Por lo tanto, posee un inmenso potencial para la exploración petrolera, y no es casualidad que este sector represente el mayor porcentaje del PIB venezolano —alrededor del 12,3% del mismo— en comparación con otros sectores individualmente”. H. Alves, A Agressão Contra a Venezuela e a Política Estratégica de Dominação dos EUA, Critica Desapiedada, enero 2025.

[20] Guerra de clases en Irán 2026, Proletarios revolucionarios, enero 2026.

[21] El campismo ignora la relación indisociable entre el Estado y el capitalismo, confundiendo al imperialismo como la conducta específica de sólo algunas potencias y siempre occidentales. Por el contrario: “Todos los Estados sin excepción son fracciones nacionales de la burguesía y el Estado mundiales que, con diferentes jerarquías —desde la cúspide hasta la base de esta pirámide—, compiten entre sí por acumular más capital y más poder que los otros, repartiéndose la plusvalía global, los mercados y los recursos estratégicos del planeta”. Precisiones sobre la guerra de clases y el internacionalismo proletario en el actual contexto de guerra imperialista y revueltas, Proletarios revolucionarios, febrero 2026.

[22] K. Marx, El capital, ed. Akal, 2000, libro III, t.8, p. 227.

[23] Zona geográfica que concentra aproximadamente el 60% reservas del litio a nivel mundial.

[24] Quién ganó las elecciones con una diferencia menor al 1% de los votos. Tras las críticas al conteo de votos, Trump amenazó con duras “consecuencias” si se intentaba revertir las elecciones ganadas por su candidato.

[25] A. Toscano, Imperio de la extorsión, communispress, enero de 2025.

[26] Léase al respecto: M. Lazzarato, El capital odia a todo el mundo, ed. Eterna Cadencia, 2019.

[27] Nos referimos a México: 1910-1917, Rusia: 1917-1921, Alemania 1919, etc.

[28] Nueva Icaria, La revuelta global y sus impasses históricos, Colapso y Desvío, octubre de 2025.

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Sobre el mal funcionamiento de los recursos asistenciales de la Comunidad de Madrid

23 Febrero 2026 at 18:58

[Romper la rutina derrotista y pasar a la ofensiva]

Todo lo relacionado con la estructura del estado del bienestar está podrido. Es una cuestión estructural del sistema capitalista. Para un trabajador, cuando desarrolla su actividad profesional en un recurso asistencial público o privado, el hecho de implicarse un poco más de la cuenta en conseguir una mejora estructural o de calidad de vida de los usuarios o de los propios trabajadores, deriva en estrellarse contra un muro de hormigón. Al final, las únicas opciones que tiene es pasar del tema y cumplir la jornada por el salario correspondiente con la única implicación de realizar su actividad profesional, o darse de baja y cambiar de profesión. Y no estamos hablando de una implicación en el terreno emocional, sino de cuestiones tan básicas como respetar los derechos reconocidos a usuarios y trabajadores, tal y como vienen recogidos en la legislación.

Para los anarquistas, «la dignidad de las personas y los derechos que les son inherentes», tal y como se mencionan en la Constitución, no son meras cuestiones simbólicas que deban estar únicamente plasmadas en un escrito jurídico, como no lo fueron en su día para los liberales. Queremos dar un paso más allá en nuestra acción política con la clase trabajadora, y no esperar alguna concesión del poder político para seguir sumidos en la derrota constante. No creemos que la ejecución de políticas parciales que tanto gusta a la socialdemocracia vaya a solucionar los problemas de la clase trabajadora. Tampoco creemos en el uso de la retórica posmoderna para lavar la cara de este u otro líder para mantener las estructuras de poder y autoridad, pilares de la desigualdad social. Es el mercado capitalista y el Estado los que llevan a que los recursos del «estado del bienestar» acaben podridos. A que unos pocos se beneficien a costa de la necesidad de usuarios y trabajadores. La auténtica dignidad para la clase trabajadora pasa por poseer capacidad política propia al margen de las instituciones del Estado y de los partidos políticos, y en construir socialismo a través de la libre federación de productores y consumidores basada en el trabajo asociado y cooperativo.

La precariedad laboral en la administración

Los trabajadores movemos el mundo. Todo recurso asistencial necesita de trabajadores para realizar cualquier tarea. En muchas ocasiones, a pesar de la diferencia jurídica entre trabajadores (interinos, fijos, funcionarios, eventuales), la producción sale adelante sin necesidad de jefes, políticos, etc. Y aquí es donde reside el auténtico potencial de la clase trabajadora: llevar adelante la producción sin necesidad de mandos, jerarquías, políticos, etc.
Para las instituciones del Estado y la lógica neoliberal del mercado capitalista, se hace necesario dividir y aislar a los trabajadores, para impedir que se entiendan y se organicen. Así, las políticas neoliberales de la Comunidad de Madrid conllevan:

– Contratación precaria a través de contratos encadenados de pocos meses.
– Abuso de la interinidad.
– Introducción de empresas privadas en la gestión pública.

Pocos trabajadores y divididos con distintas situaciones administrativas o, lo que es lo mismo, fuerza de trabajo barata, flexible y reemplazable: esa es la receta del éxito para el desmantelamiento y la privatización de los recursos públicos.

El corporativismo es una de las principales estrategias de la administración entre grupos y subgrupos de trabajadores. Los de por la mañana contra los de la tarde, el personal de servicios contra los técnicos de enfermería, etc., cada uno sintiéndose especial en su zona de poder imaginada, considerándose diferente y agredido por sus propios compañeros de trabajo. Otra forma de división simbólica de una clase trabajadora ya bastante fragmentada por el mercado.

Las gestoras sindicales acrecientan esta división. Su papel no deja de ser el de mantener la división, individualizar la problemática común, y disolver cualquier movimiento de lucha colectiva. En la firma del último Convenio colectivo único para el personal laboral al servicio de la Administración de la Comunidad de Madrid (2025-2028) se vulneraron derechos tan básicos para los trabajadores como el de huelga, manifestación, libertad sindical, etc., se introducen represalias por ejercer el sindicalismo y se ataca a los interinos.

El papel de los mandos intermedios también deja mucho que desear. No solo por la pasividad con las políticas de fragmentación y privatización, sino por el hecho de asumir el papel de «jefe mediocre», negando, entorpeciendo o bloqueando los derechos básicos de los trabajadores en cuestiones como el descanso, la conciliación, el suministro de EPI y la prevención de riesgos laborales.
Al poder político y económico le resulta esencial que los trabajadores compitan en un contexto caótico. El divide y vencerás de siempre que hace que seamos más pasivos, manipulables, etc.

Externalización de los servicios públicos, una cuestión ideológica

Dentro de la retórica dialéctica del poder político se nos intenta hacer creer que un partido privatiza más que el otro, o que un partido defiende lo público frente a otros, que unos son malos por eso y que otros no lo son tanto. Nada está más lejos de la realidad, todos los partidos que ocupan el poder político ejercen políticas de privatización y desmantelamiento de lo público. Estén en el gobierno central, las comunidades autónomas o los ayuntamientos. A lo sumo, unas administraciones son más agresivas que otras en estos aspectos, pero todos los distintos partidos políticos los llevan a cabo.
El gobierno de PSOE-SUMAR ha aumentado la licitación del concierto sanitario de MUFACE en más de un 40 %. La Comunidad de Madrid ya da cobertura sanitaria de accidentes de trabajo a todos los empleados públicos a través de FREMAP, que anteriormente gestionaba directamente la Comunidad a través de la Unidad de Prestaciones Asistenciales Médicas. Todo ello con el beneplácito de las gestoras sindicales.

«Colaboración público-privada» no es más que un eslogan de una facción política concreta sobre una práctica que lleva décadas recogida en la legislación.
Las consecuencias de que los servicios públicos se dejen en manos privadas se reflejan en lo ocurrido en el Hospital de Torrejón. No solo aumentan los costes para las administraciones, sino que se incrusta la lógica de mercado para los que más tienen, en detrimento de la clase trabajadora. Mientras tanto, se cierran los servicios de urgencias, faltan médicos o pasan muchos meses para que te manden a un especialista de un hospital público, reduciendo el tiempo de espera si se trata de uno concertado.
En los recursos asistenciales de la Comunidad de Madrid se lleva tiempo viendo la externalización del servicio de lavandería, denunciándose públicamente la falta de toallas y pijamas, o que la ropa vuelve sucia. Además, esto trae consigo el desmantelamiento de la maquinaria, tirando a la basura cientos de miles de euros e impidiendo que el servicio se pueda recuperar. Otro problema en estos recursos es la falta de cocineros y el cierre de cocinas en favor de los servicios de catering, los cuales dan problemas por la pésima calidad de la comida y las consecuencias directas, como problemas de desnutrición.
La privatización y el progresivo desmantelamiento de los servicios públicos nos afectan directamente a la clase trabajadora, aumentando la precariedad en nuestra vida y el riesgo de exclusión social, con el progresivo aumento de la desigualdad.

El desmantelamiento del «estado del bienestar» es una cuestión ideológica. Tanto la Iglesia como muchos empresarios necesitan vivir del dinero público a través de conciertos. La exclusión social es un negocio rentable, al igual que lo es la educación. Pero ni Isabel Díaz Ayuso, ni Pedro Sánchez, ni ningún cura o empresario están día a día sacando adelante los centros asistenciales y trabajando para los usuarios. Somos los trabajadores los que movemos el mundo y los que hacemos que las cosas funcionen. Romper con la dicotomía diaria es necesario tanto para los usuarios como para nosotros. Por eso necesitamos estar organizados y dar el paso a una acción sindical que rompa la rutina derrotista y pase a la ofensiva para defender nuestros derechos y los de los usuarios, con vistas a una transformación radical de nuestras condiciones materiales y la superación del poder político y del sistema económico capitalista.

Grupo Tierra

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El descubrimiento de Chaplin en Bali

En 1932, Charlie Chaplin quería alejarse de la civilización. Su hermano Sydney le sugirió ir a Bali, porque aún no había sido «contaminada por la sociedad occidental», y ambos se embarcaron hacia esta isla, actualmente perteneciente a Indonesia. Allí quedó fascinado por sus gentes y sus tradiciones; y rodó con su cámara a los balineses en sus actividades cotidianas, danzas y ceremonias. De sus bailes, también sacó inspiración para su mímica universal.

Pero lo más importante fue que Bali le dio otra visión de la vida, y contribuyó a posicionarse aún más fervientemente contra el capitalismo y contra el colonialismo. El estilo de vida balinés —respetuoso con la naturaleza— le llamó la atención y exclamó: «¡Qué fácil es para el hombre volver a su estado natural!».

Chaplin constató que allí no había gente triste y concluiría: «no son nada codiciosos (…) por eso son felices. (…) En nuestras grandes ciudades tan solo verás almas hostigadas, derrotadas. En la mayoría se percibe agotamiento y desesperación. En cambio, los ojos de los balineses solo transmiten tranquilidad. Sus valores son diferentes a todo lo que yo haya visto. Creo que me podría quedar aquí para siempre. ¡Qué lejos me siento ahora del resto del mundo!».

También es consciente de que los balineses trabajan duro cuando hay que hacerlo y de que algunos viven en la pobreza, en gran medida por la administración colonial holandesa que controlaba la isla desde 1908 y que contaminó el paraíso con la occidentalización. Según Chaplin, en Bali sabían el auténtico sentido de la vida: trabajar y jugar.

Chaplin en Bali, con los aborígenas y un amigoChaplin fue consciente de que el contacto con los occidentales estaba cambiando a los balineses: se cubrían más sus cuerpos y muchos incluso invirtieron los ahorros de su vida en comprarse automóviles, para darse cuenta después del alto precio de la gasolina. Arruinados, dejaron los coches aparcados en los patios traseros, convertidos en gallineros. Tal vez ese sea el futuro de gran parte de los coches que se venden hoy para uso privado, pues no es sostenible (ni siquiera los eléctricos; y todo lo que no es sostenible, es insostenible).

Como tantos otros, Chaplin no solo constató que se puede ser feliz con poco, sino que es más fácil ser feliz con poco. En las sociedades modernas queremos, en masa, tener muchas cosas, muchas comodidades, y eso tiene un coste que se desglosa en distintos epígrafes: coste en felicidad, coste económico, coste ambiental, etc.

A su regreso del viaje, Chaplin planificó una película, su primera hablada, en la que pretendía dar voz a los balineses y satirizar a las potencias coloniales. En ella, los balineses se quejarían de los impuestos que les exigían los holandeses a cambio de carreteras que no necesitaban, y se mofarían de la ambición por el oro de los occidentales. En cierta forma, esto recuerda los discursos sobre los blancos en el considerado como primer documento antiglobalización, Los Papalagi (lectura recomendada). Es posible que Chaplin no llegara a conocer esos discursos en los que un jefe samoano se dirige a su tribu tras viajar por Europa y ver las miserias de la vida en las ciudades.

Chaplin ve el colonialismo como una extensión del capitalismo y lo desprecia descaradamente. La película Flor de Bali no se llegará a terminar, a pesar de tener gran parte del guion preparado. Chaplin se centraría en otros proyectos, como escribir su autobiografía y rodar la película Tiempos modernos, en la que ridiculiza la mecanización y los lujos de la vida “moderna”, seguramente inspirado por su experiencia en Bali.

A los 4 años volverá a Bali y se decepcionará al ver más bicicletas y más coches. «Todo es más comercial» —dejará escrito—. «Navego en un mar de contradicciones. Y no tengo una filosofía de vida a la que aferrarme. Podemos ser sabios o insensatos, pero todos nos las vemos y deseamos para salir adelante en la vida. Solo sé que en este perverso mundo no hay nada permanente. Ni siquiera nuestros pesares».

♦ En la misma línea:

La idea de los niños: los cuidados y la abolición de la familia

10 Febrero 2026 at 17:41
Este texto de Madeline Lane-McKinley salió en 2018 en  Blind field: a journal of cultural inquiry (https://blindfieldjournal.com/2018/08/02/the-idea-of-children/). Traducido desde el original en inglés por Tía Akwa.

Abolir la familia para los niños

Con frecuencia hemos visto cómo se utiliza la figura del niño para moralizar lo que debería ser político. Campañas de valores familiares. Propaganda provida. Hoy en día, esta moralización es lo que distingue la retórica de «las familias deben estar unidas» de la insistencia en que «ningún humano debería ser enjaulado». Al extraer a «la familia» como la columna vertebral ideológica de la resistencia masiva contra el ICE, muchas preguntas corren el riesgo de evaporarse en retóricas moralistas. Tanto para liberales como para conservadores, la idea de los niños es un instrumento político ante el cual varias tradiciones radicales han desarrollado una sana aversión. Sin embargo, como resultado, existe una escasez de pensamiento anticapitalista sobre la infancia.

Estas son algunas notas escritas en un momento de urgencia, un momento en que la idea de los niños exige una consideración más rigurosa.

«…¿pero qué hay de los niños?»

Todos estamos familiarizados con el cliché, pero escuchamos esto, con demasiada frecuencia, como un tropo conservador que, de hecho, tiene muy poco que ver con los niños. Con la inocencia como base, la idea liberal de la infancia busca naturalizar (pero también moralizar) una relación de propiedad entre hijo y progenitor. «Inocencia» es una clave para decir «sin poder»: una forma de fetichizar al niño como dependiente y subhumano.

Esta idea del niño es indistinguible de la propiedad privada. Y es igualmente a través de la lógica de la propiedad privada que Trump justifica las separaciones familiares: «cuando procesas a los padres por entrar ilegalmente —lo cual debería ocurrir— tienes que llevarte a los niños». Esta lógica de la relación de propiedad padre-hijo es la razón por la que Jeff Sessions puede hablar de los niños como si fueran una bolsa de cocaína: «Si estás contrabandeando a un niño, te procesaremos, y ese niño será separado de ti como exige la ley. Si no te gusta, no contrabandees niños por nuestra frontera».

En las críticas liberales a la política de tolerancia cero de Trump, podemos localizar una contradicción importante. Por un lado, el niño es un sujeto idealizado, cuya supuesta inocencia se forma en contraste con una articulación de la edad adulta como culpable, cómplice y defectuosa. Por otro lado, el niño es perpetuamente subordinado, entendido no solo como propiedad, sino como alguien que no piensa y carece de agencia.

¿Hasta qué punto puede esta contradicción no solo ser socavada, sino rechazada? Rara vez el rechazo a la instrumentalidad política del niño ha estado al servicio de los niños mismos. Demasiado a menudo, este rechazo en el falso binario del panorama político estadounidense ha resultado en la formulación de una concepción de la práctica política centrada enteramente en los adultos. Para no desplegar la figura del niño como una herramienta ideológica, quizás, la izquierda apenas ha dejado espacio para estas preocupaciones. Al centrarse en el «adulto» como sujeto político, tales conceptualizaciones excluyen no solo a los niños, sino incluso a la gran mayoría de los adultos. Implícita en esta idea de la edad adulta hay una versión de la «autosuficiencia» neoliberal: la promesa de un individualismo autónomo mediado por el mercado, cuya falta de recursos sociales es una marca de independencia. Esta idea excluye a muchos adultos; no se trata de la edad, sino del no reconocimiento del cuidado.

¿Qué nos impide politizar estos problemas?

La idea y la realidad material de que los niños sean «arrebatados» no puede imaginarse como un robo: debemos insistir en que se trata de una forma discreta de tortura. El horror distintivo de los centros para la «tierna infancia» es precisamente este: una separación no de La Familia, sino del cuidado. Los niños vienen a este mundo, inspiradoramente, sin una ideología de relaciones de propiedad, pero con una necesidad innegable de ser cuidados.

Poner el cuidado en el primer plano de nuestra indignación política, al tiempo que nos desvinculamos de la presión ideológica de abrazar las instituciones de la propiedad privada, puede ser una forma de insistir en que ningún humano debe ser enjaulado. Todos los humanos necesitan cuidado, y lo necesitan de manera diferente. El niño no es la única forma de entender esto, aunque como cuidador de un niño de seis años, esto es algo que se me recuerda durante la mayor parte del día.

La crisis del cuidado

Cada vez más escuchamos describir el momento presente en términos de una crisis del cuidado. La privatización acelerada del cuidado es un régimen de trabajo de cuidado forzado. Se estima que 16 millones de estadounidenses desempeñan el papel de cuidador principal sin remuneración. Las políticas económicas neoliberales, como escribe Evelyn Nakano Glenn, han «exacerbado la crisis del cuidado al intensificar los conflictos entre cuidar y ganar dinero, aumentando el estrés de los cuidadores, tanto remunerados como no remunerados». Con la disolución del salario familiar, esta crisis debe entenderse de manera más sistémica: Nancy Fraser argumenta que «la crisis de la reproducción social no es independiente y no puede captarse adecuadamente por sí sola», sugiriendo que el enfoque en el cuidado debe ir acompañado de una teoría más amplia de la «crisis general».

El enfoque en el cuidado presenta una oportunidad para ampliar y hacer legible una política de abolición de la familia. Sin embargo, esta oportunidad se perderá si no se tiene un sentido agudo de las demandas del cuidado, particularmente los trabajos realizados aparentemente por amor bajo las condiciones sociales de «No hay alternativa».

En las tradiciones feministas del abolicionismo familiar, estas preguntas salen a la superficie: ¿cómo el horizonte revolucionario del fin de «la familia» como unidad de propiedad privada nos moviliza hacia una visión del cuidado más plena y menos explotadora? Este anhelo de cuidado colectivo debe ir de la mano con cualquier discurso contra la familia; de lo contrario, está condenado a las lógicas de la autogestión y la autonomía. La alternativa planteada por la abolición de la familia no puede ser, en otras palabras, una cuestión de austeridad autoimpuesta en nombre del capitalismo neoliberal. En lugar de orientarse hacia esta cuestión en términos negativos (retirar, deshacer, restar), ¿cómo podrían imaginarse y practicarse alternativas a La Familia como un proyecto político para desmantelar la crisis del cuidado del capitalismo?

Abolir la familia para los niños

Es una verdad no dicha que, mientras muchos niños temen a los adultos, muchos adultos también temen a los niños. ¿Cómo le hablarías a un niño sobre la abolición de la familia? ¿Cómo plantearías una crítica al patriarcado burgués blanco, la institución del matrimonio, la lógica de la propiedad privada? ¿Qué lenguaje usarías? ¿Sientes que tendría que ser simplificado en exceso, rebajado o acrítico? ¿Por qué? ¿Qué tendrías que hacer con tu propio pensamiento en este proceso? ¿Qué tendrías que preguntarte a ti mismo?

La imaginación del niño es uno de los modelos más vitales que tenemos para el proyecto de interrumpir ideológicamente las epistemologías del realismo capitalista, enfrentando los reproches racionalistas del liberalismo que infantilizan sistemáticamente la política revolucionaria. Pero esta capacidad crítica que encontramos al pensar con los niños y aprender de ellos permanece políticamente desaprovechada y socialmente devaluada, incluso en nuestras tradiciones de pensamiento más radicales.

Cuidar a los niños puede ser una tragedia continua de naturalizar el capitalismo para sobrevivir en él. Sin embargo, cuidar a los niños también puede implicar cuestionar la idea de que no hay alternativa al capitalismo. Enseñamos a nuestros hijos sobre el robo, ya sea a no robar o a cómo no ser atrapados, pero ¿cómo hacemos esto sin dejar la propiedad privada sin cuestionar? ¿Cómo hacemos uso de la comuna, en este sentido, como la anti-familia?

Niños rebeldes

El dominio colonial ha imaginado y posicionado a los colonizados como niños y animales. El niño rebelde (o voluntarioso), como sugiere Sara Ahmed, es la historia del subalterno: «tratado como miembro de la clase subordinada», escribe Ahmed, el niño rebelde «es subordinado cuando se niega a ser miembro de esa clase. La demanda de estar dispuesto se articula como la demanda de obedecer al colonizador (que ocupa el lugar del padre)».

Ahmed nos deja este imperativo: «Debemos aprender de dónde y cuándo surge el niño rebelde. Tan pronto como aparece, la vara viene rápidamente tras él. Él nos dice qué podría pasar si nos negamos a rendirnos. Nos dice en qué nos convertimos cuando seguimos surgiendo, cuando protestamos contra la violencia de la vara, cuando desafiamos cómo algunos son golpeados como si golpear fuera un derecho: cuerpos negros, cuerpos marrones. Algunos tienen que volverse rebeldes para sobrevivir a una historia».

Sin fronteras: Abolir la edad adulta

Por un lado, esta es una demanda de inclusión infantil en nuestras luchas políticas. Hemos dejado que los niños sean preocupación de la derecha: una derecha para la cual el feto es más importante que el niño, precisamente porque el tema no tiene nada que ver con los niños sino con la propiedad. Por otro lado, es una crítica a la ideología de la «inclusión infantil» en la medida en que dicha inclusión siempre vuelve a los niños marginales respecto al mundo supuestamente «adulto» de las luchas políticas.

Más que descentrar al adulto del pensamiento revolucionario, la frontera entre niño y adulto debe ser abolida. Como en cualquier proyecto abolicionista, la capacidad de imaginar es un problema integral que debe abordarse en términos revolucionarios: ¿cómo repensamos la relación adulto-niño como una de cuidado y aprendizaje mutuo? ¿Cómo asumimos los desafíos del compañerismo sin dejar el concepto de infancia definido incuestionablemente por el capital?

A través de un marco de cuidado y compañerismo, la posibilidad de imaginar una «no-adultez» compartida puede abordarse con más delicadeza que en visiones previas. Al iluminar diferentes umbrales de imaginabilidad, el cuidado nos ayuda a renegociar la relación propietaria entre adulto y niño, para deshacer el carácter transhistórico de la «familia» burguesa blanca con formas más expansivas de cuidado mutuo. Aunque este mundo sin fronteras sea impensable sin una revolución total, estas preguntas nos acercan a la posibilidad de pensar la revolución, afilando nuestra política para crear tal futuro y fortaleciendo nuestras capacidades de lucha colectiva. Es un comienzo, entre muchos otros.

Lane-McKinley

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Amistades contra el capitalismo: La abolición de la familia como una política de la amistad

10 Febrero 2026 at 17:36
Este texto de Alva Gotby apareció en 2022, en el n°1 de la revista Women, Gender & Research. Traducido desde el original en inglés por Tía Akwa.
Solidaridad

Imaginar alternativas al capitalismo conlleva replantear drásticamente cómo vivimos juntos y cómo nos cuidamos unos a otros. El capitalismo no es solo un modo de producción, sino una forma particular de satisfacer las necesidades de alimento, refugio y consuelo de las personas. Estas necesidades suelen satisfacerse actualmente dentro de pequeñas unidades sociales, unidas simbólicamente por el matrimonio, la genética y la herencia. La familia nuclear ha sido la unidad dominante de cuidado en la sociedad capitalista. Pero junto a la familia, existen otras formas sociales y maneras de cuidarse mutuamente. Las personas no solo son cuidadas por los miembros de su familia, sino también por amistades y conocidos en sus comunidades y lugares de trabajo, así como por trabajadores de cuidado asalariados en la industria de servicios.

El cuidado y la socialidad fuera de la familia pueden articularse como parte de una política que se atreve a imaginar más allá del capitalismo. En años recientes, se han renovado los llamados para la abolición de la familia nuclear. Los análisis queer del capitalismo, como los de Jules Joanne Gleeson y Kate Doyle Griffiths (2015), Sophie Lewis (2019), M.E. O’Brien (2020) y muchos otros, han articulado una política que busca superar los arreglos familiares privatizados como base para la supervivencia. Esto también significa articular formas sociales alternativas capaces de satisfacer las necesidades de las personas. En este ensayo, quiero destacar cómo la amistad podría formar una base para formas más colectivas de cuidado, placer y plenitud. Explorar la amistad como una forma de cuidado podría señalar potencialidades hasta ahora inexploradas, pero también podría llamar la atención sobre el hecho de que la familia, aunque dominante, no es la única relación de cuidado que existe en el presente. Esto podría ayudarnos a superar algunas de las limitaciones inherentes a la forma de la familia nuclear.

Los problemas de la familia nuclear han sido ampliamente debatidos dentro de la teoría feminista y queer (ver, por ejemplo, Barrett y McIntosh 2015, y Cooper 2017). La familia no solo es explotadora para quienes han sido hechos responsables de cuidar a otros, sino que a menudo también es peligrosa para mujeres, niños, personas queer y trans. Pero abandonar la familia no siempre es una opción fácil, incluso cuando es dañina y violenta. La sociedad está estructurada en torno a la familia de tal manera que aquellos que se van (o son excluidos) podrían tener dificultades para acceder a cuidados, apoyo emocional, vivienda y dinero.

Dentro de las esferas del romance y la familia, la intensidad emocional suele estar relacionada con la exclusividad. El sentimiento se convierte en un juego de suma cero. Uno solo puede tener una madre, solo un amor verdadero, solo una familia. Los escritos del siglo XX sobre la crianza enfatizaban la necesidad de un cuidador primario: una madre que se suponía debía satisfacer todas las necesidades de su hijos (Rose 1990, 182ss). Por supuesto, la mayoría de las personas no son cuidadas exclusivamente por sus madres. Los niños son nutridos por trabajadores de guarderías, niñeras, abuelas, padres, parientes, amigos y vecinos. Sin embargo, persiste la idea de que el vínculo madre-hijo es una relación emocionalmente única.

Esta idea está relacionada con la política del trabajo doméstico, tal como surgió bajo el capitalismo. A medida que la esfera doméstica se separó cada vez más del lugar de trabajo formal, el trabajo doméstico se volvió progresivamente privatizado y visto como la responsabilidad exclusiva de una sola persona. Las madres tienen una responsabilidad global por el trabajo de atender las necesidades de los miembros de su familia. Esto implica mucho trabajo, aunque las mujeres blancas y burguesas han podido externalizar parte o la mayor parte de este trabajo a otras mujeres (usualmente migrantes, de clase trabajadora, negras y morenas). La familia, a pesar de estar sostenida por una miríada de otras formas de socialidad y trabajo, ha conservado una posición casi mítica como el único lugar adecuado para el amor y el cuidado. Por lo tanto, excluye otras formas de socialidad y moldea el mundo de una manera que obstruye otras formas de cuidar de uno mismo y de los demás. La familia tiene una especie de monopolio sobre el cuidado creado por el trabajo reproductivo; el trabajo necesario para asegurar el bienestar de las personas. Cocinar, lavar la ropa, el cuidado de los niños y de los ancianos son supuestamente responsabilidad de la familia, al igual que el apoyo emocional que las personas necesitan para seguir yendo a trabajar cada día.

La abolición de la familia es el movimiento para superar el estado actual de las cosas: superar la dominancia social de los valores blancos y burgueses que reservan el acceso al cuidado para aquellos que forman parte de relaciones familiares. La abolición de la familia es inherentemente queer, en el sentido de que busca superar la regulación sexual familiar. Dicha regulación tiene como objetivo producir sujetos apropiadamente heterosexuales y cis con los deseos correctos, no solo para el heterosexo, sino para la reproducción de la forma familiar y sus formas de propiedad acompañantes. La abolición es una forma de resistencia inmanente, que surge de la violencia y exclusión misma de la familia. Es el movimiento para deshacer la familia mediante la creación de un mundo donde la familia ya no sea necesaria como sitio de cuidado y distribución de recursos. Esto significa que los abolicionistas de la familia no apuntan tanto a quitar el cuidado al que algunas personas acceden a través de sus familias, sino a crear formas de cuidado mutuo más expansivas y colectivas. Como tal, es la creación de un nuevo mundo en lugar de simplemente la destrucción del actual. Implica la creación de nuevos tipos de socialidad y deseo, unos que aún no podemos conocer.

Pero puede que existan algunas formas sociales hoy en día que podamos utilizar en un proyecto abolicionista de la familia. La abolición de la familia podría ser una política de la amistad.

Nuestras relaciones con nuestros amigos tienen una posición ambigua en las sociedades capitalistas. La amistad, señala Alan Sears, está menos explícitamente integrada en las relaciones de mercado que, por ejemplo, las citas, el matrimonio y las relaciones padres-hijos. Además, la amistad enfatiza las interacciones placenteras en el presente; un fenómeno que se vuelve cada vez más imposible a medida que las personas tienen menos tiempo libre debido a la presión entre el empleo precario y los crecientes niveles de trabajo doméstico (2007, 36-37). La pobreza de tiempo significa que a menudo no tenemos tiempo para el placer o el presente. Debemos invertir todo nuestro tiempo en asegurar un futuro para nosotros mismos. Como escribe Sears, es el tiempo no estructurado de la amistad el primero en desaparecer cuando aumentan las demandas del trabajo remunerado y la familia (2007, 36).

Hay aspectos de la amistad que pueden usarse para fines políticos radicales. La amistad a veces puede funcionar como una alternativa real al romance heterosexual y la familia, en lugar de ser meramente su suplemento. La conexión entre la amistad y el tiempo no estructurado de placer la convierte en una forma de relación más receptiva a una política anticapitalista. A diferencia de la familia, la amistad tiene el potencial de ser una forma de relacionalidad genuinamente expansiva, que no está marcada por el juego emocional de suma cero del romance y la familia, sino que puede incluir una multiplicidad de relaciones y grados de intensidad. Más que el trabajo asociado con la familia, la amistad puede ofrecer un espacio y tiempo para jugar.

Eso no quiere decir que la amistad como forma social carezca de problemas. No siempre es una relación libre entre iguales. La ideología de la Ilustración idolatró la amistad como una forma social deliberativa libre de intereses económicos y el tipo adecuado de relación para la discusión racional. De hecho, estas relaciones eran casi exclusivamente un espacio para que hombres blancos y burgueses crearan vínculos que apuntalaran su propio poder y sentido de importancia. A veces, estas relaciones incluían un componente sexual, pero difícilmente representaban una amenaza para el statu quo. Hoy en día, las amistades entre hombres blancos y heterosexuales pueden contener algunos placeres sexuales y aun así apuntalar su identidad como sujetos debidamente heteronormalizados. Como muestra Jane Ward en su libro Not Gay (2015), en contextos homosociales como las fiestas de fraternidades y el ejército, el juego homoerótico se ritualiza de una manera que sirve para reproducir la dominación blanca, masculina y heterosexual. Ward señala que estos hombres pueden participar juntos en actividades homoeróticas mientras conservan una identidad heterosexual «auténtica», ya que estos rituales sexualizados se entienden como una forma de vinculación masculina más que como una expresión de deseo.

Las amistades de las mujeres heterosexuales también pueden servir para preservar la dominancia de la heterosexualidad, incluso cuando parecen proporcionar un espacio para criticar el romance heterosexual. Tamsin Wilton ha argumentado que estas relaciones funcionan como «hospitales de campaña», proporcionando alivio inmediato de algunos de los daños causados por las relaciones heterosexuales, pero sin abordar las causas de ese daño en sí mismo. En cambio, la amistad femenina funciona como un suplemento esencial para la heterosexualidad. Wilton escribe que, si bien las mujeres heterosexuales tienden a quejarse de los hombres con sus amigas, y que esto puede ser una fuente de consuelo y solidaridad, estas conversaciones también naturalizan el comportamiento de los hombres hacia sus parejas femeninas como «así son los hombres». Al salir del armario como lesbiana, Wilton se vio excluida de estos vínculos sociales porque se basan en quejas sobre los hombres y el romance heterosexual, pero no pueden tolerar el lesbianismo como una forma alternativa realista de vida (1992).

A pesar de estos rituales ambiguos, la amistad está menos sobrecargada de significado cultural que la familia y el romance. Aunque algunos tipos de amistad son el sitio de una codificación estricta y la exclusión de aquellos que no encajan, la amistad misma puede tomar una multitud de formas diferentes. Suele ser más recíproca en términos de apoyo emocional que las relaciones padres-hijos y el romance heterosexual. Estos aspectos más placenteros y no jerárquicos de la amistad pueden aprovecharse para crear relaciones que estén menos integradas en las formas de reproducción capitalista.

En su libro clásico de 1991, Families We Choose, Kath Weston argumenta que, para las personas queer, generalmente ha habido menos diferenciación simbólica entre los vínculos familiares, las relaciones románticas y la amistad. Si bien la ausencia de instituciones y rituales a veces puede dificultar el mantenimiento de relaciones mutuas a largo plazo, esto también significa que las relaciones queer son más abiertas y múltiples (1991, 113 y 206). Esto puede contrarrestar la idea de que deberíamos obtener todo nuestro apoyo de la familia nuclear. En su lugar, múltiples formas de relacionalidad abren un espacio para relaciones que son más inventivas y responden a las necesidades de los participantes, incluso cuando esas necesidades cambian con el tiempo. Están más orientadas hacia el placer, la seguridad y el apoyo en el presente que hacia una inversión en un futuro que se parece notablemente al pasado; un futuro de matrimonio, hijos y propiedad de vivienda: en otras palabras, un futuro de reproducción capitalista.

Debido a esta relativa falta de codificación social, y porque la amistad no encaja en modelos nítidos para la socialidad y el hogar privado, a menudo se la invisibiliza o estigmatiza. Mientras que la amistad y el placer se ven como apropiados para adolescentes y adultos jóvenes, existe la expectativa de que estos vínculos sean reemplazados por las relaciones y responsabilidades más sustanciales del trabajo y la familia una vez que hayamos alcanzado cierta edad. Hay algo ligeramente triste en el hecho de ya no ser joven pero seguir teniendo a los amigos como las relaciones más importantes de tu vida. Los amigos no importan mucho en la narrativa normativa de una buena vida, una historia basada en la progresión profesional, el romance, el matrimonio, la propiedad y el tener hijos. Las amistades se vuelven superfluas en esta narrativa orientada al futuro de cómo debería ser una vida. Las historias de vida de las personas queer son más difíciles de encajar en esta narrativa, tanto porque sus relaciones románticas a menudo se entienden como «solo amigos» como porque las amistades suelen seguir siendo importantes a lo largo de las vidas queer.

Sin embargo, los modos de socialidad queer no son los únicos que son estigmatizados por su fracaso en reproducirse adecuadamente. Las formas racializadas de parentesco, las familias negras en particular, han sido a menudo patologizadas por su supuesto fracaso en estar a la altura de las normas familiares blancas y burguesas (Cohen 1997). Como escribe Luke de Noronha, esto ha llevado cada vez más a la criminalización de las amistades de los jóvenes negros bajo la forma del pánico moral en torno a las «pandillas». Según esta narrativa, es el fracaso de la familia negra para reproducirse adecuadamente (padres ausentes, madres irresponsables) lo que lleva a los jóvenes negros a unirse a pandillas criminales. Pero como señala de Noronha, estas supuestas pandillas son a menudo grupos de hombres negros que crecieron en la misma zona y han cultivado relaciones fuera de la forma familiar. Estas relaciones no siempre son legibles para el Estado o para la cultura blanca y burguesa más amplia y, por lo tanto, no se ven como relaciones que podrían ofrecer apoyo emocional y alegría. En su lugar, se les asignan motivaciones más siniestras, lo que conduce a ansiedades en torno al «crimen organizado» y al deseo de vigilar y suprimir estas relaciones (2020). Aunque estas amistades probablemente no se experimenten como políticas, son no obstante politizadas como amenazas al Estado y a la reproducción del statu quo.

Otra forma de socialidad, relacionada con la amistad, amenaza explícitamente al Estado. El compañerismo se basa precisamente en la oposición al mundo tal como lo conocemos. Si la familia nuclear está orientada hacia un futuro que se ve igual al pasado, los camaradas construyen relaciones placenteras en el presente que se basan en un deseo compartido de un futuro diferente. Es una forma de relación que trabaja contra la privatización incuestionable y naturalizada del cuidado dentro de la familia, creando vínculos de solidaridad que se extienden más allá de la esfera privada, hacia el mundo. Podemos ser desconocidos íntimos con camaradas en otros países, a quienes nunca hemos conocido. Los camaradas también se convierten a menudo en amigos en el sentido más tradicional de la palabra: personas con quienes compartimos las alegrías y dificultades de nuestra vida diaria y construimos vínculos recíprocos de cuidado y apoyo. Y los amigos pueden convertirse en camaradas a medida que formamos parte de luchas políticas juntos.

Las formas de socialidad queer, racializadas y anticapitalistas existen, por tanto, fuera de la forma de la familia nuclear. Como tales, a menudo se invisibilizan o estigmatizan. Podemos recurrir a las experiencias cotidianas de las personas al ser apoyadas por sus amigos como una forma de construir redes de cuidado más expansivas. Esto desafiaría el estatus simbólica y materialmente privilegiado de la familia como la unidad social que tiene un aparente monopolio sobre el cuidado bajo el capitalismo. Al pensar la amistad políticamente, también podríamos buscar preservar su potencial emocionalmente expansivo y liberador, contra las tendencias de exclusividad y privatización. De la figura del camarada, aprendemos que incluso los extraños pueden formar parte de una intimidad emocional, una intimidad que ya no está ligada al juego de suma cero del «amor verdadero».

Los análisis del capitalismo deben estar en contra de la familia. Estar en la izquierda implica precisamente un compromiso con un mundo en el que las personas tengan acceso a lo que necesitan fuera de los vínculos familiares privatizados. Dado que el propósito de la familia es reservar esos recursos para la esfera de la responsabilidad familiar privada, la izquierda debe ser abolicionista de la familia, y ser pro-familia es inherentemente reaccionario.

Si pensamos en la abolición de la familia no solo como un proyecto negativo, sino como uno destinado a crear otras y múltiples formas de socialidad para hacer que la familia sea superflua, podemos empezar a ver todas las pequeñas formas en que ya nos estamos reproduciendo fuera y en contra de la forma familiar. Aunque las alegrías que compartimos con nuestros amigos puedan no parecer políticas, pueden convertirse en parte de un proyecto político que centra el placer y el cuidado. Estas interacciones están firmemente arraigadas en el momento presente, pero también pueden señalar un futuro diferente y un horizonte de sentimiento más amplio. En lugar de esforzarnos por la inclusión queer en las narrativas tradicionales de amor familiar y romántico, podemos afirmar la amistad contra el romance y la familia. Las figuras del amigo y el camarada pueden convertirse en terreno fértil para el pensamiento político, y la amistad puede proporcionar el apoyo emocional que necesitamos en la lucha por un mundo diferente. De esa manera, nuestros movimientos políticos también pueden incluir más atención a los aspectos emocionales de la política, y a las alegrías y penas del presente, así como a los objetivos a largo plazo de la lucha política. Podemos luchar juntos para reclamar tiempo de nuestro trabajo remunerado y responsabilidades familiares, y hacer tiempo para hacer amigos.

Alva Gotby

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La quiebra del AVE. La macro-infraestructura más inútil

29 Enero 2026 at 18:15

La tragedia de Adamuz y el colapso de la red de “Rodalies” de Cataluña constituyen -tras el accidente de Angrois- el episodio más grotesco y dramático de la “nueva era ferroviaria” proclamada al unísono por la casta política hispano-catalana, la oligarquía del cemento y las élites mundializadoras. En esta sociedad del riesgo, de la que hablaba Ulrich Beck, la Alta Velocidad se añade a la lista de peligros y amenazas socio-ambientales en la que figuraban los transgénicos, los gases de efecto invernadero, las renovables industriales, los cables de Muy Alta tensión, las centrales nucleares y la industria agroalimentaria. La ciencia y la tecnología de la posmodernidad no son neutrales. Al contrario de lo prometido, a tecnologías más altas, menor bienestar y mayores riesgos. Eso es particularmente verdad en materia de infraestructuras innecesarias. El liderazgo español en esa clase de despropósitos muestra la persistencia de la mentalidad desarrollista heredada del franquismo en la política profesionalizada de cualquier color, un caso extremo de irresponsabilidad cuyos nefastos resultados han quedado bien a la vista. La Alta Velocidad nunca fue sostenible, puesto que la sociedad que la pone en marcha no lo es. Tampoco es ni mucho menos eficiente y segura, tal como indican la impuntualidad diaria, la aparición de decenas de puntos críticos y el creciente número de incidencias, y no parece que sea el futuro feliz de la movilidad ciudadana.

La causa del choque de trenes no tiene misterio: no es la impericia criminal de un ministro o la dejadez culpable de sus subordinados desoyendo las recomendaciones de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios; ni siquiera la alta externalización de la seguridad. Es la falta de mantenimiento suficiente, directo o subcontratado, lo que sumado a una mayor afluencia de usuarios, y por lo tanto, a una mayor circulación de trenes, ha desgastado las vías en diversos puntos más de lo previsto, multiplicando las posibilidades de una catástrofe que finalmente se ha producido. El progreso que pregona la dominación lleva consigo ese tipo de peligrosos imprevistos. Llegados a este punto, convendría remontarnos hacia atrás, hacia los orígenes del fenómeno aberrante de la Alta Velocidad, producto de los delirios de grandeza de la clase dirigente y de sus representantes, mercenarios y bufones.

Allá por los años ochenta del siglo pasado, el gran proyecto del Tren de Alta Velocidad fue una idea de la European Round Table, organismo con buena presencia de multinacionales, con fines eminentemente logísticos, que al desembarcar en el Estado español, se transformaron en políticos. El primer ejemplo de tal reajuste fue la línea Madrid-Sevilla, bastión del partido que gobernaba en 1992. Repentinamente, a juzgar por las declaraciones de figuras destacadas de la política, la plutocracia y del empresariado, los informes técnicos domésticos y la prensa sobornada, el AVE se convirtió en la solución de todos los problemas a excepción del de la movilidad: el desarrollo económico, la creación de puestos de trabajo, la vertebración regional, el re-equilibrio territorial, la descentralización administrativa, la cohesión social, la reducción del tráfico automovilístico y aéreo… Estábamos ante la mismísima Razón de Estado. Excusamos decir que nada de aquello era verdad y que la economía de las zonas conectadas apenas se vio afectada, la localización de empresas resultó irrelevante y el desempleo siguió prosperando; así pues, la integración regional se quedó donde estaba, igual que la centralización; la desigualdad social aumentó, lo mismo que los vuelos, los camiones  y el parque automovilístico. Es más, la fragmentación geográfica y la desestructuración del territorio fueron cada vez más intensas y el impacto en el medio ambiente llegó a niveles preocupantes. El coste de la construcción de las nuevas vías fue sufragado una mínima parte con fondos europeos, y el resto, o sea, casi la totalidad, con el desvío de la inversión en carreteras, redes de cercanías y líneas convencionales de larga distancia. El capital privado fue extremadamente precavido y dejó el tema financiero en manos del Estado. Los gastos de operatividad y mantenimiento no iban a la zaga, así que la degradación de los trenes de cercanías, usados por centenares de miles de trabajadores -obligados a vivir en las coronas metropolitanas por culpa de la especulación inmobiliaria- fue progresando a más velocidad de la deseada por el stablishment dirigente. Lo mismo ocurrió con la media y larga distancia. Así pues, el caos de Rodalíes es un fruto ponzoñoso del AVE. En definitiva, la Alta Velocidad, el tren de los ejecutivos, o el “tren de los señoritos” -omo le llamó al principio la voz del pueblo- iba a convertirse en el proyecto más insensato y dilapidador del sistema político-económico peninsular.

La apuesta de las altas esferas dirigentes por un transporte elitista de viajeros no fue un farol, fue un órdago a la grande, un verdadero desafío a la cordura. Todos los jerarcas querían que el AVE pasara por la puerta de su casa. En tres décadas se construyeron más de cuatro mil kilómetros de vías, situando la alta velocidad española en el segundo puesto a nivel mundial, solo por detrás de China, pero con el grado de demanda más bajo, también a nivel mundial. No es de extrañar que los responsables ministeriales trataran de elevarlo, bien subvencionando el billete (el viajero solo paga la tercera parte), bien cancelando trenes regionales y de larga distancia. Finalmente, el número de usuarios se estancó en torno a los 20 millones hasta que la liberalización del servicio, a partir de 2021, obligó a bajar más los precios mientras el turismo de dentro y de fuera experimentaba una fuerte subida. Para contrarrestar la competencia de Ouigo e Iryo, Renfe procedió a lanzar el Avlo, un AVE menos caro, y en 2024 los viajeros ya eran 40 millones, cifra nada comparable con la de Francia, que con 2.700 kilómetros de vías de alta velocidad tuvo 164 millones en el mismo año. El elevado coste operativo seguía siendo un inconveniente, al que se trató de resolver reduciendo la inversión en mantenimiento, tal como parecen indicar los frecuentes retrasos y las advertencias de los maquinistas sobre baches, vibraciones y otros incidentes. Las consecuencias fatales de tal clase de ahorro no han tardado demasiado en manifestarse.

El problema que les viene encima a los dirigentes y asesores del poder no se soluciona con dinero de los presupuestos, ni con demagogias populistas, puesto que el mal de la Alta Velocidad no reside en el elevado coste de su funcionamiento, sino en su naturaleza de artilugio emblemático de la globalización y estandarte de un sistema político al servicio de la economía de mercado. Entenderemos mejor si en lugar de decir AVE, decimos capitalismo. El AVE, o algo como él, es un producto del régimen económico-social con ese nombre, un juguete caro en el que refocila su clase político-empresarial. Si tocas al uno, tocas al otro. El deterioro del servicio prestado por la alta velocidad, que de una manera u otra volverá a agravarse, no es más que el reflejo de la degradación irreversible de lo público, provechosa para unos cuantos en el capitalismo tardío, el de los mega-proyectos y las macro-infraestructuras, para el cual las catástrofes son rentables y las crisis, beneficiosas. El negocio está en su construcción y en el desorden que acarrea, nunca en la gestión del servicio que promete. Es imposible cambiar esta dinámica social y ambientalmente aniquiladora. Si hay que escoger entre beneficios y seguridad, no es difícil adivinar el resultado de la elección. La sociedad, el sistema, como el fútbol, es así. Desde la izquierda ciudadanista hay quien propuso en su día al Estado promotor y administrador del AVE la alternativa de un “tren social”. Respondo que para cambiar de tren hay cambiar primero de sociedad. ¿Cómo? De entrada, denunciando la estrafalaria idea de progreso como experimentación incontrolada de artefactos tecnológicos. Después, no contemporizando con portavoces del capital. Luego, transformando la cólera de los viajeros en arma social y política de largo alcance.

Miquel Amorós

29 de enero de 2026

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Crítica al marxismo (Abdullah Öcalan)

15 Enero 2026 at 13:00

Fragmento de «Sociología de la Libertad», Tomo III del «Manifiesto por una Civilización Democrática» de Abdullah Öcalan. Publicado en castellano por Descontrol Editorial (2024). Páginas 393-401. 

El legado del socialismo real

El comunismo fue uno de los primeros movimientos en reaccionar conscientemente contra el sistema capitalista. Sus fundadores Karl Marx y Friedrich Engels reconocieron haber intentado desarrollar su contrasistema en base a tres fuentes primarias: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo utópico francés. Podría parecer que tomaron el materialismo dialéctico de la filosofía alemana, su teoría del valor de la economía política inglesa y el concepto de lucha de clases del socialismo utópico francés. Desarrollaron una interpretación novedosa sintetizando estas tres fuentes. Su primera incursión en la oposición se produjo entre los años 1840 y 1850, un período de grave crisis capitalista que les afectó bastante, dando lugar a la esperanza de que el sistema podría ser destruido inmediatamente. En ese momento, Alemania luchaba por mantener su unidad nacional, mientras que en Francia la república tenía sus propios problemas. Inglaterra, por su lado, estaba en su apogeo como potencia hegemónica del sistema. Las revoluciones populares de 1848 en Europa se consideraron una señal de que esta esperanza se cumpliría. El Manifiesto comunista de Karl Marx y Friedrich Engels fue concebido como un programa general para estas revoluciones [134]. Mientras tanto, la Liga Comunista se estableció como el primer partido u organización internacionalista. Estas dos iniciativas indican claramente que esperaban el éxito y la victoria de la crisis del capitalismo y de los movimientos revolucionarios populares.

Cuando se suprimieron las revoluciones, Marx y Engels sintieron la necesidad de examinar el capitalismo más a fondo. Karl Marx se exilió a Londres, estableciéndose en la kaaba del capitalismo [135], donde se mantuvo en contacto con Friedrich Engels. La Primera Internacional de 1864 fue producto de este período. Un acontecimiento igual de importante en ese momento fue comprender que la revolución podría retrasarse. Eso hizo necesario un trabajo evolutivo más prolongado, para el que podrían ser adecuados los sindicatos y el trabajo parlamentario. Aunque la Comuna de París de

1871 renovó las esperanzas, la pronta supresión del levantamiento condujo a centrarse cada vez más en cuestiones como la dictadura, el poder y el Estado. Se tomó una posición favorable al estado-nación centralizado lo que provocó la oposición de anarquistas. Eso dio lugar a los primeros debates sobre revisionismo.

La Segunda Internacional se estableció en 1889 bajo una sombra de chovinismo nacional. Vladimir Lenin, en su trabajo La revolución proletaria y el renegado Kautksky [136], llamaría “revisionismo” a lo que se vivió durante ese período y culparía al Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD: Partido Socialdemócrata de Alemania) –el partido original bajo Eduard Bernstein) de liderar este revisionismo. La Revolución de Octubre rusa reforzó de nuevo las esperanzas de que la utopía comunista pudiera hacerse realidad (logrando lo que la Comuna de París no pudo). Esta revolución resultó en acontecimientos a escala mundial. El apoyo al movimiento de liberación nacional turco-kurdo de Anatolia fue una primera contribución al éxito de la era de la liberación nacional. La tem-

prana muerte de Lenin, el período de “lucha contra el liquidacionismo”, la construcción socialista, la lucha antifascista durante la Segunda Guerra Mundial, el Pacto de Varsovia establecido en oposición a la OTAN durante la Guerra Fría, el trabajo realizado en los viajes espaciales, la competencia económica con el capitalismo y el apoyo generalizado a los movimientos de liberación nacional fueron acontecimientos clave.

La Tercera Internacional se formó en 1919, pero al igual que en la Segunda Internacional, se vivieron liquidaciones internas a causa de un bloqueo en torno a la cuestión del estado-nación. La Rusia soviética iba a ser la nueva candidata para la hegemonía e iba a tener influencia en un tercio del planeta. En última instancia, la Rusia soviética dejaría abandonados a su suerte a los movimientos socialistas de los distintos estados-nación y seguiría el mismo camino revisionista que el SPD alemán, encaminando al Partido Comunista de la Unión Soviética hacia el capitalismo. Por otro lado, las efímeras resistencias china (período bajo Mao de 1960 a 1976) y albana no consiguieron producir resultado alguno. La rápida integración de los movimientos de liberación nacional y los movimientos obreros sindicalistas en el sistema capitalista, seguido de la renuncia oficial de China al socialismo real en la década de 1980, además de Rusia y sus aliados siguiendo su ejemplo en la década de 1990, pusieron fin a la era.

Los doscientos años de experiencia (si tomamos la Revolución francesa como punto de partida) que dieron lugar a estos movimientos llamados realsocialistas nos permiten hacer una evaluación:

1) Parecían oponerse principalmente a los monopolios privados sin criticar el capitalismo de Estado, ni en términos de poder ni de monopolio de capital, lo que conducía a un análisis superficial del poder y del Estado. Estos movimientos tenían una fe profunda en su capacidad para construir el socialismo si conseguían hacerse con el control del Estado y convertirse en el poder gobernante. No se les ocurrió nada más. Incluso interpretaron la democracia como la dictadura de una de las dos clases (la burguesía o el proletariado). Hicieron un análisis muy limitado del capitalismo como resultado de su dependencia de la economía política inglesa.

2) Parecían desconocer la base clasista de la modernidad o, al menos, no veían motivo para analizarla. Y cuando lo hicieron, el resultado fue una desviación total hacia la derecha. No fueron capaces de extender el capitalismo, primer pilar de la modernidad más allá de las dicotomías patrón-trabajador, beneficio-salario, valor-plusvalía para ver que el capitalismo era un modo de acumulación que había existido desde la sociedad sumeria. No consideraron los trescientos años de capitalismo de las ciudades italianas el comienzo del sistema, sino que trataron la aparición del capitalismo en la Inglaterra y los Países Bajos del siglo XVI como una especie de comienzo de la historia. Se alabó el industrialismo, el segundo pilar de la modernidad. No se criticó su vínculo cualitativo con el capitalismo ni los posteriores inconvenientes relacionados. Al contrario, fue tratado como un salvador. Al considerar al estado-nación, el tercer pilar, como un paso adelante, dejaron la puerta entreabierta al posterior chovinismo nacional y social. En lugar del confederalismo preferían el estado-nación centralizado. Al igual que historiadores e historiadoras tradicionales de la civilización, no pudieron evitar evaluar la otra cara de la modernidad como “movimientos retrógrados, latentes bárbaros y reaccionarios que invierten las ruedas de la historia”.

3) Al aceptar ideológicamente como ciencia la forma materialista más vulgar del positivismo, cometieron un error histórico también en este campo. Trataron el socialismo que construyeron como científico del mismo modo que las revoluciones de Darwin y Newton en las áreas de la biología y la física. Su enfoque sociológico nunca fue más allá de un vulgar darwinismo. No tenían la necesidad de determinar las diferencias cualitativas de la naturaleza social; en su lugar creían que estaban sujetas a las mismas leyes naturales que la primera naturaleza, dejando la puerta abierta a un determinismo rígido. Durante la fase de desarrollo posterior, sus seguidores aprovecharon esta apertura para equiparar incluso las interpretaciones más vulgares con rígidos hechos científicos.

4) No analizaron el poder en general ni el estado-nación en particular; consideraban que el estado-nación estaba compuesto por comisiones que gestionaban los asuntos de la burguesía. La deficiencia más importante de su teoría era la incapacidad de comprender que el poder, particularmente el estado-nación, era la forma más concentrada de capitalismo monopolista. Su análisis no era más que una afirmación del estado-nación. Estaban seguros de que el socialismo se podría construir mejor con un estado-nación. No sólo eran incapaces de superar el análisis de Hegel sobre el Estado, sino que estaban seguros de que si lograban tomar el Estado podrían utilizarlo para realizar todo tipo de ajustes y establecer la libertad y la igualdad. La relación entre socialismo y democracia es una de las cuestiones mayores que abordaron más superficial e incorrectamente. Las revoluciones rusa y china se llevaron a cabo siguiendo este planteamiento. Otras aplicaciones del poder de liberación nacional y de la socialdemocracia no consiguieron producir nada diferente. Lo único que les diferenciaba del capitalismo privado era su preferencia por el capitalismo de Estado, tal como muestra su utilización del poder.

5) Su crítica de la civilización es aún más superficial e insignificante. No reconocieron que la fase de la civilización capitalista es parte de la civilización histórica, el último eslabón de la cadena principal. No sintieron la necesidad de determinar el carácter de poder que tenía la naturaleza de la histórica acumulación creciente. No pensaron en que su sistema fácilmente pudiera convertirse en un tipo similar de poder y civilización. En lugar de comprender que el poder es capital acumulado, suciedad, guerras, mentiras, fealdad y tortura, intentaron desarrollar teorías sobre cómo podría utilizarse para lograr el progreso histórico. La historia ha demostrado que sus opiniones eran insensatas y equivocadas.

6) No sentían que tuvieran la necesidad de analizar las fuerzas anticivilización que constituyen el segundo polo de la dialéctica histórica a la que parecen adscribirse. Lo que comentan sobre estas fuerzas es en general negativo. En contraste, no han dejado de elogiar el carácter progresista del colonialismo capitalista en América, Asia y África, acusando a sus oponentes de defender las antiguas sociedades. Tenía mucho que ver con sus realidades de clase burguesa y pequeñoburguesa el hecho de que no fueran capaces de ver que el polo opuesto de la civilización tenía un gran significado, tradición democrática, resistencia y libertad, y que había perseguido la igualdad y la justicia y experimentado la comunalidad. No eran capaces de verlo, porque quienes proceden de esas clases no tienen la mirada preparada para ver esas realidades.

7) Un enfoque metodológico positivista, universalista, lineal-progresivo de la naturaleza condujo a concebir el socialismo como algo inevitable y que era cuestión de tiempo. La escatología de los libros sagrados, de algún modo, se refleja en el socialismo. Se describían las sociedades como modelos que evolucionaban de modo lineal, de la sociedad primitiva a la esclavista, pasando por el feudalismo y el capitalismo, para llegar finalmente al socialismo. Aquí entra en juego una especie de fatalismo. En la raíz de estas concepciones dogmáticas, que nos afectan profundamente, estaba el fatalismo religioso y la creencia en el apocalipsis. Cuando se entendió esto, ya era demasiado tarde. Fueron incapaces de ver que la naturaleza social tiene esencialmente un carácter moral y político y que los sistemas de civilización erosionaban estos rasgos, sustituyéndolos por vulgares reglas de derecho y administración estatal. La modernidad capitalista llevó a cabo este proceso hasta una profundidad y amplitud ilimitadas, dando lugar a una crisis económica y social, así como a una crisis del poder y del Estado. No previeron que lo correcto, lo bueno y lo bello es un sistema confederal democrático que garantice por completo el carácter moral y político de la sociedad y, para ello, avance sobre la base de la política democrática. No se ha hecho un análisis de ese tipo. No fueron capaces de entender que una sociedad libre, igualitaria y democrática no podía establecerse a través de los aparatos poder y del Estado y, que, más bien, se encontraba en contradicción con esos aparatos. De este modo, no fueron capaces de crear una teoría y práctica de convivencia con la modernidad capitalista en base a una paz bien fundamentada y en base a que una parte acepte la existencia de la otra. Cuando se acepta la revolución-poder-socialismo como paradigma fundamental, no debería sorprender que solo sea posible el capitalismo de Estado.

Otra razón por la que el movimiento realsocialista derivó en capitalismo de Estado está relacionada con su base de clase. Debo volver a enfatizar que la burguesía y la pequeña burguesía, así como la burocracia que en su mayor parte procede de estas clases, no encontraron lo que esperaban en los monopolios privados, no pudieron acumular capital y, de hecho, agotaron el que tenían. Entonces, la única opción era utilizar el Estado para convertirse en un capitalista colectivo. La burguesía nacional y el capitalismo nacional no son más que esto. Adquieren así una posición muy firme como monopolio colectivo basado en el capitalismo de Estado, o, dicho de otro modo, como estado-nación. Por eso el estatismo nacional del socialismo real tiene mucho más poder que el de otros estados-nación. Esta base material también explica por qué pudieron reconciliarse fácilmente con la modernidad e integrarse en ella.

8) Los movimientos feministas, ecologistas y culturales han sido vistos como un obstáculo para la lucha de clases. Pero la extrema colonización que han sufrido las mujeres, no solo en términos de trabajo, sino también colonización de sus cuerpos y almas no se ha analizado con la suficiente seriedad. Al tratar de resolver estas cuestiones, el socialismo real no logró superar las normas de igualdad del derecho burgués. Esta mano de obra, que es a la vez la más antigua y la más nueva, así como la que queda sin remunerar con más frecuencia o, en el mejor de los casos, recibe remuneración mínima, en consonancia con la historia dominada por los hombres, no son más que objetos. Está claro que la clase que se analiza es la masculina. La ecología se abordó de modo similar. No solo no se previeron estos problemas, sino que se consideró que tenían un efecto negativo en el conjunto de la lucha de clases. Los movimientos culturales, por su parte, se consideraron el renacimiento de algo antiguo y, por tanto, como algo más que perturbaba la lucha de clases. El resultado final fue una ideología de clase abstracta y desvinculada de toda possible alianza y asfixiada por el economicismo.

9) La división de clases no se consideraba un desarrollo negativo en términos morales y políticos. En lugar de ello, se evaluaba como positivo, progresista y necesario para la libertad, una etapa inevitable. No se comprendió que aceptar la división de clases era estar objetivamente al servicio del poder y de las clases estatales. La esclavitud, la servidumbre y ser proletariado se interpretaron como el precio a pagar por el progreso histórico y quedar libres de la naturaleza. Sin embargo, podemos afirmar que, por el contrario, las tres divisiones de clase son esencialmente lo mismo y no tiene nada que ver con el progreso y la libertad. La sociedad moral y política convive con esta división de clases y debemos librar una lucha moral, política e intelectual contra la división.

No podemos decir que los actuales sucesores de los doscientos años del movimiento realsocialista hayan pasado por una transformación radical, por mucho que haya habido una limitada autocrítica. Sin embargo, están pasando por una gran crisis de confianza y se han debilitado. Aun así, es un movimiento que tiene un lugar en la historia y aunque fuera incapaz de superar el sistema capitalista, lo puso en jaque. Desempeñó un papel simultáneamente positivo y negativo para llegar a donde nos encontramos ahora. Su crisis es parte de la crisis estructural del sistema. Sin embargo, es importante reconocer el socialismo real como la fase que más ha influido en quienes se oponían al sistema y, considerando las lecciones de su legado, sería el enfoque adecuado verlo como parte de la construcción de la modernidad democrática y, en consecuencia, relacionarse con él y formar alianzas desde esa perspectiva.

NOTAS:

[134] Marx, Karl, and Friedrich Engels. 2016. «Manifiesto del Partido Comunista». En Obras Escogidas, 1. Vol. 1. Akal.

[135] Pequeño edificio cúbico situado en el patio de la Mezquita Mayor de La Meca que contiene una piedra negra sagrada. La Meca es considerada por musulmanes la Casa de Dios y el objetivo de sus peregrinaciones.

[136] Lenin, Vladimir Ilich. 1918. «La Revolución Proletaria y El Renegado Kautsky». Kommunist.

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Guerra civil global y el nuevo reparto del mundo: A propósito de Venezuela y Estados Unidos

8 Enero 2026 at 19:55

Guerra civil global y el nuevo reparto del mundo: A propósito de Venezuela y Estados Unidos.

Por: Colapso y Desvío.

Se está hablando mucho de que nos encontramos en el principio de una nueva era, y aquella idea no es del todo errónea. Sin embargo, hoy no ha comenzado, como algunos se han atrevido a sugerir[1]. Estamos presenciando el fortalecimiento de las formas necropolíticas de operar de parte de las principales potencias del planeta. La intervención en Venezuela, (denominada Operation Absolute Resolve), es un importante paso en un proceso de reestructuración global, que toma forma a partir de la mitigación y sometimiento de las revueltas en el anterior ciclo de lucha (2019-2022), pero insistimos no es del todo novedoso, se trata de una misma tendencia a la barbarie civilizatoria que tiene como hitos anteriores los bombardeos israelíes en Medio Oriente y la guerra en Ucrania.

Las abstracciones sobre las que se sostiene la democracia-liberal de occidente se terminan de derrumbar al son de los bombardeos, ocupaciones territoriales y persecución política. La soberanía nacional, el derecho internacional y la separación de poderes se demuestran despreciables para el actual estadio del desarrollo capitalista. La casi ridícula pero consciente falta de diplomacia de Donald Trump, demuestra aquello. Y es que hoy al capitalismo ya no le importan las apariencias, el orden democrático rompe con sus ropajes ideológicos, y se muestra tal cual siempre fue como la persistencia de una violencia fundacional. La democracia fue impuesta en nuestro continente a base de plomo, saqueos y desapariciones forzadas, hoy con Venezuela lo volvemos a recordar.

Pero para entender en plenitud los sucesos que más han repercutido en el mundo los últimos 5-6 años debemos de entender el presente como parte de un proceso contrarrevolucionario de carácter global, donde, la guerra, en sus diversas modalidades, se extiende a todas partes[2]. Ninguna nación está por fuera de este proceso, sino que, más bien, la guerra atraviesa a estas de manera generalizada aunque desigual. Si no es por medio de la clásica guerra entre Estados-naciones, lo es como guerra contra la población, contra el «narcotráfico», contra la «inmigración descontrolada», como guerra arancelaria, guerra contra el dispositivo-enemigo-de-turno y como Genocidio. Lo que está sucediendo en estos momentos en Venezuela se encapsula en este proceso de guerra civil global, producto de la actual fase de descomposición del capitalismo que moviliza a las distintas facciones de la burguesía internacional a una desesperada carrera por la supervivencia del modelo capitalista a cambio de cientos de miles de vidas. La guerra civil global, como forma perfeccionada de las más diversas modalidades bélicas de antaño, surge como respuesta a las necesidades históricas del capitalismo para asegurar los prerrequisitos mínimos para su reproducción.

“Por eso nuestra era no es otra que la era de la guerra civil global. Nunca se trató de Hamas o Hezbollah, siempre se trató de nosotros. Somos nosotros, como población, quienes somos el objetivo principal de la agresión bélica; somos nosotros quienes, por cualquier razón y bajo cualquier circunstancia, podemos ser considerados indeseables y aniquilados, como es el caso hoy con Palestina y Líbano.”[3]

La reorganización geopolítica del mundo. 

Trump como la actual personificación de la lógica suicida del capital ha sido el mayor promotor de este contexto a nivel mundial. Él, al igual que sus símiles en la región (Milei, Kast, Bolsonaro, Bukele, Noboa), no sólo son conscientes de la crisis estructural del capital, sino que la instrumentalizan y la vuelven el motor de su política, a la vez que justificación de esta misma. La disputa por los recursos naturales entre las mayores potencias del mundo tiene menos que ver con una “nueva guerra fría” que con un nuevo reparto del mundo entre China,  Rusia, EEUU e Israel: un Tratado de Tordesillas[4] para el siglo XXI.

Hace seis siglos atrás, el objetivo de este tratado fue evitar los conflictos directos entre las principales potencias del mundo, al mismo tiempo que la legitimación del proyecto colonial español y portugués en el Sur global. Actualmente, tanto China y Rusia, como EE.UU reconocen el peligro que generan para la hegemonía regional del otro, la sola posibilidad de negociación entre estas potencias parte con que se acepte no intervenir directamente sobre sus respectivas zonas de control. Tal situación hace poco posible, que ocurra una guerra que los enfrente directamente. Pero, esto no se trata de una situación ideal que genere un equilibrio perfecto entre las principales economías del planeta. Así como la ausencia de un conflicto directo entre España y Portugal se tradujo en siglos de genocidio sobre la población nativa, este nuevo reparto generará nuevas zonas de conflicto e intensificará las ya activas.

La situación de las principales economías de Europa y Asia (sin contar a China) y las potencias emergentes, como India, Irán, Arabia Saudita es radicalmente diferente. La relación entre Estados Unidos y el viejo continente ha sido más que tensa, el intento de controlar Groenlandia por parte de Estados Unidos es el ejemplo más reciente de aquello. Europa ha sido dejado atrás en las conversaciones sobre Ucrania y sobre Palestina, actualmente Estados Unidos no reconoce su autoridad, lo que le permite a Trump reunirse con Xi Jinping y Putin cuando desee. Mientras que este nuevo reparto del mundo significará para China, Rusia y Estado Unidos la seguridad de que sus respectivas zonas no serán tocadas, —permitiéndoles profundizar en el control sobre sus territorios—, para el resto de las principales economías esto significa un peligro para sus respectivos intereses que no pueden ser ya asegurados por medio de la diplomacia y el derecho internacional. El rearmamiento europeo tiene que ver con esta situación de incertidumbre donde la amenaza de Rusia sobre el continente se extiende en un momento en que los países de Europa ya no cuentan con el apoyo irrestricto de Estados Unidos[5]. En sintonía con esto el intento fallido de golpe de Estado en Burkina Faso, a escasas horas de lo sucedido en Venezuela, no es de extrañar. Europa quiere reclamar su parte en el reparto y tendrá que hacerlo por los mismos medios por los que Estados Unidos actúa.

Mientras tanto, los intereses estadounidenses en el petróleo venezolano y la posición estratégica que ocupa el territorio venezolano para el control de la región parecen estar asegurados tras la intervención militar en Caracas, que resultó en el secuestro de Nicolás Maduro y en el aparente control sobre el gobierno de Delcy Rodríguez, a quién tiene amenazada con pagar un precio mayor que el de Maduro de no cumplir con las exigencias de Washington[6]. Por otro lado, las disputas territoriales por Groenlandia y con México puede que se desarrollen de una manera similar: con el control de Estados Unidos sobre sus recursos naturales, sus territorios y rutas comerciales, por medio de amenazas de intervención militar y guerra arancelaria. La vieja Doctrina Monroe se actualiza para brindar a las actuales modalidades de fascismo estadounidense su fundamento político.

Tras la intervención en Venezuela, Trump no tardó en extender la amenaza al gobierno de Cuba, Colombia y México, lo que se suma a las realizadas anteriormente a Lula en Brasil. La demostración de fuerza de Estados Unidos fue increíblemente efectiva en mostrar lo que puede sucederle a cualquier país de la región. Colombia, Chile y Brasil, algunos de los primeros países en reaccionar, son más que conscientes de que esta amenaza no sólo se traduce en la forma de un enfrentamiento directo con Estados Unidos, sino en la profundización de una crisis humanitaria que generará nuevas olas migratorias, con la que estos países ya no son capaces de dar abasto[7].

El control del hemisferio occidental, —pero sobre todo en el continente americano—, sumada a un estricto régimen de austeridad y empeoramiento general de las condiciones de vida del proletariado estadounidenses, aparecen como la estrategia de seguridad nacional para enfrentar parcialmente los efectos de la crisis estructural del capital, aunque sin terminar por superarla, sí permite continuar con el lujoso y desenfrenado estilo de vida de la gran burguesía yankee. El imperio estadounidense de cara al exterior vuelve a revitalizarse por medio de la guerra y el expansionismo neocolonial. Por su parte, parece ser que ni Rusia, ni China harán nada por Venezuela, del mismo modo que Trump no actuaría frente a una expansión de China en Taiwán y el Tíbet, ni de Rusia en Ucrania. Las líneas del reparto parecen estar ya trazadas, y cada potencia ya comienza a ordenar su patio trasero.

Internacionalismo y antiimperialismo.

Frente a esto, el relato de la multipolaridad y las esperanzas de los “soberanistas” locales puestas en las economías emergentes (BRICS) que rivalizan con el imperio estadounidense no parecen tener ni pies ni cabeza. Tanto Rusia como China se sentarán felizmente a llegar a acuerdos con Estados Unidos[8], como ya hemos presenciado en el último tiempo, del mismo modo que los países de Medio Oriente se sientan con Trump para discutir la situación de Palestina. Por otra parte, las declaraciones de Trump y Marco Rubio acerca de Delcy Rodríguez, la recién asumida presidenta interina de Venezuela, hacen pensar en una salida pactada entre las facciones burguesas del chavismo y el gobierno de Estados Unidos[9].

La oposición al imperialismo, en particular a su actual forma no puede asimilarse en un apoyo pragmático al polo imperialista opuesto, reducir el imperialismo a una cuestión entre naciones “buenas” y “malas” borra los conflictos sociales que ocurren en su interior, construyendo una fantasía del Estado-nación, donde la noción interclasista del “pueblo” florece disociada de las relaciones de clase, raza y género que lo determinan. Así, el rechazo a Rusia se convierte en el apoyo al gobierno ucraniano y a la OTAN, del mismo modo el rechazo a Estados Unidos lo hace en apoyo a las burguesías nacionales de la mal llamada revolución bolivariana[10]. La defensa del proletariado venezolano no puede ser igualada a una defensa del gobierno responsable en empeorar las condiciones de vida de este, ni tampoco una perspectiva comunista puede provenir de la defensa de las categorías básicas del capital, es decir, la patria, el valor, el Estado y los roles de género.

– La situación actual de Venezuela es una demostración del fracaso de los gobiernos del “socialismo del siglo XXI” en administrar con éxito la crisis capitalista. Lo que pasa es que el Capital y su crisis son ingobernables: es el Capital el que gobierna a la sociedad y por ende al Estado, no al revés. Creer lo contrario es iluso, mientras que pretender realizarlo es reformista[11].

Sin embargo, la respuesta no es tan fácil como hacer un llamado simbólico al internacionalismo proletario. La incapacidad del régimen para asegurar las condiciones mínimas de reproducción de la fuerza de trabajo, ha intensificado la fragmentación de clase y los enfrentamientos entre los distintos segmentos de la sociedad venezolana. El proletariado en el país, se encuentra separado en distintas subclases y bandos ideológicos enemistados, fenómeno que es profundizado por la segmentación geográfica entre quiénes viven en las ciudades y quiénes no. Aún entre los partidarios del régimen se diferencia entre aquellos que aún disfrutaban de los privilegios del gobierno (la llamada boliburguesía) y quiénes se encuentran abandonados en condiciones de miseria, subsistiendo de la informalidad y el dinero que reciben de familiares en el extranjero.

“La carencia de medicinas alcanza al 85% y el Ministerio de Salud no publica estadísticas de mortalidad desde hace tres años. El presidente de la Federación Médica de Venezuela dice que los hospitales cuentan con solo el 4 o 5% de los medicamentos que necesitan los pacientes. Las colas para conseguir alimentos, medicinas, pañales u otros productos de primera necesidad, insumen muchas horas por día a los venezolanos y en varios casos han terminado en violencia, saqueos o intentos de sa­queo”[12].

El respaldo de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas y de las figuras más importantes del Chavismo al gobierno de Delcy Rodríguez, es un intento por no demostrar un vacío de poder que pueda ser aprovechado por la oposición venezolana, la cual parece ya no contar con el apoyo abierto de Trump, ni tampoco parece necesitarlos, mientras Rodriguez respalde los intereses de Estados Unidos en el país. Pese a este intento de mantener la normalidad, el chavismo no puede hacerse el ciego ante la ausencia de Nicolás Maduro, y las obvias sospechas que genera Delcy Rodríguez, haciendo fácil prever en el corto plazo el fortalecimiento de las distintas facciones en una disputa interna por el poder político. Los grupos de resistencia a la injerencia estadounidense que surjan a partir de sectores de la población civil, las Fuerzas Armadas y las organizaciones territoriales de base, no sólo se tendrán que enfrentar a la derecha venezolana, a los carteles de droga y al ejército de ocupación estadounidense, sino que también a los sectores del chavismo en el gobierno y sus grupos parapoliciales que hoy están pactando con Donald Trump.

Si bien, la experiencia de organización popular surgidas a partir de los Consejos Comunales y de las Comunas, así como de las protestas masivas por el hambre (como en 2014) puede ser hipotéticamente reactivada para hacer frente a las necesidades organizativas y de autodefensa de los proletarios venezolanos, referirse a este como un sujeto unificado y consciente resulta ridículo, pues las condiciones de subsistencia que enfrentan han deteriorado su capacidad de acción y dividido sus filas. Mientras que paralelamente el chavismo ha hecho todo lo posible por liquidar cualquier expresión organizativa independiente del Estado, por medio de “listas negras, asesinato de dirigentes sindicales, despido de trabajadores estatales no afectos al chavismo y manipulación de elecciones gremiales”[13].

Pero, ¿cómo puede realizarse esta solidaridad desde otros países? La estrategia adoptada por las movilizaciones pro-palestinas en todo el mundo proporciona una pista inicial para la solidaridad con Venezuela: llevar la guerra a nuestros territorios. Sin embargo, a pesar de las movilizaciones y ocupaciones de universidades, el genocidio en Gaza continúa en el momento de escribir esto. La solidaridad con Venezuela es mucho menos extendida que la de los palestinos, especialmente ahora que los medios y la diáspora venezolana repartida por el mundo sostiene la narrativa de que EE.UU está liberando al país del “comunismo”.

Por lo tanto, las acciones de solidaridad tanto en los Estados Unidos como en América del Sur deben priorizar una estrategia más directa, centrada en las industrias militar y petrolera, que les permita hacer frente a la falta de un apoyo masivo. Sobre todo, debe entenderse que el ataque de los Estados Unidos a Venezuela no es solo atenta contra la “soberanía nacional”, sino también una amenaza abiertamente declarada a todos los países de la región, una constatación de nuestra participación, ya sea de manera consciente o no, en las actuales formas de guerra civil global.

Fuente: https://colapsoydesvio.noblogs.org/post/2026/01/03/guerra-civil-global-y-el-nuevo-reparto-del-mundo-a-proposito-de-venezuela-y-estados-unidos/

[1] José Gabriel Palma, “Venezuela y el nuevo ‘orden’ internacional,” Ciper, January 6, 2026 (Leer aquí).

[2]“Es Guerra en tanto supone la imposibilidad de conciliación, de coexistencia, el capital únicamente comprende una forma de existencia y esa es la suya. Y es global en tanto es posible a partir de la forma universalizante del capitalismo en su fase de dominación total”. Nueva Icaria, Nuevos fascismos y la reconfiguración de la contrarrevolución global, 2025 [Leer aquí]. Para profundizar al respecto de la noción de guerra civil global léase la obra de Maurizio Lazzarato y de Tiqqun con respecto a la guerra. Por otra parte, los análisis del EZLN y de los Kurdos también se refieren a la vigencia de una guerra mundial (aunque con diferencias). Según el EZLN esta nueva guerra mundial (la Cuarta según ellos) comparte una serie de constantes con las anteriores: el reordenamiento territorial, la destrucción del enemigo y la administración de la conquista.

[3] Rodrigo Karmy Bolton, “Palestine’s Lessons for the Left: Theses for a Poetics of the Earth,” Ill Will, November 3, 2024 (leer aquí)

[4] Nos referimos al tratado celebrado en 1494 entre los representantes de Isabel y Fernando, reyes de Castilla y de Aragón, por una parte, y los del rey Juan II de Portugal, por la otra. Este tratado tenía como motivo el reparto del Nuevo Mundo (América) y de las rutas del océano atlántico para evitar un conflicto entre España y Portugal.

[5] Estados Unidos más que tratar con Europa como bloque, (ante la debilidad de la OTAN), priorizará únicamente las relaciones más beneficiosas con países europeos y con gobiernos que se asemejen más a su política.

[6] En su primer mensaje como presidenta, Delcy Rodriguez, quién se encontraba fuera del país para el momento de la captura de Maduro y su esposa, anunció que en su gobierno se trabajaría conjuntamente con Estados Unidos para lograr el desarrollo del país. “Delcy Rodríguez llama a la cooperación con Estados Unidos en su primer mensaje como presidenta encargada de Venezuela”, La Tercera, 2025. [Leer aquí].

[7] Colombia y Brasil reforzaron inmediatamente sus fronteras luego de la intervención estadounidense en su país vecino, de la misma manera lo hizo Chile que aunque no posee frontera con Venezuela, si es considerado uno de los destinos favoritos de la diáspora venezolana.

[8] En la rueda de prensa del día 3 de enero, Trump no tardó en reafirmar la buena relación que dice tener con Xi Jiping y Putin: “Tengo una muy buena relación con Xi y no habrá ningún problema. Van a conseguir petróleo. Eso se mantendrá como estaba, sin cambios. Con Rusia también estamos en negociaciones y vamos a llegar a buen puerto. Nos entendemos increíblemente”.

[9] Trump sobre Delcy Delgado: “Acaba de juramentar. Pero fue elegida por Maduro. Así que Marco (Rubio) está trabajando en eso directamente. Acabo de conversar con ella y, en esencia, está dispuesta a hacer lo que consideremos necesario para que Venezuela vuelva a ser grande”.

[10] Cómo dice de manera lúcida Arya Sahedi, “la forma ideológica del antiimperialismo es un obstáculo increíble para la construcción de un internacionalismo renovado”. A. Sahedi, The Anti-Imperialist Imperialism Club: On Left Internationalism and Iran, Heatwave, Issue 2, 2025. [Leer aquí].

[11] Proletarios Revolucionarios, Venezuela: Crisis, protestas, pugna política interburguesa y amenaza de guerra imperialista, 2024. [Leer Aquí].

[12] R. Astarita, Socialismo siglo XXI, crisis y poder militar, Revista Trasversales n° 38, 2016. [Leer aquí]

[13] R. Astarita, Ibid.

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[Comunicado Internacional] Privatización de Petroperú: Crisis de Petroperú, la responsabilidad del Estado peruano y la disputa por la soberanía energética

8 Enero 2026 at 19:37

PRIVATIZACION DE PETROPERU: crisis de Petroperú, la responsabilidad del Estado peruano y la disputa por la soberanía energética

dinero

La crisis de Petroperú no puede entenderse como un hecho aislado ni como el simple resultado de errores técnicos o administrativos. Se trata de un episodio estructural dentro de un modelo económico dependiente, extractivista y subordinado al capital financiero internacional, en el que el Estado peruano ha actuado no como garante del interés público, sino como administrador político de una crisis diseñada para justificar la reconfiguración privatizadora de un activo estratégico.

Petroperú, empresa estatal encargada históricamente de garantizar el abastecimiento de combustibles y sostener una mínima soberanía energética, ha acumulado pérdidas severas en los últimos años. Entre enero y octubre de 2025, registró pérdidas cercanas a los 479 millones de dólares, que se suman a los más de 770 millones de dólares perdidos en 2024. A ello se agregan deudas con proveedores que superaron los 760 millones de dólares, generando una asfixia financiera que ha sido utilizada como argumento para imponer una “reorganización patrimonial” orientada al mercado.

Esta crisis no surge de la nada. Desde 2022, el Estado peruano ha inyectado más de 5.300 millones de dólares en rescates financieros, avales y garantías para sostener a Petroperú, sin que ello haya implicado una transformación real del modelo de gestión ni mecanismos de control democrático. Por el contrario, estos rescates han servido para socializar las pérdidas mientras se prepara el terreno para transferir activos y riesgos al capital privado.

Un elemento central de esta situación es la modernización de la Refinería de Talara, cuyo costo superó los 6.500 millones de dólares, más del doble de lo inicialmente previsto. Este megaproyecto fue concebido bajo una lógica tecnocrática y extractivista, sin planificación social, sin control ciudadano y sin una estrategia de transición energética. Lejos de fortalecer la soberanía energética, terminó debilitando la posición financiera de Petroperú y aumentando su dependencia del endeudamiento externo.

Las consecuencias no tardaron en manifestarse. Las agencias de calificación crediticia degradaron la nota de Petroperú hasta niveles especulativos, señalando su incapacidad para cubrir sus obligaciones con los flujos operativos proyectados. Esta degradación, lejos de ser un hecho neutral, ha servido como instrumento de presión para justificar decisiones políticas que colocan a la empresa bajo tutela de entidades orientadas a la promoción de inversión privada, desplazando cualquier noción de planificación soberana.

El rol del Estado en este proceso es profundamente cuestionable. En lugar de abrir un debate público, democrático y participativo sobre el futuro de Petroperú, el Ejecutivo ha recurrido a decretos de urgencia para reordenar su estructura patrimonial, eludiendo el control parlamentario y la deliberación social. La asignación de estos procesos a ProInversión evidencia una orientación clara: subordinar la empresa estatal a las lógicas del mercado y preparar una privatización por etapas, gradual y jurídicamente fragmentada, pero políticamente evidente. La aprobación del Decreto de Urgencia para reorganizar a Petroperú sin debate legislativo abierto ni participación ciudadana es una práctica antidemocrática, que representa una externacionalización del poder decisorio y una privatización solapada de facto.

Este proceso expresa la función clásica del Estado en el capitalismo dependiente: actuar como garante de la acumulación privada, absorber las pérdidas del capital y disciplinar a la fuerza de trabajo.

También se revela el carácter profundamente autoritario de un aparato estatal que decide sobre bienes comunes sin consultar a quienes los producen y sostienen. Y desde un enfoque decolonial, confirma la persistencia de un colonialismo interno, donde los territorios, la energía y los recursos naturales siguen siendo tratados como mercancías al servicio del mercado global. Cabe mencionar muchas instituciones a cargo del estado sufren de este problema de desorganización y el estado no da soluciones de raíz, las posibles privatizaciones de varios sectores no será un delirio político quizás una realidad en el Perú en algunos unidos.

Las consecuencias futuras de este camino son claras. La pérdida progresiva de soberanía energética implica que decisiones clave sobre precios, abastecimiento y orientación productiva quedarán cada vez más alejadas del control popular. La precarización laboral y la exclusión de trabajadores y comunidades del proceso decisorio profundizarán las desigualdades sociales. Y la dependencia estructural del extractivismo fósil seguirá bloqueando cualquier transición ecológica justa.

Frente a ello, afirmamos que el problema de Petroperú no se resuelve con privatización, abierta o encubierta, sino con una transformación radical del modelo de gestión y del rol del Estado. Lo que debió hacerse, y aún puede hacerse, es una auditoría pública integral con acceso irrestricto a la información; la democratización real de la gobernanza de la empresa con participación de trabajadores y comunidades; la protección legal de los activos estratégicos mediante mecanismos de decisión popular vinculante; y la reorientación de la política

Incluso más allá del Estado, es necesario avanzar hacia formas de autogestión energética, redes comunitarias y cooperativas que rompan con la lógica de concentración del poder y la mercantilización de la vida. La energía no debe ser administrada ni por burócratas ni por corporaciones, sino gestionada colectivamente como un bien común.

La crisis de Petroperú no es una fatalidad. Es una disputa política. Y en esa disputa, denunciamos toda privatización encubierta, exigimos soberanía energética real y afirmamos que los recursos estratégicos deben estar al servicio de los pueblos, no del capital.

¡El Estado rescata al capital, el pueblo paga la crisis!

¡No es mala gestión: es capitalismo organizado!

¡Petroperú no quiebra: la quiebran para venderla!

¡El Estado no nos protege, nos administra para el capital!

¡La energía no se delega, se gestiona colectivamente!

¡Nuestros territorios no son activos financieros!

¡Petroperú es del pueblo, no del capital!

¡El pueblo no rescata a quienes lo saquean!

¡Ni un activo más al mercado!

¡La energía no se vende, se defiende!

¡Contra el saqueo legal, organización popular!

CÉLULA RUSIÑOL AREQUIPA-PERU

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