La temática de la fiesta de fin de curso que se celebrará dentro
de unos días en una escuela infantil pública de Aluche, en Madrid, es
“Los años 50”. Ofrecen tres modalidades de vestuario para su alumnado,
que va de los cero a los tres años: se puede llevar minifalda y pañuelo
al cuello; camiseta escotada y leotardos ajustados; o bien pantalón
vaquero y camiseta blanca. En un colegio privado de Murcia, la fiesta
para el nivel de 4 y 5 años tiene temática West Side Story. Las niñas llevarán maillot y tutú rojos y los niños deberán vestir pantalón vaquero, camiseta y pañuelo rojos al cuello.
Y en Sevilla, la fiesta de fin de curso de una escuela infantil
es un festival de baile en el que las niñas de entre dos y cinco años se
suben al escenario prácticamente desnudas: top tipo bikini anudado al
cuello, espalda y barriga descubiertas, falda mínima, bailarinas y
enormes lazos en el pelo.
A lo largo de las próximas semanas se celebrarán cientos de
festivales de fin de curso en centros escolares de todo el país.
Escuelas públicas, privadas y concertadas que despedirán a su alumnado
con celebraciones que, en ocasiones, están marcadas por un sesgo de
género muy claro, basado en estereotipos machistas. Las consignas para
el vestuario están diferenciadas por género: vestidos, faldas, tutús,
brillantina y purpurina para las niñas; trajes, camisas, corbatas,
gomina o sombreros para los niños.
En algunos casos, los disfraces para las más pequeñas –algunas
de 0 a 3 años– incluyen prendas sexualizadas: minifaldas, camisetas
escotadas, tops cortos, tacones, labios pintados. Con todo lo que esto
implica, además, en términos de sobreexposición de niños y niñas al
colgar fotos y vídeos en redes sociales, páginas web o grupos de
Whatsapp.
“Las fiestas escolares, además de un momento de celebración,
deben servir también para seguir educando a niñas y niños, por lo que
hay que diseñarlas con especial cuidado, especialmente en lo que a
reproducción de roles y estereotipos se refiere. Si niñas y niños crecen
viendo cómo se les segrega hasta en los eventos festivos, incurriendo
ellas, además, en vestimentas más incómodas y sexualizadas, crecerán
apreciando esa diferenciación y jerarquización como normal”, denuncia
María Gijón, experta en género y coeducación, que lleva años analizando
este tipo de situaciones y las conoce bien, ya que recibe a diario
denuncias de familias y profesoras. Gijón ha compartido muchas de ellas
con este diario, documentadas con fotografías y vídeos.
Sexualizar a las niñas
En la escuela madrileña que propone la fiesta de los años 50,
cuyo cartel encabeza este reportaje, una de las madres se ha plantado.
“Nos han mandado la foto explicando cómo tienen que ir vestidos los
peques y estamos alucinando. Les mandamos a la escuela un correo
superamable explicando por qué nos parecían mal las consignas: por los
roles de género, por el enfoque adultocentrista del evento, por la
sexualización… pero no parecen estar dispuestas a escuchar”, denuncia
esta madre. “Una de las consignas que más resuena es que las niñas vayan
con vestido o falda y que, para dar volumen, se pongan debajo un tutú. Y
que, por otro lado, los niños vayan con pantalones y camiseta. Los
disfraces reproducen también patrones de sexualización preocupantes”,
alerta.
Y añade un elemento más a su denuncia: el adultocentrismo de la
celebración. “Este tipo de eventos están pensados para los adultos, no
para los niños y niñas, que ni siquiera conocen ese tipo de películas
porque obviamente no han vivido en los años 50 del siglo pasado”,
explica.
El curso pasado, otro colegio infantil público madrileño festejó
la despedida de su alumnado de dos años con un baile al ritmo de Salta conmigo.
En las imágenes se ve cómo las niñas llevan tutús rojos y lazos en el
pelo del mismo color; los niños visten traje, camisa y corbata roja. Las
profesoras bailan a su lado, parecen orgullosas de su creación. Las de
la clase de al lado, una propuesta semejante pero con distinta canción: Summer nights, de Grease.
Una docente del sistema educativo público madrileño, que
prefiere no dar su nombre, señala que es una práctica de lo más
habitual: “Estamos muy solas las profesoras que tenemos perspectiva de
género y que señalamos que este tipo de celebraciones no tienen
sentido”, asegura. Reconoce que a ella misma le tocó organizar una
fiesta de fin de curso con temática Grease, pese a estar
totalmente en contra. “Lo que más me sorprende es que a muchísimas
profesoras y profesores les encanta hacerlo, no lo ven problemático”,
explica.
Un patrón
María Gijón recibe tantos casos parecidos que ya ha identificado algunos patrones: “La temática de Grease,
por ejemplo, es muy común entre el alumnado de la etapa infantil; es
una propuesta totalmente sexualizada y alejada del contexto”, asegura la
experta. Y aporta más ejemplos semejantes; uno de los más impactantes,
el de una escuela infantil sevillana en la que las niñas se suben al
escenario sin apenas ropa: un top tipo bikini, una falda mínima,
bailarinas y lazos en la cabeza. En función del aula, los modelos y
colores varían, pero el patrón es el mismo: mientras que los niños van
completamente vestidos, con pantalón largo y camisa, las niñas aparecen
prácticamente desnudas.
A veces, el sesgo machista no está solo en la diferenciación de
las propuestas para niños y niñas, sino en dar el estándar masculino por
supuesto. En Galicia, una escuela infantil pública optó por inspirarse
en la película Bebé jefazo para sus disfraces: traje de
chaqueta, camisa, corbata, gafas de sol y maletín. Lo cuenta una madre
implicada: “Cuando nos explicaron la temática, yo no daba crédito.
Intenté hablar con la profesora para que al menos entrasen en razón,
pero las vi tan orgullosas de su idea que no me atreví a ir mucho más
allá y a escribir a la escuela, porque no lo iban a entender”.
Y eso no es todo: en otra de las aulas, niños y niñas se
disfrazaron de “indios”, “con toda la carga racista que eso conlleva”,
denuncia esta madre. “Una auténtica machistada y una racistada”,
redunda. Andrea, que es profesora en Galicia, conoce de cerca el caso,
aunque no es el colegio en el que ella trabaja. “Les dijeron a las
familias que les vistan de bebé jefazo, con o mayúscula, dando por
supuesto que los jefes son siempre ellos, incluso desde bebés. Como
hemos avanzado un poco en los últimos años, ya pocos colegios se atreven
a decir que los niños vayan de una forma y las niñas de otra. Pero el
hecho es que si les vistes de traje y corbata es obvio que van de jefe
hombre, no de jefa mujer, con todo lo que eso conlleva. La carga de
género está ahí”, explica esta docente.
Una reflexión y propuestas alternativas
Más allá de este caso concreto, Andrea propone una reflexión en
torno a los disfraces en las aulas: “Muchas profesoras estamos hartas de
ver a niños y niñas con disfraces de indios con una pluma en la cabeza,
de chinos con kimono y todo tipo de connotaciones racistas. También de
ver bailes de fin de curso de niñas muy pequeñas hipersexualizadas, y
estamos denunciando todo esto. Porque desde la escuela no podemos seguir
perpetuando estereotipos machistas y racistas, y además tenemos que
darle una vuelta al adultocentrismo. Porque, ¿para quién se hacen las
fiestas? ¿Para los niños y niñas o para profes y familias? A veces los y
las peques lo pasan fatal en este tipo de actuaciones, que se hacen
fundamentalmente para las personas adultas”, asegura.
A ella le molestan mucho las reacciones del entorno cuando
señala lo que no le parece correcto: “Cuando dije que las niñas de sexto
no deberían hacer un baile súper sexualizado, me respondieron que era
yo muy puritana, que había que modernizarse un poco”, protesta. “Y
cuando denuncié el racismo en los disfraces que perpetúan los
estereotipos de cada país, me respondieron con el típico ‘ahora ya no se
puede decir nada’”, prosigue.
Un criterio con el que coincide plenamente Ana, profesora en una
escuela de la red municipal madrileña que apuesta por un modelo
completamente opuesto al descrito: ellas no celebran ningún tipo de
graduación, ni siquiera fiesta de carnaval, bajo la idea educativa de
que muchos niños y niñas de esa edad no disfrutan de los disfraces. Su
opinión es muy crítica con respecto a este tipo de celebraciones: “En
vez de generar una fiesta familiar, adaptada a todas las edades, se
convierte el final del curso en una fiesta que para los niños y las
niñas es un horror”, denuncia. Por eso en esta red de escuelas han
decidido directamente no celebrar este tipo de eventos.
Pero si se quiere hacer, existen alternativas más respetuosas, adaptadas a la edad de niños y niñas y no sesgadas. María Gijón aporta algunas ideas: “¿Cómo hacerlo entonces? Es muy fácil: no diferenciando disfraces o vestimenta por el sexo, teniendo especial cuidado en la selección de la temática y fomentando estilismos sin sexualizar, que sean cómodos y propios del público infantil. Existen multitud de temáticas como para tener que centrarse en las más estereotipadas”, explica. La madre que denunció la vestimenta de su escuela en Madrid aporta también algunas ideas: “Unos disfraces de animales, peces, estrellas, o colores del arcoíris serían más adecuados”, explica.
Y la profesora que tuvo que organizar la fiesta de Grease contra su criterio, intenta ahora hacer las cosas de otra manera: “Este año nos toca temática medieval, y tengo algunas compañeras que ya están vistiendo a las niñas de princesas y a los niños de caballeros. Yo estoy preparando materiales que no diferencian por género, como castillos, escudos, cascos o caballos de juguete”, expone.
Fuente: https://www.eldiario.es/blog/micromachismos/ninas-top-tutu-labios-pintados-ninos-camisa-corbata-machismo-llena-fiestas-curso_132_12363019.html