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AnteayerSalida Principal

La figura de Andrés Nin en la Revolución Española

20 Julio 2026 at 18:54

Andrés Nin fue el intelectual leninista más importante del periodo republicano y encabezaba el Partido Obrero de Unificación Marxista cuando los servicios secretos soviéticos lo asesinaron cumpliendo órdenes del “líder supremo”. Su escandalosa desaparición tuvo gran trascendencia allende las fronteras españolas, sobre todo en el ámbito de la izquierda europea, que comenzó a tomar seriamente en cuenta los métodos criminales del estalinismo. La causa de la República resultó perjudicada. Podríamos decir que el homicidio de Nin fue para la República la losa que fue el asesinato de García Lorca para el bando franquista. En el lado republicano su muerte significó un punto de inflexión en la influencia del Partido Comunista; puesto en fuera de juego el enemigo común -el proletariado anarquista- sus aliados de la víspera -republicanos, socialistas de la derecha y nacionalistas vascos y catalanes- comenzaron a tomar distancias y poner trabas a su progresión. Si el ascendiente comunista aumentaba, la suerte de Nin podía ser la de cualquiera que señalaran las marionetas de Stalin. De hecho, lo que pasó a Nin se convirtió en el trasfondo no declarado de todo movimiento político durante lo que quedó de guerra.

Nin trabajó de maestro, periodista, traductor, viajante de comercio y escritor, y militó de muy joven en las filas republicanas y socialistas, y llegando a presidir el Sindicato de Profesiones Liberales de la CNT. El momento decisivo en la vida y la trayectoria política de Andrés Nin fue su encuentro con la Revolución Rusa, que lo dejó subyugado. Había ido a Rusia como delegado de la CNT cuando fue seducido por la fría determinación de los bolcheviques a pesar de la persecución de cualquier organización ajena y a pesar del terror y el hambre que se enseñoreaban del país. No se sumó a la protesta que algunos delegados extranjeros emprendieron contra la persecución de los anarquistas. La sangrienta represión de los marinos de Kronstadt y del movimiento makhnovista tampoco le conmovieron. Permaneció en Rusia como alto funcionario de la Komintern y de la Internacional Sindical Roja además de miembro del partido y del soviet de Moscú, pero al implicarse en las luchas internas de partido al lado de Trotsky cayó en desgracia, acabando excluido del partido comunista, amenazado con prisión y expulsado de la URSS. Volvió a España cuando terminaba la dictadura de Primo de Rivera, muy dogmatizado, dispuesto a organizar con unos pocos colegas el auténtico partido marxista de la clase obrera mediante el ingreso en una Oposición de Izquierda creada en Bélgica por un grupo de emigrados españoles dentro de la ortodoxia trotsquista. Al final, logró fundar un partido minúsculo, la Izquierda Comunista de España, sin el menor peso en los acontecimientos coetáneos, pero con una fuerte actividad teórica, fiel al “método marxista de análisis de las situaciones objetivas”.

Nin afirmaba rotundamente que en España nunca había habido una revolución democratico-burguesa. La proclamación de la República no lo fue. Las contradicciones de la burguesía -y eso también lo decían los anarquistas- no tenían solución en el marco del capitalismo, por lo que la misión de los verdaderos comunistas, una vez disipadas las ilusiones democráticas, consistiría en empujar a los trabajadores a realizar la revolución –y de paso resolver el “problema catalán”- que ni la burguesía ni la pequeña burguesía eran capaces de hacer. Ningún otro partido ni ninguna central obrera podría llevar a buen puerto la tarea. El Partido Comunista oficial era un peón de Moscú sin visión política propia y la CNT, una pandilla de reformistas y aventureros. Sin “un partido comunista potente, cerebro y guía de la revolución”, sin soviets ni juntas revolucionarias en vez de sindicatos, la victoria de las masas explotadas no sería posible. Hacía falta una unidad de acción que podría efectuarse a través de comités de fábrica elegidos por los trabajadores, sindicados o no. El comité sería el embrión del soviet. Todavía, después de dos insurrecciones anarquistas, consideraba que el problema de la lucha por el socialismo era, aparte del partido dirigente, la organización de masas, es decir, el soviet. Ciertamente, Nin aplicaba rigurosamente el modelo bolchevique. Como buen trotsquista consideraba un deber defender a la Unión Soviética en tanto que estado obrero socialista, aunque degenerado por la burocracia, y no lo que era en realidad, la plena expresión de un capitalismo burocrático de estado.

A pesar del corsé ideológico, el instinto revolucionario de Nin le ayudaba a captar la realidad con algo de acierto. En la cuestión nacional eslava se puso del lado de Bakunin. Intuyó antes que nadie la evolución de la mayor parte de la burguesía hacia el fascismo. Lo que le llevó a pedir un frente único de todas las organizaciones proletarias y a entrar en las Alianzas Obreras que se constituyeron en 1934. El fracaso de la revuelta de Octubre vivido de cerca le dio materia para reflexionar. Con fe de carbonero, pensaba que sin un partido revolucionario ninguna revolución era posible, así que lo más urgente era crear uno y no hacer “entrismo” en el partido socialista como recomendaba Trotsky. Entonces, la opción más realista llevaba a la fusión de la pequeña ICE con el Bloque Obrero y Campesino de Joaquín Maurín, un partido de comunistas disidentes y ex miembros del Estat Català de Francesc Macià. El nuevo partido, que contaba con unos pocos miles de afiliados, fue bautizado pomposamente como POUM. El tacticismo que caracterizó los primeros momentos del partido contrariaba el ultraizquierdismo aconsejado por Trotsky, quien no dudó en llamarlo “partido de traidores patentados”. En fin, la segunda parte de la revolución burguesa, la que debía detener al fascismo condujo el partido hacia el Frente Popular, con lo que la ruptura con Trotsky fue definitivamente rematada. Este dirá: “El pacto con el Frente Popular es un documento vergonzoso. Fimar-lo es una traición al proletariado en beneficio de una alianza con la burguesía.” Sin embargo, el triunfo en las urnas de las candidaturas frentepopulistas según el “traidor” Nin, no detenía el proceso revolucionario porque la burguesía no conseguiría consolidar su dominio de clase. Más pronto que tarde el proletariado se plantearía la conquista del poder, puesto que las condiciones para ello no tardarían en madurar. En adelante, la lucha no ocurriría entre la democracia y el fascismo, sino entre el el fascismo y el socialismo, es decir, entre la burguesía y el proletariado.

El contra-levantamiento obrero del 19 de Julio radicalizó los análisis de Nin. Al marchar por las Ramblas de Barcelona armas en mano, codo a codo con los obreros anarcosindicalistas, sus rígidos esquemas bolchevistas se tambalearon. El hecho de que Maurín quedara oculto dentro de la zona en poder de los sediciosos lo obligó a ocupar la secretaría del POUM, desde donde reformularía por la izquierda la estrategia del partido. En el mitin de septiembre en el Gran Price afirmó que ya no era necesaria la revolución democrática puesto que el proletariado la había hecho de golpe, cuestión catalana incluida, por lo que la pequeña burguesía no era indispensable. Contra la tentativa desesperada de la burguesía para salvar su dominio recurriendo al fascismo, no cabía otra que la revolución social. En consecuencia, la guerra y la revolución eran inseparables. El proletariado, que no combatía para defender la república burguesa como decía el PCE, debería luchar por una república socialista. No era de extrañar que en aquellas circunstancias Nin creyera que las organizaciones proletarias con la conciencia más clara de la realidad del momento y con el mayor espíritu revolucionario fueran la CNT y la FAI. Urgía un acuerdo con los “compañeros” anarquistas. Las discrepancias, antaño irreductibles, ahora tenían solución. Algunos puntos esenciales fueron revisados. Por ejemplo estos: la temida dictadura del proletariado no era más que la democracia obrera tal como la practicaban los sindicatos, organismos adecuados que volvían innecesarios a los soviets.

Por desgracia, la fuerza insuficiente del POUM para practicar el giro radical ninista –descontadas las reticencias de la mayoría bloquista- obligaba al partido a hacer concesiones si no quería aislarse. Así, pretextando que la revolución socialista también podía impulsarse desde la Generalitat, solicitó la entrada en el Govern, una fachada de cartón piedra que la prensa poumista convirtió en un “gobierno de transición revolucionaria”. Sin embargo, el ascenso del partido estalinista gracias al chantaje de la ayuda militar rusa desencadenó una agresiva campaña difamatoria contra el POUM, tachando a sus miembros de trotsquistas, provocadores y agentes del fascismo. Nin, destituido del cargo de consejero de justicia en diciembre por exigencias comunistas, reaccionó denunciando al reformismo, “la representación de la burguesía dentro de la clase trabajadora” que encarnaba el comunismo oficial, pidiendo asilo para Trotsky y exigiendo “un gobierno obrero y campesino”. A pesar de la coincidencia con la CNT en lo relativo a “la apreciación del carácter del momento revolucionario actual y el papel de la clase trabajadora”, por culpa de las aprensiones antimarxistas de los libertarios -en parte justificadas- y también por la escasa importancia del POUM -un partido minoritario demasiado exhibicionista que no apoyaba las colectivizaciones- la relación entre ambas organizaciones no funcionaba. La consigna de “Frente Obrero Revolucionario” o la más explícita de “CNT-POUM” caían en saco roto. Pero el hecho de que las conquistas proletarias del 19 de Julio se fueran perdiendo y la hegemonía de la CNT se fuera quebrando, sacudió libertarios y abrió nuevas posibilidades de entendimiento. El descontento por la militarización de las columnas milicianas, la disolución de los comités locales de defensa y el intento de supresión de las patrullas de control halló su portavoz en el diario vespertino “La Noche”, dirigido por Jaime Balius, antiguo redactor de la Soli y cabeza visible de la Agrupación “Los Amigos de Durruti”. Balius denunciaba los avances de la contrarrevolución y clamaba contra las concesiones y la pasividad de la CNT, algo con lo que Nin no podía estar más de acuerdo y que hizo constar en las páginas del órgano del partido “La Batalla”. En la conferencia de marzo en el Principal Palace Nin llegó a decir que “el anarquismo es una expresión del espíritu revolucionario con el cual coinciden los hombres del POUM” y Balius reprodujo sus palabras en “La Noche”. A finales de abril,en una conferencia en la Sala Mozart, Nin dijo: “estamos más cerca de la FAI que del PSUC, pero a la CNT le falta una doctrina del poder…”. Andrade, el segundo de Nin, que poco antes había tratado a la Columna de Hierro de atajo de maleantes incontrolados, también “se sentía más próximo a los camaradas anarquistas que a los de los otros partidos”, se mostró de acuerdo con los puntos programáticos del manifiesto que Los Amigos de Durruti pegaron en abril por las calles de Barcelona. En particular, la consigna durrutista de Junta Revolucionaria parecía coincidir con la consigna poumista de Comité de Defensa de la Revolución. El primero de Mayo de 1937 Nin proclamó como objetivo necesario de las masas populares el gobierno obrero y campesino y la revolución social.

Durante los Sucesos de Mayo, con la salvedad de la sección de Sabadell, el POUM se puso del lado de los trabajadores insurrectos y Los Amigos de Durruti lo felicitaron por ello en una célebre octavilla que “La Batalla” reprodujo. Las conversaciones entre unos y otros fueron produciéndose, pero la CNT, lejos de ponerse al frente del movimiento y “conquistar el poder” hacía todo lo posible por pararlo. No quería alterar el statu quo, sino situarse mejor en él. Al POUM, falto de cohesión interna y sin fuerza suficiente para ponerse al frente de un movimiento espontáneo, no le quedó más opción que seguirla y dar la orden de retirada a sus militantes. Los Amigos de Durruti eran solamente unos centenares, insuficientes para cambiar la orientación de la jerarquía confederal. El objetivo estratégico principal de Nin era la alianza con los comités dirigentes cenetistas y faistas, y como estos habían desautorizado a Los Amigos de Durruti, de poco podía servir la entente con estos, si además eran contrarios a “tomar el poder” en la Organización y no querían implicarse con un partido lleno de pretensiones vanguardistas obsesionados con la dictadura del proletariado. La posición maximalista de Nin -formar un frente común con los anarcosindicalistas e ir a la conquista del poder- tropezó con la dirección atemorizada de la CNT y la FAI, totalmente colaboracionista y contraria a cuestionar la legitimidad de las instituciones republicanas.

Largo Caballero dimitió, jefe del Gobierno de la República, dimitió entre otras cosas por no aceptar la ilegalización del POUM tal como insistentemente pedían los estalinistas. Su sucesor Negrín no tuvo tantos escrúpulos. La campaña de insultos y calumnias en la prensa nacional e internacional simpatizante o de obediencia moscovita llegó al paroxismo. El delirio denigrador estalinista se igualaba con el furor nazi contra los judíos. Parecía que se estaba en el epílogo del los Procesos de Moscú, y de hecho era eso. Finalmente, el POUM fue declarado fuera de la ley. Primero, se suspendió “La Batalla”, i después, fueron saqueados e incautados sus locales, la emisora y el resto de publicaciones. Los militantes fueron perseguidos, encarcelados y algunos fusilados. La Cárcel Modelo llenó una de sus galerías con prisioneros del POUM. La 29 División, que agrupaba a las milicias del partido, fue desmantelada. Una policía especial madrileña vendría para hacerse cargo del Comité Ejecutivo del partido. Nin fue detenido en la sede del comité, apartado y conducido a Madrid, donde lo pasearon por varias checas. Al final, se lo llevaron a los sótanos de un chalet situado en las afueras de Alcalá de Henares, donde se sabe que agentes de la NKVD lo torturaron para lograr que confesara ser un espía de Franco, al estilo de los procesos arriba mencionados. No lo consiguieron, y simulando de mala manera un rapto, lo introdujeron en un automóvil y lo asesinaron en algún lugar de la carretera de Perales de Tajuña.

Los verdugos mataron alevosamente a un revolucionario de los más firmes, honestos, talentosos y clarividentes, pero no consiguieron enlodar su figura, bien al contrario, su lección de coraje ante los sicarios fue un ejemplo para todos los verdaderos rebeldes. La gran indignación provocada por su muerte acarreó la condena moral absoluta de los asesinos y sus cómplices. Para Albert Camus, el crimen “constituyó un giro en la tragedia del siglo XX, el siglo de la revolución traicionada.”

Miquel Amorós
Charla del 17 de julio de 2026 en el Ateneu 24 de Juny, Girona.

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José María Lunazzi, el reformismo universitario, la anarquía, la guerra de España

29 Junio 2026 at 18:38
Por: pegasus

Anarquista a lo largo de toda su vida, con el tiempo hizo de la educación su vocación principal. La universidad platense fue su principal ámbito de acción durante décadas. Referente del movimiento libertario, estuvo en el núcleo de ácratas argentinos que desempeñó tareas organizativas, educativas y propagandísticas durante el conflicto bélico español.

Nació el 11 de noviembre de 1904, en La Plata, en el seno de una familia de inmigrantes italianos, hijo de Próspero Lunazzi y María Scotti. Creció en los talleres de imprenta que su familia materna tenía en la ciudad (Talleres Gráficos Olivieri Domínguez). Eran un espacio de reunión de la intelectualidad y la bohemia platense de la época. Ámbito propicio para formarse desde temprano en el aprecio por la tarea intelectual y el inconformismo.

Hizo los estudios primarios en la Escuela Experimental Anexa de la Universidad Nacional de La Plata. Cursaba el secundario en el Colegio Nacional de la misma universidad cuando en 1918 se inició el movimiento de la Reforma Universitaria. Lidera entonces un grupo estudiantil que busca extender el movimiento nacido en Córdoba a la capital bonaerense.

A los veinte años ejerce como maestro rural —en La Pampa, en Remedios de Escalada y en Tigre— según la pedagogía inspirada en la escuela moderna del anarquista catalán Francisco Ferrer Guardia. El que fuera fusilado en 1909 bajo la acusación de haber instigado la revuelta conocida como la “Semana Trágica” de Barcelona.

En la década de 1920, en sus años de estudiante universitario, integró —junto a Enrique Balbuena, Fernando del Intento, Jacobo Maguid, José Grunfeld, Jacobo Prince, Segundo del Río— la Agrupación Anarquista «Ideas», colaborando en la revista del mismo nombre, la que tuvo una extensa vida entre 1909 y 1932.

En esa época colabora también en Pampa Libre, periódico quincenal anarquista de la ciudad de Santa Rosa y en Humanidad, revista mensual, asimismo de orientación libertaria.

Además, milita en el Partido Federado en la Facultad de Humanidades, llegando a ser tiempo después Presidente de la Federación Universitaria de La Plata (FULP). En ese período brilló como un exaltado dirigente, valeroso e incondicional a la hora de la defensa de la libertad en el seno de las universidades.

En la década de 1920 participa de las campañas por la libertad de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti; y de Simón Radowitzky. Por años el movimiento obrero y otras organizaciones cuestionadoras se movieron al compás de esas luchas por la libertad de trabajadores a quienes el sistema escogía como sujetos de venganza y sanciones ejemplificadoras.

Tras el golpe militar de septiembre de 1930, la FULP se embarca en la defensa de la autonomía universitaria. Lunazzi es detenido. Comparte cárcel en Villa Devoto con Marcos Dukelsky, los hermanos José y David Grunfeld, y Jacobo Maguid. Parte de lo más selecto de la dirigencia libertaria de la época.

Una vez liberado, se exilia en Montevideo, donde traba amistad con Luce Fabbri, la célebre anarquista italiana exiliada en la capital uruguaya, hija del dirigente Luigi Fabbri. Ella era una intelectual de primera línea, con fuerte vocación por la labor educativa, tal como Lunazzi.

Ese mismo año se gradúa como Profesor de Filosofía y Letras. Colabora en las revistas anarquistas Nervio y Símbolo , esta última de Rosario.

En 1935 está entre los fundadores, junto a José Grunfeld, Juan Lazarte, Jacobo Maguid y otros, de la Federación Anarco Comunista Argentina (FACA). Un emprendimiento de reorganización y articulación del anarquismo que actuará como centro de irradiación del pensamiento y la acción libertarios.

La guerra de España.

Luego del golpe militar de julio de 1936 en la península, Gastón Leval envía a la FACA fondos para que viajen cinco argentinos para reforzar tareas en el frente y en la retaguardia. La Federación había analizado el tema y decidió enviar un pequeño contingente de dirigentes y cuadros políticos para colaborar en tareas específicas.

Lunazzi va a incorporarse así a un proceso de traslado a España de un grupo de cuadros ácratas de alto nivel que no van allí para desempeñarse en las trincheras de combate sino en tareas de organización, formación o propaganda para las que se hallaban habilitados por su elevada preparación.

El núcleo inicial lo conformaban Jacobo Maguid, José Grünfeld y su pareja Ana Piacenza y Jacobo Prince.

Lunazzi formaría parte de un segundo grupo. En marzo de 1937 se embarca en el Island Brigade con pasaporte falso a nombre de Ángel Rodríguez. Desembarca en Francia y cruza los Pirineos rumbo a Barcelona con otros compañeros que facilitan su ingreso al territorio de la Segunda República. En la capital catalana lo esperan sus compañeros Grunfeld y Maguid.

Desempeña durante el resto del año distintos cargos asignados por la CNT y la FAI. En primer lugar, en marzo de 1937 se integró en la Sección de Agua, Electricidad, carburantes y gas del Consejo de Economía de Cataluña, donde se desempeñaba Diego Abad de Santillán.

Asumió por entonces la dirección de la revista anarquista Tiempos Nuevos, en Barcelona. Colabora asimismo en el periódico Tierra y Libertad. Y participa activamente como orador y organizador en el movimiento libertario español como afiliado del Sindicato Único de la Enseñanza. En el Pleno Nacional celebrado el 11 de mayo de 1937 fue nombrado miembro de la Comisión Económica del Comité Peninsular de la FAI.

También fue delegado de la Asociación Libertaria Estudiantil de Argentina en España. Cuando el gobierno republicano traslada su sede desde Madrid a Valencia, se instala en esta última ciudad asumiendo como Secretario de propaganda y director de la revista Nosotros.

Entre marzo y noviembre de 1937 dictó conferencias y mítines en toda la Península. Cruza nuevamente los Pirineos en noviembre de 1937, ahora rumbo a Francia, para emprender un riesgoso viaje por la Italia fascista y la Alemania de Hitler. Lo hace junto su amigo David Kraiselburd, abogado y corresponsal del diario El Día de La Plata. Algunos compañeros en España los acusan de deserción.

Al parecer habían viajado sin dar un debido aviso. Esa salida intempestiva pudo tener que ver con la decepción con la causa antifascista luego de que se reprimió y anuló a un baluarte libertario como eran las comunas de Aragón. Y ya no le quedó a la CNT-FAI un espacio de construcción revolucionaria con juego propio.

Las esperanzas abiertas en las jornadas de julio de 1936 en Barcelona aparecían perdidas. La esquiva posibilidad de ganar la guerra contra el fascismo podía no constituir estímulo suficiente para proseguir la lucha en la península.

Años después Lunazzi escribiría acerca de su experiencia hispana. Por desgracia el libro testimonial que elaboró ha quedado inédito hasta el momento. Se titula Mi corazón estuvo en España. Un joven libertario argentino en las jornadas de 1937. Horas vividas y experiencias. Barcelona, Valencia, Madrid.

Los presos de Bragado. La universidad.

De regreso a la Argentina en enero de 1938, Lunazzi participa en la campaña por la libertad de los Presos de Bragado —Pascual Vuotto, Santiago Mainini y Reclus de Diago.

Cabe la recordación de que se trataba de anarquistas presos y condenados por la colocación de una bomba que causó dos muertes en la casa de un dirigente conservador llamado José Blanch. Ocurrió en 1931, durante la dictadura de José Félix Uriburu.

Los prisioneros fueron torturados hasta que firmaron declaraciones inculpatorias. La policía tuvo un papel protagónico y el poder judicial convalidó con una condena a prisión perpetua por homicidio a los tres. Y a otros dos militantes como cómplices.

Se hizo caso omiso de las incoherencias de todo tipo en la acusación y de la constatación de torturas por parte de un médico de la policía. Los de Bragado estuvieron encarcelados durante 11 años, hasta que se abrevió la condena y salieron en libertad.

El movimiento de solidaridad fue de tanta relevancia, local e internacional, que se llegó a compararlo con el desatado años antes en torno a las condenas de Sacco y Vanzetti en Estados Unidos. La diferencia fue el éxito final de la campaña, a diferencia del trágico resultado en el país del norte.

El dirigente anarquista fue el principal vocero de las exigencias de libertad en el ámbito platense. Mientras el abogado Carlos Sánchez Viamonte, de la misma ciudad, encabezaba la defensa jurídica.

Al tiempo Lunazzi inicia una prolongada carrera docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. A lo largo de esa trayectoria fue secretario del Departamento de Ciencias de la Educación, dirigió el Seminario de Ciencias de la Educación y dictó las cátedras de Pedagogía Diferenciada y de Historia de la Educación. Todo en la Facultad de Humanidades de la universidad platense.

Sigue integrado al reformismo universitario y a las luchas por la defensa de la autonomía de las universidades y del laicismo. Los que serían obturados, primero por la dictadura iniciada en junio de 1943 y luego por el gobierno de Juan Domingo Perón como presidente.

Expulsado de la universidad platense por su oposición al gobierno peronista iniciado en 1946, retorna a la docencia universitaria después del golpe que derroca a Perón.

En esos años apoyó a la Unión Socialista Libertaria (USL) de La Plata, representante del «Socialismo Libertario» o «Constructivismo».

Ésta era una corriente ácrata que descartaba cualquier planteo insurreccionalista y predicaba la acción constructiva. Proponía a ésta sobre la base de la autogestión, la educación y la creación de alternativas comunitarias sin intervención del Estado.

Su perspectiva podría caracterizarse como reformista en lo social. Claro que sin centrarse en cambios producidos desde la legislación y la acción estatal, como en el reformismo de raigambre socialdemócrata.

Entre 1962 y 1964 dirige la Escuela Superior de Bellas Artes, promoviendo las “Jornadas del Nuevo Mundo del Niño” y el “Primer Festival de Cine Infantil”.

Es nuevamente cesanteado de su cargo en la UNLP tras el golpe militar de 1976. Luego del final de la dictadura, en 1984, es reincorporado y designado “profesor extraordinario consulto”.

A su ya avanzada edad se doctoró en Ciencias de la Educación en 1987, con la tesis titulada Finalidades, objetivo e ideal educativo 1946-1986. En 1994 la Ciudad de La Plata lo nombró «Ciudadano ilustre».

El Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación Latinoamericana celebrado en la Universidad de Campinas, Brasil, le rindió un homenaje junto a Paulo Freire y otros destacados pedagogos.

También desarrolló una fecunda labor como escritor, que estuvo sobre todo ligada a su pensamiento en materia educativa.

Publicó varios libros de esa temática. Como Reconstrucción educacional, de 1939; Deserción escolar y analfabetismo. Sus aspectos y cómputos, especialmente en la Provincia de Buenos Aires, 1940; Federalismo y educación, 1972; Futurología del taller y de la escuela, 1979; Federalismo y educación en una Argentina plural, 1993.

También escribió un trabajo acerca de quien fuera su mentor y maestro en las cuestiones pedagógicas, Alfredo D. Calcagno. Pasión educadora, calor cívico, 1965.

Murió en La Plata, en abril de 1995. Quedó como ejemplo de conjunción de la militancia perseverante y la labor académica consecuente. Tres años después de su muerte apareció un trabajo biográfico que recoge las grandes líneas de su itinerario, con particular atención a su desempeño en la universidad platense: José María Lunazzi. Semblanza de un socialista libertario, de Carlos José Rocca.

 Daniel Campione

Fuente: https://rebelion.org/jose-maria-lunazzi-el-reformismo-universitario-la-anarquia-la-guerra-de-espana/

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Ⓐna. Una aproximación a la vida de Anita Piacenza

22 Junio 2026 at 18:00
Por: pegasus

Abordar la vida de una militante anarquista presenta la problemática de una doble invisibilización, por mujer y por libertaria. «Para las militantes ácratas, se imbrican distintos elementos para su invisibilización, por un lado, como anarquistas, la clandestinidad… Por otro lado, sus propios compañeros… no reconocieron su accionar… Incluso, cuando cobran identidad, en la mayoría de los casos, fueron nombradas como la compañera de, la hermana de o la hija de, etc.» [Ledesma Prieto y Manzoni, 2025].

En las memorias «amigas» de su compañero de vida e ideas, José Grunfeld, Ana ocupa un rol secundario.

En palabras de su padre, era «una romántica que deseaba cambiar el mundo».

En los registros «hostiles» de la División Social de la Policía de Santa Fe, una militante «comunista» (sic) peligrosa.

Es en sus escritos donde podemos aproximarnos a sus ideas, sin tamices parciales.

Pero ¿quién era Ana, Anita Piacenza, Nita Nahuel, Nina?

La «niña bien» de la pequeña burguesía rural, aficionada a cantar ópera y universitaria, que un buen día abandona la vida cómoda que auguraba su posición social para transitar el camino de la Anarquía.

Ana Rosa Piacenza fue una abogada, periodista, militante y destacada oradora anarquista. Había nacido en 1906 en Río Cuarto (Córdoba).

Cuando tenía 10 años su familia se estableció en Rosario debido a la actividad de su padre1. Gozaban de una posición económica desahogada, (como medianos productores agrícolas que eran), situación que le permitió acceder a la Universidad, vedada para las mayorías, y más en su tiempo, siendo mujer. Se graduó como abogada, y en los días de fin de carrera, estuvo en las calles en las manifestaciones que estremecieron al planeta: las ejecuciones de Sacco y Vanzetti. En septiembre de 1930 un golpe militar encumbra en Argentina una dictadura de corte fascista.

Anita Piacenza, en su ingreso en la Universidad

Ana abrazó el anarquismo un año después, a través de la causa de «los presos de Bragado»2. En el marco de esta lucha, conoció a quien sería su compañero, José Grunfeld.

Ella participó en el Congreso anarquista celebrado en Rosario en 1932, que fue el primer paso hacia la creación de la FACA (Federación Anarco-Comunista Argentina)3, constituida en 1935. Allí por primera vez se discutió si las mujeres debían asumir un rol diferenciado en sus luchas de reivindicación, aunque finalmente se impuso la idea tradicional: bregar por la igualdad del género humano. A este Congreso asistió un grupo rosarino «Luz en la Oscuridad» de mujeres que presentaron un proyecto centrado en las batallas femeninas, con el que Ana estuvo vinculada.

Cuando estalla la Guerra del Chaco, en Rosario integró el grupo heterogéneo desde lo ideológico «Mujeres por la paz», allí estrenó sus condiciones oratorias. Esta agrupación fue el embrión de Mujeres Antifascistas de Rosario, que llegado el momento trabajaría en pos de ayudar a la II República Española.

Julio del 36 conmovió a la sociedad argentina, y a los anarquistas en particular con las nuevas de la revolución social triunfante en Catalunya. Quizás había llegado la hora.

Abad de Santillán, que a la sazón ya se encontraba en Barcelona, fue explícito: no se necesitan hombres, sino armas, medicinas, ayuda económica, alimentos.

Motivo por el cual la FACA envía sólo tres delegados: Jacobo Prince, Jacobo Maguid y José Grunfeld. Ana viaja con ellos, en un «segundo plano», sin acreditación ni una función específica. Llegaron a Barcelona vía Marsella en diciembre de 19364.

Desde su arribo, trabajó en la edición de Tierra y Libertad, en donde aparecen artículos suyos firmados como Nita Nahuel. Junto a Jacobo Prince fue responsable del boletín para América Latina de las oficinas de la CNT-FAI.

También se sumó a Mujeres Libres, participando en diversos mítines y haciendo giras por Catalunya y Valencia.

En el número 7 de la revista de Mujeres Libres aparece un artículo suyo denunciando las actitudes machistas de los mismos compañeros:

«𝑳𝒐𝒔 𝒕𝒓𝒐𝒈𝒍𝒐𝒅𝒊𝒕𝒂𝒔 𝒅𝒊𝒔𝒇𝒓𝒂𝒛𝒂𝒅𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒂𝒏𝒂𝒓𝒒𝒖𝒊𝒔𝒕𝒂𝒔 …𝒍𝒐𝒔 𝒗𝒂𝒍𝒊𝒆𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒆𝒗𝒂𝒏𝒕𝒂𝒏 𝒍𝒂 𝒗𝒐𝒛 𝒚 𝒆𝒍 𝒂𝒅𝒆𝒎𝒂́𝒏 𝒇𝒓𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒂 𝒖𝒏𝒂 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 … 𝒆𝒔𝒕𝒂́𝒏 𝒎𝒐𝒔𝒕𝒓𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒔𝒖 𝒉𝒊𝒍𝒂𝒄𝒉𝒂 𝒇𝒂𝒔𝒄𝒊𝒔𝒕𝒂…𝒑𝒆𝒔𝒆 𝒂𝒍 𝒑𝒂𝒏̃𝒖𝒆𝒍𝒐 𝒂𝒍 𝒄𝒖𝒆𝒍𝒍𝒐 𝒓𝒐𝒋𝒐 𝒚 𝒏𝒆𝒈𝒓𝒐…”5.

El 1° de mayo de 1937 publica en Tierra y Libertad, un poema alusivo a la fecha.

Una semana después participa en un mitin conjunto de mujeres CNT/UGT en pro de la unidad después de la masacre de los «sucesos de mayo». Desconocemos su discurso en esa ocasión, aunque su presencia va en consonancia con la actitud del CN de la CNT-FAI, a la que adherían plenamente los representantes argentinos de la FACA, partidaria del «colaboracionismo». Como fuera, en la correspondencia privada de Ana a la FACA, denuncia la embestida de la que son víctimas los militantes anarquistas que han colmado las cárceles en tanto se libera a fascistas reconocidos.

Anita continúa trabajando en el periódico y escribe una serie de artículos vinculados a las tareas de las mujeres en la guerra, con el seudónimo de Nina. También colaboró en la selección de artículos de la prensa ácrata española destinados a la difusión en Argentina. Se publicaron bajo el nombre de «Documentos Históricos de España».

Permaneció en España hasta abril del 38, regresando debido a su estado de gravidez; por cierto, Ana y José se casaron por lo civil en Barcelona antes de su partida.

De regreso, continúa su campaña en pro de la causa española, dando conferencias y escribiendo artículos para distintos periódicos. No volverá a reencontrarse con Grunfeld hasta el retorno de este después de finalizada la guerra, a mediados de 1939. Por entonces, la situación económica de la pareja, sin medios para subsistir y con una niña de meses, los obligó a vivir en casa de los Piacenza.

En 1940, Anita consigue trabajo en el área de Maternidad del Departamento de Trabajo. Ambos continuaron militando, en agosto de 1943, dos meses después de instaurado un nuevo gobierno militar a través de un golpe de Estado, ambos fueron arrestados acusados de actividades «comunistas» (sic).

Ana fue detenida, cesada de su trabajo, e internada en una prisión de mujeres de Rosario gestionada por monjas de la Congregación del Buen Pastor, el paso por la cárcel, el tópico común a las biografías de los anarquistas, mujeres y hombres. Su padre movió influencias escribiéndole al ministro del Interior para gestionar su libertad, algo que logró recién en octubre de 1944, asumiendo «la tutela» de su hija, ya madre y con 38 años, a la que se le impuso como condición «no volver a intervenir en acciones que perturben el orden público». Consigna que Ana, por supuesto, no cumplió.

En 1946, Ana participó de la fundación de la Unión Socialista Libertaria (USL) de Rosario e impulsó la creación de la Unión de Mujeres Socialistas Libertarias (UMSL) de la misma ciudad junto con Elvira Mendoza y Electra Molina.

«El triunfo de Perón representó para la FACA la implantación definitiva del fascismo en el país, pero ya no como fenómeno aislado sostenido por un grupo de militares aduladores del clero —como habían evaluado al gobierno anterior— sino con un fuerte anclaje y aprobación popular. Sobre este reconocimiento del anclaje popular del peronismo, los anarquistas pensarán la clave para las nuevas estrategias organizativas y los proyectos culturales. Con más ahínco, la militancia libertaria será en clave de propuestas culturales y políticas que tendrán como objetivo el llamamiento a amplios sectores de la población que no adhieren al peronismo, pero que tampoco se definen por una propuesta de izquierda» (Bordagaray, 2014).

Con la apertura de la editorial y el periódico Reconstruir volvemos a encontrar sus contribuciones en prensa. Reconstruir fue el vocero de las ideas.

En 1946, Ana combate los argumentos que propugnan el voto de las mujeres y lo contrapone al feminismo, rompiendo con una tradición anarquista que no consideraba al feminismo como una lucha particular.

«“𝑭𝒆𝒎𝒊𝒏𝒊𝒔𝒎𝒐” 𝒆𝒔, 𝒆𝒏 𝒔𝒖𝒃𝒔𝒕𝒂𝒏𝒄𝒊𝒂, 𝒍𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒕𝒊𝒄𝒊𝒑𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒄𝒖𝒍𝒕𝒖𝒓𝒂. (…) “𝒔𝒖𝒇𝒓𝒂𝒈𝒊𝒔𝒎𝒐”, 𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆 𝒖𝒏𝒂 𝒂𝒄𝒆𝒑𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒎𝒂́𝒔 𝒓𝒆𝒅𝒖𝒄𝒊𝒅𝒂 𝒚 𝒄𝒊𝒓𝒄𝒖𝒏𝒔𝒕𝒂𝒏𝒄𝒊𝒂𝒍, 𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒓𝒂𝒔 𝒒𝒖𝒆 “𝒇𝒆𝒎𝒊𝒏𝒊𝒔𝒎𝒐”, 𝒆𝒔 𝒎𝒂́𝒔 𝒂𝒎𝒑𝒍𝒊𝒐 𝒚 𝒇𝒖𝒏𝒅𝒂𝒎𝒆𝒏𝒕𝒂𝒍 (…)».

𝐀𝐧𝐚 𝐏𝐢𝐚𝐜𝐞𝐧𝐳𝐚, 𝐞𝐧 𝐑𝐞𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐫, junio 𝟏𝟗𝟒𝟔.

Anita Piacenza, prontuario de su detención

odos los años del peronismo (1946/55) fueron duros para la anarquía. Enfrenta un movimiento con inmensa base social, que ha diezmado las bases de su militancia, y que censura sistemáticamente a la prensa y a sus opositores. El peronismo fue el golpe de gracia para los libertarios, que padecían la deserción en sus filas desde la década del 1920 con el impacto del triunfo de la Revolución Rusa.

El propio Grunfeld fue detenido en 1947 por «desacato y ofensa a la investidura presidencial», con un precio a pagar de un año «a la sombra». Ana, ya con dos hijas, Miriam y Diana, empieza a ejercer por primera vez como letrada, asumiendo la defensa de muchos compañeros encarcelados. Continúa militando, colaborando en el traslado de la Editorial Reconstruir a Rosario, para salvaguardarla relativamente de los repetidos cierres de la censura.

En 1955 la familia se muda a Buenos Aires, y ya no aparecen colaboraciones suyas en la prensa. Después de vivir en La Plata, Ana regresó a Rosario cuando se le diagnosticó una enfermedad cardíaca grave que le provocó la muerte en enero de 1972.

Gabriela Cladera

Fuente: https://redeslibertarias.com/2025/07/21/%E2%93%90na-una-aproximacion-a-la-vida-de-anita-piacenza/

Bibliografía

  • Bordagaray, María Eugenia (2014). “Controversias libertarias: la interpelación anarquista en tiempos del peronismo”. Tesis doctoral
  • Grunfeld, José (2000). Memorias de un anarquista. Grupo Editor Latinoamericano.
  • Guillamón, Agustín (2015). La represión contra la CNT y los Revolucionarios. Hambre y violencia en la Barcelona revolucionaria. Descontrol Editorial
  • Guzzi, Cristina (2014) Libertarias en América del Sur: de la A a la Z. Libros de Anarres.
  • Ledesma Prietto, N. F., & Manzoni, G. (2025). Una hebra en la urdimbre transnacional. Trayectoria ácrata de Ana Piacenza/Nita Nahuel entre Argentina y España. Pasado Y Memoria, (30), 53–77
  • Lescano, Rocío Soledad (2019). Itinerarios del anarquismo argentino en los años treinta: la Federación Anarco-Comunista Argentina y su expresión en la ciudad de Rosario. Estudios del ISHiR.
  • Migueláñez Martínez, María (2018). Más allá de las fronteras: el anarquismo argentino en el periodo de entreguerras (Tesis de posgrado). Departamento de Historia Contemporánea de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid.

Archivos/Hemerotecas

  • Acción Libertaria (1933-1971) Vocero de la FACA Bael
  • Correspondencia de la FACA. Bael
  • El libertario Bael
  • La Tribuna. Hemeroteca municipal de Rosario. Argentina
  • Solidaridad Obrera Cedall
  • Tierra y Libertad Cedall
  • Prio Nº 4652, Serie Orden Social, Sección División de Investigaciones, Fondo de la Policía de Rosario UR II. AGPSF – Sede Rosario

  1. El padre de Ana fue nombrado presidente de la Federación Agraria Argentina, institución que defendía los intereses de pequeños y medianos productores agrícolas. Ocupó el cargo hasta su muerte. 
  2. Se trató de un proceso judicial por el que tres trabajadores fueron encarcelados en 1931, acusados falsamente de un homicidio. La Causa de Bragado movilizó a la clase obrera que temía un final parecido a los de Sacco y Vanzetti. 
  3. La FACA es la primera organización de agrupaciones anarquistas, bibliotecas, grupos de estudio, etc; fue el embrión de la actual FLA. Nace ante la necesidad de renovación y de acordar entre los distintos grupos la difusión de las ideas en momentos que el anarcosindicalismo (la FORA) que había sido hegemónica a principios de siglo iba perdiendo militancia. 
  4. No fueron los únicos anarquistas argentinos en España. Los ex antorchistas Rodolfo González Pacheco, Horacio Badaracco, Simón Radowitsky, el francés Gastón Legal, que residía en Argentina desde 1923, el ítalo-argentino Aldo Aguzzi también se sumaron. Otros lo hicieron a título personal, como Laureano Riera Diaz y Raúl Carballeira Lacunza, que en la posguerra tendría actuación destacada en la guerrilla antifranquista. 
  5. Nita Nahuel, «Los que deshonran el anarquismo», Revista Mujeres Libres, N° 7, VIII mes de la revolución, 1937. 
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Muere Susan Brownmiller, la precursora de los centros de atención a víctimas de violación

7 Junio 2025 at 08:38
Por: Ernesto

Susan Brownmiller, la activista feminista estadounidense que habló de la violación como el instrumento sistemático de control y poder masculino sobre las mujeres, ha muerto a los 90 años en un hospital de Nueva York. Sus reflexiones a este respecto la convirtieron en la década de los 70 en la precursora de un nuevo lenguaje para hablar de la violencia sexual que ha llegado nuestros días.

Aquellas tesis disruptivas y atípicas para sectores conservadores de la sociedad de la época fueron la base de su libro ‘Against Our Will: Men, Women, and Rape’ (Contra nuestra voluntad: hombres, mujeres y violación), publicado en 1975.

En él, Brownmiller plasmó una definición de la violación como una cuestión política y social, y no solo legal o individual, y colocó la violencia sexual en el centro del discurso feminista de la segunda ola. Con ello, contribuyó a importantes reformas legislativas en EE.UU., incluyendo la penalización de la violación dentro del matrimonio.

La neoyorquina está reconocida como una de las intelectuales feministas más influyentes de su tiempo y su obra está incluida en la Biblioteca Pública de Nueva York entre los 100 libros más importantes del siglo XX.

Un legado que cambió el feminismo

La influencia de Brownmiller, apellido que adoptó como seudónimo en los años 60, es incontestable y perdura tanto en el activismo feminista como en el desarrollo de los estudios de género, además de en la legislación sobre violencia sexual actual.

Como cofundadora del colectivo Women Against Pornography en los años setenta, defendió una crítica feminista a la representación degradante de las mujeres en los medios. No obstante, nunca apoyó la censura. Una visión que está cobrando fuerza en la cuarta ola del feminismo vigente en la última década.

Susan Brownmiller no se casó ni tuvo hijos. En varias entrevistas señaló que fue una decisión consciente en el contexto contracultural y feminista de su época. Fue nombrada ‘Mujer del Año’ por la revista Time en 1975, y su legado es ampliamente reconocido en el feminismo contemporáneo. Gracias a él se establecieron centros de ayuda y atención para las víctimas de violación.

Susan Brownmiller nació el 15 de febrero de 1935 en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Su andadura periodística le llevó a medios como el ABC NewsNewsweek y The Village Voice. Además, se involucró activamente en el movimiento por los derechos civiles y en las protestas contra la guerra de Vietnam durante los años sesenta.

Además, es autora de varios ensayos como Femininity (1984); Waverly Place(1989), una novela basada en un caso real de asesinato infantil; In Our Time: Memoir of a Revolution (1999), una autobiografía sobre el movimiento feminista, o My City High Rise Garden (2017), sobre su experiencia cultivando un jardín en un rascacielos de Nueva York.


Fuente: https://noticiasparamunicipios.com/ellas/muere-susan-brownmiller-la-precursora-de-los-centros-de-atencion-a-victimas-de-violacion/

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