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Ayer — 8 Abril 2026Salida Principal

Aleida Guevara: “La ética revolucionaria del Che todavía no la ha alcanzado mucha gente en este país”

8 Abril 2026 at 08:00

“Esta es la última casa en la que vivimos con mi papá. Y ya después, construimos eso al frente. El centro de Fidel es toda una casa completa como museo. Está muy bien hecho. Pero este es un centro de estudios del archivo del Che, no es para turistas. Vienen investigadores de todo el mundo y se coordinan con la investigadora principal, que tiene más de 70 años. Ahora, con la falta de gasolina, no puede venir, trabaja desde casa”, explica Aleida Guevara, hija del Che Guevara, en medio de la peor crisis que atraviesa Cuba desde el triunfo de la Revolución en 1959.

Aleida Guevara (La Habana, 1960) vio a su padre por última vez cuando tenía tres años. Pero se ha pasado el resto de su vida encontrándose con su rostro en camisetas, pósters, graffitis, esculturas, tatuajes y tazas en buena parte de los lugares que ha visitado para hablar sobre Cuba. El Che Guevara sigue siendo el revolucionario por antonomasia que inspira a millones de personas con su épica entrega a la construcción de un mundo más justo.

Un mito reconocible con la reproducción de apenas un par de trazos –la boina y la mirada al horizonte– gracias a fotografías icónicas como la de Korda. Un referente de las izquierdas de todo el mundo que murió cuando intentaba replicar la revolución cubana en Bolivia. Fue capturado en 1967 durante un combate con el Ejército boliviano, que contaba entonces con apoyo de la CIA. Un día después fue ejecutado por un sargento cumpliendo órdenes de la Presidencia boliviana.

Ahora, tras una vida ejerciendo como médica pediatra, Aleida Guevara es la albacea del pensamiento guevariano. Pasados los sesenta años, su madre, Aleida March, le pidió que la sucediera en la dirección del Centro de Estudios Che Guevara. No le pudo decir que no. Ella y sus hermanos llaman «sargento de caballería» a quien trabajó en la clandestinidad como miliciana del Movimiento 26 de Julio para acabar con la dictadura de Fulgencio Batista. “Fue lo peor que pude haber hecho porque yo me retiré pero mi mamá no se retiró nunca”, dice entre risas su hija.

Antes de comenzar la entrevista, Aleida graba un sentido mensaje de solidaridad para la cadena de televisión libanesa Al Mayadeen, en la que realiza un programa semanal en español. Israel acaba de recrudecer la guerra contra Líbano y de comenzar otra contra Irán de la mano de Estados Unidos, mientras continúa el genocidio de la Franja de Gaza.

¿Cómo definiría la situación en Cuba?

Es uno de los momentos más difíciles desde la Revolución. Desde el punto de vista económico, pero tambien por la presión ideológica que se está ejerciendo sobre nosotros. El gobierno de Estados Unidos está intentando por todos los medios desaparecer la Revolución cubana.

¿Y cuál es la salida?

Lo primero, resistir. Porque si no, desaparecemos de la faz de la tierra. Y si queremos seguir viviendo como pueblo, como nación, tenemos que resistir. Después, hay que buscar alternativas. Por ejemplo, estamos buscando la electricidad en la energía alternativa. El sol no lo pueden bloquear, ni el viento. También tenemos algunos ríos caudalosos que podemos aprovechar. Tenemos muy poca producción de petróleo, que además tiene mucho azufre y rompe las máquinas. El mayor bolsón está en el mar y es muy difícil explotarlo sin dañar la naturaleza, que hay que cuidar siempre. Además, una de las cosas más lindas de Cuba son las playas, no podemos perderlas.

Mi papá fue a Japón en 1959. Después de cada viaje escribía un informe que se publicaba en la revista Verde Olivo o lo contaba en una conferencia en la televisión para explicar lo que había hecho. En esa ocasion, dijo que Japón tenía un tercio de la tierra fértil en Cuba y que producía sesenta veces más que nosotros, por lo que teníamos que aprender a cultivarla mejor. Aún no lo hemos logrado.

También habria que controlar los precios. Estados Unidos ha querido cerrar totalmente el mercado, pero ha dejado una puerta a las empresas privadas. Ellos compran sus productos en Estados Unidos y los ponen aquí a precios muy altos, especialmente para quienes tenemos salarios estatales. Entonces, el Estado tiene que controlar esos precios. O también puede ser que algunas de estas empresas tengan que abaratarlos para poder vender su mercancía.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha repetido en varias ocasiones que tras Irán caerá Cuba. ¿Con quién cuenta el Estado cubano para que eso no ocurra?

Primero, con nuestro pueblo. Trump, como la mayoría de los estadounidenses, no tienen idea de quiénes somos. Para ellos, América Latina siempre ha sido su patrio trasero y han hecho lo que han querido. Cuando triunfó la Revolución cubana, por primera vez, se frenó eso. Desde entonces, han tratado de asfixiarla con el bloqueo económico. Así que esto viene caminando desde hace años y el pueblo ha aprendido a resistir y a buscar alternativas, que para mí es lo más importante.

Cuba ha sembrado solidaridad durante todos los años de Revolución. En 1963 teníamos muy pocos médicos porque la mayoría había migrado a Estados Unidos y a pesar de eso, enviamos una brigada médica para Argel porque los necesitaban. Es decir, lo poco que hemos tenido lo hemos compartido, y eso ha sembrado un sentido solidario de devolver algo de lo recibido.

Desde luego, nunca nos ha faltado la solidaridad de México con Cuba. Cuando toda la América Latina nos botó de la OEA, el único país que mantuvo relaciones con Cuba, a pesar de los gringos, a pesar de todo, fue México. Ahora también tenemos al pueblo venezolano. Hemos crecido juntos en los últimos años y tenemos un gran lazo de amistad, sobre todo cuando hablamos de Chávez y Fidel. China siempre ha estado muy cerca, Vietnam, Corea del Norte –con más dificultades por la lejanía–, Rusia y Bielorrusia también se ha portado bastante bien. Aunque ideológicamente no somos iguales, son gobiernos que han mantenido los lazos de solidaridad por el amor que emana entre sus pueblos.

Por su parte, Estados Unidos no conoce la historia de nuestro pueblo, piensan que somos indios con taparrabos y negritos con levitas, como decían ellos. Es increíble como la mente de esta gente no evoluciona. Yo terminé de formarme trabajando en Nicaragua porque se habían quedado sin médicos durante la revolución sandinista. Pues estando en la Universidad Centroamericana vino un grupo de médicos estadounidenses a dar una conferencia a sus colegas nicas. Los únicos que nos quedamos hasta el final fuimos los estudiantes cubanos por pena y por educación. Los nicas se fueron indignados porque aunque venían con la mejor intención, no tenían ni idea de a quiénes estaban hablando. El mejor profesor de Medicina que tuve en mi vida fue el nicaragüense Norman Jirón, un genio, y fueron a darle una clase como si fuese un niño. Los estadounidenses no tienen idea de quiénes somos el pueblo lationoamericano y, mucho menos, el cubano, que tenemos en un nivel cultural mucho mayor. La Revolución nos ha hecho un pueblo culto con un gran deseo de vivir con dignidad. Y eso no nos lo quita nadie.

Estados Unidos tiene un mayor potencial militar así que pueden entrar en la isla, pero no te garantizo que puedan. Yo peino canas y tengo las rodillas desbaratadas, pero si entran, que me busquen un asientico con un buen rifle porque todavía tengo buena puntería. A nosotros nos conviene que no se metan, pero si lo hacen, somos un pueblo decidido a luchar hasta las últimas consecuencias.

Aleida Guevara, hija de Ernesto Che Guevara, dirige el centro de estudios sobre su figura. ÁLEX ZAPICO
Aleida Guevara, hija de Ernesto Che Guevara, dirige el centro de estudios sobre su figura. ÁLEX ZAPICO

¿Cree que Trump podría decidir invadir Cuba?

Es imposible predecir lo que puede hacer un enfermo mental. Pero ellos saben lo que es un pueblo decidido a luchar porque tuvieron que retirarse de Vietnam.

¿Qué cree que pensaría su padre sobre lo que está ocurriendo si estuviera vivo?

No puedo poner palabras que no dijo en boca de mi papá. Pero teniendo en cuenta cómo vivió, el Che estaría preparando le resistencia y nosotros con él.

Esta es la ultima casa en la que vivió en su padre.

Sí, yo nací en lo que hoy es Playa, que antes era Miramar. Pero él no quería esa casa porque era inmensa y a mi mamá tampoco le gustaba porque la guarnición, sus compañeros, estaban siempre allí y ella quería privacidad. Entonces, le dieron esta. Cuando la vio, dijo “Nos tenemos que quedar aquí porque si no, nos van a llevar al Palacio de la Revolución”.

¿Cómo describiría a su padre?

Tuve muy poco tiempo con mi papá. Además, era dirigente de un proceso revolucionario incipiente. El hombre no tenía horas de descanso, trabajaba hasta dieciocho horas diarias. A veces, para estar con nosotros nos llevaba a un trabajo voluntario los domingos. Tengo imágenes de mi papá cortando caña y yo sentada detrás de él, comiéndome una mientras le escuchaba. Él tenía que usar el poco tiempo que tenía con nosotros y la mejor educación es el ejemplo. Era un hombre muy cariñoso, nos besaba con mucha fuerza. Yo aprendí a besar así y mi mamá después se quejaba y me decía «¡Estás besando igual que tu papá!». Cuando él llegaba a casa solía ser tarde así que yo aprovechaba para dormir con mi mamá. Él me cargaba para llevarme a mi cama y me daba un beso fuerte que me despertaba un poco. Yo creo que por eso cogí miedo a la oscuridad. Mi madre me consiguió un libro de un león que acompañaba a un niño que tenía miedo. Funcionó para que yo superase el miedo. Así que mi papá me trajo un regalo tras volver de un viaje. Fue la única vez. Era un león de peluche. Todavía lo tengo.

¿Qué otras ideas de las que recogió su padre en sus diarios y conferencias quedan por aplicar?

Muchas. Mi papá era un innovador. Iba un trabajo voluntario a aprender y a tratar de mejorarlo. Un día fue a donde se empalmaban los libros. Miró cómo se hacía y después le dijo al compañero: “Yo creo que si lo hacemos al revés ganaremos tiempo y calidad». Y lo demostró. Era ese tipo de ser humano que no solamente dice una cosa, sino que es capaz de escuchar, aprender, mirar y sacar mejores conclusiones. Así que dejó escrito muchas cosas que aún no hemos logrado poner en práctica. Lo primero es su ejemplo como dirigente. Un día mi papá descubrió que en nuestra casa estábamos consumiendo productos que no entraban por la libreta de racionamiento. Aquello fue bien feo. Él era ministro, pero no quería que hubiera ninguna diferencia con respecto al pueblo. La ética revolucionaria del Che todavía no la ha alcanzado mucha gente en este país. Él nunca le habría dicho a la gente que viviese de una manera mientras él vivía de otra. Eso es un pecado mortal para la revolución. Y hay muchos dirigentes en nuestro país, sobre todo en las capas intermedias, que tendrían que aprender mucho del Che.

¿Y cómo es su madre, Aleida March?

Soy una mujer socialmente útil gracias a que ella me formó. Mi mamá es una mujer de campo, con una educación muy estricta que hizo que le costase abrirse a la vida. Cuando murió mi papá, ella se transformó en un bloque para poder seguir viviendo. Él fue su primer novio, su marido, el padre de sus hijos, su compañero, su maestro, mi papá era todo para ella. Fíjate que ella estaba dispuesta a dejarnos a nosotros para irse con él. Fue mi papá quien le pidió que se quedara con nosotros al menos dos años. Le prometió que si la guerrilla en Bolivia duraba más tiempo, él la mandaría buscar.

Mi mamá nunca permitió que nos dieran ningún trato especial. Nos educó con las mismas carencias que tenía el pueblo y eso se lo agradeceremos siempre. Decimos que es un sargento de caballería, pero gracias a ese sargento hoy somos útiles al pueblo.

¿Qué podrían haber hecho mejor los gobernantes cubanos?

Uy, un montón de cosas. Acuérdate de que las revoluciones son procesos a veces explosivos y están hechos por hombres y por mujeres. Nunca son perfectos, siempre se cometen errores. Lo que defendemos y siempre defenderemos es que los únicos que podemos subsanar esos errores somos nosotros mismos. Nadie más tiene el derecho a hacerlo. Por ejemplo, hay que trabajar el tema de las viviendas de los campesinos. Con el triunfo de la Revolución, hubo un éxodo del 83% de la poblacion rural hacia las ciudades porque los campesinos querían que sus hijos fuesen ingenieros, médicos, maestros. El campo se quedó abandonado, lo que es fatal para la economía del país porque la tierra es la que produce los alimentos que nos permiten sobrevivir. Ahora nos hemos dado cuenta de esa situación y la Revolución está arreglando las viviendas del campesino, haciendo cooperativas, para que la gente viva mejor en el campo. No lo hemos logrado al 100%, pero tenemos muchas cosas que mejorar.

También tenemos el sueño de que los institutos de medicina no estén concentrados en la capital, sino dispersos en las provincias del país, lo que obligaría a muchos de nuestros mejores médicos a vivir allí.

Otro problema es que Cuba se ha convertido en un país muy viejo y hay que reactivar las cuestiones de la juventud. En los últimos años tuvimos una emigración juvenil bastante grande. Hay que trabajar la cuestión ideológica con los jóvenes, incentivarles para que se queden, que tengan más posibilidades de expresar sus sentimientos no solo desde el punto de vista emocional sino también de cuestiones objetivas de la vida práctica.

¿Cuál es su análisis sobre el momento que está viviendo el mundo?

Hay un economista estadounidense, no me preguntes el nombre porque siempre los olvido, que decía que “si la humanidad pierde la ética para vivir, pierde el derecho a existir”. Pues nosotros estamos perdiendo el derecho a existir porque estamos perdiendo la ética. Cuando permites lo que está pasando en Gaza, en Irán, en Líbano, cuando no eres capaz de frenar a tus gobiernos para que rompan relaciones con Israel, para que no vendan armas a su gobierno, desgraciadamente te conviertes en cómplice. Y esa es una de las cosas más duras que nos ha tocado vivir. Esta impotencia tan grande de no poder frenar al enemigo hace que cueste seguir viviendo.

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Fabio Fernández Batista: “Hay cubanos que creen que el mejor camino para Cuba pasa por que San Trump nos bombardee”

21 Marzo 2026 at 05:30


LA HABANA // El profesor de Historia de la Revolución cubana Fabio Fernández Batista se define como reformista del sistema cubano, lamenta que muchos de sus compatriotas crean que “el capitalismo solucionará sus problemas cuando el que le toca a Cuba es el capitalismo subdesarrollado periférico dependiente, como el de República Dominicana, Guatemala u Honduras” y considera que su país sufre una “crisis espiritual que ha provocado que haya cubanos que creen que el mejor camino para Cuba pasa por que San Trump nos bombardee”.

A su llegada a la entrevista, explica la razón de su retraso: se ha encontrado una protesta en la entrada de la Universidad de La Habana cuando ha ido a hacer unas fotocopias. Al día siguiente, la concentración aparecerá en buena parte de la prensa internacional. Una treintena de estudiantes pedían facilidades para poder seguir las clases a distancia después de que el Gobierno cubano dictara el cierre de las aulas por la falta de combustible. Los continuos apagones eléctricos también acarrean caídas de Internet, cuya conexión ya resultaba inasequible para el estudiantado que no recibe apoyo económico de la diáspora. Una manifestación más de la crisis sistémica que sufre el pueblo cubano desde hace décadas, agravada por el cerco energético dictado por la Administración Trump –un castigo colectivo prohibido por el derecho internacional–.

¿Cuál es su análisis de la situación que atraviesa Cuba en la actualidad?

En Cuba hay una crisis estructural provocada por una economía renqueante desde hace mucho, que todavía acusa el golpe que significó el fin del campo socialista y que, al mismo tiempo, está golpeada por una política hostil norteamericana. Tenemos un modelo económico que tiene grandes deudas en materia de eficiencia, eficacia, productividad y todo lo que sigue en esa lista. Todo esto ha provocado una fractura del consenso político en el marco de una sociedad cada vez más plural y no han existido mecanismos para canalizar ese disenso de forma participativa.

También se ha producido un cambio del liderazgo histórico de Fidel y Raúl Castro al de Díaz-Canel, cuyo capital simbólico sería su capacidad para gestionar con eficiencia el país. Y eso no ha ocurrido. Además, tras el impacto económico de la pandemia de COVID-19 se llevó a cabo una reforma que desestructuró aún más la economía del país. Y por último, Trump ha reforzado la hostilidad contra Cuba con el bloqueo petrolero y con la presión que ha puesto en diferentes países para que corten la colaboración con Cuba en materia de exportación de servicios de salud.

Al mismo tiempo, hemos sufrido un éxodo migratorio de más de un millón de personas en un país que ha envejecido a un ritmo que no es funcional para la nación. Y añadiría que tenemos un tejido nacional lesionado, marcado por múltiples carencias y frustraciones por las que tenemos una crisis espiritual que ha provocado que haya cubanos que creen que el mejor camino para Cuba pasa por que San Trump nos bombardee.

¿El Gobierno cubano podría hacer ahora las reformas que no ha hecho las últimas décadas?

El margen de maniobra se ha ido estrechando incluso en el ámbito interno. Se han perdido dos momentos fundamentales para hacerlo. En los años noventa, Fidel Castro tenía suficiente capital político para haber transitado a un modelo como el vietnamita o el chino. En el primer lustro de los 2000, se creó la alianza con la Venezuela boyante de Chávez pensando que podía sustituir a una reforma integral del modelo económico. Después llegó Raúl Castro, que colocó la reforma en el centro de la acción política, planteando que el socialismo debía entenderse desde una conexión más orgánica con las economías de mercado, pero no terminó de llevarla a la práctica por lo que yo llamo el síndrome de la perestroika: había miedo a que, al abrir el juego, se desencadenasen cambios políticos. Y también se aplicaron reformas que beneficiaron sólo a sectores puntuales, como la construcción hotelera, en detrimento de los intereses generales del país.

¿Y ahora?

Ahora se están impulsando transformaciones como las alianzas empresariales público-privadas, pero el margen es estrecho. Reformas que se pudieron haber hecho antes se tienen que hacer ahora en un país semiparalizado porque no hay combustible. Se debería haber aprovechado el proceso de normalización con el gobierno de Obama, pero entonces ganaron los sectores más conservadores.

Tras el estallido social de 2021, ¿qué peso tienen las reclamaciones democráticas entre el alumnado universitario?

Tanto en los estudiantes como en la ciudadanía en general hay un afán por cambiar dinámicas en el sistema político para que haya más participación, más mecanismos de control popular, lo que no quiere decir necesariamente asumir los presupuestos de la democracia liberal. Claro que en Cuba hay gente que quiere lógicas económicas propias de la democracia liberal, pero también hay quienes estarían dispuestos a participar en maneras distintas de entender el funcionamiento democrático del país.

La mayor inconformidad de la gente en Cuba es con su economía diaria. Si el gobierno fuese capaz de resolverlos, habría una reducción importante de los niveles de inconformidad. En las protestas sobre todo hay gente reclamando servicios básicos como la electricidad y el agua, poder llenar la despensa… Pero desde el extranjero se suele subrayar el matiz político de la protesta.

¿Qué cree que va a pasar en las próximas semanas?

Eso nadie lo sabe. Hay una gran incertidumbre en torno a las negociaciones entre el gobierno de Cuba y el de los Estados Unidos. Defiendo que haya puntos de contacto entre ambos, de hecho es una política histórica de los gobiernos nacidos de la revolución cubana, pero no estoy de acuerdo con que impliquen una lesión en la soberanía del país. Por ejemplo, que se hable de que una línea roja es la del presidente de Cuba, es decir, que se decida en Washington quién es nuestro presidente. No me gusta el modelo venezolano en el que el chavismo ha asumido una lógica de supeditación a los mandatos de Trump.

Me gustaría una negociación en la que podamos llegar a acuerdos desde una defensa de la soberanía. No se puede olvidar que a Estados Unidos no le interesan ni los derechos humanos ni la democracia en Cuba, sino que tiene una proyección imperial, que Cuba se mueva al ritmo que le interesa.

También cabe la posibilidad de que no haya acuerdo y de que haya una profundización en la política hostil de los Estados Unidos hacia Cuba. ¿Hasta dónde puede llegar? ¿Una agresión quirúrgica como la que hicieron en Venezuela? Quirúrgica… pero con un montón de muertos. ¿Quizás un bombardeo como el que están haciendo en Irán o una agresión militar tipo desembarco de Normandía? Cuba está muy cerca de Estados Unidos, por lo que cualquier escenario de desestabilización puede incidir también en su territorio. Por otra parte, hay que tener en cuenta cómo le saldrán las cosas a Trump en Irán. Un empantanamiento puede limitar su capacidad de acción contra Cuba o lo contrario: apostar por hacer algo que pueda vender como un éxito.

¿Y a nivel interno?

Hay que ver en qué medida las carencias múltiples en un país semiparalizado pueden generar una protesta social y que se mezcle la demanda política explícita con la situación económica.

Cuba
Imagen de una calle de La Habana. ALEX ZAPICO

Pero al margen del agravamiento del bloqueo con el sitio energético que ha dictado Trump, los apagones graves llevan afectando de forma regular a la población más de dos años, las desigualdades entre las clases sociales son hoy exacerbadas y muy evidentes, hay una minoría que todo el mundo ve moviéndose en coches de lujo, comiendo en restaurantes caros y comprando lo que necesita en las innumerables tiendas que se han abierto con productos importados y en las que se paga en dólares… Mientras, la mayoría social no se puede permitir siquiera comprar pollo una vez al mes ni jubilarse y dejar de trabajar porque cobra pensiones que no les dan para comer. ¿Sin el factor Trump, el Gobierno cubano habría aplicado alguna reforma?

Si quitamos la agresión más reciente de Trump, el país seguiría estando en una situación muy compleja. Ojo, el bloqueo existe y es estructural. Trump solo ha escalado en grado sumo la política de sanciones de Estados Unidos. Y los problemas de Cuba son un acumulado de cosas que no han hecho bien este gobierno y los anteriores, así como de las políticas hostiles de los Estados Unidos.

Pero al margen de Trump, hay una demanda social clara de que el país lleve a cabo una apertura económica que permita una mejoría general, que no solo beneficie a un segmento. Es decir, abrir la economía pero manteniendo políticas públicas que atiendan a la ciudadanía en su conjunto, especialmente a la más vulnerable. Por ejemplo, se habla de que en abril se modificará la libreta de racionamiento.

Pero si ya apenas entregaban nada por la libreta, hay gente que hace meses que no recibe nada.

Y aun así sigue siendo importante para algunas familias. El Estado no tiene que subvencionar el arroz a un hombre como Silvio Rodríguez, que no lo necesita, pero sí a una viejita pensionada. También tiene que ayudar a que mi amigo tenga un negocio próspero y crear mecanismos fiscales que permitan al Estado redistribuir recursos, a que la educación y la sanidad públicas sean solventes…

¿Y por qué no lo han hecho hasta ahora?

No se ha trabajado con la celeridad necesaria, lo que ha agudizado los problemas. Y hay que garantizar un escenario de bienestar, aunque sea modesto, porque es una de las conquistas más importantes de la revolución.

Cuando los cubanos se quejan de que los sistemas de salud y educación no funcionan los están comparando con los éxitos que la revolución cubana alcanzó. Hay medios que construyen un relato engañoso en el que pareciera que los cubanos añoran un capitalismo maravilloso que Fidel Castro y sus barbudos destruyeron y que nos llevó a la noche más oscura. Eso es una estafa intelectual e histórica. Claro que los cubanos tienen el referente del capitalismo que han visto cuando han viajado o por las series y películas que ven; claro que hay una visión del capitalismo que forma parte de los imaginarios cubanos, pero una parte importante de los reclamos ciudadanos en Cuba conectan con la memoria histórica de un país que, en los marcos del socialismo, funcionaba mejor que el actual. Así pues, el Estado tiene la misión importante de abrir la economía para sostener de mejor manera la educación y la salud públicas.

¿Cómo debería hacerlo?

Soy reformista, me siento conectado con los valores fundacionales de la revolución cubana, tengo una proyección de vida anticapitalista. No creo que el capitalismo sea un sistema justo. Creo que la revolución cubana avanzó por caminos alternativos frente al reino del capital y que habría que rescatar mucho de ese espíritu primigenio. Fue una revolución que tuvo mucha luz y, también, sombras desde el principio: lógicas demasiado verticalistas, burocráticas, con elementos importantes de autoritarismo… Creo que hay que refundar un proyecto de contenido socialista desde el que repensar la economía, la democracia, nuestro lugar en el escenario geopolítico.

Hay gente que ve con buenos ojos la idea de una Cuba de democracia liberal, que está muy romantizada porque tiene muchos elementos antidemocráticos.Y mucha gente que piensa que el capitalismo cubano sería como el español, el sueco, el suizo, que no son perfectos, pero que tienen colchones de bienestar. Pero el capitalismo que le toca a Cuba es el capitalismo subdesarrollado periférico dependiente, como el de República Dominicana, Guatemala, Honduras…

¿Existe realmente todavía el socialismo en Cuba? Un capitalismo exacerbado domina plenamente las vidas diarias y cotidianas de los cubanos y cubanas…

Esa es una muy buena pregunta. Yo creo que quedan lógicas en las prácticas sociales como en los imaginarios..

Por supuesto que hay una influencia de lo que representaron la revolución y sus logros en la conciencia colectiva, pero los cubanos ya viven sometidos a un capitalismo periférico, con diferencias de clase abismales, pobreza extrema y excluyente…

Hay varios expertos que dicen que Cuba se ha latinoamericanizado, que cada vez nos parecemos más al continente que tenemos al lado y al que pertenecemos. Yo creo que las lógicas del capital no imperan plenamente en Cuba. Quedan bolsas de resistencia: con todos sus defectos, sigue habiendo una apuesta por la salud pública gratuita, una educación gratuita universal, un conjunto de bienes sociales que nos pertenecen a todos…

Pero es cierto que en Cuba hace años que no hay revolución. La revolución arrancó en el 59 y se cerró a mediados de los 70. A partir de entonces, vivimos en una sociedad posrevolucionaria que ha ido evolucionando con los cambios de la vida y con las reformas impulsadas por las estructuras de poder. Y ahora vivimos otra revolución –entendida como cambio estructural de sus dinámicas–: el paso de la apuesta que fue el socialismo a una en la que vuelve el capitalismo.

Quiero pensar que el pueblo cubano encontrará mecanismos que nos lleven a un socialismo remozado más que al capitalismo, pero yo puedo ser la expresión de una minoría. Mucha gente en Cuba ha comprado el sueño de que el capitalismo nos llevará a un lugar mejor. Yo creo que es un sueño equivocado, pero el ideario de izquierda está muy golpeado. En Cuba hay un proceso de articulación progresiva y potente de fuerzas de derechas, algunas vinculadas con el fundamentalismo religioso evangelista. Hay una idea de que el Estado es un obstáculo, de que es ineficiente, de que la propiedad privada y la privatización de los servicios públicos es la respuesta a todo. Hoy, en Cuba, la palabra comunista se puede utilizar como un calificativo despectivo. Eso tiene que ver con una comprensión estrecha de lo que es el comunismo y una identificación de las políticas gubernamentales con el comunismo, cuando en la práctica no hay muchas que puedan considerarse así, sino que es todo lo contrario, hay una apertura al capitalismo.

En España también tenemos una sanidad y una educación públicas en el marco de una democracia liberal. Teniendo en cuenta que las políticas cubanas no son comunistas, ¿que Cuba se convirtiese en un Estado del bienestar socialdemócrata sería el peor o el mejor de los escenarios?

Muchos cubanos tienen una imagen del capitalismo que se mueve en códigos socialdemócratas, pero yo tengo muchas dudas de que el capitalismo cubano del futuro fuese socialdemócrata: más bien sería el latinoamericano neoliberal. Si tú me dices que el capitalismo cubano va a ser el de España o Noruega, casi me atrevo a abjurar de mi vocación marxista y me lanzo a la piscina. Pero Cuba es periferia y no hay demasiados ejemplos en los que el capitalismo socialdemócrata se haya consumado en la periferia.

Además, puede darse el caso de que tenga unos indicadores macroeconómicos extraordinarios, con una vitalidad aparente tremenda, y que debajo de todo eso subyazcan problemas estructurales graves.

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Cuba: menos solidaridad, más socialismo

19 Marzo 2026 at 07:50

El 16 de marzo Donald Trump se refería a Cuba en el Despacho Oval: «Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Eso sería estupendo. Es un gran honor. Puedo liberarla o tomarla, creo que puedo hacer lo que quiera. Son una nación muy debilitada ahora mismo”. Estas declaraciones no son sólo palabras al viento, producto de su proverbial verborragia, sino que forman parte de una escalada de amenazas directas que el presidente de los Estados Unidos de América (EE. UU.) viene lanzando contra el Gobierno socialista de Cuba en los últimos meses. Y, habida cuenta de cómo el autodenominado presidente de la paz ha iniciado el año, activando al máximo su Departamento de Guerra, con el secuestro del presidente de Venezuela y una guerra abierta contra Irán, no es nada descartable que las amenazas pasen de la retórica a los hechos

Atacar a Cuba ahora serviría para desviar la atención de la previsible derrota estratégica a la que EE. UU. e Israel parecen dirigirse en Irán. Poder presentar alguna victoria frente a un país que constituye el principal escollo que ha tenido la política exterior estadounidense para la expansión hemisférica de sus intereses desde tiempos de la Guerra Fría, tendría una gran carga simbólica en términos ideológicos y geoestratégicos. Acabar con el socialismo en Cuba, sea con un cambio de régimen violento, o a través de una negociación que lleve al sometimiento de su dirigencia, como se ha hecho en Venezuela, se podría rentabilizar políticamente ante unas elecciones de medio término que se prevén adversas para los republicanos. 

Desde el Gobierno de Cuba son conscientes de que, en el actual escenario geopolítico, con un EE. UU. que parece dispuesto a tirar por tierra la precaria hegemonía que todavía atesora como súperpotencia dominante en el sistema internacional, deben tomarse muy en serio las palabras de Trump.  El presidente Miguel Díaz-Canel, quien anunció el pasado 13 de marzo que Cuba había iniciado conversaciones con EE. UU. dirigidas por él mismo, ha denunciado el aumento de las amenazas estadounidenses y afirmado que “cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable”. La asfixia económica que vive la isla, a la que no ha llegado, en los últimos tres meses, ningún buque petrolero por órdenes de EE. UU., ha provocado que los dirigentes cubanos tengan que sentarse a conversar en una situación, interna y externa, muy distinta a la que permitió la normalización de relaciones entre Cuba y EE. UU. en 2015 con Barack Obama al frente de la Casa Blanca.

A la situación económica, ya de por sí precaria por tener que lidiar todavía con los estragos que dejó el Período Especial; las décadas de bloqueo económico; las acciones de la primera administración Trump revirtiendo el deshielo diplomático con Cuba, activando el título III de la Ley Helms-Burton e impidiendo de nuevo el incipiente turismo estadounidense hacia la isla; o el impacto de la pandemia en ese mismo sector turístico, fuente esencial en los ingresos del país; se suma ahora el quiebre de la relación con Venezuela, uno de sus principales proveedores de energía. Esto, junto a diversos problemas endógenos de gestión y de las características estructurales del modelo económico cubano, ha derivado en apagones constantes que han paralizado, en buena medida, la actividad del país.

La presión de Washington a diversos países afines en la región para que pusieran fin a sus acuerdos de cooperación médica con Cuba ha dado como resultado el fin de las brigadas médicas cubanas en Honduras, Guatemala, Paraguay, San Vicente y Las Granadinas, Bahamas, Antigua y Barbuda, Jamaica o Guyana, cerrando esta vía de entrada de divisas para el Estado cubano. 

La activación de una solidaridad internacional insuficiente

Esta nueva fase de agresión a Cuba ha activado, como no podía ser menos, la solidaridad con la isla. Diversas iniciativas se han puesto en marcha desde los colectivos sociales y políticos que llevan décadas apoyando a la Revolución Cubana y denunciando el bloqueo frente a la falta de acción de los Estados, a pesar de su voto favorable en 33 resoluciones de condena a su existencia en la Asamblea General de la ONU. Algunos activistas ya han llegado a La Habana y está previsto que el 21 de marzo toda esta solidaridad, ideada inicialmente en forma de Flotilla que rompiera simbólicamente el cerco naval petrolero, confluya en un gran acto en el Malecón. El Nuestra América Convoy a Cuba es una campaña necesaria y meritoria, como todas las que hacen los denodados militantes de la solidaridad con Cuba, conformada en muchos países por cuadros comunistas que cargan en sus espaldas décadas de lucha en todos los frentes. 

Atender la crítica situación económica que padece la población cubana, llevando alimentos, productos higiénicos, medicamentos o cualquier otra ayuda, parece una medida urgente en estos momentos. En estos últimos meses hemos visto, además, acciones del Gobierno de México enviando ayuda humanitaria, ante la prohibición de enviar petróleo por parte de EE. UU., a China enviando toneladas de arroz o a un expresidente mexicano como Andrés Manuel López Obrador que ha salido de su retiro para proponer una campaña de acopio de ayuda a Cuba. 

Pero no hemos visto a ningún Estado capaz de confrontar las agresiones de EE. UU. desafiando sus amenazas, que parecen haberse convertido en órdenes mundiales que se acatan sin remedio. La extraterritorialidad con la que la súperpotencia impone desde hace décadas su voluntad al resto del mundo, sea con leyes, chantajes económicos o bombas, es preocupante y ahí deberíamos mirar. Esta geopolítica de la soledad cubana, como la definió Iramis Rosique, debería interpelar al mundo, máxime en esta fase de descomposición acelerada del orden internacional donde se abren posibilidades de construir otro tipo de relaciones entre países, y dentro de los países.

Las denuncias del presidente Pedro Sánchez sobre la guerra ilegal de EE. UU. e Israel en Irán, o su defensa enunciativa de Gaza, contrastan con su silencio ensordecedor sobre el recrudecimiento de la ofensiva de EE. UU. contra Cuba. A pesar de que Cuba fue la última colonia española en América Latina y el Caribe, un país con el que España siempre ha defendido tener estrechos vínculos históricos y culturales que trascendían las diferencias ideológicas, el presidente Sánchez no parece interesado en hablar alto y claro también en este tema.

De hecho, es lamentable que el actual Gobierno de España despache su relación con Cuba, justo en estos momentos, por la vía de la cooperación internacional, recibiendo hace un mes al canciller cubano para justificarlo después con un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores donde se aclaraba que se trataba de una reunión “a petición de éste”, se mostraba preocupación por “la situación de las empresas españolas en el país” y ni siquiera se llamaba al bloqueo por su nombre sino que se usaba el término preferido por EE. UU.: “embargo”. Una posición asistencialista, por lo demás teñida de interés empresarial, que empaña el vínculo político.

Trascender la solidaridad y luchar por el socialismo 

Sin duda, la solidaridad de los pueblos que suple lo que sus gobiernos no hacen conmueve y es imprescindible como medida de urgencia para Cuba. Pero la clase trabajadora y los pueblos organizados necesitamos otras vías de relación con el pueblo cubano que no pasen por una cooperación asimétrica en la que Cuba recibe un poco por lo mucho que ha aportado, en lo simbólico y en lo tangible, a las luchas de liberación del mundo y a nuestra inspiración revolucionaria.

Por eso, la mejor manera de ayudar a Cuba es haciendo que el socialismo sea el modelo político que guíe también nuestros respectivos territorios. Puede sonar muy utópico o aparecer muy distante en el horizonte de posibilidad, pero es la única manera de no relegar a los cubanos, ni a ningún pueblo que ose desafiar a EE. UU., a este aislamiento de facto que facilita el hostigamiento colectivo por haber decidido autodeterminarse fuera de la lógica del capitalismo. 

Para ello, quizás podríamos empezar dando pequeños pasos. Por ejemplo, realizando un ejercicio más sencillo que pasa por no negar la legitimidad del sistema político cubano, tildándolo de “régimen” o de “dictadura”. Eso nos llevaría a tener perspectiva histórica y entender que el socialismo fue el que permitió que una pequeña nación insular, periférica y dependiente, pudiera desarrollarse económicamente logrando niveles de vida para el conjunto de su población, inimaginables para sus vecinos del Caribe. Una situación que cambió con el fin de la Unión Soviética y el bloque socialista, contrapeso geopolítico que sirvió para equilibrar el poder en el sistema internacional, pero también para abrir espacios a que los pueblos del mundo pudieran luchar con el respaldo de un Estado que –no sin contradicciones o sin ejercer su propia represión– fue un ejemplo de cómo enfrentar al imperialismo estadounidense, el colonialismo y la voracidad capitalista.

En definitiva, nuestra primera tarea es entender que Cuba no ha llegado a este punto crítico por el “fracaso del socialismo” sino, más bien, por todo lo contrario, porque falta más socialismo en el mundo que arrope a Cuba en su lucha, que es la de todas. 

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Cuba, entre el desastre de la economía y el bloqueo petrolero: “Eres tu propio país” 

23 Febrero 2026 at 07:00

LA HABANA // “El humo afecta, mancha bastante. Si no tienes más de una hornilla, demoras el doble en realizar todas las labores”. Así describe Raúl González* su rutina para cocinar con carbón. “A la hora de apagar, no se le echa agua; el agua le quita su capacidad de combustión y después es muy difícil de encender”. Entonces la llama simplemente se deja morir, o se le echa tierra, explica. El proceso completo le toma entre 40 minutos y tres horas. 

Raúl es estudiante de la Universidad de La Habana, y ahora está de vuelta en su provincia, Pinar del Río, desde que, a principios de febrero, la educación superior pasó a la “modalidad semipresencial”. Esta fue una de las primeras medidas anunciadas por el Gobierno cubano tras la orden ejecutiva del presidente estadounidense, Donald Trump, que amenaza con aranceles a los países que envíen petróleo a Cuba

“Semipresencial” significa que estudiantes como Raúl deberán utilizar una plataforma online para acceder a materiales docentes y continuar el curso escolar. Sin embargo, las pocas horas diarias de electricidad también limitan esta alternativa –los mismos apagones que han dejado casi inutilizados sus equipos electrodomésticos y lo obligan a cocinar con carbón desde hace más de dos años–. 

Mientras, en La Habana, la reducción drástica del transporte resulta uno de los efectos más evidentes de la carencia de combustible. Desde principios de mes se suspendió la venta de gasolina en pesos cubanos; sólo se oferta en dólares, hasta 20 litros por cliente, y mediante un sistema digital que traslada a la virtualidad las filas en las gasolineras. Taxis colectivos que cubren rutas fijas han comenzado a cobrar el doble de los precios habituales

“A ver cómo nos vamos a mover a partir de ahora”, comentaba días atrás Javier Reyes, un mototaxista de la aplicación La Nave. La vez anterior que consiguió gasolina en el mercado informal estaba a 900 pesos cubanos, pero ya el precio andaba sobre los 2.500 pesos por litro (unos cinco dólares). Meses atrás, el litro costaba 400 pesos. “Ya no compro más”, afirma Javier. Como medida individual de contingencia, empezaría a hacer los mandados de su casa en bicicleta. 

Glenda Estévez*, madre de una niña de seis años, también dejó su carro parqueado y va a todas partes pedaleando. Sus jornadas de trabajo en una empresa mixta se han reducido a un día por semana, todavía sin afectaciones al salario. Previendo un eventual aumento de la escasez, ha ido creando su propia reserva de comida. 

La hija de Glenda sigue asistiendo diariamente a la escuela, aunque a veces ha recibido “clases” de niñas de cuarto, quinto o sexto grado que pertenecen al círculo de interés pedagógico. “Ayer había sólo tres profesoras para toda la escuela. Las otras no pudieron llegar”, cuenta. “[Los maestros] son los que más están soportando esta desgracia”. 

Un viraje reciente de las autoridades permite que las micro, pequeñas y medianas empresas privadas (mipymes) importen combustible, hasta ahora prerrogativa de las entidades estatales. No obstante, el potencial beneficio de esa opción está por verse. 

Yonny Osmel Pérez, socio de la mipyme Vera & Jhon SRL, de Baracoa, Guantánamo, inició las gestiones de importación (sólo autorizada para autoconsumo), pero el proceso parece ser “demorado y burocrático”. 

“No hay experiencia ni conocimiento [en esta área], lo que puede generar desde estafas hasta incendios. Luego, se debe evaluar el alcance de las acciones del Gobierno de Estados Unidos contra nosotros los privados”, señala. 

Las afectaciones a su negocio, que incluye una cafetería-restaurante, un taller de impresión y una tienda mixta, comenzaron antes del bloqueo petrolero a la isla. Por ejemplo, durante el año pasado los apagones de hasta 20 horas seguidas le impidieron elaborar alimentos y enfriar las bebidas. 

Han utilizado carbón, estaciones portátiles de carga y generadores eléctricos a base de gasolina. Por último, decidieron invertir en la instalación de paneles solares. Sin embargo, el empeño o la resiliencia no superan ciertos límites que impone la realidad. 

“Casi estamos parados, en cero. Hace más de un mes que no hemos podido ir a La Habana a buscar mercancías por la falta de combustible. Trasladar un contenedor con pollo desde el puerto de Mariel hasta Baracoa (más de mil kilómetros) antes me costaba entre 500.000 y 750.000 pesos. Ahora estamos ofreciendo entre 2,5 y tres millones de pesos, y [aun así] no aparece el combustible”.  Y si al principio de la cadena logística aumenta el costo, al final lo paga la gente. Productos como el pollo, el aceite y la leche en polvo ya aparecen más caros. 

Este dilema adquiere proporciones nacionales porque Cuba importa el 80% de los alimentos que necesita. Tras décadas de sanciones estadounidenses y políticas económicas fallidas, la agricultura aporta una fracción del consumo, y la industria se encuentra obsoleta o paralizada. Se importa hasta el azúcar, en un país de tradición cañera; y la sal, a pesar de tener más de cinco mil kilómetros de costa. 

A su vez, se dificulta transportar viandas y vegetales frescos del campo a las ciudades. El vendedor de un puesto de hortalizas en el municipio Playa, oeste de La Habana, afirma que su proveedor está intentando adquirir el petróleo para traer el próximo envío. “Hace falta que lo encuentre porque, si no, vamos a tener que dedicarnos a otra cosa… a vender plantas ornamentales”, augura. 

Por otro lado, la canasta básica que entrega el Estado se ha encogido radicalmente en los últimos años. En la capital, la ración correspondiente a febrero comprende una libra de azúcar y 10 onzas de chícharos por consumidor, y un kilogramo de leche en polvo para niños de hasta dos años. 

Todavía algunos municipios aguardan recibir las tres libras de arroz y 1,5 libras de azúcar pendientes del mes de enero. Para abril, se espera que los subsidios cubran a los grupos más vulnerables y no a los productos, sin mayores detalles respecto a qué criterio se utilizará para designar qué personas y mercancías. 

Desde la entrada del hospital Comandante Manuel Fajardo se nota la reestructuración de los servicios de salud. Donde solía haber un gentío, apenas transitan o esperan algunas personas. “No se están dando turnos”, rezonga tras la ventanilla una señora delgada. “Para ninguna consulta”, aclara a alguien más que se acerca a preguntar. 

Cómo está siendo la atención sanitaria

Según la información oficial, se mantiene la atención sanitaria básica, con prioridad para las urgencias médicas, la salud materno-infantil y el programa de cáncer. Incluso si la reconfiguración alcanza a amortiguar el problema del combustible, no cambia un estado de cosas plenamente asentado. 

Hace poco Carmen Alfonso, ahogada por el asma, fue a su policlínico local, en el municipio Marianao, buscando mejorarse con un aerosol. “¿Trajo la boquilla?”, le preguntaron. Como no la tenía, regresó sin alivio alguno. 

La escena le recordó a otra similar, hace tres o cuatro meses. Su hermana, paciente de cáncer, necesitaba una prueba cardiovascular y, cuando ya les tocaba, la técnica les preguntó si habían llevado los electrodos. 

“El individualismo impera –reconoce Glenda Estévez*, resignada– . Toca tener tu propia luz, tu propia agua, tu propia escuela, tu propio combustible. Eres tu propio país. Y no puedes ocuparte del otro, porque a duras penas estás sobreviviendo tú”. Ahora la hermana de Carmen necesita una tomografía, pero les dijeron que el somatón está roto.

Entretanto, aflora una retórica encendida que recuerda a los años sesenta. “Estamos en guerra, somos una plaza sitiada”, remataba el conductor de un programa de televisión que se presenta como “contrapropaganda comunista”. 

Aunque se pospuso la Feria del Libro, se mantiene el Festival de la Salsa, en marzo. Si bien las calles lucen vacías, dentro de las Casas de la Música la vida sigue. 

Raúl González*, el estudiante de la Universidad de La Habana, relata que, con el paso de los días, en Pinar del Río han ido cerrando centros de trabajo estatales y desaparecen productos de los mercados privados, sobre todo el aceite. 

Él y sus abuelos se sostienen con el dinero que envían sus padres de fuera. En el futuro, reunirse con su mamá, en Uruguay, o con su papá, en México, lo ubica en la senda migratoria de otros tantos jóvenes cubanos. “Cuando me gradúe será. Mientras, no”.

*Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de las personas entrevistadas.

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Estados Unidos quiere “comprar” Groenlandia

7 Enero 2026 at 11:25
Por: La Marea

Envalentonado tras la intervención militar en Venezuela, Donald Trump ha señalado su próximo objetivo: Groenlandia. Este territorio, largamente codiciado por el mandatario estadounidense, alberga petróleo, gas, oro, uranio y materias primas críticas (litio, tierras raras, etc.). Como ocurrió en Venezuela (o en Irak en 2003), la excusa oficial para atentar contra la soberanía de un país extranjero no es explícitamente el saqueo de sus recursos naturales: en un comunicado oficial, la Casa Blanca declara que ambiciona el control sobre la isla para disuadir a sus «adversarios en la región del Ártico».

Los líderes europeos, reunidos ayer en París y conocedores de la táctica estadounidense, recordaron a Trump que Groenlandia es un territorio dependiente del Reino de Dinamarca y que, como miembros de la OTAN, todos juntos defenderán la isla de esos «adversarios» tan temidos en Washington. «Corresponde a Dinamarca y Groenlandia, y solo a ellos, decidir sobre los asuntos que conciernen a Dinamarca y Groenlandia», afirmaron los líderes de Francia, Alemania, Italia, España, Polonia, Reino Unido y Dinamarca. Aunque débilmente, es la primera vez que Europa alza su voz contra las ansias expansionistas de Trump.

En este sentido, el mandatario más contundente en sus críticas fue el español Pedro Sánchez: «No podemos aceptar que se amenace explícitamente la integridad territorial de un Estado europeo como es Dinamarca. No podemos aceptarlo y no lo vamos hacer, ni como país ni como gobierno. No nos vamos a callar».

El presidente estadounidense, por su parte, en unas declaraciones a bordo del Air Force One, afirmó que se hará con el control de Groenlandia «en unos dos meses» o quizás antes, «en 20 días». Su primera opción es comprarla, como indicó el secretario de Estado, Marco Rubio, en una reunión con senadores de Estados Unidos. De este modo, replicaría el modelo por el cual se hizo con el control de Alaska en 1867. Y si eso falla, optarán por la vía de las armas. «El presidente y su equipo están discutiendo una gama de opciones para alcanzar este importante objetivo de política exterior y, por supuesto, utilizar el ejército estadounidense es siempre una opción a disposición del comandante en jefe», indicó la Casa Blanca en un comunicado.

«El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado», declaró ayer Trump, quien en su hiperbólico estilo ensalzó el poderío militar de su país. Lo mismo hizo Rubio, descendiente de emigrantes (no exiliados) cubanos que tiene entre ceja y ceja la invasión de la isla caribeña. «Si yo viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado», aseguró tras el secuestro de Nicolás Maduro el pasado sábado.


El presidente
norteamericano
, en cualquier caso, tiene menos prisa que Rubio a la
hora de asaltar Cuba. Trump ya ha expresado públicamente que confía en que el gobierno cubano caiga por sí solo tras cortarles el
suministro de petróleo
que recibían desde Venezuela. La grave crisis económica que vive la isla, causada en gran medida por el embargo estadounidense, ha llevado a su gobierno a sondear a otros posibles aliados. Sus primeros contactos han sido con la República Islámica de Irán.

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Los «megas» de Cuba

10 Junio 2025 at 09:20
Por: JDF

1.

El acceso a internet en Cuba marca la vida cotidiana del país desde los años 2018 y 2019. Ya en 2020 y 2021, con la pandemia de Covid-19, buena parte de las prácticas de socialización tuvieron el ámbito digital como el básico —y a veces único—.

Las redes virtuales devinieron, con fuerza, una «plazuela electrónica», una «ciber-esquina caliente». En diferentes escalas, la existencia ―de facto― de una «esfera pública supletoria» se multiplicó y diversificó. Incluso la consigna y aspiración de un «gobierno electrónico» recibió la venia de las principales autoridades del país.

Pero, en rigor, nada de eso es «nuevo». Algo similar vivimos, por ejemplo, con la llamada guerrita de los emails, hacia 2007, cuando un grupo de intelectuales protestaron por esa vía ante la aparición en televisión nacional de personajes que protagonizaron el «quinquenio gris».

Ya entonces Desiderio Navarro hablaba de esa «esfera pública supletoria» —a saber, el ámbito digital— ante la «inactividad e inoperancia de los espacios de expresión o debate… ya existentes».[1]

Pues bien, esa esfera pública supletoria ha vuelto a hacer acto de presencia como medio de expresión del descontento popular ante el reciente aumento de precios decretado por la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA).

Dicha esfera mantuvo su condición de suplente porque, salvo momentos como el debate constitucional, el referendo sobre el Código de las Familias o las jornadas que siguieron a julio del 2021 ―en todos los casos con una sostenibilidad limitada en el tiempo―, la riqueza de discusiones acontecidas en espacios de expresión o debate —tanto institucionales como públicos— ha sido sepultada por la incapacidad vinculante de las organizaciones sociales en que tales discusiones suceden. «La inactividad e inoperancia de los espacios de expresión o debate… ya existentes», por tanto, se ha agravado hasta el estado de coma. Ello no acusa, empero, la muerte de la capacidad crítica del pueblo de Cuba, de pensar con cabeza y corazón propios los desafíos de su proyecto social, antes bien señala la ya crónica debilidad del tejido político cubano.

Por estos días regresa ―una vez más― el espacio digital «sustituto» para desafiar lo inoperante. Con alcances sociales diferentes, hoy le ha tocado el turno a ETECSA. Obligados por la protesta social, la propia Empresa y los directivos del Ministerio de las Comunicaciones han debido reaccionar con comparecencias en espacios informativos, incluido el de la Mesa Redonda; se han organizado encuentros en los planteles estudiantiles, principalmente universitarios; y a través de la red virtual X se han pronunciado algunos de los principales dirigentes del país. Sin embargo,

esos modos de transmisión de mensajes —más que de comunicación— han mostrado que no pueden ser «sustitutos» de los canales de comunicación directa con la gente, no solo porque sus naturalezas difieren, sino porque la eficacia de las discusiones cara a cara y masivas con la ciudadanía, no ha podido ni podrá ser superada por ágoras virtuales.

Un detalle de interés es que, como en algunas de las recientes discusiones con el sector del arte y la literatura, han sido dirigentes mujeres quienes han debido responder de manera más directa, sin mediaciones digitales, a las demandas planteadas, lo cual contrasta con el hecho de que la mayor parte de la dirigencia del país está compuesta por hombres.

2.

En medio de la discusión actual sobre las tarifas de ETECSA, es importante considerar que el debate no es meramente «económico», si de una economía con horizonte socialista hablamos, sino esencialmente político.

O, para decirlo de manera resumida, su contenido económico ―para lo que nos interesa aquí― radica en el impacto para la reproducción de la vida de los millones de cubanos que se «conectan» a través de esa empresa. Si el socialismo continúa siendo la orientación del movimiento social, del cual el gobierno es y ha de ser parte servidora —y, ojalá, parte guía—, y si convenimos que el horizonte socialista domina —pero no se somete— a la economía, que adquiere, bajo la égida de aquel, funciones nuevas, entonces, resulta incontestable la significación política de los hechos recientes en Cuba. Decir lo contrario es guardar complicidad con el aplazamiento y ocultamiento de discusiones que nos debemos como sociedad, sobre el modo en que se administra la riqueza producida en común.

Este no es un problema técnico: es un problema político.

No lo va a resolver la economía realmente existente, es decir, la economía capitalista. No lo van a resolver los indicadores al uso, ni la ciencia al uso, ni el pensamiento al uso, ni las conductas al uso. Lo va a resolver el pueblo, con su inventiva e histórica disposición a reformular el pacto social.

Muchas interrogantes atraviesan los problemas de las relaciones económicas —que son relaciones de producción y reproducción de la vida, y que, por consiguiente, no le conciernen de manera exclusiva a los economistas profesionales— y la participación del pueblo en el control y conducción creciente de dichas relaciones en su favor, si de un proyecto de transición socialista se trata. Una de dichas interrogantes es la rentabilidad.

En la última década —como expresión de la confluencia entre crisis económica y crisis político-cultural que algunos se empeñan en negar― el discurso de los dirigentes del país y una parte de los economistas acude una y otra vez al argumento de la rentabilidad. Desde esa noción se defiende la tan cuestionada reforma —¿comercial?— de ETECSA.

Cabe preguntarse si, de acuerdo con el pacto social que sostiene al Estado cubano desde 1959, la rentabilidad es un criterio absoluto.

¿Qué debe ser rentable y para qué en Revolución? ¿Cómo se financian los derechos conquistados que no admiten sometimiento a las lógicas del mercado? ¿Cuáles se asumen como derechos y qué estrategias necesitan para sobrevivir en su cualidad de «conquistas»?

No son preguntas que se puedan responder desde oficinas. No son preguntas que consideraciones tecnocráticas puedan satisfacer o cuyas respuestas puedan regularse desde ese lugar, porque, según el pacto social de la Revolución, hay respuestas que solo le corresponde dar y decidir al pueblo. A los técnicos y administradores les correspondería, en todo caso, «traducir» el reclamo popular en modos factibles de garantizar y proteger los derechos conquistados. Es en ese trabajo de «traducción» —y no en optar por otro idioma: el de la rentabilidad en este caso— donde recae el mandato que les delega el pueblo.

El proyecto revolucionario ha vivido de convertir las necesidades en posibilidades; no de plantearse qué es posible, con independencia de lo necesario. Si la pregunta que prima es la de las posibilidades, entonces, bajo las condiciones que impone el capitalismo, no es posible la justicia social, no son posibles la libertad ni la democracia popular, no es posible la revolución, ¡no es posible Cuba!

Vale la pena recordar la advertencia de Fidel, que no fue tecnócrata ni administrador, en su «Proclama» del 31 de julio del 2006: «Los fondos correspondientes para estos tres programas, Salud, Educación y Energético, deberán seguir siendo gestionados y priorizados, como he venido haciéndolo personalmente».[2] Consciente como era de que los dólares no entienden de dolores; de que hay bienes y causas que son incomprables, incosteables e intangibles —¡qué bueno!— para la lógica de la ganancia, Fidel era intransigente al sustraerlos de cualquier esquema basado en la rentabilidad, donde para sobrevivir esos bienes tuviesen que alterar su misión, su naturaleza, su cometido.

Fidel entendía que los recursos dinerarios para el sostenimiento de las conquistas más caras -en los dos sentidos del vocablo- del pacto social revolucionario había que sacarlos de otra parte.

Ciertamente, la de ahora no es una pelea por la rentabilidad de la salud o la educación —pese a que la clase, el territorio y los recursos monetarios cada vez recortan más, de facto, las posibilidades de acceso a ambas conquistas, las cuales, por cierto, han sufrido progresivos recortes disfrazados de «redimensionamiento»—. Tampoco se trata de una pelea por la rentabilidad de la energía ―pese a que en el incremento de la demanda sobre un sistema tan deteriorado no participan por igual el jubilado que abanica sus esperanzas de rentabilidad y los dueños de negocios, probadamente «rentables»—.

El asunto es que ETECSA no es solo una empresa, sino, sobre todo, una instancia que media el acceso de la ciudadanía a la información y la comunicación.

Entender tal acceso como conquista requiere darnos una discusión que no hemos tenido y que alteraría por completo el abordaje del actual problema de las tarifas.

3.

Tres significantes de interés acompañan la definición de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba: «empresa», «estatal» y «socialista». Como se desprende de lo dicho hasta ahora, uno de esos significantes ―el empresarial― tuerce el brazo de los otros.

Si sostenemos que el enfoque no puede ser solo económico, consideramos también que no debe constreñirse a la perspectiva jurídica individualizada. Enciende las alarmas que una parte de los reclamos se centre en el «cumplimiento de los contratos firmados con ETECSA», como si la aspiración cultural del proyecto que triunfó en 1959 se basara en la conformación de acuerdos individuales. Es otra expresión ilustrativa de la actual crisis y de la laceración del pacto social revolucionario, donde el bien colectivo fue siempre lo primordial.

Quienes gusten de los documentos contractuales, pudieran ir al Artículo 18 de nuestra Constitución: «En la República de Cuba rige un sistema de economía socialista basado en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como la forma de propiedad principal, y la dirección planificada de la economía, que tiene en cuenta, regula y controla el mercado en función de los intereses de la sociedad».[3] ¿Acaso no es el terreno de los derechos a la información y la comunicación uno de especial interés social, en el que resulta central el control del mercado? O al Artículo 24: «La propiedad socialista de todo el pueblo incluye otros bienes como las infraestructuras de interés general, principales industrias e instalaciones económicas y sociales, así como otros de carácter estratégico para el desarrollo económico y social del país».[4] ¿Acaso no es la red de ETECSA una infraestructura de interés general? ¿No es evidente que tiene un carácter estratégico para el país?

Las razones económicas de la ruina de una empresa como ETECSA, rentable en su momento, generan otra pregunta: ¿hasta cuándo va a persistir la política de parches y enmiendas? Lo de ETECSA, como el pseudomercado cambiario, la bancarización y las «medidas para corregir distorsiones» han derivado en eso: parches, abordajes parciales e incompletos, trocitos de esparadrapo para sostener la grieta en el muro. Los parches son como los árboles que, parafraseando al Che, impiden mirar al bosque.

Tenemos una política económica que ha privilegiado, en la práctica, la acumulación por la vía de la comercialización y no del fortalecimiento de capacidades productivas, que ha premiado a quienes compran fuera y revenden dentro, que ha hecho de las inversiones en el sector del turismo una onerosa carga —con muy bajo rédito, si de rentabilidad hablamos— frente a necesidades apremiantes. Esa política económica, digámoslo de una vez, ha tenido innumerables costos y casi ningún beneficio.

Ella ha venido configurando el escenario en que los trabajadores cubanos no se sienten compelidos a cuestionar la grosera explotación de sus «empleadores» privados, pues ella les permite niveles de ingresos superiores al empleo estatal. Esa política económica —cuyos peores efectos son reforzados por la política agresiva de los Estados Unidos, una de cuyas expresiones es el bloqueo— los ha compelido a elegir entre la miseria estatal y la explotación privada. Y ha logrado que se confundan campesinos e intermediarios, importadores mayoristas y revendedores minoristas, empleados y empleadores bajo la categoría de «actores no estatales», como si la economía se tratara de una comedia o de una farsa teatral.

En suma, los efectos unitarios de la política económica obran en contra del consenso socialista. Ni la empresa estatal socialista, ni el sector privado, ni las cooperativas, ni la ciudadanía:

todos somos castigados y limitados de un modo u otro por el arreglo macroeconómico resultante de la Tarea ordenamiento, aunque, parafraseando a George Orwell: unos son más castigados que otros.

A propósito, con respecto al fracaso de la Tarea ordenamiento, hemos adolecido la ausencia de una autocrítica integral, honesta y pública en alguno de los órganos políticos colegiados de nuestro país. Y esto tampoco es un problema técnico de la economía: es un problema estrictamente político.

El discurso económico oficial de los últimos quince años bautizó al turismo como «la locomotora de la economía». En términos concretos, ello significaba que dicho sector debía garantizar una rentabilidad global del sistema que permitiera sostener el mal llamado «gasto» social, es decir, aquellos sectores esenciales para el sostenimiento del pacto de la Revolución. Orientado por esa hipótesis, el Estado ha mantenido como prioridad la inversión turística, en detrimento del resto de los sectores productivos, como la ciencia o la agricultura.

Todavía en 2024, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) indicaba que el turismo y la hostelería seguían siendo prioridad al haber captado el 37,4 por ciento de la inversión estatal. Nada indica hoy que persistir en esa estrategia sea sensato si tenemos en cuenta los pobres resultados del sector. Quizás algo de ese dinero pudo usarse en hacer a ETECSA una empresa más rentable, de manera que su modelo de negocios no terminara circunscribiéndose de un modo tan grotesco a mendigar divisas de los emigrados cubanos. Quizás parte de ese dinero pudo emplearse en acelerar la transición energética hacia una mayor capacidad de generación con fuentes renovables de energía o hacia el mejoramiento de las termoeléctricas —a fin de cuentas, sin energía tampoco es viable el turismo—.

Todo eso nos lleva a otra cuestión absolutamente política en torno a la conducción de la economía nacional.

¿Cómo, dónde y con quiénes se deciden las prioridades de inversión? ¿Cómo, dónde y con quiénes se decide en qué se usa el dinero del pueblo de Cuba?

Son asuntos de nación que atañen a todos.

Las preguntas tienen mayor resonancia si se piensa en la manera de hacer política económica en tiempos de Fidel.

Hay, en efecto, una forma revolucionaria de imponer decisiones económicas difíciles y, a la vez, acordarse integralmente de los más humildes y perjudicados, sin dejar de asumir toda la responsabilidad por una medida obviamente impopular.

Rememorar esa forma de hacer política — de hacer revolución — no es arqueología, aunque a estas alturas del partido, aquello parezca que fue hace muchos años; es señalar que hay una cultura política de la Revolución, que es la que resuena, por ejemplo, entre las jubiladas o entre la juventud.

5.

Hasta aquí insistimos en llevar la discusión al ámbito de la política. Pero existe otra arista: ETECSA no es un ente aséptico en el escenario cubano. Un grupo de condicionantes debieron considerarse antes de adoptar una medida previsiblemente impopular, que afecta de manera directa políticas promovidas o reconocidas por el Estado. Tal es el caso de la promoción del trabajo a distancia —que en las condiciones de deterioro de infraestructuras, transporte, servicio eléctrico, etcétera, se ha vuelto necesario—, o de la reconocida necesidad de hacer políticas para las juventudes —no es necesario insistir mucho en la sensibilidad que para este grupo tiene el acceso a la información y la comunicación, como un derecho ganado—.

No obstante, la salida «gremial» en las actuales circunstancias es un tiro en el pie. Si la protesta se encamina por soluciones para todos y todas, lejos de impugnarlas, deberían celebrarse como una manifestación saludable de resistencia frente al individualismo rampante en nuestra sociedad. Conocemos de sobra las amenazas internas y externas que tendremos que encarar, pero ellas no nos pueden marcar la agenda. Sabemos que han existido, y seguirán ahí, los surfistas de la fuerza colectiva, que buscan instrumentalizarla para que ella les conquiste lo que sus grupos de pertenencia no pueden, pero ansían. Suprimir por los surfistas de la tabla corta el debate, llamar por ellos al orden a las ideas revolucionarias —que no tienen manual para expresarse—, hacer moción al espíritu comunista por el concierto normalizador de las relaciones internacionales, nada de eso enaltece la tradición heroica del pueblo cubano, ni hace honor a la mayoría de edad de ese pueblo para conducir su propio destino.

Si la agresividad del imperialismo y sus lacayos es impedimento para que Cuba sea una democracia socialista, ya fuimos derrotados.

6.

El pueblo de Cuba no se dio órganos colegiados y organizaciones políticas en Revolución para ritualizar al Estado ni para adornarlo: se los dio como vehículo de una democracia de los humildes, para hacer valer sus intereses en el camino de resolver las muchas contradicciones que surgen en el empeño de hacer a un país independiente en medio de la agresión imperialista.

Entre esas contradicciones, es importante identificar cuándo ha de tomarse una medida audaz. A lo largo de estos más de sesenta años, han sido muchas. En la mayoría de los casos, la audacia de la medida se definía a lo largo del proceso pedagógico, participativo y de consulta que se echaba al ruedo. Hoy, los amagos «pedagógicos» acaecen tras la asonada del látigo social, para intentar contenerlo, para intentar contener en él cuanto de revolucionario y rebelde le debe a la historia que lo formó, de la que es hijo. Si el pueblo de Cuba tiene que llegar a hacer la revolución «por cuenta propia», lo hará, sin duda. Los estudiantes universitarios y no pocos profesores están dando pruebas dignísimas.

Tal vez, como nunca antes, es más duro levantar un parlamento en una trinchera. Y, sin embargo, como siempre, sigue latiendo en este pueblo la sabiduría rebelde y el legado socialista que ningún poder ha logrado extinguir: ahí reside nuestra fuerza.

Notas:

[1] Navarro, Desiderio: «¿Cuántos años de qué color? Para una introducción al Ciclo», en La política cultural del período revolucionario: memoria y reflexión, Centro Teórico Cultural Criterios, 2007, p. 17.

[2] Castro Ruz, Fidel: «Proclama del Comandante en Jefe al pueblo de Cuba», Granma digital, <https://www.granma.cu/granmad/secciones/siempre_con_fidel/art-021.html>. Consultado 04/06/2025.

[3] Constitución de la República de Cuba, en http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2019/01/Constitucion-Cuba-2019.pdf. Consultado 04/06/2025.

[4] Ídem.

Fuente: https://medium.com/la-tiza/los-megas-de-cuba-bfd46a9cb037

Redes sociales, uno de los principales flancos de ataques contra Cuba

3 Junio 2025 at 09:55
Por: JDF

No hay una sola información oficial de las autoridades de la isla caribeña que no sea manipulada o tergiversada en las plataformas digitales, que mienten a diario y llaman a la desobediencia civil, y la violencia.

La ofensiva desesperada hacia Cuba en los diferentes medios sociales, entre ellos Facebook y X (antiguo Twitter), tiene su principal cuartel en la ciudad estadounidense de Miami, un viejo enclave terrorista, además de en varias capitales europeas, entre ellas Madrid, España.

Mercenarios de origen cubano reclutados y financiados por Washington son los principales protagonistas de esas acciones subversivas dirigidas a desestabilizar y crear el caos en el decano archipiélago antillano.

Tras el regreso del mandatario Donald Trump a la Casa Blanca y el nombramiento del rancio anticubano Marco Rubio como su Secretario de Estado, las embestidas en las redes se han intensificado, aprovechando la compleja situación económica que vive la nación caribeña por causa del bloqueo que le arrecia Washington.

Tan es así que a esas agresiones se ha sumado el encargado de negocios de la embajada de EE.UU. en La Habana, Mike Hammer, violando la Convención de Viena sobre las Relaciones Internacionales.

Hammer y su legación han incitado a ciudadanos de la isla a cometer actos delictivos de marcada gravedad, atentar contra el orden constitucional o estimularlos a enfrentarse a las autoridades, entre otras conductas provocadoras.

Por ese comportamiento injerencista, el citado diplomático de Washington, cercano colaborador de Rubio (dime con quién andas y te diré quién eres), fue convocado este 30 de mayo por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba en protesta por su proceder irrespetuoso.

Ante esa actitud hostil, la mayoría del pueblo cubano es partidario de que el jefe de la legación de EE.UU. sea expulsado de La Habana de continuar con su cólera.

Por cierto, reportes trascendidos en los últimos días refirieron que Hammer, durante su etapa de embajador en África y luego enviado especial del Departamento de Estado para el cuerno africano, estuvo vinculado a grupos terroristas.

Cincuenta años sin Roque, pero con Roque

29 Mayo 2025 at 07:20
El poeta revolucionario salvadoreño Roque Antonio Dalton García iba a celebrar su cumpleaños número 40 el 14 de mayo de 1975. La mentira, la infamia y la envidia lo impidieron

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Otra guerra encubierta y venenosa contra Cuba

27 Mayo 2025 at 09:46
Por: JDF

En su empeño por derrocar a la Revolución cubana, el régimen de turno de Washington le ha intensificado su criminal cerco económico, comercial y financiero con todo tipo de medidas y sanciones, le desata intensas cruzadas mediáticas, y utiliza a sus diplomáticos en La Habana para interferir groseramente en los asuntos internos de la isla.

Pero como si fuera poco, EE.UU. está apostando al mismo tiempo por los estupefacientes con el propósito infectar la sociedad de la nación caribeña, especialmente a sus adolescentes y jóvenes.

Utiliza para ello a inescrupulosos traficantes de drogas que por diferentes vías tratan, y no en pocos casos lo consiguen, introducir esas malignas sustancias, a pesar de la batalla que libran las autoridades del decano archipiélago antillano por impedirlo.

Desde el mismo triunfo de su Revolución, el 1 de enero de 1959, Cuba siempre ha mantenido una política de tolerancia cero ante los estupefacientes, y ha sido vanguardia y ejemplo internacional en la lucha frente a ese mal que actualmente constituye una cada vez más mortífera pandemia para la humanidad.

Como parte del enfrentamiento a ese flagelo, en la isla caribeña se están aplicando severas sanciones a ciudadanos culpables de narcotráfico.

Recientemente el tribunal provincial de La Habana impuso penas de hasta 20 años de privación libertad a tres ciudadanos que infringiendo la ley obtenían beneficios a través de la comercialización de drogas, entre ellas la cocaína.

Similares condenas fueron impuestas en marzo pasado en la central provincia de Santi Spíritus a otros cinco individuos por idénticos delitos.

Al unísono, en Cuba se desarrolla una fuerte campaña a lo largo y ancho del país para explicar a las poblaciones más vulnerables y a las familias cuan dañinos son los estupefacientes.

Es bien sabido que EE.UU. es el país mayor consumidor de drogas del mundo, y sus gobernantes conocen perfectamente que la adicción a tales productos tóxicos envenena a las sociedades, y claro que se utiliza como instrumento de dominación.

En Argel

25 Mayo 2025 at 07:29
Discurso pronunciado por el Che en el Segundo Seminario de Solidaridad Afroasiático, el 25 de febrero de 1965, en Argelia :: Su tesis revolucionaria sobre el Tercer Mundo

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Cuba y Azerbaiyán, una sólida amistad

24 Mayo 2025 at 06:00
Por: Caty R

¿Cómo se encuentra la economía de Azerbaiyán al celebrar su Fiesta Nacional este 28 de mayo?

Ruslan Rzayev.- Gracias a la visión estratégica del presidente Ilham Aliyev, Azerbaiyán ha consolidado una economía fuerte y autosuficiente. El año pasado fue otro período de éxito en el desarrollo económico del país, con un crecimiento constante a pesar de los desafíos globales. El PIB aumentó más del 4 %, un resultado positivo en el contexto actual. Sin embargo, al evaluar los indicadores económicos generales, nos centramos principalmente en el desempeño del sector no petrolero. En este ámbito, los avances han sido aún más notables, con un crecimiento superior al 6 %, demostrando el potencial de nuestra economía.

Nuestra situación financiera ha experimentado avances significativos durante el último año, destacando el aumento de nuestras reservas de divisas que crecieron en más de 5 000 millones de dólares, alcanzando hoy los 72 000 millones de dólares, cifra impresionante para un país con 10 millones de habitantes. Otro indicador clave es la relación entre el PIB y la deuda externa, la cual representa solo el 7,2 % del PIB, consolidando la estabilidad económica y la prudente gestión financiera de Azerbaiyán.

Además, la restauración de las regiones de Karabaj y Zangezur Oriental en Azerbaiyán avanza con proyectos estratégicos en agricultura, energías renovables y turismo, que también impulsarán el crecimiento del sector no petrolero y fortalecerá la diversificación económica.

¿Cómo considera las relaciones entre Cuba y su país?

Ruslan Rzayev.- Las relaciones entre Azerbaiyán y Cuba se han construido sobre una base de respeto mutuo y una amistad sólida. Este año celebramos el 33º aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas, caracterizadas por una colaboración estrecha en diversas áreas. Además del diálogo político bilateral, la cooperación en foros multilaterales ha desempeñado un papel clave en la consolidación de nuestros vínculos. Las visitas reciprocas de alto nivel han reforzado aún más estos lazos, permitiéndonos avanzar en iniciativas conjuntas y fortalecer el entendimiento entre nuestras naciones. La afinidad existente representa una gran oportunidad para impulsar una cooperación beneficiosa para ambos pueblos.

¿Cómo se encuentran las relaciones de Azerbaiyán con América Latina y Caribe?

Ruslan Rzayev.- Han experimentado un fortalecimiento significativo en los últimos años, con un enfoque en la cooperación política, económica y cultural. Azerbaiyán ha trabajado para estrechar lazos con Latinoamérica mediante acuerdos bilaterales, intercambios de visitas de alto nivel, consultas políticas, relaciones interparlamentarias y cooperación en el marco de foros multilaterales.

En los últimos años, hemos ampliado la presencia diplomática en América Latina mediante la apertura de embajadas y oficinas diplomáticas en Argentina, Brasil, México, Cuba, Chile, Uruguay, Perú y Colombia. A su vez, varios países latinoamericanos, incluidos Argentina, Brasil, Cuba, Colombia, Venezuela, México y Chile, han establecido sus propias embajadas en Azerbaiyán, fortaleciendo así los lazos diplomáticos y la cooperación bilateral.

Existe un gran potencial para fortalecer las relaciones económicas, pues las oportunidades de cooperación son prometedoras en sectores como la energía, la tecnología y el comercio, áreas que pueden impulsar el desarrollo mutuo y generar beneficios para ambas regiones.

En su relación con los países del Caribe, Azerbaiyán ha demostrado un fuerte compromiso con los Estados Insulares en Desarrollo (SIDS) en el Caribe. Durante su presidencia en el Movimiento de Países No Alineados (NOAL), Azerbaiyán brindó asistencia financiera y humanitaria a más de 80 países, incluidos unos 20 del SIDS y ha sido un firme defensor en la  lucha contra el cambio climático en la región. Como anfitrión de la COP29, ha priorizado la inclusión de estos países en las discusiones globales sobre financiamiento climático y mitigación de desastres. En este contexto, se ha organizado una cumbre especial para los SIDS en el marco de la COP29 en Bakú y les ha proporcionado apoyo técnico y educativo, incluyendo becas para estudiantes en universidades azerbaiyanas, fortaleciendo así la cooperación académica y el desarrollo profesional de jóvenes caribeños.

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

Eduardo Galeano: Una entrevista con el Che Guevara

21 Mayo 2025 at 07:29
Agosto de 1964: "Estadista brillante, economista, sombrío profeta; aquel intelectual refinado que hablaba con admiración de las novelas de Carpentier y se reía del realismo socialista"

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El Che comprendió que la revolución de Cuba necesitaba un pensamiento propio, y lo elaboró

18 Mayo 2025 at 07:29
Una conferencia, una provocación y seis telegramas de Fernando Martínez Heredia, uno de los más grandes marxistas de Cuba, sobre el Che Guevara

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Capítulo del libro "Enemigo": La polémica intelectual

16 Mayo 2025 at 07:22
Fragmento del libro 'Enemigo', del escritor y ex agente de la Seguridad del Estado que se infiltró en la CIA, Raúl Capote, y entrevista con el escritor

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Cuba: la economía cambia, el Estado autoritario sigue...

Octavio Alberola
 
Aunque la historia oficial fija el inicio de la Revolución Cubana con la entrada triunfal de los Barbudos en La Habana el 1 de enero de 1959, no es hasta el 16 de abril de 1961 que Fidel Castro declara el carácter socialista de esa Revolución. Pero la realidad de la vida cotidiana de los trabajadores cubanos ha desmentido desde entonces el pretendido objetivo emancipador de esa revolución. No solo por ser el socialismo castrista una simple expresión caribeña del socialismo soviético -en realidad capitalismo de Estado- sino también por ser una excusa dialéctica de Fidel Castro y la burocracia castrista para apoderarse y mantenerse en el Poder.

Más allá de los discursos y proclamas, la realidad es que esa Revolución no ha intentado cumplir en ningún momento la promesa de erradicar la explotación capitalista ni suprimir las diferencias de clase. Por eso en Cuba los turistas y los cubanos con dólares han podido disfrutar de todo, mientras la mayoría ha vivido en la escasez y algunos hasta en la miseria desde los primeros tiempos de la Revolución hasta ahora, como lo han podido comprobar todos los que han viajado a Cuba (1) a lo largo de estos 62 años de Revolución.

Una realidad agravada durante el "Periodo Especial" -provocado por el derrumbe de la Unión Soviética- en el que los cubanos no podían entrar, y aún menos comprar, en las Diplotiendas. Esa práctica de apartheid, que llegó a abarcar mercados, hoteles, hospitales y centros de recreación, además del apartheid político. Una práctica autoritaria constante de la Revolución que ha impedido todos los cambios propiciados -desde el interior como del exterior de ella- para democratizarla y hacer posible un socialismo verdaderamente emancipador. De ahí que los únicos cambios producidos hayan sido solo los necesarios para que todo siga siendo lo mismo y sin alterar la tradicional relación entre la élite y la sociedad.

Límites y dirección de los cambios

No es pues de sorprender que los cambios -que comienzan a producirse en la década de los noventa por la caída del campo socialista y más desde que Fidel deja en 2006 la dirección del Estado a su hermano Raúl- se hayan concentrado en la esfera económica para abrir mayores espacios al mercado en la asignación de recursos. Pero solo para eliminar las excesivas prohibiciones que saturan la vida cotidiana y la administración en la Cuba "socialista", obligando a la mayor parte de la población a refugiarse en un sinnúmero de practicas sociales de supervivencia y simulación. Sobre todo durante los años del Periodo Especial; aunque el triunfo de Chávez en Venezuela incita a las autoridades cubanas a volver a privilegiar el modelo centralizado y estatizado.

Una vuelta al centralismo y a la letanía del socialismo estatista que entra de nuevo en crisis en julio de 2006 con la virtual desaparición de escena de Fidel -por graves problemas de salud- y su reemplazo provisional por su hermano Raúl, consciente de la critica situación económica y de apatía social reinantes en Cuba pese a los alegres subsidios venezolanos. Una situación, difícil de mantener, que le obliga a apelar al cambio y convocar en 2007 un "debate popular" de para fijar los Lineamientos de la Política Económica y Social de Cuba. Un debate intrascendente, pero necesario, para justificar el alcance y ritmo de los nuevos cambios que Raúl anuncia en su discurso de investidura: "En diciembre hablé del exceso de prohibiciones y regulaciones, y en las próximas semanas comenzaremos a eliminar las más sencillas".

Efectivamente, en marzo se eliminan las prohibiciones más "sencillas" y absurdas para que los cubanos puedan alojarse en cualquier hotel de su país, alquilar un vehículo o una moto de turismo y pasar sus vacaciones en un establecimiento turístico de la isla, incluido Varadero (en función de sus recursos), así como vender una propiedad sin autorización previa. Pero no es hasta 2011 que las autoridades deciden dar un nuevo impulso a la actividad por cuenta propia aprobando 181 actividades, y dos años después 201 oficios más, además de autorizar a los cubanos a salir legalmente del país por dos años sin perder el derecho de residencia. Un reformismo gradual que alcanza un nuevo hito con las nuevas medidas migratorias, de 2016 y 2018, facilitando las visitas temporales de los cubanos que salieron ilegalmente del país antes de 2013.

Hitos reformistas y aperturistas a los que hay que agregar el nuevo plan de medidas económicas anunciado por el actual Presidente de la República, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, avalado por Raúl en tanto que presidente del PCC desde que le cedió la Presidencia del Estado el 10 de octubre de 2019.

Un Plan que, además de la "unificación monetaria y cambiaria", y de eliminar la lista de actividades permitidas en el sector privado, dejándolas vedadas a solo 124 ocupaciones, se aplicará "sobre la base de garantizar a todos los cubanos mayor igualdad de oportunidades, derechos y justicia social, la cual no será posible mediante el igualitarismo, sino promoviendo el interés y la motivación por el trabajo".

La deriva de la Revolución hacia el capitalismo privado

Ante un tal balance, de los límites y la dirección en que han ido los cambios en Cuba, ¿cómo no concluir que la Revolución socialista cubana es cada vez menos socialista (capitalismo de Estado) y de más en más capitalismo privado?

Una deriva decidida por esa dirigencia frente a las propuestas y tentativas -del interior como del exterior del movimiento revolucionario- para democratizar y orientar el proclamado socialismo de esa Revolución hacia objetivos realmente emancipadores. Propuestas y tentativas rechazadas y reprimidas con igual o mayor celo que el puesto en rechazar y reprimir las de la derecha exiliada en Miami para volver a instalar en Cuba la democracia burguesa.

Una deriva que el nuevo Plan de Diaz-Canel pretende justificar con la invocación de la "eficiencia económica" y la "eliminación de subsidios excesivos y gratuidades indebidas" para poder justificar cínicamente la "transformación de los ingresos" y celebrar en "familia" el nuevo año y el 62 aniversario de la Revolución en función de las potencialidades de cada bolsillo: unos en palacetes y otros en chozas, como en cualquier país capitalista.

Las perspectivas

A pesar de los frecuentes retrocesos en la historia y de que nada permite asegurar si ella tiene un sentido, el devenir de ella parece ir hacia horizontes cada vez más democráticos y emancipadores; pero, en Cuba, nada indica que las perspectivas inmediatas sean ésas.

Sea por el efecto de los cambios producidos durante los 62 años de la Revolución o por la represión (en algunos casos extrema) de la disidencia y el éxodo masivo provocado por la imperiosa necesidad para la mayor parte del pueblo cubano de buscar cómo sobrevivir en un país en donde todo depende del Estado, en Cuba no se ha podido articular una oposición capaz de ser una alternativa real al régimen. Y aún más en estos momentos con un espectro político tan fragmentado y polarizado.

Por ello, aunque en un tal contexto se produzcan explosiones sociales y haya mucha frustración y descontento, el cada uno a lo suyo impide a las oposiciones que se manifiestan ser perspectivas realmente emancipadoras para la sociedad cubana. Tal es el caso del Movimiento de San Isidro y las movilizaciones para exigir diálogo a las autoridades, como también el de la última protagonizada por 300 cubanos -de diferentes estratos profesionales e ideológicos residentes en Cuba o en el extranjero- enviando una "Carta abierta al Presidente Joseph R. Bilden, Jr." para pedirle poner fin al bloqueo de Cuba. Una Carta, publicada por La Joven Cuba, en la que, a pesar de reconocer que "EE UU no es el único responsable de los problemas que enfrenta el país" y que aún se está lejos de "una Cuba totalmente democrática", no se dice claramente (aunque algunos de los firmantes lo reconozcan en lo privado) que es el bloqueo interno el que impide solucionar esos problemas y conseguir ese objetivo. Además de que ninguna de estas iniciativas cuestiona la deriva del capitalismo de Estado imperante en Cuba hacia el capitalismo privado. Deriva que, además de ser promovida por el sector empresarial de la Revolución, es el principal reclamo de la Oposición derechista de Miami.

De ahí que, por mucho ruido mediático que se haga en torno de tales iniciativas, no sea a partir de ellas que se abrirán perspectivas emancipadoras o siquiera democratizadoras para el pueblo cubano. No solo por no serlo la deriva hacia el capitalismo privado sino también por ser esta deriva compatible con el mantenimiento de la dictadura. Pues, aunque se dice frecuentemente que capitalismo rima con democracia, la verdad es que hay muchos ejemplos de que rima muy bien con dictaduras de todo tipo.

Ante tal evidencia, la única perspectiva es la del statu quo revolucionario autoritario, del gobierno de Partido único, con extensión de la economía empresarial a todos los sectores de la actividad económica (salvo los 124 prohibidos), en un proceso gradual controlado por la élite que no ha cesado de controlar el gobierno y el partido durante los 62 años de la pretendida "Revolución cubana".

Claro que ser consciente de ello no impide seguir deseando una "sociedad donde todos los asuntos públicos sean resueltos mediante la auto-organización de quienes convivimos, trabajamos, creamos y amamos, en Cuba y el planeta", como lo desean los libertarios cubanos (2). Una sociedad "donde no exista el trabajo asalariado, la imposición de la autoridad, el culto de la personalidad, las diversas violencias directas, estructurales ni simbólicas, la hiper-competitividad, el burocratismo, las decisiones en manos de una élite, la concentración de la riqueza y la apropiación desigual del conocimiento", como la que deseamos y por la que luchamos todos los libertarios del planeta. Pues, a pesar de que "el actual deterioro organizativo de la clase trabajadora y los segmentos más precarizados de la sociedad cubana" y del mundo vuelven irrealista un tal deseo en un futuro inmediato, la historia de los pueblos no ha cesado de demostrar que nada está escrito definitivamente para siempre y que, por consiguiente, no es utópico desearlo. Además de ser cada vez más necesario avanzar hacia ella -por razones de justicia social y de supervivencia de la humanidad frente a las actuales amenazas sanitarias y medioambientales- en todos los países del planeta ante el catastrófico fiasco del capitalismo privado y de Estado.

Notas:
 
(1)https://www.fifthestate.org/archive/383-summer-2010/cuba-state-private-capitalism/

(2) https://www.portaloaca.com/opinion/15348-sobre-el-comunicado-del-taller-libertario-alfredo-lopez-de-la-habana.html

[Tomado de http://rojoynegro.info/articulo/ideas/cuba-la-econom%C3%ADa-cambia-el-estado-autoritario-sigue.]


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