La guerra entre Rusia y Ucrania ha registrado un aumento significativo de la intensidad de los ataques aéreos en las últimas semanas, con un intercambio recíproco de drones y misiles que ha provocado más destrucción y víctimas. Tanto las fuerzas rusas como las ucranianas han multiplicado el número de artefactos lanzados en cada ataque, según fuentes militares de ambos bandos.
Una escalada sin precedentes en los ataques con drones
Durante la segunda quincena de mayo y los primeros días de junio, Rusia ha lanzado oleadas de drones Shahed y misiles de crucero contra infraestructuras energéticas y centros de mando ucranianos. Por su parte, Ucrania ha respondido con ataques de largo alcance contra depósitos de combustible y bases aéreas en territorio ruso. El Ministerio de Defensa ruso confirmó el derribo de decenas de drones ucranianos en las regiones de Bélgorod, Kursk y Rostov.
Analistas militares atribuyen esta escalada a la preparación de ofensivas terrestres previstas para el verano, así como a la necesidad de desgastar la capacidad de defensa aérea del adversario. La intensidad de los bombardeos supera ya los niveles observados durante el invierno de 2025.
Consecuencias humanitarias y daños colaterales
Los ataques con drones han causado cortes de electricidad en varias regiones ucranianas, mientras que en Rusia se han registrado incendios en instalaciones petrolíferas. La ONU, a través de su Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios, ha expresado su preocupación por el aumento de víctimas civiles. Ninguno de los dos países ha informado oficialmente del número total de bajas.
La escalada aérea se produce en un momento de estancamiento en el frente terrestre, donde las líneas apenas se han movido en meses. Expertos consultados señalan que ambas partes buscan ganar ventaja antes de posibles negociaciones que podrían reanudarse tras la cumbre internacional prevista para julio.