La Annual Investor Conference ha comenzado este jueves en Marrakech, organizada por BMCE Capital, con el objetivo de posicionar a Marruecos como un centro financiero regional de referencia. El evento reúne a un amplio panel de inversores institucionales locales e internacionales, así como a empresas cotizadas de Marruecos y de la zona UEMOA (Unión Económica y Monetaria de África Occidental), según fuentes del banco de negocios marroquí.
La conferencia, que se celebra hasta el viernes, busca atraer capital extranjero hacia la plaza financiera marroquí, en un contexto en el que el país norteafricano compite abiertamente con plazas consolidadas como Madrid o Barcelona. El evento ha sido calificado por la organización como una «cita clave para los inversores internacionales», en un momento en que Marruecos refuerza su apuesta por convertirse en puerta de entrada a África.
Una plataforma para captar inversión
Durante las jornadas, los participantes analizarán las oportunidades de inversión en el mercado de capitales marroquí y las sinergias con la zona UEMOA, que integna ocho países del África Occidental. BMCE Capital, filial del grupo BMCE Bank, actúa como anfitrión de un foro que, según la entidad, «refleja la confianza de los inversores en el potencial económico de Marruecos».
La iniciativa se enmarca en la estrategia del reino alauí de diversificar su economía y atraer flujos de capital hacia sectores como la infraestructura, las energías renovables y la industria. La celebración en Marrakech, antigua capital imperial y hoy centro de negocios, subraya la apuesta por una ciudad que ya acogió las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en 2023.
La reciente emisión de deuda internacional de Marruecos, por valor de 2.250 millones de euros, ha sido calificada por la unidad de análisis de BMCE Capital, BKGR, como un hito que consolida su credibilidad financiera. La operación, cerrada con éxito, sitúa al Reino alauí en una posición más competitiva frente a España en la captación de inversiones y financiación en los mercados internacionales, especialmente en defensa e infraestructuras en el Magreb y África.
Una emisión que marca un antes y un después
Según el informe de BKGR, publicado este miércoles, la emisión de 2.250 millones de euros es la mayor realizada por Marruecos en los mercados internacionales en los últimos años. La demanda superó ampliamente la oferta, lo que permitió reducir el diferencial respecto al bono de referencia. Esta acogida refleja la confianza de los inversores en la solvencia del país, que ha logrado mantener su calificación crediticia pese a la incertidumbre global.
La operación fue gestionada por un consorcio de bancos internacionales y se estructuró en dos tramos: 1.500 millones de euros a 7 años y 750 millones a 12 años, con cupones del 3,1% y 3,5% respectivamente. El gobierno marroquí ha señalado que los fondos se destinarán a financiar proyectos de infraestructura y a reforzar el presupuesto de defensa.
Competencia directa con España en el Magreb
BKGR destaca que la mejora de la solvencia soberana marroquí tiene implicaciones geopolíticas directas. Marruecos compite con España por atraer inversión extranjera directa en sectores estratégicos como las energías renovables, la automoción y la defensa. Además, ambas naciones mantienen una pugna por la influencia en el Sahel y en la fachada atlántica africana.
La emisión de bonos también facilita que Marruecos pueda financiar su programa de modernización militar, que incluye la adquisición de sistemas de defensa aéreos y navales. Para España, su vecino del sur se consolida como un actor financiero más robusto, lo que podría reconfigurar el equilibrio de poder regional a medio plazo.
La exitosa colocación de 2.250 millones de euros no solo confirma la solvencia de Marruecos, sino que lo sitúa en una posición de fuerza para competir por flujos de capital que antes iban a parar a España, especialmente en sectores vinculados a la seguridad y las infraestructuras.
El informe concluye que, si Marruecos mantiene la disciplina fiscal y continúa diversificando su economía, podría mejorar aún más su calificación crediticia en los próximos años, lo que ampliaría su ventaja competitiva.
El gigante tecnológico Alphabet (Google) ha emitido acciones a favor de Berkshire Hathaway, el conglomerado dirigido por Warren Buffett, en una operación anunciada el pasado 2 de junio de 2026. El acuerdo, según el análisis de la consultora Stratechery, revela un exceso de demanda de capital y anticipa un escenario en el que la liquidez se convierte en el activo estratégico por excelencia.
La transacción se produce en un contexto de acumulación de efectivo sin precedentes en las grandes tecnológicas. Google, con decenas de miles de millones en caja, utiliza su capital como ventaja competitiva para asegurar alianzas con inversores institucionales de primer nivel. En este caso, la emisión de equity a Berkshire Hathaway no responde a una necesidad de financiación, sino a una reconfiguración del poder corporativo: el capital deja de ser un mero recurso para convertirse en la mercancía definitiva.
Según el análisis mencionado, la operación indica que «hay mucha más demanda que oferta de capital», lo que otorga a las empresas con excedente de efectivo una posición dominante para dictar los términos de las alianzas estratégicas. Para Berkshire Hathaway, la entrada en el accionariado de Google supone apostar por un socio con flujos de caja recurrentes y capacidad de innovación, mientras que para Alphabet supone contar con un socio estable y de largo plazo.
El movimiento se enmarca en una tendencia más amplia: las grandes tecnológicas están usando su liquidez no solo para recompras de acciones o adquisiciones, sino para forjar alianzas que redefinen las jerarquías del capitalismo global. La emisión de acciones a Berkshire Hathaway es un síntoma de que el capital se ha convertido en un commoditie, y quien lo posee en abundancia puede dictar las reglas del juego.
El fundador tecnológico Craig Campbell, exingeniero de Meta y veterano del sector, ha optado por rechazar la corriente de dinero de capital riesgo que inunda el sector de la inteligencia artificial (IA) para construir un negocio basado en la web tradicional, según reportes del 30 de mayo de 2026. La decisión refleja una apuesta por un modelo de negocio más sostenible frente a las modas especulativas, en un contexto donde la inversión en IA se ha disparado en los últimos dos años.
Campbell, que en 2022 vendió su anterior empresa —una herramienta de comercio electrónico para pequeñas y medianas empresas—, considera que la web tradicional ofrece una alternativa menos dependiente de la burbuja inversora actual. Aunque su perfil como exingeniero de Meta y fundador con éxito previo podría haberle facilitado el acceso a rondas millonarias de financiación, ha preferido desarrollar un sitio web convencional, sin vinculación con la IA generativa ni otras tecnologías de moda.
La decisión de Campbell subraya las tensiones estructurales en el ecosistema tecnológico estadounidense, donde el aluvión de inversiones en inteligencia artificial —que en 2025 alcanzó los 45.000 millones de dólares en capital riesgo, según datos de la industria— contrasta con la búsqueda de modelos de negocio más estables y predecibles. Sin datos numéricos concretos sobre la rentabilidad de su empresa, el caso representa un ejemplo micro de una tendencia que cuestiona la sostenibilidad de las modas inversoras en el sector tecnológico, especialmente en Estados Unidos, donde la fiebre por la IA ha llevado a muchas startups a priorizar el crecimiento sobre la rentabilidad.
Me levanto cuando suena el despertador inteligente o smartwatch chino de Xiaomi, que me indica de todo, desde mi presión arterial, hasta el norte haciendo de brújula, por si me desoriento.
Salgo de mis sábanas de algodón 100% egipcio.
Me preparo un café colombiano en mi cafetera italiana.
Mientras, escucho las noticias de la mañana en mi televisor Samsung coreano.
Salgo a la calle y conduzco mi coche Dacia Lodgy, fabricado en Rumania, segunda marca de la multinacional francesa Renault.
Llego a la oficina y me engancho al ordenador Hewlett Packard, fabricado en Singapur.
El router de la oficina es de Huawei y la fibra optica que ha suministrado e instalado Movistar también es china.
Accedo a la estadounidense Gmail para analizar los correos.
Desayuno unos copos de maíz de la estadounidense Krispies de Kellogs.
A mediodía voy a comer a un restaurante cercano, donde me ofrecen un menú del día consistente en un primero de ensalada de tomate, lechuga, cebollas y aceite de oliva, según ellos virgen extra y vinagre y algo de atún migado, eso si, casi todo creo que español, aunque sospecho que las verduras las han recolectado inmigrantes marroquíes en invernaderos del sur de España y el atún ha sido pescado seguramente en el banco sahariano, por pesqueros españoles, con tripulación senegalesa, impulsados por motores Volvo Penta, creo que suecos. De segundo me pido una rodaja de merluza, que ha sido pescada en el Atlántico Sur y de postre debo elegir entre un plátano de Costa Rica, que es más barato que el canario y el dueño del restaurante no anda para detalles menores o elijo uvas que veo a contratemporada, que vienen sin pipos y veo que son de Perú.
Vuelvo a casa y subo a casa al ascensor de Otis, que aunque parezca alemana es estadounidense.
Recibo y atiendo llamadas en mi móvil o celular de marca Samsung coreana.
Por la tarde voy al centro comercial de la francesa Carrefour a hacer la compra. Utilizo las escaleras mecánicas y me fijo que son de la marca Schlinder suiza.
Compro mandarinas de Marruecos, patatas y veo que vienen de Israel. Pan, cuyo trigo seguramente viene de Argentina. Espárragos de China. Los ajos si, son de Pedroñeras. Pido una bolsa de plástico, porque se me olvidó la mía e intuyo que viene de un petróleo que no es nacional.
Voy a la gasolinera de bajo coste de Carrefour y charlo con el empleado al que han instruido para que trate de vender gasóleo del caro. Supongo que de momento, es un gasóleo que ha salido de alguna refinería española que habrá importado el crudo de Nigeria o Guinea Ecuatorial o del golfo Pérsico, porque petróleo nacional no tengo.
Llego a casa cansado y preparo una ligera cena con el gas natural que me llega por tubería de la comercializadora y mientras salta la llama azul, me pregunto si ese gas vendrá de Argelia o ahora incluso de Estados Unidos.
Me tumbo en un sofá de la sueca Ikea y pongo el telemando nuevo (el original de Samsung se había roto y compré uno universal y veo que es de Singapur y que las pilas son de Duracell y ya no se si el dueño de esta empresa era Procter &Gamble o de Buffet.
Hoy me ofrecen varias opciones: puedo entrar en Netflix, una plataforma controlada por el fondo BlackRock y ver unas series o conectarme para ver la eliminatoria de la Champions, donde el Atleti se enfrenta al Arsenal. Al fin un equipo muy español y mucho español. Me preparo con un cervecita de la holandesa Heineken, bien enfriada en mi frigorífico alemán Miele. Ya estoy deseando poder gritar de una vez, eso de «¡yo soy español, español, español…!» y el «¡a por ellos, oé, a por ellos, oé!»
No hay nada como la prioridad nacional. Primero nosotros, después nosotros y después, nadie.
Pedro Prieto. Vicepresidente en la Asociación Española para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN).
Este 23 de abril se celebra, un año más, el día de Sant Jordi en Catalunya y el día del libro en el resto del mundo. Se trata de una festividad que tiene una connotación especial en territorio catalán pues se vincula a una leyenda de origen medieval según la cual Sant Jordi mató al dragón para salvar a una princesa –cuyo nombre desconocemos– y de la herida de este ser mitológico brotó la sangre que tomó forma de rosa que el gentilhombre regaló a la dama, como no podía ser menos para los usos de la época.
Para rememorar la hazaña, el 23 de abril se regalan rosas y libros en un día que, para los amantes de las efemérides es, en esencia, el día de los enamorados en Catalunya. La tradición no escrita establecía que las rosas fueran para ellas y los libros, principalmente, para ellos. O así lo aprendimos las niñas que nos criamos en las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado. Por suerte, los roles han sido superados y, en la actualidad, poco queda de aquel anacronismo.
La tradición de Sant Jordi se ha modernizado y, desde hace ya unos cuantos lustros, la celebración del 23 de abril en Barcelona se ha vuelto además una referencia global a la que acuden los sempiternos turistas que visitan la ciudad los 365 días del año, junto con una pléyade de personajes de todo tipo. Así, escritores de libros se mezclan con famosos que también escriben libros y, en los últimos tiempos, una nueva categoría de influencers que han incursionado en la escritura y ahora también forman parte importante de un sector que mueve más de 4.000 millones de euros al año.
De hecho, youtubers e influencers son piezas codiciadas en este mercado en el que un determinado perfil de seguidores, sobre todo jóvenes, consumen todo lo que sugiera el ídolo de turno. Consumo son ventas y ventas es, en el caso de las empresas o cooperativas pequeñas, supervivencia necesaria. Pero, en el caso de las grandes editoriales que concentran el mercado, ventas exponenciales se convierten en más influencia, eliminación de la competencia y posición de dominio.
Pero, no nos engañemos. Que presentadores y otros famosos que aparecen en la televisión publiquen libros con las grandes editoriales no se debe a que entre este colectivo abunde el talento literario. Se debe, simple y llanamente, a la lógica del mercado. La misma lógica que lleva a las editoriales a invitar a perfiles conocidos a publicar libros, hacer prólogos o anunciarlos por su número de seguidores en redes sociales, como si la cantidad en algo fuera garantía de un contenido de calidad.
El choque entre el mundo literario tradicional y el emergente, plagado de “autores mediáticos” e influencers de distinto tipo, no es nuevo. Ya en 2004 un grupo de escritores catalanes, liderados por Baltasar Porcel, promovieron el manifiesto “El drac es menja Sant Jordi” (‘El dragón se come a Sant Jordi’) para denunciar cómo la fiesta se había convertido en un espectáculo mediático. La pregunta pertinente sería, ¿qué no es espectáculo en una sociedad en la que se vive en la exposición constante, en medios convencionales o en redes?
Si una influencer tiene la capacidad de establecer un debate público al afirmar que “leer no te hace mejor” (frase que tiene su parte de razón, sin duda, igual que no es lo mismo comer que alimentarse, aunque lo segundo parta de lo primero), quizás no queda más que conformarse con usar a los influencers en sentido contrario, para promover la lectura. Una lectura que, a pesar de todo, goza de buena salud, pues va aumentando la cantidad de lectores en el Estado español, con un 65% de personas que lee como parte de su ocio y un 75,3% de jóvenes, entre los 14 y 24 años, que lee en su tiempo libre. Sin olvidar que los hábitos de lectura también dependen del capital cultural y de las condiciones materiales de vida, así como el tiempo para el ocio, más allá de la reproducción de la vida, que tenga la clase trabajadora.
Luchar por un Sant Jordi popular
A pesar de ser uno de los días más emblemáticos en Catalunya, la fiesta de Sant Jordi se ha acabado convirtiendo, como la ciudad de Barcelona, en un escaparate de los estragos que hace el mercado cuando entra en contacto con cualquier expresión de cultura popular. O, incluso, de las perversiones que se producen cuando lo que mueve la cultura, en general, es la lógica del capital. A modo de ejemplo, el hecho de que todo acabe siendo medido por el número de ventas, en unos ránquines que aparecen el día después y que, aunque sólo representan el 5% de las ventas, se presentan como medida del supuesto éxito literario. En realidad, sirven más bien para recordarnos la distancia que a veces existe entre la literatura y la industria del libro.
Pero las quejas parten también de colectivos sociales, autoras, editores y librerías alternativas, que impulsaron hace unos años la campaña “Per un Sant Jordi popular” para denunciar la privatización del espacio público, que se venía produciendo desde 2022, en una fiesta que se ha convertido en un gran recinto ferial de ventas al aire libre. Los firmantes del manifiesto denunciaban que el Ajuntament de Barcelona y la Cámara del Libro aprovecharon la situación pos-COVID para cerrar un espacio céntrico, la superilla, donde sólo podían exponer los agremiados, dejando al margen a pequeñas editoriales y librerías que no disponían del dinero exigido para poder estar en una calle, de facto, estratificada en función de la capacidad adquisitiva de las editoriales.
Los problemas de Sant Jordi o del mundo editorial, al final, tienen mucho que ver con el sistema económico en que se desenvuelven. Un capitalismo en que el pez grande devora al pequeño, en que las cooperativas que surgen como espacios de cultura en los barrios tienen que cerrar por insostenibilidad económica de su proyecto, en que las librerías no pueden asumir los alquileres en las grandes ciudades, en que el debate se pone en la sostenibilidad de publicar 239 títulos nuevos cada día y no en si existe la suficiente bibliodiversidad para representar a todas las voces que tienen algo que decir aunque no salgan en la televisión, en que las plumas que cuestionan el capitalismo suelen ser arrinconadas en la marginalidad, si es que logran ser publicadas.
Pero, en definitiva, hay que reivindicar siempre la lectura y los libros como parte de un acervo colectivo que nos conecta con nuestra capacidad de transformación. En tiempos en que la inteligencia artificial te ofrece resúmenes sobre cualquier texto a golpe de clic, deteriorando paulatinamente nuestra capacidad cognitiva de enfrentarnos a ideas complejas, reivindicar la lectura pausada, los libros y el hábito de leer se vuelve revolucionario. Si, además, leemos obras que nos hacen pensar el mundo de manera crítica, estamos en un espacio todavía más revolucionario y a contracorriente.
Aunque es algo que nos suena lejano, en EE. UU. ya se está produciendo un movimiento de censura de libros en las bibliotecas públicas por parte de sectores religiosos de ultraderecha. Lejos todavía de ese escenario en el Estado español, el que tenemos es el del rechazo del conocimiento, la búsqueda de la simplificación, la venta de homogeneidad de pensamiento disfrazada de individualidad distintiva, la falta de tiempo, de dinero o de espacio para la cultura alternativa. Como dijo Antoni Guadí, otro símbolo barcelonés pasado por la trituradora del mercado, original es ir al origen. Volvamos a la raíz y volvamos a un Sant Jordi popular.
Esta entrevista se publicó originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerla en catalán aquí.
En un momento marcado por la aceleración constante, la saturación informativa y la creciente dificultad de imaginar alternativas políticas, el filósofo Lluís Aguiló publica con NED Ediciones Parálisis por agitación. Capitalismo, catatonia y presente secuestrado, donde propone un giro conceptual sugerente: entender la parálisis contemporánea como el resultado de un exceso de movimiento. A partir del concepto clínico de catatonia recuperado de Oliver Sacks, el autor construye una hipótesis ambiciosa sobre el presente, no estamos detenidos por falta de actividad, sino inmovilizados por una agitación permanente que secuestra nuestra capacidad de actuar.
«Estamos quietos de tanta aceleración» resume bien este diagnóstico, que atraviesa cuestiones como la nostalgia, los imaginarios apocalípticos o las nuevas formas de autoexplotación. Lejos de plantear una crítica moral o externa, el libro apuesta por una «crítica clínica», arraigada en la propia vida, que cuestiona tanto las promesas neoliberales como las respuestas individualistas que estas generan. El resultado es una propuesta que sitúa el conflicto, el presente y la acción como el único terreno posible desde el que reconstruir una forma de esperanza no capturada por el sistema.
Por si alguien lee el título y se pregunta «Parálisis, persistencia, capitalismo, catatonia y presencia del Estado», ¿de qué hablamos exactamente cuando hablamos de catatonia?
La catatonia es un concepto clínico que indica un síndrome, el síndrome catatónico, que encuentro en el libro Despertares de Oliver Sacks. Me interesaba mucho ese gesto teórico que realizó. Es decir, él tenía todo un mar de cuerpos catatónicos en ese hospital, al que pone el pseudónimo de Hospital Monte Carmelo, y entendió que todos aquellos cuerpos paralizados, en realidad, padecían un trastorno del movimiento. Yo creo que eso es, en cierto modo, lo que en el libro llamo la «torsión Sacks». Es decir, entender que, en realidad, la parálisis era fruto de un exceso de movimiento.
Yo tomo este concepto y hago una traslación para intentar entender un concepto que, digamos, sería clínico, y entenderlo como un determinado sistema de organización de la vida, como una institución de la vida, podríamos decir.
Intento entender nuestro tiempo presente como un tiempo catatónico a partir de la intuición de Sacks. Y esto lo hago por diversos motivos. Uno, porque, por ejemplo, habían salido muchos libros sobre la nostalgia, sobre los burnouts, sobre el narcisismo, y me interesaba mucho intentar hacer inteligible, comprensible, por qué efectos como el de la nostalgia se habían convertido en efectos hegemónicos en nuestro tiempo.
Esto es lo que me sirve para mostrar que estamos quietos de tanta aceleración, que nos hemos quedado paralizados de tanta aceleración.
Ahora, podemos entrar a desgranar un poco más en qué consiste y cómo se materializa esta parálisis: «La incapacidad de imaginar el fin del capitalismo es fruto del estado catatónico en el que nos encontramos». Esta es la hipótesis inicial con la que comienzas el libro. ¿Cómo se vehicula, exactamente, esta parálisis de la imaginación en medio de un movimiento constante? ¿Cómo construiste esta idea?
Creo que en los últimos años hemos visto cómo, obviamente, se partía de una tensión por la cuestión de la imaginación, por la cuestión de la esperanza o por la que ya te he mencionado, la de la nostalgia. Y yo lo que intentaba decir era que aquella frase que dijo Jameson, repetida después por Žižek y finalmente por Mark Fisher, que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, partía de una especie de naturalización del capitalismo, que creo que es el objetivo crítico del libro, la naturalización del capitalismo.
Si quiero entender la parálisis por agitación como un sistema de organización de la vida, tengo que entenderla como un sistema de organización que lo que hace es secuestrar el presente. Por tanto, la cuestión no es que hayamos dejado de imaginar o, por decirlo en otros términos, que tengamos que dejar de hacer scroll e imaginar con fuerza en casa cuál sería la utopía, sino que la cuestión es que tenemos que retomar el tiempo presente. Y entiendo el presente no como un estado de cosas, sino como la capacidad de pensar y actuar. Esa sería un poco la matriz del libro.
¿Esto permitiría explicar que muchas de las ficciones que hoy se constituyen sean ficciones apocalípticas? ¿Es ese pensamiento secuestrado por la agitación el que nos lleva a imaginar únicamente finales, colapsos o formas de clausura?
Claro. En las historias clínicas de Oliver Sacks había algo que me pareció bastante curioso, porque todos los pacientes, antes de sufrir el estado catatónico, estaban afectados por la encefalitis letárgica, etcétera, pero los que sobreviven y quedan catatónicos, antes de sufrir el estado catatónico, tienen una cantidad de sueños apocalípticos brutal. Eso me parecía muy interesante porque era realmente juntar la imaginación del fin con una cierta pulsión de muerte producida por la angustia.
Es decir, yo estoy perdiendo el control de mi propio cuerpo, estoy perdiendo el control, tengo desde bruxismo hasta toda una serie de patologías, y a partir de ahí lo que pasa es que empiezo a imaginar el fin, empiezo a soñar con el fin constantemente.
Escribes que la mutación que vivimos en las sociedades contemporáneas determina ese paso entre las sociedades disciplinarias y las sociedades de control, un poco el paso entre el panóptico de Foucault y el movimiento de Deleuze. ¿Cómo se explica históricamente esta transición de la disciplina al control y qué elementos consideras que la hacen posible?
Es un paso que yo en el libro sitúo de la mano del paso del fordismo al posfordismo. También lo podríamos poner en términos más estrictamente políticos, como el paso de la hegemonía socialdemócrata, de lo que se llamó los treinta gloriosos, sobre todo en Europa, a la hegemonía neoliberal.
Y en ese paso lo que sucede, y es algo a lo que nosotros todavía estamos muy ligados, es toda una conflictividad obrera que nace en los años sesenta en diferentes puntos del mundo y que cristaliza en aquel 68. Y yo intento reivindicar que no es francés y estudiantil, simplemente, sino que es un punto de ruptura con el capitalismo de corte fabril, fordista, etcétera, en muchas partes del mundo.
¿Qué es lo que pasa? Aquí utilizo o intento curarme de varios argumentos. El primero sería que, de alguna manera, aquellas reivindicaciones del ámbito del 68 o del 77 italiano eran neoliberales. No es que fueran inmediatamente neoliberales, sino que hubo una serie de reivindicaciones y una serie de promesas que estaban inscritas en las luchas que, en segunda instancia, fueron cooptadas por un nuevo sistema hegemónico que las tradujo.
¿Como cuáles?
«Queremos flexibilidad». Utilizo esta frase, que me parece divertida, que dice que la flexibilidad consistirá en pescar por la mañana y rellenar informes sobre pescar por la tarde. Hay un claro desplazamiento hacia la burocracia. Y otro también, que se ha dicho muchas veces —yo utilizo el término «mutación antropológica» de Pasolini porque me parece muy interesante—, es el de decir que, en realidad, ante esa mutación antropológica, ante ese conflicto con las luchas, debemos admitir también que muchos de los partidos comunistas o del bloque obrero que había en aquella época en Europa no fueron capaces de recoger ese malestar con la sociedad fabril y proponer otra forma de llegar a ella, sino que se adaptaron a esa mutación y a esa hegemonía neoliberal que se iba consolidando. Es un poco la crítica que hace Pasolini cuando dice que aquí ni el PCI ni la Democracia Cristiana están proponiendo una «contraantropología».
Por tanto, de alguna manera, no estás exculpando las críticas que se han hecho a ciertos imaginarios modernos, pero al mismo tiempo sostienes que la izquierda no ha tenido capacidad de formular una nueva propuesta antropológica, o incluso una nueva ontología del sujeto. La pregunta sería, entonces, ¿qué hay en el sujeto que hace posible esta capacidad del capitalismo para subsumir e incorporar discursos muy diversos? ¿Qué explica esta aceptación constante de formas de autoalienación?
Sí. Yo, por ejemplo, en el libro utilizo dos personajes o dos formas, que son el zombi y el vampiro. El vampiro sabemos que es uno de los personajes que utiliza Marx, cuando dice que el capital es como un vampiro que chupa la sangre. Y el zombi es más contemporáneo, también lo sabemos por la producción cultural, todas las películas de zombis, las series sobre zombis, etcétera, y hay esta autoexplotación que nos hace devenir zombis del capital.
Yo creo, y aquí utilizo por ejemplo a Frédéric Lordon, este filósofo francés que me interesa mucho, que dice algo bastante importante. Dice que, a pesar de que tengamos que analizar todas estas nuevas formas de management empresarial, todas estas nuevas formas de explotación y de control, no debemos olvidar que si todo esto funciona es porque no tenemos a nuestro alcance la capacidad de reproducción de nuestra vida y tenemos que seguir vendiéndola al capital.
Creo que este es un punto para aterrizar un poco el discurso. Es decir, el capital traduce aquellas demandas, aquel conflicto, en una nueva institución de la vida, que será una vida más empresarial y menos fabril, y el punto no es que nosotros, voluntariamente, estemos eufóricos de ser empresarios de nosotros mismos, sino que tenemos que hacerlo para seguir vivos.
Es decir, que no hay otra.
Exacto. Es la forma en que hay que hacerlo.
Ante este estado de agitación constante emergen, como decías, dos reacciones principales, la nostalgia y los sueños apocalípticos. ¿Cómo se insertan figuras como Amadeo Llados en este marco, personajes que nos prometen una especie de liberación respecto a estos males contemporáneos? ¿Qué explica su éxito?
Yo creo que, en primer lugar, de lo que me quería proteger en el ámbito teórico y práctico era de pensar que Amadeo Llados era una excepción o alguien execrable dentro del neoliberalismo. Lo quería situar un poco en continuidad, en continuidad con el concepto de parálisis por agitación, y entender que, en realidad, Amadeo Llados, Andrew Tate, los gym bros, en general, lo que prometen es recuperar el control.
Este lema del Brexit es un poco lo que Amadeo Llados actualiza. Nos promete eso ante una crisis, por ejemplo, de adquisición de capital cultural y del hecho de que podamos acceder a másteres, etcétera, y que eso tenga una utilidad para nuestra vida. Y lo promete de una forma muy fácil, que es concentrarte en hacer burpees.
Ante la elección constante, como si fuera el comienzo de Trainspotting, Amadeo Llados, en realidad, lo que te dice es que ahora tienes que concentrarte en hacer unos burpees, que los puedes hacer en cualquier sitio, y olvidarte de tanta elección y de tantas cuestiones, centrarte en ti mismo.
Pero entonces, ¿consideras que su diagnóstico contiene una parte de verdad? Es decir, que efectivamente vivimos en tiempos de parálisis por agitación, que estamos alienados por las fuerzas de producción, por esa especie de Matrix del sistema. La cuestión sería si el problema reside sobre todo en la ética que propone y en las soluciones que ofrece, o si tampoco compartes del todo su análisis.
Creo que aquí vamos a un problema que ya has mencionado antes, que es el problema de lo moderno o lo posmoderno. Creo que el problema, del que hablamos muchas veces, es el papel de la crítica.
¿Digo que hay una especie de fundamento exterior que me permite hacer la crítica? ¿O, por otro lado, digo que estamos en una época postcrítica, como diría un poco el lenguaje posmoderno o lo que se entiende por posmodernidad, y que, por tanto, tenemos que aceptarlo todo tal como nos viene?
Yo lo que estoy planteando con Amadeo Llados no es una crítica a partir de una serie de valores predeterminados, ni tampoco decir que no hay crítica, sino una crítica clínica.
¿Y qué significa exactamente una «crítica clínica»?
Una crítica clínica significa una crítica a partir de la vida. Amadeo Llados, ante el presente secuestrado, nos propone encerrarnos en un gimnasio o encerrarnos en un espacio frente a un espejo. Nos propone tener control sobre nuestro propio cuerpo, como si el cuerpo fuera el último de los reductos.
Yo lo que hago es decir que eso es una respuesta que se inserta en ese marco, pero que al mismo tiempo tiene las piernas cortas. Acaba teniendo las piernas cortas porque es un repliegue individual. Es un repliegue del malestar de forma individual. Entonces no sale, no consigue romper, sino que es un refuerzo de ese repliegue individual, como ocurre con todo el neostoicismo y estas diferentes corrientes.
Te formulo una pregunta deliberadamente ingenua, pero creo que necesaria. ¿Por qué el repliegue individual no es suficiente para confrontar esta situación? Lo digo porque muchas de las soluciones que hoy circulan, e incluso muchas formulaciones del problema, pasan precisamente por ese retorno al individuo.
El repliegue individual no es suficiente porque, si lo quisiéramos decir en filosofés, se apoya en la metafísica subjetivista, que es el fondo de este tipo de dominación. Es decir, en la idea de un individuo contrapuesto a una sociedad. Eso podríamos decirlo en filosofés. Y si lo dijéramos en términos más políticos, lo que diríamos es que, del mismo modo que estas condiciones de explotación no son de nivel individual, la solución tampoco puede ser a escala individual.
Partes, entonces, de una premisa ontológica, la idea de que no somos seres individuales aislados. ¿Qué somos, entonces?
Podríamos decir que somos relacionales, es decir, que yo me constituyo en esa relación. Yo creo que aquí hay un poco la cuestión del «dentro y contra» que yo rescato de los operaístas. Las salidas se dan no yendo hacia fuera, sino entendiendo que la salida está dentro. Porque, de alguna manera, tendremos que coger todos estos malestares y empujarlos hacia adelante. Y esa manera de empujar los malestares es la que nos permite salir de lo que yo llamo la parálisis por agitación.
Pero situarnos directamente fuera, o entender que nosotros, encerrándonos en el gimnasio, vamos a conseguir salir, yo creo que es normal que produzca esas respuestas, pero creo que hay que indicar que tienen la potencia que tienen y que llegan a un punto de agotamiento.
«La nostalgia no es un problema con el pasado en sí mismo, sino que es un problema con nuestro presente», afirma Aguiló. POL RIUS
Lo que propones, por tanto, es casi una ontología del «entre», de una participación simultánea de ambos polos. Ahora bien, ¿quién se beneficia exactamente de esta agitación permanente? ¿Quién sale ganando cuando el malestar social crece, cuando aumentan las depresiones y la sensación general de desgaste?
Yo creo que, si volvemos un poco a las condiciones históricas, la pregunta es importante, pero sobre todo hay que entender que, en primer lugar, este neoliberalismo, este capitalismo posfordista, es un bloque histórico, y que en un momento determinado se encuentra con cierta debilidad y desplaza el conflicto del capital-trabajo al capital-vida. Y que, con las mutaciones que ha habido históricamente, de un capital más industrial o financiero, encontramos, por ejemplo, que el beneficiario, en términos sociopolíticos, de este nuevo sistema de dominación, es aquel que es capaz de poner a trabajar el capital financiero en nuestras ciudades.
Es decir, ya no hay una sustracción de valor tan directa del trabajo, sino, por ejemplo, cuando se dice el conflicto capital-vida, se entiende que hay una sustracción de valor también del espacio urbano, de otros espacios que hasta ese momento habían quedado un poco fuera de la creación de valor del capital.
Por tanto, ¿quién se beneficia? En este caso, si tuviéramos que responder a esta pregunta de manera más inmediata, en nuestras ciudades se benefician mucho los especuladores inmobiliarios, los fondos buitre, etcétera.
¿Podríamos pensar también en otros beneficiarios, como las farmacéuticas en relación con la depresión creciente, o las empresas que controlan las redes sociales?
Exacto.
Este proceso genera, como dices citando a Lazzarato, la figura del «hombre endeudado». ¿En qué consiste exactamente esta figura del hombre endeudado?
En primer lugar, que la deuda es infinita. Esa es la cuestión. La cuestión de la deuda se ha estudiado mucho en la antropología. Pienso, por ejemplo, que desde Marcel Mauss se estudiaba la cuestión del don y de la deuda, y era una deuda finita. Si tuviéramos que ponerlo en dos versiones políticas, podríamos utilizar ese esquema que usan las teorías políticas de Spinoza para decir que no es suficiente con el miedo.
Una esperanza que no sea la esperanza del conflicto, inherente al conflicto, la esperanza de poder ganar en un proyecto, sino la esperanza de que yo tengo miedo ante el hecho de que me desahucien, y entonces mi esperanza es convertirme en un empresario de mí mismo para no ser desahuciado, para poder comprarme una casa.
Es este doble juego entre, por ejemplo, miedo y esperanza, el que permite que sigamos, como has dicho, que no todo arda, que continuemos con esto.
La cuestión sería, por tanto, encontrar una esperanza en el conflicto, y no en la esperanza que el propio sistema nos ofrece.
Sí, la esperanza en el conflicto mismo. Yo creo que ese es un poco el corazón del libro. Con la imaginación me pasa lo mismo. La imaginación y la esperanza creo que deben situarse en el presente como capacidad de pensar y actuar. Es un poco una receta contra cierto utopismo. Situar la utopía aquí para lanzarla hacia adelante, pero situarla en el conflicto, ir a ver cuál es, por decirlo en términos clásicamente marxistas, el eslabón más débil desde el que se puede abrir esa esperanza.
Porque yo sí creo que hay una esperanza inherente a la acción, y que esa esperanza inherente a la acción es la que hay que alimentar, una imaginación inherente a la acción. Pero, situando el problema en el presente, intentamos evitar el hecho de poner una esperanza delante de nosotros, o una especie de cuña histérica, o poner una imaginación de otro mundo que tengamos que sentarnos a decidir. Un futuro think tank, podríamos decir, en el que tengamos que sentarnos a decidir cuál debe ser.
Me interesa especialmente uno de los mecanismos que explicas, la idea de que este sistema de autoexplotación se ajusta a través del consentimiento. Esto de entrada puede parecer paradójico, porque uno podría pensar que, si hay consentimiento, ya no hay explotación. ¿Cómo hay que entender esto?
Sí. El consentimiento es un término que tiene una base jurídica, que tiene una base sobre todo en la filosofía política moderna. El problema clásico, que se puede explicar de muchas maneras, entre un estado de naturaleza y un estado civil o político, es el problema de por qué los modernos se preguntaban o hipotetizaban sobre un estado de naturaleza. Porque necesitaban encontrar un espacio previo a la sociedad donde el consentimiento fuera posible. Es decir, donde yo, cuando me junto con los demás, lo hago porque yo quiero, cuando en la sociedad eso no es tan evidente.
Y esto lo hemos visto mucho y nos ha iluminado mucho, sobre todo el pensamiento feminista en estos últimos tiempos, y en psicoanálisis también. Pienso en Clara Serra, pero en psicoanálisis también en Clotilde Leguil, con el consentimiento como aventura, etcétera.
Creo que poner el acento en el consentimiento, que yo también encuentro en Lordon y hago esta conexión entre la servidumbre voluntaria y el consentimiento, es darnos cuenta de que una de las promesas del neoliberalismo es que podemos consentir y podemos sabernos a nosotros mismos. Y, en cambio, lo que yo apunto con todas estas pensadoras feministas es dar voz al hecho de que el consentimiento no es transparente, no es evidente, que no sabemos del todo qué queremos, que siempre hay un proceso de cierta desposesión.
Y esto, trasladado en términos políticos, sería decir que, si nosotros tenemos que situarnos en el conflicto, debemos aceptar cierta soledad del conflicto, es decir, cierta despersonalización. No voy con unos valores de casa y le digo a la gente que lo que pasa aquí es que hay un problema con el capital internacional, sino que, por ejemplo, con el problema de la vivienda en Barcelona, sitúo el conflicto y empujo ese conflicto. Creo los valores a partir de la práctica política.
Entiendo que ese «dentro y contra» que comentabas antes significaría que también se puede firmar un contrato de alquiler y al mismo tiempo afiliarte al Sindicato de Inquilinas para combatir el marco que te obliga.
Totalmente, sí.
Me gustaría, para terminar, que explicaras un poco más el papel de la nostalgia, porque también remite a una larga tradición filosófica. ¿Por qué hay que desconfiar de los relatos sostenidos en la nostalgia de los tiempos pretéritos?
Sí. Lo que yo planteo con la nostalgia, un poco de la misma manera que planteo con el efecto narcisista que nos propone Llados, es que la hegemonía nostálgica contemporánea viene precisamente de este problema con nuestra capacidad de pensar y actuar, de nuestro problema con el presente.
Entonces, a partir de toda una serie de pensadores y pensadoras —pienso en el libro de Clara Ramas o, por ejemplo, en Grafton Tanner—, lo que veo es que la nostalgia, tenemos que tener claro que no es un problema con el pasado en sí mismo, sino que es un problema con nuestro presente.
Y esto es una especie de aviso teórico o práctico frente a la nostalgia. Como analizaba Gómez Villar, está la nostalgia por unos olvidados, por unos obreros olvidados, blancos, que nunca han caído en la trampa de la diversidad, etcétera, y que se sitúan fuera, fuera de la historia. Y, por tanto, en realidad, no han existido nunca, pero son como una especie de espejismo virtual en el que nos miramos todo el tiempo.
Creo que, de alguna manera, también esta nostalgia ha sido exacerbada por parte de la extrema derecha bajo la idea de que antes había un orden y ahora hay un desorden. Y creo que la tarea crítica que intento hacer con el libro es decir que no es que ahora haya desorden, sino que hay un sistema de organización de la vida. Y, por tanto, intento cortar esa línea de decir «desorden ahora, orden antes, por tanto, volvamos al orden», la fiesta se ha acabado, un poco ese lema de la extrema derecha, para decir «no, no, la fiesta no ha empezado».
«Mi mamá siempre decía que no había monstruos, no hay monstruos reales, pero los hay».
Frase pronunciada en la película Aliens: El regreso, por Rebecca “Newt” Jorden.
Tirando de internet y de textos viejos para arrancar: sí, repetidos… ¿y qué?
Las noticias no solo informan, sino que construyen activamente la realidad social al seleccionar, jerarquizar y enmarcar hechos, actuando como intermediarios entre el acontecimiento y la audiencia. Estas plataformas crean y definen temas relevantes e influyen en la interpretación del mundo, a menudo priorizando enfoques emocionales, sensacionalistas o sesgados por sobre la objetividad. Este aspecto clave en la construcción de la noticia funciona como un proceso dinámico y continuo que, en la era digital, es amplificado por las redes sociales, transformando la percepción de los hechos y la participación: aparecen foros y encuestas.
Hace un tiempo ya que venimos mordiéndonos las uñas con la avalancha de noticias, llamemos “blanqueadas”, que generan cierta irrupción en la gente como masa consumidora: mire, lea y, lo mejor de todo, asómbrese, aterrorícese y entre por el tubo de lo que le venden como “realidad”.
Ese frenesí es de trayectoria corta, por eso el periodismo hace de la noticia un mapa: recorta, amplifica, ensaya hipótesis, convoca a expertos en el tema; algún osado menciona, medio en clave, nombres importantes; muestran imágenes borrosas, surgen nuevos documentos; el periodista, en la primera línea de defensa, se mete en el barro, con calor y lluvia intensa.
Ya es medio al pedo decir que la mayoría de los medios de comunicación son de los grandes capitales, empresarios sin escrúpulos, con amigos y favores hacia el poder y bla, bla… En fin. La cuestión es que, luego de masticar por algunos días, la noticia sale del radar para dar paso a otra bomba o, si la cosa estaba complicada, generar algo que se ponga de moda para tapar lo anterior.
¡Sí! Nos atan a la silla como en La naranja mecánica, gotas en los ojos y enchufan imágenes; estamos manipulados y nos encanta. Una parte nuestra quiere ser el depredador, el que arrasa cuerpos. Si no es así, ¿cómo se explica que tanto hijo de puta ande suelto, sostenido por sistemas verticales entre el poder y el dinero? ¿Cómo soportamos tanta injusticia y tanta violencia? Nos domestican como a las gallinas, nos meten placebos y, lo peor, es que nos gusta. El monstruo vive y es alimentado por nosotros.
Mundo oscuro
Hace poco tiempo se volvió a mencionar el nombre de Jeffrey Epstein. La cosa es que salieron a la luz una andanada de fotos, documentos y videos de gente vinculada y partícipe de fiestas sexuales y demás con Epstein, proporcionados por los paladines de la justicia que presionaron al FBI para que largue prenda. Acá es donde tendríamos que pararnos, separar por un instante todo el paquete que se nos presenta arriba de la mesa y preguntar: ¿cómo llegamos a esto? ¿Quién creó esta red perversa de criaturas? Desde empresarios hasta religiosos, académicos, políticos, deportistas, príncipes: todo un combo de figuras con peso e influencia. ¿Tendremos algo que ver nosotros con estas aberrantes creaciones?
Vamos a mal definir monstruos:
Dicen que proviene del latín monstrum… comenzó con el “desarrollo”, palabra medio de mierda esta. Bueno, con el desarrollo de las culturas, fueron descritos como seres fantásticos, deformes, cargados de mitología, maldad y, en fin, todo lo extraño que los separara de las especies conocidas. Dando un salto —bastante brusco— en el tiempo, el cine y la cultura pop, esa de hacer cosas para divertirnos, popularizó una serie de estos individuos sacados de la literatura… Hasta acá el asunto remite a algo más allá de la comprensión, que escapa a las reglas de convivencia, y entre horror y fascinación se movía la cosa.
El tema es cuando la línea de esa fantasía, ensoñación y demás variantes empieza a golpear lo que podríamos llamar “realidad”, que por ahí necesita cierta definición, pero la dejamos de deberes, y vamos a delimitar lo que todos normalizamos y pactamos para convivir, digamos, de una forma un poco más tranquila de andar en el mundo.
Y hablando un poco más sobre cine, en un momento determinado, y cómo este impulsa la industria a ocupar otro nicho en la producción de personajes, los guionistas comenzaron a darle a los humanos una importancia crucial, directamente vinculada con la crueldad. No por su forma exterior, física si viene al caso; más bien se pone en juego la psique del individuo. Él pasa a ser el protagonista y queda catalogado directamente como monstruo.
“…esta vez, esta buena gente del campo produjo un error de la naturaleza, una aberración, un monstruo. ¿Eso soy para ti, un monstruo?”
Diálogo de los personajes principales en la película Best Seller (1987).
El monstruo ya no necesita maquillaje, es más cercano. Ahí es donde, capaz, habría que frenar un poco, no quedarse solo con los nombres y titulares sobre islas y anomalías, sino mirar la estructura.
Por ahí no es una anomalía, es el resultado. El monstruo no aparece de golpe, se fabrica. Sale de dinámicas que no solo dejamos pasar, sino que muchas veces premiamos. Lugares donde el poder compra silencio, donde la plata ordena todo, donde la visibilidad decide qué escándalo dura… y qué se olvida.
…¡Están golpeando la puerta!
Misiles por la TV
“…un misil en mi placard, en mi placard
un modelo para armar, pero nunca para desarmar…”
Soda Stereo — Gustavo Adrián Cerati
Ha comenzado otra guerra de esas que ya nos tienen acostumbrados, sobre todo los yanquis, que duermen con un misil en el culo por las dudas y están listos para inmolarse como buenos patriotas. En esta guerra se suma Israel, con su cerebro de mosquito; nada bueno puede salir de esta alianza. La cosa es contra Irán, un país que tiene sus líos internos, sobre todo la represión constante, brutal y violenta hacia las mujeres. ¡Ojo! No es por este motivo que los atacantes quieren liberar al país; los temas son otros, tienen que ver con la geopolítica, presente y futura.
En el medio, la humanidad, esa entidad medio extraña, con un ojo en las bombas y otro en el mundial de fútbol que se viene. Cada día nos invade un nuevo capítulo del conflicto: amenazas, algún asesinato selectivo de los servicios secretos, y no tanto de Israel; daños colaterales que se hacen presentes pero no parecen frenar demasiado la maquinaria, llamados a la paz por conveniencia y reparto de territorios.
Las empresas armamentistas hacen caja; venían de años medio de capa caída, no salían de vender algunos rifles de asalto a grupos rebeldes del mundo, pero de golpe comenzaron a comer con aceite de oliva: Ucrania, Rusia, Pakistán e India tirándose cosas en la frontera; los conflictos africanos, esos que a nadie le importan una mierda; Siria; la supuesta guerra que nos quieren vender entre Israel y Palestina, que en el fondo es exterminio, genocidio y todo lo horrible que implica.
La Unión Europea se hace la distraída, pero también deja caer lágrimas por algunos asesinados que no estaban en los planes. No hay multinacional que no se frote las manos para luego reconstruir lo que se destruye. En este panorama nos atrapan sin dejarnos escapar, mostrando fragmentos, escenas de escombros, luces que surcan cielos y rezongos si nos portamos mal y salimos a plantar cara. El NO a la guerra se hace urgente, igual que el NO al sistema que la sostiene; porque, en definitiva, ese es el fondo de la cuestión: pocos mandan, muchos obedecen.
…¿Hasta cuándo?
¿Hasta cuándo la paz del mundo estará en manos de los que hacen el negocio de la guerra?
¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo y que ese es nuestro destino?…
Introducción: Mirar hacia el abismo, reconocer la vida.
Comprender el presente se hace cada vez más difícil, la teoría está siempre por detrás de la coyuntura. Pero esa separación se hace gigantesca en la medida en que el caos informativo generado por las redes sociales y los medios tradicionales nublan nuestra mente y normalizan la violencia. Cómo dice Roberto Bolaño: “la rutina matiza todo horror”[1].
Así, los acontecimientos que han marcado este inicio de año no sólo revelan cuán catastrófico es el presente que nos toca vivir, sino también dan cuenta de la incapacidad generalizada por comprender la catástrofe como algo más que sólo un ruido de fondo que no llega del todo a interrumpir el común curso de nuestras vidas. Cómo suele decirse: “mañana igual tendremos que levantarnos a trabajar”.
Mientras que el imperialismo estadounidense muestra su versión más desatada en Venezuela, Groenlandia y ahora recientemente Cuba e Irán; a nivel nacional la ultraderecha electa, se preparó con bombo y platillo para asumir el poder, con un gabinete conformado entre “exorcistas”, estafadores y dos ex-concertación, estos fenómenos, en su acepción denostativa ilustran crudamente un proceso global del cual Chile se termina de poner al día: el avance del neoconservadurismo y el triunfo de la sinrazón. Al mismo tiempo que la derecha chilena vive su mejor momento en décadas, el progresismo experimenta su derrumbe ideológico y la deslegitimación de su proyecto político. La absolución de Claudio Crespo gracias a la Ley Naín-Retamal, se suma al sucidio de David Gómez Valenzuela y de Jorge Salvo, como constataciones del rol del gobierno de Gabriel Boric en consolidar la política de la impunidad, que no sólo protege a quiénes cegaron y mutilaron a compañerxs durante el 2019 y 2020, sino que será aplicada en contra de todos los futuros intentos de levantarse contra el próximo gobierno. Los nuevos administradores del modelo celebraron por lo alto, mientras que el sur de Chile se volvió a incendiar bajo crecientes sospechas de intervención y del beneficio de proyectos mineros.
Nuestras intenciones con este texto se pueden resumir en intentar encontrar sentido en medio de todo este caos disociativo de la realidad, pensar el periodo actual como parte de un proceso global. Un esfuerzo por revelar los engranajes y piezas que se esconden detrás del humo y de la ceniza. “El abismo se ha abierto, y no servirá de nada intentar ignorarlo. Hay que mirar al abismo, medir su extensión y profundidad. Hay que cartografiarlo, mientras caemos en él de manera inexorable”[2]. Y en ese ejercicio, reconocer la vida; mirar esos otros engranajes que entre las cenizas se levantan, resisten, crean otras, nuevas y viejas formas de luchas para habitar la tierra. Resistencias que se enfrentan a este sistema de muerte y levantan alternativas como luciérnagas que iluminan entre tanta oscuridad.
1.Chile: Guerra por la vía “democrática”.
La guerra es una de las características definitorias de nuestra época, desde distintos sectores y análisis de los fenómenos bélicos que nos atraviesan, se sostiene que estamos en la tercera guerra mundial. La intensificación de este proceso global en el territorio chileno se puede ubicar en antagonismo a la revuelta popular de octubre de 2019. La estrategia del poder en ese entonces, bajo el gobierno de Sebastián Piñera, se ejecutó el 15 de noviembre del 2019, con el Pacto por la Paz, que agrupó a gran parte del Partido del Orden, desde la derecha hasta el progresismo. Un gran acto de unidad del poder, inaugurando un proceso de contrainsurgencia que abrió camino para el escenario actual, bajo dos cursos de acción complementarios, por un lado la conducción de la revuelta hacia los márgenes institucionales; y la consolidación del estado policial, brindando todas las herramientas necesarias a las fuerzas represivas para mantener el orden y proteger la propiedad privada.
Estas modalidades, no se limitaron a ser aplicadas durante los momentos de mayor radicalidad de la revuelta social, sino que se instalaron permanentemente dentro de las políticas de gestión gubernamental, mientras que el gobierno progresista que le siguió no hizo más que profundizarlas. No por nada, el gobierno de Gabriel Boric fue el que más leyes represivas generó durante su mandato, entregándole en bandeja al nuevo gobierno de Kast, las herramientas jurídicas para la gestión y represión de la población, reafirmando en todo momento su compromiso con la misión contrainsurgente. Ley Anti tomas (21.633), nueva Ley Antiterrorista (21.732), Ley Naín-Retamal (21.560), esta última, teniendo un papel fundamental en institucionalizar la impunidad para los efectivos policiales que se encarguen de acabar con aquellos que representen una amenaza para el orden.
Un gobierno progresista como el del Frente Amplio y el Partido Comunista, fue la condición necesaria para poder terminar de consolidar un Estado Policial sin resistencia en las calles, para que luego fuera la derecha quien continúe esa misión. Así como en 1990, Pinochet le entregaba la banda presidencial a Aylwin, institucionalizando así la dictadura para los siguientes años; este 11 de marzo de 2026, el progresismo le entregó la banda presidencial a los herederos de Pinochet, continuando así, la guerra por la vía democrática. En algunos lugares atacan con drones y misiles, en otros con intervenciones y secuestros, en Chile atacan con incendios forestales, devastación ambiental, infiltración en manifestaciones y organizaciones, prisión política, desapariciones forzadas, o lo que sea necesario con tal de asegurar la reproducción del capital y la acumulación de poder.
En la democracia chilena, en menos de 2 meses detuvieron a Nicolás Piña, absolvieron a Claudio Crespo, levantaron un montaje para inculpar a la familia de Julia Chuñil por su desaparición, desalojaron la toma de San Antonio; aprobaron en el senado la ley de conmutación de pena para violadores de DD HH, femicidas y abusadores; y no han parado de atacar a las comunidades del Wallmapu. El recrudecimiento del actuar del poder, no es más que la antesala de cómo será el nuevo periodo que enfrentaremos con Kast, quien ya ha sostenido reuniones con sus pares Bukele, Milei y Trump. El ciclo de luchas que se abre en el actual escenario de guerra, no da cabida a nostalgias que intenten repetir Octubre de 2019, sino que nos interpela a sacar las lecciones oportunas, de ese y otros procesos, para enfrentar con mayor organización y estrategia los desafíos que nos atraviesan, los que además se vislumbran más complejos, violentos y globales. Ahí la urgencia de desplegar una lucha internacionalista, con arraigo en los territorios y las experiencias comunitarias de organización de la vida.
2. Sobre la guerra global y sus formas.
La multiplicación de focos de conflicto en el mundo en los últimos años, pueden comprenderse dentro de una tendencia del capitalismo hacia la mundialización de la guerra en sus distintas formas. Sin embargo, esta tendencia es contradictoria. En la historia del capitalismo, la guerra responde a la necesidad de este por asegurar las condiciones mínimas para su reproducción por medio de la destrucción, el disciplinamiento y el exterminio. Permitiéndole al capitalismo superar sus límites inmediatos al provocar la desvalorización de la enorme masa del capital existente y posteriormente su regeneración. Por lo que podemos entender que el desarrollo del capitalismo está unido al perfeccionamiento y expansión de la guerra, pero en la medida que la potencia técnica de la guerra ha alcanzado la escala planetaria (a través de la energía nuclear), una guerra que movilice a las principales potencias del mundo no producirá la regeneración de las condiciones para la reproducción del capital, sino que paradójicamente podría producir la destrucción tanto del capital como de la vida. He ahí la contradicción que se oculta a la vista en el binomio capital-guerra. Cómo acertadamente comprende Robert Kurz, “la guerra simplemente se convierte en un catalizador de la crisis, acelerando la crisis gradual del capital, tanto a nivel regional como global”[3].
Al tratar de esquivar una situación de no retorno, la mundialización de la guerra en un primer momento toma una forma distinta a las de las guerras mundiales del siglo pasado. En tanto, se evita el enfrentamiento directo entre las principales potencias imperialistas, su disputa indirecta es representada a través de la multiplicación de distintos focos de conflictos simultáneos por los que se pone en juego las zonas de control de las respectivas potencias. Al mismo tiempo, que las innovaciones técnicas y estratégicas de las guerras mundiales son aplicadas de manera transversal como parte de las modalidades comunes de gestión, disciplinamiento y exterminio que despliegan los Estados dentro de sus propios territorios, indistintamente de la forma del Estado.
En este sentido podemos referirnos a la globalización de la guerra como una tendencia intrínseca del capitalismo, pero cuya expresión había estado parcialmente constreñida por las circunstancias históricas y la madurez del modo de producción capitalista. Por ello, este fenómeno se experimentó de una manera gradual, mientras se preparaban los prerrequisitos necesarios para que se expresara a gran escala. Nos referimos al proceso de dominación real de la tecnología y la destrucción de la infraestructura social del movimiento obrero, permitiendo la asimilación por este de los valores burgueses y su explotación sin resistencias. Esto no quiere decir la ausencia de la guerra hasta hoy, sino que la guerra se efectuaba de forma dispersa y fuera de foco, hasta el punto de poder ser negada formalmente. Mientras, la ideología liberal-progresista protegió y justificó la guerra, al menos hasta ahora que el capitalismo ya no necesita de ella y la guerra puede expresarse abiertamente por lo que es.
Así, cada acto de barbarie que enmarca el actual momento histórico encuentra su antecedente directo en los campos de exterminio judíos, el apartheid racial, los bombardeos a Hiroshima o las matanzas obreras. Pensar en los nazis al observar los corredores de muerte en Palestina o las detenciones a migrantes en Estados Unidos no es una asociación aleatoria, son los destellos de una conciencia acerca de cómo sobreviven las formas características de la guerra y el exterminio del pasado en el presente.
2.1. La guerra contra el enemigo interno y la gestión fascista de la población sobrante.
Bajo esta lógica, la caza de migrantes por agentes de ICE (Control de inmigración y aduanas) es un dramático ejemplo sobre cómo la guerra se despliega dentro del propio Estado-nación y es justificada a partir de la producción de un “enemigo interno”[4]. Un agente patógeno que urge ser expulsado del cuerpo social. Este enemigo, ya sea en la forma de lxs migrantes, “terroristas”, cuerpos disidentes e históricamente lxs judios, es representado como una amenaza omnipresente, siempre inminente, cuya mera existencia contradice la ficción de homogeneidad social y racial sobre la cual se funda el Estado-nación.
“La figura del migrante condensa hoy una tensión central del sistema: es a la vez cuerpo excedente, fuerza de trabajo potencial y sujeto que desborda los dispositivos estatales de contención. Esta figura encarna lo que puede denominarse un régimen de supervivencia sin garantías, donde la vida se sostiene no por el Estado, sino a pesar de él, bajo condiciones impuestas por la desposesión violenta, la movilidad forzada y el control biopolítico”[5].
Si en la actualidad la situación de las personas migrantes racializadas, en su mayoría mujeres, es tan particular, es porque tanto su expulsión del país migrado, como las condiciones que lo forzaron a emigrar a él, son dos respuestas complementarias a un mismo fenómeno: la incapacidad del capitalismo por asegurar la reproducción social. Para hacer frente a los crecientes flujos migratorios, la política antimigratoria y proteccionista adoptada por Estados Unidos se impone como estrategia modelo para la gestión de esta población. Sin embargo, mientras el ecocidio planetario continúa y las guerras se intensifican, aumentan los flujos migratorios desde las zonas periféricas hacia el Norte Global, y entre Sures, en donde los efectos ecológicos y económicos de la crisis todavía no se hayan expresado del todo. Asociado a esto, el Estado propicia la movilización de enormes sectores de la población civil dispuestos a actuar como soldados y colaboradores para la subordinación y exclusión selectiva de migrantes, refugiades y la población “sobrante” local. No es sólo miedo por las consecuencias de no colaborar lo que les mueve, es el anhelo de sentirse parte de aquellos que ejercen la violencia, aún cuando ellos mismos no pertenezcan racial ni socioeconómicamente a ellos.
Con el reciente asesinato a Renee Nicole Good y posteriormente a Alex Pretti (ambos ciudadanxs estadounidenses), la represión se ha extendido hacia cualquiera que se oponga al ICE. Los escuadrones de muerte característicos del fascismo, encuentran su forma en Estados Unidos por medio de los propios aparatos del Estado. Según datos oficiales, para hacer frente al Millón de deportaciones que se tiene como meta ICE contaría con 12.000 nuevos agentes en menos de un año de campaña de reclutamiento. Esta campaña estuvo caracterizada por el uso de canciones y eslóganes supremacistas como la frase “America for Americans” popularizada por el Ku Klux Klan durante el siglo pasado y referencias a literatura neonazi[6]. La campaña parece enfocarse específicamente hacia extremistas de derecha, militantes de MAGA y policías insatisfechos.
En retrospectiva, podemos encontrar una continuidad lógica al interior de la historia de exterminio y esclavitud estadounidense, que une los programas raciales hacia los indígenas americanos y el disciplinamiento de la población esclava con las políticas de deportaciones de migrantes en la actualidad. No es de extrañar que las acciones de ICE no sólo hagan recordar a las prácticas del fascismo histórico, sino que también reactiven la memoria sobre los procesos históricos de desposesión y dominación sobre los que se fundaron las bases de Estados Unidos. Así, el ICE parece una modernización de la máquina de guerra interna estadounidense, que bebe al mismo tiempo de la experiencia de los SlavePatrols, —milicias que durante más de un siglo estuvieron encargadas de retener a los esclavos en las plantaciones, evitar levantamientos y dar caza a los esclavos fugitivos—, como también de los clásicos escuadrones fascistas de Alemania e Italia. Por otro lado, que encuentre en el Estado y sus aparatos su forma de operar, y no en organizaciones extralegales —como las que surgieron durante el primer y segundo mandato de Trump— responde a la asimilación de las innovaciones históricas del nazi-fascismo cómo modalidades comunes o potenciales de todo Estado moderno.
Por otro lado, no podemos responsabilizar únicamente al Trumpismo de generar una forma singular de conciencia reaccionaria, ni que se experimente la corrosión de las relaciones comunitarias y la profundización de la enemistad entre ciertos grupos identitarios. La colaboración de civiles con los aparatos represivos, su apoyo público e ingreso masivo a sus filas, no se tratan de simples fenómenos aislados, por el contrario, se trata de una mutación antropológica, de la que el caso estadounidense es sólo su estado más maduro. Está mutación se comprende como la predisposición de la sociedad hacia la guerra social, la producción de una comunidad nacional, dispuesta a matar y morir por el capital[7]. Invirtiendo la asociación inicial, el movimiento reaccionario global que encabeza Trump, puede existir en este momento a causa de décadas de un proceso de desmantelamiento de las estructuras sociales que permitían la solidaridad y la organización de los pueblos. Es el resultado final de la globalización del capitalismo y consigo, la imposición de la “competencia (es decir, la guerra social) en el principio universal de las relaciones humanas”[8].
2.2. La generalización de la guerra y su necesidad.
La característica más importante de la Guerra en el presente, es probablemente que ya no necesita terminar. La paz pierde su significado mientras que la guerra se expande como una realidad social sobre toda la tierra; la globalización de la guerra como reflejo a la de los mercados. Tanto Netanyahu en Israel como Zelensky en Ucrania necesitan de la movilización permanente de sus aparatos bélicos para ocultar las contradicciones sociales al interior de sus propios países. La existencia de un enemigo es tanto la excusa con la que aseguran más tiempo en el poder, como también la narrativa a través de la cual proyectan una sociedad idílica, racial y socialmente homogénea, unida gracias a este enemigo común. El fin de la guerra no es deseable. Cuando tiene lugar, lo hace sólo formalmente, para luego regresar bajo formas distintas, pero cumpliendo el mismo propósito.
Tanto para el EZLN como para el pueblo Kurdo, el presente es interpretado como el curso de una nueva Guerra Mundial. Para los primeros, estas guerras tienen como una de sus constantes la conquista de territorios y su reorganización geográfica[9]. Aspecto en el cual las guerras contemporáneas no son una excepción. La búsqueda estadounidense de anexionar nuevos territorios por medio de la fuerza y las amenazas es coherente con aquello. Tanto lo sucedido en Venezuela, como la disputa por territorios en África y el medio oriente corresponden a las expresiones más acabadas del actual reordenamiento geopolítico en el mundo. Para el movimiento de liberación en Kurdistán, la tercera guerra mundial en curso se está disputando el poder imperialista, “las potencias hegemónicas se alían o enfrentan según sus intereses, ya no hay un frente de batalla claro, los únicos dos frentes son las fuerzas que luchan por la hegemonía y por el otro lado el pueblo, los movimientos en resistencia[10]”.
En medio oriente somos testigos de cómo los imperios se pelean la hegemonía mundial; las protestas en Irán[11] han cobrado más de dos mil vidas; y los ataques a la Revolución de las Mujeres en Rojava ha desplegado a toda la resistencia Kurda en defensa del proyecto de vida que ha levantado el confederalismo democrático. En África, se crean nuevos Estados títeres como Somalilandia y los gobiernos panafricanistas como el de Burkina Faso resisten a intentos de golpes de Estado e intervención extranjera. En Estados Unidos se realiza una enorme limpieza étnica avalada por el Partido gobernante, junto a un importante sector de la población, a la vez que surgen cuadrillas de autodefensa en las calles, y millones de personas resisten a las bajas temperaturas y la represión fascista de Trump. En el resto del continente, la intervención estadounidense sobre Venezuela a comienzos de año, la posible anexión de Groenlandia y los recientes bombardeos coordinados junto a Israel hacia Irán que cobraron cientos de vidas de civiles constatan la disolución de las viejas concepciones de soberanía y el derecho internacional: la ley pertenece a quienes ostentan el poder.
2.3. Las nuevas tecnologías al servicio de la muerte.
¿Pero qué es lo que diferencia la guerra en el presente con las anteriores guerras mundiales? La respuesta fácil son las nuevas tecnologías (entre las que destaca la inteligencia artificial). Las guerras en este siglo han servido como ensayos para probar la eficacia de estas nuevas tecnologías en futuros conflictos a mayor escala. Hoy estamos en ese punto. La guerra ya no es un tema de seres humanos únicamente, sino de máquinas, algoritmos y redes digitales. Sistemas operativos autónomos identifican a los objetivos, trazan las coordenadas, ordenan el bombardeo y recopilan los datos para optimizar la operación militar. La tecnología está al servicio de la guerra y la humanidad podría perecer por ella.
La tecnología ha logrado facilitar más que nunca la muerte a gran escala, transformándola en un acto impersonal y automatizado. Con la integración de las máquinas inteligentes se ha emancipado a la guerra de su limitaciones orgánicas y psicológicas, el asesinato se vuelve una tarea que no se ve interrumpida por la sensibilidad humana y el desgaste físico. En cambio, se reduce a una tarea repetitiva, maquínica de manera literal. Una prueba de ello, ocurrió en los días 17 y 18 de septiembre del 2024. La apodada Operación Grim Beeper se trató de la fabricación de miles de beepers y walkie-talkies intervenidos por la agencia de inteligencia israelí (Mossad) para ser detonados a distancia. Luego de que miembros de Hezbolá en el Líbano y Siria comenzarán a hacer uso de estos dispositivos como un intento de evitar la vigilancia de la inteligencia israelí, estos dispositivos se activaron simultáneamente en distintos puntos del Líbano y de Siria, resultando en el asesinato de al menos 40 personas (entre ellas 2 niños) y dejando heridas a cerca de 3000 personas. Esta operación requirió de al menos 5 meses de preparación, y su resultado demostró tanto la absurda superioridad técnica de la máquina de guerra genocida israelí, cómo también la capacidad que entrega la tecnología para ampliar el frente de esta guerra genocida a cualquier otro territorio.
En esta línea, el acuerdo del pasado sábado 28 de febrero entre el Departamento de Guerra de Estados Unidos y OpenAI, —una de las empresas de inteligencia artificial más grandes del mundo—, es un paso más en el proceso de automatización de la guerra a gran escala y la vigilancia masiva por medio de la implementación de modelos de inteligencia artificial. El acuerdo, anteriormente propuesto a Anthropic por quién fue rechazado, permite al gobierno estadounidense el “uso legal total” de la tecnología de OpenAI. Un límite legal que nada significa en un momento donde los Estados aparecen desprovistos de sus velos democráticos, para en cambio, ser afirmados únicamente como un enorme aparato represivo.
Pero la tecnología no se hace sola. El objetivo inmediato de la guerra es la conquista de recursos fósiles y tierras raras, ambas necesarias para que la guerra continúe siendo eterna y cada vez más optimizada. Esta lógica autodestructiva impulsa como una tendencia estructural la degradación ecológica global, el suicidio de la especie como consecuencia final del capital. Si bien, no podemos asegurar que los gobiernos deseen acabar con el mundo con una guerra abierta (aunque los hechos nos puedan llevar a afirmarlo), sí podemos asegurar que la preparación tanto ideológica como tecnológica para la guerra es un terreno cómodo para que distintos sectores empresariales[12] se enriquezcan (desde empresas de ciberseguridad y vigilancia como Palantir, a los dueños de proyectos extractivistas y el conjunto de la enorme industria armamentística).
3. Guerra contra la Tierra, las mujeres y los cuerpos disidentes.
Desde voces feministas, se sostiene que parte del carácter de la guerra en curso, en sintonía con lo que plantean las compañeras Zapatistas y Kurdas, es primero una guerra Colonial, por la ocupación de la tierra y territorios según intereses económicos y políticos. En Abya Yala, se han alzado diversas comunidades y organizaciones a enfrentarse a proyectos mineros, empresas, narcos y gobiernos; son cientos de personas, principalmente mujeres, que defienden los territorios, sus comunidades, sus bosques, sus aguas, sus ciclos. El poder, actuando con máxima crueldad, ha respondido sistemáticamente con asesinatos y desapariciones. Sólo el 2024 se registraron 146 casos. En nuestro territorio cargamos con los casos de Nicolasa Quintremán (2013), Macarena Valdés (2016), Emilia Bau (2021), y la reciente desaparición forzada de Julia Chuñil Catricura (2024), cuya familia hoy sufre un montaje judicial burdo, colonial y racista por parte del estado chileno.
La guerra global tiene un especial foco en la restitución del rol subordinado de las mujeres, del binarismo y del régimen heteropatriarcal, invirtiendo cuantiosas sumas en estrategias dirigidas a correccionarnos, reeducarnos, e inmovilizarnos. La avanzada de las luchas por la liberación de las mujeres y disidencias —y/o luchas feministas—, ha generado en la última década importantes procesos de movilización que anticiparon revueltas tanto en Abya Yala, como en África y Medio Oriente, liderando proyectos emancipatorios importantes, como la Revolución de las Mujeres en Rojava – Kurdistán[13].
Son las mujeres quienes sostienen las comunidades, quienes reproducen la vida, quienes organizan los pueblos y quienes han ido delineando nuevas formas y paradigmas para librar las luchas del hoy. La opresión de las mujeres es una pieza fundamental del capitalismo, reproducen la mano de obra, cuidan y sostienen a las sociedades, y son la pieza principal del mercado más poderoso del mundo, el mercado sexual. Es por eso, que cualquier proyecto que se plantee la emancipación de las mujeres, se vuelve una amenaza profunda al patriarcado capitalista y colonial, he ahí el esmero, que durante todos estos años han desarrollado para restituir el orden y sus mandatos, teniendo a su haber las armas de manipulación global como las redes sociales y medios de comunicación; religiones y fundamentalismos; esoterismo y filosofías varias, mercado y academia.
“Las mujeres y disidencias siempre hemos estado en guerra” es una consigna que se levanta desde las luchas feministas. La violencia sexual como una de sus aristas, es parte del repertorio bélico que las sociedades capitalistas, coloniales y patriarcales ofrecen a sus vidas. No obstante, en el actual período histórico, esta realidad se agudiza, se reinstala la cultura de la violación, y se hacen visibles los estado-nación como perpetradores -aunque siempre lo han sido-. Aún en ausencia de guerras entre países enemistados, la concepción deshumanizante del “enemigo interno” valida las violaciones, los femicidios, y los crímenes de odio contra la comunidad LGTBIQ+ como una práctica necesaria por parte de las fuerzas represivas, pues todo medio es razonable con tal de acabar con el enemigo. En Estados Unidos, son cientos los informes que incluyen relatos de “abortos espontáneos, negligencia infantil y abusos sexuales (hacia la población migrante) en centros de detención del ICE en docenas de estados”[14]. Mientras que en el contexto del genocidio en Gaza, la violencia sexual y reproductiva es aplicada por Israel como una “estrategia de guerra para controlar y destruir al pueblo palestino”[15]. “Las formas específicas de este tipo de violencia, como la desnudez pública forzada, el acoso sexual, incluidas las amenazas de violación, así como la agresión sexual, son «parte de los procedimientos operativos estándar de las fuerzas de seguridad israelíes frente a los palestinos«[16].
Esta revalidación ideológica del patriarcado es mucho más peligrosa que la tendencia al retroceso de algunos derechos civiles conquistados, aunque pareciera ser lo más visible de las acciones de los gobiernos conservadores. Lo que busca es realmente que las mujeres vuelvan al mundo privado por tanto dejen de organizarse, de pensar, de llevar a los pueblos a las condiciones necesarias para luchar. El riesgo de la restitución de las ideas conservadoras del patriarcado respecto a nuestras vidas y cuerpos, es mucho más que el riesgo de perder unos cuantos derechos fijados y controlados por la supremacía masculina. No obstante, es preciso reconocer cómo se comportan los gobiernos de ultraderecha, frente a su fijación en lo que han llamado “ideología de género”. Hasta ahora se ha observado la re-patologización de la transexualidad y de la disidencia sexo-genérica; en el caso peruano con el decreto supremo n.º 009-2024-SA[17] (publicado en 2024); la disolución del Ministerio de la mujer en Argentina (también en 2024); y más recientemente la desfinanciación de programas de salud sexual y reproductiva en todo el mundo como consecuencia de la congelación de fondos estadounidense destinados al desarrollo internacional (USAID), cuyas contribuciones constituían casi el 40% de la totalidad de la ayuda humanitaria mundial. Los cuerpos disidentes y proletarios precarizados quedan abandonados a su suerte, mientras que las organizaciones sociales que pueden prestar ayuda son perseguidas y desarticuladas. Con la reducción de las funciones sociales del Estado, este permanece únicamente como aparato de control y de represión. La austeridad no es mera reducción del gasto: es una arquitectura de violencia selectiva, donde la reproducción de la vida se vuelve objeto de gestión, control y castigo.
En la medida en que la sociedad en su conjunto es determinada por la Guerra, como un hecho global, se da lugar a un saqueo y colapso irracional de la tierra y sus ecosistemas; un re-disciplinamiento a las mujeres -subordinación a la matriz jerárquica de la familia y del patriarcado en su forma capitalista-; y rechazo y persecución a las diversidades sexogenéricas, en tanto su mera existencia supone una incoherencia con el orden cisheteronormativo y sus roles.
4. Estrategia imperialista: Venezuela e Irán.
El actual escenario evidencia la incapacidad de las potencias por asegurar su control geopolítico por medios económicos no-bélicos. A las bombas de racimo y metrallas se les suman los aranceles y bloqueos como una guerra económica. La política no puede ser entendida si no es por medio de la guerra. Cómo comprenden compañerxs desde México: “pensar la guerra económica como excepción es no entender que ya no hay economía sin guerra”[18].
La política exterior adoptada por las principales potencias del mundo, no tiene que ver únicamente con la extravagante personalidad de sus gobernantes, sino de la necesidad histórica por asegurar las condiciones mínimas de existencia del modelo por cualquier medio posible en un momento particular, donde dichas condiciones son cada vez más difíciles de asegurar. Hace más de un siglo atrás Rosa Luxemburgo describió el imperialismo como producto de un determinado grado de madurez del capitalismo global, en donde los Estados por medio de la vía militar conquistaban las condiciones para la acumulación. El imperialismo y sus guerras, según Luxemburgo, destruyen los velos de la sociedad burguesa, sus ilusiones de paz y progreso, para mostrarla tal cual es. Los acontecimientos mundiales que estamos experimentando, dan cuenta no únicamente de que el imperialismo nunca dejó el campo de juego, sino que sobre todo revela los rasgos distintivos del capitalismo en su fase actual frente a su crisis de legitimidad.
Aquello explica el proceso de contra-insurgencia de carácter global que despliega la guerra en sus diversas modalidades. Las acciones de Estados Unidos e Israel en el mundo, funcionan como un perfecto ejemplo de esta lógica imperialista, donde la guerra se vuelve un medio por el que se oculta la fragilidad del capitalismo. La invasión a Venezuela se convierte en un acontecimiento fundamental en el marco descrito, ya que con esto, la olvidada Latinoamérica ingresa abiertamente a la disputa militar interimperialista. Venezuela no sólo fue invadida por un mero interés económico inmediato (el petróleo[19]) o ideológico, sino que, por el valor geopolítico y estratégico que tiene Venezuela en sudamérica. Esto lo demuestra la continuación del régimen chavista, pese a la captura de Nicolás Maduro. Para Estados Unidos es más beneficioso aprovechar la infraestructura burocrática existente, llegando a acuerdos con facciones del régimen que derrocar por completo al chavismo y comenzar una reconstrucción desde 0.
Algo similar ocurre con el bombardeo coordinado entre Estados Unidos e Israel hacia Irán. A ninguna de las dos potencias nombradas les importan las horribles condiciones materiales en las que sobrevive la población iraní bajo el régimen del Ayatolá. Las acciones militares de Occidente sobre los regímenes totalitarios de medio-oriente y sudamérica, no liberarán a sus respectivos pueblos, más bien estos son ocupados como excusa para legitimar estas acciones militares. El asesinato en masa como medio para detener las manifestaciones masivas contra el gobierno durante enero de este año, no es una acción exclusiva del gobierno islamita, sino el modus operandis tipico de cualquier Estado capitalista en crisis. Y de esto son bien conscientes las minorías revolucionarias iraníes.
«Lo que está ocurriendo hoy en Irán es la forma desnuda del dominio capitalista en un momento de peligro. El régimen islámico, como la forma dominante actual del poder capitalista, defiende un orden cuya supervivencia está ligada a la explotación de la fuerza de trabajo y a la represión constante, mediante el corte de comunicaciones, la instauración práctica de la ley marcial y el disparo directo contra el pueblo. Esta violencia no es una excepción ni una desviación; es la lógica natural del capital en crisis”[20].
Las manifestaciones en Irán que han cobrado decenas de miles de muertos hasta la fecha dicen mucho sobre las formas contradictorias por las que la revuelta social surge no a pesar, sino que a partir de la guerra y la crisis. No se puede reconocer las semillas de la revolución donde las haya, sin comprender al proletariado (en su sentido más amplio) como una sujeto imperfecto y en constante cambio, lo que permite que actúe tanto a favor o como en contra de su propia opresión. En la medida en que la negación al capitalismo y sus distintas formas de opresión (patriarcal, militar, etc.) surge de las contradicciones del capital, los portadores de esta negación son así mismo, una contradicción viviente. De la misma forma, las contradicciones internas del Estado iraní (crisis ecológica, deslegitimación del gobierno, disputas internas) que generaron estos levantamientos, también sirvieron como una señal para actuar tanto para los remanentes pro-monárquicos que hasta el momento se habían fortalecido en las sombras del régimen, como para las potencias occidentales que hoy les bombardean.
A partir de esta situación el campismo (es decir, la defensa de uno de los bloques imperialistas en guerra) sólo es capaz de escoger el mal que creen menor, justificándose en la ridícula lógica de que el “enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Así, el campismo disuelve la guerra de clases que sucede en Irán en una defensa del Estado-nación y su derecho de autodeterminación, matizando el autoritarismo del régimen bajo ropajes antiimperialistas[21]. Una primera mirada apuntaría a que los intereses occidentales sobre el territorio tienen que ver en forzar un cambio de régimen a uno que Estados Unidos e Israel puedan controlar (Reza Pahlavi, príncipe exiliado de Irán parece ser el favorito a encabezar la nueva gestión). Cosa que aunque cierta, esconde detrás algo más profundo. Más bien, el actual escenario es la expresión más pura de la lógica del capitalismo en crisis que es perfectamente encarnada por Estados Unidos e Israel: hacer de la guerra su medio de supervivencia. La contradicción del capital convertida en una pulsión de muerte global.
4.1. La carrera por los recursos naturales y la renovación de la Doctrina “Donroe”.
Para que los imperios capitalistas sobrevivan necesitan hacerse con los recursos naturales que serán determinantes para la transición energética y la revolución tecnológico industrial en los siguientes años, sin estos el sistema capitalista alcanzará mucho antes sus límites físicos. El abandono de la diplomacia y el derecho internacional parte de esta necesidad urgente del capitalismo para hacerse de las condiciones mínimas para su reproducción. Por lo mismo, cuando Estados Unidos justifica sus acciones por el bien de la seguridad nacional no miente del todo, su política está fundada en la protección del capitalismo a cualquier costo. O como expresa Marx: Los intereses del capitalismo se presentan “como los fines últimos del Estado”[22]
Esta disputa por los recursos entre los distintos bloques imperialistas, como no podía suceder de otra manera, se lleva a cabo a través del uso de la fuerza, tanto económica, financiera, como militar, arrastrando al resto del mundo en el proceso. Al mismo tiempo que Estados Unidos se hace de recursos naturales, debe bloquear el suministro de estos desde el hemisferio occidental hacia China y Rusia, por medio del control de rutas comerciales, aranceles e intervenciones militares. Para estos fines, aliados estratégicos como Israel o Japón tienen una enorme importancia, al encontrarse en ubicaciones geográficas cercanas a las de sus rivales comerciales. Mientras que la estrategia adoptada por Estados Unidos en su patio trasero puede dividirse en dos cursos de acción posibles:
La intervención militar o cuanto menos su amenaza hacia los países que ideológicamente no se alinean a sus intereses, como en los casos de México, Cuba, Colombia y Brasil. La presión económica, bloqueos, desestabilización interna y el apoyo a una facción de la clase burguesa local son algunas de las prácticas a utilizar.
Y el apoyo público hacia candidatos que simpaticen con la política estadounidense. Este es el caso de Kast en Chile o de Milei en Argentina. Ambos países pertenecen al denominado “triángulo del Litio”[23], que es completado por Bolivia con quiénes Estados Unidos reanudó relaciones tras la elección de Rodrigo Paz Pereira.
Estos acontecimientos se suman a la serie de acciones militares imperialistas en Ucrania, Nigeria, Kurdistán, Gaza, Irán, Líbano, Taiwán, que también dan cuenta de los intereses de cada potencia y la defensa de sus respectivas zonas de dominio. En la práctica se van estableciendo las líneas rojas de EE.UU conforme a la actualización de su estrategia de seguridad nacional publicada en diciembre de 2025. Su zona de control estratégica es todo el continente americano. Para ello se establecen acciones que neutralizan a competidores “no hemisféricos” (Rusia y sobre todo China) y se reclutan liderazgos serviles a los intereses políticos, económicos e ideológicos yanquis. Esto último se ha evidenciado públicamente con el apoyo político y económico explícito de Trump a Nasry Asfura, presidente electo de Honduras[24], a la elección de Milei o la de Kast.
Podemos aventurarnos a pensar la política exterior de Donald Trump como un intento de forzar un equilibrio momentáneo y un reconocimiento entre las potencias que hoy amenazan su hegemonía, por medio de la confrontación directa y la extorsión, un regreso primitivo pero efectivo a la ley del más fuerte. Estos son los pilares de la denominada por Trump como la “Doctrina Donroe”, —que actualizaría la vieja Doctrina Monroe resumida en la frase: “América para los americanos”—. “En su deseo de rentabilizar directamente la violencia de Estado, esa doctrina es también testimonio de la debilidad definitiva de un imperio hemisférico que no se basa en el desarrollo, la colaboración o la paz —ni siquiera en la explotación en su sentido ordinario—, sino en la extorsión y el saqueo en su expresión más insolente”[25].
5.¿Volveremos a las calles?
Tanto la nueva ola de gobiernos conservadores en el mundo, alineados con Estados Unidos; como las luchas por la soberanía nacional o autonomía de los pueblos en oriente medio y África, son parte del proceso de disputa de la hegemonía mundial. El neoliberalismo como fórmula de gestión capitalista impulsada por los Chicago Boys en Chile, y posteriormente extendida al resto del mundo, parece estar siendo llevada a su límite. Las características compartidas por las mayores potencias del mundo en la gestión del capital se encapsulan en lo que algunos han denominado como Posneoliberalismo o Fascismo neoliberal[26].
El capitalismo está revelando su rostro más salvaje: las guerras se expanden, la democracia es deslegitimada y el planeta es quemado a voluntad. No obstante, es en momentos como este en que el orden abre nuevas posibilidades de ruptura. La desesperada defensa de las categorías básicas del sistema, debe comprenderse como la reacción violenta de un animal herido y no como la prueba del carácter imbatible de este. No debemos dejarnos convencer por el ánimo de derrota. La experiencia de los anteriores ciclos de lucha (el más reciente entre 2018 y 2022) no debe de pesar sobre nosotros como una constatación de la inminencia del fracaso.
El recuerdo de la revuelta social del 2019 ha sido falseado, y en su lugar se ha instalado una percepción negativa que se puede resumir en que “no logramos nada”. Pero, esta imagen ideológicamente reaccionaria se puede despedazar en segundos. Basta con volver a experimentar la comunidad espontánea que se genera en las calles y plazas, volviendo a sentir colectivamente la rabia y el rechazo hacia el estado de las cosas. El papel compartido por los gobiernos que le siguieron a las revueltas sociales fue el violento desmantelamiento de esta comunidad, y de cualquier recuerdo de que esta existió. Sin embargo, estos intentos terminan siendo siempre inútiles, la larga lucha de los pueblos se vuelve a reencaminar en la medida en que el mismo sistema genera nuevos focos de lucha. Esa es la contradicción del sistema, es ontológicamente incapaz de eliminar sus amenazas, generando por el contrario la posibilidad para su propia superación.
Las manifestaciones multitudinarias que encendieron las calles de Madagascar, Nepal, Marruecos y Laos durante el 2025, y las recientes protestas en Bolivia que frenaron el decreto que buscaba eliminar los subsidios a los combustibles, son prueba de que aún podemos volver a levantarnos. La desmovilización y el pesimismo es el interludio de una lucha mayor. Que el periodo revolucionario más importante en la historia haya tenido lugar entre crisis estructurales y guerras no es una casualidad[27]. Es a partir de estos períodos en que las convulsiones del capital se intensifican, donde se abre la posibilidad para diversas prácticas de resistencia y de fuga a las relaciones sociales que fundan el capitalismo.
Por lo mismo, las luchas migrantes y activistas contra las deportaciones masivas encabezadas por el ICE, así como los actos de insubordinación y deserción militar de los ejércitos ucranianos, rusos e israelíes, son de crucial interés para nosotrxs. Son la demostración de que la guerra de clases sigue latente aún en el corazón de los imperios. Sin embargo, sería un error esperar que cada protesta actual o futura, genere un desenlace radical que nos acerque a la revolución. Es preciso aprender de los procesos de lucha anteriores, que han demostrado que el asalto del poder político o el cambio de administración de los estado-nación no garantizan las transformaciones radicales que necesitamos los pueblos, sino que por el contrario, se han transformado en agentes que administran el monopolio económico, represivo y cultural del poder. Las luchas se fundan de las contradicciones y antagonismo del sistema, pero al mismo tiempo quiénes llevan a cabo estas son portadores de las mismas contradicciones, he ahí la urgencia en la construcción de fuerzas y autonomías hoy, no pensarlas al día siguiente de la “revolución”, sino que forjarlas en el presente, como ejercicios anticipatorios a nuevas sociedades no capitalistas, no patriarcales y no coloniales.
La historia de la lucha de clases nos enseña otro de los límites en la lucha revolucionaria, que está presente tanto en las oleadas de levantamientos de este siglo, como en las experiencias de autogestión territorial que sobreviven hasta hoy a las amenazas de los Estados, véanse los zapatistas en Chiapas y de lxs Kurdos en Rojava. Nos referimos a los límites del marco nacional y del localismo. Las protestas de este siglo se extinguen rápidamente en la medida en que no son capaces de extenderse hacia otros territorios. Focalizar la lucha en un territorio delimitado geográficamente (aún cuando se hable en términos de continente) obstaculiza la revolución como posibilidad. Pues, del mismo modo que el capitalismo y el patriarcado, como forma social son globales, la revolución debe de serlo también. Ese es el motivo por el que Chile no podía ser la “tumba del neoliberalismo”. Aún cuando lograse sacar a Piñera del poder, el neoliberalismo como fenómeno no sería superado como tal hasta que las condiciones que permiten su existencia sean borradas en todas partes.
La rearticulación del sector revolucionario, así como el intercambio de experiencias y aprendizajes con otros territorios, y la creación de organizaciones internacionalistas, que agrupe sectores de los distintos territorios en lucha, son claves para impulsar la expansión territorial de las revueltas que rechace los discursos nacionalistas y estatistas al interior del movimiento. Lo anterior encaminaría la construcción de “…una red internacional que equipe a los futuros levantamientos de una logística adecuada para hacer frente a situaciones de represión y de exilio, así como de la escalada de las luchas”[28].
La construcción de autonomía, la articulación de la lucha y rearticulación del sector revolucionario son principios estratégicos que permitirán elaborar las herramientas materiales y organizativas necesarias para evitar la muerte prematura de estos focos de lucha en nuestras comunidades y pueblos. El balance de las revueltas de este siglo nos muestra un primer el doble obstáculo a superar: la trampa del reformismo y la represión estatal (sin excluir nunca una de la otra). Basta de seguir oxigenando la democracia electoral, ecocida, femicida y genocida; y seguir pensando la revolución como un hito o jaque mate al poder; la revolución es la reafirmación permanente de la insurrección y de la construcción cotidiana de otros mundos posibles.
¡Es hora de acabar con siglos de explotación y dominación,
con todas las fuerzas de la historia, hasta alcanzar la victoria!
[2] F. “Bifo” Berardi, Pensar después de Gaza. Ensayo sobre la ferocidad y la extinción de lo humano, ed. Tinta Limón, 2025. p. 17.
[3] T. Konicz, A guerra como catalisador de crises. Marzo 2026.
[4] La conceptualización de este enemigo, es determinada en términos de raza, género y clase. Mientras que para la alemania nacional-socialista este enemigo se construyó como judio y obrero, en Estados Unidos durante el siglo pasado, lo hizo como afrodescendiente, nativo americano, migrante no blanco, etc. Según M. Lazzarato: “La «raza» no se limita a definir al enemigo, sino que constituye, junto con el patriarcado y la heterosexualidad, el terreno de la subjetivación fascista e identitaria”. E. Alliez y M. Lazzarato, Guerra y Capital, ed.Traficante de sueños, 2021, p. 326.
[6] Como el libro Which Way Western Man? de William Gayley Simpson. Léase: J. Montpetit, “ICE nodding to far-right extremists in recruitment posts, experts say”, enero de 2025.
[8] F. “Bifo” Berardi, Pensar después de Gaza, 2025.
[9] ¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?, enlacezapatista, 2003.
[10] Sistematización “Reflexiones y aprendizajes de la jornada formativa con el MMK-Abya Yala”.
[11] Al respecto recomendamos leer: Z. Baheer, The Iranian uprising is at a very crucial stage, organize!, enero de 2026.
[12] Cómo por ejemplo, con los pagos multimillonarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas a empresas privadas de vigilancia para la localización y vigilancia de migrantes.
[13] Para el Movimiento de Mujeres del Kurdistán, y para el PKK, la liberación de las mujeres es un pilar central de su proyecto político -el Confederalismo Democrático-, y hoy lo conectan con experiencias de lucha de mujeres de todo el mundo.
[14] D. Cameron, Hay cientos de informes por abuso físico y sexual en los centros de detención de migrantes del ICE, wired, agosto de 2025.
[15] El uso sistemático de la violencia sexual por parte de Israel es “más de lo que el ser humano puede soportar”, Noticias ONU, marzo de 2025.
[17] Al respecto recomendamos leer: B. Pfeil y C. Pfeil, Metamorfoseando el anarquismo: por trans-anarquías monstruosas, Colapso y Desvío, diciembre del 2025.
[18] Informe proletario sobre la periferia incendiada: México en la gestión global del excedente, Editorial Conatus, junio de 2025.
[19] “Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, superando a países como Arabia Saudita e Irán. Por lo tanto, posee un inmenso potencial para la exploración petrolera, y no es casualidad que este sector represente el mayor porcentaje del PIB venezolano —alrededor del 12,3% del mismo— en comparación con otros sectores individualmente”. H. Alves, A Agressão Contra a Venezuela e a Política Estratégica de Dominação dos EUA, Critica Desapiedada, enero 2025.
[21] El campismo ignora la relación indisociable entre el Estado y el capitalismo, confundiendo al imperialismo como la conducta específica de sólo algunas potencias y siempre occidentales. Por el contrario: “Todos los Estados sin excepción son fracciones nacionales de la burguesía y el Estado mundiales que, con diferentes jerarquías —desde la cúspide hasta la base de esta pirámide—, compiten entre sí por acumular más capital y más poder que los otros, repartiéndose la plusvalía global, los mercados y los recursos estratégicos del planeta”. Precisiones sobre la guerra de clases y el internacionalismo proletario en el actual contexto de guerra imperialista y revueltas, Proletarios revolucionarios, febrero 2026.
[22] K. Marx, El capital, ed. Akal, 2000, libro III, t.8, p. 227.
[23] Zona geográfica que concentra aproximadamente el 60% reservas del litio a nivel mundial.
[24] Quién ganó las elecciones con una diferencia menor al 1% de los votos. Tras las críticas al conteo de votos, Trump amenazó con duras “consecuencias” si se intentaba revertir las elecciones ganadas por su candidato.
[25] A. Toscano, Imperio de la extorsión, communispress, enero de 2025.
[26] Léase al respecto: M. Lazzarato, El capital odia a todo el mundo, ed. Eterna Cadencia, 2019.
[27] Nos referimos a México: 1910-1917, Rusia: 1917-1921, Alemania 1919, etc.
[28] Nueva Icaria, La revuelta global y sus impasses históricos, Colapso y Desvío, octubre de 2025.
Paso dos días en Olot, en el festival MOT, que este año gira alrededor del viaje. Por una vez, había decidido quedarme un poco más de lo que necesitaba para intervenir en mi acto, lo que me da la oportunidad de asistir de oyente a otros dos encuentros. Uno de ellos es una conversación con la escritora rusa Maria Stepánova (autora, entre otros libros, de En memoria de la memoria, que compro antes del encuentro). Stepánova se fue de Rusia tras el inicio de la guerra de Ucrania y después de que su Gobierno clausurase la revista que dirigía. «La poesía es un refugio», dice, y la afirmación se me queda dando vueltas en la cabeza. «La poesía es un refugio en llamas», me digo yo, y no sé que hacer con esta idea.
Durante mi conversación con Bibiana Candia, moderada por Iris Llop, ambos hacemos referencia al libro del otro. Aunque Azucre y Vibración, las dos novelas elegidas para pensar aspectos del viaje, son muy distintas, hay en ellas temas y enfoques que pueden dialogar bien entre sí y aprovechamos para hablar de ello. Luego me doy cuenta de que algunos oyentes pensaban que nos habíamos puesto de acuerdo previamente en hacerlo así. Es poco frecuente, me dicen, que un autor dedique tanto espacio a hablar del libro de su contertulio.
Es verdad que muchos de estos encuentros, aunque los llamen diálogos, están pensados para que cada uno hable de su libro. De todas maneras yo procuro leer algo de la persona con la que voy a estar en el escenario –si no la he leído ya– para tener una idea de quién es y qué nos une, si es que nos une algo. Yo no había leído la novela de Bibiana y Bibiana no había leído la mía, pero ambos tuvimos el reflejo de hacerlo antes de viajar a Olot. Es siempre más agradable que realizar dos monólogos sucesivos. Sobre todo porque puede dar pie a que surja alguna idea, algún descubrimiento en esa conversación. Al fin y al cabo, yo ya sé más o menos lo que voy a decir.
Esto no es del todo cierto: antes de un encuentro, aunque vaya a hablar de un libro del que he hablado cien veces, me doy un rato para pensar cómo lo voy a enfocar esa, dependiendo del contexto y del momento, que nunca son idénticos. En ocasiones, surge una idea nueva, y eludir la rutina del pensamiento me da la impresión de escapar de ese embudo, del que he hablado alguna vez, que puede ser la vida, en la que se tiende avanzar de la parte ancha, donde parece que las posibilidades son múltiples, a la más estrecha, en la que se va restringiendo cada vez más la libertad de movimientos.
26 de marzo
Se me ocurre ahora que la imagen anterior es propia de una persona joven, del hombre relativamente joven que era cuando la escribí. Sus connotaciones negativas son innegables si hablamos de que tus fuerzas pueden irse reduciendo, tu salud limitándote, también tu capacidad de elección, porque sabes imposible cumplir algunos de los sueños que tenías. Pero la «estrechez» también consiste en que has llegado a un cierto lugar por elección propia y no deseas moverte a otro. Hubo un tiempo en que de forma casi patológica deseaba vivir varias vidas, pero la que he ido eligiendo me parece ahora mismo la única que necesito: estoy con la mujer con la que quiero estar y no deseo otra, en el lugar y en la profesión que me satisfacen. Puede que las circunstancias me arrebaten el espacio construido, pero no siento que esté renunciando a mi libertad por estar donde estoy. No solo eso: lo que he ido consiguiendo me da posibilidades que no tenía de joven.
La imagen del embudo es también parcialmente errónea en lo que se refiere a la zona ancha: puede que en tu fantasía apenas tengas limitaciones y seas capaz de moverte libremente de un lado a otro, quizá creas allí que tu vida tiene posibilidades infinitas. Pero no es verdad: te limitan tu clase social, la educación recibida, tu capacidad creativa, tu valentía, la cantidad de apoyo que recibes de los demás; en resumen, dependes del contexto al que perteneces y de cómo ha influido en tu carácter.
Vivimos en una época en la que el capitalismo ofrece vidas infinitas en la parte ancha del embudo; el capitalismo es la serpiente que nos seduce para que mordamos la manzana del consumo con la promesa de que entonces seremos como dioses. Si quieres puedes, just do it. El epítome del engaño lo vemos en esos anuncios de todoterrenos con los que atravesar selvas y desiertos poniendo el mundo a tus pies: te venden la libertad absoluta, trazar tus propios caminos, pero olvidando, no solo que hoy hay caminos en todas partes y que a lo mejor para llegar a la selva tienes que soportar un embotellamiento, como toda esa gente que hace cola para adquirir la experiencia absolutamente única de escalar el Everest. También que para comprar ese magnífico todoterreno a lo mejor has tenido que endeudarte o que trabajar un año en una profesión que te desagrada. Tu todoterreno no te hará libre como tampoco seducirás a todo el que se cruce contigo por ponerte tal perfume o llevar tal prenda de ropa. Sabemos que es así, pero al mismo tiempo lo creemos porque, como la religión, nos ofrece el consuelo que necesitamos.
El capitalismo tiene ese poder de hacerte creer que eres quien no eres, vendiéndote el espejismo de vivir en un mundo sin paredes ni murallas para tu voluntad, cuando en realidad vives en una celda estrecha; a cambio, para que la magia funcione, no debes mirar lo que destruye para ofrecerte tus fantasías. Y, sobre todo, a cambio de que no te rebeles contra el engaño.
LA HABANA // El profesor de Historia de la Revolución cubana Fabio Fernández Batista se define como reformista del sistema cubano, lamenta que muchos de sus compatriotas crean que “el capitalismo solucionará sus problemas cuando el que le toca a Cuba es el capitalismo subdesarrollado periférico dependiente, como el de República Dominicana, Guatemala u Honduras” y considera que su país sufre una “crisis espiritual que ha provocado que haya cubanos que creen que el mejor camino para Cuba pasa por que San Trump nos bombardee”.
A su llegada a la entrevista, explica la razón de su retraso: se ha encontrado una protesta en la entrada de la Universidad de La Habana cuando ha ido a hacer unas fotocopias. Al día siguiente, la concentración aparecerá en buena parte de la prensa internacional. Una treintena de estudiantes pedían facilidades para poder seguir las clases a distancia después de que el Gobierno cubano dictara el cierre de las aulas por la falta de combustible. Los continuos apagones eléctricos también acarrean caídas de Internet, cuya conexión ya resultaba inasequible para el estudiantado que no recibe apoyo económico de la diáspora. Una manifestación más de la crisis sistémica que sufre el pueblo cubano desde hace décadas, agravada por el cerco energético dictado por la Administración Trump –un castigo colectivo prohibido por el derecho internacional–.
¿Cuál es su análisis de la situación que atraviesa Cuba en la actualidad?
En Cuba hay una crisis estructural provocada por una economía renqueante desde hace mucho, que todavía acusa el golpe que significó el fin del campo socialista y que, al mismo tiempo, está golpeada por una política hostil norteamericana. Tenemos un modelo económico que tiene grandes deudas en materia de eficiencia, eficacia, productividad y todo lo que sigue en esa lista. Todo esto ha provocado una fractura del consenso político en el marco de una sociedad cada vez más plural y no han existido mecanismos para canalizar ese disenso de forma participativa.
También se ha producido un cambio del liderazgo histórico de Fidel y Raúl Castro al de Díaz-Canel, cuyo capital simbólico sería su capacidad para gestionar con eficiencia el país. Y eso no ha ocurrido. Además, tras el impacto económico de la pandemia de COVID-19 se llevó a cabo una reforma que desestructuró aún más la economía del país. Y por último, Trump ha reforzado la hostilidad contra Cuba con el bloqueo petrolero y con la presión que ha puesto en diferentes países para que corten la colaboración con Cuba en materia de exportación de servicios de salud.
Al mismo tiempo, hemos sufrido un éxodo migratorio de más de un millón de personas en un país que ha envejecido a un ritmo que no es funcional para la nación. Y añadiría que tenemos un tejido nacional lesionado, marcado por múltiples carencias y frustraciones por las que tenemos una crisis espiritual que ha provocado que haya cubanos que creen que el mejor camino para Cuba pasa por que San Trump nos bombardee.
¿El Gobierno cubano podría hacer ahora las reformas que no ha hecho las últimas décadas?
El margen de maniobra se ha ido estrechando incluso en el ámbito interno. Se han perdido dos momentos fundamentales para hacerlo. En los años noventa, Fidel Castro tenía suficiente capital político para haber transitado a un modelo como el vietnamita o el chino. En el primer lustro de los 2000, se creó la alianza con la Venezuela boyante de Chávez pensando que podía sustituir a una reforma integral del modelo económico. Después llegó Raúl Castro, que colocó la reforma en el centro de la acción política, planteando que el socialismo debía entenderse desde una conexión más orgánica con las economías de mercado, pero no terminó de llevarla a la práctica por lo que yo llamo el síndrome de la perestroika: había miedo a que, al abrir el juego, se desencadenasen cambios políticos. Y también se aplicaron reformas que beneficiaron sólo a sectores puntuales, como la construcción hotelera, en detrimento de los intereses generales del país.
¿Y ahora?
Ahora se están impulsando transformaciones como las alianzas empresariales público-privadas, pero el margen es estrecho. Reformas que se pudieron haber hecho antes se tienen que hacer ahora en un país semiparalizado porque no hay combustible. Se debería haber aprovechado el proceso de normalización con el gobierno de Obama, pero entonces ganaron los sectores más conservadores.
Tras el estallido social de 2021, ¿qué peso tienen las reclamaciones democráticas entre el alumnado universitario?
Tanto en los estudiantes como en la ciudadanía en general hay un afán por cambiar dinámicas en el sistema político para que haya más participación, más mecanismos de control popular, lo que no quiere decir necesariamente asumir los presupuestos de la democracia liberal. Claro que en Cuba hay gente que quiere lógicas económicas propias de la democracia liberal, pero también hay quienes estarían dispuestos a participar en maneras distintas de entender el funcionamiento democrático del país.
La mayor inconformidad de la gente en Cuba es con su economía diaria. Si el gobierno fuese capaz de resolverlos, habría una reducción importante de los niveles de inconformidad. En las protestas sobre todo hay gente reclamando servicios básicos como la electricidad y el agua, poder llenar la despensa… Pero desde el extranjero se suele subrayar el matiz político de la protesta.
¿Qué cree que va a pasar en las próximas semanas?
Eso nadie lo sabe. Hay una gran incertidumbre en torno a las negociaciones entre el gobierno de Cuba y el de los Estados Unidos. Defiendo que haya puntos de contacto entre ambos, de hecho es una política histórica de los gobiernos nacidos de la revolución cubana, pero no estoy de acuerdo con que impliquen una lesión en la soberanía del país. Por ejemplo, que se hable de que una línea roja es la del presidente de Cuba, es decir, que se decida en Washington quién es nuestro presidente. No me gusta el modelo venezolano en el que el chavismo ha asumido una lógica de supeditación a los mandatos de Trump.
Me gustaría una negociación en la que podamos llegar a acuerdos desde una defensa de la soberanía. No se puede olvidar que a Estados Unidos no le interesan ni los derechos humanos ni la democracia en Cuba, sino que tiene una proyección imperial, que Cuba se mueva al ritmo que le interesa.
También cabe la posibilidad de que no haya acuerdo y de que haya una profundización en la política hostil de los Estados Unidos hacia Cuba. ¿Hasta dónde puede llegar? ¿Una agresión quirúrgica como la que hicieron en Venezuela? Quirúrgica… pero con un montón de muertos. ¿Quizás un bombardeo como el que están haciendo en Irán o una agresión militar tipo desembarco de Normandía? Cuba está muy cerca de Estados Unidos, por lo que cualquier escenario de desestabilización puede incidir también en su territorio. Por otra parte, hay que tener en cuenta cómo le saldrán las cosas a Trump en Irán. Un empantanamiento puede limitar su capacidad de acción contra Cuba o lo contrario: apostar por hacer algo que pueda vender como un éxito.
¿Y a nivel interno?
Hay que ver en qué medida las carencias múltiples en un país semiparalizado pueden generar una protesta social y que se mezcle la demanda política explícita con la situación económica.
Imagen de una calle de La Habana. ALEX ZAPICO
Pero al margen del agravamiento del bloqueo con el sitio energético que ha dictado Trump, los apagones graves llevan afectando de forma regular a la población más de dos años, las desigualdades entre las clases sociales son hoy exacerbadas y muy evidentes, hay una minoría que todo el mundo ve moviéndose en coches de lujo, comiendo en restaurantes caros y comprando lo que necesita en las innumerables tiendas que se han abierto con productos importados y en las que se paga en dólares… Mientras, la mayoría social no se puede permitir siquiera comprar pollo una vez al mes ni jubilarse y dejar de trabajar porque cobra pensiones que no les dan para comer. ¿Sin el factor Trump, el Gobierno cubano habría aplicado alguna reforma?
Si quitamos la agresión más reciente de Trump, el país seguiría estando en una situación muy compleja. Ojo, el bloqueo existe y es estructural. Trump solo ha escalado en grado sumo la política de sanciones de Estados Unidos. Y los problemas de Cuba son un acumulado de cosas que no han hecho bien este gobierno y los anteriores, así como de las políticas hostiles de los Estados Unidos.
Pero al margen de Trump, hay una demanda social clara de que el país lleve a cabo una apertura económica que permita una mejoría general, que no solo beneficie a un segmento. Es decir, abrir la economía pero manteniendo políticas públicas que atiendan a la ciudadanía en su conjunto, especialmente a la más vulnerable. Por ejemplo, se habla de que en abril se modificará la libreta de racionamiento.
Pero si ya apenas entregaban nada por la libreta, hay gente que hace meses que no recibe nada.
Y aun así sigue siendo importante para algunas familias. El Estado no tiene que subvencionar el arroz a un hombre como Silvio Rodríguez, que no lo necesita, pero sí a una viejita pensionada. También tiene que ayudar a que mi amigo tenga un negocio próspero y crear mecanismos fiscales que permitan al Estado redistribuir recursos, a que la educación y la sanidad públicas sean solventes…
¿Y por qué no lo han hecho hasta ahora?
No se ha trabajado con la celeridad necesaria, lo que ha agudizado los problemas. Y hay que garantizar un escenario de bienestar, aunque sea modesto, porque es una de las conquistas más importantes de la revolución.
Cuando los cubanos se quejan de que los sistemas de salud y educación no funcionan los están comparando con los éxitos que la revolución cubana alcanzó. Hay medios que construyen un relato engañoso en el que pareciera que los cubanos añoran un capitalismo maravilloso que Fidel Castro y sus barbudos destruyeron y que nos llevó a la noche más oscura. Eso es una estafa intelectual e histórica. Claro que los cubanos tienen el referente del capitalismo que han visto cuando han viajado o por las series y películas que ven; claro que hay una visión del capitalismo que forma parte de los imaginarios cubanos, pero una parte importante de los reclamos ciudadanos en Cuba conectan con la memoria histórica de un país que, en los marcos del socialismo, funcionaba mejor que el actual. Así pues, el Estado tiene la misión importante de abrir la economía para sostener de mejor manera la educación y la salud públicas.
¿Cómo debería hacerlo?
Soy reformista, me siento conectado con los valores fundacionales de la revolución cubana, tengo una proyección de vida anticapitalista. No creo que el capitalismo sea un sistema justo. Creo que la revolución cubana avanzó por caminos alternativos frente al reino del capital y que habría que rescatar mucho de ese espíritu primigenio. Fue una revolución que tuvo mucha luz y, también, sombras desde el principio: lógicas demasiado verticalistas, burocráticas, con elementos importantes de autoritarismo… Creo que hay que refundar un proyecto de contenido socialista desde el que repensar la economía, la democracia, nuestro lugar en el escenario geopolítico.
Hay gente que ve con buenos ojos la idea de una Cuba de democracia liberal, que está muy romantizada porque tiene muchos elementos antidemocráticos.Y mucha gente que piensa que el capitalismo cubano sería como el español, el sueco, el suizo, que no son perfectos, pero que tienen colchones de bienestar. Pero el capitalismo que le toca a Cuba es el capitalismo subdesarrollado periférico dependiente, como el de República Dominicana, Guatemala, Honduras…
¿Existe realmente todavía el socialismo en Cuba? Un capitalismo exacerbado domina plenamente las vidas diarias y cotidianas de los cubanos y cubanas…
Esa es una muy buena pregunta. Yo creo que quedan lógicas en las prácticas sociales como en los imaginarios..
Por supuesto que hay una influencia de lo que representaron la revolución y sus logros en la conciencia colectiva, pero los cubanos ya viven sometidos a un capitalismo periférico, con diferencias de clase abismales, pobreza extrema y excluyente…
Hay varios expertos que dicen que Cuba se ha latinoamericanizado, que cada vez nos parecemos más al continente que tenemos al lado y al que pertenecemos. Yo creo que las lógicas del capital no imperan plenamente en Cuba. Quedan bolsas de resistencia: con todos sus defectos, sigue habiendo una apuesta por la salud pública gratuita, una educación gratuita universal, un conjunto de bienes sociales que nos pertenecen a todos…
Pero es cierto que en Cuba hace años que no hay revolución. La revolución arrancó en el 59 y se cerró a mediados de los 70. A partir de entonces, vivimos en una sociedad posrevolucionaria que ha ido evolucionando con los cambios de la vida y con las reformas impulsadas por las estructuras de poder. Y ahora vivimos otra revolución –entendida como cambio estructural de sus dinámicas–: el paso de la apuesta que fue el socialismo a una en la que vuelve el capitalismo.
Quiero pensar que el pueblo cubano encontrará mecanismos que nos lleven a un socialismo remozado más que al capitalismo, pero yo puedo ser la expresión de una minoría. Mucha gente en Cuba ha comprado el sueño de que el capitalismo nos llevará a un lugar mejor. Yo creo que es un sueño equivocado, pero el ideario de izquierda está muy golpeado. En Cuba hay un proceso de articulación progresiva y potente de fuerzas de derechas, algunas vinculadas con el fundamentalismo religioso evangelista. Hay una idea de que el Estado es un obstáculo, de que es ineficiente, de que la propiedad privada y la privatización de los servicios públicos es la respuesta a todo. Hoy, en Cuba, la palabra comunista se puede utilizar como un calificativo despectivo. Eso tiene que ver con una comprensión estrecha de lo que es el comunismo y una identificación de las políticas gubernamentales con el comunismo, cuando en la práctica no hay muchas que puedan considerarse así, sino que es todo lo contrario, hay una apertura al capitalismo.
En España también tenemos una sanidad y una educación públicas en el marco de una democracia liberal. Teniendo en cuenta que las políticas cubanas no son comunistas, ¿que Cuba se convirtiese en un Estado del bienestar socialdemócrata sería el peor o el mejor de los escenarios?
Muchos cubanos tienen una imagen del capitalismo que se mueve en códigos socialdemócratas, pero yo tengo muchas dudas de que el capitalismo cubano del futuro fuese socialdemócrata: más bien sería el latinoamericano neoliberal. Si tú me dices que el capitalismo cubano va a ser el de España o Noruega, casi me atrevo a abjurar de mi vocación marxista y me lanzo a la piscina. Pero Cuba es periferia y no hay demasiados ejemplos en los que el capitalismo socialdemócrata se haya consumado en la periferia.
Además, puede darse el caso de que tenga unos indicadores macroeconómicos extraordinarios, con una vitalidad aparente tremenda, y que debajo de todo eso subyazcan problemas estructurales graves.
• En esos lugares trabajan aproximadamente 30 mil mexicanas y mexicanos, precisó Aaraón Díaz Mendiburo • Las jornadas en la nación norteamericana se extienden de 12 a 16 horas, alertó Luz María Hermoso Santamaría • Olivia Doggett mencionó que ese país depende de la fuerza laboral temporal extranjera • Marcela Juárez Morales dijo que ese abuso también sucede en Sinaloa y Querétaro, por ejemplo
En Canadá hay invernaderos altamente tecnificados y productivos para
cultivar frutas, verduras, flores y recientemente cannabis; pero no se
sostienen sin la mano de obra de personas provenientes de países en
desarrollo, quienes llegan en busca de mejores condiciones económicas.
Aaraón Díaz Mendiburo, investigador del Centro de Investigaciones de América del Norte de la UNAM, explicó lo anterior y añadió que en esa nación existe, a partir de 1966, el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT), al que se sumó México en 1974 con una participación de 206 personas campesinas; hoy en día son aproximadamente 30 mil: 97 por ciento hombres y tres por ciento mujeres. Durante el conversatorio “El presente y futuro de la migración y el trabajo en los invernaderos de alta tecnología en México y Canadá”, el doctor en Antropología consideró que aun cuando se ha descrito como un programa ejemplar, tiene algunas contradicciones.
En ese sentido, abundó el académico, las personas migrantes son clasificadas como de bajas habilidades, pero dominan sus labores y realizan actividades especializadas; son estructuralmente indispensables e irremplazables por empleados canadienses, pero lo son por provenir, sobre todo, del sur global; y reciben salarios.Díaz Mendiburo recordó que en marzo de 2020 el entonces primer ministro canadiense, Justin Trodeau, declaró cerrar las fronteras para todos aquellos que no fueran ciudadanos o residentes, a excepción de los estadounidenses. Pero tres días después se anunció la entrada de los trabajadores migrantes reclutados bajo los distintos programas de empleo.
A decir de la profesora de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM, Marcela Juárez Morales, la explotación en ese tipo de lugares no es exclusiva de Canadá, sucede también en México. Presentó un modelo que se aplica en Sinaloa, en el cual prevalecen prácticas tradicionales como “acasillamiento” (acción de establecer de forma permanente a un trabajador en una hacienda o granja, dándole vivienda y considerándolo un jornalero permanente); prevalecen preocupaciones empresariales por la tecnificación, pero no por las condiciones laborales.
En el caso de Querétaro impera la rotación de personal, carecen de apoyos de vivienda y de mayor salario, aunque amplíen sus actividades. “Los incentivos a la productividad son sobre el salario mínimo y se cuenta por fruta o cultivo cosechado, en condiciones muy precarias”, sostuvo.
De acuerdo con la profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de Chapingo, Luz María Hermoso Santamaría, las jornadas formales en los invernaderos son de ocho horas diarias, pero en realidad se extienden a 12 y hasta 16, manteniendo una “esclavitud moderna”.Manifestó que existen 200 mil granjas para diversos cultivos, y en ellas se desempeña gente del sur global (entre ellos mexicanos) en precarias condiciones, pese a la alta tecnificación que se tiene en esas instalaciones donde usan, por ejemplo, energía eólica y monitores de televisión para controlar la productividad. “A la fecha, vía el PTAT se contrata a 27 mil 318 personas que siembran, cultivan y cosechan en la agricultura primaria canadiense (apicultura, flores, frutas, hortalizas, procesadoras de alimentos, tabaco y viveros), de los cuales 26 mil 699 son hombres (97 por ciento) y 619 mujeres (2.26 por ciento), con salarios que fluctúan entre 15 y 18 dólares canadienses por hora”, señaló.
En tanto, Olivia Doggett, de la Universidad de Toronto, reconoció que Canadá depende de la fuerza laboral temporal extranjera a la que se somete a una “esclavitud moderna” en los invernaderos, donde laboran personas de 25 a 40 años. “Hay una gran explotación y quieren que trabajen como máquinas”.
Mientras en República Dominicana se celebra el Día de las Madres, el gobierno ejecuta un protocolo migratorio que criminaliza la maternidad negra y haitiana. Mujeres embarazadas son detenidas en hospitales y deportadas, violando derechos humanos fundamentales. El racismo de Estado cobra vidas y normaliza la exclusión. ¿A quién se le reconoce como madre digna de cuidados?
Este domingo se celebra el Día de las Madres en República Dominicana, desde inicios del mes en las instituciones y en la calle se percibe propaganda que invita al consumo para conmemorar lo que a todas luces es un día sagrado para la sociedad dominicana. Editoriales de periódicos desde ya anuncian esta fecha como parte fundamental de nuestra cultura, por ser una de las fiestas más celebradas para rendirle culto a ese símbolo de amor puro y verdadero que es la madre.
El pasado lunes 21 de abril comenzó la aplicación del nuevo protocolo migratorio adoptado por el gobierno dominicano, agentes migratorios irrumpieron en más de 33 centros de salud, incluidas maternidades, jornada que terminó con la deportación de más de 87 madres y mujeres negras de ascendencia haitiana en estado de gestación y en labor de parto, acompañadas de 48 menores de edad en las primeras jornadas. Esto entra en contradicción con el propio Reglamento de Ampliación de la Ley General de Migración que establece en su artículo 134 que “la detención nunca será utilizada en los casos de menores de edad, mujeres embarazadas o lactantes, envejecientes y solicitantes de asilo”.
A un mes de la puesta en marcha de las medidas migratorias más racistas de las últimas décadas como respuesta a la Marcha de Friusa, las consecuencias son fatales, ha habido una reducción de hasta el 40% de las personas negras y de ascendencia haitiana que buscaban atención médica en los hospitales públicos por temor a ser deportadas. Tal es el caso de Lourdia Jean Pierre, una mujer negra haitiana de 32 años, quien murió desangrada en El Seibo, después de haber dado a luz sola en su casa. A Lourdia Jean Pierre la mató el racismo de estado.
Los medios de comunicación pagados por las élites políticas y económicas nacionales han contribuido a alimentar el relato hipócrita de que “las restricciones de salud a las madres negras y de ascendencia haitiana mejoraran las condiciones del sistema público de salud”, por esto están normalizando la violencia y el abuso contra esta población. En las redes sociales constantemente emplean términos como el de “invasión de vientres” y “paridoras” términos que además de arrastrar un fuerte componente de racismo y misoginia, acarrean el lenguaje de animalización para deshumanizar y construir una percepción constante de peligro en mujeres negras trabajadoras que buscan atención médica en un sistema que las relega a la sub-humanidad.
El accionar del gobierno dominicano tiene sus orígenes en el racismo antinegro y antihaitiano que han impuesto históricamente las élites nacionales y que hoy promueven la peligrosa idea de un conflicto binacional inexistente. El discurso ¿acaso no soy una mujer? pronunciado por la activista afroestadounidense Sojourner Truth en 1851 cobra un sentido desbordante en este contexto, ¿acaso no son madres?, ¿acaso no merecen nuestra empatía?, ¿acaso no merecen ser atendidas en condiciones dignas?.
Y es que cuando hablamos de mujeres negras, estamos hablando de mujeres ubicadas en el último eslabón de privilegios, atravesadas no solamente por el género, sino además por la raza, la clase, la geografía, la nacionalidad, etc. Feministas negras y del sur global han analizado la condición específica de las mujeres negras, construidas como sujetos sin agencia, subalternizadas, tan fuertes que pueden soportar cualquier dolor y consideradas histéricas o locas cuando hablan. La representación de la mujer negra en el ámbito político y social suele estar en el ámbito de la negatividad, por lo que resulta conveniente construirlas como amenaza, lo peligroso y el enemigo, para disipar las violencias y deficiencias históricas y estructurales que se configuran en el estado dominicano.
Estas medidas lejos de alumbrar una solución “sigue perpetuando el esquema de corrupción e impunidad e incluso trata de personas, que no busca la regularización sino hacer negocios con las deportaciones” como apuntó Roudy Joseph del Colectivo Haitianos RD a la Deutsche Welle. Políticas de crueldad, cacería y blanqueamiento que ahora ponen en riesgo la vida de más de 30 mil personas haitianas y dominicanas de ascendencia haitiana que nunca han podido acceder a documentos por las dificultades sistémicas impuestas.
Está claro que limitar el acceso a la salud estableciendo requisitos discriminatorios viola los derechos universales reconocidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las leyes generales y la propia constitución dominicana, pero cuando se trata de mujeres negras y personas negras debemos preguntarnos, ¿quiénes cuentan como humanas?, ¿quién entra en la categoría sujeto de derecho?. Aunque en las sociedades colonizadas se instauraron estados nacionales, las jerarquías siguen intactas, la etiqueta racial “blanco” o “europeo” se construyó como superior, siempre ligado a la humanidad desde su invención, por lo tanto persona sujeta del Derecho a quienes estuvieran dentro de este grupo. Por el contrario, la etiqueta “negro” o “africano” se construyó como la base de esta jerarquización, y fue concebida como lugar de la no humanidad, lo cual constituye a sus miembros en “cosas” u “objetos del Derecho”, susceptibles de apropiación.
¿Quiénes cuentan como humanas?, cuando personajes como Faride Raful, actual ministra de Interior y Policía en su momento como senadora del Distrito Nacional se hizo eco de la demanda de los grupos feministas por la inclusión de tres causales de interrupción del aborto en el código penal, como una deuda de la democracia dominicana con “las mujeres” y su “dignidad”. En la acepción de humanidad que Faride, el gobierno y la sociedad predican estas mujeres simplemente no entran. Así como la Iglesia se vio obligada a crear una noción normativa de “humanidad” congruente con sus doctrinas teológicas, que pudiera justificar el exterminio de los pueblos indígenas y afrodescendientes que se llevaba a cabo durante la colonización, el gobierno dominicano busca instalar en el imaginario nacional una idea de la mujer que puede ser vejada, maltratada y torturada al grado de negarles atención médica y montarlas en una camiona en situación de extremada vulnerabilidad por el hecho de haber nacido negras.
El deterioro del sistema hospitalario en República Dominicana no se debe a las mujeres negras haitianas, se debe al bajo presupuesto asignado por el estado y a la privatización del sector salud. República Dominicana es uno de los países que menos invierte en salud en la región latinoamericana. El gasto público en salud de República Dominicana para el 2023 fue de apenas un 2.7% (el segundo más bajo después de Guatemala), según estudios realizados por Wifor Institute y Sanigest International. Según la ley 01-12 de Estrategia Nacional de Desarrollo se debería destinar el 4.5 % del PIB a la Salud, pero en 2024 la inversión no superó el 2%.
Otro mito es la carga que representan para el estado dominicano. Según la Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI-2017), la población inmigrante haitiana aporta un 7.4% al Producto Interno Bruto (PIB) de la República Dominicana. Este dato subraya que su contribución económica es 16 veces mayor que el gasto público destinado a servicios para esta población. Muchas trabajadoras de ascendencia haitiana, se dedican a los cuidados y al trabajo doméstico en condiciones de esclavitud y sin posibilidad de acceder a la seguridad social. Criminalizar y perseguir a mujeres negras que aportan cada día con su trabajo a nuestra economía es un acto de crueldad, mientras se protege y resguardan privilegios a las élites blancas que mantienen el saqueo, el empobrecimiento y la exclusión de las mayorías.
“Si las mujeres negras fueran libres, eso significaría que todo el mundo sería libre, ya que nuestra libertad requiere la destrucción de todos los sistemas de opresión”. Manifiesto Río Combahee, 1977.
Esther Girón: Activista afrofeminista y fundadora del colectivo antirracista Aquelarre Bonao.
En el marco del Día Internacional de los Trabajadores (May Day) este 1° de mayo, miles de personas –incluyendo trabajadores, inmigrantes, estudiantes y familias– salieron a las calles de Los Ángeles. La principal demanda de los manifestantes fue contra el endurecimiento de las políticas migratorias del gobierno de Donald Trump, que incluyen la intención de sellar la frontera sur y la expulsión de millones de indocumentados, en lo que el propio Trump denominó «la mayor deportación de la historia de los Estados Unidos».
En respuesta a estas medidas, febrero marcó el inicio de protestas en diversos estados del país, siendo Los Ángeles, por su numerosa población latina, un foco principal. Del 2 al 4 de febrero se produjeron manifestaciones que derivaron en enfrentamientos con la policía cerca del ayuntamiento; las movilizaciones continuaron hasta el 9 de febrero, día en que los manifestantes volvieron a reunirse frente a la alcaldía. El 17 de febrero, «Unión Barrio» y más de 60 organizaciones ciudadanas protestaron en la Placita Olvera. Las demandas por una reforma migratoria impulsaron una nueva marcha de migrantes y activistas el 9 de marzo.
Conversé sobre este panorama de protestas con el Dr. Steven Loza, etnomusicólogo de la UCLA y una figura notable por haber sido, durante casi 30 años, el único profesor de origen chicano en el departamento de música de dicha universidad. Además de su labor como investigador en el Centro de Estudios Chicanos y director del Centro de Artes Latinas, actualmente se encuentra en año sabático colaborando con la Universidad Veracruzana en Xalapa Para el Dr. Steven las protestas de la comunidad Latina en la ciudad de los Ángeles forman parte de una larga lucha por el reconocimiento de los derechos, no solo de los migrantes, sino también de los méxico-americanos. Reconoce que las relaciones entre los migrantes y la llamada comunidad chicana están llenas de matices y por tanto se trata de un fenómeno social complejo. Por ejemplo – me dice – existen el migrante mexicano recién llegado que no habla el idioma y por otro lado el joven méxico-americano que ya no habla español, esas dos figuras podrían ser el blanco y el negro, sin embargo, en medio hay una amplia escala de grises.
Su propia historia está marcada por el fenómeno migratorio, sus padres fueron hijos de migrantes mexicanos. Desde su trinchera, como músico y profesor, ha dedicado su vida a buscar la justicia social dentro de la UCLA para las comunidades negra y latina. En su libro más reciente, titulado La última conferencia de un etnomusicólogo. Música y globalismo, filosofía y religión, da cuenta de ello: “Un acontecimiento social importante que sigue impactándome hasta el día de hoy es la huelga de hambre de 1993 en la UCLA organizada por estudiantes, profesores y miembros de la comunidad chicana, que exigían la creación de un Departamento de Estudios Chicanos. Nueve personas llevaron a cabo la huelga de hambre durante un periodo de dos semanas, arriesgando su salud y sus vidas por una causa que consideraban urgente y necesaria.”
El Dr. Loza recuerda su papel como representante de los huelguistas en las mesas de diálogo con directivos de la UCLA, un proceso que concluyó con la creación del Departamento de Estudios Chicanos. Desde su perspectiva, la lucha de los méxico-americanos en Los Ángeles está profundamente conectada con la de los migrantes mexicanos por sus derechos. Sostiene, además, que esta no es una lucha reciente; sus inicios se remontan a los disturbios del Zoot Suit en 1943 y al movimiento de trabajadores agrícolas de los años sesenta y setenta encabezados por César Chávez y Dolores Huerta, el cual, provocó un florecimiento cultural chicano en las décadas de los ochenta y noventa.
Las nuevas políticas migratorias de presidente Donald Trump nos obligan a mirar con ojo crítico el fenómeno migratorio, pues la comunidad de migrantes mexicanos no solo aportan mano de obra barata para la industria, la agricultura o los servicios en Estados Unidos, también han llevado consigo rasgos de su cultura que fusionados con la norteamericana y otras minorías étnicas, han dado origen a una sociedad multicultural.
Lo que llama la atención de la ola de protestas contra la política migratoria y el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en Los Ángeles, es la cantidad de banderas de México que portan los manifestantes, personas con matracas, sombreros de palma con los colores de la bandera mexicana, vistiendo zarapes y rebozos. Niñas con trajes de danzantes tradicionales, con sartales en los tobillos, tocados de plumas en la cabeza y huipiles bordados con motivos florales mexicanos danzando en medio de la protesta, sobre la calle Brodway y la rampa al freeway 101 norte; hombres con tlalpilis y pectorales decorados con motivos prehispánicos y copillis de plumas sobre sus cabezas, danzando al ritmo de los huéhuetls sobre la autopista 101, para recordarle al presidente Donald Trump y al mundo que la identidad de los angelinos esta fincada en ambas culturas, que la primer lengua europea que se habló en este territorio fue el español, y que los latinos habitaron esta ciudad antes que los anglosajones, los méxico-americanos del siglo XXI encuentran en la historia antigua de México su propio origen, el sur oeste americano ha sido renombrado Aztlán, la tierra mítica de los antiguos mexicanos.
El término «chicano» se refiere originalmente a los mexicanos que ya residían en los territorios anexados por Estados Unidos tras la guerra México-Estadounidense, concluida con el Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848). A pesar de su contribución al desarrollo del país, los chicanos han enfrentado una larga historia de discriminación y una continua lucha por los derechos de las minorías. En Los Ángeles, esta lucha se ha caracterizado por alianzas con otras comunidades, como los nativos americanos y los afrodescendientes. Un ejemplo de esta colaboración son las numerosas manifestaciones contra la Guerra de Vietnam organizadas conjuntamente en los años setenta, y la cercana relación de Coretta Scott King (viuda de Martin Luther King) con César Chávez en la defensa de los derechos de los trabajadores agrícolas.
En la actualidad el termino chicano se usa para referirse de manera más amplia a personas de origen latino en Estados Unidos, independientemente de su estatus migratorio (ciudadanos, residentes legales o indocumentados). La comunidad chicana, con un sólido historial de lucha, se encuentra hoy especialmente unida en la defensa de los derechos de los migrantes, a quienes considera uno de los grupos más vulnerables.
Martha López López. Miembro del seminario permanente universitario del G20
Sostuvo el lingüista francés Pierre Bourdieu que “quien nomina, domina”. Comencemos por el nombre de América. Estados Unidos, que como bien hace notar Jean Luc Godard no es un nombre, se ha ido apoderando progresivamente del apelativo de América, cuyo titular original, Américo Vespuccio, jamás estuvo en lo que es hoy territorio estadounidense. Vemos que Donald Trump arma una alharaca para cambiar el clásico nombre de Golfo de México por el de Golfo de América. Tras la lingüística viene la rapiña; gran parte del territorio que actualmente llamamos Estados Unidos era de México. Testimonio, Tejas, Los Ángeles, California, San Francisco, Nevada, Colorado, Utah, Kansas, Oklahoma, Wyoming, Nuevo México, tantos apelativos castellanos o indígenas enclavados en tierra que el latrocinio hizo gringa. Tampoco nadie podrá borrar los millares de musicales nombres originarios que destellan en medio de lo que los invasores quisieron llamar Nueva España; Jalisco, Oaxaca, Tulún, Cuxcatlán, Xochimilco, Chihuahua, Guanajuato, Pénjamo.
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Con la asimilación entre el nombre de un país y el de un continente viene un intento de apropiación del segundo por el primero. Para algunos, “América” es “Estados Unidos”; de hecho, éste último ocupa con unas 128 bases militares América Latina y el Caribe, mientras que nuestros países no operan una sola en el Coloso del Norte. Elegir nuestro nombre fue optar entre uno y otro coloniaje: Hispanoamérica o Iberoamérica nos remitían a la península ibérica; Latinoamérica fue una invención del imperialismo galo para mentir que el Emperador Maxiliano, en cuanto “latino”, tenía derecho de pillar México. “Nuestra América” fue frase poderosa de José Martí, que implica a la vez separación esclarecedora y entrañable fraternidad.
3
Y ya que hablamos de continentes, recordemos que para el Diccionario de la Lengua Española éstos son “cada una de las grandes extensiones de tierra separadas por los océanos”. Pero en vano buscaremos el océano, la zanja, la discontinuidad natural que separaría el continente que llamamos Europa de aquél que nominamos Asia. La única barrera entre ambos es la grieta del Eurocentrismo, que quiso convertir la península europea en Centro del Mundo.
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Quien se nombra se crea; todo enemigo buscará rebautizarlo con un mote que lo destruya. Acierto lingüístico de Hugo Chávez Frías fue adoptar para su movimiento el apelativo de “bolivariano”. Durante casi dos siglos toda fuerza política intentó prestigiarse con el nombre del Libertador: casi ninguna resultó creíble. A principios de siglo la sicóloga social Maritza Montero me dijo que había compilado centenar y medio de insultos de la oposición contra el chavismo y un centenar de epítetos de éste contra los opositores. En tan desigual batalla cabe señalar que los opositores además disponían de la casi totalidad de los medios de comunicación, y sin embargo resultaron derrotados. Bastó que Chávez, comentando una raleada manifestación de Peña Esclusa, dijera que se trataba de una oposición “escuálida”, y así se quedó.
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Quien dude de los engendros que incuba el poder en sus cloacas semióticas, considere la nueva acepción de las palabras “libertario” y “anarquista” en boga en el ámbito mediático. Para el Diccionario de la Lengua Española, “Libertarianismo” es sinónimo de “anarquistmo”: “Doctrina que propugna la libertad total del individuo y la desaparición del Estado y de toda forma de poder”. Así definía Carlos Marx la finalidad última del Comunismo: el Reino de la Libertad. ¿A cuenta de qué entonces motejar de “libertario” a todo esbirro del Fondo Monetario Internacional, a todo polizonte autoritario de la Banca usuraria que a palo y plomo reprime manifestaciones obreras y protestas contra la entrega de sus países al capital transnacional? Algunos hasta se retratan disfrazados de próceres libertadores. Cada criminal puede llamarse como se le antoje; pero vaya usted a saber por qué, medios progresistas y hasta izquierdistas corean como cotorritas el fraude, embarrando de paso las palabras “libertad” y “anarquía”, las más nobles del léxico político.
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Pasemos al ámbito local. Las potencias atropellan a otros países con agresiones delincuenciales para presionarlos a renunciar a sus intereses y su soberanía. Es lo que en términos hamponiles el Presidente Barack Obama llamó “sanción”: “torcerle el brazo” a Venezuela para que adoptara un gobierno grato a Estados Unidos. La mayoría de las legislaciones del mundo definen a este crimen como “extorsión”. Por no citarlas todas, recurramos una vez más al Diccionario de la Lengua Española, para el cual significa “la presión que se ejerce sobre alguien mediante amenazas para obligarlo a actuar de determinada manera y obtener así dinero u otro beneficio. En términos legales, se considera un delito que consiste en obligar a otro con violencia o intimidación para obtener algo de forma ilícita”.
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Pues bien, en aras del latrocinio lingüístico de los poderosos y de la culpable ingenuidad de sus presas, a este crimen lo han venido llamando “sanciónes” victimarios y víctimas. Recurramos una vez más a la Academia Española, para la cual dicho concepto “se refiere a la pena o castigo que se establece para quien infringe una ley o norma”. En términos jurídicos, ello quiere decir que sólo es “sanción” la aplicada por una autoridad legítima y competente, en cumplimiento de una norma válida y obligatoria para el sancionado, a fin de castigar una conducta ilegítima de éste. Pero las normas o leyes de una potencia no son aplicables a los restantes países soberanos del mundo, ni están éstos obligados a someterse a ellas, ni a soportar castigos, atropellos, atentados criminales o penas por tal motivo.
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En dos palabras, cada vez que llamamos “sanción” a una extorsión criminal, atropello o latrocinio de las grandes potencias, no sólo blanqueamos con legitimidad el delito: también nos autocalificamos de culpables, hacemos el papel de niños malos a quienes papi nos da coscorrones a ver si de una vez por todas nos corregimos. Nada de eso. Somos blanco de la ilegítima extorsión de varias potencias delincuentes, no estamos obligados a obedecerla, y los actos impuestos en tal condición son nulos de toda nulidad en cuanto forzados bajo violencia ilegal. Mientras sigamos llamándola “sanción” no hacemos más que otorgar validez legal a nuestra condición de víctimas.