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AnteayerNoticias

Nicaragua y la Revolución que dejó de disputarse a sí misma

La pareja Ortega-Murillo y la red familiar construida a su alrededor, administran el Estado como una hacienda particular, así, las instituciones y los mecanismos de reproducción política y económica están subordinados a los designios de la familia.

Temas principal: Nicaragua

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2025, el año con más guerras de la última década

28 Julio 2026 at 06:00
La Escola de Cultura de Pau de la UAB ha publicado en las últimas semanas su informe anual sobre conflictividad, derechos humanos y construcción de paz, en el que identifica 40 guerras activas en el mundo, la cifra más alta de la última década, y alerta de un aumento de los conflictos internacionales y de sus consecuencias humanitarias.

Temas principal: Derechos Humanos

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El ser o no ser de las reformas en Cuba

¿Se encamina Cuba hacia una remodelación virtuosa del muy mermado proyecto socialista o se abren las puertas a la restauración capitalista?

Temas principal: Cuba

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Un análisis clausewitziano detecta carencias estratégicas en la Operación Epic Fury desde su diseño

21 Julio 2026 at 16:58

Un análisis estratégico de la Operación Epic Fury basado en los principios del teórico militar prusiano Carl von Clausewitz concluye que la arquitectura que vincula la acción militar con el propósito político de la operación fue deficiente desde el principio, según un informe publicado este martes por la organización Just Security.

Aplicar las ideas de Clausewitz —autor de la obra clásica De la guerra— a esta operación militar revela que el diseño estratégico que conecta los medios militares con los fines políticos adolecía de carencias fundamentales. El estudio subraya que, en la doctrina clausewitziana, la guerra no es un acto aislado sino un instrumento de la política, y que cualquier desconexión entre ambos planos condena la campaña al fracaso estratégico.

Los analistas de Just Security señalan que la Operación Epic Fury, cuyo escenario y fecha de inicio no se detallan en el informe, ejemplifica cómo una planificación deficiente en la fase conceptual puede arrastrar consecuencias durante todo el desarrollo del conflicto. La falta de claridad en los objetivos políticos últimos, según la lectura clausewitziana, habría impedido alinear las operaciones tácticas con una visión estratégica coherente.

El informe se suma al debate sobre la utilidad de los marcos teóricos clásicos para analizar los conflictos contemporáneos, en los que la tecnología, la guerra de información y los actores no estatales han transformado el campo de batalla. Sin embargo, los autores sostienen que los principios de Clausewitz —como la «fricción» o la «niebla de la guerra»— siguen siendo relevantes para evaluar las campañas militares actuales.

De la Economía progresista a la economía de siempre: el péndulo retorna a la derecha en Colombia

21 Julio 2026 at 07:00
Colombia está dividida en dos visiones profundamente distintas sobre qué significa el desarrollo, cuál debe ser el papel del Estado y qué acciones se deben tomar para construir equidad en un país.

Temas principal: Colombia

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Cataluña: incendios reales e incendios políticos

El barómetro catalán sitúa a Junts como cuarta fuerza política por detrás de la extrema derecha. El PSC, que ha logrado sacar adelante el proyecto de presupuestos para el año que viene, sigue siendo primera en intención de voto.

Temas principal: Catalunya

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25 años de Génova: herida abierta o cicatriz

21 Julio 2026 at 05:02
Génova demostró las capacidades reales de coordinación internacional y articulación de estructuras como los Foros Sociales Mundiales, sentando las bases organizativas de las luchas futuras.

Temas principal: Historia

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El incendio de Los Gallardos y la urbanización caótica del suelo rústico

Pese a que tenemos un ordenamiento urbanístico contrario a la construcción de viviendas en el campo, el hecho palpable es que proliferan sin freno alguno.

Temas principal: Incendios Forestales

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La guerra que no resuelve nada: Irán entre el frente externo y la crisis interna

19 Julio 2026 at 06:00
El gobierno ha usado el conflicto para convertir su crisis de legitimidad en una cuestión de seguridad nacional.

Temas principal: Irán

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El cianuro solo o con leche: tres escenarios y una pedrada para la izquierda

15 Julio 2026 at 09:32
Las encuestas no dan ninguna respuesta a la encrucijada en la que se sitúan los partidos de la izquierda federalista. Solo la elección de un liderazgo claro puede definir cuál es el horizonte de cara a las próximas elecciones generales.

Temas principal: Partidos políticos

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Los fondos europeos para I+D militar siguen financiando empresas y universidades españolas

Centre Delàs d’Estudis per la Pau // Recientemente se han publicado los resultados de la 5ª convocatoria del Fondo Europeo de Defensa. Han sido seleccionados 57 proyectos, cuya asignación supera los 1.000 millones de euros, de los cuales 675 millones se destinarán a 32 proyectos de desarrollo y 332 millones a 25 proyectos de investigación. Se agrupan en cuatro grandes áreas temáticas, a las que se suma un área específica para proyectos de pequeñas y medianas empresas (pymes). Y abarcan una amplia gama de sectores críticos, como la inteligencia artificial (IA), la ciberdefensa, los drones y los sistemas antidrones, además de otros más convencionales como el combate aéreo, combate naval, guerra submarina o movilidad, entre otros.

El Fondo Europeo de Defensa (FED) es un programa de financiación de la Unión Europea para subvencionar proyectos de investigación y desarrollo estrictamente militares. En las cinco primeras convocatorias del FED, de 2021 a 2025, ya se han asignado más de 5.000 millones de euros. Para el periodo presupuestario 2021-2027, el FED dispone de casi 7.300 millones de euros, de los cuales 2.700 millones destinados a la investigación en defensa y 5.300 millones a proyectos de desarrollo y prototipos.

Para los proyectos de investigación, el FED subvenciona hasta el 100 % de los costes, más una serie de complementos que bonifican, por ejemplo, a las pymes o la vinculación con el proyecto PESCO (el marco que promueve que los 26 Estados miembros participantes planifiquen, desarrollen e inviertan conjuntamente en proyectos que mejoren la preparación operativa y la contribución de sus fuerzas armadas). El reglamento del FED estipula que los proyectos de desarrollo y prototipos se financiarán en un 20% a partir del FED y en un 80% mediante aportaciones de los Estados miembros.

Participación española 

La presencia de entidades españolas en los proyectos financiados por el FED es notable. En esta quinta convocatoria, esta presencia se materializa en 42 de los 57 proyectos aprobados, con participación tanto de empresas privadas como de centros de investigación o universidades. En 10 de ellos, la coordinadora del proyecto es una entidad española. Más concretamente, Indra coordina dos proyectos, Multiverse Computing SL coordina uno y Navantia SA otro más. En el área de las pymes, las empresas Simidea SL, Dlyte Chemicals SL y Edair Technologies SL coordinan un proyecto cada una y la empresa Integrasys SA tres proyectos. En todos los proyectos con una subvención superior a 50 millones de euros hay participación de empresas españolas.

Las empresas que participan en mayor número de proyectos son Indra (participa en 15 proyectos), GMV Aerospace (en 6), Escribano (en 4) y Navantia (también en 4). Curiosamente Indra y Escribano coinciden en cuatro proyectos. Recordemos que la posibilidad de fusión entre Indra y Escribano ha sido noticia en las últimas semanas.

Siete universidades españolas participan en alguno de los proyectos aprobados. Son la Universidad de Murcia, la Universitat Politècnica de Catalunya, la Universitat d’Alacant, la Universidad de Granada, la Universidad Politécnica de Cartagena y la Universidad Politécnica de Madrid. Esta última participa en dos proyectos, uno de ellos, EICACS 2, se integra en el área de combate aéreo y tiene un presupuesto de 49 M€.

De hecho, las universidades españolas están presentes desde la primera convocatoria del FED.  Las universidades de Murcia y la Politécnica de Madrid han participado en las cinco convocatorias. La Universidad Politécnica de Catalunya en las tres últimas. En la convocatoria 2025 se estrenan la Universitat d’Alacant, la Universidad de Granada y la Universidad Politécnica de Cartagena.

Colaboración con una empresa israelí de defensa

La empresa alicantina Embention Sistemas Inteligentes S.A. especializada en sistemas de autopilotos y aviónica para vehículos autónomos, participa en el proyecto SKYRAPTOR, coordinado por la empresa griega Intracom Defense. En mayo de 2023, Israel Aerospace Industries, una de las mayores empresas de defensa de Israel, adquirió Intracom. Por lo tanto, Israel es beneficiaria del FED. Y lo ha sido en anteriores convocatorias a través de Intracom Defense. Esta situación tuvo repercusiones. Por ejemplo, generó un estado de opinión contrario a que la UE subvencionase una empresa militar israelí. También hubo reacción en el Parlamento Europeo y algunos parlamentarios manifestaron su rechazo a esta situación (1, 2).

El objetivo del proyecto SKYRAPTOR es la implementación de un programa a escala industrial de diseño, creación de prototipos y validación de municiones merodeadoras (drones kamikazes) y pequeños UCAS (aviones de combate no tripulados). 

Embention Sistemas Inteligentes S.A. ha recibido diversas ayudas públicas, según consta en su página web. Por un lado, una subvención de 3.600€ del “Programa Moves III – Vehículos de la Comunidad Valenciana” de la Unión Europea con cargo al Fondo NextGenerationEU. Por otro lado, las cantidades de 28.750,05€ y 27.695,62€ como ayudas al impulso a la internacionalización de pymes exportadoras de la Comunitat Valenciana 2024 y 2025. Por último y también procedente de la Comunitat Valenciana una subvención del programa AVALEM JOVES.

Para concluir

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, el Fondo Europeo de Defensa sólo beneficia a la industria europea de defensa. Si las partidas presupuestarias destinadas al FED se redirigiesen a políticas sociales, la beneficiaria seria la población europea. Es lamentable que las universidades participen en proyectos del FED pues, en cierto modo, contribuyen al proceso actual de rearme y militarización de la UE. La Universidad ha de ser un foco de avance científico, cultural y social de toda la humanidad. Por otro lado, es deplorable que, a estas alturas, la Unión Europea siga subvencionando empresas israelís en sus programas de investigación.

La entrada Los fondos europeos para I+D militar siguen financiando empresas y universidades españolas se publicó primero en lamarea.com.

¿’Burnout’ o alienación profesional? Trabajos que pasan de desgastarte a deshumanizarte

12 Julio 2026 at 07:00

Este artículo ha sido publicado originalmente en Catalunya Plural.

María Dolores Braquehais Conesa* // El término burnout o «síndrome de estar quemado por el trabajo» se puede definir como una respuesta de estrés crónico ante determinadas circunstancias laborales que se traduce en actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las cuales se trabaja y hacia el propio rol profesional, además de desembocar en una sensación de agotamiento emocional y físico.

A pesar de que se puede producir en varios ámbitos vitales y, más concretamente, laborales, es más frecuente en oficios con un alto componente vocacional, como es el caso de los dedicados a los cuidados. En nuestro entorno, su prevalencia alcanza ya casi a la mitad de los profesionales de la salud en activo, especialmente –pero no solo– los del ámbito público.

Consecuencias del burnout 

Los efectos del burnout no se limitan al área personal sino que afectan también, y de manera muy relevante, al sistema sanitario. De hecho, su presencia y su persistencia comprometen la viabilidad y la calidad asistencial, porque se asocian a una menor productividad, más absentismo y «presentismo», aparte de aumentar la tasa de rotación de puestos de trabajo e incluso el abandono definitivo de la profesión.

El burnout no es un mero agotamiento por exceso de tareas, sino que comporta un derrumbe vital que acaba erosionando el compromiso profesional y el sentido del trabajo. Es, por lo tanto, una de las formas ultramodernas de alienación, que cuestiona el «por qué» y «para qué» o «quién» del propio trabajo, como consecuencia de las condiciones en que se ejerce.

A veces no responde tanto a la sobrecarga del trabajo sino a la manera como interactúan los equipos, a la falta de meritocracia, a modelos de gestión anquilosados, al clientelismo o a determinados liderazgos donde se producen dinámicas de abuso de poder. En estos entornos se fomenta la indefensión aprendida, el oportunismo o el nihilismo. Si confluyen todos los factores, salir indemne de la tormenta es una quimera.

El burnout es especialmente preocupante en profesiones vinculadas a los cuidados, sector que demuestra que, más allá de los adelantos tecnológicos que sugieren un perfeccionamiento y superación sin tregua de nuestros límites, continuamos siendo mamíferos sociales con capacidad simbólica y, por lo tanto, desde el nacimiento necesitamos a los otros.

Además, volens nolens, todavía estamos expuestos a la enfermedad y a la muerte. Que aquellos que nos cuidan se agoten, se desmotiven y cejen en cuidarnos, y que las instituciones y los equipos se erosionen a pasos de gigante, tendría que ocupar el primer lugar de la preocupación y de las discusiones públicas. Pero, de momento, parece ser que las prioridades son otras.

Razones contextuales

El modelo clásico para explicar el burnout apela al desequilibrio entre las demandas (externas e internas) y la capacidad de hacerles frente. No obstante, el énfasis no se tiene que poner tanto en los individuos como en los factores contextuales.

Nuestra atmósfera cultural ha sido definida –por algunos filósofos contemporáneos– como una sociedad abocada al agotamiento, puesto que los sujetos acaban exhaustos, esclavizados por un imperativo interno voraz de híper exigencia como patrón para afrontar la vida, especialmente por lo que respecta al desempeño profesional y a la presentación social de la imagen personal.

No solo los profesionales de la salud hemos interiorizado esta ley, sino también los usuarios. Además, la salud ha pasado a vivirse como un bien de consumo que no admite su otra cara, la enfermedad, y menos todavía todo aquello que conlleva nuestra frágil e imperfecta condición común.

El efecto boomerang de la lógica del rendimiento

Por otro lado, la lógica de la sociedad del rendimiento se encuentra en las antípodas de la de los cuidados. Mientras la primera solo concibe la productividad creciente, la cuantificación de resultados, la ausencia de errores y la inmediatez, la segunda lleva en sí misma el tiempo, el detalle, la calidad del trato y los resultados más modestos que halagüeños.

Esta hegemonía del rendimiento como «gold standard» prevalece a la hora de evaluar la gestión de los servicios sanitarios, abocados a conseguir, año tras año, indicadores de «producción» en la prestación de servicios, mientras se desprecian los aspectos relacionados con las condiciones materiales y formales en que los profesionales hacen su trabajo, así como la percepción que estos tienen de su trabajo.

Lo curioso es que, al premiar este enfoque basado exclusivamente en el rendimiento, se ha acabado produciendo un efecto boomerang, puesto que el burnout compromete seriamente este plan de ruta meramente orientado a los resultados, provocando el efecto contrario, además de las numerosas víctimas colaterales que se lleva a su paso.

Sostenibilidad y gestión de calidad

El análisis anterior no cuestiona la necesidad de que los servicios sanitarios sean sostenibles. No se puede negar que los recursos son limitados y las necesidades poblacionales, crecientes. En este escenario, la gestión creativa, transparente y honesta, donde se promociona la corresponsabilidad de todos los implicados con la gestión, sin perder autonomía en la organización de los procesos y del propio cometido, se hace más necesaria que nunca.

La evidencia científica disponible hoy en día demuestra que los equipos donde impera el respeto mutuo, la colaboración interdisciplinaria y la equidad y donde se facilita cuidar a los trabajadores son más capaces de hacer frente a los retos que se les presentan. Los nuevos modelos de liderazgo en las instituciones apelan, precisamente, a esta disposición a la escucha, a la flexibilidad y también a la gestión de los conflictos y de la discrepancia como oportunidades para renovar las maneras de hacer y de estar.

Por su parte, las instituciones tienen que vigilar y poner freno a los hábitos de gobierno –desde los altos cargos de responsabilidad hasta los mandos intermedios o a quienes tenga cualquier responsabilidad sobre los otros– donde prevalezcan los intereses particulares, el clientelismo, la arbitrariedad en la gestión de recursos humanos, la división interna, el miedo a represalias o la cultura encubierta del silencio ante los abusos de poder.

Del riesgo de derrumbe a la necesidad de transformación

Para deshacer este estado de cosas, es improrrogable llevar a cabo una transformación profunda de los modelos de gestión y de la metodología de evaluación de la asistencia, así como propiciar un cambio en las organizaciones y los equipos que permita hacer de los puestos de trabajo espacios dignos donde imperen la meritocracia, la transparencia y el buen trato, liderados por personas comprometidas y honestas, además de dotarlos de medios suficientes para poder hacer dignamente su trabajo, de manera que los trabajadores se sientan reconocidos y puedan recuperar el sentido de su vocación.

De este modo, será posible un equilibrio entre sostenibilidad y calidad asistencial. No se trata de aspirar a la perfección, pues perfectos no somos los humanos, sino de una renovación orientada a la humanización del sistema. A veces se usa el lema: «El paciente en el centro». Pues tenemos que ampliar, de verdad, este imperativo para que incluya también a los pilares de la sanidad: los profesionales de la salud. Sin ofrecerles condiciones dignas no es posible. Sin un cambio profundo en la cultura de equipo y de las instituciones y en los estilos de liderazgo y de gestión, tampoco. Y sin un compromiso veraz y sostenido de la sociedad, la amenaza de derrumbe a la cual estamos asistiendo pasará de ser un riesgo a una realidad.

*María Dolores Braquehais Conesa. Psiquiatra, Doctora en Psiquiatria, Licenciada en Filosofía y Máster en Bioética y Derecho.

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Aquel verano de 2006 en Alemania

1 Julio 2026 at 06:30

Este artículo se publicó originalmente en La Marea 112. Puedes conseguir un ejemplar de la revista y suscribirte en nuestro kiosco.


Puede ser que los periodistas futboleros (hay unos cuantos) abusemos del balompié como metáfora o espejo de la actualidad. Pero es difícil resistirse ante un Mundial tan peculiar como el que se está celebrando en Estados Unidos, Canadá y México. En Alemania, antes del comienzo del torneo, había una gran incertidumbre alrededor del potencial de la selección tras una racha bastante mala. La tetracampeona del mundo se presentaba como el reflejo de una sociedad que atraviesa una crisis de confianza como nunca se había visto desde los años de la posguerra. La gran pregunta era: ¿puede Alemania competir todavía al más alto nivel o ha caído irremediablemente en la mediocridad?

Como es costumbre, en las semanas previas al torneo se emitían y publicaban todo tipo de documentales televisivos, artículos, libros o pódcasts recordando otros tiempos, especialmente el Mundial de 2006, celebrado en Alemania. Hace ya dos décadas. Aquel evento ha pasado a la memoria colectiva como el «Sommermärchen» (‘cuento de verano’). Igual que la actual, la joven selección entrenada entonces por Jürgen Klinsmann despertaba dudas sobre su competitividad, pero pronto conquistó los corazones incluso de gente no adicta al balompié. Llegó hasta la semifinal. Y lo más importante, el país mostró su lado más amable. Aquellas cuatro semanas fueron una fiesta de la que disfrutaron cientos de miles de visitantes de todo el mundo. Hasta el tiempo acompañaba. La sociedad alemana estaba tan sorprendida como orgullosa de haber sido una gran anfitriona, desmintiendo así la imagen más bien sobria y fría del país. Todo el mundo recuerda cómo las calles se llenaron de banderas alemanas. Por primera vez, la gente exponía el negro, el rojo y el dorado sin el complejo de recordar el pasado más oscuro. Años antes, cuando celebramos en el centro de Düsseldorf la victoria alemana en el Mundial de 1990, alguna gente nos increpaba por llevar la bandera y la camiseta de la selección. Pero en aquel verano de 2006, Alemania era un país feliz.

Aquel verano de 2006
Fiesta de la selección alemana tras quedar tercera en el Mundial de 2006. Más de medio millón de personas acudieron a la Puerta de Brandenburgo para aclamar a un equipo que enamoró al país. FABRIZIO BENSCH / REUTERS

Veinte años después no queda nada de ese espíritu alegre, ligero y de brazos abiertos al mundo. Ha resurgido el nacionalismo racista con el auge de Alternativa para Alemania, que encabeza las encuestas desde hace meses. La crisis es palpable y va más allá de la economía. La recesión no es algo coyuntural. Se habla de un fin del modelo de negocio. La potente industria dependía más de lo que se admitía de la importación de gas natural barato desde Rusia. El principal cliente era China, donde empresas como Volkswagen obtenían buena parte de sus beneficios. Hoy, las empresas chinas no solo compiten con las alemanas, sino que las superan en muchos ámbitos tecnológicos, especialmente en los coches eléctricos y la energía solar. La economía alemana tiene que reinventarse en muchos aspectos.

Las reformas no llegan. La sociedad asiste a una parálisis de gobierno. Si los problemas internos acabaron con la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales encabezada por Olaf Scholz, el primer año del actual gobierno entre democristianos y socialdemócratas ha decepcionado incluso más si cabe. Según una encuesta realizada por Ipsos a principios de año, un 64% de los alemanes desconfía del canciller Friedrich Merz. Un 35% no cree que la economía alemana pueda recuperar la competitividad perdida frente a un 29% que sí lo cree (el resto no sabe o no contesta). Otro sondeo del diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung entre empresarios dice que el 57% no alberga ninguna esperanza de que las reformas se produzcan con el actual gobierno de coalición.

El propio canciller no contribuyó precisamente a tranquilizar a la opinión pública sobre el futuro cuando, por ejemplo, reprendió a los alemanes y alemanas señalando que deberían trabajar más, a la vez que denunciaba un «lifestyle centrado en trabajar a tiempo parcial». Tras un aluvión de críticas, Merz últimamente intenta levantar los ánimos para salir del túnel. «Podemos conseguirlo si estamos juntos y empezamos a creer un poco más en nosotros mismos», aseguraba a principios de junio.

El estado de angustia social también tiene que ver con la escena internacional, un mundo que ha cambiado radicalmente en los últimos años, y no solo en el plano tecnológico. Antes de la invasión rusa de Ucrania el régimen de Vladímir Putin era, por lo menos, un aliado útil para Berlín en cuanto a proveedor de energía, si bien nunca cesaron los recelos políticos. Ahora los admirados Estados Unidos también han dejado de ser el aliado fiable, el gran hermano protector. A muchos alemanes, sobre todo conservadores, se les ha caído el mito de la democracia liberal más antigua y sólida del mundo por las maniobras autoritarias de Donald Trump. Lo mismo vale para otro pilar de la política exterior de Alemania después del nazismo: la defensa a ultranza de Israel. Ante las barbaridades cometidas contra la población civil en Gaza, llámese genocidio o no, mucha gente en Alemania duda si se debe justificar todo con el pretexto del derecho a la autodefensa. Pero el establishment político y mediático en el país vigila con celo que las críticas a las atrocidades del gobierno de Benjamín Netanyahu no traspasen cierta línea roja. En Alemania, hoy en día es muy fácil que te tilden de antisemita por denunciar la masacre de Gaza. Finalmente, la resurrección del servicio militar y un nuevo plan de protección civil para casos de guerra han devuelto a la sociedad alemana a la época de la guerra fría.

En el Mundial, y a la vista de este ambiente lúgubre, un buen desempeño de la selección alemana, reflejo de una sociedad con muchos jugadores de origen migrante, habría ayudado a insuflar ánimos, aunque sólo fuera de forma efímera. No fue así: Alemania fue eliminada en los penaltis por Paraguay. Lejos queda el cuento de hadas de aquel verano de 2006.

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Un Papa en el Congreso, la anomalía de un Estado que no sabe ser aconfesional

9 Junio 2026 at 09:58

El 8 de junio de 2026 pasará a la Historia del parlamentarismo español como el día que las Cortes Generales (CCGG) celebraron una sesión conjunta para escuchar el discurso ¿homilía? del Papa católico León XIV.

La anomalía se intuye en la primera oración de este texto: las representantes del pueblo y los territorios del Estado, diputadas y senadores, apretándose hasta el roce ante la llegada de… ¿un Jefe de Estado o un líder religioso?

Que un Jefe de Estado extranjero intervenga ante las CCGG no es inaudito. En España existe cierta tradición de recibir a quienes ocupan dichos cargos en América Latina, o a los países vecinos, Portugal y Francia. Criterios que no cumple el Vaticano y no han impedido su disertación.

Para conocer en calidad de qué interviene, recordemos que, en un Estado constitucionalmente aconfesional, es pertinente igualmente el análisis de su discurso, pues era posible que se limitara a las cuestiones diplomáticas.

La intervención puede dividirse, en opinión de este ateo autor, en tres fases: la de la intolerable intervención en asuntos internos de otro Estado, el nuestro; la elocuente, y valiente, defensa del orden internacional y de las prioridades diplomáticas de su Estado; y la defensa, poco velada, de los privilegios y el rol de la religión en los tiempos actuales en Estados que ya separaron, se supone, la Iglesia y el poder público.

Empezando por lo intolerable, aunque previsible, el Papa ha aprovechado su visita para cuestionar nuestra legislación en materia de derechos de las mujeres, de autonomía de la persona sobre su propio cuerpo, vida y muerte, sobre la decisión colectiva de proteger el inalienable derecho al aborto o la protección frente a discriminaciones al colectivo LGTBQi, ignorado de forma nada inocente. Como mejor prueba de que su actuación era en calidad de líder religioso, violando las CCGG su requerida neutralidad religiosa en tanto que instituciones públicas, León XIV ha tenido a bien hacer un listado de sus particulares obsesiones morales.

Como fiel representante de una Iglesia que, en la cuestión sexual, de género y reproductiva es incapaz de abandonar el siglo XIX, se ha permitido criticar nuestra legislación interna frente a nuestro poder legislativo. A ningún Jefe de Estado al uso se le ocurriría, pues es una afrenta diplomática, una injerencia. Sería bonito que la respuesta legislativa del “orden temporal”, como denomina al poder político (frente al orden celestial eterno, se entiende), fuera la inscripción del derecho al aborto en la Constitución. Tal vez entendería así que las mujeres también gozan de dignidad humana, el término más repetido de su conferencia, y los embriones son eso, embriones. En 2026, que un hombre venga de nuevo a decir a las mujeres qué hacer con sus vidas, cuerpos y maternidades impide al catolicismo conectar con la sociedad (porque sí, las mujeres católicas, o las de derechas, o las de extrema derecha, también abortan. Desde siempre) y con la democracia.

La segunda parte de su discurso ha sido una defensa férrea de los fundamentos, éticos y jurídicos, del Derecho internacional: solución pacífica de conflictos, prohibición de la guerra, diplomacia, acuerdo entre diferentes, impulso a la cooperación y respeto a las normas comunes. Para el Papa León “la paz exige valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo y en la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos que ofrece el Derecho internacional”.

Este es un paso muy importante. Se une a otros líderes del mundo en la defensa de un orden internacional que dialogue antes de atacar, que sume en lugar de dividir, y que reconozca la inexorable interdependencia de los Estados en la gestión de los retos comunes transfronterizos: el gobierno de la IA, la crisis climática o el drama migratorio. Este contenido, semejante al que escuchamos a líderes de China, Brasil, Canadá o incluso España, coloca al Vaticano en el lugar correcto de la Historia en un momento clave: frente a los intentos de destrucción de las instituciones internacionales para imponer la ley del más salvaje (la ley del más fuerte era también Derecho internacional), son cada vez más numerosas las voces que enfrentan la internacional neofascista.

Esta parte del discurso, al margen del contenido, sí era adecuada para una comparecencia de este tipo, pues versa sobre política internacional. Si hubiera abrazado los postulados reaccionarios y libertarios de Trump y Milei, igualmente lo podríamos haber catalogado como política exterior. Afortunadamente, en esto el Papa ha quedado más cerca del Evangelio que en la primera parte. Es difícil imaginar que Jesús, profeta o filósofo, elijan ustedes, hubiera defendido el reino de terror que proponen Abascal y sus amigos. El Papa se ha mantenido fiel a la idea de la comunidad humana, el “totus orbis” de Francisco de Vitoria, por encima del individualismo del turbocapitalismo tecnológico. Así, ha defendido el derecho de gentes, origen de parte del marco jurídico internacional.

En esta parte es donde el discurso ha sido más humano y, por tanto, donde mayor efecto puede tener. En la gestión de las migraciones, hereda la visión de su antecesor: es incompatible ser buena persona, o buena católica, desde el odio o la indiferencia para con las inmigrantes. Ha defendido que “la afirmación de la dignidad humana no puede permanecer abstracta cuando tantas personas se ven obligadas a dejarlo todo para buscar paz, seguridad y futuro”, que “el drama de las migraciones interpela el fundamento ético del orden internacional” y que “es indispensable una respuesta coordinada, solidaria y eficaz capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración a quienes emigran”. Una defensa sin ambages de nuestra obligación colectiva, como sociedad, como continente, como Humanidad, de acoger y garantizar vidas dignas. Una enmienda a la totalidad a las políticas racistas y violentas de la UE (incluida España), recientemente empeoradas. 

La tercera parte ha sido una cuidadosa defensa de los privilegios de las religiones en un Estado aconfesional, con especial relevancia a la católica, claro está. Ha defendido el lugar de la fe en un mundo moderno y el derecho a no ser excluido por ella. Afirmación que también las personas ateas defendemos. Pero nuestra defensa de la libertad religiosa es laica: no tenemos problemas en que se utilicen las calles o los polideportivos para rezar (y nos da igual qué credo sea). Tampoco criticamos las vestimentas religiosas libremente elegidas. Siempre que se reconozca nuestro derecho a no profesar fe alguna, y a criticar y prohibir los desmanes, pues la dignidad humana es innegociable.

En el mundo, no son los creyentes quienes son minoría, lo somos las no creyentes. Por eso el Papa ha jugado con las palabras. No ha agradecido la enorme financiación pública de su credo (beneficiado frente a otros) gracias al concordato. Al tiempo, se ha inventado un nuevo derecho: el de los padres a elegir el tipo de educación para sus descendientes (forma indirecta de reclamar más fondos para colegios católicos). En realidad, el Estado tiene la obligación jurídica de garantizar a todas las menores el derecho (el de los niños, no las familias) a la educación de calidad, no una educación acorde con cada creencia y pagada con fondos públicos. Decía el Papa que “la fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones, sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública”. Sin embargo, lo dice ante las CCGG, no silenciado, y presidiendo una institución que ha sido inmune, por sus privilegios, a los procesos penales en los casos de pederastia. Ni un solo cardenal u obispo procesado por encubrimiento. Estaba en el edificio sede de la soberanía popular, ése era el lugar de pedir disculpas y prometer colaboración para castigar a los responsables. No lo ha hecho.

En definitiva, en nuestro anómalo sistema aconfesional, un líder religioso ha pronunciado una alocución entre lo político y lo religioso, lo ético y lo interesado, lo local y lo internacional, en unas Cortes Generales casi llenas (con la digna ausencia de Podemos y el BNG), con un cardenal sentado en la papMesa del Congreso como reminiscencia de otras épocas y consolidando un grave precedente: que nuestras representantes democráticamente elegidas tengan que aguantar las educadas reprimendas de un hombre, culto, sereno, machista y defensor de la inmigración y de la paz entre Estados. Un señor que no debía estar en las CCGG, y así las ateas no tendríamos que opinar sobre lo que allí ha dicho. 

Ander Gutiérrez-Solana es profesor de Derecho Internacional Público (UPV/EHU).

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Noboa y la deriva autoritaria de Ecuador

2 Junio 2026 at 11:38

Ecuador atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. El país que hace apenas quince años era presentado como una de las naciones más seguras de América Latina y mostraba avances significativos en indicadores de desarrollo humano, estabilidad institucional y reducción de desigualdades vive hoy una realidad radicalmente distinta.

La expansión del narcotráfico, la fragmentación del crimen organizado y el colapso de la seguridad pública han convertido a Ecuador en el país más inseguro de la región en términos de crecimiento de la violencia y tasas de homicidios. Pero la crisis no es únicamente de seguridad. Paralelamente, atraviesa un acelerado deterioro democrático e institucional marcado por la concentración de poder, la militarización de la vida pública y una deriva autoritaria cada vez más evidente bajo el gobierno de Daniel Noboa.

Los niveles de violencia e inseguridad ponen de manifiesto la incapacidad para responder con toda la fuerza del Estado de derecho y las instituciones democráticas esta realidad que enfrenta el pueblo ecuatoriano en su día a día. Convertir la lucha contra el crimen organizado en una prioridad política es muy distinto a normalizar un estado de excepción permanente, consolidando lo que deberían ser medidas temporales y excepcionales en una forma de gobierno. La declaración de “conflicto armado interno” y la sucesiva prórroga de estados de excepción desde inicios de 2024 han consolidado un escenario de excepcionalidad que debilita la institucionalidad, difumina los contrapesos democráticos y elimina las garantías constitucionales.

El presidente Noboa sigue el camino marcado por Nayib Bukele en El Salvador, intentando replicar el mismo patrón de gobierno: una progresiva concentración de poder en el Ejecutivo y la militarización de la seguridad pública. Igualmente, se confronta con contundencia a jueces, medios de comunicación y organizaciones de derechos humanos que se han opuesto a algunas reformas legales o han denunciado determinadas prácticas gubernamentales, como la ampliación de competencias de los servicios de inteligencia sin controles judiciales, la criminalización de la protesta social o las denuncias de detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas.

Por elevación, también podría apuntarse a la creciente influencia y alineamiento con las políticas de Donald Trump, cada vez más visibles, en la estrategia de Daniel Noboa, proyectando la imagen de un gobierno supeditado a una agenda regional impulsada desde Estados Unidos. Noboa se ha sumado fervientemente a la iniciativa “Escudo de las Américas” e incluso, hace unos meses, ambos países realizaron una operación militar conjunta contra el narcotráfico. Sin embargo, conviene recordar que su propuesta de volver a permitir la instalación de bases norteamericanas en Ecuador fue rotundamente derrotada en referéndum el año pasado.

Persecución política y judicial

A ello se suma un clima político cada vez más hostil hacia la oposición y hacia cualquier forma de disidencia social o política. En los últimos meses se han multiplicado las denuncias sobre persecución judicial contra dirigentes opositores, retirada de inmunidades parlamentarias y utilización de mecanismos administrativos y judiciales para debilitar espacios políticos críticos con el Gobierno.

La reciente suspensión provisional de Revolución Ciudadana, principal fuerza política de oposición del país, constituye uno de los episodios más graves de esta deriva. La exclusión de una organización política con amplia representación social y electoral afecta gravemente al pluralismo político y al derecho de participación democrática reconocido tanto en la Constitución ecuatoriana como en los instrumentos internacionales de derechos humanos.

La preocupación aumenta si se observa el contexto general marcado por las denuncias de lawfare o guerra judicial iniciada hace años contra el expresidente Rafael Correa y su entorno, contra quienes se han abierto causas penales como parte de una estrategia de persecución o neutralización política del adversario. El caso del exvicepresidente Jorge Glas es un ejemplo paradigmático. Su detención en la Embajada de México en Quito supuso una vulneración sin precedentes de principios básicos del derecho internacional y de la inviolabilidad de las sedes diplomáticas. La operación provocó una grave crisis diplomática y generó numerosos pronunciamientos en contra, entre ellos el de España. Actualmente existe una enorme preocupación por el deterioro acelerado de su estado de salud debido a las condiciones en las que permanece encarcelado.

La experiencia latinoamericana demuestra que las políticas de “mano dura” no solucionan las causas estructurales de la violencia. Por el contrario, suelen producir graves retrocesos democráticos y abrir la puerta a modelos autoritarios difíciles de revertir. No es admisible combatir al crimen organizado a costa de los derechos humanos y el pluralismo político. De esta forma únicamente se agrava la crisis e incluso se acaba generando más violencia. En el caso de Ecuador, además, todos los datos conocidos ponen de manifiesto el fracaso de esta estrategia: el “estado de guerra” no está funcionando.

Lo que hoy ocurre en Ecuador no puede analizarse únicamente como una crisis de seguridad. Es también una profunda crisis democrática y social. Y quizá lo más preocupante sea precisamente la naturalización de esa deriva autoritaria en nombre del orden y de una supuesta estabilidad, pese al retroceso en cuestiones básicas como la sanidad o la educación. Porque cuando la excepción se convierte en forma de gobierno, la democracia empieza a tambalearse y, en ese momento, solo se revierte con una ciudadanía consciente y activa que se rebela contra la normalización del miedo y defiende sus derechos y libertades frente a la deriva autoritaria del poder. 

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Están contra la regularización: les va el negocio en ello

La regularización extraordinaria de personas migrantes ha despertado la oposición de diversos líderes políticos y organizaciones ultraconservadoras. Están en contra de que personas extranjeras adquieran derechos y obligaciones equiparables a las de cualquier ciudadano español. Tras la entrada en vigor de esta medida, Vox ha expandido el concepto de la “prioridad nacional” –otra copia de la extrema derecha francesa de Le Pen– con la ayuda de un amplio número de pseudomedios de comunicación e incluso de dirigentes del PP, partido que a día de hoy sigue siendo el que más regularizaciones de este tipo ha aprobado desde que España es una democracia.

Entre quienes tratan de frenar la regularización emerge un patrón recurrente: la Industria del Control Migratorio. Diversos actores que tradicionalmente han tenido posturas conservadoras, como las patronales empresariales o la Conferencia Episcopal, han expresado apoyo a la regularización. Sin embargo, más allá de ideologías, valores y creencias, destacadas voces detractoras de la regularización de migrantes tienen vínculos claros con empresas que se lucran con el gasto público destinado a militarizar fronteras y endurecer el control migratorio. Dirigentes de Vox y del PP, así como líderes de organizaciones ultras como Hazte Oír, forman parte del ecosistema de la Industria del Control Migratorio en España. ¿Quiénes son?

El negocio antimigratorio del ‘cártel’ antiregularización

Vox, el gobierno de Isabel Díaz Ayuso y la ultraconservadora Asociación por la Reconciliación y la Verdad Histórica han presentado recursos ante el Tribunal Supremo para tumbar la regularización. La organización ultra Hazte Oír hizo lo propio el pasado 15 de abril, y el Alto Tribunal admitió su recurso a trámite en apenas 24 horas.

Hazte Oír es una organización católica ultraconservadora especializada en campañas de acoso y derribo contra las leyes LGTBI, el derecho al aborto o las personas migrantes. Esta asociación española, relacionada con la secta secreta El Yunque, cuenta con amplia presencia global gracias a su brazo internacional, CitizenGO, y está supuestamente vinculada al Kremlin a través de oligarcas del círculo íntimo de Putin. Ha sido acusada de promover campañas que usan el miedo al extranjero como herramienta de agitación y desestabilización en diversos países democráticos, entre ellos España. Estas campañas y acciones están acreditadas en diversas investigaciones e informes del Parlamento Europeo, la Comisión Europea y filtraciones de Wikileaks. Hazte Oír tiene, además, una relación estrecha con grandes actores de la Industria del Control Migratorio.

Un ejemplo: entre los grandes donantes históricos de Hazte Oír (en concreto, de su famoso Congreso Mundial de Familias) figura el fallecido David Álvarez Díez, fundador y presidente de Grupo EULEN, empresa adjudicataria de, entre otros, servicios en los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes y del mantenimiento de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla y diversos puestos fronterizos. EULEN figura entre las 10 empresas que más dinero público facturan en la Industria del Control Migratorio de España.

Por el consejo de administración de EULEN han desfilado nombres célebres del mundo conservador español, entre ellos los ex ministros del Interior Jaime Mayor Oreja y Rodolfo Martín Villa. Entre otras personas, en su equipo directivo figura Micaela Núñez Feijóo, que lleva 23 años en EULEN y es hermana del líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, otra de las voces más destacadas en contra de la regularización de migrantes. “Ni la ilegalidad puede generar derechos, ni se puede premiar el desorden”, afirma el líder de los populares acerca de la regularización extraordinaria. María José Álvarez Mezquíriz, presidenta de EULEN, es una de las consejeras de EDATV, el portal de fake news del agitador Javier Negre, que a diario divulga bulos sobre el proceso de regularización.

EULEN no responde a las preguntas de este medio sobre su relación con Hazte Oír, sobre la financiación de EDATV ni sobre protocolos internos para evitar conflictos de intereses con el ámbito político. La compañía tampoco aclara si las donaciones de su fundador a Hazte Oír fueron hechas a título individual o en nombre de EULEN.

Entre los empresarios que nutren las arcas de Hazte Oír también figura la marquesa Esther Alcocer Koplowitz, presidenta del consejo de administración de FCC, que se da la mano con EULEN para licitar en procesos de contratación pública de control fronterizo.

La beligerancia de Hazte Oír también ilustra el componente mediático de la campaña de acoso y derribo contra la regularización de migrantes. Hazte Oír está vinculada al Grupo Intereconomía, que engloba medios como Toro TV o Radio Intereconomía, entre otros. Este conglomerado fue fundado por Julio Ariza, exdiputado del PP en el Parlament catalán. En el pasado Grupo Intereconomía también controló La Gaceta, cuyo consejo editorial preside el eurodiputado e hijo de un diplomático y propagandista nazi Hermann Terstch, que define la regularización como operación “criminal”. La Gaceta ahora pertenece a la Fundación Disenso. Este think tank vinculado a Vox se financia con fondos públicos que recibe el partido y sirve de altavoz a las posturas xenófobas de la ultraderecha española.

Vox y Disenso no responden a ninguna de las preguntas formuladas por este medio. Tampoco aportan detalles sobre los fondos públicos que recibe esta fundación, que no facilita sus cuentas ni la composición de su equipo directivo.

En la “derecha moderada” española que encarna el Partido Popular también hay una larga lista de figuras especialmente agresivas contra el proceso de regularización y vinculadas a empresas que hacen negocio con las políticas de control migratorio.

Un caso poco conocido es el de Elías Bendodo Benasayag, uno de los hombres fuertes de los populares en Andalucía. Bendodo encabezó la Consejería de Presidencia e Interior, y hasta mediados de 2022 fue portavoz de la Junta de Andalucía presidida por Juanma Moreno. Cuando estalló el caso de corrupción conocido como ‘Mediador’ o ‘Tito Berni’, que afecta principalmente al PSOE canario, varios medios informaron de que Bendodo adjudicó al menos un contrato a Asesoramiento y Servicios de Drones SL, empresa central en la trama corrupta. Bendodo afirmó que todo fue legal.

En este mismo escándalo de corrupción destaca Francisco Espinosa, general de división de la Guardia Civil, el escalafón más alto de esta institución. Espinosa procede de lo que en la benemérita llaman “el clan de los Zoido”, en referencia al político sevillano Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior en tiempos de Rajoy, que le ascendió a ese puesto. La Justicia investiga el presunto cobro de comisiones por parte de Espinosa y otras personas en los contratos del Gobierno español para transferir drones a países como Mali con el objetivo de combatir los flujos migratorios, una política conocida como ‘externalización de fronteras’.

«Los que vengan de forma irregular no serán bienvenidos, serán expulsados», aseguró Bendodo a finales de abril en un acto de la campaña electoral andaluza en una localidad de Almería, una de las provincias con más casos de explotación laboral de personas migrantes en situación irregular.

Elías Bendodo también es uno de los políticos más cercanos al lobby proisraelí en España. Por ejemplo, en varias ocasiones ha mostrado públicamente su sintonía con David Hatchwell, presidente y cofundador de ACOM, el mayor grupo de influencia de los aliados en España de Netanyahu. Hatchwell es uno de los grandes beneficiarios de la Industria del Control Migratorio en España. Una de sus grandes empresas, Excem, suministra tecnología israelí de vigilancia y análisis de documentos a la Policía Nacional, la Guardia Civil y AENA, entre otros. A pesar del embargo decretado por el Gobierno el año pasado, la frontera española está repleta de tecnología israelí por cielo, mar y tierra.

También en el entorno familiar de Bendodo hay grandes beneficiarios de la Industria del Control Migratorio. Sin ir más lejos, su suegro fue un alto cargo de Grupo ACS, el conglomerado de obra pública y multiservicios de Florentino Pérez. Se trata de la segunda empresa que más dinero factura en el negocio fronterizo español: construcción y mantenimiento de las vallas de Ceuta y Melilla, obras y servicios en centros de internamiento de extranjeros y hasta labores de socorro en el mar. La Fundación ACS está dirigida por el hermano de Jaime Mayor Oreja y ACS aparece en varios documentos manuscritos de Luis Bárcenas, ex tesorero del PP, como presunta financiadora de este partido.

No acaba ahí la lista de líderes políticos y de organizaciones ultraconservadoras que claman contra la regularización de migrantes al mismo tiempo que se lucran, directa o indirectamente, con el gasto asociado a las políticas de control migratorio. En el ránking español de la Industria del Control Migratorio destacan empresas como Telefónica, Escribano, Indra, Amper, Air Europa o Tecnobit, entre otras. Todas cuentan con ex altos cargos del Estado, la mayoría procedentes del PP (aunque también del PSOE y, en menor medida, del PNV).

El Partido Popular no responde a ninguna de las preguntas formuladas para este artículo.

Los detractores de la regularización argumentan que la regularización de migrantes tiene un efecto negativo sobre el empleo, la economía, la seguridad y la “identidad nacional”. La evidencia científica revela todo lo contrario: la irregularidad produce situaciones de explotación, vulneración de derechos fundamentales y caos, mientras que las anteriores regularizaciones en España tuvieron efectos positivos sobre los derechos de estas personas, reduciendo los casos explotación laboral, y favoreciendo la inclusión social y la contribución de los trabajadores extranjeros a las arcas del Estado. La cercanía de los actores ultraconservadores y las posiciones conspiranoicas contrarias a la ciencia también queda patente en innumerables estudios académicos.

José Bautista es coordinador del equipo de periodismo de investigación de la Fundación porCausa.

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La IA no viene a liberarnos: viene a acumular más capital

5 Mayo 2026 at 07:48

En marzo de 2026, Anthropic –la empresa que fabrica el modelo de inteligencia artificial Claude– publicó un informe sobre el impacto de la IA en el mercado laboral. Sus autores, Maxim Massenkoff y Peter McCrory, introducen un nuevo indicador para medir el riesgo de desplazamiento laboral por IA al que llaman observed exposure, una métrica que cruza la capacidad teórica de los modelos de lenguaje con su uso real y automatizado en entornos profesionales.

Los números son reveladores en su frialdad, aunque a estas alturas ya no sorprenderán demasiado: los programadores informáticos encabezan la lista de ocupaciones más expuestas, con un 74,5% de cobertura automatizable. Les siguen los representantes de atención al cliente (70,1%), los técnicos de entrada de datos (67,1%), los especialistas en registros médicos (66,7%) y los analistas de mercado (64,8%). La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos proyecta, además, que las ocupaciones con mayor exposición observada crecerán menos de aquí a 2034: por cada 10 puntos porcentuales de incremento en la cobertura IA, la proyección de crecimiento del empleo cae 0,6 puntos. Es una pendiente modesta en los decimales, pero inequívoca en la dirección.

El informe también detecta algo que todavía no aparece en las estadísticas de desempleo pero que lo precede: la contratación de jóvenes entre 22 y 25 años en los sectores más expuestos ha caído un 14% en el período post-ChatGPT. Los trabajadores de mayor edad permanecen en sus puestos; los jóvenes, sencillamente, ya no entran. La máquina no expulsa todavía de forma masiva; por ahora, cierra el acceso a quienes aún no han llegado.

Conviene señalar, antes de seguir, algo que ningún modelo econométrico puede capturar: el informe lo publica la misma empresa que construye la herramienta que desplaza los empleos. El capital tecnológico se ha arrogado también la función de diagnóstico, y eso delimita de antemano qué puede ser visto, pensado y, sobre todo, propuesto como solución. El informe mide la exposición al riesgo, pero la pregunta que no formula –a quién va a parar la productividad ganada– la responden los mercados cada trimestre con resultados récord.

La promesa incumplida de la abundancia

En 1930, en plena resaca del crack de Wall Street, John Maynard Keynes publicó un ensayo llamado Economic Possibilities for our Grandchildren en el que imaginó que hacia el año 2030 el progreso tecnológico habría resuelto el problema económico de la humanidad. Su predicción era que por aquel entonces (dentro de cuatro años), la humanidad disfrutaría de una jornada laboral de 15horas semanales, y el resto del tiempo podría ser dedicado al ocio, a la cultura, a lo que a cada cual le diera la gana. Keynes no era un revolucionario ni un utopista de izquierdas; era el economista más influyente de su siglo, y su argumento era puramente aritmético. Si la productividad crece lo suficiente, llega un momento en que las máquinas hacen el trabajo y los seres humanos pueden hacer otra cosa.

Paul Lafargue había llegado a una conclusión similar cincuenta años antes, en El derecho a la pereza (1880), aunque con una carga política que Keynes no compartía: si las máquinas producen más, los seres humanos deberían trabajar menos, y el hecho de que eso no ocurra dice algo sobre quién controla las máquinas, no sobre las máquinas en sí.

Marx lo había formulado en términos más radicales todavía, en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, al describir el trabajo como la forma fundamental de alienación del ser humano bajo el capitalismo. En ese texto, el trabajo se convierte en algo externo al trabajador, en una actividad que no le pertenece y que le arrebata la energía vital para convertirla en mercancía. La tecnología, en este esquema, debería representar la posibilidad histórica de revertir esa alienación: si las máquinas hacen el trabajo, los seres humanos podrían recuperar el tiempo para desarrollarse como tales.

Tres pensadores, tres tradiciones intelectuales distintas, la misma conclusión de fondo…pero lo que estamos viviendo en este momento es exactamente lo contrario de lo que los tres anticiparon. El aumento de productividad que trae la IA no está reduciendo la jornada laboral, ni garantizando una renta de subsistencia a quienes quedan desplazados, ni, por supuesto, financiando sistemas públicos más robustos. Está concentrando el excedente en manos de un número cada vez más reducido de propietarios de infraestructura digital, mientras los trabajadores desplazados navegan solos un mercado que ya no los necesita con la misma urgencia de antes.

La cuestión de fondo, sin embargo, no es que la IA destruya empleos netos, sino que los beneficios extraordinarios separan cada vez a aquellos que necesitan “matarse” a trabajar (a veces se trata de un matarse literal) ante una minoría ultrarrica con un poder económico superior al PIB de varios Estados del mundo.

De alguna manera la ola neoliberal que comenzó en las postrimerías de la primera mitad del siglo XX, ha encontrado en la IA su argumento más poderoso: la inevitabilidad. Si los mercados son eficientes y la tecnología es neutral, cualquier perturbación laboral es simplemente el precio del progreso, y quien no se adapte habrá elegido, en el fondo, su propio destino.

Lo que sería posible si hubiera voluntad política

No existe ninguna razón técnica por la que el aumento de productividad derivado de la IA no pueda distribuirse. Las propuestas son muchas. La renta básica universal, por ejemplo, ofrece un mecanismo: si las máquinas generan riqueza, que esa riqueza financie la vida de quienes las máquinas han desplazado. Una demanda que, lejos de ser una excentricidad de la izquierda, tiene defensores en tradiciones políticas muy diversas, precisamente porque la lógica que la sustenta es difícil de rebatir sin apelar directamente a los intereses de quienes acumulan.

Porque lo que sigue ocurriendo –y lo que el debate técnico sobre la IA sistemáticamente oscurece con sus métricas de cobertura y sus proyecciones de crecimiento sectorial– es que el aumento de la productividad no está sirviendo para liberarnos del trabajo, sino para concentrar la riqueza de muchos en manos de muy pocos. Keynes lo habría reconocido con perplejidad. Lafargue, con rabia. Y Marx, con la amarga satisfacción de quien ya lo habría anticipado.

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Comunicado Público a 50 años del Golpe Cívico-Militar

En estos días se conmemoran 50 años del golpe de Estado que dio rienda suelta al terrorismo estatal y patronal, significando años de persecución, tortura, violación y desaparición. Sin embargo, queremos iniciar este documento con un balance de la experiencia desarrollada en los años previos al inicio de la dictadura cívico-militar. Aquel periodo suele asociarse al gobierno de Salvador Allende y a su “vía chilena al socialismo”, no pretendemos extendernos en las claras distancias políticas e ideológicas que nos separan del gobierno de la Unidad Popular (UP), toda vez que lo consideramos un proyecto de modernización capitalista que impulsó la conciliación de clase y el fortalecimiento de los mecanismos estatales de dominación, terminando en el dramático escenario de la dictadura que supuso la pulverización del tejido comunitario, la destrucción de la organización social, el asesinato y tormentos de miles de militantes populares y una profundización en la precarización de nuestras vidas latente hasta el presente.

Por lo tanto, quisiéramos enfatizar en el proceso que se tejía por debajo de las direcciones partidarias, aquel fenómeno que no seguía las pautas de la institucionalidad burguesa y supuso una verdadera amenaza para el orden del Estado y el Capital; hablamos de lxs pobladorxs en las tomas de terrenos y en las Juntas de Abastecimiento Popular, nos referimos a lxs obrerxs en los Cordones Industriales, pensamos en lxs campesinxs en las tomas de fundos y en la alegría popular corriendo el cerco de lo posible, nos referirnos al Poder Popular. Esta capacidad desarrollada por diversos sectores de la clase oprimida, supuso un ejercicio de audacia tremendamente valioso, ya que, en el desarrollo de esta fuerza popular se gestaba una potencialidad capaz de sobrepasar al Estado y plantear un escenario abierto y favorable en la lucha de clases, de allí que el gobierno de Allende no escatimó recursos en iniciar un proceso de institucionalización, cooptación e incluso represión sobre estas expresiones, tratando de desactivar aquella potencia de ruptura revolucionaria.

Sin embargo, no son solo causas “externas” las que debilitaron esta rica experiencia, sino también errores y límites internos que no pudieron ser superados allí donde se apura la historia. El primer traspié fue el burocratismo que operaba sobre las bases populares a partir del comportamiento parasitario de las instituciones estatales y los partidos políticos de la UP, cuestión que se reflejó en la obediencia de las bases a los lineamientos gubernamentales, temiendo, incluso, pasar por encima de Allende aun cuando las fuerzas reaccionarias se preparaban para iniciar el exterminio. Si bien el desarrollo del Poder Popular no es impulsado por el gobierno de la UP, rápidamente, la burocracia institucional inicia un proceso para su cooptación y debilitamiento, por eso, la lección es que ninguna fuerza social puede someterse a un marco gubernamental: el Poder Popular es antiestatal o no será, por tanto, es ineludible rebasar aquellas propuestas políticas que pretenden subyugar el protagonismo de las bases a lineamientos institucionales, tal como hoy ocurre con muchísimos empeños sociales que están completamente sometidos al gobierno de Boric, iniciando procesos de desmovilización y silencio cómplice ante el avance de su agenda represiva, precarizadora y extractivista. La organización popular no debe jamás confiar en un gobierno cualquiera sea su color o signo político, ya que, en la sobrevivencia y fortalecimiento de los pilares de la dominación está nuestra derrota.

El segundo traspié fue la débil coordinación de las diversas experiencias del Poder Popular, dado fundamentalmente por el sectarismo y la política de trinchera de los partidos de izquierda. Estamos convencidxs de que los procesos revolucionarios no le pertenecen a ninguna ideología, partido o movimiento político, más bien, son de lxs oprimidxs que buscan dejar de serlo, por ello, es necesaria la coordinación de los diversos esfuerzos que pretenden trazar el camino de la emancipación, desde perspectivas antiestatales, anticapitalistas y despatriarcalizadoras. Dicha coordinación debe realizarse desde las organizaciones sociales a partir de sus experiencias de lucha, dejando de lado los discursos identitarios y paternalistas. Lo anterior, nos permitirá dotar de perspectiva las luchas del presente y desarrollar, en conjunto con las expresiones organizativas de la clase oprimida, una fuerza capaz de romper el actual tránsito histórico, desechando los atajos institucionales y los personalismos mesiánicos que se nos presentan como barreras en nuestro camino hacia la libertad.

Ya lo dijimos antes, más allá del proyecto de la UP y de la cara institucional de los procesos políticos vividos en los cuales se inscribe el espectacular bombardeo a la Moneda, pensamos que lo que finalmente movilizó el complot golpista cívico-militar fueron las capacidades que mostraron las capas populares y oprimidas de tomar el destino de sus vidas con sus propias manos. Estas capacidades fueron gestadas y desarrolladas en décadas de lucha, constituidas a partir de los aprendizajes colectivos de nuestra clase, desde, al menos, los albores del siglo XX en los centros urbanos y mucho antes por las comunidades en resistencia a las diversas dimensiones de la colonización. Esta capacidad hizo posible la generación de fuerza social organizada que puso a temblar a la clase dominante y a los intereses imperialistas, quienes desataron toda su crueldad contra este protagonismo popular que comenzaba a escribir una nueva historia.

El terror fue desatado sistemáticamente desde el Estado y cayó la noche sobre la alegría de los pueblos. La contra revolución capitalista se abrió paso brutalmente con una imparable avanzada de muerte, tortura, violencia sexual y desaparición forzada, a la vez que llevaba a cabo la misión estratégica de desarticular todas las expresiones comunitarias en donde la vida fuera resuelta de manera solidaria, colectiva y en autogestión. La dictadura cívico-militar se desplegó tácticamente en múltiples dimensiones para sembrar el miedo en la sociedad, con el fin de desmantelar la fuerza social organizada que había hecho posible la experiencia socialista en la región chilena. Estos procesos de desmantelamiento político, social y emocional de gran parte de la clase organizada han provocado una herida colectiva, profunda y traumática, herida que la impunidad y los pactos de silencio institucionales mantienen abierta hasta el día de hoy y que ha traído múltiples consecuencias en la experiencia vital colectiva de todxs quienes hemos crecido en estos territorios los últimos 50 años y más.

La reestructuración capitalista que instauró el golpe y posterior dictadura cívico-militar se tradujo en una serie de rearticulaciones económicas y políticas, las cuales se transformaron en los pilares del sistema económico que heredamos de la dictadura y que los gobiernos de los 30 años han consolidado. Todas ellas han tenido efectos directos en nuestras experiencias vitales compartidas: la reconfiguración de las ciudades a través de la expulsión de lxs pobladorxs de los centros hacia las periferias y el desarrollo de la ciudad neoliberal, el freno de la reforma agraria y la continuidad del antiguo latifundio a través de un modelo agroexportador y el fomento del negocio forestal, el abandono de la educación y la salud pública, la creación de las AFP, la privatización del agua y, en general, la instauración de un modelo neoliberal y extractivista anclado a los deseos de consumo del norte global y los intereses de la clase dominante.

Como planteábamos anteriormente, todos estos mecanismos de terror y precarización de la vida humana y no humana, sumados al acceso al mundo de las cosas, el consumo y el crédito, han permeado capas más profundas de las comunidades y las personas, atomizando e individualizando las experiencias comunes y reduciendo la socialización humana a espacios de consumo y mercado. Nos han educado en la competencia y la violencia para sobrevivir, bajo la premisa del desarrollo y superación personal en base al esfuerzo. Nos han aislado a lxs unxs de lxs otrxs para mantenernos en sensación de soledad y tristeza persiguiendo un modelo de éxito individual que poco conoce del goce de las alegrías y las penas compartidas.

Enfrentadxs a esta devastación ecológica y social de los 50 años de implementación de un programa de muerte y desarticulación de las comunidades, no nos basta con contemplar la derrota de un proyecto institucional ni con reconocer el profundo daño que cargamos como una maldición que pareciera irremediable, porque en medio del despojo, han resistido y germinado diversas experiencias de organización y solidaridad popular como la lucha por la vivienda, las ollas comunes, la colectivización de los cuidados de la niñez, los múltiples espacios comunitarios culturales y deportivos, las luchas anti patriarcales, la defensa y cuidado de los ecosistemas, la lucha mapuche, la resistencia de las comunidades migrantes, entre muchas otras que apuestan por vidas dignas. Estos espacios de acumulación de fuerza, experimentación de formas orgánicas y métodos de lucha son aprendizaje y sabiduría práctica para disputar el presente y construir el futuro.

​​​​​​​Hoy, a 50 años de aquel dramático martes 11 de septiembre, desde el anarquismo no solo tenemos mucho que reflexionar, también debemos comenzar a romper con la inacción y el inmovilismo. Frente a los sectores pusilánimes que nos gobiernan, incapaces de defender a sus propios muertxs ante el avance de los discursos y acciones negacionistas de la derecha reaccionara, es fundamental asumir un rol protagónico en la batalla ideológica que hoy se libra, con lenguajes, narrativas, metodologías y herramientas que nos permitan salir del “gueto”. Si nuestras ideas no se enraízan en nuestra clase, otras lo hacen y, con esto, no pretendemos que todxs lxs oprimidxs se reivindiquen como anarquistas, más bien, buscamos que valores como la solidaridad, el apoyo mutuo, la acción directa y el antiautoritarismo se constituyan en la base de las relaciones sociales de nuestras comunidades, por ello, es fundamental hacer retroceder las ideas y prácticas promovidas por la burguesía, ya sea en su modalidad fascista, liberal o progresista.

Por otro lado, concebimos al anarquismo social y organizado como una caja de herramientas y, como tal, se demanda su uso, por ello es que apostamos por superar las posturas identitarias y sectarias, abrazando la organización social y la construcción comunitaria de poder popular. De esta manera pretendemos desarrollar la fuerza necesaria para destruir la sociedad de clases y la mercantilización de la vida, desplegando una capacidad organizativa que ponga en el centro el protagonismo popular y se oponga a cualquier proyecto personalista, reformista y de conciliación de clases. El anarquismo debe y puede retornar a las luchas sociales y a la organización territorial, no somos ajenxs a las realidades del campo popular porque también somos pobladorxs y  trabajadorxs que luchan por vidas libres y dignas, por eso, seamos hoy parte del fortalecimiento organizativo y de la necesaria coordinación de aquellas luchas libradas por diversos sectores de nuestra clase.

Finalmente, reconocemos que es necesario romper con la falsa oposición entre Estado y Mercado, apostando por construir una alternativa popular con foco en la reproducción de la vida que, desde la gestión comunitaria, prefigure aquella nueva y buena vida que buscamos, a partir de la autonomía y de un programa antiestatal, anticapitalista y con una perspectiva despatriarcalizadora. Resistir no significa soportar los oscuros tiempos aferrándonos a nuestras convicciones, más bien es transformar nuestra realidad, organizarnos comunitariamente, sin retroceder ante las contradicciones y amarguras de la situación actual. Confiamos en que la memoria, la lucha y la organización popular nos acercan a la emancipación y a la construcción de comunidades más sanas, más alegres, más dignas.​​​​​​​

A pesar de los golpes y las heridas: ¡organizadxs y en comunidad luchamos por la vida!
Asamblea Anarquista de Valparaíso - Federación Anarquista de Santiago

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Tensiones y desafíos actuales en torno a las construcciones populares autónomas

21 Julio 2023 at 01:45
Tensiones y desafíos actuales en torno a las construcciones populares autónomas

Diego Naim Saiegh
Instituto de Teoría e Historia Anarquista - ITHA

Introducción

En el siguiente trabajo nos adentraremos a indagar sobre ciertas implicancias que hoy por hoy se exhiben a la hora de llevar adelante procesos de construcción popular autónomos – haciendo hincapié en aquellos que por sus perspectivas políticas y metodológicas, pueden inscribirse dentro de una matriz libertaria- en un contexto histórico atravesado por las marcas de la desocupación estructural, el crecimiento de la pobreza y en términos generales, por la precarización de la vida como forma social. Trataremos de plantear, a través de nuestro recorrido, ciertos hilos de análisis sobre algunos problemas a enfrentar de acuerdo al mencionado contexto, particularmente en el marco de nuestras sociedades periféricas latinoamericanas y algunas hipótesis sobre los desafíos a encarar de cara a su superación en clave emancipatoria.

Ahora bien, antes de avanzar en las cuestiones esgrimidas, nos parece importante, aunque más no sea a modo de trazo grueso, dejar señaladas un par de ideas generales sobre el vínculo existente entre anarquismo y procesos de organización popular, así como algunas líneas sobre a qué nos referirnos con respecto a construcción de matriz libertaria.
Una perspectiva político-metodológica de construcción popular

Si el anarquismo como corriente de praxis revolucionaria ha tenido a lo largo de su historia – amén de sus distintas tendencias - una “razón de ser”, ésta estuvo dada de manera prevaleciente, por el hecho de dotar de base material al entramado de sus postulados políticos, enraizando, su perspectiva emancipatoria de desenlace popular, con la necesaria organización y lucha para tal fin de aquellos que se encuentran sometidos a las injusticias del sistema de dominación estatal-capitalista. Mijail Bakunin decía al respecto:

Es cierto que hay [en el pueblo] una gran fuerza elemental, una fuerza sin lugar a dudas superior a la del gobierno y al de las clases dirigentes tomadas en su conjunto, pero sin organización, la fuerza elemental, no es fuerza real. Es esta innegable ventaja de la fuerza organizada respecto de la fuerza elemental del pueblo, en la que se basa el poder del Estado. Por lo tanto, el problema no estriba en saber si [el pueblo] puede sublevarse, sino si es capaz de construir una organización que le proporcione los medios de llegar a un fin victorioso. No a una victoria fortuita, sino a un triunfo prolongado, definitivo [1].

En la misma sintonía, el italiano Errico Malatesta, planteaba que las clases oprimidas y explotadas:

no podrán emanciparse nunca mientras no encuentren en la unión la fuerza moral, la fuerza económica y la fuerza física que es necesaria para derrotar a la fuerza organizada de los opresores [2].

Desde estas consideraciones entonces, se traduce la importancia estratégica que tiene para un proceso de transformación social, el desarrollo y el fomento de organizaciones populares que puedan motorizar y sustentar dicho proceso, constituyendo así, una fuerza social articulada capaz de enfrentar y eventualmente trascender el poder organizado de las clases dominantes. Ahora, ese impulso hacia el protagonismo de la organización del abajo social, tiene que contar, desde una lógica libertaria, con ciertos criterios y lineamientos que son distintivos de otras lógicas y que dan lugar a una impronta propia.

Por lo pronto, se parte de la concepción de que los agrupamientos de las clases populares deben tener como primer cometido de acción, la lucha por la conquista de aquellos intereses materiales que aglutinen a la clase en el marco de sus necesidades más inmediatas. Para esto, el arco de confluencia debe ser el más amplio posible; es decir, no debe estar atravesado a priori por limitantes del tipo político-ideológico, religioso o de otra índole [3]. Pero este cometido de acción primario no debe ser estanco, sino dinámico. Debe combinarse de manera dialéctica con un cometido de lucha emancipatoria que pretenda superar a las estructuras del sistema dominante, procurando en ese camino, construir “embriones” de prácticas sociales y organismos que prefiguren la sociedad libre de explotación y opresión. La organización de la clase se plantea, entonces, desde esta mirada, como una herramienta de acción y lucha reivindicativa, pero también como una escuela de participación democrática y como un bastión de construcción de la capacidad de autodeterminación popular, constituyéndose a su vez, en un baluarte en el desarrollo de un poder autogestivo desde abajo, desde el propio pueblo organizado. Este cometido complementario ensancha el campo de lo meramente social-reivindicativo y le imprime una clara orientación política. Política en términos de política autónoma de clase y por lo tanto de reapropiación, asimismo, del ámbito de lo político como espacio de autoactividad, autogestión y autoinstitución social.

En estos términos, esta perspectiva si bien no depara una inmediata vinculación orgánica con un planteo ideológico cerrado – habida cuenta de cómo se decía más arriba, la necesaria amplitud de confluencia a los fines de llevar adelante el cometido primario de lucha reivindicativa - sí plantea, una matriz, que sustentada sobre ciertas prerrogativas y líneas político-metodológicas de construcción, podemos identificar como libertaria o “libertirizante”. Parámetros como la lucha y la acción directa sin intermediarios, la democracia de base, la organización federativa, la independencia de clase, la práctica prefigurativa, el antiparlamentarismo, entre otros, nos marcan claramente un perfil de construcción en el seno del pueblo que el anarquismo como corriente, ha llevado adelante históricamente al momento de involucrarse en la lucha de clases, tanto sea desde los orígenes del movimiento obrero organizado como en el marco de las luchas que los movimientos sociales contemporáneos desarrollan desde hace varias décadas hasta nuestros días y que ha influenciado – e inclusive sigue influenciando- a distintas organizaciones populares que no necesariamente surgen dinamizados por militantes de dicha corriente. Desde esta óptica de organización y construcción popular que genéricamente denominamos autónoma, es que procuraremos a continuación, analizar el panorama actual sobre el que estas formaciones deben desarrollar sus luchas, así como qué problemáticas y desafíos se les presentan a la hora de confrontar con el mismo.

Un panorama actual

A esta altura, entrados a la tercera década del siglo XXI, pareciera no ser una novedad de que nos encontramos inmersos en una profunda crisis que desde distintas voces se plantea como civilizatoria y con múltiples dimensiones. Crisis que se establece como sistémica, multifocal y global, en tanto características propias del capitalismo, amén de ciertas manifestaciones propias a nivel países o regiones. Un primer punto para abordar su alcance, seguramente pase por visualizar que, desde hace algunas décadas y de manera cada vez más acentuada, el proceso de expansionismo sin límite del capitalismo necesariamente está erosionando sus propias condiciones previas de existencia.
En tanto la sustancia del capital es, la generación y regeneración de valor a través del trabajo abstracto -vivo pero alienado- acumulado en el ámbito de la producción junto con sus condiciones de posibilidad en el ámbito reproductivo y el medio natural; su impulso para conseguir constantes incrementos en la productividad – de la mano de la competitividad - lo lleva a conceder a la ciencia y a la tecnología una importancia creciente en la producción. Esto tiene como correlato y tendencia en aumento, convertir ese mismo proceso, basado en el trabajo -único generador de valor- en constantemente anacrónico. Con esto el capitalismo serrucha la rama sobre la cual se posa: la valorización del valor a través del trabajo vivo y el entorno que lo posibilita.

Si bien - y aunque parezca contradictorio con lo anterior- en los últimos años han proliferado un abanico de “nuevos trabajos”, éstos, por sus características – informales, precarizados, tercerizados, “uberizados”, sin derechos - no solamente no repercuten en la tendencial desvalorización y disminución estructural del trabajo formal todavía existente, sino que además no dejan de ser una “huida hacia adelante” que, junto con otros dispositivos, el capitalismo global desarrolla para sortear sus propias limitaciones intrínsecas, pero que aun siendo efectivas para reactivar las ganancias de algún sector en el corto plazo, no van a generar, ni por lejos, un nuevo ciclo de prosperidad, porque las tecnologías – que no producen valor - y que reemplazan el trabajo humano, no pueden ser eliminadas de la producción, es decir “no vuelven para atrás”. Por ende, no se trata de un clásico “vaivén cíclico” de los que pudo haber en otra etapa, sino de una tendencia que ya se configura como una crisis sin retorno. Asimismo:

En este contexto, las grandes empresas están tratando de impulsar un nuevo ciclo expansivo para blindar sus beneficios a corto plazo. Para ello, como sucedió en crisis anteriores, han renovado su apuesta por la ampliación de la frontera mercantil a través de las dinámicas de acumulación por desposesión. Igualmente, en el marco de la financiarización global, están favoreciendo la creación de nuevas burbujas especulativas para recuperar, al menos en el futuro más inmediato, unos altos niveles de rentabilidad [4].

Esto, insistimos, “patea hacia adelante” pero deja sin resolver el problema de fondo, esto es, de que si bien, aunque la cantidad de bienes y servicios pueda llegar a crecer, en conjunto y en el mediano plazo representan una cantidad cada vez menor de valor; asimismo el dinero - producto de la especulación financiera - que circula en el mundo es “ficticio” ya que no representa en realidad trabajo invertido de una manera “productiva” [5]. El capitalismo se pone cada vez más de frente a sus barreras económicas interiores como a sus limitaciones externas naturales –ecológicas-, que si bien, presentan un horizonte temporal diverso -y en esto las luchas sociales juegan un rol- no pueden ser detenidos, al menos en los marcos de su propia lógica. En síntesis:

El capitalismo global ha ido desplazando sus contradicciones hacia adelante, en el tiempo y en el espacio, pero cada vez se aproxima más a sus propios límites. La inestabilidad permanente de los mercados como consecuencia del aumento de la financiarización, la extensión de la explotación laboral y las desigualdades sociales que excluyen de la sociedad de consumo a amplias capas de la población, el cuestionamiento de la división sexual del trabajo y la necesidad de un replanteamiento del reparto de tareas productivas y reproductivas, el agotamiento de las fuentes de energía y los recursos materiales que requiere el metabolismo agroindustrial-urbano-financiero, los impactos del modelo económico en los ecosistemas y el desorden climático, son todos ellos, síntomas de que el funcionamiento del capitalismo se encuentra aquejado de graves problemas de fondo […] Estancamiento, deuda y desigualdad se superponen así al telón de fondo que hace materialmente imposible prolongar de manera indefinida la lógica de crecimiento y acumulación [6].

Este panorama va redondeando una serie de definiciones a tener en cuenta. Por un lado, y por todo lo antedicho, no es posible el retorno a un modelo de acumulación basado en el empleo masivo - propio de la era fordista ya superada -, por ende, no es posible el retorno al “pleno empleo” ni a la formalidad masiva y en su defecto, tampoco a las recetas keynesianas ni al rol central del Estado. El Estado, en tanto connivente de las lógicas del capital, en “el mejor de los casos” en esta etapa sólo puede disponer de ciertas políticas focalizadas, que además de constituirse en dispositivos de disciplinamiento social, redundan en sostener y aumentar modalidades de precarización [7].

Pero la cosa no se queda sólo aquí. Si se supone que la economía tiene como finalidad el bienestar de los sujetos, teniendo como medio el trabajo y la producción de bienes y servicios para la satisfacción de las necesidades vitales; en la lógica del capital, y sobre todo con mayor énfasis en los últimos tiempos, estos términos se pervierten y el fin de una vida sustentable se transforma en un medio para un fin distinto; la acumulación capitalista. Esto pone sobre la mesa la configuración de una matriz que se demuestra cada vez con mayor visibilidad en el neoliberalismo y que cristaliza a la precariedad ya no sólo referenciada al ámbito laboral, sino como una verdadera forma social de carácter totalizador en continuo aumento. Esto constituye, asimismo un conflicto radical e irresoluble entre la sostenibilidad de la vida humana y ecológica y el capitalismo, que algunos analistas sintetizan como conflicto “capital-vida”:

cuando la vida es un medio para un fin distinto, la vida está siempre en amenaza; la tensión puede suavizarse a veces […] pero antes o después llegará un momento de desencaje cuando la acumulación se produzca no a través de sostener la vida, sino a costa de negarla o destruirla [8].

Todo este proceso general tiene en Latinoamérica, en tanto región periférica, un desarrollo interrelacionado, aunque con elementos particulares. Implicó en principio y desde hace varias décadas, todo un contexto de reconfiguración social que significó la acentuación de las desigualdades preexistentes y la emergencia de nuevas brechas políticas, económicas, sociales y culturales, constituyendo así, un escenario caracterizado por un lado, por la fragmentación y la pérdida de poder de los sectores populares, y por otro lado, por la concentración política y económica en las elites de poder internacionalizado, que lejos estuvo de ser lineal:

Muchos de los cambios en el orden económico arrancaron durante la década de 1970 [en la gran mayoría de los casos, con dictaduras genocidas mediante]; las transformaciones operadas en la estructura social comenzaron a tornarse visibles en los años ochenta, durante la llamada “década perdida”, que culminó con fuertes episodios hiperinflacionarios y abrió la puerta a la implementación de las reformas neoliberales de los años noventa [9].
A su vez:

es necesario tener en cuenta que si el primer momento de la globalización neoliberal, en los años noventa, estuvo marcado por las privatizaciones y el ajuste fiscal, el segundo momento viene de la mano de la generalización de un modelo extractivo-exportador que apunta a consolidar y ampliar aún más las brechas sociales entre los países del norte y del sur, en base al saqueo de los recursos naturales cada vez más escasos, la contaminación irreversible, la extensión del monocultivo y la consiguiente pérdida de la biodiversidad [10].

Dicho todo lo anterior, no podemos dejar de volver a señalar de que las mencionadas, no dejan de ser manifestaciones propias de un sistema global y que tiene, como ya hemos marcado, a la precariedad y a la exclusión como marca estructural, planteando a la región como un espacio concreto en donde cuerpos, vidas y territorios son sacrificables en aras de la reproducción del capital trasnacionalizado en esta etapa, amén incluso, de que tal o cual gobierno se declare “progresista” o “popular”.

Frente a este panorama, desde finales de los años ´80 y fundamentalmente desde la década del ´90 se viene asistiendo a una progresiva confluencia de distintos procesos de lucha que se han venido plasmando a través de distintas vías y que han tenido ciertos hitos que han marcado su desarrollo. Es importante rescatar a su vez, que la caída del muro de Berlín en 1989 y el derrumbe de la URSS en 1991 no solo trajeron consigo el colapso de los regímenes del “socialismo real”, la crisis de los partidos comunistas, de los socialistas, de los sindicatos tradicionales y de los movimientos guerrilleros especialmente en Latinoamérica, sino también la quiebra de todo un paradigma revolucionario que había impregnado a la mayor parte de las izquierdas a lo largo del siglo XX; esto es, que el desarrollo imparable de las fuerzas productivas traería consigo el socialismo y que junto con la dinámica de lucha impulsada particularmente por el proletariado, único sujeto social con capacidad transformadora – fundamentalmente urbano, industrial y destinatario de una “misión histórica que cumplir - se alumbraría la sociedad sin clases. Todo esto ahonda, como dijimos, la desorientación y la crisis de las viejas formas organizativas y metodológicas, pero permite, de manera dialéctica, en consonancia con las renovadas lógicas de dominación capitalista, el paulatino afloramiento de nuevos ejes de confrontación, así como de nuevos discursos críticos, sujetos sociales y de nuevas formas de construcción popular, ya en sintonía con lo que hoy conocemos como movimientos sociales que, conviviendo – y muchas veces coordinando - con las organizaciones tradicionales, han logrado erigirse como protagonistas de las resistencias de este último periodo [11].

En realidad, y para ser correctos, en algunos casos, más que “nuevos”, deberíamos decir “reelaborados” formatos y pautas de disputa antagonista, dado que muchas de estas iniciativas ya habían tenido un incipiente esbozo durante los sucesos que se conocieron como “Mayo francés” de 1968, en donde, entre otras cuestiones, supieron salir a la palestra todo un conjunto de miradas y perspectivas que, con el título abarcativo de “nueva izquierda”, inclusive implicó volver a poner en valor todo un conjunto de prerrogativas –muchas de las cuales desarrollamos en la primera parte de este trabajo- de cuño socialista libertario que durante un corto plazo, habían entrado en un cono de sombras.

Puntualizando, ahora bien, sobre los alcances que en el último tiempo ha tenido en nuestro continente el marco de las luchas desarrolladas por los mencionados movimientos sociales surgidos en los años noventa, es sustancial destacar que han tenido – y continúan teniendo - un cometido mucho más abarcativo que la sola acción de resistencia:

los movimientos sociales han revelado ser algo más que una respuesta meramente defensiva frente a los cambios en la correlación de fuerzas sociales y las fuertes transformaciones de sus condiciones de vida y reproducción. En realidad, con todas sus complejidades y matices nacionales, los movimientos sociales latinoamericanos han desarrollado una dimensión más proactiva, que abre la posibilidad de pensar nuevas alternativas emancipatorias a partir de la defensa y promoción de la vida y la diversidad [12].

Tensiones y desafíos…

Planteado a grandes rasgos el escenario desde el cual hoy por hoy las organizaciones y construcciones populares y sobre todo aquellas que se conciben desde una matriz libertaria o genéricamente autónoma, deben desarrollar sus luchas; se hace necesario ahora establecer algunos desafíos de cara a poder superar algunas problemáticas y tensiones que el mismo escenario presenta, a los fines de poder prescribir algunas claves de orientación emancipatoria para los tiempos que corren.

Decíamos más arriba que frente al proceso de desarrollo crítico del capitalismo en esta etapa, que, entre otras cuestiones, deja cada vez más fuera de su órbita a la formalidad masiva del trabajo, los Estados - y sobre todo en gran parte de Latinoamérica - han salido a “emparchar” esta situación [13] con toda una batería de recursos, programas y políticas focalizadas, intentando con esto, contener, pero también disciplinar, a los sectores populares afectados por estas y otras consecuencias estructurales del actual desenvolvimiento del capital [14].

Con respecto a esta problemática ha habido – sigue habiendo - mucho debate en el campo de las organizaciones populares sobre cómo afrontar esta situación a propósito de si tomar como eje de lucha válido o no la disputa de esos recursos y si eso puede ser coherente con una perspectiva autónoma de construcción dada la inexorable relación que con el Estado esto confiere y la tendencia a la institucionalización que la misma supone para el campo de ejercicio de las organizaciones y sus luchas. Demás está decir que, al respecto, las distintas realidades de cada espacio nacional tienen su asidero, pero, si como venimos argumentando, estas medidas no dejan de formar parte de todo un entramado estructural-global, se hacen pertinentes algunas reflexiones.

Si partimos de la base de que en este contexto la gama de ejes de lucha reivindicativa no se agota en los recursos focalizados estatales, es verdad también que los mismos, por sus características, adquieren una impronta sumamente importante en las actuales condiciones para afrontar la pelea por un mínimo mejoramiento de las condiciones de vida en el marco de un sistema que deja cada vez más sectores de la población por fuera de los circuitos de trabajo formal [15] y por ende, también, por fuera de los circuitos de consumo y de reaseguro de sus condiciones básicas de subsistencia.

Ahora, el nudo problemático con respecto a la tendencial institucionalización - que sería más correcto caracterizar como moldeamiento estatal [16]- que esto implica, si bien efectivamente presenta una amenaza a la autonomía de las construcciones populares regidas por esta lógica, su configuración no necesariamente debe prescribirse como absoluta. Dado el escenario siempre dinámico de las luchas sociales y de las relaciones de fuerza, el a priori dilema condicionante debe visualizarse como parte de un contexto de relación conflictiva y de tensión permanente en donde el desafío se presenta, no sólo en la disputa reivindicativa por la apropiación de manera organizada de los recursos en cuestión, sino, además en la disputa política contra la lógica estatal de moldeamiento y alienación. En este sentido, prácticas como la resignificación, es decir, el darle “otra significación” a aquello que fue concebido como un paliativo disciplinador y “moldeador” hacia dispositivos de construcción contrarios a esas lógicas - tendientes a fortalecer estructura y protagonismo popular desde abajo – sumado a la perspectiva por la ruptura del carácter focalizado de estos programas estatales hacia su universalización como derechos, asumen en esta etapa, un valor enormemente significativo.

Otra cuestión que nos parece importante señalar en este derrotero de tensiones y desafíos, tiene que ver con el orden de lo estratégico. Si como ya dijimos, las organizaciones populares autónomas y dentro de ellas, fundamentalmente las atravesadas por una matriz libertaria, se posicionan a grosso modo con un objetivo político general de cambio social en términos de desenlace popular orientado hacia la autoactividad, la autogestión y la autoinstitución social; para ser coherentes con estos postulados, se hace fundamental como elemento estratégico, no solo el fortalecimiento y consolidación organizativa de estas expresiones de base, sino además, el desarrollo continuo de su propia capacidad de fuerza - material y contrahegemónica - opuesta y en confrontación al poder de las clases dominantes. Dicho de otra manera; se hace vital la construcción de un poder popular - que podría plantearse como autogestivo – que instituya, asimismo, espacios, territorios, mecanismos y relaciones que prefiguren y sustenten el proyecto de una sociedad autogestionaria.

Tomando en cuenta esta premisa estratégica y por todo lo que hemos expuesto en términos del proceso histórico que atravesamos, creemos que la misma a su vez, debe complementarse con una perspectiva más que hoy se presenta como imprescindible: la multisectorialidad. En efecto, si de un tiempo a esta parte, no podemos hablar de una clase homogénea ni de un sector popular en concreto que represente una autosuficiencia ni una centralidad manifiesta en cuanto al antagonismo y superación frente al desarrollo de las condiciones actuales del capitalismo por cuanto las contradicciones son múltiples – económicas, sociales, políticas, culturales, ambientales –, múltiple se presenta entonces el sujeto social de confrontación. Por lo tanto, una estrategia acorde involucraría en este sentido, la posibilidad de articular esas contradicciones y ese sujeto múltiple en una proyección común. Esto claramente implica plantearse un horizonte de lucha que intente ir más allá del marco de reivindicaciones específicas pero fragmentarias de tal o cual sector en particular, perfilando una perspectiva que apueste por la integración de las mismas en espacios de carácter multisectorial.

¿Y sobre qué eje se podría a priori, aglutinar la diversidad de demandas que cruzan al universo de las expresiones de lucha popular? Si como hemos dicho, en este contexto la lógica del capital – en crisis – no sólo pervierte, sino que además amenaza el sostenimiento de la vida – humana y ecológica - configurando una matriz de precariedad social generalizada; ésta última, podría ser un buen punto a considerar como nexo de articulación común dada la transversalidad que la misma supone a los distintos sectores que se encuentran sometidos a esta dinámica expropiatoria y depredadora:

Ante la crisis civilizatoria, la contrapropuesta no puede ser recuperar la “producción” […] sino abrir dos debates: qué es una vida que merezca ser vivida y cómo colectivizar la responsabilidad de garantizar sus condiciones de posibilidad […] [17].

Ahora bien, planteada tal orientación general y partiendo de la congruencia a tener entre la misma y los medios hacia su logro, nos es importante prescribir que estos medios a su vez, en este contexto de crisis sistémica, deben cumplir un rol de tensión dialéctica entre las posibilidades de avance conflictivo hacia un proyecto de ruptura y el bloqueo del continumm autoerosivo del capitalismo en esta etapa. Sería algo así como lo que planteaba Walter Benjamin con respecto a poner el “freno de emergencia” para no precipitarse al vacío, propiciando una serie de contra-movimientos que funcionen como “diques” en contraposición a ciertas perspectivas “aceleracionistas” que reproduzcan y sigan estimulando las lógicas del capital tal y cual se siguen perfilando. Y esto podría llegar a desarrollarse con medidas y planteos reivindicativos que, entre otras cuestiones, busquen detraer recursos de las lógicas del mercado y apuesten por su expansión y universalización, reduzcan la jornada y repartan el trabajo formal todavía existente, socialicen y expongan la producción de riqueza como atributo histórico-social, apuesten a la desfinaciarización de la economía, al resguardo ambiental y al decrecimiento progresivo; en definitiva, que tiendan a priorizar y estimular la sostenibilidad de una vida digna por fuera de los parámetros de la precariedad a la par de que sirvan de marco para la recomposición de fuerzas desde el abajo social, dejen margen para la reconstitución de un imaginario social antagonista y preparen un horizonte de transformación revolucionaria.

Esta serie de medidas, junto con otras posibles, creemos, no anulan la dinámica histórica de la lucha de clases, sino que la amplían y la complejizan en función de los requerimientos del proceso histórico en marcha, y que no por sustanciarse a priori, como dirían algunos, como “meras reformas”, dejan, en conjunto y en base a algunas de sus dimensiones, de plantearse como disruptivas con las lógicas capitalistas contemporáneas. Por esto, ninguna puede tomarse de manera aislada y como un fin en sí mismo, sino como medidas o instrumentos que, interrelacionados, se configuran como objetos de disputa de un proceso dinámico de lucha mayor, tendiente a subvertir el estado de cosas.

Referencias:

[1] BAKUNIN, Mijaíl. La Libertad. Obras escogidas de Bakunin. Buenos Aires: Editorial Agebe, 2005.

[2] VERNON, Richard. Malatesta. Pensamiento y acción revolucionarios. Buenos Aires: Editorial Utopía Libertaria, 2007.

[3] En el marco de esa gran primera experiencia de confluencia obrera como lo fue la Asociación Internacional de Trabajadores, Mijaíl Bakunin, establecía; “La Internacional acepta en su seno, haciendo absoluta abstracción de todas las diferencias de creencias políticas y religiosas, a todos los trabajadores honrados, con la única condición de que acepten en todas sus consecuencias la solidaridad de la lucha de los trabajadores contra el capital burgués, explotador del trabajo…”. En: NETTLAU, Max. The Life of Michael Bakunin. Michael Bakunin, eine Biographie. Londres: Privately Printed, 1896-1900.

[4] RAMIRO, Pedro/GONZÁLEZ, Erika. La insostenible reconstrucción del business as usual: Recuperación vs confrontación. En: Viento Sur Nº176, 6 AGOSTO 2021 https://vientosur.info/la-insostenible-reconstruccion-del-business-as-usual-recuperacion-vs-confrontacion/

[5] JAPPE, Anselm. Hacia una historia de la crítica del valor. Nombres, Revista de Filosofía, 2018. https://revistas.unc.edu.ar/index.php/NOMBRES/article/view/21237

[6] RAMIRO, Pedro/GONZÁLEZ, Erika. Op Cit.

[7] Tal es así, que por ejemplo en Argentina y a través de un reciente informe, se pudo constatar que en 7 provincias el sector de precarizados e informales supera en número al sector de trabajadores formales privados, y frente a esto, amén del eufemismo que suele ver esto como un “aumento de puestos de trabajo”, la respuesta por parte del Estado, a través de las declaraciones de un funcionario del Ministerio de Desarrollo Social es “por eso es importante formalizar y desarrollar la economía popular”. Lo que demuestra esto en realidad, es que lo que viene creciendo a pasos agigantados es la desocupación y el trabajo informal y precarizado de subsistencia y que el Estado lo único que promueve frente a este panorama (en conjunto con algunas organizaciones afines a esta idea) es sólo la cristalización de esta situación a través de la eventual asignación de recursos (meramente paliativos) para afianzar una modalidad precarizada de “trabajo” bajo la órbita del mismo Estado. En: VALES, Laura. En 7 provincias ya hay más trabajadores de la economía popular que privados. https://www.pagina12.com.ar/365051-en-7-provincias-ya-hay-mas-trabajadores-de-la-economia-popul

[8] PÉREZ OROZCO, Amaia. La sostenibilidad de la vida en el centro… ¿Y eso que significa? En: La ecología del trabajo: el trabajo que sostiene la vida, coord. por Laura Mora Cabello de Alba, Juan Escribano Gutiérrez. España: Bomarzo, 2015.

[9] SVAMPA, Maristella. Cambio de época. Movimientos sociales y poder político -1ª ed. - Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2008.

[10] SVAMPA, Maristella. Op. Cit.

[11] Uno de los rasgos fundamentales de los movimientos sociales que en las últimas décadas se han establecido en función la reconfiguración del escenario de las luchas en nuestra región, se encuentra dado en reformulación del territorio, ya no sólo como mero ámbito de reproducción social, sino como un nuevo escenario de lucha y construcción nutrido de potencia, dinámica y dimensión estratégica.

[12] SVAMPA, Maristella. Op. Cit.

[13] No sin recurrir –antes e inclusive después- a la represión y a la criminalización de aquellas expresiones de protesta frente a las condiciones generadas por las líneas directrices del modelo de acumulación que los mismos Estados sustentaban.

[14] Para decirlo en términos foucaultianos, el Estado neoliberal desarrolla el control biopolítico de la población pobre. Orientado a una estrategia de contención del conflicto social y de la miseria, su objetivo es integrar excluido en tanto excluido. En: SVAMPA, Maristella. Cinco tesis sobre la nueva matriz popular. IIGG, Facultad de ciencias sociales, UBA: nov.2003. Cabe destacar que, si bien los Estados son los mayores propulsores de estas políticas, no son los únicos. ONGs y organismos multilaterales de distinto tipo también desarrollaron y desarrollan este tipo de medidas y muchas veces articulando con las políticas estatales.

[15] Sin perspectiva aparente de que esta situación pueda, dada su característica estructural, ser revertida en algún tiempo considerable más allá de ciertas declamaciones demagógicas de políticos y empresarios de turno.

[16] Entendemos aquí al moldeamiento estatal como una de las formas posible de institucionalización más concretamente asociada al proceso de alienación estatalizante conducente a “moldear” a las construcciones autónomas a imagen y semejanza de la lógica estatal y subordinada a sus propios mecanismos.
[17] PÉREZ OROZCO, Amaia. Crisis multidimensional y sostenibilidad de la vida. Investigaciones feministas, ISSN 2171-6080, Nº. 2, 2011, págs. 29-53. https://doi.org/10.5209/rev_INFE.2011.v2.38603


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