Costa de Marfil, Argelia y Marruecos lideran en África el interés por los pequeños reactores modulares (SMR, por sus siglas en inglés), una tecnología nuclear de menor escala que promete electricidad baja en carbono sin las elevadas inversiones y plazos de las centrales convencionales. Según informó esta semana la prensa especializada, varios países del continente, ante la falta de infraestructura para grandes reactores, ven en los SMR una alternativa asequible para cubrir sus necesidades energéticas crecientes.
La consultora internacional en energía nuclear World Nuclear Association señala que los SMR, con potencias de hasta 300 megavatios por unidad, pueden instalarse de forma modular y escalable, lo que los hace especialmente atractivos para economías emergentes. «La tecnología de los pequeños reactores modulares está ganando tracción en África porque permite un despliegue más rápido y con menor riesgo financiero», explicó un portavoz del organismo.
Una carrera por la energía nuclear en el norte y oeste de África
Marruecos, que ya ha manifestado su intención de desarrollar un programa nuclear civil, estudia actualmente la viabilidad de instalar SMR en su territorio, según fuentes del Ministerio de Energía marroquí. Argelia, por su parte, mantiene conversaciones con suministradores internacionales para evaluar la implantación de estos reactores en el sur del país, donde la demanda eléctrica crece por la explotación de recursos minerales. Costa de Marfil, el tercer país en liza, pretende con los SMR diversificar su matriz eléctrica, actualmente dominada por la energía hidroeléctrica y los combustibles fósiles.
El interés africano por los SMR no es exclusivo de estos tres países. Nigeria, Ghana y Kenia también han mostrado disposición a incorporar esta tecnología en sus planes energéticos a medio plazo. Sin embargo, los expertos advierten de que la implantación masiva de SMR en África se enfrenta a obstáculos significativos, como la falta de marcos regulatorios específicos, la escasez de personal técnico cualificado y los elevados costes iniciales de fabricación.
La tecnología de los pequeños reactores modulares puede nuclearizar África, pero para ello es necesario que los países desarrollen primero una infraestructura normativa y de seguridad adecuada.
El potencial de los SMR en África también genera tensiones geopolíticas. Empresas de Rusia, China, Francia y Estados Unidos compiten por posicionarse como suministradores de estos reactores, lo que podría traducirse en una nueva dinámica de influencia sobre el continente. Para España, la proximidad de Marruecos y Argelia, así como las relaciones históricas con Costa de Marfil, convierte este proceso en un factor relevante para la industria nuclear española, que podría verse desplazada si no se integra en la cadena de suministro de los SMR africanos.
La apuesta por los SMR representa, en cualquier caso, un cambio de paradigma en la política energética africana. «África no puede esperar décadas a que se construyan grandes centrales nucleares; los SMR ofrecen una solución intermedia que podría cambiar el mapa energético del continente en los próximos diez o quince años», concluyó un analista del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea.