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AnteayerRebelion

Una historia de amor y esperanza: nobleza mayor, la humildad

12 Junio 2025 at 06:47

Para ser felices se necesita eliminar dos cosas: el temor de un mal futuro y el recuerdo de un mal pasado. SÉNECA

La fuerza de voluntad es el único capital que poseen las personas libres. FRIEDRICH SCHILLER

Si tú me recuerdas, no me importará que el resto del mundo me olvide. HARUKI MURAKAMI

El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que tienen miedo, muy largo para los que se lamentan, muy corto para los que festejan, pero para los que aman, el tiempo es una eternidad. WILLIAM SHAKESPEARE

No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo. LIÉV TÓLSTOI

Desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, vía Cine-Club Al Filo del Tiempo, hoy se hablará del penúltimo filme del II Ciclo de Cine Erótico: Cuento de invierno (1992), de Éric Rohmer, baluarte sin discusión de la Nouvelle Vague, escuela que no lo fue tanto y cuya mayoría de miembros pasó de la crítica a la realización. Tal es el caso de quien nació como Maurice Schèrer y debutó con El signo del león (1959), filme que tiene no pocos puntos de contacto con Memorias del subdesarrollo (1968), de T. Titón Gutiérrez Alea. A partir del cuento homónimo de Shakespeare, sobre la reina que revive/reaparece frente al rey que la extraña, Cuento de invierno de Rohmer cuenta, a partir de Félicie, Élise, su hija, y su Madre, una historia de amor y esperanza y de esperanza en el amor, en un mundo siempre plagado de inquietudes e incertidumbre, de tristezas más que alegrías, de ensimismamiento antes que sinergia o empatía, como lo permiten ver algunos protagonistas del cuento filmado.

En efecto, C. Chabrol en sus memorias afirma que la Nouvelle Vague fue, en esencia, una etiqueta: ‘En 1958 y 1959, cuando los compañeros de los Cahiers y yo pasamos a la realización, fuimos promocionados como una marca de jabones. Éramos la Nouvelle Vague. La expresión era de Françoise Giroud, redactora jef[a] de L’Express, y una de las plumas más afiladas de la oposición al gaullismo’. (1) Jean-Luc Godard, por su lado, en Cahiers du cinéma, 1962, recuerda que la Nueva Ola surgió en lo básico desde el Cine-Club Objectif 49, la Cinémathèque y cierto sentido crítico cuya figura suprema fue André Bazin, el único que realmente fue crítico. Los otros, Sadoul, Balázs o Pasinetti, son historiadores o sociólogos, no críticos’. (2) Los Cahiers, fundados en 1951 por Jacques Doniol-Valcroze y el citado Bazin, se considera la escuela de formación de los cineastas de la Nueva Ola. El signo del león y Memorias del… son historias de dos intelectuales venidos a menos por causas distintas. 

En Sergio Corrieri (3) pueden rastrearse actitudes del músico que deviene mendigo, Pierre Wesselrin, en El signo del león. Ambos personajes son depositarios de la inacción, pequeño-burgueses que pertenecen a estratos altos de la sociedad, aunque sean presentados como inútiles o fracasados, el primero como escritor, el segundo como músico. Mientras aquél tiene acceso a las oficinas del ICAIC, donde presenta a su amiga para una audición, en la que los recibe el propio Titón, el músico, un gringo que contaba con una herencia que sólo al final llega, se halla solo, sin dinero, sin amigos, sin aptitud alguna para el trabajo y, sin embargo, tras el velo de la apariencia obtiene aquí o allá los recursos necesarios no sólo para sobrevivir sino para divertirse, comer y beber donde quiera. Uno se identifica con ellos como personajes y cada filme, desde su mirada particular, juega con esa identificación. A su modo, ambos tipos son autodestructivos, caen en la derrota, se muestran incapaces para modificar sus vidas. 

Ambos filmes, constituyen un documento sociológico: el francés, sobre la fauna de Saint-Germain du Prés y, el cubano, sobre la de La Habana, un relato de aventuras sobre la soledad del hombre actual. Ambos, por su carácter intelectual, son filmes malditos: el de Titón fue reconocido mucho tiempo después de realizarse; el de Rohmer un rotundo fracaso comercial que llevó al director, c. 1960, como le pasó a Rossellini, a realizar programas educativos para la TV. Ambos, podrían vincularse además con Buscando a Miguel (2007), de Juan Fischer, filme que permite rastrear al hombre detrás del político (4). Su mayor éxito quizá sea haber arrancado de la conciencia colectiva al político inicial y conocer al ser humano, y mendigo, detrás de él: no sin antes mostrarlo en su duro descenso a los infiernos, sin lastre alguno de religión. Para entonces, ya del político no queda nada y emerge el hombre. El hombre nuevo que su paleta humanística ha dibujado en la pantalla, al modo del cinéma-verité, Fischer dixit. 

A su modo, Juan Fischer ha ofrecido, sin pretensión alguna de copiarlo o de imitarlo, un nuevo signo del león… Del que lucha por recuperar su memoria, por saber cómo se llama en realidad, por cambiar su turbio y remoto pasado, no el reciente. En fin, por encontrarse consigo mismo, después de haber sido perdido (no de haberse…) en un viaje mezcla de escopolamina y paseo millonario, sin importar que en el intento se haya extraviado tanto tiempo. Lo que, en últimas, no lo afecta. Él sabe que el tiempo es la orilla, que todos pasamos y que aquel, simplemente, da la ilusión de correr. Miguel Villalobos es, a la postre, un nuevo Jean Vigo luego de L’Atalante: ya poco le importa si muere joven. Como el poeta, puede confesar que, ahora sí, ha vivido. Que ya no es un político. Que, por fin, ha ejercido el oficio de hombre, como Rossellini siempre soñó. Que es un hombre. Y que el político ha quedado atrás, está muerto, como deberían estarlo todos los demás: los que sanguijuelean a su pueblo.

El cuento de Shakespeare que inspiró a Rohmer, ya desde sus dos primeras escenas permite inferir o extrapolar sus razones, las que verterá luego en Cuento de invierno: la separación (de los reyes de Sicilia y de Bohemia), el intercambio de regalos, la apariencia de estar juntos, la conservación del afecto, en fin, las tentaciones de la carne. Conte d’Hiver o Cuento de invierno, es el segundo de la serie Cuentos de las cuatro estaciones, junto a Cuento de primavera (1990), Cuento de verano (1996) y Cuento de otoño (1998) que Rohmer rodó luego de su serie de Comedias y proverbios a la que dio cierre con La amiga de mi amigo (1987) y luego de una pausa de tres años por efecto de una intensa actividad. El leitmotiv que lo llevó del Cisne de Avon a su Cuento de invierno fue la escena de TV en la que la reina Hermione, en modo estatua cobra vida ante su esposo Leontes, rey de Sicilia, o sea, la historia de un ser amado ausente que sin advertirlo vuelve a la vida cotidiana del marido que la añora.

Aunque, bueno, en el filme es al revés: la que añora el regreso de Charles es Félicie o quien hubiera podido ser su esposa si éste, cinco años atrás, hubiera recibido la dirección correcta que ella, por un lapsus, desvió. Error que, curioso, proviene de una mujer, un ser humano, que descubre su alma con un sentido de transparencia tal como el que algunos logran en sus filmes, pero que ya quisiera tener la mayoría de los miembros de la Nueva Ola, ese movimiento que no fue y al que se le puso una etiqueta, y en el que Rohmer figura antes que Doniol-Valcroze, Astruc, Rivette, Godard, Chabrol, Vadim, Kast, Malle, Demy, Resnais, etc. Durante ese verano en la costa francesa, Charles y Félicie se encuentran y más tarde, por lo dicho, se desencuentran cuando él viaja en otoño a los EE.UU. Ella intenta reconectarse, pero ya es tarde, así que cinco años después cría a su hija en París, junto a su Madre, en vacaciones de invierno, no pierde la esperanza en Charles y actúa de peluquera en el salón de Maxence…

Félicie, como buena persona práctica y bien gozona, que igual lo es cualquier hombre, tiene un affaire con aquél mientras mantiene otro con el bibliotecario Loïc, de edad similar a la de Charles. Al filo del tiempo, descubre que aunque se hace necesario, casi imperioso, un pacto con uno de ellos, ninguno la atrae, como en cambio sí siente el inexorable lazo que la une a Charles, de manera parecida, sin que lo piense, claro, a como se siente atada la pareja de Dolls (2002), de Takeshi Kitano, la que forman Matsumoto y Sawako y a la que, curioso, se apoda los mendigos atados. A la hora de decidir, Félicie sigue a Maxence en su traslado a Nevers, ciudad contigua a París. Más pronto que tarde, surgen los roces, va con su hija a jugar pelota, no es creyente, más bien laica, entra a la iglesia y allí tiene una epifanía sobre Charles. Regresa al salón, discute con Maxence, quien la reconviene por llegar tarde y ella, con sabroso humor, le recuerda que si le dijo dueña puede hacer lo que quiera con su tiempo.

Maxence aparece con aspecto seco antes que sobrio y a corto plazo se evidencia que su trato con Félicie es más de tipo laboral que idílico. A la par que su madre se desvive por el trabajo, Élise se aburre de descansar, mientras Maxence resulta habitado por la tensión, el mal genio y al margen de toda sinergia con ellas. Entre la sobriedad del hospedaje y la ausencia de empatía emocional, Félicie opta por declarar su disgusto, habla con Maxence, alegan y cuando éste la sacude, lo para en seco, sube donde su hija y regresa a París. Salta a la vista que la importancia de llamarse Félicie, para él, radica en que sea su empleada antes que su cómplice amoroso. Tan pronto vuelve a París, va adonde Loïc a soltarle lo poco que la atrae, no sólo porque no se identifique en su rol de intelectual, sino porque lo ve más como hermano que consorte, aunque, eso sí, le seduzca más que el gordo, por a ratos muy pesado, Maxence. Luego de tertuliar, van al teatro a ver el drama que tanto paralelo tiene con su propia vida…

El Cuento de invierno, de Shakespeare, la toca hasta el llanto ante todo por lo que concierne a la citada reina Hermione, mientras advierte que ni Loïc ni mucho menos Maxence la habrán de colmar desde la llama doble del amor y el erotismo. Llega el Año Nuevo y ella desde su más certera voluntad renuncia a quedarse con Loïc y marcha con su hija a casa, en una escena que, no obstante, para nada pretende proyectar una mirada de desprecio por aquél: más bien, una reiteración callada de sus más profundos sentimientos de afecto y amistad hacia él, con todo lo que implica, claro, el rechazo tácito, e incluso manifiesto, de su presencia erótica. El epílogo contiene una de las más altas cotas de expresión, nobleza, emoción que filme alguno haya hecho en tan breve como abrumadora secuencia. Al volver a casa, en el bus, madre e hija se sientan frente a una pareja. La primera persona que parece reconocer a Félicie es Dora, y de modo inmediato Charles; no tarda Élise en descubrir a Papá basada en fotos de recuerdo.

Algo que quizás se desprenda de lo anterior, es la certeza de que para ser felices, si no, mejor, para estar en armonía, es dejar de temerle a un futuro que aún no llega o a la remembranza de un pasado que, como tal, ya no está. También, queda claro, que el único capital de los seres humanos libres es la voluntad de poder, entretanto se verifica que el servilismo produce amigos y la verdad produce enemigos, Terencio dixit, así en este sentido no opere la historia sobre los personajes de Cuento de invierno. Seres humanos, más bien, siempre dispuestos al encuentro, a la armonía, a la comunión, de ahí que tanto se reitere desde la crítica el broche de oro con que acaba el filme: uno que lleva la impronta de Félicie, quien parece decirle al mundo y, más allá, en rara concreción, a todo el mundo, que mientras él la recuerde, así en el ínterin muera, no le importará que el resto del planeta la olvide. Aunque, eso sí, ojalá quede junto a su hija y ambos puedan recordarla hasta que suene el cuarteto para el fin del tiempo. 

En conclusión, muy grato ver un filme en el que el amor y la esperanza y la esperanza en el amor sean los móviles de una historia hecha con base en la fuerza y la voluntad de una mujer llamada, no de balde, Félicie, quien carga sobre sus hombros un relato que conmueve de principio a fin por su capacidad de convocar sentimientos profundos con una sencillez que no cesa de sorprender merced a su carisma, a la gracia de su hija Élise, a la ecuanimidad, discreción y autocontrol de su Madre. El valor esencial de Félicie, persona que no es religiosa pero que cree en su voluntad y lo que siente, no radica en lo individual sino en su relación filial, con su Madre, su extrañado Charles, la bella hija de ambos. Su propia vida no importa tanto hacia el futuro pues incluso si ella muriese, lo único que le importa, y así se lo hace saber a su hermana, es que Élise se encuentre con su papá. En tal sentido, no hay egoísmo ni vanidad en ella, sino desprendimiento y generosidad, capacidad tao de renunciar a los apegos.

Cabe citar aquí a Rohmer sobre su pertenencia o no a la Nueva Ola, a la triple influencia de Hitchcock, Hawks y Wyler (5), y del cine clásico gringo, a su cierta aunque oculta apoliticidad o a cineastas sin ideología concreta o malos enfoques, en fin, a su condición de posmodernos: “estábamos, nosotros, un grupo que Bazin [llamaba] los hitchcocko-hawksianos, y los otros. No creo que estos tuviesen conciencia de pertenecer a una tendencia concreta; se trataba de gente que se apreciaba pero que estaba menos unida, por lo menos al principio, de lo que nosotros lo estábamos en el seno de la Nouvelle Vague, término que por entonces no existía y que nosotros jamás reivindicamos. Podría decirse que nosotros éramos un poco más rebeldes, pero no convertíamos esa rebelión en una filosofía. Los otros nos acusaban de ser de derechas porque nos gustaba el cine [estadounidense]. La rebelión estaba ahí. En aquella época se nos hubiera podido calificar con una palabra que […] no existía: postmodernos”. (6) 

No olvidar que los textos de los años 50 firmados por Rohmer, Rivette, Godard, Chabrol, estaban plenos de citas literarias, musicales o pictóricas, junto a las fílmicas más previsibles. Cézanne, Beethoven, Goethe, Balzac, Flaubert, Kafka o Faulkner comparecen en los textos de Rohmer para apuntalar su idea de modernidad, además de invitar a […] Stevenson como clave extracinematográfica para mejor entender lo específico del arte de Hawks. Godard convocará a Beethoven, Balzac, Rafael o Shakespeare para hablar de Bergman y Rivette no vacilará en situar la obra de Renoir [junto a] las de Poussin, Picasso, Mozart o Stravinski, apostando, para ilustrar la cegadora novedad de Viaggio in Italia, por comparar la mirada de Rossellini con el dibujo de un Matisse en una [cercanía] tan imprevista como iluminadora, bien sustentada sobre la transmutación de la mixtura de trazos netos y amplias superficies blancas del segundo en el realismo depurado de cualquier escoria sicologista del primero. (7)       

Será Rivette el que al preguntarse sobre qué nos afecta en la obra de Mizoguchi (1898-1956) que se dirige a los demás en una lengua ajena para contar historias extrañas en principio a las costumbres y hábitos de otros pueblos, nos brinde vía noción de ‘puesta en escena’ una razón loable de tal hecho. Si el cine del autor de Cuentos de la luna pálida (1947), El intendente Sancho, Los amores crucificados (1954), interpela al espectador occidental de igual modo que a sus coterráneos es porque expresa con franqueza: ‘Si la música es un idioma universal, la puesta en escena también: éste y no el japonés es el lenguaje que hay que aprender para comprender el Mizoguchi’. (8) Asimismo, es a través de su puesta en escena, basada en la realidad y sin trucos ni efectos especiales, como debe entenderse el Cuento de invierno que Rohmer ha contado a partir de las sensaciones que recibió vía TV del cuento de Shakespeare: la misma que le sirvió a André Bazin para descubrir cómo se gestaba la tensión en cada plano.

Aun así, el más elaborado de los análisis que buscan extraer efectos prácticos sobre el concepto puesta en escena quizá sea el que Godard labró sobre The Wrong Man (1956), de Hitchcock y que trasciende las citas retóricas sobre el cine como arte de la puesta en escena, en boga entonces, y proyecta en la práctica un cabal sentido de lo que primero Bazin y luego Truffaut definieron así. Bazin: ‘La materia misma del filme, una organización de los seres y las cosas que tiene sentido en sí misma, […] tanto moral como estético’. Truffaut, al discutir cómo al inicio del sonoro la crítica celosa de la especificidad del cine devaluaba la visión enriquecida de un Pagnol o un Guitry, dice: ‘Sólo los iniciados sabían que el término puesta en escena designa más bien el conjunto de decisiones tomadas por el realizador: la posición de la cámara, el ángulo elegido, la duración de un plano, el gesto de un actor, y aquellos sabían que puesta en escena era a la vez la historia que se cuenta y la manera de contarla’. (9)   

Para Rohmer, el cine iba siempre unido a las demás artes. Así, si el valor nodal de la literatura radica en describir la realidad y el de la pintura en representarla, sin duda el del cine estaría en reproducirla tal cual es, en mostrarla sin trampas ni artilugios. De ahí su obra derivó en la exploración del estilo de la transparencia o el afán por capturar con la máxima verosimilitud todo lo que se ponga frente a la cámara. En tal sentido, sus personajes más que actuar, hablan, no sólo como pretexto para comunicarse sino para esconderse, a la vez que mientras buscan desentrañar sus prejuicios, dudas o contradicciones, se valen de la oralidad para engañar, distraer o mentir. Ello puede inferirse de Cuento de invierno en los diálogos entre Félicie y Maxence o Edwige o Rosette, que resultan en buena parte opuestos a la nitidez que se percibe de la charla entre Félicie y su Madre o su hija, en la que desaparece el afán por timar al otro. A Félicie, en su relación cuadrangular, se le ve caer en el abismo sin fondo de lo insoportable.

Al que ella se enfrenta, sin dar el próximo paso (al contrario de Turbay que frente a la realidad del país lo dio) y sale avante gracias a su recio aunque tierno carácter, a su solidaridad con los Otros (ya se sabe, la solidaridad es la ternura de los pueblos), a su capacidad de dar amor aun en medio de sus dudas por no ser gran lectora o intelectual a todo dar, como sí lo es su admirado Loïc, a quien por otro lado le hace falta buena parte de lo que ella tiene y gasta o invierte en los demás gracias a su sentido de cooperación, no de competencia o de éxito individual/egoísta: un ser humano que no lleva la marca del capitalismo en su piel ni en su mente. Que de modo natural, y quizás sin saberlo, se resiste a hacer suyo lo que ya dijera el autor de La otra historia de EE.UU: ‘El capitalismo es un sistema de explotación, y la historia está llena de ejemplos en los que las élites económicas manipulan la democracia para mantener su poder’. Y nadie más lejos del Poder o de joder a alguien que un ser como Félicie.    

Sin duda, el manejo de cámara en la obra de Éric Rohmer se instala en la modernidad o, como los de la Nueva Ola decían, en una postmodernidad que resiste a o se aleja de presencias que invaden, analepsis o elipsis, falta de diálogo o argumentación, para capturar la atención del espectador con base en los encuadres cuidados, en las historias precisas, aunque a la vez sean extensas, y presentadas de forma directa con base en la desdramatización de personajes. Seres que deambulan entre la alegría y la tristeza, las penas y la melancolía, que bailan y charlan, ríen y (poco) lloran, se muestran con timidez o con arrojo y cargan sus triunfos o arrastran sus derrotas; personas de variados tipos y tallas, de todo origen y condición de clase, jóvenes, adultos y viejos, niños y mujeres. Estas, de diversos estratos, aunque casi siempre pequeño-burguesas, de amplia formación en literatura, música o filosofía y no pocas veces muy bellas. Lo que la crítica llama el universo Rohmer, uno que sigue cautivando la atención por doquier.

Cuento de invierno, es una magna definición de esta búsqueda estética que nunca cedió a las tentaciones del mercado, sino que siempre estuvo a la vanguardia del hecho artístico aun a riesgo de perder cierto tipo de espectadores o de inversores en la factura y distribución de su obra. Rohmer fue uno de esos auténticos artistas que jamás se traicionó a sí mismo, es decir, que no fracasó preciso por su fidelidad a su arte, a sus historias, a sus sueños, a sus realidades. Uno de los óptimos resultados al respecto es justo la historia de Félicie, de su hija, de su madre, trío vector de un asunto conmovedor como pocos en tanto gira en torno a que algunos amores pueden resucitar, otros nunca revivirán: las hojas muertas, dice una versión (pirata) del poema/canción de Jacques Prévert y Joseph Kosma. (10) La emoción recorre/atraviesa su filme de principio a fin y eso lo agradecen los espectadores de toda edad y latitud a lo largo y ancho del planeta: el mismo que, a propósito, se mueve entre la desesperanza y la inquietud.

Contra este sentimiento negativo no obstante hay que decir algo de cada Cuento de invierno: primero, va el de Shakespeare; luego, el de Rohmer. El del poeta inglés parte, a su vez (para su novela romántica o, si se quiere, tragicomedia), de la novela pastoril Pandosto (1588), de Robert Greene, y de las novelas bizantinas. En ella retoma las ideas de muerte y resurrección, la crisis existencial que atraviesa Leontes, rey de Sicilia, quien, por mal genio y celos, siente que destruyó la vida que amaba; así arma una historia de pérdida y reencuentro, desaparición y reaparición, tánatos e impulso vital. En paralelo, la amistad de Leontes y el rey de Bohemia, Polixenes, ruptura, arreglo y final feliz. Pero, no sin que antes, al perder a Hermione, el rey de Sicilia tenga que expiar la muerte de su hijo Mamillius, el abandono de su hija Perdita, la muerte de su citada esposa. Modelo de historia bizantina en la que a menudo de manera milagrosa y contra toda [hipótesis], un final feliz [termina] un largo relato de sufrimientos…  

Igual al cuento de Rohmer que narra en imágenes un amor que surge en verano, lo atraviesa un viento helado de cinco años, y renace en invierno. Félicie se ocupa de su hija; el cocinero Charles ignora que es el padre y viaja a EE.UU; c/u, a su modo, guarda sus miedos, deseos, delirios en la casa de la esperanza, donde a su vez habita la incertidumbre. Mientras, Félicie medita, conversa con sus seres queridos, se aferra a la fe y a la esperanza, sin olvidar de donde salen Shakespeare y Rohmer: de La comedia, de Dante, y varían el esquema tripartito, que encarna el orden de la vida, pues ambos autores salen del Paraíso y vuelven a él al final; y de la II Escena del Acto IV con base en la frase del canto de Antíloco: Todo se rejuvenece y colorea en los pálidos dominios del invierno. Al final, el retorno del amado simboliza la victoria del amor, del Élan vital (Bergson), (11) y del resurgir de la alegría frente a las cuitas, la tristeza y la muerte, para darle relevancia más a lo cósmico que al milagro del reencuentro.

Porque, en efecto, lo que en principio no es otra cosa que un asunto de azar, no en tanto fatalidad, desgracia o accidente, sino albur, suerte o fortuna, mezcla de circunstancias o causas no planeadas y sin objetivos y que no responde al nexo causa/efecto ni a la intervención humana o divina (para los que aún crean en ella), acaba siendo el triunfo de esa fe, de esa esperanza jamás perdida, de la vehemencia del amor que acaba por agradar al amor propio de cualquiera: ese amor es el de Félicie por su Madre por su hija por su amado Charles, quien pareciera sentir de inmediato el deseo de causar en alguien esos mismos efectos que acaba de ver proyectados en el amor de Félicie, en la mirada de su hija Élise, en la empatía de su suegra. Pascal: ‘El amor, cuanto más inocente parece a las almas inocentes, más susceptibles las vuelve de ser alcanzadas por él’. (12) Y, ¿quién podría dudar de tales almas inocentes lideradas por el amor de esa mujer cuyo atractivo es más eficaz que el de un poema?

Para Pascal mismo: ‘Se sabe mejor en qué consiste el atractivo de una mujer que en qué consiste el atractivo de un poema’. (13) Y el atractivo de Félicie, en cada aparición, en su pensar y sentir, decir y hacer, se refleja esencialmente en su mirada, como cuando juega con Charles en la playa o hacen el amor en la litera o la dirige a Élise o a su Madre. O cuando para en seco la furia de Maxence o discute con Loïc sobre cómo lo percibe con respecto a aquél. O cuando ya en el bus mira a Dora con la empatía de quienes aman al mismo hombre, como dos hombres se miran por la misma mujer a la que amaron por separado y se percibe que el tiempo es una eternidad para los que aman y Élise el puente entre ella y Charles. Félicie revive la suprema idea de que vivir es creer en alguien y todo por vía del ser, el que no busca imponer a nadie, sino que impone gracias a su mirada crítica, reflexiones, filosofía: las de una mujer que no se cree superior a nadie, sólo que sabe que la nobleza mayor es la humildad.  

A Santiago y Valentina, seres tan libres como quienes saben que no hay que joder a nadie.

A Marthica y a María del Rosario, quienes comparten un magisterio similar al de Félicie, excepto por el diferente tipo de docencia que aquéllas sí ejercieron con lujo de detalles.

A los Cinéfilos, quienes aún no saben el placer que me reportan nuestros encuentros.     

Notas, enlaces y bibliografía:

(1) Claude Chabrol en: HEREDERO, Carlos F., MONTERDE, José E. En torno a la Nouvelle Vague, PDF, 67 pp.: 3.

(2) Cahiers du cinéma, #138, dic.1962, en: Íbidem Nota 1, PDF, 67 pp.: 3.

(3) MUÑOZ SARMIENTO, Luis Carlos. La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine. Calaméo, 2025, PDF, 482 pp. https://www.youtube.com/watch?v=mxJ6N-pa204  

(4) https://co.video.search.yahoo.com/yhs/search?fr=yhs-sz-002&ei=UTF-8&hsimp=yhs-002&hspart=sz&param1=1770266181&p=memorias+del+subdesarrollo+pel%C3%ADcula&type=type80260-2133086105#id=3&vid=1d2cd73c68d687d7d2ea915e081f20fb&action=click 

(5) William Wyler es el director de The Children’s Hour (1961) o La calumnia, según la novela de Lillian Hellman, que seguro Thomas Vinterberg debió ver para hacer su filme Jagten (2012) o La cacería, la historia del profesor Lucas (Mads Mikkelsen), quien trata de rehacer su vida y se le atraviesa la niña Klara para acusarlo de haberle mostrado su órgano viril: en suma, de abuso sexual infantil. 

https://www.facebook.com/groups/1481992289359363/permalink/1737743630450893/?rdid=IaIoLDRGAiuMR5ms#

(6) Íbidem, Notas 1 y 2, PDF, 67 pp.: 12.

(7) Íbidem, PDF, 67 pp.: 18.

(8) RIVETTE, Jacques: Mizoguchi vu d’ici, Cahiers du cinéma, #81, marzo 1958, en: ZUNZUNEGUI, Santos, El gusto y la elección – La ‘política de los autores’ y la noción de ‘puesta en escena’ en los Cahiers du cinéma entre 1952 y 1965, PDF, 67 pp., 13 a 27: 20.

(9) Íbidem, ZUNZUNEGUI, PDF, 67 pp.: El gusto y la elección: 22.

(10) Como dice de viva voz, sin mala leche alguna, mi amigo Leopoldo Pinzón, director de Pisingaña, y hermano mi otro amigo Germán Pinzón, guionista del mismo filme, que vimos juntos en el FICCI 1985. Adjunto el video del primero y la letra original del poema de Prévert, para desmentir toda especulación. 

https://www.patreon.com/posts/las-hojas-130368394?utm_campaign=patron_engagement&utm_source=post_link&post_id=130368394&utm_id=31b8607e-7030-4c6e-9ffa-92d76f456e98&utm_medium=email
https://es.wikipedia.org/wiki/Las_hojas_muertas

(11) Concepto que Bergson acuñó c. 1907 en su obra La evolución creadora: el Élan vital, fuerza hipotética que causa la evolución y desarrollo de los organismos y que aquél vinculó de modo estrecho con la conciencia, se considera transcripción literal de lo que R. W. Emerson llamó Vital Force o Fuerza vital

(12) PASCAL, Blas. Pensamientos – Elogio de la contradicción. Edición de Isabel Prieto. Eds. Temas de Hoy, Madrid, 1995, 121 pp.: 103.

(13) Íbidem, 195, 121 pp.: 102.

FICHA TÉCNICA: Título original: Conte d’Hiver. En castellano: Cuento de invierno. País: Francia. Año: 1992. Gén.: Drama / Comedia. For.: 35 mm; color; 114 min. Dir. y guion: Éric Rohmer. Prod.: Margaret Ménégoz. Fot.: Luc Pagès. Mon.: María Esteban. Mús.: Sébastien Erms. Int.: Félicie (Charlotte Véry); Charles (Frédéric van den Driessche); Maxence (Michel Voletti); Loïc (Hervé Furic); Élise (Ava Loraschi); Madre de Félicie (Christiane Desbois); Hermana (Rosette); Cuñado (Jean-Luc Revol); Edwige (Haydée Caillot); Quentin (Jean-Claude Biette); Dora (Marie Rivière); Clienta (Claudine Paringaux); Leontes (Roger Dumas); Paulina (Danièle Lebrun); Hermione (Diane Lepvrier). Prod.: Les Films du Losange / Compañía Éric Rohmer. Dist.: Les Films du Losange. Fecha de estreno: 29.ene.1992 (Francia).

Enlace del filme: https://ok.ru/video/3770028591805            

Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, corrector de estilo, traductor y, sobre todo, lector. Fundador y director del Cine-Club Andrés Caicedo, desde 1984. Colaborador de El Magazín EE, 2012; columnista, 2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, se lanzó en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, coautoría con Luís E. Soares, publicado por la UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre MZO y su novela Changó, el gran putas, lo lanzó UFES, 20.feb.21. Invitado por Pijao Eds. al Encuentro Nal. de Narrativa vista desde las Regiones (Ibagué, 1º a 4 nov.23) Invitado por la UFES al Congreso Literatura, Soberanía Nacional y Multipolaridad (Vitória, 25.nov.23). El 10.abr.2025 fue publicado en Brasil La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine, primero de ocho libros por salir en este año. Autor en ARC, Rebelión, Magazín de EE, Las2Orillas y traductor/coautor, con Luis E. Soares, en dichos medios. Director del Cine-Club Al Filo del Tiempo, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños. E-mail: lucasmusar@yahoo.com

La vivienda como lugar de combate (I)

12 Junio 2025 at 06:20
Por: Caty R

En memoria de José Ángel Gallegos Gómez, incansable luchador contra la violencia inmobiliaria, entregado en cuerpo y alma a la defensa de los pisoteados derechos de sus víctimas y fustigador implacable del sometimiento de los poderes “soberanos” a los dictados de la mafia financiero-inmobiliaria.

«El mercado inmobiliario de ninguna manera es un mecanismo infalible, o siquiera inteligente, que conduzca bajo la dirección de alguna mano invisible a ciudades perfectas y equilibradas. Más bien, es un lugar de combate en el que se enfrentan sujetos de muy distinta naturaleza y en el que se impone el más fuerte. El resultado se aleja por tanto de esa Arcadia ideal y se aproxima más al terrenal -por no decir infernal- campo de batalla que constituyen las ciudades capitalistas” (Samuel Jaramillo)

Historias de horror

«Una metonimia del mundo moderno». De esta guisa caracteriza el geógrafo y urbanista Brett Christophers la turbulenta historia de la urbanización Summer House. Se trata de un complejo de apartamentos de alquiler «bastante anodino» de la isla de Alameda, ubicada en la paradisíaca bahía de San Francisco, cuyas vicisitudes recientes Christophers califica como una historia “de pesadilla”.

El viacrucis de los infortunados inquilinos comenzó a mediados de los años 90, cuando el complejo fue adquirido por Fifteen Group, un fondo de gestión de activos reales -más conocidos como fondos “oportunistas” o “buitres”- de tamaño medio de Florida. Tras diez años de abandono y de quejas continuas -descritas por un periódico local como «historias de terror: problemas de fontanería y bajantes, averías eléctricas, techos con goteras, etc.»-, en 2004 los inquilinos recibieron el temido burofax, en el que se les comunicaba taxativamente la no renovación de todos los contratos. La coartada utilizada por el fondo forma parte del modus operandi al uso en tales procesos: la presunta necesidad de proceder a la renovación urgente e integral de las propiedades, cuyo deterioro se había provocado intencionadamente.

Sin embargo, los nuevos residentes tampoco hallaron la paz y el sosiego en sus flamantes residencias. Tras dos nuevos cambios de propiedad en los convulsos años posteriores a la crisis financiera de 2008, en 2017, otro fondo oportunista llamado Kennedy Wilson decide deshacerse definitivamente del complejo, no sin antes recibir un “modesto” rendimiento del 700%. En el ínterin, los alquileres llegaron incluso a triplicarse y continuaron asimismo las amargas quejas de los residentes por la falta de mantenimiento y la dejadez de funciones por parte del administrador de las fincas.

Un halo de misterio rodeó, como explica Christophers, la lucrativa transacción:

“En el artículo que informaba del acuerdo de 2017 en el San Francisco Business Times había una linea sorprendente: ‘Kennedy Wilson se negó a revelar la identidad del comprador’”.

Con el tiempo se supo quienes eran los nuevos propietarios: el Blackstone Group, con sede en Nueva York, el mayor fondo buitre del mundo. Pero no fue porque Blackstone revelase la información: Blackstone nunca ha dicho públicamente que sea el propietario; Summer House está gestionada por otra empresa.

Sea como sea, en los años transcurridos desde que Blackstone asumió la propiedad, las quejas y el descontento de los sufridos inquilinos por el abandono de las fincas y el absentismo de la propiedad no han aminorado y los alquileres han seguido aumentando.

¿Cuáles son los rasgos específicos de esta historia aparentemente local, que justifican la designación de este caso concreto como un símbolo global de la “violencia inmobiliaria”? La rotunda respuesta de Christophers no deja lugar a dudas: “es necesario que nos fijemos especialmente en un tipo particular de propiedad, la quintaesencia de la modernidad tardía, la propiedad del capitalismo financiero”.

A más de 9.000 kilómetros de distancia de Summer House, en el barrio de San Cristóbal de los Ángeles, situado en la periferia sur de Madrid -una de las zonas más duramente golpeadas por la debacle inmobiliaria de 2008- vive María Eugenia Ortega. Su infausta historia representa sin duda también otra «metonimia del mundo moderno”.

Ortega, trabajadora de la Comunidad de Madrid en ayuda a domicilio de personas mayores, creyó ver por fin la conclusión de su calvario inmobiliario en el año 2013. Su alborozo se debía a la ansiada firma de la dación en pago -entrega de la vivienda al banco a cambio de la extinción de la deuda- y de un alquiler social de su vivienda con el Banco de Sabadell. Terminaban así cinco años de pesadilla judicial y personal, tras el impago de su hipoteca debido a la subida inasumible de los tipos de interés previa al crack de 2008. Sin embargo, la aparente solución resultó ser un efímero espejismo y su ilusión de estabilidad acabó saltando de nuevo por los aires. Poco antes de finalizar el contrato de alquiler social en 2019, Ortega sufrió un nuevo sobresalto:

“En 2019 me llamó mi trabajadora social y me comunicó que ya no podía ayudarme más porque acababan de vender el piso del banco a un fondo, por lo que con mucha probabilidad me obligarían a abandonarlo”.

En la operación mencionada, el Banco de Sabadell vendió al fondo de capital-riesgo -otro eufemismo para camuflar su catadura real- Cerberus 61.000 activos inmobiliarios «tóxicos» por unos 3.900 millones de euros: una auténtica ganga. Uno de esos activos -conocidos como “pisos con bicho”, en el expresivo argot del sector- era la vivienda en la que residía Ortega, por lo que solo era cuestión de tiempo que recibiera el “maldito” burofax, comunicándole la no renovación de su contrato. Las consecuencias de verse abruptamente abocada a la “exclusión residencial” fueron devastadoras: “Llevo mucho tiempo sufriendo ansiedad, tengo el azúcar muy alterado, padezco insomnio y estoy en un constante estado depresivo porque me veo sola con una hija a la que mantener y la incertidumbre de no saber cuándo me van a desahuciar”. Ante la imposibilidad de acceder a un alquiler asequible, dado el nivel prohibitivo del mercado, Ortega considera que la única salida que le queda es la okupación, camino que han tomado también muchos vecinos del barrio en su misma situación.

Las acerbas situaciones descritas, espigadas entre una miríada de casos semejantes, ejemplifican la creciente violencia ejercida por los mecanismos depredadores de los poderes capitalistas contra las condiciones básicas de subsistencia de las clases trabajadoras, entre las que el acceso a una vivienda digna ocupa un lugar preeminente.

“Están dispuestos a destruir las vidas de la gente”. La contundente sentencia, recogida asimismo por Christophers, está extraída de la declaración de la experta en planificación urbana Elora Lee Raymond ante un comité del Congreso de Estados Unidos que investigaba las prácticas desarrolladas por los arrendadores corporativos, controlados por gestores de activos como Cerberus o Blackstone. A la luz de los ejemplos mencionados, únicamente dos botones de muestra del modus operandi de tan “honorables” instituciones, no parece en absoluto una afirmación exagerada.

El escenario de pesadilla en el que se ha convertido la obtención de un bien esencial para el adecuado funcionamiento de los mecanismos básicos de la reproducción social -cobijo, crianza, educación, salud, arraigo, etc.- refleja asimismo de forma cruda la creciente fractura abierta en nuestras sociedades presuntamente “desarrolladas”: mientras que para los más la vivienda constituye una pesada carga y una obsesión continua, para los que gozan de “estabilidad residencial” supone el fundamento de su seguridad vital y de su bienestar socioeconómico. El economista marxista y experto en urbanismo Samuel Jaramillo describe el sector inmobiliario moderno como «un campo de batalla», propicio a todo tipo de abusos, dada la enorme asimetría de poder existente en las relaciones que se establecen entre los grupos sociales en pugna.

El urbanista Peter Marcuse y el sociólogo David Madden, autores del texto “En defensa de la vivienda”, recurren al concepto psiquiátrico de “seguridad ontológica” para describir el sufrimiento que la violencia inmobiliaria provoca en sus víctimas:

“Hoy en día, muchas personas sienten ansiedad por su vivienda. Pero para los más pobres, la precariedad residencial resulta profundamente desestabilizadora. Una de las maneras en que los investigadores de la vivienda comprenden la traumática experiencia es a través del concepto de ‘inseguridad ontológica’. La seguridad ontológica es la sensación de que la estabilidad de nuestro pequeño mundo puede darse por sentada”.

El dato clave que agudiza, en palabras de la socióloga Melinda Cooper, la crisis de “asequibilidad residencial” en el Occidente privilegiado, “es la creciente divergencia entre los salarios y el valor de los activos, en particular de los precios de la propiedad inmobiliaria”. La brecha abierta entre los magros ingresos salariales y el coste de la vivienda -muy destacadamente, tras la debacle de 2008, el ascenso vertiginoso del precio del alquiler- propulsa la desigualdad social y agranda el abismo entre los situados en las dos trincheras del “campo de batalla” inmobiliario, generando lo que Cooper denomina una “nueva división de clase”.

Y la fractura no deja de agrandarse: los precios de adquisición y de arrendamiento se sitúan actualmente en máximos históricos -incluso superiores a los valores ya estratosféricos alcanzados en la burbuja inmobiliaria que explotó en 2008- y el esfuerzo requerido para pagar el alquiler representa nada menos que la mitad del sueldo medio en España. Por no mencionar la odisea que supone la obtención de un techo para las generaciones más jóvenes, cuya edad media de emancipación supera holgadamente los treinta años.

Empero, en este punto es menester hacer una advertencia importante, en aras de situar correctamente la auténtica profundidad de la penetración en el tejido social de la brecha inmobiliaria: el hecho de que los desalmados fondos buitres, como Blackstone y Cerberus, representen la “quintaesencia del capitalismo financiero” y que sus despiadadas prácticas conlleven una auténtica pesadilla para sus víctimas no significa que el “casero de los viejos tiempos” -la abrumadora mayoría de los arrendadores- no aplique la misma lógica de maximización de la extracción de rentas. Como explica irónicamente Christophers, si bien existen obvias e importantes diferencias entre ambos tipos de propiedad, el objetivo de la “búsqueda del valor de cambio” es plenamente compartido:

“De hecho, y pese a toda la mitología amable y difusa encarnada por el bonachón y canoso casero de los viejos tiempos, no existe ninguna razón convincente a priori para suponer que dicho propietario esté menos centrado en la maximización de las ganancias que un gestor de activos como Blackstone. Si ser un propietario financiarizado realmente implica observar la lógica financiera y la búsqueda del valor de cambio, ¿qué propietario que no tenga carácter filantrópico, sea una obra de caridad o una entidad estatal, no está financiarizado?”

El propio Jaramillo describe al “canoso casero” como un “protoespeculador”, diferenciándolo del capitalista arrendador profesional, pero resaltando también el objetivo común:

“Actualmente se extiende el alcance de esta protoespeculación, porque si bien hoy en día la práctica de comprar terrenos de forma fragmentada por parte de pequeños adquirientes es algo que declina, en cambio, la compra de inmuebles destinados al alquiler, con esta lógica de agente mercantil, es algo que se expande”.

El activista y experto en el sector inmobiliario Salva Torres proporciona un dato abrumador acerca del progresivo ensanchamiento de esa sima social abierta entre el crecimiento desorbitado de las rentas de alquiler recibidas por los “canosos rentistas” -la edad media del arrendador en España es de 59 años- y los magros aumentos salariales:

“Los ingresos de unos tres millones de caseros, empresas aparte, que declaran por alquilar inmuebles, han aumentado un 95% desde 2008, mientras que los salarios lo han hecho un 39%. Además perciben desgravaciones fiscales escandalosas sobre viviendas que muchas habían sido de protección oficial, financiadas con el dinero de todos”.

Como apunta el también activista y experto en el sector Pablo Carmona, autor del texto «La democracia de propietarios», el viacrucis en el que se ha convertido el acceso a la vivienda para las clases populares estaría apuntando, de tapadillo, a una emergente contradicción social:

“Por la puerta de atrás, se está apuntando a una contradicción central del sistema social, que enfrenta a propietarios que alquilan a precios de mercado para mantener cierto estatus social, y a unos inquilinos que recurrentemente —por problemas de paro, temporalidad y precariedad en el empleo— pueden caer en el impago”.

El sombrío panorama someramente esbozado suscita acuciantes interrogantes, de cuya tentativa de respuesta dependerá la formulación de estrategias encaminadas a potenciar las luchas sociales en el “lugar de combate” en el que se ha convertido la selva inmobiliaria.

¿Cómo se relacionan los procesos descritos de “desposesión” de las mayorías sociales con la evolución degenerativa de la organización social regida por las “heladas aguas del interés egoísta” en las últimas décadas? ¿Cuáles son las conexiones con otros ámbitos de nuestra acerba realidad, como los servicios básicos que sostienen la reproducción social, las precarizadas condiciones laborales o el ecocidio rampante, que también reciben el embate redoblado de la voracidad capitalista? El punto de partida para tratar de arrojar algo de luz sobre tan neurálgicos asuntos debería tomar pie en el análisis del trasfondo estructural del decurso declinante del reino del dinero y la mercancía, que es el principal causante de su redoblada agresividad: ¿existe algún mecanismo interno en el engranaje de la acumulación de capital que provoque la acelerada e inexorable degradación de la organización social sometida a su férula?

La célula tumoral

“El crédito, que es un ingreso consumido antes de haberse generado, puede posponer el momento en el que el capitalismo alcance sus límites sistémicos, pero no puede abolirlo. Incluso el mejor de los encarnizamientos terapéuticos debe concluir algún día”

Anselm Jappe

Las arduas cuestiones planteadas suscitan, entre las fuerzas políticosociales con vocación transformadora, principalmente dos interpretaciones. En el primer caso, el acento se situaría en las infaustas consecuencias del vuelco social y político provocado por la irrupción del neoliberalismo hace medio siglo y en los efectos deletéreos que la hegemonía del capital financiero, rentista y especulativo tiene sobre la demediada economía productiva, el nivel de vida de las poblaciones y los derechos básicos de las mayorías sociales.

La aplicación del “encarnizamiento terapéutico” de las políticas neoliberales, tras el golpe de mano perpetrado por la Dama de Hierro y su homólogo estadounidense, un mediocre exactor de Hollywood, a principios de los años ochenta, ha conllevado el despojo de los mecanismos redistributivos que caracterizaron al Estado del Bienestar fordista y la progresiva liquidación de las precarias conquistas arrancadas por la clase obrera en las décadas previas. Las privatizaciones masivas de servicios públicos y la desregulación acelerada de los mercados de capitales a cargo de los mamporreros del capital transnacional -FMI, BM y OMC- han desembocado en unos niveles galopantes de desigualdad social, propulsados por el desmantelamiento acelerado de los soportes que amortiguaban los quebrantos causados por el inhóspito dominio de las fuerzas del libre mercado. Según este relato, la liberalización del mercado inmobiliario y del sector financiero, causante de la desaforada inflación de los precios de la vivienda y del inflado de gigantescas burbujas, sería consecuencia de decisiones políticas favorecedoras del dominio de las élites plutocráticas, capitaneadas por el capital transnacional radicado en Wall Street -el 1 frente al 99%-. El colapso estrepitoso de la izquierda socialdemócrata y de la excomunista, rendidas con armas y bagajes a los poderes fácticos del gran capital; la práctica desaparición de las organizaciones políticas y sindicales del movimiento obrero tradicional; y el ascenso vertiginoso de la extrema derecha y de la hidra del fascismo social constituyen, en definitiva, el cúmulo de circunstancias desencadenantes de la hegemonía del capitalismo salvaje, encarnado en el talón de hierro de los recortes sociales y de las draconianas políticas de austeridad.

Sin embargo, cabría preguntarse si esta descripción, predominante en las fuerzas políticosociales sedicentemente progresistas, da cuenta cabalmente de la acerba realidad vigente: ¿son tales planteamientos adecuados para comprender las profundas transformaciones de la organización social imperante en las últimas décadas y el ascenso del complejo financiero-inmobiliario como sector clave del sostenimiento de la matriz de rentabilidad capitalista?

O, por el contrario, es necesario escarbar más profundamente en las “entrañas de la bestia” para hallar el engranaje fundamental del sujeto automático que impele la huida hacia adelante de la totalidad social regida por la voracidad del capital hacia la acelerada degradación de los soportes primarios de la reproducción social y del metabolismo socionatural.

Y, en ese caso, ¿cuál es la conexión entre esa trayectoria degenerativa del Moloch y la desenfrenada violencia inmobiliaria que presenciamos en pleno desarrollo?

El economista Alejandro Nadal nos brinda una de las claves del trasfondo estructural de esa deriva, camuflada bajo la agresividad de la huida hacia adelante encarnada en el sufrimiento “necesario” provocado por las despiadadas políticas neoliberales:

“El surgimiento del neoliberalismo no es el resultado del triunfo del capitalismo, como siempre se le ha presentado, sobre todo a partir del colapso de la Unión Soviética. En realidad, la historia es muy diferente. El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber, la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas”.

La idea central, que explicaría tal fracaso, es la clave de bóveda de la formulación marxiana acerca de la principal contradicción interna del modo de producción capitalista: a medida que avanza la acumulación, debido a la necesidad impuesta por la dura lucha de la competencia, crece la proporción de capital constante, mediante las continuas innovaciones tecnológicas ahorradoras de trabajo, en relación a la fuerza de trabajo empleada en la producción. La savia bruta que vivifica al “vampiro de trabajo vivo” tiende por tanto a menguar de forma inexorable a medida que aumenta la productividad y el “puro empleo de trabajo humano” se vuelve cada vez más superfluo, al menos en los sectores industriales tradicionales. El propio Marx señala este defecto fatal del mecanismo básico de la valorización del capital que, al regirse únicamente por su necesidad compulsiva de autoexpansión, tiende a agotar su propia fuente nutricia:

“El capital mismo es la contradicción en proceso, por el hecho de que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo necesario, mientras que, por otra parte, pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de toda la riqueza”.

Las fuerzas contrarrestantes de este agostamiento progresivo comienzan entonces a volverse vitales para sostener, con respiración asistida, el ritmo boqueante de la acumulación capitalista. Y el sector financiero-inmobiliario, a través de los colosales recursos insuflados por la fábrica de dinero “mágico”, deviene el fulcro neurálgico del sostenimiento, con respiración asistida, de la menguante rentabilidad del capital. Las consecuencias que se derivan de este papel crucial de cataplasma de los males incurables del sistema asumido por la fábrica de dinero-deuda son empero demoledoras para los mecanismos básicos de la reproducción social.

Sin duda se trata, como describen Madden y Marcuse, de una configuración tóxica, en la que la “buena forma” de hacer ganancias cede terreno ante el avance incontenible de la extracción de rentas, la deuda “a muerte” y el incremento especulativo del precio de los activos:

“La especulación inmobiliaria se convierte en la principal fuente de formación de capital, es decir, de realización de plusvalía. A medida que disminuye el porcentaje de la plusvalía total formada y realizada por la industria, aumenta el porcentaje creado y realizado por la especulación inmobiliaria y la construcción”

El geógrafo Neil Smith, uno de los primeros estudiosos del fenómeno de la gentrificación, resalta el trasvase masivo de capital hacia el “entorno construido”, a partir de la crisis crónica iniciada en los años 70:

“Cuando la tasa de beneficio en los principales sectores de la industria comienza a caer, el capital financiero busca un escenario alternativo de inversión, un escenario en el que la tasa de beneficio permanezca comparativamente alta y donde el riesgo sea bajo. Precisamente en este punto, tiende a producirse un incremento del flujo de capital hacia el entorno construido”.

Y la renovada maquinaria de generación del fluido vital del «sujeto automático» capitalista estaba lista para cumplir su cometido. El economista marxista Costas Lapavitsas, autor del texto “Beneficios sin producción”, describe el desacople de las finanzas modernas del capital productivo y su decantación “hasta el paroxismo” hacia el sector inmobiliario-especulativo:

“La actual banca comercial ha tendido a desacoplarse de la financiación del capital productivo para potenciar hasta el paroxismo el crédito hipotecario, el crédito al consumo y los préstamos garantizados por las acciones empresariales (para fusiones, adquisiciones, y tomas de control de otras empresas)”.

La creciente relevancia de esta explotación secundaria, generada mediante la “cadena de oro” de la deuda por la banca privada y suplementaria a la sufrida en el mercado laboral, constituye en definitiva el rasgo principal del carácter acusadamente depredador del capitalismo desquiciado.

Una configuración semejante agudiza asimismo la fractura social existente entre, de un lado, los que, gracias a su condición de beneficiarios de rentas financieras, de bienes raíces o de fondos de pensiones, disfrutan de tiempo libre y de las condiciones necesarias para apropiarse de los “frutos de la ciencia y la civilización”; y, del otro, los que están condenados a consagrar una fracción creciente de su tiempo a trabajar como “bestias de carga” para sufragar las exacciones financieras.

La aberrante matriz de rentabilidad del sistema económico imperante, propensa a convulsiones cada vez más violentas, tiene pues su fundamento medular en el mecanismo de generación de dinero-deuda del «puro aire“ a cargo de la banca central y comercial. Todo el castillo de naipes de titulizaciones hipotecarias -las hipotecas se originaban en los bancos, pero no se mantenían en sus balances, sino que se esparcían por la nebulosa del casino financiero global-, que colapsó con estrépito durante la hecatombe de 2008, se basó en este mecanismo de generación de deuda ex nihilo. Tal es el engranaje oculto del precario andamiaje que sostiene la estructura económica terciarizada e improductiva de los países “civilizados avanzados”.

El dispositivo resulta de una sencillez exorbitante. Los bancos crean deuda para financiar la actividad económica –actualmente, el 96% aproximadamente del dinero circulante– mediante anotaciones electrónicas, sin necesidad de que exista un ahorro preexistente, como reza el discurso difundido por la ortodoxia neoclásica y toda la vulgata periodística legitimadora del statu quo. Es decir, los créditos crean los depósitos, y no a la inversa. He aquí el grandioso -y, a la vez, pasmosamente sencillo- mecanismo de propulsión de la vorágine especulativa que sostiene el colosal entramado financiero-inmobiliario.

La generación e inyección del dinero-deuda en las venas de los flujos económicos, a cargo de las instituciones que tienen el poder monopolístico para fabricarlo y para enchufar su caudal ilimitado de liquidez hacia la revalorización de los activos financiero-inmobiliarios, constituye en definitiva la esencia del ejercicio del poder social en nuestras sociedades “civilizadas avanzadas”.

Los datos recolectados en 14 países de la OCDE revelan una cifra demoledora: si en la primera década del siglo XX dos tercios de los créditos bancarios en los países avanzados se dirigían hacia las empresas, hoy, esos dos tercios se dirigen a la compra de propiedades inmobiliarias.

La banca funge pues como la planificadora de la actividad económica, potenciando la formación de burbujas, el crecimiento exponencial de la deuda global y el descomunal casino financiero de apuestas especulativas que constituye la banca en la sombra.

Según los datos recogidos por el sociólogo Emmanuel Rodríguez, “en 1994 el volumen total de los préstamos hipotecarios de la banca española ascendía a 24.000 millones de euros. Trece años más tarde, en 2007, la cantidad ascendía a 300.000 millones. Es decir, para el conjunto del periodo 1994-2007, las cifras de endeudamiento hipotecario se multiplicaron por doce”.

Tengamos en cuenta asimismo que el préstamo hipotecario es un producto totalmente fraudulento, un dispositivo pseudolegal puramente confiscatorio que no merece siquiera el nombre de “préstamo”, ya que tal operación exigiría una renuncia de riqueza por parte del prestamista, que en este caso obviamente no se produce. Veamos el extravagante mecanismo un poco más de cerca: a cambio del supuesto préstamo, el banco recibe un activo real en prenda del pago –la garantía hipotecaria, generalmente la vivienda– que incorpora a su balance. A continuación, se crea la obligación de devolver el principal del préstamo más los intereses, un producto financiero creado por la entidad bancaria del “puro aire”, con una simple anotación electrónica en la cuenta corriente del ignaro prestatario. Incluso la fijación del tipo de interés -el tristemente famoso Euríbor- se basa en un cálculo arbitrario, en el que el oligopolio bancario se saca “de la chistera” -con la connivencia del capo di tutti capi de Frankfort- los datos de las transacciones que se incorporan al cálculo del tipo de interés aplicado a las hipotecas de millones de incautos deudores. Un margen comercial sin duda extraordinario: es tan colosal el expolio y está tan bien escondido que casi resulta hermoso.

En un país donde aproximadamente el 7 % de los hogares, alrededor de 1.200.000 familias, perdieron su vivienda -la gran mayoría debido a durísimos procesos de ejecución hipotecaria que acabaron en desahucios- tras la crisis devastadora iniciada en 2008, la constatación de la condición intrínsecamente fraudulenta del préstamo hipotecario resulta demoledora.

Toda la formidable “potencia de fuego” de una maquinaria semejante se abalanzó, en fin, presta a devorar el suculento filón que representaba el sector inmobiliario.

La mercancía fake

“El concepto tradicional de equilibrio de la oferta y la demanda no es relevante respecto de la mayoría de los problemas que se refieren al sector de la vivienda en la economía. Estas cosas que llamamos suelo y vivienda son aparentemente mercancías muy diferentes, que dependen sobre todo de los intereses y del poder relativo de los grupos concretos que operan en el mercado”

David Harvey

La metamorfosis esbozada hacia la conversión de la revalorización de los activos financiero-inmobiliarios en el núcleo del sostenimiento de la rentabilidad del capital conlleva asimismo, como destaca el urbanista Agustín Cócola, un cambio radical en el papel socioeconómico del “entorno urbano construido”:

“De este modo, se acelera el cambio hacia una nueva fase de desarrollo capitalista en la que la ciudad adquiere un papel clave como centro de acumulación de capital. La ciudad deja de ser un lugar donde localizar actividades productivas y pasa a ser una mercancía fundamental para crear oportunidades de beneficio: es el cambio de la producción en el espacio a la producción del espacio”.

El filósofo Henri Lefevbre, probablemente el más influyente teórico del fenómeno urbano moderno, señala el papel clave que desempeña la ciudad -o lo que de ella queda- como soporte de la nueva matriz de la acumulación:

“La ciudad (lo que de ella queda o en lo que se convierte) es más que nunca un instrumento útil para la formación de capital, es decir, para la formación, la realización y la repartición de la plusvalía. El inmobiliario y la construcción dejan de ser un circuito residual, una rama anexa y retrasada del capitalismo industrial y financiero para situarse en primer plano de la nueva matriz de acumulación”.

Pero la expansión del denominado “circuito secundario de acumulación”, potenciada por la gigantesca manguera de liquidez de los demiurgos del dinero-deuda, no representa únicamente la cataplasma idónea contra el declive acelerado del empleo y de la tasa de ganancia en los sectores productivos. Su papel como propulsor de la demanda efectiva, a través de la revalorización de los activos inmobiliarios, es asimismo esencial, como expone Jacobo Abellán, para sostener la marcha de la reproducción ampliada del capital y para paliar la crisis de demanda causada por el crónico estancamiento salarial:

“La vivienda, como un ‘almacén de valor’ intercambiable, proveería de un ‘fondo de demanda’ cuando otros recursos, financieros o no, se ‘secan’, es decir, disminuyen o dejan de estar disponibles. Unos precios elevados de la vivienda se traducirían en un aumento de la riqueza de los hogares propietarios, tanto para aquellos hogares que venden su vivienda durante ese periodo, que obtienen un beneficio cuantioso, como para aquellos que permanecen en ella, que ven como su vivienda se revaloriza. Un aumento en sus niveles de riqueza favorecerá asimismo sus expectativas de consumo, lo que empujará a la compra de nuevos bienes y servicios, favoreciendo por tanto un incremento de la demanda efectiva y la reactivación de la circulación de capital”.

Emmanuel Rodríguez define esta configuración tóxica, amén de generadora de crecientes cotas de desigualdad, como un “keynesianismo financiero”, sostenido por el “almacén de demanda” que representa el valor astronómico del patrimonio inmobiliario -un 70 por ciento de la riqueza generada en España en el último medio siglo-:

“La única solución eficaz al problema de la demanda ha sido su recomposición por la vía financiera, que es lo que aquí llamamos keynesianismo financiero o de precio de activos”.

Si la “sociedad de activos” se ha convertido en el rasgo característico de la patológica estructura económica vigente y la extracción de rentas y la revalorización inmobiliaria representan el sustento esencial de la actividad económica y del sostenimiento artificial de la demanda de consumo, ¿cuáles son las implicaciones de esta transformación radical de las fuentes de generación de la riqueza social? ¿qué consecuencias tiene que un bien básico para la subsistencia cotidiana y la reproducción social se convierta en el núcleo de la matriz de rentabilidad del capital y en el principal “tesoro” personal y familiar, cuya obtención justifica todos los desvelos y sacrificios imaginables?

Sin duda se trata de una metamorfosis revolucionaria de la estructura económica, cuyos fundamentos contradicen de raíz los rasgos presuntamente definitorios de un capitalismo “saludable”. La etapa crepuscular del sistema de la mercancía subvierte pues radicalmente los principios basales de la economía política clásica.

El objetivo de una política económica “progresista” era, según John Stuart Mill, “liberar las economías de los inmerecidos ingresos por alquiler y los crecientes precios del suelo de los que los propietarios se benefician mientras duermen”.

La renta era el término que designaba el ingreso que no tiene contrapartida en los costes de producción y cuya generación no requiere de ningún desembolso directo. Se trata por tanto de “ingresos no ganados”, obtenidos únicamente gracias al ejercicio de las prerrogativas que otorga un título de propiedad. A diferencia pues de las otras dos clases sociales -empresarios y trabajadores-, los terratenientes detraen una parte del producto social sin realizar ningún esfuerzo productivo ni “mancharse” con la explotación del trabajo humano.

El insigne John Maynard Keynes, sin duda el economista más influyente del siglo XX, consideraba la renta como un ingreso parasitario, que no recompensa ningún sacrificio “genuino” y que únicamente se funda en la explotación de la escasez de un bien necesario:

“Hoy el interés no recompensa de ningún sacrificio genuino como tampoco lo hace la renta de la tierra. El propietario de capital puede obtener interés porque aquél escasea, lo mismo que el dueño de la tierra puede percibir renta debido a que su provisión es limitada”.

Sin embargo, frente a la optimista prognosis keynesiana, acerca de la progresiva “eutanasia del rentista” y la transición paulatina hacia un capitalismo libre de elementos parasitarios, lo cierto es que el resultado ha sido más bien el contrario:

“Veo, por tanto, el aspecto rentista del capitalismo como una fase transitoria que desaparecerá tan pronto como haya cumplido su destino, y con la desaparición del aspecto rentista sufrirán un cambio radical otras muchas cosas que hay en él”.

Huelga decir que lo que el ilustre prócer consideraba una de las “características francamente objetables” del capitalismo y una rémora para la reproducción saludable de la organización social supone hoy el núcleo principal de la generación de riqueza de todas las economías “avanzadas”. Resulta imposible exagerar las implicaciones del desplazamiento descrito. La conversión del “espacio construido” en la fuente primordial de extracción de riqueza social, mediante la continua explotación del territorio urbano -véase, sin ir más lejos, el peso formidable del sector turístico en la economía española- y la revalorización de los activos inmobiliarios, penetra hasta el corazón de los mecanismos básicos de la reproducción social. De este modo, la desposesión de las clases populares se basa en un bien de primera necesidad, cuyas características están, para más inri, en las antípodas de cumplir con las reglas del sacrosanto libre mercado.

¿Cuáles son los rasgos de esta mercancía fake, que la convierten en la antítesis de un bien “perfectamente competitivo”, situándola más bien en el centro de una dinámica extractiva, en la que el poder social se ejerce mediante el monopolio privado de un bien del que nadie puede prescindir?

El hecho cierto es que, como señala el geógrafo Ricardo Gasic, la vivienda no es en absoluto una mercancía al uso sometida a los asépticos vaivenes de la ley de la oferta y la demanda:

“En un estudio de larga data titulado No Price Like Home -No hay otro precio como el de la vivienda-, se demuestra que entre 1870 y 2010 no existe ninguna otra mercancía que incremente su precio sostenidamente como la vivienda, al menos en las grandes economías nacionales de los países avanzados”.

¿Cómo es posible que un bien que se deprecia -se estima que la vida útil de una construcción ronda los setenta años- con el uso pueda encarecerse casi hasta el infinito? ¿Qué es lo que explica esta insólita anomalía?

Si atendemos a la “música celestial” de la ortodoxia neoclásica, un incremento de la oferta de vivienda debería producir automáticamente un descenso del precio. De hecho, ese es el mantra que no cesa de recitar la legión de supuestos “expertos” que pulula por las tribunas académicas y los mass media, ante la dramática situación actual de aguda crisis de “asequibilidad” en el acceso a la vivienda. Sirva como botón de muestra del “exquisito rigor” de semejante planteamiento el siguiente dato demoledor que proporciona Rodríguez: “Entre 1995 y 2007 se construyeron en España alrededor de siete millones de viviendas y el precio de los inmuebles se multiplico casi por tres”.

El discurso ortodoxo, que considera la vivienda como un bien de mercado cualquiera -cual si de una barra de pan o de una lavadora se tratara-, sujeto por tanto al ajuste automático hacia el precio y la cantidad de equilibrio, deforma intencionadamente las características únicas que distinguen radicalmente al sector inmobiliario de un mercado convencional.

Dado que la vivienda urbana está fijada para siempre al terreno construido, no se puede entender el carácter claramente confiscatorio del mercado inmobiliario sin atender a la relevancia de la renta del suelo en el conformación del precio de la vivienda, tanto de compra como de alquiler.

Como explica David Harvey, el geógrafo marxista más influyente de las últimas décadas, el suelo es una mercancía artificial, más próxima a un activo financiero que a un producto mercantil al uso:

“El suelo no es una mercancía en el sentido más corriente de la palabra. Es una forma ficticia de capital que deriva de las expectativas de futuras rentas”.

El propio Harvey resume los rasgos espurios de esta mercancía fake, que solo el troquel de la valorización del capital convierte en un producto comercializable, alterando radicalmente los requisitos de un mercado teóricamente competitivo:

“El suelo y sus mejoras tienen una localización fija. Esta localización absoluta confiere privilegios monopolistas a la persona que posee el derecho a determinar el uso de dicha localización”.

La determinación de la renta del suelo, clave para la formación del precio de la vivienda, se realiza, por tanto, como señala asimismo Rodríguez, en base a las expectativas de ingresos futuros, obtenidos en base al monopolio fundado en la propiedad privada:

“Las rentas del suelo surgen del dominio monopolista de una mercancía ficticia, sin costes de producción, que descuenta permanentemente los precios futuros de la producción inmobiliaria o agrícola. Se suele sostener, con razón, que los precios del suelo no son otra cosa que el precio anticipado de las edificaciones que se van a construir en él”.

He aquí pues la clave, en palabras de Javier Moreno Zacarés, de la capacidad cuasiinfinita de maximización de las rentas inmobiliarias:

“El rentista puede prestar el activo temporalmente, extrayendo renta en forma de pagos de alquiler (rentas literales), o vender el activo para canjear pronto ingresos futuros, extrayendo renta en forma de un pago a tanto alzado (ganancias de capital)”.

El propio Zacarés describe la “sustancia del alquiler” como la combinación de dos flujos diferentes, la renta “absoluta” del suelo y el beneficio “capitalista” de la construcción, de los cuales el primero predomina abrumadoramente:

“Cuando una casa queda fijada a una localización particular, asume las propiedades del suelo sobre el que reposa, en virtud de las cuales este devenga renta. Las rentas que rinde este alojamiento, sin embargo, serán una combinación de dos réditos, distintos pero interrelacionados: el rédito derivado de la deseabilidad del suelo bajo él (renta de la tierra), más el rédito proporcionado específicamente por su infraestructura construida (renta de la construcción). La combinación de estos dos flujos de rentas forma la sustancia del alquiler”.

Lo anterior ilustra la falacia que supone la visión ortodoxa del mercado inmobiliario como un “paraíso” de la libre competencia, amén de poner de manifiesto los intereses reales que se esconden tras la afirmación de que la solución a la crisis actual se basa en “aumentar la oferta de vivienda”.

Se trata, antes al contrario, de una relación profundamente desigual, condicionada principalmente por el poder diferenciado de los “grupos de intereses” que intervienen en el “campo de batalla” que representa, fundamentalmente para sus víctimas, la selva inmobiliaria.

El problema se agrava además en la situación actual de agudo recrudecimiento de la violencia inmobiliaria. La resaca de la hecatombe de 2008 ha provocado que todo el entramado que cimentó la colosal burbuja -construcción, financiación bancaria y expansión urbanística- haya permanecido, hasta hace muy poco, en un estado de hibernación, mientras que el alquiler y el sector turístico se convertían en los nuevos filones de la renovada euforia del “ladrillo”.

De nuevo Zacarés resalta la enorme asimetría entre las dos partes del contrato de alquiler y el carácter extractivo de la relación arrendataria:

“Como hemos visto antes, hay una profunda contradicción entre las funciones rentistas y residenciales de la vivienda. El conflicto entre las lógicas del rentista y el residente se hace más evidente en el caso la vivienda de alquiler privado. En ausencia de un control estricto del alquiler, los caseros buscarán por lo general maximizar el alquiler de vivienda que extraen de sus propiedades minimizando los costes operacionales (reparaciones, mejoras) y aumentando los precios de arrendamiento en función de la demanda, expulsando y sustituyendo inquilinos en conformidad”.

Lo anterior se observa gráficamente con un ejemplo práctico estilizado, extraído de un estudio sobre la Teoría de la Renta realizado por el Sindicato de Inquilinas de Barcelona, en el que se muestra que el montante arbitrario de la renta del suelo constituye la mayor parte del precio del alquiler:

“Supongamos que por un piso en el barrio del Clot pagamos 800 euros. El piso fue construido en 1950 y desde entonces siempre ha habido inquilinas pagando rentas, por lo tanto, la construcción está más que amortizada: las inquilinas, con los años, ya han pagado lo que en su día costó levantar las paredes, el material, la mano de obra, el beneficio del constructor, etc. Aun así, el piso tiene unos costes de mantenimiento, pero estos costes son aproximadamente de 100 euros al mes. Por lo tanto, los restantes 700 euros son un pago que únicamente va destinado al bolsillo del rentista, sin ningún otro destino. Es lo que sería la renta del suelo”.

El venerable “patriarca” del marxismo, Friedrich Engels, autor de un estudio pionero sobre “el problema de la vivienda”, fundamenta, de forma más teórica, el «misterio» del alquiler:

“Cuando se alquila, la vivienda produce a su propietario, en forma de alquileres, una renta del suelo, el coste de las reparaciones y un interés sobre el capital invertido en la construcción, incluyendo la ganancia correspondiente a este capital. Y si, entretanto, el alquiler ha cubierto cinco o diez veces su precio de coste inicial veremos que esto se debe exclusivamente a un aumento de la renta del suelo”.

La renta es, en definitiva, un pago de transferencia monopolística, impuesto por la relación de poder basada en la propiedad privada. Su magnitud depende en consecuencia del poder relativo de las partes intervinientes, y será mayor cuando las condiciones institucionales obliguen a los inquilinos a aceptar condiciones draconianas. De este modo, la práctica inexistencia de vivienda de alquiler social en España; la fraudulenta regulación legal del préstamo hipotecario y la liberalización casi absoluta del contrato de arrendamiento; el paraíso fiscal que representan los ingresos por arrendamientos para los afortunados arrendadores, debido a las suculentas desgravaciones obtenidas en el IRPF; el crecimiento exponencial de la vivienda de alquiler de temporada y turístico, un sector «salvaje» en el que la regulación brilla por su ausencia; y, last but not least, la presencia significativa en el mercado inmobiliario de los ominosos fondos buitres, con sus salvajes prácticas capaces de “destruir las vidas de la gente”. Todos ellos constituyen los inhóspitos rasgos del sector que potencian extraordinariamente el poder del arrendador inmobiliario -sea este persona física o jurídica- en detrimento del desvalido inquilino, que carece además en la mayoría de los casos de “alternativa habitacional”, lo que lo convierte en un cliente “cautivo”.

Sin duda se trata, como resalta de nuevo Harvey, de un “conflicto de clase”:

“En todos estos casos, el alquiler debe concebirse como una renta absoluta que recae sobre el poder monopolístico de los terratenientes como clase frente al poder y la condición colectiva de los inquilinos. Se establece, en pocas palabras, por un conflicto de ‘clase’ dentro de un área geográfica restringida (dentro de un espacio absoluto)”.

La ciudad revanchista

“La ciudad revanchista augura una feroz reacción contra las minorías, la clase trabajadora, las personas sin hogar, los desempleados, las mujeres, los homosexuales y los inmigrantes. Se trata de una ciudad dividida, en la que quienes han resultado vencedores están cada vez más a la defensiva en relación con sus privilegios, cuya defensa se ha vuelto cada vez más feroz”

Neil Smith

Emmanuel Rodríguez describe los deletéreos efectos de la configuración patológica someramente descrita sobre el tejido social:

“En términos generales, la financiarización reduplica los efectos de desigualdad de las antiguas estructuras de clase, a lo que habría que añadir la pesada servidumbre que conllevan los enormes volúmenes de endeudamiento. Las burbujas inmobiliarias penetran con mucha mayor profundidad en el tejido social, por la simple razón de que los mecanismos financieros se insertan, en este caso, en una mercancía de primera necesidad”.

¿Cuáles serían las principales consecuencias para la desequilibrada estructura social imperante y para la posibilidad de construcción de formas renovadas de luchas populares del carácter cada vez más depredador de los «mecanismos financieros», caracterizados por la masiva extracción de rentas y de la “deuda a muerte”?

Los movimientos sociales urbanos se consideran con demasiada frecuencia, por parte de los «guardianes de la ortodoxia» revolucionaria, como “asuntos” separados o subordinados a la lucha de clases tradicional, enraizada en la explotación y la alienación del trabajo vivo en la producción.

Sin embargo, la profunda metamorfosis del sistema de la mercancía desde los tiempos heroicos de la Revolución Industrial exigiría quizás poner en cuestión ese sagrado principio, reflejado en la rotunda sentencia del patriarca Engels:

“La penuria de la vivienda para los obreros y para una parte de la pequeña burguesía de nuestras grandes ciudades modernas no es más que uno de los innumerables males menores y secundarios originados por el actual modo de producción capitalista. Por tanto, se falsean totalmente las relaciones entre arrendatario y arrendador cuando se intenta identificarlas con las que existen entre el obrero y el capitalista”.

Si bien no deja de ser obvio que se trata de dos relaciones “cualitativamente” diferentes, el hecho cierto es que también, como señala Jaramillo, están estrechamente relacionadas:

“Si tenemos en cuenta que la vivienda es un valor de uso indispensable para la reproducción de la fuerza de trabajo, el monto que el obrero debe pagar por consumirla debería estar incluido en el monto del salario que recibe”.

Por lo tanto, el salario debería incorporar el coste de la vivienda y el del desplazamiento al lugar de trabajo -muy relacionado a su vez con los masivos procesos de gentrificación que asolan actualmente las urbes neoliberales-. Sin embargo, esto dista mucho de ser así, ya que la indexación salarial, existente solo en algunos convenios colectivos, se basa en el IPC, que no incluye la compra de vivienda ni los intereses pagados al banco, y minusvalora enormemente el alquiler. Así pues, el coste de la vivienda está prácticamente desconectado del poder adquisitivo de los asalariados, aunque representa nada menos que casi la mitad del sueldo medio en España y es, de largo, el “bocado” más relevante de los ingresos de los trabajadores. Pero incluso existe otra arista más, que vuelve aún más enrevesado el asunto, ya que la carestía inmobiliaria implica también un conflicto potencial entre los capitalistas productivos y los rentistas, al aumentar el valor de la fuerza de trabajo y dificultar gravemente sus condiciones de vida y rendimiento laboral. Los abundantes ejemplos de la enorme dificultad -por parte de la patronal de la hostelería e incluso también de la administración pública- de encontrar trabajadores que se desplacen a las zonas turísticas de Canarias y Baleares, dados los niveles prohibitivos del alojamiento, son sólo un botón de muestra de tal realidad.

El propio Marx destacó, como recuerda Abellán, el concepto de “explotación secundaria”, como un aspecto clave de la expropiación de riqueza que sufre el salario del obrero añadida a la explotación laboral:

“El concepto marxiano de explotación secundaria proviene de su concepto de explotación, con el que quería explicar la extorsión realizada por el capitalista para apropiarse de una parte del valor producido por el trabajador durante la producción sin pagarle un equivalente a cambio”.

En un contexto en el que la “violencia inmobiliaria” deviene un fenómeno preeminente en la fracturada estructura social vigente y la arremetida contra las condiciones de vida de las mayorías sociales resulta más virulenta, parece por tanto necesario, como señala de nuevo Abellán basándose en Harvey, el replanteamiento de la estructura canónica del conflicto de clase:

“En su artículo de 1974 Harvey señala que la dinámica de la urbanización genera dos tipos de clases sociales: la clase de los proveedores (promotores inmobiliarios, especuladores y propietarios/caseros), que poseen el monopolio de la propiedad de los recursos urbanos y que obtienen una renta por su provisión, y la clase de consumidores de ese recurso. La renta monopolista de clase sería la tasa de retorno. El lugar del conflicto también se desplazaría. Mientras en el conflicto capital/trabajo el conflicto tendría lugar en el ámbito laboral, en el conflicto rentista versus comunidad, por el contrario, el conflicto tendría lugar dentro del barrio y del espacio urbano. De la misma forma, el sujeto central de la lucha de clases sería un sujeto distinto”.

Tales constataciones suscitan un trascendental interrogante:

¿Hasta qué punto las luchas por la vivienda y por la defensa del resto de aspectos relacionados con la reproducción social adquieren, en la realidad vigente, la suficiente envergadura como para representar el locus principal del enfrentamiento entre poseedores y desposeídos? El embate en toda la línea de la voracidad capitalista contra los cimientos de los mecanismos de la reproducción social, que convierte los bienes básicos como la vivienda en el filón primordial de la expropiación de riqueza de las clases trabajadoras, produce, como señala Rodríguez, un desplazamiento paralelo del carácter de las luchas populares:

“La lucha por el derecho a la vivienda desplazaba la vieja centralidad del trabajo, ponía el foco en las garantías a la reproducción social, que habían sido convertidas en activos financieros. De acuerdo con el viejo léxico marxista, el lugar de organización —de construcción de una experiencia común— se debe desplazar así necesariamente de la producción a la reproducción”.

En el periodo vigente, caracterizado por la preeminencia del circuito secundario de acumulación, en el que las vetas de obtención de ganancia del capitalismo en crisis terminal se desplazan de la producción a la circulación, al consumo y a la vivienda, las nuevas líneas de fractura social deben sin duda reflejar esa metamorfosis.

El historiador e intelectual anarquista Miquel Amorós abunda en esa mutación de la “condición proletaria actual”:

“La condición proletaria actual se define mejor hoy por las dificultades del hábitat, reflejo de las cuales son los movimientos provivienda, la lucha contra los desahucios, las ocupaciones de fincas, los sindicatos de inquilinos y los conatos de instalación en el campo. El movimiento anarcosindicalista ha de encabezar la resistencia a la gentrificación”.

Ninguna conceptualización teórica podrá, en cualquier caso, predeterminar el carácter futuro de las luchas sociales. Sólo el desarrollo imparable del creciente conflicto por las condiciones básicas de subsistencia de las clases populares podrá generar -o, en caso contrario, encaminarnos de forma rauda a la barbarie- la constitución de nuevos sujetos transformadores, que desafíen el embate redoblado de los “amos del planeta” contra los fundamentos del metabolismo social y natural.

La ciudad neoliberal es, en definitiva, en los términos de Smith, un territorio “revanchista” y cruel; un campo de batalla polarizado entre la defensa feroz de los desmedidos privilegios ostentados por los “vencedores”, y la lucha por la dignidad y la emancipación, mediante los intentos de organización y de resistencia de los -ojalá que provisionalmente- “perdedores”.

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2025/06/11/la-vivienda-como-lugar-de-combate-i/#more-3026

Alfredo Apilánez. Economista y profesor. Autor de varios artículos y trabajos sobre temas relacionados con la economía, principalmente en el ámbito financiero, y del libro Las Entrañas de la Bestia. La fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado

La catarsis hiriente pero necesaria para el autoconocimiento

10 Junio 2025 at 06:32

El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del hombre… Está relacionado con la más alta forma de espíritu. CARL G. JUNG

El erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte. GEORGES BATAILLE

La excitación es el fundamento del erotismo, su enigma más profundo, su palabra clave. MILAN KUNDERA

Sexo: lo que sucede en diez minutos es algo que excede a todo el vocabulario de Shakespeare. ROBERT LOUIS STEVENSON 

El segundo y último Ciclo de Cine Erótico, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, vía Cine-Club Al Filo del Tiempo, se acerca a su fin con Las edades de Lulú (1990), del catalán José Juan Bigas Luna (1946-2013), filme que se mueve entre el despertar al sexo y el incesto, el Cine del Destape y la Movida madrileña, con base en la novela homónima (1989) de Almudena Grandes (1960-2021), una Bildungsroman o Novela de Formación a la española que compara con el modelo de la picaresca El lazarillo de Tormes y que a su vez se inspira en Escupiré sobre vuestra tumba (1946), del polímata Boris Vian (1920-1959). Lulú, hipocorístico de María Luisa, es la niña que se inicia en el sexo con Pablo, profesor de literatura española en una U. de los EE.UU, y quien al inicio se acerca con pasión y ternura y luego va a la violencia y la agresión: ello permite un paralelo con Las mejores intenciones (2013), de B. August (1) sobre las memorias del cineasta sueco Ingmar Bergman.

Lo que al inicio parece un filme lineal a la postre no es tal, sino a base de flashbacks que van mostrando la relación entre Lulú y Pablo, desde el tórrido, pero poco espontáneo comienzo, incluso algo de cliché (la ida al carro entre la lluvia, una cierta timidez artificial de ella, un algo impostado rol de seductor de él, con tintes de padre incestuoso), hasta el descenso al averno de los deseos atrevidos y peligrosos, con travestis, lesbianas y gays, en fin, que va hasta la separación entre ellos y luego su forzada reunión, más con la inconsciente intención del final feliz que de una ruptura marcada por la infelicidad y lo insoportable. Lo que lleva un poco al punto de partida de la obra literaria: una escena de gays con lametones de nalgas y penetración anal. PP para un culo ‘de carne perfecta, reluciente’ capaz de ser ‘sujeto y objeto de un placer completo, redondo y autónomo, tan distinto del que sugieren esos anos mezquinos, fruncidos, permanentemente contraídos en una mueca dolorosa e irreparable’. (2) 

Algunos críticos han aludido al carácter no erótico de la novela, aspecto del que no carece del todo el filme, aunque en algunos casos, como ya se insinuó, el resultado se parezca más a un desfile de cadetes, a un cambio de la guardia presidencial o a una columna pretoriana de paracos, que a algo que de verdad excite los sentidos y en forma eventual suscite un clímax u orgasmo. Lulú, 15 años, vive una infancia carente de afecto y de pronto se siente atraída por un joven amigo de la familia, al que hasta ahí ella había deseado con cierta vaguedad, cierto desdén, relativa informalidad. Tras esta experiencia inicial, la eterna niña alimenta por años en soledad el espectro de aquel sujeto que termina por sucumbir a la idea inconsciente del incesto (que también nutre en su mente Marcelo, el hermano de Lulú), y de extender sin término fijo, un contrato sin firmas: el de una singular relación erótica que prolonga la lúdica erótica de la niñez; hecho que de acuerdo con Freud de paso desmiente la asexualidad infantil.

En efecto, en su libro Autobiografía, el polímata vienés habla del encuentro frente al hecho de la sexualidad infantil, que iba en contra de los más radicales prejuicios de los hombres: por lo general, se acepta, Freud dixit, que la infancia es ‘inocente’, libre de cualquier impulso sexual y que la lucha contra el demonio de la ‘sensualidad’ apenas empieza con la agitación y el desborde de la pubertad (3). Ya Freud ha puesto de presente que las investigaciones sobre causas y fundamentos de la neurosis los llevó a él y otros, con una intensidad cada vez mayor, a descubrir conflictos entre los impulsos sexuales del sujeto y la resistencia contra la sexualidad, factores estos siempre en la mira del Poder para hacerlos objeto de control. De ahí surgió el libro Sexualidad infantil y neurosis. Lulú es víctima de esos impulsos, por estar identificados justo con la idea del incesto, como se ve en su relación, entre machista y tiránica, por parte de Pablo, como queda demostrado desde el primer momento del vínculo…

En efecto, Pablo la mira de arriba abajo y cuando llega a sus pies lo primero que suelta es: son los zapatos más horribles que he visto en mi vida. Lo que ya pretende marcar una relación no igualitaria, sino de dependencia por la lucha de clases, el buen gusto, la sofisticación. Lo que a la joven de 15 años poco le importa o la deja sin cuidado pues ella sólo está enamorada del amigo de su hermano, que a propósito también está cruzado, ya se dijo, por el asunto del incesto y que luego se resolverá de modo brutal en el epílogo del filme. Pablo crea para Lulú un mundo al margen, privado, clandestino, en el Atelier de su madre: lo que, por otro lado, habla del complejo de Edipo. Relación en la cual el niño concentra sobre la figura de la madre sus deseos sexuales y desarrolla impulsos hostiles hacia el considerado un rival, su padre. Actitud que, cambiando lo que haya que cambiar, es también la de la niña: toda variación y efecto del Edipo son claves hasta que el niño hace conciencia de la diferencia de los sexos…

Durante esta época de investigación y descubrimiento sexuales, para su uso particular crea teorías sexuales típicas que, al depender de la imperfecta organización somática infantil, mezclan lo verdadero y lo falso, sin lograr resolver los líos de la vida sexual, v. gr., el de la dependencia de los niños, lo que en el argot científico se llama el enigma de la Esfinge: así, la primera elección de objeto infantil es, pues, incestuosa. Aún en el punto culminante del desarrollo sexual infantil una suerte de organización genital tomó forma; pero en ella sólo jugaba un rol el genital masculino, mientras permanecía ignorado el femenino, lo que se conoce bajo el mote de primacía fálica. Para Freud, entonces, la antítesis de los sexos no equivalía a la de masculino y femenino, sino a la de poseedor de un pene y al castrado. Que en cierto modo es aquí el caso de Lulú, como lo fue en Ninfómana Vol. 2 (4), ante todo, el caso de Joe, cuyo complejo de castración es clave para la formación del carácter y la neurosis.

Fuera del universo íntimo donde el tiempo se detiene o pierde valor y el instinto erótico se relaciona con la más alta forma de espíritu, aquí baja por vía de Pablo, vinculado con ello están desde la Historia, por un lado, el gran cajón de sastre del Cine S y del Destape y, por otro, la Movida madrileña, ambos surgidos a la muerte del dictador Franco, el bien hipócrita, m. en nov.75, ambos encapsulados en lo que se llamó Cine de la Transición (1975-1982) a la (supuesta) Democracia, ambos encubridores de una realidad social y política siniestra, podrida y corrupta. Si se toma la muerte del tirano y la victoria del PSOE en las elecciones generales que llevaron al Poder en 1977 a la Unión de Centro Democrático (UCD), de Adolfo Suárez (de ahí, el CD de Uribe) y luego, en 1982, tras el Golpe fallido de Tejero, Armada y Miláns del Bosch en el 81, al polémico Felipe González (FG), autor del genocidio de ETA entre 1982 y 96, el mandato más largo de un jefe de Gobierno dizque democrático en España.

Puede decirse en este punto que la secuela más evidente de tal gestión es la supervivencia del erotismo, esa aprobación de la vida, hasta en medio de la ineluctable muerte. FG dice que pudo ordenar liquidar a la cúpula de ETA, ‘y no lo hizo’ (5). A partir de ahí, los cambios en el cine español fueron lentos y poco eficaces. Apareció un cine heterogéneo, con un poco de todo como en botica: desde el más reaccionario, el de Eduardo Manzano (España debe saber, 1976), Mariano Osores, Rafael Gil, hasta el menos conforme de izquierda, el de Juan A. Bardem, Pere Portabella, Paulino Viota, pasando por el moderado y, más allá, pusilánime, de derecha, el de José M. Forqué, Pedro Lazaga, Pedro Masó. También, filmes de una radical ideología: Camada negra (1977), de Gutiérrez Aragón, quien muestra cómo se formaron los grupos de ultraderecha de esa época; El puente (1977), del citado Bardem, quien aborda la concientización sindical en instantes en que resulta imperioso asumir una postura individual.

No podría obviarse a las cineastas: Después de… (1981), de Cecilia Bartolomé, documental sobre el fin del franquismo y los años iniciales de la Transición, con sus dos partes: No se os puede dejar solos y Atado y bien atado. Tampoco, los filmes de la Nostalgia de José L. Garci: Asignatura pendiente (1977), Solos en la madrugada (1978) y Las verdes praderas (1979), filmes que fueron seguidos por otros cineastas de aquel periodo; u otros sobre el terrorismo, tema clave en la España de entonces: los acercamientos al asesinato de V. Carrero Blanco: Comandante Txiquia (1977), de José L. Madrid y Operación ogro (1979), de Gillo Pontecorvo, a los que se les critica no lograr un óptimo distanciamiento frente al tema. Quien sí lo logra es Imanol Uribe, con cuatro filmes de entre las décadas del 70 y 90 sobre la situación socio/política del País Vasco: El proceso de Burgos (1979), La fuga de Segovia (1981), La muerte de Mikel (1984) y Días contados (1994), mezcla de documental y thriller.  

A la partida de Franco, el cine español se sexualiza por dos vías distintas: una, con filmes que pretendían desentrañar formas de sexualidad reprimidas por la Dictadura, pero sin sexo explícito y destinados a un público amplio y heterogéneo; otra, la del citado gran cajón de sastre del cine S, con filmes de escaso valor artístico que mezclan lo erótico con la crítica burlona y vulgar sobre hechos vigentes (golpe de Estado, democracia, divorcio, socialismo) y en apariencia de liberación sexual, en realidad ultragodos, que advertían a las mujeres sobre los peligros por conductas sexuales escandalosas; y de Destape, tendencia dentro de la cual había una gran cantidad de actores y técnicos en paro forzoso dada la situación crítica de la industria del cine español, con dos fases de producción: 1. Experimental e introspectiva, que va de 1977 a 79. 2. Bajo presupuesto, ya por completo comercial y de baja calidad, entre 1980 y 82. A partir de ahí la dicotomía decente/indecente se instaló en la conciencia colectiva.

En igual sentido opera la Movida madrileña, movimiento de Contracultura que se dio en los primeros años de la Transición y se extendió por otras provincias hasta mediados de la década de 1980, bajo el mote genérico de La Movida. En su afán de la difusión y del mito se destacan los programas musicales de Radio España, con Jesús Ordovás, Rafael Abitbol y Gonzalo Garrido, Radio El País, con Moncho Alpuente, Radio Popular, con Julio Ruiz; los fanzines como Licantropía y Monster, La pluma eléctrica, 96 lágrimas y Du Duá, de Sardinita, Rockokó, de Miguel Trillo, Ediciones Moulinsart, de Pepo y Kiko Fuentes; las revistas La Luna y Madrid Me Mata, de Óscar Mariné, y otras que fueron el baluarte del movimiento, que fue reflejado por programas de TV como Musical Express, Popgrama, La bola de cristal. Para entonces se despenalizó la homosexualidad y la venta de preservativos y resurgió el feminismo, la liberación sexual y el laicismo en la sociedad, todo ello a instancias del Estado.

Por otra parte, se dio un fenómeno que pocas veces se analiza: paralelo a la pauta dictada por los círculos musicales, pero antes por los del Poder, con el arribo de las drogas a España se provocó la muerte de muchísimas personas del cine, la música y el teatro afectos a La Movida. El consumo de psicotrópicos llevaba implícitos los (anti)valores del yoísmo/individualismo, el nihilismo, la vanidad, en fin, la competencia y el (etéreo) éxito, que sus integrantes auparon como emblemas y modos de vida (eros) hacia la muerte (tánatos). Quizás por lo mismo, olvidaron que el fundamento del erotismo es la excitación y sucumbieron en el marasmo de la velocidad y el vértigo laboral, el mismo que lleva a la enajenación, a evadir el trabajo para sentirse en sí, a no laborar para estar en lo suyo, a ejercer el trabajo voluntario y no el forzado, pero no pudieron porque el Sistema anula y persigue a los que pretendan retarlo a ceder frente a sus propósitos de manipularlos/oprimirlos y de reprimir a trabajadores y pueblo en general.  

En suma, olvidaron a Marx: “¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste”. Así cierra Marx sus reflexiones sobre el trabajo en su libro Manuscritos económico-filosóficos de 1844… (6)        

Y parte de esa coacción física, en el mundo del trabajo, es el suministro de drogas, mediante el cual se facilita la obediencia, la sumisión, el servilismo y a la vez se impone el amo o el soberano, el capataz o el verdugo, el esclavista o el represor, que buscan uniformizar las conciencias vía pensamiento único y romper los lazos sociales que derivan del pensamiento complejo. Eso lo refleja, así sea a escala micro, el mundito privado de Pablo y Lulú incluso cuando el primero lleva a la segunda a vivir en un apartamento más pequeño que el Atelier de su madre y poco a poco introduce, primero, muebles y sofá y cama, y, luego, el miembro en el indefenso/enamorado agujero de Lulú, de 30 años ya, con sus progresivas variantes de relación sexual tales como hombres trans (Ely), gays y demás especies del orbe LGBTIQ+, hasta llegar al extremo de vendarle los ojos a su esposita, para que su hermanito Marcelo realice su sueño del incesto, eso sí luego de que él ha cumplido el suyo: el de papá incestuoso.

En otras palabras, Las edades de Lulú, tanto novela como filme, describen un drama machista y patriarcal, así no sea esa la intención de Almudena Grandes ni de José J. Bigas Luna, sino que éste simplemente se limita a mostrar lo que ya está en el universo literario de aquélla. Mostrar, v. gr., que Pablo y Lulú hablan poco y tiran mucho, que unas veces aquél es tierno y otras violento, mientras ella observa al ser humano que se muestra en unos casos superior y en otros, inferior, el que la admira y escoge como su esposa, la única forma como él veía a una mujer y bailaba con ella de modo casto y correcto, hasta que por alguna razón asomaba el fantasma de los celos y se ponía furioso y agresivo. Y tras nacer la hija, es decir, cuando los sujetos del incesto han pasado a ser amantes, comienza a disolverse la pareja de amantes, mientras al tiempo de a poco se distancian hasta que entran en la etapa ya ineludible de la inminente separación y del hartazgo mutuo, hasta entrar en el limbo de los peligros sexuales.

August Strindberg en El hijo de la sierva (7): ‘Le gustaban las chicas, le gustaba cogerlas por la cintura, se sentía como un hombre cuando lo hacía. Pero en cuanto a hablar con ellas, ¡no, no! Entonces se sentía como si estuviera tratando con otra especie de ser humano, en algunos casos superior, en otros, inferior. Admiraba en secreto a la débil y pálida niña y la había elegido para que fuera su esposa. Esa era todavía la única forma en que podía pensar en una mujer: como esposa. Bailaba de una manera muy casta y correcta, pero oía historias horribles sobre sus amigos, historias que no comprendió hasta más tarde. Podían bailar el vals al revés por la habitación de una manera muy indecente, y contaban historias traviesas sobre las chicas”. Fragmento útil para mostrar los vasos comunicantes entre las obras de arte y las distintas formas de abordar un tema, asunto o problema, con lo que hay de igual o distinto, lo que las acerca o distancia, lo que pueden ayudar a aclarar u oscurecer una visión de mundo.

Diversos estudios hablan de la obra de Almudena Grandes como de una Bildungsroman o novela de formación, al estilo de Las penas del joven Werther (1774) o Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1795/96), novelas, ambas, de Goethe, relacionada con el tema del despertar a la sexualidad; también, como de una novela entre erótica y porno que puede leerse desde tres ópticas: lo puramente sexual, en modo educación sentimental (como la novela homónima de Flaubert, La educación sentimental, 1869) o aprendizaje vital y, más allá, autodescubrimiento del sujeto, aquí, mujer. La narración va de la adolescencia a la madurez, de los 15 a los 30 años, de Lulú, quien estudia en colegio de monjas y pasa de la ingenuidad al extravío en tres etapas: la de su despertar al sexo inducida por Pablo, tras un concierto a fines del franquismo y un encierro de casi un mes, al cabo del cual, se reitera, va a una U. gringa en tanto profesor de castellano; pasado un lustro, vuelve, la busca y se casan.

Entre pompa y circunstancia algo forzadas, y de ahí a las perversiones de todo tipo, o de uno, el trans Ely, u orgías con gays y travestis. La segunda etapa sería la de Lulú plena, enamorada y en armonía, más que feliz, como para dejarse tentar por el desborde. La tercera, es la del descenso a los infiernos, tras dejar al marido e irse con la niña, y ante todo, después de caer, con los ojos vendados o contra su voluntad, en un mènage a trois… ¡con su hermano! y con su hasta ahí marido: los excesos aquí no son fáciles de soportar, ni por el más aberrado de los marqueses de Sade, Anaïs Nin o la parejita siniestra de Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. (8) Es decir, Lulú abandona a Pablo cuando descubre que el incesto del que hace parte es un engaño, que él es un obstáculo en su devenir y un impedimento para aprender/crecer en su vida. De ahí lo que dice Lulú en la novela: El incesto no había entrado nunca en mis planes […] Entonces me convencí de que jamás crecería mientras siguiera a su lado. (1990: 227)

Contra lo que pudiera pensarse, pasada la tercera etapa de camino a perdición o al borde del abismo (como Los reyes del mundo, siempre al borde del abismo) (9) o a un pelo de perder la vida, la reaparición de Pedro no es la de un salvador: quizás se trate, más bien, de haberse arrepentido por lo ya hecho, el haberla conminado al incesto por partida doble: la búsqueda insaciable de placer sexual y el trofeo para los dos machos incestuosos. Pablo no es el que la rescata de ningún envilecimiento (el que si se da, es en ambos) a causa de la hipersexualidad común, sino el que la ha hundido en la desgracia existencial al llevarla al punto de no retorno en la cosa sexual. Tampoco es aquél el que la salva del derroche, en ella misma, del dinero que supuestamente va para el cuidado de su hija. Pablo, en últimas, no es otra cosa que alguien que ha cavado una fosa para otro, u otra, y primero cae en ella, diría Dostoievski. O diría con certeza Confucio: ‘Antes de embarcarte en un viaje de venganza, cava dos tumbas’.             

En conclusión, Las edades de Lulú, es un drama y un thriller entre sexual y psicológico que en su narrativa pasa del deslumbramiento inicial a la oscuridad y al desencanto postreros, en un filme más cercano al cine como industria que al cine como arte, lo que coincide con el libro El cine como arte de Rudolf Arnheim (1904-2007) (10). Y es que de cara, v. gr., al Cine del Destape o a la Movida madrileña es muy poco el valor que tiene el filme de Bigas Luna en cuanto a contribuir a entender el porqué de la represión sexual en la España de Franco, si se lo compara con El milagro de P. Tinto (1998), de J. Fesser; o de la GC (1936-1975), comparado con Las largas vacaciones del 36 (1976), de Jaime Camino, Retrato de familia (1976), de A. Giménez Rico, Soldados (1978), de A. Ungría, según la obra de Max Aub; o la inmediata posguerra, con Días del pasado (1977) y La colmena (1982), de Mario Camus y El corazón del bosque (1978) y Demonios en el jardín (1982), de Manuel Gutiérrez Aragón.

Fuera de los temas del sexo o la liberación de las mujeres como factores de transgresión, dentro de la mal llamada Transición, pues nunca llevó ni llegó a la democracia, esa especie tan mentada y tan mentida, hubo filmes de la izquierda militante que lanzaron fuertes dardos en contravía de la ruta que tomaron los sucesos políticos y sociales entre 1975 y 82, por lo menos. A título de ilustración, tres ejemplos: Con uñas y dientes (1978), de P. Viota, filme que por vía de una huelga describe la amargura de los trabajadores, y la corrupción y la violencia que anidan en los odres vacíos de los patrones que buscan impedirla y a su vez retrata las esperanzas frustradas de un amplio sector social en esa democracia que nació muerta. Numax presenta, I Parte (1979) y Veinte años no es nada, II Parte (2005), de Joaquim Jordà (1935-2006, ver su documental De niños, sobre el barrio de El Raval), quien da voz a los obreros de la fábrica de ventiladores en su autogestión, tras ser abandonados por sus jefes.

La inspiración, vía Escupiré sobre vuestra tumba, que le llevó a A. Grandes a Las edades de Lulú (Pocos libros han hecho tanto por sus autores como esta novela hizo por mí) puede inferirse a partir del Prólogo del propio Boris Vian escrito bajo el seudónimo de Vernon Sullivan: “Hacia julio de 1946, Jean d’Halluin conoció a Sullivan, en una especie de reunión franco–americana. Dos días más tarde, Sullivan le entregaba su manuscrito. En el entretanto, le contó que se consideraba más negro que blanco, pese a haber cruzado la frontera; como se sabe, varios millares de negros (considerados como tales por la ley) desaparecen todos los años de las listas de empadronamiento y se pasan al otro bando; su preferencia por los negros le inspiraba a Sullivan una especie de desprecio por los buenos negros, por aquellos a los que los blancos, en las novelas, daban palmaditas cariñosas en la espalda. Opinaba que era posible imaginar, e incluso encontrar en la vida real, a negros tan duros como los blancos”. (11) Sic.

Así es, si se considera que Lulú, o María Luisa, es una blanca tan dura como los negros, que no ha tenido miedo a cruzar la frontera sexual para desafiar los prejuicios de la gente de bien, esa que en nada se parece a la gente decente; que hace rato desapareció de las listas de empadronamiento, desde cuando hizo parte de un colegio de monjas y luego fue conquistada, literalmente, por un joven que era un viejo que era un padre incestuoso aceptado por la sociedad, a la par que ella por la sociedad era despreciada o, por lo menos, ignorada; hasta que la literatura y luego el cine, es decir, hasta que el dolor tomó forma, la reintegraron a la sociedad. Pero, allí también sus deseos, anhelos o esperanza se torcieron con el tiempo cuando el factor erótico derivó en pornográfico, y tuvo que jugar a las dos bandas hasta que se despeñó por el laberinto de la soledad y fue a chocarse contra el desdén y la furia del que fuera su amante admirado, para luego tener que resignarse a reunirse en igualdad de duelos…

Así, se cita a Kafka sobre Strindberg: ‘Me siento mucho mejor porque he leído a Strindberg… No lo he leído por leerlo, sino por apretarme contra su pecho… ¡Esa furia, esas páginas [logradas] a fuerza de puños!’. No exagera el checo al hallar un aserto tan brillante y preciso sobre el autor de El hijo de la sierva, obra autobiográfica sobre infancia y pubertad del futuro creador de Infierno y Alegato de un loco. Lo que quizás le atrajo a Almudena de él es lo que sin duda hay en su obra: una voluntad de poder a toda prueba y una diatriba sin rodeos sobre el orden filial y la medianía e hipocresía social: tópicos que en su filme reflejan las actitudes en apariencia empáticas de Lulú y Pablo, la idea de un idilio eterno, que rápido se estrella contra la realidad torpe y fugaz de dos seres habitados por desajustes y falencias de orden metafísico, anclados en la soledad y el dolor de unas vidas en crisis y sumidas en lo patológico que, por vía del arte, devienen en la catarsis hiriente pero necesaria para el autoconocimiento.

Para terminar, Las edades de Lulú es un filme más porno que erótico: uno que pasa del Soft-Core al Hard-Core, sin solución de continuidad. Una obra de escaso valor artístico en tanto tiene más nexos con el cine industrial que con el artístico; también, porque su aporte para entender la represión sexual durante el franquismo es muy relativo frente a otros filmes hispanos de la época: Lucía y el sexo (2001), de Julio Medem, Amantes y La pasión turca, de Vicente Aranda e incluso La viuda negra (1977), de Arturo Ripstein, según el drama Debiera haber obispas, de Rafael Solana, o La puta y la ballena (2004), de Luis Puenzo, la historia de la escritora Vera sobre un cetáceo que se pierde dos veces en la misma playa y la corista que deriva puta en la Patagonia; en fin, porque el de Bigas L. antes que evitar, favorece la permisividad censora de la época típica de la etapa fílmica posterior a 1968, cuando entró en vigor la clasificación X del cine rojo, no por comunismo sino por erotismo y pasión… (12)

Clasificación que no sólo regía en el tema de la sexualidad sino en el de la escatología, como puede verse en Turks Fruit (1973) o Delicias turcas, de Paul Verhoeven, cuya distribución fue hecha por la respetabilísima (R. Gubern) Warner Bros. La diferencia entre la excitación que produce el cine erótico y la eyaculación a que lleva el cine porno, el primero con un espectador que se beneficia por su preeminencia visual y el segundo con unos actores en los que sólo sus genitales están en contacto, ya no sus cuerpos, induce a pensar que a veces basta con sugerir y no necesariamente con mostrar. Al respecto, El espíritu de la colmena (1973), de V. Erice, con su marcado tono de cuento infantil (13), permite percibir lo que no se ventila sobre la represión, mientras Las edades… facilita captar el gobierno de la mirada machista incluso al escenificar secuencias de lesbianismo. El filme de Bigas L. niega el habla, mientras el de V. Erice deja ver cómo es posible resistir y comunicar en un espacio de incomunicación.  

Notas, enlaces y bibliografía:

(1) https://co.video.search.yahoo.com/yhs/search?fr=yhs-sz-002&ei=UTF-8&hsimp=yhs-002&hspart=sz&param1=3458477277&p=las+mejores+intenciones+bille+august+pel%C3%ADcula+completa&type=type80260-2133086105#id=1&vid=b6fbd53caba235c66ba4de869604106d&action=click 

(2) GRANDES H., María Almudena. Las edades de Lulú. Tusquets, Barcelona, 1990, 288 pp.: 9.

(3) FREUD, Sigmund. Autobiografía. Alianza Edit., Madrid, 1970, 193 pp.: 39 a 53.

(4) https://rebelion.org/un-despertar-sin-interes-por-el-futuro/ 

(5) https://elpais.com/diario/2010/11/07/domingo/1289105554_850215.html 

(6) MARX, Karl. Manuscritos económico-filosóficos de 1844

(7) STRINDBERG, August. El hijo de la sierva. 

(8) https://elpais.com/internacional/2025-04-26/virginia-giuffre-victima-de-jeffrey-epstein-que-acuso-al-principe-andres-se-suicida-a-los-41-anos.html?ssm=FB_CM&utm_source=fb&utm_medium=social 

(9) https://www.eltiempo.com/cultura/cine-y-tv/cine-colombiano-nueva-generacion-de-cineastas-triunfa-en-los-festivales-703634 

(10) ARNHEIM, Rudolph. El cine como arte. Eds. Infinito, Buenos Aires, 1971, 190 pp.: 15.

(11) VIAN, Boris. Escupiré sobre vuestra tumba. PDF, 164 pp.

http://intranet.utvm.edu.mx/biblioteca/libros/Boris%20Vian%20-%20Escupire%20sobre%20vuestra%20tumba.pdf

(12) GUBERN, Román. La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas. Anagrama, Barcelona, 2006, 373 pp.: 11.

(13) https://rebelion.org/resistir-y-comunicar-en-un-espacio-de-incomunicacion/   

FICHA TÉCNICA: Título original: Las edades de Lulú. País: España. Año: 1990. Gén.: Erótico / Porno / Drama / Thriller sexual / Thriller psicológico. For.: 35 mm; color; 95 min. Dir. y guion: Bigas Luna, basado en la novela homónima de Almudena Grandes. Dir. Artística: Rafael Palmero. Prod.: Andrés V. Gómez. Mús.: Carlos Segarra. Fot.: Fernando Arribas. Mon.: Pablo González del Amo. Int.: Lulú / María Luisa (Francesca Neri); Pablo (Óscar Ladoire); Ely (María Barranco); Marcelo (Fernando Guillén Cuervo); Chelo (Rosana Pastor); Palanqueta (Javier Bardem); Encarna (Pilar Bardem); Madre de Lulú (Marta May); Cristina (Gloria Rodríguez); Alicantino (Ángel Jové). Prod.: Lolafilms. Dist.: Umbrella Entertainment. Premios: Goya para María Barranco a Mejor Actriz de Reparto. Enlace del filme: https://co.video.search.yahoo.com/yhs/search?fr=yhs-sz-002&ei=UTF-8&hsimp=yhs-002&hspart=sz&param1=3859048281&p=las+edades+de+lul%C3%BA+novela+Tusquets+1989&type=type80260-2133086105#id=2&vid=5a90ca327372d64a4472502a44182144&action=click 

Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, corrector de estilo, traductor y, sobre todo, lector. Fundador y director del Cine-Club Andrés Caicedo, desde 1984. Colaborador de El Magazín EE, 2012; columnista, 2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, se lanzó en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, coautoría con Luís E. Soares, publicado por la UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre MZO y su novela Changó, el gran putas, lo lanzó UFES, 20.feb.21. Invitado por Pijao Eds. al Encuentro Nal. de Narrativa vista desde las Regiones (Ibagué, 1º a 4 nov.23) Invitado por la UFES al Congreso Literatura, Soberanía Nacional y Multipolaridad (Vitória, 25.nov.23). El 14.abr.2025 fue publicado en Brasil La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine, primero de ocho libros por salir en este año. Autor en ARC, Rebelión, Magazín de EE, Las2Orillas y traductor/coautor, con Luis E. Soares, en dichos medios. Director del Cine-Club Al Filo del Tiempo, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños. E-mail: lucasmusar@yahoo.com

El papel de las universidades israelíes en el asesinato y tortura de los palestinos

10 Junio 2025 at 06:05

En medio del alboroto de las noticias que llegan sobre el genocidio en Gaza, la noticia del martirio de Shaima y su familia en la zona de Nuseirat, en la Franja de Gaza, pasa como si nada hubiera sucedido, como si ella fuera solo un número más en una lista de números.

Shaima Akram Saidam obtuvo una media del 99,6 % en el examen general de secundaria de 2023, lo que le valió el título de mejor estudiante en la rama de letras a nivel de Palestina. Después se matriculó en la Universidad Islámica, donde se especializó en inglés.

¿Quién la mató? ¿Con qué arma? ¿Dónde se forjó la identidad y la ideología sionistas del asesino? ¿Y con qué justificación? Quizás estas son preguntas que nos llevan a un lugar que muchos pasan por alto: las universidades israelíes, donde se forjan las mentes del ejército de ocupación. Es el lugar donde se desarrollan muchos aparatos de seguridad y militares que vigilan, matan y torturan a los palestinos. También es el lugar donde se fabrican las armas, la propaganda y la justificación de la destrucción.

De hecho, las universidades y los centros de investigación israelíes son uno de los pilares más importantes del movimiento sionista y del Estado judío.

Estas instituciones académicas construyen la identidad y la propaganda sionistas, contribuyen a la fabricación de armas y trabajan para institucionalizar las políticas israelíes, afianzando el apartheid, la agresión israelí y las violaciones de los derechos palestinos a través de marcos académicos, trabajos de investigación y debates entre expertos para encontrar los medios más eficaces para consolidar la ocupación, afianzar los asentamientos, marginar y refutar la identidad palestina y entrenar a unidades del ejército y de inteligencia en diversas especialidades.

Estas instituciones israelíes no solo practican la discriminación, la opresión y la represión contra los palestinos, sino también contra cualquier persona, incluso judía, que defienda los derechos y libertades palestinos.

A la luz de estos y otros hechos, en 2004 se creó la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI, por sus siglas en inglés), con el objetivo de pedir el boicot a las instituciones académicas y culturales israelíes debido a su papel central en la opresión y la violación de los derechos y libertades palestinos.

El libro recientemente publicado «Towers of Ivory and Steel: How Israeli Universities Deny Palestinian Freedom» (Torres de marfil y acero: cómo las universidades israelíes niegan la libertad palestina), de Maya Wind, es una contribución destacada e importante en este contexto, cuyo objetivo es demostrar la implicación de las universidades israelíes como base y principal motor de las violaciones de los derechos y libertades palestinos, e incluso considerar las políticas de las universidades israelíes como parte de un sistema que afianza las políticas racistas y colonizadoras de Israel.

El libro se centra en la pregunta: «¿Son las universidades israelíes cómplices de la violación de los derechos palestinos?» (página 16). La autora busca responder a esta pregunta revelando cómo las universidades israelíes están profundamente entrelazadas con los sistemas de opresión israelíes.

La investigadora se distingue en este contexto, como ella misma afirma, por ser una ciudadana israelí judía blanca, lo que le permitió acceder fácilmente a los archivos y bibliotecas militares del Gobierno israelí. De esa forma, pudo leer documentos oficiales, memorandos e informes políticos, así como estudios inéditos, como tesis de máster y tesis doctorales aprobadas por universidades israelíes. Además, realizó entrevistas a estudiantes y académicos palestinos y judíos que trabajan en universidades israelíes.

El libro consta de dos partes, cada una con tres capítulos, además de una introducción, una conclusión y una observación final del profesor Robin D. G. Kelley.

Nadia Abu El-Haj, de la Universidad de Columbia, presenta el libro y recuerda al lector que Israel es un Estado-nación colonialista fundado sobre la expulsión de casi 750 000 palestinos de sus tierras. Es un Estado construido sobre una limpieza étnica organizada. Por lo tanto, Israel no debe describirse como un Estado democrático (página 6).

Más bien, la estructura sobre la que se construyó y se sigue construyendo el Estado de Israel es una estructura racista basada en la negación y la exclusión de los no judíos. Por esta razón, Human Rights Watch y Amnistía Internacional, además de las organizaciones israelíes de derechos humanos B’Tselem y Yesh Din, declararon en 2021 y 2022 que Israel es un Estado de apartheid.

En la introducción del libro, Nadia Abu El-Haj destaca que no existe un «Israel democrático» que pueda separarse de la cuestión palestina. Israel es un Estado colonialista. Sus compromisos y acciones fundacionales, su arraigada visión política sionista y el funcionamiento de sus instituciones, e incluso de sus partidos políticos liberales y no liberales, son racistas y antidemocráticos hasta la médula.

Esta estructura racista y excluyente fundamental de Israel explica el silencio de la gran mayoría de los académicos israelíes, e incluso de las administraciones y rectores universitarios, donde no existe una defensa institucional de la libertad académica en lo que respecta a Palestina.

La autora Maya Wind reitera estas ideas en la introducción del libro, señalando que los campus universitarios de los territorios bajo dominio israelí no son lugares seguros para los estudiantes palestinos. Estas universidades no son independientes, sino una extensión de la violencia del Estado israelí y sus instituciones represivas. La autora destaca que el régimen de apartheid israelí no puede desmantelarse por completo sin reconocerlo como sistema colonialista.

Por lo tanto, el boicot académico se considera el paso fundamental para poner fin a este colonialismo. Como ilustra este libro, las ocho universidades israelíes operan directamente al servicio del Estado y desempeñan funciones vitales en el apoyo a sus políticas, constituyendo así pilares fundamentales del colonialismo israelí.

La universidad al servicio del Gobierno israelí

Por ejemplo, las universidades israelíes colaboran con empresas armamentísticas israelíes para investigar y desarrollar tecnología utilizada por el ejército y los servicios de seguridad israelíes en los territorios palestinos ocupados. Esta tecnología se vende posteriormente en el extranjero como «probada en el campo de batalla».

La autora comienza la primera parte del libro, «Complicidad», analizando la «experiencia en la subyugación», cómo se desarrollaron las disciplinas académicas israelíes para servir al Gobierno israelí y al Estado de seguridad, y cómo siguen proporcionando apoyo material a los proyectos estatales. La autora afirma que los departamentos y profesores más destacados de las universidades israelíes, en diversas disciplinas, están intelectual y teóricamente sujetos a los requisitos del Estado israelí, como lo demuestra el enfoque en tres disciplinas.

La primera disciplina: La arqueología. Todas las universidades israelíes realizan excavaciones en yacimientos arqueológicos gestionados por organizaciones de colonos judíos o consejos regionales de colonos. Esta disciplina académica se centra en borrar la historia árabe e islámica y se dedica a expandir los asentamientos judíos y confiscar tierras palestinas.

Por ejemplo, las universidades israelíes realizan excavaciones en Susya, en el sur de Cisjordania, apoderándose así directamente de estas zonas palestinas.

La arqueología israelí también surgió ostensiblemente como disciplina académica para afirmar la presencia judía antigua y continua en Palestina. Al mismo tiempo, la investigación arqueológica se utilizó para borrar cualquier reivindicación o evidencia palestina y árabe de presencia en esta misma tierra.

La autora menciona asimismo que estas excavaciones constituyen una violación directa de las leyes y convenciones internacionales. A pesar de ello, los arqueólogos y las universidades israelíes siguen participando en trabajos de excavación en todos los territorios palestinos bajo la protección del ejército israelí. Así, la arqueología facilita estructuralmente el robo de antigüedades y tierras palestinas por parte de Israel y facilita su continua apropiación ilegal.

La segunda disciplina: Estudios jurídicos. La autora aclara que Israel considera el territorio palestino ocupado como su laboratorio. Debido a su dominio ilegal sobre el pueblo palestino a través de la ocupación militar durante décadas, ha desarrollado un conjunto de leyes e interpretaciones jurídicas para justificar su régimen militar permanente.

Israel ha establecido la infraestructura jurídica para justificar las ejecuciones extrajudiciales, la tortura y el despliegue de lo que se considera una fuerza desproporcionada contra la población civil, lo que equivale a crímenes de guerra. Maya Wind afirma que los estudios jurídicos y la filosofía ética en la que se basan se crearon para justificar las violaciones de los derechos y libertades de los palestinos.

La tercera disciplina: Estudios sobre Oriente Medio. La investigadora muestra que, con el establecimiento del gobierno militar de Israel en los territorios palestinos ocupados en 1967, se renovaron las oportunidades de cooperación académica con el Estado. Por ejemplo, los profesores de la Universidad Hebrea Menachem Milson, Amnon Cohen, Moshe Sharon y Moshe Maoz ejercieron como asesores en asuntos árabes del ejército y el gobierno israelíes (página 48).

Milson también ocupó el cargo de primer jefe de la Administración Civil, la administración militar israelí en los territorios palestinos ocupados, y supervisó el cierre forzoso de la Universidad de Birzeit a partir de 1981. Cohen, Sharon y Maoz sirvieron con el rango de coronel y trabajaron con el ejército a lo largo de sus carreras académicas.

Del mismo modo, los departamentos de Estudios sobre Oriente Medio ofrecen programas académicos de especialización regional para soldados en servicio activo en unidades militares de élite y cursos diseñados específicamente para agencias de seguridad. La Universidad Hebrea ofrecía un programa de licenciatura en Estudios sobre Oriente Medio para el Servicio de Seguridad General (Shin Bet) como parte de la formación de su personal.

Por tanto, las disciplinas israelíes en humanidades y ciencias sociales se movilizaron para apoyar el colonialismo israelí. La arqueología, los estudios jurídicos y los estudios sobre Oriente Medio se desarrollaron simultáneamente con la ocupación militar israelí y a través de ella.

A continuación, la autora pasó a estudiar varias universidades israelíes, considerando que las «universidades: puestos avanzados de los asentamientos» se fundaron y diseñaron para servir como puestos avanzados estratégicos para el proyecto estatal israelí. La Universidad Hebrea en la Jerusalén Oriental ocupada; la Universidad de Haifa en Galilea; la Universidad Ben-Gurión en el Negev; la Universidad Ariel en Cisjordania: todas estas instituciones constituyen motores fundamentales para los proyectos de «judaización» en sus respectivas zonas.

La autora afirma, por ejemplo, que en el período previo y durante la guerra de 1948, los estudiantes, el profesorado y los administradores de la Universidad Hebrea de Jerusalén apoyaron activamente a la organización militar Haganah y utilizaron el campus como base, llevando a cabo entrenamientos militares e incluso almacenando armas en los edificios de la universidad.

La autora sostiene también que, durante más de un siglo, las universidades israelíes han trabajado de forma constante para ampliar y afianzar las fronteras del Estado judío, la «soberanía judía» sobre toda la Palestina histórica.

Estas universidades siguen desempeñando de forma activa e intensa un papel central en la expansión de los asentamientos en tierras palestinas, y sus bibliotecas son depósitos de los libros palestinos saqueados, como es el caso de la biblioteca de la Universidad Hebrea, que contiene muchos libros árabes robados a los palestinos.

La investigadora pasó al concepto de «el estado de seguridad académica», mostrando cómo el desarrollo de las universidades israelíes estaba vinculado al auge de las industrias militares israelíes. Estas universidades fueron diseñadas como instituciones para la construcción del Estado y, poco después de su creación, se movilizaron para apoyar los aparatos de violencia de Israel.

Tras la creación de la Universidad Hebrea de Jerusalén en 1918, el movimiento sionista fundó otras dos instituciones de educación superior en Palestina: el Instituto Technion en Haifa en 1925 y el Instituto Weizmann de Ciencias en Rehovot en 1934.

La Universidad Hebrea fue la primera universidad integral del movimiento sionista dedicada a la investigación y la enseñanza en todas las disciplinas; el Technion fue diseñado para ser un centro de ingeniería; mientras que el Instituto Weizmann se dedicó a la investigación científica para la construcción del Estado (página 88).

La investigadora muestra cómo las universidades y los centros de investigación israelíes sirven como brazo académico del Estado de seguridad israelí. Los institutos y las universidades sirven al Estado mediante investigaciones y recomendaciones políticas que tienen como objetivo no sólo mantener el dominio militar israelí, sino también socavar el movimiento por los derechos palestinos en la escena internacional.

Por ejemplo, el trabajo diario de los soldados de la Inteligencia Militar israelí viola los derechos humanos palestinos, tal y como se estipula en el derecho internacional y los Convenios de Ginebra. Muchos soldados que se graduaron en programas de posgrado especialmente diseñados en la Universidad Hebrea sirven en la Unidad 8200, la unidad más grande y central de la Inteligencia Militar.

La Unidad 8.200 es la unidad central de recopilación del ejército, responsable de recopilar todas las comunicaciones de inteligencia, incluidas las llamadas telefónicas, los mensajes de texto y los correos electrónicos. La autora concluye el capítulo subrayando que, lejos de esforzarse por convertirse en instituciones civiles, las universidades israelíes siguen ampliando sus operaciones no sólo como bases de entrenamiento militar, sino también como laboratorios de armas para el Estado.

La segunda parte del libro, titulada «Represión», comienza con la autora abordando la idea de la «ocupación epistémica» y explicando cómo las universidades israelíes impiden sistemáticamente la investigación académica crítica, la enseñanza y el debate sobre el colonialismo israelí, la ocupación militar y el apartheid.

La autora menciona la creciente lista de temas prohibidos en las universidades israelíes con el aumento de la influencia y el poder político de la extrema derecha en las últimas dos décadas. Recientemente, cualquier crítica al ejército o a los soldados israelíes se ha convertido en tabú en las universidades israelíes.

Por ejemplo, Maya Wind explica que la Universidad de Haifa tiene dos tradiciones profundamente arraigadas en el mundo académico israelí: borrar la producción de conocimiento académico palestino y socavar la investigación basada en pruebas que revela los crímenes del Estado israelí (página 119).

Las universidades israelíes se han aliado con grupos de extrema derecha y con el Gobierno israelí para restringir y controlar la investigación y el discurso relacionados con la Nakba, por ejemplo. Por extensión, el estudio crítico de la ocupación israelí, el apartheid y el colonialismo de asentamiento se describe como prohibido.

En consecuencia, los debates críticos fundamentales han sido excluidos del mundo académico israelí, ya que las universidades israelíes definen como «ilegítimas» la investigación y el debate sobre la violencia histórica y actual del Estado israelí. De este modo, privan al profesorado y al alumnado no sólo de la libertad académica, sino también de la oportunidad de debatir e intervenir en las injusticias actuales y futuras.

A continuación, la autora pasa al tema del asedio impuesto a los estudiantes palestinos y revela las restricciones impuestas a los derechos de los estudiantes palestinos a estudiar, expresarse y protestar en las universidades israelíes.

Revela cómo las administraciones universitarias restringen constantemente la presencia de estudiantes palestinos en sus campus y cómo cooperan con el Gobierno israelí para privar a los estudiantes palestinos, especialmente a los más activos, de las libertades académicas básicas. La autora afirma que, desde que se matricularon en la educación superior israelí, los estudiantes palestinos han sido objeto de criminalización, vigilancia y persecución por parte de sus universidades, en connivencia con el Estado.

La libertad académica en la educación superior israelí no se aplica a los estudiantes palestinos. Las administraciones universitarias han demostrado desde hace tiempo su subordinación al Estado, cooperando con él para protegerlo de las críticas y la rendición de cuentas por su ocupación militar y su régimen de apartheid. El Gobierno impone una censura cada vez mayor sobre cualquier debate en relación a la Nakba y la injusticia radical practicada por el Estado de Israel, ya sea contra los palestinos sometidos al régimen militar en los territorios palestinos ocupados o contra aquellos a los que considera sus ciudadanos.

Al final, la autora aclara la complicidad académica con el Estado contra los palestinos, y que actualmente no existe ningún movimiento en las universidades israelíes que pida romper los lazos con el ejército israelí y el Estado de seguridad israelí debido a sus repetidas violaciones del derecho inalienable de los palestinos a la educación y otros derechos humanos.

Incluso las organizaciones progresistas que trabajan en las universidades israelíes, como «Iniciativa Democrática Conjunta» o «Academia para la Igualdad», que incluye a profesores y estudiantes judíos israelíes y palestinos (ciudadanos), no satisfacen en gran medida las demandas de las universidades palestinas. Estos grupos activistas se han negado hasta ahora a respaldar los llamamientos palestinos para que las universidades israelíes rindan cuentas por su complicidad en las violaciones del derecho internacional por parte de Israel.

Israel considera una amenaza a los palestinos que se arman con la educación para desafiar sin vacilar el régimen de apartheid. Por lo tanto, los estudiantes palestinos son sometidos a audiencias disciplinarias, interrogatorios y detenciones en las universidades israelíes, además de secuestros, torturas, detenciones militares e incluso asesinatos en las universidades palestinas. Las universidades israelíes son pilares fundamentales de este sistema.

No sólo realizan investigaciones, forman y colaboran con las fuerzas de seguridad israelíes que mantienen la ocupación militar, sino que también trabajan junto al Gobierno israelí para reprimir a los estudiantes palestinos en sus universidades.

En última instancia, las universidades israelíes han desempeñado un papel directo en la represión por parte del Estado israelí de los movimientos estudiantiles palestinos por la liberación, y en la privación de la libertad académica de los palestinos, durante más de setenta y cinco años.

En la conclusión del libro, la autora destaca que Israel estableció y construyó instituciones de educación superior israelíes en territorio palestino y diseñó estas instituciones para que fueran herramientas para la expansión de los asentamientos judíos y el desplazamiento de los palestinos, basándose en el enfoque de las universidades que se apropian de tierras.

Las universidades israelíes no sólo participan activamente en la violencia del Estado israelí contra los palestinos, sino que también contribuyen con sus recursos, investigaciones y becas para mantener, defender y justificar esta opresión. Al final, la autora hace un llamamiento al boicot de las universidades israelíes e insiste en que no habrá libertad académica hasta que esta se aplique a todos.

En sus observaciones finales, el profesor Robin D.G. Kelley, de la Universidad de California, afirma que el objetivo del boicot es poner fin a la ocupación, desmantelar el régimen de apartheid, respetar los derechos de los refugiados palestinos estipulados por las Naciones Unidas, ampliar los derechos civiles para incluir a todos, poner fin a las detenciones militares, las incursiones repetidas, la vigilancia de las instituciones palestinas y la interrupción deliberada del proceso educativo.

El régimen de apartheid israelí no habría durado sin el enorme apoyo financiero, la legitimidad política y la protección jurídica proporcionados por Estados Unidos. La financiación militar anual de 3.800 millones de dólares (Israel es el mayor receptor de ayuda militar estadounidense de la historia) contribuye a financiar la violencia estatal, la represión y la desigualdad sin la más mínima rendición de cuentas (página 189).

Así, el profesor Kelley menciona que el régimen de apartheid israelí no habría podido persistir sin el silencio liberal en Estados Unidos. Afirma con acierto que «La verdad es que nunca habrá una verdadera libertad académica en la región sin una Palestina libre, y no puede haber una Palestina libre mientras las universidades estén bajo ocupación o sigan siendo bastiones del sionismo y el colonialismo de asentamiento. Y mientras la mayoría de los intelectuales israelíes permanezcan en silencio o no comprendan que su propia libertad está ligada a la libertad de Palestina, continuaremos boicoteando las instituciones israelíes. Silencio = Complicidad» (página 192).

Este libro es magnífico, muy informativo y bien argumentado, una documentación histórica detallada de la complicidad de todas las universidades y centros de investigación israelíes, sin excepción, en el sistema de apartheid israelí. De hecho, son uno de los brazos más importantes del Estado para justificar sus políticas que violan las normas y leyes internacionales.

Fadi Zatari es profesor adjunto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Sabahattin Zaim de Estambul.

Texto en inglés: The Palestine Chronicle, traducido por Sinfo Fernández.

Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2025/06/06/el-papel-de-las-universidades-israelies-en-el-asesinato-y-tortura-de-los-palestinos/

Muere Susan Brownmiller, la precursora de los centros de atención a víctimas de violación

7 Junio 2025 at 08:38
Por: Ernesto

Susan Brownmiller, la activista feminista estadounidense que habló de la violación como el instrumento sistemático de control y poder masculino sobre las mujeres, ha muerto a los 90 años en un hospital de Nueva York. Sus reflexiones a este respecto la convirtieron en la década de los 70 en la precursora de un nuevo lenguaje para hablar de la violencia sexual que ha llegado nuestros días.

Aquellas tesis disruptivas y atípicas para sectores conservadores de la sociedad de la época fueron la base de su libro ‘Against Our Will: Men, Women, and Rape’ (Contra nuestra voluntad: hombres, mujeres y violación), publicado en 1975.

En él, Brownmiller plasmó una definición de la violación como una cuestión política y social, y no solo legal o individual, y colocó la violencia sexual en el centro del discurso feminista de la segunda ola. Con ello, contribuyó a importantes reformas legislativas en EE.UU., incluyendo la penalización de la violación dentro del matrimonio.

La neoyorquina está reconocida como una de las intelectuales feministas más influyentes de su tiempo y su obra está incluida en la Biblioteca Pública de Nueva York entre los 100 libros más importantes del siglo XX.

Un legado que cambió el feminismo

La influencia de Brownmiller, apellido que adoptó como seudónimo en los años 60, es incontestable y perdura tanto en el activismo feminista como en el desarrollo de los estudios de género, además de en la legislación sobre violencia sexual actual.

Como cofundadora del colectivo Women Against Pornography en los años setenta, defendió una crítica feminista a la representación degradante de las mujeres en los medios. No obstante, nunca apoyó la censura. Una visión que está cobrando fuerza en la cuarta ola del feminismo vigente en la última década.

Susan Brownmiller no se casó ni tuvo hijos. En varias entrevistas señaló que fue una decisión consciente en el contexto contracultural y feminista de su época. Fue nombrada ‘Mujer del Año’ por la revista Time en 1975, y su legado es ampliamente reconocido en el feminismo contemporáneo. Gracias a él se establecieron centros de ayuda y atención para las víctimas de violación.

Susan Brownmiller nació el 15 de febrero de 1935 en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Su andadura periodística le llevó a medios como el ABC NewsNewsweek y The Village Voice. Además, se involucró activamente en el movimiento por los derechos civiles y en las protestas contra la guerra de Vietnam durante los años sesenta.

Además, es autora de varios ensayos como Femininity (1984); Waverly Place(1989), una novela basada en un caso real de asesinato infantil; In Our Time: Memoir of a Revolution (1999), una autobiografía sobre el movimiento feminista, o My City High Rise Garden (2017), sobre su experiencia cultivando un jardín en un rascacielos de Nueva York.


Fuente: https://noticiasparamunicipios.com/ellas/muere-susan-brownmiller-la-precursora-de-los-centros-de-atencion-a-victimas-de-violacion/

Siete meses sin justicia para Julia Chuñil

7 Junio 2025 at 07:00

Como Espacio Día a Día por Julia Chuñil, a siete meses de la desaparición de la dirigenta mapuche, realizaremos en Santiago el domingo 8 de Junio, a las 11.30 AM, un acto político-cultural en la plazoleta ubicada a los pies del Cerro Huelén, a pasos del metro Santa Lucía y frente al Archivo Nacional, para exigir justicia, protección a su familia y la salida de la Fiscal Esquivel de la investigación. En todo el país a partir del 6 de junio se realizarán actividades denunciando los nulos resultados de la investigación y solidarizando con la familia en Arica, Antofagasta, La Serena, Valparaíso, San Antonio, Talca, Concepción La Unión, Puerto Montt y Valdivia entre otras ciudades y localidades, como también a nivel internacional.

La  dirigenta mapuche de la comunidad indígena Putreguel, fue secuestrada el 8 de noviembre de 2024 desde el sector Los Ciruelos, Huichaco sur, de la comuna de Máfil, región de Los Ríos. El hecho ocurrió tras constantes amenazas en su contra proferidas por un empresario forestal, Juan Carlos Morstadt, que hoy figura como dueño de las tierras recuperadas por ella y no ha declarado en la investigación llevada adelante por la Fiscalía de Los Ríos.

La desaparición de Julia Chuñil Catricura, mujer mapuche de 72 años, defensora de sus tierras ancestrales, del bosque nativo y de la semilla, se enmarca en un contexto de crecientes amenazas a los defensores del ambiente y en especial a las mujeres defensoras. El 5 de junio se conmemora el día Mundial del Medio Ambiente, por lo cual con Julia Chuñil como referente, se visibilizarán también las amenazas a otras y otros defensores territoriales. En un círculo de la palabra se conversará sobre las medidas impulsadas por el gobierno de Boric y el empresariado para facilitar el avance de los megaproyectos y acallar a las comunidades; se verán aspectos jurídicos del caso, se recogerá la visión de colectivos mapuche y de la Coordinadora por Palestina, como también de quienes a continuación, hagan uso del micrófono abierto.

Esta es también una reafirmación de nuestra lucha contra la impunidad y de denuncia de la responsabilidad del Estado y sus diferentes órganos, entre ellos la Fiscalía y los tribunales que en los últimos días han vuelto a dar la espalda a Julia Chuñil. La Corte de Apelaciones de Valdivia rechazó el recurso de amparo interpuesto en defensa de su familia y el Fiscal Valencia mantuvo en el cargo a la Fiscal de Los Ríos Tatiana Esquivel, pese al sumario interpuesto en su contra y a la denuncia penal  por los apremios y trato violatorio de los derechos de Jeanette San Martín, hija de Julia Chuñil. Por su parte el Presidente de la República ignoró a Julia Chuñil en su cuenta pública del 1 de junio.

Al pie del Cerro Huelén, las voces, el canto, la poesía y la denuncia se unirán al coro de acciones y actividades en despliegue en Chile y fuera del país. No podrán acallar este clamor: #DondeEstaJuliaChuñil.

El movimiento ecologista alemán, Palestina y el camino hacia el militarismo europeo

7 Junio 2025 at 06:15
Por: Caty R

Introducción

¿Por qué el movimiento ecologista no protesta contra los costes medioambientales y sociales del rearme europeo? ¿Y por qué este que pretende ser solidario con los pueblos del Sur Global no parece preocuparse por la vida de los palestinos en Gaza?

La propaganda de la OTAN ha manipulado eficazmente la opinión pública, convenciéndola de que la paz no sólo es inalcanzable, sino también indeseable. Se nos dice que la guerra es un coste necesario para la seguridad, mientras que el rearme se vende como progreso. Los dirigentes europeos pretenden construir una sociedad de guerra [ii]. Además, el movimiento ecologista alemán no ha puesta la demanda por la paz en el centro de sus reivindicaciones, como aceptando un estado perpetuo de guerra como la nueva condición normal de la realidad europea [iii].  De esta manera los movimientos ecologistas parecen aceptar tácitamente el camino de Europa de creciente militarización. La falta de conciencia acerca de este camino hacia una «paz militarizada» en Europa revela un problema más profundo dentro del movimiento ecologista alemán.

La ecología como crítica estructural

Como punto de partida, es esencial diferenciar entre las ecologías de la abundancia en el Norte y la ecología de la escasez en el Sur. A pesar de sus evidentes defectos, esta distinción sigue siendo crucial, incluso aunque las fuerzas del neoliberalismo y el militarismo desenfrenados impongan ahora nuevas lógicas de austeridad y pobreza estructural en la propia Europa. Joan Martínez-Alier acuñó el término «ecología de los pobres» para subrayar las diferencias entre estas ecologías, lo que ahora se refleja en el apoyo a diferentes luchas, no sólo «medioambientales» [iv]. Históricamente, ha habido una conexión directa entre las críticas a los sistemas de producción que externalizan la contaminación y emisiones al Sur Global, mientras se cosechan los beneficios del consumo en el Norte. Durante los años sesenta y setenta, los análisis de las enormes desigualdades entre el Norte y el Sur se centraban sobre todo en criterios económicos [v]. Sin embargo, las preocupaciones ecológicas se han ido integrando cada vez más, dando lugar al campo multidisciplinar de la ecología política [vi]. Economistas, antropólogos y geógrafos intentan explicar la persistencia de relaciones desiguales entre el Norte y el Sur, entre el «mundo desarrollado» y el «mundo en desarrollo», en cuyas interpretaciones actuales las estructuras de poder neocoloniales se han vuelto más evidentes[vii]. Conceptos como la «sociedad de la externalización revelan estas estructuras ocultas de la explotación global, en lo que respecta a la interconexión de las realidades ecológicas[viii]. Los sujetos subalternos -pobres, campesinos e indígenas- han sufrido los embates de un régimen extractivo capitalista que destruye el tejido ecológico, marcado por años de experiencia de vivir en un régimen global extractivista, que coloca los riesgos de las catástrofes a su población más desfavorecida. Estas realidades -marcadas por desastres medioambientales y catástrofes socio-naturales- han elevado la conciencia ecológica a una cuestión fundamental de justicia que no puede desvincularse de realidades eco-políticas y sociológicas más amplias. Esto se traduce en una perspectiva ecológica interseccional, que no puede separarse de demandas más amplias de justicia histórica, social y política. Esta característica distingue al movimiento ecologista «del Sur» de sus homólogos «del Norte» en cuanto a la profundidad de sus luchas.

La nueva agenda militarista europea

El derroche masivo de recursos energéticos y minerales gastados en el plan de militarización agravará inevitablemente la crisis climática. Sin embargo, el silencio de la población europea ante el rearme y el genocidio se explica por una campaña sostenida de miedo, censura y propaganda[ix]. Lo que va quedando de la “agenda verde”debe encajar en la lógica necropolitica del capitalismo, a la vez de estar atrapados en una visión ecocida de ilimitado crecimiento económico. 

Las élites políticas y financieras parecen haber dejado ya de lado las promesas de una «economía verde» en favor de empresas más lucrativas, reorientándose hacia la industria armamentística y de seguridad. El Plan «Rearm Europe/Readiness 2030» propone apalancar más de 800.000 millones de euros en gastos de defensa mediante flexibilidad fiscal nacional»[x]. Europa quiere construir su propio complejo militar-industrial, abandonando los frenos de deuda autoimpuesta que alguna vez le ayudó a gestionar eficazmente su deuda pública. Al liberarse de este freno institucional, Europa es ahora libre para comprar más armas, presentando como una «inversión» en su seguridad a largo plazo[xi]. Esto llevará al endeudamiento de la ciudadanía europea -más austeridad y pobreza-, drenando fondos públicos hacia los fondos privados.

Gracias a este giro militarista en Europa, el complejo militar-industrial estadounidense seguirá prosperando gracias a la guerra ruso-ucraniana, crecientemente financiado por los contribuyentes europeos. Una situación en la que todas las elites salen ganando: las élites militares, económicas y políticas se beneficiarán, mientras que la opinión pública se pacificará con miedo y distracción. En Europa, los líderes políticos desvían la responsabilidad culpando a Rusia o utilizando a los inmigrantes como chivos expiatorios. La seguridad fronteriza y la deportación masiva serán la norma para hacer frente a las nuevas «amenazas» internas declaradas de Europa, ahora que los opositores al genocidio de Gaza incluso enfrentan la posible deportación[xii]. Es el nuevo recetario autoritario tipo trumpista que Europa repite al pie de la letra. 

La burbuja alemana

El movimiento ecologista alemán experimentó un resurgimiento en 2018 con el auge de Fridays for Future(FFF), seguido de la aparición de otros grupos ecologistas en Alemania como Extinction Rebellion y Letzte Generation[xiii]. A pesar de gozar con amplias simpatías en la población, sobre todo en sus inicios, sus tácticas de desobediencia civil empleadas durante los últimos años han provocado reacciones más críticas. Los principales medios de comunicación han vilipendiado sus acciones y la opinión pública alguna vez favorable, se ha ido enfriando[xiv], mientras que los activistas han sido criminalizados por la prensa y algunos gobiernos federales[xv].

En la página web de Letzte Generation, en una carta al Presidente alemán F. W. Steinmeier, el colectivo expresa su preocupación por el ascenso de la derecha en Alemania, así como por la destructiva aceleración industrial[xvi]. Se exige una mayor «honestidad» a la hora de hablar a los ciudadanos alemanes sobre lo que les depara el futuro. Otra publicación aborda el elefante en la habitación, pidiendo el fin de los combustibles fósiles (gas, carbón y petróleo) y el desarrollo más amplio de fuentes de energía alternativas limpias[xvii]. Sin embargo, nada se dice sobre fin de la guerra ni del fin de las matanzas en Gaza, como si ambos acontecimientos no tuvieran nada que ver con el Gobierno alemán. 

Por otro lado, el grupo Extinction Rebellion pareciera ser más radical[xviii], abogando por la justicia climática, la necesidad de hacer frente a la crisis climática, preservar la biodiversidad planetaria, resistir a las estructuras de poder, replantear la democracia, e incluso se refiere al postcrecimiento como una necesidad ineludible para la supervivencia planetaria[xix]. Sin embargo, su página web tampoco pide explícitamente el fin de la guerra en Ucrania ni en Gaza.

Si conciencia ecológica significa ser consciente de estas profundas conexiones, como señaló Jason Hickel: «esto es lo que pasa con la ecología, todo está interconectado»[xx], entonces, ¿cómo podemos entender esta mentalidad que pasa por alto las injusticias que ocurren con la ayuda directa del gobierno alemán?

La estrechez de miras de esta mentalidad es aún más notable teniendo en cuenta las luchas medioambientales en el Sur Global, como dijo Luisa Neubauer, portavoz de Friday For Future (FFF), en una entrevista.

«Es diferente para los activistas del Sur Global o en posiciones de partida fundamentalmente menos privilegiadas, donde las luchas son completamente diferentes y están más estrechamente interrelacionadas. Por eso hay cierta desconfianza entre algunas personas cuando en Alemania decimos que estamos comprometidos con la justicia climática. Porque temen que no seamos serios».

Neubauer demuestra cierto grado de conciencia de que la justicia climática no puede separarse de las luchas contra la opresión política y la desigualdad estructural. En la entrevista[xxi], Neubauer se distanció del movimiento internacional FFF debido a la supuesta «falta de compromiso con la vida judía» tras los atentados de Hamás en octubre de 2023. En noviembre de 2023, Neubauer criticó duramente la falta de solidaridad de Greta Thunberg con los judíos israelíes, sin tener en cuenta los miles de mujeres y niños palestinos ya asesinados por la maquinaria de guerra israelí[xxii]. Su defensa selectiva expone una inquietante indiferencia hacia las poblaciones más afectadas por el sistema destructivo al que dicen oponerse.

Neubauer menciona la tensión en torno al conflicto Israel-Palestina dentro del movimiento ecologista. En su opinión, antes de que se produjeran los atentados, el movimiento había conseguido trabajar unido a pesar de haber tensiones internas en torno al tema «Israel-Palestina». Sin embargo, tras los atentados, el movimiento FFF Alemán se alineó más estrechamente con la postura proisraelí del gobierno y los medios de comunicación alemanes, distanciándose del movimiento internacional.

La entrevista antes citada también se refería a la consideración de los palestinos como pueblo indígena:

ZEIT: «Así que, traducido: Los israelíes son los blancos, los opresores, los privilegiados. Los palestinos son los morenos, los oprimidos, por los que hay que luchar. ¿Lo hemos entendido bien?»

Neubauer: «No es mi opinión personal, sino una consecuencia de un discurso que veo a nivel internacional. Además, los palestinos son leídos como indígenas en gran parte del discurso internacional. Y cuando hablamos de justicia climática, los indígenas están en el centro de muchas luchas. Sufren enormes injusticias, aunque también son quienes protegen gran parte de los ecosistemas y la biodiversidad. Creo que estamos viendo que incluso la interseccionalidad puede llegar a sus límites. Y ahí es donde, en la búsqueda del mayor sufrimiento, se abren jerarquías de sufrimiento y apenas se permiten contradicciones».

El tono irreverente del entrevistador refleja la hostilidad hacia los marcos poscoloniales que presentan a los palestinos como indígenas y a los israelíes como colonos. En Alemania y otros lugares, la teoría poscolonial y decolonial ha sido cada vez más atacada, tachada de «antisemita» debido a su compromiso con perspectivas antisionistas y anticoloniales[xxiii]. Muchos alemanes son de hecho incapaces de reconocer el carácter colonial de Israel.

A pesar de que Neubauer se distancia de estas interpretaciones, reconoce su importancia en el discurso internacional. Sin embargo, este reconocimiento sigue siendo abstracto, incapaz de desafiar la narrativa dominante dentro de Alemania, donde las críticas a Israel se reprimen agresivamente, situación que ya rayana en un estado policial[xxiv]. Los hechos y datos históricos y la solidaridad mundial no penetran fácilmente en la endurecida burbuja ideológica sostenida por los medios de comunicación liberales y la alineación política con las políticas israelíes en Alemania[xxv].

Dada la intensidad con la que se reprimen y criminalizan las protestas propalestinas[xxvi], la postura de Neubauer es, hasta cierto punto, comprensible, aunque no defendible. El panorama mediático ha creado un clima en el que reconocer abiertamente este genocidio puede poner fin a cualquier carrera profesional. La postura de Neubauer no sólo refleja la disonancia cognitiva en la que viven muchos alemanes, sino que también contribuye al giro autoritario más amplio que ha criminalizado la disidencia[xxvii] con medidas cada vez más abiertamente represivas y autoritarias[xxviii].Esto subraya la profunda contradicción entre el compromiso autoproclamado de Alemania con los derechos humanos y su apoyo inquebrantable a Israel ante un genocidio en ciernes[xxix].

Ahora en Europa estamos empezando a escuchar críticas más fuertes contra las políticas de exterminio del Estado israelí[xxx], también en la prensa alemana, lo que demuestra que tras 19 meses de genocidio será más difícil para los medios negar este genocidio[xxxi]. Sin embargo, la última muestra de solidaridad del nuevo Gobierno alemán con el comportamiento genocida de Israel pone de manifiesto cierta fractura interna en el discurso pro sionista[xxxii].Pero que no nos engañen esta farsa, porque quizás cambian los tonos para que en los hechos nada cambie. A fin de cuentas, el autodenominado “mundo libre” sigue comprometido con el genocidio a los palestinos, mientras que Israel se va aislando cada vez más a nivel mundial como un Estado paria.

En este contexto, la crítica atenuada del movimiento ecologista alemán, y su silencio sobre Gaza (el hecho que Luisa Neubauer recientemente pidió al gobierno alemán un cambio de rumbo en la “política hacia Israel”[xxxiii] no cambia nada) y también su silencio acerca del peligroso rearme de Europa apuntan a tranquilizar la mala conciencia de las subjetividades del Norte Global, cuyos elevados niveles de vida y patrones de consumo no solo se construyen sobre la base de la extracción y la explotación en otras partes del mundo[xxxiv] sino que se basa en un estatus quo que implica un genocidio. En este sentido, el ecologismo del Norte se convierte en una versión atenuada de conciencia ecológica que interpreta los procesos de lucha decolonial como una mera metáfora de lucha en términos abstractos[xxxv]. Se trata de una postura profundamente provinciana y despolitizada que, a pesar de sus reivindicaciones y de su supuesta radicalidad, prefiere ignorar las estructuras coloniales e imperialistas que lideran y sostienen las élites políticas de Europa y Estados Unidos.

Adormecidos vamos hacia la destrucción.

El famoso concepto de destrucción creativa de Joseph Schumpeter reflexiona sobre la naturaleza destructiva del capitalismo a través del crecimiento económico y la constante innovación técnica. Marx y Polanyi describieron el capitalismo como un sistema nacido de la desposesión y el cercamiento de los bienes comunes[xxxvi]. El sistema operativo básico del capitalismo es la búsqueda de nuevos mercados y territorios que conquistar. Sin embargo, se produce una crisis cuando el imperativo del crecimiento eterno choca con la realidad de que ya no quedan nuevos mercados por conquistar. Una vez que el sistema se ha expandido por todo el planeta, la destrucción se convierte en la nueva frontera[xxxvii], creando nuevas oportunidades para una acumulación renovada, especialmente cuando el capital puede pivotar hacia la financiación de la reconstrucción de posguerra.

De este modo, la crisis de superpoblación y la crisis de los límites del capital podrían «resolverse» simultáneamente mediante nuevos modelos de destrucción creativa. Marx advirtió que en sus fases terminales, el capitalismo se volvería destructivamente contra las mismas instituciones y mercados que una vez creó. Las guerras comerciales autodestructivas de Trump ejemplifican esta espiral acelerada de decadencia. En un planeta con recursos limitados, el crecimiento económico constante es un camino suicida que acabará canibalizando sus cimientos[xxxviii].

Con el rearme europeo en marcha, el emergente complejo militar-industrial europeo ofrece una nueva vía para la acumulación global de capital. Incluso si estalla una gran guerra, su devastación ofrecerá la oportunidad de renovar la circulación de capital, y esta sombría realidad hace dolorosamente cierta la famosa observación de Fredric Jameson: «Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.» [xxxix] Tristemente este escenario no es descartable, sobre todo en vista al clima político apocalíptico fomentado por los aliados fascistas, mesiánicos, cristiano-evangélicos y sionistas de Trump, que parecen estar preparando el terreno para un escenario de fin de los tiempos [xl]. Mientras la opinión pública alemana permanece de brazos cruzados, las condiciones para una gran guerra están cada vez más maduras. Con un hombre tan abiertamente fascista como Donald Trump a la cabeza de un imperio militarista en declive, una gran guerra parece sólo cuestión de tiempo.

Contra el telón de fondo de la violencia genocida, la desposesión y el imperialismo desenfrenado, el ecologismo alemán no parece reconocer este desafío existencial, arriesgándose a permanecer atrapado en su propia burbuja de confort despolitizado, inconsciente y comprometido con las fuerzas que continúan destruyendo el tejido ecológico del planeta, sin estar dispuesto a enfrentar esta realidad.

A ver si por fin despiertan de su profundo letargo, si no cuando peligre su bienestar, al menos cuando sus propias vidas se vean amenazadas por la impresionante crueldad de la kakistocracia europea [xli]. Los movimientos ecologistas del Norte deben unirse como una fuerza pacifista y movilizarse en contra de este camino ya emprendido hacia la ruina global. De lo contrario, no quedará planeta, pueblo ni medio ambiente que defender. La lucha por la liberación de Palestina, lejos de ser periférica, debería importar a cualquiera que conserve un mínimo sentido de la humanidad, ya que todo un pueblo es aplastado ante los ojos del mundo. Si esta máquina pretende devorarnos a todos, que haya al menos algo de resistencia. Seamos esas piedras que detienen las ruedas de esta horrenda máquina de guerra devoradora de vidas.

Este texto fue previamente publicado en inglés en The Left Berlin

Notas:

[i]Me gustaría dar las gracias a mis colegas de DECOCO-Berlín y especialmente a Olivia Langhorn por sus incisivos comentarios y la revisión del texto. También me gustaría expresar mi profundo respeto y solidaridad a todos los valientes de todo el mundo, especialmente de Alemania y Estados Unidos, que protestan en las calles contra el genocidio de Gaza, sufriendo todo tipo de violencia, doxing, difamación, brutalidad policial, represión y deportación.

[ii] https://www.freiheit.org/de/krieg-europa-das-ende-des-pazifismus; https://www.zeit.de/politik/ausland/2022-04/friedenspolitik-deutschland-gruene-afd-ukraine-waffenlieferung/seite-2

[iii] https://www.freitag.de/autoren/ingar-solty/erst-maoisten-jetzt-anti-china-falken-huetet-euch-vor-der-gruenen-aussenpolitik

[iv] Martinez-Alier, Juan & Guha, Ramachandra. (2000). Varieties of environmentalism. Essays North and South. Earthscan Publication

[v] Smith, Neil. (2008). Uneven Development. Nature, Capital and the Production of Space. University of Georgia Press; Wallerstein, Immanuel. (2005). Análisis de Sistemas-mundo. Una introducción. Siglo XXI

[vi]Robbins, Paul. (2012). Political Ecology A Critical Introduction (2da.). Blackwell Publishing; Alimonda, H. (2002). Ecología política: Naturaleza, sociedad y utopía. CLACSO-Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.; Leff, Enrique. (2003). La ecología política en América Latina. Un campo en construcción. Revista Sociedad e Estado, 18, 17–40. Leff, Enrique. (2004). Racionalidad Ambiental. La reapropiación social de la Naturaleza. Siglo XXI.

[vii] Quijano, Anibal. (2014). Colonialidad del poder y clasificación social. In Epistemologías del Sur (perspectivas). Boaventura de Sousa Santos y Maria Paula Meneses (Eds.)(pp. 67–107). Akal.

[viii]Lessenich, S. (2016). Neben uns die Sintflut: Die Externalisierungsgesellschaft und ihr Preis (1st ed.). Hanser Berlin.

[ix]https://multipolar-magazin.de/artikel/cognitive-warfare-nato

[x]ReArmEurope Plan/Readiness 2030, (P.1)

[xi]https://www.welt.de/politik/ausland/article255751580/Bruessel-EU-plant-massive-Aufruestung-bis-2030-800-Milliarden-Euro-stehen-im-Raum.html

[xii]https://theintercept.com/2025/03/31/germany-gaza-protesters-deport/

[xiii] Para una reconstrucción útil de esta historia véase el libro de A. Malm. https://archive.org/details/how-to-blow-up-a-pipeline-andreas-malm

[xiv]https://www.berliner-zeitung.de/politik-gesellschaft/letzte-generation-sorgt-fuer-halbierung-der-unterstuetzung-fuer-klimabewegung-in-deutschland-li.372873

[xv]https://www.greenlegal.eu/publikationen/gutachten-stellungnahmen/

[xvi]https://letztegeneration.org/erklaerung/

[xvii]https://letztegeneration.org/der-elefant-im-raum/

[xviii]https://extinctionrebellion.de/wer-wir-sind/unsere-forderungen/

[xix]https://extinctionrebellion.de/wer-wir-sind/postwachstum/

[xx]Hickel, Jason. (2021). LESS IS MORE. Pinguin Random House.

[xxi]https://www.zeit.de/zeit-magazin/leben/2023-10/luisa-neubauer-greta-thunberg-israel-gazastreifen

[xxii]https://www.welt.de/politik/deutschland/article248281142/Luisa-Neubauer-Dass-Greta-Thunberg-nichts-zu-den-juedischen-Opfern-gesagt-hat-enttaeuscht-mich.html

[xxiii]Elbe, I. (2024). Antisemitismus und postkoloniale Theorie: Der »progressive« Angriff auf Israel, Judentum und Holocausterinnerung (1st ed.). edition TIAMAT.

[xxiv]https://www.gedenkstaettenforum.de/aktuelles/publikationen-rezensionen/details/antisemitismus-erkennen-symbole-codes-und-parolen

[xxv]https://jacobin.com/2024/05/germany-afd-liberalism-militarism-authoritarianism

[xxvi] Véase Gary, Roser. https://vientosur.info/alemania-un-ano-siendo-complice-de-genocidio/

[xxvii] Véase el reportaje de AlJazeera sobre la situación en Alemania. https://www.youtube.com/watch?v=CGHfIP7XcnM

[xxviii] Véase la entrevista ”El declive de Europa ya no tiene vuelta atrás” con la Dra. Ulrike Guérot. https://www.youtube.com/watch?v=cT6eNVVJXys&t=1204s

[xxix]https://jacobin.com/2024/04/germany-anti-palestinian-anti-communism

[xxx]Empörung über Gaza-Offensive: London, Paris und Ottawa drohen Israel mit Sanktionen

[xxxi] Tras 19 meses de encubrimiento y justificación del genocidio por parte de los medios de comunicación alemanes, ahora, ante la nueva ofensiva terrestre de Israel en Gaza, el complejo mediático alemán está utilizando un tono más duro: Véase por ej. TAZ: Krieg in Gaza: Ein bodenloser Plan | taz.de; Der Spiegel: Israel-Gaza-Krieg: Palästinenser berichten von zahlreichen Toten nach Offensive – DER SPIEGEL; WDR: Großangriff auf Gaza: Was das für die Menschen bedeutet – Nachrichten – WDR

[xxxii]https://www.zeit.de/gesellschaft/deutschland/2025-05/jubilaeum-deutschland-israel-frank-walter-steinmeier-beginn-reise

[xxxiii]Luisa Neubauer & Co. fordern Kurswechsel in deutscher Israelpolitik

[xxxiv]Liboiron, Max. (2021). Pollution Is Colonialism. Duke Univesisy Press.

[xxxv]Tuck, E., & Yang, K. W. (2012). Decolonizationis not a metaphor. Decolonization: Indigeneity, Education&Society, 1(1). https://jps.library.utoronto.ca/index.php/des/article/view/18630

[xxxvi]Polanyi, Karl. (2012). La Gran transformación.  Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. F.C.E.

[xxxvii] Valencia, S. (2010). Capitalismo gore. Melusina.

[xxxviii]Fraser, N. (2022). Cannibal Capitalism: How our System is Devouring Democracy, Care, and the Planet – and What We Can Do About It (1st ed.). Verso Books

[xxxix]Jameson, Frederick. (2003). Future City. New Left Review, 21, 65-79.

[xl]Klein, N., & Taylor, A. (2025, April 13). The rise of end times fascism. The Guardian. https://www.theguardian.com/us-news/ng-interactive/2025/apr/13/end-times-fascism-far-right-trump-musk

[xli] Cornejo P., S. M. (2025). Caquistocracia Europea, el gobierno de los incapaces. From https://eldesconcierto.cl/2025/05/06/caquistocracia-europea-el-gobierno-de-los-incapaces

¿Una nueva fase del capitalismo o la lógica del resorte?

6 Junio 2025 at 06:30
Por: Caty R

1.- Donald Trump 2.0, el avance de la derecha nacionalista en Europa (Italia, Francia, Alemania, Países bajos, Suecia), el fortalecimiento de los nacionalismos en diversas partes del mundo, han permitido que una serie de personas, tanto en la academia como en el periodismo, hablen de que lo que se está viviendo es el fin de lo que se conoció como Neoliberalismo (en América Latina) Liberalismo (en Europa y Estados Unidos).

Lo que en términos estrictos no era sino una fase intensiva de la internacionalización del capital, por medio de un proceso de deslocalización de la inversión, lo mismo que una dinámica de deslocalización de los procesos productivos y del trabajo, a la par de una nueva dinámica de acumulación por despojo, que empalidecía a lo que se conoció como la Acumulación Originaria de Capital, y un abandono paulatino de cualquier intervención del Estado Nación en los procesos productivos, a la par de un proceso de privatización de todo lo que tiene que ver con lo público, en especial, la seguridad social.

Esa fase a su vez había generado un proceso de crisis del Estado Nación y con él de una serie de viejas instituciones que se crearon a su vera (sindicatos, partidos políticos, división de poderes, parlamentos, Supremas Cortes de Justicia, etc.). El conjunto de instituciones de lo que se conoció como democracia burguesa crujían, algunas fueron desarticuladas y otras neutralizadas.

Además de promover la implementación de una guerra total en contra de la humanidad, algunas veces llevada a cabo por medios militares, otras por medio de bombas financieras, otras por medio del exterminio del Otr@. En una dinámica perversa en la que cada vez se conquistaban más derechos por medios de leyes que, de manera constante, eran negados en la realidad por medio del exterminio (feminicidios, desapariciones, racismo desbordado, eliminaciones de pueblos, tierra arrasada que obliga a los seres humanos a moverse de sus pueblos, migración de millones de personas, etc.) y el desprecio.

2.- Entonces, se dice, estaríamos entrando a una nueva fase del capitalismo que regresaría sobre sus pasos:

a) El resurgimiento de una política proteccionista que buscaría privilegiar la producción industrial nacional, terminando con el proceso de internacionalización de capital, por medio de políticas arancelarias que tendería a terminar con la deslocalización del capital y lograr la reindustrialización, en particular, de los Estados Unidos.

b) La reconformación de zonas de influencia en el mundo, con un mundo occidental dominado por los Estados Unidos, una Europa Oriental dominada por Rusia y un extremo oriente dominado por China.

c) En ese mundo existiría una posición predominante de los Estados Unidos, quien determinaría los límites tanto de Rusia como de China.

d) Además buscaría generar un nuevo acuerdo de control en medio oriente con la conformación de una alianza establecida formalmente entre Egipto, Arabia Saudí, Catar y sobre todo el Estado sionista de Israel. Tratando de eliminar a las diversas organizaciones que se salgan de ese gran acuerdo (Hamas, Hezbolá, ISIS, La República Islámica de Irán, el ex Partido del Trabajo Kurdo, varios de los cuales están enfrentados entre sí y que, desde luego, no son iguales).

e) En lo fundamental la ideología que dominaría es lo que algunas llaman el nuevo fascismo (o el fascismo del fin de los tiempos) o una nueva derecha nacionalista, xenófoba, misógina, homofóbica, negacionista, que parte de creencias religiosas, anticientíficas y anticulturales.

f) El resurgimiento del Estado Nación, por medio de una política que tiende a anular la vieja democracia representativa, lo mismo que sus instituciones (lo que en Estados Unidos llaman comoDeep State). Donde el Bonaparte en turno gobierna por medio de decretos, controlando-anulando a los parlamentos y a los sistemas de justicia, al ponerlos bajo su dominio, proceso que recorre muchas partes de la geografía mundial.

¿Viabilidad o whishful thinking?

Entonces analicemos el fenómeno tratando de alejarnos lo más posible del mundo aparencial que todo esto ha generado. Iniciando con la forma en que el capitalismo está organizado y lo que son sus mecanismos de funcionamiento más allá de lo que se expresa en el terreno de la política y la ideología.

Primero que nada, es indispensable romper con una visión geopolítica limitada, que siempre confunde los intereses de tal o cual persona o corriente o fracción del poder con los intereses tanto del capital como de los que sufren las consecuencias de este y los que luchan en contra de él. El análisis geopolítico aislado, casi siempre, confunde ideología con realidad. Y, desde luego, casi siempre, ignora completamente la lucha de clases, para desarrollar la idea de conflictos entre Estados. Esa visión del análisis político deja a los de abajo como simples espectadores de lo que los aparatos de control estatal o social o incluso individuos con poder económico y mediático piensan, desean o vociferan.

Lo fundamental en las relaciones capitalistas, lo que determina todo es la forma de apropiación de los medios de producción. No es lo mismo la forma que tenía esa apropiación en el origen de este sistema con lo que se vivió en lo que se conoció como fase imperialista, por medio del desarrollo de los monopolios y del capital financiero, con lo que se conoció como capitalismo tardío con la automatización de la producción y la reducción del tiempo de la rotación del capital. Y la nueva forma que ha adquirido esa apropiación desde 1980, en lo que conoció como neoliberalismo, que no fue otra cosa que un proceso de reestructuración productiva, un relanzamiento del despojo, una deslocalización del capital y del trabajo y el retorno del capital ficticio de manera abrumadora.

Entonces para poder hablar de un regreso del capitalismo a fases anteriores es indispensable discernir si esas formas del capitalismo han cambiado o seriamente existe un proyecto para cambiarlas.

Pero antes que nada es indispensable refutar a aquellos que, impresionados con los cambios que vivía el capitalismo en esta nueva fase conocida como neoliberalismo, fueron víctimas de los cantos de sirena y trasmitieron un cierto enamoramiento sobre esta fase a la que supuestamente combatían.

El capitalismo es por esencia un sistema inestable (el simple hecho de que está basado en la autovalorización, por medio del trabajo no pagado, lo hace inestable), esa inestabilidad permite que para sobrevivir tenga que pasar por encima de todo lo que tenga enfrente y, muchas veces, a su lado, comenzando por la naturaleza. No existe la fábula de un capitalismo estable, que puede controlar sus impulsos destructores por medio de buenos gobernantes o de mecanismos monetarios, o peor con base en ideologías baratas, que hablan de que es viable un capitalismo bueno; ese animal no existe.

El capitalismo llegó chorreando sangre y ha continuado chorreando sangre, durante todo su devenir y no hay nada que indique que esto se va a modificar. Por eso a pesar de casi destruir al Estado Nación por la internacionalización de los procesos productivos no dio, porque no puede dar, pasos serios en la construcción de un Estado supranacional que asegurara un mundo idílico para el capital. El capitalismo tiene como religión la competencia que significa la explotación del trabajo, el despojo de los bienes terrenales y la eliminación de los capitales más débiles.

En su esencia se encuentra la dinámica de destrucción no sólo de los dominados sino también entre los capitalistas mismos. La competencia no sólo subsistió en esta nueva fase del capitalismo sino que se hizo más aguda, más inclemente.

Es ahí donde se encuentra la lógica final de la destrucción del mundo y la lógica de buscar las nuevas zonas de salvación (la creación de bunkers en Groenlandia, o en Hawái) de los más poderosos (pero esto que es una tendencia, sería un error telescopiarla. El capitalismo no se va a suicidar. Mucha agua pasará bajo el puente).

Por lo tanto un capitalismo armónico y estable es una antinomia.

Las consecuencias de un proceso arrasador de la internacionalización de capital

Lo que pasa es que el proceso de internacionalización del capital ha sido tan arrasador que inevitablemente tenía que generar una reacción (ya sea conservadora o populista, que no son excluyentes). Esa reacción hoy llega a su punto más alto con Donald Trump 2.0. Presidente de la potencia militar más poderosa de la historia de la humanidad, rodeado por un hato de empresarios-ideólogos de un pensamiento fascista tecnológico, al que caracterizo como lumpenburguesía.

Ese proceso de internacionalización generó un resurgimiento del pensamiento nacionalista más primario y atrasado. Todo nacionalismo es excluyente, minimizador, empobrecedor. Pero si ese nacionalismo vulgar gana las elecciones en el país más poderoso militarmente hablando, todo es más peligroso.

Quien más claramente vislumbró está situación fueron los hermanos zapatistas, cuando en 2018 señalaron lo siguiente:

Estos tres elementos de esa crisis compleja (están hablando de la crisis ambiental, la crisis migratoria y la crisis energética. Nota mía), ponen en entredicho la existencia misma del planeta.

¿La crisis terminal del capitalismo? Ni de lejos. El sistema ha demostrado que es capaz de superar sus contradicciones e, incluso, funcionar con ellas y en ellas.

Entonces, ante esas crisis que el mismo capitalismo provoca, que provoca migración, provoca catástrofes naturales; que se acerca al límite de sus recursos energéticos fundamentales (en este caso el petróleo y el carbón), parece que el sistema está ensayando un repliegue hacia dentro, como una antiglobalización, para poder defenderse de sí mismo y está usando a la derecha política como garante de ese repliegue.

Esta aparente contracción del sistema es como un resorte que se retrae para luego expandirse. En realidad, el sistema se está preparando para una guerra. Otra guerra. Una total: en todas partes, todo el tiempo y con todos los medios.

Se están construyendo muros legales, muros culturales y muros materiales para tratar de defenderse de la migración que ellos mismos provocaron; y se está tratando de volver a mapear el mundo, sus recursos y sus catástrofes, para que los primeros se administren para que el capital mantenga su funcionamiento, y las segundas no afecten tanto a los centros donde se agrupa el Poder.

Estos muros van a seguir proliferando, según nosotros, hasta que se vaya construyendo una especie de archipiélago de arriba donde, dentro de islas protegidas, queden los dueños, digamos, los que tienen la riqueza; y afuera de esos archipiélagos quedamos todos los demás. Un archipiélago con islas para los patrones, y con islas diferenciadas –como las fincas- con labores específicas. Y, muy aparte, las islas perdidas, las de l@s desechables. Y en el mar abierto, millones de barcazas deambulando de una a otra isla, buscando un lugar para atracar1/.

Ese resorte retrotrayéndose es lo que parece que estamos viviendo. La extensión del proceso de internacionalización del capital fue de tal dimensión que no sólo generó un nuevo mapa productivo mundial, sino también el sentimiento de orfandad de sectores importante de las poblaciones de varios de los que formaban parte de los Estados Nacionales imperiales.

En especial en los Estados Unidos de América (EUA) esto se había venido expresando de diversas maneras, con el surgimiento de un sector muy importante de la clase trabajadora norteamericana blanca (pero no únicamente) y de viejos granjeros arruinados desde hace varias décadas y de una serie de empleados del sector servicios que han vivido la pérdida de sus casas, deudas impagables en sus diversas tarjetas de crédito. Todos ellos empobrecidos por la nueva forma de organización productiva que el capitalismo generó con la internacionalización del capital.

Entonces no era la crisis de los años 20s y 30s en Alemania y el rencor de los alemanes en contra del Pacto de Versalles, pero sí era la generación del rencor y el odio hacia un enemigo inventado por los medios de comunicación, las redes sociales; ese enemigo eran los habitantes y los países a donde se fue la inversión productiva y en consonancia con estos, la recreación de un candidato y una campaña que ha pasado por encima, pisoteando a los dos viejos partidos hegemónicos del pasado y el conjunto de instituciones de la democracia representativa norteamericana. Porque solamente alguien muy ingenuo puede pensar que quien ganó fue el partido republicano.

Atrás de ese rencor y esa rabia también se encuentra la forma de organización de la producción en su proceso cuasi frenético de internacionalización. Todo lo que se conoció como un proceso de deslocalización, no sólo de la producción sino también del trabajo, de la inversión y de las cadenas productivas.

Ya en otros momentos se han dado varios intentos para frenar esa internacionalización del capital: el Brexit, el primer gobierno de Trump, pero es ahora, con el segundo mandato trumpista que este resorte parece encogerse al máximo, tanto que muchos analistas económicos, tanto de derecha como de izquierda, ya decretaron la muerte del llamado neoliberalismo, algunos con gran entusiasmo y otros con lágrimas en los ojos (en especial eso lo podemos observar entre algunos sectores de izquierda, como en México donde los militantes de Morena se han convertido en los principales defensores del libre comercio, más allá de algunos rubores).

Lo que subyace en este planteamiento de que ya acabó el neoliberalismo es un análisis geopolítico. Todos los que tienen esa visión son víctimas de la política de shock que desde Washington está implementando un lumpenburgués que sueña con la destrucción del Otro. La lumpenburguesía que está en la oficina oval juega, literalmente juega, con la idea de que hay que tener a todo el mundo comiendo del plato que ellos sirven todos los días. Lograr que los diarios impresos no puedan más que comentar noticias que ya son viejas, porque una nueva ya salió. Una política que tiene en las redes sociales su nueva catedral (en especial su red social Truth social que forma parte de un negocio bajo el nombre de Trump Media & Technology Group), donde cada minuto sale un sermón, una admonición, una amenaza, que juega a fondo con los sentimientos de los ciudadanos norteamericanos y que pone los pelos de punta a los gobernantes de otros países y, desde luego a millones de seres humanos en Ucrania, Palestina, Groenlandia, Panamá, México y Europa.

Pero al mismo tiempo es un hecho innegable que ese resorte busca responder a lo que ha sido el impresionante deterioro de las condiciones de vida de la población norteamericana; desde 1980 no ha disminuido el porcentaje de pobreza en ese país, dando como resultado que un poco más del 11 % vive en pobreza, es decir 36.8 millones de personas [se ha mantenido la notación original en que el punto señala los decimales y la coma los millares].

El proceso de deslocalización del capital y del trabajo trajo como consecuencia la desindustralización de regiones enteras de ese país (esto también se vivió en Europa). El incremento de las desigualdades, la pérdida de casas habitación (en la que jugó un papel fundamental la rapacería del capital ficticio), la desesperanza al sentirse abandonados y desplazados, y el incremento del racismo y la xenofobia que hoy campea entre capas enteras de la población blanca, pero no únicamente.

Trump tuvo la virtud de basarse en esos sentimientos para generar la típica visión de amigos y enemigos. Los enemigos son todos los que, según esta visión, han saqueado al pueblo norteamericano, a saber, todos los países y gobiernos del mundo. No las empresas que deslocalizaron su inversión sino los trabajadores de lo que antes se conocía como tercer mundo.

Los migrantes tan humillados… y tan indispensables

El otro gran enemigo inventado son los migrantes. La migración es una necesidad para el capitalismo, tanto norteamericano como europeo. El proceso de envejecimiento de los países desarrollados es un hecho innegable, la edad media en el mundo así lo evidencia: Europa tiene una edad media de 42.5 años; Estados Unidos y Canadá 38.6 (si esto se desglosara entre partes de la población de los Estados Unidos, la población blanca tendría más de 41 años); Japón 48.2 y Corea del sur 42.1. Latinoamérica 29.1; Asia 30.3 (si quitáramos a Japón ese promedio sería más bajo) y África 19.7 años.

El envejecimiento de la población de los países más ricos hace indispensable la migración, más allá de las ansias reaccionarias de la derecha de repoblar con blancos sus países, inhibiendo una serie de conquistas de las mujeres de esos países.

Pero más aún ¿Cuál es el aporte de los migrantes a la economía norteamericana?

La encuesta nacional de trabajadores agrícolas realizada por el Departamento de Trabajo indica que entre 2020 y 2022, el 42% de los empleados en el sector no tenía permiso de trabajo, y aclara que muchos encuestados podrían haber respondido con temor a decir la verdad sobre su estatus2.

Según el Instituto de Política Fiscal y Económica de los Estados Unidos, en 2022 los trabajadores indocumentados pagaron impuestos por la cantidad de 96,700 millones de dólares, esto representa el 40 % del total de impuestos que se recaban en México. Y únicamente la población de migrantes, tanto indocumentados como ya legalizados, aportan el 10 % del PIB de los Estados Unidos, alrededor de 2.06 billones de dólares, más que todo el PIB de México en 2024.

Por eso más allá de la alharaca desatada desde el capitolio, la expulsión de migrantes ha sido, más o menos, similar a la que se realizó bajo el gobierno de Joe Biden. Y la razón es objetiva, el capitalismo de los EUA no puede vivir sin ellos.

Para poner un ejemplo: el 61 % de los trabajadores agrícolas son migrantes, 42 % no tienen papeles y 15 % migran de región en región siguiendo a las cosechas.

Ya quiero ver a jóvenes WASP ocupando los puestos de trabajo de los obreros agrícolas mexicanos o salvadoreños u hondureños, obteniendo salarios tan bajos como ellos.

¿Cuánto le va a costar a los ya de por sí bastante endeudados farmers esta reconversión?

Pero igualmente se podría decir con relación a otros sectores como el de los garments, sin ninguna garantía social, con salarios muy bajos y con jornadas laborales de hasta 14 horas, incluido el hecho de que se han reportado en este sector que existen trabajadores que están secuestrados.

O en todo lo que es el servicio doméstico y de atención de ancianos.

Y esta no es sino una cara de la moneda, la otra se encuentra en el trabajo deslocalizado fuera de EUA, del cual hablaremos más adelante.

Lo que si existe es la utilización del sentimiento de una importante parte de la población blanca norteamericana (pero no solo) en contra de la migración y en contra de que se hayan llevado “sus” fábricas. Aparte de que se vive un reflejo distorsionado de una caída en la educación pública, de un desmonte de muchos servicios de seguridad pública y un crecimiento muy grande de la drogadicción, incremento cuyo primer responsable es la industria farmacéutica norteamericana.

Trump y su lumpenburguesía han decidido achacarle todas las responsabilidades de esta situación a los migrantes y al déficit comercial, déficit inexplicable sino es a partir del proceso de deslocalización que llevaron a cabo las grandes empresas norteamericanas.

Si el pacto de Versalles fue clave para que Hitler y los nazis tomaran el gobierno alemán y elaboraran su idea del Anschluss (anexión), la deslocalización del capital, del trabajo asalariado y del despojo han sido claves para que Trump elabore su Make America Great Again y busque poner bajo su dominio al mundo entero. Esto no inhibe el peligro que en lugar del MAGA lo que se construya sea MAWA (Make America Worse Again).

Pero el emperador tiene las piernas flacas

El problema es que la situación del capitalismo no es ni remotamente la que existió en la época de Hitler y eso no quiere decir que la actual sea más venturosa, sino que existe una forma de su organización que no existía en los años treinta del siglo pasado.

Cuando se rompe con la geopolítica como punto de partidase tiene que buscar en la economía política la explicación de lo que pasa en la realidad. Y si usamos a la economía política como lámpara de Diógenes, entonces inevitablemente tendremos que buscar en la relación Capital-fuerza de trabajo, el mecanismo que nos permita ubicar la viabilidad de que toda esa incontinencia verbal tenga posibilidades reales de cambiar lo que ha sido la forma de organizar (desorganizar) las relaciones sociales de producción en el planeta en su conjunto.

Un compañero suizo repetía muy seguido el siguiente axioma: “la amnesia de las banalidades habla más del que olvida que de lo olvidado”. Y lo que se olvida es que la forma de organizar el capital, el nuevo intercambio comercial que existe hoy en el mundo no es entre países sino entre firmas multinacionales, la nueva forma de estructuración de las empresas, que controlan el sistema capitalista, no se puede echar por la borda para que una lumpenburguesía construya algo que no tiene un diseño claro y que en cambio tiene muchos visos de desastre.

Como nunca en el pasado, el grado de concentración y centralización del capital es impresionante. No simplemente como se analizaba en el pasado en función de monopolios en tal o cual país, sino que estamos hablando de unas cuantas firmas multinacionales que controlan lo fundamental de la economía mundial.

Un estudio de la Universidad de Zurich nos da muchos más elementos:

Este estudio reveló que un pequeño grupo de 147 grandes corporaciones trasnacionales, principalmente de alta tecnología, financieras, minero-extractivas, automotrices y de la producción bélica, en la práctica controlan el 92.86 % de la economía global. El estudio fue el primero en analizar a 43,060 corporaciones transnacionales y desentrañar la tela de araña de la propiedad entre ellas, donde unos cuantos nombres aparecen como propietarios de las acciones de muchas otras.

Así, se logró identificar a 147 compañías que forman una “súper entidad”.

Esas 147 empresas multinacionales comparten en sus Consejos de Administración a los mismos directores generales, directores gerentes, ejecutivos delegados, jefes ejecutivos, presidentes ejecutivos, consejeros delegados, y en sus carteras de inversiones se ubica un número muy reducido de grandes inversionistas3.

Este capitalismo rizomático es la expresión cuasi terminal del proceso de concentración oligopólico del capital. Estamos frente al paroxismo de la conexión intra-firma multinacional, donde el conflicto no se ubica únicamente entre el trabajo asalariado y el capital, sino también entre el empresario y una comunidad dueña de una pequeña parcela que es susceptible de ser expropiada por la existencia de toneladas de roca que pueden ser bombardeadas para sacar oro (por cada tonelada de roca se puede extraer 0.10 gramos de oro). O todo un pueblo cuyo subsuelo de su asentamiento contiene coltán y, entonces, se promueven todas las confrontaciones interétnicas para que estallen guerras, donde mueren más de un millón y medio de seres humanos, para que unas cuantas empresas se queden con esa materia prima —clave para la fabricación de computadoras, celulares y de tabletas— y al mismo tiempo vendan sus armas a esos pueblos.

El capital no tiene patria ¿Y las mercancías?

Desde hace 40 años, el mapa del capital se ha transformado de una manera radical. La nacionalidad de las empresas ha perdido la importancia que tenía en el pasado. La relación entre los Estados y los capitales es cada vez más dispar, en favor de los segundos y en detrimento de los primeros. Ahora, hay que pensar de otra manera esta relación. La diferenciación proviene de que las grandes multinacionales tienen como horizonte el mercado mundial que, como nunca, en su conformación, es mucho más que la suma de los mercados nacionales; estamos frente a una interrelación, interpenetración, intercomunicación, donde los Estados a lo más que llegan es a ser facilitadores de esa relación del capital.

Pongamos un ejemplo: la vieja empresa Chrysler se llama ahora Stallantis, pero ahora es sólo una parte de un conglomerado que tiene su sede en los Países Bajos y que está fusionada con Fiat, y el grupo francés PSA, fabricante de Peugeot, Citröen, Opel.

La base de sustentación de esta nueva relación es el ansia por los bajos costes de producción (infraestructura más barata, menos impuestos y, sobre todo, mano de obra más barata) y la transformación de una parte esencial del plusvalor en inversiones en paraísos fiscales y en endeudar a los diversos Estados nacionales. Estos sólo son el receptáculo de la inversión externa y es con relación a esa inversión que se disputan partes de esta. Esto ha permitido una fase de circulación de capitales como nunca antes en la historia, lo mismo que una circulación mundial de mercancías, en especial de la mercancía fuerza de trabajo, la conformación de un ejército de reserva mundial, ahora sí, auténticamente mundial, lo mismo que la implementación de un gran comercio electrónico global.

Lo que ha traído como correlato una transformación completa de las relaciones de poder, con una especie de privatización del Estado y del conjunto de sus instituciones económicas, en especial las financieras.

Esta dislocación ha producido una serie de cambios en los sectores productivos. Así, la General Motors tiene 32 filiales en todo el mundo, es ahí donde se produce lo fundamental de los automóviles de esa marca. Siendo la más importante la Shangai-GM (China), que controla el 12.5 % de la producción de automóviles en ese país, que es hoy el principal productor de automóviles y ese hecho va más allá de los gritos histérico de Donald Trump. Y lo mismo que en el caso de la GM, se podría señalar el caso de Tesla donde una de las gigafábricas (la segunda más grande) se ubica en Shangái.

Las importaciones norteamericanas que provienen de sus filiales instaladas en los países llamados desarrollados pasaron de 75.9 a 48.6 %. Mientras que en el caso de sus filiales en países llamados subdesarrollados o emergentes pasaron de 24.1 %, en 1983, a 51.4 en el 2018. Igualmente, en el caso de la inversión extranjera directa norteamericana en los países subdesarrollados, que en 1986 representaba el 16.7 %, en el 2018 llegó a 41 %.

Estos dos procesos han generado la desaparición de ciudades-industria en todo el mundo desarrollado: la ciudad de Detroit, cuna del automóvil, con la deslocalización y la automatización pasó de 1.800.000 habitantes a sólo 700.000, y el desempleo llega hasta el 23 %. Pittsburg, ciudad acerera de la cual lo único que queda es el equipo de fútbol americano. Baltimore, donde el comercio de heroína sustituyó a la industria. Turín, donde la gran fábrica Fiat fue completamente descuartizada. Londres es una ciudad donde se encuentran más de 480 bancos de todo el mundo, lo que la ha convertido –hasta antes del Brexit– en el centro financiero más importante. Lieja, ciudad industrial de la región valona de Bélgica, donde sus fábricas sufrieron un proceso de envejecimiento que fue permitido sin ninguna intervención estatal, para después pasar a ser la zona tecnológica por excelencia, pero con un decremento de trabajadores de cuello azul y un incremento de trabajadores de cuello blanco. Manchester, de ser conocida como Cottonopolis, ahora es un centro financiero y cultural. Chicago, de ser una ciudad industrial ahora es un centro internacional de negocios, sede de grandes corredurías bursátiles (en esa ciudad se tiene el control de los bonos de carbón). Dresde, que era la ciudad más industrializada de Alemania oriental, ahora es un nudo carretero y financiero…

Como podemos ver en el cuadro que sigue, la pérdida de empleos en el sector manufacturero es de casi el 50 % en Alemania, de casi el 60 % en Reino Unido, lo mismo que en Estados Unidos.

manufactura empleo

Pero a esta dislocación de capitales le ha acompañado una dislocación de seres humanos, con una migración de millones de seres humanos hacia los países “desarrollados”, en lo que en la práctica se ha convertido en una dislocación del trabajo in situ, eso quiere decir la entrada de trabajadores migrantes al sector servicios y a las cadenas productivas de las grandes empresas de punta, en lo que antes eran los países metropolitanos. Hay que tener en consideración que en el 2020 hubo 281 millones de migrantes, lo que representó el 3.60 de la población mundial, esta cantidad es el triple de la que había en 1970 y es 128 millones superior a la que había en 1990.

Las ganancias de las multinacionales o el reshoring

Y todo esto en medio de la peor competencia. Cada vez más, las súper empresas multinacionales se tragan a otras y las grandes empresas o fondos de inversión conforman el nuevo mapa del mundo, esto permite que ese puñado de empresas sean más grandes y al mismo tiempo sean menos.

Quisiera ahora poner un ejemplo que creo tiene una gran utilidad para explicar lo que estamos diciendo:

A principios de 2024 el valor bursátil que tenía la empresa Apple llegó a 3 billones de dólares, es más alto que el Producto Interno Bruto de 191 países —de los 198 países que existen en el mundo—. O sea que solito el país Apple ocuparía el lugar número 8 de los países más ricos del mundo, a punto de rebasar a Francia.

En Apple, como en casi todas las grandes empresas, no hay un dueño, ni 10 ni 15, hay varios accionistas que a su vez son accionistas de muchas otras empresas.

Y al mismo tiempo las mercancías creadas por Apple se producen en muchos lados y aquí paso a exponer una de las limitaciones fundamentales de los que promueven un reshoring (la vuelta a casa).

El diferencial salarial entre los trabajadores chinos y los norteamericanos es muy grande. Un obrero chino cobra 3.63 dólares la hora mientras que el salario mínimo en California es de 16.50 dólares. Desde luego que un trabajador americano no se contrataría en una fábrica de IPhone con un salario mínimo chino. Recientemente Wamsi Mohan, un analista del Bank of America Securities, estimó que el costo de mano de obra para ensamblar y probar un iPhone en Estados Unidos sería de 200 dólares, frente a los 40 dólares que cuesta en China, lo cual repercutiría en el precio; así un IPhone 16 pro aumentaría subiría su precio de 1,199 dólares a 1,500. Y aquí solamente se está hablando de únicamente del incremento por costos de mano de obra, sin hablar de infraestructura, facilidades fiscales, etc.

En el mismo sentido el director ejecutivo de Apple, Tim Cook señaló que otro problema es que los trabajadores estadounidenses no tienen las habilidades necesarias. “No hay suficientes ingenieros de herramientas en los EE. UU. Esos ingenieros trabajan y configuran las máquinas que toman los sofisticados diseños de Apple, que vienen en forma de archivos de computadora, y los transforman en objetos físicos”4. Si Apple se decidiera a fabricar todos sus IPhones en Estados Unidos eso significaría un gasto extra equivalente a 4.200 millones de dólares.

Ahora que Trump insiste en que va a poner un arancel a IPhone, la respuesta no puede ser más clara:

Habíamos considerado la producción en China como el mayor riesgo arancelario para Apple, pero Trump apunta ahora a la India, donde se producen más de la mitad de los iPhones destinados a Estados Unidos. Aun así, creemos que pagar el arancel general del 25 % sería más económico que producir iPhones en masa en el país5.

No hay que perder de vista que en China se realiza únicamente la parte final del proceso productivo. La forma de organización de la cadena productiva de IPhone es: Diseño y desarrollo se hace en los Estados Unidos. Fabricación en China (completamente). Almacenamiento en los Estados Unidos. Distribución, Estados Unidos. (Todo esto según Forbes)

Pero, además, en cada IPhone existen una serie de productos de otras empresas, veamos algunas: en cada IPhone se encuentra un visualizador que produce General Electric. Una pantalla que produce JapanDisplay. Una cámara que produce Sony (Japón). Inductores eléctricos de TDK (Japón). La fabricación de la memoria de 32, 64 y 128 GB, TSMC (Taiwán). Lo que podríamos llamar el chasis del IPhone se produce en Taiwán en la fábrica Catcher.

En una sola mercancía existen varios países. Obreros de, por lo menos, siete empresas. A eso se le llama cadena de producción deslocalizada, realmente cadena de valor diferenciada.

Luego viene la cadena de distribución y ahí la cosa es aún más compleja. Estamos hablando de 34 países, que distribuyen a todo el mundo. Y finalmente la comercialización en todo el mundo. Con unos cuantos días de diferencia entre que salió del proceso productivo, pasó por las cadenas de distribución y llegó a los centros comerciales para su venta.

Todo esto permite que para diseñar tecnología, todos los aditamentos y el ensamble y la comercialización estén involucrados alrededor de un millón y medio de trabajadores. Los cuales, en el caso de los trabajadores chinos, trabajan un promedio de 60 horas a la semana (es decir, unas 12 horas diarias si se trabaja de lunes a viernes u 8 horas y 30 minutos si se trabajan los 7 días) y trasladar todo ese proceso hacia EUA costaría miles de millones de dólares y mucho tiempo.

Pero más aún. Si siguiéramos la metodología Trump, cuando hablaba del déficit de la Balanza Comercial de Pagos con relación a México, pero lo hiciéramos con relación al país número 8, Apple —pero sólo en su IPhone—, el resultado sería el siguiente:

Los Estados Unidos, que importan sus iPhones de China, declaraban en 2014 un déficit comercial de 1 billón 900 mil millones de dólares con China, pero sólo de 73 millones de valor añadido. La primera cifra se la reparten los diversos dueños de Apple y la segunda los trabajadores y el Estado chinos.

Y esto nos lleva a otro de los puntos centrales de los cambios que han surgido en esta nueva fase del capitalismo. Nociones como Comercio Internacional, Producto Interno Bruto, son profundamente obsoletas.

Lo que ahora vivimos es un comercio intrafirma multinacional y un consumo mundial de esos productos. El IPhone se vende en todo el mundo. ¿En qué país se “fabrica”? Pues es complicada la respuesta ¿Quién se queda con las ganancias? No hay duda: son los accionistas de Apple, pero ¿quiénes son? Otra vez es complicada la respuesta.

Otro ejemplo: BlackRock es la primera gestora de fondos del mundo. Se estima que gestiona alrededor de 6,3 billones de dólares, casi tanto como PIB conjunto de Gran Bretaña y Francia. Ocuparía el tercer lugar dentro de los países más ricos, sólo atrás de Estados Unidos y China. La peculiaridad de esta empresa, lo mismo que de Vanguard y State Street (el nombre es subliminal) es que gestionan inversiones de un sin número de empresas y de los fondos de retiro de los trabajadores de los países más importantes del mundo.

Igual intervienen en las mesas directivas de muchas empresas, por ejemplo, se sabe que fueron claves para que Monsanto y Bayer se fusionaran, ya que cuentan con una cantidad de acciones de ambas empresas (common ownership, lo que sucede en un sin número de empresas que supuestamente compiten entre sí) que les permitió, en muchos sentidos, presionar hacia la fusión.

No deja de ser interesantes la propaganda que realizan sobre los fondos de pensiones de los trabajadores. Larry Fink, director de Balckrock señaló:

La gran mayoría de estos inversores, pierden confianza en el Estado y buscan en el sector privado las garantías de subsistencia que el sector público no ofrece. Las herramientas de ahorro a largo plazo, como los planes de pensiones, son la prioridad de la compañía6.

Por último, un dato que me parece significativo, si sumáramos el valor bursátil de las 25 empresas más grandes del mundo en 2018, ocuparían el lugar número 4 de los países más ricos del mundo y si sumáramos sus activos esas 25 empresas ocuparían el primer lugar de los PIB de los países del mundo con 30 billones 200 mil millones de dólares, luego seguiría Estados Unidos y China, los que tendrían que sumar sus PIBs para poder rebasar a esas 25 empresas.

De esas 25 empresas, formalmente 11 son norteamericanas, 7 son chinas, 3 son alemanas, 1 de Japón, lo mismo que una de Reino Unido y otra de Corea del sur. La realidad es que la adscripción a tal o cual país es hoy completamente banal. Pero lo que sí es importante es que 13 son bancos o aseguradoras, 6 son de informática o de comunicación, 3 son automotrices, 2 son petroleras y una es un supermercado.

El día de la liberación o tratar de librar las cosas día a día

Creo que aquí se encuentra la explicación de todas las decisiones de Trump y su lumpenburguesía de anunciar una cosa como “el día de la liberación” y dos días después anunciar que esos aranceles se posponen 90 días y dejar claro que Apple quedaba por fuera del arancel que se pondría a China del 152 % hasta nuevo aviso. Y no fue precisamente porque los gobiernos fueran a, como dijo él, besarle el trasero sino porque la caída espectacular de la bolsa de valores (con una pérdida de 10 billones de dólares desde el discurso del día de la liberación a 4 días después) lo llevó a atemperar sus ímpetus liberacionistas y lo que sucedió fue que él fue quien tuvo que besarles el trasero a los grandes capitales. Para que no siguiera esa caída tuvo que dar marcha atrás a su política arancelaria original.

Pero, desde el punto de vista político ideológico, su forma de hacer política y la ola reaccionaria que está organizando es muy importante. Al gobernar con ordenes ejecutivas, casi todos los días (aunque últimamente se ha moderado) refleja su profundo desprecio por el sistema democrático tradicional bipardista y, al mismo tiempo, busca tener en tensión permanente a todo el mundo. En el imaginario social él sigue siendo el campeón en contra de la migración y en contra del déficit comercial, de la deslocalización del capital y de China.

Cada vez que una empresa anuncia una inversión millonaria en los EUA casi hace sonar el himno nacional, pero esto no es algo que se esté generalizando. El intercambio comercial sigue siendo algo controlado por las grandes multinacionales. Y no se vislumbra una modificación sustancial en ese terreno.

Es posible que algunas empresas abran fábricas en los EUA, pero sería muy difícil que cerraran sus grandes fábricas en Asia, África o Latinoamérica.

No existen las condiciones para un reshoring, ni en el campo del precio de la mano de obra, ni en el campo de la capacidad técnica del trabajo, ni en las facilidades de control laboral, ni en el costo de los servicios estructurados para la presencia de esas empresas. Ni en la cantidad de mano de obra disponible y la actitud servil de los gobiernos que reciben esas inversiones.

Entonces, creo yo, no es en el terreno de la economía donde se evidenciará el cambio de la llegada de Trump. El problema se ubica en otro lado, en el terreno de la ideología y de la política y muy claramente en la evolución de la forma de dominio al interior de EU y otras regiones del mundo.

La tecno-lumpenburguesía

Quisiera aquí hacer una aclaración del motivo por el que hablo de una lumpenburguesía (quizá habría que agregar tecno). Si en Latinoamérica este término se usó para describir a una burguesía colonizada y con poca o nula autoconciencia como clase, yo la uso en referencia a la segunda idea. Trump 2.0 refleja a una parte de la burguesía norteamericana que se ha hecho rica con las plataformas de redes sociales, la especulación y los bitcoins, lejos está de contar con una autoconciencia de clase.

En esa aventura no se encuentra, por lo menos hasta ahora, el gran capital productivo, ese que hizo de la deslocalización su religión, en su ansia de ganancias.

Llamó mucho la atención la confesión que hizo Trump de que especuló un día antes del anuncio de los aranceles con la idea de que era el momento de vender acciones, para comprar al día siguiente. O cuando Elon Musk le entregó, a la vista de todos, un cheque por 10 millones de dólares como pago por haber sido quitada su cuenta de Twitter, cuando Musk todavía no era dueño. O el reciente regalo de esa escoria del género humano que gobierna Catar al entregarle un súper avión para él. O con la promoción de su criptomoneda.

Estamos hablando de un bribón que toda su vida a correteado el dinero fácil y que cada que ha intentado generar una empresa productiva ha fracasado, pero lo mismo sucede con casi todos los que lo rodean.

Estamos hablando de una banda de lumpenes que al mismo tiempo que aniquilan lo que quedaba de Estado social, buscan que haya ingresos en las arcas del Estado para repartirse un botín nada despreciable.

Esos, que en la mejor tradición neoliberal están desarticulando el sector público, poniendo en la calle a miles de trabajadores, los que están terminando con la inversión federal en educación, los que se frotan las manos del abandono de la salud pública, los que no quieren sindicatos en las empresas, los que, a pesar de que muchos son gays, odian a la comunidad LGBTQ+, los que están diseñando un EUA xenófobo, sexista, homófobo, misógino, clasista, con un profundo odio a la ciencia y a los valores científicos y culturales y por eso desprecian a las universidades, los que quieren terminar con la reelección solamente por dos periodos, los que ya encontraron su nueva guerra fría, la que buscan realizar contra China.

Una pequeña piedra en el camino

Con una pequeña diferencia con esto de querer revivir la guerra fría: el capitalismo chino es mucho más fuerte que la burocracia soviética, en todos los terrenos. Hace unos años cuando Hillary Clinton era jefa del Departamento de Estado, bajo el régimen de Obama, se preguntó a sí misma: “¿Cómo negocias con mano dura con tu banquero?”7, refiriéndose a China. Ella decía eso por la sencilla razón de que China es el segundo gran tenedor de los bonos del tesoro de Estados Unidos. Algunos quieren relativizar eso diciendo que eso no representa más que el 2.5 % del PIB norteamericano, pero un 2.5 del PIB (761.000 millones de dólares) es una bomba para la economía de Estados Unidos, más si tomamos en cuenta que el PIB en este año sólo va a crecer alrededor del 2 %.

EUA tiene una deuda que equivale al 120 % de su Producto Nacional Bruto y aquí reside uno de los problemas centrales que tiene esta ofensiva trumpista8

Pero además el otro problema es que China tiene en sus bancos billones de dólares en sus reservas.

Y, finalmente, aunque no en último lugar, China cuenta con la inmensa mayoría de las materias primas, de lo que se conoce como tierras raras.

Las tierras raras son la base de muchas tecnologías de las que dependemos en la vida cotidiana, son componentes de imanes permanentes infinitamente pequeños, asimismo permiten el color de las pantallas de nuestros celulares o los hacen zumbar con las llamadas, mantienen las turbinas eólicas girando, los vehículos eléctricos haciendo zoom e infinidad de otras tecnologías de punta y, sobre todo, armamento.

Las tierras raras las integran 17 elementos, quince de ellos agrupados en la Tabla Periódica como lantánidos.

China controla el 97 % del mercado de la extracción y el refinado de estos elementos, además del 89 % de la fabricación de sus aleaciones. Les llamaron tierras raras por su aparente escasez9).

La versión Trump 2.0 seguirá con su estrategia de amenazar con aranceles, sentar a jefes de gobierno o hacer largas conferencias por teléfono, ensañándose con los más débiles para disfrute de la porquería que lo rodea, negociar, volver a amenazar y volver a negociar.

Enfrente tienea un conjunto de medrosos, mediocres y miedosos, en el campo de los gobiernos. No estará ahí la alternativa para detener a ese lumpenburgués corrupto.

La parte fundamental se definirá en lo que suceda entre los trabajadores norteamericanos siempre y cuando dejen de confiar en los partidos tradicionales norteamericanos. Y avancen en su proceso de autoorganización.

Conclusión

La mayor parte de los discursos nacionalistas (sean conservadores o populistas) en el mundo sobre atentar contra el proceso de internacionalización del capital, en el terreno de su producción, la fuerza de trabajo y las cadenas productivas es antes que nada un discurso electoral para ganar a la parte más atrasada de la población, pero también para la que ha sido más afectada por esa política de mundialización de las relaciones sociales de producción capitalistas.

Esa internacionalización es un hecho que está ahí y que requiere de la elaboración de nuevas estrategias para combatir en contra de todo lo que eso significa como explotación y despojo.

Lo que esa política nacionalista ha generado ha sido:

1. Por su carácter cerrado y excluyente el incremento del odio, la xenofobia, el racismo, la homofobia, el clasismo y un incremento geométrico de la demagogia, en esa búsqueda enfermiza de una identidad “histórica”, desde luego torciéndole el brazo a la historia, para justificar sus “grandes” ideas, desde el MAGA de Trump, hasta el “este pueblo es mucha pieza” de Claudia Sheimbaum. Una especie de presentismo sin pasado de verdad y sin ninguna propuesta de futuro.

2. Un regreso a las fronteras nacionales del capitalismo es imposible, a menos que un aprendiz de brujo busque ahogar su economía y la economía mundial capitalistas.

3. Lo que queda es ideología y una sed de enriquecimiento y corrupción. Frente a lo arrasador del proceso conocido como neoliberalismo se aprovechan de los sentimientos de enojo y hartazgo de miles de millones de seres humanos, buscando dinero fácil, al mismo tiempo que siguen el proceso de no “gastar” en cuestiones como salud, educación, construcción de casas populares y aparte robarse lo más que puedan.

4. En el caso de EUA, el asunto es más complejo, porque una parte de la burguesía (la tecno-lumpen) cuenta con un arsenal armamentista nunca visto en la historia de la humanidad y pueden y van a usarlo a discreción. Hoy son dos los objetivos: Medio oriente, en especial Palestina al que quiere convertir en unResort y Ucrania, con la cual quiere quedarse con sus tierras raras y no le importa con lo que se quede la dictadura de Putin. Y a largo plazo China es el objetivo porque es el mayor peligro, no por que exista una confrontación entre dos sistemas, el capitalismo prima en ambos sino por la sencilla razón que esta fase del capitalismo no genera un capitalismo razonable donde el mercado, con su mano invisible, determine la superioridad de tal o cual forma de expresión de las relaciones sociales de producción. Al contrario, esta fase ha desatado lo peor de la competencia y el saqueo. Y cuando eso llega a niveles incontrolables la guerra es la única alternativa y cada uno se está preparando para esa posibilidad.

Por eso no podemos pasar por alto es la parte final del señalamiento de los hermanos zapatistas: “Esta aparente contracción del sistema es como un resorte que se retrae para luego expandirse. En realidad, el sistema se está preparando para una guerra. Otra guerra. Una total: en todas partes, todo el tiempo y con todos los medios”.

Creo que ese es el quid del problema y no la supuesta eliminación del proceso de internacionalización del capital.

Notas

1/ https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2018/08/20/300-primera-parte-una-finca-un-mundo-una-guerra-pocas-probabilidades-subcomandante-insurgente-moises-supgaleano/

2/ https://cnnespanol.cnn.com/2025/01/22/eeuu/aportes-economicos-inmigrantes-indocumentados-orix

3/ https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0025995

4/ https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0025995

5/ https://www.morningstar.es/es/news/265397/apple-incertidumbre-por-la-última-amenaza-arancelaria.aspx

6/ https://www.lavanguardia.com/economia/20180506/443279727124/blackrock-investigacion-primera-gestora-fondos.html

7/ https://elpais.com/diario/2010/12/27/portada/1293404408_850215.html

8/ https://www.theguardian.com/us-news/2025/apr/10/what-have-been-the-effects-of-trumps-tariff-war-so-far?CMP=Share_iOSApp_Other

9/ https://ciencia.unam.mx/leer/1535/hablemos-de-las-tierras-raras

Sergio Rodríguez Lascano es adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

Fuente: https://vientosur.info/una-nueva-fase-del-capitalismo-o-la-logica-del-resorte/

Una omisión que lo dice todo: el día que El País olvidó cubrir una manifestación por Palestina

5 Junio 2025 at 06:00
Por: Caty R

La omisión de una manifestación propalestina por parte de El País provocó una dura crítica del economista y activista Luis Portillo Pasqual del Riquelme. La polémica reabre el debate sobre el papel de los medios en la cobertura de conflictos internacionales y en la defensa de los derechos humanos.

El pasado 10 de mayo tenía lugar en Madrid una multitudinaria manifestación en solidaridad con el pueblo palestino, reclamando el embargo de armas a Israel y la ruptura de relaciones diplomáticas con ese Estado. Sin embargo, al día siguiente los lectores habituales de El País se encontraron con un silencio total en la edición impresa del periódico al respecto de esta movilización ciudadana.

La omisión no pasó desapercibida y desató una oleada de críticas de lectores. Entre ellas, la contundente carta de Luis Portillo Pasqual del Riquelme, economista, solidario con el pueblo saharaui y autor del libro “En defensa de la causa saharaui. Testimonios de denuncia, resistencia y solidaridad”,

En una misiva dirigida a Soledad Alcaide, Defensora del lector del diario,  Portillo expresó su profundo malestar por lo que calificó como una falta de sensibilidad y empatía informativa.

 Para Luis Portillo, resultaba evidente que la omisión del periódico de el Grupo Prisa  no puede entenderse como un simple error operativo, sino como una decisión editorial coherente con una línea que ha minimizado sistemáticamente la cobertura de ciertas luchas, como la del pueblo palestino o la del propio pueblo saharaui.

Una respuesta defensiva

 Por su parte, la defensora del lector, en su columna del  18 de mayo, titulada «Lo que les falta y lo que les sobra a algunos lectores», se excusaba atribuyendo la omisión d a  un «error de reflejos» por parte de la redacción, que «optó por cubrir la protesta convocada por el PP y Vox contra el Gobierno en la plaza de Colón, en detrimento de la manifestación propalestina».

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Soledad Alcaide, Defensora del lector de El País

 Según Borja Echevarría, director adjunto del periódico, la cobertura de Gaza es un eje central del medio, aunque se justificó la omisión señalando que “el periódico del domingo va muy armado” y “hay menos capacidad de reacción”.

Luis Portillo, sin embargo, rebatió esa explicación, calificando de «escandalosa» la falta de cobertura, especialmente cuando El País ha dedicado páginas enteras a actos políticos con asistencia marginal, como una concentración reciente en Callao con apenas mil personas. A su juicio, la ausencia de información no se debió a ningún topo de «error», sino a presiones o intereses de embajadas como las de Israel, Marruecos y Estados Unidos, y a la afinidad editorial del diario con las posiciones oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores. 

La línea editorial de El País y la causa saharaui

Portillo recordó, en este sentido, que año tras año El País ha ignorado las manifestaciones por el Sáhara Occidental que se celebran en Madrid en noviembre, coincidiendo con el aniversario de los Acuerdos Tripartitos de 1975. La denuncia efectuada por Luis Portillo se enmarca, por tanto, en otra  más amplia a la línea editorial del periódico que, a nivel estatal, responde y respalda la línea política del PSOE. 

 Desde que el Gobierno de Pedro Sánchez alineó su política exterior con el plan de autonomía propuesto por Marruecos para el Sáhara Occidental, El País, se ha esforzado por justificar esta postura a través de su línea editorial y las opiniones de sus periodistas asalariados y columnistas. 

 Editoriales recientes han defendido este giro como una adaptación al “realismo geopolítico”, dejando en segundo plano el principio de autodeterminación al que tiene derecho, según la legalidad internacional, el pueblo saharaui. Aunque el periódico ha cubierto algunas visitas oficiales de enviados de la ONU, como la de Staffan de Mistura, ha omitido reiteradamente las movilizaciones sociales que denuncian la ocupación marroquí.

Un lector comprometido

 Luis Portillo Pasqual del Riquelme no es un «lector cualquiera» del diario El País. Doctor en Ciencias Económicas, ha sido profesor universitario y es colaborador de medios críticos como RebeliónAraInfo, Kaos en la Red y Canarias-semanal. En sus artículos denuncia no solo la ocupación del Sáhara, sino también la complicidad activa o pasiva de medios y gobiernos que blanquean esta situación.

EN DEFENSA DE LA CAUSA SAHARAUI : Portillo, Luis: Amazon.es: Libros

En 2025, Portillo presentó su libro En defensa de la causa saharaui, una compilación de escritos y testimonios en apoyo al derecho del pueblo saharaui a decidir su destino. Su intervención en esta polémica no es, por tanto, un arrebato puntual, sino una expresión más de su compromiso político e intelectual.

   La controversia entre Portillo y la Defensora del lector de El País, Soledad Alcaide, pone sobre la mesa una cuestión de fondo: ¿quién decide qué merece ser noticia? ¿Quién define la relevancia de una manifestación, una causa, un conflicto?

   Como ha querido poner de relieve Luis Portillo, el silencio informativo selectivo jamás es neutro. En muchos casos es una forma de intervención. Lo que se omite también comunica. Por eso, esta polémica es más que un desencuentro puntual. Es un recordatorio de que la prensa corporativa, tiene la clara función de reforzar la ideología dominante necesaria para la reproducción del sistema. Aunque de vez en cuando tenga que enfrentarse a algunos lectores críticos dispuestos a interpelar a quienes se autodefinen como «El Cuarto Poder».

Fuente: https://canarias-semanal.org/art/37901/cuando-una-omision-lo-dice-todo-el-dia-que-el-pais-olvido-cubrir-una-manifestacion-por-palestina-y-el-sahara

El Sur Global está al borde de una crisis de la deuda desastrosa

4 Junio 2025 at 06:25
Por: Caty R

Del 30 de junio al 3 de julio de este año se celebrará en Sevilla la IV Conferencia Internacional sobre Financiación al Desarrollo, convocada por Naciones Unidas. La Conferencia tiene lugar en un momento trágico de policrisis en el que se suman el aumento espectacular de la deuda pública, en especial del Sur Global, tras la epidemia de COVID, la reducción de la ayuda oficial al desarrollo (AOD), comenzando por el desmantelamiento de USAID por Elon Musk, la guerra arancelaria global desencadenada por la segunda administración Trump y los retrocesos en la descarbonización y la lucha contra el cambio climático, con la denuncia por parte de EEUU, Argentina y otros países de los Acuerdos de París. El secretario general de NNUU ha denunciado repetidamente este salto atrás reaccionario que dificulta aún más si cabe, el cumplimiento de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El fin de la globalización neoliberal puede acabar para muchos países en una caida en el abismo del subdesarrollo y el aumento de la pobreza y la reducción de la esperanza de vida. Prestar atención a esta situación y su extrema gravedad será fundamental en las proximas semanas para articular un movimiento internacional contra las políticas de austeridad para pagar la deuda, el rearme y el imperialismo multipolar. Así lo intentaremos desde Sin Permiso.

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Los países de todo el Sur Global están experimentando crisis climáticas, de pobreza y de desarrollo, todas empeoradas por los insoportables costes del servicio de la deuda. De hecho, según Development Finance International, «los ciudadanos del Sur Global ahora se enfrentan a la peor crisis de deuda desde que comenzaron los registros globales». Los países de bajos ingresos, que han visto aumentar en un 150 por ciento la cantidad pagada por el pago de la deuda externa desde 2011, se están viendo especialmente afectados.

C. J. Polychroniou entrevista paraTruthout a Ilene Grabel, una prestigiosa economista en finanzas globales y gobernanza financiera global, que arroja luz sobre las raíces de la crisis de la deuda del Sur Global y ofrece estrategias específicas para aliviar la carga de la deuda de los países en desarrollo. Grabel argumenta que los obstáculos para el alivio de la deuda son puramente políticos e ideológicos, ya que la arquitectura financiera global está «moralmente en bancarrota» y fue diseñada para servir a los intereses de los ricos a expensas de los pobres. Grabel es Profesora Universitaria Distinguida de la Universidad de Denver y Profesora de Finanzas Internacionales en la Escuela Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver. Ha realizado investigaciones para varias agencias de las Naciones Unidas y ONGs, y es autora del libro galardonado con múltiples premios, When Things Don’t Fall Apart: Global Financial Governance and Developmental Finance in an Age of Productive Incoherence (MIT Press).

-C. J. Polychroniou: La crisis de la deuda en el Sur Global no es un fenómeno nuevo, pero se ha exacerbado desde el brote de la pandemia de COVID-19 hasta el punto de que muchos expertos la consideran la peor crisis de deuda de la historia. Ahora, has estudiado ampliamente la crisis de la deuda del Sur Global, así que ¿cuál es tu opinión sobre este tema crítico? ¿Por qué tantos países en desarrollo se enfrentan a crecientes cargas de deuda en esta década? ¿Y por qué el Sur Global está pagando mucho más de lo que recibe para servir su deuda?

Ilene Grabel: Esta surgiendo en el Sur Global una crisis de deuda de proporciones épicas. Algunos se han referido a esto como una «crisis de deuda en silencio». Pero el alboroto es alto y claro. Estamos en la cúspide de una nueva «década perdida» con grandes excesos de deuda, angustias de deuda generalizada, demandas de austeridad por parte de los prestamistas y graves desaceleraciones económicas, que solo son algunos de los legados de esta crisis. El término «década perdida» se utilizó para describir la crisis de la década de 1980, la última vez que el Sur Global enfrentó una crisis de deuda.

El stock total de deuda externa de los países de bajos y medianos ingresos (LMIC) alcanzó un máximo histórico de 8,8 billones de dólares en 2023. (Excepto cuando se indique, datos extraídos del Banco Mundial). En 2023, los LMIC (excluyendo China) pagaron un récord de 971 mil millones de dólares para el servicio de la deuda (es decir, el capital y los intereses). Es el nivel más alto desde 1973. Fue más del doble de la cantidad que hace una década. Los pagos de intereses de los LMIC aumentaron en un tercio a 406 mil millones de dólares en 2023. Para los países más pobres, los pagos de intereses se han cuadruplicado desde 2013 y alcanzaron un máximo de 34.600 millones de dólares en 2023. La ONU informa que en los últimos tres años, más de una docena de gobiernos han incumplido su deuda y más de 30 de los países más pobres del mundo han experimentado «dificultades con su deuda». Esto es mayor que el número de incumplimientos en las dos décadas anteriores.

Los efectos combinados de las altas tasas de interés en el Norte Global (a pesar de las recientes reducciones de tasas) y un dólar fortalecido han aumentado el coste de dar servicio a las deudas. El cincuenta y siete por ciento de todas las deudas externas a largo plazo mantenidas por los LMIC (excluyendo China) y el 40 por ciento de la deuda mantenida por los países más pobres tienen tasas de interés variables vinculadas a las tasas del Norte Global. Y más del 80 por ciento de la deuda pública y garantizada en los LMIC solo se puede pagar en dólares, lo que significa que la apreciación del dólar aumenta los costes del servicio de la deuda. El fortalecimiento del dólar desde las elecciones estadounidenses ha empeorado las cosas.

Los acreedores privados extranjeros dejaron en gran medida de conceder préstamos a los países del Sur Global a partir de 2022 a medida que la angustia de la deuda se aceleró y las tasas de interés en el Norte Global aumentaron en 2022 y 2023. De hecho, desde 2022, los acreedores privados extranjeros han recibido casi 141 mil millones de dólares más en pagos de servicio de deuda de los gobiernos de lo que han desembolsado en nuevos préstamos. Fue la primera vez desde 2015 que los prestamistas privados retiraron más fondos del Sur Global de los que desembolsaron.

-Muchos analistas, incluida usted, creen que la actual crisis de la deuda no solo es más grave que la crisis de la deuda de la década de 1980, sino que sus consecuencias también serán mucho más traumáticas. ¿Por qué? ¿Y por qué, como usted ha argumentado, las cargas de la crisis de deuda actual en el Sur Global son soportadas desproporcionadamente por las mujeres?

La década perdida de la década de 1980 sirve como una poderosa advertencia de lo que está por venir. Ese período fue testigo del colapso económico bajo los programas de austeridad radicales, de un sufrimiento humano incalculable y de reveses para el desarrollo humano (incluida la igualdad de las mujeres), agravando las pérdidas sociales y económicas intergeneracionales; y la degradación ambiental a medida que los recursos naturales se sacrificaban por las cargas del servicio de la deuda. Las miserias de ese período amplificaron los déficits ya existentes en la economía del cuidado, aumentando las cargas y amenazando las posibilidades de vida de las mujeres y las niñas de todo el mundo.

No hay duda de que estamos al comienzo de una crisis de deuda que seguramente empeorará drásticamente en los próximos años. Las obligaciones de servicio de deuda con los acreedores multilaterales, bilaterales y privados reducen directamente los fondos disponibles para unos amortiguadores de choque ya insuficientes, las protecciones sociales (incluidas las que apoyan la participación en la fuerza laboral de las mujeres y el trabajo solidario), la inversión pública y las inversiones en infraestructuras físicas y sociales que apoyan el crecimiento y la igualdad de género. Además, al igual que en las crisis financieras y de deuda anteriores, el apoyo de las instituciones de Bretton Woods (BWI) está condicionado a programas de austeridad que implican, entre otras cosas, la consolidación fiscal, reducciones del gasto público, aumento del consumo y los impuestos al valor añadido, las tarifas a los usuarios (que pueden restringir el acceso educativo para las niñas) y medidas que contraen el empleo del sector público.

Las restricciones del margen fiscal ya se están sintiendo de nuevo en todo el Sur Global. Las restricciones más profundas seguramente están por delante. De hecho, hay amplia evidencia de que la agenda de austeridad ha llegado, y parece probable que sea más grave que la asociada con la crisis de la década de 1980. Las restricciones sobre el espacio fiscal y las crisis económicas siempre son soportadas desproporcionadamente por las mujeres, según décadas de investigación de economistas feministas.

La actual crisis de la deuda es y promete ser mucho peor y más difícil de abordar que la crisis de la deuda de la década de 1980. La principal de las razones es que el escenario actual crediticio tiene muchos más actores bilaterales, multilaterales y privados. Esto incluye el elenco tradicional de actores, pero también y lo más importante de China, India y los petro-estados. Este panorama abarrotado de acreedores dificulta la coordinación, la superación de estancamientos y llevar a los actores relevantes a la mesa de negociación, especialmente en un mundo en el que las instituciones multilaterales y la democracia están amenazadas. La deuda actual y la arquitectura financiera más amplia no solo están abarrotadas, sino que también son más tóxicas. La mayor toxicidad proviene de la financiarización y el poder de la comunidad financiera, incluidas las agencias de calificación crediticia y los fondos buitre. Las deficientes Instituciones de Bretton Woods (BWI) están en la cúspide de una arquitectura financiera global fallida. Además, el tejido debilitado del multilateralismo, junto con la arquitectura densamente poblada de la deuda, hace que abordar la crisis de la deuda sea simultáneamente más urgente y complejo que en la década de 1980.

Como si la crisis de la deuda no fuera suficiente, se está desarrollando en un mundo en crisis. Estos incluyen alimentos, refugiados y crisis climáticas; guerras y otros desastres humanitarios; y una reacción violenta contra la democracia.

-Muchos ven la arquitectura financiera global como disfuncional. ¿Cuál es su conclusión?

Estoy de acuerdo, y de hecho iría más allá. Comparto la opinión del Secretario General de la ONU, António Guterres, quien acusó con razón del sistema financiero mundial, calificándolo de «moralmente en bancarrota», ya que es un «sistema creado por países ricos para beneficiar a los países ricos» y «para castigar a los pobres«.

La arquitectura financiera global es antidesarrollo, propensa a la crisis y no es apta para abordar los desafíos de desarrollo y el clima de nuestro tiempo. Refleja el poder y las realidades económicas de un entorno posterior a la Segunda Guerra Mundial. La arquitectura financiera se caracteriza por asimetrías que incluyen el privilegio exorbitante del que disfrutan los Estados Unidos y otras economías del norte. Este privilegio les permite pedir prestado y prestar en sus propias monedas, al tiempo que les da la capacidad de pedir prestado en los mercados globales a tasas mucho más bajas que los países del Sur Global. También les permite seguir políticas monetarias sin tener en cuenta los efectos de desbordamiento global. Y les permite ejercer una influencia indebida y poder de veto en las BWI, instituciones que operan bajo reglas y normas obsoletas, rígidas y excluyentes. La práctica del Fondo Monetario Internacional (FMI) exhibe graves disfunciones e inequidades. Por ejemplo, las tasas de interés de los préstamos del FMI han sido durante mucho tiempo más altas de lo que deberían ser en vista de las capacidades de sus clientes. Los altos recargos en los préstamos del FMI a prestatarios de ingresos medios perjudican a los prestatarios en un momento en que las necesidades son mayores.

-La reforma de la deuda global del Sur es un tema candente y controvertido. ¿Qué estrategias recomienda para aliviar la carga de la deuda externa y apoyar el desarrollo sostenible? ¿Existe un imperativo económico y moral para la cancelación de la deuda externa de los países pobres muy endeudados y de aquellos en la primera línea del cambio climático?

Es esencial que se tomen medidas audaces y completas, y rápidamente. En un documento encargado por ONU Mujeres y la Organización Internacional del Trabajo, considero estrategias para mejorar las cargas de la deuda externa. Me baso en enfoques avanzados por académicos, grupos de expertos, responsables políticos y defensores de la sociedad civil. En lo que sigue, describo algunos enfoques clave.

Una vía implica nuevos enfoques para los Análisis de Sostenibilidad de la Deuda (DSA) del FMI. Los DSA se producen anualmente como parte del seguimiento rutinario del FMI. Más importante aún, también se producen cuando un país solicita asistencia, durante la vigilancia de un programa existente del FMI y durante las negociaciones de reestructuración de la deuda. Los DSA deben incorporar evaluaciones de marcadores sociales (como los derechos humanos) y compromisos climáticos; introducir una «claúsula de exclusión» para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que exima incluir los objetivos relacionados con los ODS en el cálculo de la deuda/PIB de un país; y sustituir los DSA por una «Evaluación de Finanzas para el Desarrollo Sostenible».

Otra estrategia implica el desarrollo de un Mecanismo de Reestructuración de la Deuda Soberana (SDRM). Existe una necesidad apremiante de un marco legal internacional para un SDRM que sea completo, coherente, vinculante, oportuno y transparente, y disponible para los LMIC. Un SDRM debe incentivar u obligar a todos los acreedores a sentarse a la mesa de negociación juntos de buena fe. La participación de los prestamistas privados en las negociaciones de reestructuración podría ser forzada o incentivada a través de intercambios de deuda para vencimientos más largos o tasas de interés más bajas.

Además de un SDRM, el alivio integral de la deuda sobre la deuda bilateral, multilateral y privada es inequívoco. Debe implicar recortes de los acreedores y cancelaciones de deudas en alguna parte de la deuda pendiente, particularmente en los países más pobres y en los más inmediatamente vulnerables al cambio climático. Sin alivio de la deuda, condenamos a los países a la austeridad y restringimos su autonomía política. La primera ministra de Barbados, Mia Mottley, pidió recientemente la cancelación de las deudas de los países en primera línea del cambio climático. Existen precedentes importantes para el alivio de la deuda, como la Iniciativa de Países Pobres Muy Endeudados de 1996 de las BWI.

En el mundo conflictivo y multipolar de hoy en día y la complicada arquitectura de la deuda, la acción colectiva de los deudores puede marcar la diferencia cuando se trata de la cancelación de la deuda. En este contexto, la formación de un «cártel de deudores» es necesario. En este escenario, un grupo de países acuerdan colectivamente dejar de atender la deuda a acreedores públicos y privados hasta que acuerden un conjunto de términos que permitan el gasto interno esencial. La acción coordinada de los acreedores no tiene precedentes. Después de todo, eso es lo que implican los clubes de acreedores de París y Londres.

En ciertos contextos, las moratorias de la deuda pueden ser un respiro útil. En tales casos, los costes de la moratoria deben ser claros para el prestatario por adelantado y preferiblemente asumidos por el acreedor. Las agencias de calificación crediticia deben ser incorporadas al inicio de las discusiones de la moratoria. El Banco Mundial incluye una «cláusula de pausa de la deuda» en acuerdos de préstamo nuevos y existentes con 45 pequeños estados insulares y estados que experimentan «circunstancias excepcionales». Esta disposición debe extenderse a todos los países prestatarios y representa un modelo sobre el que otros prestamistas deberían construir. También es importante la introducción de «clasulas de suspensión plurianuales» para choques externos, incluidas las catástrofes climáticas y las pandemias. Barbados ha introducido tales cláusulas en sus préstamos. Estos podrían incluirse en acuerdos con todos los prestamistas. Se debe procluir que las agencias de calificación crediticia debajar la deuda cuando se activen dichas cláusulas.

Varias de las estrategias de mitigación de la deuda que he discutido dependen de reformas institucionales y de gobernanza en las BWI que amplían la voz y el voto del Sur Global. La reestructuración de la deuda por parte de las BWI es una herramienta importante que debe utilizarse, especialmente en crisis. Esto podría implicar extender las estructuras de vencimiento, incluidos períodos de gracia significativos en los acuerdos de préstamo que podrían activarse durante las crisis, y reducir los costes de préstamo (por ejemplo, a pesar de los límites de las tasas de préstamo). Los recargos por préstamos del FMI deberían eliminarse de forma permanente, mucho más allá de las medidas modestas e inadecuadas adoptadas en los recargos en noviembre de 2024.

Muchos han abogado por una nueva emisión anual a gran escala de derechos especiales de giro (SDR). Los DDR son un activo de reserva internacional que el FMI crea electrónicamente, mediante fiat y sin coste para la institución. Esta es la forma potencialmente más impactante y prácticamente gratuita de proporcionar el apoyo de liquidez necesario para hacer frenda a la crisis de la deuda, evitar recortes en el gasto social tan necesario, poner a disposición el apoyo para la financiación relacionada con los ODS y especialmente el clima, y aumentar la inclusión mundial. También se debe alentar a los países del Norte Global a prestar o, preferiblemente, a donar DSR no utilizados a los países que puedan utilizarlos para promover el desarrollo económico y humano y la sostenibilidad.

-El momento actual no parece propicio cuando se trata de progresar en los frentes que identifica, ¿qué espera?

Estamos al borde de la situación en muchos aspectos. Durante la crisis de la deuda de la década de 1980, el expresidente de Tanzania, Julius Nyerere, dijo: «Los niños del mundo no tienen que morir de hambre para pagar las deudas de los que vinieron antes». Era verdad entonces. Ahora también es verdad.

La tarea que se avecina implica crear, explotar y ampliar las aperturas para la implementación de las estrategias que he discutido. Esto requiere un compromiso sostenido, cabildeo, la construcción de coaliciones y una comprensión firme de los hechos frente a las cegueras ideológicas. Los principales obstáculos no son la ausencia de estrategias económicas viables. Los obstáculos son políticos e ideológicos. Espero que en los próximos años la cooperación multilateral que es tan escasa hoy en día pueda revitalizarse, hacerse más inclusiva y de apoyo a los objetivos sociales y ambientales, y hacerse más permisiva ante las opciones de políticas nacionales y las innovaciones al servicio de mejorar las vidas y la salud de nuestro planeta. Mientras tanto, hay mucho trabajo por hacer, y rápidamente.

En estos tiempos extremadamente difíciles, podemos y debemos abrazar lo que Albert Hirschman llamó «posibilismo». El posibilismo implica una apreciación obstinada de los profundos desafíos a los que nos enfrentamos, sin dejarnos abrumar por el «futilismo». Tenemos que buscar y explotar todas las oportunidades para el cambio y la construcción de coaliciones, incluso si, como parece probable en los próximos cuatro años, estas aperturas serán pequeñas. Hay demasiado en juego y no hay tiempo que perder para evitar que el mundo permanezca atrapado en las orillas de lo que no se puede hacer.

Es imposible no reconocer el surgimiento de los gobiernos antiliberales y el vaciamiento del multilateralismo. En este panorama sombrío, podría ser más realista pensar en estrategias a medio plazo en lugar de a corto plazo. En el mejor de los casos, la administración Trump estará tan preocupada por la venganza, el caos y su beneficio personal. Los actores comprometidos con la decencia y el progreso en las crisis de la deuda y el clima -que constituyen ellos tambien una coalición de voluntarios-, no se verán agobiados por el compromiso tradicional de mantener un multilateralismo retroactivo liderado por los Estados Unidos. Es cierto que ese multilateralismo fue mucho menos tóxico que lo que está por venir. Pero incluso las administraciones anteriores de los Estados Unidos fueron obstáculos para el progreso. Y tal vez haya espacio para la acción en el vacío creado en el panorama multilateral que seguramente será ampliado por Trump. Es concebible que los líderes fuera de los Estados Unidos que buscan remodelar el multilateralismo para hacerlo más permisivo, crear nuevos multilateralismos o actuar finalmente en nombre de sus propios intereses al menos compren un respiro a los países endeudados. El tiempo lo dirá.

Ilene Grabel. Profesora universitaria distinguida de la Universidad de Denver y Profesora de Finanzas Internacionales en la Escuela Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver. Ha realizado diversas investigaciones para varias agencias de las Naciones Unidas y ONGs, y es autora del libro galardonado con múltiples premios, When Things Don’t Fall Apart: Global Financial Governance and Developmental Finance in an Age of Productive Incoherence (MIT Press).

C. J. Polychroniou. Politólogo/economista político, autor y periodista. Es columnista de Global Policy Journal y colaborador habitual de Truthout. Ha publicado decenas de libros, incluyendo Marxist Perspectives on Imperialism: A Theoretical Analysis; Perspectives and Issues in International Political Economy (ed.); y Socialism: Crisis and Renewal (ed.), Sus últimos libros son Climate Crisis and the Global Green New Deal: The Political Economy of Saving the Planet (con Noam Chomsky y Robert Pollin como autores principales, 2020); The Precipice: Neoliberalism, the Pandemic, and the Urgent Need for Radical Change (una antología de entrevistas con Noam Chomsky, 2021); Economics and the Left: Interviews with Progressive Economists (2021); Illegitimate Authority: Facing the Challenges of Our Time (una antología de entrevistas con Noam Chomsky, 2023); y A Livable Future Is Possible: Facing the Threats to Our Survival (una antología de entrevistas con Noam Chomsky, 2024).

Texto original: https://truthout.org/articles/the-global-south-is-on-the-brink-of-a-disastrous-debt-crisis-reform-is-urgent/

Traducción: G. Buster

Fuente: https://sinpermiso.info/textos/el-sur-global-esta-al-borde-de-una-crisis-de-la-deuda-desastrosa-hay-que-reformar-ya-el-sistema

¿Energía nuclear? ¡No, gracias!

3 Junio 2025 at 06:10

Hiroshima, Nagasaki, Chernóbil, Fukushima, son nombres que estremecen. Los dos primeros nos recuerdan las atrocidades a las que puede llegar un conflicto bélico que involucra arsenal nuclear; los segundos, evidencian el peligro que entraña una de las tecnologías más peligrosas: la nuclear. 

Desastres, no accidentes

Chernóbil representa el desastre nuclear más grave de la historia, ocurrido el 26 de abril de 1986, en Ucrania. Las estimaciones de muertes por cáncer producto del accidente de Chernóbil son muy disimiles; las más conservadoras hablan de 30 mil a 60 mil casos. Greenpeace, por su parte, afirma que las muertes serían al menos 93.000. Además, hubo decenas de miles de evacuados que hasta ahora no han podido regresar a su tierra. Según cifras oficiales, la cantidad de material radiactivo liberado en Chernóbil fue 500 veces mayor que la liberada por la bomba atómica arrojada por el ejército de Estados Unidos en 1945, en Hiroshima, Japón. Esta bomba mató a cerca de 120.000 personas y provocó más de 300.000 heridos que sufrieron las atroces consecuencias de la exposición a la energía atómica durante décadas. 

En mazo de 2011, debido a un terremoto en Japón se produjo la explosión del reactor nuclear Fukushima Daiichi, en la Central nuclear Fukushima, por fallas en los sistemas de refrigeración y liberación de radiación, según se reportó. Se produjeron daños a la salud, vertidos radioactivos al mar, contaminación de cultivos inclusive a cientos de kilómetros del lugar del incidente. 

De construirse una central nuclear en el Ecuador, un país altamente sísmico, se podría provocar un desastre sin precedentes en el caso de un evento telúrico.

En los últimos años se han producido muchos otros desastres nucleares: 

  • Three Mile Island, Estados Unidos, en 1979
  • Hamm-Uentrop, Alemania, en mayo de 1986
  • Goiania, Brasil, en 1987 (Derrame de Cesio137 de un hospital)
  • Greifs-Exwald, Ex-República Democrática de Alemania (RDA), en 1989
  • Vandellós, España, en octubre de 1989
  • Tomsk, Rusia (Ex Unión Soviética), en abril de 1993
  • Tokaimura, Japón, en septiembre de 1999
  • Indian Point, Estados Unidos, en febrero de 2000
  • Onagawa, Japón, en febrero de 2002
  • Thorp, Gran Bretaña, en abril de 2005 
  • Dounreay, Gran Bretaña, en septiembre de 2005 
  • Kashiwazaki Kariwa, Japón, en julio de 2007


Estos “accidentes” incluyen muertos, heridos, desplazados, incendios, cáncer, destrucción ambiental… 

Los desechos nucleares

Otros problemas de las centrales nucleares son aquellos relacionados con el desmantelamiento del reactor, su enfriamiento, su demolición, la disposición de los contenedores y la construcción de depósitos para los residuos radioactivos. Se sabe que los residuos nucleares son materiales altamente peligrosos que emiten una gran cantidad de radioactividad por miles de años. El contacto de cualquier ser vivo con ellos, resulta letal. Los desechos nucleares son uno de los problemas más serios y no existen hasta ahora soluciones aceptables.

La minería de uranio

La energía nuclear no solo está asociada a los desastres nucleares. La producción de energía nuclear también está directamente asociada a otro grave problema que es la minería de uranio. Llama la atención que a fines del año pasado Irán haya manifestado interés en hacer exploración minera al sur del Ecuador. De hecho, existen indicios de que en esta región podría haber uranio, básico para el desarrollo de energía nuclear. Datos científicos dicen que podría haber este mineral en el conocido bosque de Puyango y en la cordillera del Cóndor. Del lado peruano de esta cordillera, la empresa con capitales canadienses Dorato realizó actividades de prospección hasta que fue cuestionada por los indígenas de la zona obligando al gobierno a suspender las concesiones. Las autoridades dicen que van a importar uranio radioactivo, con todo el riesgo que esto conlleva.

Ecuador nuclear

Según el gobierno ecuatoriano, una central nuclear podría ser una alternativa para cambiar la matriz energética basada en hidroenergía y en petróleo; sin embargo, no toma en cuenta los enormes riesgos sociales y ambientales que implica el desarrollo de esta tecnología. La industria nuclear es posiblemente la más peligrosa y contaminante que existe, y las sustancias radioactivas están entre las más peligrosas. Por este motivo grandes financistas están rechazando este tipo de inversiones por los enormes riesgos que conllevan, sobre todo los problemas de seguridad, la manipulación y disposición de desechos radiactivos y la probabilidad de accidentes. 

Al ser una inversión con tantos riesgos, el Estado, o sea toda la población ecuatoriana, estaría obligada a entregar ingentes asignaciones para los seguros. Una inversión de semejante envergadura va a requerir más endeudamiento internacional y enormes subsidios del Estado, afectado los presupuestos públicos para educación, salud, vivienda…

Desde todo punto de vista, la energía atómica es un desatino, pues distrae la atención que se debería poner en el desarrollo de energías verdaderamente limpias y soberanas, y genera una enorme dependencia de las empresas que controlan esta tecnología.

¿Energía nuclear? ¡NO gracias!

El gobierno ha dicho que va a construir la central nuclear cerca de algún río o cerca del mar. Esto va a significar una amenaza letal al ecosistema fluvial donde se instale y contaminar el agua adyacente. ¿Las poblaciones locales van a permitirlo? 

En el contexto de violencia en que se encuentra nuestro país, con grupos criminales que actúan con impunidad en varias zonas y sectores, una central nuclear nos expone a una mayor vulnerabilidad y riesgo. 

La energía nuclear no tiene que ver con una transición energética justa para los pueblos y la naturaleza. ¿Por qué embarcarse en una actividad tan cuestionada desde todo punto de vista? ¿Energía nuclear? ¡NO gracias!

Fuentes y más información: 

Fuente: https://www.accionecologica.org/serie-energia-nuclear-en-ecuador-1-energia-nuclear-no-gracias/

Moción de censura como arma políticas y sus consecuencias

3 Junio 2025 at 04:12
Por: JDF

Según la Constitución española de 1978, el Congreso de los Diputados puede exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la adopción, por mayoría absoluta, de la moción de censura, que deberá ser propuesta al menos por la décima parte de los Diputados, y habrá de incluir un candidato a la Presidencia del Gobierno. Si no fuere aprobada, sus signatarios no podrán presentar otra durante el período de sesiones.

Y en estas estamos, cuando el líder de la derecha reaccionaria, Alberto Núñez Feijó, propone, o amenaza, a los socios del gobierno, con una moción de censura contra Pedro Sánchez, moción abocada al fracaso. Forma parte de su campaña programática para el cónclave del PP que se celebrará en este mes de junio. Los socios del gobierno desprecian, como no podía ser de otra forma, la propuesta de la moción de censura y Feijóo parece que no la presenta porque no quiere, aunque posiblemente debería. No se atreve, sería uno de sus mayores fracasos.

Seré claro, dice el líder ultra, la moción de censura para sacar la corrupción de la Moncloa no depende de mi voluntad. Yo la tengo toda. Depende de quienes le han dado soporte parlamentario hasta ahora. Si quieren acabar con esto, el Partido Popular sigue a disposición. Si no quieren, no tengan duda de que les arrastrará y que la mayoría de los españoles decentes les hará cómplices de esta degradación, concluyó. Todo son culpas de los demás, frente a su política que aún no se conoce.

El Partido Popular eleva el tono y llama a poner fin al Gobierno de Pedro Sánchez, al que tacha de criminal, mafioso y corrupto. La exageración en política ha generado un tipo de discurso en el que se denuncian golpes de Estado, dictaduras inadvertidas por todas partes; se alerta de una confrontación civil inminente o nos enteramos de que hay terroristas decidiendo nuestro destino colectivo. Lo cierto es que la derecha está creando un clima guerracivilista, como ya hizo históricamente antes de la guerra de 1936.

Para aclarar más cuales son los objetivos golpistas de la derecha, junto con sus socios fascistas, aparecen las conversaciones del capitán Bonilla de la OCU, ahora fichado por Díaz: Matar a los rojomorados, desterrar a Pedro Sánchez y la lucha: amenazas violentas en los chats del capitán Bonilla fichado por Ayuso. La lista de amenazas del capitán Bonilla es interminable, junto con el de la bomba lapa en el coche del presidente. Tras las pruebas reveladas, es insostenible que Juan Vicente Bonilla, ex capitán de la UCO y actual responsable de Seguridad del SERMAS, siga en su puesto, por lo que el PSOE pide a Ayuso el cese fulminante de su capitán Bonilla, vinculado a la UCO patriótica.

Vayamos a la moción de censura. En cuatro ocasiones se ha utilizado en los cuarenta y siete años de vida constitucional. La primera moción de censura se presentó en 1980 contra el Presidente Adolfo Suárez, del partido UCD, llevando como candidato a Felipe González, del PSOE. La segunda en 1987 contra el Presidente González y llevando como candidato al Senador Hernández Mancha, de AP. La tercera en 2017 contra el Presidente Rajoy y llevando como candidato al Diputado Pablo Iglesias, de Podemos. La cuarta en 2018 contra el Presidente Rajoy y llevando como candidato al Diputado Pedro Sánchez, del PSOE, que gano y salió como presidente en funciones.

Aunque una votación negativa sobre aspectos básicos de la política gubernamental (proyectos de ley, decretos-leyes, Presupuestos Generales del Estado, etcétera) puede provocar esta consecuencia, la moción de censura es una forma directa y expresa de transmitir el mensaje. A través de la misma la representación popular declara cancelada la relación de confianza con el Gobierno y provoca su caída.

La moción de censura es de este modo, y junto a la cuestión de confianza, uno de los cauces específicos para exigir responsabilidad política al Ejecutivo. Durante el último tercio del siglo XIX y buena parte del XX la retirada de la confianza a los Gobiernos en diversos países europeos, por unos medios o por otros, era frecuente, provocando continuas caídas de los mismos y, en general, una situación de inestabilidad política. Tras la Primera Guerra Mundial, y como reacción frente a este estado de cosas, se observa en todo el parlamentarismo occidental un movimiento tendente a corregir el desequilibrio contrario al Ejecutivo, mediante lo que se ha llamado el parlamentarismo racionalizado, esto es, mediante la regulación de las relaciones entre los poderes Legislativo y Ejecutivo, sentando los límites a las facultades del primero.

Es tras esta situación cuando surgen como categoría definida las mociones de censura, que son mociones reguladas limitativamente en la medida que se proponen la exigencia de responsabilidad política al Gobierno. Ejemplos de estos límites son la exigencia de la mayoría absoluta para su aprobación, la necesidad de un número mínimo de diputados para su presentación, el establecimiento de un período de enfriamiento entre su depósito y su debate, el transcurso de un cierto plazo desde la votación de la anterior, etcétera.

Vista la realidad política, las dos primeras mociones presentadas en España, no perseguían otra cosa que desgastar al Gobierno y en particular a su Presidente. La primera pudo cosechar algunos réditos en este campo; la segunda, en cambio, fracasó por completo a este respecto. La tercera, por el contrario, pretendió demostrar la existencia de una alternativa de Gobierno, al margen de las dos partidos políticos mayoritarios que en el año inmediatamente anterior, sus candidatos a la Presidencia del Gobierno se habían sometido a sendas sesiones de investidura, en dos legislaturas sucesivas, cosechando sólo éxito el Presidente del Gobierno a quien esta moción pretendía derribar. Pero donde las tres fracasaron fue en su propósito, de cambiar el Gobierno de la nación. Sin embargo, la cuarta presentada logró su objetivo: derrocar al Gobierno de Rajoy,

La moción es una manifestación política por la que una Cámara parlamentaria expresa al Gobierno su aspiración, voluntad o deseo de su seguimiento. La moción de censura está caracterizada por encerrar una crítica sustancial al comportamiento sobre el presidente del Gobierno, lo que supone una condena o una censura. Como en todos los regímenes parlamentarios, el Gobierno necesita la confianza de las Cámaras representativas para mantenerse en el poder, la aprobación de una de estas mociones implica que el Gobierno quede obligado a dimitir.

El exponente más extremo de las mociones es el de las llamadas mociones constructivas de censura. Con ellas se cierra el paso a las mociones (y a las mayorías) puramente negativas, que desembocan en la caída del Gobierno pero sin consideración alguna a la posibilidad de formar un equipo sucesor. Se requiere que las mociones vayan acompañadas de un candidato a la Presidencia gubernamental, de tal modo que su aprobación conlleve la de éste como nuevo primer ministro. La destrucción de un Gobierno va unida a la construcción de uno nuevo, evitándose los paréntesis tan peligrosos sin Ejecutivo. Y, desde luego, desincentivándose la presentación de estas iniciativas, tan favorecedoras de la inestabilidad política. Se trata de una técnica inaugurada por el artículo 67 de la Ley Fundamental de Bonn, con vistas a evitar la inestabilidad gubernamental que tantos estragos causó en el régimen de Weimar.

En España está prevista la figura de la moción de censura en los artículos 113 y 114 de la Constitución: El Congreso de los Diputados puede exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la adopción por mayoría absoluta de la moción de censura. La moción debe ser constructiva, esto es que la propuesta, apoyada al menos por la décima parte de los Diputados, tiene que incluir un candidato a la Presidencia del Gobierno. Otra institución bien distinta es la cuestión de confianza. Aquí, es el presidente del gobierno quien puede utilizarla, para forzar el favor parlamentario en momentos de crisis o de pérdida de apoyos. En ambos casos la mayoría absoluta parlamentaria es crítica; se gana la censura o se pierde la confianza si se obtiene.

Como queda expuesto, desde que se aprobó la Constitución en 1978, se han presentado varias mociones de censura y cuestiones de confianza, con diferentes resultados y conclusiones. En mayo de 1980, el Partido Socialista Obrero Español, presentó la primera moción al presidente Adolfo Suárez. La iniciativa originó un desgaste tremendo para el gobierno y fue el principio del fin, que llegó en 1982. La moción, fue defendida por Alfonso Guerra y rechazada por el diputado Rafael Arias-Salgado y el candidato a la presidencia alternativo propuesto Felipe González. Fue rechazada por los únicos 166 votos del grupo parlamentario centrista, que se quedó solo en el rechazo.

Una moción de censura se presenta o no se presenta, se gana o se pierde, pero es un arma política que siempre, tiene consecuencias parlamentarias. Se puede cambiar a un presidente del gobierno, tras exigirle responsabilidades o se fuerza un debate sobre los temas que el gobierno quiera eludir.

En esta ocasión, Núñez Feijóo no quiere presentar la moción de censura porque la perdería; no quiere más desgastes políticos, pero si lo hiciera, forzaría a un debate sobre la realidad social, política y económica en España, que reflejaría una visión que nada tiene que ver con la catastrófica situación que proclama Feijóo. Además debería presentar a la ciudadanía un proyecto político claro, que parece ser no lo tiene.

Por su parte, desde la Comunidad de Madrid, el consejero de Presidencia llama desde una tribuna pública a la Guardia Civil, a las empresas, a los medios de comunicación y a la ciudadanía a levantarse para tumbar al Gobierno legítimo de España. Lo que están haciendo se llama #golpismo.

En Bluesky @caval100.bsky.social

El Mossad israelí, el financiador de la Fundación Humanitaria de Gaza

3 Junio 2025 at 00:12
Por: marijose

El plan de Israel para apoderarse de la distribución de ayuda en Gaza terminó en caos el 27 de mayo, cuando soldados israelíes abrieron fuego contra multitudes de palestinos hambrientos y desesperados mientras esperaban la distribución de apenas 8.000 cajas de raciones, por parte de una oscura organización que se autodenomina Fundación Humanitaria de Gaza (Gaza Humanitarian Foundation, GHF).

La fundacion humanitaria de Gaza (GHF) fue fundada este febrero en Suiza bajo una nube de misterio; realmente sirve como paraguas de una red de empresas mercenarias privadas, que Israel está utilizando para suplantar el papel de las Naciones Unidas en la alimentación de los palestinos después de llevarlos al borde de la inanición.

Hasta el momento se desconoce quién financia este opaco organismo despilfarrador de ayuda. Un portavoz de la GHF declaró al Washington Post: «La fundación ha conseguido 100 millones de dólares de un donante anónimo». 

Avigdor Lieberman, figura de la oposición israelí de derecha y miembro de la Knéset, proclamó que el misterioso ángel financiero de la GHF era, de hecho, el gobierno israelí. «El dinero para la ayuda humanitaria proviene del Mossad y del Ministerio de Defensa«, escribió Lieberman en Twitter/X, quejándose de «Cientos de millones de dólares a expensas de los ciudadanos israelíes».

Yair Lapid, miembro de la Knéset y líder de facto de la oposición, ha acusado al gobierno israelí de financiar dos empresas fantasma, señalando a la GHF y a la empresa privada de mercenarios Safe Reach Solutions, fundada por el exagente de campo de la CIA Phillip Reilly. Dos exfuncionarios estadounidenses declararon al medio catarí Middle East Eye que Reilly se había ganado la confianza del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y de varios empresarios israelíes cercanos a él.

De ser cierto, esto significaría que el aparato militar y de inteligencia de Israel está blanqueando enormes sumas de dinero mediante un plan de ayuda armado que constituye la base de su plan de limpieza étnica en el norte de Gaza. Un documento interno filtrado de la GHF reconoció  que los centros de distribución de alimentos y los complejos residenciales que estaban construyendo en Gaza podrían ser «campos de concentración con biometría». 

El modelo de la GHF parece fundamental para el plan declarado de Israel de ocupar el 75% de la Franja de Gaza, obligando a los palestinos hambrientos y sin hogar a refugiarse en lo que su ejército ha calificado como «islas humanitarias», diseñadas para «dividir y gobernar» el enclave diezmado. También es un claro intento de reemplazar a UNRWA, la agencia de las Naciones Unidas que ha atendido las necesidades de la población refugiada de Gaza desde 1949, y que la Knesset israelí designó como organización terrorista en 2024.

El plan de “isla humanitaria” de Israel pretende abiertamente “dividir y gobernar” a Gaza impidiendo el movimiento de su población.

La creación de la GHF se puede rastrear directamente hasta la oficina COGAT (Coordinación de las Actividades Gubernamentales en los Territorios Ocupados) del gobierno israelí -que está llevando a cabo el asedio de Gaza-, así como a un empresario israelí llamado Liran Tancman, descrito en un informe como «un reservista en la unidad de inteligencia de señales 8200 de las FDI, que pidió el uso de sistemas de identificación biométrica fuera de los centros de distribución para investigar a los civiles palestinos«. 

Sin capacidad legal ni mandato formal para operar en Gaza, la GHF ahora opera a discreción del ejército de ocupación israelí y además con el respaldo de la administración Trump. Es una fuerza armada mercenaria mantiene sus centros de distribución distópicos, ejecutando un plan tras una fachada estadounidense.

Justo un día antes del despliegue previsto de la GHF en Gaza, el director ejecutivo de la organización, Jake Wood dimitió, en protesta por el incumplimiento por parte del grupo de los principios humanitarios de humanidad, neutralidad e imparcialidad. Le siguió el director de operaciones de la GHF, David Burke, e igualmente huyó hacia la salida de emergencia David Kohler, miembro suizo de la junta directiva, que también dimitió sin dar explicaciones.

Tras su salida, el liderazgo del turbio grupo pasó a John Acree, un ex administrador de USAID que recientemente acusó al presidente de dar un «pase libre» a Rusia en una publicación confusa en Facebook en la que criticaba al «criminal» Trump por desfinanciar a su empleador de muchos años.

Incluso después de que la situación del puesto de ayuda militarizado de la GHF en el oeste de Rafah terminara en caos el 27 de mayo, una red de empresas mercenarias sospechosas, incluidas Safe Reach Solutions y UG Solutions, han seguido ofreciendo puestos bien remunerados a potenciales pistoleros a sueldo.

En una oferta de trabajo de la UG Solutions, la compañía busca francotiradores con experiencia previa en zonas de combate, el más alto nivel de dominio de armas y habilidades de combate avanzadas, y capaces de operar eficazmente en entornos de alta amenaza. Se dará preferencia a personal cualificado para las Fuerzas Especiales, así como a personal con experiencia en OSINT/Inteligencia.

El fundador de UG Solutions, Jameson Govoni, se describe a sí mismo como un «degenerado de Boston» que «se unió al Ejército lo más rápido posible para infligir dolor a quienes nos infligían dolor«. También fundó una empresa llamada «Alcohol Armor» que comercializa soluciones para la resaca, supuestamente basadas en su experiencia en emborracharse. «En el ejército, somos, sin duda, los peores bebedores del mundo. Me han hecho un lavado de estómago«, presumió el socio de Govoni, Glenn Devitt.

Phillip Reilly, es ex agente de campo de la CIA y normalmente ávido de publicidad, fundó Safe Reach Solutions (SRS) –un socio de la GHF y UG Solutions– y no ha hablado oficialmente con ningún medio de comunicación hasta la fecha sobre sus aparentemente lucrativas hazañas en Gaza. 

El SRS apareció por primera vez en Gaza en enero, cuando un grupo de mercenarios de mediana edad retratados en los medios estadounidenses como «padres suburbanos» establecieron un puesto de control a lo largo del Corredor Netzarim, un área que divide las regiones norte y central de Gaza y que el ejército israelí ha utilizado como base para abusar y masacrar a civiles .

Un documento del SRS, distribuido a posibles simpatizantes (véase más abajo), hacía un llamamiento a los «socios humanitarios» para que ayudaran a transformar su puesto de control en un «punto de distribución de ayuda». Días después, se fundó GHF en Ginebra, Suiza.

Un documento de la GHF distribuido a los medios a principios de mayo enumeraba a una serie de figuras importantes del sector empresarial y exfuncionarios estadounidenses como miembros de la junta directiva, y presumía de alianzas con instituciones financieras como Goldman Sachs. Su junta incluía a Raisa Sheynberg, exfuncionaria del Departamento del Tesoro que formó parte del equipo de políticas públicas del proyecto original de la criptomoneda Libra de Meta, y a David Beasley, exgobernador de Carolina del Sur y exdirector del Programa Mundial de Alimentos. 

El comunicado de prensa prometió que los líderes de la GHF pondrían “la humanidad en primer lugar” mientras “adoptan enfoques pragmáticos para problemas intratables”.

Entre las figuras más destacadas implicadas en el escándalo de la GHF se encuentra Nate Mook, exdirector ejecutivo de World Central Kitchen. Nombrado miembro de la junta directiva de laGHF y mencionado como fundador del grupo en sus documentos de constitución, Mook niega cualquier participación en la organización y se mantiene al margen de los medios.

La conexión oculta del Chef José Andrés

El día del desastroso lanzamiento de la GHF en el sur de Gaza, el famoso chef español José Andrés, fundador de World Central Kitchen y exembajador culinario del Departamento de Estado, criticó duramente el despilfarro, escribiendo en X: «La Fundación Humanitaria de Gaza ha dejado a los palestinos sin comida. Quienes la crearon son unos egoístas».

Entre estas figuras «egoístas» se encuentra Nate Mook, exdirector ejecutivo de la World Central Kitchen de Andrés, quien -según el periodista israelí Uri Blau- hay documentos presentados ante las autoridades suizas lo mencionan como el fundador de GHF. Nate Mook también fue nombrado miembro de la junta directiva del grupo en el documento que la GHF distribuyó a los medios sobre su lanzamiento . Sin embargo, desde la renuncia de la GHF, Mook ha negado cualquier rol formal en el grupo y se ha negado a hablar del tema con la prensa. 

Andrés debe gran parte de su imagen de héroe humanitario trotamundos a un documental de relaciones públicas de 2022, modestamente titulado «Alimentamos a la gente «. La película fue dirigida por el magnate de Hollywood Ron Howard y producida por Mook, quien en aquel entonces era director ejecutivo de World Central Kitchen (WCK).

Nate Mook, según su biografía en el Instituto McCain, financiado por la industria armamentística, donde actualmente se desempeña como «Asesor Especial sobre Ucrania», se jacta de haber trabajado con Andrés desde 2012, «haciendo crecer a la WCK desde un solo empleado y menos de un millón de dólares al año a un impacto global de 400 millones de dólares en 2022«.

A pesar de que Andrés condenade a la GHF, tambén desempeñó un papel temprano e importante en el proyecto para subvertir el sistema de ayuda humanitaria de Gaza, alejándolo de la ONU y alineándolo con los objetivos israelíes. Como ya informó The Grayzone, Andrés supervisó en 2024 la iniciativa de WCK para construir un muelle con escombros de viviendas en Gaza, lo que habría permitido el desembarco de la ayuda a las cocinas que operaba en Gaza en coordinación con el ejército israelí.

Cuando la entonces ministra de Derechos Sociales de España, Ione Belarra, acusó a Israel de genocidio en Gaza, Andrés salió en defensa del estado del apartheid, insistiendo en Twitter/X que Israel simplemente estaba “defendiendo a sus ciudadanos”, declarando que Belarra “no merecía ser ministra” y acusándola de simpatías “pro-Hamás”.

Mientras tanto, Andrés continuó cortejando al secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, quien lo nombró «embajador culinario» del Departamento de Estado en febrero de 2023. En septiembre de 2024, casi un año después del asedio genocida de Israel a Gaza, Andrés fue visto junto a Blinken y con John Kirby -el entonces portavoz del Consejo de Seguridad Nacional-, y Eric Adams -el alcalde de Nueva York, manchado por la corrupción-, – festejando en una recepción en el Museo Metropolitano de Arte

Habían pasado menos de seis meses desde que el ejército israelí, provisto por Estados Unidos, asesinó a siete empleados de WCK en un doble ataque selectivo contra su convoy de ayuda el 1 de abril de 2024. Sin embargo, Andrés sigue buscando una colaboración amistosa con las autoridades de ocupación israelíes, expresando su agradecimiento a los administradores del asedio de COGAT tan recientemente como este 28 de mayo.

La GHF abandona Suiza y huye a Estados Unidos, un territorio más seguro

El 29 de mayo, funcionarios suizos anunciaron que la GHF estaba violando varias leyes que afectan a las fundaciones registradas en ese país. Posteriormente, la sombría organización anunció su traslado a Estados Unidos, donde probablemente recibirá un menor escrutinio por parte de la administración Trump, que aprobó su creación. 

Aunque su caótico lanzamiento en Gaza generó titulares internacionales, la GHF sigue envuelta en un misterio, con mercenarios enmascarados manejando sus operaciones en el terreno y un elenco de abogados corporativos operando detrás de una serie de compañías fantasma cuyas arcas se han llenado con millones de dólares de una fuente desconocida. 

Tal vez lo único que parece seguro acerca de la entidad opaca es que su presencia traerá más miseria a la población de Gaza bajo el disfraz de la caridad.

Fuente: https://thegrayzone.com/2025/05/29/israeli-mossad-gaza-humanitarian-foundation-aid/

Boric no llevó a la tumba al neoliberalismo

2 Junio 2025 at 07:00

El fracaso del modelo educacional que instaló la dictadura, perfeccionado y ampliado por la Concertación/Nueva Mayoría y confirmado por la inoperancia del gobierno actual, queda de manifiesto en cada niño en edad escolar que muere asaltando a un prójimo, o en alguna riña por quítame allá esas pajas.

Hace algunos años, niños de esa edad caían presos luchando por una educación pública, democrática, por el fin al lucro o por el pasaje escolar.

Algunos creen que, instalando mecanismos propios de las cárceles, la violencia que es propia de este tipo de cultura, se va a desvanecer por arte de birlibirloque.

Pero respecto de los portales detectores en las escuelas hay que decir que no ha sido sino una respuesta pavloviana al regaño ultraderechista. No es posible relacionar en ninguna parte del mundo que este tipo de controles sirva de algo más que como negocio para sus importadores.

De lo contrario, sería fácil.

El ministro de Educación se pregunta: ¿Qué hemos hecho para formar a nuestros estudiantes? La respuestas es tan breve cuanto desgarradora y desvela a quienes iban a llegar al gobierno para terminar con el neoliberalismo en educación: nada.

Y si se quiere, menos que nada porque se ha retrocedido en una de las variables en que, precisamente, la educación formal, es decir, la escuela, se supone que es capaz de colaborar con el conjunto del Estado en un rol de contención civilizatorio en dirección, al menos, de convencer a los niños de que salir a matar es algo malo.

No hay asalto violento, desalmado y cruel, en que no haya al menos un niño de catorce años que sale a la aventura que lo validara ante sus pares, más aún si el botín es un trofeo digno de ser mostrado, cuyo propósito ultimo para el adolescente asesino es ser.

Se ha validado, reconocido, valorado, respetado, admirado, adulado.

Entonces vienen los responsables de todo esto a proponer soluciones que tienen que ver con metros cuadrados de cárceles, cantidades de policías, detectores de armas y años de penas a cumplir, sin ver lo obvio: se fijan en el resultado y obvian, si acaso ex profeso, el origen de esa y toda violencia: la agudización y profundización del modelo neoliberal. Menos políticas sociales, menos Estado, menos solidaridad, menos organización social y menos escuelas y cultura para las poblaciones pobres.

Si el capitalismo es necesariamente violento, el neoliberalismo le agrega a esa violencia la dejadez del Estado contraído a un par de agencias cooptadas por la corrupción, y, por lo tanto, el campo abierto a toda forma de delincuencia que vive y se reproduce en esa sopa en que al sálvate solo, se le suma el defiéndete solo.

¿Cuánto falta para el colapso definitivo?

No se sabe muy bien cuál es el refugio para el pueblo honrado que vive amenazado por las deudas, una manera sutil de violencia sistémica, la ausencia del Estado, la represión que sí funciona cuando es un trabajador el que reclama, la delincuencia que goza de notable cobertura mediática y de sospechosa prognosis penal la que se carga sospechosamente en contra de respondones, rojos e indios y todo esto en medio de la mayor epidemia de corrupción concebible antes del desfonde definitivo.

Hace mucho, tanto que ya es un recuerdo brumoso, los partidos obreros y sus aguerridos militantes fueron verdaderas contenciones para las lacras sociales mediante su obstinación por la organización de la gallá y su pasión por la pelea por mejores condiciones de vida de los más pobres.

Y en ese cielo oscuro, destella la brutalidad política e irresponsabilidad histórica de aquellos que creen que con máquinas detectoras de metales se puede contribuir a evitar un daño que ya va en la mitocondria.

Para los ignaros que no son capaces de ver el bosque aferrados al arbolito que le rinde réditos en constante y sonante, el caso de los niños delinquiendo responde a que hay mayores que los embullan para evitar penas propias de adultos. Es decir, esos muchachos no toman sus propias decisiones, sino que hay mayores de edad que lo hacen con fines estrictamente procesales.

El presidente Gabriel Boric en algunos de sus viajes al exterior se ha referido al neoliberalismo con una carga de crítica que busca la simpatía de ciertos dignatarios. Curiosamente, en Chile no lo hace.

Es responsable preguntarse si sabe de qué habla.

¿Será una moda pasajera que se quita imponiendo otra?

Recordemos: el 18 de julio de 2021, cuando derrotó al candidato, en ese tiempo, alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, el entonces diputado Gabriel Boric dijo, con todas sus letras: “si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba”.

Restaría informar al entonces optimista candidato que una muestra notable de ese neoliberalismo que se ofreció para sepultar se expresa en cada niño que las familias, la escuela, las instituciones estatales y las leyes pierden para ser asesinados o para asesinar.

Chile ha sido tumba para esos jóvenes y para las esperanzas de todo el resto del censo.

El neoliberalismo, precisamente por la intercesión activa y entusiasta de su sepulturero, goza de envidiable salud.

Lo viejo funciona: el marxismo y la crisis

31 Mayo 2025 at 06:20
Por: Caty R

El artículo que sigue es un fragmento adaptado de Ecomunismo. Defender la vida, destruir el sistema, de Ariel Petruccelli (Ediciones IPS, 2025).

«Hoy en día, el argumento más fuerte contra el capitalismo es la combinación de crisis ecológica y polarización social que está engendrando» —(Perry Anderson, Los fines de la historia, 1992)

Explicaciones de la crisis

La necesaria autolimitación humana, indispensable para afrontar los desafíos ecosociales que enfrentamos, depende de entender las causas del dinamismo ciego que está agotando los recursos, destruyendo los suelos, extinguiendo especies, contaminando el ambiente, cambiando el clima, alienando a las personas. ¿Su motor es sustancialmente una filosofía equivocada, una episteme perniciosa, una cosmovisión inadecuada o una narrativa errada, como creen pensadores decoloniales como Walter Mignolo o escritoras como Naomi Klein? ¿Se trata más bien de la técnica o de la industria en sí mismas, como pensaban Lewis Mumford o Martin Heidegger? ¿Es la consecuencia del patriarcado, obnubilado en el dominio de las mujeres y de la naturaleza, como creen algunas ecofeministas? ¿O es un subproducto de la blanquitud y del colonialismo, como sostienen muchas corrientes antirracistas?

Mi respuesta, clásicamente marxista, es que la fuerza tras este desarrollo desquiciado es el capitalismo[1]. Se pueden ofrecer distintos argumentos en favor de esta tesis y en contra de las restantes (y también cuestionar la hipótesis de una fusión no jerarquizada de todas o varias de ellas). Veamos. Sociedades patriarcales, racistas y coloniales las ha habido de todos los tipos y a lo largo de siglos, si no de milenios. Pero ninguna de ellas desató el tipo y el ritmo de crecimiento económico autosostenido que caracteriza a las sociedades capitalistas.

Ni el racismo, ni el colonialismo, ni el patriarcado parecen explicar el alocado dinamismo, la tendencia a la innovación permanente, que caracteriza a las sociedades contemporáneas y que amenaza, a esta altura, con destruirlas. Podría ser plausible apelar a una ideología en particular, desprendiéndonos de la cual todo marcharía sobre ruedas. Pero además de que este tipo de explicación es clásicamente «idealista», para decirlo un tanto burdamente, la objeción fundamental a la misma es empírica más que teórica: el capitalismo se ha mostrado compatible con las ideologías y las religiones más diversas, y allí donde se implanta encuentra las maneras de que todas las tradiciones culturales, religiosas y doctrinarias se amolden a él.

Michael Mann reconoce que «la revolución capitalista en la agricultura y en la industria de los siglos XVIII y XIX constituyó el impulso más importante de poder colectivo de la historia»[2]. Pero ha defendido la tesis de que la cristiandad fue, de todos los factores que influyeron en el desarrollo del sistema capitalista, el primus inter pares, la más decisiva de todas las variables que jugaron un papel. La obra de Mann es de una solidez, erudición, claridad y sagacidad analíticas verdaderamente excepcionales, y ello justifica que le dedique una atención especial[3]. Sin embargo, su tesis sobre la importancia de la religión en la transición al capitalismo es una de las menos convincentes dentro de un abanico de tesis por lo general muy bien sustentadas.

Las críticas que se le han opuesto son a mi juicio concluyentes. Mann considera que fue la cristiandad como un todo la que jugó un papel esencial en el momento de la transición al capitalismo, y no una corriente o doctrina particular a su interior. El aporte de la religión a este proceso fue la «pacificación normativa»: la misma habría permitido que la competencia entre Estados y empresas relativamente equivalentes generara un «círculo virtuoso», en vez de dar lugar a una catastrófica o paralizante guerra de todos contra todos; un juego de «suma cero».

Empero, como señalara Perry Anderson, la «cristiandad» nunca estuvo confinada a Europa occidental. Bizancio desaparece de la óptica de Mann. Y, sin embargo, «¿dónde están los fructíferos efectos del cristianismo ortodoxo sobre la vida política y económica?»[4]. La «pacificación normativa», por lo demás, forma parte del bagaje de las principales religiones: cualquiera de ellas hubiera podido aportarla. Y su importancia no debe ser exagerada. Chris Wickham escribió al respecto: «Carlomagno protegió a los comerciantes porque ellos le traían bienes de prestigio y, por tanto, estatus, y porque eran potencialmente peligrosos y era necesario vigilarlos, no porque la Iglesia le dijese que debía hacerlo»[5]. Tras citar los logros comerciales de los vikingos y los árabes, Wickham se pregunta: «¿Por qué tendrían que haber tenido mayores dificultades los comerciantes de un Oeste medieval no cristiano, si Europa no se hubiera cristianizado?». Ni el origen, ni el dinamismo intrínsecos de las sociedades capitalistas pueden ser explicados convincentemente por la religiosidad.

La hipótesis de que el sistema tecno-industrial —la mega máquina, para decirlo en los términos de Lewis Mumford— tendría una dinámica propia, virtualmente independiente de la voluntad de los sujetos, es de otro tenor. Tiene a su favor el hecho empírico de que la industria acrecienta sin cesar la productividad del trabajo y el volumen de la economía, y que lo hace sin importar las reticencias de los sujetos: la mega máquina simplemente parece expulsar a los reticentes.

Las experiencias del llamado «socialismo real» parecerían convalidar esta mirada. Después de todo, la antigua URSS (en la que no había propiedad privada de los medios de producción más importantes ni mercado de capitales y, por ello, no podría ser considerada capitalista en ningún sentido significativo) estaba también empeñada en el crecimiento económico y en el aumento de la productividad industrial como sus rivales capitalistas. La pulsión al crecimiento indefinido —como si se tratara de un cáncer— parecería ser consustancial a la técnica industrial en sí misma, con independencia de si la misma opera en un contexto capitalista o colectivista[6].

Sin embargo, y aceptados ambos puntos, hay que decir cuando menos tres cosas. La primera: el dinamismo económico intenso y autosostenido se inicia al menos dos siglos antes de la revolución industrial. Es el capitalismo quien crea a la industria, no la industria la que crea al capitalismo. La segunda: quienes defienden que la mega máquina industrial posee una dinámica propia dejan inexplicada la misma; como por arte de magia, la industria tendería hacia su propio crecimiento. La tercera: la tendencia de la URSS al crecimiento económico se explica perfectamente por el contexto de la competencia geopolítica con Estados Unidos, la gran potencia capitalista. Nada indica que las propias fuerzas internas soviéticas tuvieran ninguna tendencia al crecimiento ilimitado (y a la postre serían derrotadas en esa competición).

La explicación más consistente de la «trampa civilizatoria»

La explicación marxista sigue siendo la más consistente y convincente de todas las disponibles para comprender el históricamente anómalo crecimiento económico compulsivo que caracteriza a la sociedad contemporánea. Dicho apretada y algo esquemáticamente: es la estructura misma de las relaciones capitalistas de producción la que tiende a producir incrementos de la productividad del trabajo de forma autosostenida como consecuencia combinada de sus características. ¿Cuáles son éstas? Las relaciones capitalistas de producción se basan en lo siguiente:

1) producción generalizada de mercancías —de valores de cambio—, antes que valores de uso;

2) propiedad privada de la tierra y de al menos los principales medios de producción;

3) producción orientada a «valorizar el valor», esto es, a generar ganancias a los poseedores de capital: para ser capital, el dinero debe estar en movimiento e intentar aumentar (los tesoros enterrados o el dinero guardado debajo del colchón no son capital)[7];

4) explotación, fundamentalmente, de trabajadores asalariados.

Estas características estructurales dan a la sociedad contemporánea un dinamismo absolutamente peculiar. Solo la carencia de perspectiva histórica y el espíritu ideológicamente «presentista» de nuestra época llevan a pensar que vivimos en una sociedad «normal». Nuestra sociedad es históricamente una rareza. Y todo indica que esta «rareza», que en pocos siglos conquistó al mundo entero y ahora amenaza con destruirlo, posee un dinamismo propio que no es el fruto contingente, aleatorio y desarticulado de azares históricos y sociológicos.

Todo indica que tiene un funcionamiento sistémico. Marx reveló cuál es su motor oculto. No ignoraba que el motor capitalista poseía también muchas condiciones de posibilidad. Pero su dinámica profunda posee una causa básica debida a las relaciones capitalistas de producción, las cuales suponen:

a) la existencia de muchos capitales (no un único agente);

b) la competencia entre esos capitales en la disputa por un mismo mercado;

c) la búsqueda del valor abstracto (materializado en el dinero), más que de los valores concretos de productos particulares;

d) el carácter potencialmente ilimitado de la acumulación abstracta, de la acumulación de dinero y capital (a diferencia de bienes concretos);

e) el carácter fetichista de la mercancía, que hace que tendamos a atribuirle a ellas lo que en verdad son atributos de las relaciones sociales.

El proceso de innovación permanente es el resultado de la estructura competitiva de los mercados capitalistas bajo el supuesto de la acumulación indefinida. En palabras de Renaud García, «se trata de un conjunto de elementos dispuestos en un eje central: aumentar indefinidamente la productividad o morir»[8]. Dada la estructura competitiva del capitalismo, los períodos de estancamiento son relativamente breves, y en general limitados a países concretos antes que a la economía mundial.

Pero esto entraña otras consecuencias. La primera es que, pasado cierto umbral, esas fuerzas comienzan a ser fuerzas destructivas, como estamos viendo. ¿Destructivas de qué? Destructivas de las dos fuentes de toda riqueza: la fuerza de trabajo y la naturaleza: desarrollo de guerras industriales sumamente mortíferas, agotamiento de recursos no renovables, degradación de la fertilidad de los suelos, extinción de especies. La segunda es que muchas de los incrementos de productividad entrañan pérdida de cualificaciones y de autonomía para los trabajadores.

Aquí se mezcla lo analítico con lo valorativo. A veces se dice que no hay aumento de las fuerzas productivas porque el trabajo se ve descualificado. Pero son dos cosas distintas, y por ello ambas pueden ser ciertas. La manufactura implicó un aumento de la productividad (cuánto se podía producir en un tiempo dado), pero convirtió a los virtuosos artesanos de oficio en mutilados operarios parciales. Al capital lo único que le interesa es la productividad; a las personas en general y a los trabajadores en particular también nos interesan legítimamente otras cosas. Nuestro vínculo con la tecnología no puede ser meramente cuantitativo o productivista.

La dificultad para determinar el origen de las fuerzas motoras del mundo contemporáneo se visualiza con claridad en muchos enfoques que se consideran críticos del sistema. Pensemos, por ejemplo, en el concepto de «modo de vida imperial»[9]. Realiza una crítica a un modo de vida insostenible, pero lo atribuye a un vaporoso imperio. La realidad es que se trata del modo de vida creado por el capitalismo, aunque se desarrolla de modo desigual y combinado en distintos puntos del globo. Es un modo de vida capitalista con muy claras modulaciones diferenciales según la clase y las regiones. Puede asociarse a formas de imperialismo —que no es lo mismo que imperio— pero su origen y su dinámica son esencialmente capitalistas, como los propios autores dejan ver en muchos pasajes: en buena medida, describen bien un fenómeno al que le ponen el nombre equivocado.

El carácter increíblemente urbano de las sociedades actuales (de Estados Unidos a Sudáfrica, de Francia a Bolivia, de Australia a China, de India a Marruecos) es consecuencia de la expansión del capital. Lo mismo se puede decir de la omnipresencia del automóvil privado, de las carreteras, de los envases descartables de plástico, de la telefonía móvil. Si es algo, es un modo de vida capitalista desarrollado desigualmente en distintos lugares del mundo. El «modo de vida imperial» de un trabajador de Alemania poco tiene que ver con la forma en que se vivía en el imperio chino, romano o mogol, cualquiera fuera la clase social a la que se perteneciera. Y las formas de vida de las clases «alta» y «media» (incluyendo buena parte de los sectores asalariados del sector «formal») son significativamente parecidas en Europa, Asia o América Latina, con independencia de si se trata de centros imperialistas o países periféricos.

Cualitativamente, las diferencias son mucho mayores, desde luego, tanto entre clases como entre países, en lo que queda del campesinado y en los sectores del proletariado informal. Cuantitativamente, por supuesto, los sectores altos y medios (incluyendo trabajadores con salarios más o menos elevados) pueden superar los dos tercios de la población en algunos países centrales y no llegar al 15 % en algunos periféricos.

En el capitalismo, el desarrollo de las fuerzas productivas es un resultado sistémico movido no por el anhelo de mejorar la vida de las personas, sino por la sed de beneficios dinerarios de los propietarios de los medios de producción. Esa es la razón por la que aunque cada vez se produce más, el malestar, la disconformidad y la alienación no dejan de crecer. No se trata de lo que cada empresa o empresario haga en particular, sino de la propensión inherente a una estructura económica que está movida por la búsqueda de ganancias en un contexto competitivo que, en gran medida, condiciona los comportamientos y «selecciona» a sus agentes.

La dinámica no surge de los individuos, sino de la estructura en la que están inmersos y que presiona y en parte moldea a esos individuos. El más poderoso de los capitalistas no deja de ser una marioneta, aunque no lo sepa. Se trata de una «maquinaria social» relativamente automatizada, creada por los seres humanos pero que ellos no controlan. Los capitalistas poseen más poder que los trabajadores, esto es evidente. Pero no controlan el funcionamiento del sistema del cual se benefician. Ellos están por igual sujetos a las «leyes» de la competencia mercantil[10].

Esto nos remite a otra dimensión de la trampa civilizatoria en la que nos encontramos. Las clases dominantes no solo no están dispuestas a renunciar a sus privilegios (salvo un puñado de ricachones que reconocen que no estaría mal pagar un poco más de impuestos); tampoco son capaces de reconocer que la dinámica del capitalismo no depende de los comportamientos personales de los inversores, sino de una estructura impersonal que «selecciona» los comportamientos apropiados para su funcionamiento. Por eso, los mejor intencionados pueden a lo sumo pergeñar cambios en el «estilo de vida» o imaginar cosas como la «responsabilidad social empresaria».

Lo que no entienden es que, como dijo Marx —aunque él no pintó de rosa a los capitalistas—, el problema no son ellos en tanto que individuos: el problema es la estructura profunda del sistema y el dinamismo que entraña. Así que no se trata de cambiar patrones insensibles por patrones con sensibilidad, ni gobiernos malos por gobiernos menos malos. El asunto es abolir las relaciones capitalistas de producción y destruir el Estado que les sirve.

Que esto parecerá a mucha gente cosa pasada de moda, no hay cómo dudarlo. Pero no deberíamos orientarnos en base a las modas. Sobre todo cuando caemos en la cuenta de que los mega ricos que pagaron una fortuna para hablar con Douglas Rushkoff le hicieron preguntas del siguiente tenor: «¿Cómo conseguiré imponer mi autoridad sobre mi guardia de seguridad después del acontecimiento?». Si estos indigentes intelectuales hubieran leído a clásicos como Catón o Columela ya hubieran tenido respuestas suficientes. Tanto para lo bueno como para lo malo, las mejores respuestas suelen estar en los clásicos.

¿Capitalismo ampliado?

Por supuesto, la relaciones capitalistas de producción no actúan en el vacío: existen en un contexto mucho más amplio que es la biosfera; conviven regularmente con otro tipo de relaciones productivas; requieren la existencia de un Estado capaz de garantizar, como mínimo, los derechos de propiedad, la regulación de los intercambios mercantiles y el mantenimiento del orden social; la masa laboral explotada por los capitalistas debe reproducirse y posee muchas necesidades materiales y espirituales que no son necesariamente satisfechas por medios mercantiles orientados a la valorización del valor.

Toda sociedad capitalista realmente existente es más, mucho más, que relaciones capitalistas. Pero esto ya lo sabía muy bien Karl Marx. Se comprende y sin duda se puede compartir el sentido político del intento de Nancy Fraser por desarrollar una «concepción ampliada» del capitalismo que hurgue tras la «morada oculta» detectada por Marx, en busca de «moradas aún más ocultas»[11]. Sin embargo, ninguna de estas «moradas aún más ocultas» era desconocida por Marx.

Desde luego que en el capitalismo hay machismo, racismo, colonias, policías, militares, actividades de cuidados, formas no mercantiles de producción y muchísimas cosas más. Pero no habría que confundir la descripción de las formas concretas y empíricas que adquiere el capitalismo en la sociedad contemporánea con la comprensión teórica de cómo funciona esa sociedad. El economicismo es la pretensión de explicar todo lo que sucede por alguna causa económica. Marx no era economicista. Sin embargo, su concepción materialista de la historia concedía primacía a las relaciones de producción en los marcos de lo que podemos denominar una teoría pluralista asimétrica[12]. Fraser, por el contrario, se desliza acaso inadvertidamente hacia una forma de pluralismo simétrico en términos causales.

Ahora bien, no habría que confundir jerarquías sociales con jerarquías causales, ni prioridad explicativa con prioridad ética o moral. Es el caso de los enfoques «interseccionales», que tienden a disolver la muy disímil influencia causal en nombre de una igualdad moral. Su atención a las tres dimensiones de la opresión (clase, raza, género) puede terminar ocultando que, en el capitalismo, la dinámica sistémica se funda en la producción de plusvalía, que se halla anclada en la clase. Aunque toda forma de opresión es igualmente condenable en términos morales, no todas tienen el mismo impacto en términos causales para explicar un proceso histórico.

Por otra parte, la tríada clase-raza-género en la que han insistido los enfoques interseccionales no es exhaustiva. Hay opresiones nacionales o étnicas irreductibles a la raza. Hay formas de opresión o discriminación religiosa. Puede haber formas de desigualdad entre capital y provincia (quienquiera que viva en provincias sabrá de esto). Puede haber desigualdades opresivas fundadas en la edad, etc.

No digo que Fraser confunda las jerarquías causales con las sociales, como suele ser el caso en los enfoques «interseccionales». En ocasiones las diferencia muy apropiadamente. Sin embargo, hay un permanente deslizamiento —que sospecho se halla motivado por la voluntad (muy comprensible) de unificar diferentes formas de opresión y de lucha— que la lleva a colocar en un mismo plano analítico cosas que a mi juicio tienen un peso muy diferente en la dinámica profunda de la sociedad actual. Por otra parte, aunque Fraser no las confunda, la confusión entre prioridad explicativa y prioridad moral está lo suficientemente instalada, y ha enturbiado tanto algunos debates, como para que valga la pena decir algo al respecto.

En muchos ambientes de sensibilidad posmoderna la mera mención de jerarquías o la apelación a clasificaciones suele generar escozor y es vista como una operación opresiva en sí y de por sí. Sin embargo, conviene recordar que toda forma de pensamiento conlleva clasificaciones: podemos modificar las clasificaciones que empleamos pero no podemos evitar clasificar (salvo si dejamos de pensar). La negativa romántica a clasificar y definir se tambalea al borde del irracionalismo[13]. Y hay que decir que las tentaciones irracionalistas son muy fuertes en los ambientes ecológicamente motivados. Ante las atrocidades de la razón es tentador buscar refugio en la magia o la locura, sobre todo si se olvida las atrocidades que ambas han cometido. Aunque finalmente no lo hizo, tenía mucho sentido que Wittgenstein considerara la idea de adjuntar como epígrafe a sus Investigaciones filosóficas la cita de Shakespeare en El rey Lear: «Yo te enseñaré a distinguir».

Si no es posible evitar la clasificación, tampoco podemos evitar la jerarquización intelectiva. Edward Carr estaba completamente en lo cierto al señalar que «toda discusión historiográfica es una discusión sobre la prioridad de las causas». En realidad, lo es toda discusión con pretensión explicativa. Cuando John Lewis Gaddis reivindica que la explicación historiográfica (en contraste con otras ciencias sociales) no busca jerarquizar causas sino «multiplicar variables alegremente», cosa que sería posible porque los historiadores solo se interesan «por fenómenos que han pasado por la singularidad que separa el pasado del futuro», está estableciendo una distinción completamente arbitraria[14].

Si la historiografía se limita a apilar variables alegremente (como hacen algunos de sus practicantes, pero no todos) ello implica que no puede explicar nada. Gaddis confunde descripción con explicación y se engaña a sí mismo. El mero amontonamiento de causas no jerarquizadas no explica nada y entraña, además, una tarea infinita: siempre se puede agregar un elemento adicional[15]. No se trata, como cree, que para el reduccionismo la jerarquización causal sea fundamental: lo es para la ciencia en sí misma, incluso en sus formas menos reduccionistas. Conviene reparar, por lo demás, en que aunque Gaddis reivindica una «democracia de las causas» y una «causación contingente»[16] que pueden sonar como dulce melodía para muchas personas de izquierdas, él mismo es un patriota estadounidense, conservador de pura estampa que estuvo muy próximo al presidente Bush, apoyó la invasión de Irak y se vanaglorió de no haberse dejado seducir, en su juventud, por las movilizaciones contra la guerra de Vietnam. Una muestra cabal de que es perfectamente posible asumir posiciones posmodernistas en lo teórico, y ser un perfecto capitalista e imperialista en lo político. Entre las premisas teóricas o filosóficas y las posiciones políticas e ideológicas no hay nunca relaciones mecánicas. Conviene recordarlo.

De manera muy sensata, Raymond Williams decía que la determinación debe ser concebida como «el ejercicio de límites y el establecimiento de presiones». Lo primero nos habla de las «condiciones de posibilidad» de un acontecimiento o proceso, lo segundo del «motor» que empuja la producción de los mismos. A la hora de explicar cualquier fenómeno no se puede ignorar ni unos ni otros, pero es evidente que el segundo aspecto es mucho más relevante.

Cuando Marx sostenía que las relaciones capitalistas de producción producen ideológicamente el fetichismo de la mercancía o cuando Fredric Jameson afirmaba que el posmodernismo era la lógica cultural del capitalismo tardío, no estaban diciendo que el fetichismo o el posmodernismo eran posibles en el capitalismo (pero no en otros modos de producción). Estaban afirmando, a mi juicio con toda razón, algo más fuerte: que el capitalismo y el capitalismo tardío producen estos fenómenos de manera sistemática. Las condiciones de posibilidad tienen efectos reales y conviene no olvidarlas. Pero no siempre son muy relevantes a la hora de explicar algo. Llevado al extremo: todo lo que sucede en las sociedades humanas tiene como condición de posibilidad al sistema solar, pero no necesitamos apelar a él para explicar ningún proceso histórico.

El dinamismo tan peculiar e históricamente anómalo de la sociedad capitalista es el resultado directo de su estructura económica, basada en la propiedad privada de los medios de producción, la valorización del valor y la explotación del trabajo. Para acabar con su dinámica enloquecida hay que destruir este núcleo y reemplazarlo por otro tipo de relaciones de producción. Si esto no se toca, todo los cambios restantes, por aceptables y bienvenidos que sean, dejarán viva a la serpiente.

Nancy Fraser quiere aunar las demandas y las luchas antirracistas, feministas y clasistas. Un gran bloque del 99% en contra de la elite capitalista. En lo que hace a la crucial cuestión ecológica, se pronuncia taxativamente: el capitalismo es el problema. En un importante artículo publicado en la New Left Review escribió: «El capitalismo, en el sentido que definiré más adelante, representa el impulsor sociohistórico del cambio climático y el núcleo de la dinámica institucionalizada que debe ser desmantelado para ponerle freno»[17]. El problema es que a la hora de definir al capitalismo, en nombre de una mirada no reduccionista, sostiene una afirmación cuyo sentido político marcha en una dirección y su contenido teórico en la contraria. Dice Fraser:

En contra de la opinión general, el capitalismo no es un sistema económico, sino algo más amplio. Además de constituir una forma de organizar la producción y el intercambio económicos, es también una forma de organizar la relación entre la producción y el intercambio, por un lado, y las condiciones de posibilidad no económicas de ambos, por otro.[18]

No está claro quiénes serían los sostenedores de esa «opinión general». Pero para cualquier marxista realmente existente no hay dudas de que el capitalismo es ante todo un sistema económico, por mucho que no sea solo eso. Teniendo en mente toda una serie de actividades sociales, capacidades políticas y procesos naturales que son las «condiciones de posibilidad» de la acumulación de capitales, Fraser nos dice que «estas instancias no económicas no son externas al capitalismo». Lo cual es superficialmente cierto (lo mismo podría predicarse del feudalismo, el esclavismo o de cualquier sistema social, que necesariamente se basan en condiciones de posibilidad que no están en su núcleo motor) pero nos deja sin saber qué sería lo específico del capitalismo, por qué «el problema ecológico del capitalismo es estructural», y cuáles son exactamente esas «caracte­rísticas fundamentales y definitorias de nuestro orden social» que deberíamos desactivar si pretendemos evitar una catástrofe ecológica. Porque, en realidad, la fuente del tan singular dinamismo productivista del capitalismo reside en lo que este es en términos económicos, aunque las sociedades capitalistas no se reduzcan a su base económica.

La comprensible voluntad política de agrupar colectivos y movimientos en una lucha anticapitalista termina oscureciendo el principio motor que genera la peculiar dinámica de nuestra sociedad, la cual se debe a lo que el capitalismo es como sistema económico, por mucho que sea también otras cosas. Es sintomático que Fraser muestre lo que el capitalismo hace pero nunca termine de definir qué es exactamente. Afirma que no es solo un sistema económico, pero nunca nos dice qué es. Sostiene que no es solo una forma de organizar la producción, sino también de aquello que es definido como no económico.

Fraser se desplaza así, acaso sin advertirlo, del terreno del modo de producción al de las formaciones sociales. Aquí la pregunta es si la dinámica particular del capitalismo se explica por el modo de producción nuclear o por las características de las formaciones sociales capitalistas. La respuesta marxista clásica apunta a lo primero; Fraser, a lo segundo. Pero es una posición difícil de sostener. En qué consiste la forma capitalista de organizar la producción y el intercambio ha sido bien definida por Marx. Pero, ¿cuál es la forma capitalista de organizar los cuidados o la naturaleza? Fraser nos dice que «la forma de organizar los cuidados específica del capitalismo es tan contradictoria como su forma de organizar la naturaleza». Es verdad.

Pero lo que se observa empíricamente es que el capitalismo ha organizado de maneras muy diversas a uno y a otra. Ha tenido una gran capacidad para adaptarse a circunstancias muy distintas. Y no deja de ser irónico que el reclamo de que el capitalismo no es solo economía coincida con el momento en que el capital está precisamente mercantilizando a escalas incomparables la cultura, los cuidados, antiguas funciones públicas e incluso porciones de naturaleza otrora fuera de su alcance. Una consecuencia del enfoque de Fraser es que nunca queda del todo claro, ni mucho menos causalmente jerarquizado, qué es exactamente lo que debemos desmantelar. El siguiente pasaje es característico:

Lo que hace falta, ante todo, es sustraer el poder de dictar nuestra relación con la naturaleza a la clase que ahora lo monopoliza, de forma que podamos empezar a reinventar dicha relación desde cero. Pero eso exige desmantelar el sistema que sostiene su poder: las fuerzas militares y las formas de propiedad, la perniciosa ontología del «valor» y la incesante dinámica de acumulación, las cuales funcionan en su totalidad unidas para impulsar el calentamiento global. La ecopolítica debe, en resumen, ser anticapitalista.[19]

Desde luego que en términos generales estamos de acuerdo. Todo ecologismo mínimamente consecuente debe ser anticapitalista. Pero si no definimos con precisión qué es el capitalismo, si estiramos su definición para que entren en ella todo tipo de injusticias, un resultado es que se oscurece que muchas situaciones opresivas pueden ser aprovechadas por el capitalismo pero no han sido generadas por él (y podrían no desaparecer con su desaparición, atención a esto). Y otro resultado posible es que se puede dar significados completamente distintos a qué significa ser anticapitalista. En lo que hace a las formas de propiedad, algunos podrán pensar que es anticapitalista la estatización, limitar los monopolios, desarrollar cooperativas mercantiles e incluso volver «internas» las «externalidades ecológicas» del capital. Se puede pensar que es anticapitalista reconocer derechos a la Madre Tierra, demandar un pago por los cuidados o dictar cursos pagos en los que se critica la «ontología del valor».

En todo el largo artículo de la New Left Review, Fraser no habla nunca de expropiar al capital ni de socializar los medios de producción ni de la colectivización o la planificación económica. Puede ser un descuido. Pero en verdad no lo parece. En una obra mayor, Los talleres ocultos del capital, la palabra «expropiación» es una de las más repetidas, pero en ningún caso se hace la más mínima alusión a la expropiación del capital o la «expropiación de los expropiadores». No parece casual. En realidad, todas sus intervenciones en los últimos años han estado marcadas mucho más por apuntar contra quiénes hay que luchar, que por indicar por qué objetivos hacerlo. Esta actitud suya no ha sido una excepción. En las últimas décadas han sido muy habituales los discursos críticos sumamente sólidos, documentados y argumentados que, a la hora de hacer alguna proposición, caen en el mutismo o en propuestas tan poco audaces como una reforma fiscal o una modificación del sistema electoral.

Sin embargo, no se trata tan solo de saber contra qué o contra quiénes luchamos, sino en pos de qué deberíamos hacerlo. Cualquier movimiento socialista debe aunar, desde luego, demandas y grupos de diferente tipo. Pero también debe tener objetivos propios, claros y muy radicales. Las demandas de la clase obrera están muy bien y deben ser apoyadas. Pero no son revolucionarias en sí mismas. Lo mismo vale para el resto. Si lo que queremos es apretar el freno de emergencia que evite que el tren desbocado del capitalismo nos lleve al desastre, entonces necesitamos otras cosas además de aumentos salariales, legislación feminista, impuesto a las grandes fortunas, radios comunitarias o educación pública.

Hay que aunar las demandas clasistas, feministas, raciales, nacionales, etc., sin duda. Cualquier lucha contra una injusticia (sea la que sea) merece el apoyo de los y las socialistas aunque no sea anticapitalista y aunque no sea indispensable abolir el capitalismo para acabar con ella. Pero, simultáneamente, hay que luchar por unir todas esas luchas en torno a un proyecto revolucionario que se proponga desmontar las relaciones capitalistas de producción, para lo cual debe tener muy en claro qué son y qué podría reemplazarlas para no reproducir su dinámica. Y aunque esto suene abstracto o inalcanzable luego de lustros de retroceso del movimiento socialista y de «realismo capitalista», es precisamente lo que hay que decir y por lo que hay que luchar.

Notas:

[1] Se pueden hallar diversos análisis específicos sobre la relación entre capitalismo y crisis ecológica en Jason Moore (Ed.), Anthropoceno or Capitalocene? Nature, History and the Crisis of Capitalism, Londres, PM Press/Kairos, 2016.

[2] Michael Mann, Las fuentes del poder social, vol. I, Madrid, Alianza, 1995, p. 521.

[3] Me he ocupado crítica pero elogiosamente de ella en El Marxismo en la encrucijada, Bs. As., Prometeo, 2010, cap. 3, pp. 81-127. Cabe apuntar, por lo demás, que el desarrollo tecnológico suele estar asociado empíricamente a la competencia militar (la hoy omnipresente internet, por ejemplo, tiene un origen militar), por mucho que en las últimas décadas se haya teorizado relativamente poco sobre la relación entre militarismo e innovación técnica. De manera un tanto excepcional, Mann ha explorado con solvencia esta relación, dicho sea en su honor. Con todo, es evidente que tanto el poder como el gasto militar eran mucho mayores en los imperios antiguos, en las sociedades feudales o en los absolutismos que en la actual sociedad capitalista.

[4] Perry Anderson, “La sociología del poder de Michael Mann”, en su Campos de batalla, Barcelona, Anagrama, 1998, p. 127.

[5] Chris Wickham, “Materialismo histórico, sociología histórica”, Zona Abierta, Nº 57/58, 1991, p. 231.

[6] No es este el lugar ni el momento para discutir en detalle el espinoso asunto de si la URSS fue socialista o si lo es la China actual. Diré simplemente que me parece errado considerar que la URSS o China fueran socialistas, si por socialismo entendemos, con Marx, la sociedad de los “productores libremente asociados”, los cuales ejercen pleno control sobre las decisiones y, en consecuencia, viven y producen en el marco de formas genuinas de democracia proletaria. Sobre la economía China actual cabe recomendar ante todo la lectura de dos obras: Giovanni Arrighi, Adam Smith in Beijing, Londres, Verso, 2007; y la obra del Colectivo Chuang, Polvo rojo. La transición al capitalismo en China, 2019, edición on line en castellano disponible en el sitio web Rebelión. Para entender la Rusia actual vale la pena leer “Rusia inconmensurable”, de Perry Anderson, New Left Review, Nro. 94, setiembre-octubre de 2015.

[7] La producción capitalista de mercancías difiere, pues, tanto de la producción autosuficiente (y como tal no mercantil o solo vinculada marginalmente con el mercado; tal el caso de los campesinos o los señores feudales) como de la producción mercantil simple, en la que sus agentes no pretenden que sus relaciones mercantiles generen ingresos indefinidamente crecientes, sino que les proporcionen un ingreso más o menos invariante, suficiente para sostener el nivel de vida tradicional que se juzga apropiado.

[8] Renaud García, La colapsología o la ecología mutilada, ob. cit., p. 108.

[9] Ulrich Brand, Markus Wissen, Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo, Fundación Rosa Luxemburgo, 2020.

[10] No creo que la tesis de que vivimos en una sociedad que ya no es capitalista tenga ningún sustento. Yanis Varoufakis, entre otros, defiende la tesis de que lo que domina la economía actual es un tecnofeudalismo. Ver Yanis Varoufakis, Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo, Barcelona, Ariel, 2024. Una muy sólida crítica a la «tesis tecnofeudal» es la que ofrece Evgeny Morozov en «Crítica de la razón tecnofeudal», New Left Review, Nro. 133/134, mayo-junio de 2022.

[11] Nancy Fraser, Los talleres ocultos del capital. Un mapa para la izquierda, Madrid, Traficantes de sueños, 2020.

[12] He discutido todo esto con detalle en Ariel Petruccelli, Materialismo histórico: interpretaciones y controversias, Bs. As., Prometeo, 2010.

[13] Voy a dar un ejemplo de mi propia tradición y de un autor importante: Lukács pudo escribir cientos de páginas en El asalto a la razón sin proporcionar siquiera una elemental definición de qué entendía por razón. De este modo, la argumentación racional se hace poco menos que imposible. La racionalidad, desde luego, nunca es absoluta, como tampoco lo es su opuesto, la irracionalidad. Pero hay diferencias de grado que no se pueden soslayar. Para una crítica al panideologismo lukacsiano y su tendencial irracionalismo véase Manuel Sacristán, “Sobre el uso de las nociones de razón e irracionalismo por G. Lukács”, Sobre Marx y marxismo, Barcelona, Icaria, 1983. Sobre el concepto de racionalidad: W. Newton-Smith, La racionalidad de la ciencia, Buenos Aires, Paidós, 1987; León Olivé (comp.), Racionalidad. Ensayos sobre la racionalidad en ética y política, ciencia y tecnología, México, Siglo XXI, 1988.

[14] John Lewis Gaddis, El paisaje de la historia. Cómo los historiadores representan el pasado, Barcelona, Amagrama, 2002, p. 87.

[15] Gaddis es consciente de esto. Por eso dice muy sensatamente: “esto no quiere decir que nos sintamos

obligados a rastrear cada cadena causal hasta el Big Bang”. Pero el criterio al que apela a renglón seguido para poner freno a la infinitud de las cadenas causales es de una simpleza e ingenuidad que hacen sonreír.

[16] John Lewis Gaddis, El paisaje de la historia, ob. cit., p. 83 y p. 94.

[17] Nancy Fraser, “Los climas del capital”, New Left Review, Nro. 127, marzo-abril 2021.

[18] Ibidem, p. 108.

[19] Ibidem, p. 112. Ariel Petruccelli. Historiador y profesor de la Universidad Nacional del Comahue (UNC) en la Patagonia Argentina. Autor, entre otros, de «Materialismo histórico. Interpretaciones y controversias» (2010) y «El marxismo en la encrucijada» (2011).

Fuente: https://jacobinlat.com/2025/05/lo-viejo-funciona-el-marxismo-y-la-crisis/

Cómo Ansar Allah de Yemen puso fin al capitalismo marítimo

31 Mayo 2025 at 06:15

Un artículo del New York Times del 12 de mayo titulado «Por qué Trump declaró repentinamente la victoria sobre la milicia hutí» reveló inadvertidamente la verdad sobre el fracaso de la coalición liderada por Estados Unidos en Yemen. El artículo señalaba que mientras Estados Unido estaba quemando municiones, los hutíes de Yemen, o Ansar Allah, continuaban disparando a barcos y derribando drones con impunidad. En otras palabras: Yemen, uno de los países más pobres del mundo imponía con éxito un bloqueo sobre el Mar Rojo, una de las rutas marítimas más importantes del mundo, mientras que Estados Unidos malgastaba millones de dólares en defensa antimisiles contra un oponente que lo superaba a cada paso.

Las operaciones militares estadounidenses en Yemen han causado importantes bajas civiles, con estimaciones muy contradictorias. Air Wars, un monitor de conflictos con sede en el Reino Unido, documenta cientos de muertes de civiles yemeníes en 181 acciones militares estadounidenses desde 2002. Estas cifras contrastan dramáticamente con los informes del Pentágono que reconocen solo trece muertes de civiles. La guerra civil yemení, en curso desde 2014, ha sido aún más devastadora. Los expertos independientes estiman que la campaña de bombardeos y el bloqueo de la coalición liderada por Arabia Saudita, apoyada por Estados Unidos, han contribuido a más de 150.000 muertes, parte de un conflicto que se ha cobrado cientos de miles de vidas yemeníes en general.

¿Cómo ha terminado? Tres factores clave explican la capacidad de los hutíes para mantener un bloqueo a pesar de la oposición occidental: su control de un punto vital de paso forzoso, su arsenal de misiles y drones producidos en el país, y la vulnerabilidad inherente de una industria naviera global hiperconsolidada.

El bloqueo que sacudió al mundo

El 19 de noviembre de 2023 los combatientes hutíes abordaron el barco Galaxy Leader en el Mar Rojo, lo que marcó el primer bloqueo naval de la historia impuesto por una fuerza sin una Armada naval propia. A partir de ese momento Yemen cerró efectivamente una de las rutas comerciales más vitales del mundo, e interrumpió un tercio del tráfico mundial de contenedores y casi una cuarta parte de todo el comercio marítimo entre países no vecinos. La onda expansiva económica fue inmediata. Los gigantes del transporte marítimo desviaron sus buques por el Cabo de Buena Esperanza por primera vez en más de 150 años, lo que provocó un aumento del tiempo del viaje, de los costos y de las primas de seguro.

Cuando comenzó el bloqueo el 14 de noviembre de 2023, inicialmente solo se había atacado a barcos con destino a Israel. Desde un principio los hutíes se comprometieron a poner fin al genocidio en Gaza ejerciendo presión económica sobre Israel. Estados Unidos respondió con la Operación Prosperity Guardian, una coalición de veinte naciones (algunos de sus miembros no quisieron ser mencionados públicamente) cuyo objetivo era asegurar el comercio del Mar Rojo.

Sin embargo, el bloqueo por parte de Ansar Allah continuó. Su estrategia supuso un cambio fundamental en la guerra naval: un actor no estatal, que utilizaba tecnología barata y de producción nacional, había superado a la alianza militar más poderosa de la historia.

A principios de 2025 se impuso un frágil alto el fuego y con él se levantó temporalmente el bloqueo del Mar Rojo, pero en marzo, cuando Israel rompió la tregua y escaló su campaña de hambre en Gaza, Ansar Allah se movió rápidamente para volver a imponer su asedio marítimo. Esta vez Estados Unidos lanzó una campaña unilateral de bombardeos contra Yemen a la que Gran Bretaña, siempre un leal aliado menor, no tardó en sumarse.

El poder de los puntos geográficos de paso forzoso

El estrecho de Bab el-Mandeb, un paso de 20 millas de ancho entre Yemen y Djibouti, es uno de los cuellos de botella más críticos en el comercio mundial. Por ahí pasa entre el 12% y el 15% de todo el comercio mundial, incluido el 12% del petróleo mundial y el 30% de las mercancías en contenedores. Cuando Ansar Allah lo cerró, las consecuencias económicas fueron enormes.

Solo las interrupciones en Bab el-Mandeb cuestan a la economía global unos 23.000 billones de dólares anuales en condiciones normales y no digamos ya durante un bloqueo completo. Sin acceso al estrecho, los barcos se vieron obligados a tomar el largo y tormentoso desvío alrededor del Cabo de Buena Esperanza de África, que añade semanas al tiempo de navegación y millones en costos de combustible por el viaje.

Estados Unidos y sus aliados no podían limitarse simplemente a bombardear para solucionar el problema. El control de la costa por parte del Yemen significaba que incluso unos pocos misiles o drones bien colocados podían disuadir indefinidamente el transporte comercial.

Producción nacional de armas y apoyo iraní

La geografía por sí sola no explica el éxito de la estrategia de Ansar Allah. En la última década ha creado una formidable industria nacional de armamentos que produce misiles crucero, misiles balísticos y drones capaces de atacar buques a cientos de kilómetros de distancia.

Irán ha desempeñado un papel fundamental en ello al proporcionar conocimientos técnicos, componentes de misiles y adiestramiento. Al menos desde 2014 la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica ha estado contrabandeando asesores y armas a Yemen por aire y mar, lo que ha ayudando a Ansar Allah a establecer instalaciones de producción de misiles en Sa’da. Pero igual de importante ha sido la capacidad de Yemen para adaptar la tecnología comercial al uso militar, como los drones reutilizados fabricados en China. Esta mezcla de innovación nacional y apoyo extranjero permitió a Ansar Allah librar una guerra asimétrica contra adversarios mucho más ricos.

La fragilidad del transporte marítimo mundial

El hecho de que Estados Unidos y sus aliados no puedan detener el bloqueo de Ansar Allah ha puesto de manifiesto los costos subyacentes de la eficiencia del capitalismo marítimo moderno. La marcha de décadas de la industria naviera hacia la consolidación y la expansión ha socavado la estabilidad de las rutas comerciales marítimas. Grupos como Ansar Allah han explotado esta fragilidad, con unos efectos devastadores.

Hoy en día el comercio mundial se mueve a través de un embudo cada vez más estrecho. En la última mitad de la década tres o cuatro alianzas navieras han controlado más del 90% del tráfico de contenedores entre Asia, Europa y América del Norte. Las flotas de estas alianzas están compuestas por buques portacontenedores ultralargos (ULCV, por sus siglas en inglés) que hubieran sido inimaginables hace apenas unas décadas. En la década de 1980 los buques más grandes transportaban 4.500 contenedores; hoy día un ULCV típico transporta 24.000.

Sin embargo, la adopción del transporte marítimo a gran escala también tuvo un costo. Este nuevo modelo tuvo tres consecuencias principales:

Primera, la presión portuaria: los ULCV requieren puertos de aguas profundas con una infraestructura especializada, de modo que solo quedan un puñado de centros globales capaces de manejarlos. Mientras que antes cientos de puertos participaban en el comercio mundial, ahora una interrupción en Singapur, Rotterdam o Shanghai tiene repercusiones en el resto del mundo.

Segunda, la trampa de la eficiencia: el afán de maximizar la capacidad ha eliminado cualquier flexibilidad del sistema. El transporte marítimo moderno funciona con precisión just-in-time, en la que los retrasos medidos en horas pueden desencadenar retrasos de semanas. Cuando el barco Ever Given bloqueó [al encallar] el Canal de Suez en 2021, bloqueó el 12% del comercio mundial durante seis días.

Tercera: el control absoluto de la alianza: con un control casi total de las rutas fundamentales, las alianzas navieras crearon un sistema en el que su aversión al riesgo se convirtió en una profecía autocumplida. Cuando las aseguradoras se resisten a subir las primas, las alianzas se desvían en masa, como lo hicieron durante el bloqueo de Ansar Allah.

La revolución de los contenedores de la década de 1960 hizo posible este sistema al multiplicar por cien la productividad portuaria, pero también eliminó los amortiguadores que una vez habían absorbido los choques. En el pasado los estibadores movían la carga pieza por pieza. Hoy en día las máquinas automatizadas mueven montañas de contenedores en unas horas, hasta que algo sale mal.

Al parecer Ansar Allah entendió perfectamente este cálculo: no tenía que derrotar a la Marina de los Estados Unidos; simplemente tenía que hacer que las primas de riesgo del Mar Rojo superaran los beneficios. El comandante Eric Blomberg, que supervisó la Operación Prosperity Guardian, admitió con renuencia que «nosotros (Estados Unidos) solo tenemos que equivocarnos una vez; los hutíes solo tienen que triunfar una vez».

Esta es la paradoja del capitalismo del siglo XXI: la misma eficiencia que genera unas ganancias asombrosas también crea una vulnerabilidad catastrófica. La mayor fuerza del sistema (su estrecha interdependencia) se convirtió en su mayor debilidad cuando se enfrentó a un movimiento capaz de explotar sus puntos débiles.

La crisis económica de Israel

El bloqueo ha afectado a Israel con particular dureza. Alrededor del 60% de su PIB proviene del comercio y el 99,6% (en peso, 65% en volumen) es marítimo. Esto convierte a Israel en un Estado insular de facto, dependiente de las importaciones de materias primas, bienes de consumo y recursos energéticos, excluido el gas natural. Tres puertos, Haifa, Ashdod y Eilat, manejan el 80% del tráfico marítimo del país. Pero a mediados de 2024, Eilat, la principal vía de comunicación de Israel con Asia a través del Mar Rojo, estaba muerta y había declarado oficialmente su bancarrota ante el Knesset. Los barcos se negaron a arriesgar el viaje y en vez de ello optaron por desviarse 11.000 millas náuticas alrededor de África. Las primas de seguro aumentaron en un 900% y se cuadruplicaron los costos de envío de China a Europa.

Incluso las alabadas exportaciones de gas natural de Israel quedaron paralizadas. Israel perdió su sueño de convertirse en un centro regional de exportación de gas natural licuado (GNL), dada la dificultad y el costo de llevar grandes petroleros a sus puertos.

Un nuevo capítulo en el conflicto asimétrico

El bloqueo del Mar Rojo por parte de Ansar Allah fue más que un éxito táctico; puso de manifiesto que actores más pequeños pueden aprovechar la vulnerabilidad de una economía global interconectada. Al interrumpir una de las rutas marítimas más importantes del mundo, demostró que en la era de comercio hipereficiente incluso unas capacidades militares limitadas pueden tener unos efectos estratégicos de gran envergadura.

A pesar de su abrumadora potencia de fuego, Estados Unidos y sus aliados tuvieron dificultades para contrarrestar una campaña que no solo se centraba en los buques, sino también en la economía subyacente del comercio marítimo. Mientras que la doctrina militar tradicional prioriza la fuerza bruta, el planteamiento de Ansar Allah explotó debilidades sistémicas: unas rutas marítimas consolidadas, la logística just-in-time y unos mercados reacios al riesgo. El resultado fue una crisis que no se podía resolver solo con misiles.

Este conflicto tiene implicaciones más amplias acerca de cómo se proyecta el poder en el siglo XXI. El dominio militar ya no garantiza el control cuando se pueden contrarrestar los puntos débiles de la economía (las vías marítimas, las cadenas de suministro, los sistemas financieros) con medios no convencionales. Las herramientas de la globalización, diseñadas para maximizar la eficiencia, también han creado una nueva vulnerabilidad.

Texto original: https://znetwork.org/znetarticle/how-yemens-ansar-allah-brought-maritime-capitalism-to-a-halt/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

Una nueva vuelta de tuerca al negacionismo climático: ocultar que cuesta dinero

31 Mayo 2025 at 06:10
Por: Caty R

Ojos que no ven, bolsillo que no se resiente, debe pensar la administración estadounidense de Donald Trump. Tanto es así que el presidente estadounidense le ha dado una vuelta de tuerca al negacionismo climático y ha prohibido que las agencias que redactan normas o conceden autorizaciones analicen el impacto económico de las emisiones de CO2. Solo podrán hacerlo cuando esté “claramente requerido” por mandato legal.

El memorando remitido el 5 de mayo es una “guía” para aplicar la orden ejecutiva Desatando la energía estadounidense, y cuenta con el visto bueno de la Agencia de Protección del Medio Ambiente. Las directrices resumen: “Ya no es una política federal mantener una estimación uniforme de los impactos económicos monetizados de las emisiones de gases invernadero”. No se traducirá a dinero el daño que las emisiones hacen a la actividad económica o lo que cuesta atender a los afectados por las olas de calor, inundaciones o polución exacerbadas por la inyección masiva de gases a la atmósfera.

Solo en 2024, el país más perjudicado económicamente por los episodios meteorológicos extremos, como los huracanes Milton y Helena, fue, precisamente EEUU, con unos 60.000 millones de dólares, según el cálculo anual de la organización Christian Aid.

“Las ocasiones en las que las agencias [reguladoras] tendrán que analizar el coste económico de las emisiones de gases de efecto invernadero serán pocas o ninguna”, vaticina el documento. El objetivo declarado es “eliminar cualquier barrera (…) que restringa la capacidad de los EEUU de maximizar los beneficios de nuestros abundantes recursos materiales”. Es decir, del petróleo, el gas o el carbón, los tres combustibles fósiles que inyectan CO2 a la atmósfera al quemarse para obtener energía. EEUU es el mayor emisor histórico de CO2 –y segundo en la actualidad– .

Si esas agencias no pueden escaparse de una obligación legal ya establecida, “deberán limitar sus análisis al mínimo exigible para cumplir ese requerimiento legal”.

¿Marcará tendencia?

Tras esta reciente decisión, queda comprobar si la nueva vuelta de tuerca desde EEUU marca una tendencia –el desprecio de Donald Trump por la lucha climática ya ha arrastrado a diversas multinacionales, bancos y fondos para alinearse con sus postulados–.

Las consecuencias económicas de las emisiones de CO2 –que en última instancia derivan en el cambio climático–, “son la mayor amenaza a largo plazo para el crecimiento y la prosperidad además de tener un impacto directo en el bienestar económico de todos los países”. La frase encabeza el análisis sobre la crisis del clima de una institución como el Fondo Monetario Internacional.

Su última revisión de 2024 afirma que “es necesario un urgente recorte en las emisiones de gases de efecto invernadero”. El título del trabajo da pistas y se llama: ¿Caminando sonámbulos hacia el borde del precipicio?

¿En qué se basa la administración Trump? Echa mano de lo que llama “incertidumbres demasiado grandes” a la hora de “cuantificar los impactos monetizados [calculados en cantidades de dinero]”. Incluso pone en duda “si ,y hasta qué punto, cualquier supuesto cambio en el clima está ocurriendo realmente como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por los humanos”.

Evidencia acumulada de décadas

El daño económico que generan las emisiones de gases y el cambio climático tiene más dos décadas de acumulación de evidencia. El economista Nicholas Stern publicó ya en 2006 su Revisiónacerca de la economía del cambio climático: la inacción podría llevar a una recesión global. Con todo, el memorando firmado en 2025 por la Casa Blanca despliega todo el arsenal negacionista o, al menos, retardista o tecnoptimista a su alcance que sirve de argumentario.

En este sentido, la guía hace referencia a la “incertidumbre para evaluar la relación entre cambios en el clima provocados por los humanos e impactos económicos”; dudas sobre “cómo proyectar el crecimiento económico de los países en el mundo”, sobre “cómo predecir el crecimiento de la población mundial”, y sobre “cómo tener en cuenta los avances tecnológicos que puedan mitigar las emisiones o facilitar la adaptación de los humanos”.

Las instituciones que vienen poniendo cifras y estudios encima de la mesa sobre la relación entre impactos climáticos y daños económicos son múltiples. El Banco Mundial considera que la crisis del clima empujará a 100 millones de personas a la pobreza en 2030. También ha advertido de que la alteración climática –que supone impactos en la meteorología– “reduce la producción agropecuaria”. Y de igual manera, “perturba las cadenas de distribución y suministro” de las que depende el comercio.

Otra organización como la Cámara de Comercio Internacional publicó en noviembre pasado que los eventos meteorológicos extremos relacionados con el cambio climático entre 2014 y 2023 habían costado 2 billones de dólares.

Estos impactos económicos “abarcan pérdidas financieras, disrupciones en las infraestructuras esenciales y consecuencias humanas a largo plazo. La interconexión hace que los daños iniciales a activos físicos e infraestructuras deriven en daños a la productividad, desplazamientos de poblaciones y presión sobre los recursos públicos”. Este proceso “subraya la carga significativa sobre las economías”.

España en el epicentro

España está en el epicentro europeo de las pérdidas económicas por fenómenos climáticos como sequías, lluvias torrenciales u olas de calor (en muchos casos empeorados por el efecto invernadero que generan los gases emitidos a la atmósfera). El Banco de España ha analizado que “la actividad económica de España sufriría caídas sustanciales” si los riesgos climáticos se materializan. El análisis, firmado por Pablo Hernández de Cos cuando estaba al frente de la institución, dice que “en un año de sequía o una ola de calor severa se produciría una ralentización notable del crecimiento económico y un aumento de la inflación”.

Solo en los dos últimos años, la sequía de 2023 y la DANA de octubre de 2024 han aparecido en la lista de los diez fenómenos atmosféricos extremos más costosos en el mundo.

El trabajo del Banco de España concluye que “el análisis económico disponible muestra los elevados costes económicos que supondría no ajustar a nivel global la senda actual de emisiones de gases” y que “el retraso en la acción aumenta tanto los costes físicos como de transición del proceso”.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/nueva-vuelta-tuerca-negacionismo-climatico-ocultar-cuesta-dinero_1_12299443.html

La guerra de los ricos y el salario universal

30 Mayo 2025 at 06:35

Como todo sistema dominante, el capitalismo no sólo se especializó en secuestrar bienes materiales sino también simbólicos, desde la política, la ideología, la ética, la estética, la narrativa de sus medios propagadores y los medios periodísticos hasta los medios culturales a través de la industria de la cultura. Como todo sistema dominante, se reproduce como un fractal en cada individuo, en cada sociedad y en el orden global. En los tres niveles existe y ha existido siempre una relación parasitaria de una minoría sobre una mayoría. De la misma forma que dentro de una sociedad la clase trabajadora es parasitada (física e intelectualmente) por las clases dirigentes, así también ha ocurrido siempre con la mayoría de los países y los imperios parásitos.

Para encubrir o justificar una posición de dominio y explotación, el esclavista debe demonizar, desmoralizar, desacreditar y “de-nigrar” al esclavo. Esta moral también es parasitaria, ya que una vez inoculada en el organismo del oprimido se alimenta y reproduce en ese mismo organismo hasta producir esclavos en plenitud, defensores incondicionales de sus amos. Esclavos que quieren ser amos, oprimidos que sueñan con ser opresores ricos y apenas si llegan a opresores pobres.

Entre muchos dogmas, uno que continúa siendo popular reza que “los pobres son pobres porque quieren”, porque “no se esfuerzan lo suficiente”, “porque se drogan o beben alcohol”, “porque no trabajan”, como si entre las clases dirigentes, empresariales y políticas no existieran drogadictos, alcohólicos, perezosos y desocupados, y no por eso se caen de la escala de privilegios sociales y mucho menos terminan viviendo en la pobreza. Luego, ante cualquier movilización por justicia social, los herederos de los esclavistas y sus remedos de segunda sacan su látigo clasista: “vayan a trabajar, manga de vagos”. Del mismo eran acusados los indígenas que trabajaban en las minas de estaño en Bolivia y morían a los treinta años, no sólo porque todos sufrían de neumoconiosis (“pulmón negro”), sino porque cuando tenían un domingo libre, los desarraigados iban a los bares de los pueblos a emborracharse y a imaginarse el amor con una prostituta para el escándalo del cura del pueblo y de las señoras de la clase alta. Lo mismo los negros esclavos en Brasil. Lo mismo los mexicanos en Estados Unidos, los recogedores de bananas en América central y los gauchos blancos en Argentina, según Domingo Sarmiento. Los pobres esclavos o rebeldes libertos eran degenerados, holgazanes, corruptos e inmorales.

Esta relación material-simbólica no ha cambiado desde entonces. Sólo se ha transformado. El viejo mito se choca de narices contra la realidad y sobrevive siempre. Porque los pobres, los necesitados, los atados a un salario miserable y al terror de perderlo son presas fáciles de la esclavitud, física y moral y, por si fuese poco, son una necesidad del mercado: cuanto más adoctrinados, cuanta menos educación, cuanta menos independencia, los obreros y consumidores incrementan los beneficios del capital. Esto ha sido así desde los tiempos de las repúblicas bananeras hasta el metaverso virtual de las inversiones y el dinero virtual. Pero como toda ley, como toda decisión judicial, como todo dinero es simbólico sin una fuerza de coerción, este mundo virtual debe ser sostenido por la antigua brutalidad militar, está de más decir. Esto se prueba con un simple dato: erradicar la pobreza en un país como Estados Unidos es barato. Con el uno por ciento del PIB nacional (25 por ciento del presupuesto anual del Pentágono; menos del tres por ciento de lo gastado en la guerra en Afganistán) se erradicaría la pobreza completamente.

Erradicar la pobreza en todo el mundo costaría entre 70.000 y 325.000 millones de dólares al año, es decir, menos del 0,5 por ciento del PIB de los países de la OCDE.[1] Con todo, los expertos coinciden en que, para luchar contra la pobreza de forma más eficiente, mejor que un plan para los pobres es un plan universal.

Exactamente la misma lógica se aplica no sólo para mantener los salarios y las posibilidades de las pequeñas empresas eternamente deprimidas, sino para impedir o postergar la gran amenaza que pende sobre las elites parasitarias, por nombrar un solo factor que acelerará la revolución del siglo XXI: el salario universal. La Gran Revolución de este siglo está siendo postergada por la reacción fascista, último recurso del capitalismo y de los imperios, violentos, genocidas y moribundos.

Un estudio del Banco Mundial demostró que, en su abrumadora mayoría, los pobres que recibieron salarios gratis no lo gastaron ni en alcohol ni en tabaco. Por el contrario, luego de un tiempo el consumo de esos estimulantes disminuyó. Claro que estos datos no son bienvenidos para aquellos que se sienten con algún privilegio amenazado o no son reverenciados lo suficiente por los impuestos que pagan. Otro estudio de la Universidad de Ohio publicado en 2009 recogió la crítica más común contra los programas de redistribución: “En Nicaragua circularon otras opiniones negativas y malentendidos sobre el RPS. Una funcionaria de alto rango del Ministerio de la Familia informó que el RPS solo daba dinero en efectivo, y que los esposos esperaban el regreso de sus esposas para quedarse con el dinero y gastarlo en alcohol.”[2] 

En mayo de 2014, el mismo Banco Mundial se hizo eco de esta idea y terminó rebatiéndola en un estudio que incluyó decenas de estudios de campo. El informe respondió a la pregunta central en el mismo título: “¿Los pobres desperdician dinero en alcohol y cigarrillos? No”. De hecho, aunque no de una forma significativa, el consumo de estos estimulantes disminuyó. La conclusión del estudio del Banco Mundial fue “Deberíamos dejar de preocuparnos por el mal uso que los pobres les dan a sus ingresos por transferencias. No lo gastan en alcohol y cigarrillos sino en chocolates”. [3]

Diversos estudios y experimentos estatales han demostrado una verdad que, por simple, no se considera como tal sino como una mera tautología: “la principal razón por la cual los pobres son pobres es porque no tienen dinero”. Cada vez que uno menciona este “descubrimiento” articulado por varios sociólogos e historiadores contemporáneos, tiene que reservar unos segundos hasta que las risas dejen lugar a un silencio más reflexivo. Un estudio de The Lancet en Namibia concluyó que cuando los pobres reciben un salario sin condiciones, tienden a trabajar más fuerte que si les dicen qué deben hacer para merecerlo.[4]

Como ya lo analizamos en Moscas en la telaraña, la propuesta de un Salario Universal tiene un antecedente contradictorio y paradójico. Durante la Segunda Guerra mundial, Juliet Rhys-Williams, miembra del Partido Liberal (por entonces la izquierda en Inglaterra), propuso un “impuesto negativo” por el cual todos aquellos quienes tuviesen un ingreso por debajo de una línea mínima de subsistencia deberían recibir un subsidio en relación inversa a su ingreso. Es decir, si consideramos una curva de ingresos ascendentes y la atravesamos con una recta horizontal definiendo un mínimo de subsistencia, todos aquellos que queden por debajo de la recta deberían recibir tanto como sea necesario para alcanzar el mínimo, mientras los demás deberían pagar tanto más cuanto más altos sean sus ingresos. Obviamente que los impuestos progresivos son un criterio conocido y practicado desde hace mucho tiempo, pero no la primera parte. En su libro Where Do We Go from Here Chaos or Community? (1967), Martin Luther King había entrevisto la solución: “Debemos crear pleno empleo o crear ingresos. Estoy convencido de que el enfoque más simple demostrará ser el más efectivo: la solución a la pobreza es abolirla directamente mediante una medida ahora ampliamente discutida: el ingreso garantizado”.[5]

En 1964, al mismo tiempo que Lyndon Johnson radicalizaba su guerra imperialista contra Vietnam y la CIA hacía lo mismo con África y América Latina, como suelen hacer los demócratas (la izquierda imperialista), se mostraban más humanos fronteras adentro. El programa “Guerra contra la pobreza” incluyó experimentos sociales muy similares al ingreso universal, algo que ni el gurú del neoliberalismo, el economista Milton Friedman se oponía. Más bien lo contrario, cuando propuso su “impuesto negativo”.[1]

Los resultados fueron positivos, aunque tuvieron una lectura negativa. Hubo un nueve por ciento menos de trabajo asalariado, pero entre madres jóvenes y jóvenes pobres, la tasa de graduación de la secundaria aumentó un 30 por ciento.[6] Los investigadores encontraron que aún ese nueve por ciento estaba inflado―probablemente debido al miedo de las personas a perder el beneficio, a diversos trabajos en sus propias casas y, más probablemente, porque muchos jóvenes habían optado por continuar estudiando, tal como se refleja en el porcentaje de graduación anterior.

La idea de eliminar la pobreza a través de programas financiados por el Estado federal alcanzó un apoyo popular y mediático superior a la idea de poner un hombre en la Luna. Claro que no todos estuvieron de acuerdo y en 1978 ocurrió el milagro que muchos esperaban. Uno de los casos de estudio, Seattle, registró un incremento del 50 por ciento de incremento en los divorcios. La libertad económica suele producir esas cosas. Las mujeres se estaban haciendo a la idea de demasiada libertad. Solo esta posibilidad cambió el curso del experimento, y éste no se corrigió cuando poco después se descubrió que el 50 por ciento se había debido a un error de cálculo estadístico.

Probablemente el experimento social más sistemático sobre ingreso universal fue realizado en 1973 en la pequeña ciudad de Dauphin, Canadá. Pocos años atrás, el historiador holandés Rutger Bregman (un defensor del capitalismo amable, por ahora) lo popularizó en su libro Utopía for realists. Desde 1974 a 1978, mil familias de Dauphin recibieron un salario equivalente a 20 mil dólares anuales de hoy sin condición. En las elecciones generales, cuatro años después, ganaron los conservadores y el proyecto fue abandonado. No hubo presupuesto ni siquiera para analizar la masa de datos recogida. Los políticos concluyeron, por su propia cuenta, que el experimento había fracasado. Los investigadores pusieron todos los datos recogidos en dos mil cajas y el proyecto fue olvidado. Treinta años después fue descubierto en un ático y rescatado de una destrucción inminente. La investigadora que descubrió este tesoro, la economista Evelyn Forget, comparó los datos recogidos por el proyecto con otras realidades y concluyó que el experimento había sido un rotundo éxito, contradiciendo todos los argumentos en contra: las familias no se dedicaron a tener más hijos (hace unas décadas no existía el miedo decimonónico de los blancos sin hijos sino de los pobres con hijos) y los hijos aumentaron su rendimiento escolar. La violencia doméstica cayó y las hospitalizaciones por otras razones se redujeron en 8,5 por ciento.[7] 

Los experimentos sobre salario universal no terminaron ahí. Se multiplicaron con los mismos resultados. En el año 2009, la ciudad de Londres concluyó que había gastado, entre policías y trabajadores sociales, más de medio millón de libras en trece personas en situación de calle. Cuando se le ofreció tres mil libras a cada uno de forma incondicional, el resultado no fue solo que la ciudad pasó a gastar solo 50.000 libras en los mismos indigentes, sino que más de la mitad de ellos terminaron saliéndose de ese círculo de miseria. De forma voluntaria, invirtieron en sus propias necesidades, como higiene, casa y, en algunos casos, clases de jardinería. Experimentos similares fueron realizados en Namibia, Ruanda, Kenia y Uganda, donde hombres y mujeres en condiciones de extrema pobreza recibieron dinero en efectivo, la mayoría de las veces de forma incondicional, con  resultados positivos: muchos lo invirtieron en pequeños negocios, como comprarse una moto para dar un servicio de taxi, lo cual, a su vez, facilitó la comunicación y el transporte a otros habitantes de las aldeas, lo cual multiplicó el ingreso no sólo del beneficiado directo sino de sus vecinos también.

Como lo demuestran los investigadores de la University of Manchester, en otros casos la sola reducción de la malnutrición en los niños se tradujo en un incremento en la estatura física y en el coeficiente intelectual; aumentó el rendimiento escolar, y redujo la pobreza y el crimen en decenas porcentuales.[8] Naturalmente, también redujo el trabajo infantil y la esclavitud moderna que siempre benefició a los más ricos de esas sociedades y del mundo, como es el caso, por ejemplo, de la actual esclavitud masiva practicada en las minas de cobalto en el Congo. Experiencias similares fueron reproducidas en decenas de otros países, desde América Latina hasta Asia, con la misma resistencia y desacreditación de las políticas y relatos de las clases altas y de los países imperiales, hoy en decadencia.[2]

¿Cuál es secreto? La respuesta me resuena en la memoria de mi propia experiencia en Mozambique en 1996. Los pobres no recibieron un plan de vida por parte de cooperantes, nacionales o extranjeros (blancos), quienes suelen hacer un trabajo similar al de los misioneros enseñándoles cómo dejar de ser pobres, sino que recibieron recursos económicos (dinero) que ellos mismos pudieron administrar según lo que ellos consideraban necesidades propias. Nadie (si no ha cruzado las fronteras del delirio o de la disfuncionalidad social debido a años de deshumanización) sabe más de sus propias necesidades (inmediatas y, luego, a largo plazo) que quienes las sufren. En otras palabras, el problema de los pobres no es cultural; es económico y, en su raíz, es político. Esta realidad material luego se transforma en una cultura que los detractores de las clases más bajas toman como causa de la pobreza y la corrupción.

Lo mismo hemos insistido por años sobre las posibilidades de desarrollo de cualquier país: primero debe dejar de ser colonia y luego debe ser independiente: a más independencia más desarrollo. Algo que se prueba a lo largo de la historia global, incluso sólo considerando la diferencia de desarrollo de los países latinoamericanos desde el siglo XIX: cuanto más ricos, más deseados por los imperios y, por ende, menos desarrollados.

La misma lógica aplica a algo que hemos analizado en estudios anteriores (y en esto tampoco hemos descubierto la rueda): el capitalismo nace como consecuencia del descubrimiento europeo de América por parte de españoles y portugueses. Nace con el masivo saqueo de capitales (oro, plata, cobre, hierro, guano, carne, trigo y todo tipo de materias primas necesarias) que hicieron posible la existencia de las nuevas clases sociales en Europa ―comerciantes primero en los Países Bajos y proletarias después en Inglaterra. Fue este mismo saqueo, que no sin ironía fue realizado e impuesto por los ideólogos del “libre mercado” que hizo posible otro nacimiento: la Revolución Industrial inglesa, un siglo después de destruir las naciones más prósperas de su tiempo (India, Bangladesh, más tarde China y gran parte de Medio Oriente) a fuerza de cañón, droga y cipayaje. La Revolución industrial europea nace generaciones después de abortar el nacimiento de las revoluciones industriales en Asia.

El descubrimiento de América y el saqueo de recursos de ultramar fue el disparador y el sustento necesario del desarrollo europeo se continuó con el destrozo, saqueo y parasitación de otros continentes, parasitación que continúa hoy en día, aunque de una forma menor por parte de los moribundos pero siempre violentos imperios occidentales.

Lo mismo podemos decir de la libertad de expresión: permítanles seguridad económica a los ciudadanos del mundo y verán cuántas verdades salen a la luz y desplazan los mitos de las clases y de los países dominantes. Naturalmente que estas verdades no son un producto automático de un sistema, porque siempre se necesitarán espíritus realmente libres (libres de pensar, libres de codicia), pero sin duda que la diferencia con lo que sufrimos actualmente sería astronómica.

Gran parte de la crítica y los miedos sobre el salario universal se basan en el miedo a que la gente deje de trabajar en masa. Este miedo procede de una corrupción propia del capitalismo: nadie se mueve si no es por dinero. El Salario universal es una propuesta tan modesta que ni siquiera propone la abolición del dinero ni de la pasión capitalista por hacer más dinero. Esto debería venir en una etapa superior de la humanidad, si es que somos capaces de algo mejor que esto. Diferente a los planes sociales que los beneficiarios pierden si mejoran sus condiciones de vida, el salario universal tiene la virtud de estimular el trabajo y la creatividad.

Jorge Majfud, mayo 2025. Del libro La mejor democracia que el dinero puede comprar: Reflexiones sobre la Anti-Ilustración y la agonía de las democracias liberales.


Notas:


[1] Ver Moscas en la telaraña. Historia de la comercialización de la existencia―y sus medios (Majfud, Humanus, 2023), p. 606.

[2] Este extenso estudio fue dirigido por mi amigo de Mozambique Joseph Hanlon, y se publicó con el título Just Give Money to the Poor: The Development Revolution from the Global South. United Kingdom, Kumarian Press, 2010. Conocí y viajé por Mozambique con Hanlon en 1996. Compartí con él y su esposa Therese noches de conversación en distintas islas sin electricidad, en antiguas casas portuguesas rodeadas de campos de marihuana

[1] “New Estimates of the Cost of Ending Poverty.” UNU WIDER, 23 Oct. 2023, www.wider.unu.edu

[2] Report, Research. Moore, Charity Nicaragua’s Red de Protección Social: An Exemplary but Short-Lived Conditional Cash Transfer Programme. P. 35.

[3] David Evans y Anna Popova. “Do the Poor Waste Transfers on Booze and Cigarettes? No.” World Bank, 2014.

[4] Cash transfers for children: investing into the future. The Lancet, Volume 373, Issue 9682, 2172

[5] King, Martin Luther. Where Do We Go from Here: Chaos Or Community? United States, Beacon Press, 2010.

[6] Matthews, Dylan. “A Guaranteed Income for Every American Would Eliminate Poverty―and It Wouldn’t Destroy the Economy.” Vox, 23 July 2014, www.vox.com

[7] Bregman, Rutger. Utopia for Realists: How We Can Build the Ideal World. United Kingdom, Little, Brown, 2017, p. 36-37.

[8] Hanlon, Joseph, et al. Just Give Money to the Poor: The Development Revolution from the Global South. United Kingdom, Kumarian Press, 2010.

Elon Musk da un paso atrás y eso hay que celebrarlo

30 Mayo 2025 at 06:15
Por: Caty R

A Elon Musk ya no se le ve tan chulo y sonriente. Le ha cambiado la cara. Ha pasado de su vocabulario guerracivilista y vacilón a lamentar públicamente y preguntarse por qué ha recibido él y sus empresas ingentes cantidades de rabia y odio. El último episodio de esta retirada paulatina de Musk ha sido el anuncio en redes sociales de que abandona la dirección del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE por sus siglas en inglés).

El magnate, con cara más triste, ha anunciado que deja sus responsabilidades en ese organismo creado a medida para recortar gasto público y reducir el déficit. Una meta que, pese a que han realizado recortes claves de la guerra cultural como en educación, no se ha logrado ya que el déficit de la potencia se ha incrementado y no parece que tenga intención de reducirse en lo que resta de año según los analistas.

Ese incremento en el déficit, según Musk, es debido a la política fiscal de Trump. El CEO de Tesla criticó las medidas del presidente y señaló que dificultan la consecución de las metas de reducción del desequilibrio presupuestario estadounidense que se le habían encomendado. Tan sólo unas horas antes de anunciar su abandono de la administración, expresó que se sentía “decepcionado” por el rumbo de la reforma fiscal. “Me decepcionó ver el enorme proyecto de ley de gastos, que aumenta el déficit presupuestario, no lo reduce”, argumentó Musk en una entrevista en la CBS

Pero la realidad es que a Musk la cara le cambió antes de que el déficit creciera y se anunciara el nuevo proyecto fiscal de gastos. El magnate lleva meses viendo como las ventas y acciones de Tesla se hundían. Pese a que en las últimas semanas han vuelto a recuperar vuelo, el valor de la compañía está lejos de sus máximos e incluso la acción llegó a caer por debajo de los 245 dólares desde el que despegó cuando Trump se hizo con las elecciones presidenciales.  

Elon Musk no tuvo en cuenta dos factores: la primera es que juntos tenemos mucha fuerza y la segunda es que no nos gustan los fascistas

La subida meteórica como estandarte de la extrema derecha y mano derecha del actual presidente ha sufrido un revés tras otro. Algunos han sido en su propia casa, en Tesla, y otros han venido en forma de cancelación de contratos y recelo sobre otra de sus empresas, SpaceX. Pero otros han venido por parte de movimientos ciudadanos globales como el #TeslaTakeDown, manifestaciones y actos vandálicos en sus concesionarios organizados en redes sociales fuera del alcance de Musk como BlueSky o Mastodon.

En mi opinión, creo que Elon Musk no tuvo en cuenta dos factores: la primera es que juntos tenemos mucha fuerza y la segunda es que no nos gustan los fascistas. Desde que el magnate hiciera el saludo nazi y apoyara a partidos como Alternativa por Alemania (AfD), Vox o la extrema derecha británica, la ciudadanía global ha señalado a Musk como el impulsor del fascimo a nivel global y se ha organizado para plantar cara al magnate mediante boicots a sus empresas. 

Un grupo de accionistas de Tesla había pedido públicamente el relevo de Musk como CEO si este no abandonaba la política

Todo ello ha hecho que a Musk le crezcan los enanos en su propia casa. Cada vez son más y más grandes los accionistas de Tesla que han exigido que el sudafricano sea relevado de sus cargos (él solo controla el 16% de la empresa y un conjunto amplio del accionariado podría echarle de su puesto). El poder dentro de su propia empresa se ha ido diluyendo a medida que las caídas de ventas fuera de Estados Unidos se veían mermadas por los boicots al magnate y por el avance de la industria china del coche eléctrico. Desde finales de febrero, cuando los boicots y protestas se intensificaron y las acciones cayeron en picado, un grupo de accionistas capitaneado por Ross Geber había pedido públicamente el relevo de Musk como CEO de Tesla si este no abandonaba la política y se dedicaba íntegramente a la dirección de la empresa.

No ha sido solo una cuestión de coches y boicots ciudadanos. Los gobiernos amenazados por las agresivas políticas arancelarias de Trump y los apoyos a las extremas derechas de Musk también se han plantado ante el par de matones de la Casa Blanca. La empresa aeroespacial SpaceX y su rama de satélites y comunicaciones Starlink también han visto como los mercados le cerraban puertas en las narices. Los gobiernos han dejado de ver a Starlink como una empresa de servicios fiable a ser percibida como una extensión de los tentáculos de Trump. Darle acceso a las comunicaciones militares del ejército de un país, tal y como pretendía hacer Meloni en Italia, sería como poner en bandeja información sensible y altamente confidencial a un Pentágono ahora controlado por la nueva dirección trumpista.

Además, esa necesaria independencia estratégica de las empresas de Trump ha sido el impulso que necesitaba Bruselas y algunos Estados miembro para acelerar el proyecto semipúblico europeo Iris2 (Infraestructura para la Resiliencia, la Interconectividad y la Seguridad por Satélite) que sustituiría y competiría con los satélites multiórbita de Trump y cerraría el mercado europeo.

Más allá del tema Tesla, los contratos estatales de Starlink o el auge del coche eléctrico chino, este paso atrás del hombre más rico del mundo nos vuelve a mostrar que las campañas ciudadanas, la presión social y los boicots funcionan. Plantarle cara al matón del colegio trae buenos resultados. Creo que nunca habíamos presenciado un movimiento global contra un sólo individuo tal y como el que se ha vivido en estos últimos meses (en la época de Hitler no había redes sociales) y ha sido el hombre más rico del mundo el que ha tenido que dar marcha atrás mientras culpa y se distancia de su socio político Donald Trump.

Que haya dado un paso atrás tan solo unos meses después demuestra que la ciudadanía sigue teniendo un poder inmenso para poner contra las cuerdas a cualquier fascista por muy rico que sea

Musk deja un reguero de recortes que claramente han constituido una guerra contra los pobres y contra los derechos básicos más que ir en aras de controlar el déficit. No será fácil revertir la huella impronta del sudafricano tras su breve paso por la Casa Blanca. También será necesario vigilar los siguientes pasos del sudafricano y ver con qué ocurrencia nos sale ahora. Pero que haya dado un paso atrás tan solo unos meses después demuestra que la ciudadanía sigue teniendo un poder inmenso para poner contra las cuerdas a cualquier fascista por muy rico que sea, por mucho que invierta en comprar nuestras plazas de debate y controle el algoritmo o por muy impunes que se sientan hasta el punto de hacer saludos nazis. Se ha conseguido que Musk dé un paso atrás y eso hay que celebrarlo.

Yago Álvarez Barba. Coordinador de la sección de economía. @econocabreado.bsky.social

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opinion/elon-musk-da-un-paso-atras-doge-eso-hay-celebrarlo

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