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La empresa estadounidense Standard Nuclear ha anunciado que la construcción de dos nuevas instalaciones de producción de combustible avanzado en los estados de Tennessee e Idaho está «sustancialmente completa». El anuncio, realizado este 24 de julio de 2026, supone un avance hacia la puesta en servicio de las plantas, que fabricarán combustible TRISO (del inglés TRi-structural ISOtropic), un material clave para los reactores modulares pequeños (SMR) y los reactores de alta temperatura.
Las instalaciones, denominadas SN-TN y SN-ID, son gemelas y están ubicadas en el emplazamiento del Laboratorio Nacional de Oak Ridge (Tennessee) y en Idaho Falls, junto al Laboratorio Nacional de Idaho. Según Standard Nuclear, una vez completamente operativas podrían añadir una capacidad conjunta de hasta cinco toneladas métricas de uranio (MTU) al año de producción adicional de combustible TRISO. Inicialmente, cada planta aportará hasta 1 MTU adicional anual.
El combustible TRISO se caracteriza por su alta resistencia térmica y mecánica, lo que lo hace especialmente adecuado para reactores de cuarta generación y diseños modulares pequeños. Su desarrollo se considera estratégico para la independencia energética y la descarbonización, al permitir reactores más seguros y flexibles que los convencionales.
La compañía señaló que las instalaciones están ahora en fase de puesta en marcha, a la espera de la aprobación regulatoria y del inicio de la producción. El avance de Standard Nuclear se produce en un contexto de creciente interés por los SMR tanto en Estados Unidos como en otros países, incluida España, donde se estudia su posible despliegue como parte de la transición energética.
El Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha aprobado un préstamo de 800 millones de euros para la renovación y extensión de vida de la unidad 1 de la central nuclear rumana Cernavodă, según informó la entidad financiera este lunes. La operación forma parte de un paquete de 17.400 millones de euros que el BEI ha destinado a fortalecer la autonomía energética de la Unión Europea.
La planta de Cernavodă, la única central nuclear comercial de Rumanía, genera aproximadamente el 20% de la electricidad del país. El préstamo cubrirá la sustitución de componentes clave y mejoras en los sistemas de la unidad, lo que permitirá un nuevo ciclo de operación segura y fiable, según señaló el BEI en un comunicado.
El paquete global de 17.400 millones de euros aprobado por el BEI tiene como objetivo reforzar la independencia energética del continente en un contexto de tensiones geopolíticas y transición hacia fuentes bajas en carbono. La tecnología utilizada en Cernavodă es del tipo CANDU, un reactor de agua pesada presurizada de origen canadiense, similar al de las plantas de Atucha en Argentina.
La renovación de la unidad 1 se suma a otros proyectos de ampliación nuclear en Rumanía, que estudia la construcción de dos nuevas unidades en el mismo emplazamiento con tecnología estadounidense. El BEI no detalló el calendario de las obras ni el plazo de extensión de vida de la planta, pero el préstamo representa un respaldo firme a la energía nuclear como pilar de la estrategia energética europea.
Cuba es un país paralizado desde que, el pasado diciembre, el presidente Trump amenazase con represalias a cualquier país que exportase petróleo a la isla. Un castigo colectivo ilegal según el derecho internacional con el que el mandatario estadounidense intenta doblegar al Gobierno cubano para que acepte sus condiciones en unas negociaciones erráticas.

Mientras tanto, el pueblo cubano sufre una crisis humanitaria agravada por décadas de bloqueo norteamericano, por políticas locales ineficaces y por el desplome del turismo desde la pandemia de COVID-19. Todo ello ha provocado el mayor éxodo de la historia reciente cubana. De acuerdo a las cifras oficiales, entre 2021 y 2024 más de 1,2 millones de personas han abandonado la isla.

Según una investigación del economista y demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos, del Centro Cristiano para la Reflexión y el Diálogo en Cuba, la pérdida poblacional asciende hasta el 20%: unos 2,1 millones de personas. Uno de cada cinco cubanos. La mayoría, jóvenes de entre 25 y 40 años. Y muchos de los que no han logrado aún una vía para huir, no ven otro horizonte para mejorar sus vidas.

Por ahora solo pueden pensar en cómo «resolver» un día más. Aunque los apagones son la manifestación más evidente del colapso energético, la falta de combustible tiene múltiples consecuencias: los cortes de agua pueden durar días porque los depósitos funcionan con electricidad, como los repetidores de Internet y telefonía móvil; no hay apenas transporte público, por lo que se han tenido que reducir las jornadas laborales y suspender las clases universitarias; los agricultores han tenido que sustituir los tractores por los bueyes, se ha reducido la recogida de basuras…

Y muchos días ni siquiera hay gas para cocinar, así que muchas familias usan cocinas artesanales de carbón. Una de ellas es Emma Navarro, de 84 años. «Yo quisiera que hubiera un cambio, para mejor, como quiere todo el mundo, ¿no?», dice en su casa a las afueras de La Habana. Y, efectivamente, Cuba es un país paralizado a la espera de un cambio. Nadie se aventura a predecir cuál será.

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