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AnteayerSalida Principal

El ser-‘streamer’, el nuevo sujeto del neoliberalismo

4 Febrero 2026 at 07:00

El paso atrás de Héctor de Miguel, que decidió dejar su programa de humor en la Cadena SER, no llegó acompañado de una gran explicación pública. No hizo falta. Bastó con que se filtrara el contexto para que el mensaje se entendiera con claridad. Meses de amenazas, campañas coordinadas de acoso en redes, señalamientos explícitos y una escalada de violencia verbal que había desbordado el terreno de la sátira para adentrarse en la intimidación directa. No era la primera vez que ocurría y, tristemente, tampoco será la última.

Durante los primeros años de expansión de Internet se impuso una narrativa que hoy suena casi ingenua. La red aparecía como un espacio horizontal en el que la comunicación escapaba al control de los grandes grupos mediáticos y abría posibilidades inéditas de cooperación, autoorganización y producción cultural distribuida. Blogs, foros y primeras redes sociales alimentaron la idea de que el poder simbólico se estaba descentralizando y que la ciudadanía ganaba herramientas para hablar en primera persona, sin intermediarios ni peajes. La promesa tenía un alcance tecnológico y político al mismo tiempo.

Dos décadas después, el balance es bastante más sombrío. La arquitectura técnica y económica de Internet no solo no ha debilitado a las grandes corporaciones, sino que las ha reforzado. Plataformas privadas concentran audiencias masivas, extraen datos a gran escala y fijan las reglas del juego comunicativo. La promesa de horizontalidad convive con dinámicas de acoso, linchamiento y violencia simbólica que se despliegan con una facilidad inédita. El ciberacoso forma parte de la estructura de un ecosistema diseñado para maximizar la atención, el conflicto y la polarización.

Este fenómeno se inscribe además en un marco político más amplio. Como ha señalado Miquel Ramos, la extrema derecha ha entendido antes que nadie el potencial de las redes como espacio de intimidación y disciplinamiento. Amenazas de muerte coordinadas, campañas de acoso sostenidas y ataques dirigidos contra periodistas, feministas, humoristas o activistas no buscan únicamente silenciar a una persona concreta. Buscan enviar un mensaje al conjunto. El objetivo es generar miedo, elevar el coste de hablar y normalizar la retirada. La extrema derecha y el beneficio corporativo convergen aquí sin fricciones. El conflicto genera tráfico, el escándalo produce clics y la indignación se monetiza mejor que la deliberación.

En ese contexto va tomando forma una nueva subjetividad que encaja con precisión en la fantasía neoliberal, una que ya anticipó Michel Foucault con el concepto de un nuevo modo de gubernamentalidad definida por la idea del “empresario de sí mismo”, en la que el sujeto deja de pensarse como parte de un entramado social y pasa a concebirse como una unidad económica aislada, responsable de gestionar su capital humano, su imagen pública y su rendimiento. El riesgo se internaliza, el fracaso se moraliza y la precariedad aparece como una deficiencia personal, no como un problema estructural. Y el ser-streamer encarna a la perfección la figura predilecta del nuevo neoliberalismo.

Xokas, el sujeto de sí mismo

El ser-streamer condensa lo que Byung-Chul Han ha descrito como el sujeto de rendimiento que se autoexplota creyéndose libre. Como ya anticipaba Foucault, el poder no necesita hoy imponerse desde fuera, sino que opera a través de la interiorización de normas de productividad, visibilidad y éxito. Sin embargo, esta subjetividad incorpora además una ficción específica de individualidad; el streamer se percibe a sí mismo como un yo autónomo, encerrado en su habitación frente a una cámara, convencido de que todo lo que ocurre es fruto exclusivo de su talento y de su esfuerzo, ignorando la red que hace posible su actividad.

Detrás de cada emisión hay decisiones algorítmicas, criterios editoriales de plataformas privadas y, sobre todo, una comunidad activa que sostiene, amplifica y da valor a su trabajo. La supuesta independencia descansa en una infraestructura colectiva que permanece invisibilizada, y el resultado es un sujeto que cree producir solo lo que en realidad es el efecto de una cooperación asimétrica, organizada y explotada por terceros, y que interpreta esa dependencia como libertad individual.

El caso de Xokas, uno de los mayores streamers del país, resulta especialmente ilustrativo. En su paso reciente por El Hormiguero, afirmó que en España se paga “una barbaridad de impuestos” y que el sistema “castiga a quien le va bien”, una formulación que condensa con notable claridad el núcleo ideológico del emprendedor contemporáneo. Huelga decir que ese discurso no es nuevo. Representa el discurso de la derecha de siempre, desde que los monárquicos ocuparon tal parte en el hemiciclo de la Asamblea Nacional Constituyente durante la revolución francesa de 1789. Pero hay un cambio, una nueva aportación al esquema neoliberal que ve al ser-streamer como una oportunidad para fortalecer su propaganda.

El primer neoliberalismo se aferró al mito del self-made man, y utilizaba los ejemplos del “genio creador” que, como Amancio Ortega, comenzaron su camino al éxito en un pequeño taller. Así, en base a su supuesto talento y a un gran esfuerzo lograron, con el tiempo, levantar un imperio (dejemos por ahora a un lado cómo ambas historias están llenas de momentos turbios en su carrera, como la explotación de las costureras gallegas que señala Fonsi Loaiza en su obra Oligarcas, los dueños de España.

Este relato, aunque relativamente eficiente, chocaba con el sentido común de la gente, a la que no se le escapa que, en la inmensa mayoría de los casos, quienes habían logrado levantar grandes fortunas económicas era principalmente porque ya habían heredado otras fortunas previas. Trump y Elon Musk son dos ejemplos claros de hijos de padres ricos que han multiplicado su fortuna. El dinero, ya se sabe, llama al dinero. Si eres pobre, el interés bancario que recibirás por tus ahorros será ínfimo. Si eres rico, puedes “generar” dinero simplemente estando sentado en tu sofá, y a más que tengas, mayor será tu recompensa. Esta lógica regresiva intrínseca al capitalismo hacía que el discurso del “si quieres puedes”, para la mayoría de la población, todavía sonara a farsa. Así que al neoliberalismo le faltaba algo; una nueva subjetividad que pudiera completar su relato.

Hoy, el “si te esfuerzas, puedes” resulta más verosímil mediante la figura de streamers/creadores de contenido de éxito que, como el Xokas, Jordi Wild o Ibai, han levantado una fortuna sin la necesidad de ser hijos de padres ricos. Basta con una cámara, una conexión a Internet y tiempo. Esa accesibilidad aparente completa una promesa que antes chirriaba, y es clave para eludir lo que es una realidad estructural del sistema; del mismo modo que por mucho que alguien se esfuerce jugando al baloncesto es extraordinariamente improbable que llegue a la NBA, las probabilidades de vivir dignamente del streaming son mínimas. El sistema oculta esa estadística bajo relatos de éxito extremo.

La consecuencia no es solo individual. Es política. Por el camino quedan trayectorias truncadas y jóvenes que renuncian a invertir en formación o en proyectos colectivos, empujados por narrativas épicas que invisibilizan la precariedad real del modelo. Al mismo tiempo, se refuerza una concepción de la sociedad como suma de individuos en competencia permanente, sin lazo social ni horizonte compartido. Esta fragmentación beneficia directamente a las grandes plataformas, que concentran el poder económico y simbólico mientras los sujetos se perciben como rivales y no como aliados.

En ese engranaje, figuras como Xokas funcionan como piezas perfectamente integradas en el sistema. El ser-streamer se presenta como libre de cadenas, pero en la práctica actúa como peón de un orden económico que necesita sujetos aislados, despolitizados y convencidos de que el juego es justo, incluso cuando las reglas ya están escritas.

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Mapeo de Tecnologías Libres en América Latina y el Caribe

21 Enero 2026 at 20:13

Conoce este catálogo colaborativo que mapea el ecosistema de tecnologías libres de la región, cono software, organizaciones, recursos y otras herramientas que te servirán para eludir el dominio actual de las corporaciones tecnológicas.

Acceder al mapeo: https://telar1.gitlab.io/comunidadtecnologiaslibres

La iniciativa surgió de Internet Ciudadana, un espacio latinoamericano y caribeño, donde confluyen organizaciones, colectivos y personas que movilizan agendas comunes para construir una Internet de los pueblos, entre ellas Radios Libres.

El catálogo, que se encuentra en continua construcción colaborativa, fue desarrollado por compañeras y compañeros de los colectivos Telar, Comuna Digital, Niboe, SurSiendo, OpenLab Ec, Undernet y Pressenza.

El mapeo cuenta con:

  • una sección de herramientas y servicios digitales;
  • otra de organizaciones que trabajan en este campo;
  • y diversos recursos formativos como libros y capacitaciones.

Secciones que te ayudarán a entender mejor el panorama digital, a cuidarnos y a saber cómo avanzar hacia entornos digitales más libres y soberanos.

En su confección se ha priorizado la sencillez, evitando complicaciones excesivas ya que está pensado para personas que se inician en esta materia. Seguramente, más especializados echarán de menos otras herramientas y recursos que se irán sumando en el futuro. De hecho, en el mismo catálogo existen formularios para sugerir y aportar nuevas herramientas, organizaciones o recursos.

Cualquier duda o sugerencia puedes ponerte en contacto con Comuna Digital o Internet Ciudadana.

Más información sobre el mapeo:

La IA desregulada es una herramienta dañina en manos de agresores

3 Diciembre 2025 at 12:21

Google ha lanzado al mercado Nano Banana Pro, una actualización de su inteligencia artificial generativa que es capaz de hacer imágenes más realistas, con lo que las imágenes 'fake' serán más difíciles de identificar.

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Salaketak jartzen dituzten emakumeen aurkako salaketak

26 Noviembre 2025 at 12:03

Sexu-indarkerien lekukotzak publikoki partekatzen dituzten emakumeek errepresaliei egin behar diete aurre, eta errepresalia horiek prozesu judizial bat eragin dezakete ohorearen aurkako delitu bat egiteagatik.

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¿Tú también eres drogadicto?

El mundo tecnológico es extraño para los humanos. Estamos medio drogados. Y eso no es lo peor. Lo más grave es que no lo sabemos; o no lo queremos reconocer; síntoma clásico de toda adicción.

En paralelo, crece el consumo de medicamentos que nos adormecen, al igual que nuestra obsesión colectiva por creer que son necesarias o imprescindibles las tonterías más delirantes, desde las toallitas húmedas al agua plastificada. Vivimos en una sociedad enganchada, sumisa a los picos de dopamina. Aunque esto tiene una explicación científica basada en la evolución, hay un lado triste y autodestructivo; deshumanizador y depravado.

¿A qué estamos enganchados? Al menos, a todo esto…

  1. Esclavos de la comodidad. Esto es dañino cuando se busca a toda costa y sin evaluar costos ni riesgos para nosotros ni para terceros.
  2. Dependemos del plástico y de los envases de usar y tirar. Hemos convertido en un peligro para nuestra salud un material que —bien empleado— podría tener más ventajas que inconvenientes. Ni un SDDR para los envases de plástico sería suficiente, porque reciclar no basta.
    • Evitar envases de usar y tirar, incluso de vidrio, no es tan fácil como debiera, aunque tampoco es imposible.
  3. Dependemos del petróleo. Pocas dependencias son tan graves como la petroadicción. Gran parte de nuestras sociedades se mueven con combustibles fósiles, desde este blog que estás leyendo, hasta la comida que llega a tu boca. Sin petróleo, sufriríamos apagones, tanto eléctricos como médicos, psicológicos, de suministros y hasta de paz.
    • Caminar e ir en bici son bombas silenciosas que despiertan a la humanidad.
  4. Nos ciega la moda barata. Queremos vestir arreglados para que no nos miren mal; o para sentirnos superiores, si bien los mayores ladrones y asesinos siempre se presentan con corbata y relojes caros. Tampoco parece importar que la moda sea causa directa de enormes problemas ecoanimalistas.
    • Vestir ropa visiblemente usada, no solo introduce menos tóxicos en nuestro cuerpo, sino que golpea en el estómago de la segunda industria más contaminante del planeta, solo por detrás del sector energético.
  5. Adoramos la carne, los lácteos, los huevos y la comida ultraprocesada. Nos da igual lo que diga la ciencia, incluso aunque nuestra salud se resienta. El consumo de alimentos de origen animal y ultracondimentados es tan sabroso y barato (subvencionado en muchos casos), que nos engancha en cada mordisco. Los dirigentes venden nuestra salud a macrocorporaciones ultraazucaradas.
    • Solo un demente o alguien sin alternativas querría trabajar de matarife. En este oficio, la crueldad diaria insensibiliza al ser humano hasta niveles inhumanos. A partir de ahí, todos los negocios que se basan en ello —igual que la caza o la pesca— tienen podridos los cimientos.
  6. Huimos lejos para mirar fuera cuando no queremos ver dentro. ¿Quién nos ha vendido que si no viajas en vacaciones eres un ser inferior? Los sabios saben que se aprende más sin salir de casa (Capítulo 47 del Tao Te Ching).
    • Viajar despacio y por tierra (sin volar) no es sinónimo de viajar cerca, ni de aprender poco. Tener el valor de mirar hacia dentro es más barato, más productivo y más valiente que subir al Himalaya, pero la foto tendrá menos likes.
  7. Buscamos el ruido. Fabricamos máquinas que producen ruido y rellenamos con música cuando hay demasiado silencio. Nuestra sociedad se comporta como si el silencio fuera un terrorífico enemigo.
  8. Anhelamos la riqueza. Queremos dinero para que nos admiren. Los ricos no son superiores; solo los tratamos como si lo fueran, sin importar si el origen de su riqueza es ético o no; o incluso cuando, directamente, se sabe que procede de corrupción propia o de sus antepasados.
    • Muchas personas se consideran clase media porque observan que hay otros más ricos y otros más pobres. La medida de Peter Singer para ver si somos ricos tal vez te sorprenda y te haga reaccionar ante este mundo asombrosamente injusto.
  9. Nos atamos a las telecomunicaciones, a internet, a la tecnología, a la IA, a las series en streaming. La cosa va más allá del síndrome FOMO (Fear of Missing Out; miedo a perderse algo), caracterizado por ansiedad o preocupación constante por no estar al tanto de eventos y personajes; a veces tan alejados que ni conocemos en persona. Estar constantemente en conversación con unos y otros no solo es estresante, sino que nos quita tiempo para cosas importantes: leer, estudiar, pensar, descansar, pasear…
    • Algunas apps, como WhatsApp, tienen serios inconvenientes si se usan mal. Por eso, cada vez más personas se pasan a Telegram que, además de tener menos usuarios (eso quita ruido), no traspasa tus datos a cualquiera de las redes de Meta.
  10. Corremos sin motivo, siervos de la inmediatez y la novedad. Lo que queremos, lo queremos rápido. Si viajamos, ansiamos llegar pronto; para así, irnos rápido a otro lugar. Ver la película es más rápido que leer el libro. Lo nuevo, rápido pasa a ser viejo.
    • ¿Y si cada día nos proponemos hacer algo más despacio, con más calma, con más pasión?

Por supuesto, no hemos pretendido ser exhaustivos en esta lista, sino invitar a una reflexión siempre agradecida y agradable. Cambiar no es fácil, pero tampoco imposible ni difícil, si lo deseamos.

Como sociedad, es bueno saber que hay estudios que reflejan que no hace falta mucha población concienciada para provocar un cambio sustancial. Entre un 10 y un 20 % de personas activas son suficientes para arrastrar a más individuos, colectivos y también a los líderes, que tendrían que tomar medidas. Hay muchos ejemplos: el voto femenino se consiguió cuando ni siquiera muchas mujeres lo deseaban.

La sociedad actual nos ha envenenado. Ya no somos consumidores. Somos nosotros los consumidos, drogadictos del sistema; adictos al placer inmediato y a la comodidad de un sistema de vida insostenible, cuya factura pagará quién sabe quién.

Asumamos nuestras dependencias. Reconozcamos que tenemos un problema grave. Ese es el primer paso para desintoxicarnos antes de morir por sobredosis.

♥ Drogas que nos matan y soluciones que nos salvan:

blogsostenible

17 de mayo: Día de las Telecomunicaciones, Día de Internet

14 Mayo 2025 at 17:48

La relación que existe entre todo tipo de telecomunicaciones e Internet se estrecha cada día más. Por eso, este 17 de mayo, es el mejor día para defender la Red.

La Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT), el organismo de las Naciones Unidas que norma el uso del espectro radioeléctrico a nivel mundial y el resto de comunicaciones tecnológicas, conmemora el 17 de mayo el Día Internacional de las Telecomunicaciones. Desde hace unos años, esta fecha se comenzó a denominar popularmente cómo el “Día de Internet”. ¿Es acaso Internet la única telecomunicación? Obviamente, no. Están los teléfonos, satélites, la radio y la tv. Sin embargo, estas tecnologías se acercan cada día más a Internet. Seguiremos usando los mismos aparatos que utilizamos ahora, pero de diferente forma. Sobre todo los teléfonos.

En 2014, el número de suscripciones de banda ancha móvil era de 2,3 mil millones, el 55% de ellas en países en desarrollo. En menos de 10 años, para 2023, este número se triplicó llegando a 7.000 millones.

Cuando la banda ancha se implementó el los celulares, se mantuvo el canal de voz. Es decir, se transmite con un tipo de tecnología mientras que el acceso a Internet usa otra. Esto aún se mantiene, sin embargo, con la llegada de la cuarta y quinta generación de telefonía móvil (4G y 5G) poco a poco vamos dejando de comprar “minutos para hablar” y usamos los planes de datos para llamarnos y navegar. Con esos datos, revisamos las redes sociales, el correo, mandamos mensajes instantáneos (con Telegram, Signal, Line, WhatsApp) y hablar por VoIP, llamadas a través de Internet, con programas como Jitsi, BBB, Zoom, Meet y, hasta hace poco, Skype que cerró justo este mes (mayo, 2025). Lo poco que queda de telecomunicación tradicional entre personas, terminará pronto para tele-comunicarnos plenamente a través de Internet.[1]

Por todo esto, hoy más que nunca, se hace hace necesario proteger la Red. Darle entidad de Derecho, y buscar que ante esta nueva realidad la ciudadanía salga beneficiada, no sólo las operadoras móviles.

La situación no es muy alentadora. Desde la reunión NetMundial, celebrada en abril de 2014 en Brasil, se minaron las posibilidad de proteger derechos como la neutralidad de la Red a nivel global. No podemos esperar a que los gobiernos o las operadoras tomen la iniciativa para garantizar nuestros derechos. Es hora de reclamarlos, es el momento de defender Internet, de establecer normas justas y éticas que nos permitan disfrutar de una red y unas telecomunicaciones libres.

¿Qué podrías hacer en tu radio? Es cierto que muchas emisoras piensan que hablar de estos temas en sus programaciones es complicado, sobre todo si las comunidades de las que son parte ni siquiera disfrutan de conexión a Internet.

Pero no es menos cierto que, al igual que las ondas de radio han sido poderosas herramientas para defender los derechos de esas comunidades, no podemos perder el control de esta otra herramienta llamada Internet que permitirá una defensa de esos derechos de un modo más global, más profundo y colectivo.

Por ello, infórmate para informar. Divulga las leyes y recomendaciones que se han hecho a nivel internacional de defensa de la Red. Conoce los requisitos que las organizaciones más importantes de Internet proponen para salvaguardar Internet. Súmate a las campañas mundiales en defensa de la red.


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Imagen: CC-BY-SA: https://www.flickr.com/photos/codiceinternet/

1 Si los gobiernos se preocuparan realmente por disminuir la Brecha Digital habrían obligado a las operadoras móviles a ofrecer tarifas reducidas en planes e datos y subsidiarlas en zonas de bajos ingresos. En cambio, negocian contratos a espaldas de sus ciudadanaos beneficiando a las compañías más poderosas del planeta (Claro, Movistar, AT&T).

¿Por qué tenemos la internet que tenemos?

30 Enero 2025 at 00:53

Con el éxodo de X (ex Twitter), luego de los coqueteos obscenos de su dueño con las ideas y proyectos de ultraderecha, nos preguntamos cómo llegamos hasta acá: ¿por qué tenemos la internet que tenemos?

Evidentemente no hay una sola respuesta a esta pregunta. Podemos explicarlo desde la economía y la evolución del sistema financiero en estos últimos cincuenta años. También podemos encontrar claves en el poder que han acumulado un puñado de empresas tecnológicas luego de la crisis de las puntocom. Podemos, incluso, hallar respuestas en el avance de los discursos anarcocapitalistas y el crecimiento de la violencia generalizada. Todas estas respuestas son válidas.

Lo que nos interesa conocer es cómo, poco a poco, se fueron instalando como verdades ciertas ideas o conceptos en torno a lo que en su momento se llamó “sociedad de la información”, de modo que abonaron el terreno de “lo posible” o “lo esperable”. Es decir, queremos entender cómo desde los organismos internacionale se construyó el marco de expectativas respecto a lo que la sociedad de la información significaría para la humanidad. Estas ideas, que a primera vista parecerían obvias, evidentes, de sentido común, y que no hicieron otra cosa que reproducir y allanar el camino para la expansión de un modelo económico: el neoliberal. Sabemos que los organismos internacionales no estaban solos en esta tarea: los países centrales y las empresas de telecomunicaciones han sido grandes divulgadores de este ideal normativo. Sin embargo, fue a través de los organismos internacionales que se difundieron estos lineamientos generales sobre los cuales el resto de países desarrollarían políticas públicas favorables al sector privado.

En 1996, un investigador francés llamado Tierry Vedel analizó una serie de documentos de países industrializados (Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido y Japón) e identificó las ideas hegemónicas que se reproducían en torno a la noción de “autopistas de la información”. Lo que vio fue que, aquello que se presentaba como una descripción de los hechos era, en realidad, una prescripción, un mandato de cómo deberían ser las cosas. Para exponer estas ideas, Vedel creó un mapa conceptual:

Si ampliamos los documentos que estudió Vedel para incorporar los posicionamientos producidos por organismos internacionales entre 1994 y 2003 descubrimos algo curioso. Si bien para la década de 1990 ya se habían establecido las bases materiales y regulatorias para implantación y masificación del proyecto hegemónico de la sociedad de la información, estos años significaron la difusión masiva de sus bases simbólicas, es decir, de las ideas que justificaban su existencia. Identificamos dos grandes conjuntos de ideas sobre lo que debería ser la sociedad de la información. A cada uno de estos conjuntos de ideas los llamamos “agenda”.

En primer lugar, desde fines de la década de 1980 hasta mediados de la década de 1990, encontramos la agenda neoliberal de la sociedad de la información. Con un abordaje eminentemente tecnomercantil, ofrecía un respaldo técnico al proyecto político-económico de reemplazo de lo público por el mercado: se buscaba justificar la privatización y comercialización de internet frente a los principios de apertura –en protocolos y estándares– que habían logrado su internacionalización en un primer momento. En los documentos rastreamos cómo se reproduce la idea de que la iniciativa privada debía liderar el desarrollo del sector de la sociedad de la información. Los Estados debían limitar su participación a desarrollar marcos normativos flexibles, liberalizar los mercados y proteger la propiedad intelectual como motor de la innovación.

Luego, a partir de mediados de la década de 1990 –cuando comienzan las crisis de fin de siglo y surge el movimiento antiglobalización–, empieza a ganar popularidad la agenda del desarrollo sostenible. Lo curioso de este conjunto de ideas es que no pone en cuestión los marcos conceptuales de su antecesora sino que les agrega una «capa humana», haciendo énfasis en la necesidad del acceso a la información y la infraestructura de comunicaciones para el desarrollo integral de las personas. Es en este momento cuando se empieza a hablar de la brecha digital y la necesidad de movilizar recursos para cerrarla, pero en ningún momento se cuestionan las causas de esa y otras brechas. Las mujeres, las poblaciones rurales, las personas mayores, debían acceder a las autopistas de la información para disfrutar los beneficios de acceder al mercado global. Se abraza así el modelo de globalización neoliberal.

¿Qué podíamos esperar de esta internet que conocemos hoy si se construyó sobre estas ideas? Con un sector privado caracterizado como el único que puede desarrollar tecnologías innovadoras, con estados retratados como lentos y obstaculizadores de la innovación, con ideas tan fuertes como que las autopistas de la información (negocios del sector privado de un puñado de países centrales) llevarían por sí mismas la democracia a todos los rincones del mundo.

Esta es una invitación a sospechar de todas aquellas ideas que se dan por sentadas y preguntarse de dónde vienen y quién las originó. Quizás así descubrimos qué intereses defienden.

Si quieres profundizar en esta investigación y revisar las referencias bibliográficas, te invitamos a leer “Continuidades de la agenda neoliberal en la agenda de desarrollo sostenible de la sociedad de la información: prevalencia del sector privado como actor privilegiado”, de Inés Binder, 2025. Revista Mediterránea De Comunicación, 16(1), e27354. https://doi.org/10.14198/MEDCOM.27354

EdTech Exposed: infancia vigilada

26 Mayo 2022 at 11:38

La organización Human Rights Watch publicó una investigación que revela hasta dónde las plataformas educativas online adoptadas por más de 49 países recolectaron información de las y los menores de edad.

La pandemia  de la Covid-19 aceleró procesos de digitalización en muchos ámbitos: el laboral, el sanitario, el comercial y, también, el de la educación. La urgencia de contar con estrategias que permitieran mantener las clases en situación de aislamiento empujó a las instituciones educativas a adoptar rápidamente plataformas educativas de todo tipo sin demasiada reflexión. Las exigencias de un contexto desconocido, la ausencia de recursos financieros, la noción extendida de neutralidad de la tecnología y las condiciones de conectividad fueron algunas de las variables que explicaron la adopción apresurada de plataformas educativas (EdTech).

La investigación de Human Rights Watch revela que el 89% de las 164 aplicaciones educativas analizadas rastrearon las actividades de las y los niños fuera de sus aulas virtuales sin su consentimiento ni el de sus padres y enviaron esos datos a terceros, principalmente empresas de publicidad. Es decir, las plataformas educativas “realizaban prácticas de datos que ponían en peligro los derechos de los niños, contribuían a socavarlos o infringían activamente estos derechos” [1].

Con estos datos, las empresas de publicidad dirigieron publicidad conductual a las niñas y niños. “Al utilizar los datos de los niños -extraídos de entornos educativos- para dirigirles contenidos y anuncios personalizados que les siguen por Internet, estas empresas no sólo distorsionaron sus experiencias en línea, sino que también se arriesgaron a influir en sus opiniones y creencias en un momento de sus vidas en el que se encuentran en alto riesgo de interferencia manipuladora”, explica el informe [2].

“Las niñas y niños no deberían verse obligados a renunciar a su intimidad y a otros derechos para poder aprender” Hye Jung Han, HRW.

Human Rights Watch incluyó en su informe una serie de recomendaciones dirigidas a gobiernos y ministerios de educación, docentes, empresas tecnológicas y de publicidad que exigen el respeto de los derechos de las niñas y los niños. Lo que estas recomendaciones no contemplan es la crítica al modelo de desarrollo tecnológico neoliberal. Sólo con la adopción masiva de software libre y distribuido podemos garantizar auditorías transparentes del código que expongan este tipo de prácticas ilegales.

La investigación de Human Rights Watch demuestra que la decisión de autorizar el uso de software educativo privativo con menores de edad no debió tomarse a la ligera. Como vienen denunciando organizaciones de derechos digitales, desde hace más de una década, los derechos fundamentales de las niñas y niños -entre los que se encuentra la privacidad- está en juego.

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