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Lo que nadie quiere cerca de su casa acaba en los pueblos menos combativos

Protestas ecologistas con éxitoLa lucha ecoanimalista tiene grandes y pequeños éxitos, buenas noticias que surgen constantemente y por las que debemos alegrarnos. Estos logros no suelen surgir de forma espontánea, sino que son fruto de un trabajo, a veces muy ingrato y duro, sostenido en el tiempo.

Por ejemplo, seis años duró la lucha de un puñado de personas por salvar Vega Mestanza, en Málaga, de una depuradora en una zona inundable que hubiera acabado con centenares de frutales. El PP de Málaga y de la Junta de Andalucía no pudieron convencer al juez de una insensatez tan evidente.

Otro ejemplo lo tenemos en los pueblos de Guadalajara que han frenado tres proyectos mineros. Las amenazas sobre la España vaciada se resuelven con pueblos unidos y combativos. Pero esto no es una victoria absoluta. Volverán con nuevos proyectos mineros, macrogranjas, plantas de biogás, macroparques de renovables o cualquier infraestructura que les permita hacer caja a costa del territorio. Tenemos que preguntarnos: ¿dónde va el grueso de los beneficios y dónde se quedan los costes socioambientales? En los destinos turísticos la respuesta suele ser tan reveladora como simple.

En Galicia encontramos otro caso en el que la apuesta del PP por una industria papelera resultó un fracaso debido a la enorme oposición social, así como a problemas de suministro energético. Gracias a esta contestación social, Galicia se ha librado de la contaminación de Altri.

También en Galicia, el Tribunal Supremo confirmó en una sentencia histórica que la Xunta y la Confederación Hidrográfica Miño-Sil no habían hecho nada por impedir la contaminación del embalse de As Conchas y de la cuenca del río Limia, vulnerando los derechos fundamentales de la población. Ahora, las macrogranjas y la Xunta tienen que restaurar el destrozo ambiental ocasionado durante años de contaminación sistemática.

En Soria hubo un éxito en este sector: la macrovaquería de Noviercas recibió el varapalo judicial definitivo. No serán esclavizadas 23.500 vacas lecheras (por cierto, descubre seis razones por las que los lácteos no son éticos ni sostenibles). Para Ecologistas en Acción, lo ocurrido en Soria debe avergonzar a los dirigentes provinciales del PSOE y del PP.

La lucha estrictamente animalista también recibe buenas noticias de forma constante. Por ejemplo, los coches de caballos que se están prohibiendo cada vez en más ciudades (como en Málaga), los zoológicos o delfinarios que cierran, los cazadores que ya no renuevan sus licencias, las plazas de toros que cierran o que reciben otros usos, los avances en el bienestar animal, las limitaciones a las granjas peleteras y un montón de otros temas que podrían incluirse aquí.

Ejemplos de estas victorias los encontramos por toda España, por toda Europa y por todo el planeta. Es verdad que no con tanta frecuencia como nos gustaría; y también sabemos que hay muchos otros casos de ecocidios, más o menos evidentes, que quedan impunes.

Sin embargo, lo que se demuestra es que cuando un pueblo se une por una causa justa, el éxito está siempre al alcance de la mano. Y aunque a veces las fuerzas sean escasas, basta con descansar un poco para volver con más ganas. No hace falta ser nadie especial ni tener dones excepcionales: ni para resistir, ni para escribir, ni para entender las leyes o la burocracia.

Cada uno, desde sus posibilidades puede marcar una gran diferencia: desde difundir noticias entre sus contactos, hasta asistir a manifestaciones, interpelar a las administraciones, escribir a las empresas, asociarse a algunas ONG aportando una cuota o tejer amistades en grupos de voluntariado. Todo suma; y desde aquí quiero lanzar un enorme GRACIAS a todas las personas que hacen algo, por poco que crean que es. Como firmaría Hessel, la historia no la cambian los resignados, sino los indignados.

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Protestas ecologistas con éxito

Lo que nadie quiere cerca de su casa acaba en los pueblos menos combativos

Protestas ecologistas con éxitoLa lucha ecoanimalista tiene grandes y pequeños éxitos, buenas noticias que surgen constantemente y por las que debemos alegrarnos. Estos logros no suelen surgir de forma espontánea, sino que son fruto de un trabajo, a veces muy ingrato y duro, sostenido en el tiempo.

Por ejemplo, seis años duró la lucha de un puñado de personas por salvar Vega Mestanza, en Málaga, de una depuradora en una zona inundable que hubiera acabado con centenares de frutales. El PP de Málaga y de la Junta de Andalucía no pudieron convencer al juez de una insensatez tan evidente.

Otro ejemplo lo tenemos en los pueblos de Guadalajara que han frenado tres proyectos mineros. Las amenazas sobre la España vaciada se resuelven con pueblos unidos y combativos. Pero esto no es una victoria absoluta. Volverán con nuevos proyectos mineros, macrogranjas, plantas de biogás, macroparques de renovables o cualquier infraestructura que les permita hacer caja a costa del territorio. Tenemos que preguntarnos: ¿dónde va el grueso de los beneficios y dónde se quedan los costes socioambientales? En los destinos turísticos la respuesta suele ser tan reveladora como simple.

En Galicia encontramos otro caso en el que la apuesta del PP por una industria papelera resultó un fracaso debido a la enorme oposición social, así como a problemas de suministro energético. Gracias a esta contestación social, Galicia se ha librado de la contaminación de Altri.

También en Galicia, el Tribunal Supremo confirmó en una sentencia histórica que la Xunta y la Confederación Hidrográfica Miño-Sil no habían hecho nada por impedir la contaminación del embalse de As Conchas y de la cuenca del río Limia, vulnerando los derechos fundamentales de la población. Ahora, las macrogranjas y la Xunta tienen que restaurar el destrozo ambiental ocasionado durante años de contaminación sistemática.

En Soria hubo un éxito en este sector: la macrovaquería de Noviercas recibió el varapalo judicial definitivo. No serán esclavizadas 23.500 vacas lecheras (por cierto, descubre seis razones por las que los lácteos no son éticos ni sostenibles). Para Ecologistas en Acción, lo ocurrido en Soria debe avergonzar a los dirigentes provinciales del PSOE y del PP.

La lucha estrictamente animalista también recibe buenas noticias de forma constante. Por ejemplo, los coches de caballos que se están prohibiendo cada vez en más ciudades (como en Málaga), los zoológicos o delfinarios que cierran, los cazadores que ya no renuevan sus licencias, las plazas de toros que cierran o que reciben otros usos, los avances en el bienestar animal, las limitaciones a las granjas peleteras y un montón de otros temas que podrían incluirse aquí.

Ejemplos de estas victorias los encontramos por toda España, por toda Europa y por todo el planeta. Es verdad que no con tanta frecuencia como nos gustaría; y también sabemos que hay muchos otros casos de ecocidios, más o menos evidentes, que quedan impunes.

Sin embargo, lo que se demuestra es que cuando un pueblo se une por una causa justa, el éxito está siempre al alcance de la mano. Y aunque a veces las fuerzas sean escasas, basta con descansar un poco para volver con más ganas. No hace falta ser nadie especial ni tener dones excepcionales: ni para resistir, ni para escribir, ni para entender las leyes o la burocracia.

Cada uno, desde sus posibilidades puede marcar una gran diferencia: desde difundir noticias entre sus contactos, hasta asistir a manifestaciones, interpelar a las administraciones, escribir a las empresas, asociarse a algunas ONG aportando una cuota o tejer amistades en grupos de voluntariado. Todo suma; y desde aquí quiero lanzar un enorme GRACIAS a todas las personas que hacen algo, por poco que crean que es. Como firmaría Hessel, la historia no la cambian los resignados, sino los indignados.

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Algunos logros del movimiento ecologista

Pincha en la imagen para ver más BUENAS NOTICIAS ambientales
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Las ONG, en mayor o menor medida, hacen bien su papel de conciencia de nuestra sociedad. Ser socio no es solo aportar dinero, sino que implica que te llega información que no suele aparecer en los medios de comunicación. Por supuesto, también tendrán sus fallos… pero gracias a ellos se consiguen algunas cosas muy importantes como puedes ver en nuestra lista completa de buenas noticias.

En un rápido y no exhaustivo balance de éxitos recientes del mundillo ecologista, podemos encontrar por ejemplo los siguientes logros (aquí tienes listas más actualizadas):

  1. El certificado MSC de pesca sostenible crece (aunque no es un certificado muy fiable). También es buena noticia que el consumo de pesca insostenible decrece, gracias a la presión de diversos grupos ecologistas.
  2. Se ha conseguido parar la ampliación del puerto de Tarifa. Esto está a sólo 20 metros del Parque Natural del Estrecho y afectaría a una de las zonas más importantes del mundo para los cetáceos y donde habitan más de 2000 especies de animales y plantas.
  3. Los países de la CBD (Convención de Diversidad Biológica) acordaron en la cumbre de Nagoya 2010 poner fin a la sobrepesca y proteger el 10% de todos los océanos y zonas costeras del mundo.
  4. Gracias a WWF, en la cumbre mundial por el Tigre, todos los países participantes acordaron la meta de duplicar la población para el año 2022.
  5. Se suspende la pesca de la anguila en Andalucía por 10 años, especie en la lista roja  de la UICN porque queda un 2% de su población histórica.
  6. También gracias a WWF se ha conseguido una condena ejemplar por un delito ambiental en Doñana, donde unos cuantos individuos cambiaron el uso de suelo forestal a regadío, por la cara.
  7. Miles de árboles se plantan cada año en nuestros montes gracias a la organización y trabajo desinteresado de muchas organizaciones ecologistas locales. En Málaga tenemos las reforestaciones de Ecologistas en Acción y de Aulaga, por ejemplo.
  8. El sello FSC para madera y papel de origen sostenible también está extendiéndose gracias a diversas organizaciones ecologistas.
  9. GreenPeace consigue el cese de los vertidos contaminantes de la empresa Fertiberia a las marismas del Tinto en Huelva, tras más de 40 años.
  10. El 1 de agosto de 2010 entró en vigor el Tratado contra las Bombas de Racimo, una de las noticias que salvará más vidas humanas.
  11. Baleares apoya a la creación de un Santuario para el atún rojo, especie próxima al colapso debido a la sobrepesca… y en esto influyen las protestas de los de GreenPeace.
  12. Gracias a SEO y otras organizaciones, varias autopistas no se van a hacer por sus nefastas consecuencias para la biodiversidad. Esta misma ONG ha destacado también otros logros importantes para la biodiversidad, como la prohibición en 2010 de capturas en Cataluña de fringílidos (jilgueros y otros pajarillos), y la tramitación para conseguirlo en toda España.
“Relatos Ecoanimalistas” —Colección de relatos ecologistas y animalistas.
“Relatos Ecoanimalistas” —Colección de relatos cortos, ideal para regalar a personas, sean o no ecologistas o animalistas. Aumentará la conciencia ambiental del planeta. Gracias.

Pero hay muchas más buenas noticias de Greenpeace, y de otras ONGs, aunque no todas son buenas noticias… pero podemos hacer algo por ampliar la lista de buenas noticias… ¿o no? ¡Podemos colaborar siendo socios… y también voluntarios! Y por favor, añadid como comentarios otros éxitos que conozcáis… Gracias.

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Libro El mundo no se acaba, de Hannah Ritchie (resumen)

Un libro escrito por una científica y divulgadora de la Universidad de Oxford que tiene por bandera el optimismo y los datos (Anagrama, 2025). Se aleja del catastrofismo ecologista casi tanto como del negacionismo climático; y afirma que «aceptar la derrota ante el cambio climático es una postura indefendiblemente egoísta».

Hannah Ritchie aclara que su optimismo es «condicional» (i.e., condicionado a actuar adecuadamente); que es diferente a un «optimismo ciego» que confía sin promover la acción organizada. Su objetivo es conseguir que seamos la primera generación que logre alcanzar la sostenibilidad completa en los dos sentidos que recoge la definición de la ONU: satisfacer las necesidades de las generaciones actuales; y hacerlo sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Con respecto al primer aspecto, Ritchie opina que falta mucho por hacer aunque, al menos, se ha avanzado una barbaridad en aspectos tales como: la mortalidad infantil y materna, la esperanza de vida, el hambre y la malnutrición, el acceso a recursos básicos (agua, energía…), la educación y la pobreza extrema.

Por supuesto, estos avances en la calidad de vida global también «han tenido un enorme coste medioambiental», lo cual ha empeorado de forma colosal el segundo requisito de la sostenibilidad. Para equilibrar la situación, el libro examina en detalle siete problemas medioambientales y sus interconexiones entre sí.

Antes de examinar esos siete problemas, Ritchie se distancia de dos soluciones típicas del ecologismo: despoblación y decrecimiento. La primera consiste en reducir el tamaño de la población y Ritchie afirma que realmente esa no es una alternativa, primero porque la población ya se está frenando a nivel mundial y, segundo, porque es muy complicado hacerlo de forma ética. Apunta a que más impacto que la superpoblación lo generan los estilos de vida (especialmente de los millonarios), lo cual podría estar afectado por la segunda solución que Ritchie rechaza, el decrecimiento, entendido como un retroceso o empobrecimiento. Para ella, la pobreza no implica mayor sostenibilidad, por supuesto, si consideramos los dos pilares de la sostenibilidad anteriormente indicados. En el libro, ella matiza que es cuestionable el crecimiento en los países ricos, pero que para acabar con la pobreza se necesita un crecimiento económico global. Para ella, no vale cualquier crecimiento y afirma —igual que cualquier decrecentista— que sería necesario crecer en algunos sectores y tecnologías y decrecer en otras. Tal vez, la promesa más impactante del libro es que dice demostrar que podemos reducir el impacto ambiental y, a la vez, mejorar la situación económica.

1. Contaminación atmosférica

Aunque no se suela decir, la contaminación atmosférica es «una de las principales causas de mortalidad en el mundo». Las cifras de fallecidos por esta causa son similares a las muertes por tabaquismo; seis o siete veces mayores que los muertos en accidentes de tráfico; y superan en cientos de veces la cifra de vidas perdidas por terrorismo o por guerras. Cada año, la mala calidad del aire suele ser quinientas veces más mortífera que todas las catástrofes «naturales» juntas.

La buena noticia es que se está reduciendo este tipo de contaminación, especialmente en las ciudades, lo cual baja las tasas de mortalidad. Es preciso tomar medidas locales y globales. Usemos como inspiración el Protocolo de Montreal para eliminar las sustancias químicas que degradaban la capa de ozono, un problema de cuya gravedad advirtió incluso Carl Sagan. En 1987 fue firmado por 43 países; y en 2009 se convirtió en el primer convenio internacional que logró la ratificación universal de todos los países del mundo. Un ejemplo que demuestra que hacer caso a la ciencia tiene resultados positivos.

A escala global, la mayor fuente de contaminación es quemar madera o carbón, incluyendo aquí las quemas agrícolas. Luego está la polución por actividades agropecuarias, principalmente por culpa de la ganadería y por los fertilizantes. Después viene la quema de combustibles fósiles para producir electricidad. Luego, diversas industrias (textiles, químicas, metalúrgicas…), seguidas del transporte de personas y mercancías.

Resumen del libro "21 lecciones para el siglo XXI" de Harari. En nuestro blog también encontrarás el resumen de su libro "Sapiens"
Lee también un resumen de este libro de Yuval N. Harari.

♦ Las soluciones propuestas pueden parecer caras, pero son muy baratas si las comparamos con los cientos de millones en gastos por no solucionar el problema:

  1. Lo más urgente es «dejar de quemar cosas» y, cuando no sea posible, capturar las partículas de la combustión.
  2. Detener las quemas agrícolas por ser una inmensa fuente de contaminación estacional fácil de evitar haciendo compost, triturando, etc.
  3. Conseguir combustibles limpios para cocinar y calentarse. La leña puede ser muy natural, pero es la forma más contaminante de conseguir calor. Provoca múltiples enfermedades por respirar el humo.
  4. Eliminar el azufre de los combustibles fósiles. Es tan simple como poner filtros en las chimeneas.
  5. Transporte más limpio. Los vehículos eléctricos contaminan menos, pero no son parte de la solución porque siguen siendo origen de multitud de emisiones. Por supuesto, la aviación es muchísimo peor.
  6. Transporte sostenible: caminar, ir en bicicleta o en transporte público.
  7. Abandonar combustibles fósiles, en favor de las renovables y de la energía nuclear. Ritchie es contraria a debatir entre renovables y nuclear porque, para ella, lo importante es que son energías con bajas emisiones de CO2. No tiene en cuenta el problema de los residuos radiactivos, ni el riesgo de atentados terroristas, ni el hecho de que las nucleares no sean rentables sin subvenciones de dinero público.

2. Cambio Climático

«Un mundo 6 ºC más caliente que el actual sería devastador», nos advierte la autora. Tras comentar algunas de las consecuencias del calentamiento global, afirma que «si cada país cumpliera realmente sus compromisos climáticos, llegaríamos a los 2,1 ºC en 2100», lo cual sería una gran noticia, aunque podría ser mejor.

Hannah Ritchie asegura que «las tecnologías bajas en carbono resultan cada vez más competitivas» y «los líderes mundiales se han vuelto más optimistas». Ahora tenemos infraestructuras mejor preparadas, podemos predecir eventos climáticos extremos, organizar evacuaciones, existen redes internacionales de apoyo, etc. En definitiva, estamos mejor preparados que en el pasado y sabemos cómo reducir las emisiones de dióxido de carbono, porque hay solo dos fuentes principales: «la quema de combustibles fósiles y el cambio en el uso de la tierra» (deforestación).

La situación actual es que «las emisiones totales siguen aumentando, pero las emisiones per cápita han tocado techo». Ese dato es utilizado por la autora para ser optimista y esperar a que la contaminación empiece a declinar, al menos en los países ricos, porque dice que está demostrado que «los avances tecnológicos hacen que hoy consumamos mucha menos energía que en el pasado». Como ejemplo, afirma que en Suecia se vive con igual nivel que en Estados Unidos y, sin embargo, se emite solo una cuarta parte. Según sus datos, el crecimiento económico y la reducción de emisiones son compatibles. El problema es que mira datos de países ricos que ya son exageradamente insostenibles. En tales casos, ¿es correcto celebrar una pequeña reducción en su contaminación?

En su análisis, asegura que «las soluciones que pasan por reducir el consumo de energía a niveles muy bajos no son buenas», porque la energía es fundamental para mantener o aumentar la calidad de vida. Tampoco ve adecuado que se avergüencen los que viajan en avión, porque para ella volar es un gran invento y las ventajas son suficientes para olvidar sus serios inconvenientes. ¿Será una excusa para justificar su gusto por volar?

♦ Soluciones que propone:

  1. Transición hacia la energía renovable por todas sus ventajas. El inconveniente del espacio que requieren se resuelve buscando lugares adecuados: tejados, agrovoltaica, etc.
  2. Electrificar la demanda de energía donde sea posible y aumentar el almacenamiento (baterías…). Ritchie está convencida de que esta transición requerirá menos actividad minera que con combustibles fósiles.
  3. Replantear el transporte a larga distancia.
  4. Alimentación. Aunque sostiene que no es preciso ser veganos, deja claro que cualquier cambio a dietas más vegetales tiene una enorme influencia en el clima, como por ejemplo elegir hamburguesas de pollo en lugar de ternera (que es la carne con más huella de carbono). Con datos muy fiables confirma que «la carne con emisiones de carbono más bajas supera las de la proteína vegetal con emisiones más altas». Y no importa demasiado si son alimentos ecológicos, de proximidad o en extensivo. La autora afirma que adoptando las siguientes medidas se liberaría suficiente tierra como para compensar las emisiones del sistema alimentario resultante:
    • Comer menos carne.
    • Adoptar las mejores prácticas agrarias.
    • Reducir el consumo excesivo y el desperdicio alimentario.
  5. Reducir las emisiones por la construcción, básicamente eliminando el cemento, un material muy contaminante en su fabricación. Propone usar otros materiales y, aunque no lo cita, una opción es el cemento Sublime.
  6. Poner precio al carbono para que los productos de altas emisiones sean más caros y menos accesibles. Como todos sabemos, los precios no reflejan los costos de los productos, y mucho menos los costos ambientales. El peligro de esta medida —y Ritchie lo subraya— es que haga que las familias pobres sean aún más pobres. Para evitarlo se deben incluir ayudas y conseguir que sean los ricos los que más paguen, porque son, de hecho, los que más carbono emiten.
  7. Sacar a la población de la pobreza es otra medida para adaptarnos al cambio climático, porque son los pobres los más vulnerables.
  8. Mejorar la resiliencia de los cultivos ante los efectos del cambio climático.
  9. Adaptarnos ante el aumento de temperaturas.
  10. No caer en la trampa psicológica de la «autoconcesión moral». Esto ocurre cuando nos permitimos algo negativo porque creemos que lo compensamos con un sacrificio en otro aspecto. Por ejemplo, comernos un filete porque reciclamos el envoltorio de plástico; o caer en las trampas del greenwashing. Para ello, es importante tener muy presente qué cosas a nivel individual tienen más y menos impacto.

Un problema de la forma de comunicar de Ritchie es que quita importancia a aspectos que, aunque no sean principales, tienen suficiente peso como para no ser despreciados. Es como si olvidara el efecto sinérgico de juntar varias fuerzas. Sumar muchos pocos hace un mucho. A veces, este tipo de contradicción se hace patente en una misma explicación. Por ejemplo, cuando literalmente escribe: «Cambiar nuestra alimentación no va a resolver el cambio climático: para ello tenemos que dejar de quemar combustibles fósiles. Pero arreglar únicamente nuestros sistemas energéticos, ignorando la alimentación, tampoco nos llevará a esa meta».

3. Deforestación

La tierra ha perdido un tercio de todos sus bosques desde el final de la última glaciación. En el último siglo, también se ha perdido mucha superficie forestal, casi toda debida a la expansión de la agricultura. Las zonas incendiadas se regeneran si se las deja. Al perder bosques se emite carbono, pero Ritchie considera que eso es secundario en comparación con la pérdida de biodiversidad.

También resalta cómo la pérdida de hábitats se puede frenar con medidas políticas. Por ejemplo, «Brasil logró reducir la deforestación en un 80 % en solo siete años bajo la presidencia de Lula da Silva».

Con respecto al aceite de palma, no considera que su consumo sea preocupante, porque no se sabe con certeza la deforestación que causa de forma directa. Opina que no sería justo culpar a ciertos campos de palmeras de la deforestación de esas áreas si los bosques fueron talados con anterioridad. Es decir, no tiene en cuenta que esas zonas podrían volver a ser bosques. Además, sostiene que usar otros tipos de aceites podría ser incluso peor. Sin embargo, hay que tener en cuenta que evitar el aceite de palma no obliga a optar por otro aceite, sino que se puede optar por no consumir productos con aceite de palma (bollería, alimentos ultraprocesados, etc.) sin sustituirlos por nada con otros aceites. En cualquier caso, apoya el uso de aceite de palma certificado como sostenible (RSPO) y deja claro que «el biodiésel de aceite de palma produce más emisiones de carbono que la gasolina o el gasóleo».

«La tala de bosques para dejar espacio al ganado bovino es responsable de más del 40 % de la deforestación mundial». El siguiente factor de pérdida de bosques es la palma y la soja y, en tercer lugar, la silvicultura (papel/celulosa). Así, pues, la mejor forma de frenar la deforestación es reducir el consumo de carne de cordero y de vacuno. En tercer lugar, se situaría el queso y los lácteos de vaca. Ritchie apoya esta opción, incluso aunque sean productos de ganadería extensiva en tierras no aptas para la agricultura, porque en estos casos considera que la mejor opción sería dejar que esas tierras se conviertan en bosques u otros espacios naturales.

Otras opciones que propone son: que los países ricos paguen a los más pobres por conservar sus bosques; y que se compensen las emisiones mediante reforestaciones (aunque esto tiene un peligro muy evidente).

Para acabar este apartado, Ritchie sostiene que no es buena idea volver de la ciudad a zonas rurales (revitalizar pueblos), ya que la principal causa de deforestación es cómo producimos nuestros alimentos y no dónde vivimos. Y también alerta de los que piensan que la alimentación vegana contribuye a la deforestación por los cultivos de soja. Los datos son muy evidentes: el 76 % de la soja se utiliza para alimentar animales y «solo el 7 % se destina a los productos veganos» (tofu, tempeh y leche vegetal).

4. Alimentación para no comerse el planeta

«La demanda humana de alimentos representa la mayor amenaza para los animales del globo». Así de contundente se manifiesta Hannah Ritchie. Afortunadamente, no es cierto que haya una fecha límite en los suelos agrícolas del mundo. Unos se están degradando y otros están mejorando, aunque en general, el suelo agrícola está siendo maltratado (y no solo por la erosión).

Una persona necesita entre 2.000 y 2.500 calorías diarias. Si dividimos la producción mundial de alimentos a partes iguales entre todos, cada uno de nosotros podría consumir unas 5.000 calorías diarias (más del doble de lo necesario). El hambre en el mundo no es un problema de falta de alimentos, sino de mala distribución (también lo apuntaron Nebel y Wrigth). Este dato sirve a Ritchie para confirmar que, en realidad, no somos demasiados humanos. El problema es que los millones que habitamos el planeta Tierra no nos contentamos solo con comer, sino que aspiramos a un consumo cada vez mayor (casas, teléfonos, aviones, IA…).

La superproducción agraria se debe principalmente a dos inventos: el de Fritz Haber y Carl Bosch (para convertir el nitrógeno del aire en amoníaco, fertilizante); y el de Norman Borlaug (para mejorar el cultivo de trigo en México). Estos logros para aumentar la producción han evitado muchas muertes, pero también han hecho que no podamos volver atrás. Es decir, «el planeta no puede limitarse a consumir solo alimentos ecológicos» (porque hay demasiadas personas a las que alimentar). Por tanto, a nivel colectivo dependemos de los fertilizantes para sobrevivir, y fabricarlos requiere grandes cantidades de energía, lo cual explica por qué los países pobres los usan poco, aunque tengan que utilizar mayor superficie agraria.

Vivimos en un mundo con grandes desigualdades, en el que algunos sufren de obesidad y otros de desnutrición; el alimento que podría saciar el hambre de millones de personas se dedica a alimentar ganado o a producir agrocombustibles para nuestros coches. Menos de la mitad de los cereales que se producen se dedican a la alimentación humana directa. Todo un 41 % se lo come el ganado, lo cual nos hace ver que comer animales es una forma muy ineficiente de conseguir proteínas. «Los animales más pequeños son más eficientes en términos calóricos», aunque surge el «dilema moral» de que hay que matar una mayor cantidad de animales pequeños para conseguir la misma cantidad de carne.

Ritchie pone un ejemplo que sirve para visualizar bien lo que implica comer animales muertos: «¿Se imagina que comprara una barra de pan, cortara una rebanada y tirara el resto —más del 90 %— a la basura? Pues bien: en términos de calorías, eso es más o menos lo que hacemos con la carne». El ganado también es ineficiente convirtiendo proteínas. Lo bueno es que son proteínas «completas» (incorporan aminoácidos importantes), lo cual se puede conseguir con dietas vegetales comiendo legumbres y cereales. La carne también tiene otros nutrientes importantes, pero el único que no existe en los vegetales es la vitamina B12 (asunto que ya se zanjó aquí).

Para entender la magnitud del problema, afirma que tres cuartas partes de la superficie agraria tienen como fin último criar ganado, y todo eso solo sirve para producir el 18 % de las calorías y el 37 % de las proteínas que consumimos. Debemos «reducir al máximo la cantidad de tierra que destinamos a la actividad agraria», lo cual mejoraría también otros problemas: deforestación, contaminación atmosférica, de aguas, de tierras, maltrato animal, etc.

♦ Soluciones que propone:

  1. Mejorar los rendimientos agrícolas en todo el mundo, especialmente en África.
  2. Comer menos carne, sobre todo de vacuno y cordero, las carnes con mayor impacto (en emisiones, consumo y contaminación de agua, eutroficación, uso de tierra, etc.). Ritchie expone que no funciona instar a la ciudadanía a convertirse al veganismo, sino que es mejor invitar a hacer cambios paulatinos: poner un día a la semana sin carne, reducir las dosis, aumentar el consumo de legumbres, etc. Solo eliminando la carne de ternera y la de cordero se reduciría a la mitad nuestra necesidad de tierras de cultivo en todo el globo. Debemos entender que la dieta vegana es la más ecológica, pero no es necesario ser veganos estrictos: «El ahorro en comparación con una dieta con algo de pollo, o algo de pescado y huevos, no es tan significativo», aclara la autora del libro. Ella quiere derribar el mito de que si fuésemos veganos no habría tierra para cultivar porque, como ya se ha indicado, lo que ocurriría sería todo lo contrario: una dieta vegana requiere menos tierra de cultivo.
  3. Invertir en sustitutos de la carne. Para Ritchie, es importante que las carnes vegetales cumplan cuatro requisitos: ser sabrosas, baratas, fáciles de encontrar y fáciles de incorporar a las dietas habituales. Ella afirma que ha probado multitud de productos vegetales y que hay algunos realmente asombrosos que, incluso, pueden llegar a gustar tanto o más que los productos cárnicos que imitan. Optar por estos productos no solo reduce la huella de carbono, sino que contribuye a bajar el precio para el resto de la humanidad.
  4. Las hamburguesas híbridas también reducen la huella ecológica (usar carne de pollo total o parcialmente, introducir legumbres…).
  5. Sustituir los productos lácteos por alternativas vegetales. En la UE, los productos lácteos son la causa de un mínimo de una cuarta parte de la huella de carbono. Cualquier bebida vegetal tiene una huella ecológica menor que la leche animal. Ritchie recuerda aquí también la importancia de seguir una dieta variada, para evitar carencias nutricionales.
  6. Desperdiciar menos comida. Por ejemplo, resalta la importancia de cambiar los sacos de recogida de productos agrarios por cajas rígidas que protejan de golpes. También es importante saber que si un producto supera su fecha de «consumo preferente», no indica que no se pueda consumir.
  7. No depender de la agricultura de interior. Aunque minimiza el espacio ocupado (agricultura en vertical), sus necesidades energéticas son tan inmensas que no compensan las ventajas, ni empleando solo energía renovable.
  8. No centrarse en los alimentos de proximidad. Aunque el transporte es importante, supone solo el 5 % de las emisiones de GEI de la comida. El resto se debe a los procesos de producción, empaquetado y conservación. Lo más contaminante es el transporte aéreo (50 veces más que por barco), pero apenas se usa porque es caro. Por su parte, el transporte marítimo es barato, por lo que casi toda la contaminación del transporte de alimentos se produce en la carretera. En definitiva, Ritchie quiere dejar claro que está bien comer alimentos de proximidad, pero que las frutas y verduras producidas muy lejos tienen menos huella ecológica que la carne producida muy cerca.
  9. Los alimentos ecológicos tienen menos pesticidas, pero requieren más extensión. Abonar con estiércol también puede contaminar acuíferos. Respecto al clima, no hay consenso si es mejor o peor porque depende de múltiples factores. Ritchie dice que se fija más en el contenido de los envases que en las certificaciones ecológicas.
  10. Eliminar el plástico aumentaría el desperdicio alimentario. En la huella ecológica de los alimentos solo el 4 % de las emisiones procede de los envases. Nos advierte de que en ciertos alimentos es fácil de eliminar, pero en otros no. En todo caso, aquellos alimentos en los que el plástico es importante tal vez no sean esenciales en nuestra dieta y podemos prescindir totalmente del plástico y del alimento.

5. Pérdida de biodiversidad. Proteger la vida silvestre

«No cabe duda de que muchos animales están experimentando un preocupante y acelerado declive. Pero, si profundizamos un poco más, descubrimos que también hay algunos a los que les va bien». Lo que no debemos olvidar es que nuestra vida depende de la biodiversidad, aunque «no esté claro qué especies necesitemos y cuáles no». Recomendamos aquí leer el relato de La vida del doctor Biología. Lo cierto es que a veces prestamos más atención a ciertas especies, bonitas o más visibles, y olvidamos a las realmente importantes, como los gusanos y las bacterias.

El ser humano ha atacado a las demás especies desde sus orígenes, como bien explica Yuval N. Harari en su magnífico Sapiens. Ritchie declara que «antes de la aparición de la agricultura, hace unos diez mil años, la mayor amenaza para los animales era nuestra caza directa: una vez iniciada la actividad agraria, pasó a ser la destrucción de sus hábitats» y «en la última centuria, el ritmo de disminución ha sido aún más rápido». Un dato más: «Los vertebrados se han extinguido entre cien y mil veces más rápido de lo que cabría esperar».

Actualmente, los humanos y nuestro ganado constituimos la inmensa mayoría de los mamíferos del planeta. Estos son los datos del porcentaje de la biomasa actual y en 1900:

  1. Mamíferos salvajes: 2 % (17 % en 1900).
  2. Humanos: 35 % (23 %).
  3. Ganado: 63 % (60 %).

Esta desproporción también ocurre en las aves: «la biomasa de nuestros pollos duplica la de las aves silvestres». Hay multitud de datos que llevan a poder proclamar que «nos dirigimos hacia una sexta extinción masiva». La buena noticia es que podemos frenarla.

♦ Soluciones que propone:

  1. Reducir al mínimo la superficie cultivada.
  2. Utilizar fertilizantes y pesticidas de forma más prudente y eficaz.
  3. Emplear los métodos de la UE con los que ha conseguido frenar el declive de multitud de especies: reducir el uso de tierras agrícolas, recuperar hábitats naturales, prohibición total de la caza, implementación de cuotas cinegéticas, mecanismos para detener a los cazadores furtivos, proteger zonas por ley (incluyendo también el rewilding), sistemas de compensación para reproducir determinadas especies y programas de cría y reintroducción.
  4. Comer menos carne, porque esto reduciría la cantidad de tierra destinada a la agricultura, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la deforestación.
  5. Detener la deforestación, lo cual implicaría reducir la pérdida de hábitats y las emisiones de GEI.
  6. Proteger los parajes con mayor biodiversidad. El objetivo de la ONU de proteger para 2030 el 30 % de la superficie terrestre es poco ambicioso; y no son pocas las voces que piden proteger al menos el 50 % para 2050.
  7. Frenar el cambio climático.
  8. Detener los vertidos de plásticos en el mar.

6. Plásticos marinos

«El 44 % de todo el plástico del planeta se emplea en la fabricación de envases». Es ahí donde está el núcleo del problema de los plásticos. La autora critica el documental Seaspiracy por algunos de sus datos, pero está conforme con que el 80 % del plástico de las islas oceánicas procede de la industria pesquera. Solo el 20 % restante tiene su origen en tierra. Sin embargo, si miramos el plástico en zonas costeras, los datos podrían indicar justo lo contrario.

Ritchie dice que no hay aún evidencias de los auténticos peligros de los plásticos en el cuerpo humano, y que le parece más preocupante el daño que se causa a la fauna marina (enredos, atragantamientos…).

♦ Soluciones:

  1. Dejar de utilizar envases de plástico de un solo uso.
  2. Invertir más en gestión de residuos: sistemas de recogida, centros de reciclaje, vertederos adecuados (que capturen el metano de la materia orgánica), etc. Es importante reciclar todo lo que se pueda. El problema es que no siempre se puede. El reciclado mecánico permite que los plásticos se reciclen una o dos veces. El reciclado químico es mejor, pero es «tremendamente costoso» y no compensa hacerlo en ningún caso. Tal vez sería útil un SDDR para vidrio reutilizable y, en paralelo, imponer impuestos crecientes al plástico de un solo uso.
  3. Obligar a las industrias a un diseño más inteligente, que utilice solo plásticos reciclables y permita separarlos de forma cómoda.
  4. Prohibir el comercio de plástico usado para que los países ricos no usen a otros como sus vertederos. La proporción de plástico que circula por esta vía no es elevada, pero muchas veces acaba en el mar. Hablamos de 1,6 millones de toneladas en 2020.
  5. Trabajar con la industria pesquera para que no abandone su basura en el mar (redes, anzuelos, etc.). Podría castigarse a los barcos que no traigan de vuelta los aparejos con los que salieron y/o premiarse a quienes traigan basura encontrada en el mar.
  6. Poner interceptores en los ríos. Son aparatos o líneas de burbujas que sirven para capturar los plásticos evitando que lleguen al mar. Otra solución que no contempla es poner grandes bolsas de red a la salida de los desagües pluviales o residuales de las ciudades. Dado que esas aguas arrastran multitud de basura, esas redes la capturarían.
  7. Limpiar las playas es una forma mucho más barata de reducir el plástico en los océanos que recogerlo mar adentro.

7. Sobrepesca. Poner fin al expolio de los océanos

Esto está muy relacionado con la pérdida de biodiversidad. Según Ritchie, los animales marinos son discriminados con respecto a los terrestres. De alguna forma, su sufrimiento parece importar menos a los humanos, a pesar de las evidencias que existen de que los peces son capaces de sentir sufrimiento.

El incremento en potencia y tecnología aplicada al sector pesquero ha hecho que muchas pesquerías hayan entrado en declive o en grave colapso. Ante esto, hay dos formas de actuar. La primera es proponer «capturar muy pocos peces, por no decir ninguno». La segunda es «capturar tantos peces como sea posible, año tras año, pero sin mermar más sus poblaciones». Normalmente, se opta por la segunda opción, aunque sabemos que en demasiadas ocasiones no se cumple.

Una tercera vía (con un enorme crecimiento) ha sido la cría de pescados y mariscos: acuicultura o piscicultura. Actualmente, se crían más peces y mariscos de los que se pescan en estado salvaje. Para Ritchie es una buena noticia porque, según ella, esto reduce presión sobre los peces salvajes. No obstante, reconoce que parte de la comida de los peces de piscifactoría es, precisamente, peces salvajes, pero que, para algunas especies, se ha logrado una proporción de 0,3 (es decir, que hacen falta 0,3 peces salvajes para criar uno de forma artificial). El resto de comida lo forman, por ejemplo, piensos vegetales. La autora deja claro que «las normas de bienestar animal que rigen en las piscifactorías suelen ser bastante deficientes» (léase esto para más datos). Ella no habla de otros problemas presentes en las piscifactorías, como la contaminación que producen.

Con respecto a los atúnidos, Ritchie dice que su situación es mala, aunque algunas especies están mejorando sus poblaciones. Particularmente, alerta de la situación de los atunes en el océano Índico, donde se está sobrepescando sin control (España con la famosa operación Atalanta). El libro no habla de la amenaza del mercurio en los atúnidos.

Otro problema es la muerte generalizada de los corales. La autora demuestra ser una apasionada de estos animales y no le faltan motivos. La solución urgente a este problema es frenar el calentamiento global, evitando quemar combustibles fósiles. Si quieres enamorarte de los corales, te animamos a leer el relato de Lord Howe.

♦ Soluciones:

  1. Comer menos pescado, siempre que sea posible. Tal vez unos quieran no comer nada de pescado (lo cual evita el dilema del sufrimiento animal), mientras que otros opten por reducir este tipo de alimento.
  2. Elegir bien la especie a consumir. El problema de esta opción es que requiere el esfuerzo de investigar y puede variar en el tiempo y dependiendo de la región. Escogiendo bien, podemos comer pescado con poca huella de carbono (casi todos ellos son mejores que el pollo). Ella recomienda evitar los lenguados y mariscos caros, y optar por pescados pequeños y salvajes, como arenques o sardinas.
  3. Acabar con la sobrepesca aplicando cuotas de pesca estrictas. En la UE han mejorado algunas poblaciones de peces, pero otras siguen estando mal. En general, es preferible ser estrictos y que haya pesca suficiente, que ser demasiado permisivos y provocar la crisis de todo un sector.
  4. Reglamentos estrictos para capturas incidentales y descartes. El objetivo es reducir el número de peces que se pescan sin querer y que se tiran al mar (descartes), donde siempre mueren (si no lo están ya). Algunos países han prohibido los descartes y obligan a sus barcos de pesca a desembarcar todo lo que capturen, sea comercial o no.
  5. Prohibir la pesca de arrastre. Es el arte más perjudicial: normalmente se descarta entre el 30 y el 50 % de todo lo capturado (a veces es el 10 %), a lo que hay que sumar el destrozo del fondo marino que ocasionan, entre otros inconvenientes.
  6. Las áreas marinas protegidas evitan ciertas actuaciones humanas dentro de ellas. Son una buena solución, aunque a veces lo que provocan es que el impacto se traslade a otro lugar.

Propuestas finales de Hannah Ritchie

El libro de Ritchie es un canto de optimismo lleno de datos realistas. Algunas de sus opiniones pueden ser controvertidas, pero la mayoría están basadas en evidencias. Es cierto que estamos avanzando en muchos aspectos, aunque no sea tan rápido como nos gustaría. También es cierto que las opciones sostenibles se están volviendo más baratas. Y, en muchos casos, el pueblo está despertando.

Hannah se siente una traidora cuando no usa las opciones más ecológicas, aunque sí sean las opciones con menor huella de carbono, como usar el microondas o consumir alimentos que no sean de proximidad. Pero alerta que, aunque los cambios individuales sean importantes, es necesario un «cambio sistémico», es decir, una acción política que lleve a aprobar leyes que nos hagan avanzar en todas las soluciones que se han propuesto más arriba. Para ello, es necesario «votar a líderes que favorezcan medidas sostenibles» (partidos verdes y ecofeministas) y también sugiere importantes aportaciones individuales como estas:

  1. «Votar con la cartera», que quiere decir que cuando compramos estamos enviando una señal clara de nuestros intereses al mercado (a las empresas).
  2. Donar dinero a causas ecohumanistas (proyectos, organizaciones, etc.). Ritchie —conforme con lo que propuso Peter Singer— dice que dona al menos el 10 % de sus ingresos.
  3. Dedicar más tiempo a las cosas importantes (colaborar con ONG, por ejemplo) y menos a discusiones secundarias. Es decir, aunemos esfuerzos en la dirección correcta, aunque no opinemos todos exactamente lo mismo.
  4. También es muy importante elegir una trayectoria profesional que nos llene y en la que podamos empujar en la dirección que deseemos.

♦ Información relacionada:

  1. Otros libros resumidos para captar su esencia en poco tiempo:
  2. Quemar rastrojos o leña es tóxico para la salud, además de muy contaminante.
  3. La mejor solución a los incendios forestales: educar sí; quemar biomasa no.
  4. La agricultura de hoy debería ser como la de mañana.
  5. Los científicos vuelven a avisar del colapso que vendrá si seguimos sin reaccionar.
  6. Sin comer por el clima, las macrogranjas, los combustibles fósiles…
  7. Algunos libros del editor de Blogsostenible y de Historias Incontables.
  8. Una imagen del libro de Hannah Ritchie:

Libro Mentalidad emprendedora de Carlos Martínez: resumen y críticas

Portada del libro de Carlos Martínez. Abajo tienes la foto en Instagram de una página interesante.Esta obra (2025) examina diez personajes reales que han influido notablemente en la vida del autor. De cada uno de ellos, extrae y explica diez aprendizajes importantes. En general, son lecciones valiosas para cualquiera —no solo para emprendedores—, aunque el título no deja lugar a dudas del objetivo principal del autor.

De forma sintética, los aprendizajes de cada personaje son los siguientes. Recomendamos tomarse un tiempo para reflexionar en cada uno.

1. Marcos Vázquez (divulgador de salud español)

  • Recomienda tener presente que vas a morir y, justo por eso, merece la pena vivir sin miedo. Este y otros aprendizajes proceden del estoicismo, particularmente de Epicteto y Marco Aurelio.
  • Vive conociendo lo que puedas controlar. Sé consciente de lo que puedes controlar y de lo que no. Cuando disparas una flecha, pierdes el control de ella. Pero no olvides que puedes controlar tu entrenamiento y cómo disparas, y no lo que ocurre después.
  • El movimiento como medicina, porque es la fortaleza del mañana. El cuerpo está diseñado para moverse. Si no te mueves, enfermas.
  • Eres lo que comes. Comer bien es una de nuestras cuatro claves para vivir mejor.
  • Rodearse de buena gente no garantiza el éxito. Pero rodearse mal, casi siempre garantiza el fracaso.
  • Somos naturaleza y cuanto más lo olvidamos, peor vivimos. ¿Sabías que pasear por un bosque ayuda a sanar?
  • Duerme bien. El descanso es lo que hace posible vivir de verdad. De hecho, es otra de las cuatro claves que te permitirán duplicar tu sueldo.
  • Hacer ejercicio es también otra de esas claves, pero aquí Carlos Martínez concreta en lo importante que es entrenar fuerza para cuidar de nuestro yo futuro.
  • Quien evita la incomodidad, evita también la fortaleza.
  • Cuida tu mentalidad cada día, porque si no, terminarás siguiendo el camino del rebaño.

2. Marian Rojas (médica psiquiatra y escritora española)

  • No puedes cambiar el pasado ni controlar el futuro. Conectar con el presente es lo único que depende de ti.
  • Conócete a ti mismo: no hay en la vida aventura más transformadora.
  • Gestiona tu estrés. Controla tu cortisol. Pre-ocuparse es entregar tu salud a problemas que quizás nunca ocurren.
  • Perdonar no cambia el pasado, pero puede cambiarte a ti.
  • Piensa cosas bonitas de ti y que te inspiren. Hablarte mal, criticarte a ti mismo, no te hace más fuerte y te aleja de lo que podrías llegar a ser.
  • La verdadera felicidad no suele ir de la mano de lo cómodo.
  • Perseguir lo fácil te está robando la vida que sueñas. Lee el Elogio del sufrimiento.
  • Cuida tu batería mental como cuidas la de tu móvil, para no apagarte. Haz cosas que te recarguen. Esta es la última de las cuatro claves básicas para una vida feliz.
  • No subestimes el poder de quien te hace sentir bien, tus personas vitaminas. Puede que sea lo más parecido a la felicidad.
  • Haz que te pasen cosas buenas y, para ello, debes saber qué cosas son. Apúntalas. Tener claro lo que quieres te hará tomar decisiones que te acerquen a ese objetivo.

3. Pedro Buerbaum (empresario español)

  • La libertad empieza el día que asumes la propiedad de tu vida. Recomendamos estudiar bien la palabra libertad, porque es fácil malinterpretarla.
  • No esperes a ser como quieres ser: empieza a actuar como si ya lo fueras. Con el tiempo, lo serás.
  • Intercambiar tiempo por dinero es una trampa disfrazada de seguridad.
  • Mientras esperas que todo sea perfecto, otros ya lo están haciendo de manera imperfecta.
  • El único fracaso real es convencerte de que está bien quedarte donde no quieres estar.
  • Si conectas con tu propósito, hasta los momentos difíciles tienen sentido.
  • A veces, llamamos perseverancia a lo que en realidad es miedo a reconocer que nos hemos equivocado.
  • En la vida y en los negocios, los grandes logros nunca fueron cosa de uno solo.
  • La viralidad casi siempre empieza con una emoción.
  • No hay pastilla que cambie más tu vida que una dosis de vitamina D de Disciplina.

4. Isra Bravo (copywriter español)

  • Vender es ayudar a otras personas a entender cómo lo que haces puede mejorar su vida.
  • No busques la aprobación de los demás.
  • La atención es importante. Observa lo que hace todo el mundo y haz justo lo contrario.
  • Satisface tu curiosidad.
  • Vende siempre diciendo la verdad.
  • Una buena historia ayuda a vender más que un buen catálogo de propiedades.
  • El miedo a perder es más fuerte que el deseo de ganar. Si tus potenciales clientes ven que van a perder una oportunidad, estarán más favorables a comprar.
  • Vende beneficios, no características. La gente no compra el camino, sino cómo se sentirá al llegar.
  • Repetir y no rendirse es importante. Por eso, la publicidad se basa en repetir el mensaje una y otra vez. Y funciona.
  • Si vas a vender, no muestres que necesitas que te compren. Como en la vida, cuanto menos lo necesites tú, más te querrán.

5. Fernando Miralles (experto español en comunicación)

  • La palabra, el arma más poderosa.
  • Persuadir es querer lo mejor para ambos. Manipular es quererlo solo para ti.
  • Todos pecamos y quien sabe leer el pecado principal de su potencial cliente tendrá la llave para vender más, negociar mejor y conectar con la verdad, porque puedes hablarle mejor de sus necesidades y esperanzas.
  • Nada une más a las personas que tener algo o alguien contra lo que luchar juntos.
  • La simplicidad es la mejor forma de ser escuchado, entendido y recordado.
  • Aprende a comunicar adecuadamente: lenguaje no verbal, evitar muletillas, escuchar al otro…
  • Eres una marca y ese puede ser tu verdadero poder.
  • Nadie quiere que le vendan algo, sino tener la sensación de que eligieron ellos.
  • A comunicar, se aprende comunicando. La práctica vence al miedo.
  • Piensa antes de creerte algo. Sin pensamiento crítico, otros pensarán por ti.

6. Ilia Topuria (luchador de artes marciales mixto hispano-georgiano)

  • Un campeón no controla el resultado, controla su preparación.
  • El único miedo que debería importar es mirar atrás y ver que no has mejorado nada.
  • Si no estás dispuesto a aumentar el sacrificio, tendrás que reducir el deseo.
  • Confía en ti mismo. Quien confía en sus alas, no teme que se rompa la rama.
  • Las grandes batallas forjan grandes guerreros. No temas la adversidad.
  • Quien deja de aprender, empieza a perder. Invierte siempre en formación.
  • Quien no es feliz en el camino, tampoco lo será al llegar al destino. Es normal obsesionarse con la meta, pero no dejes de disfrutar.
  • Para llegar a donde quieres llegar, primero tienes que imaginarlo, preferentemente con detalle.
  • Lo que criticas en otros habla más de ti que de ellos.
  • La paciencia no retrasa tus sueños, los protege.

7. Yaiza Canosa (empresaria española)

  • El éxito en los negocios no viene de una buena idea, sino de una buena ejecución.
  • El éxito no es dejar de trabajar, sino trabajar en algo que nunca quieras dejar.
  • No seas un jefe. Sé un líder. El jefe tiene subordinados. El líder crea compañeros de batalla. Si esto te ha gustado, tal vez quieras también leer cinco ideas para empresas y empleados.
  • Quien no tiene hambre de mejorar, termina devorado por la mediocridad.
  • No todo el mundo sirve para emprender, pero cualquiera puede pensar como un emprendedor.
  • Para colaborar contigo, ficha a las mejores personas.
  • Quien habla de suerte es porque nunca ha conocido la perseverancia.
  • Emprender en soledad te da libertad, pero en compañía tienes más fuerza.
  • El éxito es acostarte tranquilo y levantarte con ganas.
  • Lo que admiras en otros, lo imitas. Y lo que imitas acaba moldeando tu manera de pensar, de trabajar y de vivir. Por tanto, cuida a quién admiras.

8. Rafa Nadal (tenista español)

  • Quien no se rinde nunca, está venciendo.
  • Quien rehuye la dificultad, huye también de la felicidad.
  • Lo importante no es lo que logras, sino en quién te conviertes al intentarlo.
  • Sé leal a tus valores¿Cuánto cuesta tener principios?
  • Quien vive de excusas, muere sin victorias.
  • Ser ejemplar es más elocuente y efectivo que mil discursos.
  • Las verdades que más incomodan son las que más nos hacen crecer. Pídeles a los tuyos que sean sinceros contigo y acepta las críticas.
  • Nadie triunfa por su talento inicial. Hay que trabajar.
  • Sin dificultad no hay crecimiento personal.
  • No hay satisfacción más grande que saber que lo diste todo, que te esforzaste.

9. José Elías (empresario español)

  • Ganar el primer millón es el más difícil, porque tienes que ganarte a ti mismo.
  • No elegimos dónde nacemos, pero sí cómo vivimos.
  • Las crisis nos enseñan grandes lecciones.
  • Para ganar, tienes que reducir al máximo el tiempo entre pensar y actuar.
  • El que domina la pregunta, domina la negociación. Y para ello, hay que escuchar más que hablar.
  • La competencia es fantástica si observas lo que hace. No te creas más listo que el mercado.
  • Hay que pensar a largo plazo, en años.
  • Quien no sabe delegar, tiene 24 horas. Quien aprende a hacerlo, tiene muchas más.
  • Diversifica tus negocios para vivir con menos miedo y más libertad.
  • La riqueza no se mide en dinero, sino en libertad. Dependiendo de lo que quieras hacer, necesitarás o no dinero, porque la felicidad viene más de necesitar poco que de satisfacer necesidades extravagantes.

10. Sergio Fernández (divulgador y conferenciante español)

  • Tu tiempo y tu libertad son tu mayor riqueza. Piensa bien a quién se lo estás entregando.
  • El dinero no cambia a las personas. Solo revela la raíz de lo que ya son. El dinero es solo una herramienta que puede emplearse bien o mal. Y en todo caso, no te la puedes llevar al morir.
  • Tú decides si hablarte desde la escasez o desde la abundancia.
  • Quien desperdicia tiempo, regala su mayor fortuna.
  • El dinero compra cosas; pero los activos (aquello que te provoca ingresos) compran tu libertad.
  • Quien controla su dinero, controla su vida. Según esto, es importante organizar bien a qué se dedican los ingresos. Por ejemplo, propone donar el 10 % de los ingresos a apoyar causas nobles o a quien lo necesite, sin esperar nada a cambio. Curiosamente, es el mismo porcentaje que propuso Peter Singer.
  • La vida pesa menos cuando cargas solo con lo que te corresponde. No ayudes ni des consejos a quien no te los ha pedido. Lo que sí puedes hacer es ofrecerte a ayudar, de forma educada y sutil.
  • La mayor fuerza del universo es la constancia multiplicada por el tiempo.
  • Quien quiera peces, que se moje el culo. Quien quiera dinero, que aporte valor.
  • El verdadero patrimonio de un ser humano no está en sus bienes, sino en su conocimiento. Invierte en aprender más y más.

Terminamos con tres críticas que no pretenden desmerecer este magnífico libro:

  1. Carlos Martínez sostiene que los impuestos son abusivos y que todos damos al Estado demasiado dinero. Es una opinión peliaguda y que no se puede soltar sin hablar de todo lo que el Estado nos ofrece: carreteras, hospitales, colegios, universidades, seguridad, policía, transportes (trenes, aeropuertos…), etc. Solo alguien que no usa ni haya usado nada de esto está en condiciones de criticar los impuestos abiertamente. Por otra parte, a todos nos interesa que en nuestra sociedad no haya pobreza extrema (por justicia, por solidaridad, por tener mayor seguridad, etc.). Es evidente que el dinero público beneficia tanto a los ricos como a los pobres, lo cual no impide exigir que se use adecuadamente.
  2. El autor propone invertir en fondos indexados rentables sin dedicar ni una palabra a la ética de tales inversiones. Muchos fondos de inversión contribuyen directamente al mundo asombrosamente injusto en el que vivimos, porque invierten en negocios de armas o en industrias altamente contaminantes. Aquí tienes un breve análisis de las empresas del IBEX-35.
  3. El libro critica el sistema de pensiones como algo insostenible, lo cual es falso porque se basa en un acuerdo intergeneracional. Será insostenible si nos negamos a que sea sostenible. Somos nosotros, como sociedad, los que hacemos que sea o no sostenible, porque depende de nosotros. Los que trabajamos ahora, pagamos las pensiones de nuestros mayores y, cuando lleguemos a mayores (si con suerte llegamos), serán los que estén trabajando los que nos pagarán a nosotros. Es un principio de solidaridad entre generaciones muy bonito y que funciona, más o menos bien, si lo gestionamos bien. Lo que es casi una estafa son los planes de pensiones privados, porque el dinero que inviertes se devalúa con el tiempo, apenas superan la inflación y tienen comisiones exageradas.

♦ Información de tu interés:

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Portada del libro de Carlos Martínez. Abajo tienes la foto en Instagram de una página interesante.

Libro Mentalidad emprendedora de Carlos Martínez: resumen y críticas

Portada del libro de Carlos Martínez. Abajo tienes la foto en Instagram de una página interesante.Esta obra (2025) examina diez personajes reales que han influido notablemente en la vida del autor. De cada uno de ellos, extrae y explica diez aprendizajes importantes. En general, son lecciones valiosas para cualquiera —no solo para emprendedores—, aunque el título no deja lugar a dudas del objetivo principal del autor.

De forma sintética, los aprendizajes de cada personaje son los siguientes. Recomendamos tomarse un tiempo para reflexionar en cada uno.

1. Marcos Vázquez (divulgador de salud español)

  • Recomienda tener presente que vas a morir y, justo por eso, merece la pena vivir sin miedo. Este y otros aprendizajes proceden del estoicismo, particularmente de Epicteto y Marco Aurelio.
  • Vive conociendo lo que puedas controlar. Sé consciente de lo que puedes controlar y de lo que no. Cuando disparas una flecha, pierdes el control de ella. Pero no olvides que puedes controlar tu entrenamiento y cómo disparas, y no lo que ocurre después.
  • El movimiento como medicina, porque es la fortaleza del mañana. El cuerpo está diseñado para moverse. Si no te mueves, enfermas.
  • Eres lo que comes. Comer bien es una de nuestras cuatro claves para vivir mejor.
  • Rodearse de buena gente no garantiza el éxito. Pero rodearse mal, casi siempre garantiza el fracaso.
  • Somos naturaleza y cuanto más lo olvidamos, peor vivimos. ¿Sabías que pasear por un bosque ayuda a sanar?
  • Duerme bien. El descanso es lo que hace posible vivir de verdad. De hecho, es otra de las cuatro claves que te permitirán duplicar tu sueldo.
  • Hacer ejercicio es también otra de esas claves, pero aquí Carlos Martínez concreta en lo importante que es entrenar fuerza para cuidar de nuestro yo futuro.
  • Quien evita la incomodidad, evita también la fortaleza.
  • Cuida tu mentalidad cada día, porque si no, terminarás siguiendo el camino del rebaño.

2. Marian Rojas (médica psiquiatra y escritora española)

  • No puedes cambiar el pasado ni controlar el futuro. Conectar con el presente es lo único que depende de ti.
  • Conócete a ti mismo: no hay en la vida aventura más transformadora.
  • Gestiona tu estrés. Controla tu cortisol. Pre-ocuparse es entregar tu salud a problemas que quizás nunca ocurren.
  • Perdonar no cambia el pasado, pero puede cambiarte a ti.
  • Piensa cosas bonitas de ti y que te inspiren. Hablarte mal, criticarte a ti mismo, no te hace más fuerte y te aleja de lo que podrías llegar a ser.
  • La verdadera felicidad no suele ir de la mano de lo cómodo.
  • Perseguir lo fácil te está robando la vida que sueñas. Lee el Elogio del sufrimiento.
  • Cuida tu batería mental como cuidas la de tu móvil, para no apagarte. Haz cosas que te recarguen. Esta es la última de las cuatro claves básicas para una vida feliz.
  • No subestimes el poder de quien te hace sentir bien, tus personas vitaminas. Puede que sea lo más parecido a la felicidad.
  • Haz que te pasen cosas buenas y, para ello, debes saber qué cosas son. Apúntalas. Tener claro lo que quieres te hará tomar decisiones que te acerquen a ese objetivo.

3. Pedro Buerbaum (empresario español)

  • La libertad empieza el día que asumes la propiedad de tu vida. Recomendamos estudiar bien la palabra libertad, porque es fácil malinterpretarla.
  • No esperes a ser como quieres ser: empieza a actuar como si ya lo fueras. Con el tiempo, lo serás.
  • Intercambiar tiempo por dinero es una trampa disfrazada de seguridad.
  • Mientras esperas que todo sea perfecto, otros ya lo están haciendo de manera imperfecta.
  • El único fracaso real es convencerte de que está bien quedarte donde no quieres estar.
  • Si conectas con tu propósito, hasta los momentos difíciles tienen sentido.
  • A veces, llamamos perseverancia a lo que en realidad es miedo a reconocer que nos hemos equivocado.
  • En la vida y en los negocios, los grandes logros nunca fueron cosa de uno solo.
  • La viralidad casi siempre empieza con una emoción.
  • No hay pastilla que cambie más tu vida que una dosis de vitamina D de Disciplina.

4. Isra Bravo (copywriter español)

  • Vender es ayudar a otras personas a entender cómo lo que haces puede mejorar su vida.
  • No busques la aprobación de los demás.
  • La atención es importante. Observa lo que hace todo el mundo y haz justo lo contrario.
  • Satisface tu curiosidad.
  • Vende siempre diciendo la verdad.
  • Una buena historia ayuda a vender más que un buen catálogo de propiedades.
  • El miedo a perder es más fuerte que el deseo de ganar. Si tus potenciales clientes ven que van a perder una oportunidad, estarán más favorables a comprar.
  • Vende beneficios, no características. La gente no compra el camino, sino cómo se sentirá al llegar.
  • Repetir y no rendirse es importante. Por eso, la publicidad se basa en repetir el mensaje una y otra vez. Y funciona.
  • Si vas a vender, no muestres que necesitas que te compren. Como en la vida, cuanto menos lo necesites tú, más te querrán.

5. Fernando Miralles (experto español en comunicación)

  • La palabra, el arma más poderosa.
  • Persuadir es querer lo mejor para ambos. Manipular es quererlo solo para ti.
  • Todos pecamos y quien sabe leer el pecado principal de su potencial cliente tendrá la llave para vender más, negociar mejor y conectar con la verdad, porque puedes hablarle mejor de sus necesidades y esperanzas.
  • Nada une más a las personas que tener algo o alguien contra lo que luchar juntos.
  • La simplicidad es la mejor forma de ser escuchado, entendido y recordado.
  • Aprende a comunicar adecuadamente: lenguaje no verbal, evitar muletillas, escuchar al otro…
  • Eres una marca y ese puede ser tu verdadero poder.
  • Nadie quiere que le vendan algo, sino tener la sensación de que eligieron ellos.
  • A comunicar, se aprende comunicando. La práctica vence al miedo.
  • Piensa antes de creerte algo. Sin pensamiento crítico, otros pensarán por ti.

6. Ilia Topuria (luchador de artes marciales mixto hispano-georgiano)

  • Un campeón no controla el resultado, controla su preparación.
  • El único miedo que debería importar es mirar atrás y ver que no has mejorado nada.
  • Si no estás dispuesto a aumentar el sacrificio, tendrás que reducir el deseo.
  • Confía en ti mismo. Quien confía en sus alas, no teme que se rompa la rama.
  • Las grandes batallas forjan grandes guerreros. No temas la adversidad.
  • Quien deja de aprender, empieza a perder. Invierte siempre en formación.
  • Quien no es feliz en el camino, tampoco lo será al llegar al destino. Es normal obsesionarse con la meta, pero no dejes de disfrutar.
  • Para llegar a donde quieres llegar, primero tienes que imaginarlo, preferentemente con detalle.
  • Lo que criticas en otros habla más de ti que de ellos.
  • La paciencia no retrasa tus sueños, los protege.

7. Yaiza Canosa (empresaria española)

  • El éxito en los negocios no viene de una buena idea, sino de una buena ejecución.
  • El éxito no es dejar de trabajar, sino trabajar en algo que nunca quieras dejar.
  • No seas un jefe. Sé un líder. El jefe tiene subordinados. El líder crea compañeros de batalla. Si esto te ha gustado, tal vez quieras también leer cinco ideas para empresas y empleados.
  • Quien no tiene hambre de mejorar, termina devorado por la mediocridad.
  • No todo el mundo sirve para emprender, pero cualquiera puede pensar como un emprendedor.
  • Para colaborar contigo, ficha a las mejores personas.
  • Quien habla de suerte es porque nunca ha conocido la perseverancia.
  • Emprender en soledad te da libertad, pero en compañía tienes más fuerza.
  • El éxito es acostarte tranquilo y levantarte con ganas.
  • Lo que admiras en otros, lo imitas. Y lo que imitas acaba moldeando tu manera de pensar, de trabajar y de vivir. Por tanto, cuida a quién admiras.

8. Rafa Nadal (tenista español)

  • Quien no se rinde nunca, está venciendo.
  • Quien rehuye la dificultad, huye también de la felicidad.
  • Lo importante no es lo que logras, sino en quién te conviertes al intentarlo.
  • Sé leal a tus valores¿Cuánto cuesta tener principios?
  • Quien vive de excusas, muere sin victorias.
  • Ser ejemplar es más elocuente y efectivo que mil discursos.
  • Las verdades que más incomodan son las que más nos hacen crecer. Pídeles a los tuyos que sean sinceros contigo y acepta las críticas.
  • Nadie triunfa por su talento inicial. Hay que trabajar.
  • Sin dificultad no hay crecimiento personal.
  • No hay satisfacción más grande que saber que lo diste todo, que te esforzaste.

9. José Elías (empresario español)

  • Ganar el primer millón es el más difícil, porque tienes que ganarte a ti mismo.
  • No elegimos dónde nacemos, pero sí cómo vivimos.
  • Las crisis nos enseñan grandes lecciones.
  • Para ganar, tienes que reducir al máximo el tiempo entre pensar y actuar.
  • El que domina la pregunta, domina la negociación. Y para ello, hay que escuchar más que hablar.
  • La competencia es fantástica si observas lo que hace. No te creas más listo que el mercado.
  • Hay que pensar a largo plazo, en años.
  • Quien no sabe delegar, tiene 24 horas. Quien aprende a hacerlo, tiene muchas más.
  • Diversifica tus negocios para vivir con menos miedo y más libertad.
  • La riqueza no se mide en dinero, sino en libertad. Dependiendo de lo que quieras hacer, necesitarás o no dinero, porque la felicidad viene más de necesitar poco que de satisfacer necesidades extravagantes.

10. Sergio Fernández (divulgador y conferenciante español)

  • Tu tiempo y tu libertad son tu mayor riqueza. Piensa bien a quién se lo estás entregando.
  • El dinero no cambia a las personas. Solo revela la raíz de lo que ya son. El dinero es solo una herramienta que puede emplearse bien o mal. Y en todo caso, no te la puedes llevar al morir.
  • Tú decides si hablarte desde la escasez o desde la abundancia.
  • Quien desperdicia tiempo, regala su mayor fortuna.
  • El dinero compra cosas; pero los activos (aquello que te provoca ingresos) compran tu libertad.
  • Quien controla su dinero, controla su vida. Según esto, es importante organizar bien a qué se dedican los ingresos. Por ejemplo, propone donar el 10 % de los ingresos a apoyar causas nobles o a quien lo necesite, sin esperar nada a cambio. Curiosamente, es el mismo porcentaje que propuso Peter Singer.
  • La vida pesa menos cuando cargas solo con lo que te corresponde. No ayudes ni des consejos a quien no te los ha pedido. Lo que sí puedes hacer es ofrecerte a ayudar, de forma educada y sutil.
  • La mayor fuerza del universo es la constancia multiplicada por el tiempo.
  • Quien quiera peces, que se moje el culo. Quien quiera dinero, que aporte valor.
  • El verdadero patrimonio de un ser humano no está en sus bienes, sino en su conocimiento. Invierte en aprender más y más.

Terminamos con tres críticas que no pretenden desmerecer este magnífico libro:

  1. Carlos Martínez sostiene que los impuestos son abusivos y que todos damos al Estado demasiado dinero. Es una opinión peliaguda y que no se puede soltar sin hablar de todo lo que el Estado nos ofrece: carreteras, hospitales, colegios, universidades, seguridad, policía, transportes (trenes, aeropuertos…), etc. Solo alguien que no usa ni haya usado nada de esto está en condiciones de criticar los impuestos abiertamente. Por otra parte, a todos nos interesa que en nuestra sociedad no haya pobreza extrema (por justicia, por solidaridad, por tener mayor seguridad, etc.). Es evidente que el dinero público beneficia tanto a los ricos como a los pobres, lo cual no impide exigir que se use adecuadamente.
  2. El autor propone invertir en fondos indexados rentables sin dedicar ni una palabra a la ética de tales inversiones. Muchos fondos de inversión contribuyen directamente al mundo asombrosamente injusto en el que vivimos, porque invierten en negocios de armas o en industrias altamente contaminantes. Aquí tienes un breve análisis de las empresas del IBEX-35.
  3. El libro critica el sistema de pensiones como algo insostenible, lo cual es falso porque se basa en un acuerdo intergeneracional. Será insostenible si nos negamos a que sea sostenible. Somos nosotros, como sociedad, los que hacemos que sea o no sostenible, porque depende de nosotros. Los que trabajamos ahora, pagamos las pensiones de nuestros mayores y, cuando lleguemos a mayores (si con suerte llegamos), serán los que estén trabajando los que nos pagarán a nosotros. Es un principio de solidaridad entre generaciones muy bonito y que funciona, más o menos bien, si lo gestionamos bien. Lo que es casi una estafa son los planes de pensiones privados, porque el dinero que inviertes se devalúa con el tiempo, apenas superan la inflación y tienen comisiones exageradas.

♦ Información de tu interés:

La unión de la gente sensata (llámale equis, izquierdas o derechas)

No hace mucho se reunieron dos de los políticos más brillantes del panorama nacional español. Incluso sus oponentes lo reconocen. Ambos pertenecen a partidos distintos, pero coinciden en lo esencial, además de mantener un discurso claro y directo —tal vez con alguna exageración cómica o hipérbole innecesaria—, pero sin bulos y sin pelos en la lengua. Me refiero a Emilio Delgado (diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid) y a Gabriel Rufián (diputado en el Congreso por ERC).

Lo que estos dos políticos han planteado es algo bastante antiguo: la unión de la izquierda, especialmente teniendo en cuenta que la ley electoral en España es bastante injusta y que difícilmente van a aprobarse algunas de las propuestas para mejorar la representación del pueblo y reducir el número de políticos.

Lo que proponen no es la unión en un único partido nacional, sino un pacto por regiones para que, siguiendo la vigente Ley D’Hondt, se maximice el número de escaños conseguidos. La idea puede funcionar y frenar el envite de la derecha y la ultraderecha con todo lo que esto supone: devaluación del sector público, desprecio por el medioambiente, defensa del machismo, etc. Con respecto a la naturaleza, si ya el PP era un partido peligroso (demostrado sobradamente aquí), con sus nuevos socios —negacionistas impenitentes— la cosa no pinta bien ni para el medioambiente, ni para los animales, ni para nadie, salvo para una minoría que sabe bien lo que quiere y dónde pone su dinero.

Las luchas entre partidos pueden ser muy aburridas. Tenemos que centrar el debate en qué es lo mejor para nuestra sociedad en su conjunto y no para cada votante en particular.

¿Qué pedimos a un partido político digno?

Las ideas aquí expuestas, están AQUÍ en una poesía.

A la gente corriente —currantes o en paro, jóvenes o ancianos— nos da igual que se llamen de izquierdas o derechas. Lo que queremos es compromiso con los problemas reales de las personas y del planeta. Repartidos en tres epígrafes, los siguientes quince puntos que deberían estar en el programa y en la boca de cualquier partido decente:

1. Principios básicos:

  1. Se debe tener claro que el gobierno tiene como principal misión defender a la ciudadanía por delante de cualquier objetivo corporativo. Los intereses empresariales deben estar siempre en segundo plano.
  2. Para garantizar una democracia sana, se deben rechazar todas las formas de dictaduras y todos los golpes de Estado. Por muy razonable que parezca un totalitarismo, imponer un criterio particular a una mayoría nunca será aceptable.
  3. El punto anterior va ligado a condenar cualquier genocidio como el de Palestina y cualquier conflicto armado como el de Irán, el cual no tiene más justificación que querer robar su petróleo (como también ocurrió en Irak o en Venezuela).
  4. Un gobierno digno debe respetar la verdad y combatir los bulos. Para esto, es fundamental una televisión pública libre y objetiva que combata de forma transparente las manipulaciones. Cuando esto no es así, la sociedad se indigna (véanse los casos de la televisión gallega, andaluza o madrileña).
  5. Un gobierno inteligente apoyará la cooperación internacional, sin perjuicio del resto de puntos. Como ha demostrado la Unión Europea, renunciar a beneficios particulares de un Estado a favor de un objetivo común beneficia a la mayoría. Por tanto, avanzar en intereses comunes suele ser mejor que navegar hacia cualquier forma de independentismo egoísta. En este sentido, las declaraciones de la líder del PP europeo, Von der Leyen, deben condenarse por despreciar la legalidad internacional (*).
  6. También pedimos a nuestros políticos respeto por todos los contrincantes. Se debe respetar a los oponentes y ser tolerantes con todas las personas (no con todas las ideologías). Insultar nunca será una forma correcta de argumentar. Y el clásico «y tú más», tampoco.

2. Justicia social y modelo económico:

  1. Maximizar el bien común pasa por fomentar la solidaridad, de forma laica o religiosa. No querremos vivir en un país donde reine el egoísmo y la pobreza. Esto implica:
    • Activar políticas para facilitar la vivienda a los más desfavorecidos (no a políticos y notarios como en Alicante). Cuando se construyan viviendas sociales, estas deben pertenecer siempre al Estado y jamás deben privatizarse.
    • Evitar desahucios y ofrecer alternativas.
    • Ayudas controladas a los desfavorecidos por desastres naturales u otras causas (descuentos en IRPF, en luz, agua…).
    • Aumentar los salarios más bajos (el SMI).
    • También, por supuesto, es deseable una sociedad solidaria con los inmigrantes y comprensiva con su situación. Eso implica un gasto extra del Estado, que nos beneficia a todos. Los que dicen «llévate a los inmigrantes a tu casa», seguro que no quieren meter en su casa los residuos de las nucleares que defienden.
    • En definitiva, intentar reducir la desigualdad es algo que beneficia a toda la sociedad, pues reduce los problemas sociales (delincuencia, fraude, explotación laboral…).
  2. Un gobierno ideal debe apoyar lo público, con especial interés en la educación y la sanidad. La importancia de esto la vemos cada día. Durante la pandemia fue aún más evidente. Hubo lecciones que debimos aprender. Esto también sirve para medir la fortaleza de un gobierno frente a intereses comerciales o especulativos y, por tanto, para medir la salud de una democracia.
  3. Los impuestos deben servir para sufragar los gastos públicos de forma solidaria. Es importante que sean justos y progresivos. Obsérvese que los países con mayor bienestar y menor delincuencia son precisamente los que tienen mayores impuestos, en particular a los millonarios. Subir un pequeño porcentaje a los magnates puede resolver grandes problemas. Y ellos ni lo notan. Para la democracia es positivo permitir que los contribuyentes puedan elegir el destino de parte de sus impuestos. Y el que evada en paraísos fiscales (como algunos influencers) que pague si quiere usar nuestros servicios públicos (hospitales, aeropuertos, etc.).
  4. Reducir la jornada laboral es un acto de justicia universal, dado que hay multitud de inventos que están ahorrando mucha mano de obra (robots, IA, computadoras…). Es preciso reconocer que estos inventos son logros de la humanidad en su conjunto y, por consiguiente, es justo que beneficien a todos y no solo a una minoría.
  5. Deben defenderse los derechos civiles (igualdad ante la ley, libertad de expresión, matrimonio igualitario…) así como la igualdad entre la ciudadanía: feminismo (igualdad entre personas de distinto género), lucha contra el racismo, la aporofobia, etc.

3. Ciencia, medioambiente y bienestar animal:

  1. Las decisiones políticas deben estar, cuando sea posible, avaladas por la ciencia y nunca deben ignorar sus conclusiones para favorecer intereses partidistas.
  2. Una ideología sensata siempre debe estar dispuesta a cambiar y evolucionar. Así, las tradiciones pueden cambiarse para adaptarse a los nuevos tiempos.
  3. Un medioambiente sano no es solo uno de los Derechos Humanos y un bonito artículo de la Constitución Española (art. 45). Nuestra vida, nuestra salud y la de nuestros descendientes dependen de que cambiemos nuestra forma de tratar a la naturaleza. Por tanto, debe ser aislado cualquier partido o ideología que no lo entienda y que no respete lo que dice la ciencia.
  4. Defender los derechos de los animales es también elemental para la dignidad del ser humano. Y también ayudará a mejorar nuestro trato a la naturaleza. ¿Cómo es posible que la tauromaquia esté blindada en España cuando solo el 8 % de los españoles acudió a algún espectáculo taurino en el último año? Además, un 70 % manifiesta tener un interés «mínimo» por estos eventos; y siete de cada diez consideran «totalmente inaceptable» el uso de animales en corridas de toros, eventos que se han desplomado un 60 %. Incluso se han cerrado numerosas plazas.

Si un partido político o una coalición aboga por todo (o casi todo) lo dicho arriba, creo que contará con mi apoyo y con el de muchos otros. No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de sensatez y humanidad.

(*) Tras sus esperpénticas declaraciones incitando a abandonar la legalidad internacional, una noticia más reciente dice que Von der Leyen recula ante las críticas y defiende ahora el “compromiso inquebrantable” de la UE con el derecho internacional. Es muy lamentable que tenga que desdecirse porque las críticas han sido feroces y las peticiones de dimisión se cuentan por millares en redes sociales. Es obvio que dijo lo que pensaba y que su amor por el cargo le hace decir lo que tenga que decir. Resulta del todo hilarante que el PP saliera a defender las palabras de Von der Leyen y, ahora que se ha desdicho, el PP calla. Hablar sin pensar es peligroso.

♦ Más sobre política sensata:

blogsostenible

La unión de la gente sensata (llámale equis, izquierdas o derechas)

No hace mucho se reunieron dos de los políticos más brillantes del panorama nacional español. Incluso sus oponentes lo reconocen. Ambos pertenecen a partidos distintos, pero coinciden en lo esencial, además de mantener un discurso claro y directo —tal vez con alguna exageración cómica o hipérbole innecesaria—, pero sin bulos y sin pelos en la lengua. Me refiero a Emilio Delgado (diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid) y a Gabriel Rufián (diputado en el Congreso por ERC).

Lo que estos dos políticos han planteado es algo bastante antiguo: la unión de la izquierda, especialmente teniendo en cuenta que la ley electoral en España es bastante injusta y que difícilmente van a aprobarse algunas de las propuestas para mejorar la representación del pueblo y reducir el número de políticos.

Lo que proponen no es la unión en un único partido nacional, sino un pacto por regiones para que, siguiendo la vigente Ley D’Hondt, se maximice el número de escaños conseguidos. La idea puede funcionar y frenar el envite de la derecha y la ultraderecha con todo lo que esto supone: devaluación del sector público, desprecio por el medioambiente, defensa del machismo, etc. Con respecto a la naturaleza, si ya el PP era un partido peligroso (demostrado sobradamente aquí), con sus nuevos socios —negacionistas impenitentes— la cosa no pinta bien ni para el medioambiente, ni para los animales, ni para nadie, salvo para una minoría que sabe bien lo que quiere y dónde pone su dinero.

Las luchas entre partidos pueden ser muy aburridas. Tenemos que centrar el debate en qué es lo mejor para nuestra sociedad en su conjunto y no para cada votante en particular.

¿Qué pedimos a un partido político digno?

Las ideas aquí expuestas, están AQUÍ en una poesía.

A la gente corriente —currantes o en paro, jóvenes o ancianos— nos da igual que se llamen de izquierdas o derechas. Lo que queremos es compromiso con los problemas reales de las personas y del planeta. Repartidos en tres epígrafes, los siguientes quince puntos que deberían estar en el programa y en la boca de cualquier partido decente:

1. Principios básicos:

  1. Se debe tener claro que el gobierno tiene como principal misión defender a la ciudadanía por delante de cualquier objetivo corporativo. Los intereses empresariales deben estar siempre en segundo plano.
  2. Para garantizar una democracia sana, se deben rechazar todas las formas de dictaduras y todos los golpes de Estado. Por muy razonable que parezca un totalitarismo, imponer un criterio particular a una mayoría nunca será aceptable.
  3. El punto anterior va ligado a condenar cualquier genocidio como el de Palestina y cualquier conflicto armado como el de Irán, el cual no tiene más justificación que querer robar su petróleo (como también ocurrió en Irak o en Venezuela).
  4. Un gobierno digno debe respetar la verdad y combatir los bulos. Para esto, es fundamental una televisión pública libre y objetiva que combata de forma transparente las manipulaciones. Cuando esto no es así, la sociedad se indigna (véanse los casos de la televisión gallega, andaluza o madrileña).
  5. Un gobierno inteligente apoyará la cooperación internacional, sin perjuicio del resto de puntos. Como ha demostrado la Unión Europea, renunciar a beneficios particulares de un Estado a favor de un objetivo común beneficia a la mayoría. Por tanto, avanzar en intereses comunes suele ser mejor que navegar hacia cualquier forma de independentismo egoísta. En este sentido, las declaraciones de la líder del PP europeo, Von der Leyen, deben condenarse por despreciar la legalidad internacional (*).
  6. También pedimos a nuestros políticos respeto por todos los contrincantes. Se debe respetar a los oponentes y ser tolerantes con todas las personas (no con todas las ideologías). Insultar nunca será una forma correcta de argumentar. Y el clásico «y tú más», tampoco.

2. Justicia social y modelo económico:

  1. Maximizar el bien común pasa por fomentar la solidaridad, de forma laica o religiosa. No querremos vivir en un país donde reine el egoísmo y la pobreza. Esto implica:
    • Activar políticas para facilitar la vivienda a los más desfavorecidos (no a políticos y notarios como en Alicante). Cuando se construyan viviendas sociales, estas deben pertenecer siempre al Estado y jamás deben privatizarse.
    • Evitar desahucios y ofrecer alternativas.
    • Ayudas controladas a los desfavorecidos por desastres naturales u otras causas (descuentos en IRPF, en luz, agua…).
    • Aumentar los salarios más bajos (el SMI).
    • También, por supuesto, es deseable una sociedad solidaria con los inmigrantes y comprensiva con su situación. Eso implica un gasto extra del Estado, que nos beneficia a todos. Los que dicen «llévate a los inmigrantes a tu casa», seguro que no quieren meter en su casa los residuos de las nucleares que defienden.
    • En definitiva, intentar reducir la desigualdad es algo que beneficia a toda la sociedad, pues reduce los problemas sociales (delincuencia, fraude, explotación laboral…).
  2. Un gobierno ideal debe apoyar lo público, con especial interés en la educación y la sanidad. La importancia de esto la vemos cada día. Durante la pandemia fue aún más evidente. Hubo lecciones que debimos aprender. Esto también sirve para medir la fortaleza de un gobierno frente a intereses comerciales o especulativos y, por tanto, para medir la salud de una democracia.
  3. Los impuestos deben servir para sufragar los gastos públicos de forma solidaria. Es importante que sean justos y progresivos. Obsérvese que los países con mayor bienestar y menor delincuencia son precisamente los que tienen mayores impuestos, en particular a los millonarios. Subir un pequeño porcentaje a los magnates puede resolver grandes problemas. Y ellos ni lo notan. Para la democracia es positivo permitir que los contribuyentes puedan elegir el destino de parte de sus impuestos. Y el que evada en paraísos fiscales (como algunos influencers) que pague si quiere usar nuestros servicios públicos (hospitales, aeropuertos, etc.).
  4. Reducir la jornada laboral es un acto de justicia universal, dado que hay multitud de inventos que están ahorrando mucha mano de obra (robots, IA, computadoras…). Es preciso reconocer que estos inventos son logros de la humanidad en su conjunto y, por consiguiente, es justo que beneficien a todos y no solo a una minoría.
  5. Deben defenderse los derechos civiles (igualdad ante la ley, libertad de expresión, matrimonio igualitario…) así como la igualdad entre la ciudadanía: feminismo (igualdad entre personas de distinto género), lucha contra el racismo, la aporofobia, etc.

3. Ciencia, medioambiente y bienestar animal:

  1. Las decisiones políticas deben estar, cuando sea posible, avaladas por la ciencia y nunca deben ignorar sus conclusiones para favorecer intereses partidistas.
  2. Una ideología sensata siempre debe estar dispuesta a cambiar y evolucionar. Así, las tradiciones pueden cambiarse para adaptarse a los nuevos tiempos.
  3. Un medioambiente sano no es solo uno de los Derechos Humanos y un bonito artículo de la Constitución Española (art. 45). Nuestra vida, nuestra salud y la de nuestros descendientes dependen de que cambiemos nuestra forma de tratar a la naturaleza. Por tanto, debe ser aislado cualquier partido o ideología que no lo entienda y que no respete lo que dice la ciencia.
  4. Defender los derechos de los animales es también elemental para la dignidad del ser humano. Y también ayudará a mejorar nuestro trato a la naturaleza. ¿Cómo es posible que la tauromaquia esté blindada en España cuando solo el 8 % de los españoles acudió a algún espectáculo taurino en el último año? Además, un 70 % manifiesta tener un interés «mínimo» por estos eventos; y siete de cada diez consideran «totalmente inaceptable» el uso de animales en corridas de toros, eventos que se han desplomado un 60 %. Incluso se han cerrado numerosas plazas.

Si un partido político o una coalición aboga por todo (o casi todo) lo dicho arriba, creo que contará con mi apoyo y con el de muchos otros. No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de sensatez y humanidad.

(*) Tras sus esperpénticas declaraciones incitando a abandonar la legalidad internacional, una noticia más reciente dice que Von der Leyen recula ante las críticas y defiende ahora el “compromiso inquebrantable” de la UE con el derecho internacional. Es muy lamentable que tenga que desdecirse porque las críticas han sido feroces y las peticiones de dimisión se cuentan por millares en redes sociales. Es obvio que dijo lo que pensaba y que su amor por el cargo le hace decir lo que tenga que decir. Resulta del todo hilarante que el PP saliera a defender las palabras de Von der Leyen y, ahora que se ha desdicho, el PP calla. Hablar sin pensar es peligroso.

♦ Más sobre política sensata:

Lo negarán hasta cuando lo vean

Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

El informe Los límites del crecimiento (1972) advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad se enfrentaría a un colapso económico y ambiental durante el siglo XXI.

Con los datos del tiempo transcurrido desde entonces, estudios más recientes sostienen que las proyecciones de aquel informe eran bastante acertadas. O sea, que vamos mal.

Algunos niegan que estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas. La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he llegado». El colapso surgirá poco a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales como, por ejemplo, estos:

  • En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán de precio (véase hoy el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del Cabo, etc.).
  • Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de fascistas, de pescadores
  • La violencia que quisimos desaprender vendrá con más fuerza.
  • Los estados serán más débiles y unos se comerán a otros.
  • Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su ideología y deshacerse del discrepante.
  • Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos, informativos…
  • También aumentarán las migraciones sin que algunos se pregunten por qué.
  • Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
  • Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
  • Acuíferos contaminados por demasiados motivos: cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
  • Retrasos para cualquier cuestión. Todo será más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso fiscal, si es que pudiste meterlo.
  • Océanos más embravecidos. Veremos casas devoradas por el mar.
  • Subida de precios, particularmente de ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por ejemplo.
  • La tecnología más moderna será solo para las élites.
  • Inestabilidad política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
  • Aumento del paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia (también por el calor).

Todo esto, ¿no parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos justos de redistribución.

Algunos recordarán otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco podremos decir: «Ya os lo dije» (como nos explicó Javier Pérez). Los que negaron que lo estábamos haciendo mal, seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les dejamos hacer y no quisimos unirnos para frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.

No quiero acabar en plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy. El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.

No preguntaré si queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más, aplazarlo para mañana?

♦ Más sobre (de)crecimiento:

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Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

Lo negarán hasta cuando lo vean

Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

El informe Los límites del crecimiento (1972) advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad se enfrentaría a un colapso económico y ambiental durante el siglo XXI.

Con los datos del tiempo transcurrido desde entonces, estudios más recientes sostienen que las proyecciones de aquel informe eran bastante acertadas. O sea, que vamos mal.

Algunos niegan que estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas. La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he llegado». El colapso surgirá poco a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales como, por ejemplo, estos:

  • En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán de precio (véase hoy el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del Cabo, etc.).
  • Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de fascistas, de pescadores
  • La violencia que quisimos desaprender vendrá con más fuerza.
  • Los estados serán más débiles y unos se comerán a otros.
  • Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su ideología y deshacerse del discrepante.
  • Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos, informativos…
  • También aumentarán las migraciones sin que algunos se pregunten por qué.
  • Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
  • Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
  • Acuíferos contaminados por demasiados motivos: cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
  • Retrasos para cualquier cuestión. Todo será más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso fiscal, si es que pudiste meterlo.
  • Océanos más embravecidos. Veremos casas devoradas por el mar.
  • Subida de precios, particularmente de ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por ejemplo.
  • La tecnología más moderna será solo para las élites.
  • Inestabilidad política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
  • Aumento del paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia (también por el calor).

Todo esto, ¿no parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos justos de redistribución.

Algunos recordarán otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco podremos decir: «Ya os lo dije» (como nos explicó Javier Pérez). Los que negaron que lo estábamos haciendo mal, seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les dejamos hacer y no quisimos unirnos para frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.

No quiero acabar en plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy. El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.

No preguntaré si queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más, aplazarlo para mañana?

♦ Más sobre (de)crecimiento:

HERMENEUS: Un proyecto de consumo responsable

Actualmente, el gran volumen de intermediación que existe en el sector de la alimentación hace que los pequeños productores independientes se encuentren en una posición de debilidad. Estos productores ven cómo se agranda cada vez más la brecha entre el precio que ellos cobran por los productos y su precio final en los comercios (aplicando márgenes por encima de un 1000% a alimentos cotidianos). Además, una incorrecta gestión de la logística y el transporte, conlleva un daño medioambiental mayor del que podemos imaginar.

El Consumo Responsable es una forma de consumir pensando en lo que ese consumo conlleva, tanto para la naturaleza como para la humanidad.

Hace más de un año se puso en marcha el proyecto hermeneus.es que fomenta la concienciación hacia la necesidad de cuidar el medioambiente y la economía local, mediante un consumo sostenible. Hermeneus.es, a través de su plataforma web, facilita herramientas de comunicación y comercio electrónico a los profesionales del sector de la alimentación para generar un mercado transparente, en el que productor y consumidor están en contacto directo.

Hermeneus.es pone en contacto a profesionales de la alimentación y consumidores por toda la península. De esta forma el consumidor sabe dónde se han producido los alimentos que consume diariamente, y la trazabilidad de los mismos hasta su origen. Al no haber ningún intermediario ni comisiones por venta en las operaciones, se evita que se incremente el precio final de los productos.

Por otra parte, al incentivar el consumo local, las rutas de los transportistas se acortan, por lo que se reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Hermeneus cuenta con 5 compromisos sociales, que constituyen los pilares sobre los cuales se basa su actividad:

  • Apoyar al comercio local.
  • Generar información transparente y neutral.
  • Minimizar las emisiones de CO2.
  • Mejorar hábitos y costumbres alimentarias.
  • Favorecer el acceso a nuevas tecnologías y potenciar el desarrollo rural.

El proyecto ha tenido muy buena acogida. Cuenta ya con más de 8.000 usuarios registrados, y más de 130 profesionales de la alimentación, cada uno ofreciendo diferentes productos desde verduras, frutas y hortalizas, hasta queso o jamón, pasando por aceite de oliva, o miel. Esperemos que cada vez más personas sean conscientes de la importancia de practicar un consumo que, además de apoyar a los productores locales, fomente unas prácticas más justas para estos profesionales y más beneficiosas para el medioambiente. Podéis encontrar más información en su web: www.hermeneus.es.

Hermeneus no es una ONG, ni cobra comisiones por las ventas. Los profesionales pagan una cuota fija de 25 euros mensuales, para acceder a todas las herramientas de comunicación, promoción y venta. El beneficio que obtenga cada profesional es íntegramente suyo.

Iria González, hermeneus.es

Caracteres psicológicos comunes en los ecologistas activos

Uno de los artículos más visitados de blogSOStenible trata de responder a la pregunta sobre QUÉ ES SER ECOLOGISTA. En síntesis, el auténtico ecologista (el que siente el ecologismo de verdad) es el que no para de cuestionarse cómo mejorar nuestra relación  con los demás y con lo demás, modificando y refinando su actitud hacia un sentimiento de mayor respeto hacia TODO, examinando hasta donde sea posible de dónde viene y a dónde va todo lo que usamos y las implicaciones que tiene que cada cosa pase por nuestras manos. No dejes de ver el genial y breve documental «La Historia de las Cosas» (te encantará si estás leyendo esto y aún no lo conoces). Esa eco-tarea no es simple pues hay intereses en que no veamos más de lo que sale en la publicidad, y requiere un trabajo personal de investigación que es continuo en este grupo de gente, que intenta ver más allá de lo que la publicidad esconde, o del precio de las cosas, y por eso los llamaremos Ecologistas Activos.

Si bien es cierto que no basta “reciclar” para ser ecologista, tampoco hace falta, por supuesto, ser un activista de GreenPeace (subirse a las centrales nucleares, o encaramarse a la fachada del Ministerio de Medio Ambiente para protestar). Ni siquiera hace falta ser socio o voluntario de ninguna de las variadas ONGs ambientales (Greenpeace, Ecologistas en accion, WWF, SEO/BirdLife, Amigos de la Tierra, Oceana…). Por supuesto, no es raro que los que llamamos Ecologistas Activos decidan unir esfuerzos y apuntarse a algún grupo de voluntarios ambientales, o simplemente ser socio de alguna ONG ambiental, para colaborar al menos económicamente a la realización de campañas ambientales y denuncias, que tanta falta hacen en nuestra sociedad.

Entre estos Ecologistas Activos encontramos al menos unas cuantas características psicológicas bastante comunes:

  • Son idealistas, en el sentido de que “viven por los ideales, aun en perjuicio de consideraciones prácticas” en sentido global, no local (cfr. WordReference). Desean alcanzar un ideal y trabajan por ello, aunque sepan a priori que su objetivo es inalcanzable o, lo que es peor, que ni siquiera puede medirse si hay un avance o retroceso. ♦Ejemplo: Se hacen veganos, vegetarianos o flexitarianos (casi vegetarianos), o reducen su consumo de ciertos pescados por convicción, pero sabiendo que su influencia personal puede ser poco apreciable o apreciada.
  • Son prácticos, porque aunque difundan datos científicos, al final actúan en su vida cotidiana. Su lema suele ser pensar globalmente, pero actuar localmente.
  • Son obstinados (cabezotas), manteniendo su decisión y empeño por encima de argumentos razonables o de las dificultades que se presenten, pero también son flexibles ante opiniones ajenas que tengan algo de razonable. Trabajan por ese “ideal” aunque tengan argumentos que lleven al pesimismo, o tengan claras las dificultades que impedirán alcanzarlo. ♦Ejemplo: Viendo el rumbo de la humanidad, hay muchos datos para el pesimismo y pocos para el optimismo, pero eso no les amedranta y, de hecho, el sentimiento ecologista parece estar creciendo, lo cual es un dato para el optimismo.
  • Son optimistas, y aunque haya argumentos para el pesimismo, se contentan con objetivos más modestos y con la tranquilidad de conciencia de, al menos, haberlo intentado.
  • Son sensibles, y sufren ante la problemática ambiental y social, pues el auténtico ecologismo es humanista y el auténtico humanismo ha de ser ecologista. No es cuestión de anteponer la Naturaleza al ser humano, sino de entender que el hombre necesita la Naturaleza. ♦Ejemplo: Ante las corridas de toros no pueden ver una mera diversión o tradición, sino el sufrimiento de un animal y así, cualquier argumento falsamente ecologista, como la conservación de las dehesas para los toros, además de ser falso carece de valor ante tanta crueldad (y mucho menos otros argumentos más vanos como ser cultura o arte). Las corridas de toros son un problema ético, no ecológico, pero es complicado encontrar un ecologista que no sufra ante este problema.

Entre otros caracteres que posiblemente también son comunes podemos encontrar el ser exigentes consigo mismo (y a veces con los demás), o el tener inteligencia divergente, perciben de manera múltiple la realidad y detectan problemas que se salen del campo de visión normal, proponiendo soluciones también divergentes u originales, que pueden causar extrañeza en sus convecinos y, en demasiadas ocasiones, también rechazo.

Dentro de los ecologistas activos, como en todos los colectivos, hay distintos grados de compromiso (o radicalidad), pero ante un grifo que gotea ninguno verá solo unas míseras gotas de agua, sino la injusticia de desperdiciar agua en un mundo donde escasea, junto con el enorme gasto en energía e infraestructuras que se requiere para conseguir que un grifo pueda “gotear”.

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Sabiduría del agua: lo que las primeras civilizaciones sabían (y nosotros hemos olvidado)

Cuando hablamos de civilización y tecnología, solemos pensar en el presente: satélites, inteligencia artificial, rascacielos de cristal, embalses colosales… y sin embargo, cada vez que excavamos el pasado, algo nos hace detenernos.

Una y otra vez, las primeras civilizaciones de la humanidad nos dan una lección de sabiduría que resulta más moderna y más urgente que muchos avances de hoy. Especialmente en algo esencial y sagrado: el agua.

¿Quiénes son los verdaderamente avanzados?

Panorámica de las ruinas de Mesa Verde, en el parque nacional del mismo nombre, Colorado, EEUU.Observamos las antiguas civilizaciones de Caral, Sumeria, Egipto, Harappa, los Olmecas, los Anasazi, los Celtas o los Minoicos y nos enfrentamos a un espejo incómodo pero revelador: fueron pueblos que vivieron en profunda armonía con la naturaleza, frente a una civilización moderna que ha hecho del desequilibrio su norma.

Estas culturas, a pesar de haber surgido en entornos climáticos difíciles (desiertos, selvas, montañas, islas volcánicas…), no impusieron su voluntad sobre la Tierra, sino que aprendieron a escucharla, leerla y fluir con ella.

  • Su gestión del agua no era extractiva, sino ritual y cooperativa: desde los canales sagrados de Caral hasta las cisternas de Dholavira o los pozos urbanos de Harappa, el agua era vista como fuente de vida y equilibrio, no como recurso ilimitado para explotar.
  • Su agricultura era regenerativa, local y sabia: sin monocultivos, sin pesticidas, sin devastación masiva del suelo. Cultivaban con la luna, rotaban los cultivos, respetaban el descanso de la tierra. La productividad no se medía en toneladas, sino en sostenibilidad multigeneracional.
  • Sus construcciones estaban integradas en el paisaje: ciudades de adobe que respiraban con el clima, terrazas que evitaban la erosión, palacios con ventilación natural, drenajes que imitaban el curso del agua. La arquitectura no se alzaba contra la naturaleza, sino que se tejía con ella.

En cambio, la civilización actual es tecnológicamente brillante pero espiritualmente desarraigada; ha olvidado esa danza antigua con el entorno. Nuestra relación con la naturaleza se ha vuelto instrumental, industrial y destructiva:

  • Construimos megaciudades que devoran suelo fértil.
  • Contaminamos ríos y construimos represas sin alma.
  • Industrializamos la agricultura hasta el punto de envenenar la tierra que nos da de comer.
  • Hemos sustituido el calendario solar por el de las bolsas de valores.

¿A qué precio? Todo esto se paga con crisis hídrica, colapso de suelos, pérdida de biodiversidad, enfermedades crónicas, ansiedad colectiva, cambio climático, etc.

Y, sin embargo, esas culturas del pasado —que llamamos «primitivas»— nos dejaron un mapa diferente. Un mapa basado en el equilibrio, la observación, la reverencia y la reciprocidad.

Ellos no hablaron de «desarrollo sostenible». Vivieron sosteniblemente. No necesitaban salvar el planeta, porque nunca lo pusieron en peligro.

El agua: de diosa a mercancía

Para las culturas ancestrales, el agua no era simplemente un recurso. Era vida, madre, deidad, ritmo del mundo.

Desde el Nilo en Egipto hasta los canales de la civilización Caral en Perú, pasando por los pozos de Harappa y los acueductos subterráneos de los Nazca, el agua se entendía como algo que se respeta, se honra y se distribuye con sabiduría.

En cambio, el mundo moderno ha convertido el agua en una mercancía: se compra, se desperdicia, se contamina y se sobreexplota. Hoy, el agua fluye al ritmo del dinero, no del ciclo natural.

¿Más antiguos o más avanzados?

Las culturas de la antigüedad desarrollaron sistemas hidráulicos tan ingeniosos y sostenibles que, muchas veces, superan en eficiencia ecológica a los de nuestra era.
A continuación, veamos algunos de los logros hidráulicos más sorprendentes de la historia antigua.

Egipcios (Egipto, ~3000 a.C.)

  • No represaban el Nilo. Lo seguían, lo escuchaban.
  • Usaban nilómetros para medir las crecidas y planificar cosechas.
  • Sus canales de irrigación respetaban el cauce natural del río.

La ingeniería iba de la mano del cosmos, no en contra de él.

Harappa y Dholavira (India, ~2600 a.C.)

  • Diseñaron ciudades enteras con sistemas de drenaje pluvial subterráneos.
  • Cada casa tenía su propio pozo de agua limpia.
  • Construyeron depósitos escalonados para recolectar agua de lluvia.

¿Moderno? Sí. ¿Contaminante? No. Más de 4000 años antes que los sistemas urbanos actuales.

Minoicos (Creta, ~2000 a.C.)

  • Tenían tuberías presurizadas de cerámica, baños con desagüe y agua corriente.
  • Colectaban agua de lluvia desde los techos hacia cisternas internas.

Su sistema de plomería era más higiénico y ecológico que el de muchas ciudades del siglo XXI.

Nazca (Perú, ~500 d.C.)

  • Crearon los puquios, acueductos en espiral que traían agua subterránea del desierto.
  • No necesitaban bombas ni motores. Solo gravedad, piedra, aire y precisión.

A día de hoy, varios puquios siguen funcionando. ¿Cuánto duran nuestras infraestructuras modernas sin mantenimiento?

Anasazi (EE.UU., ~1000 d.C.)

  • Vivían en el desierto y captaban agua de lluvia en cisternas.
  • Usaban diques de piedra y zanjas para evitar la erosión.
  • Practicaban agricultura de secano sin agotar el suelo.

Con técnicas que hoy llamamos «resiliencia hídrica», vivieron siglos sin colapsar su ecosistema.

¿Qué hacemos hoy? Comparemos

♦ Civilizaciones antiguas:

  • Uso del agua: moderado y cíclico.
  • Infraestructura: adaptada al entorno.
  • Contaminación: casi inexistente.
  • Relación con el agua: sagrada/espiritual.
  • Durabilidad de sistemas: algunos siguen funcionando hoy.
  • Agricultura: rotación, policultivo, respeto a la tierra y su biodiversidad.

♦ Civilización actual:

  • Uso del agua: excesivo y lineal.
  • Infraestructura: invasiva, cara y contaminante.
  • Contaminación: masiva, industrial y continua.
  • Relación con el agua: técnica y comercial.
  • Durabilidad de sistemas: requieren mantenimiento constante.
  • Agricultura: monocultivos con agroquímicos y sobreexplotación de recursos.

La ecología como legado, no como moda

Como decíamos, estas culturas no hablaban de «sostenibilidad». La vivían. No necesitaban tratados climáticos ni cumbres de emergencia, porque sabían —de forma orgánica y colectiva— que si destruyes la fuente, no hay futuro que salvar.

Hoy, a pesar de nuestra tecnología, inteligencia artificial y satélites, hemos olvidado lo más básico:

El agua no se domina, se comprende.
La tierra no se explota, se honra.
El entorno no es recurso, es hogar.

Las civilizaciones antiguas, lejos de ser primitivas, fueron profundamente sofisticadas en su relación con el planeta. Y en ese espejo, vemos más que el pasado: vemos una guía hacia el futuro.

¿Y si el verdadero avance… es volver a recordar?

Quizás no necesitamos inventar tanto como creemos. Tal vez solo debamos escuchar lo que ya sabían los sabios del agua: que el conocimiento verdadero no destruye. Cultiva. Conecta. Cuida.

Margarita Arnal Moscardó
Escritora y novelista espiritual

♦ Relacionado:

invitadoespecial

Panorámica de las ruinas de Mesa Verde, en el parque nacional del mismo nombre, Colorado, EEUU.

Libro El mundo no se acaba, de Hannah Ritchie (resumen)

Un libro escrito por una científica y divulgadora de la Universidad de Oxford que tiene por bandera el optimismo y los datos (Anagrama, 2025). Se aleja del catastrofismo ecologista casi tanto como del negacionismo climático; y afirma que «aceptar la derrota ante el cambio climático es una postura indefendiblemente egoísta».

Hannah Ritchie aclara que su optimismo es «condicional» (i.e., condicionado a actuar adecuadamente); que es diferente a un «optimismo ciego» que confía sin promover la acción organizada. Su objetivo es conseguir que seamos la primera generación que logre alcanzar la sostenibilidad completa en los dos sentidos que recoge la definición de la ONU: satisfacer las necesidades de las generaciones actuales; y hacerlo sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Con respecto al primer aspecto, Ritchie opina que falta mucho por hacer aunque, al menos, se ha avanzado una barbaridad en aspectos tales como: la mortalidad infantil y materna, la esperanza de vida, el hambre y la malnutrición, el acceso a recursos básicos (agua, energía…), la educación y la pobreza extrema.

Por supuesto, estos avances en la calidad de vida global también «han tenido un enorme coste medioambiental», lo cual ha empeorado de forma colosal el segundo requisito de la sostenibilidad. Para equilibrar la situación, el libro examina en detalle siete problemas medioambientales y sus interconexiones entre sí.

Antes de examinar esos siete problemas, Ritchie se distancia de dos soluciones típicas del ecologismo: despoblación y decrecimiento. La primera consiste en reducir el tamaño de la población y Ritchie afirma que realmente esa no es una alternativa, primero porque la población ya se está frenando a nivel mundial y, segundo, porque es muy complicado hacerlo de forma ética. Apunta a que más impacto que la superpoblación lo generan los estilos de vida (especialmente de los millonarios), lo cual podría estar afectado por la segunda solución que Ritchie rechaza, el decrecimiento, entendido como un retroceso o empobrecimiento. Para ella, la pobreza no implica mayor sostenibilidad, por supuesto, si consideramos los dos pilares de la sostenibilidad anteriormente indicados. En el libro, ella matiza que es cuestionable el crecimiento en los países ricos, pero que para acabar con la pobreza se necesita un crecimiento económico global. Para ella, no vale cualquier crecimiento y afirma —igual que cualquier decrecentista— que sería necesario crecer en algunos sectores y tecnologías y decrecer en otras. Tal vez, la promesa más impactante del libro es que dice demostrar que podemos reducir el impacto ambiental y, a la vez, mejorar la situación económica.

1. Contaminación atmosférica

Aunque no se suela decir, la contaminación atmosférica es «una de las principales causas de mortalidad en el mundo». Las cifras de fallecidos por esta causa son similares a las muertes por tabaquismo; seis o siete veces mayores que los muertos en accidentes de tráfico; y superan en cientos de veces la cifra de vidas perdidas por terrorismo o por guerras. Cada año, la mala calidad del aire suele ser quinientas veces más mortífera que todas las catástrofes «naturales» juntas.

La buena noticia es que se está reduciendo este tipo de contaminación, especialmente en las ciudades, lo cual baja las tasas de mortalidad. Es preciso tomar medidas locales y globales. Usemos como inspiración el Protocolo de Montreal para eliminar las sustancias químicas que degradaban la capa de ozono, un problema de cuya gravedad advirtió incluso Carl Sagan. En 1987 fue firmado por 43 países; y en 2009 se convirtió en el primer convenio internacional que logró la ratificación universal de todos los países del mundo. Un ejemplo que demuestra que hacer caso a la ciencia tiene resultados positivos.

A escala global, la mayor fuente de contaminación es quemar madera o carbón, incluyendo aquí las quemas agrícolas. Luego está la polución por actividades agropecuarias, principalmente por culpa de la ganadería y por los fertilizantes. Después viene la quema de combustibles fósiles para producir electricidad. Luego, diversas industrias (textiles, químicas, metalúrgicas…), seguidas del transporte de personas y mercancías.

Resumen del libro "21 lecciones para el siglo XXI" de Harari. En nuestro blog también encontrarás el resumen de su libro "Sapiens"

Lee también un resumen de este libro de Yuval N. Harari.

♦ Las soluciones propuestas pueden parecer caras, pero son muy baratas si las comparamos con los cientos de millones en gastos por no solucionar el problema:

  1. Lo más urgente es «dejar de quemar cosas» y, cuando no sea posible, capturar las partículas de la combustión.
  2. Detener las quemas agrícolas por ser una inmensa fuente de contaminación estacional fácil de evitar haciendo compost, triturando, etc.
  3. Conseguir combustibles limpios para cocinar y calentarse. La leña puede ser muy natural, pero es la forma más contaminante de conseguir calor. Provoca múltiples enfermedades por respirar el humo.
  4. Eliminar el azufre de los combustibles fósiles. Es tan simple como poner filtros en las chimeneas.
  5. Transporte más limpio. Los vehículos eléctricos contaminan menos, pero no son parte de la solución porque siguen siendo origen de multitud de emisiones. Por supuesto, la aviación es muchísimo peor.
  6. Transporte sostenible: caminar, ir en bicicleta o en transporte público.
  7. Abandonar combustibles fósiles, en favor de las renovables y de la energía nuclear. Ritchie es contraria a debatir entre renovables y nuclear porque, para ella, lo importante es que son energías con bajas emisiones de CO2. No tiene en cuenta el problema de los residuos radiactivos, ni el riesgo de atentados terroristas, ni el hecho de que las nucleares no sean rentables sin subvenciones de dinero público.

2. Cambio Climático

«Un mundo 6 ºC más caliente que el actual sería devastador», nos advierte la autora. Tras comentar algunas de las consecuencias del calentamiento global, afirma que «si cada país cumpliera realmente sus compromisos climáticos, llegaríamos a los 2,1 ºC en 2100», lo cual sería una gran noticia, aunque podría ser mejor.

Hannah Ritchie asegura que «las tecnologías bajas en carbono resultan cada vez más competitivas» y «los líderes mundiales se han vuelto más optimistas». Ahora tenemos infraestructuras mejor preparadas, podemos predecir eventos climáticos extremos, organizar evacuaciones, existen redes internacionales de apoyo, etc. En definitiva, estamos mejor preparados que en el pasado y sabemos cómo reducir las emisiones de dióxido de carbono, porque hay solo dos fuentes principales: «la quema de combustibles fósiles y el cambio en el uso de la tierra» (deforestación).

La situación actual es que «las emisiones totales siguen aumentando, pero las emisiones per cápita han tocado techo». Ese dato es utilizado por la autora para ser optimista y esperar a que la contaminación empiece a declinar, al menos en los países ricos, porque dice que está demostrado que «los avances tecnológicos hacen que hoy consumamos mucha menos energía que en el pasado». Como ejemplo, afirma que en Suecia se vive con igual nivel que en Estados Unidos y, sin embargo, se emite solo una cuarta parte. Según sus datos, el crecimiento económico y la reducción de emisiones son compatibles. El problema es que mira datos de países ricos que ya son exageradamente insostenibles. En tales casos, ¿es correcto celebrar una pequeña reducción en su contaminación?

En su análisis, asegura que «las soluciones que pasan por reducir el consumo de energía a niveles muy bajos no son buenas», porque la energía es fundamental para mantener o aumentar la calidad de vida. Tampoco ve adecuado que se avergüencen los que viajan en avión, porque para ella volar es un gran invento y las ventajas son suficientes para olvidar sus serios inconvenientes. ¿Será una excusa para justificar su gusto por volar?

♦ Soluciones que propone:

  1. Transición hacia la energía renovable por todas sus ventajas. El inconveniente del espacio que requieren se resuelve buscando lugares adecuados: tejados, agrovoltaica, etc.
  2. Electrificar la demanda de energía donde sea posible y aumentar el almacenamiento (baterías…). Ritchie está convencida de que esta transición requerirá menos actividad minera que con combustibles fósiles.
  3. Replantear el transporte a larga distancia.
  4. Alimentación. Aunque sostiene que no es preciso ser veganos, deja claro que cualquier cambio a dietas más vegetales tiene una enorme influencia en el clima, como por ejemplo elegir hamburguesas de pollo en lugar de ternera (que es la carne con más huella de carbono). Con datos muy fiables confirma que «la carne con emisiones de carbono más bajas supera las de la proteína vegetal con emisiones más altas». Y no importa demasiado si son alimentos ecológicos, de proximidad o en extensivo. La autora afirma que adoptando las siguientes medidas se liberaría suficiente tierra como para compensar las emisiones del sistema alimentario resultante:
    • Comer menos carne.
    • Adoptar las mejores prácticas agrarias.
    • Reducir el consumo excesivo y el desperdicio alimentario.
  5. Reducir las emisiones por la construcción, básicamente eliminando el cemento, un material muy contaminante en su fabricación. Propone usar otros materiales y, aunque no lo cita, una opción es el cemento Sublime.
  6. Poner precio al carbono para que los productos de altas emisiones sean más caros y menos accesibles. Como todos sabemos, los precios no reflejan los costos de los productos, y mucho menos los costos ambientales. El peligro de esta medida —y Ritchie lo subraya— es que haga que las familias pobres sean aún más pobres. Para evitarlo se deben incluir ayudas y conseguir que sean los ricos los que más paguen, porque son, de hecho, los que más carbono emiten.
  7. Sacar a la población de la pobreza es otra medida para adaptarnos al cambio climático, porque son los pobres los más vulnerables.
  8. Mejorar la resiliencia de los cultivos ante los efectos del cambio climático.
  9. Adaptarnos ante el aumento de temperaturas.
  10. No caer en la trampa psicológica de la «autoconcesión moral». Esto ocurre cuando nos permitimos algo negativo porque creemos que lo compensamos con un sacrificio en otro aspecto. Por ejemplo, comernos un filete porque reciclamos el envoltorio de plástico; o caer en las trampas del greenwashing. Para ello, es importante tener muy presente qué cosas a nivel individual tienen más y menos impacto.

Un problema de la forma de comunicar de Ritchie es que quita importancia a aspectos que, aunque no sean principales, tienen suficiente peso como para no ser despreciados. Es como si olvidara el efecto sinérgico de juntar varias fuerzas. Sumar muchos pocos hace un mucho. A veces, este tipo de contradicción se hace patente en una misma explicación. Por ejemplo, cuando literalmente escribe: «Cambiar nuestra alimentación no va a resolver el cambio climático: para ello tenemos que dejar de quemar combustibles fósiles. Pero arreglar únicamente nuestros sistemas energéticos, ignorando la alimentación, tampoco nos llevará a esa meta».

3. Deforestación

La tierra ha perdido un tercio de todos sus bosques desde el final de la última glaciación. En el último siglo, también se ha perdido mucha superficie forestal, casi toda debida a la expansión de la agricultura. Las zonas incendiadas se regeneran si se las deja. Al perder bosques se emite carbono, pero Ritchie considera que eso es secundario en comparación con la pérdida de biodiversidad.

También resalta cómo la pérdida de hábitats se puede frenar con medidas políticas. Por ejemplo, «Brasil logró reducir la deforestación en un 80 % en solo siete años bajo la presidencia de Lula da Silva».

Con respecto al aceite de palma, no considera que su consumo sea preocupante, porque no se sabe con certeza la deforestación que causa de forma directa. Opina que no sería justo culpar a ciertos campos de palmeras de la deforestación de esas áreas si los bosques fueron talados con anterioridad. Es decir, no tiene en cuenta que esas zonas podrían volver a ser bosques. Además, sostiene que usar otros tipos de aceites podría ser incluso peor. Sin embargo, hay que tener en cuenta que evitar el aceite de palma no obliga a optar por otro aceite, sino que se puede optar por no consumir productos con aceite de palma (bollería, alimentos ultraprocesados, etc.) sin sustituirlos por nada con otros aceites. En cualquier caso, apoya el uso de aceite de palma certificado como sostenible (RSPO) y deja claro que «el biodiésel de aceite de palma produce más emisiones de carbono que la gasolina o el gasóleo».

«La tala de bosques para dejar espacio al ganado bovino es responsable de más del 40 % de la deforestación mundial». El siguiente factor de pérdida de bosques es la palma y la soja y, en tercer lugar, la silvicultura (papel/celulosa). Así, pues, la mejor forma de frenar la deforestación es reducir el consumo de carne de cordero y de vacuno. En tercer lugar, se situaría el queso y los lácteos de vaca. Ritchie apoya esta opción, incluso aunque sean productos de ganadería extensiva en tierras no aptas para la agricultura, porque en estos casos considera que la mejor opción sería dejar que esas tierras se conviertan en bosques u otros espacios naturales.

Otras opciones que propone son: que los países ricos paguen a los más pobres por conservar sus bosques; y que se compensen las emisiones mediante reforestaciones (aunque esto tiene un peligro muy evidente).

Para acabar este apartado, Ritchie sostiene que no es buena idea volver de la ciudad a zonas rurales (revitalizar pueblos), ya que la principal causa de deforestación es cómo producimos nuestros alimentos y no dónde vivimos. Y también alerta de los que piensan que la alimentación vegana contribuye a la deforestación por los cultivos de soja. Los datos son muy evidentes: el 76 % de la soja se utiliza para alimentar animales y «solo el 7 % se destina a los productos veganos» (tofu, tempeh y leche vegetal).

4. Alimentación para no comerse el planeta

«La demanda humana de alimentos representa la mayor amenaza para los animales del globo». Así de contundente se manifiesta Hannah Ritchie. Afortunadamente, no es cierto que haya una fecha límite en los suelos agrícolas del mundo. Unos se están degradando y otros están mejorando, aunque en general, el suelo agrícola está siendo maltratado (y no solo por la erosión).

Una persona necesita entre 2.000 y 2.500 calorías diarias. Si dividimos la producción mundial de alimentos a partes iguales entre todos, cada uno de nosotros podría consumir unas 5.000 calorías diarias (más del doble de lo necesario). El hambre en el mundo no es un problema de falta de alimentos, sino de mala distribución (también lo apuntaron Nebel y Wrigth). Este dato sirve a Ritchie para confirmar que, en realidad, no somos demasiados humanos. El problema es que los millones que habitamos el planeta Tierra no nos contentamos solo con comer, sino que aspiramos a un consumo cada vez mayor (casas, teléfonos, aviones, IA…).

La superproducción agraria se debe principalmente a dos inventos: el de Fritz Haber y Carl Bosch (para convertir el nitrógeno del aire en amoníaco, fertilizante); y el de Norman Borlaug (para mejorar el cultivo de trigo en México). Estos logros para aumentar la producción han evitado muchas muertes, pero también han hecho que no podamos volver atrás. Es decir, «el planeta no puede limitarse a consumir solo alimentos ecológicos» (porque hay demasiadas personas a las que alimentar). Por tanto, a nivel colectivo dependemos de los fertilizantes para sobrevivir, y fabricarlos requiere grandes cantidades de energía, lo cual explica por qué los países pobres los usan poco, aunque tengan que utilizar mayor superficie agraria.

Vivimos en un mundo con grandes desigualdades, en el que algunos sufren de obesidad y otros de desnutrición; el alimento que podría saciar el hambre de millones de personas se dedica a alimentar ganado o a producir agrocombustibles para nuestros coches. Menos de la mitad de los cereales que se producen se dedican a la alimentación humana directa. Todo un 41 % se lo come el ganado, lo cual nos hace ver que comer animales es una forma muy ineficiente de conseguir proteínas. «Los animales más pequeños son más eficientes en términos calóricos», aunque surge el «dilema moral» de que hay que matar una mayor cantidad de animales pequeños para conseguir la misma cantidad de carne.

Ritchie pone un ejemplo que sirve para visualizar bien lo que implica comer animales muertos: «¿Se imagina que comprara una barra de pan, cortara una rebanada y tirara el resto —más del 90 %— a la basura? Pues bien: en términos de calorías, eso es más o menos lo que hacemos con la carne». El ganado también es ineficiente convirtiendo proteínas. Lo bueno es que son proteínas «completas» (incorporan aminoácidos importantes), lo cual se puede conseguir con dietas vegetales comiendo legumbres y cereales. La carne también tiene otros nutrientes importantes, pero el único que no existe en los vegetales es la vitamina B12 (asunto que ya se zanjó aquí).

Para entender la magnitud del problema, afirma que tres cuartas partes de la superficie agraria tienen como fin último criar ganado, y todo eso solo sirve para producir el 18 % de las calorías y el 37 % de las proteínas que consumimos. Debemos «reducir al máximo la cantidad de tierra que destinamos a la actividad agraria», lo cual mejoraría también otros problemas: deforestación, contaminación atmosférica, de aguas, de tierras, maltrato animal, etc.

♦ Soluciones que propone:

  1. Mejorar los rendimientos agrícolas en todo el mundo, especialmente en África.
  2. Comer menos carne, sobre todo de vacuno y cordero, las carnes con mayor impacto (en emisiones, consumo y contaminación de agua, eutroficación, uso de tierra, etc.). Ritchie expone que no funciona instar a la ciudadanía a convertirse al veganismo, sino que es mejor invitar a hacer cambios paulatinos: poner un día a la semana sin carne, reducir las dosis, aumentar el consumo de legumbres, etc. Solo eliminando la carne de ternera y la de cordero se reduciría a la mitad nuestra necesidad de tierras de cultivo en todo el globo. Debemos entender que la dieta vegana es la más ecológica, pero no es necesario ser veganos estrictos: «El ahorro en comparación con una dieta con algo de pollo, o algo de pescado y huevos, no es tan significativo», aclara la autora del libro. Ella quiere derribar el mito de que si fuésemos veganos no habría tierra para cultivar porque, como ya se ha indicado, lo que ocurriría sería todo lo contrario: una dieta vegana requiere menos tierra de cultivo.
  3. Invertir en sustitutos de la carne. Para Ritchie, es importante que las carnes vegetales cumplan cuatro requisitos: ser sabrosas, baratas, fáciles de encontrar y fáciles de incorporar a las dietas habituales. Ella afirma que ha probado multitud de productos vegetales y que hay algunos realmente asombrosos que, incluso, pueden llegar a gustar tanto o más que los productos cárnicos que imitan. Optar por estos productos no solo reduce la huella de carbono, sino que contribuye a bajar el precio para el resto de la humanidad.
  4. Las hamburguesas híbridas también reducen la huella ecológica (usar carne de pollo total o parcialmente, introducir legumbres…).
  5. Sustituir los productos lácteos por alternativas vegetales. En la UE, los productos lácteos son la causa de un mínimo de una cuarta parte de la huella de carbono. Cualquier bebida vegetal tiene una huella ecológica menor que la leche animal. Ritchie recuerda aquí también la importancia de seguir una dieta variada, para evitar carencias nutricionales.
  6. Desperdiciar menos comida. Por ejemplo, resalta la importancia de cambiar los sacos de recogida de productos agrarios por cajas rígidas que protejan de golpes. También es importante saber que si un producto supera su fecha de «consumo preferente», no indica que no se pueda consumir.
  7. No depender de la agricultura de interior. Aunque minimiza el espacio ocupado (agricultura en vertical), sus necesidades energéticas son tan inmensas que no compensan las ventajas, ni empleando solo energía renovable.
  8. No centrarse en los alimentos de proximidad. Aunque el transporte es importante, supone solo el 5 % de las emisiones de GEI de la comida. El resto se debe a los procesos de producción, empaquetado y conservación. Lo más contaminante es el transporte aéreo (50 veces más que por barco), pero apenas se usa porque es caro. Por su parte, el transporte marítimo es barato, por lo que casi toda la contaminación del transporte de alimentos se produce en la carretera. En definitiva, Ritchie quiere dejar claro que está bien comer alimentos de proximidad, pero que las frutas y verduras producidas muy lejos tienen menos huella ecológica que la carne producida muy cerca.
  9. Los alimentos ecológicos tienen menos pesticidas, pero requieren más extensión. Abonar con estiércol también puede contaminar acuíferos. Respecto al clima, no hay consenso si es mejor o peor porque depende de múltiples factores. Ritchie dice que se fija más en el contenido de los envases que en las certificaciones ecológicas.
  10. Eliminar el plástico aumentaría el desperdicio alimentario. En la huella ecológica de los alimentos solo el 4 % de las emisiones procede de los envases. Nos advierte de que en ciertos alimentos es fácil de eliminar, pero en otros no. En todo caso, aquellos alimentos en los que el plástico es importante tal vez no sean esenciales en nuestra dieta y podemos prescindir totalmente del plástico y del alimento.

5. Pérdida de biodiversidad. Proteger la vida silvestre

«No cabe duda de que muchos animales están experimentando un preocupante y acelerado declive. Pero, si profundizamos un poco más, descubrimos que también hay algunos a los que les va bien». Lo que no debemos olvidar es que nuestra vida depende de la biodiversidad, aunque «no esté claro qué especies necesitemos y cuáles no». Recomendamos aquí leer el relato de La vida del doctor Biología. Lo cierto es que a veces prestamos más atención a ciertas especies, bonitas o más visibles, y olvidamos a las realmente importantes, como los gusanos y las bacterias.

El ser humano ha atacado a las demás especies desde sus orígenes, como bien explica Yuval N. Harari en su magnífico Sapiens. Ritchie declara que «antes de la aparición de la agricultura, hace unos diez mil años, la mayor amenaza para los animales era nuestra caza directa: una vez iniciada la actividad agraria, pasó a ser la destrucción de sus hábitats» y «en la última centuria, el ritmo de disminución ha sido aún más rápido». Un dato más: «Los vertebrados se han extinguido entre cien y mil veces más rápido de lo que cabría esperar».

Actualmente, los humanos y nuestro ganado constituimos la inmensa mayoría de los mamíferos del planeta. Estos son los datos del porcentaje de la biomasa actual y en 1900:

  1. Mamíferos salvajes: 2 % (17 % en 1900).
  2. Humanos: 35 % (23 %).
  3. Ganado: 63 % (60 %).

Esta desproporción también ocurre en las aves: «la biomasa de nuestros pollos duplica la de las aves silvestres». Hay multitud de datos que llevan a poder proclamar que «nos dirigimos hacia una sexta extinción masiva». La buena noticia es que podemos frenarla.

♦ Soluciones que propone:

  1. Reducir al mínimo la superficie cultivada.
  2. Utilizar fertilizantes y pesticidas de forma más prudente y eficaz.
  3. Emplear los métodos de la UE con los que ha conseguido frenar el declive de multitud de especies: reducir el uso de tierras agrícolas, recuperar hábitats naturales, prohibición total de la caza, implementación de cuotas cinegéticas, mecanismos para detener a los cazadores furtivos, proteger zonas por ley (incluyendo también el rewilding), sistemas de compensación para reproducir determinadas especies y programas de cría y reintroducción.
  4. Comer menos carne, porque esto reduciría la cantidad de tierra destinada a la agricultura, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la deforestación.
  5. Detener la deforestación, lo cual implicaría reducir la pérdida de hábitats y las emisiones de GEI.
  6. Proteger los parajes con mayor biodiversidad. El objetivo de la ONU de proteger para 2030 el 30 % de la superficie terrestre es poco ambicioso; y no son pocas las voces que piden proteger al menos el 50 % para 2050.
  7. Frenar el cambio climático.
  8. Detener los vertidos de plásticos en el mar.

6. Plásticos marinos

«El 44 % de todo el plástico del planeta se emplea en la fabricación de envases». Es ahí donde está el núcleo del problema de los plásticos. La autora critica el documental Seaspiracy por algunos de sus datos, pero está conforme con que el 80 % del plástico de las islas oceánicas procede de la industria pesquera. Solo el 20 % restante tiene su origen en tierra. Sin embargo, si miramos el plástico en zonas costeras, los datos podrían indicar justo lo contrario.

Ritchie dice que no hay aún evidencias de los auténticos peligros de los plásticos en el cuerpo humano, y que le parece más preocupante el daño que se causa a la fauna marina (enredos, atragantamientos…).

♦ Soluciones:

  1. Dejar de utilizar envases de plástico de un solo uso.
  2. Invertir más en gestión de residuos: sistemas de recogida, centros de reciclaje, vertederos adecuados (que capturen el metano de la materia orgánica), etc. Es importante reciclar todo lo que se pueda. El problema es que no siempre se puede. El reciclado mecánico permite que los plásticos se reciclen una o dos veces. El reciclado químico es mejor, pero es «tremendamente costoso» y no compensa hacerlo en ningún caso. Tal vez sería útil un SDDR para vidrio reutilizable y, en paralelo, imponer impuestos crecientes al plástico de un solo uso.
  3. Obligar a las industrias a un diseño más inteligente, que utilice solo plásticos reciclables y permita separarlos de forma cómoda.
  4. Prohibir el comercio de plástico usado para que los países ricos no usen a otros como sus vertederos. La proporción de plástico que circula por esta vía no es elevada, pero muchas veces acaba en el mar. Hablamos de 1,6 millones de toneladas en 2020.
  5. Trabajar con la industria pesquera para que no abandone su basura en el mar (redes, anzuelos, etc.). Podría castigarse a los barcos que no traigan de vuelta los aparejos con los que salieron y/o premiarse a quienes traigan basura encontrada en el mar.
  6. Poner interceptores en los ríos. Son aparatos o líneas de burbujas que sirven para capturar los plásticos evitando que lleguen al mar. Otra solución que no contempla es poner grandes bolsas de red a la salida de los desagües pluviales o residuales de las ciudades. Dado que esas aguas arrastran multitud de basura, esas redes la capturarían.
  7. Limpiar las playas es una forma mucho más barata de reducir el plástico en los océanos que recogerlo mar adentro.

7. Sobrepesca. Poner fin al expolio de los océanos

Esto está muy relacionado con la pérdida de biodiversidad. Según Ritchie, los animales marinos son discriminados con respecto a los terrestres. De alguna forma, su sufrimiento parece importar menos a los humanos, a pesar de las evidencias que existen de que los peces son capaces de sentir sufrimiento.

El incremento en potencia y tecnología aplicada al sector pesquero ha hecho que muchas pesquerías hayan entrado en declive o en grave colapso. Ante esto, hay dos formas de actuar. La primera es proponer «capturar muy pocos peces, por no decir ninguno». La segunda es «capturar tantos peces como sea posible, año tras año, pero sin mermar más sus poblaciones». Normalmente, se opta por la segunda opción, aunque sabemos que en demasiadas ocasiones no se cumple.

Una tercera vía (con un enorme crecimiento) ha sido la cría de pescados y mariscos: acuicultura o piscicultura. Actualmente, se crían más peces y mariscos de los que se pescan en estado salvaje. Para Ritchie es una buena noticia porque, según ella, esto reduce presión sobre los peces salvajes. No obstante, reconoce que parte de la comida de los peces de piscifactoría es, precisamente, peces salvajes, pero que, para algunas especies, se ha logrado una proporción de 0,3 (es decir, que hacen falta 0,3 peces salvajes para criar uno de forma artificial). El resto de comida lo forman, por ejemplo, piensos vegetales. La autora deja claro que «las normas de bienestar animal que rigen en las piscifactorías suelen ser bastante deficientes» (léase esto para más datos). Ella no habla de otros problemas presentes en las piscifactorías, como la contaminación que producen.

Con respecto a los atúnidos, Ritchie dice que su situación es mala, aunque algunas especies están mejorando sus poblaciones. Particularmente, alerta de la situación de los atunes en el océano Índico, donde se está sobrepescando sin control (España con la famosa operación Atalanta). El libro no habla de la amenaza del mercurio en los atúnidos.

Otro problema es la muerte generalizada de los corales. La autora demuestra ser una apasionada de estos animales y no le faltan motivos. La solución urgente a este problema es frenar el calentamiento global, evitando quemar combustibles fósiles. Si quieres enamorarte de los corales, te animamos a leer el relato de Lord Howe.

♦ Soluciones:

  1. Comer menos pescado, siempre que sea posible. Tal vez unos quieran no comer nada de pescado (lo cual evita el dilema del sufrimiento animal), mientras que otros opten por reducir este tipo de alimento.
  2. Elegir bien la especie a consumir. El problema de esta opción es que requiere el esfuerzo de investigar y puede variar en el tiempo y dependiendo de la región. Escogiendo bien, podemos comer pescado con poca huella de carbono (casi todos ellos son mejores que el pollo). Ella recomienda evitar los lenguados y mariscos caros, y optar por pescados pequeños y salvajes, como arenques o sardinas.
  3. Acabar con la sobrepesca aplicando cuotas de pesca estrictas. En la UE han mejorado algunas poblaciones de peces, pero otras siguen estando mal. En general, es preferible ser estrictos y que haya pesca suficiente, que ser demasiado permisivos y provocar la crisis de todo un sector.
  4. Reglamentos estrictos para capturas incidentales y descartes. El objetivo es reducir el número de peces que se pescan sin querer y que se tiran al mar (descartes), donde siempre mueren (si no lo están ya). Algunos países han prohibido los descartes y obligan a sus barcos de pesca a desembarcar todo lo que capturen, sea comercial o no.
  5. Prohibir la pesca de arrastre. Es el arte más perjudicial: normalmente se descarta entre el 30 y el 50 % de todo lo capturado (a veces es el 10 %), a lo que hay que sumar el destrozo del fondo marino que ocasionan, entre otros inconvenientes.
  6. Las áreas marinas protegidas evitan ciertas actuaciones humanas dentro de ellas. Son una buena solución, aunque a veces lo que provocan es que el impacto se traslade a otro lugar.

Propuestas finales de Hannah Ritchie

El libro de Ritchie es un canto de optimismo lleno de datos realistas. Algunas de sus opiniones pueden ser controvertidas, pero la mayoría están basadas en evidencias. Es cierto que estamos avanzando en muchos aspectos, aunque no sea tan rápido como nos gustaría. También es cierto que las opciones sostenibles se están volviendo más baratas. Y, en muchos casos, el pueblo está despertando.

Hannah se siente una traidora cuando no usa las opciones más ecológicas, aunque sí sean las opciones con menor huella de carbono, como usar el microondas o consumir alimentos que no sean de proximidad. Pero alerta que, aunque los cambios individuales sean importantes, es necesario un «cambio sistémico», es decir, una acción política que lleve a aprobar leyes que nos hagan avanzar en todas las soluciones que se han propuesto más arriba. Para ello, es necesario «votar a líderes que favorezcan medidas sostenibles» (partidos verdes y ecofeministas) y también sugiere importantes aportaciones individuales como estas:

  1. «Votar con la cartera», que quiere decir que cuando compramos estamos enviando una señal clara de nuestros intereses al mercado (a las empresas).
  2. Donar dinero a causas ecohumanistas (proyectos, organizaciones, etc.). Ritchie —conforme con lo que propuso Peter Singer— dice que dona al menos el 10 % de sus ingresos.
  3. Dedicar más tiempo a las cosas importantes (colaborar con ONG, por ejemplo) y menos a discusiones secundarias. Es decir, aunemos esfuerzos en la dirección correcta, aunque no opinemos todos exactamente lo mismo.
  4. También es muy importante elegir una trayectoria profesional que nos llene y en la que podamos empujar en la dirección que deseemos.

♦ Información relacionada:

  1. Otros libros resumidos para captar su esencia en poco tiempo:
  2. Quemar rastrojos o leña es tóxico para la salud, además de muy contaminante.
  3. La mejor solución a los incendios forestales: educar sí; quemar biomasa no.
  4. La agricultura de hoy debería ser como la de mañana.
  5. Los científicos vuelven a avisar del colapso que vendrá si seguimos sin reaccionar.
  6. Sin comer por el clima, las macrogranjas, los combustibles fósiles…
  7. Algunos libros del editor de Blogsostenible y de Historias Incontables.
  8. Una imagen del libro de Hannah Ritchie:

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Resumen del libro "21 lecciones para el siglo XXI" de Harari. En nuestro blog también encontrarás el resumen de su libro "Sapiens"

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