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Carta a Carlo Giuliani. En el 25 aniversario de la batalla de Génova

30 Julio 2026 at 14:02
Por: pegasus

El 20 de julio de 2001, durante el apogeo del movimiento contra la globalización capitalista, cientos de miles de personas se movilizaron en Génova, Italia, para oponerse a la cumbre del G8. Durante las manifestaciones masivas de esos dias, un oficial de policía llamado Mario Placanica disparó y mató a un manifestante de 23 años llamado Carlo Giuliani. El siguiente texto fue escrito por Tomás Rothaus, un compañero participante en la batalla de Génova.


Si estamos hablando seriamente de la revolución, entonces tenemos que echar un vistazo serio a la historia y ver cuáles son sus consecuencias, no solo si fallamos, sino incluso si somos triunfantes. Las revoluciones significan sangre, muerte y sufrimiento. Si no estamos dispuestos a aceptar esto, entonces no deberíamos estar agitando por lograrlas.

—“The Lessons of Genoa.” Barricada #8. Verano/septiembre 2001

Escribí esas palabras alguna vez, Carlo, cuando tu sangre todavía estaba fresca en el pavimento y tu nombre aun en cada periódico y en cada televisión. Las publiqué en nuestra revista anarquista, Barricada, y sigo sosteniéndolas. Pero por favor no las malinterpretes. Siento que te hayas ido y vivo tu muerte como una tragedia. Pienso en ti hasta el día de hoy más de lo que podrías imaginar. Espero no ser el unico a quien le pasa.

Durante años y años, por todo el tiempo que pude, me aseguré de que cada 20 de julio, dirigiéramos la rabia que llevábamos por vos en nuestros corazones hacia nuestros enemigos. En las ciudades de cualquier país de turno en el que por casualidad me encontrara, nos aseguramos de que los cócteles molotov iluminaran la noche, que llovieran piedras en la oscuridad contra los bancos, que emboscáramos a los coches de policía, que grabáramos tu nombre en las paredes de Boston, Goettingen, París, o Berlín. A veces, para celebrar tu vida y no tu muerte (así como para despistar de la policía), elegiamos vengarte en tu cumpleaños, el 14 de marzo, en lugar del día de tu muerte.

Hoy, décadas después de ese 20 de julio de 2001, a menudo me acuerdo de vos en los momentos mas inesperados. Veo a un hombre cuarenton, vestido decentemente, ordenado, tal vez con un traje de negocios o algún tipo de uniforme de trabajo. Un humano lo suficientemente viejo como para parecer desgastado por las inevitables tensiones de la vida, el amor y el trabajo, pero lo suficientemente joven como para que su juventud todavía brille detrás de la sombra de las cinco en punto y el incipiente vientre de cerveza. Porque cuando veo a esta persona al azar, cualquier persona al azar, que tiene la edad que tendrías hoy, me acuerdo del día en que una bala de la policía te quitó la vida y tu futuro.

No estoy tan indignado por tu muerte como lo estoy por toda la vida que te robaron.

Teníamos una afinidad en la batalla, y fue solo el destino el que te puso precisamente en esa batalla en particular, en esa plaza en particular, en la que mis amigos y yo justo no estábamos. La única vez en ese día que justo la policía apuntó sus balas no al cielo, sino a la cabeza de un ser humano. Tu cabeza.

Pero por lo que me dijeron, si hubiéramos vivido en la misma ciudad, es probable que no nos hubiéramos llevado muy bien. Me han dicho que eras uno de la punkabbestia de Génova, que (por lo que entiendo) es algo asi como los punkis callejeros que teníamos en mis ciudades. No particularmente organizado, a veces apareciendo en reuniones políticas, pero definitivamente no un activista, militante o cualquier tipo de cuadro politico organizado. Los Tute Bianche, cuyas palabras hasta el día de hoy, obviamente, todavía soy reacio a tomar muy en serio, te llamaron “no particularmente polítizado”. Dijeron que solías pasar tu tiempo en la Piazza Delle Erbe, donde “mendigabas y pasabas tu tiempo con amigos y perros callejeros”. De por si no tengo nada en contra, pero todos sabemos que los punkis callejeros y los jóvenes anarquistas ortodoxos obsesivos a menudo no se llevaban muy bien.

Sin embargo, nada de eso importa. Lo que importa es que te han congelado en el tiempo. Siempre serás un joven punk callejero, si eso es realmente lo que eras, privado de la oportunidad de seguir haciendo aquello que te hacía feliz y te hacía sentir pleno como persona en los años y décadas que aún te quedaban por vivir. Tal vez tu rebelión juvenil eventualmente se habría desvanecido, habrías terminado tus estudios universitarios, obtenido un título, seguido adelante con tu vida y mirado hacia atrás con desdén hacia tus días de rebelde y marginado callejero.

O tal vez los habrías recordado con nostalgia melancólica, como un capítulo saludable por el que pasaste en tu vida antes de asimilarte, conseguir un buen trabajo sindical gracias a las conexiones de tu padre, formar una familia y lanzar una moneda hacia la próxima generación de punkabbestia mientras los pasabas por las calles que solían ser tuyas. O, quién sabe, tal vez te habrías convertido en un viejo punk, canoso pero todavía libre, perro a tu lado, vagando por las calles de Génova hasta el día de hoy.

Pero te robaron el futuro, así que nunca serás ninguna de esas cosas. No nos traicionarás, no seguirás adelante, ni caminarás entre nosotros. Incluso si mis aventuras no me hubieran exiliado de Europa y pudiera encontrarme en Génova una vez más, nunca recordaremos juntos ese día de verano caluroso y soleado en el que podrías haber ido a la playa, pero en cambio, indignado por la invasión policial de tu hogar, te uniste a nosotros en la batalla.

Nunca tendrás la oportunidad de seguir adelante, arrepentirte de tus elecciones, denunciar los excesos de tu juventud o pasar toda tu vida manteniéndote fiel a ellos. Siempre serás, como tu mejor amiga Daniele te recordó pocos días después de tu muerte,

“alguien que tenía ese mal por dentro, el que está aquí en el aire, que todos tenemos. No encajaba en la sociedad, en el sistema. Sufría mucho, y como era más sensible que nosotros, más generoso y más amable, también era más frágil”.

Para siempre un niño de veintitrés años, solo poco mas que un adolescente, mirándonos a través de una foto gastada, o recordándome del precio brutal de la rebelión mientras la imagen de ti acostado en un charco de sangre gira constantemente por mi cabeza.

Asi como estoy indignado de que te robaran cualquier futuro que aún no hubieras elegido, estoy alarmado porque veo que tu memoria se desvanece en el tiempo en la conciencia colectiva de aquellos que vinieron después de ti. Ni siquiera sé por qué me dirijo a ti en una carta. No creo en la vida después de la muerte, y dudo que tú lo hicieras. Tal vez es mi forma desesperada de aferrarme a una sensación de control sobre lo que parece inevitable: que el tiempo finalmente nos devorara a todos. Que, aunque las circunstancias pueden ser diferentes, tanto la muerte como el paso del tiempo algún día vendrán por mí tal como vinieron por ti. Aún así, y aquí asumo que también somos similares en espíritu, solo porque sea inevitable no significa que me va a impedir tratar de prevenirlo.

Sin embargo, han pasado muchos años, Carlo, y yo tambien he tenido que dejar mis armas. Entonces, como ya no puedo hacer mi parte para mantener tu memoria viva con la acción, aquí estamos: un anarquista impío escribiendo una carta a un punk callejero muerto. Con la esperanza de que otros lo lean y pregunten sobre ti, y sobre las condiciones, los sueños y las aventuras que llevaron a la creciente ola de nuestro movimiento, y la ola que barrió tu vida con ella ese día. Es hoy la única arma útil que puedo encontrar en mi arsenal para luchar contra la idea de que serás olvidado, solo una nota a pie de página en un lejano enfrentamiento de un movimiento olvidado hace mucho tiempo. Tu cara, tus esperanzas, tus sueños y, finalmente, tu nombre se desvaneciendose en los libros de historia.

Hemos estado luchando la batalla por tu memoria desde el día en que te mataron. Hemos hecho todo lo posible para hacerle justicia. Para no asignarte roles o aspiraciones que es posible que hayas rechazado. Pero no ha sido fácil, y me disculpo si no te hemos representado como te hubiera gustado. En Barricada, con valentía y sin dudarlo, te calificamos de anarquista, sin saber si te identificabas con la palabra. En nuestra defensa, no puedes imaginar cómo fueron esas horas, días, semanas y meses después de tu muerte.

Había algunos entre nosotros, bien intencionados pero equivocados, que se imaginaban que eras un militante anarquista organizado. Un luchador de primera línea del bloque negro. Querían convertirte en un mártir voluntario que sacrificó con gusto su vida por la causa. Pero sé que no elegiste esto, porque estuviste a punto de ni siquiera aparecer por allí aquel día. Más importante aún, porque ninguno de nosotros lo elige. A diferencia de los fascistas, celebramos la vida, no la muerte.

Luego estaban los pacifistas y los reformistas. En estos días, trato de alejarme del lenguaje sectario anarquista hiperbólico de mi juventud, pero cuando los recuerdo, sus acciones y sus palabras cuando hablan de ti, vuelve rugiendo. ¡Si hubieras podido ver las lágrimas de cocodrilo de la escoria de ese movimiento! Invocaron tu nombre, pretendieron mantener tu memoria alta, pero te celebraron y recordaron solo porque moriste.

 A aquellos de nosotros que actuamos como vos, contigo, que fuimos camaradas ese día pero a quienes el destino no puso en el camino de la bala de un policía esa tarde en la Plaza Alimonda, nos denunciaron. Dijeron que éramos responsables de la violencia, que habíamos traído la ira del Estado sobre los buenos manifestantes. Que indirectamente fuimos nosotros los responsables de tu muerte, no el Estado, no el policía que disparó el arma. Difundieron absurdas teorías de conspiración de que el bloque negro y la resistencia masiva, generalizada y digna, eran obra de policías y fascistas encubiertos.

A la deriva en la realidad paralela que creó esa narrativa, intentaron atacarnos, trataron de expulsarnos del movimiento, empujándonos hacia los policías, llamándonos fascistas y ‘hooligans’. Y al día siguiente, cuando nos propusimos vengar su muerte, dirigieron sus cantos de “¡Assassini!” –asesinos– tanto a nosotros como a la policía. Hicieron todo lo posible para reclamarte como un mártir de su movimiento, pero en su caso con el increíble cinismo e hipocresía de reivindicar tu memoria mientras denunciaban a todos los demás que actuaban como tú. A ellos les servias mas muerto que vivo. Un ‘hooligan’ en vida, un mártir en la muerte.

La gente de ATTAC, el Foro Social de Génova, los Tute Bianche, los reformistas y toda la sopa de alfabeto de los aspirantes a gerentes del descontento, todos ellos trataron de convertirte en una víctima. Un joven desventurado y equivocado, asesinado por el Estado. Querían privarte de tu autonomía, como a menudo lo hacen con aquellos cuyas opciones no pueden entender o no respetan. Todavía no estoy seguro de cuánto de esto es oportunismo cínico y cuánto es que en realidad no pueden concebir ninguna forma de lucha más allá de las maniobras políticas y los enfrentamientos mediados. Así que cada vez que poníamos a los policías en fuga, cada vez que abríamos suficientes frentes para mantenerlos a raya, para que algunos de nosotros tuviéramos la oportunidad de tomar descansos muy necesarios y muy merecidos entre batallas, alucinaron algún gran plan maestro de la policía para justificar la represión contra todo el movimiento antiglobalización.

Los vivos éramos fascistas, ‘hooligans’ y provocadores, mientras que tú, en virtud de tu muerte, te convertiste en una víctima y un mártir. Simplemente no podían aceptar que la rebelión en Génova no solo fuera orgánica y auténtica, sino también exitosa.

Moriste precisamente porque, en ese día y en ese momento, lo estábamos logrando, les estábamos ganando la partida. La policía se retiraba, y el miedo estaba finalmente cambiando de bando. No sé si alguna vez lo supiste, pero no solo fue allí, en la Piazza Alimonda, sino que estaban huyendo por toda la zona. Sé que esto será controvertido, pero dadas las circunstancias, ni siquiera estoy seguro de que sea correcto decir que te “asesinaron”. Nos ahorraré a los dos la reconstrucción voyeurista de las minucias de tus últimos momentos. Hubo años de interminables discusiones sobre si la bala te golpeó directamente o rebotó en algo, si estabas lanzando el extintor de incendios o simplemente sosteniéndolo. El policía que te disparó finalmente fue encontrado actuando en defensa propia y absuelto de cualquier irregularidad.

Tampoco estoy tan seguro de que importe, honestamente, aparte de la necesidad de muchos camaradas, incluso compañeros anarquistas, de buscar el papel de víctima de la brutalidad policial, como si posicionarnos en el papel de víctima perpetua frente al gran Estado malo nos posicionara en un terreno moral a los ojos de una sociedad en general. Es derrotista y lo odio, como supongo que tú también lo harías. La justicia que buscábamos nunca fue la del Estado y sus tribunales.

Carlo Giuliani Park. Photo by Pinciolola.

Hablando de miedo, esto es lo que el policía militar que te disparó, Mario Placanica, le dijo al juez poco después de matarte:

«Disparé porque tenía miedo de morir. No sé qué pasó. Recuerdo que nos estaban rodeando, que nos atacaban, que el jeep era un infierno. Me temblaban las manos y disparé sin mirar hacia fuera».

No me malinterpretes, definitivamente no soy amigo de policías o soldados, pero no tengo ninguna dificultad para creerle. En ese momento tenía veinte años, apenas más que un adolescente, enviado a las calles de Génova ese día después de que sus superiores le dijeran que “estuvieran atentos” porque los manifestantes estarían “tirando bolsas de sangre infectada” y que habría “ataques terroristas”. Él dijo: “El sentimiento era como si fuéramos a la guerra”.

He estado en situaciones similares, incluso en otras partes de Génova ese mismo día. Me he parado en el lugar donde estabas, pero en un momento diferente y en un lugar diferente, y mirado a los ojos de la persona uniformada frente a mí. Si yo fuera el policía o el soldado, también tendría miedo. Tal vez yo también apretaría el gatillo, especialmente si fuera un joven soldado, un creyente en Dios y en la patria, frente a una horda de anarquistas enmascarados avanzando de manera aparentemente incontrolable.

Carlo Giuliani Park. Photo by Pinciolola.

Por si sirve de algo, el hombre que te mató es una cáscara de un ser humano ahora. Salido de los carabinieri en 2005 debido a problemas psicológicos, hoy se representa a sí mismo como un hombre “destruido, solitario y consumido” que lucha contra la depresión.

Como era de esperar, no tengo casi ninguna simpatía por su situación. ¿Pero es personalmente un asesino? No lo sé. Nunca pudimos decidirnos al respecto. Tanto que la contraportada del número de Barricada que publicamos inmediatamente después de la batalla de Génova, que estaba dedicada a ti, en la que prometimos vengarte, incluye la línea “Carlo no fue víctima de la brutalidad policial” mientras al mismo tiempo proclamabamos: “Asesinaron a un anarquista”.

“In Loving Memory of a Fallen Comrade.” Barricada #8. Summer/September 2001.

Por mas desprecio que tengo por el hombre que te mató, hace unos años, dijo algo que me ayuda a entender por qué yo, como tantos anarquistas, me he identificado tan fuertemente contigo y he sentido tu muerte de manera tan personal y apasionada:

“Ese día para mí sigue siendo un trauma, un trauma por la muerte de un chico como yo, que también fue víctima de aquel trágico día. No soy un verdugo, no soy un vigilante. Ese día no sostuve el arma para Mario Placanica, la sostuve para los Carabinieri, para el Estado italiano”.

Por un momento, dejemos de lado la lastima en la que se regodea y la falsa equiparación con la que se presenta a sí mismo como una víctima más, ya que ambos sabemos que no era un recluta sino un profesional que voluntariamente eligió su profesión. Sin embargo, tiene razón en que fue el Estado italiano el que puso el arma en la mano de este niño soldado y le dio rienda suelta para disparar contra quiénes se rebelaron en su contra. Te dispararon porque eras “uno de nosotros”.

“Uno de nosotros”. Lo pintamos con aerosol en las paredes durante años. Uno de los miles y miles en las calles de Génova ese día que eligió la rebelión. Uno de nosotros, uno y el mismo, independientemente de la etiqueta política que nos apliquemos, independientemente de si algunos pasen sus días editando diarios anarquistas y tramando acciones mientras otros pasan sus días pidiendo limosna y paseando a sus perros por las calles de su ciudad.

“Uno de nosotros.” Todos nosotros, independientemente de nuestras motivaciones más específicas, estuvimos allí ese día porque veiamos que este mundo esta roto y nos negamos a permanecer de brazos cruzados. Elegiste rebelarte, al igual que nosotros, una roca en tu mano, tu rostro enmascarado, la cabeza sostenida alta con dignidad. Sin intermediarios, sin espectáculo escenificado o gestionado de la rebelión, diagramado para apelar a los supuestos gustos de las masas. Con tan solo tu cuerpo como arma y los camaradas que estaban a tu lado como tu fuerza. Elegiste este camino no para morir, sino para vivir. Porque querías vivir, libre y desencadenado.

Tan libre, tan desencadenado, que sé que nuestra afinidad probablemente solo existía en las calles, en combate contra aquellos que reconocimos como nuestros enemigos comunes. No voy a estar tocando ninguna nota nostálgica aquí en cuanto al maravilloso ser humano que eras, aunque tu padre dice que le diste “la fuerza de tus ideales” y le enseñaste a no juzgar a la gente por “una camisa rasgada, agujeros en sus pantalones o cabello de color”. No habrá voyeurismo de duelo aquí; los buitres de la prensa hicieron suficiente de eso en su momento.

“Uno de nosotros.” Tal vez no un activista o un militante, ni un cuadro de cualquier organización o estructura política, sino uno de nosotros porque elegiste luchar. Con nosotros, junto a nosotros, lado a lado. Uno de nosotros, y por eso te dispararon. Todos sabemos que la bala que te encontró podría haber encontrado fácilmente a cualquiera de nosotros. Era para cualquiera de nosotros, para todos nosotros.

A lo largo de los meses y años que siguieron a tu muerte, llegué a entender cuán dolorosa y visceralmente cierto es esto, como camarada tras camarada cayó sobre las balas del Estado o los cuchillos de los fascistas. El mismo año de tu muerte, el Estado desató una tormenta de balas que mató a decenas en Argentina. No pude evitar recordarte mientras me refugiaba detrás de nuestras barricadas improvisadas, sin saber si las balas que nos disparaban eran de goma o plomo. Años más tarde, cuando un policía asesinó a un anarquista de quince años en Atenas, muchos de nosotros que compartimos las calles contigo en Génova llovimos fuego contra los policías fuera del Politécnico ocupado, y se que tú también estabas en nuestros pensamientos en esos momentos.

Lo que diré a continuación puede sonar contradictorio, pero tiene sentido desde la perspectiva de un combatiente. Después de muchos años, he concluido que eso es lo que somos: combatientes. Por supuesto, no vamos a la guerra, y no pretendo que somos cosas que no somos. Es cierto que no hay comparación entre los riesgos asociados con los conflictos en los que participamos y las condiciones de la guerra real. Pero mis experiencias de vida y las experiencias de los que me rodean implican una proximidad constante a la muerte, la prisión, lesiones graves, el exilio. Estas no son las experiencias, los traumas, que la mayoría de los civiles experimentan en esta parte del mundo.

Por lo tanto como combatiente creo dos cosas de manera simultánea, aunque suenen contradictorias.

Primero, que tu muerte fue trágica. Ojalá nunca hubiera pasado. Hemos tratado desesperadamente de vengarla, tanto como una cuestion de principio como también como una cuestión de defensa propia básica. Enviar el mensaje al Estado de que la sangre de los rebeldes, de los anarquistas, lleva consigo un alto precio.

Pero al mismo tiempo, y aquí es donde mucha gente no estaba de acuerdo con nosotros, ¿fue inesperada tu muerte? Probablemente no. ¿Deberíamos llamarlo asesinato? Tal vez en el sentido amplio, pero la pregunta parece casi irrelevante. Sobre todo: ¿fue tu muerte una razón para detener nuestros esfuerzos? Absolutamente no. La rebelión es importante. Pero los rebeldes mueren, particularmente cuando las rebeliones comienzan a tener éxito y el Estado comienza a tomar en serio a sus enemigos. Y cuando el Estado les quita la vida, los extraño, y amo incluso a aquellos que nunca conocí.

Puede sonar a demagogia barata, esto de decir que extrañas a una persona que nunca has conocido, y con la que probablemente ni siquiera te hubieras llevado bien. Pero asi es. Te extraño como extraño a Dax y a Carlos, muertos por los cuchillos fascistas en Milán y Madrid; como extraño a Clement que cayó luchando contra los fascistas en París; como extraño a Pocho Lepratti en Buenos Aires, Alexis en Atenas y Tortuguita en Atlanta, todos muertos por las balas de la policía.

O como extraño a ese chico en Goettingen que entró en nuestro local un día, cuyo nombre ni siquiera puedo recordar, a quien me avergüenza decir que nunca me tomé en serio, que pasó a dar su vida luchando contra el fascismo islámico y por la revolución en Rojava, como tantos otros voluntarios internacionales. Lo extraño a el y a todos los demás compañeros y compañeras que cayeron, porque esas balas y cuchillos estaban dirigidos a todos nosotros. Los extraño porque todos eran parte de la lucha por una ideal colectivo por el cual todos, de diferentes formas, elegimos luchar. Los extraño, como te extraño a ti, porque aunque no conozco al individuo, conozco al tipo.

Por lo tanto Carlo, no te conocía, pero siento mucho que ya no estés con nosotros. Nunca te conocí, pero te echo de menos. Siempre mantendré vivo tu recuerdo e intentaré vengar tu muerte, porque la sangre de nuestros compañeros no se derrama en vano. Y aunque sigo sin encontrar el optimismo necesario para creer en una vida convenientemente idílica después de la muerte, no puedo evitar la esperanza de que hayas estado sonriendo desde arriba, aprobando nuestros esfuerzos.


Texto adaptado del libro From Riot to Insurrection: The G8 Summit of 2001 & The Battle of Genoa de Tomas Rothaus.

Fuente: https://es.crimethinc.com/2026/07/20/a-letter-to-carlo-giuliani-on-the-25-year-anniversary-of-the-battle-of-genoa-1

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Mapas interactivos para seguir los incendios de Madrid: así ha funcionado la información geolocalizada durante la emergencia

29 Julio 2026 at 14:15
Incendiosespaña.es

Los incendios que desde hace días azotan la Comunidad de Madrid han vuelto a poner de manifiesto la importancia de la colaboración ciudadana en la generación y difusión de mapas de información geolocalizada, una herramienta que se ha consolidado como una de las vías más eficaces para informar en tiempo real de la evolución de una catástrofe.

Desde que en la madrugada del 24 de julio se declaró la emergencia de interés nacional por los incendios forestales que afectan a la región, la Sierra Oeste se ha convertido en el foco de una de las crisis medioambientales más graves que ha vivido la Comunidad de Madrid.

El mapa que puedes consultar sobre estas líneas se apoya, como buena parte de las herramientas geolocalizadas que citamos en este artículo, en OpenStreetMap (OSM), el proyecto de cartografía colaborativa y de código abierto nacido en 2004 en el Reino Unido. A diferencia de Google Maps o Apple Maps, la cartografía de OSM no la elabora ni la posee una empresa privada, sino una comunidad de varios millones de voluntarios repartidos por todo el mundo —entre ellos miles de mapeadores activos en España— que editan a mano calles, edificios, senderos y puntos de interés, y liberan esos datos bajo una licencia abierta (ODbL) que permite a cualquiera reutilizarlos, modificarlos y redistribuirlos libremente. Es, en el fondo, otra forma de participación ciudadana, previa y menos visible que la de las redes sociales: la que construye, aportación a aportación, la infraestructura cartográfica de base sobre la que luego se montan servicios como IncendiosEspaña.es para representar, en tiempo real, dónde está ardiendo el territorio.

Como ya ocurrió durante la oleada de incendios de Galicia, Asturias y Portugal que analizamos en su día en PC, la información geolocalizada vuelve a demostrar su valor para entender de un vistazo dónde está el fuego, hacia dónde se mueve y qué zonas conviene evitar. Y, de nuevo, la participación ciudadana —esta vez menos a través de datos aportados directamente por los vecinos y más a través del uso masivo, la difusión y la exigencia de información fiable— ha sido determinante para que estas herramientas cumplan su función.

El papel de la ciudadanía: de espectadora a usuaria activa de los datos

Más allá del mapa de fondo que aporta OpenStreetMap —las calles, los municipios y las carreteras sobre las que luego se sitúan los datos del incendio—, en lo que se refiere a esos datos del incendio en sí, y a diferencia de otras emergencias en las que la información ciudadana se incorpora directamente al mapa en tiempo real (fotografías, avisos geolocalizados, reportes en el propio terreno), en el caso de los incendios de Madrid el papel de la participación ciudadana se ha concentrado sobre todo en dos frentes: la configuración de alertas personalizadas y la amplificación en redes sociales del hashtag oficial #IFSierraOeste, que la propia Comunidad de Madrid utiliza como canal centralizado para difundir cortes de carreteras, confinamientos, evacuaciones y el estado de los servicios básicos en las zonas afectadas.

Esa combinación —una fuente institucional que informa en abierto y una ciudadanía que la difunde, la consulta y la utiliza para tomar decisiones— es precisamente lo que ha dado utilidad real a los mapas interactivos que han proliferado estos días.

Los mapas que se han utilizado para seguir el incendio

IncendiosEspaña.es, el mapa que puedes consultar aquí, se ha consolidado como una de las referencias durante esta emergencia. Sobre ese mapa de fondo de OpenStreetMap, la plataforma —independiente, gratuita y no vinculada a ningún organismo oficial— sitúa los datos de los servicios de emergencias autonómicos combinados con información satelital de NASA y EUMETSAT, tal y como explicaba Xataka al detallar su funcionamiento. El sistema se actualiza cada cinco y cada quince minutos respectivamente, y cubre toda España, lo que le permite mostrar focos activos incluso en zonas donde todavía no hay confirmación oficial. La propia web dispone de una sección específica para Madrid donde puede consultarse la situación de los focos activos en la Sierra de Guadarrama y el resto de la región, además de recomendaciones básicas de seguridad —llamar al 112, no intentar apagar el fuego y alejarse en dirección contraria al viento— pensadas para quien se encuentre cerca de una zona de riesgo.

Uno de los elementos más útiles de la herramienta, y el que mejor ilustra ese papel activo de la ciudadanía, es su sistema de alertas por correo electrónico: como explicaba Xataka, cualquier usuario puede introducir su código postal y un radio de aviso (entre 10 y 50 kilómetros) para recibir un correo si se detecta un incendio dentro de esa distancia. Sus propios responsables insisten en que la plataforma no sustituye a los sistemas oficiales de emergencias, sino que actúa como una capa adicional de visualización apoyada en datos públicos.

A esta herramienta se suma la función de incendios de Google Maps, que también se ha popularizado durante esta ola de calor. Según describía El Debate, la herramienta cruza datos satelitales con los partes oficiales de las agencias de emergencia y, al activar la capa correspondiente, muestra alertas sobre cortes de carreteras o avisos de evacuación, con enlaces directos a las autoridades locales de protección civil. Pinchando sobre cada icono de incendio activo pueden consultarse la hora de la última actualización, la superficie afectada y teléfonos de asistencia, lo que la convierte en una herramienta orientada sobre todo a la planificación de rutas de evacuación seguras.

Para el seguimiento institucional, la propia Comunidad de Madrid mantiene actualizada una página oficial sobre el #IFSierraOeste, con la evolución del fuego, los municipios afectados, los cortes de carreteras y las medidas puestas en marcha: refuerzo de la red sanitaria del SUMMA 112, instalación de unidades móviles de telecomunicaciones en las zonas sin cobertura, asesoramiento jurídico gratuito en los partidos judiciales de San Lorenzo de El Escorial y Navalcarnero, y un plan urgente de vivienda dotado con 30 millones de euros para las familias damnificadas.

El valor de la participación ciudadana ante catástrofes climáticas: no es la primera vez

En Periodismo Ciudadano llevamos años documentando cómo el contenido generado por los usuarios se convierte en una pieza clave para informar, y a veces para salvar vidas, en catástrofes naturales. Ya lo vimos con los incendios gallegos, pero también con desastres de otra naturaleza en distintos puntos del planeta.

Cuando en julio de 2021 Zhengzhou, en la provincia china de Henan, sufrió en apenas 24 horas el equivalente a varios meses de lluvia —«un acontecimiento único en 1.000 años», según llegó a calificarlo la ONU—, fueron los vídeos y fotografías compartidos por los propios ciudadanos, especialmente los que mostraban a los pasajeros atrapados en el metro con el agua al cuello, los que permitieron dimensionar la magnitud real de la catástrofe antes incluso de que lo hicieran los medios tradicionales. Lo contamos entonces en «Las inundaciones de Zhengzhou, en China y el valor del periodismo ciudadano».

Algo similar ocurrió tras el terremoto que sacudió Marruecos en septiembre de 2023: como recogimos en «Vídeos ciudadanos muestran el impacto del devastador terremoto de Marruecos», las grabaciones difundidas en Twitter y TikTok por los propios afectados —desde derrumbes captados en directo hasta imágenes de la solidaridad vecinal organizando la ayuda— sirvieron tanto para tomar conciencia de la magnitud de lo ocurrido como para apoyar las labores de rescate y emergencia sobre el terreno.

El caso de los incendios de Madrid encaja en esa misma tradición, aunque con un matiz: aquí la ciudadanía no está tanto generando el contenido informativo original —como sí ocurrió con los vídeos de Zhengzhou o Marruecos— como activando, difundiendo y exigiendo que la información oficial y satelital llegue de forma clara y utilizable a quien la necesita. Es, en el fondo, la otra cara de la misma moneda: un ecosistema informativo en el que administraciones, plataformas independientes y ciudadanía se necesitan mutuamente para que los datos geolocalizados cumplan su función real, que no es otra que proteger a las personas.

Una función que va más allá de la emergencia inmediata

Estos mapas no solo sirven para seguir el fuego mientras arde. Su función se mantiene, e incluso se amplía, en las fases posteriores: permiten a los vecinos evacuados comprobar el estado de sus municipios antes de plantearse el regreso, ayudan a periodistas y organizaciones a documentar el alcance real de la superficie quemada —según los datos que la propia Comunidad de Madrid mantiene actualizados, el #IFSierraOeste ha afectado ya a cerca de 34.000 hectáreas y ha obligado a evacuar o confinar a más de 56.500 personas— y ofrecen una base de datos abierta que, con el tiempo, servirá para análisis posteriores sobre la magnitud de la catástrofe, como ya hizo en su día la Fundación Civio con los incendios de Galicia.

La lección que dejan estos días en Madrid es similar a la que dejaron los grandes incendios gallegos, las inundaciones de Zhengzhou o el terremoto de Marruecos: cuando los datos oficiales se combinan con información abierta y con una ciudadanía que los consulta, los difunde y los usa para protegerse, el periodismo de datos y los mapas geolocalizados dejan de ser una curiosidad técnica para convertirse en una herramienta de seguridad real. Mientras el #IFSierraOeste siga activo, estos mapas seguirán siendo, para buena parte de los madrileños, la forma más rápida y fiable de saber qué está pasando cerca de sus casas.

Dónde seguir informado

  • Comunidad de Madrid – #IFSierraOeste: la fuente oficial, con partes actualizados sobre evolución del fuego, cortes de carreteras, confinamientos y ayudas a los afectados.
  • IncendiosEspaña.es – Madrid: mapa independiente en tiempo real con datos satelitales y opción de configurar alertas por correo electrónico. Vista centrada en la Sierra Oeste de Madrid.
  • Google Maps – capa de incendios: activando la capa correspondiente en la app o en maps.google.com se pueden consultar focos activos, cortes de vías y avisos de evacuación.
  • Copernicus EFFIS – Current Situation Viewer: el visor oficial de la Unión Europea, con datos de focos activos y zonas quemadas a partir de satélites de la NASA y de EUMETSAT.
  • 112 Comunidad de Madrid: para emergencias reales sobre el terreno, ningún mapa sustituye la llamada al teléfono de emergencias.

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1936: la revolución que pudo cambiarlo todo y no llegó a conquistar el poder

27 Julio 2026 at 07:59
Por: La Idea
La revolución española de 1936 demostró que los trabajadores podían transformar la economía y organizar la sociedad. Pero conquistaron poder social sin convertirlo en poder político. Su derrota dejó una lección: una revolución debe organizar, ejercer y defender el poder #1936 #RevoluciónEspañola #vídeo #audio #podcast

Trabajadores ¿o colaboradores? del mundo: ¡uníos!

27 Julio 2026 at 07:50
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Hundiendo el barco de la formación profesional

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La FP pública se hunde: privatización masiva, dual obligatoria sin plazas, saturación burocrática, docentes agotados y 62.000 alumnos sin plaza en Madrid. La ley no soluciona, empeora. La formación no es negocio, es derecho. Exigimos calidad, no mano de obra barata #FP #EducaciónPública #Privatización #FormaciónProfesional #DerechoALaEducación #Madrid #Docentes

Irán: asimetría y soberanía frente al hegemonismo. Parte I

27 Julio 2026 at 07:33
Irán desafía al hegemonismo con su doctrina de guerra asimétrica: descentralización, resistencia prolongada y disuasión económica. Frente a la guerra relámpago, Teherán apuesta por el desgaste. Una lección de soberanía y supervivencia ante la agresión imperial #Irán #GuerraAsimétrica #Resistencia #Geopolítica #Soberanía #MedioOriente

Las huellas del Mundial

27 Julio 2026 at 07:26
El Mundial 2026 terminó: España campeona, pero el balón quedó manchado. Comercialización extrema, injerencia de Trump, veto a Irán, genocidio en Palestina, racismo lingüístico y una FIFA que premió al verdugo. El fútbol no es ajeno al imperio. La política siempre está en la cancha #Mundial2026 #FútbolYPolítica #Geopolítica #Palestina #Trump #FIFA #DeporteConConciencia

En riesgo la atención especializada a las víctimas de violencia de género

27 Julio 2026 at 07:13
La nueva licitación del IAM para atención psicológica a víctimas de violencia de género elimina la especialización en adolescentes, reduce profesionales y carece de justificación técnica. Exigen paralización y transparencia. La salud mental de las víctimas no es un gasto, es un derecho #ViolenciaDeGénero #AtenciónPsicológica #IAM #Mujer #SaludMental #JusticiaSocial

Carrera contra el olvido: archivo de crímenes de guerra en Palestina

27 Julio 2026 at 07:04
Por: La Idea
Archivo contra el olvido digital. Preservamos 64.000+ videos de Gaza para la justicia internacional ante la CPI y la CIJ. Descarga, replica, testifica. La esperanza es incurable #Gaza #WarCrimes #DigitalArchive #HumanRights #ICC #Justice

La figura de Andrés Nin en la Revolución Española

20 Julio 2026 at 18:54

Andrés Nin fue el intelectual leninista más importante del periodo republicano y encabezaba el Partido Obrero de Unificación Marxista cuando los servicios secretos soviéticos lo asesinaron cumpliendo órdenes del “líder supremo”. Su escandalosa desaparición tuvo gran trascendencia allende las fronteras españolas, sobre todo en el ámbito de la izquierda europea, que comenzó a tomar seriamente en cuenta los métodos criminales del estalinismo. La causa de la República resultó perjudicada. Podríamos decir que el homicidio de Nin fue para la República la losa que fue el asesinato de García Lorca para el bando franquista. En el lado republicano su muerte significó un punto de inflexión en la influencia del Partido Comunista; puesto en fuera de juego el enemigo común -el proletariado anarquista- sus aliados de la víspera -republicanos, socialistas de la derecha y nacionalistas vascos y catalanes- comenzaron a tomar distancias y poner trabas a su progresión. Si el ascendiente comunista aumentaba, la suerte de Nin podía ser la de cualquiera que señalaran las marionetas de Stalin. De hecho, lo que pasó a Nin se convirtió en el trasfondo no declarado de todo movimiento político durante lo que quedó de guerra.

Nin trabajó de maestro, periodista, traductor, viajante de comercio y escritor, y militó de muy joven en las filas republicanas y socialistas, y llegando a presidir el Sindicato de Profesiones Liberales de la CNT. El momento decisivo en la vida y la trayectoria política de Andrés Nin fue su encuentro con la Revolución Rusa, que lo dejó subyugado. Había ido a Rusia como delegado de la CNT cuando fue seducido por la fría determinación de los bolcheviques a pesar de la persecución de cualquier organización ajena y a pesar del terror y el hambre que se enseñoreaban del país. No se sumó a la protesta que algunos delegados extranjeros emprendieron contra la persecución de los anarquistas. La sangrienta represión de los marinos de Kronstadt y del movimiento makhnovista tampoco le conmovieron. Permaneció en Rusia como alto funcionario de la Komintern y de la Internacional Sindical Roja además de miembro del partido y del soviet de Moscú, pero al implicarse en las luchas internas de partido al lado de Trotsky cayó en desgracia, acabando excluido del partido comunista, amenazado con prisión y expulsado de la URSS. Volvió a España cuando terminaba la dictadura de Primo de Rivera, muy dogmatizado, dispuesto a organizar con unos pocos colegas el auténtico partido marxista de la clase obrera mediante el ingreso en una Oposición de Izquierda creada en Bélgica por un grupo de emigrados españoles dentro de la ortodoxia trotsquista. Al final, logró fundar un partido minúsculo, la Izquierda Comunista de España, sin el menor peso en los acontecimientos coetáneos, pero con una fuerte actividad teórica, fiel al “método marxista de análisis de las situaciones objetivas”.

Nin afirmaba rotundamente que en España nunca había habido una revolución democratico-burguesa. La proclamación de la República no lo fue. Las contradicciones de la burguesía -y eso también lo decían los anarquistas- no tenían solución en el marco del capitalismo, por lo que la misión de los verdaderos comunistas, una vez disipadas las ilusiones democráticas, consistiría en empujar a los trabajadores a realizar la revolución –y de paso resolver el “problema catalán”- que ni la burguesía ni la pequeña burguesía eran capaces de hacer. Ningún otro partido ni ninguna central obrera podría llevar a buen puerto la tarea. El Partido Comunista oficial era un peón de Moscú sin visión política propia y la CNT, una pandilla de reformistas y aventureros. Sin “un partido comunista potente, cerebro y guía de la revolución”, sin soviets ni juntas revolucionarias en vez de sindicatos, la victoria de las masas explotadas no sería posible. Hacía falta una unidad de acción que podría efectuarse a través de comités de fábrica elegidos por los trabajadores, sindicados o no. El comité sería el embrión del soviet. Todavía, después de dos insurrecciones anarquistas, consideraba que el problema de la lucha por el socialismo era, aparte del partido dirigente, la organización de masas, es decir, el soviet. Ciertamente, Nin aplicaba rigurosamente el modelo bolchevique. Como buen trotsquista consideraba un deber defender a la Unión Soviética en tanto que estado obrero socialista, aunque degenerado por la burocracia, y no lo que era en realidad, la plena expresión de un capitalismo burocrático de estado.

A pesar del corsé ideológico, el instinto revolucionario de Nin le ayudaba a captar la realidad con algo de acierto. En la cuestión nacional eslava se puso del lado de Bakunin. Intuyó antes que nadie la evolución de la mayor parte de la burguesía hacia el fascismo. Lo que le llevó a pedir un frente único de todas las organizaciones proletarias y a entrar en las Alianzas Obreras que se constituyeron en 1934. El fracaso de la revuelta de Octubre vivido de cerca le dio materia para reflexionar. Con fe de carbonero, pensaba que sin un partido revolucionario ninguna revolución era posible, así que lo más urgente era crear uno y no hacer “entrismo” en el partido socialista como recomendaba Trotsky. Entonces, la opción más realista llevaba a la fusión de la pequeña ICE con el Bloque Obrero y Campesino de Joaquín Maurín, un partido de comunistas disidentes y ex miembros del Estat Català de Francesc Macià. El nuevo partido, que contaba con unos pocos miles de afiliados, fue bautizado pomposamente como POUM. El tacticismo que caracterizó los primeros momentos del partido contrariaba el ultraizquierdismo aconsejado por Trotsky, quien no dudó en llamarlo “partido de traidores patentados”. En fin, la segunda parte de la revolución burguesa, la que debía detener al fascismo condujo el partido hacia el Frente Popular, con lo que la ruptura con Trotsky fue definitivamente rematada. Este dirá: “El pacto con el Frente Popular es un documento vergonzoso. Fimar-lo es una traición al proletariado en beneficio de una alianza con la burguesía.” Sin embargo, el triunfo en las urnas de las candidaturas frentepopulistas según el “traidor” Nin, no detenía el proceso revolucionario porque la burguesía no conseguiría consolidar su dominio de clase. Más pronto que tarde el proletariado se plantearía la conquista del poder, puesto que las condiciones para ello no tardarían en madurar. En adelante, la lucha no ocurriría entre la democracia y el fascismo, sino entre el el fascismo y el socialismo, es decir, entre la burguesía y el proletariado.

El contra-levantamiento obrero del 19 de Julio radicalizó los análisis de Nin. Al marchar por las Ramblas de Barcelona armas en mano, codo a codo con los obreros anarcosindicalistas, sus rígidos esquemas bolchevistas se tambalearon. El hecho de que Maurín quedara oculto dentro de la zona en poder de los sediciosos lo obligó a ocupar la secretaría del POUM, desde donde reformularía por la izquierda la estrategia del partido. En el mitin de septiembre en el Gran Price afirmó que ya no era necesaria la revolución democrática puesto que el proletariado la había hecho de golpe, cuestión catalana incluida, por lo que la pequeña burguesía no era indispensable. Contra la tentativa desesperada de la burguesía para salvar su dominio recurriendo al fascismo, no cabía otra que la revolución social. En consecuencia, la guerra y la revolución eran inseparables. El proletariado, que no combatía para defender la república burguesa como decía el PCE, debería luchar por una república socialista. No era de extrañar que en aquellas circunstancias Nin creyera que las organizaciones proletarias con la conciencia más clara de la realidad del momento y con el mayor espíritu revolucionario fueran la CNT y la FAI. Urgía un acuerdo con los “compañeros” anarquistas. Las discrepancias, antaño irreductibles, ahora tenían solución. Algunos puntos esenciales fueron revisados. Por ejemplo estos: la temida dictadura del proletariado no era más que la democracia obrera tal como la practicaban los sindicatos, organismos adecuados que volvían innecesarios a los soviets.

Por desgracia, la fuerza insuficiente del POUM para practicar el giro radical ninista –descontadas las reticencias de la mayoría bloquista- obligaba al partido a hacer concesiones si no quería aislarse. Así, pretextando que la revolución socialista también podía impulsarse desde la Generalitat, solicitó la entrada en el Govern, una fachada de cartón piedra que la prensa poumista convirtió en un “gobierno de transición revolucionaria”. Sin embargo, el ascenso del partido estalinista gracias al chantaje de la ayuda militar rusa desencadenó una agresiva campaña difamatoria contra el POUM, tachando a sus miembros de trotsquistas, provocadores y agentes del fascismo. Nin, destituido del cargo de consejero de justicia en diciembre por exigencias comunistas, reaccionó denunciando al reformismo, “la representación de la burguesía dentro de la clase trabajadora” que encarnaba el comunismo oficial, pidiendo asilo para Trotsky y exigiendo “un gobierno obrero y campesino”. A pesar de la coincidencia con la CNT en lo relativo a “la apreciación del carácter del momento revolucionario actual y el papel de la clase trabajadora”, por culpa de las aprensiones antimarxistas de los libertarios -en parte justificadas- y también por la escasa importancia del POUM -un partido minoritario demasiado exhibicionista que no apoyaba las colectivizaciones- la relación entre ambas organizaciones no funcionaba. La consigna de “Frente Obrero Revolucionario” o la más explícita de “CNT-POUM” caían en saco roto. Pero el hecho de que las conquistas proletarias del 19 de Julio se fueran perdiendo y la hegemonía de la CNT se fuera quebrando, sacudió libertarios y abrió nuevas posibilidades de entendimiento. El descontento por la militarización de las columnas milicianas, la disolución de los comités locales de defensa y el intento de supresión de las patrullas de control halló su portavoz en el diario vespertino “La Noche”, dirigido por Jaime Balius, antiguo redactor de la Soli y cabeza visible de la Agrupación “Los Amigos de Durruti”. Balius denunciaba los avances de la contrarrevolución y clamaba contra las concesiones y la pasividad de la CNT, algo con lo que Nin no podía estar más de acuerdo y que hizo constar en las páginas del órgano del partido “La Batalla”. En la conferencia de marzo en el Principal Palace Nin llegó a decir que “el anarquismo es una expresión del espíritu revolucionario con el cual coinciden los hombres del POUM” y Balius reprodujo sus palabras en “La Noche”. A finales de abril,en una conferencia en la Sala Mozart, Nin dijo: “estamos más cerca de la FAI que del PSUC, pero a la CNT le falta una doctrina del poder…”. Andrade, el segundo de Nin, que poco antes había tratado a la Columna de Hierro de atajo de maleantes incontrolados, también “se sentía más próximo a los camaradas anarquistas que a los de los otros partidos”, se mostró de acuerdo con los puntos programáticos del manifiesto que Los Amigos de Durruti pegaron en abril por las calles de Barcelona. En particular, la consigna durrutista de Junta Revolucionaria parecía coincidir con la consigna poumista de Comité de Defensa de la Revolución. El primero de Mayo de 1937 Nin proclamó como objetivo necesario de las masas populares el gobierno obrero y campesino y la revolución social.

Durante los Sucesos de Mayo, con la salvedad de la sección de Sabadell, el POUM se puso del lado de los trabajadores insurrectos y Los Amigos de Durruti lo felicitaron por ello en una célebre octavilla que “La Batalla” reprodujo. Las conversaciones entre unos y otros fueron produciéndose, pero la CNT, lejos de ponerse al frente del movimiento y “conquistar el poder” hacía todo lo posible por pararlo. No quería alterar el statu quo, sino situarse mejor en él. Al POUM, falto de cohesión interna y sin fuerza suficiente para ponerse al frente de un movimiento espontáneo, no le quedó más opción que seguirla y dar la orden de retirada a sus militantes. Los Amigos de Durruti eran solamente unos centenares, insuficientes para cambiar la orientación de la jerarquía confederal. El objetivo estratégico principal de Nin era la alianza con los comités dirigentes cenetistas y faistas, y como estos habían desautorizado a Los Amigos de Durruti, de poco podía servir la entente con estos, si además eran contrarios a “tomar el poder” en la Organización y no querían implicarse con un partido lleno de pretensiones vanguardistas obsesionados con la dictadura del proletariado. La posición maximalista de Nin -formar un frente común con los anarcosindicalistas e ir a la conquista del poder- tropezó con la dirección atemorizada de la CNT y la FAI, totalmente colaboracionista y contraria a cuestionar la legitimidad de las instituciones republicanas.

Largo Caballero dimitió, jefe del Gobierno de la República, dimitió entre otras cosas por no aceptar la ilegalización del POUM tal como insistentemente pedían los estalinistas. Su sucesor Negrín no tuvo tantos escrúpulos. La campaña de insultos y calumnias en la prensa nacional e internacional simpatizante o de obediencia moscovita llegó al paroxismo. El delirio denigrador estalinista se igualaba con el furor nazi contra los judíos. Parecía que se estaba en el epílogo del los Procesos de Moscú, y de hecho era eso. Finalmente, el POUM fue declarado fuera de la ley. Primero, se suspendió “La Batalla”, i después, fueron saqueados e incautados sus locales, la emisora y el resto de publicaciones. Los militantes fueron perseguidos, encarcelados y algunos fusilados. La Cárcel Modelo llenó una de sus galerías con prisioneros del POUM. La 29 División, que agrupaba a las milicias del partido, fue desmantelada. Una policía especial madrileña vendría para hacerse cargo del Comité Ejecutivo del partido. Nin fue detenido en la sede del comité, apartado y conducido a Madrid, donde lo pasearon por varias checas. Al final, se lo llevaron a los sótanos de un chalet situado en las afueras de Alcalá de Henares, donde se sabe que agentes de la NKVD lo torturaron para lograr que confesara ser un espía de Franco, al estilo de los procesos arriba mencionados. No lo consiguieron, y simulando de mala manera un rapto, lo introdujeron en un automóvil y lo asesinaron en algún lugar de la carretera de Perales de Tajuña.

Los verdugos mataron alevosamente a un revolucionario de los más firmes, honestos, talentosos y clarividentes, pero no consiguieron enlodar su figura, bien al contrario, su lección de coraje ante los sicarios fue un ejemplo para todos los verdaderos rebeldes. La gran indignación provocada por su muerte acarreó la condena moral absoluta de los asesinos y sus cómplices. Para Albert Camus, el crimen “constituyó un giro en la tragedia del siglo XX, el siglo de la revolución traicionada.”

Miquel Amorós
Charla del 17 de julio de 2026 en el Ateneu 24 de Juny, Girona.

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¿Por qué la paz casi nunca dura?

20 Julio 2026 at 07:45
Las guerras no son odios eternos, son negocios. Detrás de cada bomba hay contratos millonarios y rutas energéticas. Mientras el capital gane con la confrontación, la paz será solo una pausa. La vida de los pueblos debe valer más que los intereses del imperio. #MarxismoLatinoamericano #Geopolítica #Paz #MedioOriente #Imperialismo #NoALaGuerra

La figura de Andrés Nin en la Revolución Española

20 Julio 2026 at 07:15
Los verdugos mataron alevosamente a un revolucionario de los más firmes, honestos, talentosos y clarividentes, pero no consiguieron enlodar su figura, bien al contrario, su lección de coraje ante los sicarios fue un ejemplo para todos los verdaderos rebeldes. La gran indignación provocada por su muerte acarreó la condena moral absoluta de los asesinos y sus cómplices. Para Albert Camus, el crimen “constituyó un giro en la tragedia del siglo XX, el siglo de la revolución traicionada.” #vídeo

Anarquismos en la encrucijada

6 Julio 2026 at 18:37
Por: pegasus

Lo admito, estoy cabreado, muy cabreado, y eso explica que haya reaccionado tan abruptamente ante algunos textos provenientes del sector plataformista, o especifista como ellos mismos prefieren denominarse, y que haya proferido expresiones tan agresivas como las de calificarlos de “anarquismos cavernícolas, retrógrados, y reaccionarios”[1]

Estoy cabreado porque siempre me ha parecido deleznable que en las controversias se vaya “a por la persona” del contrincante, atribuyéndole determinados rasgos o características para descalificar sus posturas y sus argumentos, y eso es precisamente lo que se hace en escritos como los de Miguel Brea, del colectivo especifista madrileño Liza. [2]

En el afán por explicar que determinadas posturas se deben a situaciones o a rasgos personales  no se debería abandonar cierta prudencia, si no se quiere caer en la indecencia. Se me reprocha, por ejemplo, no estar presente en las luchas a pie de calle contra los desahucios y otras insoportables barbaridades. Reconozco que a mis 82 años ya no estoy para militar las 24 horas al día como lo hice largo tiempo en mi juventud y seguí haciéndolo con menguante intensidad durante muchos años más.

Me cabrea que se pretenda inducir la idea que mis posturas se deberían a que sería un intelectual de despacho, sin contacto militante con la realidad, y me fastidia tener que contrarrestar esa idea con algunos datos sobre mi trayectoria a pie de calle recordando, por ejemplo, que antes de ser mayor de edad ya estuve ante los tribunales por actividades anarquistas antifranquistas, o que en enero de 1966 entre a formar parte de la Comisión de Relaciones de la FIJL (ilegalizada en Francia. por su vinculación con Defensa Interior), o que sufrí una orden de expulsión de Francia por mi participación en la sublevación de Mayo del 68, sin olvidar que participé muy intensamente en la reconstrucción de la CNT, y así sucesivamente hasta el presente haciendo lo que buenamente puedo para luchar por mis valores. 

Por cierto, cuando se alude a que la elaboración de mis textos persigue el objetivo de que sean  publicados en revistas indexadas, se debería saber que no solo me he caracterizado por rechazar esa práctica, sino que una de mis luchas académicas fue, precisamente, la de denunciar ese criterio como indicador de excelencia investigadora.

Estoy cabreado porque el procedimiento que consiste en descalificar a la persona con el fin de socavar sus argumentos me ha llevado a mencionar algunos fragmentos de mi trayectoria antes de abordar las cuestiones de fondo, que es lo que realmente presenta algún interés.

Y, por último, pero no menos importante, también estoy cabreado porque tengo el sentimiento de que la corriente especifista, representada básicamente por Liza en Madrid y por Embat en Catalunya se inscribe de forma casi mimética, y probablemente sin pretenderlo, en un fenómeno más general que en el ámbito marxista lleva por nombre Movimiento Socialista, originado en Euzkadi, y Horitzó Socialista en los países catalanes.

En el caso del anarquismo el propósito de focalizar las luchas hacia la revolución social proletaria, y de recomponer el fragmentado tejido libertario aglutinándolo en  una gran y potente organización, me parece arrastrar las luchas anarquistas hacia una ineficacia política y social, alejándolas de la realidad del mundo contemporáneo.

Espero que haber dado rienda suelta a mi cabreo haya tenido en mí el efecto catártico suficiente para que pueda abordar ahora, sin excesiva acrimonia, la controversia con la tendencia especifista en torno a tres temas principales:

La revolución, el programa revolucionario, y el deseo de revolución.

Contrariamente a lo que se sostiene desde el especifismo no es la crítica al antiguo imaginario de la revolución lo que desalienta el fervor combativo de quienes rechazan el actual sistema y anhelan otra forma de vida, sino que es el hecho mismo de fomentar la creencia en la vigencia de ese imaginario.  En efecto, animar a luchar hoy por una revolución social inspirada en el concepto de revolución propio de las ideologías socialistas y anarquistas forjadas en el siglo 19 está abocado a crear, más tarde o más temprano, una inevitable frustración, no solo ante la evidencia de que no se perfilan, ni a corto ni a medio plazo, unas condiciones que la hagan posible, sino también por el escaso entusiasmo, e incluso el nulo interés, que  la perspectiva de una revolución “a la antigua” despierta en la población.

Se trata de una falta de credibilidad y de una ausencia de interés que puede desanimar a quienes, llevados por las mejores intenciones, vuelcan sus energías en “avanzar” hacia la consecución de la revolución, afinando estrategias, elaborando programas y perfilando sesudos proyectos revolucionarios, que en ningún caso producen avances perceptibles en esa dirección.

Criticar la concepción de la revolución forjada en los siglos 19 y 20 no significa negar que el sistema vigente sea totalmente inaceptable, ni cuestionar que haya que luchar acerinamente en su contra. No se trata de abandonar la imprescindible necesidad de transformar radicalmente el sistema, y está bien claro que los anarquismos desprovistos de un intenso deseo de revolución difícilmente merecerían su calificativo. No se trata de renegar de la revolución, sino de resignificar su concepto. Y eso es precisamente lo que se está haciendo en los sectores que mantienen vivo el deseo de revolución, pero que desarrollan sus practicas en el mundo contemporáneo y no en el fantasma de un mundo que ha caducado desde hace mucho tiempo.

En esos sectores la revolución no es un objetivo más o menos lejano hacia el cual se avanzaría mediante “el correcto desarrollo de la estrategia correcta”, sino que, alejada de toda perspectiva escatológica está incardinada en el presente. La revolución resignificada en términos actuales no se ubica en el porvenir, sino que acontece en cada espacio y en cada proceso que se consigue sustraer al sistema., no es aquello hacia lo cual nuestras luchas intentan acercarnos, sino lo que estas producen  en el transcurso de su propio desarrollo. Dicho con otras palabras, la revolución no es la meta de nuestras luchas, sino que es inherente a estas, no hay propiamente revolución entendida como se la entendía antaño, sino que existen unas actividades que son revolucionarias en tanto que ejemplifican la resistencia contra el sistema, lo contradicen  y lo resquebrajan en el transcurso de sus propio ejercicio. Se hace revolución en el día a día de las luchas, sin esperar a ningún estallido final que constituiría la recompensa de nuestros esfuerzos. La recompensa no radica en ningún otro lugar que en el seno de esos mismos actos.

Y para que no se diga que esa concepción es producto de la ideología neoliberal imperante desde el último tercio del siglo 20, basta recordar que ya la encontramos prefigurada en escritos del siglo 19, como por ejemplo en los de Max Stirner. Anecdóticamente, aun no había concluido el año 1964 cuando ya había publicado un texto que se titulaba en francés: “la revolución de papa ha muerto”.[3] Abandonar ese tipo de revolución me parecía entonces la mejor manera de seguir siendo revolucionarios y revolucionarias.

La clase obrera, su consideración como sujeto revolucionario, y el capitalismo actual

El peso del sector productivo al que pertenecían los sujetos catalogados como miembros de la clase obrera no ha dejado de decrecer tanto en términos absolutos como en términos relativos.

Mas allá de la clásica distinción marxista entre la clase en sí, y la clase para si, es obvio que tan solo un indebido proceso de reificación permite afirmar que existe algo así como la clase obrera (o cualquier otra clase). La clase es un concepto sociológico, una categoría, una abstracción, que carece de un referente material. Cuando se hipostasia esa entidad conceptual  no solo se incurre en un error inferencial, sino que se asientan las bases para construir relatos que intentan disimular su carácter fantasioso tras un lenguaje tecnicista que conduce finalmente a distorsionar nuestra representación de la realidad, y a encarrilar  nuestro análisis políticos, así como las actividades que de ellos se derivan, hacia derroteros equivocados y conclusiones erróneas,

Constar el descenso en importancia de la llamada clase obrera no es un sesgo ideológico inducido por el neoliberalismo, sino un hecho que resulta trivial por ser demasiado obvio, cuestionar la tendencia a hipostasiarla, no es restar importancia al hecho incuestionable de la explotación capitalista, ni a la existencia bien real de multitudes de personas que para subsistir se encuentran en la obligación de vender su tiempo, su salud, sus competencias, sus energías a cambio de unas contrapartidas económicas siempre inferiores a la plusvalía generada, como así lo exige la ley de hierro del capitalismo.

Pretender que la clase obrera es “el sujeto revolucionario” representa una doble falacia, primero porque si no existe una clase obrera resulta imposible que esta sea el sujeto de cualquier cosa, y segundo, porque si nos empeñamos en llamar sujeto revolucionario a las entidades que producen revoluciones, resulta que esos sujetos son múltiples. No hay un sujeto revolucionario sino muchos, Y estos no suelen definirse mecánicamente por una determinada inserción en el tejido productivo., sino que se corresponden con las reacciones y las resistencias frente a los distintos dispositivos de dominación que conforman el tejido social, y que lo siembran de operaciones de discriminación. Más allá de la eventual potencialidad revolucionaria de los colectivos explotados y/o discriminados a los que pertenecen las personas, son revolucionarias las que están animadas por un rechazo consciente y radical de la sumisión, y por un intenso deseo de revolución que las lleva a desarrollar actividades revolucionarias encaminadas a oponer resistencia a las diversas formas de dominación propias del sistema vigente.

Es obvio que el sistema en el que vivimos desde hace unos cuantos siglos es un sistema capitalista absolutamente execrable, que Marx, pero no solo él, contribuyó a analizar. Sin embargo, el lenguaje pretendidamente riguroso al que recuren los textos especifistas, así como otros de carácter filo marxista, refleja una incapacidad a desprenderse de los tópicos más manidos del marxismo. El mantra que no deja de repetirse desde hace más de un siglo es que el capitalismo entra en su fase final, y que está a punto de sucumbir bajo sus insalvables contradicciones. Se habla de capitalismo terminal, de capitalismo desquiciado, de crisis sistémica y crónica del capitalismo neoliberal, de la irreversible dinámica degenerativa de la acumulación, de la entrada del capitalismo en una fase de turbulencias estructurales, etc. etc.  No todas estas expresiones figuran literalmente en los escritos especificistas, pero si encajan en su incansable mantra de anunciar que el capitalismo está tocado de muerte debido a sus propias contradicciones internas, lo cual inyecta una moral de victoria diferida a una militancia frustrada por el hecho de constatar que el moribundo capitalismo no deja de resistir frente a sus denodadas embestidas.

Lo lamentable es que ese tipo de análisis no ayuda a entender las características actuales del capitalismo, y especialmente las de esa 4ª revolución industrial, o revolución 4.0, en la que hemos entrado desde los albores del siglo XXI.

Inseparable de la revolución informática que dio inicio a la tercera revolución industrial en los años 1970, se trata ahora de la integración de las tecnologías digitales en todos los ámbitos de la sociedad, y de la estricta dependencia de los recursos digitales en la que se encuentran todos esos ámbitos, medicina, educación, comunicación, investigación, incluso las guerras y, por supuesto, la esfera económica que pasa a configurar un capitalismo digital o tecno capitalismo que, entre otras características, consigue producir plusvalía a partir de los enormes caladero de datos explorados por potentes algoritmos.

La IA, la robótica, la ingeniería genética, las nanotecnologías, los objetos conectados, los satélites, los ordenadores cuánticos… etc. todo eso propicia, por una parte, la emergencia de un nuevo tipo de totalitarismo[4]que empieza a modelar la sociedad, y, por otra parte, la entrada en un régimen de vertiginosa aceleración de los cambios en todos los ámbitos, creando, entre otras cosas, un contexto de incertidumbre y un sentimiento de incontrolabilidad tanto del presente como del futuro.

Ese es el contexto en el que se insertan nuestras luchas actuales, y resulta bastante difícil vislumbrar cómo encaja la clase obrera en tanto que sujeto revolucionario en el marco del capitalismo 4.0

La organización especifista

Obviamente, el quid de la cuestión no radica en si es preciso organizarse o no. Tener que organizarse es una exigencia inherente a  cualquier actividad anarquista tan pronto como involucra a más de una persona, Por lo tanto, cuando se hace bandera del anarquismo organizado lo que se está haciendo es excluir implícitamente de esa categoría buena parte de las actividades anarquistas que también requieren organización, pero que se desarrollan fuera de un determinado tipo de organización. Así, se reserva la expresión “anarquismo organizado” para designar el anarquismo que se encuadra específicamente en un determinado tipo de organización.

Por ejemplo, sería manifiestamente erróneo sostener  que los colectivos anarquistas que actúan a partir de los centros sociales okupados y autogestionados, o desde problemáticas locales, o desde pequeños colectivos autónomos, o desde la lucha contra determinadas discriminaciones particulares carecen de organización, sin embargo, el hecho mismo de dejarlos al margen del anarquismo organizado está transmitiendo que si esos tipos de anarquismos no merece el calificativo de anarquismo organizado no es en realidad porque carecen de organización, sino porque constituyen un mosaico variopinto, fragmentado, inconexo, carente de una perspectiva estratégica que oriente  sus luchas.

Esa apropiación hegemónica del atributo “organizado” da al traste con la pretensión de convertir el carácter organizado o no del anarquismo en un criterio diferenciador entre dos tipos de anarquismo, y deja al descubierto la voluntad de considerar como anarquismo organizado únicamente el anarquismo propio de determinadas organizaciones entre las cuales figuran, por supuesto. las organizaciones especifistas.

Una mínima honestidad política exigiría que, en lugar de hablar genéricamente de anarquismo organizado, quienes así lo hacen precisaran que están hablando de anarquismo organizado según una de las concepción de la organización, pero que hay otras concepciones y que, por lo tanto, también existen otras variedades de anarquismos organizados. Eso desplazaría el debate hacia la comparación entre diversas formas de organización, para poder valorar, entre otras cosas, cuales son las más adecuadas a las características de la sociedad actual y las más eficaces para transformarla.

Pudiera ser, por ejemplo, que la realidad actual exigiera modelos organizativos reticulares, mucho más flexibles, más fluidos, que los de las organizaciones tradicionales, orientados por simples propósitos de coordinación para llevar a cabo tareas concretas y específicas, desde perspectivas meramente tácticas.

Pudiera ser que la tentación de romper esa fragmentación y esa fluidez organizativa condujera a condenar el movimiento anarquista a sufrir una nueva eclipse tras el reciente periodo donde consiguió polinizar una serie de movimientos subversivos externos al ámbito del anarquismo identitario, y donde alcanzó a proliferar en los intersticios de la sociedad.

En cualquier caso, la fascinación por construir una sólida organización anarquista articulada en torno a un programa revolucionario coherente, y a unas perspectivas estratégicas capaces de sostener eficazmente las luchas anticapitalistas, debería alentar la actividad militante de quienes se inscriben en esa tesitura sin que tengan que alimentar la engañosa ilusión de que las dificultades que aquejan a las luchas actuales se deben, principalmente, a la ausencia de una gran organización libertaria, y que esas dificultades desaparecerán tan pronto como esa organización vea la luz.

Pese a mis recelos respecto de las organizaciones que, de manera más o menos explicita según los casos, forman parte, de la tradición plataformista, es decir de la tradición que representa en el seno del anarquismo la versión más parecida a “la forma Partido” que es propia de las diversas variantes de los marxismo leninismos y de los trotskismos, no me incomodaría tanto el intenso proselitismo que desarrollan sus partidarios si los esfuerzos de quienes anhelan una gran organización anarquista se volcasen en desarrollarla, ganando nuevos espacios y nueva militancia, en lugar de echar mano de lo ya existente, es decir de una parte del anarquismo actualmente activo para reestructurarlo, sin percatarse de que al homogeneizarlo y al unificarlo  se corre el riesgo de destruirlo.

En efecto, parece como si se estuviese lanzando una OPA sobre los centros sociales okupados y sobre los colectivos anarquistas autónomos para que su militancia engrose las filas “unitarias· del especifismo. Un poco como ocurrió en Catalunya durante el llamado “Process” cuando los nacional-independentistas de las CUPs lanzaron una OPA sobre la militancia anarquista esparcida por el tejido social de Catalunya  y consiguieron atraer hacia la actividad nacional-independentista buena parte de esta.

El hecho de que desde el especifismo se exhorte a potenciar el poder popular, y a empoderar el pueblo fortalece el aire de familia con las organizaciones de índole marxista revolucionario, acentuando de esa forma el aroma de leninismo rampante que se desprende del especifismo. No es sorprendente que desde esa proximidad se manifieste cierta atracción hacia el reaccionario concepto de “vanguardia”, aunque  intentando reformularlo y disfrazarlo para hacerlo menos repelente en los medios anarquistas[5]

A modo de conclusión provisional, resulta obvio que, considerando tan solo las discrepancias en torno a estos tres temas, se dibujan unas orientaciones fuertemente divergentes, por no decir unas diferencias abismales[6]. Sin embargo, como nadie puede tener la total seguridad de que su punto de vista es el más acertado, me parece muy bien que quienes se agrupan en organizaciones como Liza, Embat y otros colectivos del mismo talante, desarrollen sus propuestas y actividades sin que les pongamos palos en las ruedas, siempre que también se abstengan de hacerlo respecto de otras propuestas anarquistas.

Desde el convencimiento de la necesaria pluralidad de los anarquismos, solo quiero desearles suerte en su andadura, pero eso no implica renunciar al análisis, a las valoraciones, y a la crítica de sus postulados y de su quehacer.

Es esa misma suerte, solo que aun mayor debido a mi propia orientación dentro de los anarquismos, la que deseo a quienes se organizan fuera de esas organizaciones en los colectivos anarquistas autónomos que procuran resistir, y que, con ello, están contribuyendo a anarquizar el mundo en el presente y en toda la medida de lo posible.

Tomás Ibáñez


[1] https://redeslibertarias.com/2025/10/10/anarquismos-cavernicolas-retrogrados-y-autoritarios/

[2] https://regeneracionlibertaria.org/2025/12/03/anarquismo-no-fundacional-anarquismo-funcional-al-capital/

[3] 1964. T. Ibáñez “La révolution de papa est morte”.  Bulletin des Jeunes Libertaires nº 48

[4] Véase la adenda sobre esta cuestión en mi libro Anarquismo no fundacional. Afrontando la dominación en el siglo XXI. Barcelona Gedisa 2024

[5] T. Morago, Recomponer la vanguardia, Regeneración libertaria. junio 2026

[6] A. Apilánez. https://kaosenlared.net/el-anarquismo-en-su-laberinto/

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Convergencias peligrosas

6 Julio 2026 at 18:18
Por: pegasus

«El poder político del Estado […] es la polis, la policía, es decir, la vigilancia».

Paul Virilio, Speed and politics.

La hipótesis en circulación es que los gigantes tecnológicos exigen soberanía. Esta presunción tiene su origen en la proliferación de «ciudades flotantes» y «startup cites»: enclaves con absoluta soberanía empresarial gestionados por tecnolordes de las grandes corporaciones de tecnología financiera (Fintech), criptomonedas y biotecnología, y operadas por sus propios sistemas judiciales, fiscales y de seguridad. Entre las startup cites más destacadas en América Latina están Guadalajara (México)[1] y Medellín (Colombia).[2] Sin embargo, si bien en estas ciudades existe un crecimiento significativo de empresas en la industria de las tecnologías de la información y startups de robótica y bio y nanotecnología, aún distan mucho de ser «ciudades-empresas soberanas» o «territorios semiautónomos», como sucede en las llamadas Zonas Especiales de Desarrollo Económico (ZEDE). Quizá, el ejemplo más sugerente para ilustrar como operan esas ciudades privadas sea Próspera en la República de Honduras. Esta startup city, desarrollada en la isla de Roatán en el Golfo de Fonseca, está vinculada a Thiel Capital y el ecosistema de inversores Founders Fund de Silicon Valley liderado por Peter Thiel,[3] con régimen tributario independiente del Estado hondureño y plena soberanía regulatoria.

La palabra soberanía viene del latín superanus[4]que significa «por encima». Este vocablo pronto se transformó en el conceptoque justifica el poder absoluto e irrevocable del soberano, trátese de un monarca o del Estado. De tal suerte, se le otorgó la capacidad de ejercer el poder de forma ilimitada y de dictar y ejecutar sus propias leyes sin reconocer ninguna otra autoridad por encima de la suya. Thomas Hobbes —el primer teórico del Estado moderno— concibió la soberanía como el poder supremo e indivisible del Estado, instituido (de forma artificial) mediante un pacto social donde los individuos ceden de manera irrenunciable su cuota de soberanía (es decir, la libertad absoluta). Para el autor de Leviatán, el Derecho se basa, única y exclusivamente, en el principio de soberanía. O sea, en la sumisión y la obediencia. Así, el filósofo inglés dejaba constancia de la mayor defensa del absolutismo de su época.

Un par de siglos después, con la intención de trascender el «normativismo»  impuesto por el liberalismo moderno, Carl Schmitt hace una recuperación de la necesidad del poder absoluto hobbesiana.  Para este jurista y filósofo pronazi, toda normatividad (legal y moral) es un intento desatinado por limitar la decisión del soberano, restringiéndole el uso de la fuerza en situaciones de inminente necesidad. Para él, la soberanía es la fuerza creadora y fáctica que permite la «materialización del Derecho» (Rechtsverwirkligung), anteponiendo el poder político a las normas jurídicas de manera dictatorial, tal y como expone en su libro La dictadura. Desde los comienzos del pensamiento moderno de la soberanía hasta la lucha de clases proletaria.[5]En este texto, publicado en 1920, Schmitt anticipaba la esencia de los fascismos (rojo, negro y pardo), haciendo hincapié en la oposición intrínseca entre Derecho y ejercicio del Derecho. Contradicción perfectamente superable, según el jurista, con la implantación de la dictadura, estableciendo «el concepto crítico de actuación del Derecho».[6]

En agosto de 1934 , en su abominable artículo Der Führer schützt das Recht. Zur Reichstagsrede Adolf Hitlers vom 13. Juli 1934 (El Führer defiende la Ley. Sobre el discurso de Adolf Hitler ante el Reichstag del 13 de julio de 1934) Schmitt no dejó lugar a dudas de que Hitler había cumplido en todos los sentidos con su concepción de soberanía: «El Führer defiende la ley contra los peores abusos cuando, en momentos de peligro, refuerza su liderazgo como autoridad judicial suprema. Dicha autoridad emana de la misma fuente de la que proviene la ley de todo pueblo. En el momento de mayor necesidad, la ley suprema se confirma y se manifiesta el más alto grado de desarrollo jurídico».[7]

En su obra Der Bahnhof von Finnentrop. Eine Reise ins Carl Schmitt Land (La estación de Finnentrop. Un viaje a la tierra de Carl Schmitt), Christian Linder recrea con lujo de detalles la vida personal, política e intelectual de Schmitt. Profuso en anecdotas y fotografías, más en el plano literario que académico, el libro recoge desde confesiones íntimas del jurista —comprendido su protagonismo en el endriago nazi— hasta conceptos jurídicos y reflexiones teóricas, incluida su redefinición del concepto de soberanía:

«Después de la Primera Guerra Mundial dije: “Es soberano quien decide sobre el estado de excepción”. Tras la Segunda Guerra Mundial, frente a mi muerte, digo: “Es soberano quien dispone de las ondas del espacio”».[8]

De regreso a las exigencias de soberanía de los gigantes tecnológicos en «el momento de mayor necesidad» de los Estados imperiales que se disputan el control de la información, la captura de la atención y el modelado del imaginario colectivo, resuenan inquietantes las palabras de Schmitt. Como enfatiza Han, actualizando la redefinición schmittiana:

«Lo decisivo para obtener el poder es ahora la posesión de la información. No es la propaganda de los medios de masas, sino la información, la que asegura el dominio. Ante la revolución digital, Schmitt reescribiría su dictum sobre la soberanía: soberano es quien manda sobre la información de la red».[9]

Dicho en otras palabras, los oligarcas tecnológicos demandan poder absoluto y territorio propio —libre de limitaciones jurídico-legislativas—, que les permita ejercer la soberanía por encima de todos y de todo.

Pero, esa soberanía que exigen los tecnolordes, no ensambla con la política institucionalizada de simulación normativa con que tradicionalmente gobiernan las democracias liberales.[10] Tampoco acopla con la teatralidad que desde la llamada «sociedad civil» promueven los observatorios críticos y demás plataformas de «regulación y transparencia» que fingen proteger a las personas usuarias del «collarín electrónico».[11] Menos aún, con la desterritorialización impuesta por el capitalismo mundial integrado (CMI). El avance soberano de las tecnologías requiere Estados fuertes que, en nombre del proteccionismo, promuevan la eliminación de las limitaciones constitucionales y el sometimiento de todas las instituciones, incluyendo las cortes, los parlamentos y las instancias reguladoras. Es decir: reterritorialización y absolutismo.

Con tal escenario, no es este mal momento para recordar los argumentos en defensa de la soberanía de la IA expuestos recientemente por Peter Thiel y su socio Alex Karp. Mediante un escueto manifiesto de 9 puntos, intitulado Nuestra visión sobre la importancia de la soberanía en la inteligencia artificial, estos tecno-oligarcas regresaron el discurso schmittiano al debate público. En el texto divulgado en la red social X el 1 de julio del año en curso, dejaron sentada la ideología de su empresa (Palantir) y su rechazo furibundo a lo que llaman la «tecnopolitización», descalificando a priori cualquier debate político en torno a las nuevas tecnologías, discusiones que, según afirman Thiel y Karp, solo limitan «la capacidad de actuar, especialmente en el campo de batalla, en Occidente».[12]

Con la aceleración tecnológica y el espectro de la incertidumbre postpandemia, llegó a su fin la desterritorialización capitalista que impuso el CMI durante las tres últimas décadas del siglo pasado. La «globalización» sería inmediatamente suplantada por un capital de poder que se reterritorializa echando mano del nacionalismo económico al que se han suscrito en busca de «soberanía» la inmensa mayoría de los líderes en la era populista.

Si bien en las democracias liberales, las leyes y regulaciones no son inmutables, siendo su estado natural la evolución constante acompañando la revolución permanente de la técnica, persiste cierta inercia fundamentada en el «Estado regulatorio» que ralentiza y, de cierta manera, dificulta el desenfreno tecnocientífico y el ejercicio absoluto del poder. Con su lógica institucional, lo más alejada posible de la «soberanía popular» y la «tentación totalitaria de las masas», las llamadas «democracias restringidas»[13] han obstaculizado el avance irrestricto de las nuevas tecnologías mediante el afianzamiento de la separación de poderes. En cambio, con las regresiones político-sociales suscitadas por el apogeo de regímenes populistas, se eliminan esas pequeñas trabas y se consolida el poder absoluto como instrumento idóneo de la barbarie tecnofascista del siglo XXI.[14]

Las tecnologías obedecen sus propios intereses. De ahí, el incremento de las desregulaciones tecnológicas[15] y el creciente empoderamiento de la mancuerna tecnolordes-autócratas. La necesidad es mutua. Sin líderes autocráticos dispuestos a desacatar las ordenes constitucionales y romper todas las reglas e imponer su voluntad sin ambages, es imposible el despliegue ad infinitum de las big tech. Los gigantes tecnológicos no solo requieren un territorio libre de trabas, tal y como impulsa el tecnonacionalismo, sino la magnánime financiación pública de sus inversiones multibillonarias en infraestructura energética. Y viceversa, sin el apoyo de los tecnolordes —que abastecen el complejo militar y proporcionan vigilancia psicopolítica, análisis de datos y pronóstico del comportamiento— no puede concretarse la autocracia que ambicionan los populistas para ejercer a plenitud el absolutismo geopolítico.

Por eso el auge en los últimos veinte años de monarcas populistas en el contexto de las energías políticas regresivas y la disrupción de las innovaciones tecnológicas que buscan acelerar la implantación de un nuevo régimen totalitario a través de softwares e inteligencia artificial. De hecho, es irrefutable la manera como los líderes populistas —los monarcas del siglo XXI— se han servido (sin excepción) de estas tecnologías. Sin duda, la práctica más conocida ha sido la captura de los espacios digitales donde concentran toda la artillería pesada de su gobernanza, imponiendo los temas de conversación mediante granjas de bots. A través de memes virales y deepfakes difunden consignas de manera vertiginosa e impactante hasta apoderarse (absolutamente) del discurso público.

La fusión entre el poder estatal y la infraestructura hipertecnológica ha hecho posible —en nombre de la «soberanía»— el control social mediante la conversión de «datos duros» en objetivos de vigilancia y represión. La alianza Big States-Big Tech, tal como describe Asma Mhalla, ha dado lugar a un nuevo Leviatán —a diferencia del de Hobbes— bicéfalo. Una cabeza encarnada en la soberanía del Estado imperial que obtiene gran parte de su poder gracias a los gigantes tecnológicos y la otra, en una forma de «soberanía privada» que reside en la aristocracia tecnológica con su agenda ideológica totalizadora. Este monstruo del siglo XXI, Léviathan à deux têtes, a decir de la ensayista franco-tunecina, ha gestado la nueva gramática de un poder híbrido, un poder tecnopolítico, protagonizado por una elite tecnológica que posee hipertecnologías de captura de la atención y un puñado de líderes políticos.[16]

Aunque frecuentemente se afirma que la etiqueta «populista» suele utilizarse a modo de cajón de sastre para dar cabida a una amplia gama de líderes, partidos y movimientos diversos, heterogéneos y contradictorios, existe una abrumadora evidencia que demuestra lo contrario. Es decir, que corrobora via facti su homogeneidad y la existencia de vasos comunicantes a través de una suerte de Internacional Populista.[17] Basta con consultar el extenso acervo especializado que se ha venido acumulando en las últimas décadas —con posicionamientos liberales y marxianos— desde las ciencias sociales y la ciencia política, para encontrar el denominador común de esta tendencia autoritaria. Lo que desbarata de antemano las forzadas distinciones entre populismos de «izquierda» y de «derecha» y revela su esencia de carta comodín, demostrando su capacidad de vincularse con cualquier compromiso político. En términos generales, podría definirse como una tendencia política carente de ideología que simplifica las reivindicaciones sociales y las reduce a la dicotomía «pueblo» Vs. «elite», mediante la manipulación de las emociones más elementales de los votantes.

El propio Laclau —sumo sacerdote del populismo latinoamericano— le otorga cierta neutralidad ideológica a esta «lógica política», que le permite desplazarse de un extremo a otro del espectro ideológico e incluso, mancomunarse con otras ideologías fuerza. Para ejemplificar esta fusión, el teórico porteño recurre a Heidegger y la distinción que éste hacia entre la dimensión ontológica y la óntica. Según Laclau, siguiendo los postulados del filósofo nacionalsocialista, la necesidad ontológica de expresar la división social y su satisfacción óntica en relación con los discursos de cambio radical, provocaron en Francia «un movimiento considerable de quienes fueran votantes comunistas hacia el Frente Nacional».[18]

Un desplazamiento similar, motivado por «la necesidad ontológica de expresar la división social», ocurrió en México durante las elecciones presidenciales de 2018 que le dieron la victoria a Andrés Manuel López Obrador, al contender en Coalición quienes fueran votantes comunistas[19] y los votantes del conservadurismo radical evangélico (Partido Encuentro Social).[20] Y, aunque en esa ocasión el conservadurismo guadalupano no contó con fuerza política suficiente para participar en coalición con la autodenominada «izquierda nacionalista», tampoco fue despreciable el voto católico a favor de López Obrador de filiación sinarquista.[21] La cuestión, sin embargo, no radica en las fusiones político-ideológicas que logre concretar el movimiento populista para obtener sus fines, lo realmente preocupante es la ostensible tentación absolutista de esta tendencia. Más importante aún, la enorme concentración de poder ilimitado que expresan los nuevos monarcas populistas.

Empero, esta acelerada transición a la «posdemocracia»[22] no puede siquiera imaginarse si no es con el auspicio de la revolución permanente de la técnica. El siniestro curso de las tecnologías en nuestros días ha alimentado el síndrome de los monarcas. En consecuencia, cada vez son más enérgicas las exigencias de desregulación de los tecnolordes que reclaman «retribución» por los servicios prestados al nacionalpopulismo. Desde luego, el interés por eliminar las restricciones jurídico-legislativas (e incluso éticas) no se limita a los deseos absolutistas de los monarcas populistas o a los requerimientos de la tecno-oligarquía de la comunicación y la información, también los promotores de la ciborgización demandan el fin de las políticas intervencionistas en materia de regulación y transparencia que actualmente impiden la manipulación genética de la línea germinal, la clonación reproductiva y la creación de embriones animales con células humanas.[23]

En 2016, Bifo publicó el ensayo And. Phenomenology of the End [Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva] donde definía como «semiocapitalismo» al sistema económico imperante a nivel global, en clara alusión al actual proceso de producción, determinado por la elaboración de signos-información, y por el indiscutible carácter semiótico de la mercancía. Sin embargo, con la intención de comprender mejor la dimensión política de la transformación que acarreó la desregularización económica, recomendaba referirnos a ella en términos de «absolutismo capitalista».[24] De esta forma, hacía evidente la detección de cierta deriva regresiva —inducida por la convergencia de la aceleración semiocapitalista y el hiperliberalismo— que nos remite a las luchas «primitivas». Esto es, al comienzo de la batalla por la liberación del absolutismo.

A propósito, Bifo efectuaba un breve recordatorio de las luchas de la burguesía contra el absolutismo de la Modernidad temprana como «parte de la batalla por la liberación del control estatal sobre las empresas privadas y, asimismo [lo más “interesante” desde su punto de vista], una batalla por el dominio de la ley, por la limitación constitucional de las acciones del monarca».[25]

En efecto, con la Revolución Francesa de 1789, la pequeña burguesía ilustrada                             —representada por girondinos y jacobinos— impulsó el imperio de la ley para limitar el poder absoluto del monarca y de la aristocracia feudal. Esta limitación constitucional se vería severamente reforzada con el surgimiento de la república en los nuevos Estados-nación. Como recalca Bifo en su Fenomenología del fin:

«Esta es la razón por la cual la clase burguesa aceptó el pacto democrático y dio su consentimiento para negociar con la clase trabajadora­. Ella no podía ser indiferente al destino de su territorio y al de la comunidad que trabajaba en él. Los trabajadores y la burguesía compartieron el mismo espacio urbano y el mismo futuro».[26]

Tal y como resulta evidente en nuestros días, estamos transitando en sentido opuesto. Es decir, involucionamos del «pacto democrático» a la restauración del «pacto absolutista». La otrora «clase trabajadora» —embelesada con la nueva utopía tecnológica— ha dado su consentimiento a priori mediante el voto popular bajo la conducción psicopolítica de la IA.

De hecho, la IA ha posicionado a la dominación «en condiciones de influir en nuestro comportamiento por debajo del umbral de la conciencia».[27] Por consiguiente, el nuevo dominio algorítmico «se apodera de esas capas pre-reflexivas, instintivas y emotivas del comportamiento que van por delante de las acciones conscientes».[28] De tal suerte, la psicopolítica basada en datos «interviene en nuestro comportamiento sin que seamos conscientes de ello».[29]

Esta «intervención» sin consentimiento —mediada por interfaces digitales— opera directamente sobre los mecanismos cerebrales, provocando impulsos (emociones, dependencias, etc.) a nivel infraconciente que influyen en nuestras decisiones cotidianas. Así las cosas, la gestión psicopolítica se concreta a través de la «estrategia del pull». A diferencia de la «estrategia del push», cuyo propósito es conectar al consumidor de manera directa con un producto determinado mediante acciones proactivas (bombardeo publicitario o email marketing), el enfoque pull se centra en influir de forma indirecta, sin que seamos conscientes de la manipulación persuasiva, estimulando reacciones con «contenidos de valor» y «posicionamientos orgánicos». El objetivo es inducir cambios en el comportamiento, las creencias, actitudes o preferencias, atrapando la mayor atención posible de las tribus digitales.

En este contexto, el psicopoder ha desarrollado un tándem de tecnologías persuasivas que alienta el consumismo y la sumisión voluntaria. Este eficaz autosometimiento del animal humano al entramado de dominación algorítmica ha dado lugar a la distopía ciberpunk actual. Gracias a la convergencia Big tech-Estados imperiales, la restauración de la aristocracia tecnofeudal hoy se consolida a paso agigantado. O sea, el nuevo absolutismo. El reinode un CEO-monarca: el sueño húmedo de Curtis Yarvin y un puñado de teóricos de la Ilustración Oscura.

Gustavo Rodríguez,

Planeta Tierra, 3 de junio de 2026.


[1] En el último sexenio esta ciudad se posicionó como la capital de los semiconductores de América Latina, consolidándose como el Silicon Valley de México. Siendo Jalisco el estado con más desarrollos en la industria de las tecnologías de la información y la alta tecnología (biotecnología, nanotecnología y robótica) en el país, con una inversión de casi 3 mil millones de dólares. Información del gobierno del estado de Jalisco, disponible en línea: https://www.jalisco.gob.mx/prensa/noticias/se-consolida-jalisco-como-el-silicon-valley-de-me-38699 (Consultado 27/6/2026).

[2] Según el informe del Índice Global de Ecosistemas de Startups realizado por StartupBlink, la ciudad paisa es líder regional en creación de startups, contando con 10,9 «emprendimientos» de alta tecnología por cada 100.000 habitantes y se prepara para ser la capital de la IA en América Latina. Vale señalar que durante el período de gobierno del presidente saliente (Gustavo Petro), el presupuesto gubernamental destinado a la «innovación y el emprendimiento» tuvo una caída de 79%, lo que motivó  —agrego yo— la intromisión en plena campaña electoral de Donald Trump y del vicepresidente JD Vance pidiendo el voto a favor del candidato opositor. Para más información sobre el informe de StartupBlink se recomienda visitar su página: https://lp-startupblink-com.translate.goog/report/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc (Consultado 27/6/2026).

[3] También conocidos como la «Mafia de PayPal» por haber sido fundadores y exempleados de PayPal Holdings Inc. Tras la venta de esta empresa iniciaron una estrategia de lobby contra lo que consideran la excesiva regulación y la resistencia burocrática, inspirada en la filosofía política de la tendencia libertaria. Su inluencia, según afirman, ahora «guía el enfoque» del gobierno de Trump. Esta red de influencia se extiende más allá de los fundadores y empleados originales de PayPal, lo que incluye a figuras como Jim O’Neill, ex director ejecutivo de la fundación de Peter Thiel, elegido por Trump para ser subsecretario de Salud y Servicios Humanos; Trae Stephens, socio de Founders Fund, considerado para el cargo de subsecretario de Defensa; Michael Kratsios, ex jefe de gabinete de Thiel, quien estuvo a cargo de la política tecnológica durante la transición entre las administraciones de Bidem y Trump; y el vicepresidente JD Vance, que trabajó en Mithril Capital (empresa propiedad de Thiel) y cuya carrera política ha sido fuertemente alentada y respaldada por Peter Thiel. Cfr. La influencia de la mafia de PayPal en la segunda administración Trump, Adam Hayes. Disponible en línea: https://www-investopedia-com.translate.goog/the-paypal-mafia-8759491?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc (Consultado 27/6/2026).

[4] Compuesta de super (encima, sobre) y el sufijo anus (pertenencia, procedencia).

[5] Cfr: Schmitt, Carl (1968) La dictadura. Desde los comienzos del pensamiento moderno de la soberanía hasta la lucha de clases proletaria. Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente. Trad. José Díaz García.  pp. 199 -219. Disponible en línea: https://dn790006.ca.archive.org/0/items/SCHMITTCarl.LaDictadura/SCH MITT%2C%20Carl.%20La%20Dictadura.pdf (Consultado 27/6/2026).

[6] Id.

[7] Carl Schmitt, Der Führer schützt das Recht. Zur Reichstagsrede Adolf Hitlers vom 13. Juli 1934, Deutschen Juristen-Zeitung, 1. August 1934. Trad. propia. Disponible en línea en: https://www.flechsig.biz/DJZ34_CS.pdf (Consultado 27/6/2026).

[8] «Nach dem ersten Weltkrieg habe ich gesagt: ‚Souverän ist, wer über den Ausnahmezustand entscheidet.’ Nach dem zweiten Weltkrieg, angesichts meines Todes, sage ich jetzt: ‚Souverän ist, wer über die Wellen des Raumes verfügt’». Cfr. Linder, Christian (2008). Der Bahnhof von Finnentrop. Eine Reise ins Carl Schmitt Land. Berlin: Matthes & Seitz. Trad. propia, p.423.

[9] Cfr: Han, Byung-Chul. (2022) Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia. Buenos Aires: Taurus, trad. Joaquín Chamorro Mielke. p. 24. Énfasis en el original.

[10] Por mucho que sus jueces y legisladores corruptos sucumban a las tentaciones millonarias que ofrecen los cabilderos tecnológicos, el esquema de pesos y contrapesos —consolidado en los regímenes liberales mediante la separación de poderes y el afianzamiento de las cortes constitucionales—, dificulta el avance irrestricto de las tecnologías.  

[11] Deleuze, Gilles. (1996) Conversaciones 1972-1990. Valencia: Pre-textos, trad. José Luis Pardo. pp. 284-285.

[12] Cfr: Our thoughts on the importance of AI sovereignty. Disponible en línea en: https://x.com/PalantirTech/status/2072114267776491695?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E2072114267776491695%7Ctwgr%5E1e8a7934f4b0ce81c5e075405503ff5ee122ed8a%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.ambito.com%2Ftecnologia%2Fpalantir-y-un-nuevo-manifiesto-la-ia-soberania-datos-y-una-critica-la-tecnopolitizacion-n6294814 (Consultado 29/6/2026).

[13] Jan-Werner Müller desarrolla el concepto de «democracias restringidas» para referirse a los sistemas democráticos fundados al término la Segunda Guerra Mundial sobre el temor a la participación de las masas. Esta falta de confianza en la soberanía popular e incluso, en la soberanía parlamentaria tradicional, dio lugar a una forma de «democracia nueva» tremendamente constringida.  Según expone Müller en su libro Contesting Democracy, lo que realmente surgió en 1945 fue un orden diseñado para prevenir el regreso del fascismo y el nacionalsocialismo, asentado en un nuevo consenso político entre los socialdemócratas, los liberales y los democristianos en torno a un equilibrio «centrista» de los principios liberales y el constitucionalismo en particular, redefiniendo  tanto al liberalismo como a la democracia al tenor de la experiencia totalitaria en Europa de mediados del siglo XX. Vid: Müller, Jan-Werner (2011). Contesting Democracy. Political Ideas in Twentieth Century. New Haven (CT): Yale University Press.

[14] Vale señalar, para evitar distorsiones y malentendidos, que el reconocimiento de estas diferencias no implica en absoluto la menor simpatía por ninguna de las diversas variedades de democracia. Ante toda fórmula de gobernanza, se trate de democracia representativa, democracia popular, democracia parlamentaria, democracia directa, democracia obrera o cualquiera sea el adjetivo, abrazo la vieja máxima que afirma que «toda democracia es la dictadura de las mayorías».

[15] La apuesta por la desregulación tecnológica en el desarrollo de la IA y el ecosistema cripto, particularmente evidente durante el segundo mandato de Trump, está redefiniendo la economía y el panorama geopolítico a nivel global.

[16] Mhalla, Asma (2025). Cyberpunk – Le nouveau système totalitaire. Paris: Éditions du Seuil.

[17] Según Steve Bannon, estratega de comunicación de la Casa Blanca durante el primer período presidencial de Donald Trump, su principal propósito es crear «la infraestructura del movimiento populista global». Vid: Horowitz, Jason (2018) Steve Bannon Is Done Wrecking the American Establishment. Now He Wants to Destroy Europe’s. New York Times, 9 de marzo. Disponible en:

https://www.nytimes.com/2018/03/09/world/europe/horowitz-europe-populism.html (Consultado 29/6/2026).

[18] Vid: Laclau, Ernesto (2005) On Populist Reason. Londres: Verso, trad. La razón Populista. México:FCE. p.88. Disponible en versión digital (p. 98): https://docs.enriquedussel.com/txt/Textos_200_Obras/Aime_zapatistas/Razon_populista-Ernesto_Laclau.pdf (Consultado 29/6/2026).

[19] Exmilitantes de los desaparecidos Partido Comunista de México (PCM), del Partido Socialista Revolucionario (PSR), el Movimiento de Acción y Unidad Socialista (MAUS), del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), entre otros con la misma orientación política.

[20] «Nos estamos agrupando para enfrentar al bloque político que representa lo que es denominado la mafia del poder […] Esta es una alianza que se constituye como un referente moral […] no sólo vamos a triunfar, vamos a ganar la presidencia [no solo] para buscar el bienestar material sino también para buscar el bienestar del alma». Declaraciones de Andrés Manuel López Obrador, aspirante presidencial de Morena, en su casa de campaña en la Colonia Tabacalera, CDMX. Partido de AMLO se alía con el conservador Partido Encuentro Social,14 de diciembre de 2017. CBS News. Disponible en: https://www.cbsnews.com/news/partido-alia/ (Consultado 29/5/2026).

[21] En las elecciones federales de 2000 el Partido Alianza Social, sucesor directo del brazo político del sinarquismo (registrado como Partido Demócrata Mexicano en 1975 por José Antonio Calderón Cardoso), formó parte de la Alianza por México que postuló a Cuauhtémoc Cárdenas a la presidencia de la República. Muchas de sus bases votaron por AMLO en 2018, motivadas por su prédica «humanista cristiana» y el discurso antielitista («contra la Mafia del poder»).

[22] Vid: Crouch, Colin (2004). Post-Democracy. After the crises. Cambridge: Polity Press.

[23] En 2018, durante la Segunda Cumbre Internacional sobre Edición del Genoma Humano celebrada en Hong Kong, el biofísico e investigador especializado en edición genética Jiankui He, comentó que había modificado genéticamente dos embriones humanos (las gemelas Lulú y Nana) con la finalidad de hacerlas resistentes al SIDA. «Para ello, empleó la técnica genética CRISPR-Cas9, que permite “cortar y pegar” piezas de ADN en células vivas». Un año después, ante las presiones de la «comunidad científica» internacional, el gobierno chino se vio obligado a condenarlo a 3 años de cárcel, sin retirarle su licencia. En la actualidad continúa «investigando en la edición genética». Vid. El creador de los primeros humanos modificados genéticamente lanza un desafío. Daniel Pellicer Roig, National Geographic. Disponible en línea: https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/jiankui-he-cientifico-que-modifico-humanos-vuelve-desafiar-comunidad-cientifica_23178 (Consultado 1/7/2026).

[24] Berardi, Franco. (2017) Fenomenología del fin: sensibilidad y mutación conectiva. Buenos Aires: Caja Negra, trad. Alejandra López Gabrielidis, p. 228.

[25]  Id.

[26] Ibidem., p. 229.

[27] Han (2022). p. 23.

[28] Id.

[29] Id.

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Club de lectura «En el café»: «Homenaje a Cataluña»

6 Julio 2026 at 14:31

En la siguiente sesión del Club de lectura «En el café» hablaremos y debatiremos sobre el libro de George Orwell «Homenaje a Cataluña». Con esta lectura queremos rendir un pequeño homenaje a la Revolución Social de 1936 en su noventa aniversario.

Con el nombre de «En el café» queremos hacer referencia a la obra de Errico Malatesta del mismo nombre en la que dos personas dialogan en un café, y, tal como ocurre en este libro, queremos que nuestro grupo de lectura invite al debate y sea un estímulo para la acción transformadora.

La próxima sesión del Club es el miércoles 22 de julio a las 19:00 en el Local Anarquista Magdalena. Debatiremos «Homenaje a Cataluña» de George Orwell.

Es una sesión abierta, no es necesario inscribirse.

Y para despedirnos hasta la próxima sesión en septiembre, después del debate del libro nos vamos a quedar (a quien le apetezca) para cenar todxs juntxs. La idea es que cada unx traigamos algo vegano para compartir.

 Local Anarquista Magdalena
https://localanarquistamagdalena.org/

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Noemí Pereda: “No es que los adolescentes vayan a buscar porno, es que la industria los va a buscar a ellos”

29 Junio 2026 at 09:50

Al frente del Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la Universidad de Barcelona, la catedrática Noemí Pereda dirigió el primer estudio estatal con una muestra representativa tan amplia –más de 4.000 adolescentes y jóvenes de 14 a 17 años– y, además, con información proveniente de los propios niños, niñas y adolescentes de ahora, no de adultos que lo sufrieron en el pasado: un 17,8% reportaron haber sufrido algún tipo de victimización sexual a lo largo del último año

Desde su punto de vista, este tipo de muestra es fundamental para poder intervenir y actuar ahora, de manera inmediata, desde la prevención. Para ello, insiste en una herramienta fundamental: la educación afectivo-sexual como una asignatura obligatoria en todos los colegios: «Esto no va de que en una asignatura de 3º de la ESO sepan lo que es el pene y un embarazo. No. Esto va de consentimiento, va de los derechos que tienes sobre tu cuerpo, va de tu intimidad, va del respeto a los demás. Va de relaciones igualitarias».

¿Por qué es importante entender que no estamos ante casos puntuales, aislados? 

Es súper importante porque ni es algo puntual ni es el caso Epstein tampoco. Porque ahora estamos con esto como si esto fuera la realidad. No, la realidad de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia es intrafamiliar, es continua, es silenciada. No son estos casos mediáticos. Es que estoy preocupada con el caso Epstein porque últimamente veo que se está desviando todo hacia ahí.

¿Cómo lo podemos transmitir para que se entienda?

El problema es que en el día a día es mucho más sutil y más difícil de detectar porque muchas veces se esperan este tipo de casos extremos. Y no, no es así. Por eso cuesta tanto detectarlos. 

Pero estos casos extremos también ayudan a visibilizar, ¿no?

Claro, tienen que servir como desencadenante. Sobre el caso Epstein podemos pensar, ‘vale, a mí no me pasará porque yo no dejaré que mi hija se vaya con un señor’. Perfecto. Pero hay que saber que en el 80% de los casos las agresiones se cometen por algún familiar o conocido. O sea, el peligro no está fuera. Y este es un gran problema, porque la prevención tiene que venir de dentro. El niño tiene que saber cuáles son sus derechos, que puede decir que no,y, que si ocurre algo, tenga la confianza como para venir y contártelo, que haya esta comunicación fluida contigo. Y esto muy difícil porque, como digo, no es un señor extraño, desconocido, que va a venir y va a secuestrar a tu hijo.

Las cifras no han cambiado a lo largo de los años. Entre el 10% y el 20% de la población sufre agresiones sexuales en su infancia o adolescencia. 

Sí, es algo que se mantiene, que sorprende. Es alucinante. Los datos desde hace muchos años están estancados en este 10-20% y no salimos xde ahí. Probablemente tampoco hacemos mucho para salir de ahí. Porque salir de ahí supondría, en primer lugar, una educación afectivo-sexual universal desde etapas muy tempranas. Y esto no ocurre en la mayoría de países, no es solo en España.

¿Y cómo se incorpora esto en los colegios, por ejemplo?

Esto no va de que en una asignatura de 3º de la ESO sepan lo que es el pene y un embarazo. No. Esto va de consentimiento, va de los derechos que tienes sobre tu cuerpo, va de tu intimidad, va del respeto a los demás. Va de relaciones igualitarias. Es educación afectivo-sexual, no solo sexualidad biológica.

Además, lo importante de esta educación es que no solo evitas víctimas, sino que evitas también agresores, porque les estás enseñando y les estás diciendo «no, no, cuando una persona te dice que no, es un no, tienes que respetar”. Entonces, mientras no hagamos realmente un cambio social donde eduquemos a los niños en el respeto al otro, en el consentimiento, esa cifra del 10-20% va a seguir ahí porque son niños que crecen.

«Esto no va de que en una asignatura de 3º de la ESO sepan lo que es el pene y un embarazo. No. Esto va de consentimiento, va de los derechos que tienes sobre tu cuerpo, va de tu intimidad, va del respeto a los demás. Va de relaciones igualitarias. Es educación afectivo-sexual, no solo sexualidad biológica».

La muestra del estudio del Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la Universidad de Barcelona fue de más de 4.000 adolescentes y jóvenes de 14 a 17 años. Son niños, niñas y adolescentes de ahora, no adultos que lo sufrieron en el pasado. ¿En qué aspecto mejora este tipo de muestra el diagnostico?

En primer lugar, son chicos y chicas que pueden responder, éticamente se ha demostrado que tienen la capacidad de poder responder, obviamente, con su consentimiento informado, comprendiendo las preguntas. Son encuestas que están validadas en otros países, también en España. La cuestión es que tenemos que focalizarnos en los adolescentes de hoy porque es donde podemos intervenir de forma inmediata; de lo contrario, tendemos a pensar que es algo que pasaba en otras épocas. Cuando haces las encuestas con adultos, estás viendo lo que pasó hace 5, 10, 15, 20, 25, 30 años. 

A mí me apena mucho la última encuesta del Ministerio de Juventud e Infancia porque era una oportunidad enorme, con todo el poder que tiene, de hacerla con adolescentes escolarizados, mucho mayor que la que hicimos nosotros. Porque al final nosotros la hicimos en colaboración con “la Caixa”, con su financiación. Llegamos a más de 4.000 adolescentes, pero es cierto que somos una universidad, no somos el Ministerio de Juventud e Infancia. Entonces, yo sí que apelaría a que se asuma esta responsabilidad.

«Tenemos que focalizarnos en los adolescentes de hoy porque es donde podemos intervenir de forma inmediata; de lo contrario, tendemos a pensar que es algo que pasaba en otras épocas».

Hay países como Canadá y Estados Unidos, pero es que también Chile, para que nos situemos, que hacen esta encuesta cada dos años. Porque eso nos permitiría ver variaciones y decir ‘resulta que en Catalunya han implementado un programa y, fíjate, de hace dos años a hoy el porcentaje es más bajo’. Esto solo lo podemos ver si hacemos estudios con los adolescentes de hoy. Cuando lo hacemos con adultos ya sabemos lo que va a salir.

Ha aumentado mucho también la violencia entre iguales, entre los propios chicos y chicas.

Esta es una de las cuestiones que se veía en nuestro estudio. Ha subido y ha subido por esta negligencia respecto a la educación afectivo-sexual y el peso de la industria del porno. No es que los adolescentes vayan a buscar porno, es que la industria los va a buscar a ellos. El modelo que tienen es la pornografía, no hay un modelo educativo que contrarreste los mensajes distorsionados que da la pornografía. No estamos invirtiendo en prevención para nada. Tenemos juegos infantiles como Roblox donde hay enlaces a pornografía. ¿Por qué? Porque saben que lo van a ver niños y que le van a dar. Entonces, no vale con culpar a los adolescentes de ver pornografía, es que la industria los busca a ellos. Por eso hay que hacer actuaciones en políticas públicas que realmente sean efectivas, porque si no el porcentaje no baja. 

«Tenemos juegos infantiles como Roblox donde hay enlaces a pornografía. ¿Por qué? Porque saben que lo van a ver niños y que le van a dar. Entonces, no vale con culpar a los adolescentes de ver pornografía, es que la industria los busca a ellos».

¿Nos falta ese salto cualitativo que dimos con la violencia machista?

Totalmente. Mira, siempre se dice que después de la violencia de género tendría que salir a la luz la violencia contra la infancia y la adolescencia, pero es más difícil y es más difícil porque vivimos en una sociedad que es adultocéntrica, o sea, nosotros somos quienes controlamos, nosotros somos quienes votamos a nuestros dirigentes, los niños no pueden elegir, los niños no pueden salir de su contexto familiar si no hay un adulto que detecta este tipo de situaciones, porque para ellos es la normalidad. Tiene que haber como una sociedad adulta muy sensibilizada para que esto salga a la luz. Y lo que ocurre es que en muchos casos se justifica este tipo de agresiones diciendo que el niño se lo inventa. 

«Siempre se dice que después de la violencia de género tendría que salir a la luz la violencia contra la infancia y la adolescencia, pero es más difícil y es más difícil porque vivimos en una sociedad que es adultocéntrica».

¿La Ley de Protección a la Infancia y Adolescencia –Lopivi– está ayudando a entender la situación?

Sí, estamos mejorando. La Lopivi ha ayudado mucho también, supuso un impulso para hablar del tema. Pero es cierto que como sociedad sigue sin calar que los niños son sujetos de derecho, que no solo son objetos de cuidado. Esto hay que entenderlo: los niños tienen derechos que no puedes violar por mucho que seas padre o madre. Hace días, Ana Obregón decía ante una acusación: ‘Es mi niña y hago con ella lo que quiero’. Claro, esto te lo está diciendo alguien público, lo está diciendo a la sociedad y es un mensaje que a muchas personas les cala. No, no puedes hacer lo que quieras. Es una persona con derechos propios, es un ciudadano, pero cuesta mucho entenderlo. Por eso muy importante también el trabajo desde el punto de vista periodístico. El niño no es propiedad de nadie, es un ciudadano con derechos propios.

«Los niños tienen derechos que no puedes violar por mucho que seas el padre o la madre. No es propiedad de nadie, es un ciudadano con derechos propios».

También nos cuentan algunas víctimas que este tema se minimiza.

Sí, se minimiza mucho. Se dice ‘bueno, son niños, lo olvidarán, tampoco es tan grave, cuando crezcan ya se les pasará’. Y no. Esto es un daño que perdura a lo largo del desarrollo y un daño en un momento en el que el niño está creciendo, en el que está estableciendo sus relaciones con el mundo, consigo mismo, con los demás y estás destruyendo todo esto.

Por tanto, no puedes tener un ciudadano integrado, prosocial cuando han vivido experiencias de este tipo en su infancia y nadie los ha ayudado. Y por eso hay que entender el daño que esto causa también como sociedad. Por eso se habla del problema de salud pública. La OMS lo define como un problema de salud pública. ¿Por qué? Pues porque nos afecta a todos. No solo a nivel de salud mental, de salud física de estas víctimas, sino a nivel de relaciones, de repetición del patrón de violencia con otros niños. Nos encontramos con muchos adolescentes que agreden, pero es que ellos también han sido víctimas previamente. 

Muchas veces se dice que están enfermos.

Hay un porcentaje muy pequeño de psicopatía en la sociedad, que es aquel que no tiene empatía por los demás, pero en general nacemos con la capacidad de empatizar. ¿Por qué un niño llega a una determinada edad y agrede a otros niños? Porque si no intervenimos en las formas de violencia en la familia, no podemos luego intervenir en este adolescente que agrede a su compañera de clase. Realmente hay que trabajar desde el inicio.

«Nos encontramos con muchos adolescentes que agreden, pero es que ellos también han sido víctimas previamente».

¿Hay relación entre violencia sexual y conducta suicida?

Sí, por eso además es muy importante hacer este tipo de encuestas sobre bienestar, no solo de violencia y poder. Porque se podría intervenir preventivamente con los casos de riesgo. Una de las salidas que encuentra la víctima al dolor intensísimo que está viviendo es esta: acabar con todo y acabar con su vida.

La violencia sexual también se relaciona con consumo de alcohol y drogas, que es otro de los problemas que tenemos. Porque es algo que te permite desconectar de todo este recuerdo. Se relaciona con problemas de salud mental, obviamente, ansiedad, depresión, fracaso escolar. Entonces, invirtamos en esta prevención, invirtamos en que los adolescentes, los niños, puedan hablar cuanto antes con alguien, que sepan que tienen el derecho a hablar, que es eso lo que estamos diciendo con la educación afectivo-sexual. 

¿Por qué debe ser desde etapas tempranas? 

Porque el niño tiene que aprender que nadie puede tocar su cuerpo si él no quiere y que tiene que haber una justificación. ‘Hola, soy el médico y te voy a tocar por esto’. Perfecto. Ya le estás mostrando un respeto. Pero es que cogemos al niño, le limpiamos el culo, le quitamos los pantalones. Y, claro, lo que el niño está aprendiendo indirectamente es que cualquier adulto puede hacer con su cuerpo lo que quiera. Luego queremos que hablen. ¿Pero cuándo van a hablar? Si no saben que tienen este derecho, ¿no?

Pero hay resistencia por parte de las familias a que esto se dé en los colegios, como si fuera una cuestión política o ideológica. ¿Cómo combatimos eso?

Para empezar, yo creo que es el Ministerio de Educación quien debe tomar una decisión. Porque esto no depende de una escuela, que tu escuela resulta que está al lado de una asociación y vienen a dar una charla. No. Yo entiendo que los padres tienen sus miedos o como lo queramos llamar. Pero si esto es una directriz desde Educación, significa que todas las escuelas de España van a tener una asignatura y esta asignatura va a estar manualizada, con lo cual, como padre tú puedes observar qué temas se van a tratar, cómo se van a tratar. Tiene que tener un profesorado como cualquier otra asignatura, como Matemáticas. No puede dejarse como una chica voluntaria que viene sensibilizada, debe ser un profesorado preparado con un temario basado en la evidencia. Le podemos cambiar el nombre, que eso también se ha discutido mucho con asociaciones. Puede ser educación para el bienestar. Llamémoslo como queramos, pero esto no es una elección según el partido que gobierne. No va de charlas. Es el derecho de tu hijo, no el tuyo. Es el derecho del niño a la educación afectivo-sexual, no tu derecho como padre.

«La educación afectivo-sexual tiene que tener un profesorado como cualquier otra asignatura, como Matemáticas, con un temario basado en la evidencia. No va de charlas, es el derecho de tu hijo, no el tuyo».

Por tanto, hay que tener mucho valor político, porque obviamente es algo que va a generar muchísima polémica. Pero, insisto, estamos hablando de educación, y tú no puedes decidir si quieres o no eso para tu hijo. Además, reitero, tiene que ser una educación sexual y afectiva universal, porque si no estamos generando una fuente de desigualdad. Tú puedes educar a tu hijo en prevención, accedes a un cuento, sabes qué recursos hay. Pero es que hay familias que no.

¿Cómo han influido en todo ello las redes sociales y la IA?

El contexto online también es muy terrible. Hay muchos pederastas que se conectan y captan. Lo vimos con los casos de la explotación sexual en Mallorca. Y las captaban por Instagram. Y ahí hay también un agujero importante de falta de educación en los riesgos online, los riesgos de enviar una fotografía, por ejemplo. Y son las niñas y niños con menos protección, con menos recursos en sus familias, los que acaban siendo mayoritariamente víctimas de estas redes. El Estado tiene que luchar para que no haya una desigualdad y no haya niños en mayor riesgo de violencia sexual.

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Democratizar el acceso a las carreras judicial y fiscal

18 Junio 2026 at 15:15

El pasado 15 de junio, se publicó en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el “Acuerdo de 4 de junio de 2026, de la Comisión de Selección a la que se refiere el artículo 305 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, por el que se convocan pruebas selectivas para la provisión de plazas de alumnos y alumnas de la Escuela Judicial para su posterior acceso a la Carrera Judicial por la categoría de juez/a, y plazas de alumnos y alumnas del Centro de Estudios Jurídicos, para su posterior ingreso en la Carrera Fiscal por la categoría de Abogado/a Fiscal”. 

Detrás de tan extenso título se encuentra la “macroconvocatoria”, en palabras del ministro de Justicia, Félix Bolaños, a oposiciones a la carrera de juez y fiscal. El Gobierno oferta, así, 700 plazas, 575 de las cuales serán para jueces y fiscales por oposición y 125 para la vía de acceso por el cuarto turno. Esta vía de acceso, muy criticada por los sectores más corporativos del poder judicial, permite la incorporación como magistrados a juristas “de prestigio” que demuestren más de 10 años de ejercicio profesional. 

El mismo Bolaños anunció en su cuenta de X esta convocatoria como “la mayor transformación de la justicia en décadas”. Sin embargo, aumento de la cantidad no necesariamente es igual a cambio de la cualidad. Es decir, nada garantiza que aumentar los efectivos encargados de impartir justicia haciendo cumplir el imperio de la ley vaya a transformar algunos de los problemas que arrastra la justicia española, que no sólo tienen que ver con la insuficiencia de recursos o de personal. 

Ni siquiera la posibilidad de aumentar la presencia de magistrados por el cuarto turno abre necesariamente la puerta a la entrada de visiones que rompan el corporativismo que impide la autocrítica y la transformación de este rígido poder. Tampoco garantiza per se mayores dosis de independencia e imparcialidad. A modo de ejemplo, el célebre Juan Carlos Peinado, magistrado instructor en la causa de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, se incorporó a la carrera judicial por el extinto tercer turno, derogado en 2003, una vía directa similar al cuarto turno por la que “juristas de reconocida competencia” podían pasar a ser jueces, sin realizar oposiciones, si cumplían con seis años de ejercicio profesional. 

En un contexto en que la justicia está en el ojo del huracán por el protagonismo –voluntario o involuntario– de ciertos jueces en la vida política española, cuyas decisiones condicionan el decurso de una agenda política plagada de juicios a miembros del poder político y sus familiares, el acceso a la carrera judicial reviste una importancia crucial. Una importancia que trasciende el mero debate sobre la mejora de las oportunidades profesionales, o de los recursos al servicio de los ciudadanos, y entra de lleno en el plano político. 

Aunque el poder judicial trate de desvincularse del estigma de la politización de la justicia, lo cierto es que los jueces también son ciudadanos que, en su aplicación de la ley, pueden estar contaminados de sus propios sesgos, valores y prejuicios que los llevan a determinada interpretación de las leyes existentes. A quienes niegan la ideología presente en los impartidores de justicia, que en ocasiones puede comprometer la independencia e imparcialidad en el ejercicio de su profesión, habría que recordarles los vasos comunicantes entre el poder político y el poder judicial que se expresa en las posibilidades de promoción a puestos de poder institucional una vez dentro de la carrera judicial.

Uno de esos elementos es el origen de clase, que condiciona no sólo las posibilidades de acceso a unas oposiciones altamente disuasorias para quienes no se pueden permitir dedicar un promedio de casi 5 años de estudio exclusivo sin remuneración, y con los gastos añadidos de pagar a preparadores que cobran cantidades de dos ceros mensuales en sobres que no suelen declarar a Hacienda. No extraña, por tanto, que el 96% de quienes realizaron oposiciones en la promoción 2025-2026 contaran con la ayuda de sus padres para poder estudiar. 

Garantizar la democratización del acceso a las carreras judicial y fiscal, mediante la promoción de condiciones estructurales de igualdad de oportunidades, mitigando las desigualdades sociales preexistentes más allá del formalismo vacío de las “oposiciones libres basadas en los principios del mérito y la capacidad”, es un paso imprescindible para superar la justicia de clase que todavía padecemos en el Estado español

Para ello es perentorio que las iniciativas recogidas en el “Anteproyecto de Ley Orgánica para la ampliación y fortalecimiento de las carreras judicial y fiscal” que el Consejo de Ministros aprobó el 21 de enero de 2025 y que actualmente se encuentra en fase de tramitación en el Congreso, puedan ir adelante en una Ley Orgánica que siente las bases de una democratización -siempre tímida e insuficiente si no va de la mano de transformaciones de la correlación de fuerzas estatales y del poder económico, como sabemos– que permita la entrada de aire fresco a uno de los poderes del Estado que se presenta como garante de derechos y libertades pero que aparece, con demasiada frecuencia, como un freno para los cambios sociales.

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[Especial Pederastia] Ni puntual ni privado, es un problema social, estructural y de salud pública

16 Junio 2026 at 02:13

Pederastas, un problema estructural que no queremos abordar’, un especial de La Marea. Puedes descargarte el reportaje principal aquí. Si lo prefieres, puedes suscribirte a nuestra revista para que te llega a casa y podamos seguir haciendo periodismo.

Hace apenas un par de años, Robert Thacker, autor de la biografía de la Nobel de Literatura Alice Munro, se vio obligado a explicar por qué no había incluido en ese libro, publicado en 2011, un episodio muy importante en la vida de la canadiense. El episodio en cuestión lo hizo público en un periódico una hija de Munro, Andrea Robin Skinner, dos meses después de la muerte de la escritora: «A la sombra de mi madre, un icono literario, mi familia y yo hemos ocultado un secreto durante décadas. Ha llegado el momento de contar mi historia». En realidad, Andrea ya la había contado hacía años a su familia, quien tenía que haberla protegido y no lo hizo. «Mi padrastro abusó de mí. Mi madre se quedó a su lado», tituló aquel artículo en Toronto Star en 2024. Ni siquiera una condena al agresor, según explicó Andrea, logró romper el silencio al que su familia la había sometido durante décadas. 

La historia de Andrea Robin Skinner es la historia de tantos niños y niñas que se siguen contando y no se creen hoy en todo el mundo, en España, en tu barrio, en tu propia casa; que se cuentan y no pasa nada. O que incluso continúan sin contarse. Es la historia de tantos y tantos agresores bien reputados, bien vistos, que dicen, en los pocos casos en los que son juzgados, que no es verdad o que fue la niña o el niño quien los sedujo; agresores que entran en el cuarto de su hijo por la noche y le ponen el mejor de los desayunos por la mañana, que siguen delinquiendo amparados por la impunidad, por el mirar para otro lado. Es la misma historia de tantas y tantas familias que se rompen por un delito que continúa siendo un tabú, algo muy fuerte, tan asqueroso, tan perverso, que no entra en cabeza humana. Pero que existe, que lo cometen hombres, familiares y conocidos en su mayoría. No son monstruos, ni psicópatas, no tienen diagnosticada enfermedad alguna. 

El segundo marido de Alice Munro agredió sexualmente a Andrea cuando ella tenía nueve años. La niña hizo llegar el caso a su padre, que se quedó de brazos cruzados: «La incapacidad de mi padre para tomar una decisión que me protegiera me hizo sentir que yo no formaba parte de ninguna de las dos familias. Estaba sola». La violencia continuó hasta que llegó a la pubertad. Años después, con veintitantos, se lo contó a su madre, aprovechando que había escrito uno de sus cuentos de premio sobre una niña que se suicidó tras ser agredida por su padre. Fuera de la literatura, en la vida real, ante el caso de su hija, Alice Munro también se cruzó de brazos: «Reaccionó exactamente como me temía que haría, como si se hubiese enterado de una infidelidad». 

A lo máximo que llegó, según narra Skinner, fue a hablarle sobre otros niños con los que este hombre mantenía «amistades», como si la traicionada hubiera sido ella, la esposa. «¿Se dio cuenta de que estaba hablando a una víctima y que yo era su hija? Si lo hizo, yo no lo sentí. Cuando intenté decirle cómo el abuso de su esposo me había causado daño, se mostró incrédula». Andrea, que ahora ayuda a personas que han pasado por su misma situación, rompió la relación con su madre cuando nacieron sus hijas. Ella sí tuvo claro que nunca iría con ellas allí donde el agresor estuviera. 

Gerald Fremlin, el segundo marido de Munro, el padrastro de Andrea, el agresor, fue condenado en 2005 después de que Andrea, la hija de Alice Munro, la hijastra, la víctima, lo denunciara ya mayor: dos años de prisión provisional y una orden de alejamiento de menores de 14 años. Fremlin era ya octogenario. Murió en 2013 y, hasta ese momento, Munro, la madre de la víctima, permaneció al lado del agresor. ¿Por qué no incluyó este episodio, aun conociéndolo, aun con sentencia condenatoria, el biógrafo de la premio nobel? ¿Qué motivo expuso para no hacer nuevamente nada, para cruzarse de brazos ante esta historia? «Yo lo veía como un asunto familiar privado», justificó.

Detrás de ese argumento se ha escondido históricamente uno de los principales problemas a la hora de afrontar –y prevenir– la violencia sexual contra los niños, niñas y adolescentes: lo que le hizo el padrastro a la hija de Alice Munro no es un caso aislado, como tampoco lo es lo que le hicieron los curas pederastas a sus víctimas, ni lo que un tío, un primo, un padre o un abuelo siguen haciéndole a muchos niños y niñas hoy en sus casas, igual de pederastas que estos curas; o lo que los actualizados agresores sexuales continúan haciendo a estas personas vulnerables a través de las pantallas. Lo que les ha pasado históricamente a los niños y niñas y sigue ocurriendo hoy, lo que hacen los agresores sexuales con estos niños y niñas, es un delito público derivado de un problema social estructural, de salud pública. Y solo abordándolo desde este prisma –y no como casos aislados, espectaculares o de puertas para adentro– se podrán adoptar medidas que pongan el foco en el delito y en los delincuentes, que protejan a las posibles víctimas y que ayuden a las que, por desgracia, ya lo son.

Así lo indican desde todos los sectores consultados para la elaboración de este dossier: desde el ámbito judicial al policial, desde el ámbito educativo al psicológico, desde las organizaciones en defensa de la infancia hasta las propias víctimas –o supervivientes, como muchas prefieren denominarse– y familias afectadas. Es necesario dar un salto cualitativo en el abordaje de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia ya, cuanto antes, como ocurrió también con la violencia de género en su día.

Una violencia continuada

«Ni es algo puntual ni es tampoco el caso Epstein», analiza la doctora en Psicología y catedrática en Victimología Noemí Pereda. «Porque ahora estamos con esto como si esto fuera la realidad. No, la realidad de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia es intrafamiliar, es continua, es silenciada, nadie lo descubre. No son estas historias mediáticas. Es que estoy preocupada con el caso Epstein porque veo que últimamente se está desviando todo hacia ahí», explica Pereda. Al frente del Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la Universidad de Barcelona, dirigió el primer estudio estatal con una muestra representativa tan amplia –más de 4.000 adolescentes y jóvenes de 14 a 17 años– y, además, con información proveniente de los propios niños, niñas y adolescentes de ahora, no de adultos que lo sufrieron en el pasado. 

Los datos son demoledores: un 17,8% reportaron haber sufrido algún tipo de victimización sexual a lo largo del último año. Si comparamos este porcentaje con el obtenido en la primera encuesta realizada en España, en 1994 por el profesor de la Universidad de Salamanca Félix López, se observa que no ha cambiado prácticamente nada –entre un 10% y un 20% de la población, según los diferentes estudios, ha sufrido agresiones en su infancia o adolescencia–, lo que indica también que las administraciones han estado igualmente cruzadas de brazos ante este asunto en las últimas tres décadas. 

«Las horas son las que son, no damos abasto. Tenemos tiempo y recursos limitados. Todo pasa por priorizar en la agenda al niño o la niña. Hemos visto cómo se ha priorizado a la mujer. Ahora tocan los niños. Tenemos la experiencia multidisciplinar de los equipos que trabajan en violencia de género, hay que aplicarla también a la violencia contra los niños, con sus peculiaridades y especificidades», concluían unas jornadas organizadas a finales de 2019 por el Colegio de Abogados de Sevilla, la Fundación Gota de Leche, el Foro Profesional por la Infancia de Andalucía y la Real Academia de Medicina de Sevilla.

En todo el mundo, según Unicef, más de 370 millones de niñas y mujeres vivas en la actualidad y entre 240 y 310 millones de niños y hombres han sufrido violaciones o abusos sexuales antes de los 18 años. Uno de cada cinco, dice la campaña del Consejo de Europa lanzada en 2010. Pero es que además, como afirman desde Save the Children, persiste el desafío de conocer la dimensión real: «Sabemos que las cifras oficiales reflejan solo la punta del iceberg, que muchos casos no se detectan y no se denuncian, en parte por las dinámicas propias del abuso, que suele producirse en entornos de confianza y en contextos de secretismo que dificultan la revelación por parte del niño o niña y de otros familiares», sostiene Clara Burriel, especialista en violencia en la citada organización. Y ese es otro de los principales problemas: a pesar de su gravedad, todavía se trata de una realidad muy invisibilizada, rodeada de tabúes, falsos mitos sobre su frecuencia, las víctimas o los contextos. «La sensibilización social sigue siendo tarea pendiente: necesitamos comprender que se trata de una problemática estructural, no casos aislados», insiste. 

Según el Ministerio del Interior, en 2024 se interpusieron 22.774 denuncias por violencia sexual –un 4,68% más que el año anterior y un 66% más que hace seis años–, de las cuales casi la mitad (un 41,2%) tenía como víctima a una persona menor de 18 años. Los datos constatan «la sobrerrepresentación femenina en la victimización sexual», la alta incidencia de esta violencia y la «fuerte masculinización de la autoría» de estos delitos.

María (nombre ficticio) tiene 45 años. Sufrió agresiones sexuales por parte de un familiar cuando era adolescente. Acudió a terapia ya mayor, poco antes de la pandemia. Y hoy, cuando escucha este tipo de reflexiones, de enfoques, asiente y dice: «Eso es, es eso. Nunca es tarde para hablar de ello. No es Epstein, son las casas, es lo que está pasando hoy en las casas». Su familia está rota porque ella lo contó. Y eso también es frecuente, no es aislado, como sostiene esta sentencia de 2023, que condena al tío de una niña como María: «La menor explicó que no lo hizo antes –contar que su tío la agredía– porque tenía miedo a que no la creyeran, y porque pensaba que al revelarlo la familia se iba a romper, como ocurrió cuando se supo. Es algo repetitivo en estos casos».

gráfico pederastia

María afirma que en su grupo de terapia, en el 90% de los casos no tuvieron apoyo familiar: «La respuesta sobre cómo respondían las madres era muy similar, hemos sido repudiadas, no hemos tenido apoyo real y práctico», dice en un pasaje que recuerda, a su vez, a la interpretación de Belén Rueda en No tengas miedo, una película dirigida por Montxo Armendáriz en 2011. La niña –Michelle Jenner– se lo cuenta una y otra vez a su madre, pero la madre, que puede representar también a la sociedad, no quiere creerla, no quiere asumir que eso que está narrando su hija se está produciendo, que sea el padre el que lo está cometiendo, o quizá no puede asumir el error de no haberla protegido. 

Esa es otra cuestión que se repite, el perfil (o no perfil) del agresor, porque cualquiera puede serlo. Todas las encuestas realizadas hasta el momento, todos los colectivos que trabajan en este asunto, lo confirman: en torno al 80% de este tipo de violencia se da dentro de la familia o entornos muy conocidos. «No son personas encapuchadas, pueden estar en casa», afirma la subdirectora de las líneas de ayuda de la Fundación ANAR, Shauri Molina. Según un análisis de sentencias que Save the Children viene elaborando periódicamente, más del 90% de las personas acusadas son hombres y en ocho de cada diez casos es conocida. Y sin embargo, como remarca en sus ponencias la superviviente Miriam Joy, hoy mediadora en prevención en la asociación Redime, nos alertan cuando somos pequeños de no coger caramelos de desconocidos, pero nadie nos dice que el agresor, «el lobo», puede estar en tu cuarto.

Pederastas

Entre los espacios más comunes, sigue destacando el entorno familiar, aunque también se dan otros agresores conocidos, como amigos o allegados de la familia o víctima, profesionales que trabajan con niños y niñas, etc. En el caso de Miriam, por ejemplo, fue un médico. En el caso de Francisco, hoy con 43 años, fue un vecino, posteriormente conserje de su colegio. Dentro de la familia, las figuras que destacan son la pareja de la madre (11%), el padre (8%) y otros familiares, como tíos y abuelos (8%). En el entorno conocido no familiar, el 75,2% eran conocidos o amigos de la víctima. No obstante, el aumento de la violencia digital está haciendo que el porcentaje de agresores desconocidos esté creciendo, como corroboran Save the Children y la Fundación ANAR.

El tipo de agresor, según el citado estudio de sentencias, también marca la media de edad de las víctimas: así, en los casos en los que la agresión procede del entorno familiar, la media es de diez años; mientras que cuando el agresor pertenece al entorno conocido o es una persona desconocida, se sitúa en torno a los 13. Además, en seis de cada diez casos, se trata de agresores sin antecedentes (63%). El informe indica también que se ha producido un incremento en el número de quienes sí los tienen, y se sitúa en el 17,5%. Aquí destaca otra cuestión importante: en el 16% de los casos, los antecedentes eran por delitos contra la libertad sexual, lo que supone un aumento respecto al 4% de 2021.

La importancia de creer a las víctimas

«Serán imaginaciones tuyas», concluye la madre sobre lo que le cuenta su hija en la película de Armendáriz, como suele pensar la sociedad ante los casos reales. «Cuando yo lo conté, dos años después, cuando tenía 11 años, me llevé una reprimenda tremenda, me dijeron que aquello era una invención», dice Francisco. «No se quiere ver porque faltan herramientas y se tiene miedo al conflicto. Y en nuestra sociedad los abusos sexuales a menores es algo que tenemos bastante asimilado, sabemos que pasa, pero cuando pasa y lo tenemos delante de nuestras narices nos resulta tan espantoso que preferimos mirar para otro lado antes que abordarlo y denunciarlo», prosigue. 

Desde la Fundación ANAR parten de una máxima: «Siempre tenemos que creer a los niños, niñas y adolescentes, hay que darles un espacio, decirles que no les vamos a juzgar, que la culpa la tiene el agresor, y tener oídos para esos niños», explica Shauri Molina. En el 9,4% de los casos atendidos, tuvo que intervenir el departamento jurídico; y en el 9,3%, hubo una coordinación con entidades externas para proteger a esos niños.  

Porque otra supuesta explicación que se esgrime para no mirar es culpar a la víctima: «Serás una puta», le dijo una madre a su hija con 12 años cuando le contó lo que le hacía su padre: «¡Pregúntaselo a tu marido, papá me está tocando y va a mi cuarto todas las noches por mí!». «Imagínate qué ganas tienes tú de hablar de esto», explica la terapeuta Eva Medina ante este caso que trató. El problema, como analiza, es que un niño no imagina lo que no ve, no fantasea con lo que no conoce. «O lo ha visto o se lo han hecho, y en ambos casos es delito», dice. Y se llama pederastia –continúa– por muy dura que suene la palabra: «Es fuerte, pero es la realidad. Una persona que abusa de un menor es un pederasta, sea el padre, el hermano, el tío, la madre o Perico el de los palotes». 

Esta otra sentencia también es clara en ese sentido: «No se trata de un mayor de edad con nociones sexuales, que puede tener capacidad para inventar escenas de contenido sexual, sino de un menor que no las conoce, lo que, como apunta el tribunal, supone un grado de credibilidad relevante de los menores víctimas en estos casos que les hace ser unas víctimas en su propio hogar. Este tipo de hechos cometidos por personas del entorno de la menor conlleva una facilidad operativa delincuencial del sujeto activo del delito y la más completa indefensión de los menores de edad que sufren la delincuencia sexual», escribe en 2024 la Sala de lo Penal del Supremo al denegar un recurso de casación presentado por el agresor, condenado en 2021, que argumentaba que se había vulnerado su presunción de inocencia. La mayoría de los casos, de hecho, no llegan a los juzgados, porque o no los creen o no lo cuentan por la propia dinámica del abuso hasta que son adultos.

Eva Medina es tía de Miriam Joy y, como ella, trabaja en la asociación Redime, nacida en 2004 alrededor de esta historia familiar. Miriam contó cuando cumplió los 18 años que un médico había abusado de ella. De ella y de más niños. «Pertenecíamos a una comunidad cristiana y había una persona, un médico con su esposa, que llevaba a los niños, no tenían hijos, era gente muy reconocida socialmente. Él era muy cercano, muy empático. Trabajaban con niños y adolescentes, y hacían campamentos, tenían una revista, en fin… atraían a los niños y a las niñas. Fue una bomba. Y te preguntas, ¿pero cuándo ha pasado esto? ¿Dónde estábamos nosotros, sus padres, su familia?», rememora Eva.  

A Miriam, en contra de lo que suele suceder, sí la creyeron. «Eso supone una crisis familiar, personal, de fe y de todo. Porque donde creíamos que los niños estaban protegidos y seguros, es donde estaban siendo abusados», prosigue su tía, con una agenda de trabajo tan cargada que siempre acaba posponiendo esta entrevista. «Los padres de Miriam, Gloria, que es la presidenta de la asociación, junto con su marido, Joel, fueron a Estados Unidos por otra cuestión y asistieron a una conferencia. Alguien se levantó y contó que su padre había abusado de ella». De allí se trajeron una guía, Puerta de Esperanza, que tradujeron y adaptaron, y formaron los primeros grupos de ayuda mutua, sesiones que se centran en la rehabilitación de adultos que fueron agredidos sexualmente en la niñez. 

«La asociación empieza con grupos pequeñitos de unas cuantas mujeres. En principio, solo eran mujeres. Muchas nos conocíamos, pero nunca habíamos hablado de esto. Amigas quizás de toda la vida, pero jamás se había hablado de esto. Y empezamos a hacer este trabajo con el manual, escrito por Jan Frank». A partir de ahí, la asociación comenzó a crecer de manera exponencial: «Y empezamos a tener los grupos de ayuda mutua ya más regulados, dos veces al mes, en sesiones presenciales en principio». 

Esa es la columna vertebral de Redime, pero su labor, que comenzó en Málaga y ahora es de ámbito estatal, tiene en realidad tres patas: la rehabilitación de las víctimas, la prevención y la formación. «Nos dimos cuenta de que la educación es crucial. Y creamos un programa de prevención que va desde los tres años hasta el bachillerato adaptado según el rango de edad. Por ejemplo, con los más pequeñitos usamos guiñoles, muñecos, canciones, etc.».

La mayoría de estos programas, denominados Talleres para la vida y dirigidos a docentes, alumnado y familias, los desarrollan de manera gratuita, solicitados por colegios, pero no tienen los recursos suficientes para hacer todo lo que se necesita, ni convenios con las administraciones que permitan ejecutar este trabajo de manera sistemática y en todos los centros. «Lamentablemente, no ha habido ni un solo colegio o instituto al que hayamos ido en el que no haya saltado algún caso. Las cifras son alarmantes, pandémicas. Nosotros estamos desbordados. Nos llegan personas derivadas de salud mental que no pueden ser atendidas porque dan cita cada no sé cuántos meses… El Estado tiene que poner los recursos para que las víctimas puedan ser atendidas», insiste Eva Medina. Aunque en 2021 se aprobó la Ley de Protección a la Infancia (Lopivi), un paso fundamental para abordar este problema según los agentes implicados, prácticamente hasta el momento han sido las propias víctimas y las iniciativas privadas las que han ido actuando en este asunto. Es el caso también de la Fundación Vicki Bernadet, que lleva trabajando desde 1997 en la atención integral, prevención y sensibilización. 

Vicki Bernadet fue agredida de los nueve a los 17 años y no lo contó hasta los 34. Hoy tiene 72 años y considera que, tratándose de otra época, algo debería haber cambiado. Pero no: «Se trata de una realidad tan dura que existe una sensación generalizada de que las cosas son menos graves de lo que decimos. Y se suele pensar que estamos exagerando para sensibilizar. Por eso tenemos que encontrar ese equilibrio para que no se cierren las mentes ante esta realidad tan cruda. Y siempre digo que quiero ir con la Generalitat, no contra la Generalitat. Y, por ejemplo, en los talleres de padres y madres tengo que conseguir, y lo consigo afortunadamente, que al menos cuatro o cinco veces se rían a carcajadas, para romper, porque el humor humaniza a la gente».

Desde la primera que vez que contó su historia y comenzó a dar en entrevistas, tardó casi diez años en impartir una charla en «un solo» colegio. Y aunque ahora va a centros escolares con una gran acogida, hace unos días acudió a uno donde de 600 familias solo asistieron unas cinco. Ella, como las demás víctimas, se enfrentó a dos realidades: la reacción del entorno familiar y la inexistencia de recursos especializados. En estos días, por ejemplo, desde su fundación, acaban de participar en la elaboración de un nuevo protocolo en Bajo Aragón «para garantizar respuestas claras, eficaces y alineadas con la normativa vigente, y fortalecer la capacidad de los agentes a la hora de actuar de forma temprana, coordinada y efectiva ante estos casos».

Otro ejemplo es el estudio que lideró la profesora Pereda, que fue financiado, entre otras, por una institución privada como la Fundación ”la Caixa”. «A mí me apena mucho la última encuesta del Ministerio de Juventud e Infancia porque era una oportunidad enorme, con el poder que tiene el ministerio, de hacer una encuesta en adolescentes escolarizados aún mayor que la nuestra. Pero la volvieron a hacer con adultos».

Desde el ministerio señalan la dificultad ante la necesidad de autorización familiar, ya que los casos se dan precisamente en las familias. Pereda insiste en que hay países como Canadá, EE. UU. o Chile que hacen esta encuesta con adolescentes cada dos años. «Porque eso –analiza– nos permitiría ver variaciones y decir ‘oye, resulta que en Catalunya han implementado un programa y, fíjate, de hace dos años a hoy, el porcentaje es más bajo’. Esto solo lo podemos comprobar si hacemos estudios con los adolescentes de hoy, con los que podemos intervenir hoy y no cuando pasen los años. La política pública debe invertir en esto y en prevención. Porque cuando lo hacemos con adultos, ya sabemos qué va a salir».

La sociedad, además, ha cambiado y ahora se dan nuevos factores que no influyeron en esos niños hoy adultos: desde la irrupción de Internet y las nuevas tecnologías –con la IA como última novedad– hasta nuevas formas de relaciones familiares. Todo ello permitiría detectar también las nuevas formas de violencia a través de la tecnología y la violencia cada vez mayor entre iguales, entre personas de la misma edad. «Ha aumentado por esta negligencia respecto a la educación afectivo-sexual y el peso de la industria del porno. Porque no es que los adolescentes vayan a buscar porno, es que la industria los va a buscar a ellos. O sea, tenemos juegos infantiles como Roblox donde hay enlaces a pornografía. ¿Por qué? Porque saben que lo van a ver niños. No se trata de culpar a los adolescentes de ver pornografía, de prohibir. Debemos entender todo este escenario y hacer actuaciones en políticas públicas que realmente sean efectivas, porque, si no, este porcentaje no va a bajar», añade la catedrática.

La pederastia en la Iglesia

También fue, al margen del Estado, la insistencia de las víctimas de pederastia en la Iglesia la que ha conseguido finalmente el reconocimiento de estas agresiones, el derecho a su reparación y el acuerdo entre la Iglesia y el Gobierno con el Defensor del Pueblo para indemnizar los casos que estén prescritos en la justicia pública. «Mucha gente piensa que esto es de la época de Franco. Claro. En la época de Franco ocurría, pero es que por desgracia en nuestros días también sigue ocurriendo, y hay niños y niñas que han sufrido delitos de pederastia y sus padres están desesperados, primero por el estado de sus hijos, pero después también porque los poderes públicos parece que juegan a archivarlo todo», denuncia Juan Cuatrecasas, portavoz de la Asociación Nacional Infancia Robada

«Solo desde enero de 2025 al verano de 2025, en España, ha habido hasta 12 casos en colegios concertados», enumera. Este mismo marzo, el Opus Dei ha apartado a un profesor en Madrid por supuestas agresiones sexuales a tres menores de edad, según ha publicado El País, que puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española. «A diferencia del ámbito familiar, la víctima, cuando denuncia, se enfrenta a su agresor pero también a toda la orden, prelatura a la que éste pertenezca, que intenta tapar el caso y defender el buen nombre de la institución. Es decir, recae sobre la víctima todo el poder de la institución, con lo que ello supone. Y de ahí que, cuando un menor/adulto denuncia a un miembro de la Iglesia, ésta nunca asume su defensa, y sí la de su agresor», reflexiona Cuatrecasas.

Su hijo fue víctima de un profesor numerario en un colegio vasco. «Nos trasladó en mayo de 2011 el delito que habían perpetrado contra él; nos habló de abusos y acoso escolar, las dos cosas, porque muchas veces los casos de abuso que se producen en colegios llevan emparejado el tema del acoso, porque el pederasta, el depredador sexual, lo que hace es intentar aislar a la víctima, como ocurre también en la violencia de género», explica. «Para nosotros –prosigue– fue una pesadilla porque veíamos a nuestro hijo fatal. Y en un principio no te imaginas hasta dónde llegaba todo. Pero cuando ya tu hijo te dice con dificultad lo que ha pasado, pues lo primero que haces es intentar que él salga adelante –ese ha sido siempre nuestro objetivo– y por supuesto a la vez tuvimos que denunciar porque el colegio pretendía taparlo todo», denuncia. 

La Asociación Nacional Infancia Robada nació de un grupo de víctimas de la Iglesia, cuyos jerarcas han llegado a alegar que lo de los abusos no era solo cosa de esta institución. Y es cierto. «Pero a lo largo del tiempo han recurrido a nosotros sobre todo víctimas del ámbito intrafamiliar, alguna del deportivo e incluso de los Boy Scouts. Es, efectivamente, un mal endémico de nuestra sociedad. Y siempre digo que con la infancia nada es suficiente», concluye Cuatrecasas. Según la encuesta realizada por la firma GAD3 para el Defensor del Pueblo, el 1,13% de las personas han sufrido abusos en el ámbito religioso católico. La cifra supone un 0,6% con respecto a los abusos totales reportados: un 11,7% de las personas entrevistadas (con una muestra de 8.000). Y no es menor: son unas 400.000 víctimas, según las prospecciones del Defensor. 

«En el caso de la Iglesia es un tema que procede de muchas décadas atrás, y está insertado como algo estructural. No son cuatro casos, como decía la Iglesia al principio. Son muchos y cada vez más. E incluso te diré que en este ámbito se entendía que era entre un cura o religioso adulto y un niño y, con el tiempo, también han ido saliendo mujeres víctimas de sacerdotes. Hay campos totalmente inexplorados, como el tema de las monjas, que algún día también saldrá», añade Cuatrecasas, que lidera la petición de un Estatuto específico que otorgue a los supervivientes «la condición de víctima» con derechos en el ámbito sanitario, educativo, laboral y social. Además de la protección judicial a quienes hayan denunciado.

El informe destaca, además, que la violencia contra la infancia, considerada como un asunto de salud pública por la Organización Mundial de la Salud (OMS), no ha aparecido entre los problemas que generan una mayor preocupación en la ciudadanía, según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). «Por ello –indica el Defensor–, se aprovechó la ocasión para preguntar a las personas encuestadas, ante todo, cuál era su percepción del problema». La mayoría lo considera un problema social muy grave o bastante grave. Sobre si existe una mayor conciencia social, un 19,7% respondió «mucha» y un 40,2% «bastante», frente a un 32% que consideró que la conciencia social había crecido poco y un 5,2% nada. 

«Precisamente el tabú que todavía rodea a esta forma de violencia está muy vinculado a esos entornos en los que se produce. Aceptar esto implica reconocer que el riesgo y la violencia muchas veces proceden de los entornos que deberían ser protectores. Esa realidad genera una profunda incomodidad social, pero también sentimientos de vergüenza, culpa y miedo, incluso dentro de las propias familias o instituciones, que pueden llegar a traducirse en situaciones o dinámicas de encubrimiento para evitar el estigma social», contextualiza la experta Clara Burriel.

Fue lo que hizo la Iglesia durante años con estos casos o lo que hacen tantas familias con los suyos. En el foro celebrado en Sevilla a finales de 2019, también se llegó a concluir lo siguiente: «En el momento actual, la actitud de la mayoría de los profesionales es el no querer implicarse en la atención, ni en la notificación por las consecuencias que podría acarrear, por la dificultad que entraña, por la dedicación que exige y por la inseguridad jurídica profesional que padecemos». Ocurre también que cuando alguien pone este asunto en una conversación –como hemos constatado en el proceso de elaboración de este dossier– la reacción suele ser de desconexión: qué tema «más feo», qué tema «más incómodo».

La justicia

La ministra de Infancia y Juventud, Sira Rego, admite la deuda que existe con estas víctimas. «Pido disculpas, en nombre del Estado, a todas las infancias porque no hemos llegado a tiempo de evitar muchas situaciones dolorosas», dice en una entrevista en páginas posteriores. Este año se cumplirá un lustro de la aprobación de la Lopivi, que necesita seguir dotándose de financiación y recursos para ser efectiva, sobre todo, desde el punto de vista educativo y judicial. Porque lo que ha pasado también hasta ahora es que no se reconoce que los niños sean sujetos de derechos, que no son propiedad de los padres, ni de los tutores, ni de nadie. «El ordenamiento jurídico no está pensado para los niños y las niñas», dice tajante la magistrada Glòria Poyatos, que insiste en la importancia de incluir la perspectiva de infancia en la justicia.

«En todo lo relacionado con los menores, necesitamos dar un salto cualitativo porque nos encontramos con que sus necesidades y experiencias normalmente quedan ocultas, es muy difícil valorar su relato, muy difícil valorar su sintomatología o sus reacciones porque suelen ser inespecíficas. Se necesita de la psicología, y no de una psicología cualquiera, sino de algo muy especializado para poder llevarlo a cabo en profundidad. Y actualmente no tenemos esos recursos, de forma que los juristas estamos opinando y tomando decisiones sobre cuestiones relativas a menores, cuestiones muy relevantes, sin tener suficiente formación», admite la abogada Amparo Díaz, especializada en violencia de género y victimología.

«No nos olvidemos –prosigue– de que el machismo justifica y legitima que haya ciudadanos de primera categoría y ciudadanos y ciudadanas de segunda categoría, como las mujeres, niños y niñas». «Cuando las víctimas son niños que todavía no tienen capacidad de expresarse con mucho detalle, el sistema que se está aplicando es un sistema basado en la valoración de la credibilidad de su relato y requiere que su relato sea detallado, con detalles del contexto, del lugar, de la secuencia de cómo suceden los hechos… y nada de eso lo pueden hacer muchos menores. Se están dejando de lado otro tipo de investigaciones basadas en otro tipo de herramientas como pueden ser los juegos con muñecos, los dibujos, pruebas indirectas…», prosigue Díaz. 

La Lopivi parte de ahí y, entre otras cuestiones, prevé la creación de juzgados especializados en violencia contra la infancia. Sin embargo, según matiza Save the Children, la instauración de las nuevas secciones se aprobó finalmente en 2025 en Madrid, Barcelona y Málaga, cada una de ellas con una única plaza judicial. «Aunque la implementación deba ser paulatina, tres secciones con una plaza cada una para todo el país resultan manifiestamente insuficientes para atender de manera especializada todas las formas de violencia de las que son víctimas niños, niñas y adolescentes, por lo que es necesario una implementación más amplia desde su inicio, así como la creación de plazas judiciales», reclama Burriel.

En este ámbito, las asociaciones y colectivos piden la creación de fiscalías especializadas, asegurar que estos casos recaigan en las secciones de violencia contra la infancia y la adolescencia, en lugar de las secciones de violencia sobre la mujer: «Pues las niñas tienen necesidades específicas diferenciadas de las de las mujeres adultas, motivadas por su edad, el momento de desarrollo, el tipo de violencia o la relación con la persona agresora. Lo contrario supondría, además en la práctica, un trato desigual entre niños y niñas, cuyos casos por el mismo tipo de violencia serían tramitados por secciones distintas», señala Burriel. 

Y, por supuesto, resulta fundamental integrar el modelo Barnahus en la justicia especializada en infancia, un modelo de atención integral donde todas las instituciones que intervienen en un caso de agresión sexual infantil se coordinan y trabajan bajo el mismo techo para atender al niño o niña víctima. El objetivo es evitar la victimización secundaria estableciendo protocolos de actuación interdisciplinarios e interinstitucionales, lo que mejorará de ese modo la coordinación entre los profesionales y asegurará la protección de los niños y niñas a la hora de conducir exploraciones, realizar la prueba preconstituida y evitar su declaración en el juicio oral, lo que lo aleja de las instalaciones judiciales.

Según el informe de sentencias de Save the Children, en más de la mitad de los casos, hay víctimas que siguen teniendo que declarar más de una vez. En el 20% de los casos, la víctima tuvo que declarar dos veces, mientras que en un 3% tuvieron que declarar hasta cinco veces o más. Por otro lado, los que llegan a la justicia se extienden más allá de los tres años y preocupa el aumento de los que sobrepasan los cinco años de duración. «Habitualmente, las instancias judiciales hacen gala de ese principio garantista del habeas corpus, que me parece muy bien, pero cuando alguien denuncia esto no lo hace por capricho, cuando alguien va a un juzgado no lo hace como el que va un domingo a dar un paseo por el campo. La casuística de casos falsos denunciados de violencia contra la infancia es prácticamente ridícula», insiste Cuatrecasas. 

El proceso judicial iniciado por su familia contra el profesor, que acabó condenado, concluyó varios años más tarde, en 2018: «Y tenemos que aguantar halagos hacia el pederasta, con condena. Estamos en 2026 y esto no ha terminado. Nos queda el juicio civil y el tema del Vaticano».

Secuelas de por vida

Laura fue la única de cuatro hermanas que se atrevió a hablar. Su padre agredió a todas las demás. Cuando llegó a ella, la más pequeña, se acabó. Su madre no se había enterado hasta entonces. Y aunque su caso llegó a los tribunales y el padre fue condenado, Laura sigue viviendo hoy, con más de 40 años y dos hijos, con ese dolor: «Ese tío ha pasado unos cuantos años en la cárcel y no ha pagado nada porque se declaró insolvente. Él está tan pancho. Nosotras seguimos destrozadas». Ninguna de sus hermanas terminó los estudios básicos. Ella ha encadenado depresiones y trastornos de la alimentación y, según cuenta, no le sirve la justicia restaurativa cuando se le pregunta como forma, también, de poder aminorar su dolor.

«En España también tenemos estudios de la relación entre violencia sexual y la conducta suicida, una relación más que demostrada. El niño busca una salida al dolor y muchas veces consiste en acabar con todo, con su vida. La violencia sexual también se relaciona con consumo de alcohol y drogas, que es otro de los problemas que tenemos. Un consumo que te permite desconectar de este recuerdo. Se relaciona también con problemas de salud mental, obviamente, ansiedad, depresión, fracaso escolar. Y es un problema que no estamos sobrerrelacionando con otros problemas, y que está demostrado desde hace mucho tiempo, tanto fuera del país como en España», expresa Pereda. 

Según el informe publicado este mismo abril por la Fundación ANAR sobre su línea de ayuda telefónica, email o chat, la conducta suicida de menores de edad se ha convertido, por cuarto año consecutivo, en el principal problema atendido. Y la primera causa de los problemas de salud mental es la violencia. Después de ello y las autolesiones, entre los principales temas de consulta destacan las agresiones sexuales

Aunque con ayuda hay salida, en una de las sentencias citadas anteriormente, el tribunal también lo dice claramente: «El sufrimiento que padecen estas menores difícilmente podrán borrarlo de su mente en el futuro». De hecho, la mayoría, cuando lo cuenta, ya es una persona adulta, lo que lleva a que el delito prescriba en muchas ocasiones y que los hechos queden impunes. Por eso se está pidiendo la imprescriptibilidad. «Suele ser característica habitual en estos casos el silencio de los menores y la prolongación en el tiempo de las agresiones sexuales, que es lo que busca el autor de estos hechos delictivos para conseguir la obstaculización de la decisión de la denuncia por parte de los menores, o de contarle a sus madres lo que están sufriendo», insiste la misma sentencia.

La pesadilla suele iniciarse como un «secreto» entre el agresor y la víctima, que aún no sabe que lo es. Porque no le pega, que es algo que el niño identifica como algo malo, sino que le hace cosquillas, o lo acaricia. Por eso es fundamental, como afirma Vicki Bernadet, la confianza educada, hacer ver al niño que los secretos se pueden tener pero que hay que romperlos cuando te hacen sentir mal. En todo ese proceso, el niño muchas veces huye a otro lugar, disocia lo que le hace por la noche su padre de lo que le dice por la mañana: por la noche entra en su cuarto y lo toca y por la mañana hablan de las notas del cole. La espiral va creciendo de tal manera que el mismo niño, puede llegar a sentirse culpable, y sentir vergüenza, porque el agresor también se lo recuerda: no lo puedes contar porque a ti también te gusta. «Me sentía una puta», dicen algunas mujeres agredidas. Y esa niña o ese niño tampoco quiere que su padre o su abuelo vayan a la cárcel. ‘¿Estás seguro de lo que dices? Porque puede ir a la cárcel?’. Y entonces se retractan. Con eso también juegan estos agresores. 

A pesar de los avances, de las leyes, siguen produciéndose casos como este que publicó en marzo El Salto: un juzgado de Madrid otorgó la custodia exclusiva de una niña de seis años a su padre denunciado por violencia sexual hacia la pequeña cuando el caso todavía no estaba sobreseído. El escrito –afirma el medio– hacía alusiones al falso síndrome de alienación parental, prohibido en la Lopivi. 

Más allá de este caso particular, la abogada Díaz insiste en ello, en que las leyes están, pero no siempre se aplican: «Rige la presunción de inocencia, pero debería regir a la vez el derecho a la tutela judicial efectiva, es decir, el derecho a que se investigue en profundidad un caso y que se lleven a cabo diligencias útiles para llegar a conocer qué es lo que ha sucedido. Sin embargo, nos quedamos muchísimas veces en la superficie, porque como el menor no llega a dar suficientes detalles o no llega a tener evidencias físicas o síntomas psicológicos específicos, nos quedamos ahí».

Pone como ejemplo el artículo 19 de la Ley de Violencia de Género, que dice que las entidades que dan atención especializada a las mujeres podrán pedir medidas urgentes al juzgado: «Y, sin embargo, no se piden. El hecho de que la madre haya contado previamente una situación de maltrato hacia ella, por desgracia se suele interpretar como que hay una animadversión, que es parcial y que no es objetiva».

Por ello, plantea algo básico: que las administraciones públicas cumplan la legislación. «Para eso es necesario que tengan más medios. Las profesionales que están en esos servicios normalmente están muy implicadas, pero tienen poco tiempo, muchas veces trabajan a media jornada y tienen temor, por un lado, a los propios procedimientos judiciales, y, por otro, a las represalias de las personas que están identificando como posibles agresores. Y eso pasa en todos los servicios. Los servicios sociales muchas veces no se pronuncian, se quedan en la superficialidad, entre lo que dice uno y lo que dice otro, no avanzan y no se hacen más investigaciones ni se pide nada específico a los juzgados ni a los centros educativos».

Prevención y detección: redes e inteligencia artificial

En mitad de este panorama, la formación, la prevención y la detección temprana son, por tanto, las herramientas cruciales. «Salir de las cifras estancadas supondría en primer lugar impartir una educación afectivo-sexual universal desde etapas muy tempranas. Y esto no ocurre en la mayoría de países, no es solo España. Y no va de que en una asignatura de 3º de ESO sepan lo que es el pene y un embarazo, no. Esto va de consentimiento, va de los derechos que tienes sobre tu cuerpo, tu intimidad, va del respeto a los demás, de relaciones igualitarias. Es educación afectivo-sexual, no solo sexualidad biológica», insiste Pereda. 

El niño, dice ella, tiene que aprender que nadie puede tocar su cuerpo si él no quiere y que tiene que haber una justificación para ello. «Hay que decir, ‘hola, soy el médico y te voy a tocar por esto’. Perfecto. Ya le estás mostrando un respeto. O ‘soy mamá y te limpio el culete, porque tengo que limpiártelo’. Perfecto. Este mensaje ya está mostrando un respeto por el niño. Pero no lo hacemos así. Cogemos al niño, lo limpiamos, lo coge el médico, le quita los pantalones… Lo que está aprendiendo es que cualquier adulto puede hacer con su cuerpo lo que quiera. Y luego queremos que hablen. Claro, ¿cuándo van a hablar? Si no saben que tienen este derecho, ¿no?», expone con ejemplos prácticos que permiten ver toda la violencia a la que sometemos a los niños sin ser conscientes de ello. 

Como la tradición social de dar besos como muestra de buena educación, de relación social. Si el niño no lo hace, porque no le sale, porque no quiere, o porque no tiene ganas, se le dice que es un maleducado y se le insiste hasta que da el dichoso beso. ¿Pero cómo va a saber que tiene que decir que no cuando lo estén sometiendo a una violencia?, reflexiona Vicki Bernadet en una de sus charlas. En la misma línea se expresa la experta Clara Burriel, que destaca la posición privilegiada de los centros educativos para detectar casos. «Es fundamental que el profesorado sepa identificar señales de alerta y comprender lo que un niño o niña puede estar revelando. Para ello, es clave la formación de los y las docentes, y también la implementación de las figuras de protección que recoge la Lopivi para el ámbito educativo, el coordinador/a de bienestar». 

Y, por supuesto, son necesarios –dice– protocolos para la detección, la notificación y la actuación: «Sin un protocolo claro, las decisiones pueden quedar en manos de cada docente, quien puede enfrentar dudas sobre cómo proceder, temores a represalias o incertidumbre sobre la veracidad del testimonio. Para evitar que la protección dependa de la valentía individual o de la percepción subjetiva de cada profesional, todos los centros educativos deberían contar con protocolos internos, con mecanismos de prevención y pautas claras de actuación». 

Es, además, una medida que, como sostienen los especialistas, debe venir del Estado, no se debe dejar al albur de cada colegio, de cada comunidad autónoma o de cada partido político. «Esto no es ideología, es educación. Hay que tomar las riendas porque estamos hablando de educación y tu hijo tiene derecho a la educación. Tú no puedes decidir si quieres educar o no a tu hijo. Y lo mismo que tiene profesorado de matemáticas va a tener esta asignatura que la va a dar una profesora, no la va a dar una voluntaria», zanja Pereda.

La catedrática apunta también a otra cuestión fundamental: «Lo importante de esta educación es que no solo evitas víctimas, sino también agresores». Y más en un contexto como el actual, con el aumento de la violencia entre iguales. «Estos mismo niños agresores son también víctimas. Por eso hacemos mucho hincapié en la mirada del adulto, porque es el adulto quien identifica las señales de riesgo», añade Shaurin Molina, de la Fundación ANAR. 

Eva Medina cuenta un caso que abordaron desde Redime: un grupo de niños de 12 años agredieron a una niña en el baño del instituto: «Se masturbaron delante la niña. Y cuando se les pregunta a los niños por qué han hecho eso, la respuesta es para caerse de espaldas: ‘Porque eso les gusta a las mujeres’. Y cuando les preguntas que por qué, te responden: ‘Porque lo hemos visto en Internet’. El modelo que tienen es la pornografía. Yo siempre les digo que la pornografía es la ciencia ficción del sexo». 

Desde su punto de vista, abordar la educación es una cuestión de Estado, pero también de las familias: «Porque los padres y las madres a veces pensamos que el niño está en su cuarto, tranquilito… Pero no. Tu niño está en su cuarto, pero no tendría que tener un ordenador en el cuarto, ni puedes darle un móvil. Yo digo muchas veces: ‘Oye, le das el móvil porque se calma, pero también se calmaría con un chupito de whisky. Y si te lo pide mañana, ¿a que no se lo das? Como sociedad hemos de ir hacia esos cambios porque el resultado está ahí», insiste.

La abogada Amparo Díaz también incide en ello: «Hay que perseguir el porno online que involucra a menores o que suponen prácticas humillantes y agresivas sobre las mujeres». Para Díaz, esta violencia no solo no es cosa del pasado, sino que estamos en uno de los peores periodos: «Por no decir el peor, porque Internet ha potenciado la cosificación del ser humano y especialmente de las mujeres, niñas y niños, de forma que se está naturalizando el uso cosificante de las niñas y de los niños de manera sexual».

Con red o sin red, el delito sigue estando ahí. Por ello, concluyen todos los sectores que han participado en el dossier, hay que escuchar a las víctimas de una vez y poner el foco en los agresores, que son los que están logrando que no queramos ver, que miremos para otro lado.  

La entrada [Especial Pederastia] Ni puntual ni privado, es un problema social, estructural y de salud pública se publicó primero en lamarea.com.

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