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Barrios por el Clima y Ecologistas en Acción defienden la rigurosidad científica de sus mediciones y exigen al Ayuntamiento de Salamanca revisar sus estaciones oficiales

3 Junio 2026 at 19:59
Por: Salamanca
  • Las organizaciones responden a las críticas vertidas en el pleno municipal del pasado 8 de mayo, respaldando sus análisis con una sólida metodología europea, avalada por la directiva comunitaria y con un fuerte grado de correlación estadística a nivel nacional.
  • Recuerdan que las propias mediciones oficiales superan ya el límite de 10 microgramos por metro cúbico recomendado por la OMS para proteger la salud infantil.

Ante las acusaciones de “falta de rigurosidad científica” expresadas por el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Salamanca en el pleno del pasado 8 de mayo de 2026, la plataforma Barrios por el Clima y Ecologistas en Acción de Salamanca han registrado una respuesta conjunta dirigida al Ayuntamiento en la que defienden la solidez técnica de su campaña de medición de la calidad del aire y exigen medidas de precaución inmediatas.

Una metodología científica avalada, de alcance estatal

Frente a los cuestionamientos municipales, las entidades recuerdan que no se trata de mediciones aisladas o carentes de base, sino de un proyecto de ciencia ciudadana consolidado y estructurado:

  • Amplia trayectoria: Ecologistas en Acción ha desarrollado ya cinco campañas de medición de dióxido de nitrógeno en entornos escolares desde el curso 2020/2021, evaluando un total de 985 entornos educativos y espacios sensibles en todo el Estado español.
  • Marco europeo e institucional: La campaña se enmarca en la iniciativa europea Clean Cities (que agrupa a más de 80 ONG y movimientos de base) y sigue un estricto protocolo de medición estandarizado diseñado por el prestigioso IS Global. Además, este tipo de proyectos de ciencia ciudadana están plenamente reconocidos por la Agencia Europea de Medio Ambiente y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) como herramientas válidas para mejorar el conocimiento de la atmósfera urbana.
  • Validez legal e indicativa: Los tubos de difusión utilizados son un método de medición indicativo oficialmente admitido por la Directiva 2008/50/CE.

Uno de los puntos clave de la respuesta radica en el análisis comparativo de los captadores ciudadanos colocados junto a las Estaciones de Medida de Referencia institucionales (EMR). A nivel de todo el Estado español, existe una correlación positiva extremadamente fuerte entre las mediciones de los tubos de difusión y las cabinas oficiales, con parámetros estadísticos incontestables

La legislación da la razón a los datos

Por eso, las asociaciones alertan sobre la necesidad de adaptar la red de medición a la legislación vigente. La Directiva (UE) 2024/2881 del Parlamento Europeo y del Consejo, aprobada el 23 de octubre de 2024, determina que los puntos de muestreo para proteger la salud humana deben situarse en los puntos críticos de contaminación atmosférica (zonas residenciales, escuelas, hospitales y oficinas) y no en zonas periféricas o con escaso tráfico. En el caso de Salamanca, los colectivos critican que los medidores oficiales del centro de la ciudad fueron reubicados hace años a las afueras, desvirtuando la exposición real de la ciudadanía.

Asimismo, denuncian que incluso los datos oficiales de 16µg/m3 superan con creces los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), fijados en 16µg/m3. El  NO2 cuenta con abrumadora evidencia científica sobre su impacto en la salud infantil, afectando de manera directa a la función atencional y a la memoria de trabajo en la niñez (como constata el estudio publicado en la revista científica Environment International en 2024).

Por último, los colectivos muestran su desconfianza ante el compromiso ambiental de la administración: recuerdan que el pasado 10 de abril de 2026, el Tribunal Supremo confirmó la nulidad del Plan de Mejora de la Calidad del Aire por Ozono Troposférico en Castilla y León. Dicho plan se diseñó de manera obligada tras sentencias judiciales previas que constataron el incumplimiento sistemático desde el año 2010 de los objetivos legales para la salud en 8 de las 15 zonas de la región, siendo Salamanca una de las zonas infractoras. Se recuerda que los óxidos de nitrógeno  NO2 son precursores químicos directos en la formación del dañino ozono troposférico.

Llamamiento a la Concejalía de Medio Ambiente

Barrios por el Clima y Ecologistas en Acción instan a la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Salamanca a que, si desconfía de los resultados, despliegue sus propias campañas de medición oficiales dentro de los entornos escolares analizados, garantizando la transparencia y la representatividad de los datos en puntos sensibles en lugar de mantener los sensores únicamente en áreas suburbanas de baja intensidad de tráfico.

 

Barrios por el Clima Salamanca es una plataforma integrada por ZOES, Garrido Contigo, Cuidamos Villamayor, Asociación de vecinos y vecinas de Tejares, Ecologistas en Acción de Salamanca, Asociación vecinal Bretón, Asociación Los Alcaldes, Asociación de Vecinas y Vecinos de El Zurguén, El Volcán de Garrido, el Comité Antinuclear y Ecologista de Salamanca y el Comité de Bici Urbana Guardabarros.

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La infancia recuperará las calles el 8 de mayo con cerca de 40 eventos de Streets for Kids en toda España

6 Mayo 2026 at 13:17
  • La campaña europea Clean Cities, de la que forma parte Ecologistas en Acción, convoca a familias, alumnado, profesorado, asociaciones de familias de alumnado (AMPA y AFA) y colectivos ciudadanos a reclamar entornos escolares seguros, saludables y libres de tráfico motorizado.
  • La jornada contará con cerca de 40 acciones programadas en distintos puntos del Estado, una cifra que se espera que aumente en los próximos días con nuevas confirmaciones.

El próximo viernes 8 de mayo, niñas, niños, familias, profesorado, asociaciones de familias y colectivos ciudadanos saldrán a la calle en una nueva edición de Streets for Kids – Calles Abiertas para la Infancia. Esta movilización europea está impulsada por Clean Cities, una campaña que en España tiene el apoyo de una decena de organizaciones, para reclamar entornos escolares seguros, saludables y sin tráfico motorizado.

La jornada contará con cerca de 40 eventos programados en toda España, con acciones previstas en colegios, barrios y municipios de distintos territorios. La cifra previsiblemente seguirá creciendo en los próximos días, a medida que se incorporen nuevas confirmaciones de comunidades educativas y colectivos locales.

Durante la jornada, se celebrarán cortes temporales de calle, bicibuses, pedibuses, juegos, talleres, murales, actividades educativas y acciones de visibilización. El objetivo es mostrar que otra forma de organizar la movilidad escolar es posible: con menos tráfico, menos contaminación, más seguridad vial y más autonomía para la infancia.

“Las niñas y niños tienen derecho a moverse con seguridad, a respirar aire limpio y a disfrutar del espacio público. Sin embargo, en demasiadas ciudades, los entornos escolares siguen condicionados por el tráfico motorizado, la contaminación y el ruido. Streets for Kids quiere convertir esa preocupación en acción colectiva y en políticas públicas concretas”, señala Carmen Duce, portavoz de Clean Cities en España y coordinadora de Ecologistas en Acción.

Contaminación, ruido e inseguridad: una realidad cotidiana en los entornos escolares

El tráfico motorizado en las ciudades es una de las principales fuentes de contaminación atmosférica, ruido, emisiones de gases de efecto invernadero, inseguridad vial y ocupación del espacio público. Sus efectos son especialmente preocupantes en la infancia, una etapa en la que la exposición a la contaminación puede afectar a la salud respiratoria, al desarrollo y al bienestar cotidiano.

Diversos proyectos de ciencia ciudadana impulsados en entornos escolares han permitido que alumnado, familias y comunidades educativas midan el aire se respira en sus colegios y barrios. Estas mediciones han puesto de manifiesto una realidad preocupante: muchas niñas y niños siguen expuestos a niveles de dióxido de nitrógeno (NO2), un contaminante estrechamente vinculado al tráfico rodado, por encima de las recomendaciones de protección de la salud.

A esta situación se suma la pérdida de autonomía infantil. En muchas ciudades, la presencia constante de coches en los accesos a los centros educativos dificulta que niñas y niños puedan ir al colegio andando, en bicicleta o de forma autónoma. La consecuencia es un círculo vicioso: más coches en la puerta del colegio, más contaminación, más inseguridad y menos espacio para la infancia.

Calles escolares: una solución concreta, eficaz y cada vez más demandada

Frente a esta situación, Clean Cities reclama avanzar hacia la implantación de calles escolares y calles abiertas a la infancia: espacios próximos a los colegios en los que se restringe el tráfico motorizado, especialmente en los horarios de entrada y salida, para mejorar la seguridad, reducir la contaminación y recuperar el espacio público.

Entre las medidas que reclaman las comunidades educativas y las entidades participantes se encuentran la peatonalización o restricción del tráfico en los accesos escolares; la creación de caminos escolares seguros; la pacificación del tráfico en las calles próximas a los colegios; la reducción de la velocidad en entornos educativos; la mejora de pasos de peatones, aceras y cruces; la instalación de arbolado, sombra y elementos de renaturalización; y la mejora de la medición y transparencia sobre la calidad del aire en zonas escolares.

Estas medidas, ya aplicadas en distintas ciudades europeas, permiten avanzar hacia barrios más seguros, saludables y habitables, no solo para la infancia, sino para el conjunto de la ciudadanía.

Una jornada festiva y reivindicativa en toda España

Clean Cities y Ecologistas en Acción hacen un llamamiento a asociaciones de familias (AMPA y AFA), equipos directivos, profesorado, asociaciones vecinales, colectivos ciclistas, organizaciones ecologistas, entidades juveniles y administraciones locales para que se sumen a la jornada del 8 de mayo organizando acciones en sus colegios, barrios y municipios.

Las actividades podrán registrarse en el mapa interactivo de la campaña, disponible en la web de Clean Cities España, donde también se ofrecen materiales, recursos e ideas para organizar acciones antes y durante la jornada.

“Cuando una calle se cierra al tráfico y se abre a la infancia, cambia por completo la forma en que la comunidad percibe ese espacio. Deja de ser solo un lugar de paso para convertirse en un espacio de encuentro, juego, cuidado y convivencia. Eso es lo que queremos que ocurra de forma estructural en los entornos escolares”, añade Carmen Duce.

 

Una campaña europea por ciudades más habitables

Streets for Kids es una iniciativa de la red europea Clean Cities, organizada en colaboración con entidades de movilidad sostenible, infancia, salud, educación y medio ambiente. En España, la campaña cuenta con el apoyo de organizaciones como Ecologistas en Acción, ConBici, CEAPA, Revuelta Escolar, Teachers for Future, Madres por el Clima, la Confederación de Sindicatos de Trabajadoras y Trabajadores de la Enseñanza STEs y otros colectivos que trabajan por ciudades más limpias, seguras y justas.

Clean Cities recuerda que facilitar que niñas y niños puedan caminar, pedalear y jugar con seguridad no es solo una cuestión de movilidad, sino también de salud pública, equidad, justicia climática y derechos de la infancia.

 

Registro de acciones y mapa de eventos

Mapa de eventos

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Libro El mundo no se acaba, de Hannah Ritchie (resumen)

Un libro escrito por una científica y divulgadora de la Universidad de Oxford que tiene por bandera el optimismo y los datos (Anagrama, 2025). Se aleja del catastrofismo ecologista casi tanto como del negacionismo climático; y afirma que «aceptar la derrota ante el cambio climático es una postura indefendiblemente egoísta».

Hannah Ritchie aclara que su optimismo es «condicional» (i.e., condicionado a actuar adecuadamente); que es diferente a un «optimismo ciego» que confía sin promover la acción organizada. Su objetivo es conseguir que seamos la primera generación que logre alcanzar la sostenibilidad completa en los dos sentidos que recoge la definición de la ONU: satisfacer las necesidades de las generaciones actuales; y hacerlo sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Con respecto al primer aspecto, Ritchie opina que falta mucho por hacer aunque, al menos, se ha avanzado una barbaridad en aspectos tales como: la mortalidad infantil y materna, la esperanza de vida, el hambre y la malnutrición, el acceso a recursos básicos (agua, energía…), la educación y la pobreza extrema.

Por supuesto, estos avances en la calidad de vida global también «han tenido un enorme coste medioambiental», lo cual ha empeorado de forma colosal el segundo requisito de la sostenibilidad. Para equilibrar la situación, el libro examina en detalle siete problemas medioambientales y sus interconexiones entre sí.

Antes de examinar esos siete problemas, Ritchie se distancia de dos soluciones típicas del ecologismo: despoblación y decrecimiento. La primera consiste en reducir el tamaño de la población y Ritchie afirma que realmente esa no es una alternativa, primero porque la población ya se está frenando a nivel mundial y, segundo, porque es muy complicado hacerlo de forma ética. Apunta a que más impacto que la superpoblación lo generan los estilos de vida (especialmente de los millonarios), lo cual podría estar afectado por la segunda solución que Ritchie rechaza, el decrecimiento, entendido como un retroceso o empobrecimiento. Para ella, la pobreza no implica mayor sostenibilidad, por supuesto, si consideramos los dos pilares de la sostenibilidad anteriormente indicados. En el libro, ella matiza que es cuestionable el crecimiento en los países ricos, pero que para acabar con la pobreza se necesita un crecimiento económico global. Para ella, no vale cualquier crecimiento y afirma —igual que cualquier decrecentista— que sería necesario crecer en algunos sectores y tecnologías y decrecer en otras. Tal vez, la promesa más impactante del libro es que dice demostrar que podemos reducir el impacto ambiental y, a la vez, mejorar la situación económica.

1. Contaminación atmosférica

Aunque no se suela decir, la contaminación atmosférica es «una de las principales causas de mortalidad en el mundo». Las cifras de fallecidos por esta causa son similares a las muertes por tabaquismo; seis o siete veces mayores que los muertos en accidentes de tráfico; y superan en cientos de veces la cifra de vidas perdidas por terrorismo o por guerras. Cada año, la mala calidad del aire suele ser quinientas veces más mortífera que todas las catástrofes «naturales» juntas.

La buena noticia es que se está reduciendo este tipo de contaminación, especialmente en las ciudades, lo cual baja las tasas de mortalidad. Es preciso tomar medidas locales y globales. Usemos como inspiración el Protocolo de Montreal para eliminar las sustancias químicas que degradaban la capa de ozono, un problema de cuya gravedad advirtió incluso Carl Sagan. En 1987 fue firmado por 43 países; y en 2009 se convirtió en el primer convenio internacional que logró la ratificación universal de todos los países del mundo. Un ejemplo que demuestra que hacer caso a la ciencia tiene resultados positivos.

A escala global, la mayor fuente de contaminación es quemar madera o carbón, incluyendo aquí las quemas agrícolas. Luego está la polución por actividades agropecuarias, principalmente por culpa de la ganadería y por los fertilizantes. Después viene la quema de combustibles fósiles para producir electricidad. Luego, diversas industrias (textiles, químicas, metalúrgicas…), seguidas del transporte de personas y mercancías.

Resumen del libro "21 lecciones para el siglo XXI" de Harari. En nuestro blog también encontrarás el resumen de su libro "Sapiens"
Lee también un resumen de este libro de Yuval N. Harari.

♦ Las soluciones propuestas pueden parecer caras, pero son muy baratas si las comparamos con los cientos de millones en gastos por no solucionar el problema:

  1. Lo más urgente es «dejar de quemar cosas» y, cuando no sea posible, capturar las partículas de la combustión.
  2. Detener las quemas agrícolas por ser una inmensa fuente de contaminación estacional fácil de evitar haciendo compost, triturando, etc.
  3. Conseguir combustibles limpios para cocinar y calentarse. La leña puede ser muy natural, pero es la forma más contaminante de conseguir calor. Provoca múltiples enfermedades por respirar el humo.
  4. Eliminar el azufre de los combustibles fósiles. Es tan simple como poner filtros en las chimeneas.
  5. Transporte más limpio. Los vehículos eléctricos contaminan menos, pero no son parte de la solución porque siguen siendo origen de multitud de emisiones. Por supuesto, la aviación es muchísimo peor.
  6. Transporte sostenible: caminar, ir en bicicleta o en transporte público.
  7. Abandonar combustibles fósiles, en favor de las renovables y de la energía nuclear. Ritchie es contraria a debatir entre renovables y nuclear porque, para ella, lo importante es que son energías con bajas emisiones de CO2. No tiene en cuenta el problema de los residuos radiactivos, ni el riesgo de atentados terroristas, ni el hecho de que las nucleares no sean rentables sin subvenciones de dinero público.

2. Cambio Climático

«Un mundo 6 ºC más caliente que el actual sería devastador», nos advierte la autora. Tras comentar algunas de las consecuencias del calentamiento global, afirma que «si cada país cumpliera realmente sus compromisos climáticos, llegaríamos a los 2,1 ºC en 2100», lo cual sería una gran noticia, aunque podría ser mejor.

Hannah Ritchie asegura que «las tecnologías bajas en carbono resultan cada vez más competitivas» y «los líderes mundiales se han vuelto más optimistas». Ahora tenemos infraestructuras mejor preparadas, podemos predecir eventos climáticos extremos, organizar evacuaciones, existen redes internacionales de apoyo, etc. En definitiva, estamos mejor preparados que en el pasado y sabemos cómo reducir las emisiones de dióxido de carbono, porque hay solo dos fuentes principales: «la quema de combustibles fósiles y el cambio en el uso de la tierra» (deforestación).

La situación actual es que «las emisiones totales siguen aumentando, pero las emisiones per cápita han tocado techo». Ese dato es utilizado por la autora para ser optimista y esperar a que la contaminación empiece a declinar, al menos en los países ricos, porque dice que está demostrado que «los avances tecnológicos hacen que hoy consumamos mucha menos energía que en el pasado». Como ejemplo, afirma que en Suecia se vive con igual nivel que en Estados Unidos y, sin embargo, se emite solo una cuarta parte. Según sus datos, el crecimiento económico y la reducción de emisiones son compatibles. El problema es que mira datos de países ricos que ya son exageradamente insostenibles. En tales casos, ¿es correcto celebrar una pequeña reducción en su contaminación?

En su análisis, asegura que «las soluciones que pasan por reducir el consumo de energía a niveles muy bajos no son buenas», porque la energía es fundamental para mantener o aumentar la calidad de vida. Tampoco ve adecuado que se avergüencen los que viajan en avión, porque para ella volar es un gran invento y las ventajas son suficientes para olvidar sus serios inconvenientes. ¿Será una excusa para justificar su gusto por volar?

♦ Soluciones que propone:

  1. Transición hacia la energía renovable por todas sus ventajas. El inconveniente del espacio que requieren se resuelve buscando lugares adecuados: tejados, agrovoltaica, etc.
  2. Electrificar la demanda de energía donde sea posible y aumentar el almacenamiento (baterías…). Ritchie está convencida de que esta transición requerirá menos actividad minera que con combustibles fósiles.
  3. Replantear el transporte a larga distancia.
  4. Alimentación. Aunque sostiene que no es preciso ser veganos, deja claro que cualquier cambio a dietas más vegetales tiene una enorme influencia en el clima, como por ejemplo elegir hamburguesas de pollo en lugar de ternera (que es la carne con más huella de carbono). Con datos muy fiables confirma que «la carne con emisiones de carbono más bajas supera las de la proteína vegetal con emisiones más altas». Y no importa demasiado si son alimentos ecológicos, de proximidad o en extensivo. La autora afirma que adoptando las siguientes medidas se liberaría suficiente tierra como para compensar las emisiones del sistema alimentario resultante:
    • Comer menos carne.
    • Adoptar las mejores prácticas agrarias.
    • Reducir el consumo excesivo y el desperdicio alimentario.
  5. Reducir las emisiones por la construcción, básicamente eliminando el cemento, un material muy contaminante en su fabricación. Propone usar otros materiales y, aunque no lo cita, una opción es el cemento Sublime.
  6. Poner precio al carbono para que los productos de altas emisiones sean más caros y menos accesibles. Como todos sabemos, los precios no reflejan los costos de los productos, y mucho menos los costos ambientales. El peligro de esta medida —y Ritchie lo subraya— es que haga que las familias pobres sean aún más pobres. Para evitarlo se deben incluir ayudas y conseguir que sean los ricos los que más paguen, porque son, de hecho, los que más carbono emiten.
  7. Sacar a la población de la pobreza es otra medida para adaptarnos al cambio climático, porque son los pobres los más vulnerables.
  8. Mejorar la resiliencia de los cultivos ante los efectos del cambio climático.
  9. Adaptarnos ante el aumento de temperaturas.
  10. No caer en la trampa psicológica de la «autoconcesión moral». Esto ocurre cuando nos permitimos algo negativo porque creemos que lo compensamos con un sacrificio en otro aspecto. Por ejemplo, comernos un filete porque reciclamos el envoltorio de plástico; o caer en las trampas del greenwashing. Para ello, es importante tener muy presente qué cosas a nivel individual tienen más y menos impacto.

Un problema de la forma de comunicar de Ritchie es que quita importancia a aspectos que, aunque no sean principales, tienen suficiente peso como para no ser despreciados. Es como si olvidara el efecto sinérgico de juntar varias fuerzas. Sumar muchos pocos hace un mucho. A veces, este tipo de contradicción se hace patente en una misma explicación. Por ejemplo, cuando literalmente escribe: «Cambiar nuestra alimentación no va a resolver el cambio climático: para ello tenemos que dejar de quemar combustibles fósiles. Pero arreglar únicamente nuestros sistemas energéticos, ignorando la alimentación, tampoco nos llevará a esa meta».

3. Deforestación

La tierra ha perdido un tercio de todos sus bosques desde el final de la última glaciación. En el último siglo, también se ha perdido mucha superficie forestal, casi toda debida a la expansión de la agricultura. Las zonas incendiadas se regeneran si se las deja. Al perder bosques se emite carbono, pero Ritchie considera que eso es secundario en comparación con la pérdida de biodiversidad.

También resalta cómo la pérdida de hábitats se puede frenar con medidas políticas. Por ejemplo, «Brasil logró reducir la deforestación en un 80 % en solo siete años bajo la presidencia de Lula da Silva».

Con respecto al aceite de palma, no considera que su consumo sea preocupante, porque no se sabe con certeza la deforestación que causa de forma directa. Opina que no sería justo culpar a ciertos campos de palmeras de la deforestación de esas áreas si los bosques fueron talados con anterioridad. Es decir, no tiene en cuenta que esas zonas podrían volver a ser bosques. Además, sostiene que usar otros tipos de aceites podría ser incluso peor. Sin embargo, hay que tener en cuenta que evitar el aceite de palma no obliga a optar por otro aceite, sino que se puede optar por no consumir productos con aceite de palma (bollería, alimentos ultraprocesados, etc.) sin sustituirlos por nada con otros aceites. En cualquier caso, apoya el uso de aceite de palma certificado como sostenible (RSPO) y deja claro que «el biodiésel de aceite de palma produce más emisiones de carbono que la gasolina o el gasóleo».

«La tala de bosques para dejar espacio al ganado bovino es responsable de más del 40 % de la deforestación mundial». El siguiente factor de pérdida de bosques es la palma y la soja y, en tercer lugar, la silvicultura (papel/celulosa). Así, pues, la mejor forma de frenar la deforestación es reducir el consumo de carne de cordero y de vacuno. En tercer lugar, se situaría el queso y los lácteos de vaca. Ritchie apoya esta opción, incluso aunque sean productos de ganadería extensiva en tierras no aptas para la agricultura, porque en estos casos considera que la mejor opción sería dejar que esas tierras se conviertan en bosques u otros espacios naturales.

Otras opciones que propone son: que los países ricos paguen a los más pobres por conservar sus bosques; y que se compensen las emisiones mediante reforestaciones (aunque esto tiene un peligro muy evidente).

Para acabar este apartado, Ritchie sostiene que no es buena idea volver de la ciudad a zonas rurales (revitalizar pueblos), ya que la principal causa de deforestación es cómo producimos nuestros alimentos y no dónde vivimos. Y también alerta de los que piensan que la alimentación vegana contribuye a la deforestación por los cultivos de soja. Los datos son muy evidentes: el 76 % de la soja se utiliza para alimentar animales y «solo el 7 % se destina a los productos veganos» (tofu, tempeh y leche vegetal).

4. Alimentación para no comerse el planeta

«La demanda humana de alimentos representa la mayor amenaza para los animales del globo». Así de contundente se manifiesta Hannah Ritchie. Afortunadamente, no es cierto que haya una fecha límite en los suelos agrícolas del mundo. Unos se están degradando y otros están mejorando, aunque en general, el suelo agrícola está siendo maltratado (y no solo por la erosión).

Una persona necesita entre 2.000 y 2.500 calorías diarias. Si dividimos la producción mundial de alimentos a partes iguales entre todos, cada uno de nosotros podría consumir unas 5.000 calorías diarias (más del doble de lo necesario). El hambre en el mundo no es un problema de falta de alimentos, sino de mala distribución (también lo apuntaron Nebel y Wrigth). Este dato sirve a Ritchie para confirmar que, en realidad, no somos demasiados humanos. El problema es que los millones que habitamos el planeta Tierra no nos contentamos solo con comer, sino que aspiramos a un consumo cada vez mayor (casas, teléfonos, aviones, IA…).

La superproducción agraria se debe principalmente a dos inventos: el de Fritz Haber y Carl Bosch (para convertir el nitrógeno del aire en amoníaco, fertilizante); y el de Norman Borlaug (para mejorar el cultivo de trigo en México). Estos logros para aumentar la producción han evitado muchas muertes, pero también han hecho que no podamos volver atrás. Es decir, «el planeta no puede limitarse a consumir solo alimentos ecológicos» (porque hay demasiadas personas a las que alimentar). Por tanto, a nivel colectivo dependemos de los fertilizantes para sobrevivir, y fabricarlos requiere grandes cantidades de energía, lo cual explica por qué los países pobres los usan poco, aunque tengan que utilizar mayor superficie agraria.

Vivimos en un mundo con grandes desigualdades, en el que algunos sufren de obesidad y otros de desnutrición; el alimento que podría saciar el hambre de millones de personas se dedica a alimentar ganado o a producir agrocombustibles para nuestros coches. Menos de la mitad de los cereales que se producen se dedican a la alimentación humana directa. Todo un 41 % se lo come el ganado, lo cual nos hace ver que comer animales es una forma muy ineficiente de conseguir proteínas. «Los animales más pequeños son más eficientes en términos calóricos», aunque surge el «dilema moral» de que hay que matar una mayor cantidad de animales pequeños para conseguir la misma cantidad de carne.

Ritchie pone un ejemplo que sirve para visualizar bien lo que implica comer animales muertos: «¿Se imagina que comprara una barra de pan, cortara una rebanada y tirara el resto —más del 90 %— a la basura? Pues bien: en términos de calorías, eso es más o menos lo que hacemos con la carne». El ganado también es ineficiente convirtiendo proteínas. Lo bueno es que son proteínas «completas» (incorporan aminoácidos importantes), lo cual se puede conseguir con dietas vegetales comiendo legumbres y cereales. La carne también tiene otros nutrientes importantes, pero el único que no existe en los vegetales es la vitamina B12 (asunto que ya se zanjó aquí).

Para entender la magnitud del problema, afirma que tres cuartas partes de la superficie agraria tienen como fin último criar ganado, y todo eso solo sirve para producir el 18 % de las calorías y el 37 % de las proteínas que consumimos. Debemos «reducir al máximo la cantidad de tierra que destinamos a la actividad agraria», lo cual mejoraría también otros problemas: deforestación, contaminación atmosférica, de aguas, de tierras, maltrato animal, etc.

♦ Soluciones que propone:

  1. Mejorar los rendimientos agrícolas en todo el mundo, especialmente en África.
  2. Comer menos carne, sobre todo de vacuno y cordero, las carnes con mayor impacto (en emisiones, consumo y contaminación de agua, eutroficación, uso de tierra, etc.). Ritchie expone que no funciona instar a la ciudadanía a convertirse al veganismo, sino que es mejor invitar a hacer cambios paulatinos: poner un día a la semana sin carne, reducir las dosis, aumentar el consumo de legumbres, etc. Solo eliminando la carne de ternera y la de cordero se reduciría a la mitad nuestra necesidad de tierras de cultivo en todo el globo. Debemos entender que la dieta vegana es la más ecológica, pero no es necesario ser veganos estrictos: «El ahorro en comparación con una dieta con algo de pollo, o algo de pescado y huevos, no es tan significativo», aclara la autora del libro. Ella quiere derribar el mito de que si fuésemos veganos no habría tierra para cultivar porque, como ya se ha indicado, lo que ocurriría sería todo lo contrario: una dieta vegana requiere menos tierra de cultivo.
  3. Invertir en sustitutos de la carne. Para Ritchie, es importante que las carnes vegetales cumplan cuatro requisitos: ser sabrosas, baratas, fáciles de encontrar y fáciles de incorporar a las dietas habituales. Ella afirma que ha probado multitud de productos vegetales y que hay algunos realmente asombrosos que, incluso, pueden llegar a gustar tanto o más que los productos cárnicos que imitan. Optar por estos productos no solo reduce la huella de carbono, sino que contribuye a bajar el precio para el resto de la humanidad.
  4. Las hamburguesas híbridas también reducen la huella ecológica (usar carne de pollo total o parcialmente, introducir legumbres…).
  5. Sustituir los productos lácteos por alternativas vegetales. En la UE, los productos lácteos son la causa de un mínimo de una cuarta parte de la huella de carbono. Cualquier bebida vegetal tiene una huella ecológica menor que la leche animal. Ritchie recuerda aquí también la importancia de seguir una dieta variada, para evitar carencias nutricionales.
  6. Desperdiciar menos comida. Por ejemplo, resalta la importancia de cambiar los sacos de recogida de productos agrarios por cajas rígidas que protejan de golpes. También es importante saber que si un producto supera su fecha de «consumo preferente», no indica que no se pueda consumir.
  7. No depender de la agricultura de interior. Aunque minimiza el espacio ocupado (agricultura en vertical), sus necesidades energéticas son tan inmensas que no compensan las ventajas, ni empleando solo energía renovable.
  8. No centrarse en los alimentos de proximidad. Aunque el transporte es importante, supone solo el 5 % de las emisiones de GEI de la comida. El resto se debe a los procesos de producción, empaquetado y conservación. Lo más contaminante es el transporte aéreo (50 veces más que por barco), pero apenas se usa porque es caro. Por su parte, el transporte marítimo es barato, por lo que casi toda la contaminación del transporte de alimentos se produce en la carretera. En definitiva, Ritchie quiere dejar claro que está bien comer alimentos de proximidad, pero que las frutas y verduras producidas muy lejos tienen menos huella ecológica que la carne producida muy cerca.
  9. Los alimentos ecológicos tienen menos pesticidas, pero requieren más extensión. Abonar con estiércol también puede contaminar acuíferos. Respecto al clima, no hay consenso si es mejor o peor porque depende de múltiples factores. Ritchie dice que se fija más en el contenido de los envases que en las certificaciones ecológicas.
  10. Eliminar el plástico aumentaría el desperdicio alimentario. En la huella ecológica de los alimentos solo el 4 % de las emisiones procede de los envases. Nos advierte de que en ciertos alimentos es fácil de eliminar, pero en otros no. En todo caso, aquellos alimentos en los que el plástico es importante tal vez no sean esenciales en nuestra dieta y podemos prescindir totalmente del plástico y del alimento.

5. Pérdida de biodiversidad. Proteger la vida silvestre

«No cabe duda de que muchos animales están experimentando un preocupante y acelerado declive. Pero, si profundizamos un poco más, descubrimos que también hay algunos a los que les va bien». Lo que no debemos olvidar es que nuestra vida depende de la biodiversidad, aunque «no esté claro qué especies necesitemos y cuáles no». Recomendamos aquí leer el relato de La vida del doctor Biología. Lo cierto es que a veces prestamos más atención a ciertas especies, bonitas o más visibles, y olvidamos a las realmente importantes, como los gusanos y las bacterias.

El ser humano ha atacado a las demás especies desde sus orígenes, como bien explica Yuval N. Harari en su magnífico Sapiens. Ritchie declara que «antes de la aparición de la agricultura, hace unos diez mil años, la mayor amenaza para los animales era nuestra caza directa: una vez iniciada la actividad agraria, pasó a ser la destrucción de sus hábitats» y «en la última centuria, el ritmo de disminución ha sido aún más rápido». Un dato más: «Los vertebrados se han extinguido entre cien y mil veces más rápido de lo que cabría esperar».

Actualmente, los humanos y nuestro ganado constituimos la inmensa mayoría de los mamíferos del planeta. Estos son los datos del porcentaje de la biomasa actual y en 1900:

  1. Mamíferos salvajes: 2 % (17 % en 1900).
  2. Humanos: 35 % (23 %).
  3. Ganado: 63 % (60 %).

Esta desproporción también ocurre en las aves: «la biomasa de nuestros pollos duplica la de las aves silvestres». Hay multitud de datos que llevan a poder proclamar que «nos dirigimos hacia una sexta extinción masiva». La buena noticia es que podemos frenarla.

♦ Soluciones que propone:

  1. Reducir al mínimo la superficie cultivada.
  2. Utilizar fertilizantes y pesticidas de forma más prudente y eficaz.
  3. Emplear los métodos de la UE con los que ha conseguido frenar el declive de multitud de especies: reducir el uso de tierras agrícolas, recuperar hábitats naturales, prohibición total de la caza, implementación de cuotas cinegéticas, mecanismos para detener a los cazadores furtivos, proteger zonas por ley (incluyendo también el rewilding), sistemas de compensación para reproducir determinadas especies y programas de cría y reintroducción.
  4. Comer menos carne, porque esto reduciría la cantidad de tierra destinada a la agricultura, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la deforestación.
  5. Detener la deforestación, lo cual implicaría reducir la pérdida de hábitats y las emisiones de GEI.
  6. Proteger los parajes con mayor biodiversidad. El objetivo de la ONU de proteger para 2030 el 30 % de la superficie terrestre es poco ambicioso; y no son pocas las voces que piden proteger al menos el 50 % para 2050.
  7. Frenar el cambio climático.
  8. Detener los vertidos de plásticos en el mar.

6. Plásticos marinos

«El 44 % de todo el plástico del planeta se emplea en la fabricación de envases». Es ahí donde está el núcleo del problema de los plásticos. La autora critica el documental Seaspiracy por algunos de sus datos, pero está conforme con que el 80 % del plástico de las islas oceánicas procede de la industria pesquera. Solo el 20 % restante tiene su origen en tierra. Sin embargo, si miramos el plástico en zonas costeras, los datos podrían indicar justo lo contrario.

Ritchie dice que no hay aún evidencias de los auténticos peligros de los plásticos en el cuerpo humano, y que le parece más preocupante el daño que se causa a la fauna marina (enredos, atragantamientos…).

♦ Soluciones:

  1. Dejar de utilizar envases de plástico de un solo uso.
  2. Invertir más en gestión de residuos: sistemas de recogida, centros de reciclaje, vertederos adecuados (que capturen el metano de la materia orgánica), etc. Es importante reciclar todo lo que se pueda. El problema es que no siempre se puede. El reciclado mecánico permite que los plásticos se reciclen una o dos veces. El reciclado químico es mejor, pero es «tremendamente costoso» y no compensa hacerlo en ningún caso. Tal vez sería útil un SDDR para vidrio reutilizable y, en paralelo, imponer impuestos crecientes al plástico de un solo uso.
  3. Obligar a las industrias a un diseño más inteligente, que utilice solo plásticos reciclables y permita separarlos de forma cómoda.
  4. Prohibir el comercio de plástico usado para que los países ricos no usen a otros como sus vertederos. La proporción de plástico que circula por esta vía no es elevada, pero muchas veces acaba en el mar. Hablamos de 1,6 millones de toneladas en 2020.
  5. Trabajar con la industria pesquera para que no abandone su basura en el mar (redes, anzuelos, etc.). Podría castigarse a los barcos que no traigan de vuelta los aparejos con los que salieron y/o premiarse a quienes traigan basura encontrada en el mar.
  6. Poner interceptores en los ríos. Son aparatos o líneas de burbujas que sirven para capturar los plásticos evitando que lleguen al mar. Otra solución que no contempla es poner grandes bolsas de red a la salida de los desagües pluviales o residuales de las ciudades. Dado que esas aguas arrastran multitud de basura, esas redes la capturarían.
  7. Limpiar las playas es una forma mucho más barata de reducir el plástico en los océanos que recogerlo mar adentro.

7. Sobrepesca. Poner fin al expolio de los océanos

Esto está muy relacionado con la pérdida de biodiversidad. Según Ritchie, los animales marinos son discriminados con respecto a los terrestres. De alguna forma, su sufrimiento parece importar menos a los humanos, a pesar de las evidencias que existen de que los peces son capaces de sentir sufrimiento.

El incremento en potencia y tecnología aplicada al sector pesquero ha hecho que muchas pesquerías hayan entrado en declive o en grave colapso. Ante esto, hay dos formas de actuar. La primera es proponer «capturar muy pocos peces, por no decir ninguno». La segunda es «capturar tantos peces como sea posible, año tras año, pero sin mermar más sus poblaciones». Normalmente, se opta por la segunda opción, aunque sabemos que en demasiadas ocasiones no se cumple.

Una tercera vía (con un enorme crecimiento) ha sido la cría de pescados y mariscos: acuicultura o piscicultura. Actualmente, se crían más peces y mariscos de los que se pescan en estado salvaje. Para Ritchie es una buena noticia porque, según ella, esto reduce presión sobre los peces salvajes. No obstante, reconoce que parte de la comida de los peces de piscifactoría es, precisamente, peces salvajes, pero que, para algunas especies, se ha logrado una proporción de 0,3 (es decir, que hacen falta 0,3 peces salvajes para criar uno de forma artificial). El resto de comida lo forman, por ejemplo, piensos vegetales. La autora deja claro que «las normas de bienestar animal que rigen en las piscifactorías suelen ser bastante deficientes» (léase esto para más datos). Ella no habla de otros problemas presentes en las piscifactorías, como la contaminación que producen.

Con respecto a los atúnidos, Ritchie dice que su situación es mala, aunque algunas especies están mejorando sus poblaciones. Particularmente, alerta de la situación de los atunes en el océano Índico, donde se está sobrepescando sin control (España con la famosa operación Atalanta). El libro no habla de la amenaza del mercurio en los atúnidos.

Otro problema es la muerte generalizada de los corales. La autora demuestra ser una apasionada de estos animales y no le faltan motivos. La solución urgente a este problema es frenar el calentamiento global, evitando quemar combustibles fósiles. Si quieres enamorarte de los corales, te animamos a leer el relato de Lord Howe.

♦ Soluciones:

  1. Comer menos pescado, siempre que sea posible. Tal vez unos quieran no comer nada de pescado (lo cual evita el dilema del sufrimiento animal), mientras que otros opten por reducir este tipo de alimento.
  2. Elegir bien la especie a consumir. El problema de esta opción es que requiere el esfuerzo de investigar y puede variar en el tiempo y dependiendo de la región. Escogiendo bien, podemos comer pescado con poca huella de carbono (casi todos ellos son mejores que el pollo). Ella recomienda evitar los lenguados y mariscos caros, y optar por pescados pequeños y salvajes, como arenques o sardinas.
  3. Acabar con la sobrepesca aplicando cuotas de pesca estrictas. En la UE han mejorado algunas poblaciones de peces, pero otras siguen estando mal. En general, es preferible ser estrictos y que haya pesca suficiente, que ser demasiado permisivos y provocar la crisis de todo un sector.
  4. Reglamentos estrictos para capturas incidentales y descartes. El objetivo es reducir el número de peces que se pescan sin querer y que se tiran al mar (descartes), donde siempre mueren (si no lo están ya). Algunos países han prohibido los descartes y obligan a sus barcos de pesca a desembarcar todo lo que capturen, sea comercial o no.
  5. Prohibir la pesca de arrastre. Es el arte más perjudicial: normalmente se descarta entre el 30 y el 50 % de todo lo capturado (a veces es el 10 %), a lo que hay que sumar el destrozo del fondo marino que ocasionan, entre otros inconvenientes.
  6. Las áreas marinas protegidas evitan ciertas actuaciones humanas dentro de ellas. Son una buena solución, aunque a veces lo que provocan es que el impacto se traslade a otro lugar.

Propuestas finales de Hannah Ritchie

El libro de Ritchie es un canto de optimismo lleno de datos realistas. Algunas de sus opiniones pueden ser controvertidas, pero la mayoría están basadas en evidencias. Es cierto que estamos avanzando en muchos aspectos, aunque no sea tan rápido como nos gustaría. También es cierto que las opciones sostenibles se están volviendo más baratas. Y, en muchos casos, el pueblo está despertando.

Hannah se siente una traidora cuando no usa las opciones más ecológicas, aunque sí sean las opciones con menor huella de carbono, como usar el microondas o consumir alimentos que no sean de proximidad. Pero alerta que, aunque los cambios individuales sean importantes, es necesario un «cambio sistémico», es decir, una acción política que lleve a aprobar leyes que nos hagan avanzar en todas las soluciones que se han propuesto más arriba. Para ello, es necesario «votar a líderes que favorezcan medidas sostenibles» (partidos verdes y ecofeministas) y también sugiere importantes aportaciones individuales como estas:

  1. «Votar con la cartera», que quiere decir que cuando compramos estamos enviando una señal clara de nuestros intereses al mercado (a las empresas).
  2. Donar dinero a causas ecohumanistas (proyectos, organizaciones, etc.). Ritchie —conforme con lo que propuso Peter Singer— dice que dona al menos el 10 % de sus ingresos.
  3. Dedicar más tiempo a las cosas importantes (colaborar con ONG, por ejemplo) y menos a discusiones secundarias. Es decir, aunemos esfuerzos en la dirección correcta, aunque no opinemos todos exactamente lo mismo.
  4. También es muy importante elegir una trayectoria profesional que nos llene y en la que podamos empujar en la dirección que deseemos.

♦ Información relacionada:

  1. Otros libros resumidos para captar su esencia en poco tiempo:
  2. Quemar rastrojos o leña es tóxico para la salud, además de muy contaminante.
  3. La mejor solución a los incendios forestales: educar sí; quemar biomasa no.
  4. La agricultura de hoy debería ser como la de mañana.
  5. Los científicos vuelven a avisar del colapso que vendrá si seguimos sin reaccionar.
  6. Sin comer por el clima, las macrogranjas, los combustibles fósiles…
  7. Algunos libros del editor de Blogsostenible y de Historias Incontables.
  8. Una imagen del libro de Hannah Ritchie:

Una habitación propia con vistas fantásticas

8 Abril 2026 at 12:22

Quienes crecimos rodeadas de fantasía épica, partidas de rol, cómics y juegos de estrategia a menudo nos encontramos con ambientes masculinizados (cuando no misóginos) que obstaculizaban nuestro disfrute. Actualmente sí podemos encontrar en este ámbito espacios feministas y comprometidos con la diversidad. Algunos de ellos son semillas de redes de apoyo en construcción.

La entrada Una habitación propia con vistas fantásticas se publicó primero en Pikara Magazine.

La unión de la gente sensata (llámale equis, izquierdas o derechas)

No hace mucho se reunieron dos de los políticos más brillantes del panorama nacional español. Incluso sus oponentes lo reconocen. Ambos pertenecen a partidos distintos, pero coinciden en lo esencial, además de mantener un discurso claro y directo —tal vez con alguna exageración cómica o hipérbole innecesaria—, pero sin bulos y sin pelos en la lengua. Me refiero a Emilio Delgado (diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid) y a Gabriel Rufián (diputado en el Congreso por ERC).

Lo que estos dos políticos han planteado es algo bastante antiguo: la unión de la izquierda, especialmente teniendo en cuenta que la ley electoral en España es bastante injusta y que difícilmente van a aprobarse algunas de las propuestas para mejorar la representación del pueblo y reducir el número de políticos.

Lo que proponen no es la unión en un único partido nacional, sino un pacto por regiones para que, siguiendo la vigente Ley D’Hondt, se maximice el número de escaños conseguidos. La idea puede funcionar y frenar el envite de la derecha y la ultraderecha con todo lo que esto supone: devaluación del sector público, desprecio por el medioambiente, defensa del machismo, etc. Con respecto a la naturaleza, si ya el PP era un partido peligroso (demostrado sobradamente aquí), con sus nuevos socios —negacionistas impenitentes— la cosa no pinta bien ni para el medioambiente, ni para los animales, ni para nadie, salvo para una minoría que sabe bien lo que quiere y dónde pone su dinero.

Las luchas entre partidos pueden ser muy aburridas. Tenemos que centrar el debate en qué es lo mejor para nuestra sociedad en su conjunto y no para cada votante en particular.

¿Qué pedimos a un partido político digno?

Las ideas aquí expuestas, están AQUÍ en una poesía.

A la gente corriente —currantes o en paro, jóvenes o ancianos— nos da igual que se llamen de izquierdas o derechas. Lo que queremos es compromiso con los problemas reales de las personas y del planeta. Repartidos en tres epígrafes, los siguientes quince puntos que deberían estar en el programa y en la boca de cualquier partido decente:

1. Principios básicos:

  1. Se debe tener claro que el gobierno tiene como principal misión defender a la ciudadanía por delante de cualquier objetivo corporativo. Los intereses empresariales deben estar siempre en segundo plano.
  2. Para garantizar una democracia sana, se deben rechazar todas las formas de dictaduras y todos los golpes de Estado. Por muy razonable que parezca un totalitarismo, imponer un criterio particular a una mayoría nunca será aceptable.
  3. El punto anterior va ligado a condenar cualquier genocidio como el de Palestina y cualquier conflicto armado como el de Irán, el cual no tiene más justificación que querer robar su petróleo (como también ocurrió en Irak o en Venezuela).
  4. Un gobierno digno debe respetar la verdad y combatir los bulos. Para esto, es fundamental una televisión pública libre y objetiva que combata de forma transparente las manipulaciones. Cuando esto no es así, la sociedad se indigna (véanse los casos de la televisión gallega, andaluza o madrileña).
  5. Un gobierno inteligente apoyará la cooperación internacional, sin perjuicio del resto de puntos. Como ha demostrado la Unión Europea, renunciar a beneficios particulares de un Estado a favor de un objetivo común beneficia a la mayoría. Por tanto, avanzar en intereses comunes suele ser mejor que navegar hacia cualquier forma de independentismo egoísta. En este sentido, las declaraciones de la líder del PP europeo, Von der Leyen, deben condenarse por despreciar la legalidad internacional (*).
  6. También pedimos a nuestros políticos respeto por todos los contrincantes. Se debe respetar a los oponentes y ser tolerantes con todas las personas (no con todas las ideologías). Insultar nunca será una forma correcta de argumentar. Y el clásico «y tú más», tampoco.

2. Justicia social y modelo económico:

  1. Maximizar el bien común pasa por fomentar la solidaridad, de forma laica o religiosa. No querremos vivir en un país donde reine el egoísmo y la pobreza. Esto implica:
    • Activar políticas para facilitar la vivienda a los más desfavorecidos (no a políticos y notarios como en Alicante). Cuando se construyan viviendas sociales, estas deben pertenecer siempre al Estado y jamás deben privatizarse.
    • Evitar desahucios y ofrecer alternativas.
    • Ayudas controladas a los desfavorecidos por desastres naturales u otras causas (descuentos en IRPF, en luz, agua…).
    • Aumentar los salarios más bajos (el SMI).
    • También, por supuesto, es deseable una sociedad solidaria con los inmigrantes y comprensiva con su situación. Eso implica un gasto extra del Estado, que nos beneficia a todos. Los que dicen «llévate a los inmigrantes a tu casa», seguro que no quieren meter en su casa los residuos de las nucleares que defienden.
    • En definitiva, intentar reducir la desigualdad es algo que beneficia a toda la sociedad, pues reduce los problemas sociales (delincuencia, fraude, explotación laboral…).
  2. Un gobierno ideal debe apoyar lo público, con especial interés en la educación y la sanidad. La importancia de esto la vemos cada día. Durante la pandemia fue aún más evidente. Hubo lecciones que debimos aprender. Esto también sirve para medir la fortaleza de un gobierno frente a intereses comerciales o especulativos y, por tanto, para medir la salud de una democracia.
  3. Los impuestos deben servir para sufragar los gastos públicos de forma solidaria. Es importante que sean justos y progresivos. Obsérvese que los países con mayor bienestar y menor delincuencia son precisamente los que tienen mayores impuestos, en particular a los millonarios. Subir un pequeño porcentaje a los magnates puede resolver grandes problemas. Y ellos ni lo notan. Para la democracia es positivo permitir que los contribuyentes puedan elegir el destino de parte de sus impuestos. Y el que evada en paraísos fiscales (como algunos influencers) que pague si quiere usar nuestros servicios públicos (hospitales, aeropuertos, etc.).
  4. Reducir la jornada laboral es un acto de justicia universal, dado que hay multitud de inventos que están ahorrando mucha mano de obra (robots, IA, computadoras…). Es preciso reconocer que estos inventos son logros de la humanidad en su conjunto y, por consiguiente, es justo que beneficien a todos y no solo a una minoría.
  5. Deben defenderse los derechos civiles (igualdad ante la ley, libertad de expresión, matrimonio igualitario…) así como la igualdad entre la ciudadanía: feminismo (igualdad entre personas de distinto género), lucha contra el racismo, la aporofobia, etc.

3. Ciencia, medioambiente y bienestar animal:

  1. Las decisiones políticas deben estar, cuando sea posible, avaladas por la ciencia y nunca deben ignorar sus conclusiones para favorecer intereses partidistas.
  2. Una ideología sensata siempre debe estar dispuesta a cambiar y evolucionar. Así, las tradiciones pueden cambiarse para adaptarse a los nuevos tiempos.
  3. Un medioambiente sano no es solo uno de los Derechos Humanos y un bonito artículo de la Constitución Española (art. 45). Nuestra vida, nuestra salud y la de nuestros descendientes dependen de que cambiemos nuestra forma de tratar a la naturaleza. Por tanto, debe ser aislado cualquier partido o ideología que no lo entienda y que no respete lo que dice la ciencia.
  4. Defender los derechos de los animales es también elemental para la dignidad del ser humano. Y también ayudará a mejorar nuestro trato a la naturaleza. ¿Cómo es posible que la tauromaquia esté blindada en España cuando solo el 8 % de los españoles acudió a algún espectáculo taurino en el último año? Además, un 70 % manifiesta tener un interés «mínimo» por estos eventos; y siete de cada diez consideran «totalmente inaceptable» el uso de animales en corridas de toros, eventos que se han desplomado un 60 %. Incluso se han cerrado numerosas plazas.

Si un partido político o una coalición aboga por todo (o casi todo) lo dicho arriba, creo que contará con mi apoyo y con el de muchos otros. No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de sensatez y humanidad.

(*) Tras sus esperpénticas declaraciones incitando a abandonar la legalidad internacional, una noticia más reciente dice que Von der Leyen recula ante las críticas y defiende ahora el “compromiso inquebrantable” de la UE con el derecho internacional. Es muy lamentable que tenga que desdecirse porque las críticas han sido feroces y las peticiones de dimisión se cuentan por millares en redes sociales. Es obvio que dijo lo que pensaba y que su amor por el cargo le hace decir lo que tenga que decir. Resulta del todo hilarante que el PP saliera a defender las palabras de Von der Leyen y, ahora que se ha desdicho, el PP calla. Hablar sin pensar es peligroso.

♦ Más sobre política sensata:

blogsostenible

La unión de la gente sensata (llámale equis, izquierdas o derechas)

No hace mucho se reunieron dos de los políticos más brillantes del panorama nacional español. Incluso sus oponentes lo reconocen. Ambos pertenecen a partidos distintos, pero coinciden en lo esencial, además de mantener un discurso claro y directo —tal vez con alguna exageración cómica o hipérbole innecesaria—, pero sin bulos y sin pelos en la lengua. Me refiero a Emilio Delgado (diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid) y a Gabriel Rufián (diputado en el Congreso por ERC).

Lo que estos dos políticos han planteado es algo bastante antiguo: la unión de la izquierda, especialmente teniendo en cuenta que la ley electoral en España es bastante injusta y que difícilmente van a aprobarse algunas de las propuestas para mejorar la representación del pueblo y reducir el número de políticos.

Lo que proponen no es la unión en un único partido nacional, sino un pacto por regiones para que, siguiendo la vigente Ley D’Hondt, se maximice el número de escaños conseguidos. La idea puede funcionar y frenar el envite de la derecha y la ultraderecha con todo lo que esto supone: devaluación del sector público, desprecio por el medioambiente, defensa del machismo, etc. Con respecto a la naturaleza, si ya el PP era un partido peligroso (demostrado sobradamente aquí), con sus nuevos socios —negacionistas impenitentes— la cosa no pinta bien ni para el medioambiente, ni para los animales, ni para nadie, salvo para una minoría que sabe bien lo que quiere y dónde pone su dinero.

Las luchas entre partidos pueden ser muy aburridas. Tenemos que centrar el debate en qué es lo mejor para nuestra sociedad en su conjunto y no para cada votante en particular.

¿Qué pedimos a un partido político digno?

Las ideas aquí expuestas, están AQUÍ en una poesía.

A la gente corriente —currantes o en paro, jóvenes o ancianos— nos da igual que se llamen de izquierdas o derechas. Lo que queremos es compromiso con los problemas reales de las personas y del planeta. Repartidos en tres epígrafes, los siguientes quince puntos que deberían estar en el programa y en la boca de cualquier partido decente:

1. Principios básicos:

  1. Se debe tener claro que el gobierno tiene como principal misión defender a la ciudadanía por delante de cualquier objetivo corporativo. Los intereses empresariales deben estar siempre en segundo plano.
  2. Para garantizar una democracia sana, se deben rechazar todas las formas de dictaduras y todos los golpes de Estado. Por muy razonable que parezca un totalitarismo, imponer un criterio particular a una mayoría nunca será aceptable.
  3. El punto anterior va ligado a condenar cualquier genocidio como el de Palestina y cualquier conflicto armado como el de Irán, el cual no tiene más justificación que querer robar su petróleo (como también ocurrió en Irak o en Venezuela).
  4. Un gobierno digno debe respetar la verdad y combatir los bulos. Para esto, es fundamental una televisión pública libre y objetiva que combata de forma transparente las manipulaciones. Cuando esto no es así, la sociedad se indigna (véanse los casos de la televisión gallega, andaluza o madrileña).
  5. Un gobierno inteligente apoyará la cooperación internacional, sin perjuicio del resto de puntos. Como ha demostrado la Unión Europea, renunciar a beneficios particulares de un Estado a favor de un objetivo común beneficia a la mayoría. Por tanto, avanzar en intereses comunes suele ser mejor que navegar hacia cualquier forma de independentismo egoísta. En este sentido, las declaraciones de la líder del PP europeo, Von der Leyen, deben condenarse por despreciar la legalidad internacional (*).
  6. También pedimos a nuestros políticos respeto por todos los contrincantes. Se debe respetar a los oponentes y ser tolerantes con todas las personas (no con todas las ideologías). Insultar nunca será una forma correcta de argumentar. Y el clásico «y tú más», tampoco.

2. Justicia social y modelo económico:

  1. Maximizar el bien común pasa por fomentar la solidaridad, de forma laica o religiosa. No querremos vivir en un país donde reine el egoísmo y la pobreza. Esto implica:
    • Activar políticas para facilitar la vivienda a los más desfavorecidos (no a políticos y notarios como en Alicante). Cuando se construyan viviendas sociales, estas deben pertenecer siempre al Estado y jamás deben privatizarse.
    • Evitar desahucios y ofrecer alternativas.
    • Ayudas controladas a los desfavorecidos por desastres naturales u otras causas (descuentos en IRPF, en luz, agua…).
    • Aumentar los salarios más bajos (el SMI).
    • También, por supuesto, es deseable una sociedad solidaria con los inmigrantes y comprensiva con su situación. Eso implica un gasto extra del Estado, que nos beneficia a todos. Los que dicen «llévate a los inmigrantes a tu casa», seguro que no quieren meter en su casa los residuos de las nucleares que defienden.
    • En definitiva, intentar reducir la desigualdad es algo que beneficia a toda la sociedad, pues reduce los problemas sociales (delincuencia, fraude, explotación laboral…).
  2. Un gobierno ideal debe apoyar lo público, con especial interés en la educación y la sanidad. La importancia de esto la vemos cada día. Durante la pandemia fue aún más evidente. Hubo lecciones que debimos aprender. Esto también sirve para medir la fortaleza de un gobierno frente a intereses comerciales o especulativos y, por tanto, para medir la salud de una democracia.
  3. Los impuestos deben servir para sufragar los gastos públicos de forma solidaria. Es importante que sean justos y progresivos. Obsérvese que los países con mayor bienestar y menor delincuencia son precisamente los que tienen mayores impuestos, en particular a los millonarios. Subir un pequeño porcentaje a los magnates puede resolver grandes problemas. Y ellos ni lo notan. Para la democracia es positivo permitir que los contribuyentes puedan elegir el destino de parte de sus impuestos. Y el que evada en paraísos fiscales (como algunos influencers) que pague si quiere usar nuestros servicios públicos (hospitales, aeropuertos, etc.).
  4. Reducir la jornada laboral es un acto de justicia universal, dado que hay multitud de inventos que están ahorrando mucha mano de obra (robots, IA, computadoras…). Es preciso reconocer que estos inventos son logros de la humanidad en su conjunto y, por consiguiente, es justo que beneficien a todos y no solo a una minoría.
  5. Deben defenderse los derechos civiles (igualdad ante la ley, libertad de expresión, matrimonio igualitario…) así como la igualdad entre la ciudadanía: feminismo (igualdad entre personas de distinto género), lucha contra el racismo, la aporofobia, etc.

3. Ciencia, medioambiente y bienestar animal:

  1. Las decisiones políticas deben estar, cuando sea posible, avaladas por la ciencia y nunca deben ignorar sus conclusiones para favorecer intereses partidistas.
  2. Una ideología sensata siempre debe estar dispuesta a cambiar y evolucionar. Así, las tradiciones pueden cambiarse para adaptarse a los nuevos tiempos.
  3. Un medioambiente sano no es solo uno de los Derechos Humanos y un bonito artículo de la Constitución Española (art. 45). Nuestra vida, nuestra salud y la de nuestros descendientes dependen de que cambiemos nuestra forma de tratar a la naturaleza. Por tanto, debe ser aislado cualquier partido o ideología que no lo entienda y que no respete lo que dice la ciencia.
  4. Defender los derechos de los animales es también elemental para la dignidad del ser humano. Y también ayudará a mejorar nuestro trato a la naturaleza. ¿Cómo es posible que la tauromaquia esté blindada en España cuando solo el 8 % de los españoles acudió a algún espectáculo taurino en el último año? Además, un 70 % manifiesta tener un interés «mínimo» por estos eventos; y siete de cada diez consideran «totalmente inaceptable» el uso de animales en corridas de toros, eventos que se han desplomado un 60 %. Incluso se han cerrado numerosas plazas.

Si un partido político o una coalición aboga por todo (o casi todo) lo dicho arriba, creo que contará con mi apoyo y con el de muchos otros. No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de sensatez y humanidad.

(*) Tras sus esperpénticas declaraciones incitando a abandonar la legalidad internacional, una noticia más reciente dice que Von der Leyen recula ante las críticas y defiende ahora el “compromiso inquebrantable” de la UE con el derecho internacional. Es muy lamentable que tenga que desdecirse porque las críticas han sido feroces y las peticiones de dimisión se cuentan por millares en redes sociales. Es obvio que dijo lo que pensaba y que su amor por el cargo le hace decir lo que tenga que decir. Resulta del todo hilarante que el PP saliera a defender las palabras de Von der Leyen y, ahora que se ha desdicho, el PP calla. Hablar sin pensar es peligroso.

♦ Más sobre política sensata:

Cárcel y exclusión social, el alto precio que pagan los 'refusenik' por negarse a servir en el ejército israelí

5 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Los jóvenes israelíes tienen que presentarse a filas del Ejército de forma obligatoria a los 18 años y formar parte de la reserva hasta los 40. Los que se niegan a alistarse o a permanecer en la reserva por motivos éticos son llamados 'refusenik'. Hemos hablado con algunos de ellos.

María Inmaculada Balbás Pérez

No hay cifras oficiales. El Ministerio de Defensa israelí no comparte esta información tan sensible. Pero asociaciones como Mesarvot afirman que, desde el inicio de la invasión de Gaza, por lo menos unos 100 jóvenes se han negado a hacer el servicio militar obligatorio. Investigaciones periodísticas independientes afirman, por otra parte, que por lo menos unos 100.000 reservistas también se han negado a incorporarse al Ejército.

En las ciudades israelíes, especialmente en Jerusalén, es común ver a jóvenes uniformados y con fusiles de asalto en plena calle, incluso cuando van de paisano. En el país hebreo, el servicio militar es obligatorio para ambos sexos: ellos tienen que servir durante dos años y medio como mínimo, ellas durante dos en las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel).

Sin embargo, el país hacía una excepción con dos colectivos: los árabes que son ciudadanos israelíes, es decir, palestinos que tienen pasaporte israelí (el 21% de la población en 2025, según la Oficina de estadísticas del Estado), y los judíos ultraortodoxos (el 14% de los judíos son haredíes, según los datos del Instituto de la Democracia de Israel). En junio de 2024 se canceló la excepción para los ultraortodoxos (lo que ha provocado numerosas protestas entre la población haredí, que se ha negado tradicionalmente a servir en el Ejército). La exclusión sigue sin embargo vigente para los palestinos con pasaporte israelí.

También hay excepciones, como por ejemplo, las personas consideradas no aptas por cuestiones médicas o mentales, que están exentas del servicio militar obligatorio, y aquellos estudiantes sobresalientes que pueden aplazar el servicio militar o hacerlo más corto. El 65% restante de los jóvenes israelíes tienen que presentarse a filas de forma obligatoria a los 18 años y formar parte de la reserva hasta los 40, cuando terminan el servicio militar, aunque esto puede variar dependiendo del rango o de la unidad del Ejército. También tienen que acudir a formaciones de cuatro meses cada año para mantenerse en forma hasta que llegan a la edad límite. Luego están aquellos que se niegan a alistarse o a permanecer en la reserva por motivos éticos: los llamados refusenik.

Los refusenik son jóvenes como Yona Roseman, objetora de conciencia transexual de 19 años originaria de Haifa (norte de Israel), que afirma que "gracias al activismo anti apartheid" se dio cuenta de que no podía alistarse en el Ejército, opinión que reforzó "tras el inicio del genocidio" el 7 de octubre de 2023.

Sobre las consecuencias de su activismo y de su negativa a ingresar en las FDI, explica que ha sido arrestada hasta en siete ocasiones, y ha pasado un total de 50 días entre rejas, 20 de ellos en confinamiento solitario. Pero eso no fue todo: "Muchos de mis amigos cortaron lazos conmigo a raíz de mi decisión". La relación con sus padres tampoco ha vuelto a ser la misma. La activista recibió la exención del servicio militar hace mes y medio, dos meses después de haber sido puesta en libertad.

Yuval Peleg, joven de 18 años originario de Kfar Saba (área metropolitana de Tel Aviv), pagó también con pena de cárcel su negativa a realizar el servicio militar: pasó un total de 130 días entre rejas las cinco veces que fue encarcelado, hasta que finalmente recibió la exención oficial el 6 de enero de este año. Sobre el proceso cuenta que "era siempre lo mismo: ingresaba en prisión por unos 20 o 30 días, me liberaban, y a los pocos días me volvían a encarcelar". Peleg, que según las autoridades israelíes debía de alistarse un mes después de acabar la educación secundaria, no dudó en negarse a ingresar en el Ejército, al que califica de "organización criminal" y del que declara con convicción que "comete un genocidio".

Sobre el rechazo social que ha tenido que soportar en el país, afirma que, por suerte, siempre ha contado con el apoyo de su familia y de personas de todo el mundo, gracias a una campaña de Amnistía Internacional por su liberación. Sin embargo, las últimas veces que estuvo en la cárcel recibió amenazas por parte de otros internos, y ha perdido amistades. "La mayor parte de la sociedad lo ve como una traición, como algo que no pueden aceptar", asegura.

La historia de Daniel Yahalom es distinta a la de los refusenik anteriores. Yahalom, profesor de Economía de 32 años residente en Haifa, sirvió en el Ejército varias veces. Tenía 19 años cuando fue enviado a la frontera norte con Líbano. Sobre aquel momento, comenta que sentía que era su deber contribuir a la defensa de su patria. Tras el inicio de la guerra en 2023, fue llamado a filas desde la reserva en tres ocasiones: en 2023, 2024 y 2025, cuando le llamaron para participar en la toma de la ciudad de Gaza en mayo, momento en que decidió negarse. Fue puesto en confinamiento solitario durante cinco días, tras una semana de procedimientos judiciales. Todavía no ha recibido la exención de forma oficial, pero no le han vuelto a llamar a filas.

Lo que finalmente hizo renunciar a Yahalom fue su experiencia como soldado en la Cisjordania ocupada los meses que estuvo activo durante 2023 y 2024. Describe que fue la "falta de equilibrio de poder" que rige el día a día entre palestinos e israelíes lo que poco a poco hizo sentir más y más incómodo en el Ejército, hasta que llegó el momento de renunciar. "Cuando tu estás con una pistola y les estás pidiendo que te muestren su carné de identidad, y ellos saben que no pueden hacer un movimiento en falso, porque si no serán detenidos por días, semanas o meses (...), cuando soldados aparecen en sus casas en medio de la noche, los detienen y llevan a prisión sin juicio (...) lo mundana que es la brutalidad contra los palestinos allí… es algo terrible, que hace que sus vidas sean insoportables".

Sin embargo, afirma que él es un "afortunado", ya que recibió muchas muestras de apoyo por parte de su entorno y pagó un "precio muy bajo", puesto que solo perdió dos semanas de empleo y sueldo, mientras que otros objetores han llegado a perder sus puestos de trabajo o han sido rechazados en procesos de selección por ese motivo. Ser judío en Israel es un gran privilegio, y afirma: "Desobedecer al Estado es mucho más peligroso cuando eres palestino, incluso si tienes el pasaporte israelí".

Por su parte, el Ejército israelí no explica muy bien la duración de las condenas ni por qué unas duran más que otras, como recoge un informe de Amnistía Internacional. Según reza el informe, "todas estas personas están expuestas a ser encarceladas a pesar de que no se les ha dado la oportunidad de realizar un servicio civil alternativo (...). Pueden ser encarceladas durante semanas y en ocasiones meses, tras ser juzgadas por oficiales", tras negarse a presentarse a filas. No obstante, y según recoge el organismo, el derecho a objetar el servicio militar por motivos de conciencia está protegido por el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, del que Israel es parte.

El 7 de octubre, un antes y un después

"Siempre ha habido objetores de conciencia en Israel", explica Nimrod Flaschenberg, portavoz de Mesarvot, plataforma que une distintas organizaciones que defienden los derechos de los objetores de conciencia, como el Partido Comunista, Combatants for peace o Yesh Gvul. El portavoz corrobora el aislamiento social al que son sometidos los refusenik, ya que "aquellos que se niegan son considerados traidores a la patria", sentimiento que se intensificó tras el inicio de la guerra en Gaza.

"Poco antes del 7 de octubre, hubo una gran protesta general contra del Gobierno, mucha gente amenazó con negarse a hacer el servicio militar… especialmente reservistas, pero también jóvenes", explica el portavoz. Muchos jóvenes protestaron contra la ley que les obliga a alistarse en el ejército y contra la ocupación israelí de Palestina en septiembre antes de los múltiples atentados perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023.

Pero tanto el portavoz como los refusenik entrevistados coinciden en que, desde que comenzó la guerra, muchos jóvenes israelíes que antes estaban abiertos a la idea de convertirse en objetores de conciencia cambiaron de opinión. Peleg afirma que inmediatamente después de los atentados "la gente quería venganza" y que "hubo una oleada de personas que se ofrecieron voluntarias, no sólo para alistarse, sino incluso para preparar comida a los soldados". Roseman va más allá y afirma creer que la gran mayoría de la sociedad israelí "lleva más de dos años sumida en un frenesí genocida".

Cualquier tipo de disidencia en Israel, y especialmente la disidencia contra el Ejército y el servicio militar, que se considera un organismo unificador del Estado hebreo, es visto como una traición, concluye la activista. Sin embargo, Peleg también asegura que "muchos soldados están desertando del Ejército, no por razones ideológicas, sino porque están cansados" de la guerra, como es el caso de Yahalom.

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/car...

La resistencia civil noviolenta ucraniana ante la guerra: (Febrero-junio 2022) (I)

31 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Salam aleikum.

Hoy empezamos la divulgación del documento de Felip Daza Sierra titulado La resistencia civil noviolenta ucraniana ante la guerra. Análisis de las tendencias, impactos y desafíos de la acción noviolenta en Ucrania (febrero-junio 2022).

Autor: Felip Daza Sierra. Licenciado en Ciencias Políticas por la Pompeu Fabra, Máster en Relaciones Internacionales por la Fundación CIDOB y diploma de postgrado en Prevención de conflictos, gestión de crisis y rehabilitación post-conflicto por la Universidad Complutense de Madrid.

Profesor de transformación social, incidencia política y derechos humanos en Sciences Po Paris University y en la Universitat Oberta de Catalunya, y ha trabajado durante más de 15 años en el ámbito de la construcción de paz y acción noviolenta en el Sur y Este de Europa, Cáucaso del Sur, Norte de África y Oriente Próximo.

En 88 páginas, Felip Daza hace un trabajo encomiable:

Primero nos informa, de manera general en 5 páginas, con un resumen ejecutivo.
A continuación, en la segunda sección del documento, nos hace una introducción al documento,
En la tercera sección nos presenta el marco conceptual: objetivos, mecanismos de cambio y métodos de la resistencia civil noviolenta.
En la cuarta sección nos presenta un resumen de 100 años de resistencia civil en Ucrania.
En la quinta sección hace un análisis de la acción noviolenta en Ucrania.
En la sexta sección nos habla de los impactos y desafíos de la resistencia civil noviolenta, de manera a la vez resumida y detallada (por la presencia de un anexo con tablas muy detalladas y precisas con diversas fuentes gráficas, vídeos, noticias, etc. que apoyan y sustentan sus afirmaciones).
En la séptima sección encontramos un decálogo de recomendaciones para apoyar la resistencia civil noviolenta.
Por si todo esto fuera poco complementa el documento con una sección de bibliografía y otra de Anexo.

Ucrania es un país con más de 100 años de experiencia en acción noviolenta. Esas sólidas capacidades, combinadas con las redes informales de poder a nivel local y el vibrante tejido asociativo del país formado por comunidades auto organizadas y organizaciones de defensa de derechos humanos, mediación y diálogo para la transformación de conflictos, explicaría, en parte, la ‘espontanea' y generalizada resistencia civil noviolenta en las primeras etapas de la invasión rusa, entre febrero y junio de 2022, período de estudio de esta investigación.

Los resultados y conclusiones de este informe se basan en el análisis de 235 acciones noviolentas por todo el país y una investigación de campo con más de 55 entrevistas a líderes políticos y sociales, académicos y activistas ucranianos. La amplia movilización y organización comunitaria se ha cristalizado en centenares de acciones noviolentas de protesta (148), no-cooperación (51) e intervención noviolenta (36). Geográficamente, la mayoría de acciones se ha localizado en los oblasts del sur (Kherson y Zaporizhia) lo que demuestra la persistencia de la resistencia noviolenta en las zonas bajo ocupación. Temporalmente, en febrero y marzo predominan acciones de protesta pública pero que se reducen drásticamente a finales de marzo debido al aumento de la represión y secuestro de activistas en los territorios ocupados. A partir de abril, la resistencia noviolenta se transforma en acciones comunicativas ‘invisibles', no-cooperación e intervención noviolenta creando estructuras de auto-gobierno paralelo. La resistencia civil noviolenta se ha articulado en 7 ámbitos de actuación con impactos y desafíos específicos:

Obstrucciones en los objetivos militares rusos
Socavamiento de los pilares del poder del Kremlin
Protección de civiles
Resiliencia comunitaria
Refuerzo de la gobernanza local
Cohesión nacional social y regional
Rendición de cuentas

Todos ellos los trataremos con más detalle en próximas entradas. Hoy nos limitados a dar cuenta de:

Decálogo de recomendaciones para apoyar la resistencia civil noviolenta

Recomendaciones para organismos, gobiernos y actores de la sociedad civil ucraniana e internacional:

1. Reforzar la resistencia civil noviolenta en las zonas bajo ocupación: a través de recursos materiales y financieros, creación de espacios de coordinación e intercambio de información, y desarrollo de acciones de incidencia político-social para visibilizar y apoyar el trabajo de los activistas que resisten a la ocupación militar y a la institucionalización de la represión en esos territorios.

2. Desarrollar un sistema de protección de defensores de derechos humanos de acuerdo a los principios guía de los Defensores de Derechos Humanos de la UE en coordinación con centros de defensa de derechos humanos ucranianos y organizaciones internacionales. Este programa debe prestar especial atención a los impactos psicológicos de la guerra y a la protección de los activistas en zonas bajo ocupación militar temporal rusa.

3. Apoyar los sistemas civiles de monitoreo e investigación de crímenes de guerra como mecanismos para asegurar el acceso a la justicia y el Estado de Derecho a través de las plataformas de protección de derechos humanos creadas e incorporando una perspectiva de justicia transicional que incluya la investigación de todos los crímenes de guerra y las agresiones de actores armados no estatales.

4. Fortalecer la resiliencia comunitaria y la cohesión social a través de las organizaciones e infraestructuras desarrolladas por el movimiento juvenil ucraniano. Concretamente, este apoyo debe comprender un programa nacional de aumento de capacidades en transformación de conflictos, acción noviolenta y resiliencia digital, así como proveer la red de centro de jóvenes ucranianos con las capacidades y recursos para desarrollar contra-narrativas noviolentas en cooperación con medios de comunicación locales y digitales.

5. Prevenir la polarización social a través del apoyo a las intervenciones de la comunidad de mediación y facilitación del diálogo de Ucrania para prevenir los conflictos intra-familiares y comunitarios entre las comunidades de acogida y de desplazados internos provenientes del este del país.

6. Favorecer el desarrollo de iniciativas noviolentas, de diálogo y construcción de paz a nivel regional, a través del apoyo financiero y la creación de espacios de intercambio de información y planificación de acciones con activistas y colectivos comprometidos con la justicia social y los derechos humanos, aprovechando las relaciones, capacidades y experiencias de las organizaciones especializadas en estos ámbito geográficos y temáticos para encontrar objetivos comunes.

7. Incidir en el diseño de nuevas arquitecturas globales y regionales basadas en la seguridad humana que pongan en el centro la protección y las necesidades humanas, impliquen el diseño de estrategias noviolentas para transformar los conflictos y redireccionen recursos destinados a las estructuras e iniciativas militaristas. Este trabajo debe considerar el amplio trabajo desarrollado por Naciones Unidas en materia de seguridad humana.

8. Explorar la posibilidad de desarrollar y regular un sistema civil de defensa noviolenta que se construya a partir de las iniciativas y experiencias vigentes como la Estrategia de Defensa Nacional de Lituania. Este proceso debe incluir un debate público sobre los límites de la noviolencia y la complementariedad con la defensa militar.

9. Proteger y regular la objeción de conciencia como derecho humano de la ciudadanía para contribuir en la defensa de su país sin el uso de las armas. Ello debe incluir la protección de los derechos civiles y políticos de las personas activistas pacifistas y objetores de conciencia y su posible incorporación al sistema civil defensa noviolenta.

10. Asegurar que la reconstrucción social y política se apoye sobre el desarrollo de la gobernanza local y la descentralización política, y garantice la participación efectiva en los procesos de toma de decisión de las organizaciones de mujeres y las activistas que están liderando la resistencia civil noviolenta, la defensa de los derechos humanos y el fomento de la mediación y facilitación de diálogo del país.

Aleikum salam.

Fuente: https://www.politicanoviolenta.org/...

Más de dos millones de soldados ucranianos han desertado

28 Enero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Casi dos millones de ucranianos se esconden para evitar el reclutamiento y otros 200.000 soldados han desertado, según declaró el miércoles el nuevo ministro de Defensa ucraniano, Mykhailo Fedorov en una intervención ante el parlamento ucraniano antes de la votación que confirmó su cargo (*). Es la primera vez que un alto dirigente ucraniano reconoce la verdadera magnitud del problema.

La tendencia al aumento de las deserciones es alarmante en el ejército ucraniano, lo que contradice la política europea de utilizarlos ucranianos como carne de cañón. En 2022, 9.137 personas desertaron del ejército, y en 2023, esa cifra ya había alcanzado las 24.286. En tan solo dos años, el número de desertores se ha multiplicado por diez. El número de quienes “votan por la paz con los pies” crece no solo a diario, sino cada hora.

De enero a octubre del año pasado, el gobierno ucraniano registró más de 176.000 casos de este tipo antes de dejar de publicar estadísticas. En octubre, esta cifra alcanzó un récord de 19.600, mientras que a principios de año, la media era de entre 17.000 y 18.000 al mes. Se estima que, dada la tendencia al alza, el número total de desertores del año ascienda a 214.000 como mínimo.

Rumores sobre la baja moral y una alta tasa de deserción han circulado durante mucho tiempo, pero los comentarios de Fedorov representan la primera vez que un alto dirigente ucraniano revela la verdadera magnitud del problema y la grave situación del ejército ucraniano.

Según la ley ucraniana, todos los hombres de entre 18 y 60 años deben registrarse para el servicio militar y llevar su documentación en todo momento, aunque solo los hombres de entre 25 y 60 años están formalmente sujetos a movilización.

La ley marcial vigente en el país prohíbe a los hombres de entre 23 y 60 años salir del país, pero decenas de miles han huido ilegalmente.

Tras reunirse con Fedorov el miércoles, Zelensky declaró que se necesitaban “cambios más significativos” en la movilización del país. Actualmente hay unas 500 empresas en Ucrania que producen drones, 200 que producen equipos de interferencia y más de 20 que producen misiles.

Según Zelensky, una de las prioridades de Fedorov en su nuevo cargo será fortalecer el componente tecnológico del ejército ucraniano.

(*) https://edition.cnn.com/2026/01/14/...

Fuente: https://mpr21.info/mas-de-dos-millo...

Antimilitaristas protestan ante la fábrica armamentística ITP Aero en Barakaldo por su implicación en el genocidio del pueblo palestino

3 Enero 2026 at 00:12
Por: (tortuga)

Activistas de la coordinadora antimilitarista Kakitzat se han concentrado ante la fábrica "armamentística" de ITP Aero en el barrio de Desierto para denunciar "la implicación del Gobierno Vasco y las empresas de armas vascas en el genocidio del pueblo palestino". Los manifestantes han arremetido contra la empresa por su "colaboración en la fabricación y mantenimiento de los aviones militares del ejército israelí que bombardean a la población civil".

Comunicado de Kakitzat

Barakaldo, martes 30 de diciembre de 2025

Ante la factoría en Barakaldo de la fábrica armamentística ITP Aero protesta en denuncia de la implicación de esta empresa en el genocidio del pueblo palestino.

Los presupuestos aprobados por el Gobierno Vasco implica destinar 325 millones de euros para uso militar y subvencionar a las fábricas de armas vascas.

La modificación normativa aprobada por el Gobierno Vasco a la Ley de Cooperación y Solidaridad conlleva el destino de 325 millones de euros para sufragar la producción, comercialización y financiación de las empresas de armamento vascas.

En concreto, ha sido modificado el artículo 10 de la ley de Cooperación y Solidaridad que establecía que las instituciones de la CAV no podían colaborar con «personas físicas o jurídicas dedicadas a la producción, comercialización y financiación de armamento o tecnología de uso militar».

En esta línea, ITP Aero Barakaldo verá incrementadas las subvenciones que percibe como industria militar con label de calidad vasca. Empresa aeronáutica que colabora con los aviones militares israelís que bombardean a la población civil de Palestina en Gaza, Cisjordania, Jerusalén…

Hay que tener en cuenta que ITP Aero colabora con la fabricación y mantenimiento de los aviones del ejército israelí que bombardean salvaje -e indiscriminadamente- la franja de Gaza y su actividad militar representa ya un 39% de su negocio total.

Cabe destacar que ITP Aero se dedica, además, a la producción de componentes para el avión de transporte militar Airbus A400M o el Avión de Combate Europeo Eurofighter. Por otro lado, tiene un contrato de 111,5 millones para el mantenimiento de las aeronaves del Ejército Español del Aire.

Por todos estos motivos, desde el colectivo antimilitarista se denuncia la importante implicación institucional con las empresas de armas vascas frente a los recortes en sanidad, pensiones, políticas de igualdad, prestaciones sociales o en las posibilidades de acceso a una vivienda digna.

Según datos del Ministerio de Defensa son 206 las empresas vascas las que se dedican a la producción militar. En concreto, Euskadi es la tercera comunidad autónoma del Estado, solo por detrás de Madrid y Andalucía, en facturación militar.

En solidaridad con el pueblo palestino, detengamos ya la producción militar vasca

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KAKITZAT koordinakunde antimilitaristak Eusko Jaurlaritzak eta euskal arma-enpresek Palestinako herriaren genozidioan duten inplikazioa salatu du

Barakaldon, 2025eko abenduaren 30a,asteartea

ITP Aero arma-fabrikak Barakaldon duen lantegiaren aurrean protesta egin dute, Palestinako herriaren genozidioan enpresa horrek duen inplikazioa salatzeko.

Eusko Jaurlaritzak onartutako aurrekontuek 325 milioi euro gastu militarrerako erabiltzea eta euskal arma-fabrikei dirulaguntzak ematea dakarte.
Eusko Jaurlaritzak Lankidetza eta Elkartasun Legeari onartutako arau-aldaketak 325 milioi euro bideratzen ditu euskal armamentu-enpresen ekoizpena, merkaturatzea eta finantzaketa ordaintzeko.

Zehazki, Lankidetzari eta Elkartasunari buruzko Legearen 10. artikulua aldatu da. Horren arabera, EAEko erakundeek ezin zuten «armamentua edo erabilera militarreko teknologia ekoizten, merkaturatzen eta finantzatzen diharduten pertsona fisiko edo juridikoekin» lankidetzan jardun.

Ildo horretan, ITP Aero Barakaldok handitu egingo ditu euskal kalitate-labela duen industria militar gisa jasotzen dituen dirulaguntzak. Gazan, Zisjordanian, Jerusalemen... Palestinako biztanleria zibila bonbardatzen duten israeldar hegazkin militarrekin elkarlanean aritzen den aeronautika enpresa da ITP Aero Barakaldo.

Kontuan izan behar da ITP Aerok Gazako zerrenda basatiki eta inolako bereizketarik gabe bonbardatzen duten Israelgo armadaren hegazkinak fabrikatzen eta mantentzen laguntzen duela, eta bere jarduera militarra negozio osoaren % 39 dela.

Aipatzekoa da ITP Aerok, gainera, Airbus A400M garraio militarreko hegazkinerako edo Eurofighter Europako Borrokarako Hegazkinerako osagaiak ekoizten dituela. Bestalde, 111,5 milioiko kontratua du Espainiako Aire Armadaren aireontziak mantentzeko.

Arrazoi horiengatik guztiengatik, kolektibo antimilitaristak salatu egiten du administrazioaren erakundeek EAEko arma-enpresekin duten inplikazio sakona. Bitartean aplikatzen ari dira murrizketak osasunean, pentsioetan, berdintasun-politiketan, gizarte-prestazioetan edo etxebizitza duina lortzeko aukeretan.

Defentsa Ministerioaren datuen arabera, 206 euskal enpresa ari dira ekoizpen militarrean. Zehazki, Euskadi Estatuko hirugarren autonomia-erkidegoa da, Madrilen eta Andaluziaren atzetik bakarrik, fakturazio militarrari dagokionez.

Palestinako herriari elkartasuna adierazteko, geldi dezagun euskal ekoizpen militarra.

Fuente: https://barakaldodigital.blogspot.c...

50 años del indulto a cientos de presos objetores de conciencia

2 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

F. de la Peña

Hasta que, a finales de 2001, se suprimiera el servicio militar obligatorio en España, miles de jóvenes optaron por declararse objetores de conciencia y se negaron a prestar servicio en el Ejército, entre ellos centenares de testigos de Jehová.

Pero este movimiento contrario a ejercer cualquier desempeño castrense se había vivido mucho antes. Como explica Miguel Ángel Plaza-Navas (CSIC), experto en el tema, y autor de "Testigos de Jehová y objeción de conciencia al servicio militar en España (1936-1964)", «se conoce bastante del movimiento sociopolítico que surgió a inicios de los años 70, derivó hacia el reconocimiento de la objeción de conciencia en los años 80 y culminó con la profesionalización total» de las Fuerzas Armadas en 2002. Pero se conoce muy poco acerca de los que optaron por declararse objetores con anterioridad, desde mediados de los años 30 hasta mediados de los 70.

Entre los cambios políticos y sociales que llegaron a España con la muerte de Franco en noviembre de 1975, uno de ellos fue el indulto que permitió la liberación de aproximadamente 900 jóvenes testigos de Jehová encarcelados durante las décadas sesenta y setenta por su objeción de conciencia al servicio militar. Acontecimiento del que acaban de cumplirse 50 años.

El trabajo de Plaza-Navas destaca el importante papel que tuvieron los jóvenes testigos de Jehová en esa primera etapa de la objeción de conciencia en nuestro país. Se mencionan algunos de los primeros casos conocidos que surgieron entre 1936 y 1964 de una Guerra Civil a las primeras décadas del régimen franquista, época en la que su religión estaba proscrita.

Según este experto, algunos pasaron más de 10 años de su vida en prisión, incluso uno fue fusilado, por mantenerse fieles a su conciencia. En definitiva, este trabajo es una primera aproximación al estudio de la objeción de conciencia en España antes del aniversario de los “25 Años de Paz” y al papel que los testigos de Jehová, grupo religioso muy minoritario durante aquellos años, tuvieron en el camino seguido hacia su reconocimiento.

Los Testigos, fieles a principios bíblicos como el de ‘no alzar espada nación contra nación, ni aprender más la guerra', ya se habían convertido en los primeros objetores de conciencia en España desde 1937. Ese año, fue fusilado Antonio Gargallo Mejía, el primer testigo de Jehová que rehusó incorporarse a filas.

El derecho a la objeción de conciencia fue plenamente reconocido en España con la aprobación de la Constitución de 1978, que incluyó garantías legales para esta postura en su artículo 30, que reza así: “La ley fijará las obligaciones militares de los españoles y regulará, con las debidas garantías, la objeción de conciencia”.

La objeción de conciencia al servicio militar sigue siendo un problema en varios países, razón por la que en la actualidad hay 237 testigos de Jehová encarcelados en todo el mundo.

Fuente: https://www.larazon.es/espana/50-an...

La IA al desnudo: cinco motivos para subir sus impuestos

El escritor Yuval N. Harari decía en su libro Nexus que la herramienta más revolucionaria creada por el ser humano, la Inteligencia Artificial (IA), «puede destruir nuestra civilización». Uno de los motivos, podría ser la inmensa cantidad de puestos de trabajo que están siendo sustituidos por robots y algoritmos. Ejemplo: se han producido más de 200.000 despidos solo en el sector tecnológico mundial. Amazon lidera los recortes, pero es algo que afecta a multitud de empresas de todos los sectores.Robots fabricando coches: un proceso barato pero con un impacto ambiental brutal.

Los negacionistas gritarán que también se están creando empleos. Pero… ¿cuál es el balance global? Nouriel Roubini dice que «la IA invade más puestos de trabajo que las revoluciones anteriores» y la califica como una de las grandes amenazas globales.

Las empresas que se suben a este carro aumentan sus beneficios y disminuyen sus gastos. Este es otro factor que hace crecer la desigualdad: la lista de supermillonarios en España sigue creciendo con los inmensos daños que ello conlleva: sociales, ambientales, etc.

¿Es justo que los beneficios caigan en manos de una minoría?

Tengamos en cuenta estos aspectos:

  1. La llamada Inteligencia Artificial está formada por diversas tecnologías creadas por personal científico, muchas veces pagado con dinero público. Gran parte de los avances que han permitido la IA actual han sido financiados por organismos públicos y —gracias a eso— publicados en revistas en abierto, sin patentes.
  2. La IA y cualquier aparato electrónico tienen un enorme impacto ambiental, principalmente por la minería y por la gran cantidad de energía y agua que requieren.
  3. Las empresas tecnológicas —o con un uso intensivo de tecnología— suelen tener enormes beneficios y costes muy bajos (una vez que han desarrollado su producto).
  4. Estas empresas contribuyen a la destrucción del empleo (los bancos son un claro ejemplo).
  5. Por último, la IA necesita nuestros datos para alimentarse. ¿Por qué crees que hay tantas cosas «gratis» en Internet? Buscadores gratis, redes sociales gratis, almacenamiento gratis, correo electrónico, películas, vídeos, juegos, noticias, etc. De una forma u otra estamos cediendo nuestros datos gratis sin saber para qué. También recibimos publicidad que —aunque no lo queramos reconocer— nos manipula.

Los motores de la IA se alimentan con datos de millones de humanos: los nuestros o los de otros países: colonización digital. A cambio, las empresas nos pagan con despidos masivos y con ingeniería financiera para evadir en paraísos fiscales. Los casos de gigantes como Inditex (la Zara de Amancio Ortega), Meta, Amazon o Apple son solo algunos de los tufos más sonados.

Con razón concluían J. Vicente y M. Pérez que «el gran negocio de estas tecnológicas no son los productos, sino nuestros datos personales. Lo saben todo sobre nosotros: nuestros gustos, búsquedas y hábitos». Con toda esa información, tal vez la IA conozca al ser humano mejor que nosotros mismos. No solo pueden manipularte mejor a ti y a todos los humanos con tu perfil, sino que, con tus datos, entrenan a la IA para lo que quieran, desde inducir opiniones políticas hasta fomentar libros, películas u otros bienes de consumo.

¿Cómo podemos quedarnos con lo mejor de la automatización?

Emplear ordenadores, robots o la IA supone enormes ventajas para la humanidad. Sin embargo, si no controlamos bien este poder, podría destruir el bienestar alcanzado.

Al menos en Europa, estamos construyendo sociedades en las que tenemos gratis muchas cosas valiosas. En realidad no son gratis, sino pagadas entre todos: con dinero público. En España, la sanidad es universal (incluso para los extranjeros). ¿Quién querría vivir en un país donde los pobres se mueren por las calles? ¿En serio los votantes del PP quieren que los inmigrantes pasen frío y hambre en la calle, como en Badalona?

Más ejemplos de lo importante que es el sector público en España: casi todas las carreteras se mantienen gratuitamente para todos. La educación básica también es gratis y hay becas para formarse a cualquier nivel. También son de libre acceso las bibliotecas, los parques y zonas naturales, la televisión pública (RTVE y otros canales autonómicos), la policía, el alumbrado público (a veces excesivo), la recogida de basura y de papeleras, etc.

Si no estamos atentos, podríamos perder cosas tan valiosas como una sanidad y una educación públicas de calidad. Fue una de las lecciones que debimos aprender del coronavirus. Siempre hay amenazas que debemos combatir.

Tampoco debemos olvidar todas las acciones de cuidado ambiental que se pagan con dinero público: estudios científicos, cuidado de bosques y reforestación, bomberos forestales, restauración de ecosistemas, apoyo a energías renovables o agricultura ecológica, programas de conservación de especies, gestión y depuración del agua, control de la contaminación, etc.

Para costear todos esos servicios públicos, tenemos que aplicar la inteligencia natural y tomar medidas urgentes, como las siguientes:

  1. Lo primero sería tomar conciencia del problema para, así, votar, trabajar y educar siempre con el objetivo de construir sociedades más justas y más felices.
  2. Controlar los errores de la IA. Los sistemas humanos no están exentos de errores. Por ejemplo, la IA se alimenta de millones de datos humanos en los que el machismo está incrustado. Por tanto, no es raro que la IA adopte decisiones y opiniones machistas. Por otra parte, a veces la IA alucina, término que se usa para indicar cuando se inventa datos, lo cual es realmente muy peligroso. Se han dado casos en los que la IA induce al suicidio.
  3. Fortalecer el sector público y, para ello, que las empresas que usen la IA, robots u ordenadores paguen impuestos razonables por beneficiarse de avances colectivos de la humanidad. No se trata de asfixiar a las empresas, sino de exigir una retribución justa que no ahogue a la sociedad en su conjunto.
  4. Reducir la jornada laboral es un factor lógico para aumentar la felicidad. Y, por supuesto, genera empleo que compensaría, en parte, el que se está perdiendo por las nuevas tecnologías.
  5. Roubini también sugiere una Renta Básica Universal que reduzca los problemas de la desigualdad.

Con estas medidas, todos saldremos ganando, incluso los que se oponen a ellas. Usemos la inteligencia (natural) para fortalecer nuestro sistema público, que es el único que nos defenderá en las situaciones fáciles y también en las difíciles.

♦ Más reivindicaciones:

blogsostenible

Robots fabricando coches: un proceso barato pero con un impacto ambiental brutal.

Nueva deserción de un soldado ucraniano del contingente que se entrena en la provincia de Cádiz

3 Diciembre 2025 at 00:01
Por: (tortuga)

P.M. Espinosa

Un soldado del contingente ucraniano que se entrena en la provincia de Cádiz desertó el pasado sábado después de no volver al acuartelamiento del TEAR, en San Fernando, donde había llegado hace algunos días junto a otros 12 compañeros.

No es la primera vez que ocurre un hecho similar, si bien hasta ahora todas las fugas se habían producido en la Sierra del Retín, adonde decenas de reclutas fueron enviados para recibir formación militar de cara a defender su territorio de la invasión rusa. Sin embargo, en esta ocasión la novedad no sólo es que se haya producido en el TEAR sino que el desertor pertenece al cuerpo de elite del ejército de Ucrania.

Actualmente, como los contingente están siendo menores, se les está dando acogida en el TEAR en vez de en El Retín. Los soldados tienen permiso para salir algunas tardes a pasear, pero el sábado por la tarde uno de ellos no regresó.

Desde ese mismo momento las autoridades competentes dieron aviso tanto a la Policía Nacional como a la Guardia Civil, que iniciaron su búsqueda. Sin embargo, dos días después de su desaparición, siguen sin haber podido dar con su pista.

Un análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS) publicado en 2025 estima entre 60.000 y 100.000 las bajas que han sufrido las fuerzas ucranianas desde 2022. Teniendo en cuenta esto, y la proximidad del frío invierno en el Este, no extrañan las deserciones.

Fuente: https://www.diariodecadiz.es/notici...

Libro El mundo no se acaba, de Hannah Ritchie (resumen)

Un libro escrito por una científica y divulgadora de la Universidad de Oxford que tiene por bandera el optimismo y los datos (Anagrama, 2025). Se aleja del catastrofismo ecologista casi tanto como del negacionismo climático; y afirma que «aceptar la derrota ante el cambio climático es una postura indefendiblemente egoísta».

Hannah Ritchie aclara que su optimismo es «condicional» (i.e., condicionado a actuar adecuadamente); que es diferente a un «optimismo ciego» que confía sin promover la acción organizada. Su objetivo es conseguir que seamos la primera generación que logre alcanzar la sostenibilidad completa en los dos sentidos que recoge la definición de la ONU: satisfacer las necesidades de las generaciones actuales; y hacerlo sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Con respecto al primer aspecto, Ritchie opina que falta mucho por hacer aunque, al menos, se ha avanzado una barbaridad en aspectos tales como: la mortalidad infantil y materna, la esperanza de vida, el hambre y la malnutrición, el acceso a recursos básicos (agua, energía…), la educación y la pobreza extrema.

Por supuesto, estos avances en la calidad de vida global también «han tenido un enorme coste medioambiental», lo cual ha empeorado de forma colosal el segundo requisito de la sostenibilidad. Para equilibrar la situación, el libro examina en detalle siete problemas medioambientales y sus interconexiones entre sí.

Antes de examinar esos siete problemas, Ritchie se distancia de dos soluciones típicas del ecologismo: despoblación y decrecimiento. La primera consiste en reducir el tamaño de la población y Ritchie afirma que realmente esa no es una alternativa, primero porque la población ya se está frenando a nivel mundial y, segundo, porque es muy complicado hacerlo de forma ética. Apunta a que más impacto que la superpoblación lo generan los estilos de vida (especialmente de los millonarios), lo cual podría estar afectado por la segunda solución que Ritchie rechaza, el decrecimiento, entendido como un retroceso o empobrecimiento. Para ella, la pobreza no implica mayor sostenibilidad, por supuesto, si consideramos los dos pilares de la sostenibilidad anteriormente indicados. En el libro, ella matiza que es cuestionable el crecimiento en los países ricos, pero que para acabar con la pobreza se necesita un crecimiento económico global. Para ella, no vale cualquier crecimiento y afirma —igual que cualquier decrecentista— que sería necesario crecer en algunos sectores y tecnologías y decrecer en otras. Tal vez, la promesa más impactante del libro es que dice demostrar que podemos reducir el impacto ambiental y, a la vez, mejorar la situación económica.

1. Contaminación atmosférica

Aunque no se suela decir, la contaminación atmosférica es «una de las principales causas de mortalidad en el mundo». Las cifras de fallecidos por esta causa son similares a las muertes por tabaquismo; seis o siete veces mayores que los muertos en accidentes de tráfico; y superan en cientos de veces la cifra de vidas perdidas por terrorismo o por guerras. Cada año, la mala calidad del aire suele ser quinientas veces más mortífera que todas las catástrofes «naturales» juntas.

La buena noticia es que se está reduciendo este tipo de contaminación, especialmente en las ciudades, lo cual baja las tasas de mortalidad. Es preciso tomar medidas locales y globales. Usemos como inspiración el Protocolo de Montreal para eliminar las sustancias químicas que degradaban la capa de ozono, un problema de cuya gravedad advirtió incluso Carl Sagan. En 1987 fue firmado por 43 países; y en 2009 se convirtió en el primer convenio internacional que logró la ratificación universal de todos los países del mundo. Un ejemplo que demuestra que hacer caso a la ciencia tiene resultados positivos.

A escala global, la mayor fuente de contaminación es quemar madera o carbón, incluyendo aquí las quemas agrícolas. Luego está la polución por actividades agropecuarias, principalmente por culpa de la ganadería y por los fertilizantes. Después viene la quema de combustibles fósiles para producir electricidad. Luego, diversas industrias (textiles, químicas, metalúrgicas…), seguidas del transporte de personas y mercancías.

Resumen del libro "21 lecciones para el siglo XXI" de Harari. En nuestro blog también encontrarás el resumen de su libro "Sapiens"

Lee también un resumen de este libro de Yuval N. Harari.

♦ Las soluciones propuestas pueden parecer caras, pero son muy baratas si las comparamos con los cientos de millones en gastos por no solucionar el problema:

  1. Lo más urgente es «dejar de quemar cosas» y, cuando no sea posible, capturar las partículas de la combustión.
  2. Detener las quemas agrícolas por ser una inmensa fuente de contaminación estacional fácil de evitar haciendo compost, triturando, etc.
  3. Conseguir combustibles limpios para cocinar y calentarse. La leña puede ser muy natural, pero es la forma más contaminante de conseguir calor. Provoca múltiples enfermedades por respirar el humo.
  4. Eliminar el azufre de los combustibles fósiles. Es tan simple como poner filtros en las chimeneas.
  5. Transporte más limpio. Los vehículos eléctricos contaminan menos, pero no son parte de la solución porque siguen siendo origen de multitud de emisiones. Por supuesto, la aviación es muchísimo peor.
  6. Transporte sostenible: caminar, ir en bicicleta o en transporte público.
  7. Abandonar combustibles fósiles, en favor de las renovables y de la energía nuclear. Ritchie es contraria a debatir entre renovables y nuclear porque, para ella, lo importante es que son energías con bajas emisiones de CO2. No tiene en cuenta el problema de los residuos radiactivos, ni el riesgo de atentados terroristas, ni el hecho de que las nucleares no sean rentables sin subvenciones de dinero público.

2. Cambio Climático

«Un mundo 6 ºC más caliente que el actual sería devastador», nos advierte la autora. Tras comentar algunas de las consecuencias del calentamiento global, afirma que «si cada país cumpliera realmente sus compromisos climáticos, llegaríamos a los 2,1 ºC en 2100», lo cual sería una gran noticia, aunque podría ser mejor.

Hannah Ritchie asegura que «las tecnologías bajas en carbono resultan cada vez más competitivas» y «los líderes mundiales se han vuelto más optimistas». Ahora tenemos infraestructuras mejor preparadas, podemos predecir eventos climáticos extremos, organizar evacuaciones, existen redes internacionales de apoyo, etc. En definitiva, estamos mejor preparados que en el pasado y sabemos cómo reducir las emisiones de dióxido de carbono, porque hay solo dos fuentes principales: «la quema de combustibles fósiles y el cambio en el uso de la tierra» (deforestación).

La situación actual es que «las emisiones totales siguen aumentando, pero las emisiones per cápita han tocado techo». Ese dato es utilizado por la autora para ser optimista y esperar a que la contaminación empiece a declinar, al menos en los países ricos, porque dice que está demostrado que «los avances tecnológicos hacen que hoy consumamos mucha menos energía que en el pasado». Como ejemplo, afirma que en Suecia se vive con igual nivel que en Estados Unidos y, sin embargo, se emite solo una cuarta parte. Según sus datos, el crecimiento económico y la reducción de emisiones son compatibles. El problema es que mira datos de países ricos que ya son exageradamente insostenibles. En tales casos, ¿es correcto celebrar una pequeña reducción en su contaminación?

En su análisis, asegura que «las soluciones que pasan por reducir el consumo de energía a niveles muy bajos no son buenas», porque la energía es fundamental para mantener o aumentar la calidad de vida. Tampoco ve adecuado que se avergüencen los que viajan en avión, porque para ella volar es un gran invento y las ventajas son suficientes para olvidar sus serios inconvenientes. ¿Será una excusa para justificar su gusto por volar?

♦ Soluciones que propone:

  1. Transición hacia la energía renovable por todas sus ventajas. El inconveniente del espacio que requieren se resuelve buscando lugares adecuados: tejados, agrovoltaica, etc.
  2. Electrificar la demanda de energía donde sea posible y aumentar el almacenamiento (baterías…). Ritchie está convencida de que esta transición requerirá menos actividad minera que con combustibles fósiles.
  3. Replantear el transporte a larga distancia.
  4. Alimentación. Aunque sostiene que no es preciso ser veganos, deja claro que cualquier cambio a dietas más vegetales tiene una enorme influencia en el clima, como por ejemplo elegir hamburguesas de pollo en lugar de ternera (que es la carne con más huella de carbono). Con datos muy fiables confirma que «la carne con emisiones de carbono más bajas supera las de la proteína vegetal con emisiones más altas». Y no importa demasiado si son alimentos ecológicos, de proximidad o en extensivo. La autora afirma que adoptando las siguientes medidas se liberaría suficiente tierra como para compensar las emisiones del sistema alimentario resultante:
    • Comer menos carne.
    • Adoptar las mejores prácticas agrarias.
    • Reducir el consumo excesivo y el desperdicio alimentario.
  5. Reducir las emisiones por la construcción, básicamente eliminando el cemento, un material muy contaminante en su fabricación. Propone usar otros materiales y, aunque no lo cita, una opción es el cemento Sublime.
  6. Poner precio al carbono para que los productos de altas emisiones sean más caros y menos accesibles. Como todos sabemos, los precios no reflejan los costos de los productos, y mucho menos los costos ambientales. El peligro de esta medida —y Ritchie lo subraya— es que haga que las familias pobres sean aún más pobres. Para evitarlo se deben incluir ayudas y conseguir que sean los ricos los que más paguen, porque son, de hecho, los que más carbono emiten.
  7. Sacar a la población de la pobreza es otra medida para adaptarnos al cambio climático, porque son los pobres los más vulnerables.
  8. Mejorar la resiliencia de los cultivos ante los efectos del cambio climático.
  9. Adaptarnos ante el aumento de temperaturas.
  10. No caer en la trampa psicológica de la «autoconcesión moral». Esto ocurre cuando nos permitimos algo negativo porque creemos que lo compensamos con un sacrificio en otro aspecto. Por ejemplo, comernos un filete porque reciclamos el envoltorio de plástico; o caer en las trampas del greenwashing. Para ello, es importante tener muy presente qué cosas a nivel individual tienen más y menos impacto.

Un problema de la forma de comunicar de Ritchie es que quita importancia a aspectos que, aunque no sean principales, tienen suficiente peso como para no ser despreciados. Es como si olvidara el efecto sinérgico de juntar varias fuerzas. Sumar muchos pocos hace un mucho. A veces, este tipo de contradicción se hace patente en una misma explicación. Por ejemplo, cuando literalmente escribe: «Cambiar nuestra alimentación no va a resolver el cambio climático: para ello tenemos que dejar de quemar combustibles fósiles. Pero arreglar únicamente nuestros sistemas energéticos, ignorando la alimentación, tampoco nos llevará a esa meta».

3. Deforestación

La tierra ha perdido un tercio de todos sus bosques desde el final de la última glaciación. En el último siglo, también se ha perdido mucha superficie forestal, casi toda debida a la expansión de la agricultura. Las zonas incendiadas se regeneran si se las deja. Al perder bosques se emite carbono, pero Ritchie considera que eso es secundario en comparación con la pérdida de biodiversidad.

También resalta cómo la pérdida de hábitats se puede frenar con medidas políticas. Por ejemplo, «Brasil logró reducir la deforestación en un 80 % en solo siete años bajo la presidencia de Lula da Silva».

Con respecto al aceite de palma, no considera que su consumo sea preocupante, porque no se sabe con certeza la deforestación que causa de forma directa. Opina que no sería justo culpar a ciertos campos de palmeras de la deforestación de esas áreas si los bosques fueron talados con anterioridad. Es decir, no tiene en cuenta que esas zonas podrían volver a ser bosques. Además, sostiene que usar otros tipos de aceites podría ser incluso peor. Sin embargo, hay que tener en cuenta que evitar el aceite de palma no obliga a optar por otro aceite, sino que se puede optar por no consumir productos con aceite de palma (bollería, alimentos ultraprocesados, etc.) sin sustituirlos por nada con otros aceites. En cualquier caso, apoya el uso de aceite de palma certificado como sostenible (RSPO) y deja claro que «el biodiésel de aceite de palma produce más emisiones de carbono que la gasolina o el gasóleo».

«La tala de bosques para dejar espacio al ganado bovino es responsable de más del 40 % de la deforestación mundial». El siguiente factor de pérdida de bosques es la palma y la soja y, en tercer lugar, la silvicultura (papel/celulosa). Así, pues, la mejor forma de frenar la deforestación es reducir el consumo de carne de cordero y de vacuno. En tercer lugar, se situaría el queso y los lácteos de vaca. Ritchie apoya esta opción, incluso aunque sean productos de ganadería extensiva en tierras no aptas para la agricultura, porque en estos casos considera que la mejor opción sería dejar que esas tierras se conviertan en bosques u otros espacios naturales.

Otras opciones que propone son: que los países ricos paguen a los más pobres por conservar sus bosques; y que se compensen las emisiones mediante reforestaciones (aunque esto tiene un peligro muy evidente).

Para acabar este apartado, Ritchie sostiene que no es buena idea volver de la ciudad a zonas rurales (revitalizar pueblos), ya que la principal causa de deforestación es cómo producimos nuestros alimentos y no dónde vivimos. Y también alerta de los que piensan que la alimentación vegana contribuye a la deforestación por los cultivos de soja. Los datos son muy evidentes: el 76 % de la soja se utiliza para alimentar animales y «solo el 7 % se destina a los productos veganos» (tofu, tempeh y leche vegetal).

4. Alimentación para no comerse el planeta

«La demanda humana de alimentos representa la mayor amenaza para los animales del globo». Así de contundente se manifiesta Hannah Ritchie. Afortunadamente, no es cierto que haya una fecha límite en los suelos agrícolas del mundo. Unos se están degradando y otros están mejorando, aunque en general, el suelo agrícola está siendo maltratado (y no solo por la erosión).

Una persona necesita entre 2.000 y 2.500 calorías diarias. Si dividimos la producción mundial de alimentos a partes iguales entre todos, cada uno de nosotros podría consumir unas 5.000 calorías diarias (más del doble de lo necesario). El hambre en el mundo no es un problema de falta de alimentos, sino de mala distribución (también lo apuntaron Nebel y Wrigth). Este dato sirve a Ritchie para confirmar que, en realidad, no somos demasiados humanos. El problema es que los millones que habitamos el planeta Tierra no nos contentamos solo con comer, sino que aspiramos a un consumo cada vez mayor (casas, teléfonos, aviones, IA…).

La superproducción agraria se debe principalmente a dos inventos: el de Fritz Haber y Carl Bosch (para convertir el nitrógeno del aire en amoníaco, fertilizante); y el de Norman Borlaug (para mejorar el cultivo de trigo en México). Estos logros para aumentar la producción han evitado muchas muertes, pero también han hecho que no podamos volver atrás. Es decir, «el planeta no puede limitarse a consumir solo alimentos ecológicos» (porque hay demasiadas personas a las que alimentar). Por tanto, a nivel colectivo dependemos de los fertilizantes para sobrevivir, y fabricarlos requiere grandes cantidades de energía, lo cual explica por qué los países pobres los usan poco, aunque tengan que utilizar mayor superficie agraria.

Vivimos en un mundo con grandes desigualdades, en el que algunos sufren de obesidad y otros de desnutrición; el alimento que podría saciar el hambre de millones de personas se dedica a alimentar ganado o a producir agrocombustibles para nuestros coches. Menos de la mitad de los cereales que se producen se dedican a la alimentación humana directa. Todo un 41 % se lo come el ganado, lo cual nos hace ver que comer animales es una forma muy ineficiente de conseguir proteínas. «Los animales más pequeños son más eficientes en términos calóricos», aunque surge el «dilema moral» de que hay que matar una mayor cantidad de animales pequeños para conseguir la misma cantidad de carne.

Ritchie pone un ejemplo que sirve para visualizar bien lo que implica comer animales muertos: «¿Se imagina que comprara una barra de pan, cortara una rebanada y tirara el resto —más del 90 %— a la basura? Pues bien: en términos de calorías, eso es más o menos lo que hacemos con la carne». El ganado también es ineficiente convirtiendo proteínas. Lo bueno es que son proteínas «completas» (incorporan aminoácidos importantes), lo cual se puede conseguir con dietas vegetales comiendo legumbres y cereales. La carne también tiene otros nutrientes importantes, pero el único que no existe en los vegetales es la vitamina B12 (asunto que ya se zanjó aquí).

Para entender la magnitud del problema, afirma que tres cuartas partes de la superficie agraria tienen como fin último criar ganado, y todo eso solo sirve para producir el 18 % de las calorías y el 37 % de las proteínas que consumimos. Debemos «reducir al máximo la cantidad de tierra que destinamos a la actividad agraria», lo cual mejoraría también otros problemas: deforestación, contaminación atmosférica, de aguas, de tierras, maltrato animal, etc.

♦ Soluciones que propone:

  1. Mejorar los rendimientos agrícolas en todo el mundo, especialmente en África.
  2. Comer menos carne, sobre todo de vacuno y cordero, las carnes con mayor impacto (en emisiones, consumo y contaminación de agua, eutroficación, uso de tierra, etc.). Ritchie expone que no funciona instar a la ciudadanía a convertirse al veganismo, sino que es mejor invitar a hacer cambios paulatinos: poner un día a la semana sin carne, reducir las dosis, aumentar el consumo de legumbres, etc. Solo eliminando la carne de ternera y la de cordero se reduciría a la mitad nuestra necesidad de tierras de cultivo en todo el globo. Debemos entender que la dieta vegana es la más ecológica, pero no es necesario ser veganos estrictos: «El ahorro en comparación con una dieta con algo de pollo, o algo de pescado y huevos, no es tan significativo», aclara la autora del libro. Ella quiere derribar el mito de que si fuésemos veganos no habría tierra para cultivar porque, como ya se ha indicado, lo que ocurriría sería todo lo contrario: una dieta vegana requiere menos tierra de cultivo.
  3. Invertir en sustitutos de la carne. Para Ritchie, es importante que las carnes vegetales cumplan cuatro requisitos: ser sabrosas, baratas, fáciles de encontrar y fáciles de incorporar a las dietas habituales. Ella afirma que ha probado multitud de productos vegetales y que hay algunos realmente asombrosos que, incluso, pueden llegar a gustar tanto o más que los productos cárnicos que imitan. Optar por estos productos no solo reduce la huella de carbono, sino que contribuye a bajar el precio para el resto de la humanidad.
  4. Las hamburguesas híbridas también reducen la huella ecológica (usar carne de pollo total o parcialmente, introducir legumbres…).
  5. Sustituir los productos lácteos por alternativas vegetales. En la UE, los productos lácteos son la causa de un mínimo de una cuarta parte de la huella de carbono. Cualquier bebida vegetal tiene una huella ecológica menor que la leche animal. Ritchie recuerda aquí también la importancia de seguir una dieta variada, para evitar carencias nutricionales.
  6. Desperdiciar menos comida. Por ejemplo, resalta la importancia de cambiar los sacos de recogida de productos agrarios por cajas rígidas que protejan de golpes. También es importante saber que si un producto supera su fecha de «consumo preferente», no indica que no se pueda consumir.
  7. No depender de la agricultura de interior. Aunque minimiza el espacio ocupado (agricultura en vertical), sus necesidades energéticas son tan inmensas que no compensan las ventajas, ni empleando solo energía renovable.
  8. No centrarse en los alimentos de proximidad. Aunque el transporte es importante, supone solo el 5 % de las emisiones de GEI de la comida. El resto se debe a los procesos de producción, empaquetado y conservación. Lo más contaminante es el transporte aéreo (50 veces más que por barco), pero apenas se usa porque es caro. Por su parte, el transporte marítimo es barato, por lo que casi toda la contaminación del transporte de alimentos se produce en la carretera. En definitiva, Ritchie quiere dejar claro que está bien comer alimentos de proximidad, pero que las frutas y verduras producidas muy lejos tienen menos huella ecológica que la carne producida muy cerca.
  9. Los alimentos ecológicos tienen menos pesticidas, pero requieren más extensión. Abonar con estiércol también puede contaminar acuíferos. Respecto al clima, no hay consenso si es mejor o peor porque depende de múltiples factores. Ritchie dice que se fija más en el contenido de los envases que en las certificaciones ecológicas.
  10. Eliminar el plástico aumentaría el desperdicio alimentario. En la huella ecológica de los alimentos solo el 4 % de las emisiones procede de los envases. Nos advierte de que en ciertos alimentos es fácil de eliminar, pero en otros no. En todo caso, aquellos alimentos en los que el plástico es importante tal vez no sean esenciales en nuestra dieta y podemos prescindir totalmente del plástico y del alimento.

5. Pérdida de biodiversidad. Proteger la vida silvestre

«No cabe duda de que muchos animales están experimentando un preocupante y acelerado declive. Pero, si profundizamos un poco más, descubrimos que también hay algunos a los que les va bien». Lo que no debemos olvidar es que nuestra vida depende de la biodiversidad, aunque «no esté claro qué especies necesitemos y cuáles no». Recomendamos aquí leer el relato de La vida del doctor Biología. Lo cierto es que a veces prestamos más atención a ciertas especies, bonitas o más visibles, y olvidamos a las realmente importantes, como los gusanos y las bacterias.

El ser humano ha atacado a las demás especies desde sus orígenes, como bien explica Yuval N. Harari en su magnífico Sapiens. Ritchie declara que «antes de la aparición de la agricultura, hace unos diez mil años, la mayor amenaza para los animales era nuestra caza directa: una vez iniciada la actividad agraria, pasó a ser la destrucción de sus hábitats» y «en la última centuria, el ritmo de disminución ha sido aún más rápido». Un dato más: «Los vertebrados se han extinguido entre cien y mil veces más rápido de lo que cabría esperar».

Actualmente, los humanos y nuestro ganado constituimos la inmensa mayoría de los mamíferos del planeta. Estos son los datos del porcentaje de la biomasa actual y en 1900:

  1. Mamíferos salvajes: 2 % (17 % en 1900).
  2. Humanos: 35 % (23 %).
  3. Ganado: 63 % (60 %).

Esta desproporción también ocurre en las aves: «la biomasa de nuestros pollos duplica la de las aves silvestres». Hay multitud de datos que llevan a poder proclamar que «nos dirigimos hacia una sexta extinción masiva». La buena noticia es que podemos frenarla.

♦ Soluciones que propone:

  1. Reducir al mínimo la superficie cultivada.
  2. Utilizar fertilizantes y pesticidas de forma más prudente y eficaz.
  3. Emplear los métodos de la UE con los que ha conseguido frenar el declive de multitud de especies: reducir el uso de tierras agrícolas, recuperar hábitats naturales, prohibición total de la caza, implementación de cuotas cinegéticas, mecanismos para detener a los cazadores furtivos, proteger zonas por ley (incluyendo también el rewilding), sistemas de compensación para reproducir determinadas especies y programas de cría y reintroducción.
  4. Comer menos carne, porque esto reduciría la cantidad de tierra destinada a la agricultura, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la deforestación.
  5. Detener la deforestación, lo cual implicaría reducir la pérdida de hábitats y las emisiones de GEI.
  6. Proteger los parajes con mayor biodiversidad. El objetivo de la ONU de proteger para 2030 el 30 % de la superficie terrestre es poco ambicioso; y no son pocas las voces que piden proteger al menos el 50 % para 2050.
  7. Frenar el cambio climático.
  8. Detener los vertidos de plásticos en el mar.

6. Plásticos marinos

«El 44 % de todo el plástico del planeta se emplea en la fabricación de envases». Es ahí donde está el núcleo del problema de los plásticos. La autora critica el documental Seaspiracy por algunos de sus datos, pero está conforme con que el 80 % del plástico de las islas oceánicas procede de la industria pesquera. Solo el 20 % restante tiene su origen en tierra. Sin embargo, si miramos el plástico en zonas costeras, los datos podrían indicar justo lo contrario.

Ritchie dice que no hay aún evidencias de los auténticos peligros de los plásticos en el cuerpo humano, y que le parece más preocupante el daño que se causa a la fauna marina (enredos, atragantamientos…).

♦ Soluciones:

  1. Dejar de utilizar envases de plástico de un solo uso.
  2. Invertir más en gestión de residuos: sistemas de recogida, centros de reciclaje, vertederos adecuados (que capturen el metano de la materia orgánica), etc. Es importante reciclar todo lo que se pueda. El problema es que no siempre se puede. El reciclado mecánico permite que los plásticos se reciclen una o dos veces. El reciclado químico es mejor, pero es «tremendamente costoso» y no compensa hacerlo en ningún caso. Tal vez sería útil un SDDR para vidrio reutilizable y, en paralelo, imponer impuestos crecientes al plástico de un solo uso.
  3. Obligar a las industrias a un diseño más inteligente, que utilice solo plásticos reciclables y permita separarlos de forma cómoda.
  4. Prohibir el comercio de plástico usado para que los países ricos no usen a otros como sus vertederos. La proporción de plástico que circula por esta vía no es elevada, pero muchas veces acaba en el mar. Hablamos de 1,6 millones de toneladas en 2020.
  5. Trabajar con la industria pesquera para que no abandone su basura en el mar (redes, anzuelos, etc.). Podría castigarse a los barcos que no traigan de vuelta los aparejos con los que salieron y/o premiarse a quienes traigan basura encontrada en el mar.
  6. Poner interceptores en los ríos. Son aparatos o líneas de burbujas que sirven para capturar los plásticos evitando que lleguen al mar. Otra solución que no contempla es poner grandes bolsas de red a la salida de los desagües pluviales o residuales de las ciudades. Dado que esas aguas arrastran multitud de basura, esas redes la capturarían.
  7. Limpiar las playas es una forma mucho más barata de reducir el plástico en los océanos que recogerlo mar adentro.

7. Sobrepesca. Poner fin al expolio de los océanos

Esto está muy relacionado con la pérdida de biodiversidad. Según Ritchie, los animales marinos son discriminados con respecto a los terrestres. De alguna forma, su sufrimiento parece importar menos a los humanos, a pesar de las evidencias que existen de que los peces son capaces de sentir sufrimiento.

El incremento en potencia y tecnología aplicada al sector pesquero ha hecho que muchas pesquerías hayan entrado en declive o en grave colapso. Ante esto, hay dos formas de actuar. La primera es proponer «capturar muy pocos peces, por no decir ninguno». La segunda es «capturar tantos peces como sea posible, año tras año, pero sin mermar más sus poblaciones». Normalmente, se opta por la segunda opción, aunque sabemos que en demasiadas ocasiones no se cumple.

Una tercera vía (con un enorme crecimiento) ha sido la cría de pescados y mariscos: acuicultura o piscicultura. Actualmente, se crían más peces y mariscos de los que se pescan en estado salvaje. Para Ritchie es una buena noticia porque, según ella, esto reduce presión sobre los peces salvajes. No obstante, reconoce que parte de la comida de los peces de piscifactoría es, precisamente, peces salvajes, pero que, para algunas especies, se ha logrado una proporción de 0,3 (es decir, que hacen falta 0,3 peces salvajes para criar uno de forma artificial). El resto de comida lo forman, por ejemplo, piensos vegetales. La autora deja claro que «las normas de bienestar animal que rigen en las piscifactorías suelen ser bastante deficientes» (léase esto para más datos). Ella no habla de otros problemas presentes en las piscifactorías, como la contaminación que producen.

Con respecto a los atúnidos, Ritchie dice que su situación es mala, aunque algunas especies están mejorando sus poblaciones. Particularmente, alerta de la situación de los atunes en el océano Índico, donde se está sobrepescando sin control (España con la famosa operación Atalanta). El libro no habla de la amenaza del mercurio en los atúnidos.

Otro problema es la muerte generalizada de los corales. La autora demuestra ser una apasionada de estos animales y no le faltan motivos. La solución urgente a este problema es frenar el calentamiento global, evitando quemar combustibles fósiles. Si quieres enamorarte de los corales, te animamos a leer el relato de Lord Howe.

♦ Soluciones:

  1. Comer menos pescado, siempre que sea posible. Tal vez unos quieran no comer nada de pescado (lo cual evita el dilema del sufrimiento animal), mientras que otros opten por reducir este tipo de alimento.
  2. Elegir bien la especie a consumir. El problema de esta opción es que requiere el esfuerzo de investigar y puede variar en el tiempo y dependiendo de la región. Escogiendo bien, podemos comer pescado con poca huella de carbono (casi todos ellos son mejores que el pollo). Ella recomienda evitar los lenguados y mariscos caros, y optar por pescados pequeños y salvajes, como arenques o sardinas.
  3. Acabar con la sobrepesca aplicando cuotas de pesca estrictas. En la UE han mejorado algunas poblaciones de peces, pero otras siguen estando mal. En general, es preferible ser estrictos y que haya pesca suficiente, que ser demasiado permisivos y provocar la crisis de todo un sector.
  4. Reglamentos estrictos para capturas incidentales y descartes. El objetivo es reducir el número de peces que se pescan sin querer y que se tiran al mar (descartes), donde siempre mueren (si no lo están ya). Algunos países han prohibido los descartes y obligan a sus barcos de pesca a desembarcar todo lo que capturen, sea comercial o no.
  5. Prohibir la pesca de arrastre. Es el arte más perjudicial: normalmente se descarta entre el 30 y el 50 % de todo lo capturado (a veces es el 10 %), a lo que hay que sumar el destrozo del fondo marino que ocasionan, entre otros inconvenientes.
  6. Las áreas marinas protegidas evitan ciertas actuaciones humanas dentro de ellas. Son una buena solución, aunque a veces lo que provocan es que el impacto se traslade a otro lugar.

Propuestas finales de Hannah Ritchie

El libro de Ritchie es un canto de optimismo lleno de datos realistas. Algunas de sus opiniones pueden ser controvertidas, pero la mayoría están basadas en evidencias. Es cierto que estamos avanzando en muchos aspectos, aunque no sea tan rápido como nos gustaría. También es cierto que las opciones sostenibles se están volviendo más baratas. Y, en muchos casos, el pueblo está despertando.

Hannah se siente una traidora cuando no usa las opciones más ecológicas, aunque sí sean las opciones con menor huella de carbono, como usar el microondas o consumir alimentos que no sean de proximidad. Pero alerta que, aunque los cambios individuales sean importantes, es necesario un «cambio sistémico», es decir, una acción política que lleve a aprobar leyes que nos hagan avanzar en todas las soluciones que se han propuesto más arriba. Para ello, es necesario «votar a líderes que favorezcan medidas sostenibles» (partidos verdes y ecofeministas) y también sugiere importantes aportaciones individuales como estas:

  1. «Votar con la cartera», que quiere decir que cuando compramos estamos enviando una señal clara de nuestros intereses al mercado (a las empresas).
  2. Donar dinero a causas ecohumanistas (proyectos, organizaciones, etc.). Ritchie —conforme con lo que propuso Peter Singer— dice que dona al menos el 10 % de sus ingresos.
  3. Dedicar más tiempo a las cosas importantes (colaborar con ONG, por ejemplo) y menos a discusiones secundarias. Es decir, aunemos esfuerzos en la dirección correcta, aunque no opinemos todos exactamente lo mismo.
  4. También es muy importante elegir una trayectoria profesional que nos llene y en la que podamos empujar en la dirección que deseemos.

♦ Información relacionada:

  1. Otros libros resumidos para captar su esencia en poco tiempo:
  2. Quemar rastrojos o leña es tóxico para la salud, además de muy contaminante.
  3. La mejor solución a los incendios forestales: educar sí; quemar biomasa no.
  4. La agricultura de hoy debería ser como la de mañana.
  5. Los científicos vuelven a avisar del colapso que vendrá si seguimos sin reaccionar.
  6. Sin comer por el clima, las macrogranjas, los combustibles fósiles…
  7. Algunos libros del editor de Blogsostenible y de Historias Incontables.
  8. Una imagen del libro de Hannah Ritchie:

blogsostenible

Resumen del libro "21 lecciones para el siglo XXI" de Harari. En nuestro blog también encontrarás el resumen de su libro "Sapiens"

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