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Cuadro de Mando Integral y RSE (2/2): Una Perspectiva Medioambiental para Mejorar tu Empresa

La sociedad está cambiando. Los consumidores ahora saben que hay cosas que se esconden detrás de los anuncios de publicidad, y las redes sociales amplían nuestras fuentes de información. La gente va sabiendo que hay niños explotados en plantaciones de cacao, o corrupción exagerada en empresas de electricidad, por citar dos graves ejemplos, y muchos no están dispuestos a apoyar ni directa ni indirectamente tales barbaridades. Por eso, la reputación de tales empresas cae, sus inversores se alejan, y sus beneficios o posibilidades de mejorarlos también.

En un artículo anterior dábamos un resumen del Cuadro de Mando Integral (CMI, o BSC), de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), y de su importancia. La utilidad del CMI quedó clara para cualquier organización (y no sólo para empresas, donde hasta ahora tiene más éxito). El CMI ayuda a conseguir los objetivos de una organización, pero no vale hacerlo a cualquier precio, es preciso usar la ética: no sólo porque lo requiere la ley o los intereses financieros, sino porque evitaremos riesgos reputacionales que nos mermarán la capacidad de alcanzar nuestros objetivos (incluyendo ahí, por supuesto, los financieros). También ampliaremos activos tangibles e intangibles, y conseguiremos mayor felicidad personal y corporativa.

Pero es preciso que los directivos entiendan que la RSE no es sólo para quedar bien (greenwashing), sino que ahorra riesgos de gastos (por errores, multas… ), riesgos en la reputación, además de mejorar los intangibles. Si se incorpora como norma en la organización, la RSE evita problemas cada vez que hay que modificar algún proceso (por demandas externas, por leyes, por los inversores, por protestas ciudadanas…). La RSE siempre sale rentable, pero no siempre podemos cuantificarla económicamente.

Un ejemplo: El Banco Santander financia a la papelera APRIL, implicada en la destrucción de la selva tropical de Indonesia. En 2014, el Santander lo supo y no hizo nada. En 2015, cuando la ONG GreenPeace denunció y publicó el caso recogiendo casi 200.000 firmas, decidió actuar y cumplir sus compromisos firmados de RSE. ¿Cuántos clientes u operaciones perdió por esa mala imagen? Sin duda, hubiera sido mejor atajar el problema en cuánto se supo, ya que ahora es un ejemplo que aún mancha su mala imagen. Otro ejemplo lo vimos en la primera parte de este artículo, donde vimos cómo no querer adaptarse a los nuevos tiempos con energía renovable, está acabando con el negocio de algunas empresas de electricidad, pues están perdiendo clientes masivamente a favor de empresas de electricidad renovable.

Entonces, «empresa responsable» no es sólo aquella que paga por un informe de RSE, sino que es la que consigue que la RSE esté en todos los ámbitos de la empresa (ver vídeo). Hay que unir RSE a lo largo de toda la cadena del CMI (o mapa estratégico). Sin ánimo de ser exhaustivos, aquí vamos a dar algunas ideas para cada perspectiva, aunque los detalles concretos dependerá del tipo de organización, y de su sector de trabajo.

Algunos expertos proponen crear una perspectiva ambiental en el CMI, para darle la importancia que, sin duda, merece. Esta perspectiva ambiental estudiaría el impacto de la organización en el planeta, y la influencia del medio ambiente en la organización. Pero también se pueden conservar las 4 perspectivas tradicionales, y estudiar en cada una de ellas el tema ambiental:

  1. Perspectiva VITAL/Financiera: Es preciso aquí clarificar para qué existe la empresa u organización, cuáles son sus objetivos más importantes, y sus valores. Por supuesto, si es una empresa normal, tendrá que ganar dinero y ese será uno de sus objetivos. Eso es bueno. Lo malo es cuando ese es el único objetivo, y no hay otros valores. Por tanto, hay que meter otros objetivos fundamentales y pensar en cómo medir si los logramos o no.
    • Ejemplos de indicadores en esta perspectiva pueden ser: Además de objetivos financieros, es preciso colocar otros objetivos, como por ejemplo que nos permitan medir cómo conecta la organización con las necesidades sociales de la población local, o cómo contribuye a la sociedad en su conjunto (mejoras ambientales, sociales, huella ecológica…). Deben tenerse en cuenta también las inversiones en sectores éticos, y las operaciones en banca ética: una empresa ética no puede trabajar con un banco tradicional. Indicadores que midan la satisfacción de empleados y clientes pueden colocarse aquí o en otras perspectivas, pero es fundamental medirlo de alguna forma.
  2. Perspectiva del Beneficiario (o del cliente): Consiste en ver la organización a través de los ojos de las personas que se benefician de ella. En las posibles encuestas, será preciso medir el interés en temas ambientales de los mismos. Desde un punto de vista práctico, aquí lo más importante es la satisfacción del beneficiario o cliente. Pero tener clientes satisfechos no implica estar haciendo las cosas bien y eso puede suponer un riesgo reputacional que nos genere problemas en el futuro. El objetivo será minimizar los daños ambientales de los clientes, para conseguir la plena sostenibilidad.
    • Ejemplos de indicadores: Se pueden medir las facilidades que la empresa ofrece a los clientes para arreglar sus averías, o para reciclar sus residuos (aparatos antiguos, por ejemplo).
  3. Perspectiva de Procesos Internos: En el apartado quizás más importante hay que evaluar los riesgos: de accidentes laborales a nuestros trabajadores, de contaminación ambiental… Un vertido o el anuncio de una actividad mala para el medioambiente o para la sociedad, podría tener más pérdidas en clientes presentes y futuros que en indemnizaciones. Algunas empresas no valoran su impacto ambiental (huella ecológica) porque piensan que es caro, sin ni siquiera hacer estudios que miren los costes, la calidad final, y sus relaciones con la comunidad (imagen, reputación, intangibles…). Por ejemplo, la empresa Shell reduce sus beneficios, cada vez que se publica algo de su contaminación y abusos en Níger o de su destrucción en el Ártico. La contratación de electricidad de origen renovable es un factor que muchas empresas utilizan para reducir sus huellas (ecológica, hídrica…), y mejorar su reputación. Es obvio que es preciso también ser exigentes con los proveedores, para no externalizar los impactos negativos. La deslocalización es un proceso por el que algunas empresas sitúan sus centros de trabajo (o subcontratan a otras empresas) en países donde la mano de obra es más barata, o la legislación no es tan estricta (laboral, ambiental, de seguridad…). Un grave accidente en Bangladesh destapó el abuso a mujeres por prestigiosas marcas de ropa, como Zara. Entre las muchas ideas de sostenibilidad, podemos encontrar algunos indicadores interesantes.
    • Ejemplos de indicadores: Tasa de reducción en CO2 u otros tóxicos, tasas de reciclaje, eficiencia energética y material, evaluación de calidad y durabilidad de los productos elaborados (evitar obsolescencia), proyectos o iniciativas sociales/ambientales o de eco-innovación, evaluaciones de impacto ambiental efectuadas, informes de RSE, inversiones en sectores no éticos (armas, energías fósiles…), huellas y otras medidas (de la organización, y de sus suministradores), implantación de energías renovables (autoconsumo solar), número de riesgos ambientales/sociales en nuevos/viejos productos o servicios (multas, o incumplimientos de la normativa interna), y a qué población y extensión afectan, proveedores con informe de RSE positivo, desarrollo de la ley de las 3 erres, sustitución de ingredientes o componentes perjudiciales o de producción lejana (transgénicos, aceite de palma, productos de soja, grasas trans…), auditoría energética (consumo en standby)… Como puede verse, la lista de posibles indicadores ambientales es inmensa.
  4. Perspectiva de Aprendizaje y Crecimiento: Aquí hay que estudiar si es preciso hacer cambios para conseguir mejorar los indicadores y objetivos de las anteriores perspectivas. ¿Están los empleados bien formados? ¿Es la maquinaria adecuada? ¿Estamos usando procedimientos correctos? ¿Hay un clima de trabajo agradable? Para todo esto, las encuestas a los empleados son muy importantes, y que ellos sepan que sus opiniones son escuchadas.
    • Ejemplos de indicadores: Medir la satisfacción de los empleados, y su conciencia ambiental, huella ecológica por cada puesto (o por empleado), acceso de los empleados a información sobre sostenibilidad y al informe RSE de la organización… Por otra parte, la reposición de máquinas mejores (menos contaminantes, más eficientes…) puede ser un buen indicador, pero a veces puede ser engañoso.

Los resultados económicos miran parcialmente el pasado de la empresa, pero el CMI y la RSE predicen y conducen el futuro. La RSE no es cosa sólo de directivos, sino que hay que implicar a toda la empresa, y mejorar la comunicación, en todas las direcciones. La Responsabilidad Social Individual, marca la diferencia, y este vídeo seguro que te va a gustar:

Más información:

La IA al desnudo: cinco motivos para subir sus impuestos

El escritor Yuval N. Harari decía en su libro Nexus que la herramienta más revolucionaria creada por el ser humano, la Inteligencia Artificial (IA), «puede destruir nuestra civilización». Uno de los motivos, podría ser la inmensa cantidad de puestos de trabajo que están siendo sustituidos por robots y algoritmos. Ejemplo: se han producido más de 200.000 despidos solo en el sector tecnológico mundial. Amazon lidera los recortes, pero es algo que afecta a multitud de empresas de todos los sectores.Robots fabricando coches: un proceso barato pero con un impacto ambiental brutal.

Los negacionistas gritarán que también se están creando empleos. Pero… ¿cuál es el balance global? Nouriel Roubini dice que «la IA invade más puestos de trabajo que las revoluciones anteriores» y la califica como una de las grandes amenazas globales.

Las empresas que se suben a este carro aumentan sus beneficios y disminuyen sus gastos. Este es otro factor que hace crecer la desigualdad: la lista de supermillonarios en España sigue creciendo con los inmensos daños que ello conlleva: sociales, ambientales, etc.

¿Es justo que los beneficios caigan en manos de una minoría?

Tengamos en cuenta estos aspectos:

  1. La llamada Inteligencia Artificial está formada por diversas tecnologías creadas por personal científico, muchas veces pagado con dinero público. Gran parte de los avances que han permitido la IA actual han sido financiados por organismos públicos y —gracias a eso— publicados en revistas en abierto, sin patentes.
  2. La IA y cualquier aparato electrónico tienen un enorme impacto ambiental, principalmente por la minería y por la gran cantidad de energía y agua que requieren.
  3. Las empresas tecnológicas —o con un uso intensivo de tecnología— suelen tener enormes beneficios y costes muy bajos (una vez que han desarrollado su producto).
  4. Estas empresas contribuyen a la destrucción del empleo (los bancos son un claro ejemplo).
  5. Por último, la IA necesita nuestros datos para alimentarse. ¿Por qué crees que hay tantas cosas «gratis» en Internet? Buscadores gratis, redes sociales gratis, almacenamiento gratis, correo electrónico, películas, vídeos, juegos, noticias, etc. De una forma u otra estamos cediendo nuestros datos gratis sin saber para qué. También recibimos publicidad que —aunque no lo queramos reconocer— nos manipula.

Los motores de la IA se alimentan con datos de millones de humanos: los nuestros o los de otros países: colonización digital. A cambio, las empresas nos pagan con despidos masivos y con ingeniería financiera para evadir en paraísos fiscales. Los casos de gigantes como Inditex (la Zara de Amancio Ortega), Meta, Amazon o Apple son solo algunos de los tufos más sonados.

Con razón concluían J. Vicente y M. Pérez que «el gran negocio de estas tecnológicas no son los productos, sino nuestros datos personales. Lo saben todo sobre nosotros: nuestros gustos, búsquedas y hábitos». Con toda esa información, tal vez la IA conozca al ser humano mejor que nosotros mismos. No solo pueden manipularte mejor a ti y a todos los humanos con tu perfil, sino que, con tus datos, entrenan a la IA para lo que quieran, desde inducir opiniones políticas hasta fomentar libros, películas u otros bienes de consumo.

¿Cómo podemos quedarnos con lo mejor de la automatización?

Emplear ordenadores, robots o la IA supone enormes ventajas para la humanidad. Sin embargo, si no controlamos bien este poder, podría destruir el bienestar alcanzado.

Al menos en Europa, estamos construyendo sociedades en las que tenemos gratis muchas cosas valiosas. En realidad no son gratis, sino pagadas entre todos: con dinero público. En España, la sanidad es universal (incluso para los extranjeros). ¿Quién querría vivir en un país donde los pobres se mueren por las calles? ¿En serio los votantes del PP quieren que los inmigrantes pasen frío y hambre en la calle, como en Badalona?

Más ejemplos de lo importante que es el sector público en España: casi todas las carreteras se mantienen gratuitamente para todos. La educación básica también es gratis y hay becas para formarse a cualquier nivel. También son de libre acceso las bibliotecas, los parques y zonas naturales, la televisión pública (RTVE y otros canales autonómicos), la policía, el alumbrado público (a veces excesivo), la recogida de basura y de papeleras, etc.

Si no estamos atentos, podríamos perder cosas tan valiosas como una sanidad y una educación públicas de calidad. Fue una de las lecciones que debimos aprender del coronavirus. Siempre hay amenazas que debemos combatir.

Tampoco debemos olvidar todas las acciones de cuidado ambiental que se pagan con dinero público: estudios científicos, cuidado de bosques y reforestación, bomberos forestales, restauración de ecosistemas, apoyo a energías renovables o agricultura ecológica, programas de conservación de especies, gestión y depuración del agua, control de la contaminación, etc.

Para costear todos esos servicios públicos, tenemos que aplicar la inteligencia natural y tomar medidas urgentes, como las siguientes:

  1. Lo primero sería tomar conciencia del problema para, así, votar, trabajar y educar siempre con el objetivo de construir sociedades más justas y más felices.
  2. Controlar los errores de la IA. Los sistemas humanos no están exentos de errores. Por ejemplo, la IA se alimenta de millones de datos humanos en los que el machismo está incrustado. Por tanto, no es raro que la IA adopte decisiones y opiniones machistas. Por otra parte, a veces la IA alucina, término que se usa para indicar cuando se inventa datos, lo cual es realmente muy peligroso. Se han dado casos en los que la IA induce al suicidio.
  3. Fortalecer el sector público y, para ello, que las empresas que usen la IA, robots u ordenadores paguen impuestos razonables por beneficiarse de avances colectivos de la humanidad. No se trata de asfixiar a las empresas, sino de exigir una retribución justa que no ahogue a la sociedad en su conjunto.
  4. Reducir la jornada laboral es un factor lógico para aumentar la felicidad. Y, por supuesto, genera empleo que compensaría, en parte, el que se está perdiendo por las nuevas tecnologías.
  5. Roubini también sugiere una Renta Básica Universal que reduzca los problemas de la desigualdad.

Con estas medidas, todos saldremos ganando, incluso los que se oponen a ellas. Usemos la inteligencia (natural) para fortalecer nuestro sistema público, que es el único que nos defenderá en las situaciones fáciles y también en las difíciles.

♦ Más reivindicaciones:

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Robots fabricando coches: un proceso barato pero con un impacto ambiental brutal.

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