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AnteayerSalida Principal

Canarias: Desalojos, Comunidades autogestionadas, emigración versus turismo.

9 Junio 2021 at 19:41

Desalojos, Comunidades autogestionadas, emigración versus turismo .Hoy hablamos con nuestro amigo Ruymán Rodríguez, miembro del Sindicato de Inquilinas y de la Federación Anarquista de Gran Canaria. Con él hablaremos de la amenaza de desalojo de la Comunidad de la Marisma, de qué son, cómo surgen y se gestionan las comunidades . También trataremos dos temas […]

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Sociedad usurera

11 Junio 2026 at 15:49
Por: diario

Según el último informe de la Agencia Tributaria en Burgos un joven de entre 18 y 25 años tiene un sueldo medio de 10.641, de 26 a 35 años el sueldo medio es de 24.392. Con estos datos ¿cuánto se tarda en pagar un piso humilde de 80 metros cuadrados?.

Si un joven hoy destinase su sueldo integro desde que empieza a trabajar tardaría 12 años. Si destinará el tercio de su suelo tardaría más de 30 años, eso siempre que lo hiciese sin hipoteca, con hipoteca tardaría 18 años con un sueldo integro y con el tercio probablemente te faltasen años. Lo normal es que de media una pareja tarde 24 años en terminar de pagar un piso con hipoteca. Pero estos datos no ayudan a entender qué está pasando con las casas. El verdadero problema no es el precio de los pisos es el alquiler. No es un secreto ni desvelamos nada nuevo si decimos que el alquiler es el vehículo de especulación inmobiliaria por excelencia.

Dado que es muy difícil comprar un piso y hay dificultad de acceso a las hipotecas gran parte de la sociedad se ve abocada a alquilar para disponer de una vivienda, pero este hecho frena la adquisición de una vivienda. Esta dinámica es algo inusual en nuestra sociedad que lleva años acostumbrada a tener mayoría de propietarios y no de arrendatarios. Esa dinámica se ha ido deshaciendo poco a poco los últimos años. Las grandes capitales donde nadie quiere vivir pero que absorben mucha población y jóvenes con mucha necesidad de migrar a otras partes han propiciado este escenario.

Hacia un nuevo sustrato social

Un economista de cuyo nombre no quiero acordarme razonaba hace unos días que obtenía más ingresos del alquiler de su piso en el centro de Valencia que de su trabajo. El economista, honestamente, estaba narrando algo que le preocupaba y era que las leyes económicas se estaban quebrando, sin importarle que otros cimientos sociales lleven tiempo tambaleándose con esta misma cuestión.

Adam Smith, el cual es considerado unos de los padres del liberalismo económico, criticó a los rentistas y los llamo “clase improductiva”. Smith decía que los rentistas, aprovechándose de sus privilegios, se enriquecían a costa de todos. Más allá de las reglas económicas criticar el rentismo no es tan sólo una cuestión económica, ni siquiera política, es una cuestión ética. El problema es que gran parte de nuestra sociedad ha desterrado la inmoralidad que supone aprovecharse con la especulación de un bien de primera necesidad.

Nuestra sociedad se confeccionó en una raquítica meritocracia, un doctorado en biología te podía llevar a la mendicidad pero una Ingeniería a ser clase media, hace años teníamos un maltrecho ascensor social. Esto que es del todo injusto ya no es una realidad. El nuevo sustrato social se empieza a medir por el nivel de propiedades. Algo mucho más injusto. El nuevo sustrato que confecciona la clase trabajadora es un sustrato que prima la propiedad.

El discurso político

Tras este gran problema el discurso político se articula, como siempre, con dogmas. Eslóganes pegajosos que buscan el voto. A un lado la derecha y los liberales argumentan que hay que construir más y en el otro lado la izquierda del capital tapa sus vergüenzas hablando de medidas que, pese a que más inteligentes, nunca llegan. Mientras tanto, los que de verdad ostentan el poder, el poder económico siguen enriqueciéndose y despojando a esta sociedad del concepto de clase. Otra señal que nos debería dejar claro quién controla el parlamento liberal y los partidos.

El dogma de la derecha es especialmente ofensivo, sin embargo ha calado socialmente. Entre 1990 y 2007 se construía mucho, se construyó tanto que se superó a Alemania, Francia e Italia juntas; Sin embargo el precio de los pisos se disparó generando una de las mayores burbujas económicas de nuestra sociedad. En un bien de primera necesidad las teorías económicas basadas en oferta y demanda no se sostienen. Construir mucho no garantiza bajadas de precio, no lo hizo hace unos años y no lo hará ahora. De hecho, al menos en Burgos, sigue existiendo un excedente de vivienda y los números de visados nacionales apuntan a que construimos más que Alemania o Italia y un número parecido a Francia.

Una sociedad usurera

Como hemos comentado 1990 y 2007 hubo otra crisis inmobiliaria, diferente a la actual pero con muchos parecidos. Los pisos no paraban de subir pero obtener crédito era fácil, al contrario que ahora, los bancos echaban continuamente leña a la hoguera. Durante esa crisis surgió, como en todas, una nueva clase de especulador. Le llamaban “pasapisero”. El mecanismo de operación de estos individuos era simple, reservaban un número de pisos sobre plano que iban a ser construidos y antes de firmar las escrituras debían encontrar un comprador. Con un mercado inmobiliario desbocado era tarea fácil obtener rentabilidades altísimas con una operación de bajo riesgo y que tampoco requería la necesidad de disponer de mucho dinero. Alquilar hoy se ha vuelto un ejercicio parecido al de aquel “pasapisero”, pisos ruinosos arreglados miserablemente con el salón convertido en habitación y con ganancias máximas. Hay cientos de vídeos y textos que explican cómo convertirte en un infame especulador. El problema es que en aquella época el “pasapisero” se ocultaba, no iba prodigando sus hazañas. La sociedad no veía con buenos ojos esas prácticas. Pero hoy ser un especulador se ha vuelto una hazaña épica de nuestra sociedad. La usura no se esconde, se pavonea socialmente.

Muchas de las personas que hoy ven acaparar pisos como un seguro social no se dan cuenta del flaco favor que hacen a su descendencia. Este tipo de sociedades generará muy pocas herramientas que garanticen la prosperidad, será fácil caer en la pobreza para no salir nunca jamás de ella. Asegurar el presente para condenar el futuro es un planteamiento mezquino y egoísta. Sin embargo la vorágine social nos imbuye en esa carrera que además puede acabar mal, social y económicamente. Hoy la usura es una norma social, sin embargo es una obligación y no sólo para el anarquismo, hacer que el usurero no se sienta cómodo.

Jornada Salvemos el parque Buenavista de Gamonal

25 Mayo 2026 at 07:29
Por: editor

Frente a la amenaza por parte del ayuntamiento de Burgos de construir un parking subterráneo en el entorno del parque Buenavista, la Asamblea de Vecinos Salvemos el Buenavista convoca una jornada en defensa de una de las pocas zonas verdes que aún existen en el barrio de Gamonal. La iniciativa, que incluirá una mesa informativa y actividades varias, se desatollará el próximo jueves 28 de mayo a partir de las 18:00 horas y pretende dar visibilidad al descontento vecinal por la privatización del suelo público y la especulación reivindicando un barrio más habitable.

Los indicadores financieros ocultan el peligro que amenaza a la economía real

1 Mayo 2026 at 09:00
Por: Nuria

Guerra, estrecho de Ormuz, comercio mundial / PedripolGuerra, estrecho de Ormuz, comercio mundial / Pedripol

Ilustración: Guerra, estrecho de Ormuz, comercio mundial / Pedripol 

Artículo original publicado en ctxt.es por Juan Torres López

Si la guerra continúa y no se pone fin al bloqueo de Ormuz, la cuerda que sostiene a la economía global no se va a romper por el lado de las finanzas, sino por el de la economía real

En la historia económica reciente se produce reiteradamente un mismo fenómeno: quienes marcan las directrices de la política económica reaccionan tarde o con error. No porque sean incompetentes, sino porque actúan con sesgos ideológicos, utilizan modelos equivocados y se fijan en indicadores equivocados.

Eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora con la crisis del Golfo Pérsico y entender por qué ocurre es crucial para percibir el daño que se está acumulando mientras se mira a otro lado.

Dos fuentes de error

A mi juicio, hay dos causas que explican la ceguera con que se enfrentan a los problemas económicos quienes diseñan y orientan la política económica.

La primera tiene que ver con los modelos económicos que utilizan. Como acaba de mostrar Steve Keen para el caso que nos ocupa, no incorporan con realismo el efecto que tienen los choques energéticos sobre la producción y eso les lleva a subestimar las consecuencias que tienen sobre la economía real.

Es una limitación muy grave y merece un análisis propio, pero no la voy a abordar en este artículo.

Aquí voy a explicar una segunda causa de ceguera y error: leer la realidad tomando excesivamente en consideración los indicadores financieros. Unos indicadores que generalmente producen (por las razones que voy a explicar enseguida) una imagen de la situación sistemáticamente más tranquilizadora que la que realmente existe. 

Una metáfora para entendernos

Imaginemos que se produce un accidente que bloquea el acceso de bienes y servicios a nuestro pueblo o ciudad y que sólo se dispone del 40 % de los que habitualmente consumen las viviendas y empresas. Los vecinos tratarán de aprovisionarse, racionarán su consumo, los bienes escasearán y es muy posible que muchas tiendas y empresas paralicen su actividad.

El grifo de energía que abastece a la economía mundial lleva semanas fuertemente alterado, con caídas muy significativas en el tráfico marítimo

Imaginemos que, para saber cuál es la situación real en la que nos encontramos y tomar medidas, en lugar de fijarnos en las cantidades y en los precios del momento presente, miramos un tablero en donde aparecen los que se espera que tengan los bienes dentro de tres meses, cuando nos dicen los técnicos que ya se habrá arreglado el problema y recuperado el acceso. 

Eso es exactamente lo que está ocurriendo con el Estrecho de Ormuz. El grifo de energía que abastece a la economía mundial lleva semanas fuertemente alterado, con caídas muy significativas en el tráfico marítimo. Sin embargo, los mercados financieros –el tablero donde nos dicen que miremos– fijan precios no en función de la gravedad de lo que ocurre ahora, sino considerando que el problema es manejable y temporal.

Un ejemplo simple y claro para que lo entiendas: el 13 de abril, el precio del crudo físico (el que se podía comprar en nuestro pueblo tras el bloqueo en la metáfora que acabo de poner) era de 132,74 dólares por barril. El precio del contrato de futuros para junio (el que los mercados pensaban que tendría en ese mes) era de 99,36. Una divergencia que refleja expectativas de una muy rápida normalización.

Qué es el Estrecho de Ormuz y qué está pasando allí

El Estrecho de Ormuz tiene apenas 33 kilómetros de anchura en su punto más estrecho y por allí pasa normalmente una cuarta parte de todo el petróleo que se comercia en el mundo, una quinta parte del gas natural licuado global, y volúmenes enormes de otros productos y materias primas fundamentales para la alimentación y la industria mundial.

Como sabemos, desde finales de febrero quedó prácticamente cerrado, las grandes navieras suspendieron sus tránsitos y el tráfico de barcos cayó hasta niveles casi puramente testimoniales. 

Semejante bloqueo en el suministro de fuentes de energía y materias primas esenciales producirá un impacto prácticamente proporcional en la capacidad de producir bienes y servicios de todo tipo en todo el planeta. Sin embargo, los indicadores financieros no señalan que el efecto vaya a ser demasiado grande o peligroso y la pregunta, por tanto, es cómo puede ser eso posible.

Es cierto que podría argumentarse que estos precios financieros reflejan factores como la existencia de reservas estratégicas, la capacidad de otros productores para aumentar la oferta o la experiencia histórica de interrupciones breves en el suministro. Pero estas interpretaciones descansan en supuestos que no parece que se estén cumpliendo en la situación actual: que los ajustes serán rápidos, que los cuellos de botella serán limitados y que los efectos sobre la producción serán lineales y reversibles. 

La desnaturalización de los mercados de futuros 

El indicador financiero que más pesa en la lectura de esta crisis es el precio en los mercados de futuros de los recursos que se han bloqueado en Ormuz. Y para entender por qué este indicador está fallando hay que entender, primero, qué es un mercado de futuros, para qué fue creado y qué ha pasado con él.

Estos mercados nacieron con una función muy útil, permitir que los productores y empresas pudieran hacer frente con cierta seguridad a la incertidumbre que siempre lleva consigo la variación de los precios a lo largo del tiempo. Permitían que una empresa, un agricultor o un transportista, por ejemplo, fijaran hoy el precio de lo que iban a necesitar dentro de un determinado periodo de tiempo. Así podían planificar con seguridad y enfrentarse al riesgo de cambios en el precio.

Sin embargo, esos mercados fueron siendo dominados por operadores que, en realidad, no necesitaban petróleo, ni azufre, ni gas, ni café, ni ningún producto real. Son fondos de inversión, bancos y especuladores que compran y venden esos contratos exclusivamente para ganar dinero con la diferencia de precio entre el momento de la compra y el de la venta. Sin ningún interés en la materia prima en sí, y sin necesidad de protegerse de nada.

Los mercados de futuros se han ido convertido en instrumentos especulativos donde los precios son el resultado de apuestas

El resultado ha sido que los mercados de futuros han dejado de ser lo que eran, es decir, instrumentos para que la economía real gestione el riesgo futuro. Se han ido convertido, por el contrario, en instrumentos especulativos, en donde los precios son el resultado de las apuestas que realizan (hoy día mediante algoritmos y a velocidad vertiginosa) quienes solamente buscan ganar dinero con el movimiento siguiente (que a veces ellos mismos pueden provocar).

Estos especuladores no ganan dinero analizando lo que va a pasar en la economía real dentro de seis meses, sino anticipándose al próximo titular, al próximo anuncio político, al próximo tuit presidencial, es decir, en función casi exclusiva de lo que ocurre en el muy corto plazo.

Por qué los mercados futuros están infravalorando el peligro

Cuando los mercados de futuros se convierten en máquinas de apostar al próximo anuncio político, o sobre cualquier otra que permita ganar más dinero en el menor tiempo posible, sus señales sobre lo que puede estar ocurriendo en la economía real se vuelven imprecisas y sistemáticamente engañosas. 

En estos momentos, hay al menos tres razones concretas que explican por qué están proporcionando señales equivocadas e infravalorando el peligro que realmente amenaza a la economía global.

La primera es que estos mercados no funcionan como un mercado normal donde mucha gente compra y vende en igualdad de condiciones. Están dominados por un puñado de grandes bancos y fondos de inversión o incluso por algoritmos que manejan cantidades de dinero tan enormes que cuando apuestan en una dirección, el precio se mueve hacia donde hayan indicado. Son ellos quienes marcan la señal.

Y a esos grandes operadores les interesa apostar a que el conflicto se resolverá pronto por una razón muy concreta: si apostaran a la catástrofe y acertaran, ellos también perderían. Una crisis energética prolongada hundiría la economía global, y con ella todas sus otras inversiones —acciones, bonos, préstamos… 

Apostar a la resolución rápida, en cambio, es apostar a que el juego continúa. A que los mercados siguen funcionando. A que habrá oportunidad de comprar barato ahora y vender caro después. Por eso, cuanto más dinero entra apostando a la normalización, más tranquilizadora es la señal que emiten los futuros. Y esa señal es la que acaba en los telediarios, en los análisis de los gobiernos y en la opinión pública.

La segunda razón es que los modelos que usan estos mercados para fijar precios están construidos sobre datos históricos. Y en la historia, todos los cierres del Estrecho de Ormuz han sido breves. El mercado aplica esa experiencia pasada como probabilidad futura, como si lo ocurrido antes fuera una guía fiable para lo que ocurrirá ahora. Pero esta situación no tiene precedente histórico comparable. La escala del cierre, su duración, la combinación de factores que lo rodean son nuevos. El modelo mira al retrovisor para conducir hacia adelante.

Finalmente, la tercera razón es que el cierre del Estrecho no solo produce el corte de una determinada cantidad de suministro de productos –petróleo, gas, azufre, helio…– cuyos precios se pueden registrar en el momento presente o estimar en el futuro, y sobre los que, por tanto, se pueden realizar las apuestas en las que se basan los indicadores financieros. Además, produce efectos sobre la economía real que esos indicadores sencillamente no pueden percibir ni transformar en contratos que se compren y vendan: el agricultor que no puede sembrar porque no llega el fertilizante, la fábrica que para porque no tiene insumos, el país que raciona electricidad porque no llega el gas… Esos daños no tienen precio en ningún mercado. No cotizan en ningún sitio. No existen para el sistema financiero.

El mercado construye su imagen del futuro solo con las piezas que puede ver. Y deja fuera, sistemáticamente, todos los demás daños. Su señal no es falsa, pero es estructuralmente incompleta. Y una señal incompleta sobre una crisis de esta magnitud es tan peligrosa como una señal falsa.

Finanzas que hacen negocio si el peligro no se ve

A esto que ocurre en el (desnaturalizado) mercado de futuros hay que añadir algo más. Al sistema financiero en su conjunto le interesa que la guerra sea percibida como un riesgo manejable y temporal, y no como algo que puede dar lugar a una catástrofe sistémica si no se detiene pronto.

Los fondos de cobertura son fondos de inversión que ganan dinero con los cambios a muy corto plazo de los precios o, en general, con las variaciones inmediatas en las condiciones de los mercados. Hay plataformas que mueven miles de millones de dólares apostando sobre eventos geopolíticos –si habrá o no un alto el fuego, si se atacará tal o cual infraestructura, si asesinarán a un determinado líder…–. Y quienes tienen en sus carteras las acciones de las grandes empresas petroleras y armamentísticas –en gran medida esos mismos grandes fondos que dominan los mercados de futuros– ganan dinero con cada nuevo cambio de situación.

Pues bien, lo que necesitan todos esos operadores es que el juego especulativo no se detenga. Y eso sólo puede ocurrir si la guerra –en este caso– es percibida como algo manejable. Si se procesara correctamente la gravedad de lo que está ocurriendo en el Golfo, los precios se dispararían de forma caótica, las posiciones basadas en deuda se liquidarían en cascada y el negocio especulativo colapsaría junto con todo lo demás.

La trampa 

Durante décadas nos han querido convencer de que el estado de la economía se deduce de los indicadores financieros. Si la bolsa sube, es que las cosas van bien. Si el precio del petróleo no se dispara, es que la crisis energética no es tan grave. Si los índices se mantienen, es que los fundamentales aguantan.

Si llega un momento en que los agricultores no puedan cultivar y las fábricas no tienen insumos, las herramientas habituales de política fiscal serán insuficientes

Ahí está la ceguera y, por qué no decirlo, la trampa: los indicadores financieros sirven para conocer las expectativas de quienes tienen capital para apostar, pero engañan cuando se trata de percibir lo que ocurre en la producción real, en los ciclos agrícolas, en las cadenas de fabricación o con el día a día de las personas y empresas que no participan en los mercados financieros.

Se trata de un error que, en esta ocasión, puede dar lugar a consecuencias muy peligrosas. Si la guerra continúa y no se pone fin al bloqueo rápidamente, la cuerda que sostiene a la economía global no se va a romper, como en otras ocasiones, por el lado de las finanzas, sino por el de la economía real. Si es así, si llega un momento en que los agricultores no puedan cultivar, los transportistas se paralizan y las fábricas no tienen insumos, las herramientas habituales de política fiscal y monetaria serían claramente insuficientes para hacer frente a la situación. No habrá banco central que pueda arreglar el desaguisado dando cientos de miles de millones a los bancos o modificando los tipos de interés, ni gobiernos con recursos para frenar la hecatombe.

La entrada Los indicadores financieros ocultan el peligro que amenaza a la economía real se publicó primero en ATTAC España | Otro mundo es posible.

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Asamblea vecinal por la defensa del parque Buenavista

27 Abril 2026 at 06:41
Por: editor

El ayuntamiento de Burgos ha hecho de nuevo pública su intención de construir un parking subterráneo en el entorno del parque Buenavista. Un proyecto que, además de traer consigo la privatización del suelo público, la introducción de la ORA y el enriquecimiento de los señores del ladrillo de siempre, supondrá la práctica destrucción de una de las pocas zonas verdes con las que cuenta Gamonal.

Como ya se ha señalado en diversas ocasiones, si fue necesaria la movilización vecinal para frenar la construcción del parking en altura que el ayuntamiento quería construir en la calle María Amigo, es incluso más necesaria la respuesta frente a un proyecto que se ha planteado sin contar con el consenso vecinal, a pesar de que desde el consistorio se quiera vender lo contrario.

Frente a la actual amenaza que representa el proyecto especulativo impulsado por el ayuntamiento de Burgos, proponemos preservar el parque tal y como se encuentra en la actualidad reivindicando su defensa a través de una asamblea vecinal en la todas las decisiones que afectan al barrio sean tomadas por consenso y no recaigan en líderes o portavoces. Además, exigimos que el ayuntamiento proceda al arreglo de las aceras colindantes al parque y que esta reparación necesaria no quede supeditada a la construcción del parking subterráneo como si de un auténtico chantaje se tratase.

Frente al ayuntamiento y sus proyectos especulativos proponemos un barrio que sea habitable, donde existan parques donde encontrarnos entre vecinos y vecinas, donde hacer comunidad, donde los más pequeños puedan jugar y donde podamos refugiarnos a la sombra de un gran árbol que nos permita respirar en verano, sin tanto asfalto y contaminación, un espacio saludable. En definitiva: un barrio del buen vivir

¡¡Defendamos el parque Buenavista de la especulación!!
¡¡No a la ora en Gamonal!!
¡¡No a la tala de los árboles del parque Buenavista!!

Asamblea vecinal, jueves 7 de mayo a las 19:00 horas

CSR Gamonal, C/ Pablo Casals, 3

Proyección documental “Vallcarca. Sobre escombros y esperanzas”

8 Enero 2026 at 07:37
Por: editor

El viernes 16 de enero, a partir de las 19:00 horas, y con motivo del XII aniversario de la revuelta de Gamonal y la okupación del CSR, el Centro Social Recuperado de Gamonal acogerá la proyección del documental Vallcarca. Sobre ruines i esperances (Vallcarca. Sobre escombros y esperanzas) que narra la lucha del barrio barcelonés de Vallcarca frente a la especulación urbanística y como se produjo su reconstrucción por parte de los propios vecinos. La actividad contará con una pequeña presentación inicial de los autores del documental y un posterior debate.

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