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AnteayerSalida Principal

Imagina un mundo rico sin crecimiento

8 Julio 2026 at 08:00

El capitalismo actual necesita de la escasez, haciendo de ella algo intrínseco

Por Alberto Garzón Espinosa. Publicado originalmente para elDiario.es.

¿Te imaginas vivir en una sociedad en la que toda la población, a lo largo de todo el planeta, recibiera un ingreso anual de 60.000 euros? Esa cifra se corresponde con unos 5.000 euros al mes, lo que está algo por encima de la media actual en Norte América, pero muy por encima de los 290 euros de media del África subsahariana. Pues esa es la cifra que el recién publicado informe del Global Justice Report (GJR) considera viable para lograr combatir la desigualdad mundial y sus consecuencias y, al mismo tiempo, evitar el calentamiento global.

El informe ha sido elaborado por el equipo del economista Thomas Piketty, y merece un reconocimiento especial porque se esfuerza por demostrar que la lucha contra la desigualdad va necesariamente de la mano de la defensa del planeta que sostiene la vida. Esto es ir a contracorriente de una larga tradición que entiende que la lucha contra la desigualdad —así como la cuestión económica en general— es sólo posible mediante el crecimiento económico y a costa del medio natural; una forma de pensar que todavía invade la mayor parte del pensamiento económico progresista y, por supuesto, conservador.

La clave de bóveda del informe es, de hecho, la constatación de que la actividad económica conlleva necesariamente un consumo de recursos naturales y energía que genera impactos ecológicos, destacadamente el cambio climático. Así, la única manera de que en el año 2100 la temperatura promedio global se mantenga por debajo de los 2 °C respecto a la era preindustrial —y evitar así una catástrofe de costes impredecibles— es reducir desde hoy la actividad económica, esto es, el crecimiento económico. En este sentido, el informe comparte intuiciones centrales de la tradición del ‘decrecimiento’, aunque sus autores no asumen la etiqueta. Y aporta, además, matices de calado propios.

Para empezar, no se trata sólo de un reescalado hacia abajo de la actividad económica, como ocurriría con una crisis económica, una pandemia o una guerra. Lo que se defiende es una reorientación general del modelo de producción y consumo buscando una desmaterialización de la economía, lo que significa el crecimiento de sectores poco intensivos en consumo de materiales y energía, pero muy intensivos en proporcionar bienestar: por ejemplo, los sectores de educación y sanidad crecerían enormemente. Como señalaba el economista ecológico Herman Daly, es importante recordar que crecimiento y desarrollo no son lo mismo y que, mientras el primero se refiere al valor monetario de la producción, el segundo nos interpela sobre los servicios que nos proporcionan directamente bienestar o felicidad. El GJR se centra en las condiciones biofísicas y sociales que hacen viable el desarrollo del conjunto de la población mundial; nada más y nada menos.

En estas páginas hemos hablado a menudo del paradójico papel que juega la tecnología y la productividad bajo el sistema económico capitalista. El punto es que aunque las innovaciones permiten producir la misma cantidad de bienes en menos tiempo, bajo el capitalismo esta opción está clausurada. La razón es que la lógica del sistema obliga a todos los agentes a competir entre ellos y, en consecuencia, a recurrir a la tecnología no para producir lo mismo en menos tiempo, sino para producir más en el mismo tiempo. La opción liberadora —trabajar menos manteniendo el bienestar— queda así bloqueada. De este modo, durante dos siglos la productividad ha aumentado de forma extraordinaria, pero la mayor parte de ese incremento se ha traducido en más producción y consumo antes que en más tiempo libre. Solo la lucha del movimiento obrero logró compensarlo en parte, consiguiendo que una fracción de esas ganancias se destinara a reducir la jornada. El informe del GJR abunda en esta idea al plantear que las horas de trabajo deben ser reducidas desde la media actual de 2.100 horas por año hacia las 1.000 horas para 2100. Equivaldría, grosso modo, a jornadas de algo más de cuatro horas o a semanas laborales notablemente más cortas que las actuales.

La idea es desplazar el bienestar desde la acumulación de bienes materiales hacia el acceso universal a servicios, tiempo libre y seguridad económica

Una de las variables centrales que ajusta todo el modelo es precisamente la que llaman suficiencia, y que tiene que ver con el consumo. Con jornadas laborales mucho más reducidas y con un crecimiento de los sectores inmateriales como educación y sanidad, el consumo necesariamente tiene que basarse en un cambio de hábitos: una dieta más sostenible ecológicamente (con una reducción del 25% del consumo de carne a nivel mundial) e incluso con impuestos no lineales donde las primeras compras de un bien (como un vuelo) sean asequibles, pero no tanto las siguientes. Todas estas propuestas responden a una misma idea: desplazar el bienestar desde la acumulación de bienes materiales hacia el acceso universal a servicios, tiempo libre y seguridad económica. La suficiencia también implica una rápida y contundente transición energética para descarbonizar la economía, así como una reforestación que permita recuperar la masa de bosques que existía en 1900. Es decir, no hay un decrecimiento que pretenda volver a los parámetros de las sociedades preindustriales sino un aprovechamiento del conocimiento y tecnología acumulados para “saltar” hacia un nuevo modelo energético renovable.

Para que todo ello sea posible, el informe subraya la necesidad de combatir ferozmente la desigualdad de ingresos entre países (para permitir que los más pobres crezcan y puedan converger hacia un nivel de vida digno) así como dentro de cada país. No sólo por razones de índole moral sino también económica: de una fuerte imposición a los estratos más ricos sale el dinero necesario para comenzar el programa. El informe no apela a la creación monetaria, sino a la redistribución, ya que el gasto se financia al principio gravando a quienes más tienen. Luego, en cambio, se crea un fondo común (de todos los países) que invierte en las empresas sostenibles para obtener la financiación necesaria: una idea con ecos de las propuestas socialdemócratas radicales. En todo caso, esta transferencia de renta y riqueza desde los estratos altos hacia la base de la sociedad explica por qué en el modelo se compatibiliza el crecimiento económico casi cero de los países más ricos con el hecho de que la mayoría de su población pueda mejorar considerablemente tanto sus ingresos como su bienestar. De la misma forma que actualmente el crecimiento económico no “llega” a una gran parte de la población, la ausencia de crecimiento agregado es compatible con la mejora del bienestar individual de la mayoría.

Aunque el informe contiene mucha más información y datos, es importante quedarse con la imagen general: es posible imaginar un mundo donde toda la población tiene unos mínimos de vida muy razonables (sanidad, educación, tiempo libre), donde el bienestar no depende del crecimiento económico ni de un consumo ilimitado de recursos naturales, y donde la desigualdad ha sido drásticamente reducida como consecuencia de una gran ofensiva contra las élites económicas. Gracias a eso, los parámetros del Sistema-Tierra pueden mantenerse dentro de unos márgenes que, sin estar exentos de riesgo, evitan los puntos de no retorno. Suena radical, y en cierto sentido lo es (lo que no es malo, porque supone ir a la raíz del problema), pero cualquier otra alternativa —como seguir como hasta ahora— supondría adentrarse en un terreno muy oscuro para la civilización humana y para la vida en general.

Frente a ese terreno oscuro, el informe del GJR se inscribe en la tradición utópica, pero en su connotación positiva: aquella que, como en News from Nowhere de William Morris, hizo soñar a la población con mundos deseables y la activó políticamente. La principal virtud de aquellas utopías clásicas, desde Moro hasta las esbozadas por Marx, es el deseo de proyectar en el futuro horizontes deseables que, en el presente, debían empezar a construirse. Necesitamos estas guías utópicas porque dibujan el perímetro de lo que es posible, y trazan un camino que, aunque no esté perfectamente definido —nunca lo estará—, es ya claramente la senda que tenemos que recorrer.

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Imagina un mundo rico sin crecimiento

17 Junio 2026 at 07:43

DesigualdadDesigualdad

Por Alberto Garzón Espinosa, originalmente para El Diario.es.

El recién publicado informe del ‘Global Justice Report’ (GJR), elaborado por el equipo de Thomas Piketty, se esfuerza por demostrar que la lucha contra la desigualdad va necesariamente de la mano de la defensa del planeta que sostiene la vida. Esto es ir a contracorriente de una forma de pensar que todavía invade la mayor parte del pensamiento económico progresista y, por supuesto, conservador.

¿Te imaginas vivir en una sociedad en la que toda la población, a lo largo de todo el planeta, recibiera un ingreso anual de 60.000 euros? Esa cifra se corresponde con unos 5.000 euros al mes, lo que está algo por encima de la media actual en Norte América, pero muy por encima de los 290 euros de media del África subsahariana. Pues esa es la cifra que el recién publicado informe del Global Justice Report (GJR) considera viable para lograr combatir la desigualdad mundial y sus consecuencias y, al mismo tiempo, evitar el calentamiento global.

El informe ha sido elaborado por el equipo del economista Thomas Piketty, y merece un reconocimiento especial porque se esfuerza por demostrar que la lucha contra la desigualdad va necesariamente de la mano de la defensa del planeta que sostiene la vida. Esto es ir a contracorriente de una larga tradición que entiende que la lucha contra la desigualdad —así como la cuestión económica en general— es sólo posible mediante el crecimiento económico y a costa del medio natural; una forma de pensar que todavía invade la mayor parte del pensamiento económico progresista y, por supuesto, conservador.

La clave de bóveda del informe es, de hecho, la constatación de que la actividad económica conlleva necesariamente un consumo de recursos naturales y energía que genera impactos ecológicos, destacadamente el cambio climático. Así, la única manera de que en el año 2100 la temperatura promedio global se mantenga por debajo de los 2 °C respecto a la era preindustrial —y evitar así una catástrofe de costes impredecibles— es reducir desde hoy la actividad económica, esto es, el crecimiento económico. En este sentido, el informe comparte intuiciones centrales de la tradición del ‘decrecimiento’, aunque sus autores no asumen la etiqueta. Y aporta, además, matices de calado propios.

Para empezar, no se trata sólo de un reescalado hacia abajo de la actividad económica, como ocurriría con una crisis económica, una pandemia o una guerra. Lo que se defiende es una reorientación general del modelo de producción y consumo buscando una desmaterialización de la economía, lo que significa el crecimiento de sectores poco intensivos en consumo de materiales y energía, pero muy intensivos en proporcionar bienestar: por ejemplo, los sectores de educación y sanidad crecerían enormemente. Como señalaba el economista ecológico Herman Daly, es importante recordar que crecimiento y desarrollo no son lo mismo y que, mientras el primero se refiere al valor monetario de la producción, el segundo nos interpela sobre los servicios que nos proporcionan directamente bienestar o felicidad. El GJR se centra en las condiciones biofísicas y sociales que hacen viable el desarrollo del conjunto de la población mundial; nada más y nada menos.

En estas páginas hemos hablado a menudo del paradójico papel que juega la tecnología y la productividad bajo el sistema económico capitalista. El punto es que aunque las innovaciones permiten producir la misma cantidad de bienes en menos tiempo, bajo el capitalismo esta opción está clausurada. La razón es que la lógica del sistema obliga a todos los agentes a competir entre ellos y, en consecuencia, a recurrir a la tecnología no para producir lo mismo en menos tiempo, sino para producir más en el mismo tiempo. La opción liberadora —trabajar menos manteniendo el bienestar— queda así bloqueada. De este modo, durante dos siglos la productividad ha aumentado de forma extraordinaria, pero la mayor parte de ese incremento se ha traducido en más producción y consumo antes que en más tiempo libre. Solo la lucha del movimiento obrero logró compensarlo en parte, consiguiendo que una fracción de esas ganancias se destinara a reducir la jornada. El informe del GJR abunda en esta idea al plantear que las horas de trabajo deben ser reducidas desde la media actual de 2.100 horas por año hacia las 1.000 horas para 2100. Equivaldría, grosso modo, a jornadas de algo más de cuatro horas o a semanas laborales notablemente más cortas que las actuales.

La idea es desplazar el bienestar desde la acumulación de bienes materiales hacia el acceso universal a servicios, tiempo libre y seguridad económica

Una de las variables centrales que ajusta todo el modelo es precisamente la que llaman suficiencia, y que tiene que ver con el consumo. Con jornadas laborales mucho más reducidas y con un crecimiento de los sectores inmateriales como educación y sanidad, el consumo necesariamente tiene que basarse en un cambio de hábitos: una dieta más sostenible ecológicamente (con una reducción del 25% del consumo de carne a nivel mundial) e incluso con impuestos no lineales donde las primeras compras de un bien (como un vuelo) sean asequibles, pero no tanto las siguientes. Todas estas propuestas responden a una misma idea: desplazar el bienestar desde la acumulación de bienes materiales hacia el acceso universal a servicios, tiempo libre y seguridad económica. La suficiencia también implica una rápida y contundente transición energética para descarbonizar la economía, así como una reforestación que permita recuperar la masa de bosques que existía en 1900. Es decir, no hay un decrecimiento que pretenda volver a los parámetros de las sociedades preindustriales sino un aprovechamiento del conocimiento y tecnología acumulados para “saltar” hacia un nuevo modelo energético renovable.

Para que todo ello sea posible, el informe subraya la necesidad de combatir ferozmente la desigualdad de ingresos entre países (para permitir que los más pobres crezcan y puedan converger hacia un nivel de vida digno) así como dentro de cada país. No sólo por razones de índole moral sino también económica: de una fuerte imposición a los estratos más ricos sale el dinero necesario para comenzar el programa. El informe no apela a la creación monetaria, sino a la redistribución, ya que el gasto se financia al principio gravando a quienes más tienen. Luego, en cambio, se crea un fondo común (de todos los países) que invierte en las empresas sostenibles para obtener la financiación necesaria: una idea con ecos de las propuestas socialdemócratas radicales. En todo caso, esta transferencia de renta y riqueza desde los estratos altos hacia la base de la sociedad explica por qué en el modelo se compatibiliza el crecimiento económico casi cero de los países más ricos con el hecho de que la mayoría de su población pueda mejorar considerablemente tanto sus ingresos como su bienestar. De la misma forma que actualmente el crecimiento económico no “llega” a una gran parte de la población, la ausencia de crecimiento agregado es compatible con la mejora del bienestar individual de la mayoría.

Aunque el informe contiene mucha más información y datos, es importante quedarse con la imagen general: es posible imaginar un mundo donde toda la población tiene unos mínimos de vida muy razonables (sanidad, educación, tiempo libre), donde el bienestar no depende del crecimiento económico ni de un consumo ilimitado de recursos naturales, y donde la desigualdad ha sido drásticamente reducida como consecuencia de una gran ofensiva contra las élites económicas. Gracias a eso, los parámetros del Sistema-Tierra pueden mantenerse dentro de unos márgenes que, sin estar exentos de riesgo, evitan los puntos de no retorno. Suena radical, y en cierto sentido lo es (lo que no es malo, porque supone ir a la raíz del problema), pero cualquier otra alternativa —como seguir como hasta ahora— supondría adentrarse en un terreno muy oscuro para la civilización humana y para la vida en general.

Frente a ese terreno oscuro, el informe del GJR se inscribe en la tradición utópica, pero en su connotación positiva: aquella que, como en News from Nowhere de William Morris, hizo soñar a la población con mundos deseables y la activó políticamente. La principal virtud de aquellas utopías clásicas, desde Moro hasta las esbozadas por Marx, es el deseo de proyectar en el futuro horizontes deseables que, en el presente, debían empezar a construirse. Necesitamos estas guías utópicas porque dibujan el perímetro de lo que es posible, y trazan un camino que, aunque no esté perfectamente definido —nunca lo estará—, es ya claramente la senda que tenemos que recorrer.

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De Matrix a TikTok: así difunde la manosfera el discurso antifeminista en redes

7 Marzo 2025 at 13:58

La celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, vuelve a abrir el debate sobre la igualdad de género, solo que ahora el escenario se ha trasladado a un campo de batalla cada vez más influyente: las redes sociales. El auge de discursos antifeministas entre los jóvenes está encendiendo las alarmas, especialmente en espacios digitales donde el machismo se reinventa y prolifera bajo una nueva identidad: la manosfera.

El término manosfera proviene del inglés manosphere, compuesto por las palabras man (hombre) y sphere (esfera), y apareció por primera vez en 2009. En el libro (Re)configurando el imaginario sobre la violencia sexual desde el antifeminismo, se define como el “conjunto de comunidades y grupos comunicativos digitales, que están masculinizados en su público y ocupan una heterogeneidad de interacciones y procesos comunicativos misóginos y antifeministas en la red».


La manosfera es un conjunto de comunidades digitales que difunden mensajes misóginos y antifeministas, promoviendo una supuesta «restauración de la masculinidad». A través de plataformas como TikTok, YouTube y foros anónimos, estos espacios propagan la idea de que los hombres deben ser fuertes, dominantes y evitar mostrar debilidad, mientras perpetúan una visión de la mujer como débil, sumisa y responsable de los problemas personales y sociales de los hombres. Ideas que también se recogen en el estudio: «Jóvenes en la Manosfera. Influencia de la misoginia digital en la percepción que tienen los hombres jóvenes de la violencia sexual».


El impacto de estos discursos en la juventud es innegable. Según el Barómetro Juventud y Género 2023, elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud, el 51% de los chicos de entre 16 y 24 años cree que la promoción de la igualdad ha ido «demasiado lejos», hasta el punto de discriminar a los hombres. Además, el 23,1% de los jóvenes de entre 15 y 29 años considera que «la violencia de género no existe y es un invento ideológico», una cifra que ha duplicado el porcentaje registrado en 2019.


Estos datos reflejan una preocupante desconexión con la lucha feminista y una normalización de discursos de odio en las redes sociales, donde los adolescentes pasan gran parte de su tiempo. Elisa García, profesora e investigadora en la Facultad de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y experta en violencias sexuales en red, en entrevista con la Cadena SER, señala que “estos discursos no llegan desde el entorno familiar o escolar, sino desde el espacio digital. Estos comportamientos se han intensificado con los nuevos formatos y han encontrado en TikTok un canal perfecto para viralizarse con mensajes breves y directos”.

Como advierte García, experta también en manosfera, estos «se han intensificado con los nuevos formatos y han encontrado en TikTok un canal perfecto para viralizarse con mensajes breves y directos”.


Para contrarrestar la difusión de estos mensajes, RTVE ha lanzado el proyecto interactivo ‘La manosfera al descubierto’, una iniciativa que analiza y desmonta las narrativas antifeministas que proliferan en el entorno digital. César Peña, coordinador del proyecto, ha explicado en La Ventana de la Tele que el objetivo es sumergirse en la manosfera con una mirada crítica, evidenciando los estereotipos de género y los discursos de odio que se presentan como una “revolución masculina”.

El reportaje interactivo, titulado «Manosfera y estereotipos: la nueva cárcel de la masculinidad«, invita a los usuarios a explorar cinco categorías clave dentro de estos discursos: antifeminismo, estereotipos, sexualidad, violencia de género y éxito. Con una estética inspirada en la película Matrix, el proyecto explica cómo estas ideas se entrelazan para crear un modelo de masculinidad tóxica que limita tanto a hombres como a mujeres


Según Stribor Kuric, quien ha analizado los modelos de estereotipos dentro de la manosfera, estos espacios ofrecen una narrativa cerrada sobre lo que significa ser hombre y cómo debe comportarse en distintos contextos, perpetuando relaciones de poder desiguales. En estos círculos, la autoridad en la pareja siempre recae en el hombre, reforzando ideas machistas que muchas sociedades han intentado erradicar.

Uno de los aspectos más preocupantes del auge de la manosfera es la idolatría que despiertan ciertos ‘gurús’ antifeministas en los jóvenes. Estos influencers, que combinan discursos de odio con consejos sobre éxito personal y sexualidad, han convertido la misoginia en un negocio rentable, generando miles de seguidores y monetizando sus contenidos.


Como advierte Elisa García, “cada vez hay más creadores de contenido que sacan rédito de estos mensajes. Parecen nichos de internet, pero pueden llegar a cualquier lugar, influenciando tanto a chicos como a chicas”. El problema se agrava cuando los algoritmos de plataformas como TikTok e Instagram detectan el interés del usuario y potencian la difusión de estos discursos, normalizando el machismo entre las nuevas generaciones.

El proyecto de RTVE no solo busca denunciar este fenómeno, sino también educar y ofrecer herramientas para combatirlo. Expertos como Lionel Delgado y Silvia Fernández trabajan en la plataforma para desglosar las estrategias de manipulación que utilizan estos grupos y ayudar a los usuarios a desarrollar un pensamiento crítico frente a los discursos de la manosfera.


Sin embargo, la responsabilidad no solo recae en la educación. Como señala García, “mientras el odio sea rentable, todos nuestros esfuerzos serán en vano”. La solución debe pasar por una mayor regulación de las redes sociales y una revisión profunda de las políticas de moderación del contenido. Pero este desafío no es sencillo, ya que las plataformas digitales tienen un modelo de negocio basado en la viralización, sin importar el impacto social de sus contenidos.

La proximidad del Día Internacional de la Mujer nos recuerda que la lucha feminista sigue siendo más necesaria que nunca. La manosfera representa una amenaza real para la igualdad de género, pero también una oportunidad para reflexionar sobre el impacto de las redes sociales en la juventud y la importancia de construir espacios digitales libres de violencia y desinformación. Ahora, la pregunta que queda en el aire es: ¿cómo podemos recuperar el relato feminista en un espacio donde el odio se ha convertido en tendencia?

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Geochicas: mapeadoras trabajando en favor del empoderamiento femenino

8 Marzo 2023 at 08:00

Geochicas, (@GeochicasOSM) es un colectivo de mujeres mapeadoras en al menos 3 continentes, que trabajan en favor del empoderamiento femenino y  la reducción de la brecha de género en las comunidades hispanohablantes de #OpenStreetMap y en otras asociadas al mundo del software libre y los datos abiertos.

En entrevista con PC, Celine Jacquin, (@mapeadora) y Selene Yang, (@la_geofeminista), dos de las tres coordinadoras de este proyecto, nos hablan de Geochicas y de la importancia de incluir la perpectiva de género y el acceso de la mujer a carreras vinculadas a los datos, entre otros aspectos.

PG -Uno de los ejes temáticos de vuestro trabajo se centra en «la comprensión de los mecanismos de liderazgo y sus frenos en la dimensión colectiva», contadanos qué proyectos tenéis actualmente en marcha en este 8 de marzo, en los que puedan también participar las personas interesadas.

CJ/SY –Geochicas es antes que todo un espacio libre para discusión de las mujeres que se sienten menos a gusto y libres de tomar liderazgo en grupos mixtos, y desean de forma paralela o exclusiva, estar en un espacio seguro. Para nosotras es importante crear espacios donde la seguridad y el cuidado colectivo sean los ejes de nuestro grupo. Geochicas es esto antes que un espacio para generar proyectos.
Sin embargo, ahora mismo estamos trabajando en la segunda versión de nuestra encuesta sobre diversidad de género en OpenStreetMap. La primera fue llevada a cabo por nosotras en 2018 cómo una acción que fue colectivamente identificada como necesaria en el State of the Map de Sao Paulo. Los resultados indicaban (desde una muestra que no era representativa, pues el carácter anónimo de la comunidad OpenStreetMap no lo permitiría) que un 56,8% de las personas se autodefine como hombre, 39,83% com mujer, 0,41% como persona transgénero en la comunidad. Planteamos está encuesta como periódica para entender evoluciones, por lo que es tiempo de lanzar la nueva edición en los próximos meses.

Estas encuestas también aportan datos sobre las relaciones y las dinámicas de liderazgo que se dan en la comunidad, y no únicamente sobre la construcción demográfica de OSM. También queremos analizar cuáles son las acciones que pueden tomarse para crear una comunidad más saludable para las personas que desean sumarse.  
Tenemos otros proyectos permanentes o semipermanentes que han correspondido con necesidades del sector y el involucramiento de ciertas geochicas en activismos, por ejemplo mapas de documentación de los movimientos sociales. El de cómo se ha extendido y reapropiado la performance “Un violador en tu camino”, que ha tenido un enorme alcance en redes y medios, lo que era nuestro objetivo, el de concienciación.

Y otro que ya tiene valor de atlas por cierta historicidad que se le está dando (y lo estamos repitiendo este año de cara a este 8 de marzo): la localización de actividades y manifestaciones feministas en torno al Día Internacional de la mujer. Con este mapa, que idealmente continuará cada año, queremos demostrar la amplitud y las evoluciones del movimiento (en el espacio, los temas tratados, el público, etc.). Lo estamos continuando este año

Actualización del mapa global del #8M
Update of the 8M global map: https://t.co/y06r4oibco

Envíen cualquier actividad y la ubicación exacta (url).
Please send us any activity or actions being held +url of location.@GeochicasOSM @openstreemap @NosotrasParamos pic.twitter.com/Sqw1GWdLbA

— Geochicas OSM (@GeochicasOSM) March 6, 2023

Para este mes de la mujer y el Día Naranja (25 de noviembre) estamos impulsando la recopilación por parte de tod@s l@s que quieran participar, de listas de servicios dedicados a la mujer (en particular servicios para víctimas de violencia de género contra la mujer y niña) con su ubicación exacta y la descripción de sus servicios y contactos; para posteriormente integrarlos a OpenStreetMap (ver abajo el trabajo del grupo UAMaps de la Ciudad de México que han iniciado mapeando lugares seguros para las mujeres). Va a ser una actividad lanzada el 8 de marzo, y continuará hasta el 25 de noviembre (ver Twitter de @geochicasosm), donde se mostrarán los resultados. Quien quiera participar se puede poner en contacto por redes sociales, (@GeochicasOSM).

PG -¿En qué momento os dais cuenta de la brecha de género existente, tanto en las comunidades de OpenStreetMap, como en las vinculadas al mundo del software libre y los datos abiertos?

CJ/SY -Pues si uno observa atentamente, la brecha de género en el mundo de las comunidades y tecnologías del software libre se  hace evidente en todo momento, e incluso desde que una se une a cualquier grupo o movimiento la proporción parece ser siempre menor del 10%. Por ejemplo, sólo el 18.3% del contenido de los proyectos de Wikimedia es sobre mujeres. Para el 2017, sólo 11.0% de las personas mantenedoras de paquetes en R se identificaban como mujeres o personas no binarias. Según datos de 2016, únicamente el 2% de las personas contribuidoras en los repositorios de Python se identificaban como mujeres. 

Y es tan normal que en general dejamos de notar este tipo de disparidades. Creemos que el acceso de las mujeres a carreras enfocadas a datos -y no meramente a carreras enfocadas a lo social- es un problema sistémico en las estructuras educativas formales. Algo que también evidencia las diferentes barreras tanto materiales como simbólicas que las mujeres enfrentan en estos espacios. Por ejemplo, los hombres tienen mayor posibilidad de tener el poder adquisitivo para comprar celulares o computadoras que las mujeres. Aquí es cuando el acceso a la educación puede pensarse desde un enfoque de género. 

A nosotras nos empezó a hacer ruido siendo parte de la organización de un evento regional de OSM llamado State of the Map Latam, con sede en Sao Paulo. Cuando nos dimos cuenta que éramos tres mujeres opinando ante más de 50 hombres -y que esto nos causaba un real problema de coordinación por los estilos de las personas- el tema surgió dentro del grupo de organizadores junto con el deseo claro de dar un enfoque de diversidad al evento, dando lugar a un foro abierto de reflexión antes y durante el State of the Map, y a la formación de la red Geochicas durante la conferencia, que empezó -como todo- con un chat, y una activación de reflexión en redes con el hashtag #OSMintegra.

Pero la iniciativa de formar espacios seguros en el sector de datos y tecnologías surge en todos lados, todo el tiempo, lo que demuestra su pertinencia para muchas mujeres. Mientras nacía un capítulo de Youthmappers en la UAM en Ciudad de México, se formaba en paralelo un grupo de mujeres, las Morras Socioterritoriales, quienes sintieron la necesidad de reunirse más entre mujeres y tratar temas territoriales que le afectan a las mujeres. A manera de respuesta a una clásica crítica de hombres detractores sobre el porqué generar brechas entre los géneros con este tipo de espacios, responderíamos entonces que lo que se crea con esfuerzo y prospera es porque las personas así lo necesitan. Y lo que hemos visto es que al contrario, estos espacios seguros son espacios donde se cultiva el liderazgo, el cual, una vez fortalecido, se aplica en espacios mixtos. 

PG -¿En qué aspectos consideráis que esta brecha de género nos afecta?

CJ/SY -Nos afecta en todo momento y en todos los aspectos: si las mujeres no son parte del desarrollo de las ciencias pues el sistema sigue siendo hecho desde una visión limitada, en este caso la de los hombres: impacta el sistema mismo, las agendas que se desarrollan, el entendimiento de los contextos y de las soluciones, etcétera, así que ninguna solución será completamente satisfactoria para la otra mitad de la población. Es una simple cuestión de perspectiva, la cual es incompleta si no integramos a todxs.

Creemos que también es importante entender estas brechas y la disciminación en los espacios tecnológicos desde una mirada interseccional. ¿A qué nos referimos con eso? A entender la disparidad del acceso desde la racialidad de las personas, las discapacidades motoras o cognitivas, las edades, y muy importante, también desde el lenguaje, ya que la mayoría de las conversaciones, la producción de código, se da en inglés como lenguaje por defecto. 

PG -¿Contemplar este tipo de cuestiones puede ayudar a combatir la violencia de género? ¿Cómo?

CJ/SY -Esto lo podríamos decir de forma muy general en todo tema de la sociedad: si procuramos la diversidad entre los grupos de población, los que sean (desde la perspectiva interseccional), y también procuramos una representación equitativa de estos grupos en la toma de decisiones de cualquier tipo, entonces permitimos que los grupos entre sí dialoguen, se conozcan, se entiendan mejor, y aprendan a consensuar. Esto claramente limita el lugar de la violencia, pues si hay consenso no hay necesidad ni tampoco hay aceptación de comportamientos que se imponen sobre otros y limitan.

Por otro lado, hacer que grupos minimizados -que generalmente no tienen voz- participen en espacios, en la reflexión, en la toma de decisiones, hará que los temas de violencia de los que generalmente las minorías sufren por ser discriminadas, lleguen a la mesa. Así ha sucedido en el foro de la conferencia de Sao Paulo. El tema estuvo ahí entre otros.

La violencia de género puede verse también en microagresiones y en acciones que puedan poner en detrimento la salud mental o física de una mujer o género disidente. Para nosotras, la imposibilidad de la toma de decisiones por falta de representatividad dentro de las comunidades de práctica de las que somos parte, también es una violencia. Los chistes sobre cómo las mujeres o géneros disidentes somos “muy emocionales”, es también una violencia. Consideramos que desde la creación de un dato, hasta las disputas por el lenguaje con el que construimos nuestras comunidades deben ser pensadas como prácticas libres de violencia hacia cualquier comunidad marginalizada que participe. 

Que existan grupos como Geochicas, PyLadies, RLadies, entre otras, apoya no sólo a las mujeres y géneros disidentes dentro de la comunidad, sino que también le abre la puerta a nuevas personas a que participen de espacios más seguros y justos para elles. 

PG -En 2018 pusisteis en marcha la creación de un mapa online para visibilizar la falta de representación de nombres de mujeres en las calles de ciudades de América Latina y España. ¿Qué resultados o conclusiones sacasteis de este proyecto? ¿Sigue en marcha?

CJ/SY -El proyecto Las Calles de las Mujeres inició como una respuesta a también tomarnos las calles -desde nuestras diferentes latitudes- en un esfuerzo colectivo de Geochicas. El proyecto, a mayo de 2022, contaba con 32 ciudades analizadas en total (unas 5 más están en proceso de integración, ¡no nos damos abasto!), de las cuales 17 se distribuyen entre 8 países en Latinoamérica y 15 ciudades se distribuyen en dos países en Europa. 

La conclusión más obvia es que hay una fuerte disparidad de representación de las mujeres en los espacios públicos urbanos en muchos países. Así como también una amplia brecha en relación a la producción de conocimiento colaborativo sobre la vida y logros de estas mujeres. A esto nos referimos con los porcentajes de las biografías de estas mujeres escritas en Wikipedia.

Parte de los resultados encontrados de forma general con este proyecto, es que la mayoría de las calles nombradas en honor a una mujer, son nombres de personajes religiosos, ejemplo: Calle Santa Sofía, Calle Virgen María, y muy pocas son realmente seculares, o cuentan con algún tipo de carga histórica-social más allá de la representación religiosa.

PG-¿Cómo pueden participar en vuestros proyectos las personas interesadas?
CJ/SY -Las mujeres o personas que se identifican como mujeres y que desean formar parte de este grupo y espacio seguro, pueden escribir a cualquier Geochica en las redes para pedir una invitación. Lamentablemente ya no es un grupo abierto desde que hace algunos años sufrimos una invasión engañosa del grupo por parte de un hombre que quería descalificar nuestra iniciativa. Este incidente nos regresa nuevamente a justificar nuestra razón de ser como espacio seguro, entre constantes y diversas muestras de discriminación.

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TRANQUI, La LGTBIfobia tiene cura

5 Diciembre 2018 at 07:56
TRANQUI, La LGTBIfobia tiene cura es una campaña educativa con la que Thakhi-runa busca estimular el reconocimiento y la valoración de la multiplicidad de sujetos que integran la diversidad sexual y afectiva en nuestra sociedad. Planteamos un rechazo a todas las prácticas y manifestaciones que originan agresión, exclusión y persecución a las personas con identidades LGTBI. Para nosotros la educación juega un papel fundamental en la erradicación de las diferentes formas de discriminación que vayan en contra de la aceptación y el respeto de todas las presencias y manifestaciones que reclaman un espacio digno en nuestro entorno social. TRANQUI, busca alcanzar un consenso social en el que los internautas de las redes sociales se aúnen a la propuesta de crecimiento social donde el reconocimiento y bienestar de esa diversidad enriquezca en términos humanistas a nuestra sociedad. Apostémosle a la EQUIDAD
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