1. El gol del honor
“¡Vaya hostia!”. Es lo que le salió del alma herida a Susana Díaz Pacheco aquella aciaga noche de 2017 en que perdió ante Pedro Sánchez las primarias del partido. Lo mismo podría haber dicho anoche la exministra y candidata socialista a la Presidencia de Aragón, Pilar Alegría. Lo mismo, en realidad, podría haber dicho anoche toda la izquierda aragonesa, cuya humillante derrota a manos de las derechas apenas quedó maquillada por esos seis diputados de la Chunta Aragonesista que venían a ser como el gol del honor de las izquierdas al término del que sin duda fue uno de sus peores partidos de la temporada. En casos así en el fútbol, los dueños del equipo suelen echar al entrenador. Con los partidos es más complicado porque el propietario y el entrenador suelen ser la misma persona.
2. Perder ganando, ganar perdiendo
Los datos crudos de las elecciones aragonesas de ayer son estos: el PP suma 26 escaños, aunque pierde dos; el PSOE se queda en los huesos con 18, que son cinco menos que en 2023; Vox engorda hasta lograr 14, el doble que en las anteriores autonómicas; Chunta Aragonesista da también la campanada pasando de tres a seis diputados; Aragón Existe tenía tres y se queda en dos; Izquierda Unida-Sumar conserva el que tenía y Podemos, que ya estaba semidesaparecido, desaparece. La mayoría absoluta son 34 escaños y las derechas suman 40, aunque con sensaciones muy distintas en cada uno de los dos partidos: el PP gana pero pierde y Vox pierde pero gana. Como en Extremadura.
3. Sudor y tinta
Jorge Azcón no necesitará comprar tinta para recargar la pluma con que firmará su primer decreto como presidente de Aragón: tendrá de sobra con la que le hará sudar Vox. Parafraseando a aquella profesora de danza de la serie Fama, Santiago Abascal ya tiene preparada la frase que le dirá a Alberto Núñez Feijóo la próxima vez que lo vea: “Buscas el poder, pero el poder cuesta; y aquí es donde vas a empezar a pagar… con sudor”. O con tinta. Jorge Azcón en Aragón y María Guardiola en Extremadura adelantaron elecciones siguiendo las órdenes de Génova y el Señor los ha castigado a ambos haciendo mayor su dependencia de la ultraderecha. Sánchez está más débil que ayer, pero ellos también.
4. ¡Muerte al ‘Perro’!
El PP logra su objetivo táctico de debilitar a Pedro Sánchez, pero no su objetivo estratégico de liberarse de Vox. Anoche, los francotiradores de Génova se apresuraron nuevamente a dar por muerto al ‘Perro’, pero el maldito chucho se resiste a morir pese a los dos tiros que ya lleva en la barriga: el tiro extremeño y el tiro aragonés. El tercer disparo será el castellano y el cuarto el andaluz. Demasiado plomo para que el bicho llegue vivo al verano de 2027. Y sin embargo… Sánchez se aparece en las pesadillas de Feijóo como ese personaje de las películas que el espectador da por muerto tras haber recibido varios disparos, pero que en el último momento logra empuñar su arma desde el suelo y descerrajarle a su agresor un tiro certero entre ceja y ceja. En el PP no pueden dejar de preguntarse cuánto plomo hay que meterle al ‘Perro’ para que expire de una maldita vez.
5. El espectro de Ohio
Como los de Ohio en Estados Unidos, ¿los resultados de Aragón anticipan los de España en las legislativas que el PP querría ver convocadas ya mismo? Todo indica que sí. Difícilmente podrá Sánchez cumplir el calendario prometido de no celebrar elecciones hasta el verano de 2027. Cuando el mes que viene se abran las urnas en Castilla y León y de nuevo las izquierdas muerdan el polvo, ¿acaso los presidentes autonómicos y alcaldes socialistas no redoblarán la presión sobre Ferraz para que haga coincidir las generales con las andaluzas de junio de este año? A la ministra y candidata María Jesús Montero le vendría bien. No querrá ser una Pilar Alegría 2: en unas autonómicas en solitario la participación será baja y la factura de esa abstención la pagarán las izquierdas.
6. El hombre del tren
Lo bueno de la coincidencia de generales y andaluzas es que haría subir sensiblemente la participación y mejoraría las expectativas del voto progresista. Lo malo, que muy probablemente PP y Vox sí lograrían esta vez la mayoría absoluta del Congreso que acariciaron en 2023. Por eso parece poco probable que Sánchez adelante los comicios: porque ningún gobernante, y mucho menos él, lo hace si cree que va a perderlos. Y porque el presidente sigue confiando en el efecto movilizador de la pinza gobernante PP-Vox en un electorado de izquierdas que a lo largo de este 2026 iría viendo los temibles efectos de la irrupción ultra, ya sea en los programas de gobierno, ya sea en los gobiernos mismos. ¿Le saldrá la jugada, como ya le salió en julio de 2023? Veremos. No es probable. Sánchez se asemeja al fugitivo al que sus enemigos rastrean dentro del tren donde viajan perseguidores y perseguido. Sánchez pasa de vagón en vagón dejando atrás a sus acosadores, pero el número de coches que tiene el tren es limitado: vagón Extremadura, vagón Aragón, vagón Castilla y León, vagón Andalucía. Estación término: España.
7. ¿Quién refuerza a Vox?
Se acusan mutuamente socialistas y populares de reforzar a Vox con sus estrategias de desgaste, al precio que sea, del adversario. No parece que tengan razón ni el uno ni el otro, salvo en el sentido de que la erosión de la institucionalidad y la centralidad que ambos practican al demonizar sistemáticamente al otro favorece el crecimiento de formaciones antisistema como la de Abascal. Lo malo, lo peor del ascenso de Vox es que parece producirse por generación espontánea: sus votos crecen en el electorado como las setas en el bosque cuando caen cuatro gotas. Los ultras crecen en España, en Francia, en Alemania, en Italia, en Hungría, en Holanda, en Dinamarca, en Noruega, en Chile, en Argentina, en Estados Unidos… Se diría que son imparables. Nadie sabe muy bien qué diablos hacer para frenarlos. ¿Un cordón sanitario? ¿Un pacto de no agresión o incluso de colaboración de PP y PSOE? ¿Génova y Ferraz firmando la paz? Imposible tal entendimiento entre quienes están embelesados contemplando las tempestades provocadas por los vientos que tan irresponsablemente han sembrado durante años.
8. Ideas y emociones
Es cierto que la Chunta ha salvado el honor de las izquierdas no socialistas, pero los partidos no viven de honor sino de votos. Los partidos han nacido para gobernar, no para ponerse estupendos. Y los votos no dejan de menguar debido a la proverbial división que reina en esa franja ideológica que la demoscopia cifra en torno a un 15% del electorado. Lo paradójico de tal división es que sus causas son más personales que propiamente ideológicas: si milagrosamente mañana desaparecieran de la escena pública Yolanda Díaz, Mónica García, Ione Belarra, Irene Montero o Pablo Iglesias, quizá sería posible armar un Podemos de nuevo unificado, pues en rigor no hay diferencias ideológicas significativas entre Sumar y los morados; no los dividen las ideas, los dividen las emociones: la ira, el resentimiento, la soberbia, el afán de revancha…
9. Dos en uno
El PSOE no tiene, ciertamente, los problemas de la otra izquierda. Aparece como un partido unido, pero su cohesión está en gran medida sustentada en el hecho de estar gobernando. El día que Pedro caiga habrá lío interno, como, por otra parte, siempre lo ha habido cuando el líder ha dejado de ser presidente del Gobierno. Hoy, la contestación interna en el PSOE es casi anecdótica, se diría que orgánicamente inviable. ¿Despertará esa contestación si Feijóo llega a la Moncloa? A principios de los 90 el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra entró en crisis: Felipe se ocupaba del Gobierno y Alfonso del partido, pero aquel tándem se quebró tras una década de Gobierno. Hoy no cabe quiebra alguna porque Pedro Sánchez es a la vez Guerra y González, manda en el partido y manda en el Gobierno. Inimaginable un Pedro enemistándose con Sánchez o un Sánchez rompiendo con Pedro. En Aragón no ha perdido su ministra, ha perdido él.
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