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AnteayerSalida Principal

Reutilizar envases (y no reciclar) es lo más ecológico: Por un SDDR para envases retornables

El problema de los envases y del plástico es inmenso y bien conocido. Este artículo propone una solución simple, definitiva y barata, basada en dos puntos clave, con el objetivo puesto en reducir los envases de un solo uso y, por tanto, en tener que reciclar menos.

Cuando se habla de ecología, suele pensarse en reciclar y en el cambio climático, y suele olvidarse lo más importante. Hoy queremos aclarar que reciclar NO es tan ecológico. Es como si alguien dijera que es ecológico tirar una botella a la basura porque es mejor que tirarla al mar o quemarla. Algo que es mejor que otra cosa no lo convierte en ecológico. Además, aunque reciclar ahorra CO2, está lejos de estar entre las acciones más ecológicas.

¿Reciclar es lo más ecológico?

Cuando reciclamos, primero ya hemos consumido unos recursos para fabricar algo, y segundo, hemos demostrado que somos incapaces de reutilizarlo. Por tanto, solo nos queda reciclar para evitar que ese material se pierda (algo básico en economía circular).

Sobre los productos que llegan a los puntos limpios ya hemos hablado en otro artículo en nuestro blog. En él dábamos recomendaciones interesantes, así como una breve explicación sobre las diferencias entre reutilizar y reciclar.

Ante la avalancha de envases (principalmente de plástico) que invaden nuestros mares, montes, ríos, calles, etc., muchos piensan que hay que reciclar más nuestras botellas, latas de bebidas, envases de yogur, botes de detergentes, tetrabriks… Veamos porqué reciclar no es lo más ecológico y una propuesta para evitar este problema.

Lo más ecológico es Reducir y Reutilizar

Regla de las 3 erres, pero la última es reciclar, lo cual NO es ecológico.Lo primero que hace cualquier ecologista es intentar REDUCIR al máximo el consumo de productos envasados (esa es la primera erre de la regla de las 3 erres). Algunas ideas son comprar productos sin envases (a granel) o en envases grandes.

Cuando un producto ya lo hemos consumido, ¿qué es lo más ecológico que podemos hacer con su envase? Lo más ecológico es devolver el envase al fabricante, para que lo vuelva a utilizar: a eso se le llama REUTILIZAR. Así, un mismo envase puede usarse miles de veces.Vidrio retornable y SDDR, la pareja perfecta

¿Cómo podemos asegurar que los envases se devuelvan al fabricante? La respuesta es el Sistema de Depósito Devolución y Retorno (SDDR) que consiste en pagar un pequeño depósito por los envases que compramos y recuperar ese dinero si los devolvemos: Si lo devuelves, no pagas. Así se hacía en España hace unos 40 años con botellas de leche, cerveza, gaseosa… hechas de vidrio retornable, el envase más ecológico (si se reutiliza).

El SDDR es fundamental para conseguir que la gente perciba la obligación de devolver el envase. Desgraciadamente, sin SDDR la gente tira los envases en cualquier lugar (véanse las islas de plástico en los océanos). Las tasas de reciclaje demuestran que el sistema actual en España de contenedores de colores (SIG) es un fracaso. Ciertamente, es mejor que nada, pero dista mucho de ser un sistema ecológico y sensato. Para colmo, muchas de las toneladas de envases de plástico que se recogen en España no llegan a reciclarse jamás, porque muchas plantas de reciclaje arden en extrañas circunstancias. Después de todo el esfuerzo, todo queda en humo y contaminación. ¿Quién puede asegurar que los envases de plástico recogidos con SDDR no arderán y serán finalmente reciclados?

En algunos países hay máquinas para el SDDR que te dan dinero por cada envase que introduzcas. Puede ser buena idea pero no olvidemos que los aparatos electrónicos contaminan mucho en su fabricación; y apenas se pueden reciclar. Por otra parte, estas máquinas ahorran trabajo humano y, por supuesto, deben admitir envases retornables para reutilizarlos (no para reciclarlos).

Nuestra propuesta en dos puntos

Lo que proponemos es muy simple y se basa en dos actuaciones (ver vídeo resumen):

  1. SDDR para envases reutilizables y exigir que los envases de vidrio sean siempre reutilizables (salvo que se justifique el porqué no).
  2. Las empresas pagarán una tasa por cada envase NO reutilizable que pongan en circulación, y esa tasa irá creciendo año a año.

Los envases no reutilizables pueden (y deben) tener también su SDDR, pero si la tasa que pagan las empresas es elevada, este tipo de envases tenderán a desaparecer. Esta tasa puede ser pequeña durante unos pocos años, pero debe subir progresivamente. Las empresas tendrán así tiempo para hacer que sus envases sean reutilizables, y para adherirse al SDDR para envases reutilizables.

Para otros tipos de envases, como los de caramelos o bolsas de magdalenas, podemos seguir manteniendo el contenedor amarillo, el cual habría que recogerlo menos veces e incluso podrían usarse también para todo tipo de plásticos (como juguetes, adornos…) que irían al punto limpio, en vez de a la basura como ocurre ahora.

Las máquinas para el SDDR (si se opta por ellas) deberían estar situadas en lugares públicos, igual que los actuales contenedores de reciclaje, pues no sería justo hacer pagar a los pequeños comercios por unas máquinas que, sin duda, son caras (aunque los comercios reciben algo por cada envase). Pero el SDDR es independiente de estas máquinas. Son debates independientes dado que se puede aprobar un SDDR sin instalar ninguna máquina. Esto es importante, ya que algunos defensores del SDDR han sido acusados de tener más interés en el negocio de las máquinas que en reutilizar envases. Es el caso de la organización Retorna, gran defensora del SDDR, y de sus opositores de la plataforma sddr.info. En sus webs hay bastante material para ambas posturas, pero al leerlo no hay que preguntarse solo qué sistema reciclaría más, sino qué sistema reutilizaría más. La respuesta está en los dos puntos de nuestra propuesta hecha más arriba.

Es curioso que hasta la reina de Inglaterra ha prohibido envases de plástico en sus propiedades. Los nuevos envases de palacio deben ser “biodegradables o compostables”, pero no incluye los envases más ecológicos, los reutilizables. Está bien reducir el plástico, pero no a costa de aumentar el consumo de otros recursos.

Resumiendo, deberíamos acostumbrarnos de nuevo a los envases de vidrio para la leche y a verlos con buenos ojos también para otros productos: detergente líquido, yogur, zumos, batidos… y comprar más a granel. El SDDR es ventajoso usado para REUTILIZAR. Lo ecológico es reciclar lo menos posible porque no sea necesario. Hay que cambiar el discurso sobre el reciclaje, porque muchos piensan que el problema está en que no se recicla, y el problema real está en que se producen muchos envases de usar y tirar (que encima no se reciclan). Puede que la cesta de la compra pese algo más con los envases retornables, pero… ¿queremos hacer algo por el planeta sin poner nada de nuestra parte?

Un vídeo resumen y más información relacionada con este grave problema:

NOTA: Este artículo ha sido publicado también en InfoLibre.

Recoge Tapones de Plástico: Reciclaje y Solidaridad

Símbolos de los distintos tipos de plásticoEl plástico es un material orgánico (no mineral) compuesto fundamentalmente de carbono y otros elementos como el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno, o el azufre. La mayoría de los plásticos que se comercializan provienen de la destilación del petróleo. La industria del plástico utiliza el 6% del petróleo que pasa por las refinerías.

Cinta de Möbius con flechas para identificar lo reciclable
Cinta de Möbius con flechas para identificar lo reciclable

Hay muchos tipos de plástico y suele identificarse que es reciclable con un triángulo de flechas con un número en su interior y unas siglas debajo (aunque algunos tipos, como el 7, son difícilmente reciclables). El triángulo de flechas procede inicialmente de una cinta de Möbius, una superficie con una única cara de forma que si recorremos su superficie en un sentido, pasamos por todos los lugares y volvemos al punto inicial.

El plástico de casi todos los tipos de tapones y tapaderas  es valioso y bueno para ser reciclado (de botellas de bebidas, de mantequilla, de aceite, de detergentes, tarros, envases…) . Un inconveniente es que en el contenedor amarillo (de envases) está mezclado con los demás tipos de plástico y ensuciado con restos de alimentos, limpiadores, etc. Es un plástico valioso pero a nivel particular no compensa recogerlo pues lo pagan hasta 300 euros por tonelada. Sin embargo, si mucha gente se une para recopilar tapones, se pueden conseguir muchas toneladas.Tipos de tapones de plástico para reciclarse, con fines solidarios

En España han aparecido varias iniciativas para recoger tapones y tapaderas de plástico para destinar los ingresos a proyectos solidarios. Mucha gente, con colegios, empresas, y comercios, están recogiendo tapones gracias a la colaboración de millones de personas (10 millones según algunas fuentes).  Uno de los proyectos más exitosos es el de la fundación SEUR para ayudar a Aitana, una niña con una cardiopatía congénita que gracias a la ayuda de la gente está recibiendo tratamiento. Ayudar es tan simple como coleccionar este tipo de tapones y tapaderas de plástico, y llevarlos a algún centro que los recoja para algún proyecto, como las oficinas de SEUR, por ejemplo, o el proyecto de Lola, niña con parálisis cerebral (página de facebook), u otros proyectos (AEFAT, Aitzina, Iker…).

Sirven prácticamente todo tipo de tapones y tapaderas de plástico. Ya puedes empezar tu colección particular, mientras buscas el proyecto con el que quieres colaborar. Es un sencillo gesto cotidiano que mejora el reciclaje de residuos y se colabora en proyectos solidarios. Sigue las 3 erres, o las 4 erres

Para los más curiosos, hacemos algunas aclaraciones:

  1. ¿Por qué sólo tapones y tapaderas? Porque los envases completos ocupan más espacio y suelen ser de otros tipos de plástico, lo que obligaría a la gente tener que mirar su tipo. Además, los envases suelen tener más suciedad que los tapones. Los envases serían aceptables si estuvieran llenos de tapones, para reducir el volumen final, pero si la recogida es compleja la gente puede estar menos dispuesta a colaborar y por eso sólo se piden tapones. Lo bueno de los tapones es que el 99.9% son de plástico tipo 2 ó 5, que no son tóxicos, pueden usarse en alimentación, y son buenos para ser reciclados.
  2. ¿Se pueden incluir otro tipo de materiales plásticos? Mejor no, porque pueden ser de otros tipos. Si estamos seguros que son plásticos del 2 ó del 5, sí se pueden incluir pero sólo si no ocupan mucho volumen, porque aunque el plástico sea del mismo tipo que los tapones, puede complicar el proceso de reciclado general.

AVISO a los que recogen tapones: Para recoger tapones es buena idea pasear por lugares donde se consuma agua embotellada u otras bebidas, o sus alrededores (en verano, más aún). Al menos en España, se dejan las botellas tiradas por todos los sitios, incluyendo las papeleras.

  • Lugares turísticos: monumentos, parques de atracciones…
  • Lugares deportivos: Gimnasios, pistas, polideportivos…
  • Lugares de ocio: pistas de patinaje para jóvenes, parques, zonas de ocio…

Un tapón de una botella normal pesa unos 2 gr., por lo que para una tonelada hacen falta 500.000 tapones.

También hay empresas que recogen y reciclan bolígrafos: Colabora y consigue puntos solidarios. Mira este vídeo: http://blogs.20minutos.es/cronicaverde/tag/terracycle/

AGRADECIMIENTOS: A Reciclados ANICO, y BilboPlastik, por la información facilitada para escribir este artículo (estas empresas podrían estar interesadas en comprar los tapones, pero hay muchas otras empresas).

Félix Rodríguez de la Fuente: un visionario apasionado de los animales, del hombre y de la Tierra

Félix fue un naturalista español de fama internacional. Falleció en 1980 en un extraño accidente aéreo justo el día en el que cumplía 52 años. Félix era consciente de que el discurrir de la humanidad iba por mal camino y pretendía un cambio de paradigma profundo. Eso asustaba en su época tanto como hoy. De hecho, es uno de los argumentos por el que dicen que molestaba a ciertos intereses que podrían estar detrás de su muerte.

Félix criticaba el desarrollismo, desde la construcción sin límite de infraestructuras, hasta las centrales nucleares. En definitiva, se oponía a todo lo que destruía y destruye la naturaleza. Era un declarado amante de las tribus primitivas porque comprobó que eran pueblos felices, sin aburrimiento, ni angustia, ni frustración, incluso aunque pasaran hambre y sed. Decía que el hombre del paleolítico tenía un profundo respeto por la naturaleza mientras que los pueblos pastores y agricultores perdieron el respeto a la Tierra y se convirtieron en la “primera especie realmente infractora de las leyes ecológicas del planeta“. Más recientemente, Harari lo explicó con detalle en su libro “Sapiens“.

Félix fue la gran voz de la conciencia ecologista en España. Avisó del “cáncer” que es el ser humano para el planeta advirtiéndonos de que “estamos envenenando las aguas, estamos intoxicando la atmósfera, estamos talando los últimos bosques, acabando con las especies animales, nos estamos matando a nosotros mismos con los productos químicos con los que queremos matar a las plagas“.

Félix consiguió que en 1966 se protegieran en España todas las aves rapaces nocturnas y diurnas, algo que ningún país había hecho. Otras muchas especies también están en deuda con Félix: el lince, el lobo, el oso pardo, el buitre leonado… Trabajó incansablemente para que se conservaran zonas tan importantes como Doñana o las Tablas de Daimiel.

Félix cambió la imagen que España tenía del lobo ibérico. Antes se pensaba que el lobo era una alimaña peligrosa que había que exterminar. De hecho, el lobo ya se había extinguido en Francia, Alemania, Suiza… Gracias a Félix hoy el lobo está protegido en buena parte de España (como lo está en todo Portugal). Solo algunos cazadores siguen viendo al lobo como un trofeo. Félix vivió en un contexto en el que el lobo era un enemigo y, sin embargo, no se dejó convencer por todo lo que le habían enseñado pastores y cazadores. Siendo niño ya espantó a un lobo antes de ser tiroteado en una de las batidas que hacían contra los lobos. Se enamoró hasta de sus aullidos.

Félix sabía la importancia de la educación ambiental y consiguió algo inconcebible para la época: educación ambiental en televisión para los colegios dentro del espacio “Televisión escolar”. A través de la radio y de todos sus programas, su voz y su mensaje calaban en toda la población pero especialmente en los niños, hasta el punto que aún hoy algunos nos reconocemos amantes de la naturaleza gracias a Félix. Pero él no hablaba a los niños, sino que hablaba a los corazones y, como sabemos, los niños tienen su corazón más abierto y menos encadenado.

Su obra de mayor repercusión fue el programa televisivo “El hombre y la Tierra”, 124 episodios dedicados a la biodiversidad principalmente en España. La serie se difundió por todo el mundo y se tradujo a multitud de idiomas, incluso al ruso y al japonés. Félix sabía que para amar algo hay que conocerlo y puso todo su empeño en que conociéramos las maravillas de la naturaleza. Cuando conoces la vida del lobo, del águila real, del lirón careto, del alcaudón, del quebrantahuesos… es imposible no amarlos a todos.

Félix llamó a nuestra sociedad la “civilización de la basura” para resaltar el crecimiento en la generación de residuos. En este vídeo tan estremecedor Félix resalta los muchos tipos de basura, desde coches viejos hasta el plástico, los envases sin retorno y los químicos que están hasta en la sangre humana. Félix no dijo que recicláramos sino que produjéramos menos basura. Sin duda, Félix se habría estremecido al ver en qué hemos convertido el planeta. Y aún seguimos caminando en la mala dirección con Ecoembes engañándonos a casi todos.

Félix creció en un pequeño pueblo de Burgos. Allí estuvo sin escolarizar hasta tener más de diez años. Eso le permitió entrar en contacto con la naturaleza desde su tierna infancia, algo que le acompañaría toda su vida. A su muerte se levantaron medio centenar de estatuas y monumentos en su honor, algunas por suscripción popular, incluso por niños que donaron sus ahorros para que la figura de Félix no se olvidara. Sirvan estas líneas como homenaje a un ser único, inmortal y por el que deberíamos hoy dejarnos guiar. Desde la muerte de Félix el respeto ambiental ha empeorado, pero sin él todo hubiera sido aún peor.

♥ Te gustará ver y leer:

Ubicar a Felix solamente en el mundo de la caza es mentir y vilipendiar. Escucha sus palabras, respeta sus obra y pensamiento, siempre @Lobo_Marley pic.twitter.com/gYykLU78zO

— Luis M Domínguez (@DOMINGUEZLM) February 25, 2020

ENERGÍA NUCLEAR Y RESIDUOS NUCLEARES: ¿Una Historia Interminable?

Originalmente las centrales de energía nuclear se crearon dentro de un plan de estrategia energética, debido a la gran dependencia que existía hasta esa fecha, de los combustibles fósiles. Así, tras la creación, en la antigua URSS, del primer reactor de energía nuclear en 1954, sobrevino un periodo de edad dorada nuclear, entre 1960 y 1988, cuando se pasó de apenas 16 centrales de energía nuclear a 416.

Acontecimientos como el ocurrido en la central nuclear americana de Three Mile Island en 1979, o el de Chernóbil en 1986 supusieron un alto a una mayor implantación de este tipo de modelo energético. De hecho, desde entonces apenas se ha construido una central nuclear al año en todo el mundo.La muerte sobre Chernobil y Fukushima

El terremoto y posterior tsunami ocurrido el pasado 2011 en Japón derivó en otra catástrofe nuclear, cuya magnitud eclipsó a la del propio terremoto y volvió a recordarnos los peligros de la actividad nuclear. La alarma social creada llevó a políticos de todo el mundo a hacer promesas, más o menos comprometidas con los movimientos antinucleares, especialmente en aquellos países que más dependen de la energía nuclear. Y es que actualmente, debido a la inversión y el desarrollo de sistemas de generación energética a partir de fuentes renovables, es el momento de traer a primer plano de la actualidad la discusión sobre la necesidad de las plantas de energía nuclear a fin de conseguir compromisos políticos aprovechando el momento de sensibilidad social.

En este contexto, y quizá debido a él, en Europa el pasado año se aprobó el llamado “Paquete Nuclear” de directivas sobre seguridad nuclear y tratamiento de residuos nucleares, en un intento de comprometer a los Estados Miembros, no ya con la seguridad en las plantas de energía nuclear, sino sobre todo, con el tratamiento de los residuos generados por el combustible consumido en los reactores. Así en las directivas se compromete a los Estados Miembros para el desarrollo, en el ámbito nacional, de plantas de almacén final para residuos nucleares.

Y es que tras más de 50 años utilizando energía nuclear para uso civil, es necesaria la generación de lugares de almacenamiento final de residuos procedentes del combustible empleado en las centrales nucleares. Actualmente la mayoría de los residuos de combustible nuclear se encuentran en las piscinas de los reactores nucleares, pues se necesitan entre 40-50 años para que estos residuos puedan ser manipulados en unas condiciones de seguridad permisibles. Aunque hay distintos tipos de tratamiento del combustible nuclear, ninguno de ellos puede ser considerado como definitivo. Por lo que durante todo este tiempo se ha utilizado y se sigue usando la energía nuclear, sin saber exactamente qué hacer con los residuos que se ella se derivan.

Dadas las características de los residuos, en muchos países se ha optado por la creación de almacenes en espacios geológicos a gran profundidad, en los que gracias a una superposición de barreras naturales y artificiales se quiere aislar al máximo la radiación para evitar daño a las personas y el medioambiente. El almacén consistiría en túneles o cavernas en las que se depositarían los residuos empaquetados. En algunos casos los contenedores de residuos serán rodeados por material como cemento o arcilla para proveer otra barrera. Las opciones de contenedor varían según el tipo de residuo y la naturaleza geológica del lugar. La profundidad de estos lugares varía desde 250 a 1000 m. Sin embargo debido a la gran duración de la radiactividad de estos residuos (del orden de decenas o centenas de miles de años) es imposible pronosticar la total efectividad de las medidas.

Un antecedente conocido, y sobre el que se han realizado multitud de estudios que sirven de base para plantear este tipo de almacenes, ocurrió hace 2 millones de años, cuando por las condiciones naturales, en una zona del oeste de África rica en uranio, se produjo una serie de reacciones nucleares. La actividad se prolongó durante 500.000 años, y actualmente los residuos que quedan no presentan radioactividad.Artículos sobre Energía Nuclear: Símbolo de radiactividad

Según recomendaciones de la Agencia Internacional para la Energía Atómica, estos lugares de almacenaje de residuos nucleares deben garantizar el aislamiento de los residuos nucleares de forma pasiva, es decir sin que sean necesarias medidas de control o mantenimiento a generaciones futuras. Por lo que todo empleo generado en la región será temporal, mientras que la contaminación será para siempre o al menos durante decenas de miles de años, en el mejor de los casos.

Aún hay controversia a nivel internacional sobre si estos espacios geológicos a gran profundidad deben ser cerrados y sellados completamente, lo que mejoraría en la medida de lo posible el aislamiento de los residuos; o si debe permitirse la posibilidad de recuperar los residuos por si en el futuro el posible utilizarlos nuevamente como fuente de energía. En la actualidad no existe en el mundo ningún almacén final de residuos nucleares. El único ejemplo es una planta piloto en EEUU donde se almacenan desde 1999 residuos nucleares derivados de la actividad investigadora y de la industria bélica.

Quizá haya llegado el momento de echar tierra sobre la energía nuclear, o quizá veamos florecer en los próximos años más plantas de energía nuclear alrededor del mundo (ante el problema del pico del petróleo… pero tengamos en cuenta que los costes previstos de construir y desmantelar centrales nucleares, y guardar sus residuos en ATCs se calculan teniendo en cuenta precios del petróleo asequibles, como los actuales, lo cual puede durar no mucho). En todo caso, ya que la tecnología nos ha llevado hasta aquí, esperemos seguir progresando y encontrar soluciones, aunque sean para problemas generados en el pasado.

Francisco J. López
Voluntario Greenpeace (grupo local de Málaga)

Más información:

Basura humana

Por el título, algunos pensarán que vamos a hablar del genocidio de Gaza. Pero no. Eso ya lo hicimos. Esto va de la basura en sentido literal.

En el libro La Recivilización, el científico Fernando Valladares recuerda al gran Félix Rodríguez de la Fuente cuando advertía —en 1972— sobre este problema: coches, bolsas, envases, venenos en la sangre… Y acababa diciendo: «No cabe duda de que la nuestra puede llamarse la civilización de la basura». No se pierdan el vídeo completo.

Por ignorancia o mala fe, algunos culpan de este problema a los ciudadanos que ni reciclan ni usan las papeleras. ¿Y si quitamos las papeleras de las ciudades? Es frecuente querer ver en esto de los residuos un simple problema de incultura. Pero no es cierto. Y se ve claramente cuando encontramos basura humana más allá de la atmósfera.

Basura espacial, el ejemplo evidente de que la basura no es culpa de la ciudadanía corriente, sino que siempre hay detrás personas muy

Basura espacial, el ejemplo evidente de que el problema de la basura omnipresente no es culpa de la ciudadanía corriente, sino que siempre hay detrás personas muy «cultas»: gobiernos, políticos, empresas… y científicos.

Se llama basura espacial a los objetos artificiales inservibles que orbitan nuestro planeta. Está compuesta de satélites inactivos, fragmentos de cohetes, tornillos o partículas de pintura. Estos desechos se mueven a altísimas velocidades y representan un peligro para los satélites, para la Estación Espacial Internacional y para cualquier misión cósmica. También interfieren en la observación científica de los astros. Estamos hablando de unos 26 mil objetos del tamaño de una pelota de tenis y más de 500 mil del tamaño de una canica. Además, el problema tiende a aumentar (también por el síndrome de Kessler).

Pregunta: la causa de esta basura espacial, ¿es también la mala educación de la ciudadanía? La respuesta es evidente: no. Son personas de la élite de la humanidad las que han permitido llenar de basura —y envenenar— tanto la Tierra como la Luna y el cosmos.

Por tanto, basta ya de culpar a la ciudadanía cuando el problema son, principalmente, aquellos que se lucran con el desastre: políticos, empresas y también científicos, todos ellos (suponemos) sin formación ética ni ambiental, ni ganas de tenerla. Recordemos que gran parte de los inventos y de las tecnologías actuales se han puesto en funcionamiento sin que los científicos hicieran una evaluación de impacto ecoanimalista ni social. Nadie se lo exigió y las empresas no tuvieron interés alguno en hacerlo. Demasiadas invenciones humanas habría sido mejor no inventarlas jamás (aquí unos ejemplos evidentes).

Los científicos de la NASA que dejan basura espacial no son incultos ni inconscientes. Simplemente no les importa demasiado porque su auténtica misión es otra…

Un último dato: es bien conocido que no hay garantías de control de los 1.000 nuevos productos químicos que entran al mercado cada año. ¿Quién está detrás de estos químicos? ¿Quién se fía de esas personas? ¿En qué universidad han estudiado? Este es otro desaguisado en manos de cientos de personas (científicos, políticos, empresarios…). Y aquí es donde se aplica la teoría del pelotón de fusilamiento ambiental.

Hemos llegado a un punto en el que no sabemos si la basura es lo que producimos los humanos o si, directamente, somos basura.

♦ Más sobre basura y el asco:

blogsostenible

Basura espacial, el ejemplo evidente de que la basura no es culpa de la ciudadanía corriente, sino que siempre hay detrás personas muy

El impacto ambiental de las TIC

14 Febrero 2025 at 01:03

Celebramos el Día de la Radio hablando sobre el impacto mediambiental de las tecnologías.

El 13 de febrero, a propuesta de la UNESCO, se celebra el Día Mundial de la Radio. Este año han decidido dedicarlo al rol de este medio ante el cambio climático. Un día después, el 14, se conmemora el Día del amor al Software Libre. Es por eso que hemos decidido unir ambas fechas para hablar de dos cosas que nos apasionan, la radio y las tecnologías libres, y una que nos preocupa sobremanera, cómo estamos maltratando a nuestro planeta.


Cualquier desarrollo tecnológico tiene un impacto medioambiental y dejará siempre una huella ecológica. Sin embargo, algunas huellas son más profundas que otras. Por ejemplo, para construir un transmisor de FM necesitamos ciertos materiales como el acero, semiconductores y, cuando esté en funcionamiento, requerirá electricidad para funcionar. Como esta electricidad, en la mayoría del mundo, se sigue produciendo con energías contaminantes, el impacto sigue siendo significativo. Sin embargo, no es comparable con el que provocan las TIC, y todo el entramado que hace posible que existan Internet y las tecnologías que gravitan en torno a ella.

El informe sobre la economía digital de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) publicado en 2024 afirma que “la producción y el uso de dispositivos digitales, centros de datos y redes TIC representan entre un 6% y un 12% del consumo mundial de electricidad”. Las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de este consumo suponen entre el 1,5 % y el 3,2 % de las emisiones globales. Otros estudios menos optimistas apuntan a que este porcentaje se podría acercar al 14%, similar al de la industria de la aviación.

Sea cual sea la estimación, si aceptamos la proyección de la UNCTAD que calcula un incremento de dispositivos conectados a Internet de 16.000 millones en 2023 a 39.000 millones en 2029 –más del doble–, claramente estaremos en problemas.

El impacto medioambiental de estos artefactos que nos permiten acceder a las TIC se puede analizar desde las diferentes etapas de su ciclo vital:

1. Manufactura

El principal problema en esta primera fase es la extracción de materias primas. Los minerales necesarios para fabricar teléfonos o los semiconductores que tienen las computadoras se consiguen mayoritariamente en África de donde se extraen en condiciones infrahumanas de brutal esclavitud. [1] El control de esa riqueza mineral está prolongando eternamente conflictos armados, principalmente en la República Democrática del Congo, de donde se obtiene la mayoría de estos suministros. Este enfrentamiento es el que más muertes ha causado desde la Segunda Guerra Mundial.

Además, una vez conseguidos estos minerales, el proceso de fabricación consume gran cantidad de agua y electricidad. Por ejemplo, una sola megafábrica de microprocesadores llega a consumir 127 litros de agua por segundo lo que implica 11 millones de litros de agua por día,  más de lo que consumen ciudades enteras. [2]

Metáforas como “la nube”, desmaterializan la infraestructura física sobre la que se sustentan estas tecnologías y el extractivismo de datos que se alimenta del tradicional extractivismo colonial de materias primas, principalmente abastecido desde Sur Global. Sí, el colonialismo clásico aún existe.

2. Uso y consumo

Hay algunas novedades tecnológicas que parecen inocuas pero tienen un profundo impacto medioambiental. Por ejemplo, cuando empezamos a enviar mensajes de voz en vez de mensajes de texto. El audio tiene un tamaño digital más grande que el texto, por lo tanto el archivo es más grande. La compañía los debe guardar por lo que necesitan discos duros más grandes y aumentar las computadoras que los alojan. Eso implica más electricidad para que funcionen y más agua para que estén refrigerados. Por tanto, un aumento de las emisiones.

Es impresionante comprobar cómo en solo cuatro años casi se triplicó el consumo energético de los centros de datos de las principales tecnológicas, pasando de 50 terawats/hora de 2018 a los 128.5 de 2022.

Con el impulso que en estos últimos años se le está dando a la Inteligencia Artifical este consumo está creciendo exageradamente. “La expansión de los data centers agudiza las sequías y acelera el calentamiento global”. No se trata de oponerse al desarrollo tecnológico pero sí a este modelo que no está avocando a un futuro, no muy lejano, donde tendremos que decidir si le preguntamos algo a ChatGPT o tomamos un vaso de agua. De hecho, los agricultores de Querétaro, en México, lo saben perfectamente. En esta región que alberga 10 centros de datos y proyecta instalar 18 más para atender la creciente demanda de la IA, los campesinos ya no tienen agua para regar sus cultivos. Google tiene un proyecto para instalar un gigantesco centro de datos en Uruguay. Este país, en crisis hídrica constante, tendrá que hidratar esas instalaciones que funcionan 24 horas al día durante todo el año con 7,6 millones de litros diarios, equivalente al consumo diario recomendado para 76 mil persona, el 5% de la población de Montevideo.

La burbuja de la IA vuelve a alimentar la ilusión de la economía inmaterial y la sobredeterminación digital de absolutamente todo. Indirectamente, como hicieron las burbujas tecnológicas anteriores, desvía nuestra atención de la emergencia climática y las posibilidades de descarbonización. César Rendueles.

3. Basura electrónica

En 2022 produjimos como humanidad 62.000 millones de toneladas de basura electrónica, un promedio de 7,8 kg por habitante. Significó un 82% más de lo desechado en 2010. Solamente un 22,3% se recicló. Entre esa basura hay todo tipo de electrónicos, desde lavadoras a tostadores. Las categorías de ordenadores, pantallas, teléfonos celulares y pequeños equipos de telecomunicaciones supusieron casi el 11% de esos residuos. Un estudio reciente de la revista Nature Computational Science, estimó que la inteligencia artificial generativa (IAG) triplicará estos desechos electrónicos entre 2020 a 2030. Todos estos desperdicios, además de provocar un daño ecológico de magnitud, son una amenaza a nuestra salud por la cantidad de sustancias tóxicas que contiene.

Gran parte de los equipos que desechamos después de utilizarlos solamente un año o dos, podrían seguirse usando. Sin embargo, las empresas que los fabrican establecen de antemano una fecha de caducidad, bien sea empleando materiales de baja calidad, a través del software, discontinuando la producción de repuestos, o anulando la posibilidad de reparación. Es lo que se conoce como obsolescencia programada. El objetivo de esta práctica es acelerar y afianzar el ciclo infinito de consumo: comprar, usar y tirar.

La utopía del decrecimiento

Es complejo no dejarse arrastras por este sistema económico que se sostiene sobre el consumo desmedido que, además, está atravesado por el mito determinista del progreso tecnocientífico que cada día alimentan las corporaciones tecnológicas desde sus tentáculos mediáticos. La sociedad ha sido excluida de los espacios de decisión sobre el modelo de desarrollo tecnológico y, poco a poco, hemos ido perdiendo la capacidad de cuestionar, aceptando cada novedad tecnológica sin preguntarnos sobre los costos sociales o medioambientales que provocará. Mientras, las empresas del sector, aumentan su valor y su poder fortaleciendo el capitalismo especulativo con la digitalización, más preocupadas de sus ganancias que del progreso de la sociedad o de salvaguardar el planeta.

Personalmente, podemos asumir comportamientos más responsables sobre el número de horas que usamos estas tecnologías o alargar al máximo los ciclos de vida de los dispositivos. Y desde medios de comunicación como este, aparte de concientizar y debatir sobre el impacto ambiental de las tecnologías, también deberíamos presionar a las autoridades y promover cambios legislativos hacia un desarrollo más sostenible, lo que necesariamente tiene que incluir políticas de decrecimiento y la reducción del consumo, tecnológico y de todo tipo.

Eso, o quizás pronto pasemos a formar parte de aquellos a quienes les arrebataron el agua que bebían o regaba sus plantas para refrigera una macrogranja de datos o hidratar una Inteligencia Artificial.


Notas

[1 ⬆] “El 55% del cobalto mundial, el 47,65% del manganeso, el 21,6% del grafito natural, el 5,9% del cobre, el 5,6% del níquel y el 1% del litio” están en África. La demanda de estos minerales críticos podría aumentar un 500% de aquí a 2050, según el Banco Mundial”. Fuente UNCTAD.

[2 ⬆] La empresa STMicroelectronics se encuentra en Grenoble, Francia.

Referencias bibiográficas
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