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Hoy — 9 Febrero 2026Salida Principal

¡Vaya hostia! El 8-F de Aragón en 9 claves

9 Febrero 2026 at 11:29

1. El gol del honor

“¡Vaya hostia!”. Es lo que le salió del alma herida a Susana Díaz Pacheco aquella aciaga noche de 2017 en que perdió ante Pedro Sánchez las primarias del partido. Lo mismo podría haber dicho anoche la exministra y candidata socialista a la Presidencia de Aragón, Pilar Alegría. Lo mismo, en realidad, podría haber dicho anoche toda la izquierda aragonesa, cuya humillante derrota a manos de las derechas apenas quedó maquillada por esos seis diputados de la Chunta Aragonesista que venían a ser como el gol del honor de las izquierdas al término del que sin duda fue uno de sus peores partidos de la temporada. En casos así en el fútbol, los dueños del equipo suelen echar al entrenador. Con los partidos es más complicado porque el propietario y el entrenador suelen ser la misma persona.

2. Perder ganando, ganar perdiendo

Los datos crudos de las elecciones aragonesas de ayer son estos: el PP suma 26 escaños, aunque pierde dos; el PSOE se queda en los huesos con 18, que son cinco menos que en 2023; Vox engorda hasta lograr 14, el doble que en las anteriores autonómicas; Chunta Aragonesista da también la campanada pasando de tres a seis diputados; Aragón Existe tenía tres y se queda en dos; Izquierda Unida-Sumar conserva el que tenía y Podemos, que ya estaba semidesaparecido, desaparece. La mayoría absoluta son 34 escaños y las derechas suman 40, aunque con sensaciones muy distintas en cada uno de los dos partidos: el PP gana pero pierde y Vox pierde pero gana. Como en Extremadura. 

3. Sudor y tinta

Jorge Azcón no necesitará comprar tinta para recargar la pluma con que firmará su primer decreto como presidente de Aragón: tendrá de sobra con la que le hará sudar Vox. Parafraseando a aquella profesora de danza de la serie Fama, Santiago Abascal ya tiene preparada la frase que le dirá a Alberto Núñez Feijóo la próxima vez que lo vea: “Buscas el poder, pero el poder cuesta; y aquí es donde vas a empezar a pagar… con sudor”. O con tinta. Jorge Azcón en Aragón y María Guardiola en Extremadura adelantaron elecciones siguiendo las órdenes de Génova y el Señor los ha castigado a ambos haciendo mayor su dependencia de la ultraderecha. Sánchez está más débil que ayer, pero ellos también.

4. ¡Muerte al ‘Perro’!

El PP logra su objetivo táctico de debilitar a Pedro Sánchez, pero no su objetivo estratégico de liberarse de Vox. Anoche, los francotiradores de Génova se apresuraron nuevamente a dar por muerto al ‘Perro’, pero el maldito chucho se resiste a morir pese a los dos tiros que ya lleva en la barriga: el tiro extremeño y el tiro aragonés. El tercer disparo será el castellano y el cuarto el andaluz. Demasiado plomo para que el bicho llegue vivo al verano de 2027. Y sin embargo… Sánchez se aparece en las pesadillas de Feijóo como ese personaje de las películas que el espectador da por muerto tras haber recibido varios disparos, pero que en el último momento logra empuñar su arma desde el suelo y descerrajarle a su agresor un tiro certero entre ceja y ceja. En el PP no pueden dejar de preguntarse cuánto plomo hay que meterle al ‘Perro’ para que expire de una maldita vez. 

5. El espectro de Ohio

Como los de Ohio en Estados Unidos, ¿los resultados de Aragón anticipan los de España en las legislativas que el PP querría ver convocadas ya mismo? Todo indica que sí. Difícilmente podrá Sánchez cumplir el calendario prometido de no celebrar elecciones hasta el verano de 2027. Cuando el mes que viene se abran las urnas en Castilla y León y de nuevo las izquierdas muerdan el polvo, ¿acaso los presidentes autonómicos y alcaldes socialistas no redoblarán la presión sobre Ferraz para que haga coincidir las generales con las andaluzas de junio de este año? A la ministra y candidata María Jesús Montero le vendría bien. No querrá ser una Pilar Alegría 2: en unas autonómicas en solitario la participación será baja y la factura de esa abstención la pagarán las izquierdas. 

6. El hombre del tren

Lo bueno de la coincidencia de generales y andaluzas es que haría subir sensiblemente la participación y mejoraría las expectativas del voto progresista. Lo malo, que muy probablemente PP y Vox sí lograrían esta vez la mayoría absoluta del Congreso que acariciaron en 2023. Por eso parece poco probable que Sánchez adelante los comicios: porque ningún gobernante, y mucho menos él, lo hace si cree que va a perderlos. Y porque el presidente sigue confiando en el efecto movilizador de la pinza gobernante PP-Vox en un electorado de izquierdas que a lo largo de este 2026 iría viendo los temibles efectos de la irrupción ultra, ya sea en los programas de gobierno, ya sea en los gobiernos mismos. ¿Le saldrá la jugada, como ya le salió en julio de 2023? Veremos. No es probable. Sánchez se asemeja al fugitivo al que sus enemigos rastrean dentro del tren donde viajan perseguidores y perseguido. Sánchez pasa de vagón en vagón dejando atrás a sus acosadores, pero el número de coches que tiene el tren es limitado: vagón Extremadura, vagón Aragón, vagón Castilla y León, vagón Andalucía. Estación término: España.

7. ¿Quién refuerza a Vox?

Se acusan mutuamente socialistas y populares de reforzar a Vox con sus estrategias de desgaste, al precio que sea, del adversario. No parece que tengan razón ni el uno ni el otro, salvo en el sentido de que la erosión de la institucionalidad y la centralidad que ambos practican al demonizar sistemáticamente al otro favorece el crecimiento de formaciones antisistema como la de Abascal. Lo malo, lo peor del ascenso de Vox es que parece producirse por generación espontánea: sus votos crecen en el electorado como las setas en el bosque cuando caen cuatro gotas. Los ultras crecen en España, en Francia, en Alemania, en Italia, en Hungría, en Holanda, en Dinamarca, en Noruega, en Chile, en Argentina, en Estados Unidos… Se diría que son imparables. Nadie sabe muy bien qué diablos hacer para frenarlos. ¿Un cordón sanitario? ¿Un pacto de no agresión o incluso de colaboración de PP y PSOE? ¿Génova y Ferraz firmando la paz? Imposible tal entendimiento entre quienes están embelesados contemplando las tempestades provocadas por los vientos que tan irresponsablemente han sembrado durante años. 

8. Ideas y emociones

Es cierto que la Chunta ha salvado el honor de las izquierdas no socialistas, pero los partidos no viven de honor sino de votos. Los partidos han nacido para gobernar, no para ponerse estupendos. Y los votos no dejan de menguar debido a la proverbial división que reina en esa franja ideológica que la demoscopia cifra en torno a un 15% del electorado. Lo paradójico de tal división es que sus causas son más personales que propiamente ideológicas: si milagrosamente mañana desaparecieran de la escena pública Yolanda Díaz, Mónica García, Ione Belarra, Irene Montero o Pablo Iglesias, quizá sería posible armar un Podemos de nuevo unificado, pues en rigor no hay diferencias ideológicas significativas entre Sumar y los morados; no los dividen las ideas, los dividen las emociones: la ira, el resentimiento, la soberbia, el afán de revancha…

9. Dos en uno

El PSOE no tiene, ciertamente, los problemas de la otra izquierda. Aparece como un partido unido, pero su cohesión está en gran medida sustentada en el hecho de estar gobernando. El día que Pedro caiga habrá lío interno, como, por otra parte, siempre lo ha habido cuando el líder ha dejado de ser presidente del Gobierno. Hoy, la contestación interna en el PSOE es casi anecdótica, se diría que orgánicamente inviable. ¿Despertará esa contestación si Feijóo llega a la Moncloa? A principios de los 90 el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra entró en crisis: Felipe se ocupaba del Gobierno y Alfonso del partido, pero aquel tándem se quebró tras una década de Gobierno. Hoy no cabe quiebra alguna porque Pedro Sánchez es a la vez Guerra y González, manda en el partido y manda en el Gobierno. Inimaginable un Pedro enemistándose con Sánchez o un Sánchez rompiendo con Pedro. En Aragón no ha perdido su ministra, ha perdido él. 

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Ayer — 8 Febrero 2026Salida Principal

Elecciones en Aragón: el PP vuelve a ganar, Vox se crece y el PSOE cae con fuerza

8 Febrero 2026 at 23:02
Por: La Marea

No ha habido sorpresas en la urnas. El PP ha vuelto a ganar las elecciones de Aragón y necesitará otra vez el apoyo de Vox para gobernar. La diferencia ahora, con respecto a 2023, es que el PP, más debilitado, tendrá que lidiar con un Vox más fortalecido. Tanto, que el partido de ultraderecha ha doblado sus resultados de hace tres años. La otra gran diferencia es el estado del PSOE, que ha perdido aún más fuerza de la que ya perdió entonces y baja a los niveles de 2015.

Con el 98,6% escrutado, el PP ha obtenido 26 escaños, dos menos que en 2023; el PSOE se queda en 18, cinco menos que hace tres años; Vox gana siete diputados y escala hasta los 14; Chunta Aragonesista (CHA) también dobla: de tres a seis escaños.

Teruel Existe ha perdido uno de sus tres diputados; y IU-Movimiento Sumar mantendrá el escaño que tiene. Podemos-Alianza Verde y el PAR se quedan sin el único diputado que tenían. Y Se Acabó La Fiesta, que era la primera vez que se presentaba, no ha obtenido representación.

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AnteayerSalida Principal

La izquierda en Aragón: negociando como nunca, separados como siempre

20 Enero 2026 at 00:01

Dicen que Aragón es tierra de pactos. De ello se enorgullecen habitualmente los políticos y las políticas de ese lugar. Allí, por ejemplo, se fraguó en 2019 una entente que se antoja antinatura, con el PSOE, Podemos, Chunta Aragonesista (CHA) y el Partido Aragonés (PAR), al frente del primer gobierno cuatripartito en la historia de la comunidad. 

Sin embargo, esa facilidad para el acuerdo postelectoral transmuta en incapacidad en la izquierda (a la izquierda del PSOE) en los periodos preelectorales, cuando hay que decidir las siglas y los nombres que concurrirán a los comicios. Los de 2026 no serán una excepción, a pesar de que desde Podemos e IU (la opción de que CHA también se integrara en una candidatura unitaria siempre estuvo lejos) aseguran que nunca han estado tan cerca. 

El efecto de este nuevo desacuerdo es incierto, aunque los antecedentes más cercanos no invitan al optimismo. En las últimas elecciones municipales en Huesca, la dispersión fue máxima, ya que se presentaron cuatro candidaturas de izquierdas y todas recabaron (por muy poco) menos del porcentaje mínimo de apoyos que hay que recibir para obtener representación, que en las elecciones a los ayuntamientos se establece en el 5%: Podemos (4,68%), Cambiar Huesca (4,47%), CHA (4,43%) y EQUO (4,3%). Resultado: gobierno en solitario del PP, que obtuvo 12 concejales. El Pleno se completó con los 10 del PSOE y tres de VOX. 

Ni aquella estruendosa llamada de atención ni el hecho de que las encuestas para las elecciones del 8 de febrero de 2026 barrunten subidas del PP y, sobre todo, del partido de ultraderecha de Abascal, además de una caída del PSOE (con la exportavoz del Gobierno central Pilar Alegría al frente), han hecho sonar la alerta a la hora de pergeñar las listas electorales: tres opciones a la izquierda del PSOE estarán en las papeletas: CHA, Podemos e IU-Sumar

¿Qué pasó en otras elecciones autonómicas?

La realidad es que esta discordia no es noticia, y no solo porque sea una impronta histórica de la izquierda española, sino porque en Aragón nunca ha habido unión en esa izquierda alternativa. A pesar de ello, esta sí ha sido capaz de gobernar. 

En 2015, la unidad era una utopía. Era el momento de Podemos y, lógicamente, no estaban dispuestos a perder ni un ápice de visibilidad y protagonismo. Las urnas les dieron la razón: los morados (con Pablo Echenique como candidato a la Presidencia) lograron 137.325 votos, que les otorgaron 14 escaños. CHA consiguió dos (30.618 votos) e Izquierda Unida se quedó con uno (28.184 votos). En total, 196.127 votos. El socialista Javier Lambán se convirtió en presidente, con el apoyo de Podemos, CHA e IU, aunque solo los aragonesistas entraron en el Gobierno con una consejería.

Cuatro años más tarde, el gran problema –grosso modo– estuvo en los puestos que ocuparía cada partido en las listas. Finalmente, aquellos comicios estuvieron marcados por el descalabro de Podemos, que perdió más del 50% de los votos: recibieron 54.252 (cinco escaños). CHA subió hasta los 41.879 (tres) e IU descendió a 22.229 (uno). En total, 118.360 votos (-39,6% respecto a 2015). De nuevo, Lambán consiguió ser investido, con el apoyo de Podemos (que esta vez sí entró en el Ejecutivo), CHA (que repitió con una consejería), el PAR (que se hizo con la Vicepresidencia y la cartera de Industria) e IU (que se siguió quedando fuera).

Y en 2023 la fricción preelectoral advino por el enfoque que había que darle a la campaña: Podemos pretendía basarla en su buena gestión durante el gobierno de coalición con el PSOE, e IU quería marcar distancia. Los morados continuaron en caída libre: 26.923 votos y un escaño. CHA se quedó con 34.163 (tres asientos) e IU mantuvo su escaño, aunque perdió votos (20.959). La suma fue 82.045 votos (-58,2% sobre los resultados de 2015).

Las ‘reuniones’ entre la izquierda

Con las encuestas a favor, la imposibilidad de sacar adelante los presupuestos generales fue la excusa perfecta para que el presidente de Aragón, Jorge Azcón, anunciara un adelanto electoral para el próximo 8 de febrero. Otra vez, planeaba la idea de que hubiera unidad a la izquierda del PSOE. Como era de prever, esta no ha llegado.

Los hechos confirmados por las fuentes de los tres partidos con las que ha hablado La Marea son: entre CHA y Podemos solo ha habido conversaciones telefónicas; CHA e IU llegaron a sentarse; Podemos e IU lo intentaron hasta el último momento, y no ha habido ninguna reunión a tres bandas. Partiendo de lo anterior, lo que varía es la visión de cada una de las formaciones acerca de cómo se condujeron esas negociaciones y quién puso más (o menos) para lograr la unidad.

En Chunta Aragonesista (CHA) reiteran que querían una reunión con todos los partidos, en la que cada uno planteara sus condiciones. Lo consideraban (obviamente) un punto de partida imprescindible para la unidad, pero la realidad es que los aragonesistas nunca propusieron de manera oficial que se produjera ese encuentro.

Deslizan (y critican) injerencias y vetos estatales por parte de Podemos, tanto a CHA como a Sumar (que surge como una pieza distorsionadora del posible puzle, por la negativa de los morados a compartir ningún tipo de espacio con ellos). «Si era una candidatura de coalición, tenía que ser de todas las fuerzas políticas y sin mandatos desde Madrid, que es lo que ha pasado», aseguran fuentes de la formación nacionalista. 

Se da la circunstancia, de que el candidato de CHA a la Presidencia de Aragón, Jorge Pueyo, es actual diputado por Sumar en el Congreso de los Diputados. A este respecto, desde Chunta indican que el problema surge cuando Sumar se constituye como partido político: «Era un paraguas y ha dejado de serlo». Sobre cómo puede responder el votante de izquierdas, afirman que tienen una fidelidad de voto muy alta y que no creen que les perjudique el concurrir separados. 

La izquierda en Aragón
De izq. a dcha., Marta de Santos, Ione Belarra, María Goikoetxea (candidata a la presidencia de Aragón), Irene Montero y Juantxo López de Uralde en un acto de campaña de Podemos. PODEMOS

Los (escasos) momentos clave del proceso se corroboran escuchando a Podemos (excepto la mención a Sumar): solo hablaron por teléfono con CHA, y con IU hubo opciones hasta el final. Pero los detalles cambian, puesto que aseveran que los aragonesistas nunca les dieron opción a hablar de nada.

Respecto a IU, afirman que «Podemos era quién más interés tenía en la unidad», que hablaron de la condición programática y que había coincidencia en muchos puntos. Los morados explican que hicieron la última oferta a IU el mismo día 26 por la mañana, y les acusan de tener ya cerrado un pacto con Sumar mientras seguían negociando con ellos

¿Les castigará el electorado? Reconocen que siempre hay miedo a que eso suceda, pero que los y las votantes son lo suficientemente inteligentes como para entender el momento crucial que se está viviendo y que el verdadero enemigo es la extrema derecha.

La izquierda en Aragón
Candidatos y candidatas de IU en las próximas elecciones autonómicas de Aragón. IZQUIERDA UNIDA

IU y CHA sí llegaron a sentarse, aunque parece que con pocas esperanzas, ya que, como señalan fuentes de IU a este medio, Chunta nunca ha querido unidad en los procesos autonómicos, porque consideran que si van con otras formaciones se diluyen y pierden su identidad. 

A Podemos, detallan, les propusieron un reparto igualitario (50-50) de recursos y visibilidad, pero el problema fue quién lideraba la lista. Confirman esa última oferta del día 26 y la concretan en que los morados ofrecían un 60-40 de recursos a favor de IU, y con su candidata, María Goikoetxea, liderando. En IU lo recibieron como una suerte de compra de la cabeza de lista y lo rechazaron. Reconocen también que tenían un pacto con Sumar, pero con una salvedad: este incluía una condición consistente en que, si alcanzaban un acuerdo con Podemos, cancelaban el que habían cerrado con Sumar. 

Como el resto de formaciones, en IU quieren mirar hacia adelante y conseguir que la gente vaya a votar, porque la derecha en Aragón no es tan grande, advierten. En 2023 únicamente subieron dos escaños, «el problema es que perdimos muchos votos por la izquierda».

El futuro

A pesar de este nuevo fiasco en el intento de conseguir la unidad de la izquierda en Aragón, y de que el foco esté puesto en las elecciones del próximo 8 de febrero, en Podemos miran un poco más allá e indican que seguirán trabajando para crear esa unión, y que la nueva dirección del partido en la Comunidad tiene ganas de trabajar y está dispuesta a levantar una izquierda alternativa que le dé certezas a la ciudadanía. 

También son optimistas en Izquierda Unida. Fuentes de esta formación señalan que incluso han visto en CHA una actitud algo más favorable que en otras ocasiones. Para IU ya ha pasado el tiempo de las confluencias y es la hora de las coaliciones, una fórmula que permite mostrar una cara de unidad total al exterior, aunque internamente haya diferencias y una separación de partidos.

En su opinión, se han fijado unas bases para el futuro, respecto al reparto igualitario de recursos o visibilidad, aunque el elefante en la habitación sigue siendo el de siempre: cómo decidir quién lidera la candidatura. Hay que establecer un mecanismo, y en IU creen que ahora están más cerca de lograrlo.

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El camino de piedras de Sánchez hasta las elecciones

6 Enero 2026 at 07:00

El objetivo principal del manual de resistencia de Pedro Sánchez es resistirlo todo. Pareciera una tautología –y, por tanto, redundante–, pero resistir, en política, es un asunto serio. No consiste simplemente en esperar a verlas venir. Por ejemplo: hay que resistir los ataques de los rivales políticos y de la opinión pública ante la corrupción de un secretario de organización, o incluso de un par de ellos.

También hay que poder pactar con quienes en el pasado fueron señalados como enemigos de la patria, mientras se intenta consolidar el relato de que quien la defiende eres tú, y no los que vendrán. Mantener la disidencia interna a raya ayuda, siempre que se conserve la apariencia de diálogo y talante. Sobre todo, la apariencia.

Por si fuera poco, aun haciendo todo eso –y haciéndolo bien–, la resistencia no está garantizada. A Sánchez no le basta con sobrevivir de forma aislada: sus socios de coalición también deben hacerlo. Y eso, a día de hoy, se antoja todavía más complicado.

2026: comienza la carrera de obstáculos

El futuro no está escrito, pero tampoco es un lienzo en blanco. Está condicionado por el presente, y cuanto más cerca está ese futuro, mayor es la dependencia. Traducido a términos políticos, el camino de Pedro Sánchez para llegar a las elecciones generales está plagado de piedras, barrancos y controles policiales. Ahora bien, en política representativa un año puede ser mucho tiempo. Siempre hay margen para equivocarse, y todavía más cuando la alternativa al sanchismo la lidera un sofista mediocre colega de un narcotraficante.

La fecha límite para la celebración de las elecciones generales es el 22 de agosto de 2027. De agotarse la legislatura, todavía quedaría más de un año y medio para la decimonovena «fiesta de la democracia» tras el franquismo. La pregunta es si Sánchez será capaz de llegar hasta ahí o si se verá forzado a convocar elecciones anticipadas. Y, sobre todo, qué obstáculos deberá sortear para hacerlo con alguna opción real de disputarle el poder político a la extrema derecha.

8 de febrero de 2026 – Elecciones autonómicas en Aragón

Aragón será la primera cita y, como suele ocurrir con las primeras, servirá más para marcar clima que para repartir poder real. No es una comunidad decisiva en términos aritméticos, pero sí un buen termómetro del estado anímico del PSOE fuera de sus plazas más protegidas. Allí, donde el partido conserva una implantación reconocible pero debilitada, Sánchez ha decidido intervenir directamente.

Lo ha hecho colocando al frente de la candidatura a Pilar Alegría, hasta hace poco portavoz del Gobierno, forzando su salida del Ejecutivo. No se trata de un relevo discreto ni de una transición orgánica, sino de un movimiento visible y deliberado, pensado para concentrar foco y disciplina en una comunidad donde el PSOE no despega por inercia. Alegría llega con el encargo de recomponer un espacio político erosionado, en un contexto de fragmentación a la izquierda y con el PP gobernando sin sobresaltos.

El resultado, sea cual sea, tendrá lectura nacional. No tanto por lo que se gane o se pierda en Zaragoza, sino porque marca una pauta que se repetirá después en otros territorios. Como ocurrirá en Andalucía, Sánchez parece asumir que algunas batallas autonómicas solo pueden librarse trasladando parte del Gobierno al terreno y aceptando que el coste de hacerlo forma parte del precio de seguir resistiendo.

Marzo 2026 – Elecciones autonómicas en Castilla y León

Castilla y León será el siguiente revés para el PSOE autonómico y, por extensión, para el partido en su conjunto. La reedición del gobierno de coalición entre PP y Vox, encabezado por Alfonso Fernández Mañueco, se da prácticamente por hecha. Y eso pese a que el PSOE ganó las elecciones autonómicas de 2019 con 35 diputados, seis más que el PP. En 2022, en cambio, los populares quedaron primeros con 31 escaños frente a los 28 socialistas.

Para que a Sánchez no se le atragante Salamanca, bastaría con reducir distancias. Para ganar oxígeno de verdad, necesitaría algo mucho menos probable: un vuelco electoral que, aun sin permitir al candidato socialista Carlos Martínez alcanzar la presidencia –el bloque de la derecha mantiene un margen amplio–, serviría como golpe de efecto. Impactante. Improbable.

La resolución de la Ley de Amnistía y el regreso de Puigdemont

Si el Gobierno sigue en pie y Junts per Catalunya no ha roto todavía con Pedro Sánchez, no es por afinidad ideológica ni por una súbita vocación de estabilidad institucional. Es por la Ley de Amnistía. La legislatura entera gravita alrededor de esa promesa, y todo lo demás –los amagos de ruptura, las advertencias públicas, la teatralidad parlamentaria– responde más a la necesidad de marcar perfil que a una voluntad real de romper la baraja.

Junts acepta el desgaste por su flanco derecho y la sangría constante hacia Aliança Catalana a cambio de una expectativa concreta: cerrar el frente judicial abierto desde 2017 y permitir el regreso de su líder. Pero ese movimiento tiene un coste elevado para Sánchez, y no se limita al ruido de la derecha ni a la ofensiva mediática permanente. La amnistía erosiona también por dentro. Entre una parte del electorado socialista que no acaba de asumirla como un mal necesario y entre dirigentes territoriales que no están dispuestos a pagar ese peaje en sus comunidades. Emiliano García-Page ha sido el más explícito, aunque no el único.

En ese contexto, el eventual regreso de Carles Puigdemont no será solo una imagen de alto voltaje simbólico, sino la confirmación de algo más incómodo: que la resistencia también desgasta a quienes resisten. La amnistía puede ser condición necesaria para sostener la legislatura. Difícilmente será un activo electoral. Y eso, en Moncloa, lo saben desde el primer día. Todavía no hay una fecha concreta, aunque se espera que la resolución del Tribunal Constitucional llegue durante el primer trimestre de 2026.

Junio de 2026 – Elecciones autonómicas en Andalucía

Al PSOE le duele Andalucía. Como en la típica escena de una película barata de detectives, se encuentran delante del cadáver mientras se preguntan, anonadados, cómo pudo suceder algo así. Antaño principal feudo socialista, cuna del felipismo y cantera de cuadros orgánicos del principal partido de España, Andalucía pasó de ser una base sólida a un problema estructural.

La mayoría absoluta de Juanma Moreno en 2022 certificó ese cambio de ciclo. Y, como en Aragón, Sánchez ha decidido quemar otra carta de alto valor, repitiendo una estrategia que ya no es táctica, sino defensiva: enviar a María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, a encabezar la candidatura socialista. Sacarla del núcleo duro del Gobierno no es un gesto menor. Es admitir que Andalucía no se recupera con perfiles intermedios ni con discursos amortiguados. El problema es que incluso esa jugada llega con el terreno ya muy erosionado. Aun mejorando resultados, desalojar al PP parece fuera de alcance. Y una nueva derrota, por ajustada que sea, consolidaría una idea peligrosa para Moncloa: que el PSOE no solo perdió Andalucía, sino que todavía no ha terminado de entender por qué.

Resistir hasta lo desconocido y más allá

Así de complicado es el camino que tiene Pedro Sánchez para llegar hasta agosto de 2027. Y eso sin mencionar que, al final de esa ruta, se abrirá un nuevo ciclo electoral con las elecciones municipales y otras tantas autonómicas. Eso, en todo caso, lo analizaremos el año que viene…si es que Sánchez todavía sigue resistiendo.

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Salvar al soldado Sánchez

24 Diciembre 2025 at 11:25

21 de diciembre

Salvo imprevistos, se acercan días tranquilos. Me apetecen mucho y al mismo tiempo me dan miedo, como si me hubiese acostumbrado a un nivel de actividad que, si no lo alcanzo, me hará sentir vacío. Propósito para el próximo año: ser más como las ovejas y corderos que estoy viendo en el prado vecino; pensar solo en lo inmediato. Aunque ahora caigo en que muchos de los corderos acabarán en los platos de las celebraciones navideñas y no vivirán hasta el próximo año. A ratos está bien ser humano, a pesar de todo.

No hemos entendido aún que el problema no es que los políticos se corrompan, sino que la sociedad es corrupta. Todos sabemos que Trump y su familia están realizando negocios aprovechándose del cargo de presidente; que ha tenido que pagar para comprar el silencio de mujeres; que está en los papeles de Epstein y que ha estado en fiestas en las que se prostituía a menores –independientemente de que él se fuese a la cama con ellas o no, de lo que solo podemos tener sospechas–. Pero la mayoría de sus votantes seguirán apoyándole.

Como él mismo dijo, aunque saliese a la calle y se pusiese a matar gente seguirían votándole. De hecho, ya ha salido a la calle y se ha puesto a matar gente, en aguas venezolanas, en los países a los que ha cortado ayuda médica, enviando al ejército y al ICE a ciudades estadounidenses.

A nivel más humilde, en España sucede lo mismo. Sabemos que la pinza de la prensa subvencionada, los jueces sesgados, la policía y el dinero –ahora se añade la Iglesia– se usa para subvertir la democracia y destruir la vida de personas de izquierdas, pero a mucha gente le parece bien. Acabar con Podemos, aunque fuera de manera ilegal, lo agradecía una parte considerable de la oposición. Y que muchos empresarios están dispuestos a cualquier cosa para defender sus intereses –a menudo contrarios a los de la sociedad, como sucede en la sanidad privada– también es algo que sabemos.

Lo terrible es que a lo mejor esa parte corrupta de la sociedad no bastaría para ganar unas elecciones si la acumulación de noticias falsas y juicios trucados no sirviese para desalentar a la parte más honesta, que, precisamente por tener criterios morales, no está dispuesta a apoyar a gente de su ideología si se comporta de manera inmoral. Y a veces es cierto, como estamos viendo últimamente en el PSOE, y a veces no; y desde luego su inmoralidad es inferior a la que ha campado libremente en la derecha desde hace décadas.

22 de diciembre

A pesar del batacazo del PSOE en Extremadura, el PP no gana sino que pierde unos miles de votos. Se avecinan más tiempos de recortes de derechos y discursos ridículos. Un momento de política ficción: ¿qué pasaría en el panorama político español si el PP entrase en coalición con el PSOE en lugar de con VOX?

Hay quien se ríe del PP porque pretendía gobernar en solitario y lo que ha hecho ha sido propiciar el crecimiento de la extrema derecha. Pero puede que no sea un error de cálculo, sino un plan para desactivar a la izquierda, para unir en los gobiernos a la derecha y la extrema derecha, que de todas formas son cada vez más difíciles de distinguir una de otra.

23 de diciembre

Vuelvo al tema de más arriba. Se ha abierto la veda contra el Gobierno en general y contra Sánchez en particular, tanto en las filas del PSOE –con algunos de sus miembros posicionándose para la próxima etapa– como, por supuesto, fuera de él. El número de columnistas que explican por qué el gobierno de coalición está acabado y Sánchez hundido crece en progresión geométrica, también en la prensa llamada progresista. Y esto puede convertirse en una profecía autocumplida.

Pero si miro los logros del gobierno hasta ahora y de la que nos ha librado, yo le deseo muchos años de vida, o por lo menos que acabe la legislatura. Consciente de su dependencia de apoyos tan contradictorios, lo milagroso es que haya llegado hasta aquí. Y también de que la corrupción y los abusos en los que han incurrido figuras destacadas del PSOE son insoportables. Pero también del acoso judicial y policial, de la conjura nada encubierta para acabar con el Gobierno a cualquier precio, también a costa de la democracia.

Sin embargo, esos problemas se dan en mucho mayor grado en la oposición de la derecha: la corrupción, las conductas machistas y abusivas están ahí, con la diferencia de que el PSOE, al menos, ha tomado medidas en la mayoría de los casos. Entiendo que la campaña políticoperiodísticapolicialjudicial no pretende tanto aumentar el apoyo a la derecha como desmotivar a los votantes de izquierda y a los flotantes. Y entiendo que está funcionando, porque los casos de corrupción en el PP (y en VOX) apenas aparecen en la prensa y se persiguen con una lentitud exasperante, cuando se persiguen. 

En condiciones normales, cabría la posibilidad de que me abstuviese en unas hipotéticas elecciones generales; la famosa abstención de castigo. Pero, primero, hay alternativas a la izquierda de Sánchez, y además no soy votante del PSOE. Segundo, lo que tenemos enfrente no es una derecha sensata como la del PNV; sí, derecha, y yo no les votaría ni loco, pero al contrario que el PP y VOX no han abrazado las noticias falsas, la difamación, la corrupción como política de partido, el acoso a quienes no piensan como ellos, el ataque generalizado a todo lo público, la homofobia, el desmantelamiento de las políticas de género, el acoso a las instituciones culturales que no se pliegan a las consignas. La alternativa a la coalición ahora mismo no es una derecha que busca, a su manera, el bienestar de la mayoría, sino una dispuesta a una política de tierra quemada para favorecer a grupos de presión.

Y ese es el panorama que parecen aceptar algunos moralistas progresistas, empeñados en fijarse en la paja en el ojo propio e ignorar la viga en el ajeno. Lo malo es que la viga va a caer sobre nuestras cabezas.

Así que, si para salvarnos de la amenaza de la extrema derecha hoy anidada en el PP hay que salvar al soldado Sánchez, aunque repito que yo no le votaría a él ni a su partido, estaría dispuesto a apuntarme a la misión. Ojalá haya muchos que piensen como yo.

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Jeannette Jara gana por la mínima en Chile y se medirá con la ultraderecha en una segunda vuelta

17 Noviembre 2025 at 10:18
Por: La Marea

En la urna en la que Jeannette Jara arrojó su papeleta este domingo ponía aún «presidente», una realidad y una metáfora a la vez de los tiempos en los que seguimos viviendo, sin apenas mujeres al mando de los gobiernos en el mundo. Jara, exministra del Trabajo del actual gobierno de Gabriel Boric, ha ganado por la mínima la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Chile, con el 26,8% de los votos. Es un resultado muy ajustado y por debajo de lo que pronosticaban las encuestas.

El ultraderechista José Antonio Kast, con el 23,9% de los votos, se ha quedado a una escasa distancia de la candidata comunista. Ambos se medirán en una segunda vuelta el próximo 14 de diciembre, que decidirá si la ultraderecha llega esta vez o no al palacio de La Moneda. Y si, de paso, una mujer vuelve o no a la presidencia.

Teniendo en cuenta la suma de las derechas (un 51% de los votos), los datos no son muy tranquilizadores para Jara, a quien Boric felicitó de este modo nada más conocerse el escrutinio: “Felicito a Jeannette Jara y José Antonio Kast por su paso a segunda vuelta”.

En ese grupo de las derechas, el populista Franco Parisi, en su tercer intento, ha obtenido el 19,7% de los votos. Por detrás, en cuarta posición, ha quedado Johannes Kaiser, con el 13,9%. Y, en quinto lugar, Evelyn Matthei ha logrado un 12,4% de los apoyos.

«Llamamos a la unidad sin descalificaciones, con respeto y con convicción democrática. Chile necesita sumar, no dividir. Mientras otros siembran odio, nosotros trabajamos por un país que avance junto», fue uno de los últimos mensajes de Jara en la campaña, llena de exabruptos y un aviso de lo que está por venir.

«Desde mañana –dijo la candidata izquierdista– saldré a escuchar» a toda esa mitad de chilenos y chilenas que no votaron ni por ella ni por Kast. «Toda nuestra fuerza está en ganar la segunda vuelta», zanjó el candidato ultraderechista.

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INDIGENCIA POLITICA Y ELECCIONES PERMANENTES

25 Julio 2019 at 16:06

A vueltas con la liturgia vacía y falaz del mercado parlamentario, en veraniega búsqueda de referencias para entender este teatro y conexión incluida con un recuerdo a los años treinta. El reino de España como proyecto de… «Cuando la ideología, convertida en absoluta por la posesión del poder absoluto, se ha transformado de conocimiento parcelario […]

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El insulto es una trampa

23 Septiembre 2025 at 15:26
Por: diario

La ultraderecha lleva usándolo desde siempre, pero en cierta medida alguna vez ha calado en prácticamente todos los discursos políticos. Caer en la falacia “ad hominem” era tan fácil como eficaz. Pero hoy este no-discurso sólo beneficia al nuevo fascismo.

Un apunte antes de empezar. Antes de hablar de derecha, fascismo, ultraderecha… es necesario hacer una definición, al menos de “nuevo fascismo” término que usaremos mucho en las siguientes líneas. Actualmente no hay una definición clara que clasifique a las derechas y parece difícil llegar a tener una que se convierta en algo de facto. En este artículo los fascistas o neonazis, son los que pretenden suplantar la democracia liberal por otros regímenes. El nuevo fascismo sin embargo es populista, autoritario y nativista pero en apariencia demócrata, no quiere subvertir la democracia aunque la erosione con su discurso. Las filas del nuevo fascismo no están pobladas de neonazis, fascistas ni falangistas, son demócratas aunque las apariencias y sus pretensiones nos engañen. El nuevo fascismo podría ser considerado como la variante neonazi reformista. Lejos de imponer esta definición, que se entienda al menos en las siguientes líneas.


El insulto es una regla en el no-discurso del conjunto de la ultraderecha, lo fue siempre, pero hoy se ha vuelto algo peligroso y muy efectivo que no parece tener freno. Esta táctica comunicativa además fomenta la doctrina del odio, quiebra las líneas argumentales profundamente ya que el insulto es mucho más efectivo que un argumento. Pero aunque el nuevo fascismo sea líder absoluto de esta oscura técnica casi todas las corrientes ideológicas lo han usado, incluso contra las propias líneas de la derecha. Ejemplos como – Abascal sí que es un vago- o -los obreros de derechas son retrasados mentales- no son raras de escuchar, incluso de la boca de quién escribe estas líneas.


La doctrina del insulto escava la trinchera y neutraliza al contrincante para que no entre en el debate. Vagos, parásitos, golpistas, bolibarianos, feminazis, invertidos han sido y son, hoy más que nunca, algunos de los insultos comunes en la ultraderecha que se exhiben sin pudor en medios de masas y en prime-time. Dependiendo del contexto lo normal es que el insulto no sea excesivamente evidente y esté suavizado. Se utiliza el término “paguitas” para señalar a vagos y parásitos, el separatismo para los golpistas o la protección de la familia contra los invertidos… Esta estrategia de comunicación no requiere argumentos, no se busca convencer, si no dar un pretexto fácil. Aquí los productivos y allí los parásitos, aquí los fieles allí los traidores, aquí los de aquí allí los invasores, aquí los normales allí los invertidos… Con esta línea tratan de hacer entrar a la sociedad en una lógica dual simplista con un evidente lado bueno. Si eres un vago, un traidor, un invasor o un invertido automáticamente se te despoja de tu discurso y tus razones. El adversario no es legítimo, se le inocula como alguien no autorizado para debatir, sean cuales sean sus razones, ahora ya no valen. No es un sujeto válido para el debate, es un sujeto al que se le combate, un enemigo.


Este no-discurso tiene otra gran ventaja, exacerbar el sentimiento de pertenencia. La idea de vestir al enemigo como algo anómalo genera una ruptura de nuestra percepción social. Esto hace que el resentimiento se pueda dirigir fácilmente sobre un grupo marginal. El odio se ha convertido en una forma de pertenencia y la sociedad se ha vuelto una sociópata que disfruta castigando a un enemigo inventado. El no-discurso de la ultraderecha nos imbuye sentimientos, el enemigo causa indignación, miedo o asco, atrás queda la razón o la humanidad. Es muy habitual encontrar discursos en los que el insulto se entremezcla con la dureza y la des-humanización del enemigo. En el imaginario que esparce el discurso del nuevo fascismo los reclusos, por ejemplo, gozan de piscinas y de una vida de ensueño o los migrantes tienen todo tipo de ventajas sociales que hacen de su vida un camino de rosas.


Parece que hay una tendencia entre investigadores y sociólogos a pensar que nuestra sociedad está abandonando el concepto de justicia social para cambiarla por una justicia moral, en gran media influenciada por este no-discurso. Ya no importa si nuestra sociedad está construida sobre injusticias económicas, que el empresario se lucre explotándote o el rentista y el banquero saqueándote. Nuestra sociedad puede estar abandonando esos ejes centrales del debate político en busca de un raquítico pero muy reconfortante reconocimiento social. La exclusión y el racismo cultural hace que aquellos que han sido humillados por el sistema, explotados, saqueados o llevados a la pobreza, encuentren una forma de reconocimiento social en los sentimientos de odio y de pertenencia. La violencia y la desigualdad ya no son complejos problemas estructurales, ahora se explican fácilmente por la existencia de minorías vistas cómo anomalías sociales. Algo mucho más simple y asimilable sin necesidad de complicarse la vida con complejas teorías. Corremos el riesgo, si no es demasiado tarde, que los obreros abandonen el ideal revolucionario para instalarse en los cómodos sentimientos de pertenencia y desprecio. por las señaladas minorías que marca el potente no-discurso de las derechas. Pero aún hay mas ventajas para los que esgrimen este no-discurso. Mientras existan anomalías sociales, algo imposible de erradicar, el poder tiene excusa para dejar de rendir cuentas. Ya no existe un problema estructural y ya no hay complejas teorías que expliquen las desigualdades o la necesidades de violencia ahora simplemente existen minorías sobre las que se carga toda la frustración social. Esto limpia las manos de los que sujetan el poder y desvía las responsabilidades.


Frente a este problema algunos se han posicionado culpabilizando las líneas argumentales de la izquierda y la socialdemocracia como causas del auge social del insulto. Aupar al mundo intelectual ha relegado a gran parte de la población a ser ninguneada generando un revanchismo y a su vez la búsqueda de argumentos que destruyan ese mundo elitista. Este razonamiento tiene una base en estudios, aunque no sean concluyentes debido a su complejidad, (Stockemer (2018), European meta-analysis; Marshall (2016), UK reform study; Meyer (2017), Eurobarometer; UCL, Private vs. State School) que apuntan a una tendencia social, especialmente en Europa. Cuantos menos nivel de educación la población tiene más posibilidad de adoptar simpatías con la ultraderecha.


Tal vez deberíamos reflexionar sobre cómo evitar caer en la trampa que lleva años tejiendo el nuevo fascismo y no parece tarea fácil.

Allá donde las urnas no llegan: el futuro de la participación electoral en un mundo desigual

31 Enero 2025 at 10:33
Palacio presidencial de Puerto Principe

Entrados ya de lleno en el 2025, y con las ecuaciones electorales ya resueltas, los gurús de la geopolítica internacional estrujan ahora sus análisis en lo que depararán las políticas de los candidatos electos en un contexto internacional en el que sus acelerados cambios políticos empiezan a ser ya una preocupante costumbre. El año 2024 abría gran parte de los análisis geopolíticos con pronósticos sobre lo que depararía la gran cita electoral en todo el planeta en la que casi la mitad de la humanidad estaba llamada a votar en más de una tercera parte de los países que componen los 5 continentes. Y mientras, la otra mitad de la humanidad, o bien espera turno para depositar su papeleta o se resigna a que su derecho a ejercer el voto siga restringido. Se propone así bajo estas líneas un pequeño viaje hacia aquellos lugares en donde las urnas no llegan.

Asia, el continente más grande y poblado del mundo, albergó elecciones generales en 18 de sus 48 estados, al que se sumarían las elecciones en el pequeño Taiwán como uno de los 5 países continentales no reconocidos y que tantas jaquecas genera al gigante chino. Los grandes titulares del año electoral asiático serían la consolidación de las políticas ultranacionalistas en países claves como India o Turquía, los controvertidos resultados en Pakistán o el reciente caos poselectoral en Corea del Sur, pero, a pesar de ser el continente donde más población estaba llamada a votar, Asía es, también, el territorio que más déficit democrático presenta.

Según la organización no gubernamental Freedom House dedicada a medir el estado de los derechos políticos y libertades civiles en el mundo, sólo 6 países asiáticos superarían los estándares para ser catalogados como “libres” (Japón, Corea del Sur, Mongolia, Israel, Timor Oriental y Taiwán), 18 “parcialmente libres” y, el resto, bajo el dominio de regímenes que restringen derechos fundamentales. Entre este último nutrido grupo se encontrarían monarquías absolutas como Brunéi, Qatar o Arabía Saudí; regímenes bajo un sistema de partido único como China, Laos o Corea del Norte; autocracias militares o familiares como Birmania o la recién “liberada” Siria; teocracias como en Irán o Afganistán o estados inmersos en plenos conflictos armados como Yemen o Palestina (otro de los todavía no reconocidos).

Mitin electoral en Namibia

Si bien, algunos combinan incluso varias de las funestas etiquetas descritas, la lista es todavía más larga (Omán, Turkmenistán, Vietnam, Emiratos Árabes Unidos…) y, aunque algunos sí se “molesten” en celebrar elecciones, no por ello quiere decir que sean democráticas, ni mucho menos, libres o competitivas.

África, tercer continente en extensión geográfica, es el segundo más poblado, representando el 15% de la
población mundial. Según datos del Fondo de Población de las Naciones (UNFPA) es, además, el continente
más joven del mundo con el mayor porcentaje de personas menores de 18 años. Este dato, aunque desde el
punto de vista electoral mantiene a más de la mitad de su población total sin poder introducir la papeleta de
voto, revela que podrá ser el continente con inercias futuras más sorprendentes.

Una de ellas es la notable implicación de la juventud y su aprovechamiento de la tecnología para ejercer nuevas formas de participación ciudadana. Participación, por cierto, que, en el caso de las mujeres, se traduce en una progresiva presencia en la esfera pública y mayor representación en los parlamentos nacionales, erigiéndose este año Namibia como el 5º país africano en tener una presidenta de la nación después de Liberia, Malawi, Tanzania y Etiopía.

Otras sorpresas fueron el fin del oficialismo en Senegal por partida doble, con un
presidente y primer ministro por debajo de los inhabituales 50 años de edad o la pérdida de mayoría
absoluta del partido de Mandela por primera vez desde el fin del apartheid en Sudáfrica.

Del total de los 54 estados africanos, hubo elecciones en casi la mitad de ellos y, si bien hubo sorpresas, hubo también resultados “previsibles”: Argelia, Túnez y Egipto revalidaban gobiernos con “discretos” escrutinios  por encima del 90% a favor de las candidaturas presidenciales; Chad, Ruanda y Mozambique no se quedaron atrás, confirmando, a su manera, el continuismo con la saga familiar de los Deby, la 4ª reelección de Kagame o el empeño de Frelimo por “continuar su lucha”.

Cartel electoral de Swapo en Namibia

Y es que la salud democrática de África todavía sufre de serios achaques. Según los estándares de la citada Freedom House, sólo aprobarían 9 países, 4 en el cono sur (Namibia, Botsuana, Sudáfrica y la pequeña Lesoto); Ghana, allá por el occidente continental y, perdidas en los mares, las islas de Cabo Verde, Mauricio, Santo Tomé y Príncipe y las Seychelles.

El resto, extendidos por toda la masa continental, entre suspenso o necesita mejorar. Así, entre los países donde las urnas todavía no llegan están aquellos regidos por juntas militares, especialmente en el Sahel tras los golpes de estado de los últimos años en Mali, Burkina Faso, Guinea Conakry o Níger; aquellos todavía inmersos en procesos transicionales, como Libia, Somalia o Sudán del Sur o aquellos en plena guerra, como la que sufre Sudán con la peor crisis humanitaria actual en el Planeta. Y, por supuesto, no podían faltar aquellos con “querencia” al cargo, bien en formato de dictaduras monárquicas, como Marruecos o Esuatini (Suazilandia) o presidencialistas, como la de Paul Biya en Camerún (desde 1982); Museveni en Uganda (desde 1986); Isaías Afewerki en Eritrea (desde 1991) y Teodoro Obiang Nguema en Guinea Ecuatorial, éste último con el desgraciado récord de “dictador más longevo del mundo” ocupando su cargo desde que en 1979 derrocó en un golpe de estado a su tío Francisco Macías.

América, situada al otro lado del charco y con poco más de 1000 millones de habitantes, es la tercera en porcentaje de población mundial, la segunda en extensión y la única que alcanza tocar los dos polos terrestres. Quizá, de ahí los “cortos” que hacen saltar tanta chispa en sus intensos procesos electorales. El 2023 se despedía con la resaca electoral argentina o el subidón de fiesta, según le sentase a cada cual el cotillón que cerró el año con la vitoria de Milei. En el 2024, el final de fiesta tampoco defraudó con la victoria del primer presidente electo estadounidense con cargos penales y un cartel de barras y estrellas que fue analizado hasta la saciedad durante todo el año.

Y entre medias, mientras unos países alternaban también sus gobiernos (vuelta del Frente Amplio en Uruguay o la coalición de partidos en Panamá), otros, revalidaban victorias como la bolivariana en Venezuela, impugnada por medio mundo; Morena en México, situando a Claudia Sheinbaum como primera mujer presidenta en la historia de su país o la abrumadora mayoría de Bukele en El Salvador, a pesar de su contorsionismo constitucional para ratificar su candidatura. No es de extrañar, que con tanto candidato “alfa”, la reelección del gobierno en la pequeña República Dominicana pasara mediáticamente desapercibida. No en cambio, la cada vez más desastrosa situación que vive su vecino Haití, el país más pobre del continente donde, desde hace décadas, llueve sobre mojado: terremotos, ciclones, magnicidios, ocupaciones militares y su penúltimo drama, el control por bandas callejeras de casi la totalidad de su capital Puerto Príncipe, sumiendo al país en un preocupante desgobierno y un horizonte futuro poco halagüeño.

Pero tanta pasión electoral americana no es óbice para que el continente goce de mejores índices democráticos que sus homólogos asiáticos y africanos. Según Freedom House son sólo 4 países donde la libertad está seriamente restringida, además de los mencionados Haití y Venezuela, la sempiterna Cuba, con su “sistema político” de partido único y Nicaragua, cuya “linda flor” sufre los desmanes del caudillismo familiar de los Ortega y su absoluta perversión del pasado revolucionario de su formación.

Y en este viaje electoral nos adentramos como última estación en lo que el ex alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, llamo el “jardín europeo”, un viejo vergel que, con el permiso del hemisferio sur, podría hacerse extensivo a los territorios oceánicos. Juntando ambos continentes no superan ni en población, ni en territorio a los tres anteriores, si en cambio, en sus estándares de aprobación democrática.

Pero como en todo parterre, en lo que refiere al ejercicio de derechos y libertades, hay siempre jardineros que podan más de la cuenta en países como Hungría, Serbia o Bosnia, y desde el punto de vista electoral, la alargada sombra de fraude no incomoda ni a la senda de Putin, considerando a Rusia como animal de compañía en territorio europeo, ni a su patio trasero en Bielorrusia, gobernada desde 1994 por Lukashenko, recién reelegido para su séptimo mandato con casi el 90% de votos.  Mientras, en la vecina Ucrania, hasta que la ansiada paz ponga fin a la ley marcial, las urnas de cristal seguirán guardadas en los refugios antiaéreos.

2024 fue, efectivamente, un año electoral intensito con reválidas, alternancias y pantomimas. Lo que sí que no cambió fue la imposibilidad de votar en aquellos lugares proscritos donde las urnas tristemente hace mucho que no llegan. Lugares con libertades restringidas, persecución política, censura periodística, privación de derechos y prevaricación judicial, una sistemática amenaza cuyo contrapeso lo ejercen valientes voces que se arriesgan en su empeño y denuncia a través de las pocas herramientas de participación ciudadana a su alcance.

Aun así, nada de ello fue impedimento para que los países del nuevo jardín desplegarán sus amables diplomacias allá donde los intereses políticos, económicos y militares más convenían (acuerdos migratorios, negocios de armamento, hidrocarburos, mundiales de fútbol, etc. etc. etc.) aparcando para mejores ocasiones esos discursos de derechos y libertades que forjaron las viejas democracias de Occidente. La Historia, a pesar de la apariencia sucesiva y acelerada de acontecimientos, es como un gran buque que navega con lentitud por el desierto oceánico. Errar la hoja de ruta puede derivar en peligrosas tempestades y despertar viejos monstruos marinos. Un viejo aviso para nuevos navegantes.

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Encuesta sobre las tendencias políticas en las próximas Elecciones Europeas

25 Mayo 2024 at 20:56
Es importante recoger la visión de los ciudadanos respecto de la Europa que queremos, existen diferentes tendencias de las cuales nos gustaría tu opinión

672 - ¿y por qué no votamos con el móvil, figura?

29 Mayo 2023 at 07:41



Por supuesto, esta tira está basada en el día de ayer... no me tocó mesa, pero casi:

No me ha tocado mesa, pero por poco (éramos 5, de los cuales 4 éramos suplentes).

Solo teníamos al primer vocal.

Luego ya han llegado presidente y suplente (el 2º vocal no se ha presentado)

— Sinergia Sin Control 🐀💩🥄 PARODIA,HABEAS CORPUS (@fred_SSC) May 28, 2023
y en que @MargaretCastor hizo un hilo de resumen sobre por qué lo del voto electrónico NO-NO-NO-NOPE.

Sobre el voto online.

— Margaret Castor is on Mastodon (@MargaretCastor) May 28, 2023
...y sí, hay avances en el tema (vocdoni, por ejemplo)...

Hay sistemas descentralizados. El domingo hicimos prueba piloto con dos organizaciones haciendo de interventores virtuales. Y los votos emitidos están anonimizados y disponibles para auditar.

Lo único que el voto digital no puede igualar por ahora es la presencialidad.

— Dario Castañé (Bluesky: dario.cat) 🏴‍☠️ (@darccio) February 17, 2021
y algunos artículos prometedores (sí, aquí pone que con blockchain, no me peguéis mucho, las quejas a Darío xD)...

 ...pero, si hoy por hoy te quieres sentir moderno votando, piensa esto:

A ver, yo sé que tenéis ganas de votar en plan piu-piu, luces led y naves espaciales, como en el futuro, pero lo de hoy es un ejemplo bestial de un sistema de computación distribuida, estable, tolerante a fallo, y seguro.

— Sinergia Sin Control 🐀💩🥄 PARODIA,HABEAS CORPUS (@fred_SSC) May 28, 2023
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