🔒
Hay nuevos artículos disponibles. Pincha para refrescar la página.
Anteayerlamarea.com

Laura Ortiz Gómez: “El pasado nos abre las llagas vivas, pero también muestra que hubo luchas más valientes”

31 Mayo 2026 at 09:58

Hay libros que no se leen. Se sienten, se escuchan, se contorsionan y se padecen como un organismo vivo que respira y late entre las manos. Así es la primera novela de Laura Ortiz Gómez (Bogotá, 1986). Editada en España por Barrett, Indócil despliega una arquitectura narrativa tan exuberante que desborda sus propios muros: una casa contestona y anárquica que, desde sus primeras páginas, revela sus intenciones: «No me sometí. Decían mi casa. Y yo, recién nacida, decía para adentro: soy la casa de mí».

Esta obra es, además de un grito contra la injusticia, la celebración rebelde de la belleza. Con una lírica ingobernable que estira el lenguaje y lo rompe para narrar el despojo, Ortiz enarbola las palabras para reclamar, entre el moho, las filtraciones y los huesos insepultos de una niña tehuelche, el derecho fundamental al que aspiraba el pensador peruano José Carlos Mariátegui: la lucha irrenunciable por el pan y la belleza. Así, la autora reivindica la transformación social como un reordenamiento estético: «Se trataba de reorganizar el cosmos y de barrer».

Ante la pregunta de si el ser humano «no domesticado» es esencialmente anarquista, la autora reflexiona: «La parte utópica es pensar en un mundo sin jerarquías, pero ¿cómo pensamos el poder que cada uno tiene en el mundo? En todas nuestras relaciones se está renegociando ese poder. Quizás, lo interesante del anarquismo sea proponer una conciencia sobre el propio poder y sobre la negociación con el otro de manera más horizontal, menos impositiva y, por lo tanto, más fácil para que el diálogo sea posible, como en las comunidades indígenas de mi país, Colombia, o en comunidades rurales y afro donde la organización todavía tiene una dimensión humana».

En esta ficción, espejo de feria donde la historia argentina devuelve el reflejo deforme de lo que, más que nunca, un reclamo vigente por el derecho a la vivienda, el trabajo y la dignidad, Ortiz rescata la Huelga de las Escobas de 1907: un levantamiento de mujeres anarquistas contra el hacinamiento en los conventillos. Con ella ha logrado un hallazgo: traducir ideas teóricas y políticas en imágenes poéticas que estremecen. Así, la desobediencia civil en Indócil se convierte, inevitablemente, en desobediencia lingüística.

Hablas de temas que se rehúyen, como la esclavización de mujeres en el trabajo doméstico, la precarización de inmigrantes, los proyectos estructurados de exclusión social, la normalización de la pedofilia, el expolio de etnias indígenas, la aporofobia…

Estos temas siempre han estado presentes y eso lo fui descubriendo en la investigación. A veces, en nuestra fascinación con lo contemporáneo, olvidamos que las preguntas son muy viejas y que los reclamos siguen siendo los mismos. Impresiona que pensamos que la historia tiene asuntos zanjados y, aunque suene un cliché, en Latinoamérica somos países circulares. Las luchas no resueltas vuelven y aparecen, pero cada vez con un sentido más dramático, más urgente. Cuando me puse a investigar los finales del siglo XIX y comienzos del XX en Argentina, encontré cosas fascinantes como estos movimientos anarquistas de mujeres que ya tenían publicaciones, diarios, donde se hacían unas preguntas muy de avanzada. Ya se estaban cuestionando a Dios, a las instituciones, a las jerarquías, el control de natalidad, el amor no monogámico, el acceso a la tierra y la vivienda…

Entonces, solo detenernos un poquitito en el pasado nos abre de nuevo todos los problemas, todas las llagas vivas, pero también nos muestra que en ese pasado hubo luchas más valientes o más imaginativas. Lo que me interesó del anarquismo de comienzos del siglo XX fue descubrir que pedían de cara a la utopía, que cuestionaban no solo la repartición material de las cosas, sino la noción misma de la propiedad, y esto es un tema para retomar cuando la precarización es cada vez más grande, cuando nos están quitando la esperanza y todo parece tener una sensación de sin salida. 

Tu novela es un ser vivo igual que la casa protagonista. Provoca un impacto sensorial, quizás más cercano a la música que a la literatura.

Efectivamente es un libro muy musical, muy visceral, porque quería que esta casa fuese, sobre todo, el cuerpo de la casa y tuviera una voz verdadera. Una voz que me hizo preguntarme por un lenguaje casa y por un cuerpo así. Entonces, antes de encontrar esa voz, hubo un proceso de investigación histórica profundo acompañado de mucho diseño de la trama: el andamio racional sobre el que me paro para luego dejar entrar una voz extraña para que la lengua supure algo muy insubordinado, algo no jerárquico, algo poético.

Y esto resulta palpable en la sucesión de imágenes de Indócil, cuando la autora, como un viaje lisérgico donde el ritmo se acelera, se ralentiza y, de pronto, arremete de nuevo con fuerza de marea, se sumerge en desigualdades estructurales y logra del lector una respuesta orgánica, física.

La precariedad laboral de los migrantes, las políticas de limpieza racial, el machismo, la pederastia permitida y la herida abierta de la propiedad privada, entre otros temas tan oportunos como dolientes, habitan esta casa de Buenos Aires, donde Vira y Olena, dos sirvientas ucranianas sometidas a un régimen de explotación que roza el esclavismo, son vistas por sus patrones como un ente indivisible donde el fallo de una ocasiona el castigo de la otra.

A pesar de esa oscuridad, la casa palpita con ellas: se enamora de su fragilidad, de su amor y su ternura, las reconoce con la fuerza de un ser vivo mientras se reclama a sí misma, insubordinada ante quienes creen poseerla. El mismo sentido de justicia poética impregna a Taras, el hermano que reinventa la rapiña –calzones, frasquitos de perfume, billetes, huesos humanos–, para convertirla en instalaciones llenas de belleza. «Fuimos bellos, ya nadie se acuerda», susurra la casa entre escombros.

La relación rebelde con la palabra es lo que permite que el relámpago perfore el dolor a través de otros personajes luminosos como Ulises, el niño útil y fulgurante que sabe abrir cualquier puerta, o como Acracia, la niña muda.

Indócil no es solo una historia de resistencia, es la prueba de que la belleza es una forma de militancia: una manera de interpelar la realidad desde un lugar donde el lenguaje, por fin, se siente libre.  

La entrada Laura Ortiz Gómez: “El pasado nos abre las llagas vivas, pero también muestra que hubo luchas más valientes” se publicó primero en lamarea.com.

[Gráfico] Ninguno de los 15 diarios impresos más leídos está dirigido por una mujer

6 Marzo 2026 at 13:22

Los datos llevan años dibujando el mismo mapa: los cargos de dirección tienen nombres y apellidos masculinos. El gráfico que viene elaborando La Marea desde el año 2015 apenas ha sufrido modificaciones en 2026. De los 25 medios escritos analizados, solo cuatro tienen directoras, un 16% del total. La cifra supone un mínimo aumento con respecto al año pasado, cuando solo había tres, pero un análisis más profundo permite observar que la tendencia sigue siendo negativa.

El ejemplo más claro se da en El País. En marzo de 2025 era el único diario generalista impreso, de los 15 más leídos según el EGM, con una mujer en la dirección: Pepa Bueno. Meses más tarde, su destitución rompía de nuevo la secuencia de mujeres directoras al frente de uno de los periódicos más influyentes en España, que comenzó como un hito, en junio de 2018, con el nombramiento de Soledad Gallego-Díaz, la primera directora en la historia de ese medio. Otro ejemplo: El Mundo, el segundo más leído, no ha tenido ni una sola directora en sus casi 37 años de historia. 

Ahora, en el gráfico de 2026, no hay ni una sola mujer ocupando este cargo entre los 15 diarios generalistas impresos más leídos.

En las diez cabeceras digitales analizadas, el panorama sí ha mejorado levemente: de las dos únicas directoras de 2025 –Magda Bandera en La Marea y Virginia P. Alonso en Público–, hemos pasado a cuatro: Vanesa Jiménez en Ctxt, Laura Riestra en Huffington Post, y siguen Magda Bandera y Virginia P. Alonso, pero esta última pasó de Público –que no optó por otra mujer directora– a Infolibre. Las estructuras más paritarias se dan en La Última Hora, Ctxt, elDiario.es, InfoLibre y el HuffPost. Solo La Marea tiene el 100% de sus puestos directivos ocupados por mujeres.

Sin embargo, todavía hoy, hay periódicos en los que no hay mujeres en ninguno de los niveles de responsabilidad como dirección, subdirección o jefaturas de redacción: Diario de Navarra, El Diario Montañés y El Independiente. Otros como La Razón, La Voz de Galicia, El Diario Vasco, La Nueva España, El Confidencial y Voz Pópuli cuentan con una sola mujer en sus organigramas directivos.

Más mujeres en la base y en las listas del paro

Pepa Bueno lo resumió así en un encuentro de Igualdad en el Periodismo en 2019: “En los años 80, cuando ingresé a los medios, lo primero que me sorprendió es que las redacciones estaban llenas de mujeres y los despachos de hombres. Han pasado muchos años y las redacciones siguen estando llenas de mujeres y los despachos llenos de hombres”. En 2026 podemos decir que el panorama se mantiene. 

Seguimos encontrando un gran número de mujeres en otros lugares que forman parte del ecosistema periodístico: en las redacciones, en las facultades de Periodismo y en las listas de desempleo. Entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025 (último dato disponible) había 6.044 periodistas sin empleo, el 63% mujeres y el 37% hombres, según datos de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), que cada año realiza el Informe Anual de la Profesión Periodística. Más allá del dato concreto, la cifra muestra una estructura que se reproduce año tras año ya que el porcentaje es prácticamente idéntico al de ejercicios anteriores. 

Mayte Antona, presidenta de la Comisión de Igualdad de la APM, firmaba en 2022 un artículo titulado El techo de hormigón de las mujeres periodistas y describía así la situación: «Las mujeres saben que el techo no es de cristal, sino de hormigón, y que revertir la situación que impide a las mujeres igualmente preparadas que los hombres llegar a puestos de responsabilidad y liderazgo requiere un cambio de mentalidad. Para ello, como prescriben las feministas, es necesario acabar con el dominio de la cultura patriarcal, que sigue asignando roles de cuidadora y tareas en el ámbito doméstico a las mujeres, y que echa solamente sobre sus espaldas la conciliación de la vida laboral con la familiar”.

Mayte Antona lo llamó “desperdicio de talento femenino”. Año tras año, informe tras informe e infinidad de declaraciones en encuentros y foros de la profesión, la desigualdad en los puestos de responsabilidad de los medios de comunicación parece ya un problema sin voluntad para resolver. ¿Quién tiene el poder de cambiarlo? ¿Quién se beneficia de que no cambie? ¿Por qué nadie lo exige? Este informe volverá el año que viene. 

La entrada [Gráfico] Ninguno de los 15 diarios impresos más leídos está dirigido por una mujer se publicó primero en lamarea.com.

  • No hay más artículos
❌