Las tensiones comerciales entre China y las potencias occidentales han alcanzado un nuevo pico tras la imposición de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos y la aprobación de regulaciones más estrictas por parte de la Unión Europea. La escalada proteccionista, anunciada esta semana, ha incrementado la presión sobre Pekín, que evalúa represalias para responder a lo que considera una agresión coordinada contra su modelo económico, según fuentes oficiales chinas citadas por la agencia Xinhua.
Las medidas de Washington y Bruselas
La administración estadounidense ha elevado los aranceles a una amplia gama de productos chinos, incluidos los vinculados a la industria tecnológica y las energías renovables, en un movimiento que la Casa Blanca justifica por motivos de seguridad nacional y competencia desleal. Por su parte, la UE ha endurecido sus normas sobre subsidios extranjeros y ha introducido requisitos de transparencia para empresas extracomunitarias que operen en sectores estratégicos como las baterías eléctricas o los semiconductores.
Es la primera vez que Washington y Bruselas actúan de forma tan coordinada contra un mismo rival comercial. Si China responde con la misma dureza, el sistema multilateral de comercio podría fracturarse irreparablemente, alertan analistas del Centre for Economic Policy Research.
La respuesta china: entre la cautela y la firmeza
El Ministerio de Comercio chino ha calificado las medidas de «discriminatorias y unilaterales» y ha anunciado que estudia contramedidas proporcionadas que podrían incluir aranceles a productos agrícolas estadounidenses y europeos, así como restricciones a la exportación de tierras raras, de las que China es el principal productor mundial. Sin embargo, fuentes diplomáticas en Pekín señalan que el Gobierno de Xi Jinping prefiere evitar una escalada que dañe la recuperación económica interna.
La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha instado a las partes a la moderación y ha recordado que el volumen de comercio entre China, Estados Unidos y la UE supera los 1,5 billones de dólares anuales. Una guerra comercial generalizada tendría consecuencias devastadoras para las cadenas de suministro globales, según advierte la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.
El contexto geopolítico añade un componente explosivo: las disputas comerciales coinciden con la creciente rivalidad tecnológica (chips, inteligencia artificial, 5G) y la crisis de deuda de algunos países emergentes. La comunidad empresarial internacional observa con inquietud si 2026 se convertirá en el año de la gran confrontación comercial entre China y Occidente.