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Tu privacidad por una galleta

4 Abril 2026 at 12:07

Artículo publicado originalmente en Democráter

Este fin de semana mi vecina, que es encantadora, volvió a animarme a que me uniera a una sesión de running en grupo por el parque. Aunque tenía mis reticencias, me sacudí las sábanas y la pereza y me preparé para el plan: mallas, deportivas, café aliñado con creatina, protección solar, y vámonos que nos vamos. «¡Venga, me apunto! [emoji bíceps emoji carita sonriente]», le contesté con mi mejor actitud de motivada. Sábado por la mañana, ejercicio al aire libre, socializar un rato y terminar con un dulce en la pastelería del barrio. ¿Qué podía salir mal? Pues muchas cosas.

Resulta que hace algo más de un mes «unos chicos» montaron un grupo de running en la zona. Desde entonces, cada fin de semana organizan quedadas «gratuitas» para dar un trote por el parque, todo en un ambiente así como muy amigable y nada competitivo; además, al finalizar, una cafetería cercana ofrece un 15% de descuento o regala una galleta a los participantes. Pensé: «pues qué bien, por fin una iniciativa para hacer barrio y, de paso, apoyar el comercio local«. Qué equivocada estaba.

La primera, en la frente

La primera red flag apareció rápido. Para participar en la actividad no bastaba con presentarse en el punto y hora de encuentro, no: había que inscribirse a través de una app de fitness, Strava. Yo la desconocía, como también desconocía la historia, absolutamente marciana pero real, de que este mismo mes de marzo el periódico francés Le Monde localizó la posición exacta del portaaviones Charles de Gaulle —desplegado en el Mediterráneo oriental en el contexto de la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán— porque uno de los oficiales a bordo se dedicó a pegarse carreras por el buque insignia de la Armada Francesa mientras compartía su entrenamiento en la aplicación de running.

Publicación anonimizada que muestra la ruta registrada en el mar, el 13 de marzo de 2026 | Le Monde.

Este primer paso me dio rabia y me pareció absurdo a partes iguales. Estoy absolutamente agotada de que cualquier trámite tenga que pasar por una app; de que cada actividad, por sencilla que sea, implique un golpe de smartphone. ¿Cómo que para ir a correr media hora tengo que registrarme en una aplicación y cederle un sinfín de datos personales a una empresa privada? No obstante, ya le había dicho que sí a mi vecina, así que decidí no darle demasiada importancia y simplemente saltarme el registro y plantarme allí a la hora acordada.

Nada es gratis

Me encontré con ella y con el resto de runners, agrupados en corillos que se saludaban y charlaban animadamente. Tras unos minutos de cortesía, subidos a un banco a modo de atril, los organizadores del «club» tomaron la palabra. Y ahí llegó la segunda red flag, mucho más grande que la anterior: «Ahora damos la palabra a Fulanito, de [inserte aquí nombre de empresa de productos de bebida y alimentación], que en el post-entreno nos ofrecerá una degustación de [product placement aquí]».

Ya te la han colado. Te levantas para ir a hacer deporte y, de repente, te encuentras dentro de un anuncio de la teletienda en el que no puedes cambiar de canal. Ahí me di cuenta de que aquello no era la iniciativa de barrio que me habían presentado, un grupo casual de gente que queda por Whatsapp para salir a correr, sino un proyecto planificado desde el principio, monetizable y hasta con patrocinadores. Mi nivel de mosqueo en este punto de la mañana era ya elevado. Pero aún iría a más.

El producto eres tú

Mientras medio escuchaba a Fulanito soltar su discurso promocional y algo sobre la importancia de cuidarse, miré a mi alrededor y apareció la tercera red flag, más o menos del tamaño de la de Plaza de Colón. De hecho, era tan evidente que no cuenta ni como red flag, sino como amigadatecuenta. Entre leggins y camisetas color flúor estaba la única persona que no iba vestida de deporte, una chica con estabilizador de imagen y móvil en mano, grabándolo todo para posterior contenido en redes sociales.

Es difícil explicar el nivel de indignación que experimenté en aquel momento, la sensación de vulnerabilidad, la cara de gilipollas que se me quedó. Estamos hartas de escucharlo y hasta de repetirlo, pero seguimos cayendo: si el producto es gratis, el producto eres tú.

Me aparté instintivamente y le dije que no me grabara. Pero todavía quedaba una última sorpresa. Esperando de frente al pelotón, grabando en un plano fijo el inicio de la carrera, Fultanito. Es decir, no solo es que estos «eventos gratuitos» tengan patrocinadores y hasta pasta como para pagarle a una persona exclusivamente para redes sociales, es que el patrocinador también se lleva unas imágenes recurso.

Todo es monetizable

Llegados a este punto conviene recordar que en España, según la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD), está permitido grabar sin pedir permiso individual en eventos públicos y cuando las imágenes son generales (como, por ejemplo, una carrera popular o un mitin). Pero esto no hace que me sienta menos incómoda. De buen rollo y en menos de cinco minutos, te has tragado un anuncio que no querías ver, una organización ha cogido tu imagen y la va a utilizar para promocionarse en Internet.

Sin embargo, lo que más me alarmó de este episodio fue que, cuando identifiqué la cámara y me quité de su campo de visión, fui la única que lo hizo. El resto del grupo parecía no percatarse, o les daba igual, algunos incluso saludaban. ¿En qué momento hemos normalizado todo esto? ¿Cuándo nos hemos acostumbrado a la presencia de cámaras en los momentos y lugares más insospechados? ¿Cómo hemos llegado a aceptar que las empresas nos graben para promocionar su actividad? ¿Por qué todo, hasta el ocio o la actividad más inocente, es susceptible de ser monetizado?

M. tenía razón

Tengo una amiga, M., que tiene fijación por algunos temas. Uno de ellos es el de la privacidad y las cookies —no las que regalaban en la pastelería del barrio después de la carrera, sino las que rastrean nuestro comportamiento en la web y comparten nuestros datos con terceros—. Antes, a veces pensaba que M. era un poco exagerada o que qué más da si total.

Pero pasan los años y el tiempo me ha demostrado que quizás mi amiga no era para nada exagerada, que sí que era para tanto, que M. tenía razón. Así que, cada vez más, me veo haciendo clic en todas las pestañitas de «rechazar cookies«, desinstalando aplicaciones y dejando solo las que no me queda más remedio —mala profesión escogí para esto—, no poniendo una reseña a un restaurante que me ha encantado, o marcando la casilla de «no acepto» en la autorización de uso de imágenes que me ponen por delante en la academia de idiomas, en el gimnasio y hasta en la autoescuela. No siempre es cómodo, porque a nadie le gusta ser el Grinch, pero a veces hay que ser un poco el Grinch.

Así que la quedada de running social terminó nada más empezar, dando esquinazo al pelotón y corriendo por mi cuenta mientras rumiaba todo esto. No tuve galleta de premio, pero sí pude proteger mi privacidad.

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Radiografía de los siete candidatos a las elecciones andaluzas: fortalezas y debilidades de cada líder

26 Marzo 2026 at 07:00

Este artículo ha sido publicado originalmente en Democráter, un espacio de análisis político y social que apuesta por una mirada profunda a los distintos temas que preocupan a la ciudadaníia.

17 de mayo. Es la fecha anunciada por el presidente andaluz, Juanma Moreno, para las próximas elecciones autonómicas, un mes antes de lo previsto. En la casilla de salida los andaluces encuentran a un presidente popular que viene de una histórica mayoría absoluta; como líder de la oposición, a una ministra con todas las encuestas en contra; a un bloque de izquierdas en plena reorganización y a una ultraderecha en auge.

Andalucía es una comunidad autónoma extensa –en tamaño y población– donde las circunscripciones electorales son provinciales. Ocho contiendas definirán, por tanto, el resultado final, con una sistema D’Hondt que beneficia a los peces grandes y una barrera electoral del 3% para sumar a un representante en el Parlamento.

Aunque la sensación de precampaña lleva ya tiempo en el aire, la campaña electoral arrancará oficialmente el 30 de abril. La cuenta atrás ya ha comenzado. A continuación hacemos un repaso por los puntos fuertes y flancos débiles de cada uno de los candidatos a la Junta de Andalucía.

Moreno se juega depender de la ultraderecha

Presidente de la Junta desde 2019, Moreno Bonilla viene de vivir una legislatura arrolladora gracias a la histórica mayoría absoluta de 2022. Pero la crisis de los cribados, que estalló en octubre de 2025, supuso un punto de inflexión. Fue –y sigue siendo– el mayor lastre de su gobierno. Por otro lado, ha sabido moverse bien tras el accidente de Adamuz y los destrozos por los temporales, mostrándose colaborativo con administraciones del PSOE y poco beligerante en los momentos más difíciles.

Pros: la moderación es la clave

Los siete años de gobierno no han desgastado al líder popular, cuya victoria el 17M parece clara. La mayoría absoluta le ha permitido alejarse del discurso ultra de Vox, al tiempo que ha hecho y deshecho a su antojo en el Gobierno andaluz según ha ido necesitando. Su imagen de político moderado en un entorno político cada vez más polarizado es, sin duda, el punto fuerte de su candidatura.

Según una encuesta realizada por Gesop, Moreno Bonilla sigue siendo el candidato mejor valorado por los andaluces. En estas elecciones se juega revalidar la mayoría absoluta o depender de los pactos con Vox, que tantos dolores de cabeza está provocando al PP en otras comunidades autónomas.

Contras: la sanidad pública hace aguas

En octubre de 2025 estalló la mayor crisis del gobierno popular: la crisis de los cribados. Entre 2.000 y 3.000 mujeres no fueron informadas debidamente de un posible cáncer de mama y no obtuvieron pruebas complementarias. Hasta 6.400 mamografías, según El País, se quedaron sin hacer en el Hospital Virgen del Rocío por falta de personal.

A su vez, la percepción general es que la sanidad andaluza está en mal estado, con listas de espera inasumibles y una sensación de indefensión creciente. Según el último barómetro del CENTRA, la sanidad es el principal problema que existe en Andalucía.

La expresidenta socialista Susana Díaz decía que la sanidad era la “joya de la corona”. Fue precisamente la mala gestión de la misma la que se llevó por delante al PSOE en Andalucía tras 40 años de gobierno. Las listas de espera han aumentado, la desafección con el Sistema Andaluz de Salud (SAS), también. Los andaluces recurren cada vez más a un seguro privado como alternativa a un sistema público que tiene demasiados agujeros.

Montero, una ministra ‘impopular’

El anterior líder socialista en Andalucía, Juan Espadas, logró 30 escaños en 2022. El resultado fue bajo, pues el PSOE aún no se había recuperado de la pérdida del gobierno y el nuevo liderazgo estaba aún por construir. Cuatro años después, las tareas pendientes son las mismas. Como consecuencia, todas las encuestas dan peor resultado a María Jesús Montero que a su predecesor.

La sevillana ha sido una de las últimas en comenzar su campaña. A pesar de que es candidata desde el pasado verano, no fue hasta el 28 de febrero cuando intensificó su actividad en la comunidad. Paralelamente, sigue manteniendo hasta el momento su asiento en Madrid y su puesto como ministra de Hacienda, lo que hace imposible que dedique el mismo tiempo que sus rivales a recuperar terreno electoral.

Pros: la fuerza de las siglas

Uno de los elementos que juegan a favor de la candidata socialista es que el PSOE andaluz, aunque aletargado, sigue teniendo presencia e implantación a lo largo y ancho de la comunidad. Alcaldías, diputaciones y líderes territoriales deberán ponerse las pilas si quieren mantener a flote unas siglas que son históricas en Andalucía. Montero puede levantar la bandera andaluza al ser ella víctima directa de la andaluzofobia, recibiendo constantemente insultos por su acento y su forma de hablar.

Su campaña pivotará, como no podía ser de otra manera, en torno al único talón de Aquiles de su adversario: la sanidad. Montero podría valerse de su experiencia como consejera de Salud entre 2004 y 2009, aunque esta estrategia es un arma de doble filo: el último recuerdo que tienen los andaluces de la sanidad a manos de los socialistas no es muy positivo.

Contras: poca presencia y reputación

La líder socialista ha sido catalogada por sus rivales como una ‘candidata de fin de semana. Compaginar la tarea de ministra de Hacienda con la de oposición al presidente de la comunidad más grande de España no es tarea fácil. En estos meses, Montero no ha trabajado el territorio andaluz; sus visitas han sido esporádicas.

Y, aunque goza de un amplio grado de conocimiento, su reputación está en mínimos: es la candidata peor valorada en general y también entre sus votantes, según una reciente encuesta de Gesop.

La gestión de la financiación autonómica, por otra parte, puede pasarle factura. Catalunya fue la más beneficiada en este reparto, lo cual supone un agravio comparativo para el resto, incluyendo la comunidad a la que aspira a presidir.

Maíllo, suplente en la no-confluencia de izquierdas

Vuelve Antonio Maíllo a la arena andaluza. Es la segunda vez que acude al rescate: en 2015, al frente de Izquierda Unida, logró cinco escaños frente al auge del fenómeno de Teresa Rodríguez y Podemos. En esta ocasión, sólo 30 días después de que Ernesto Alba fuera designado como candidato, Maíllo tomó las riendas para reflotar a una confluencia en horas bajas.

Por Andalucía se ha quedado corta. El principal reto de la formación era revalidar su unidad con Podemos, pero ahora no parece posible. Los cinco diputados de Por Andalucía se han mantenido distantes todos estos años: por un lado, Alejandra Durán y Juan Antonio Delgado, de Podemos; y, por otro, Inmaculada Nieto (IU), Esperanza Gómez (Más País-Andalucía) y José Manuel Jurado (en un principio de Podemos, se pasó al bando contrario y actualmente apoya a Maíllo).

Pros: un líder conocido y con experiencia

El punto fuerte de Antonio Maíllo radica, principalmente, en que es uno de los líderes más conocidos por los andaluces. Mantiene una imagen de concordia, aunque está sufriendo los estragos de la no-unidad. Como Montero, juega con la baza de que su partido, Izquierda Unida, cuenta aún con alcaldías y presencia en el territorio. Además, el cordobés conoce bien el terreno andaluz y tiene experiencia: sabe lo que es hacer una campaña a contracorriente para salvar los muebles.

Contras: víctima de la división

El asunto de la no-unidad con Podemos está y estará presente durante todo el periodo electoral. Por Andalucía se considera a sí misma una confluencia, pero el único partido relevante es Izquierda Unida. Sumar, que aparece también en esta confluencia, no se sabe muy bien qué es en Andalucía más allá del partido de la vicepresidenta Yolanda Díaz.

Antonio Maíllo tiene también mucha agenda fuera de Andalucía. Compagina su papel como candidato con el de coordinador federal de IU. Por si fuera poco, está enfrascado en otro proceso difícil: reconstruir la candidatura de Sumar y buscar una cara visible para cuando sea Pedro Sánchez quien apriete el botón de las elecciones.

Esta dispersión en las funciones no ayuda a generar confianza en el electorado. No está claro que vaya a permanecer en el sillón cuatro años frente a un previsible gobierno de Juanma Moreno, ahora que tiene la mente puesta en Madrid.

José Ignacio García: poco conocido, bien valorado

Alejado de las disputas de otros partidos de izquierdas, José Ignacio García y Adelante Andalucía cuentan con una hoja de ruta clara. Como consecuencia, este partido, de marcado carácter andalucista, puede presumir de ser el único que ha crecido en los últimos meses, además de Vox.

En un momento donde las izquierdas parecen encontrarse alicaídas y derrotadas, García promulga un discurso fresco y moderno para sus seguidores. Sin otras distracciones, está presente en el día a día de la comunidad y del Parlamento: al contrario que Montero y Maíllo, García rivaliza cada semana con el presidente andaluz en la Cámara.

Pros: el mejor valorado de la izquierda

A pesar de ser poco conocido, José Ignacio García es el candidato mejor valorado, sólo por detrás de Moreno Bonilla, según Gesop. Entre su propio electorado, es también quien obtiene mejor nota.

Su actividad versa sobre cuatro ejes que coinciden con los principales problemas de los andaluces, según el ‘CIS andaluz’: sanidad, vivienda, desempleo y corrupción. En estos años ha llevado al Parlamento propuestas constructivas como la Ley de Gafas Gratuitas, la Ley de Vivienda o la Ley por los Comedores Escolares Dignos.

Pero el punto fuerte de José Ignacio García está en el entorno digital. Cuenta con un gran número de seguidores en redes sociales y se dirige con naturalidad al público joven. Como anécdota, cabe destacar que presentó su candidatura con un festival de música en lugar del habitual mitin, y ha preparado una campaña puerta a puerta para conocer las necesidades de la población, imitando el método de Mamdani en Nueva York.

Contras: un líder desconocido

La principal debilidad de García es el bajo grado de conocimiento. Aunque mejora su valoración encuesta tras encuesta, apenas lo conocen un 20% de los andaluces. La carrera del jerezano es contra el tiempo, y la extensión del territorio andaluz no ayuda.

Muy presente y con posibilidades en el occidente de la comunidad, el candidato de Adelante Andalucía tiene serios problemas para alcanzar el 3% necesario en provincias como Jaén, Granada y Almería, territorios donde es menos conocido que en Sevilla o Cádiz.

Adelante Andalucía sólo tiene dos escaños, por lo que no cuenta con grupo parlamentario propio. Esto implica menos recursos económicos que sus adversarios. Así, Adelante Andalucía compite en una desigualdad material.

Gavira, el candidato en la cuerda floja

Manuel Gavira es el portavoz y posible candidato de Vox en Andalucía, aunque aún tendrá que ser confirmado por su partido (con un fuerte control estatal en las manos de Santiago Abascal). A Gavira le sobrevuela Pepa Millán, una joven política que actualmente es portavoz en el Congreso. Ambos luchan por un gran premio: si a Moreno Bonilla no le dan los números para una mayoría absoluta, uno de los dos puede ser vicepresidente de la Junta de Andalucía.

Pros: el partido sigue creciendo

Los puntos a favor del por ahora candidato andaluz son los puntos a favor de Vox. El auge del partido de extrema derecha se materializa de norte a sur de España. El partido de Abascal ha mejorado sus números en las últimas elecciones autonómicas, logrando 11 asientos en Extremadura (6 más respecto a las anteriores), 14 en Castilla y León (uno más) y 14 en Aragón (siete más).

Al electorado de Vox no le importa el carisma del candidato, es un votante que busca las siglas. Vox se ha convertido en el principal rival de Pedro Sánchez, y el partido de ultraderecha capitaliza el desgaste del presidente.

Contras: Gavira se estanca

Aunque la formación crece, el candidato andaluz no mejora sus cifras personales. No es de extrañar que la duda planee sobre él a escasas semanas de las elecciones. Vox crece en Andalucía a dos tiempos: Manuel Gavira está estancado, a pesar de que lidera la formación en la comunidad desde 2022, y no lo quieren como presidente de la Junta ni sus propios votantes.

A Vox le ha crecido un nuevo problema. En el seno del partido han surgido numerosas fricciones entre sus caras más conocidas: Espinosa de los Monteros u Ortega Smith ya no forman parte del núcleo de Santiago Abascal, y las voces discordantes no dejan de aumentar. En este caldo de cultivo, y contra todo pronóstico, ha surgido un competidor en su mismo espacio político: Se Acabó la Fiesta, del sevillano líder de masas Alvise Pérez.

Se Acabó la Fiesta, las ardillas de Alvise juegan en casa

El mediático Alvise Pérez (Luis Pérez Fernández) sigue con su ruta electoral para visitar, por fin, la que es su casa. Este sevillano es ampliamente conocido en redes sociales y logró un puesto en el Parlamento Europeo con su partido Se Acabó la Fiesta. El aforamiento que le otorga este puesto le sirve para eludir, por ahora, las distintas causas judiciales que tiene abiertas.

A Alvise no le ha ido bien en la arena española. No ha logrado representación en ninguna de las comunidades, aunque se ha hecho con un buen puñado de votos que le sirve, al menos, para presumir de superar a Podemos. Para estas elecciones andaluzas ha elegido como candidato al también sevillano Adrián Yacar, un polifacético policía nacional que ha montado una empresa de IA y que tiene por la red un videoclip cantando junto al Pequeño Nicolás.

Pros: el número 1 en redes

Alvise se mueve realmente bien en el terreno de las redes sociales, donde es el líder indiscutible. Aunque esto no se está trasladando directamente a los votos, le está permitiendo movilizar a sus seguidores. Además, se está beneficiando de las grietas que hay en Vox, pescando, comicio tras comicio, entre su caladero de votantes.

Contras: la ley electoral le augura un 0

Adrián Yacar no es conocido. Tampoco cuenta con experiencia política. Su partido, SALF, no tendrá demasiado espacio en los medios y no podrá acudir a los debates, al no tener representación institucional. Aunque crecen con paso lento, cuentan con el gran problema de la ley electoral andaluza, que obliga a sacar un 3% de votos en una única provincia para lograr un representante.

Podemos, camino a la desaparición

Desde su irrupción en 2014, Podemos ha pasado por numerosos estados de ánimo, y actualmente se encuentra en horas bajas. Las disputas internas del partido han sido una constante desde sus inicios. Para estos comicios, aunque un buen número de responsables andaluces estaban a favor de explorar una unidad electoral con IU, la dirección de Belarra, afincada en Madrid, ha hecho imposible este encuentro.

Su candidato, Juan Antonio Delgado, es un viejo conocido del partido morado (‘el Guardia civil de Podemos’) pero aunque ha estado cuatro años con una butaca en el Parlamento, se ha mantenido con muy poca actividad política hasta que han llegado las elecciones.

Pros: una vieja cara conocida

Cuesta encontrar un mensaje optimista para el votante de Podemos. Las elecciones que preceden a las andaluzas no auguran nada bueno. Donde han acudido en solitario, Aragón y Castilla y León, han desaparecido. Sólo en Extremadura han logrado representación, pero lo han hecho con una coalición que ahora parece imposible.

Como punto a favor, Juan Antonio Delgado es moderadamente conocido, igual que Gavira (Vox) y más que José Ignacio García (Adelante Andalucía).

Contras: la marca en horas bajas

Podemos se encuentra en un mal momento. La marca morada no garantiza buenos resultados, todo lo contrario. A su vez, Delgado ha desaprovechado la oportunidad de construir una alternativa en los cuatro años que ha estado como diputado andaluz. En su lugar, ha estado desaparecido. Mucha más presencia ha tenido su compañera Alejandra Durán, que se ha mostrado presente en iniciativas y eventos sociales, pero que no ha podido optar a ser la candidata a las elecciones.

Tampoco le ayuda la fuga de su líder más carismático. José Manuel Jurado, que entró en Por Andalucía como diputado y militante de Podemos, se ha pasado al bando ‘ganador’ de Antonio Maíllo. Una grieta más para un partido con demasiados problemas que ya escucha de fondo a los violinistas del Titanic ensayando para adornar el hundimiento.

Actualización 27 de marzo a las 9.50 h.

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La brecha de género tras el consenso sobre prostitución y pornografía en España

20 Marzo 2026 at 07:00

Actualmente, en la sociedad española existen amplios consensos sobre la percepción de la prostitución y la pornografía. Como que la mayoría de la población considera que la primera supone una forma de violencia hacia las mujeres, y que la segunda la fomenta. Así se desprende de un reciente estudio del Ministerio de Igualdad elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

La encuesta sobre la percepción de la prostitución en España arroja gran cantidad de información y revela que existe una sensibilidad y una conciencia social sobre esta realidad. Por ejemplo, la ciudadanía percibe la prostitución como un fenómeno estrechamente vinculado a la vulnerabilidad socioeconómica y a la violencia. Sin embargo, al analizar los datos por sexos y comparar las respuestas de hombres y mujeres, aparecen los matices.

Amplio consenso, pero con matices

Es el caso de la batería de preguntas relacionadas con la percepción de la pornografía. A nivel general, el 43,5% de la población está «muy de acuerdo» con que la pornografía fomenta la violencia hacia las mujeres –esta cifra asciende al 72% si se suman a quienes respondieron estar «bastante de acuerdo»–; sin embargo, hay más de 18 puntos de diferencia entre la respuesta de los hombres (un 34%) y la de las mujeres (un 52%).

Algo similar ocurre al preguntar si la pornografía es una forma saludable de explorar la propia sexualidad: la negativa a esta afirmación es contundente; pero mientras que el 64% de las mujeres declara estar «nada de acuerdo» con esta afirmación, esta cifra en hombres cae al 44%, 20 puntos porcentuales menos.

La población se divide casi en un 50-50 a la hora de valorar si la pornografía transmite que violar a una mujer puede ser excitante, pero las percepciones por género varían notablemente. Más de la mitad de las mujeres (el 55%) está muy o bastante de acuerdo con esta afirmación, pero en hombres esta proporción cae 11 puntos, hasta el 44%. La distorsión es aún más llamativa si nos fijamos sólo en quienes responden «muy de acuerdo»: el 37% de las mujeres frente al 23% de los hombres.

Brecha de género en las respuestas

Lo mismo ocurre en la batería de preguntas sobre la prostitución. Por ejemplo, parece existir consenso social en que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres (así lo afirma el 69% de la población). Y, aunque existe un 21% de mujeres que declara estar poco o nada de acuerdo con esta afirmación, este porcentaje es del 35% entre los hombres: es una diferencia de 14 puntos porcentuales.

En la misma línea, el 28% de los hombres considera que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera, una percepción que sólo comparte el 17% de las mujeres. Por otro lado, un 23% de los hombres entiende que prostituirse es una forma de ejercer la libertad sexual, frente al escaso 13% de las mujeres que están muy de acuerdo o bastante de acuerdo con esta idea. Como en el gráfico anterior, todas las respuestas se pueden consultar al detalle a continuación.

Otra divergencia llamativa entre las repuestas de hombres y mujeres la encontramos a la hora de valorar que un hombre de nuestra familia pague por sexo. En general, la sociedad española muestra un rechazo mayoritario: al 63% le parecería mal frente a un residual 2% que se mostraría de acuerdo, si bien un tercio de la población se mostraría indiferente.

Pero, al analizar los datos por sexos, encontramos que mientras que al 71% de las mujeres les parecería mal que un hombre de su familia pagase por mantener relaciones sexuales, los hombres se muestran más tolerantes, y este rechazo es del 54%: no es una desviación menor, se trata de una diferencia de 17 puntos.

Tampoco coinciden las percepciones de hombres y mujeres sobre las razones por las que los hombres pagan por sexo. Las respuestas aportadas al CIS revelan que, mientras que los hombres consideran mayoritariamente que lo hacen «para satisfacer sus necesidades sexuales» (43%), casi la mitad de las mujeres (el 49%) opinan que es «para realizar prácticas o cumplir fantasías que otras mujeres no aceptan».

Del mismo modo, los hombres aluden que «no conocen a mujeres que quieran tener sexo con ellos» en un 30% de las respuestas, frente al 21% de las mujeres que esgrimen este motivo. Pero, sin duda, una de las mayores disonancias la encontramos en la razón «para sentir que dominan la relación sexual»: sólo el 12% de los hombres menciona este motivo, pero es señalado por el 26% de las mujeres.

Prostitución 2.0

También encontramos interesantes brechas de género en las respuestas relativas a las plataformas digitales de contenido íntimo y sexual. El 65% de los hombres conoce plataformas como OnlyFans o JustForFans, 10 puntos porcentuales más que las mujeres. Y, sin embargo, el 10% de las encuestadas conoce a alguien de su entorno que se dedica a la creación de este tipo de contenidos, frente al 6% de los hombres.

En cuanto a si pagar por contenidos íntimos y sexuales en este tipo de plataformas puede considerarse prostitución, de nuevo encontramos una respuesta generalizada (el 71% de la población considera que sí), pero con matices por sexos: el 78% de las mujeres afirma que se trata de una forma de prostitución; en hombres, esta respuesta es del 63%. Una diferencia de 15 puntos porcentuales.

A la vista de las respuestas ofrecidas por los encuestados a lo largo del estudio, podría deducirse que, en general, la sociedad española ha progresado en su percepción, conciencia y sensibilidad hacia las complejas realidades de la prostitución y la pornografía. Sería muy interesante contar con series históricas a través de la cuales estudiar dicha evolución, así como con otras encuestas con las que poder comparar los datos. Lamentablemente, no existen demasiadas fuentes actualizadas sobre el tema.

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Sinhogarismo y aumento del alquiler: cómo el boom de la vivienda deja a más personas sin un techo

14 Marzo 2026 at 00:07

Este artículo ha sido publicado originalmente en Democráter, un espacio de análisis político y social que apuesta por una mirada profunda a los distintos temas que preocupan a la ciudadaníia.

La vivienda sube de precio. No hace falta un análisis para asegurar esto: es una percepción que está en la calle y que confirma cualquiera que se asome habitualmente a los portales inmobiliarios de internet. Los datos lo respaldan. A la vez, ha aumentado también el número de personas que se encuentran sin hogar en España.

En 2024, más de 34.000 hombres y mujeres se alojaron diariamente en centros de atención para personas sin hogar. Esta cifra no ha dejado de incrementarse desde 2006, según datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE), y ha engordado aún más en estos últimos años, coincidiendo con el boom en los precios del alquiler.

¿Existe vinculación entre quedarse sin hogar y el precio de la vivienda? La respuesta parece clara: al mismo tiempo que se dificulta el acceso a la compra o alquiler, el número de personas sin hogar también sube vertiginosamente. Por supuesto que el fenómeno del sinhogarismo es multifactorial, pero analizando los motivos que arroja el INE nos encontramos con que la mayoría de ellos están asociados a la economía. Es evidente: nadie viviría en la calle si pudiera pagarse un alojamiento.

Como se puede observar, los motivos que llevan a una persona a quedarse sin un techo son múltiples. El desahucio, la pérdida de trabajo o la emigración son algunos de los principales. Detrás de ellos, una misma causa: no poder pagar el alojamiento.

Otras razones radican, aparentemente, en otro motivo que no es el económico, pero basta pararse con detenimiento para establecer una relación más o menos directa con el dinero: vivir en un edificio en ruinas y tener que marcharse es una derivada de no poder pagar a una vivienda digna. Salir de prisión y no tener un lugar a donde ir indica que la persona que estuvo privada de libertad no tiene un empleo con el que costear una vivienda, ni tampoco apoyo familiar o del entorno. Por último, las separaciones entre parejas acaban en situaciones como el sinhogarismo cuando uno de los miembros tiene una dependencia económica de la otra persona.

Sube el alquiler…

El brutal incremento del precio del coste de la vivienda en los últimos años lleva aparejado de su mano el aumento del sinhogarismo. Desde 2022 hasta ahora ha subido de forma notoria el alquiler, coincidiendo con el aumento, también, en un 57% del número de personas que se alojan en centros de acogida. A juzgar por los datos, la relación parece clara: a más precio de alquiler, más personas que no pueden pagarlo y se quedan en la calle.

El alquiler se ha duplicado en estos diez últimos años. El sistema funciona como un efecto dominó, y todas las viviendas se encarecen sea cual sea su ubicación o situación. Las personas en situación de vulnerabilidad, ante los precios elevados y las condiciones cada vez más exigentes que solicitan los arrendadores, se ven expulsadas de las viviendas que, en otro tiempo, fueron accesibles para ellas.

Los caseros ahora pueden elegir. Con una oferta tan escasa en el parque de viviendas de alquiler (público y privado) quienes ponen una vivienda en este mercado optan por personas con ingresos demostrables, contratos estables y, en general, una situación económica boyante. Quienes tienen más dificultades, como las personas extranjeras, sin permisos de trabajo o sin contratos reglados, no sólo necesitan el dinero para poder pagar la vivienda, sino también una suerte de «garantías» que no siempre pueden ofrecer.

De este modo, han aumentado las plazas en los centros de acogida de persona sin hogar. Se han creado nuevas instituciones para el acogimiento, pero la demanda sigue siendo elevada. Ni siquiera en la crisis económica tras el boom del ladrillo el problema del sinhogarismo se acercó a lo que sucede ahora. La coincidencia es evidente, desde 2022 hasta ahora ambos fenómenos han ido de la mano.

… y aumenta el precio de compra

El aumento del alquiler viene acompañado del aumento del precio de compra, que crece también a un ritmo alarmante. Ahora, quienes buscan un hogar para vivir no sólo compiten con otras personas que quieren un lugar para formar una familia, sino con quienes ven la vivienda como una inversión económica, elevando así los precios.

Para medir este impacto, usamos el Índice de Precios de Vivienda (IPV) que utiliza el INE. El organismo utiliza el año 2015 como base y mide, a partir de ahí, los vaivenes en los precios. Se puede observar una subida constante desde 2014, con una leve pausa en 2020 a raíz de la pandemia. Desde el último trimestre de 2020, sin embargo, el crecimiento es más acusado, superando los 200 puntos porcentuales en 2025.

Como podemos ver con los datos (y podemos apreciar simplemente observando la realidad de nuestro entorno) el precio de la vivienda no ha tocado techo. Mientras que la ciudadanía observa el fenómeno con preocupación, los partidos políticos no se ponen de acuerdo con el remedio. Tampoco se han implementado medidas que aminoren esta subida, que consolida la percepción de la vivienda como uno de los problemas más graves para la ciudadanía.

La demanda sube pero la oferta está estancada. El auge de los apartamentos turísticos no ayuda, pues muchas viviendas que antes se dedicaban al alquiler de larga duración se utilizan ahora como alojamientos para los visitantes temporales.

Sin contratos estables y sin ahorros para pagar una entrada

Con estos precios, las capas más vulnerables de la población son las que se quedan sin un techo. Quién no cuenta con apoyo familiar sufre las peores consecuencias. El acceso a la compra de una vivienda es cada día más difícil: a pesar de que los intereses hipotecarios se mantienen estables y proporcionan cuotas más asumibles que la mensualidad del alquiler, la ‘entrada’ de la casa sigue siendo el principal problema. Los bancos exigen, generalmente, un 20% del precio del hogar para acceder al crédito, al que hay que sumar en torno a otro 5 o 6% de impuestos y gastos.

Esta barrera de entrada funciona como pez que se muerde la cola: con un alquiler elevado, es difícil ahorrar, y como la vivienda sube continuamente, este 20% mínimo también lo hace. Muchas personas se ven atrapadas en este bucle, incapaces de acercarse al dinero efectivo que deben poseer para comprar una vivienda y tener una cuota mensual más desahogada, por lo que siguen abonando alquileres que ocupan una parte importante de su sueldo y que tampoco dejan de aumentar.

El sinhogarismo afecta a todas las comunidades autónomas en mayor o menor proporción. Las regiones del norte de España cuentan con tasas más elevadas, junto a las ciudades de Ceuta y Melilla, por su situación fronteriza con el norte de África.

El número total asciende a lo largo y ancho del país, consolidando al sinhogarismo como uno de los problemas sociales más crueles de nuestro tiempo.

Aunque se han implementado medidas restrictivas para las personas sin hogar, la ciudadanía las rechaza de forma mayoritaria. Propuestas como expulsar a estas personas de los centros de las ciudades o dificultar su estancia en espacios públicos con barreras arquitectónicas no son aceptadas socialmente. La ciudadanía aún empatiza con estas personas vulnerables que no tienen donde ir.

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