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FOB Autónoma: 20 años construyendo y luchando desde abajo

30 Julio 2026 at 14:09

20 AÑOS DE CONSTRUCCIÓN
Y LUCHA DESDE ABAJO

Entrado el año 2006, en Buenos Aires, organizaciones provenientes de distintas trayectorias previas, decidimos, después de compartir debates y luchas conjuntas, dar un paso más y llevar adelante una construcción común. Surge así, la FOB (Federación de Organizaciones de Base).

A lo largo de los años nos hemos desarrollado construyendo y luchando contra los distintos gobiernos y poderes dominantes, llegando incluso a tener presencia en distintas provincias. En ese trayecto, no estuvimos exentos de muchas dificultades, tensiones y, en definitiva, de luces y sombras. En el 2019, un sector decidimos retomar las huellas que nos constituyeron, enriqueciendonos con nuevas búsquedas. Y en ese contexto, del riñón de aquella FOB de los orígenes, surge nuestra FOB Autónoma que hoy, a 20 años de aquellos inicios, sigue caminando y peleando por conquistar ese mundo nuevo que llevamos dentro de nuestros corazones!!!

FOB Autónoma
Fuente: https://www.facebook.com/share/p/1Q12uxhmy6/

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Júpiter y el 36

23 Julio 2026 at 18:30

Cada día entro al Júpiter, el club de fútbol que supo ser uno de los símbolos del anarquismo barcelonés. Desde su fundación, en 1909, la influencia ácrata fue su principal motor, pero también era uno de los principales condicionantes de las relaciones sociales en los barrios, en los lugares de trabajo y en la resistencia popular en general de toda Catalunya. Ayer se cumplieron noventa años de cuando el pobrerío, el «oscuro pueblo de la bandera negra», venció en relativamente muy poco tiempo al ejército regular del Estado dando comienzo a la revolución explícitamente antiautoritaria más importante de la historia hasta la fecha.

Qué queda de todo aquello tras años de ataques y penetración de la propaganda capitalista contra la cultura de lo común es difícil saberlo, pero seguramente la pregunta así esté mal planteada. La cuestión más interesante, me parece, no es cuánto queda de la tradición colectiva, sino qué tipo de relaciones producen esas formas de vida en el presente. Las formas de relacionarse entre las personas cambian, se desplazan, se mezclan, pero en la medida en que existen aún relaciones sin jefaturas, no basadas en el mando-obediencia, lo anárquico no desaparece. Aquella revolución del pobrerío no persiste como contenido tenaz de la memoria sino, sobre todo, como continuidad de prácticas y modos de relación. Prácticas que la revolución hizo desbordar y potenció increíblemente, pero que venían de antes y siguieron después.

Las personas del club con las que he hablado sobre esto conocen algo de la historia, aunque no mucho. Las armas desmontadas escondidas dentro de las pelotas, la tribuna rebosante de armamento revolucionario, la influencia que le valió al club mil y una represiones, la pérdida de la cancha y el cambio obligado de sus colores permanecen apenas como ecos. Y lo que sigue vivo no responde a una fidelidad consciente al pasado sino a modos de ser instalados y en disputa con otros opuestos.

En la madrugada del 18 al 19 de julio, a dos camiones requisados por el comité de defensa del barrio de Poblenou, que esperaban estacionados en el club Júpiter, se les agregaron dos ametralladoras y banderas rojinegras. Desde el apartamento del anarquista Jover, donde el grupo de afinidad Los Solidarios había instalado su «cuartel general», pudo verse partir a los dos camiones seguidos de obreros armados. Los compañeros habían esperado toda la noche hasta que comenzaron a sonar las sirenas de las fábricas, según lo planeado, llamando a la huelga general.

Esta vez el ejército no iba a encontrar una ciudad desprevenida. Los anarquistas habían decidido dejar salir a las tropas de los cuarteles. No era la primera vez que se enfrentaban a las fuerzas del orden capitalista y sabían que, una vez en la calle, los militares no podrían reabastecerse de munición y tendrían que combatir sin la principal ventaja que les daban sus posiciones. Esa vez, las organizaciones anarquistas, sobre todo, vencieron sin dilación al ejército.

Noventa años después el escenario es muy distinto. Ayer se juegó la final del Mundial, espectáculo y negocio construido en las propias entrañas del imperio capitalista, en medio además de una inmensa reestructuración cuyo rumbo todavía desconocemos. Todo parece cuidadosamente diseñado para transformar todo el deporte en consumo, la pasión en mercancía y el conflicto en entretenimiento. Sin embargo, incluso ahí reaparecen prácticas que desbordan el sentido para el que ese espectáculo fue construido.

Incluso en espacios donde se intenta desalojar toda posibilidad reivindicativa, donde se aplana toda creación y toda idea de dignidad humana para convertirla en mercancía, la reivindicación vuelve una y otra vez. Banderas contra el genocidio, gestos anticolonialistas o el orgullo explícito de pertenecer a un barrio popular y migrante que escandaliza y avergüenza a empresarios y extrema derecha pueden parecer gestos menores, pero no lo son. Incluso los dispositivos más eficaces de integración al negocio nunca consiguen cancelar por completo el conflicto que provoca esa antigua idea de igualdad entre las personas.

No se trata de sobreinterpretar hechos según nuestra conveniencia o ganas. Se trata de reconocer que el mundo actual no es el resultado inevitable de una evolución histórica, sino de conflictos entre fuerzas que siguen actuando. Ningún orden gubernamental consigue eliminar por completo aquello contra lo que tuvo que luchar para imponerse. Si la historia del capital también es la historia de la guerra contra las formas del hacer común, éstas, en tanto necesarias para la propia reproducción social, no desaparecen. Incluso el negocio y el individualismo sobre el que se sustenta el mercado precisan de los cuidados y la solidaridad para existir. Bajo la aparente normalidad del presente continúan latiendo las mismas posibilidades de emancipación bajo otras condiciones.

La historia permanece abierta no porque conservamos intacta la memoria del pasado, sino porque subsisten las formas de relación que ningún poder consigue absorber del todo.

R.M
Fuente: https://www.facebook.com/100014152307779/posts/2468903353591384/

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¿Mi pronombre? ¡Negación!

23 Julio 2026 at 18:12
Este texto fue escrito originalmente en septiembre de 2009, tras las protestas de la Cumbre del G20 en Pittsburgh, y se refiere a las acciones emprendidas por los participantes del bloque negro en el barrio de Oakland de Pittsburgh, que más tarde se conoció como Bash Back! Black Bloc, debido a su composición queer. Se convirtió en un texto influyente en los círculos anarquistas queer y trans de principios de la década de 2000 y ha sido republicado en varias publicaciones, incluyendo el fanzine Dangerous Spaces: Violent Resistance, Self Defense, & Insurrectional Struggle Against Gender de Untorelli Press y el libro What is Gender Nihilism?. Traducción desde el inglés por Tía Akwa

Jueves por la noche, tras un discurso motivacional queer radical sobre el motín, emergió un bloque negro como cuarta ronda de los enfrentamientos callejeros del día. Este bloque, particularmente visceral (más tarde denominado Bash Back! black bloc) se desplazó por Oakland rompiendo incontables ventanas, volcando contenedores y prendiéndolos fuego.

Un amigo comenta: ¿qué hay de queer en eso? La gente solo llevaba puesto negro y quemaba cosas en la calle. Respondemos: la práctica de vestirse de negro y destruir todo puede muy bien ser el gesto más queer de todos.

De hecho, toca el núcleo del asunto: queer es negar. En esta intersección de nuestros cuerpos desviados experimentamos con convertirse-muchedumbre [becoming-mob], problematizando nuestras propias fronteras corporales. Varitas mágicas de hadas, tiaras, martillos y máscaras fueron anexadas a nuestros miembros como prótesis peligrosas. Rocas, contenedores y vestidos de lentejuelas negras fueron profanados y puestos en uso —lanzados a través de ventanas, incendiados, y drapados sobre nuestros hombros como una interpretación más fabulosa del atuendo para disturbios. Nuestros umbrales del yo se disolvieron aún más en un suelo de vidrio astillado y basura humeante a través del campo de juego.

Sin vacilación, las personas queer deshicieron las restricciones de identidad al convertirse en autónomas, móviles, y múltiples con diferencia variable. Intercambiamos deseos, gratificaciones, éxtasis, y emociones tiernas sin referencia a las tablas de valor excedente de las estructuras de poder. Brazos musculosos construyeron barricadas y rompieron cosas al ritmo de himnos imaginarios de riot grrrl (¿o era La Roux?).

Si la tesis es correcta que el género es siempre performativo, entonces nuestras mismidades performadas resonaron con el género más queer de todos: el de la destrucción total.

A partir de ahora nuestros pronombres de género preferidos son el sonido de vidrio rompiéndose, el peso de martillos en nuestras manos y el aroma dulzón-asqueroso de mierda ardiendo.

¡Trátennos acorde a esto!

La marcha continuó su pillaje por Forbes, encontrándonos con algún aspirante a homófobo de poca monta que nos llama maricones. Antes de que pudiera darse cuenta de su error, le infligimos al imbécil un sadismo particularmente cruel. Le mostramos su error bajo una ducha de patadas, puñetazos, y una abundante rociada de gas pimienta. Antes incluso de tocar el suelo, la lógica immunitoria del biopoder fue vuelta del revés. Su poder para moldear nuestros cuerpos y exponernos a la muerte colapsó sobre sí mismo.

Sí, nuestros cuerpos han sido moldeados, pero en vasijas monstruosas de potencial y revuelta. Él fue hecho nuestro objeto en cambio y fue expuesto a nuestra violencia. Una amalgama de nuestra delincuencia cruda y deseos desagradables saturó sin disculpas las calles (y baños y hoteles y callejones) de Pittsburgh esta semana pasada. Con irresponsabilidad burlesca destruimos, follamos, luchamos, y nos extendimos por todo el terreno simbólico de la política, sincronizados únicamente por nuestra sed de desorden.

Usando nuestros cuerpos cabalgantes contra la restricción misma, no teníamos mensaje. Elegimos en cambio dejar ruinas de fronteras y un camino tangible de demolición. Nuestra liberación de aspiraciones violentas sobre hermanos homófobos y adicciones diarias sin vida se desbordó mientras perseguíamos estimulación adicional en cada uno. Nos mojamos y vinimos duro sobre un montón de dinero sucio, corrompiendo cada pulgada de esterilidad con el hedor de nuestros cuerpos sudando, doliendo con satisfacción impura. Nuestros cuerpos intrigantes y ávidos de placer entraron en conflicto con realidades inferiores y emergieron victoriosos. Dejamos huellas de lo más queers por todos los fragmentos rotos del capital que fueron bendecidos por nuestra presencia.

Dos preguntas surgieron este verano. En Chicago: «¿barricarse o no barricarse?» Y en Nueva York: «¿le importa a ella la insurrección?» el jueves respondió ambas, definitivamente, de manera afirmativa. A la pregunta de barricadas respondemos que solo nos concernimos correctamente con cómo hacerlas más altas, más fuertes, más terribles. A lo último, ofrecemos una forma de vida que podría leerse como reunión de barricadas y piernas sin afeitar.

Pero qué más: una síntesis de dildos en arnés, martillos, pelucas extraordinarias, ladrillos, fuego, gas pimienta, felaciones, fisting, y siempre ultraviolencia.

Bash Back!

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La llama, siempre viva, de la Revolución Social

20 Julio 2026 at 19:09

Entre el 18 y el 19 de julio se conmemora los actos en recuerdo del 90 aniversario del comienzo de la Guerra Civil. A la sombra de estos fastos, el movimiento libertario recuerda el estallido, en el verano de 1936, de la Revolución Social.

Este domingo, 19 de julio, se conmemora en muchos puntos de la geografía española el 90 aniversario de la Revolución Social. No se recuerda solo en España. La efeméride también se celebra en distintos países como Argentina, Francia, Italia, Chile, Grecia o Suecia, entre otros. En decenas de ciudades se han organizado charlas, exposiciones, seminarios de estudios, exhibiciones de películas producidas durante la Guerra Civil… Estas celebraciones pretenden rendir homenaje a lo que el movimiento anarquista internacional, pero no solo, recuerda como uno de los procesos revolucionarios más singulares del siglo XX: la Revolución Española.

¿Pero de qué revolución hablamos? Hablamos del proceso de transformación social acelerado que tuvo lugar en España a partir del 19 de julio de 1936, más concretamente en aquellas zonas del territorio español no controladas por Franco tras el alzamiento militar. Un proceso revolucionario en el que el movimiento libertario tuvo un papel destacado y para el que los anarquistas se habían estado preparando durante décadas.

Y es que, si hablamos de la presencia del anarquismo en el Estado español, tenemos que pensar que las organizaciones locales de inspiración ácrata vinculadas al movimiento obrero internacional, tuvieron una implantación considerable desde el último tercio del siglo XIX. A partir de ahí, ni los procesos de criminalización orquestados por el Estado, ni la pugna ideológica con los sectores marxistas, ni la conflictividad interna del propio movimiento, lograron que la cultura política anarquista dejara de tener cierta prevalencia en el seno del movimiento obrero español. Una cultura política, la libertaria, que ponía en el centro de su programa político la preparación para la revolución, ya no solo fomentando la autocapacitación cultural, ideológica y militante de cada trabajador o trabajadora afín, sino prefigurando el mundo del mañana a través de la paulatina consolidación de una institucionalidad autónoma que no solo pasaba por la conformación de sociedades obreras, sino que también tenía que ver con la urdimbre de ateneos, escuelas racionalistas, periódicos, editoriales o grupos naturistas, por citar solo algunos ejemplos, que insuflaban vida a ese mundo propio.

El crecimiento de la CNT y la proliferación de un movimiento obrero no sometido a directrices partidistas, autónomo y revolucionario, no fueron bien recibidos por el Estado y la patronal

En todo caso, y para entender todo lo que ocurrió a partir de julio de 1936, la creación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), ya en 1910, supuso un hito de consideración que explica cómo la articulación del anarquismo español en torno a una organización de masas, en este caso de carácter sindical, posibilitó que el movimiento libertario, paulatinamente minorizado a nivel internacional en el primer tercio del siglo XX, siguiera teniendo una implantación considerable en el seno del movimiento obrero español. Una pujanza que, en el plano interno, se vio asegurada por la toma de acuerdos que reforzaron el músculo sindical de la organización —como la creación de los Sindicatos Únicos (1918-1919)— y también se vio favorecida por el prestigio alcanzado por la organización anarcosindicalista tras el triunfo de la huelga de La Canadiense, que posibilitó la aprobación de la jornada laboral de 8 horas en el marco del Estado español.

Sin embargo, el crecimiento de la CNT y la proliferación de un movimiento obrero no sometido a directrices partidistas, autónomo y revolucionario, no fueron bien recibidos por el Estado y la patronal, quienes primero intentaron amedrentar a la militancia cenetista con la violencia terrorista ejercida por las bandas de pistoleros del Sindicato Libre (una violencia que, entre decenas de sindicalistas asesinados, se llevó por delante a dos secretarios generales de la CNT: Evelio Boal y Salvador Seguí), y luego, tras la llegada al poder de Miguel Primo de Rivera por la vía dictatorial, consiguieron la ilegalización del sindicato anarquista y el paso a la clandestinidad y exilio de buena parte de sus militantes más destacados.

Obreras de una fábrica de tejidos de Barcelona donan ropa para las milicias. Archivo Fundación Anselmo Lorenzo (CNT). Fundación Anselmo Lorenzo

La CNT en la segunda república

Tras más de ocho años de régimen dictatorial encabezado, primero, por Miguel Primo de Rivera, y luego por Dámaso Berenguer, la llegada de la II República (1931) fue saludada con esperanza por buena parte de los sectores populares, ansiosos de un cambio de régimen que ampliara las libertades políticas e hiciera frente a las desigualdades sociales. Sin embargo, la “república de trabajadores”, tal y como rezaba el artículo 1 de la Constitución republicana, demostró muy pronto su incapacidad para colmar las ansias de justicia social de una clase trabajadora cuyas organizaciones sindicales, la CNT y la UGT, reforzaron de manera considerable su implantación y número de cotizantes a partir del 14 de abril.

Sería precisamente en este contexto político de inestabilidad creciente, donde las tímidas reformas emprendidas por la República eran constantemente torpedeadas por los sectores reaccionarios y la amenaza fascista empezaba a cobrar forma, en el que la clase trabajadora empezó a dar fuste al proyecto revolucionario, movilizando sus demandas por la vía de la acción directa y sufriendo una dura represión por ello; los sucesos de Castilblanco, Arnedo, Alto Llobregat, Casas Viejas o Asturias, dan buena cuenta de lo anterior.

Fracasada la intentona golpista, el 19 de julio se abría un horizonte de posibilidades revolucionarias que los trabajadores y trabajadoras, y muy especialmente los hombres y mujeres del movimiento libertario

Sin embargo, serían las fuerzas conservadoras quienes darían el paso que pondría en jaque al régimen republicano. El 18 de julio de 1936, el golpe de Estado de una parte del ejército, apoyado por los sectores reaccionarios de la sociedad española y los regímenes fascistas de Italia y Alemania, consiguió imponerse en algunas zonas del Estado español, pero no logró su objetivo de aniquilar rápidamente cualquier conato de resistencia en los núcleos poblacionales de mayor peso. Por el contrario, en buena parte del país y a pesar de la oposición de algunos dirigentes republicanos a entregar armas al pueblo, las organizaciones obreras lideraron la respuesta al alzamiento, derrotando a los militares rebeldes en ciudades tan importantes como Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Málaga. 

En relación a lo anterior, y aunque a día de hoy siga vigente, en buena medida, la idea de que la respuesta al golpe de Estado por parte de las organizaciones populares fue prácticamente improvisada, la realidad es que en muchas localidades con fuerte implantación de la CNT y la FAI, el movimiento libertario había estructurado Comités de Defensa y Comités de Preparación Revolucionaria que, a la hora de la verdad, allanaron el camino para que la movilización obrera, también armada, contra el alzamiento fascista, acabara teniendo éxito.

Industria láctea socializada de Barcelona. Archivo Fundación Anselmo Lorenzo (CNT). Fundación Anselmo Lorenzo

Una transformación integral de la sociedad

Fracasada la intentona golpista, el 19 de julio se abría un horizonte de posibilidades revolucionarias que los trabajadores y trabajadoras, y muy especialmente los hombres y mujeres del movimiento libertario, quisieron experimentar de forma decidida, iniciando un proceso de transformación acelerada que afectó de manera profunda a todas las esferas de la sociedad española. 

En el plano económico, las organizaciones populares, con los sindicatos CNT y UGT a la cabeza, emprendieron un proceso de toma de control de los medios de producción que, bajo distintos regímenes de gestión obrera, favoreció que los resortes de la producción, la distribución y el consumo, tanto en las zonas urbanas como en las zonas rurales de la retaguardia antifascista, estuvieran en manos de los trabajadores y trabajadoras. Cambios radicales en la economía política del tejido productivo que involucraron tanto al sector público como al sector privado.

El proceso de colectivización afectó a las grandes empresas, incluyendo aquellas vinculadas a sectores industriales participados por el capital extranjero, pero también a fábricas, talleres y centros de trabajo de menor tamaño. En el ámbito rural, buena parte de las tierras abandonadas por los grandes tenedores, pasaron a ser gestionadas por las colectividades agrarias, muchas de las cuales, animadas por las organizaciones sindicales, jugaron un papel indiscutible en la mejora de las condiciones de vida de la población campesina y jornalera de las comarcas agrarias.

Hablamos, por tanto, de un proceso revolucionario, de base federativa y rápido desarrollo, donde fueron los trabajadores y trabajadoras, a través de sus organizaciones sindicales, quienes tomaron el control

Por otro lado, y aunque uno de los aspectos fundamentales del proceso revolucionario fue la transformación estructural de los sectores primario y secundario de la economía, no fue menor la impronta del programa sindical en el resto de esferas económicas, como el sector servicios y, más concretamente, en todo aquello relacionado con la cultura. Un buen ejemplo de lo anterior lo tenemos en las transformaciones acaecidas en el terrero de la enseñanza, que dejó de estar en manos de la Iglesia y tuvo tiempo de desarrollarse al amparo de instituciones donde la impronta de la pedagogía libertaria resultó incuestionable (como el Consejo de la Escuela Nueva Unificada, en Cataluña). Otro ejemplo es el sector del espectáculo, con industrias de alto desarrollo técnico, como la cinematográfica, donde el proceso de socialización se desplegó vertiginosamente, permitiendo, por ejemplo, que el Sindicato Único de la Industria del Espectáculo de la CNT produjera más de cuarenta películas en plena guerra civil. 

También la gobernanza política de las ciudades y pueblos de la retaguardia antifascista se vio alterada de forma radical. El estallido del conflicto armado y los cambios en la estructura de poder de muchos pueblos y ciudades, afectaron sobremanera al desarrollo habitual de las entidades locales en la España no controlada por Franco. No solo se crearon consejos municipales para sustituir a los antiguos ayuntamientos, sino que aparecieron nuevas instituciones —de vida efímera, eso sí— como el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, el Comité Interprovincial de Asturias y León o el Consejo Regional de Defensa de Aragón, presidido por el cenetista Joaquín Ascaso, que emanaron directamente de la situación política y social de los primeros meses de guerra. 

Hablamos, por tanto, de un proceso revolucionario, de base federativa y rápido desarrollo, donde fueron los trabajadores y trabajadoras, a través de sus organizaciones sindicales, quienes tomaron el control de buena parte de los resortes de la vida pública, descomponiendo rápidamente, aunque de manera parcial, la estructura de poder previa al 19 de julio y dando forma a una nueva sociedad donde el trabajo colectivo no tenía como finalidad enriquecer a una clase privilegiada, sino dignificar y cubrir todas las necesidades de la mayoría social.

Cargamento de estacas para el frente producidas por la industria socializada de la madera. Archivo Fundación Anselmo Lorenzo (CNT). Fundación Anselmo Lorenzo

La revolución en los frentes

Pero todas estas transformaciones revolucionarias, que amenazaban la estructura de las relaciones de poder consolidadas en la sociedad española tras siglos de dominación oligárquica, debían ser defendidas en los frentes de batalla. Para ello, los trabajadores y trabajadoras, algunos de ellos enconados pacifistas que durante años se habían opuesto a la guerra —fueron los anarquistas quienes organizaron el Congreso Internacional de la Paz (Ferrol, 1915)— y a la política colonial del Estado español —pensemos, por ejemplo, en los orígenes de la Semana Trágica (1909)—, se organizaron rápidamente en milicias populares que tuvieron la difícil tarea de hacer frente al ejército sublevado durante los primeros meses de guerra. Un ejército rebelde que, recordémoslo, contó desde primera hora con el apoyo de los regímenes fascistas de Europa (Alemania, Italia y Portugal).

En contraposición a este apoyo internacional al ejército sublevado, y al margen del papel jugado por las Brigadas Internacionales en defensa de la República, el eco de la Revolución Social en el plano internacional favoreció que una pléyade de voluntarios de la anarquía se incorporara, o bien en el frente o bien en retaguardia, a las filas de las organizaciones revolucionarias. Como consecuencia de lo anterior, cientos de militantes anarquistas, anarcosindicalistas y sindicalistas revolucionarios, procedentes de Italia, Alemania, Suiza, Francia, Suecia, Argentina y otros países, incorporados a la lucha y afiliados en origen a sindicatos y organizaciones libertarias solidarias con la CNT, contribuyeron con su esfuerzo, dando la vida en muchos casos, a la defensa de las transformaciones revolucionarias impulsadas por la clase trabajadora en el Estado español. 

En mayo de 1936, la CNT llegó a su IV Congreso (Zaragoza) con más de medio millón de afiliados, igualando, como mínimo, las cifras de afiliación de la Unión General de Trabajadores (UGT)

Más allá de su mayor o menos cercanía con el ideario ácrata, Camilo Berneri, Emma Goldman, Simone Weil, Georges Orwell, Carl Einstein, Clara Thalmann, Simón Radowitzky, Kati Horna, Margaret Michaelis o Mika Etchebéhère, son una decena de estos voluntarios internacionales de la revolución.

Tampoco fueron pocos los comités y organizaciones antifascistas que, repartidos por medio mundo, intentaron contribuir —a pesar de las dificultades generadas por sus gobiernos y el eco de la propaganda contrarrevolucionaria— al sostenimiento de la lucha desigual emprendida por las organizaciones del movimiento libertario español. Sin ellos, las fuerzas políticas y sindicales favorables al proceso revolucionario, hubieran estado completamente aisladas en el plano internacional, estando aún más desatendidas de armamento, apoyo financiero y soporte propagandístico.

Las organizaciones libertarias: músculo de la revolución

Aunque los principios, tácticas y finalidades revolucionarias formaban parte del ADN del movimiento libertario español desde sus comienzos, la implantación de las organizaciones ácratas había sido desigual según las épocas y los territorios, transitando, incluso, largos períodos de clandestinidad que dificultaron en grado sumo las posibilidades de intervención política, social y cultural de los y las anarquistas.

Sin embargo, en mayo de 1936 la CNT llegó a su IV Congreso (Zaragoza) con más de medio millón de afiliados, igualando, como mínimo, las cifras de afiliación de la Unión General de Trabajadores (UGT). Los importantes acuerdos tomados en ese congreso, junto con la implantación territorial y el músculo militante de los afiliados y afiliadas, posibilitaron que la organización anarcosindicalista fuera la espina dorsal del proceso revolucionario en buena parte de los territorios de la España antifascista (sobre todo en Cataluña, Levante y la zona de Aragón no controlada por Franco).

Junto a la CNT, la Federación Anarquista Ibérica (FAI), la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL), Mujeres Libres (que llegó a federar a 28.000 obreras en enero de 1938), Solidaridad Internacional Antifascista (SIA), los ateneos libertarios, las escuelas racionalistas, y todo el tejido de grupos y pequeñas organizaciones que se reconocían en la genealogía del anarquismo español (como, por ejemplo, la Federación Ibérica de Estudiantes Revolucionarios), experimentaron un notable desarrollo organizativo, contribuyendo de manera singular a la obra constructiva de la Revolución Social.

La pérdida de la guerra no solo supuso la imposición de un sistema dictatorial que vino a restaurar las relaciones de poder que había quebrado el proceso revolucionario

En todo caso, y para complejizar, el proceso revolucionario también fue sostenido por otros sectores políticos y sindicales que, conscientes de las posibilidades que para el conjunto de la clase trabajadora abría el escenario de guerra social, apostaron de manera decidida por la vía revolucionaria. En muchas zonas rurales, la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT) de la UGT jugó un papel destacado en el proceso de colectivización de tierras, poniendo en marcha grandes colectividades agrarias, muchas veces de la mano de la CNT, y oponiéndose, al menos en algunas zonas, a la política de contención revolucionaria de Vicente Uribe, ministro de Agricultura (PCE). También es conocida la apuesta revolucionaria del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM); una apuesta que, como sabemos, le costaría cara a partir de mayo de 1937.

Los frenos de la revolución

Sin embargo, no fueron pocos los problemas que tuvo que enfrentar la Revolución Social desde el primer momento. A los condicionamientos impuestos por la guerra, le hemos de sumar la oposición del capitalismo internacional y, en el plano interno, la labor contrarrevolucionaria de las fuerzas políticas a quienes, por distintas razones, incomodaban las transformaciones sociales puestas en marcha por los trabajadores y trabajadoras a partir del 19 de julio.

Los Sucesos de Mayo del 37, la disolución del Consejo de Aragón o la política de partido (comunista) desplegada por la mayor parte del comisariado en el seno del Ejército Popular de la República, son solo tres ejemplos de lo anterior; tres ejemplos, sí, que también nos hablan del papel jugado por el estalinismo en el transcurso de la guerra.

Tampoco podemos olvidarnos de otros asuntos que, sin duda alguna, contribuyeron a la irrupción de airados debates en el seno del movimiento libertario. Uno de ellos fue la obediencia al Decreto de Militarización de las Milicias Populares promulgado por el gobierno republicano a finales de septiembre de 1936. Pero sería la participación de militantes anarquistas, no solo en el gobierno de la República, sino en cientos de consejos municipales y otras instancias gubernamentales, el asunto más discutido entre la militancia libertaria en el otoño de la Revolución. Una decisión que no solo acabaría laminando la unidad de acción del movimiento libertario en un contexto político en el que se encontraba relativamente aislado, sino que acabaría refrendando las posiciones más hostiles a la CNT de una parte del anarquismo internacional.

La memoria de la revolución

La pérdida de la guerra no solo supuso la imposición de un sistema dictatorial que vino a restaurar las relaciones de poder que había quebrado el proceso revolucionario. Significó también la persecución y práctico exterminio de una cultura política muy singular, la representada por el movimiento libertario, que, como decíamos anteriormente, a principios de los años treinta ya se encontraba muy minorizada en el plano internacional. 

La memoria de la Revolución Española no solo se mantiene viva en el seno de la militancia libertaria actual, sino que ha servido de inspiración a otros movimientos sociales

Precisamente por lo anterior, por la conciencia de la importancia que tenía para el futuro el recuerdo de la revolución, los anarquistas, las anarquistas, no solo se preocuparon de salvar buena parte de la documentación producida durante la guerra civil por la CNT y la FAI, evacuándola al Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam, sino que, durante los años del exilio, procuraron mantener viva la memoria del proceso revolucionario, abordando un proceso de reflexión crítica que se tradujo, antes que nada, en la proliferación de un sinfín de relatos testimoniales que, de una manera u otra, vinieron a complejizar el relato de aquella experiencia histórica.

Unas décadas después, sería justamente esa memoria revolucionaria, esa conciencia colectiva de la vigencia del legado de prácticas y experiencias de la Revolución Social, uno de los factores clave que explica cómo la CNT mantuvo su coherencia en el contexto de la llamada Transición; una conciencia colectiva que, recordémoslo, ayudó también a que la militancia anarcosindicalista sostuviera al mismo tiempo un empeño, no menor, en el marco de una sociedad capitalista con capacidad para disciplinar la disidencia a través de su asimilación: el afán de impedir que el anarquismo se convirtiera en una moda política más, el afán de hacerlo valer como una herramienta útil, ya no solo para el conjunto de la clase trabajadora, sino de todos los sectores sociales desposeídos.

Sea como fuere, la memoria de la Revolución Española no solo se mantiene viva en el seno de la militancia libertaria actual, sino que ha servido de inspiración a otros movimientos sociales que, por un lado, se siguen reconociendo en esa tradición libertaria, y, por otro, han aterrizado en su quehacer político buena parte de los principios organizativos de los que tradicionalmente han hecho gala las organizaciones anarquistas. Un legado, también, que atraviesa fronteras y forma parte de la genealogía política de luchas tan dispares como las emprendidas por las mujeres del Kurdistán, los zapatistas mexicanos o la miríada de organizaciones sindicales de matriz revolucionaria que se reparten por todo el mundo.

Juan Cruz López
Fuente: https://www.elsaltodiario.com/guerra-civil/llama-siempre-viva-revolucion-social

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La figura de Andrés Nin en la Revolución Española

20 Julio 2026 at 18:54

Andrés Nin fue el intelectual leninista más importante del periodo republicano y encabezaba el Partido Obrero de Unificación Marxista cuando los servicios secretos soviéticos lo asesinaron cumpliendo órdenes del “líder supremo”. Su escandalosa desaparición tuvo gran trascendencia allende las fronteras españolas, sobre todo en el ámbito de la izquierda europea, que comenzó a tomar seriamente en cuenta los métodos criminales del estalinismo. La causa de la República resultó perjudicada. Podríamos decir que el homicidio de Nin fue para la República la losa que fue el asesinato de García Lorca para el bando franquista. En el lado republicano su muerte significó un punto de inflexión en la influencia del Partido Comunista; puesto en fuera de juego el enemigo común -el proletariado anarquista- sus aliados de la víspera -republicanos, socialistas de la derecha y nacionalistas vascos y catalanes- comenzaron a tomar distancias y poner trabas a su progresión. Si el ascendiente comunista aumentaba, la suerte de Nin podía ser la de cualquiera que señalaran las marionetas de Stalin. De hecho, lo que pasó a Nin se convirtió en el trasfondo no declarado de todo movimiento político durante lo que quedó de guerra.

Nin trabajó de maestro, periodista, traductor, viajante de comercio y escritor, y militó de muy joven en las filas republicanas y socialistas, y llegando a presidir el Sindicato de Profesiones Liberales de la CNT. El momento decisivo en la vida y la trayectoria política de Andrés Nin fue su encuentro con la Revolución Rusa, que lo dejó subyugado. Había ido a Rusia como delegado de la CNT cuando fue seducido por la fría determinación de los bolcheviques a pesar de la persecución de cualquier organización ajena y a pesar del terror y el hambre que se enseñoreaban del país. No se sumó a la protesta que algunos delegados extranjeros emprendieron contra la persecución de los anarquistas. La sangrienta represión de los marinos de Kronstadt y del movimiento makhnovista tampoco le conmovieron. Permaneció en Rusia como alto funcionario de la Komintern y de la Internacional Sindical Roja además de miembro del partido y del soviet de Moscú, pero al implicarse en las luchas internas de partido al lado de Trotsky cayó en desgracia, acabando excluido del partido comunista, amenazado con prisión y expulsado de la URSS. Volvió a España cuando terminaba la dictadura de Primo de Rivera, muy dogmatizado, dispuesto a organizar con unos pocos colegas el auténtico partido marxista de la clase obrera mediante el ingreso en una Oposición de Izquierda creada en Bélgica por un grupo de emigrados españoles dentro de la ortodoxia trotsquista. Al final, logró fundar un partido minúsculo, la Izquierda Comunista de España, sin el menor peso en los acontecimientos coetáneos, pero con una fuerte actividad teórica, fiel al “método marxista de análisis de las situaciones objetivas”.

Nin afirmaba rotundamente que en España nunca había habido una revolución democratico-burguesa. La proclamación de la República no lo fue. Las contradicciones de la burguesía -y eso también lo decían los anarquistas- no tenían solución en el marco del capitalismo, por lo que la misión de los verdaderos comunistas, una vez disipadas las ilusiones democráticas, consistiría en empujar a los trabajadores a realizar la revolución –y de paso resolver el “problema catalán”- que ni la burguesía ni la pequeña burguesía eran capaces de hacer. Ningún otro partido ni ninguna central obrera podría llevar a buen puerto la tarea. El Partido Comunista oficial era un peón de Moscú sin visión política propia y la CNT, una pandilla de reformistas y aventureros. Sin “un partido comunista potente, cerebro y guía de la revolución”, sin soviets ni juntas revolucionarias en vez de sindicatos, la victoria de las masas explotadas no sería posible. Hacía falta una unidad de acción que podría efectuarse a través de comités de fábrica elegidos por los trabajadores, sindicados o no. El comité sería el embrión del soviet. Todavía, después de dos insurrecciones anarquistas, consideraba que el problema de la lucha por el socialismo era, aparte del partido dirigente, la organización de masas, es decir, el soviet. Ciertamente, Nin aplicaba rigurosamente el modelo bolchevique. Como buen trotsquista consideraba un deber defender a la Unión Soviética en tanto que estado obrero socialista, aunque degenerado por la burocracia, y no lo que era en realidad, la plena expresión de un capitalismo burocrático de estado.

A pesar del corsé ideológico, el instinto revolucionario de Nin le ayudaba a captar la realidad con algo de acierto. En la cuestión nacional eslava se puso del lado de Bakunin. Intuyó antes que nadie la evolución de la mayor parte de la burguesía hacia el fascismo. Lo que le llevó a pedir un frente único de todas las organizaciones proletarias y a entrar en las Alianzas Obreras que se constituyeron en 1934. El fracaso de la revuelta de Octubre vivido de cerca le dio materia para reflexionar. Con fe de carbonero, pensaba que sin un partido revolucionario ninguna revolución era posible, así que lo más urgente era crear uno y no hacer “entrismo” en el partido socialista como recomendaba Trotsky. Entonces, la opción más realista llevaba a la fusión de la pequeña ICE con el Bloque Obrero y Campesino de Joaquín Maurín, un partido de comunistas disidentes y ex miembros del Estat Català de Francesc Macià. El nuevo partido, que contaba con unos pocos miles de afiliados, fue bautizado pomposamente como POUM. El tacticismo que caracterizó los primeros momentos del partido contrariaba el ultraizquierdismo aconsejado por Trotsky, quien no dudó en llamarlo “partido de traidores patentados”. En fin, la segunda parte de la revolución burguesa, la que debía detener al fascismo condujo el partido hacia el Frente Popular, con lo que la ruptura con Trotsky fue definitivamente rematada. Este dirá: “El pacto con el Frente Popular es un documento vergonzoso. Fimar-lo es una traición al proletariado en beneficio de una alianza con la burguesía.” Sin embargo, el triunfo en las urnas de las candidaturas frentepopulistas según el “traidor” Nin, no detenía el proceso revolucionario porque la burguesía no conseguiría consolidar su dominio de clase. Más pronto que tarde el proletariado se plantearía la conquista del poder, puesto que las condiciones para ello no tardarían en madurar. En adelante, la lucha no ocurriría entre la democracia y el fascismo, sino entre el el fascismo y el socialismo, es decir, entre la burguesía y el proletariado.

El contra-levantamiento obrero del 19 de Julio radicalizó los análisis de Nin. Al marchar por las Ramblas de Barcelona armas en mano, codo a codo con los obreros anarcosindicalistas, sus rígidos esquemas bolchevistas se tambalearon. El hecho de que Maurín quedara oculto dentro de la zona en poder de los sediciosos lo obligó a ocupar la secretaría del POUM, desde donde reformularía por la izquierda la estrategia del partido. En el mitin de septiembre en el Gran Price afirmó que ya no era necesaria la revolución democrática puesto que el proletariado la había hecho de golpe, cuestión catalana incluida, por lo que la pequeña burguesía no era indispensable. Contra la tentativa desesperada de la burguesía para salvar su dominio recurriendo al fascismo, no cabía otra que la revolución social. En consecuencia, la guerra y la revolución eran inseparables. El proletariado, que no combatía para defender la república burguesa como decía el PCE, debería luchar por una república socialista. No era de extrañar que en aquellas circunstancias Nin creyera que las organizaciones proletarias con la conciencia más clara de la realidad del momento y con el mayor espíritu revolucionario fueran la CNT y la FAI. Urgía un acuerdo con los “compañeros” anarquistas. Las discrepancias, antaño irreductibles, ahora tenían solución. Algunos puntos esenciales fueron revisados. Por ejemplo estos: la temida dictadura del proletariado no era más que la democracia obrera tal como la practicaban los sindicatos, organismos adecuados que volvían innecesarios a los soviets.

Por desgracia, la fuerza insuficiente del POUM para practicar el giro radical ninista –descontadas las reticencias de la mayoría bloquista- obligaba al partido a hacer concesiones si no quería aislarse. Así, pretextando que la revolución socialista también podía impulsarse desde la Generalitat, solicitó la entrada en el Govern, una fachada de cartón piedra que la prensa poumista convirtió en un “gobierno de transición revolucionaria”. Sin embargo, el ascenso del partido estalinista gracias al chantaje de la ayuda militar rusa desencadenó una agresiva campaña difamatoria contra el POUM, tachando a sus miembros de trotsquistas, provocadores y agentes del fascismo. Nin, destituido del cargo de consejero de justicia en diciembre por exigencias comunistas, reaccionó denunciando al reformismo, “la representación de la burguesía dentro de la clase trabajadora” que encarnaba el comunismo oficial, pidiendo asilo para Trotsky y exigiendo “un gobierno obrero y campesino”. A pesar de la coincidencia con la CNT en lo relativo a “la apreciación del carácter del momento revolucionario actual y el papel de la clase trabajadora”, por culpa de las aprensiones antimarxistas de los libertarios -en parte justificadas- y también por la escasa importancia del POUM -un partido minoritario demasiado exhibicionista que no apoyaba las colectivizaciones- la relación entre ambas organizaciones no funcionaba. La consigna de “Frente Obrero Revolucionario” o la más explícita de “CNT-POUM” caían en saco roto. Pero el hecho de que las conquistas proletarias del 19 de Julio se fueran perdiendo y la hegemonía de la CNT se fuera quebrando, sacudió libertarios y abrió nuevas posibilidades de entendimiento. El descontento por la militarización de las columnas milicianas, la disolución de los comités locales de defensa y el intento de supresión de las patrullas de control halló su portavoz en el diario vespertino “La Noche”, dirigido por Jaime Balius, antiguo redactor de la Soli y cabeza visible de la Agrupación “Los Amigos de Durruti”. Balius denunciaba los avances de la contrarrevolución y clamaba contra las concesiones y la pasividad de la CNT, algo con lo que Nin no podía estar más de acuerdo y que hizo constar en las páginas del órgano del partido “La Batalla”. En la conferencia de marzo en el Principal Palace Nin llegó a decir que “el anarquismo es una expresión del espíritu revolucionario con el cual coinciden los hombres del POUM” y Balius reprodujo sus palabras en “La Noche”. A finales de abril,en una conferencia en la Sala Mozart, Nin dijo: “estamos más cerca de la FAI que del PSUC, pero a la CNT le falta una doctrina del poder…”. Andrade, el segundo de Nin, que poco antes había tratado a la Columna de Hierro de atajo de maleantes incontrolados, también “se sentía más próximo a los camaradas anarquistas que a los de los otros partidos”, se mostró de acuerdo con los puntos programáticos del manifiesto que Los Amigos de Durruti pegaron en abril por las calles de Barcelona. En particular, la consigna durrutista de Junta Revolucionaria parecía coincidir con la consigna poumista de Comité de Defensa de la Revolución. El primero de Mayo de 1937 Nin proclamó como objetivo necesario de las masas populares el gobierno obrero y campesino y la revolución social.

Durante los Sucesos de Mayo, con la salvedad de la sección de Sabadell, el POUM se puso del lado de los trabajadores insurrectos y Los Amigos de Durruti lo felicitaron por ello en una célebre octavilla que “La Batalla” reprodujo. Las conversaciones entre unos y otros fueron produciéndose, pero la CNT, lejos de ponerse al frente del movimiento y “conquistar el poder” hacía todo lo posible por pararlo. No quería alterar el statu quo, sino situarse mejor en él. Al POUM, falto de cohesión interna y sin fuerza suficiente para ponerse al frente de un movimiento espontáneo, no le quedó más opción que seguirla y dar la orden de retirada a sus militantes. Los Amigos de Durruti eran solamente unos centenares, insuficientes para cambiar la orientación de la jerarquía confederal. El objetivo estratégico principal de Nin era la alianza con los comités dirigentes cenetistas y faistas, y como estos habían desautorizado a Los Amigos de Durruti, de poco podía servir la entente con estos, si además eran contrarios a “tomar el poder” en la Organización y no querían implicarse con un partido lleno de pretensiones vanguardistas obsesionados con la dictadura del proletariado. La posición maximalista de Nin -formar un frente común con los anarcosindicalistas e ir a la conquista del poder- tropezó con la dirección atemorizada de la CNT y la FAI, totalmente colaboracionista y contraria a cuestionar la legitimidad de las instituciones republicanas.

Largo Caballero dimitió, jefe del Gobierno de la República, dimitió entre otras cosas por no aceptar la ilegalización del POUM tal como insistentemente pedían los estalinistas. Su sucesor Negrín no tuvo tantos escrúpulos. La campaña de insultos y calumnias en la prensa nacional e internacional simpatizante o de obediencia moscovita llegó al paroxismo. El delirio denigrador estalinista se igualaba con el furor nazi contra los judíos. Parecía que se estaba en el epílogo del los Procesos de Moscú, y de hecho era eso. Finalmente, el POUM fue declarado fuera de la ley. Primero, se suspendió “La Batalla”, i después, fueron saqueados e incautados sus locales, la emisora y el resto de publicaciones. Los militantes fueron perseguidos, encarcelados y algunos fusilados. La Cárcel Modelo llenó una de sus galerías con prisioneros del POUM. La 29 División, que agrupaba a las milicias del partido, fue desmantelada. Una policía especial madrileña vendría para hacerse cargo del Comité Ejecutivo del partido. Nin fue detenido en la sede del comité, apartado y conducido a Madrid, donde lo pasearon por varias checas. Al final, se lo llevaron a los sótanos de un chalet situado en las afueras de Alcalá de Henares, donde se sabe que agentes de la NKVD lo torturaron para lograr que confesara ser un espía de Franco, al estilo de los procesos arriba mencionados. No lo consiguieron, y simulando de mala manera un rapto, lo introdujeron en un automóvil y lo asesinaron en algún lugar de la carretera de Perales de Tajuña.

Los verdugos mataron alevosamente a un revolucionario de los más firmes, honestos, talentosos y clarividentes, pero no consiguieron enlodar su figura, bien al contrario, su lección de coraje ante los sicarios fue un ejemplo para todos los verdaderos rebeldes. La gran indignación provocada por su muerte acarreó la condena moral absoluta de los asesinos y sus cómplices. Para Albert Camus, el crimen “constituyó un giro en la tragedia del siglo XX, el siglo de la revolución traicionada.”

Miquel Amorós
Charla del 17 de julio de 2026 en el Ateneu 24 de Juny, Girona.

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Poder e institucionalidad en la revolución española

20 Julio 2026 at 18:46

Introducción  

Focalizaremos este trabajo en el análisis del poder y particularmente de la configuración y combinación de los distintos tipos de poder social y de sus formas institucionales relacionadas. Indagaremos cómo estos temas fueron abordados en el proceso revolucionario iniciado en España en 1936 y concretamente, en el cómo fueron resueltos los mismos, por un cierto sector del anarquismo español, entendiendo que su exploración crítica nos puede servir, asimismo, como campo de reflexión para renovadas hipótesis anarquistas de emancipación social.

Del poder y sus configuraciones en la España revolucionaria

Con el propósito de encuadrar conceptualmente nuestro trabajo, nos tomaremos unos párrafos para discernir desde qué perspectiva abordaremos la cuestión del poder, para pasar luego, a sus implicancias en la experiencia española. 

Desde aquí, entendemos por poder a toda relación social que se ejerce entre sujetos o fuerzas sociales de manera dinámica y que establece en base a su ejercicio, prácticas y formas sociales y/o políticas concretas. Tomando en cuenta esta definición genérica, se puede decir, que, por un lado, todo aquel ejercicio relacional que permite que el poder circule sin que sea apropiado o monopolizado opresivamente por ningún agente o agentes en particular y que dé lugar e instituya, asimismo, al desarrollo de la autoactividad, la autorregulación y la reciprocidad de manera generalizada, constituye la base de lo que podemos denominar como poder social. Por el contrario, se puede estipular, que aquellos ejercicios que impiden tal circulación y que concentran y/o cristalizan en sujetos, fuerzas o instituciones, asimetrías subordinantes, constituirían la plataforma de lo que conocemos como poder dominante o directamente dominio o dominación. Estas nociones nos son importantes para percibir el carácter productivo, estratégico y complejo y no meramente coercitivo, represivo y estanco del poder.

Dicho esto, nos interesa ahora abordar distintas configuraciones que se plantean concretamente desde la dimensión del poder social y el cómo, las mismas, se manifestaron, a nuestro criterio, en el derrotero español, analizando, a su vez, qué actitud tuvieron los anarquistas al respecto. Partiremos, entonces, de tres categorías configurativas que nos parecen claves para entender los procesos revolucionarios que, si bien, pueden estar interrelacionadas, tienen, asimismo, características distintas y específicas. Hablamos concretamente de los conceptos de poder popular, poder local y doble poder.

El primero de ellos, el poder popular, implica la construcción por parte de las clases oprimidas y explotadas, de su propia fuerza social alternativa y antagónica que confronta al de las clases dominantes, constituyendo, en su desarrollo, espacios, territorios, mecanismos y organismos, así como también, una cultura y una subjetividad, que prefiguran y sustentan un proyecto emancipatorio. Partiendo de estas premisas, es importante remarcar que el poder popular como tal, en tanto proceso, se desarrolla tanto antes, durante y después de un contexto de ruptura revolucionaria. Por lo tanto, el poder popular acumula fuerzas, prefigura, disputa y construye un nuevo marco de relacionamiento y articulación social, proyectándose para intentar a llegar a ser lo más amplio posible, es decir, procurando abarcar la totalidad social y no para demarcarse sólo como un “islote de libertad”.

La otra configuración, el poder local, resumidamente, se sostiene sobre la constitución de ámbitos concretos territoriales donde se desarrolla la capacidad de autoactividad social de manera alternativa y en disputa con la institucionalidad dominante. Se trataría de las llamadas “zonas liberadas” pero que pueden no articularse a priori, en tanto microespacio, con un proyecto global transformador. En este sentido, podemos decir, que el poder local es abarcado por la idea de poder popular, pero como vimos, éste último, no se limita sólo a una localización territorial, aunque ésta sea importante.

Por último, el doble poder, se nos presenta como el proceso en el que coexisten de manera conflictiva, transitoria e inestable dos estructuras de poder antagónicas e incompatibles que asumen para sí la legitimidad social y que entran en disputa, ahora sí, en una situación de crisis revolucionaria. Y justamente, por su carácter transitorio e inestable (dada la imposibilidad de coexistencia duradera y pacífica de las fuerzas y organismos en pugna) implicaría una resolución de corto plazo, sea por la reimposición del orden instituido dominante o por su desplazamiento por parte del organismo alternativo de las fuerzas revolucionarias. Es importante agregar, al igual que lo hicimos con respecto al poder local, que el doble poder no es contradictorio al poder popular. El doble poder deviene o puede devenir de una construcción de poder popular previa, pero como dijimos, éste (el poder popular) abarca otros elementos y que, en su constitución, no necesariamente implica la conformación de un organismo articulador integral, aunque puede prefigurarlo, así como tampoco es necesaria una situación o crisis revolucionaria para su desarrollo.

Ahora bien, ¿para qué nos sirve visualizar estas configuraciones en el caso español? En principio para entender que todas, de manera combinada, se han manifestado, ya sea de manera concreta, transitoria o en estado de latencia y que pocas veces se ha señalado su importancia conjunta a los fines de analizar de mejor manera los avatares que ha tenido esta experiencia, fundamentalmente en su etapa revolucionaria.

Es importante destacar, que ya desde las primeras décadas del siglo XX, el anarquismo español, a través de su organización de base proletaria, la CNT (Confederación Nacional del Trabajo):

(…) logró que su cosmovisión, su cultura, fuera aceptada por grandes capas de la población obrera de la época. Y así fue creando una contrahegemonía, que la gente de la época entendía como una “sociedad paralela”, una sociedad en construcción, un pueblo en movimiento. Esta sociedad nueva se basaba en la acción sindical y social de los sindicatos y sociedades obreras, en la acción cultural de los ateneos y escuelas racionalistas, en la incansable propaganda de su prensa y sus revistas (…) que crearon un magma enorme de iniciativas libertarias. [1]

Si a esto le sumamos las intensas luchas y movimientos insurreccionales que alborotaron todo el período previo al contexto de 1936 podemos vislumbrar la potente antesala en términos de fuerza y experiencia acumulada del proletariado anarcosindicalista, que luego, supo ponerse de manifiesto en el contexto que siguió a la derrota primaria del levantamiento golpista de las fuerzas fascistas del general Franco. Lo cierto, es que, ya suscitados los iniciales combates, fueron emergiendo distintas combinaciones de poder social que fueron adoptando distintos formatos:

Allí donde la insurrección [de las fuerzas golpistas] fue aplastada, no resultó la única vencida. Entre su ejército rebelado y las masas populares armadas, el Estado republicano había saltado en pedazos. El poder se había literalmente desmoronado y, en todos los lugares en que los militares habían sido aplastados, había pasado al pueblo, donde grupos armados resolvían sumariamente las tareas más urgentes (…) Cierto es que el gobierno republicano existía, y que ninguna autoridad revolucionaria se levantaba como rival declarado de la suya en esa zona que los corresponsables de izquierda bautizaron muy rápidamente con el nombre de “zona leal” (…). Sin embargo, poco a poco, entre las gentes que se habían lanzado a la calle y el gobierno fueron apareciendo órganos de poder nuevo que disfrutaban de una autoridad real y se apoyaban, a menudo, tanto en el gobierno como en la fuerza popular. Éstos fueron los innumerables comités locales y, en la escala de las regiones y de las provincias, verdaderos [auto] gobiernos. En ellos residía el nuevo poder, el poder revolucionario que se organizaba apresuradamente para hacer frente a las enormes tareas inmediatas y remotas, la realización de la guerra y la reanudación de la producción en plena revolución social (…). Todos los comités, cualesquiera que fuesen sus diferencias de nombre, de origen, de composición, presentaban un rasgo común fundamental. Todos, en los días que siguieron a la sublevación, se apoderaron localmente de todo el poder, atribuyéndose funciones lo mismo legislativas que ejecutivas, decidiendo soberanamente en su región (…) [y su] autoridad se apoyaba en la fuerza de los obreros armados y a los cuales de buen o mal grado obedecían los restos de los cuerpos especializados del antiguo Estado. [2]

Esta cita de Pierre Broué y Émile Temime, nos muestra las distintas configuraciones de poder, fundamentalmente locales, en el inicio de la situación revolucionaria y el potencial de sustentación de doble poder, dentro de los cuales la CNT y su denominada minoría activa, la FAI (Federación Anarquista Ibérica), tuvieron un rol protagónico en muchas zonas de España. Ahora bien, prosiguen los mencionados autores: “Lo que era verdad a escala local ya no lo era totalmente a escala regional, donde se enfrentaban o coexistían poderes de origen diverso”. [3]

Efectivamente, el proceso iniciado había generado una situación tensional de dualidad de poderes, uno real, el de los comités, el pueblo en armas y el de los distintos organismos sostenidos por las fuerzas proletarias. Y uno “legal” de los todavía y aunque prácticamente desarticulados restos del Estado republicano. Pero la posibilidad de constitución de una estructura articuladora de esas iniciativas locales a nivel regional y luego a nivel nacional que cuajara efectivamente en una composición de doble poder revolucionario y que pusiera en jaque definitivo y terminal a las instituciones del régimen burgués, se vio truncada por las posiciones de ciertos referentes anarquistas. Si bien en algunas regiones, particularmente en Cataluña, se habían generado organismos que se podrían caracterizar como constitutivos de poder dual, por caso, el Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA), después de un período corto de inestable equilibrio conflictivo, éste, terminó amoldándose a una coexistencia “reconocedora” de la Generalitat, que prácticamente determinó una semi integración con ésta última, para luego, directamente, terminar disuelto fortaleciendo nuevamente el aparato estatal.

Así describe, Jesús Aller, el curso de los acontecimientos:

La situación entraba en un callejón sin salida, (…) a finales de agosto [del `36] un pleno del movimiento libertario catalán admite participar en el gobierno y liquidar el CCMA, [que finalmente se concreta el 10 de setiembre]. (…) [Pocos días después] comienza a plantearse también la posibilidad de que la CNT entre en el gobierno de Madrid, [que se consumaría en noviembre con Largo Caballero] lo que refuerza los pasos que se daban en Cataluña (…). Lo que en la prensa libertaria se publicita entonces como un golpe definitivo al Estado, que habría pasado a ser una simple fachada, significará en realidad el comienzo del fin, un estrangulamiento progresivo del poder de los comités y un robustecimiento paralelo de la maquinaria gubernamental. [4]  

Alguno, desde una perspectiva reduccionista diría, “no se tomó el poder”, ahora, si, como venimos argumentando, sostenemos una visión no instrumental del mismo y si no reducimos el poder simplemente a los aparatos del Estado, lo que podemos decir es que lo que no se resolvió finalmente, fue la articulación superadora del ejercicio disperso de los poderes que efectivamente se ejercían en acto a través de los comités, colectividades y otros órganos embrionarios de carácter revolucionario. Y esto no implicó una simple claudicación sin más; esto denotó, una mala caracterización del proceso que se estaba gestando, así como una errada conceptualización por parte de ciertos referentes cenetistas y faístas de la compleja relación entre poder e institucionalidad.

Poder e institucionalidad

Todo poder, en tanto configuración relacional, dijimos, se manifiesta en ejercicio y el mismo, hace explicito, a su vez, determinadas prácticas y formas concretas que lo organizan y por ende lo instituyen. Asimismo, de acuerdo al contenido de la relación de poder, ésta, definirá la lógica y el formato de su expresión articuladora o, dicho de otra manera, de su institución.

Es importante destacar, que esta trama es inherente a toda formación social por ser ésta última, en todo tiempo y lugar, un entramado de relaciones sociales, por lo que, así como no podría existir sociedad sin poder (o sin relaciones de poder), tampoco existiría sociedad sin institución.

Por todo esto, vislumbrar el vínculo inescindible entre poder e institución se torna fundamental a los efectos de entender la dinámica sistémica propia de toda estructura social en un determinado contexto histórico, así como, en su defecto, para llevar adelante planteos y/o proyecciones de intervención transformadora en la misma. Del mismo modo, se hace decisivo, discernir, que, así como no toda relación de poder configura dominación per se, no toda institución está atravesada por la marca estatal como suelen plantear algunas interpretaciones. Efectivamente, como se ha dicho, el contenido de la relación define, en su ejercicio, la forma en que se explicita o en la que toma existencia concreta.

En este sentido, podríamos tomar, a los consejos y comités que fueron surgiendo al calor de las jornadas que se sucedieron a partir del 19 de julio de 1936, como formas embrionales de institucionalidad de nuevo tipo, producto de un proceso de experimentación de un poder colectivo socializado y, al Estado, como el paradigma institucional, en términos genéricos, de la forma que adopta un marco de relaciones de poder sustentadas desde el dominio. Así:

El Estado existente, real e institucional, no es reducible [solamente] a la organización o al conjunto de los “aparatos de Estado” que lo componen (…). Para existir el Estado exige la organización del mundo social y político sobre su propio modelo o paradigma que a su vez supone una cierta idea de poder como causa (…) [5]

Por consiguiente:

Con la alienación del poder nace el poder político dominación que es, en realidad, el resultado de la expropiación de la capacidad simbólico-instituyente [del todo social] por una minoría, clase o grupo especializado. [6]

Éste es el marco, entonces, de configuración general del Estado y nos sirve, nuevamente, para entender la característica relacional de contenido y forma en nuestras sociedades y una vez más, el vínculo entre poder e institución

El anarquismo, como corriente de praxis político-emancipatoria, nunca subestimó la necesidad de instituciones, aunque claramente, no desde un formato que cristalice y reproduzca relaciones de dominio como es el Estado. Sin ir más lejos, allá por 1924, Errico Malatesta planteaba que: “La revolución es la creación de nuevas instituciones, de nuevos agrupamientos, de nuevas relaciones sociales (…). [7] Y seguramente, el federalismo, como formación político-organizativa, haya sido uno de los aportes con el que los anarquistas más han insistido, tanto para una etapa prefigurativa, como para el momento de constituir una nueva forma de articulación social instituyente postrevolucionaria. Ahora bien, no creemos, a diferencia de otros analistas, que éstos u otros lineamientos propios de la corriente ácrata, hayan sido los que comprometieron el derrotero de la revolución española. En nuestro caso, ponemos el énfasis en las caracterizaciones y definiciones tomadas por ciertos referentes del anarquismo español, sabiendo igualmente, que otros factores y otros responsables, seguramente mayores, incidieron en el desenlace de la experiencia analizada.

Entonces, en los términos señalados y retomando el objeto de análisis, se puede contemplar, de parte de los referentes indicados, una mala visualización sobre el carácter de la situación latente de doble poder y de su complejidad, dado que además del antagonismo entre el bando militar fascista y el bando republicano, existía otro, dentro mismo de las fuerzas republicanas. Como dice Wayne Price:

La maquinaria del Estado oficial había sido dejada virtualmente sin poder alguno mientras que las organizaciones populares combatían al fascismo y dirigían la economía. La cuestión principal de la revolución era la relación entre las organizaciones populares y el Estado republicano. (…) Una situación de doble poder se debe resolver de una manera u otra. [8]

En efecto, derrotado el primer foco de la sublevación militar y cuando tuvieron cara a cara al Estado prácticamente hecho pedazos, se optó, derivado de conceptualizaciones erróneas, por dejarlo con vida a pesar de que tenían todo para desarticularlo completamente – producto de una correlación de fuerzas favorable – e imponer en su lugar la confluencia unificada de los organismos revolucionarios que iban surgiendo. En palabras de García Oliver, uno de los líderes de la CNT-FAI: “La elección era entre Comunismo Libertario, que significaba una dictadura anarquista y democracia, que significaba colaboración”. [9] Y efectivamente optaron por la colaboración, no concibiendo que el peso hegemónico del anarquismo a través de su desarrollo y fuerza organizativa, no necesariamente debía constituirse en una dictadura si se optaba por la coordinación democrática con las otras fuerzas revolucionarias tomando en cuenta, por supuesto, el peso proporcional de influencia popular de cada organización.

El Estado, entonces, fue recuperando paulatinamente sus fuerzas, subordinando cada vez más a los organismos proletarios e integrando a los referentes anarquistas dentro de su dinámica, mientras en paralelo, el proceso revolucionario iba perdiendo densidad bajo los términos de la guerra civil sin más. Notoriamente, esto fue socavando el ímpetu y la efervescencia combatiente del pueblo en armas, hasta llegar a los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona que muchos puntualizan como el marco concreto de entierro final del desarrollo emancipatorio y libertario, para dar lugar a la guerra ya del Estado republicano prácticamente rearticulado y las fuerzas fascistas, que, finalmente, culminaría con el desenlace victorioso de las huestes del general Franco en 1939.

Gastón Leval señala, en este contexto, el fiasco de la cima, la de los “hombres conductores”:

Hablo de los militantes anarquistas notorios, de los que en el lenguaje corriente son llamados líderes. El anarquismo español los tenía, (…). Desde el principio fueron absorbidos por cargos oficiales que aceptaron pese a su tradicional repugnancia por las funciones de gobierno. La unidad antifascista les dictaba esta actitud. Era necesario acallar los principios, hacer concesiones transitorias. Permanecían al margen de la gran empresa reconstructora en la que el proletariado encontrará enseñanzas preciosas para el porvenir. Por cierto, les habría sido posible aportar algunos consejos útiles, exponer normas generales de acción y coordinación. No lo hicieron. (…) ¿Entonces cómo fue posible, a pesar de todo el éxito? [De las realizaciones revolucionarias, mientras duraron]. La razón (…) la capacidad del pueblo que ha permitido realizar la maravillosa obra de las colectividades agrarias y de las organizaciones industriales. [10]

Una vez más suenan aquí los ecos, independientemente del nombre, de la idea del poder social-popular como praxis autoinstituyente a la que el anarquismo español no le fuera esquivo y que fuera, incluso, su marca distintiva. Sin embargo, éste, a través de las posiciones tomadas por sus “conductores”, al decir de Gastón Leval, quedó sin resolver en términos de una nueva formación alternativa de carácter integradora frente al alicaído Estado burgués, planteando aquí también el déficit de cuadros revolucionarios de carácter integral. Ahora, ¿hubo algún otro planteo alternativo que contrarrestara esta última orientación?

Hacia 1938, la organización “Los Amigos de Durruti”, agrupamiento iniciado por ex miembros de la columna Durruti que se opusieron a la militarización de las milicias populares, denunciando asimismo, las políticas colaboracionistas de la cúpula de la CNT-FAI, lanzó un programa que se conoció como “Hacia una nueva Revolución” y que entre otros puntos, establecía la constitución de una Junta revolucionaria o Consejo Nacional de Defensa en donde sus miembros serían elegidos democráticamente en los organismos sindicales y que se encargaría de coordinar las milicias y las patrullas obreras para dirigir la guerra y de mantener relaciones internacionales, siempre con control de las asambleas sindicales. Los sindicatos y sus federaciones, planteaban, se harían responsables de coordinar las actividades económicas a través de un Consejo Económico, articulándose, a su vez, con Municipios Libres que se encargarían de las funciones sociales que escapen de la órbita de los sindicatos.

Lo cierto, y esto hay que decirlo, es que para cuando “Los Amigos de Durruti” lanzaron el programa mencionado, ya era muy tarde. La revolución había sido derrotada políticamente y era sólo cuestión de tiempo hasta que los fascistas derrotaran finalmente a las fuerzas armadas republicanas en el campo de batalla.

Algunas conclusiones

Dicho todo lo anterior, lo que parece quedar claro, reiteramos, es que el anarquismo español tuvo la posibilidad, en tanto movimiento hegemónico, de llevar adelante el proceso revolucionario hacia un panorama potencialmente victorioso si hubiera seguido sus propios paradigmas, contemplándolos de manera dinámica, de acuerdo a las circunstancias específicas de cómo se fueron desenvolviendo los hechos.

En este sentido, la constitución, por caso, de una confederación de organismos revolucionarios, con representación democrática de acuerdo a la capacidad de influencia y desarrollo de las organizaciones que claramente buscaban una salida revolucionaria y que sustentara las bases de una institucionalidad de nuevo tipo, podría haber sido una hipótesis posible de resolución del rumbo de la experiencia en cuestión. Lamentablemente esto no ocurrió y ya vimos algunos de los por qué.

Lo que seguramente podremos extraer, luego de vislumbrar luces y sombras de esta gran gesta y como enseñanza para todo proceso emancipatorio, es la importancia fundamental de tomar en cuenta las distintas configuraciones complejas de las relaciones de poder y su materialización en determinadas formas institucionales, así como la necesidad crucial, a su vez, de articular estas dimensiones en una praxis integral, en donde, acumulación de fuerzas y estructuras, formen un todo coherente.

Diego Naim Saiegh  

ITHA (Instituto de Teoría e Historia Anarquista)

Referencias

[1] M. G. “Sobre la hegemonía y la estrategia. Guía de acción para un colectivo anarquista”. En: regenreracionlibertaria.org, 2013. [https://www.regeneracionlibertaria.org/sobre-la-hegemonia-y-la-estrategia-guia-de-accion-para-un-colectivo -anarquista]

[2] BROUÉ, Pierre y TEMIME, Émile. La revolución y la guerra en España. México:  Fondo de Cultura Económica, 1973.

[3] BROUÉ, Pierre y TEMIME, Émile. Op. Cit.

[4] ALLER, Jesús. Reseña de “Poder legal y poder real en la Cataluña revolucionaria de 1936” de Josep Antoni Pozo extraído del portal rebelión.org el 2-09-2015.

[5] COLOMBO, Eduardo. El Estado como paradigma de poder. Buenos Aires, Revista Utopía, 1985.

[6] COLOMBO, Eduardo. Op. Cit.

[7] MALATESTA, Errico. Pensiero e Volontá, 15 de junio de 1924. Reproducido en “Malatesta. Pensamiento y acción revolucionarios” Vernon Richards (compilador), Buenos Aires: Ed. Proyección, 1974.

[8] PRICE, Wayne. La abolición del Estado. Perspectivas anarquistas y marxistas. Buenos Aires: Libros de Anarres, 2012.

[9] RICHARDS, Vernon. Enseñanzas de la Revolución Española. Madrid: Campo Abierto, 1977.

[10] LEVAL, Gastón. Ni Franco ni Stalin. (Las colectividades anarquistas españolas en lucha contra Franco y la reacción estalinista). Milán: Instituto Editorial Italiano, 1952.

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Novedad editorial: «Jacinto Toryho ¡Habla la Revolución!» – José Miguel Fernández Barreira

20 Julio 2026 at 18:17

La vida de un anarquista, llena de aciertos y de errores, será  siempre puro aprendizaje de nuestra historia reciente. Y en una sociedad como la actual, tan falta de referentes honestos, recuperar la experiencia de este periodista libertario puede servirnos de faro hacia un futuro mejor.

Portada y contraportada del libro
FICHA TÉCNICA DEL LIBRO
Título: Jacinto Toryho ¡Habla la Revolución! De la Escuela de Periodismo de «El Debate» a la dirección de «Solidaridad Obrera».
Autoría: José Miguel Fernández Barreira.
Prólogo: Carlos Coca Durán.
Editorial: El Lokal.
Lugar: Barcelona.
Impresión: Estugraf impresores, S.L.
Revisión, diseño y maquetación: Bárbara Muñoz García, Toni Sánchez Poy y El Lokal.
Año: primera edición, en junio del 2026.
Descripción física: 472 páginas, libro impreso de 21 × 15 × 2,8 cm. ISBN: 979-13-991942-0-3 DL: B 11935-2026
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Politizar el sufrimiento: capitalismo y salud mental…

13 Julio 2026 at 18:07

De-liberaciones en psicología social (deliberaciones.org) es un espacio psicosocial para la acción social emancipadora y la construcción de autonomía. Somos un colectivo autónomo que pusimos en marcha hace ya más de diez años; nos articulamos con diversos movimientos sociales para la actuación psicosocial. Realizamos actividades de acompañamiento, investigación, estudio y formación en diversos aspectos relacionados con el afrontamiento del daño y el sufrimiento psicosocial y el pensamiento crítico

Artículo publicado en Redes Libertarias núm. 5 (primavera 2026)

Introducción

Vivimos tiempos en que las condiciones sociales producen un intenso y extenso sufrimiento psicosocial; en los últimos años el tema aparece con frecuencia en el debate público en términos de “salud mental”.

Sin embargo, desde las perspectivas hegemónicas en psicología y psiquiatría se pretende acotar en el individuo el origen de las problemáticas, reduciendo las alternativas de afrontamiento a la interioridad y la biología de las personas, sin apenas consideración del enorme peso que en ese sufrimiento tiene el contexto de relaciones sociales, económicas, políticas, históricas y de poder. De esta manera, se contribuye a mantener un orden social injusto que sigue produciendo sufrimiento evitable a las personas, las comunidades y los pueblos. El actual sistema dominante de relaciones económicas y sociales es el capitalismo.

Cuando defendemos la necesidad de politizar el sufrimiento psicosocial nos referimos a que es indispensable reconocer el malestar como inmerso en el contexto de relaciones sociales dominantes, construidas históricamente y, en consecuencia, construir alternativas, también colectivas, de afrontamiento que reconozcan que el origen de numerosos problemas y daños que se producen en las personas se encuentran, en gran medida, también, en unas relaciones sociales dañadas y dañinas, que no reconocen ni respetan, en su necesaria plenitud, la dignidad de todo ser humano; y que, por tanto, es necesario ajustar, hacer más justas, esas formas de relación social, redimiendo el pasado en el presente hacia un futuro que haga justicia a las víctimas de la historia.

Estos tiempos…

En este nuestro contexto, en apenas algo más de una década, el panorama ha cambiado sustancialmente: se ha atravesado algún proceso, las crisis climáticas se revelaron más claras, nos impactó una terrible pandemia, las luchas feministas han conseguido hacer patente la interseccionalidad de los diversos ejes de opresión y su fuerza argumentadora y emancipadora ha iluminado transversalmente la vida política y social desde las estructuras más amplias hasta las capilaridades de lo cotidiano. De la inicial efervescencia desbordante del 15M se ha transitado en pocos años al auge eufórico y envalentonado de la extrema derecha y el fascismo.

De la alarma internacional ante el calentamiento global, se está transitando a la hegemonía del negacionismo climático de la ultraderecha global; de escudos sociales ante la pandemia, así resultaran medio inoperantes, a la estigmatización de las “paguitas”; de la protección del derecho a la vivienda a inquiokupas, y a la instauración de la visión del mundo de bandas de golpeadores fascistas; de las conquistas históricas de las luchas feministas al auge del machismo entre los más jóvenes; el falangismo se disfraza de rebeldía y antisistema; es el mundo al revés, la clase victimaria pretende apropiarse del lugar de quienes sufren la injusticia, de las víctimas; la guerra cultural retuerce la realidad y produce subjetividades funcionales entre sus mismas víctimas, fragmentadas y llevadas a enfrentarse por las migajas.

Pintada aparecida en la pared del psiquiátrico Germanes Hospitalàries del Sagrat Cor de Jesús – Benito Menni (Sant Boi de Llobregat). Fuente: https://xarxadegam.wordpress.com

El capitalismo se reinventa. Todo es sometido a los cambios ‘técnicos’ que requiere, hay que adaptarse, con eufórica resiliencia… Los cambios se suceden inexcusablemente, a mayor velocidad, mayor profundidad, agudos, intensos y ex-tensos, en todo espacio y tiempo, en cada fibra relacional. Del acontecimiento excepcional del shock, se siguió a la crisis total constante de una cotidianeidad que no admite tregua en una carrera ineludible, de confusión desbocada hacia no se sabe dónde, y que en el camino pulveriza por agotamiento nuestros cuerpos y nuestras almas. La podredumbre y el fatalismo llega a los más básicos vínculos sociales.

Los cambios geoestratégicos se andan dibujando en guerras como las de Ucrania y Palestina, en donde se valida el genocidio de un pueblo, si sirve a los propios intereses. El orden mundial surgido tras la Segunda Guerra Mundial, basado en paradigmas de legalidad y derecho internacional, así se utilizara hipócrita e instrumentalmente en la realidad, se sustituye sin tapujos por la ley del más fuerte, de quien puede dispensar más violencia de manera organizada. Es la profundización de la lógica del cálculo militar para el mercado. No importa qué se destruye, la destrucción, como forma de gobierno y transformación global, abre oportunidad de negocio, así lleve a la destrucción del planeta. Volvió a aparecer la posibilidad de la destrucción nuclear. Los bloques geoestratégicos se andan recomponiendo.

Las plutocracias de la clase rica y dominante acumulan cada vez más riqueza y mayor poder de dominio; las clases pobres y trabajadoras, cada vez son más numerosas, más pobres, más presionadas para tratar de alcanzar los bienes necesarios para vivir, y resultan más explotables, más desechables. La destrucción, como forma de gobierno y transformación, también se abre paso fractalmente hacia el interior de las sociedades: con la destrucción de los valores y los lazos sociales de solidaridad y comunidad, el individualismo lleva la fragmentación hasta la interioridad de cada persona.

La clase trabajadora es insertada en el cálculo de la escasez. Con el salario mínimo no se puede pagar ni el alquiler de una vivienda, pero desde el gobierno se declara que ya no es de subsistencia. Hay que trabajar más años para conseguir una peor jubilación, pero se explota más intensamente y se desecha más prontamente a quienes trabajan. Trabajar produce más daños en la salud, tanto físicos como psicosociales. Los derechos laborales se consideran costes económicos que impiden el desarrollo. Hay que motivar a la clase trabajadora para adaptarse a las nuevas necesidades, trabajar más por menos para evitar medidas más dolorosas. Ni el pretendido “salario emocional”, ni la intensificación de los discursos de la “resiliencia” evitan los daños psicosociales, bien al contrario, los incrementan y profundizan; la coacción y la amenaza se instalan como base sostenedora de la relación laboral. La asimetría de poder se hace cada vez más pronunciada en favor de quien detenta la ventaja de poder, el empresariado. Desde ahí, la gubernamentalidad empresarial aumenta el espectro de su intervención psicosocial sobre la interioridad de quienes trabajan, para conducir sus conductas, para que resulten más funcionales a sus objetivos de lucro.
La lógica de gobierno empresarial se autoarroga el lugar de la objetividad y lo técnico, de lo indiscutible y conquistan los dispositivos gubernamentales; la razón de la posición de ventaja de poder se camufla bajo el manto de lo científico y lo técnico en la resolución de lo conflictivo. Las condiciones laborales se deterioran, la organización de la clase trabajadora se dificulta cada vez más con la precarización. Pero a pesar de todo se da…

Y entonces, la gubernamentalidad empresarial empieza a presentar patrones de actuación que reproducen fractalmente la actuación de la ultraderecha en la vida social y política. La intensificación del juego sucio, las trampas, la mentira, la coacción, la simulación, las denuncias penales de lawfare sindical, la sofisticación de la inducción de fragmentación, los pagos miserables, el esquiroleo, la complicidad de sindicatos mayoritarios para ahogar la organización autónoma de secciones sindicales e, incluso, la violencia intimidatoria. Son cambios inquietantes, que alteran el marco relacional, que en este país remiten a otras épocas históricas y que nos interpelan a revisar nuestras formas de análisis, organización y actuación.

En jornadas técnicas, las autoridades sanitarias y laborales del Estado muestran su preocupación por la situación de las bajas laborales por salud mental. Por el coste económico que supone para las arcas públicas y empresariales, o por no tener unos buenos dispositivos para su gobierno; por el sufrimiento psicosocial y en el conjunto de las vidas de lxs trabajadores, no… finalmente, para estos agentes, así se vistan de progresistas, en su racionalidad para analizar el mundo, ese sufrimiento, evitable, no es más que una variable en el cálculo de gobierno: “recursos humanos”. En todo caso, ese sufrimiento psicosocial puede y debe ir al mercado, un nicho de mercado, que genere más negocio, lucro, ganancias, desarrollo… es el capitalismo, amigx; y para ello, será cuestión de facilitar la acción del mercado, haciendo escaso el recurso público para aliviarlo; váyase con su malestar o sufrimiento a la privada, que ahí florecen las iniciativas funcionales al sistema productivo y, por supuesto, también aquellas que se presentan como alternativas al mismo… Y si no puede pagarlo, siempre se puede acudir a ChatGPT…

Todo es sometido a los cambios ‘técnicos’ que requiere, hay que adaptarse, con eufórica resiliencia…

En nuestra época. La industria terapéutica

“Resistimos, sobre todo (es muy importante escuchar a Franz Fanon) cuando nos negamos a juzgarnos con los criterios de nuestros opresores. Cuando rechazamos los valores de la manipulación. Cuando rechazamos no sólo los términos de nuestros opresores sino la historia como ellos la cuentan”
John Berger

La industria terapéutica…

De unas redes sociales que contagiaban las esperanzas de justicia social y dignidad desde las plazas de la primavera árabe, a redes sociales que simplifican la realidad a la superficialidad fangosa de unos pocos caracteres promovidos por cálculos algorítmicos al servicio de unas élites tecnológicas que alcanzan gobiernos imperiales, saludan como nazis y pretenden colonizar Marte cuando la Tierra ya no les sirva para su crecimiento capitalista.

Mediante los canales de información se nos apresura a estar pendientes de lo que ocurre en uno u otro lado del globo, no se permite tiempo a significar lo que acontece, nada deja poso, las relaciones de poder, el contexto, la historia y las memorias están ausentes. La mentira organizada, la generación de confusión, la lucha por la atención, la emoción sobreactuada condensada en cápsulas de veinte segundos en el estímulo constante del scroll infinito del acontecimiento banal. El ideologizado mercado del capitalismo es abiertamente confundido con la realidad y la ansiedad irritada se establece como base siempre presente.

La pantallización social medra la calidad de las relaciones sociales y produce un ensimismamiento en la individualidad. A través de los dispositivos tecnológicos, los valores y el lenguaje neoliberal se cuelan en nuestras vidas y le dan forma. La productividad, la rapidez y la eficacia del mercado empapan nuestra concepción del mundo, de la vida, y de la forma en la que nos relacionamos. Nuestro hacer digital es monetizado a través de qué, con qué frecuencia y con quién nos comunicamos; de qué compramos, de cuáles son nuestros gustos, de a quién seguimos, o de cuánto tiempo utilizamos en las actividades virtuales. Nuestras vidas están en alza para el capitalismo cognitivo. La otredad solo importa como medio instrumental con qué conseguir los propios objetivos; no es otro: es un objeto a estandarizar en el mercado. El sufrimiento psicosocial y los cuidados son convertidos en un nicho de mercado más, abierto al emprendimiento…

Cartel del noveno congreso internacional de
Psicología social de la liberación, Chiapas, 2008.
Fuente: http://www.psicologiadelaliberacion.org/

Los dispositivos de esta industria terapéutica, ya sea inventando ad hoc sus propias teorías y tratamientos como marcas registradas, o bajo mantos de sucedáneos de corrientes humanistas (gestalt, trabajo de procesos, psicología positiva, psicología de la felicidad, comunicación no violenta, resolución creativa de conflictos, constelaciones varias, alternativas new age, espiritualidades de moda, el niño interior, etc.) ofrecen un sinfín de terapias catárticas, la primera gratis, en las que se tocan las teclas emocionales con que se alimenta el individualismo narcisista que ha de llevar a la compra del producto. La falacia de la pureza idealizada de la felicidad campa a sus anchas como elección obligada: todo está en tu interior, el contexto no importa, si quieres, puedes y si no puedes, hay que seguir trabajando, afortunadamente hay unos cursos intensivos de mayor nivel… Pareciera que haya que estar en un proceso constante de sanación. El negocio es muy rentable. Los productos de las estanterías del supermercado de la felicidad son inagotables.

En espacios politizados, contra-hegemónicos, alternativos…

En estos nuestros espacios también se vive y se produce un intenso malestar psicosocial; un malestar que también se origina en el marco general de relaciones sociales, pero que presenta algunas singularidades por las especificidades de sus contextos. Ante su magnitud e intensidad, cada vez más se hace más explícito el reconocimiento de la necesidad de ofrecer alguna respuesta al respecto y de generar de forma colectiva espacios de atención y discursos propios.

Sin embargo, también cada vez más fácil e inadvertidamente, la ideología del mercado va colándose a través de esta industria terapéutica que con el lenguaje empresarial neoliberal normalizado (cuantas más palabras, en inglés, más novedosa, sofisticada y eficaz se presenta la terapia), como caballo de Troya mecanicista, viene a decirnos cómo “gestionar” nuestras emociones, a ofrecernos “herramientas” para “trabajarnos” a nosotrxs mismxs, con cursos, protocolos y talleres que nos ayuden a organizarnos eficaz y eficientemente, sin dejar suelto fuera del cálculo ningún fleco de lo humano. Es necesario el cuestionamiento de cómo estas formas de terapeutización entran en los espacios que podríamos considerar como “nuestros” y transforman sus dinámicas.

Desde los espacios alternativos se critica, y en muchas ocasiones con buenos argumentos, a la academia hegemónica de las disciplinas psi por su organización vertical, burocrática o sus efectos de opresión. Sin embargo, ese espíritu crítico riguroso no se aplica a estos dispositivos, que por más que desde su sofismo terapéutico se presentan como críticos, terapéuticos, aliados, alternativos, infalibles y hasta milagrosos, carecen de cualquier rigor teórico, metodológico o práctico y producen efectos funcionales al sistema que se pretende combatir. Estos dispositivos no son perspectivas prácticas o teóricas alternativas, son marcas comerciales y como tales incluso llegan a hacer gala de ser marcas registradas®. Con sus estrategias de marketing y ventas, llegan a conseguir que un buen número de personas que participan en movimientos sociales, incluso en algunos donde se hace bandera de vivir desde una crítica radical al sistema dominante, acaban pagando cantidades desorbitantes de dinero por unos cursos y planes de formación que complementan un proceso individual presentado como terapéutico o de crecimiento interior, en el alegre convencimiento de que a pesar del esfuerzo de tamaño sangrado económico, cuando termine el programa formativo, no sólo se estará “curado” emocionalmente, sino que a su vez se podrá ejercer como “terapeuta” o profesor de cursos en los espacios alternativos en donde se habita y se podrá así rentabilizar la inversión realizada… ¿Qué hay de malo en tomarlo como una oportunidad para convertirte en tu propio jefe, ayudar a otras gentes y ganar dinero? Es el sistema piramidal de tantos otros ámbitos, ahora aprovechándose cínicamente de la necesidad y la desorientación ante el dolor de quienes cargan el sufrimiento.

Una vez en esos derroteros, entre la complicidad, la vergüenza o la presión grupal a la conformidad, va a resultar muy difícil dar marcha atrás, reconocer que te estafaron o que incluso se siguió el juego. La lógica capitalista de las empresas piramidales se cuela así hasta el tuétano de subjetividades que intentan aliviar sufrimientos y construirse críticamente en el interior de movimientos sociales, rayando las dinámicas del adoctrinamiento sectario.

Como en tantos otros otros ámbitos en las luchas emancipadoras, el lenguaje de la crítica a los paradigmas hegemónicos en salud mental es también cooptado, transformado, subsumido; algunas de sus dimensiones parciales son despojadas de su marco de significado, transformándolas en etiquetas superficiales o paradigmas totalizadores que en cualquier caso les vacían de su contenido y significado; de las perspectivas de clase se transita a las de la imagen de marca de escuelas personalistas en que lo colectivo se transforma en un scroll de cromos de rostros sonrientes y currículums inflados con trucos retóricos propios de los cursos de elevator pitch que ofertan muchos servicios de empleo de administraciones públicas. Con ese lenguaje, toda una serie de valores y visiones del mundo y de las personas se nos van colando por los tejidos organizativos y los discursos contrahegemónicos, como verdaderos mecanismos de control social. Los espacios sociales van así difuminando su potencial transformador del mundo y de las vidas de las gentes y se produce más sufrimiento.

Estos dispositivos empresariales en torno al malestar psicosocial actúan tanto en los planos de las formas colectivas de organización y relación social como en los planos individuales.

En el cajón de sastre de las psicoterapias alternativas prima la individualidad de la emoción, de las sensaciones corporales, de la propia interioridad, considerada estanca y autosuficiente como valedora de lo real, en tanto que tal, a la forma de una revelación. No se valoran especialmente las formas de argumentación que puedan ser dialogadas, ni la complejidad de la construcción relacional de los afectos, ni la problematización y significación del contexto en el que acontece el sufrimiento psíquico, por lo que las formas de relación social del sistema capitalista en que estamos inmersos no entran en la definición de lo problemático. Eso sí, se van a ofertar “terapias” (toma de alucinógenos, constelaciones familiares, búsqueda del niño interior y un largo etcétera) en las que se implementen discursividades complacientes, se aprovechen efectos de dinámicas grupales o de convivencias iniciáticas dirigidas por un gurú o un coach para promover formas de expresión afectiva catártica que pueden producir sensaciones de alivio temporal. Pese a obtenerse un sustancial beneficio económico, nadie se responsabiliza del daño que se puede producir; eso sí, se puede ofrecer otra terapia, más especializada o profunda, con un descuento…

En lo colectivo, en lugar de crear vínculos consistentes en los que hacernos cargo de la relación con las otras personas, se establecen mecanismos ritualizados, que devienen trámites burocráticos con los que se elude la responsabilidad y se exime de mayor interpelación colectiva: la ronda de emociones con que se palomea la casilla de los cuidados en cinco minutos al inicio de la asamblea; o el “¿cómo estás?” vacío en que no se espera respuesta, ni se contempla la responsabilidad que conlleva el respeto por lo que se escucha, todo a la intemperie, sin amparo. La socialización del sufrimiento no es contarle “cómo estoy” a la primera persona que se encuentra en el camino y “que sea afín”. Poner los cuidados en el centro, como tantas veces se dice, es una cuestión que requiere mucha más elaboración, profundidad y contexto que la de poner en práctica maquinal-mente un artificio superficial que se pretende “técnica” de aplicación aséptica e intrínsecamente “terapéutica”.

Es más, esos artilugios producen toda una serie de efectos contraproducentes, que añaden más daños: individualismos recalcitrantes, narcisismos siempre urgentes y demandantes, victimismos, desplazamiento de toda responsabilidad al exterior, imposibilidad de agencia, libertad y ejercicio de la responsabilidad; idealización de las propias capacidades y potencias, culpabilizaciones, imposibilidad de aceptar la dificultad, la frustración o la impotencia; falta de escucha, de reconocimiento de la otredad; competitividad, irresponsabilidad en las tareas, condescendencia en la rendición de cuentas, conflictividades y dolores que se dejan abiertos, y que retroalimentan bucles de dolores y problemas; vigilancias y evaluaciones sumarias, intrigas internas, fragmentaciones y creación de subgrupos de poder, abusos de posiciones de ventaja, chismes, protocolizaciones mecánicas que impiden elaborar sentidos o innovar, que cierran la discusión de lo político, estandarización y superficialidad de pensamientos y comportamientos, imposiciones sentimentales unidireccionales y selectivas, y un largo etcétera…

Tío vivo muerto. Fuente: https://primeravocal.org/

No pretendemos realizar una impugnación de la idoneidad de espacios individuales en que poder tratar de afrontar específicamente el sufrimiento psíquico de una persona. Entendemos su utilidad, y además lo hacemos desde nuestra propia piel, pero es nuestra intención arremeter contra la psicopatologización de la vida y la imposición de determinados paradigmas que cortocircuitan la comunicación y los procesos colectivos poniendo una y otra vez al individuo individualista y sus imperiosas necesidades en el centro exclusivo de todo espacio compartido. Cuando realizamos una crítica de determinadas prácticas, denomínense no terapias, no lo hacemos únicamente desde una validación de un saber experto avalado por la academia; también sabemos que el título en alguna disciplina “psi”, por sí mismo, no capacita para acompañar a personas que sufren psíquicamente. Nuestro desbrozar va más allá, y pretendemos cuestionar lugares desde los que se expanden esos paradigmas y la manera en la que lo hacen. En lo psicosocial, se reconoce el continuo entre la interioridad de las personas y los espacios de lo colectivo, de lo familiar, de lo comunitario, lo social, de lo político. En co nsecuencia, esas formas de relación social también son espacios de actuación para tratar de evitar el sufrimiento evitable…

Ese actuar en el espacio colectivo y común es lo que nos puede abrir, en la incertidumbre, a la esperanza. Tendremos, pues, que seguir pensando a la par que seguimos actuando. Caminar preguntando, que se hace camino al andar. En ese horizonte, ya estamos preparando una continuación a este texto…

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Club de lectura «En el café»: «Homenaje a Cataluña»

6 Julio 2026 at 14:31

En la siguiente sesión del Club de lectura «En el café» hablaremos y debatiremos sobre el libro de George Orwell «Homenaje a Cataluña». Con esta lectura queremos rendir un pequeño homenaje a la Revolución Social de 1936 en su noventa aniversario.

Con el nombre de «En el café» queremos hacer referencia a la obra de Errico Malatesta del mismo nombre en la que dos personas dialogan en un café, y, tal como ocurre en este libro, queremos que nuestro grupo de lectura invite al debate y sea un estímulo para la acción transformadora.

La próxima sesión del Club es el miércoles 22 de julio a las 19:00 en el Local Anarquista Magdalena. Debatiremos «Homenaje a Cataluña» de George Orwell.

Es una sesión abierta, no es necesario inscribirse.

Y para despedirnos hasta la próxima sesión en septiembre, después del debate del libro nos vamos a quedar (a quien le apetezca) para cenar todxs juntxs. La idea es que cada unx traigamos algo vegano para compartir.

 Local Anarquista Magdalena
https://localanarquistamagdalena.org/

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[Libro en PDF] Bakunin frente a Marx – Carlos Taibo

2 Julio 2026 at 17:46

Autor: Carlos Taibo
Año: 2025
Editorial: Catarata
Licencia: Creative Commons

LIBRO EN PDF: Descargar aquí

SINOPSIS:

La conflictiva relación que Bakunin y Marx mantuvieron al calor de lo que hoy llamamos Primera Internacional aconseja, un siglo y medio después, una valoración de sus consecuencias en los ámbitos más dispares. En esta obra se estudian los caracteres personales de esos dos revolucionarios, los desencuentros que protagonizaron en aquellos años y, en particular, el legado que han dejado en terrenos como los relativos a la centralización, la vida política convencional, el Estado o la transición revolucionaria. A esos desencuentros se sumaron el papel de sabios e intelectuales, la condición de los campesinos, el desarrollo histórico del capital, las sociedades precapitalistas o el conocimiento social. El libro incorpora también una valoración de algunas de las secuelas que el debate en cuestión ha legado con el paso de las décadas, al tiempo que aporta una prolija bibliografía sobre estas discusiones.

Carlos Taibo

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El Anarquismo y el Autosabotaje: de Rendirse y No Competir a Coordinarse para Vencer. 3 Armas

2 Julio 2026 at 17:41

Hay dos actividades vitales para la especie humana a las que se niegan sistemáticamente los anarquistas: a Competir y Vivir.

Competir supone luchar contra otra persona por algo, o que sea. Luchar por su propia vida, idea, ser.

Vivir supone conseguir el sustento y relacionarse con el entorno. Para nosotras Vivir la Anarquía.

Si los anarquistas continúan con el derrotismo, nihilismo e individualismo. Si se niegan a organizarse de forma anarquista,  relegadas a formas autoritarias. Si somos incapaces de demostrar con hechos que nuestro sistema funciona. Si no protegemos nuestros sistemas incluso físicamente con fuerza e inteligencia. Si nos vencen a los capitalistas… Perdez toda esperanza de vivir como anarquistas, extender nuestro modelo al resto de la sociedad y evitar la destrucción de la madre tierra. Todas seremos borradas.

Los capitalistas han demostrado que prefieren matar y quemarlo todo para vivir ellos bien antes que cambiar. La pregunta es muy clara: a las puertas de la Tercera Guerra Mundial ¿Queréis vivir la Anarquía, o seguís prefiriendo morir en su barbarie?

Naturaleza Competitiva del Sistema Capitalista: Competir es ineludible

La Competencia es la base natural del capitalismo. Si el dinero es el Padre, el Monopolio Empresarial es su Hijo y la Explotación el Espíritu Santo. Quien vence se lo lleva todo, tanto en el barrio como en el campo, entra países y entre corporaciones. Mafiosos, pandilleros, soldados, sicarios, estupradores, bandidos, estafadores… todos prefieren morir a cambiar su estilo de vida parasitario. Todo atiende a una misma lógica, la lógica del sistema. Por su propia concepción, sin competencia el capitalismo se expande como un cáncer, un sinfón sin fondo que pica todo lo que cae y lo cuantifica en dinero. El beneficio, SU riqueza, sale de nuestra explotación, nuestros cuerpos y tiempo. El único límite a la explotación es el número de muertos, porque no dudarán un segundo en iniciar guerras si eso engorda su tesoro. Una guerra es una inversión, tanto para el soldado como para el financiero.

El capitalismo es incapaz de crear, solo roba. La innovación solo sale del despojo y la usurpación. En cuando se establece el dominio, cuando acaba con la competencia, finaliza el proceso innovatorio y comienza la extracción inmisericorde. Es decir, el Capitalismo tiene como límite el Monopolio. Esto quiere decir que, hagan lo que hagan, se escondan donde se escondan, se organicen como se organicen, las anarquistas serán perseguidas y despojadas. Y los comunistas, socialistas y todos los istas. En Chiapas y Rojava lo saben, y defienden sus conquistas con las armas. En el resto del mundo los trabajadores lo saben, y se unen en una multitud de organizaciones sindicales.

El destino del capitalismo es un destino de destrucción y consumo, competencia y rivalidad, forjado entre guerras y expolios. Luchará contra todos por ser la ideología dominante, tanto como compite con el resto por lujos, y poder. El sino, el destino del anarquismo está marcado no por su visión, sino por sus circunstancias, por sus enemigos.

Competir es la condición de nuestros tiempos, porque nos es impuesta. Pero también es la posibilidad de que el Anarquismo triunfe algún día. El camino es competir con el capitalismo. Y el Capitalismo tiene como máxima expresión no un nazi rapao y asesino, tampoco un genocida con corbata, ni un dictador de traje, esos son el síntoma. Hoy día, quienes practican el imperialismo son los monopolios trasnacionales, que han cooptado a los estados nacionales y los usan como a perros. Estos son los verdaderos directores, y no se esconden, solo ocultan su actividad tras un político comprado.

Dos tipo de Anarquistas que se niegan a luchar

Aceptan su lugar impuesto en el sistema y serán las primerias víctimas:

Las Derrotadas – Unos tiramos la toalla y asumimos la derrota. Reconocemos las fuerzas a las que nos enfrentamos, el horror diario y el infierno del sometimiento. O el cansancio mismo del trabajo diario. Agotadas, no podemos más. Vivimos con resignación la explotación y el dominio de unos por el beneficio de otros. Y llegamos a aceptar nuestra propia muerte (tanto física como espiritual) y la destrucción de la naturaleza como inevitable. ¿En qué te conviertes cuando el capital te derrota? 

Una idea tiene que estar clara: Todas sumamos, aunque sea un poco. Todas importamos. Todas nos necesitamos

Las Autosaboteadas – Pero después tenemos a las anarquistas que, aún reconociendo la situación general para su especie, el estado de degradación del planeta y a dónde nos están llevando, ¡se niegan a competir! ¡Y se niegan a que el resto compitamos! ¡Critican la autodefensa! Pero no porque se sientan reprimidas por el sistema, o rechazadas por la sociedad (esos son los derrotados). Creen, piensan, dicen… que vencer es imponerse, y como el anarquismo es «sin imposición», «sin fuerza», «por las buenas», «por convicción», «voluntario», hacer algo «por las malas», algo que implique imponer la voluntad, no es anarquista, y no están dispuestas a hacerlo. ¿Se puede ser más pusilánime? Si no comprendemos ni la naturaleza del sistema en el que vivimos ni del mundo creado ¿cómo vas a saber qué tienes que cambiar  y qué no? Se niegan a asumir que la victoria de unos es la derrota de otros. Que hay seres de nuestra especie que prefieren morir a dejar de explotar a sus semejantes. Que degradar es una forma de vida. Que para vencer hay que derrotar. Y esto es un acto de Negligencia e irresponsabilidad. Peor, un sinsentido. En pocas palabras se niegan a competir con los capitalistas de una forma anarquista; viviendo la anarquía.

Una idea tiene que estar clara: O la anarquía abandona su puerilidad e identifica de quién y cómo se defiende o desaparecerá como vemos.

3 armas para derrotar al capitalismo y Vivir la Anarquía

Desde la creación de la Primera Internacional, el camino de la anarquismo, la vida anarquista, discurre por tres sendas, que llevan a un solo destino, la destrucción del capitalismo. Es decir, son tres armas:

– Sindicato – Una es la de lo social y del trabajo, entre los anarquistas organizado en Sindicatos, que compiten contra las patronales y los propietarios de los medios de producción.

– Cooperativa – Otra es la de lo económico, entre los anarquistas organizado en Cooperativas, que compiten contra las empresas capitalista.

– Colectivos – Y otra es lo político, entre los anarquistas organizado en Comunes (Concejos, Juntas, Comunas, Asociaciones, Grupos, colectivos, centros sociales, etc…), que compiten contra las instituciones de la Sociedad Civil Capitalista .

Las tres esferas deben ser primero conquistadas (autogestionadas y funcionales), organizadas y después coordinadas para imponerse (crecer y competir) al capitalismo (combertirse en contrapoder). Un trabajo de miles sino millones de personas. Ninguna sobrevivirá sin la otra.

Esas tres sendas, o han sido abandonadas (caso de las cooperativas, que no hay) y descoordinadas (caso de los sindicatos), o anuladas (caso de los grupos y comunas, que no generar federaciones). Por las presiones, acoso externo sobre la izquierda en general o la dejación de funciones y la falta de visión del anarquismo mal entendido: los sindicatos dejaron de generar comunas y colectivos; las comunas dejaron de generar cooperativas; las cooperativas dejaron de apoyar sindicatos. 

La cuestión es que hoy día no se encuentra en el mundo una organización triplemente vertebrada, cuando a principios del S.XX era lo habitual. Aumentó la tecnología, aumentaron nuestra capacidades pero destruyeron el movimiento.

Alianzas

No competir lleva indefectiblemente a la derrota, porque nuestro enemigo está sediento de triunfo, y quiere todo aquello que nosotros tenemos o podamos tener, físico, psíquico o social.

– El comunismo autoritario entendió que para luchar con una bestia se tenía que convertir en una bestia, dominar la bestia.

– El comunismo antiautoritario entendió que luchar con la bestia significa ser lo contrario de la bestia, su antagonista, su sombra.

A un comunista autoritario se le puede convencer teóricamente de que practicar el asamblearismo comunista antiautoritario es otra forma de destruir la burguesía, en cuanto que destruye su concepto de clase. Pero solo se le convencerá prácticamente con hechos materiales si nuestras instituciones funcionan según lo esperado (éxito y confianza), y si palpándolo con sus manos (experiencia), lo sienten en su ser (placer). Esto fue lo que pasó en Kronstad 1921.

Al capitalista es imposible, porque cualquier cosa que no sea la dictadura de la burguesía perjudica a sus beneficios esperados. 

¿Cómo Competir? ¿Cómo vivir de forma anarquista? Usar las 3 armas

1- Resiste! – Puedes ser anarquista y estar sola, practicando la filosofía, pero te sentirás constantemente humillada y frustrada; porque sabes que SI se puede vivir de otra manera y que la sociedad puede ser anarquista.

2- Organízate! – Si estás sola: busca una organización establecida y participa o apoya. Piensa: ¿Hay algún sindicato en mi ciudad? ¿Hay alguna cooperativa en mi pueblo? ¿Conozco algún colectivo? AQUI Lista. Si tienes compañeras monta un grupo. Conoce gente, cuídala, lucha por ellas. 

3- Alíate! – Si estás ya en un grupo, federaros. Con otros grupos anarquistas.

Si estás ya en un grupo, busca alianzas. Algunas gustan menos, busca unos mínimos. Los comunistas siempre están dispuestos.

3- Expande! – Completa la tríada anarquista potenciando (creando, usando, manteniendo, cooperando): 

-A las Cooperativas 

-A los Comunes 

-A los Sindicatos

4- Coordina! – Alianzas, cooperativas, comunes y sindicatos tienen que actuar al unísono, porque la empresa, la patronal, el estado y sus lacayos también lo hacen.

Victoria!

Vivir como anarquistas es ya una victoria, un orgullo y una satisfacción personal.

La verdadera victoria se alcanzará:

– Cuando trabajadores, gentes y pueblos que no se definen expresamente como anarquistas, practiquen con naturalidad del anarquismo.

– Cuando sea más lógico montar y trabajar en una cooperativa que una empresa. Más lógico una junta que un ayuntamiento. Más lógico un colectivo que una fundación. 

– Cuando ni si quiere se piense en la posibilidad de una colaboración público privada. 

– Cuando nuestras organizaciones desplacen los entramados empresariales. 

– Cuando los proscritos sean los capitalistas. 

Cuando tu organización pase de 1000 personas, sabrás que vas por el buen camino.

¿Se puede? SI se puede, porque ya pasó.

Y recuerda, los capitalistas tienen el corazón en el bolsillo. Cada céntimo que no va a sus carteras, aunque sea al desagüe, es una catástrofe para ellos, un desastre, y triunfo para la sociedad entera. Hay que machacarlos.

Salud! PHkl/tctca

Pablo Heraklio
Fuente: https://tarcoteca.blogspot.com/2026/06/el-anarquismo-y-el-autosabotaje-de-la.html

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Para Saber más

TARCOTECA contrainfo: La Pesadilla de Vivir la Anarquía: sin Paz, sin Medios, sin Organización. Despierta! 4.7.2025

TARCOTECA contrainfo: 10 Ideas-Fuerza del Anarquismo y 3 Conclusiones 4.12.2024

What is wrong with the cooperativism of today? — Maximalism 7.10.2024

TARCOTECA contrainfo: 2054: Fecha para el Día Final del Capitalismo ¿Estamos preparadas para el Cambio? El Yunque y el Martillo 24.9.2018

TARCOTECA contrainfo: El Proceso Revolucionario de Cambio de Sistema – La Revolución Posible 11.5.2017

TARCOTECA contrainfo: La Estrategia Revolucionaria de «los Tres Frentes» y su organización – La Revolución Posible 13.5.2017

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Presentación del grupo musical comunal «Columna Ascaso»

2 Julio 2026 at 17:35

COLUMNA ASCASO se forma en Barcelona en el mes de mayo de 2012 a partir de un anuncio publicado el mes de abril solicitando músicos para colaborar cooperativamente en la producción de un breve cancionero revolucionario.

A lo largo de su trayectoria ha contado con diferentes columnistas procedentes de diferentes ámbitos artísticos y profesionales. Todos ellos unidos por su voluntad de contribución colaborativa, de ayuda mutua; con el objetivo de conseguir un cambio global hacia paradigmas sociales alineados con la cooperación, lo comunal, la emancipación y la equidad.

En su formación actual, la COLUMNA ASCASO está conformada por cinco componentes, que por orden alfabético son:  el compañero cacho, el compañero cesc, el compañero luis, el compañero santi y el compañero xavi.

Columna Ascaso es una plataforma abierta de músicos colaboradores constituida bajo el objetivo de producir música comunal para la revolución global.

Toda la música producida por Columna Ascaso puede ser compartida y utilizada para crear obras derivadas mencionando la columna y distribuida con la misma licencia, sin uso comercial.

MANIFIESTO COLUMNISTA Música comunal para la revolución global.

La Columna Ascaso no es un grupo musical, una formación cerrada con integrantes fijos. La Columna Ascaso es una plataforma abierta de músicos colaboradores, constituida bajo el objetivo de producir música comunal para la revolución global. En este sentido, la Columna Ascaso es una formación horizontal, ajerarquica y coyuntural.

La Columna Ascaso produce música procomún. En este sentido, La Columna Ascaso no compone necesariamente canciones. La Columna Ascaso genera materiales musicales, dispuestos para su libre distribución, consumo pudiendo ser compartidos y utilizados para crear obras distribuidas con la misma licencia.

La Columna Ascaso desestima la propia noción de obra musical, como producto acabado y tampoco conoce distinción entre obra y versión. Al contrario, La Columna Ascaso genera materiales en proceso, susceptibles de ser reconfigurados a cada momento, por cualquiera y de cualquier modo.

La Columna Ascaso anima a todos aquellos músicos que compartan estos preceptos a que colaboren con nuestra formación o se movilicen en la creación de otras columnas con las que cooperar e intercambiar servicios, recursos y materiales.

Más información en: https://columnaascaso.bandcamp.com/music

Descarga el Dossier de Columna Ascaso [PDF]

Actualmente Columna Ascaso está presentando su tercer LP «Violencia» en actuaciones por Barcelona como en el Ateneu Enciclopedic Popular el próximo 11 de julio en la celebración del 90 aniversario de la revolución social o el 12 de setiembre en el Ateneu Flor de Maig en las fiestas alternativas de Poblenou.

Columna Ascaso
https://columnaascaso.bandcamp.com/music

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[Novedad editorial] En mano común. Los montes vecinales en Galicia y la autogestión colectiva de un bien común

29 Junio 2026 at 18:02

En Galicia existen más de 3.000 comunidades de montes vecinales en mano común que ocupan un cuarto del territorio gallego. Se trata de uno de los ejemplos actuales de los bienes comunes con un gran número de comunidades en activo, y sin embargo sigue siendo algo poco conocido.

Un libro colectivo, escrito principalmente por comuneros y comuneras. Las experiencias  que aquí se comparten, son inspiración para repensar y reclamar otras formas de propiedad, de gestión comunitaria, de democracia directa y popular, y para la activación y renovación del rural. Algo que resulta absolutamente necesario en el contexto actual de emergencia social y climática.

Disponible también en gallego y catalán.

Enlace: pol-len.cat/llibres/en-mano-comun-los-montes-vecinales-en-galicia-y-la-autogestion-colectiva-de-un-bien-comun

NOTA EDITORIAL:

En Galicia existen más de 3000 comunidades de montes vecinales en mano común que ocupan un cuarto del territorio gallego, que se dice pronto. Se trata de uno de los ejemplos actuales de los bienes comunes con un gran número de comunidades en activo, y sin embargo sigue siendo algo poco conocido, especialmente en lo que respecta a las singularidades que lo diferencian de otros casos de bienes comunales.

En conversaciones informales, cuando intentamos compartir estas experiencias nos encontramos con dos obstáculos: por un lado, nos faltaba información de primera mano; y por otro costaba explicar y que se entendiese, surgiendo comentarios como: «¿Qué es eso de “En mano común”?» «¡A lo comunal, sí, esa práctica medieval» o «La tierra se gestiona de manera comunal ¿pero entonces a quien pertenece a nivel legal?»

Fue así como surgió la idea de editar este libro. Desde Pol·len Edicions consideramos que un libro escrito por comuneras y comuneros, que pudieran explicarnos de primera mano algunas de estas experiencias, sería nuestra aportación para visibilizar la realidad de los bienes comunes en Galicia –bajo la peculiar forma jurídica del «mano común»– una realidad potencialmente transformadora, actual e inspiradora para modelos de autogestión y autosuficiencia comunitaria.

Nuestra intención con este libro colectivo no es realizar ni un mapeo ni un estudio sobre las comunidades de montes. Dado el gran número de comunidades de montes vecinales en mano común existentes en Galicia, con seguridad hay otras experiencias que se organizan y gestionan el monte de manera diferente, y otras que también podrían encajar en el enfoque de este libro, pero no aparecen. Las que aquí hablan son aquellas a las que hemos llegado desde una práctica situada y parcial, con el fin de compartir experiencias que nos llenen de ilusión para la transformación ecosocial que el planeta que habitamos reclama.

Esta parcialidad situada la pusimos en práctica mediante una versión casera y cercana de lo que, sociológicamente, podríamos denominar «muestreo bola de nieve». Todo comenzó con la persona más accesible: mi madre. Recordé que en el Colegio Público de Sabarís, donde ella trabajó como maestra, existía una relación con la Comunidad de Montes Vecinales de Santa Cristina de la Ramallosa. Esta comunidad había colaborado con el centro en varias ocasiones: llevando al alumnado a conocer y plantar árboles, impartiendo charlas para la comunidad educativa sobre la prevención de incendios y el cuidado del monte, o realizando alguna aportación para el material escolar, entre otras acciones. Fue a través de este vínculo como entramos en contacto con Xosé Alfredo Pereira, quien, a su vez, fue el enlace que nos abrió la puerta a otras comunidades, como las de Viladesuso, Coiro, Salcedo, Baroña, Teis, Vincios y Tameiga.  La Comunidad de Couso la conocimos al asistir a un recital en recuerdo de la poeta gallega Luisa Villalta, en un bonito e inesperado escenario en medio del bosque. A través de Xosé Antón, presidente de la Comunidad de Couso, descubrimos el proyecto Simbiosis y conocimos a Claudia Delso.

Como se explicará en los siguientes artículos, los montes vecinales en mano común, no son sinónimo de montes comunales, ya que, además de una gestión comunal y aprovechamiento colectivo, la fórmula jurídica del mano común implica una forma de propiedad colectiva, algo no contemplado por la legislación del Estado español, que los asimila a titularidades de carácter privado. Sin embargo, los montes vecinales en mano común están fuera del mercado: no se pueden comprar, vender, dividir, ni trasmitir. Estos montes pertenecen a la vecindad que vive en ese territorio, y ojo, porque vivir no es simplemente tener una casa, sino habitarla. Esto puede resultar bastante ininteligible cuando tenemos grabado a fuego un concepto de la propiedad basado en la individualidad y la parcialidad ¿Cómo es posible que no pertenezcan a ninguna entidad, ni pública ni privada, a ningún municipio o a ninguna persona particular? La cuestión es que la certificación de estas titularidades no se basa en burocracia, documentos y registros, sino en el reconocimiento histórico de un derecho de origen germánico que se remonta a tiempos ancestrales.

Por ello, esperamos que, las experiencias de las comunidades de montes vecinales en mano común que aquí se comparten, puedan servir de inspiración para repensar y reclamar otras formas de propiedad, de gestión comunitaria, de democracia directa y popular, y para la activación y renovación del rural. Algo que resulta absolutamente necesario en el contexto actual de emergencia social y climática.

ÍNDICE DE CONTENIDOS:

NOTA EDITORIAL
LOS MONTES VECINALES EN MANO COMÚN. Otra forma de poseer que existe en Galicia 
Xosé Alfredo Pereira Martínez
¿QUÉ ES EL MONTE?. Cómo nos vinculamos hoy día con el monte y hacia dónde caminar 31
Arsenio Pérez Alonso
LAS MUJERES COMUNERAS EN LOS MONTES VECINALES
Eva Pereira Iglesias
CÓMO REPERCUTE A NIVEL SOCIAL UN MONTE BIEN GESTIONADO
Rafael Quintía Pereira
EL MONTE COMO RECURSO ECONÓMICO. Oportunidades y amenazas 
Ovidio Queiruga González
SOMOS PARTE DEL BOSQUE. Breve historia de la Comunidad de Montes de Teis 
Manuel Lopes Rodrigues
¿CÓMO ARTICULAR EL EJE ECONÓMICO CON EL SOCIAL Y CON EL AMBIENTAL? Reflexiones desde la experiencia de la CMVMC de Vincios
Alberto Covelo Casal
LAS COMUNIDADES ENERGÉTICAS Y EL MONTE VECINAL EN MANO COMÚN 
Gonzalo Pérez Vázquez, Bruno Dutto Acuña y Antonio Cajide Serrano
BOSQUES COMESTIBLES. Una experiencia para regenerar el territorio y la vida 
Xavier Gacías Pedróns
LA EXPERIENCIA DEL MONTE VECINAL DE COUSO 
Xosé Antón Araúxo Rodríguez
DIBUJAR UN MONTE 
Claudia Delso Carreira

Pol·len Edicions
Fuente: https://pol-len.cat/llibres/en-mano-comun-los-montes-vecinales-en-galicia-y-la-autogestion-colectiva-de-un-bien-comun/

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Bokelarre: «Tan poca vida» Hanya Yanagihara

29 Junio 2026 at 17:57

¡Ya tenemos lectura y fecha para la próxima sesión!

Este verano toca dramón: «Tan poca vida», de Hanya Yanagihara; que contaremos el sábado, 19 de septiembre, a las 12:00 h en el Local Anarquista Magdalena (C/ de las Dos Hermanas).

Como el librito consta de casi unas 1000 páginas, hemos propuesto un cronograma con un par de fechas intermedias por si a alguna le sirve de ayuda:

  • 12 de julio: comenzar el Capítulo III. Retoques.
  • 16 de agosto: comenzar el Capítulo V. Los años felices.

Local Anarquista Magdalena
https://localanarquistamagdalena.org/

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Y la casta se vuelve a indignar

25 Junio 2026 at 17:58

¡Salud!

Sí la casta, al menos una parte de ella, se está asombrando ante sentencias dictadas sin dejar a los “juzgados” presentar pruebas, como en el caso del Fiscal General del Estado, o haciendo oídos sordos a las “defensas”, etc. Y una parte de la élite, o sea, de la casta, se cabrea. La otra está tan contenta porque se ven ya, aunque tenga que pasar un año más, al frente del chollo. Y se frota las manos.

Tuve la suerte de leer la Investigación acerca de la Justicia Política (hay una edición resumida, que es la que he leído, en Ediciones Júcar, Madrid, 1985, traducida por J. Prince) y la novela Las aventuras de Caleb Williams (traducida por Fco. Torres. Ed.: Valdemar. Madrid, 2023), ambas obras de William Godwin. En esas dos obras se nos muestra el funcionamiento de eso que llaman “los tres poderes” (legislativo, ejecutivo y judicial). Después de ello y de ver el mecanismo de tales tres poderes (dicen que hay uno más, el cuarto, al que llaman “la prensa”, pero ese lleva mucho capital tras él y se le ve muy pronto su “independencia”). Después de ver como se mete a un presidente de un país como Lula (Brasil) en la cárcel y poner a Bolsonaro en la presidencia; posteriormente se operó de modo contrario… Una no cree ni mucho ni poco en las Instituciones. Y por ello no me indigno. Cierto es que el fascismo en el poder (¿alguna vez lo ha abandonado?) se comporta de una manera menos “civilizada” que la otra parte de la casta. En esta última parte sus élites son más “sociables”, más “progres”, y por ello algunas pueden sentir la diferencia. Pero en el fondo es la misma explotación: desahucios, persecución a migrantes, salarios de esclavitud en muchos casos, huída del dinero público hacia lo privado, fomento de la violencia, en todas sus formas, hasta en la más trágica: la guerra… Todo eso, más o menos “civilizadamente”, es defendido, aunque algunos lo digan con la boca pequeña para encandilar a almas cándidas, de igual manera, la única diferencia es qué élite, o sea, qué parte de la casta se queda con el pastel, para repartirlo como a esa élite estime oportuno y, si sobra algo, como si no, porque seguirán los desahucios, la esclavitud, las guerras, las pandemias… ¡los negocios!

Simón Peña

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Club de lectura «En el café»: ciclo de lecturas antirracistas

25 Junio 2026 at 17:53

En la siguiente sesión del Club de lectura «En el café» hablaremos y debatiremos sobre la novela «Nuez de coco» de Kopano Matlwa, que aborda uno de los conflictos culturales más profundos de Sudáfrica en la época del post apartheid.

Está sesión es la segunda del ciclo de lecturas antirracistas que estamos llevando a cabo desde el colectivo transfeminista Ariskas y el Club de lectura En el café.

La segunda sesión será el miércoles 1 de julio a las 19:00 en el Local Anarquista Magdalena para debatir sobre «Nuez de Coco»

La sesión es abierta, no es necesario inscribirse.

Local Anarquista Magdalena
https://localanarquistamagdalena.org/

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Anarquismo práctico y utopía concreta

22 Junio 2026 at 18:12

«Donde no se quiere la utopía, el pensamiento mismo muere», T.W. Adorno

La puesta en tela de juicio de todo lo que el pensamiento burgués ha tenido por venerable (la propiedad privada, el Estado, la autoridad, la política, el derecho, el dinero, el género…) no conduce forzosamente a la multitud hacia un cuestionamiento generalizado de la dominación. Por más subversivas que parezcan, las ideas no conmueven a las masas adormecidas, resignadas o atemorizadas, por lo que no pueden convertirse en fuerza práctica. Para superar el foso conformista, hay que volver a empezar despertando, recobrando el ánimo, perdiendo el miedo. Creando lectores, “tejiendo” afinidad, agrupando voluntades, predicando con el ejemplo. Cuando las condiciones subjetivas y objetivas de realización del socialismo no son halagüeñas, cuando las fuerzas materiales e intelectuales capaces de lograr un cambio social profundo no afloran en magnitud suficiente, la negación radical de lo existente adquiere connotaciones utópicas. La dimensión utópica del pensamiento crítico es un antídoto contra el derrotismo, porque si bien refugia el deseo de una vida libre en la imaginación y el sueño en espera del momento favorable, también plantea realizarlo parcialmente en forma de proyectos comunitarios viables. Cuando ninguna propuesta revolucionaria es inmediatamente practicable, la utopía se revela como lo más pragmático.

utopia

Al automatizarse en gran medida el proceso productivo y desarrollarse una numerosa clase media asalariada, el proletariado industrial perdió relevancia en la lucha social. Al ser desplazado por la tecnología, hoy por hoy la mayor fuerza productiva, el antagonismo que mantenía con el modo capitalista de producción quedó anulado. En los países turbo-capitalistas el conflicto se trasladaría al exterior de la producción, al sector terciario, a la vida cotidiana y al territorio, todos en proceso de industrialización total, afectando de lleno a las clases medias creadas en el mencionado desplazamiento. Estas, tomando el relevo del proletariado derrotado, se apropiaron del estatismo parlamentario burgués y lo presentaron como una dogma abstracto a reverenciar. La división internacional de trabajo y las finanzas globales circunscribirían de las crisis sociales en el marco del capitalismo mundializado. Estado, Capital y Tecnología son ahora los pilares firmes de la dominación. Las tres bases de la versión posmoderna del socialismo “científico”, a saber, la concepción progresista de la historia, el desarrollo infinito y el ciudadanismo, ya no pueden explicar la situación de manera convincente, y por consiguiente, no podrían funcionar como instrumentos de una crítica y una práctica verdaderamente socialistas y libertarias. En cambio, el indiscutible triunfo del Capital y el Estado tecnológicamente asistidos ha rehabilitado aquello que se dio en llamar socialismo “utópico” y que nosotros preferiríamos llamar “experimental”, o simplemente, anarquismo positivo.

Los experimentos colectivos auténticamente socialistas no constituyen panaceas como por ejemplo el desarrollo sostenible, el decrecimiento, la economía solidaria o la transición energética, sino respuestas a problemas vitales inmediatos, simples actos de defensa ante una ofensiva casi imparable del orden. Menos que infalibles modelos salvíficos, son aperturas de caminos en terreno hostil, orientados hacia las afueras del capitalismo. Dichas experiencias no se muestran como la genuina expresión de la verdad, la razón o la ciencia, ni pretenden implantar un sistema socialista desde fuera. Tampoco quieren sustituir los métodos de acción directa, ni siquiera construir enclaves aparte, frugales y espartanos; más bien intentan esbozar la logística propia de una sociedad civil reorganizada al margen del Capital y el Estado. Dar ejemplo, sin más pretensiones, de otra manera de vivir y luchar ajena al amasado de ganancias y a la administración de lo existente. Construir autonomía.

La frenética carrera por los beneficios en un contexto económico supercrítico que la xenofobia no logra disimular, la exclusión social, las guerras por los recursos y los efectos nocivos derivados de la crisis ecológica -la contaminación, el calentamiento global, la degradación de los ciclos biológicos, etc.- evidencian las peligrosas consecuencias del dominio la mercancía para la supervivencia de la especie humana. Nos referimos a los estragos provocados por el crecimiento ilimitado de la producción para el mercado, implícitos en su naturaleza dañina. En el actual momento histórico, la ciencia y la tecnología -léase los medios de producción- han perdido toda su neutralidad y se desenvuelven indisolublemente asociadas a la expansión de la economía -presentada como el mismísimo progreso a pesar de sus efectos nocivos. Por eso son imposibles de gestionar colectivamente en sentido emancipador; la expropiación de la tecnociencia por las masas oprimidas reconstruiría el aparato de explotación del trabajo y la naturaleza. En consecuencia, la crítica social no puede ser más que anti-industrial, antidesarrollista, y, por ende, antiprogresista. Las luchas que no cuestionen la idea de Progreso, ni rechacen expresamente la mecanización y el desarrollismo, no son anticapitalistas, ya que no trascienden los límites del sistema y básicamente no lo alteran. La autogestión de lo existente es la autogestión de la miseria.

El espacio del Capital es esencialmente urbano y las metrópolis son su forma adecuada. Las ocupaciones de viviendas vacías, las huelgas de alquileres o los servicios paralelos gratuitos son las primeras manifestaciones del derecho a la ciudad; la repoblación de las tierras abandonadas o la resistencia a las macro-granjas, la agricultura industrial, las grandes infraestructuras inútiles o el extractivismo subrayan el derecho al territorio. La confluencia entre las luchas urbanas y las rurales reúne ambos derechos. De un lado, se trata de frenar la urbanización desbocada, la motorización privada y la digitalización; del otro, de huir de las áreas metropolitanas (del trabajo asalariado) y ponerse a tono con la naturaleza. En pleno delirio edificador, si de verdad se actúa contra el capitalismo, tanto los conflictos territoriales, como paradójicamente los urbanos, han de inscribirse en una misma perspectiva desurbanizadora, y por consiguiente, ruralizante.

La concepción libertaria del mundo está enraizada en las tradiciones sociales y políticas de la cultura occidental, particularmente las que postulaban una naturaleza benigna del ser humano. Según las viejas usanzas, el paso del estado natural al estado civilizado, en lugar del Leviatán, o sea, de la sumisión completa a una entidad política superior, implicaba la participación igualitaria de todos los individuos en el gobierno del territorio a través de la asamblea popular, residencia absoluta de la soberanía. Ejemplos: el thing nórdico, el concejo abierto ibérico, el conseil communal galo, el arengo italiano, el gemeinderat alemán… Mejor que una suprema concentración de poder, una descentralización extrema. Las costumbres comunales y el derecho consuetudinario así lo atestiguan. La valoración romántica de las comunas medievales, extensible a las sociedades tribales mal consideradas primitivas, ha conducido a muchos socialistas anti-autoritarios y anarquistas a concluir que la verdadera libertad se hallaba en el libre disfrute colectivo de la tierra. En consecuencia, desde ese punto de vista, el verdadero socialismo -y el anarquismo más auténtico- tendría que ser fundamentalmente agrario y municipalista. La revolución sería pues inseparable del regreso al campo y a la cooperación aldeana. En cierta medida, diríase que no nos acarrearía un porvenir digital industrializado y desarrollista, sino que restauraría un pasado sin internet ni redes, estático y equilibrado con el entorno. Sin embargo, no basta con renunciar a la civilización burguesa, urbana y extractivista, hay que superarla.

Esa vuelta al pasado precapitalista, a los viejos saberes y a las artes de antaño, a las comunas auto-gobernadas en armonía con la naturaleza, es malamente utópica en tanto aspire a colmar sin tropiezos -sin disturbios ni revoluciones- el vacío entre el paraíso perdido del apoyo mutuo y el objetivo futurista de la tierra prometida, llámese reino de la Razón, Comunismo o Anarquía. Pero es pragmática si lo que quiere es llevar a buen puerto una utopía a escala menor anticipando partes del ideal mediante ensayos constructivos. Solo que esas partes no son exclusivas del medio rural; también son factibles en suelo urbano (recuérdese que la primera utopía fue la ciudad). En las circunstancias actuales, socialmente nefastas, el presente real cuenta más que la empanada futurista de los militantes. Irónicamente, la utopía resulta más funcional y menos quimérica que el activismo nihilista, los tópicos compensatorios de la ideología o la especulación complotista, reacciones muy desatinadas a la victoria temporal de las clases dominantes reformadas en los últimos sesenta o setenta años.

Miquel Amorós

Presentación de la revista Redes Libertarias nº 5, en el Ateneu Enciclopèdic Popular (Barcelona), el 18 de junio de 2026.

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Inma o la memoria pequeña

18 Junio 2026 at 18:22

Se cumplen tres años del fallecimiento de Inma, teleoperadora de Konecta, cuya muerte no detuvo el trabajo en el call center donde murió.

Hay grandes memorias. Memorias monumentales, impuestas a sangre y fuego, obligatorias, prescriptivas, incuestionables. A veces, esas memorias ocupan el espacio público; toman forma de hitos, estatuas o placas conmemorativas. En otras ocasiones, esas grandes memorias colonizan el nomenclátor de nuestras ciudades y pueblos, dando nombre a calles y plazas, edificios públicos, polígonos industriales, parques… Esta memoria con mayúsculas, imbricada en el relato urbano y desposeída de su carácter indeleble, se acaba por asociar a nuestros propios recuerdos, connotando los espacios de sociabilidad donde transcurre la vida y, en cierta forma, moldeando nuestra manera de reconocernos en el mundo. Un mundo que no es nuestro… De momento.

Hace tres años, el 13 de junio de 2023, Inma, una teleoperadora de 60 años, murió en su puesto de trabajo. Konecta, la empresa para la que trabajaba, no detuvo la faena inmediatamente y obligó a sus compañeras a seguir atendiendo llamadas, durante casi una hora, con el cuerpo presente de la fallecida. Este caso, que nos habla a las claras del nivel de deshumanización al que estamos llegando, no solo da cuenta de las condiciones de trabajo en un sector tremendamente precarizado, como es el telemarketing, sino que muestra cómo el capital se reproduce socavando los cimientos que dignifican nuestra existencia.

Detenerse a escribir un texto que recuerde la muerte de una trabajadora anónima, no deja de ser un ejercicio de reconocimiento póstumo, de memoria pequeña, pero nos sirve —a mí al menos— para saber de dónde venimos, quiénes son nuestros compañeros y compañeras, y a qué y quiénes nos enfrentamos. Y ese recordatorio, en mi historia personal, me lleva a otros momentos donde recordar no solo fue una forma sencilla de rendir homenaje, sino que se acabó convirtiendo en una parte indisolublemente unida a la lucha por nuestra gente. Pienso, por ejemplo, en la campaña de denuncia que, allá por 2007, la CNT de Jaén puso en marcha para denunciar la muerte de Carlos Do Santos, un albañil portugués de 53 años que perdió la vida en la construcción de El Cortes Inglés de la ciudad. Un pequeño gesto, sí, este también, pero que nos permite preguntarnos qué pasaría si ocupáramos el espacio público con una memoria colectiva, popular, que no rindiera pleitesía al poder, y nos hiciera partícipes del legado experiencial de, por ejemplo, aquellos y aquellas que pusieron el cuerpo para luchar por los derechos que hoy disfrutamos.

Por suerte, hay muchos ejemplos que nos permiten responder a la pregunta anterior. El trabajo de la Asamblea Richard Vive, que conecta la memoria de Ricardo Rodríguez García  —joven de Alcorcón asesinado por un grupo neonazi en 1995— con las luchas del antifascismo actual, es uno de ellos.

Pero volvamos a Inma. Recordarla hoy, tres años después, nos hace presente la necesidad de organizarnos en cada centro de trabajo, en cada sector laboral, en cada empresa. Recordarla hoy, tres años después, nos conmina a tomar conciencia de nuestra condición social y, a partir de ahí, actuar en consecuencia. Vayamos a ello.

Juan Cruz López, editor de Piedra Papel Libros

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opinion-socias/inma-memoria-pequena

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Fanzine campaña por la liberación de Antonio Arevalillo

11 Junio 2026 at 19:09

Antonio Arevalillo Sanz lleva más de cuarenta años preso y desde hace dos, ha sufrido cinco operaciones como consecuencia de un carcinoma nasal, a raíz de una paliza propinada en la cárcel de Zuera y el consiguiente abandono sanitario. Un cáncer que a punto ha estado de acabar con su vida y cuyo desarrollo requiere de una cuidadosa y constante observación médica, algo que se hace muy difícil estando en prisión.

En el año 2016 Antonio cumplió los tres cuartos de su condena, debiendo poder acceder legalmente a la libertad condicional.

Este 8 de mayo de 2026 nos comunican que la fiscalía se ha opuesto a la condicional

HACEMOS UN LLAMAMIENTO PARA CONSEGUIR SU LIBERTAD

https://desatencionenprision.noblogs.org

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