JULIA CASTILLO // ¡¡¡Ay si la buena mujer levantara la cabeza!!! La Sirvienta, la película, nos acerca a la figura de Vicenta María López de Vicuña, fundadora de Congregación de Religiosas de María Inmaculada, y aunque la producción de Pablo Moreno apareció en el listado de candidatas para la 38ª edición (2024) de los Goya, no obtuvo ninguna nominación final por parte de la Academia de Cine.
La sinopsis, según Filmaffinity, es la siguiente: “La historia de Vicenta María López Vicuña, fundadora de las Religiosas de María Inmaculada, que desde hace más de 150 años llevan dedicadas a la promoción de las mujeres que salían de sus pueblos para labrarse un futuro mejor en el servicio doméstico de la capital. La historia real de una mujer, de muchas”.
Huelga decir que no pienso verla. Mi tiempo, cuanto más vieja me hago, más valioso lo considero. Es por ello por lo que no pienso perderlo, al menos conscientemente. Con la sinopsis tengo suficiente.
Pues bien, os cuento cómo llegué a esta buena mujer. Hay, en mi pueblo (me disculpen los habitantes de esta preciosa ciudad de Coruña por llamarle pueblo, pero considérenlo una licencia poética), un edificio al que siempre le tuve cierto apego y, más que nada, me provocaba mucha curiosidad. Supe de él porque un familiar muy cercano estuvo por allí, en el edificio que ocupaba ese solar antes del actual, hace más de 70 años, y contaba historias que, pasando el tiempo, cada vez me encajaban menos.
Años después, casualidades de la vida, residiendo en Madrid, conocí a una mujer que me contó historias que, en principio, nada tenían que ver con el lugar, pero de alguna manera me llevaban a él. Y la mente no engaña. Razones tiene que no siempre entiende tu razón.
Transcurridos unos 10 años más, terminamos, ella y yo, frente a ese edificio hablando de ese edificio, y de algún otro muy similar, también situado en Coruña. No me digáis que no tenéis curiosidad por conocer la historia.
Pues bien, si no la tienes deja de leer ahora mismo. No pierdas el tiempo porque quien no quiere saber no merece saber.
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El actual edificio empezó a funcionar allá por los años 70 y albergó, hasta hace nada y menos, a una de estas congregaciones “asociadas” al Patronato.
Lugar que fue uno de los –estimados, porque no existen datos oficiales (curiosamente casi todos los archivos se quemaron unos y otros se mojaron en sendos incendios e inundaciones)– cerca de 900, sí, sí, 900 centros religiosos, esparcidos por todo el territorio español, donde el Patronato de Protección a la Mujer rescataba a chicas, caídas o en riesgo de caer, mandacarallo con el eufemismo. Literal y oficialmente, su fin era la «dignificación moral de la mujer» para erradicar la prostitución y el vicio.
Ah, ¿no sabes qué era el Patronato ese?
Pues te aconsejo que busques los libros de Consuelo García del Cid Guerra y te los leas todos. Los de ella y los de otras mujeres, también supervivientes de esta Gestapo a la española, como ellas le llaman.
El Patronato (que sin la complicidad de varias congregaciones religiosas jamás habría existido), aunque oficialmente se fundó en 1941 auspiciado por el ínclito y dependiente del Ministerio de Justicia y, también oficialmente, desapareció en 1985, no se fundó ese año sino que era originario del siglo XIX y, como veréis, desapareció ya próximo al siglo XXI, y eso si no tenemos en cuenta que esas congregaciones se hicieron una operación de cirugía estética, en diferentes clínicas, y siguen con sus prácticas de “ayuda social” con el beneplácito de los gobiernos, sean del color que sean, y financiadas con nuestros impuestos y/o con fondos europeos de los que tocará devolver, también con nuestros impuestos.
Huelga decir que el “contubernio judeomasónico” se daba entre Iglesia y Estado, ¿verdad? ¿Se daba…hummm?
Pero te adelanto unos cuantos datos para ponerte en situación transcribiendo parte de un artículo, publicado en BBC.com, donde Marina narra lo que su madre le contó de su pasado en uno de esos centros.
“… Días después voló a Madrid con su padre. Allí, la llevaron directamente a otro convento, perteneciente al sistema del Patronato, dependiente del Ministerio de Justicia español. A ella y a las demás mujeres internadas las clasificaron y segregaron. Mariona cuenta que acabó en la primera planta, reservada para ‘las rebeldes, las que consideraban mujeres de mala vida'».
El Patronato tenía potestad para detener a cualquier mujer menor de 25 años que no se ajustara a las normas. No eran delincuentes, sino mujeres consideradas necesitadas de «reeducación». Pero Mariona nunca supo las historias de las demás jóvenes con las que estuvo confinada.
«No nos dejaban hablar. Es increíble», cuenta. «Y te preguntas, ¿cómo lo conseguían?».
A las internas solo se les permitía intercambiar saludos sencillos entre sí, una forma de control y una manera de evitar que las chicas «malas» influyeran en las demás.
«Lo que no podías hacer era llegar a conocer bien a otra chica», dice Mariona. «Porque entonces te separaban: enviaban a una de nosotras a otro dormitorio, o incluso a otra institución».
Cree que había alrededor de cien internas en el convento. Dormían veinte por habitación, con una monja en un extremo, y la puerta cerrada con llave. La rutina diaria era agotadora: oraciones, misa, limpieza del convento y luego horas en un taller confeccionando ropa para comerciantes locales. Mientras las chicas cosían, una monja leía en voz alta para que nadie hablara.
«Había adoctrinamiento», recuerda Mariona. «Para que entendieras que te habías portado muy mal. Entonces, una vez que te dabas cuenta de esto, pedías perdón y te confesabas”.
Por cierto, de esta historia salió un cortometraje que sí obtuvo un Goya el año siguiente (2025) y varios premios más.
Y esto no es nada, porque esta chica, llevada allí por sus propios padres para que fuera reeducada dentro de la fe católica, para que fuera una buena mujer y dejase de ser “roja”, era solo una variedad, por llamarle de alguna manera. Porque, para terminar en alguno de aquellos centros, les sobraban pretextos.
Las mujeres que acababan allí lo hacían por motivos que el propio Patronato de Protección a la Mujer clasificaba como “desviaciones morales” o “riesgo social”. En la práctica, bastaba con encajar en alguno de estos perfiles:
- Prostitución o “riesgo de prostitución”. Era la categoría principal. El propio Patronato hablaba de mujeres “caídas o en peligro de caer”.
- Madre soltera o embarazo fuera del matrimonio. Especialmente si la familia denunciaba la situación o pedía “reeducación”. Incluso cuando su embarazo era consecuencia de una violación. Hubo muchas mujeres que fueron violadas por sus propios padres y las que acababan encerradas eran ellas, gozando ellos de plena libertad incluso para visitarlas y embarazarlas de nuevo. Lee, lee lo que cuentan ellas.
- Conducta considerada “inmoral”. Una categoría muy amplia que podía incluir: relaciones sexuales, fuera del matrimonio, salir de noche, vivir sola, mantener relaciones con hombres sin permiso familiar.
- Rebeldía o conflicto familiar. Padres o tutores podían pedir la intervención del Patronato para “corregir” a una hija.
- Vagancia o desamparo. Chicas pobres, sin trabajo o consideradas “sin control familiar”.
- Huérfanas o menores tuteladas. Muchas procedían de instituciones de beneficencia.
- Hijas de presos o de familias republicanas. Esto aparece en bastantes testimonios de posguerra.
- Lesbianismo o sospecha de homosexualidad. Considerado desviación moral.
- Víctimas de abuso o violación. Como aclaré en el punto 2. Paradójicamente también podían acabar internadas por considerarse “deshonradas”.
- Denuncias policiales o vecinales. La policía podía poner a disposición del Patronato a mujeres consideradas “escandalosas”.
Todas ellas eran seleccionadas, incluso con prueba de virginidad. Completa o Incompleta, aparecía en el resultado de ese examen. Ahí eras clasificada, dependiendo de este importante dato, pero también si estabas embarazada porque terminabas en centros como La Maternidad de Peñagrande en Madrid, donde, casualmente, morían bebés de los que nunca aparecieron los restos.
Si sigo escribiendo puedo llenar páginas, pero ellas ya lo cuentan mucho mejor que yo, ellas, LAS SUPERVIVIENTES.
Síguelas, búscalas, léelas… aprende historia de tu país. Es conveniente. Ah, y la relación de esa señora, de la que encabeza mi artículo, con todo esto es… la congregación que moraba en el edificio situado en la calle Santiago, nº 1 de esta ciudad… Vinculado al Patronato de Protección a la Mujer.
Y quien te diga lo contrario…
MIENTE.
Gracias por leer hasta aquí. Si te interesa saber más, busca documentales, artículos y, sobre todo, los libros escritos por las supervivientes.
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