Las tensiones comenzaron a subir en la tarde del miércoles 29 de abril en aguas internacionales próximas a Grecia. La Global Sumud Flotilla, compuesta entonces por 55 barcos y 404 integrantes, notificaba un alto número de drones volando bajo a su alrededor, mientras navegaba casi en el lugar exacto donde recibió un ataque explosivo de dron el año anterior. Temían otro episodio de sabotaje, y las sospechas resultaron ser ciertas.
Según denuncian los activistas, poco después de caer el sol, lanchas militares comenzaron a abordar varios barcos y obligaron a sus integrantes a agruparse en la cubierta para después dañar sus motores e impedir que continuaran con la travesía. En ese instante, las fuerzas israelíes estaban tomando el control del SafSaf, la embarcación nodriza donde se encontraban las caras más visibles del movimiento. Los soldados se llevaron por la fuerza a dos activistas, el brasileño Thiago Ávila y el hispano-palestino Saif Abukeshek. Ambos han sido acusados de “actividades ilegales” y vínculos con Hamás.
A mediodía de este domingo, un tribunal israelí ha prorrogado “la detención ilegal de Saif Abukeshek y Thiago Ávila hasta el 5 de mayo”, anunciaban desde prensa de la flotilla. “La defensa impugna el proceso por ocurrir en aguas internacionales y carecer de base legal. Los activistas denuncian torturas, palizas y aislamiento. Por el momento la fiscalía no ha presentado cargos formales. Saif y Thiago serán trasladados de nuevo a la prisión de Shikma, en Ashkelon, donde seguiran aislados. Ambos permanecen en huelga de hambre en protesta por su detención ilegal y los malos tratos recibidos”, añadían.
Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, exigió ayer su liberación y denunció que se trataba de una “detención ilegal que se ha producido en aguas internacionales”. Un día antes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, también había reclamado a Israel la liberación de los “secuestrados”.
Los detenidos denuncian haber sufrido torturas
“Saif estaba en el suelo con sus manos atadas por detrás. Gritaba que sus ataduras estaban muy apretadas, que no sentía sus manos. Le pisaron, le hicieron mucho daño y se quejaba de que no podía respirar”, relata Javi Aparente, activista español que compartía barco con Ávila y Abukeshek, en un vídeo de Instagram. Relata que hubo violencia contra muchos de los activistas, entre ellos él mismo, durante las horas en las que estuvieron cautivos en el mar antes de ser llevados a la isla griega de Creta. Fue ahí donde 36 miembros de la misión recibieron atención hospitalaria y desde donde comenzaron a difundirse en redes las fotografías de activistas heridos.
Los dos activistas detenidos ilegalmente por el Ejército israelí no son nuevos en las flotillas a Gaza. Abukeshek, que vive en España desde hace dos décadas pero nació en un campo de refugiados en Cisjordania, es uno de los fundadores del Global Movement to Gaza, una de las organizaciones que componen la Global Sumud Flotilla. Participó en la anterior misión y el año pasado fue detenido en Egipto mientras pretendía abrir un corredor humanitario a Gaza.
Ávila, por su parte, también protagonizó la anterior flotilla junto a activistas como Greta Thunberg y, con más de un millón de seguidores en redes sociales, es considerado la figura mediática del movimiento.
Decenas de manifestaciones se han convocado en ciudades de todo el mundo para exigir la libertad de Ávila y Abukeshek, entre ellas en Barcelona, donde reside este último. En Madrid, cientos de personas han convocado una protesta permanente frente al Ministerio de Asuntos Exteriores que pretende continuar activa día y noche hasta conseguir la liberación de ambos activistas.
Según los organizadores, son 22 los barcos que han sido abordados y saboteados, mientras que los 33 restantes consiguieron entrar en aguas territoriales de Grecia para evitar el mismo desenlace. En Bye Luby, un pequeño velero que ya continúa su viaje hacia Gaza, se encuentra la integrante española Diana Zomeño, que describe escenas de incertidumbre mientras otras embarcaciones eran interceptadas en la distancia.
“Estábamos haciendo la cena y la radio empezó a hacer ruidos molestos. Un barco avisó de que estaba viendo mucha actividad de drones y empezamos a tener problemas de comunicación con otros. Estuvimos discutiendo la situación y lo difícil de creer que estuviese pasando prácticamente en Grecia”, relata Zomeño a La Marea. Aunque hubo sabotaje en años anteriores a la misma altura del viaje, nunca se habían abordado barcos a tanta distancia de Gaza.
Todos los integrantes de la flotilla pasan por entrenamientos y formaciones para afrontar de manera coordinada y pacífica una posible intercepción. “[Teníamos] una sensación de desprotección… pero otra sensación de unidad, de que sabíamos perfectamente a qué riesgo nos enfrentábamos y qué hacer”, añade Zomeño. Pese a la preocupación por el paradero del resto de integrantes, describe que la moral y la confianza nunca se perdieron, y los barcos restantes estaban determinados a continuar su viaje tras alejarse de las fuerzas israelíes.
Una nueva flotilla ante un contexto internacional muy diferente
Debido a la ofensiva estadounidense e israelí sobre Irán y el Líbano, la atención mediática de la flotilla ha sido mucho menor que la del año anterior, un tema que ha protagonizado muchas de las conversaciones dentro del movimiento. Sin embargo, los activistas coinciden en que habría sido un error retrasar la flotilla porque el genocidio continúa y las víctimas, según ellos, ya han esperado suficiente.
“Sabemos que implica mayores riesgos para esta misión, pero somos conscientes de ello, nos preparamos, y sabemos también que la única fuerza en la que podemos confiar es la movilización que se genere en tierra; un movimiento de solidaridad con Palestina que denuncie la ofensiva imperialista que se está dando en todo el mundo”, declaró el activista catalán Pablo Castilla en una entrevista con La Marea horas antes de que zarparan los barcos de Barcelona. “Es imposible poner el foco mediático en Oriente Medio sin que eso suponga ponerlo en Palestina. Para nosotros están muy conectados.”
Israel tiene un largo historial de encarcelar a personas sin un debido proceso judicial ni respeto por sus derechos humanos. A finales del año pasado, Israel tenía a más de 9.000 palestinos encarcelados por “motivos de seguridad”, la gran mayoría sin sentencia firme, según la organización B’Tselem. El 31 de marzo, dos semanas antes de la salida de la flotilla, Israel aprobó la pena de muerte aplicable únicamente contra los palestinos.
Desde el comienzo del genocidio en Gaza, el número de civiles asesinados ya ha superado los 70.000, según cifras oficiales. Israel también ha destruido o dañado gravemente casi todos los centros escolares y más de la mitad de centros religiosos y culturales de la Franja, mientras continúa rápidamente expandiendo sus asentamientos ilegales en Cisjordania, según Naciones Unidas.
La última ofensiva israelí en el Líbano ya ha matado a 2.600 personas.
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