Las turbinas eólicas en el estado estadounidense de Wyoming han causado la muerte de más de 23.000 aves y murciélagos durante el último año, según un estudio divulgado por Cowboy State Daily y reportado por el analista David Blackmon. La cifra, correspondiente al periodo que finaliza en julio de 2026, pone en cuestión el discurso habitual que presenta a las energías renovables como una fuente limpia e inocua para el medioambiente.
El dato, procedente de un informe del propio sector eólico en Wyoming —recogido por la publicación local y difundido el 20 de julio—, supone uno de los balances más elevados documentados hasta la fecha en una sola región. Wyoming alberga algunos de los parques eólicos más grandes de Estados Unidos, con miles de aerogeneradores instalados en rutas migratorias de aves y hábitats de murciélagos. La mortandad registrada incluye especies protegidas y rapaces, aunque el estudio no desglosa las especies afectadas.
Costes ambientales de las renovables
Las cifras de Wyoming se suman a una creciente literatura científica que documenta el impacto real de la energía eólica sobre la fauna. Según estimaciones del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE.UU., las turbinas eólicas matan entre 140.000 y 328.000 aves al año en todo el país, una cifra que, aunque inferior a la causada por edificios o gatos domésticos, ha suscitado un debate ambiental creciente.
23.000 ejemplares en un solo estado en doce meses representa un impacto desproporcionado para una tecnología que la Administración Biden y numerosos gobiernos europeos promocionan como herramienta clave contra el cambio climático. La noticia llega en un momento en que varios países, entre ellos España, discuten la ampliación masiva de parques eólicos terrestres y marinos para cumplir los objetivos de descarbonización de la UE para 2030.
El caso de Wyoming ilustra que la expansión de las renovables conlleva costes ecológicos no siempre evaluados con rigor. Mientras organizaciones ecologistas como BirdLife International reclaman estudios de impacto más exhaustivos y la instalación de sistemas de parada automática (como radares o cámaras térmicas), la industria eólica defiende que la mortandad es asumible frente a los daños del cambio climático. El debate, lejos de cerrarse, se intensifica a medida que los parques eólicos se multiplican por todo el mundo.