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AnteayerSalida Principal

‘Los domingos’ obtiene los principales premios Goya mientras ‘Sirat’ triunfa en las categorías técnicas

1 Marzo 2026 at 13:26
Por: Ana Veiga

Una ligera mueca de sorpresa frente a una explosión de alegría fue el detalle final de la 40º gala de los premios Goya, presentada por unos correctos aunque algo impostados Rigoberta Bandini y Luis Tosar. La Academia del cine español decidió que Los Domingos se convierta en la Mejor Película de este año, un film que inició ya la ronda de galardones de la noche con el premio a Mejor Actriz de Reparto para Nagore Aramburu.

Y ese asombro, el de Óliver Laxe, no se puede atribuir (del todo) a quien se cree ya admirado y digno de condecoración, sino por el protocolo que rige cualquier evento social planificado y de cierta índole. Si hacemos el símil con una boda, todos sabemos que en la mesa de los novios solo se sienta la familia más cercana -o aquellos con un mayor vínculo-. Al ver al director gallego en primerísima fila, a escasos centímetros del escenario y pierna con pierna con la embajadora de Hollywood en Barcelona y ganadora del Goya Internacional, Susan Sarandon, cabía prever que su colocación no era fruto del azar sino de un programado movimiento de producción para honrar a uno de los mayores ganadores de la noche. Además de que, en varias ocasiones, los presentadores se encargaron de recordarnos que la cinta está a punto de cruzar el charco tras su doble nominación a los Óscar.

Y no es que Laxe se haya ido con las manos vacías. Sirat, que nos lleva al desierto marroquí «en el sur, cerca de Mauritania [en un Sáhara Occidental borrado]», junto a un padre que busca a su hija desaparecida, se ha llevado seis Goyas, entre los que se cuentan el galardón a Mejor Música Original, Mejor Montaje, Mejor Dirección de Producción, Mejor Dirección de Fotografía, Mejor Dirección de Arte y Mejor Sonido. Este último premio lo ha obtenido por primera vez un equipo íntegramente femenino que podría lograr también un Óscar en esa misma categoría.

‘Los domingos’, ganadora de la noche

La cineasta Alauda Ruiz de Azúa, directora de Los domingos, se convirtió en la cuarta mujer en ganar la categoría de Mejor Dirección, uniéndose al podio con creadoras de la talla de Pilar Miró (El perro del hortelano en 1996), Icíar Bollaín (Te doy mis ojos en 2003) e Isabel Coixet (La vida secreta de las palabras en 2006; La librería en 2017). “El talento no entiende de género pero las oportunidades históricamente sí lo han hecho”, señalaba la directora, también ganadora del Mejor Guion Original.

El largometraje, que ha suscitado todo tipo de debates por contar la historia de una joven que decide hacerse monja, expone el drama íntimo de una mujer que atraviesa una crisis personal mientras ocupa el rol de cuidadora de su familia (¿a alguna le suena familiar?) y le ha valido el premio a Mejor Actriz Protagonista a Patricia López Arnaiz. ‘Los domingos’ se llevó en total cinco Goya, entre ellos el de Mejor Película, uno de los cabezones más codiciados de la noche.

‘Sorda’ y otros galardonados de la noche

Las hermanas tras Sorda se llevaron el premio a Mejor Actriz Revelación (Miriam Garlo, que hizo historia al convertirse en la primera actriz no oyente en ganar un cabezón) y Mejor Dirección Novel (Eva Libertad). Garlo aprovechó su minuto de oro para dedicar el Goya “a las mujeres sordas y madres porque, a la violencia obstétrica, hay que añadirle la de la comunicación, de la invisibilidad”, denunció. “Tenemos voz propia pero no siempre es oral”. Por su parte, Libertad reivindicó que «nadie encaja en el molde de la normalidad porque no existe».

El equipo de Sorda también se llevó el premio a Mejor actor de reparto, que fue para Álvaro Cervantes, quien reivindicó a las personas con discapacidad.

La Mejor Película Documental fue para Tardes de Soledad, que dejó a las puertas del podio a Todos somos Gaza, de Hernán Zin, y a Flores para Antonio, el documental que Alba Flores ha dedicado a su padre. Este último sí se llevó el galardón para la Mejor Canción Original. Acompañada de la cantante Silvia Pérez Cruz, Alba Flores subió a escena para agradecer el cariño “a este homenaje, esta catarsis”. “Me hace ilusión pensar que también nos dais este premio como oyentes de mi padre y quiero entenderlo como un premio a su música”, pronunció visiblemente conmovida. Antes de abandonar el escenario, y al hilo del contexto internacional que vivimos, cantó un trozo de No dudaría de Antonio Flores. 

El premio al Mejor Actor Protagonista fue para José Ramón Soroiz por Maspalomas, dirigida por los Moriarti (Goenaga y Arregi). El film narra la historia de Vicente, un hombre gay de 76 años que, tras un accidente, debe ingresar en una residencia, donde se ve obligado a volver al armario. 

Otros premiados de la noche fueron Mejor Actor Revelación para Antonio Fernández Gabaerri por Ciudad sin sueño (que lanzó un saludo a su familia, residente de La Cañada Real, en Madrid), Mejores Efectos Especiales para Los Tigres, Mejor Maquillaje y Peluquería para El cautivo y Mejor Vestuario para La cena, entre otros.

Proclamas contra el genocidio en Palestina y contexto internacional

Con el reciente ataque a Irán por parte de Estados Unidos, la actualidad nos recuerda que no podemos separar al evento cultural de su contexto. Tampoco lo hicieron todos los asistentes, como suele ser habitual. El “viva Palestina libre” de Eva Libertad fue una más de una larga lista de proclamas políticas en defensa del pueblo palestino y, en concreto, gazatí. La gran mayoría de los premiados lucieron chapas de denuncia, con lemas como “Genocidio Stop” o “Free Palestina”. 

Figuras destacadas como la actriz Susan Sarandon (con el pin “Palestina libre”) o el cineasta Rodrigo Sorogoyen (que lució una kufiya al entregar el premio a Mejor Película Europea) usaron su vestimenta como protesta. El director añadió desde el atril: «Los que hemos escogido el idioma del cine no deberíamos escoger nunca el silencio”, un mensaje que llega poco después de la polémica en la Berlinale.

A pesar de que la actualidad nos hacía mirar hacia Irán, nadie mencionó a Donald Trump. Sí hubo una velada mención por parte de una emocionada Susan Sarandon que, tras recibir la ovación de la sala durante unos minutos al recibir su Goya Internacional. “Veo a vuestro presidente y a tantos artistas que hablan con lucidez moral y eso me ayuda a sentirme menos sola, y os lo agradezco, porque estoy en medio de la represión y el caos». Además, parafraseó al historiador y activista social estadounidense Howard Zinn: “Tener esperanza en tiempos difíciles se sostiene en una verdad sencilla: la historia del mundo se sostiene con caridad. Si decidimos centrarnos en lo peor, paralizamos nuestra capacidad de actuar.”

También hubo una alusión a Javier Milei en el discurso sobre la categoría de Mejor Película Iberoamericana. La argentina Dolores Fonzi, directora de Belén expresó: “Somos las películas que hacemos y el mundo se ha convertido en una película de terror… No podemos seguir permitiendo esto […]. Vengo de un país donde el presidente puso el agua a la venta. Ya no se trata de privatizar el cine, sino el agua. Espero que eso no les pase a ustedes”, advirtió.

Consulta todos los premiados aquí.

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Candela Sierra, ilustradora: “Votar a la ultraderecha es cavar tu propia tumba”

12 Febrero 2026 at 00:01
Por: Ana Veiga

Decir sin nombrar es algo muy de aquí. No sé si es atribuible a la picardía española o si, más bien, procede de los silencios y guiños heredados de tantas generaciones anteriores, que miraban de reojo a la vecina y leían entre líneas, rellenando los huecos a partir de la experiencia propia. La ilustradora, cineasta y guionista Candela Sierra materializa este concepto en Lo sabes aunque no te lo he dicho, su segunda novela gráfica que le ha valido el premio Premio Nacional del Cómic de 2025. Es también la autora de la portada del nuevo número de La Marea, donde ha retratado su visión de las clases trabajadoras que votan a la ultraderecha.

¿Ha cambiado mucho su trayectoria profesional desde que es Premio Nacional del Cómic 2025? 

Sí, lo noto. Aunque no ha pasado mucho tiempo desde el anuncio del premio, el galardón viene con muchas propuestas y sobre todo mucha confianza en mi trabajo. Me siento muy afortunada.

El jurado ha destacado su cómic por su «habilidad para reflejar un afiladísimo análisis de nuestra sociedad”. ¿Cómo se construye una ilustración que no sea solo consumo rápido?

Es complicado, porque todo circula muy rápido y en formatos muy comprimidos. Yo intento que, aunque la imagen funcione de manera directa, tenga algo que se resista un poco: una tensión, un destello, una segunda lectura. Y también es importante no subestimar a quien mira. Cuando la ilustración confía en la inteligencia del espectador, deja de ser solo decorativa o consumible y puede propiciar un espacio de pensamiento.

¿Qué capacidad tiene una imagen para desafiar las ideas dominantes que imponen los discursos hegemónicos?

Mucha, porque los discursos hegemónicos también son visuales. Construyen imaginarios sobre el éxito, el cuerpo, el género, el trabajo… constantemente. La ilustración puede intervenir ahí desplazando códigos: cambiando quién ocupa el centro, qué cuerpos se representan, qué gestos aparecen. Y diría que, en muchos casos, es más efectivo cuando no es una denuncia explícita. 

El cuerpo es un elemento central en su obra, especialmente el femenino. ¿Qué relaciones de poder busca visibilizar? ¿Cómo evita que la representación del cuerpo se convierta en una cosificación o espectacularización?

Me interesa el cuerpo como un lugar donde se cruzan muchas cosas: el deseo, el trabajo, el cansancio, la violencia, los afectos. Es decir, no me interesa tanto el cuerpo idealizado como el cuerpo atravesado por experiencias. Y para evitar la espectacularización supongo que intento huir de lo meramente complaciente. Trabajo desde la extrañeza, desde la incomodidad, desde lo cotidiano. El cuerpo no es un objeto de consumo visual sino una oportunidad para abordar conflictos.

«No me interesa tanto el cuerpo idealizado como el cuerpo atravesado por experiencias».

¿Cómo dialoga esto con los feminismos actuales?

Dialoga porque forma parte del mismo clima, aunque no siempre de manera literal. No hago imágenes “sobre” el feminismo, pero sí toca cuestiones que están ahí, como por ejemplo las relaciones de poder o la precariedad. También me gusta que no todo sea una afirmación rotunda. Hay contradicciones, ambivalencias… Yo misma estoy llena de contradicciones y, a menudo, no me da tiempo a reflexionar con la profundidad que me gustaría. Y creo que eso también forma parte de los feminismos actuales.

¿Cree que la ilustración puede intervenir en el debate político con la misma potencia que el texto?

Sí, aunque lo hace desde otro lugar. El texto argumenta, desarrolla, persuade de manera racional. La imagen, en cambio, entra por una vía más directa, más emocional y también más ambigua. Puede sintetizar ideas complejas y activar lecturas simultáneas. No diría que una es más potente que la otra, sino que operan en registros distintos. Hay imágenes que se vuelven icónicas y atraviesan el debate público con una velocidad que el texto difícilmente alcanza. Pero también es cierto que, sin un contexto o sin una mediación crítica, pueden ser más fácilmente absorbidas o banalizadas. En mi caso, hay veces que entiendo mejor lo que pienso cuando ya lo he dibujado.

«El texto argumenta, desarrolla, persuade de manera racional. La imagen, en cambio, entra por una vía más directa, más emocional y también más ambigua (…) Hay veces que entiendo mejor lo que pienso cuando ya lo he dibujado».

¿Qué contradicciones aparecen cuando una obra con carga política circula dentro del mercado cultural? ¿Es posible sostener un posicionamiento crítico trabajando para grandes medios o marcas?

Como decía, las contradicciones son inevitables. Trabajamos dentro de estructuras económicas que reproducen aquello que criticamos. La cuestión, para mí, no es situarse en una postura casi imposible de sostener sino ser consciente de esos márgenes y actuar desde ahí. Además, el margen individual es limitado. Las luchas deberían ser siempre colectivas y apuntar al poder. Hay encargos que permiten introducir fricción y otros que no. Saber cuándo aceptar, cuándo tensionar y cuándo decir que no también forma parte de la práctica política.

¿Cuál es el rol de la ilustración política en el contexto de crisis social y avance de discursos reaccionarios?

Creo que tiene una función importante dentro del ecosistema simbólico. No cambia estructuras por sí sola, pero sí contribuye a construir imaginarios. Y en contextos de crisis o de avance reaccionario, crear contraimágenes o desmontar ciertos relatos se vuelve especialmente relevante.

«[La ilustración política] no cambia estructuras por sí sola, pero sí contribuye a construir imaginarios».

¿Se espera o exige que los artistas tengan una posición política explícita?

No lo sé. Para mí es importante porque lo considero parte de mi identidad y porque todo es política, aunque reconozco que muchas veces no sé qué decir ni cómo… Porque nos falta tiempo para conversar, aprender y construir ideas. De todas formas, no toda toma de posición tiene que ser panfletaria, ¡menos mal! También hay posicionamientos formales, afectivos o simbólicos que son igual de políticos, a pesar de que no estén reivindicados como tal. 

¿Qué riesgos tiene la neutralidad en el campo cultural?

La neutralidad casi siempre es una ficción. Y lo malo de no posicionarse es que suele beneficiar a quien ya está en una posición de poder. En ese sentido, la equidistancia puede funcionar como complicidad pasiva. Otra cosa, igual de importante, es no reducir la práctica artística a consigna.

¿Qué incomodidades le interesa generar con su trabajo?

Las pequeñas, las que obligan a detenerse. No me interesa escandalizar por escandalizar, sino desplazar un poco la mirada.

«La neutralidad casi siempre es una ficción. Y suele beneficiar a quien ya está en una posición de poder».

¿Y hacia dónde considera que debe ir esa mirada?

Personalmente, me interesa cómo los grandes temas atraviesan la vida cotidiana y los vínculos. Pero creo que cualquier tema es pertinente siempre que se haga con honestidad. 

¿La ilustración puede ser una herramienta de transformación social?

Puede generar imaginarios, plantear preguntas, acompañar luchas, emocionar. Puede ayudar a que ciertas cosas se nombren o se vuelvan visibles. Lo que no puede es sustituir la organización política ni la acción colectiva. La transformación material ocurre en otros espacios, aunque la imagen pueda empujar o sostener ese movimiento.

En la sociedad actual, el uso de la inteligencia artificial (IA) está creciendo a pasos agigantados. ¿Qué opina del papel de la IA en la ilustración?

Ilustración de la portada del nuevo número de La Marea en papel.

Me preocupa, por un lado, en términos de derechos y condiciones laborales. Se alimenta de imágenes hechas por artistas que no han dado permiso ni reciben nada a cambio, y eso ya plantea un problema serio. Luego está la cuestión estética: si aprende de lo que más circula, tiende a reforzar lo dominante. Me inquieta esa posible homogeneización… que todo empiece a parecerse demasiado. Yo lo llamo destilación de lo mainstream

Y, por último, me da pena que haya una “herramienta” que fulmine lo más bonito del trabajo creativo que es… el propio trabajo creativo. El proceso de hacer una imagen es mágico; se descubren cosas, hay sorpresas y también problemas que resolver. Me entristece que todo se reduzca a resultados (más imágenes, más rápido) y que nos olvidemos de que lo que hay en medio es lo interesante. 

Como creadora de la portada del último número de La Marea, ¿por qué ha escogido esta imagen y qué reacción espera generar en la audiencia?

Después de valorar otras ideas, pensé que esta ilustración era apropiada porque refleja lo que creo que la ultraderecha puede hacer con los intereses (y los derechos) de la clase obrera. Es una corriente nociva que no piensa en el bien común, a pesar de lo que proclame. Votar a la ultraderecha es cavar tu propia tumba. 

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La deriva autoritaria de Trump: las doce alarmas señaladas por un informe de Amnistía Internacional

24 Enero 2026 at 11:36
Por: Ana Veiga

“Estados Unidos, bajo el liderazgo del presidente Donald J. Trump, está mostrando un patrón reconocible de prácticas autoritarias y de erosión de los derechos humanos”. Con esta frase inicia la organización Amnistía Internacional su informe Suena la alarma: aumento de las prácticas autoritarias y erosión de Derechos Humanos en Estados Unidos, publicado con motivo del primer aniversario del segundo mandato de Trump.

Este documento hace un repaso por las doce alarmas que alertan de las prácticas de Trump, entre las que destacan los ataques a los medios de comunicación y a la libertad de expresión, las amenazas a las universidades y docentes, las coacciones al sistema judicial y al Estado de derecho, la normalización de la militarización y del control a través de la inteligencia artificial, así como el señalamiento de comunidades específicas, el aumento de políticas que marginan a grupos vulnerables y las deportaciones masivas.

“Los esfuerzos de la administración Trump por intimidar, silenciar y castigar a manifestantes y críticos, restringir a la prensa y reconfigurar el acceso a la información, y erosionar sistemáticamente el Estado de derecho están creando una emergencia de derechos humanos”, insisten. Desde Amnistía advierten que han visto “a dónde conduce este camino cuando se castiga la disidencia” pero también subrayan que “la deriva no es inevitable”.

Por eso, el informe incluye recomendaciones que animan a la sociedad civil a movilizarse para “salvaguardar el espacio cívico, restablecer las garantías del Estado de derecho y evitar la normalización de la represión”. 

Sin voces críticas

Los medios de comunicación están en el punto de mira. A menudo son atacados verbalmente en las ruedas de prensa de Donald Trump, quien incluso les amenaza con retirarles acreditaciones -y de ese modo el acceso a información- y financiación. Esta última configura la supervisión periodística del gobierno permitiéndole «controlar el mensaje y desalentar la cobertura crítica”, escribe Amnistía Internacional.

Otro ejemplo de condicionar las voces críticas es el de Mario Guevara, periodista con 20 años de trayectoria en Estados Unidos, detenido por el ICE el pasado junio mientras transmitía en directo las protestas del No Kings Day contra las redadas de inmigración en el estado de Georgia. Guevara contaba con un permiso de trabajo y una “suspensión administrativa” de órdenes de deportación. Sin embargo, las autoridades migratorias reabrieron su caso tras arrestarle por cargos de tres delitos menores: reunión ilegal, obstrucción y ubicarse como peatón en la calzada. Según informó The Guardian, se trata de uno de los periodos de encarcelamiento más prolongados de un periodista detenido por su labor profesional en la historia de Estados Unidos. Y es tan solo uno de los casos que muestra el viraje de la administración pública hacia prácticas más autoritarias.

Aunque el foco de Trump no está solo puesto en los medios de comunicación sino en cualquier voz crítica. A través del programa “Catch and Revoke” (“Capturar y revocar”) -que combinaba el monitoreo de redes sociales, el seguimiento del estatus migratorio y evaluaciones automatizadas de amenazas para revocar visas de manera masiva-, la administración Trump detuvo y trató de deportar a estudiantes que expresaron opiniones y participaron en protestas, en particular, con los derechos del pueblo palestino. 

Al inicio del mandato presidencial, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció que había revocado las visas de al menos 300 estudiantes y visitantes, alegando que esas personas habían participado en “actos de vandalismo en universidades, acoso a estudiantes, ocupación de edificios y alteración del orden”.

Un ejemplo es el de la activista palestina Leqaa Kordia, detenida por primera vez en marzo de 2024 en una manifestación de solidaridad con Gaza en la Universidad de Columbia. Los cargos en su contra fueron desestimados, pero en marzo de 2025 la volvieron a arrestar cuando se presentó a una cita de control del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

«El presidente Trump ataca a quienes imparten la docencia y la forma en la que lo hacen. Ataca a la libertad de expresión, la autonomía institucional y la gobernanza compartida, y esto amenaza con socavar la solidez de la educación superior estadounidense que hasta ahora presumía de independencia frente a la interferencia política», denunciaba Lynn Pasquerella, presidenta de la Asociación Estadounidense de Colegios y Universidades, en RTVE.

El sistema judicial maniatado

Abogados particulares, bufetes y asociaciones de abogados fueron amenazados con investigaciones y sanciones por llevar a cabo su trabajo. También algunos fiscales han sido despedidos, como Michael Ben’Ary. Con más de 20 años de experiencia, fue relevado de su puesto mientras estaba trabajando en un caso de terrorismo que el propio Trump había mencionado en su discurso al Congreso. ¿El motivo alegado? Se difundió que había trabajado con Lisa Monaco, una figura clave en la administración de Joe Biden, y que supuestamente había sido parte de una «resistencia interna» contra Trump.

Los ataques verbales del presidente Trump contra jueces también han sido habituales. Incluso el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, reprendió públicamente a Trump después de que este solicitara el juicio político contra el juez Boasberg -quien supervisa un litigio contra Trump que impugna la implementación de la Ley de Enemigos Extranjeros-. 

Como informó Reuters, el presidente Trump atacó al menos a 470 personas, instituciones y grupos mediante despidos, suspensiones, investigaciones y la revocación de autorizaciones de seguridad. También los amenazó con investigaciones o sanciones, incluida la congelación de fondos federales.

Expulsiones masivas y asedio a las personas migrantes

La aceleración de las detenciones masivas y las deportaciones aterroriza a las comunidades y crea una narrativa deshumanizante. “Paraliza la vida cotidiana: las familias evitan la escuela, la atención médica y los servicios básicos por miedo”, explican en el informe. “Desde el primer día, la administración Trump impulsó una agenda anti-migrante y anti-refugiados, implementando órdenes ejecutivas racistas y xenófobas que deshumanizaban y criminalizaban a los migrantes y a las personas que buscaban seguridad”. 

El sistema de detención masiva de inmigrantes se expandió, manteniendo a miles de personas en instalaciones superpobladas. Se construyeron nuevos centros de detención financiados por el Estado, como “Alligator Alcatraz” y Krome, en Florida. En ambos centros se ha denunciado trato cruel, inhumano y degradante.

La expulsión masiva de migrantes y solicitantes de asilo venezolanos mediante la invocación de la Ley de Enemigos Extranjeros el 15 de marzo de 2025 -se había utilizado por última vez para detener a más de 120.000 estadounidenses de origen japonés en campos de internamiento en los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial- es una de las violaciones de los derechos humanos señaladas por Amnistía Internacional. Para Trump es tan solo la respuesta a una «invasión» que motivó el uso extraordinario de una ley de tiempos de guerra. 

Un ejemplo del uso de esta ley es el caso del venezolano Andry Hernández Romero, quien fue deportado acusado de ser miembro de la banda criminal Tren de Aragua. Después de esto, fue detenido durante cuatro meses en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) de El Salvador. Su deportación fue una más de las 200 hechas a sus compatriotas sin antecedentes penales.

Además, la administración Trump ha puesto fin al Estatus de Protección Temporal para muchas nacionalidades.

El control como objetivo: militarizado o con IA

El uso de los recursos militares para las protestas bajo el pretexto de combatir la delincuencia urbana se ha hecho “con el fin de apoyar una aplicación agresiva y a menudo ilegal de la ley migratoria”, denuncia el informe. El patrón de despliegues puso sobre la mesa la relación entre delincuencia y raza. Seis de las nueve ciudades donde el presidente Trump amenazó o desplegó a la Guardia Nacional tenían un alcalde negro y una gran población negra y latina. 

Pero el control no llega solo por la fuerza sino que el monitoreo de las redes sociales es otra de sus herramientas. La IA Babel X, proporcionada por Babel Street, y el sistema operativo Immigration OS de Palantir, permiten la vigilancia masiva de las redes sociales de millones de personas bajo la potencial amenaza del «terrorismo».

Además, Trump también ha recortado la financiación de las instalaciones y programas de atención reproductiva, forzando el cierre de clínicas -según el Gender Equity Policy Institute, las mujeres embarazadas que viven en estados que prohibían el aborto tenían casi el doble de probabilidades de morir-. Asimismo, ha atacado los derechos y la atención LGBTI, en particular de las personas transgénero, firmando una orden ejecutiva para “restaurar la verdad biológica”, definiendo el sexo como una “clasificación biológica inmutable como masculino o femenino”.

«Estamos presenciando una escalada alarmante de la represión patrocinada por el Estado y el abandono del estado de derecho y las normas de derechos humanos en todo el mundo», dice Erika Guevara-Rosas, directora sénior de Investigación, Políticas, Incidencia y Campañas, en el informe. Aunque el gobierno de Estados Unidos se había posicionado durante mucho tiempo – al menos en teoría- como un defensor mundial de los derechos humanos, la administración Trump ha hecho que Estados Unidos dé marcha atrás retirándose de acuerdos y organismos globales cruciales en materia de derechos humanos.

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25 organizaciones exigen “poner fin a la impunidad” de la violencia estructural contra las trabajadoras del hogar

24 Enero 2026 at 11:01
Por: Ana Veiga

«La violencia en el empleo de hogar no es un caso aislado: es un sistema«, afirman en un comunicado 25 organizaciones, entre las que se incluyen Oxfam Intermón y Territorio Doméstico. En su texto, denuncian el desamparo y precariedad que sufren las trabajadoras del hogar, la vulnerabilidad jurídica, económica y social así como el régimen de explotación y abuso que significa estar internas con disponibilidad las 24 horas durante todos los días de la semana.

Para acabar con la «impunidad» de quienes ejercen esta «violencia estructural», exigen diez medidas urgentes e inmediatas. Entre estas, destacan la petición habilitar canales de ayuda, aumentar las inspecciones laborales en los domicilios y regularizar la situación administrativa de residencia de las trabajadoras del hogar y los cuidados, garantizando plenamente sus derechos de ciudadanía.,

Investigaciones realizadas por Oxfam Intermón y la Asociación Por ti Mujer revelan que el 49,2 % de las trabajadoras encuestadas afirman haber vivido algún tipo de violencia en el trabajo a lo largo de su trayectoria laboral. Además, el 70 % conocía algún caso cercano. El 17,1 % asegura haber recibido proposiciones de naturaleza sexual y el 8,5 % dice haber sufrido tocamientos de naturaleza sexual sin consentimiento. En el caso de las trabajadoras extranjeras, las cifras de proposiciones se multiplican por cuatro y las de tocamientos se duplican.

«Los casos que trascienden, como el reciente caso mediático que involucra a una figura pública, revelan cómo la violencia sexual en el ámbito del trabajo de hogar permanece oculta y normalizada, sigue siendo un tabú y muchas víctimas no se atreven a hablar, se aprovecha la indefensión de las víctimas, siempre cuestionadas por el sistema patriarcal y racista que domina las relaciones laborales de las trabajadoras extranjeras», recalcan en el comunicado.

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