En estos tiempos críticos, un fantasma asedia a la monarquía constitucional española: el fantasma del franquismo. En el campo de la reacción, cada vez son más las voces que lo reivindican, comprenden o justifican, y su progresión electoral es innegable. Los sectores populares desclasados, al no sentirse amparados por el sistema de partidos, han dejado de creer en los valores liberales y se decantan por el autoritarismo a cara descubierta. El franquismo, en vías de rehabilitación, tiene el viento a favor y vuelve a levantar cabeza sin complejos. ¿Culpa del mal perder de la derecha, que vuelve la mirada a un pasado más confortable para ella? Explicación simplista si cabe, puesto que quien representa políticamente a la dominación no es solo la “derecha”, ni la nostalgia de los orígenes es su principal motivación. Más bien decepción de la clientela votante ante la ineptitud e inoperancia del progresismo de izquierdas o de derechas y pérdida de credibilidad del parlamentarismo. Lo entenderemos mejor si partimos del hecho de que el franquismo nunca fue derrotado. Al contrario, el régimen del 78 “que tanto costó” no fue producto de una victoria, sino de una reforma pactada y llevada a cabo gracias a la mismísima legislación franquista. Se puede decir que fue más hijo del franquismo que del antifranquismo. Hubo continuidad estructural y permanente conexión jurídico-administrativa. Desde el principio, el franquismo estuvo ahí, disimulado en el sistema llamado “democracia” por sus beneficiarios, hasta que la descomposición política y social lo ha sacado del baúl de los recuerdos y lo ha vuelto a poner en la partida, bien como espantajo electoral izquierdista (¡Que viene el lobo!), o bien como estandarte patriotero extemporáneo (¡Arriba España!). ¿Realmente va de democracia? ¿se trata de franquismo sociológico? No, simplemente de capitalismo. Los intereses económicos, las crisis no resueltas y la geopolítica apuntan en dirección al cambio de escenario, esta vez para representar una farsa.
La ley del punto final de 1977 amnistió al franquismo en su totalidad y obvió todo reconocimiento y toda reparación moral a sus víctimas. Ningún partido se preocupó por ellas. El pacto de silencio imposibilitó políticas de memoria oficiales: la primera exhumación de una fosa de fusilados (en el Bierzo) fue cosa de una iniciativa privada en el 2000, más de veinte años después. En el mismo año 77, los Pactos de la Moncloa pusieron fin al movimiento obrero autónomo. Dirigidos y neutralizados por los sindicatos, los obreros nunca volverían a ser una amenaza seria. Eso sí, la simbología democrática se fue imponiendo. A pesar de que todo el aparato político, mediático, judicial, policial, militar y eclesiástico de la dictadura quedó intacto, apenas han quedado restos simbólicos franquistas: el nombre de una calle, alguna placa conmemorativa, un monumento que atrae poco la atención, el Valle de Los Caídos sin la tumba de Franco… Las más de doscientas normas de la dictadura que se han conservado no contradicen el marco constitucional salvo la ley de Secretos Oficiales, que vuelve oscuras las altas instancias estatales, o la Ley del Suelo, constantemente ampliada en el sentido más especulativo. Asimismo, dudoso es el Concordato con el Vaticano, aunque haya sido retocado, o el delito de Secesión establecido en el Código Penal, derogado muy tarde, en 2023.
Lo más preocupante ha sido siempre la propia Constitución, aprobada por diputados mayoritariamente burgueses o de clase media alta, tanto progresistas como conservadores, cuya ambigüedad favorecía desarrollos autoritarios muy evidentes. Su carácter retrógrado y su obsesión por el orden quedaba manifiesto en las leyes de seguridad ciudadana, especialmente la ley “de la patada en la puerta” y la ley “mordaza”; en la introducción subrepticia del Derecho Penal del Enemigo (p.e., la normativa antiterrorista): en la ley de los estados de alarma, de excepción y de sitio, en el régimen carcelario FIES; en la ausencia notoria de una ley de huelga, derecho regulado por un restrictivo decreto preconstitucional (proscripción de piquetes, servicios mínimos abusivos…); en la prohibición de pegar carteles y realizar pintadas, en la práctica imposibilidad de llevar adelante una iniciativa legislativa popular, etc. El “déficit democrático” al que aluden muy post festum algunos críticos benevolentes, resultado de la “reconciliación” entre los franquistas y la oposición, se completó con una cesión de soberanía económica sin precedentes en la dictadura, puesta de relieve con el acatamiento absoluto de las exigencias formuladas por las finanzas internacionales. La excusa fue la integración a la Comunidad Económica Europea. En fin, si alguna vez hubo democracia, en el sentido liberal y parlamentario, es decir, burgués, fue una democracia vaciada, postiza y fraudulenta, tal como comprobaremos al abordar con veracidad la nada edificante Transición consensuada.
El periodo del tránsito de la dictadura a la democracia espuria fue llamado “Transición”, aunque quedaría mejor retratado si lo llamáramos posfranquismo. Fue todo menos ejemplar. Un modelo ibérico de impunidad para genocidas, un ejemplo de amnesia voluntaria culpable, un caso histórico de complicidad protagonizado por equipos cooptados según criterios empresariales y financiados por gobiernos y fondos extranjeros. El resultado final fue un régimen ligeramente reformado por una oligarquía de partidos profesionalizados, que tuvo buen cuidado en confeccionar un relato edulcorado y mirífico de su advenimiento, bautizado por el periodista Guillem Martínez como “CT. Cultura de la Transición”. La serie documental de Victoria Prego sería el ejemplo más fariseo de dicha cultura, nunca superado por los editorialistas, tertulianos y presentadores televisivos. Si la Transición no fue ejemplar, tampoco fue pacífica, pues no contó con la unanimidad de una población pasiva, satisfecha y supuestamente complaciente, sino con una resistencia tenaz que hubo de acallar duramente empleando a fondo a las fuerzas del orden, todavía franquistas. En sus siete años, entre 1975 (muerte de Franco) y 1982 (adhesión a la OTAN), se produjeron más de tres mil hechos violentos que ocasionaron 714 muertos, cifra semejante a la que ocasionaron los “años de plomo” en la Italia de los atentados. Democrático no califica correctamente al régimen nacido en la Transición. Mejor llamarlo “partidocracia”, un sistema político autoritario con apariencias democráticas pero sin separación de poderes, en el que las altas jerarquías de los partidos, meras maquinarias gestoras y electorales, se abrogan la representación de la voluntad popular a todos los niveles.
La década de los ochenta fue la de la “Transición económica”, el paso de un capitalismo nacional a un capitalismo bancarizado y globalizado, que propició el bienestar consumista a las clases medias asalariadas, amplió el número de funcionarios, anuló al proletariado industrial y dio estabilidad a la partidocracia. La especulación inmobiliaria, el turismo, la exportación agrícola y el endeudamiento se convirtieron en los motores privados de la economía, mientras el Estado privatizaba el patrimonio público y apostaba por el transporte elitista (la alta velocidad), es decir, socializaba las pérdidas de las opciones ruinosas que “los mercados” exigían. El fin de la Guerra Fría (Cumbre de Malta, 1989) dio rienda suelta al neoliberalismo, la nueva ideología a seguir por los gestores de la dominación. El Tratado de Maastrich de 1992 confirmó la integración del estado español en el área económica mundial, la “modernización” de los dirigentes, es decir, el sometimiento a los poderes financieros representados por el Banco Central Europeo de la decisión en todo tipo de materias, fuesen políticas, jurídicas, sanitarias o simplemente laborales. Lo que los obreristas del régimen llamaron “estado del bienestar” (las concesiones sociales y laborales anteriores a la globalización) empezó a desmantelarse. El nuevo modelo mercantilista precarizó tanto a trabajadores, empleados y autónomos, como perjudicó a campesinos, jubilados y profesionales. Mientras, el poder se fue concentrando allí donde fluía el trabajo, en las metrópolis, y la población afectada, relegada en las periferias. Cuando estalló la burbuja financiera de 2008 que llevó a la quiebra bancaria (y al posterior rescate de bancos y cajas), el desencanto de la población suburbana empobrecida empezó a repercutir en la esfera política: el movimiento de la ocupación de plazas del 15 de Mayo de 2011 denunció a la partidocracia bipartidista como un régimen de corruptos y exigió una “democracia real.” Se trataba de una polarización relativa, moral, limitada al cuestionamiento de la representación política. La maltratada e indignada clase media pedía pacíficamente ser rescatada por el Estado igual que este lo había sido por la Unión Europea. Quería, si no mantener su anterior status económico, al menos no quedar fuera del reparto de ayudas, por lo que en primera instancia apoyó a los partidos populistas recién creados (Ciudadanos, Podemos, Els Comuns, las Mareas…) que, con aires regeracionistas y hablando en nombre de la “ciudadanía”, se disponían al “asalto de las instituciones”, es decir, a reformar el sistema posfranquista desde dentro.
Excusamos extendernos en las ridículas peripecias que ocasionaron el rápido declive de los nuevos partidos ciudadanistas, pero su patente impotencia en cambiar mínimamente el curso de los acontecimientos y su alegre integración en el sistema que criticaban, contribuyó al retorno del desacreditado bipartidismo imperfecto que caracterizó siempre a la partidocracia, o sea, despolitización, espectáculo, cuentas opacas y mordidas incluidas. Cometían voluntariamente el error de separar Capital y Estado, cuya fusión es el rasgo fundamental del siglo, la clave del desarrollo mercantil y de la dominación. En consecuencia, al ponerse bajo la tutela de las instituciones, se colocaban -y colocaban el lenguaje woke, la “sostenibilidad” y la paranoia identitaria- al servicio de la economía, que es como decir al servicio de las renovables industriales, del automóvil eléctrico y del turismo. En resumen: a las órdenes del extractivismo capitalista. Pero, cuando se da una depresión económica prolongada, nada de eso evita la disminución del empleo, la rebaja de salarios, el paro, la subida del precio de la energía y de los alimentos, el encarecimiento de la vivienda… Fracasada la utopía de un Estado democrático-ecológico de clases medias, el hastío, la desafección política y mediática, los recortes en el sector público, la pobreza y el miedo al derrumbe fueron capitalizados por una derecha radicalizada. La indignación y la retórica populista anti-sistema cambiaban de bando; la base social del cambio inocuo, también.
El Estado había abandonado a las clases superfluas, despolitizadas, envejecidas, precarizadas y empobrecidas del extrarradio metropolitano, -a los “estratos en crisis” de Juan Linz- cuyas contradicciones internas -provocadas por el contraste entre una mentalidad aburguesada y una situación apurada- empujaban hacia la extrema derecha neofranquista. Los algoritmos y la información fake de los blogs cooperaban. El franquismo renacía con los horribles nuevos tiempos, pero no a través de iluminados líderes, desfiles y performances fascistas, sino más prosaicamente, gracias al nuevo invento de las redes sociales. El franquismo ya no se insertaba en el ánimo y la mente de un público agitado a base de poses escenográficas y gestos simbólicos al aire libre de la dirigencia, sino mediante bulos, arengas patrióticas e histeria racista transmitidas a una población insegura en aprietos, mirando el móvil o sentada ante la pantalla del ordenador. La rivalidad del gendarme mundial, los Estados Unidos, con China, Rusia e Irán obligaban a poner condiciones al comercio mundial y fijar las áreas de influencia, lo que significaba el fin de la globalización abierta y el inicio de una nueva carrera de armamentos. La fuerza militar determinaba un reparto multipolar del planeta, forzando a los Estados débiles a alinearse incondicionalmente en un campo donde proteger su escasa soberanía. Eso implicaba una limitación seria del desprestigiado sistema partitocrático en provecho de una regulación más autoritaria de la política y un control social más duro, que el sector más sobresaltado y menos ilustrado de la población, frustrado y desatendido por las instituciones, exigía que se orientara hacia los refugiados, inmigrantes y okupas. Para su defensa en condiciones críticas, el orden establecido disponía ahora de la baza del enemigo interno.
Un nuevo horizonte político regresivo se perfila en toda Europa con la presencia de un movimiento parafascista en auge, beato, xenófobo y negacionista, que maneja como coartada principal a una nueva clase peligrosa: la inmigración ilegal, no apta para la integración en la sociedad, sea por hablar otras lenguas, vestir de otra manera y practicar otras religiones, o sea por acaparar la asistencia pública, degradar la seudocultura local y traer consigo el gen de la delincuencia y la okupación. En realidad, por ser pobre y, a menudo, sin techo ni papeles. El verdadero enemigo de la cultura, de la convivencia y del bienestar había sido siempre el liberalismo económico sin trabas, responsable del hambre que había forzado a emigrar. Actualmente, la inmigración constituye el ejército de reserva de la fuerza de trabajo-basura, gracias al cual la economía de mercado funciona en negro. Es de esperar que cuando se sienta fuerte impulse un movimiento reivindicativo que ponga contra la pared a quienes se aprovechan de su situación desesperada explotándola o instrumentalizándola. En prevención de que esa parte importante del proletariado confluya con otras fuerzas autóctonas desposeídas o excluidas del mercado laboral por la larga crisis, las derechas extremas la designan como enemigo absoluto, eterno candidato a la expulsión, o mejor, a una privación de derechos que mantenga un elevado nivel de explotación. Sin embargo, para desgracia del franquismo reavivado, la inmigración está viniendo para quedarse. Bienvenida sea. Es una pieza necesaria en el tablero capitalista y sin duda también lo será en el del nuevo antifranquismo. Habrá que contar con ella como aliada.
Vivimos tiempos difíciles, lo sabemos. Por arriba, los sectores dominantes, dibujando una realidad que sólo ellos se creen, mientras que con el discurso de lo «moral» se están robando todo. Por abajo, nuestras vidas se precarizan cada vez más y la supuesta «oposición’ brilla por su ausencia o sólo apela a transiciones por derecha con más «racionalidad». Por todo esto, necesitamos retomar un horizonte superador, que sin prisa pero sin pausa, se plantee abordar las luchas por venir, desde una lógica que no actúe «administrativamente» sobre lo dado, sino que se impulse sobre lo que nunca ha sido…
«Lo que sabemos que en la Alta Edad Media, más o menos, ya estaban presentes, ya se pueden registrar… Y durante la Edad Moderna –siglo XVI, XVII y XVIII– tienen una presencia superimportante en la documentación y en la vida de las comunidades. Están reconocidos, son defendidos con todos los recursos habidos y por haber… En el archivo del Reino de Galicia hay cientos y cientos y cientos de pleitos alrededor de los montes vecinales… Las comunidades, muchas veces iletradas, con pocos recursos, no dudaban en irse a un tribunal de justicia como el del Reino de Galicia a defender su monte. Está ahí. Lo defendían contra los señores, los nobles de turno, contra los monasterios… Esos poderes que intentaban ir sacándole esa capacidad de gobernanza que tenían… Entre eso, conflictos entre las propias comunidades por garantizar su acceso… Contra personas individuales que hacían un mal uso o intentaban hacer una apropiación de ese bien comunal… Es impresionante ver la cantidad de documentación que se genera en torno a estos bienes.»
«Y, bueno, llega el siglo XIX, vamos a avanzar un siglo… Llega el siglo XIX y entramos en otro momento, en otro ciclo, por así decirlo, que es el momento de construcción del Estado liberal y del modelo de producción capitalista, que lo que asienta un poco las bases del mundo en el que vivimos hoy, del Estado que conocemos a día de hoy. Y ¿qué pasa? Que, con la construcción del Estado liberal y la construcción de su corpus legal e institucional, se recrea un nuevo concepto de la propiedad, de corte más capitalista, es «la gran obra de la propiedad», que dicen grandes historiadores, en la que, o bien la propiedad es privada y es individual, es lo que se considera la propiedad perfecta, es la que va a generar progreso, es la que va a generar que haya enriquecimiento económico y, por lo tanto, progreso, y la propiedad pública, que es del Estado, es de la Administración. Entonces, el concepto de propiedad comunal no tiene lugar. Hay un vacío legal, hay una invisibilización, queda totalmente fuera de la legislación y del proceso de construcción del Estado. Entonces, esto desencadena un proceso de desarticulación de los bienes comunales que tiene muchos caminos, tampoco nos vamos a meter en todos, pero así, como para dar pinceladas…: Los procesos de desamortización afectan muchísimo a la propiedad comunal. Está el proceso de desamortización eclesiástica, en el que, en muchas ocasiones, los monasterios cobraban rentas, algún tipo de renta, por el uso de un comunal. Entonces, a la hora de desamortizar, es decir, de poner en venta esos bienes, se privatizaban y se vendían bienes comunales, o cambiaban de manos… la posibilidad de adquirir esas rentas… Y, sobre todo, la desamortización civil de 1855 es la que más afecta a la propiedad comunal, porque se crea una asimilación entre los bienes comunales y los bienes de propios. Los bienes de propios eran bienes que pertenecían a los ayuntamientos, a los municipios, por los que cobraban rentas y que están en un limbo: Eran un tipo de propiedad comunal por el que se cobraban rentas, pero que sí que los municipios durante la Edad Moderna se habían ido apropiando de ellos. Entonces, para la desamortización, para la ley desamortizadora civil, son lo mismo y, por lo tanto, son de los municipios, son de titularidad municipal, son públicos y se pueden poner a la venta. Hay que desamortizarlos, hay que ponerlos en el mercado para que produzcan y sacarlos de las «manos muertas», que se llaman.»
Introducción: Mirar hacia el abismo, reconocer la vida.
Comprender el presente se hace cada vez más difícil, la teoría está siempre por detrás de la coyuntura. Pero esa separación se hace gigantesca en la medida en que el caos informativo generado por las redes sociales y los medios tradicionales nublan nuestra mente y normalizan la violencia. Cómo dice Roberto Bolaño: “la rutina matiza todo horror”[1].
Así, los acontecimientos que han marcado este inicio de año no sólo revelan cuán catastrófico es el presente que nos toca vivir, sino también dan cuenta de la incapacidad generalizada por comprender la catástrofe como algo más que sólo un ruido de fondo que no llega del todo a interrumpir el común curso de nuestras vidas. Cómo suele decirse: “mañana igual tendremos que levantarnos a trabajar”.
Mientras que el imperialismo estadounidense muestra su versión más desatada en Venezuela, Groenlandia y ahora recientemente Cuba e Irán; a nivel nacional la ultraderecha electa, se preparó con bombo y platillo para asumir el poder, con un gabinete conformado entre “exorcistas”, estafadores y dos ex-concertación, estos fenómenos, en su acepción denostativa ilustran crudamente un proceso global del cual Chile se termina de poner al día: el avance del neoconservadurismo y el triunfo de la sinrazón. Al mismo tiempo que la derecha chilena vive su mejor momento en décadas, el progresismo experimenta su derrumbe ideológico y la deslegitimación de su proyecto político. La absolución de Claudio Crespo gracias a la Ley Naín-Retamal, se suma al sucidio de David Gómez Valenzuela y de Jorge Salvo, como constataciones del rol del gobierno de Gabriel Boric en consolidar la política de la impunidad, que no sólo protege a quiénes cegaron y mutilaron a compañerxs durante el 2019 y 2020, sino que será aplicada en contra de todos los futuros intentos de levantarse contra el próximo gobierno. Los nuevos administradores del modelo celebraron por lo alto, mientras que el sur de Chile se volvió a incendiar bajo crecientes sospechas de intervención y del beneficio de proyectos mineros.
Nuestras intenciones con este texto se pueden resumir en intentar encontrar sentido en medio de todo este caos disociativo de la realidad, pensar el periodo actual como parte de un proceso global. Un esfuerzo por revelar los engranajes y piezas que se esconden detrás del humo y de la ceniza. “El abismo se ha abierto, y no servirá de nada intentar ignorarlo. Hay que mirar al abismo, medir su extensión y profundidad. Hay que cartografiarlo, mientras caemos en él de manera inexorable”[2]. Y en ese ejercicio, reconocer la vida; mirar esos otros engranajes que entre las cenizas se levantan, resisten, crean otras, nuevas y viejas formas de luchas para habitar la tierra. Resistencias que se enfrentan a este sistema de muerte y levantan alternativas como luciérnagas que iluminan entre tanta oscuridad.
1.Chile: Guerra por la vía “democrática”.
La guerra es una de las características definitorias de nuestra época, desde distintos sectores y análisis de los fenómenos bélicos que nos atraviesan, se sostiene que estamos en la tercera guerra mundial. La intensificación de este proceso global en el territorio chileno se puede ubicar en antagonismo a la revuelta popular de octubre de 2019. La estrategia del poder en ese entonces, bajo el gobierno de Sebastián Piñera, se ejecutó el 15 de noviembre del 2019, con el Pacto por la Paz, que agrupó a gran parte del Partido del Orden, desde la derecha hasta el progresismo. Un gran acto de unidad del poder, inaugurando un proceso de contrainsurgencia que abrió camino para el escenario actual, bajo dos cursos de acción complementarios, por un lado la conducción de la revuelta hacia los márgenes institucionales; y la consolidación del estado policial, brindando todas las herramientas necesarias a las fuerzas represivas para mantener el orden y proteger la propiedad privada.
Estas modalidades, no se limitaron a ser aplicadas durante los momentos de mayor radicalidad de la revuelta social, sino que se instalaron permanentemente dentro de las políticas de gestión gubernamental, mientras que el gobierno progresista que le siguió no hizo más que profundizarlas. No por nada, el gobierno de Gabriel Boric fue el que más leyes represivas generó durante su mandato, entregándole en bandeja al nuevo gobierno de Kast, las herramientas jurídicas para la gestión y represión de la población, reafirmando en todo momento su compromiso con la misión contrainsurgente. Ley Anti tomas (21.633), nueva Ley Antiterrorista (21.732), Ley Naín-Retamal (21.560), esta última, teniendo un papel fundamental en institucionalizar la impunidad para los efectivos policiales que se encarguen de acabar con aquellos que representen una amenaza para el orden.
Un gobierno progresista como el del Frente Amplio y el Partido Comunista, fue la condición necesaria para poder terminar de consolidar un Estado Policial sin resistencia en las calles, para que luego fuera la derecha quien continúe esa misión. Así como en 1990, Pinochet le entregaba la banda presidencial a Aylwin, institucionalizando así la dictadura para los siguientes años; este 11 de marzo de 2026, el progresismo le entregó la banda presidencial a los herederos de Pinochet, continuando así, la guerra por la vía democrática. En algunos lugares atacan con drones y misiles, en otros con intervenciones y secuestros, en Chile atacan con incendios forestales, devastación ambiental, infiltración en manifestaciones y organizaciones, prisión política, desapariciones forzadas, o lo que sea necesario con tal de asegurar la reproducción del capital y la acumulación de poder.
En la democracia chilena, en menos de 2 meses detuvieron a Nicolás Piña, absolvieron a Claudio Crespo, levantaron un montaje para inculpar a la familia de Julia Chuñil por su desaparición, desalojaron la toma de San Antonio; aprobaron en el senado la ley de conmutación de pena para violadores de DD HH, femicidas y abusadores; y no han parado de atacar a las comunidades del Wallmapu. El recrudecimiento del actuar del poder, no es más que la antesala de cómo será el nuevo periodo que enfrentaremos con Kast, quien ya ha sostenido reuniones con sus pares Bukele, Milei y Trump. El ciclo de luchas que se abre en el actual escenario de guerra, no da cabida a nostalgias que intenten repetir Octubre de 2019, sino que nos interpela a sacar las lecciones oportunas, de ese y otros procesos, para enfrentar con mayor organización y estrategia los desafíos que nos atraviesan, los que además se vislumbran más complejos, violentos y globales. Ahí la urgencia de desplegar una lucha internacionalista, con arraigo en los territorios y las experiencias comunitarias de organización de la vida.
2. Sobre la guerra global y sus formas.
La multiplicación de focos de conflicto en el mundo en los últimos años, pueden comprenderse dentro de una tendencia del capitalismo hacia la mundialización de la guerra en sus distintas formas. Sin embargo, esta tendencia es contradictoria. En la historia del capitalismo, la guerra responde a la necesidad de este por asegurar las condiciones mínimas para su reproducción por medio de la destrucción, el disciplinamiento y el exterminio. Permitiéndole al capitalismo superar sus límites inmediatos al provocar la desvalorización de la enorme masa del capital existente y posteriormente su regeneración. Por lo que podemos entender que el desarrollo del capitalismo está unido al perfeccionamiento y expansión de la guerra, pero en la medida que la potencia técnica de la guerra ha alcanzado la escala planetaria (a través de la energía nuclear), una guerra que movilice a las principales potencias del mundo no producirá la regeneración de las condiciones para la reproducción del capital, sino que paradójicamente podría producir la destrucción tanto del capital como de la vida. He ahí la contradicción que se oculta a la vista en el binomio capital-guerra. Cómo acertadamente comprende Robert Kurz, “la guerra simplemente se convierte en un catalizador de la crisis, acelerando la crisis gradual del capital, tanto a nivel regional como global”[3].
Al tratar de esquivar una situación de no retorno, la mundialización de la guerra en un primer momento toma una forma distinta a las de las guerras mundiales del siglo pasado. En tanto, se evita el enfrentamiento directo entre las principales potencias imperialistas, su disputa indirecta es representada a través de la multiplicación de distintos focos de conflictos simultáneos por los que se pone en juego las zonas de control de las respectivas potencias. Al mismo tiempo, que las innovaciones técnicas y estratégicas de las guerras mundiales son aplicadas de manera transversal como parte de las modalidades comunes de gestión, disciplinamiento y exterminio que despliegan los Estados dentro de sus propios territorios, indistintamente de la forma del Estado.
En este sentido podemos referirnos a la globalización de la guerra como una tendencia intrínseca del capitalismo, pero cuya expresión había estado parcialmente constreñida por las circunstancias históricas y la madurez del modo de producción capitalista. Por ello, este fenómeno se experimentó de una manera gradual, mientras se preparaban los prerrequisitos necesarios para que se expresara a gran escala. Nos referimos al proceso de dominación real de la tecnología y la destrucción de la infraestructura social del movimiento obrero, permitiendo la asimilación por este de los valores burgueses y su explotación sin resistencias. Esto no quiere decir la ausencia de la guerra hasta hoy, sino que la guerra se efectuaba de forma dispersa y fuera de foco, hasta el punto de poder ser negada formalmente. Mientras, la ideología liberal-progresista protegió y justificó la guerra, al menos hasta ahora que el capitalismo ya no necesita de ella y la guerra puede expresarse abiertamente por lo que es.
Así, cada acto de barbarie que enmarca el actual momento histórico encuentra su antecedente directo en los campos de exterminio judíos, el apartheid racial, los bombardeos a Hiroshima o las matanzas obreras. Pensar en los nazis al observar los corredores de muerte en Palestina o las detenciones a migrantes en Estados Unidos no es una asociación aleatoria, son los destellos de una conciencia acerca de cómo sobreviven las formas características de la guerra y el exterminio del pasado en el presente.
2.1. La guerra contra el enemigo interno y la gestión fascista de la población sobrante.
Bajo esta lógica, la caza de migrantes por agentes de ICE (Control de inmigración y aduanas) es un dramático ejemplo sobre cómo la guerra se despliega dentro del propio Estado-nación y es justificada a partir de la producción de un “enemigo interno”[4]. Un agente patógeno que urge ser expulsado del cuerpo social. Este enemigo, ya sea en la forma de lxs migrantes, “terroristas”, cuerpos disidentes e históricamente lxs judios, es representado como una amenaza omnipresente, siempre inminente, cuya mera existencia contradice la ficción de homogeneidad social y racial sobre la cual se funda el Estado-nación.
“La figura del migrante condensa hoy una tensión central del sistema: es a la vez cuerpo excedente, fuerza de trabajo potencial y sujeto que desborda los dispositivos estatales de contención. Esta figura encarna lo que puede denominarse un régimen de supervivencia sin garantías, donde la vida se sostiene no por el Estado, sino a pesar de él, bajo condiciones impuestas por la desposesión violenta, la movilidad forzada y el control biopolítico”[5].
Si en la actualidad la situación de las personas migrantes racializadas, en su mayoría mujeres, es tan particular, es porque tanto su expulsión del país migrado, como las condiciones que lo forzaron a emigrar a él, son dos respuestas complementarias a un mismo fenómeno: la incapacidad del capitalismo por asegurar la reproducción social. Para hacer frente a los crecientes flujos migratorios, la política antimigratoria y proteccionista adoptada por Estados Unidos se impone como estrategia modelo para la gestión de esta población. Sin embargo, mientras el ecocidio planetario continúa y las guerras se intensifican, aumentan los flujos migratorios desde las zonas periféricas hacia el Norte Global, y entre Sures, en donde los efectos ecológicos y económicos de la crisis todavía no se hayan expresado del todo. Asociado a esto, el Estado propicia la movilización de enormes sectores de la población civil dispuestos a actuar como soldados y colaboradores para la subordinación y exclusión selectiva de migrantes, refugiades y la población “sobrante” local. No es sólo miedo por las consecuencias de no colaborar lo que les mueve, es el anhelo de sentirse parte de aquellos que ejercen la violencia, aún cuando ellos mismos no pertenezcan racial ni socioeconómicamente a ellos.
Con el reciente asesinato a Renee Nicole Good y posteriormente a Alex Pretti (ambos ciudadanxs estadounidenses), la represión se ha extendido hacia cualquiera que se oponga al ICE. Los escuadrones de muerte característicos del fascismo, encuentran su forma en Estados Unidos por medio de los propios aparatos del Estado. Según datos oficiales, para hacer frente al Millón de deportaciones que se tiene como meta ICE contaría con 12.000 nuevos agentes en menos de un año de campaña de reclutamiento. Esta campaña estuvo caracterizada por el uso de canciones y eslóganes supremacistas como la frase “America for Americans” popularizada por el Ku Klux Klan durante el siglo pasado y referencias a literatura neonazi[6]. La campaña parece enfocarse específicamente hacia extremistas de derecha, militantes de MAGA y policías insatisfechos.
En retrospectiva, podemos encontrar una continuidad lógica al interior de la historia de exterminio y esclavitud estadounidense, que une los programas raciales hacia los indígenas americanos y el disciplinamiento de la población esclava con las políticas de deportaciones de migrantes en la actualidad. No es de extrañar que las acciones de ICE no sólo hagan recordar a las prácticas del fascismo histórico, sino que también reactiven la memoria sobre los procesos históricos de desposesión y dominación sobre los que se fundaron las bases de Estados Unidos. Así, el ICE parece una modernización de la máquina de guerra interna estadounidense, que bebe al mismo tiempo de la experiencia de los SlavePatrols, —milicias que durante más de un siglo estuvieron encargadas de retener a los esclavos en las plantaciones, evitar levantamientos y dar caza a los esclavos fugitivos—, como también de los clásicos escuadrones fascistas de Alemania e Italia. Por otro lado, que encuentre en el Estado y sus aparatos su forma de operar, y no en organizaciones extralegales —como las que surgieron durante el primer y segundo mandato de Trump— responde a la asimilación de las innovaciones históricas del nazi-fascismo cómo modalidades comunes o potenciales de todo Estado moderno.
Por otro lado, no podemos responsabilizar únicamente al Trumpismo de generar una forma singular de conciencia reaccionaria, ni que se experimente la corrosión de las relaciones comunitarias y la profundización de la enemistad entre ciertos grupos identitarios. La colaboración de civiles con los aparatos represivos, su apoyo público e ingreso masivo a sus filas, no se tratan de simples fenómenos aislados, por el contrario, se trata de una mutación antropológica, de la que el caso estadounidense es sólo su estado más maduro. Está mutación se comprende como la predisposición de la sociedad hacia la guerra social, la producción de una comunidad nacional, dispuesta a matar y morir por el capital[7]. Invirtiendo la asociación inicial, el movimiento reaccionario global que encabeza Trump, puede existir en este momento a causa de décadas de un proceso de desmantelamiento de las estructuras sociales que permitían la solidaridad y la organización de los pueblos. Es el resultado final de la globalización del capitalismo y consigo, la imposición de la “competencia (es decir, la guerra social) en el principio universal de las relaciones humanas”[8].
2.2. La generalización de la guerra y su necesidad.
La característica más importante de la Guerra en el presente, es probablemente que ya no necesita terminar. La paz pierde su significado mientras que la guerra se expande como una realidad social sobre toda la tierra; la globalización de la guerra como reflejo a la de los mercados. Tanto Netanyahu en Israel como Zelensky en Ucrania necesitan de la movilización permanente de sus aparatos bélicos para ocultar las contradicciones sociales al interior de sus propios países. La existencia de un enemigo es tanto la excusa con la que aseguran más tiempo en el poder, como también la narrativa a través de la cual proyectan una sociedad idílica, racial y socialmente homogénea, unida gracias a este enemigo común. El fin de la guerra no es deseable. Cuando tiene lugar, lo hace sólo formalmente, para luego regresar bajo formas distintas, pero cumpliendo el mismo propósito.
Tanto para el EZLN como para el pueblo Kurdo, el presente es interpretado como el curso de una nueva Guerra Mundial. Para los primeros, estas guerras tienen como una de sus constantes la conquista de territorios y su reorganización geográfica[9]. Aspecto en el cual las guerras contemporáneas no son una excepción. La búsqueda estadounidense de anexionar nuevos territorios por medio de la fuerza y las amenazas es coherente con aquello. Tanto lo sucedido en Venezuela, como la disputa por territorios en África y el medio oriente corresponden a las expresiones más acabadas del actual reordenamiento geopolítico en el mundo. Para el movimiento de liberación en Kurdistán, la tercera guerra mundial en curso se está disputando el poder imperialista, “las potencias hegemónicas se alían o enfrentan según sus intereses, ya no hay un frente de batalla claro, los únicos dos frentes son las fuerzas que luchan por la hegemonía y por el otro lado el pueblo, los movimientos en resistencia[10]”.
En medio oriente somos testigos de cómo los imperios se pelean la hegemonía mundial; las protestas en Irán[11] han cobrado más de dos mil vidas; y los ataques a la Revolución de las Mujeres en Rojava ha desplegado a toda la resistencia Kurda en defensa del proyecto de vida que ha levantado el confederalismo democrático. En África, se crean nuevos Estados títeres como Somalilandia y los gobiernos panafricanistas como el de Burkina Faso resisten a intentos de golpes de Estado e intervención extranjera. En Estados Unidos se realiza una enorme limpieza étnica avalada por el Partido gobernante, junto a un importante sector de la población, a la vez que surgen cuadrillas de autodefensa en las calles, y millones de personas resisten a las bajas temperaturas y la represión fascista de Trump. En el resto del continente, la intervención estadounidense sobre Venezuela a comienzos de año, la posible anexión de Groenlandia y los recientes bombardeos coordinados junto a Israel hacia Irán que cobraron cientos de vidas de civiles constatan la disolución de las viejas concepciones de soberanía y el derecho internacional: la ley pertenece a quienes ostentan el poder.
2.3. Las nuevas tecnologías al servicio de la muerte.
¿Pero qué es lo que diferencia la guerra en el presente con las anteriores guerras mundiales? La respuesta fácil son las nuevas tecnologías (entre las que destaca la inteligencia artificial). Las guerras en este siglo han servido como ensayos para probar la eficacia de estas nuevas tecnologías en futuros conflictos a mayor escala. Hoy estamos en ese punto. La guerra ya no es un tema de seres humanos únicamente, sino de máquinas, algoritmos y redes digitales. Sistemas operativos autónomos identifican a los objetivos, trazan las coordenadas, ordenan el bombardeo y recopilan los datos para optimizar la operación militar. La tecnología está al servicio de la guerra y la humanidad podría perecer por ella.
La tecnología ha logrado facilitar más que nunca la muerte a gran escala, transformándola en un acto impersonal y automatizado. Con la integración de las máquinas inteligentes se ha emancipado a la guerra de su limitaciones orgánicas y psicológicas, el asesinato se vuelve una tarea que no se ve interrumpida por la sensibilidad humana y el desgaste físico. En cambio, se reduce a una tarea repetitiva, maquínica de manera literal. Una prueba de ello, ocurrió en los días 17 y 18 de septiembre del 2024. La apodada Operación Grim Beeper se trató de la fabricación de miles de beepers y walkie-talkies intervenidos por la agencia de inteligencia israelí (Mossad) para ser detonados a distancia. Luego de que miembros de Hezbolá en el Líbano y Siria comenzarán a hacer uso de estos dispositivos como un intento de evitar la vigilancia de la inteligencia israelí, estos dispositivos se activaron simultáneamente en distintos puntos del Líbano y de Siria, resultando en el asesinato de al menos 40 personas (entre ellas 2 niños) y dejando heridas a cerca de 3000 personas. Esta operación requirió de al menos 5 meses de preparación, y su resultado demostró tanto la absurda superioridad técnica de la máquina de guerra genocida israelí, cómo también la capacidad que entrega la tecnología para ampliar el frente de esta guerra genocida a cualquier otro territorio.
En esta línea, el acuerdo del pasado sábado 28 de febrero entre el Departamento de Guerra de Estados Unidos y OpenAI, —una de las empresas de inteligencia artificial más grandes del mundo—, es un paso más en el proceso de automatización de la guerra a gran escala y la vigilancia masiva por medio de la implementación de modelos de inteligencia artificial. El acuerdo, anteriormente propuesto a Anthropic por quién fue rechazado, permite al gobierno estadounidense el “uso legal total” de la tecnología de OpenAI. Un límite legal que nada significa en un momento donde los Estados aparecen desprovistos de sus velos democráticos, para en cambio, ser afirmados únicamente como un enorme aparato represivo.
Pero la tecnología no se hace sola. El objetivo inmediato de la guerra es la conquista de recursos fósiles y tierras raras, ambas necesarias para que la guerra continúe siendo eterna y cada vez más optimizada. Esta lógica autodestructiva impulsa como una tendencia estructural la degradación ecológica global, el suicidio de la especie como consecuencia final del capital. Si bien, no podemos asegurar que los gobiernos deseen acabar con el mundo con una guerra abierta (aunque los hechos nos puedan llevar a afirmarlo), sí podemos asegurar que la preparación tanto ideológica como tecnológica para la guerra es un terreno cómodo para que distintos sectores empresariales[12] se enriquezcan (desde empresas de ciberseguridad y vigilancia como Palantir, a los dueños de proyectos extractivistas y el conjunto de la enorme industria armamentística).
3. Guerra contra la Tierra, las mujeres y los cuerpos disidentes.
Desde voces feministas, se sostiene que parte del carácter de la guerra en curso, en sintonía con lo que plantean las compañeras Zapatistas y Kurdas, es primero una guerra Colonial, por la ocupación de la tierra y territorios según intereses económicos y políticos. En Abya Yala, se han alzado diversas comunidades y organizaciones a enfrentarse a proyectos mineros, empresas, narcos y gobiernos; son cientos de personas, principalmente mujeres, que defienden los territorios, sus comunidades, sus bosques, sus aguas, sus ciclos. El poder, actuando con máxima crueldad, ha respondido sistemáticamente con asesinatos y desapariciones. Sólo el 2024 se registraron 146 casos. En nuestro territorio cargamos con los casos de Nicolasa Quintremán (2013), Macarena Valdés (2016), Emilia Bau (2021), y la reciente desaparición forzada de Julia Chuñil Catricura (2024), cuya familia hoy sufre un montaje judicial burdo, colonial y racista por parte del estado chileno.
La guerra global tiene un especial foco en la restitución del rol subordinado de las mujeres, del binarismo y del régimen heteropatriarcal, invirtiendo cuantiosas sumas en estrategias dirigidas a correccionarnos, reeducarnos, e inmovilizarnos. La avanzada de las luchas por la liberación de las mujeres y disidencias —y/o luchas feministas—, ha generado en la última década importantes procesos de movilización que anticiparon revueltas tanto en Abya Yala, como en África y Medio Oriente, liderando proyectos emancipatorios importantes, como la Revolución de las Mujeres en Rojava – Kurdistán[13].
Son las mujeres quienes sostienen las comunidades, quienes reproducen la vida, quienes organizan los pueblos y quienes han ido delineando nuevas formas y paradigmas para librar las luchas del hoy. La opresión de las mujeres es una pieza fundamental del capitalismo, reproducen la mano de obra, cuidan y sostienen a las sociedades, y son la pieza principal del mercado más poderoso del mundo, el mercado sexual. Es por eso, que cualquier proyecto que se plantee la emancipación de las mujeres, se vuelve una amenaza profunda al patriarcado capitalista y colonial, he ahí el esmero, que durante todos estos años han desarrollado para restituir el orden y sus mandatos, teniendo a su haber las armas de manipulación global como las redes sociales y medios de comunicación; religiones y fundamentalismos; esoterismo y filosofías varias, mercado y academia.
“Las mujeres y disidencias siempre hemos estado en guerra” es una consigna que se levanta desde las luchas feministas. La violencia sexual como una de sus aristas, es parte del repertorio bélico que las sociedades capitalistas, coloniales y patriarcales ofrecen a sus vidas. No obstante, en el actual período histórico, esta realidad se agudiza, se reinstala la cultura de la violación, y se hacen visibles los estado-nación como perpetradores -aunque siempre lo han sido-. Aún en ausencia de guerras entre países enemistados, la concepción deshumanizante del “enemigo interno” valida las violaciones, los femicidios, y los crímenes de odio contra la comunidad LGTBIQ+ como una práctica necesaria por parte de las fuerzas represivas, pues todo medio es razonable con tal de acabar con el enemigo. En Estados Unidos, son cientos los informes que incluyen relatos de “abortos espontáneos, negligencia infantil y abusos sexuales (hacia la población migrante) en centros de detención del ICE en docenas de estados”[14]. Mientras que en el contexto del genocidio en Gaza, la violencia sexual y reproductiva es aplicada por Israel como una “estrategia de guerra para controlar y destruir al pueblo palestino”[15]. “Las formas específicas de este tipo de violencia, como la desnudez pública forzada, el acoso sexual, incluidas las amenazas de violación, así como la agresión sexual, son «parte de los procedimientos operativos estándar de las fuerzas de seguridad israelíes frente a los palestinos«[16].
Esta revalidación ideológica del patriarcado es mucho más peligrosa que la tendencia al retroceso de algunos derechos civiles conquistados, aunque pareciera ser lo más visible de las acciones de los gobiernos conservadores. Lo que busca es realmente que las mujeres vuelvan al mundo privado por tanto dejen de organizarse, de pensar, de llevar a los pueblos a las condiciones necesarias para luchar. El riesgo de la restitución de las ideas conservadoras del patriarcado respecto a nuestras vidas y cuerpos, es mucho más que el riesgo de perder unos cuantos derechos fijados y controlados por la supremacía masculina. No obstante, es preciso reconocer cómo se comportan los gobiernos de ultraderecha, frente a su fijación en lo que han llamado “ideología de género”. Hasta ahora se ha observado la re-patologización de la transexualidad y de la disidencia sexo-genérica; en el caso peruano con el decreto supremo n.º 009-2024-SA[17] (publicado en 2024); la disolución del Ministerio de la mujer en Argentina (también en 2024); y más recientemente la desfinanciación de programas de salud sexual y reproductiva en todo el mundo como consecuencia de la congelación de fondos estadounidense destinados al desarrollo internacional (USAID), cuyas contribuciones constituían casi el 40% de la totalidad de la ayuda humanitaria mundial. Los cuerpos disidentes y proletarios precarizados quedan abandonados a su suerte, mientras que las organizaciones sociales que pueden prestar ayuda son perseguidas y desarticuladas. Con la reducción de las funciones sociales del Estado, este permanece únicamente como aparato de control y de represión. La austeridad no es mera reducción del gasto: es una arquitectura de violencia selectiva, donde la reproducción de la vida se vuelve objeto de gestión, control y castigo.
En la medida en que la sociedad en su conjunto es determinada por la Guerra, como un hecho global, se da lugar a un saqueo y colapso irracional de la tierra y sus ecosistemas; un re-disciplinamiento a las mujeres -subordinación a la matriz jerárquica de la familia y del patriarcado en su forma capitalista-; y rechazo y persecución a las diversidades sexogenéricas, en tanto su mera existencia supone una incoherencia con el orden cisheteronormativo y sus roles.
4. Estrategia imperialista: Venezuela e Irán.
El actual escenario evidencia la incapacidad de las potencias por asegurar su control geopolítico por medios económicos no-bélicos. A las bombas de racimo y metrallas se les suman los aranceles y bloqueos como una guerra económica. La política no puede ser entendida si no es por medio de la guerra. Cómo comprenden compañerxs desde México: “pensar la guerra económica como excepción es no entender que ya no hay economía sin guerra”[18].
La política exterior adoptada por las principales potencias del mundo, no tiene que ver únicamente con la extravagante personalidad de sus gobernantes, sino de la necesidad histórica por asegurar las condiciones mínimas de existencia del modelo por cualquier medio posible en un momento particular, donde dichas condiciones son cada vez más difíciles de asegurar. Hace más de un siglo atrás Rosa Luxemburgo describió el imperialismo como producto de un determinado grado de madurez del capitalismo global, en donde los Estados por medio de la vía militar conquistaban las condiciones para la acumulación. El imperialismo y sus guerras, según Luxemburgo, destruyen los velos de la sociedad burguesa, sus ilusiones de paz y progreso, para mostrarla tal cual es. Los acontecimientos mundiales que estamos experimentando, dan cuenta no únicamente de que el imperialismo nunca dejó el campo de juego, sino que sobre todo revela los rasgos distintivos del capitalismo en su fase actual frente a su crisis de legitimidad.
Aquello explica el proceso de contra-insurgencia de carácter global que despliega la guerra en sus diversas modalidades. Las acciones de Estados Unidos e Israel en el mundo, funcionan como un perfecto ejemplo de esta lógica imperialista, donde la guerra se vuelve un medio por el que se oculta la fragilidad del capitalismo. La invasión a Venezuela se convierte en un acontecimiento fundamental en el marco descrito, ya que con esto, la olvidada Latinoamérica ingresa abiertamente a la disputa militar interimperialista. Venezuela no sólo fue invadida por un mero interés económico inmediato (el petróleo[19]) o ideológico, sino que, por el valor geopolítico y estratégico que tiene Venezuela en sudamérica. Esto lo demuestra la continuación del régimen chavista, pese a la captura de Nicolás Maduro. Para Estados Unidos es más beneficioso aprovechar la infraestructura burocrática existente, llegando a acuerdos con facciones del régimen que derrocar por completo al chavismo y comenzar una reconstrucción desde 0.
Algo similar ocurre con el bombardeo coordinado entre Estados Unidos e Israel hacia Irán. A ninguna de las dos potencias nombradas les importan las horribles condiciones materiales en las que sobrevive la población iraní bajo el régimen del Ayatolá. Las acciones militares de Occidente sobre los regímenes totalitarios de medio-oriente y sudamérica, no liberarán a sus respectivos pueblos, más bien estos son ocupados como excusa para legitimar estas acciones militares. El asesinato en masa como medio para detener las manifestaciones masivas contra el gobierno durante enero de este año, no es una acción exclusiva del gobierno islamita, sino el modus operandis tipico de cualquier Estado capitalista en crisis. Y de esto son bien conscientes las minorías revolucionarias iraníes.
«Lo que está ocurriendo hoy en Irán es la forma desnuda del dominio capitalista en un momento de peligro. El régimen islámico, como la forma dominante actual del poder capitalista, defiende un orden cuya supervivencia está ligada a la explotación de la fuerza de trabajo y a la represión constante, mediante el corte de comunicaciones, la instauración práctica de la ley marcial y el disparo directo contra el pueblo. Esta violencia no es una excepción ni una desviación; es la lógica natural del capital en crisis”[20].
Las manifestaciones en Irán que han cobrado decenas de miles de muertos hasta la fecha dicen mucho sobre las formas contradictorias por las que la revuelta social surge no a pesar, sino que a partir de la guerra y la crisis. No se puede reconocer las semillas de la revolución donde las haya, sin comprender al proletariado (en su sentido más amplio) como una sujeto imperfecto y en constante cambio, lo que permite que actúe tanto a favor o como en contra de su propia opresión. En la medida en que la negación al capitalismo y sus distintas formas de opresión (patriarcal, militar, etc.) surge de las contradicciones del capital, los portadores de esta negación son así mismo, una contradicción viviente. De la misma forma, las contradicciones internas del Estado iraní (crisis ecológica, deslegitimación del gobierno, disputas internas) que generaron estos levantamientos, también sirvieron como una señal para actuar tanto para los remanentes pro-monárquicos que hasta el momento se habían fortalecido en las sombras del régimen, como para las potencias occidentales que hoy les bombardean.
A partir de esta situación el campismo (es decir, la defensa de uno de los bloques imperialistas en guerra) sólo es capaz de escoger el mal que creen menor, justificándose en la ridícula lógica de que el “enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Así, el campismo disuelve la guerra de clases que sucede en Irán en una defensa del Estado-nación y su derecho de autodeterminación, matizando el autoritarismo del régimen bajo ropajes antiimperialistas[21]. Una primera mirada apuntaría a que los intereses occidentales sobre el territorio tienen que ver en forzar un cambio de régimen a uno que Estados Unidos e Israel puedan controlar (Reza Pahlavi, príncipe exiliado de Irán parece ser el favorito a encabezar la nueva gestión). Cosa que aunque cierta, esconde detrás algo más profundo. Más bien, el actual escenario es la expresión más pura de la lógica del capitalismo en crisis que es perfectamente encarnada por Estados Unidos e Israel: hacer de la guerra su medio de supervivencia. La contradicción del capital convertida en una pulsión de muerte global.
4.1. La carrera por los recursos naturales y la renovación de la Doctrina “Donroe”.
Para que los imperios capitalistas sobrevivan necesitan hacerse con los recursos naturales que serán determinantes para la transición energética y la revolución tecnológico industrial en los siguientes años, sin estos el sistema capitalista alcanzará mucho antes sus límites físicos. El abandono de la diplomacia y el derecho internacional parte de esta necesidad urgente del capitalismo para hacerse de las condiciones mínimas para su reproducción. Por lo mismo, cuando Estados Unidos justifica sus acciones por el bien de la seguridad nacional no miente del todo, su política está fundada en la protección del capitalismo a cualquier costo. O como expresa Marx: Los intereses del capitalismo se presentan “como los fines últimos del Estado”[22]
Esta disputa por los recursos entre los distintos bloques imperialistas, como no podía suceder de otra manera, se lleva a cabo a través del uso de la fuerza, tanto económica, financiera, como militar, arrastrando al resto del mundo en el proceso. Al mismo tiempo que Estados Unidos se hace de recursos naturales, debe bloquear el suministro de estos desde el hemisferio occidental hacia China y Rusia, por medio del control de rutas comerciales, aranceles e intervenciones militares. Para estos fines, aliados estratégicos como Israel o Japón tienen una enorme importancia, al encontrarse en ubicaciones geográficas cercanas a las de sus rivales comerciales. Mientras que la estrategia adoptada por Estados Unidos en su patio trasero puede dividirse en dos cursos de acción posibles:
La intervención militar o cuanto menos su amenaza hacia los países que ideológicamente no se alinean a sus intereses, como en los casos de México, Cuba, Colombia y Brasil. La presión económica, bloqueos, desestabilización interna y el apoyo a una facción de la clase burguesa local son algunas de las prácticas a utilizar.
Y el apoyo público hacia candidatos que simpaticen con la política estadounidense. Este es el caso de Kast en Chile o de Milei en Argentina. Ambos países pertenecen al denominado “triángulo del Litio”[23], que es completado por Bolivia con quiénes Estados Unidos reanudó relaciones tras la elección de Rodrigo Paz Pereira.
Estos acontecimientos se suman a la serie de acciones militares imperialistas en Ucrania, Nigeria, Kurdistán, Gaza, Irán, Líbano, Taiwán, que también dan cuenta de los intereses de cada potencia y la defensa de sus respectivas zonas de dominio. En la práctica se van estableciendo las líneas rojas de EE.UU conforme a la actualización de su estrategia de seguridad nacional publicada en diciembre de 2025. Su zona de control estratégica es todo el continente americano. Para ello se establecen acciones que neutralizan a competidores “no hemisféricos” (Rusia y sobre todo China) y se reclutan liderazgos serviles a los intereses políticos, económicos e ideológicos yanquis. Esto último se ha evidenciado públicamente con el apoyo político y económico explícito de Trump a Nasry Asfura, presidente electo de Honduras[24], a la elección de Milei o la de Kast.
Podemos aventurarnos a pensar la política exterior de Donald Trump como un intento de forzar un equilibrio momentáneo y un reconocimiento entre las potencias que hoy amenazan su hegemonía, por medio de la confrontación directa y la extorsión, un regreso primitivo pero efectivo a la ley del más fuerte. Estos son los pilares de la denominada por Trump como la “Doctrina Donroe”, —que actualizaría la vieja Doctrina Monroe resumida en la frase: “América para los americanos”—. “En su deseo de rentabilizar directamente la violencia de Estado, esa doctrina es también testimonio de la debilidad definitiva de un imperio hemisférico que no se basa en el desarrollo, la colaboración o la paz —ni siquiera en la explotación en su sentido ordinario—, sino en la extorsión y el saqueo en su expresión más insolente”[25].
5.¿Volveremos a las calles?
Tanto la nueva ola de gobiernos conservadores en el mundo, alineados con Estados Unidos; como las luchas por la soberanía nacional o autonomía de los pueblos en oriente medio y África, son parte del proceso de disputa de la hegemonía mundial. El neoliberalismo como fórmula de gestión capitalista impulsada por los Chicago Boys en Chile, y posteriormente extendida al resto del mundo, parece estar siendo llevada a su límite. Las características compartidas por las mayores potencias del mundo en la gestión del capital se encapsulan en lo que algunos han denominado como Posneoliberalismo o Fascismo neoliberal[26].
El capitalismo está revelando su rostro más salvaje: las guerras se expanden, la democracia es deslegitimada y el planeta es quemado a voluntad. No obstante, es en momentos como este en que el orden abre nuevas posibilidades de ruptura. La desesperada defensa de las categorías básicas del sistema, debe comprenderse como la reacción violenta de un animal herido y no como la prueba del carácter imbatible de este. No debemos dejarnos convencer por el ánimo de derrota. La experiencia de los anteriores ciclos de lucha (el más reciente entre 2018 y 2022) no debe de pesar sobre nosotros como una constatación de la inminencia del fracaso.
El recuerdo de la revuelta social del 2019 ha sido falseado, y en su lugar se ha instalado una percepción negativa que se puede resumir en que “no logramos nada”. Pero, esta imagen ideológicamente reaccionaria se puede despedazar en segundos. Basta con volver a experimentar la comunidad espontánea que se genera en las calles y plazas, volviendo a sentir colectivamente la rabia y el rechazo hacia el estado de las cosas. El papel compartido por los gobiernos que le siguieron a las revueltas sociales fue el violento desmantelamiento de esta comunidad, y de cualquier recuerdo de que esta existió. Sin embargo, estos intentos terminan siendo siempre inútiles, la larga lucha de los pueblos se vuelve a reencaminar en la medida en que el mismo sistema genera nuevos focos de lucha. Esa es la contradicción del sistema, es ontológicamente incapaz de eliminar sus amenazas, generando por el contrario la posibilidad para su propia superación.
Las manifestaciones multitudinarias que encendieron las calles de Madagascar, Nepal, Marruecos y Laos durante el 2025, y las recientes protestas en Bolivia que frenaron el decreto que buscaba eliminar los subsidios a los combustibles, son prueba de que aún podemos volver a levantarnos. La desmovilización y el pesimismo es el interludio de una lucha mayor. Que el periodo revolucionario más importante en la historia haya tenido lugar entre crisis estructurales y guerras no es una casualidad[27]. Es a partir de estos períodos en que las convulsiones del capital se intensifican, donde se abre la posibilidad para diversas prácticas de resistencia y de fuga a las relaciones sociales que fundan el capitalismo.
Por lo mismo, las luchas migrantes y activistas contra las deportaciones masivas encabezadas por el ICE, así como los actos de insubordinación y deserción militar de los ejércitos ucranianos, rusos e israelíes, son de crucial interés para nosotrxs. Son la demostración de que la guerra de clases sigue latente aún en el corazón de los imperios. Sin embargo, sería un error esperar que cada protesta actual o futura, genere un desenlace radical que nos acerque a la revolución. Es preciso aprender de los procesos de lucha anteriores, que han demostrado que el asalto del poder político o el cambio de administración de los estado-nación no garantizan las transformaciones radicales que necesitamos los pueblos, sino que por el contrario, se han transformado en agentes que administran el monopolio económico, represivo y cultural del poder. Las luchas se fundan de las contradicciones y antagonismo del sistema, pero al mismo tiempo quiénes llevan a cabo estas son portadores de las mismas contradicciones, he ahí la urgencia en la construcción de fuerzas y autonomías hoy, no pensarlas al día siguiente de la “revolución”, sino que forjarlas en el presente, como ejercicios anticipatorios a nuevas sociedades no capitalistas, no patriarcales y no coloniales.
La historia de la lucha de clases nos enseña otro de los límites en la lucha revolucionaria, que está presente tanto en las oleadas de levantamientos de este siglo, como en las experiencias de autogestión territorial que sobreviven hasta hoy a las amenazas de los Estados, véanse los zapatistas en Chiapas y de lxs Kurdos en Rojava. Nos referimos a los límites del marco nacional y del localismo. Las protestas de este siglo se extinguen rápidamente en la medida en que no son capaces de extenderse hacia otros territorios. Focalizar la lucha en un territorio delimitado geográficamente (aún cuando se hable en términos de continente) obstaculiza la revolución como posibilidad. Pues, del mismo modo que el capitalismo y el patriarcado, como forma social son globales, la revolución debe de serlo también. Ese es el motivo por el que Chile no podía ser la “tumba del neoliberalismo”. Aún cuando lograse sacar a Piñera del poder, el neoliberalismo como fenómeno no sería superado como tal hasta que las condiciones que permiten su existencia sean borradas en todas partes.
La rearticulación del sector revolucionario, así como el intercambio de experiencias y aprendizajes con otros territorios, y la creación de organizaciones internacionalistas, que agrupe sectores de los distintos territorios en lucha, son claves para impulsar la expansión territorial de las revueltas que rechace los discursos nacionalistas y estatistas al interior del movimiento. Lo anterior encaminaría la construcción de “…una red internacional que equipe a los futuros levantamientos de una logística adecuada para hacer frente a situaciones de represión y de exilio, así como de la escalada de las luchas”[28].
La construcción de autonomía, la articulación de la lucha y rearticulación del sector revolucionario son principios estratégicos que permitirán elaborar las herramientas materiales y organizativas necesarias para evitar la muerte prematura de estos focos de lucha en nuestras comunidades y pueblos. El balance de las revueltas de este siglo nos muestra un primer el doble obstáculo a superar: la trampa del reformismo y la represión estatal (sin excluir nunca una de la otra). Basta de seguir oxigenando la democracia electoral, ecocida, femicida y genocida; y seguir pensando la revolución como un hito o jaque mate al poder; la revolución es la reafirmación permanente de la insurrección y de la construcción cotidiana de otros mundos posibles.
¡Es hora de acabar con siglos de explotación y dominación,
con todas las fuerzas de la historia, hasta alcanzar la victoria!
[2] F. “Bifo” Berardi, Pensar después de Gaza. Ensayo sobre la ferocidad y la extinción de lo humano, ed. Tinta Limón, 2025. p. 17.
[3] T. Konicz, A guerra como catalisador de crises. Marzo 2026.
[4] La conceptualización de este enemigo, es determinada en términos de raza, género y clase. Mientras que para la alemania nacional-socialista este enemigo se construyó como judio y obrero, en Estados Unidos durante el siglo pasado, lo hizo como afrodescendiente, nativo americano, migrante no blanco, etc. Según M. Lazzarato: “La «raza» no se limita a definir al enemigo, sino que constituye, junto con el patriarcado y la heterosexualidad, el terreno de la subjetivación fascista e identitaria”. E. Alliez y M. Lazzarato, Guerra y Capital, ed.Traficante de sueños, 2021, p. 326.
[6] Como el libro Which Way Western Man? de William Gayley Simpson. Léase: J. Montpetit, “ICE nodding to far-right extremists in recruitment posts, experts say”, enero de 2025.
[8] F. “Bifo” Berardi, Pensar después de Gaza, 2025.
[9] ¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?, enlacezapatista, 2003.
[10] Sistematización “Reflexiones y aprendizajes de la jornada formativa con el MMK-Abya Yala”.
[11] Al respecto recomendamos leer: Z. Baheer, The Iranian uprising is at a very crucial stage, organize!, enero de 2026.
[12] Cómo por ejemplo, con los pagos multimillonarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas a empresas privadas de vigilancia para la localización y vigilancia de migrantes.
[13] Para el Movimiento de Mujeres del Kurdistán, y para el PKK, la liberación de las mujeres es un pilar central de su proyecto político -el Confederalismo Democrático-, y hoy lo conectan con experiencias de lucha de mujeres de todo el mundo.
[14] D. Cameron, Hay cientos de informes por abuso físico y sexual en los centros de detención de migrantes del ICE, wired, agosto de 2025.
[15] El uso sistemático de la violencia sexual por parte de Israel es “más de lo que el ser humano puede soportar”, Noticias ONU, marzo de 2025.
[17] Al respecto recomendamos leer: B. Pfeil y C. Pfeil, Metamorfoseando el anarquismo: por trans-anarquías monstruosas, Colapso y Desvío, diciembre del 2025.
[18] Informe proletario sobre la periferia incendiada: México en la gestión global del excedente, Editorial Conatus, junio de 2025.
[19] “Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, superando a países como Arabia Saudita e Irán. Por lo tanto, posee un inmenso potencial para la exploración petrolera, y no es casualidad que este sector represente el mayor porcentaje del PIB venezolano —alrededor del 12,3% del mismo— en comparación con otros sectores individualmente”. H. Alves, A Agressão Contra a Venezuela e a Política Estratégica de Dominação dos EUA, Critica Desapiedada, enero 2025.
[21] El campismo ignora la relación indisociable entre el Estado y el capitalismo, confundiendo al imperialismo como la conducta específica de sólo algunas potencias y siempre occidentales. Por el contrario: “Todos los Estados sin excepción son fracciones nacionales de la burguesía y el Estado mundiales que, con diferentes jerarquías —desde la cúspide hasta la base de esta pirámide—, compiten entre sí por acumular más capital y más poder que los otros, repartiéndose la plusvalía global, los mercados y los recursos estratégicos del planeta”. Precisiones sobre la guerra de clases y el internacionalismo proletario en el actual contexto de guerra imperialista y revueltas, Proletarios revolucionarios, febrero 2026.
[22] K. Marx, El capital, ed. Akal, 2000, libro III, t.8, p. 227.
[23] Zona geográfica que concentra aproximadamente el 60% reservas del litio a nivel mundial.
[24] Quién ganó las elecciones con una diferencia menor al 1% de los votos. Tras las críticas al conteo de votos, Trump amenazó con duras “consecuencias” si se intentaba revertir las elecciones ganadas por su candidato.
[25] A. Toscano, Imperio de la extorsión, communispress, enero de 2025.
[26] Léase al respecto: M. Lazzarato, El capital odia a todo el mundo, ed. Eterna Cadencia, 2019.
[27] Nos referimos a México: 1910-1917, Rusia: 1917-1921, Alemania 1919, etc.
[28] Nueva Icaria, La revuelta global y sus impasses históricos, Colapso y Desvío, octubre de 2025.
En coordinación con la entidad Boicot ICL impulsan una movilización por los días 17, 18 y 19 de abril en la comarca del Bages, para denunciar el impacto medioambiental de la empresa minera y sus vínculos directos con el ejército de Israel
Hablar de actividades extractivas ligadas a la industria de la guerra parece que nos remita a países y contextos lejanos. Pero en plena comarca del Bages, hace ya décadas que opera una multinacional minera con trasfondo militar. La compañía, que ha sido denunciada por el impacto medioambiental de su actividad sobre el río Llobregat y por sus vínculos con el genocidio del pueblo palestino, es la israelí Israel Chemical Limited (ICL).
Para denunciarlo los colectivos Revoltes de la Terra y Boicot ICL, junto con otros movimientos de la comarca y organizaciones de solidaridad con Palestina, han convocado unas jornadas de lucha los días 17, 18 y 19 de abril contra la empresa, que explota las minas de potasa en Súria y Sallent. Esta acción llega un año después de que Revoltes de la Terra reuniera a 3.000 personas en una acampada en Mont-roig del Camp contra los planes de construcción de una fábrica de baterías eléctricas de la firma Lotte.
Este año, según han explicado las organizaciones que convocan las jornadas, se quiere llevar a cabo «una acción masiva» que obligue a ICL a detener «el envenenamiento del río Llobregat» ya poner fin a «la complicidad empresarial y política catalana con el genocidio del pueblo palestino». El objetivo final, pues, es «echar a la multinacional ICL del territorio» porque según denuncian, «se beneficia de la ocupación y expolio de recursos palestinos y tiene vínculos directos con el ejército israelí».
Asimismo, Revoltes de la Terra y Boicot ICL señalan que este tipo de minería genera «montañas de sal y escombros» que tanto en Súria como en Sallent, «no han parado de crecer a pesar de las consecuencias en el hábitat y los habitantes». «Estas montañas blancas envenenarán el río, los acuíferos y los ecosistemas durante miles de años», lamentan. Por eso instan a la Generalitat e ICL como «responsables de la devastación territorial» a poner todos los «recursos necesarios para impulsar procesos de regeneración definidos por todos los actores afectados, que sirvan para rehacer los vínculos comunitarios y con el territorio, y que garanticen vidas dignas».
Un impacto medioambiental que viene de lejos
Durante años ICL ha topado con la oposición de los movimientos ecologistas, agrarios y del vecindario crítico del Bages, y ha acumulado denuncias, polémicas y sanciones. Según las investigaciones de Boicot ICL, “las escombreras salinas de la cuenca potásica del Bages son montañas de sal formadas principalmente por sal común, descartada en el proceso de obtención de la potasa. Aparte de la transformación del paisaje natural que suponen, estas montañas desprenden agua salada por la humedad y cuando llueve el agua salinizada cae montaña abajo.
En 1988 se finalizó la construcción de un colector de salmueras de 120 kilómetros que trae parte del agua salada que contienen las minas hasta el mar. Su construcción supuso una disminución de la contaminación de las minas, pero «las filtraciones y averías han ocasionado la contaminación de terrenos agrícolas y boscosos», dicen desde Boicot ICL. Actualmente, existe un nuevo colector en construcción para aumentar la capacidad de transporte, que estará finalizado en 2027. Además, ICL tiene concedida, por parte de la Agencia Catalana del Agua (ACA), un volumen anual de 12,8 millones de metros cúbicos de agua de los ríos Cardener y Llobregat. Según detalla Boicot ICL es «2,5 veces más que el consumo de toda Manresa».
Asimismo, desde Boicot ICL señalan que la empresa utiliza «la potasa para fabricar más de cien fertilizantes agrarios, la gran mayoría de los cuales no son aptas para la agricultura ecológica». Éstos, dice la organización «contribuyen al modelo agrario de la agroindustria y empobrecen el suelo agrícola hasta el peligro de la desertización».
En este sentido, la actividad de ICL en el Bages nunca ha estado exenta de problemas. Pero el desastre medioambiental producido por una mala gestión fue reconocido por primera vez en un juzgado de Manresa en 2015, gracias a la presión del vecindario y de los grupos ecologistas. Según la sentencia, que condenaba a directivos ya la propia empresa, la gestión de las minas de Sallent provocó la salinización de ríos, pozos, fuentes, torrentes y acuíferos de todo el Bages. «Esta degradación medioambiental, ha repercutido muy negativamente en una región con gran actividad ganadera y de agricultura de regadío», explican desde el Grup Català d’Empresa i Drets Humans (Alerta DH) para añadir que la actividad de ICL también ha tenido un riesgo «para las personas, ya que se han encontrado toxicantes». «La salinización del río Llobregat, que abastece al área metropolitana de Barcelona, ha provocado una deuda de más de 300 millones de euros a la administración pública catalana», apuntan desde Alerta DH.
En 2015, el Tribunal Supremo declaró nula la autorización ambiental otorgada por el Govern de la Generalitat a ICL por su actividad minera en Sallent. Esta sentencia supuso el cierre de la minería en el municipio e ICL inició el proceso de traslado hacia las instalaciones de Súria.
ICL y sus vínculos con el Estado Israel
La multinacional es la sexta mayor empresa de potasa a escala mundial. En 2023, ICL facturó 320 millones de euros en el Estado español, situándose como la empresa que más factura del Bages. Al mismo tiempo, apuntan desde Boicot ICL, se trataría de una sociedad mercantil estratégica para «la economía del Estado de Israel y en áreas del Mar Muerto y de la zona del Neguev, territorio ocupado en el sur de la Franja de Gaza, explota minas de potasa y fosfatos, que han sido denunciadas por contaminación ambiental».
Además, según el Grupo Catalán de Empresa y Derechos Humanos, el Estado de Israel tendría un control directo de la compañía con la llamada acción de oro de Israel Corporation, que le permite intervenir en la toma de decisiones si son de interés especial. Además cuenta con accionistas y directivos con un vínculo directo con la industria militar israelí. En numerosas campañas, el movimiento internacional Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) ha denunciado a ICL por sus programas de apoyo a unidades del ejército israelí.
Así, a través de su programa Adopt en Soldier, ICL ha proporcionado apoyo financiero a proyectos y actividades de unidades del ejército de Israel. Según indican en la misma web, se trata de un programa «gestionado por la Asociación en beneficio de los soldados del ejército israelí» que conecta «empresas comerciales y donantes con unidades militares, proporcionando apoyo moral y físico».
En enero de 2024 con el eslogan “Una ducha caliente para cada soldado”, ICL apoyó una iniciativa impulsada por uno de sus trabajadores jubilado que tiene como objetivo la fabricación de depósitos de agua portátiles con un mecanismo de calentamiento para que los soldados se puedan duchar con agua caliente en la zona de combates de la Franja. Y en mayo de 2025 anunció su participación en un programa de becas de estudios en ciberseguridad destinadas a soldados que participaron en el genocidio que investiga el Tribunal Penal Internacional. Así los definía la empresa: «Graduados en servicio de combate y reserva activa durante la Guerra de las Espadas de Hierro».
Por último, ICL financia el Lone Soldier Center de Beersheba, un centro dedicado a apoyar a los soldados sin familia directa en Israel. Los soldados solitarios o Ḥayal Boded son jóvenes de otras nacionalidades que acuden a Israel para recibir entrenamiento militar y servir al ejército.
El poder de ICL en el Bages y en Cataluña
ICL tiene múltiples empresas filiales en el Estado español y una especial implantación en el territorio catalán. Como explica un informe de la Cámara de Comercio de Barcelona, es la empresa de Israel que plantea «uno de los planes inversores industriales y logísticos privados más ambiciosos de los últimos años en Cataluña».
Así, en 2020 inauguró la terminal portuaria ICL Iberia Barcelona Port (Tramer), situada en el puerto de la capital catalana, con una superficie de siete hectáreas y catorce metros de calaje. Este hecho le permitió ampliar su capacidad exportadora de la potasa extraída en la mina de Súria, pasando de una capacidad de carga de barcos de 800.000 toneladas a cuatro millones.
Por otro lado, ICL mantiene un contrato con la empresa Ferrocarriles de la Generalidad de Cataluña (FGC) para el transporte de la potasa desde la mina de Súria hasta el puerto de Barcelona y cuenta con una línea propia desde la mina hasta Manresa, donde se incorpora a la infraestructura vial de pasajeros y mercancías de FGC.
En parte, toda la influencia que acumula la empresa tiene que ver con la red empresarial de inversión y apoyo a una parte del tejido social, deportivo y educativo catalán, que ICL ha creado en lugares como el Bages. Según lista Alerta DH en su web, habría patrocinado al equipo de baloncesto de Manresa hasta el año 2018 o al Parque Geológico Geoparc, y ha colaborado en la creación de la entidad de promoción turística Bages Impuls y la Fundación Cardona Histórica. Asimismo, tal y como la propia compañía asegura, «colabora en actividades tradicionales como las fiestas mayores de los municipios, la Transequia o la Feria Mediterránea de Manresa».
Sin embargo, en los últimos tiempos la presión social ha conseguido que entidades culturales como el Teatro Kursaal de Manresa y educativas como la UManresa (campus Manresa de la Universidad de Vic) corten sus vínculos con la compañía por sus vínculos con las masacres en la Franja de Gaza.
Albert Alexandre
Artículo publicado originalmente en català en La Directa
A día de hoy, el gimnasio se ha convertido en una pieza clave en la socialización exitosa de una idea de salud y bienestar que, paradójicamente, adolece de invisibilizar el origen de nuestros malestares.
Se han convertido en un elemento reconocible del espacio urbano. Sus fachadas no pasan desapercibidas: colores sólidos y llamativos, vinilos publicitarios con mensajes motivacionales y modelos esbeltos. Con amplios ventanales y locales insonorizados, sus diseños arquitectónicos respiran una modernidad solemne. Además, ahora que forman parte de grandes grupos empresariales, hasta se anuncian en televisión. A la entrada, tornos para fichar; se diría que dan cuenta del momento en el que hay que poner a producir el cuerpo.
Los gimnasios, claro está, siguen siendo el lugar adecuado para rendirle culto a cierta idea de salud, pero también se han convertido en espacios de sociabilidad donde exhibir el éxito en la carrera por lograr un cuerpo fit, o, en el peor de los casos, dar cuenta de la fe en el progreso personal y la voluntad de cambio. Porque se diría que, a día de hoy, el gimnasio se ha convertido en una institución del capitalismo de pantallas a través de la cual perseguimos una optimización permanente de nuestra marca personal; un ejercicio de branding capaz de combinar elementos de la filosofía clásica, con disciplina militar y una compleja maraña de tendencias nutricionales.
Y no se trata solo de cuerpos musculados… Pareciera que la preocupación obsesiva por nuestro bienestar y nuestra imagen corporal, se inserta a la perfección en los discursos del crecimiento personal y la autosuperación que, al mismo tiempo que aumentan nuestro capital social y nuestra escala de valor en las aplicaciones de citas, alimentan el scroll de las redes sociales, facilitan la extracción de nuestros datos y multiplican los beneficios de la industria del coaching y la psicología positiva.
Porque somos muy conscientes de que nuestra imagen comunica. Y lo somos, además, en un momento en el que se compite ferozmente por el tiempo y la atención de otros. Por eso, quizá, aprovechamos cualquier pedazo de nuestra piel para contarnos cuentos, para lanzar mensajes al exterior. En este contexto, da pánico pensar en los miles y miles de cuerpos de clase obrera, machacados por el trabajo y la ansiedad, que lucen tatuado un mensaje no consumado nunca: carpe diem.
Nuestra imagen comunica, decimos, y añadimos, como lo ha hecho siempre. Pero si pensamos en el gimnasio, en su historia más reciente, resulta inquietante pensar que son los menos quienes los usan para entrenar el cuerpo de cara a la práctica deportiva continuada. Efectivamente, a pesar de las apariencias, el gimnasio se ha desconectado de su genealogía. Porque sí, vamos al gimnasio para cuidarnos y mantener la forma necesaria para la competición, pero también para machacarnos; nos tiramos a los aparatos con el ánimo de reparar algo que estuviera roto, con la intención de agotarnos, desfogar, olvidarnos de los problemas de una manera sana y consecuente con nuestros deseos de transformación (individual).
Nos atraviesa el mantra de que acudir al gimnasio una hora al día es una forma de autocuidado. Y podemos verlo así. Pero invertimos tanto tiempo en reparar lo que hace en nuestras vidas un sistema desquiciado, creemos tanto en ello, que ya ni cuestionamos el origen de nuestros problemas. Y no, no hablamos del capitalismo como sistema. Es que no tenemos ni diez minutos para hablar con nuestros compañeros de trabajo de cómo mejorar nuestra situación en el curro, dejamos que sean otros quienes luchen contra el cierre del consultorio de nuestro barrio o ignoramos que tenemos en nuestras manos un margen de actuación que podría cambiarlo todo… Y ese todo, nos afecta directamente, también a nuestro cuerpo, también a nuestra salud mental y física.
Por mucho que intentemos minorizar el daño, la historia nos enseña que no hay escapatoria posible si nos pensamos solos, que no hay soluciones que partan del individualismo egótico y solipsista que nos está vaciando por dentro.
Llegados a este punto de la reflexión, pensamos que no puede haber cuerpos sanos en una sociedad intoxicada por el veneno de la desigualdad y la cultura del privilegio. No puede haber cuerpos sanos en una sociedad tutelada por los valores del capital y avocada al desastre ecológico. No puede haber cuerpos sanos en una sociedad que se desprecia a sí misma, porque desprecia la vida.
Y lo anterior no quiere decir que aboguemos por descuidar el cuerpo, sino justo lo contrario. Debemos pensar en cuidarlo desde una perspectiva materialista que no lo piense aislado y que tampoco lo idealice. Precisamente por eso, debemos pensar en cuáles son los discursos que nos animan a moverlo de una determinada manera, en unos determinados espacios, para unas determinadas finalidades. Frenar el proceso de total desposesión al que nos está sometiendo el capital, empieza por pensar cómo nos relacionamos con nuestro propio cuerpo, y eso implica analizar políticamente qué papel juegan los gimnasios en la socialización de una idea de salud y bienestar que no cuestiona el origen de nuestros malestares.
El neofascismo trata a la democracia liberal como la democracia liberal trata al anarquismo. Si fuéramos rencorosos, aplaudiríamos que bebieran por una vez el amargo brebaje que dispensan a la anarquía: bulos y ensañamiento mediático, connivencia policial con los neofascistas y prevaricación judicial. Naturalmente, no se encuentran tan desvalidos como los anarquistas; poseen todavía buena parte de los mas-media y de poder institucional, lo que hará aún más estrepitosa su caída, pero juega con ventaja respecto a l_s ácratas que denuncian tanto a la derecha como a la izquierda como rechazan la lucha por el poder: luchan contra el, no por el. Lo peor de que los neofascistas lleguen al gobierno es que se sabe eso -cuando empiezan- pero nunca cuando lo pierden. Ya hay analistas que profetizan que Trump podría declarar la ley marcial para eludir las elecciones y aferrarse al poder y otra probabilidad aún más espeluznante es que se desate una conflagración bélica que justifique la permanencia sine die de los neofascistas en el poder aplazando las elecciones (de hecho el genocida sionista Benjamin Netanyahu ya ha utilizado esta estratagema). Que se anulen las elecciones no constituiría mayor problema sino viniese acompañado de la represión a cualquier voz disidente, de la dictadura descarada. Pese a las concomitancias, todavía hay algunas diferencias de grado de libertad entre una democracia formal, con su aparato constitucional revestiendo la convivencia social y una dictadura declarada, sobre todo para los súbdit_s no extranjer_s, y para l_s extranjer_s blanc_s y occidentales. La mayor parte del tiempo y en la mayoría de las ocasiones, la represión democrática estatal se limita a marginar todo lo inadaptable. Las soluciones de fuerza se reservan para las grandes ocasiones y/o l_s grandes rebeldes. Lo único positivo de todo ello es la degradación del falaz, hipócrita y, en el fondo, criminal sistema democrático; y el que la gente aprenderá a rebelarse por el camino más difícil pero más eficaz: organizándose horizontalmente y con referencias ajenas a la denigrada democracia que, no obstante, siempre intentará cooptar las luchas.
En situaciones como las que estamos viviendo, siempre surge la cuestión del malmenorismo. Hablando en plata, votar a la izquierda, para impedir el acceso de los neofascistas a los resortes gubernamentales. Dada la inferioridad cuantitativa del anarquismo y sus dificultades para acceder con su mensaje a la mayoría de la población, quienes piden a l_s anarquistas que vayan a votar o que unan su voz -que entonces sí se escucharía- a la de la izquierda, están vendiendo humo. Pero es que si el anarquismo fuese una corriente social imposible de ignorar, también sería baladí ir a las urnas, por mucho que en tal caso escucharía vivamente mitad lisonjas, mitad improperios por parte de la izquierda para empujarlo a votar. Pero no estamos en el 36, no hay nada que la democracia liberal ni la izquierda pueda ofrecer al anarquismo, y tampoco nada que el anarquismo pueda ofrecerle a ellos: son incompatibles. La izquierda parlamentaria, existe otra izquierda involuntariamente extraparlamentaria, a la izquierda del PSOE está intentando generar un símil del Frente Popular. Lógicamente son proclives al mal menor -Gabriel Rufián dixit-, porque el mal menor es votarles a ellos. Montarán parte de su campaña y alianzas en torno a esa idea. Son algo más que la democracia liberal, que no es más que un cascarón vacío, aunque no falten, sobre todo en el mundo anglosajón, quienes la propugnen como dique ante los neofascistas; que tienen cierta capacidad de maniobra lo demuestra la actitud del hispano-francés Manuel Navarro Valls, cuando se presentó a las municipales de Barcelona y facilitó el gobierno de En Comú Podem. El ejemplo es engañoso, porque sus verdaderas motivaciones eran impedir un gobierno municipal de independentistas catalanes, poniendo en su lugar a la izquierda españolista, pero basta para ilustrar que pueden ser aliados de cierta izquierda. La iniciativa de Rufián consiste en recorrer el camino inverso, presentarse en Cataluña como única fuerza de izquierdas. Por otra parte, la democracia liberal es huera porque ella y el neofascismo obedecen a los mismos intereses económicos -mientras que la rebeldía de la izquierda es pura demagogia-, que optan por galvanizar a través de sus medios de desinformación de masas, unos u otros según de donde proceda el viento siempre imprevisible de la historia y la realidad, progesista o reaccionaria, que le convenga imponer. En realidad, esta enconada disputa entre progresistas y reaccionarios oculta la cuestión principal: quién es más eficaz a la hora de colaborar con el capitalismo.
La debacle del comunismo -falsa opción revolucionaria-, escoró hacia la derecha a todo el espectro político. La democracia liberal se proclamó vencedora de la guerra fría. Pero la democracia liberal desbocada, titulándose a sí misma último estadio de la evolución histórica -y pensar que la historia es evolución ya es en sí problemático- albergaba en su seno las tendencias neoliberales enemigas de los consensos sociales del malllamado estado del bienestar, la aparición consiguiente de filosofías ultramontanas. La nostalgia por la democracia liberal como fin de la historia alumbró la modalidad neofascista de la democracia entendida como doctrina totalitaria: el integrismo democrático. Para ilustrarlo, viajemos al país nodriza del integrismo democrático: los EUA. Bastará que comparemos la política migratoria de los demócratas liberales que antecedieron a Trump con la del mismo Trump. El liberal Obama deportó más de 3 millones de inmigrantes, 340.000 por año entre ¨deportaciones formales¨ y entregas en la frontera. De Biden, otro liberal, ni se sabe con certeza pero se calcula en más de un millón en sólo cuatro años si se consideran todos los mecanismos utilizados entre 2020 y 2023, muchas más que las ¨deportaciones formales¨ del ICE. El neofascista Trump deportó en sus primeros 4 años de mandato entre uno coma dos millones y uno coma cinco, 300.000 por año y hasta 600.000 en 2025. ¿Por qué los medios no dieron cuenta de las políticas anti inmigratorias de los demócratas liberales?: ¿Dónde está la diferencia, aparte de ser más o menos agresivo, y la similitud de las cifras revelan que se ha sido igualmente agresivo?. La diferencia entre los crímenes de la democracia liberal y la neofascista aparte del homicidio y el secuestro estatal de ciudadanos con nacionalidad estadounidense, lo cual alienta la atmósfera de guerra civil tanto en cuanto este hecho apela a los sentimientos patrióticos del resto de ciudadanos que comprueba que ya no basta con no ser criminales para ser inmunes a la acción del terrorismo de estado -ser tratado como un delincuente o una minoría racial es lo que más solivianta la buena conciencia ciudadanista- es que mientras lo que el demócrata liberal esconde como una actividad represora y atentatoria contra los derechos humanos que dice defender, una verguenza a ocultar, el neofascista lo exhibe orgullosamente como resultado intrínseco de su credo racista. Extrapolándolo a Europa, los liberales y la izquierda ya han endurecido hace tiempo las leyes que rigen las condiciones de vida de inmigrantes y solicitantes de asilo, que sólo por comparación semejan ¨humanitarias¨ con la política de deportación y depuración racial que propugna sin complejos el neofascismo. La democracia liberal proclama la igualdad de tod_s l_s ciudadan_s y la Declaración Universal de los Derechos Humanos como base de la identidad y la legitimidad del Estado, mas el Estado, que es organización jerárquica, desmiente esa igualdad para no atentar contra su propia naturaleza jerárquica. Este baile contradictorio entre los derechos del ciudadano y las prerogativas y el poder del Estado, al que se le da el nombre de política, es interrumpido por el neofascismo, que no reconoce garantías individuales ajenas al Estado y subordina por completo la política a los intereses del Estado-Capital, a sus hábitos depredadores los cuales, para mantener su dinámica, desembocan fatal y necesariamente en el estado de excepción y la guerra. Las democracias liberales son inoperantes porque son las parteras del neofascismo, enrocado en la competición planetaria por los cada vez más escasos recursos naturales, de ahí su desprecio por las consecuencias del ecocidio, al que hay que supeditar cualquier norma ética, así como el racismo, el antifeminismo y la homofobia son motivos parar generar una idiosincrasia propia y explotar un sentido tergiversado y domesticado de incorrección política, de ¨antisistema¨. Enumeremos de nuevo y para expresarlo con claridad cual es el programa público del neofascismo: negación del ecocidio, racismo, antifeminismo y homofobia y añadamos patriotismo, religiosidad y la culminación del proceso privatizador de los servicios sociales y las pensiones, que se inició con la complicidad de la izquierda en el poder; todo ello propagado en el contexto de una guerra cultural cruel e incesante contra servicios sociales como sanidad, educación y pensiones y hasta contra ese ecologismo falso que se refiere a sí mismo como compatible con el capitalismo y el Estado. Hemos de advertir que los servicios sociales también responden a la lógica del mal menor y no tienen que ver con la visión holística del anarquismo, que no es mera y rutinariamente científico, economicista y utilitario (¿qué sentido tendrían las pensiones en un mundo dónde todo fuera gratis?)
P.D: Nada me molestaría más que alguien considerase este texto como una contribución, siquiera crítica, al discurso de la izquierda. En todo caso esta es una crítica a la izquierda desde fuera de la izquierda.
El conflicto con orden se llama anarquía. El conflicto sin orden es el capitalismo. El primero es vida, El segundo agonía.
Ya puedes visitar la exposición La Revolución pedagógica de Ferrer Guardia, disponible en la sede de la Fundación Anselmo Lorenzo de Madrid. Como parte de las jornadas, se celebrará una charla alrededor de Ferrer i Guardia, que contará con la presencia deJulián Vadillo, compañero experto en movimiento libertario y en la figura del pedagogo anarquista.
Junto al historiador Julián Vadillo estarán Sonia Turòn, presidenta de la FAL, y Dani Sosa, por la Fundación Ferrer Guardia. Una ocasión perfecta para conocer la historia del fundador de la Escuela Moderna, cuyo método de escolarización se basó en la coeducación, el racionalismo, la educación integral y el aprendizaje vivencial.
Acerca de la exposición:
La Revolución pedagógica de Ferrer Guardia es una exposición itinerante dedicada a Francesc Ferrer i Guardia y al proyecto educativo de la Escola Moderna, un referente clave de la renovación pedagógica contemporánea. La muestra es una adaptación de la exposición impulsada por el Castell de Montjuïc y el ICUB en 2018, concebida ahora en un formato flexible que permite su itinerancia y adaptación a diferentes espacios.
La exposición va dirigida a organizaciones educativas, sociales y culturales interesadas en promover el pensamiento crítico, la laicidad y una educación emancipadora. La Fundación Ferrer i Guardia asume su producción, transporte y materiales de difusión, mientras que la entidad colaboradora se encarga del montaje y la difusión en el territorio. También puede complementarse con una charla de una persona experta.
El objetivo principal es dar a conocer la figura, el pensamiento y el legado pedagógico de Ferrer y Guardia, y reivindicar la vigencia de la Escola Moderna.
Charla con Julián Vadillo Lunes 9 de marzo Horario: 19:00 Sede de la FAL en Madrid. Calle Peñuelas, 41. Metro Acacias o Embajadores
Fecha exposición Del 4 al 13 de marzo Horario de visitas: Lunes a viernes, de 10:00 a 14:00. Martes a viernes, de 17:00 a 20:00 Sede de la FAL en Madrid. Calle Peñuelas, 41. Metro Acacias o Embajadores
«Vivimos en un mundo en que la mayoría de los estados son democracias parlamentarias basadas en constituciones que garantizan los derechos y las libertades de todos los ciudadanos, pero donde los gobiernos elegidos cuidan sobre todo de favorecer los intereses económicos de las grandes empresas y los más ricos. […] Este libro quiere explicar cómo comenzó este sistema.»
Así empieza la obra póstuma de Josep Fontana en la que explica cómo el sistema capitalista es hoy como es y cómo desde el poder se ha favorecido siempre su desarrollo a costa del bienestar social. Un desarrollo que se basó inicialmente en arrebatar la tierra y los recursos naturales a quienes los usaban comunalmente, y en liquidar las reglamentaciones colectivas de los trabajadores de oficio para poder someterlos a nuevas reglas que hicieran posible expropiarlos de una mayor parte del fruto de su trabajo. Una breve historia de Europa en un momento clave del nacimiento del capitalismo.
Epílogo – Una reflexión sobre la visibilidad histórica del capitalismo
Notas
Algunos fragmentos:
«(…) En Gran Bretaña, que nos ofrece un claro ejemplo de esta situación, los terratenientes forzaron el cerramiento y la privatización de las tierras comunales (enclosure) para poder aplicar las técnicas del new farming a nivel individual, un procedimiento que exigía que se desarrollasen en campos cerrados. No se trataba de una mejora respecto al sistema practicado en campos abiertos bajo control comunal, sino de una apropiación individual que pretendía justificarse como un progreso. Estos cerramientos privaron a los pequeños propietarios agricultores de los recursos necesarios para el mantenimiento de sus usos de cultivo. Entre 1750 y 1820 se «cerró» en torno al 30 % de toda la tierra agrícola de Inglaterra y muchos miles de campesinos, privados del auxilio de los comunales, tuvieron que abandonar el cultivo y se proletarizaron. No fue un cambio que aportase mejoras globales, puesto que en torno a 1800 se puso de manifiesto que los rendimientos obtenidos en los pueblos donde se habían realizado cerramientos de tierras y en los que las mantenían abiertas eran prácticamente iguales. Según afirma E. P. Thompson, fue «un robo de clase»; la gentry supo aprovechar, además, las emociones suscitadas por las guerras contra Francia, con el espantajo de la posible llegada a Inglaterra de un Napoleón revolucionario que lo trastocaría todo, para robar la tierra a los pobres.»
«El auge de la esclavitud a finales del siglo XVIII y en la primera mitad del XIX no se puede interpretar como una continuidad del pasado, sino que se trata de un fenómeno nuevo, que Dale Tomich ha denominado «la segunda esclavitud», indisolublemente vinculado al ascenso del capitalismo [3]. Una de las más grandes mentiras de la historia oficial del capitalismo es aquella que le atribuye un papel central en la lucha por el abolicionismo, cuando la realidad es que el progreso de la industrialización habría sido imposible sin los esclavos. La Act for the Abolition of the Slave Trade inglesa de 1807, que prohibía el comercio de esclavos, tuvo pocos efectos, porque se estuvo debatiendo largo y tendido y los traficantes tuvieron tiempo para prepararse. Siguieron comerciando en barcos construidos en Inglaterra, pero que navegaban con bandera española o portuguesa (el buque esclavista Hermes se convirtió así en el Gerona), y continuaron negociando con compañías contratadas en Inglaterra con financiación de bancos ingleses. Otro tanto puede decirse de la prohibición del comercio de esclavos suscrita en el Congreso de Viena. La realidad es que entre 1801 y 1850 desembarcaron en América más de 3,5 millones de esclavos africanos. Pese a patrocinar públicamente el abolicionismo, Inglaterra no prohibió la esclavitud en su territorio y en sus colonias hasta julio de 1833, aunque en estas últimas solo se liberaba a los esclavos menores de seis años, mientras que los demás quedaban como «aprendices» hasta ser definitivamente puestos en libertad en dos etapas: en 1838 y 1840.»
«Mientras la revolución burguesa culminaba el triunfo del nuevo orden político de los propietarios, el capitalismo consolidaba su poder con la expansión de la fábrica y el arrinconamiento gradual de los oficios. En sus orígenes, el progreso industrial fue, como hemos visto, territorio del artesano y del menestral, de la producción doméstica y de la pequeña manufactura, y las invenciones que transformaron inicialmente dichaproducción empezaron siendo artefactos sencillos, ideados para favorecer la manufactura doméstica. Uno de los elementos definitorios de esta etapa sería precisamente el de sacar el máximo provecho del trabajo familiar en beneficio especialmente de los productores individuales. Lejos del mito de la aportación supuestamente fundamental de la máquina de vapor, que Von Tunzelman desmitificó en un trabajo de historia cuantitativa [15]. (…) La fábrica no nacía por razones de eficacia tecnológica, sino para asegurar al patrón el control sobre la fuerza de trabajo y facilitarle la obtención de un mayor excedente. Su principal función, como asegura Andrew Ure, era entrenar a los seres humanos para acostumbrarlos a unos hábitos de trabajo regulares. Una disciplina que se empezó a aplicar a los niños reclutados por la fuerza para trabajar en la hilatura[*]. Marx, que conocía los testimonios de la época, denunció la forma en que se produjo «un gran rapto de niños digno de Herodes», que culminó en la captura y esclavización en masa de niños abandonados (…)»
«Las grandes pugnas políticas a las que hemos asistido entre 1814 y 1848 tenían como objetivo fundamental garantizar el poder a los propietarios. Los cambios que se fueron produciendo a lo largo de estos años iban hacia la creación de estructuras de gobierno más eficaces, que asegurasen la capacidad de mantener a las masas, es decir, a los pobres, lejos del poder.»
Estados unidos e Israel cómplices del terror mundial
Antes los hechos que observamos en Irán, los ataques dado por estados unidos conjuntamente con Israel hacia Irán nos manifestamos:
Estados Unidos a lo largo del mundo tiene 750 bases militares en al menos 80 países, lo que constituye la red militar más extensa de la historia contemporánea. Su presupuesto de defensa supera los 800 mil millones de dólares anuales, más que la suma de varias potencias juntas. Esto no es defensa pasiva: es capacidad permanente de proyección de fuerza. Desde 2001, las guerras posteriores al 11-S, Afganistán, Irak, Siria, han provocado, según el proyecto Costs of War de la Universidad de Brown, más de 4,5 millones de muertes directas e indirectas asociadas a conflicto, desplazamiento y destrucción de infraestructura. En Irak, estudios epidemiológicos estiman cientos de miles de muertes civiles tras la invasión de 2003. No se trata de errores tácticos. Se trata de una doctrina de supremacía estratégica. Israel posee uno de los ejércitos tecnológicamente más avanzados del mundo y es uno de los mayores receptores de ayuda militar estadounidense (más de 3.000 millones de dólares anuales en asistencia). En el contexto de la guerra en Gaza iniciada en 2023, organismos como la Naciones Unidas han documentado decenas de miles de muertes palestinas y una devastación masiva de infraestructura civil en la Franja de Gaza. Hospitales, escuelas y redes de agua han sido gravemente dañadas.
En 2024, la Corte Internacional de Justicia admitió una causa presentada por Sudáfrica alegando posible violación de la Convención para la Prevención del Genocidio. Independientemente del fallo final, el hecho jurídico refleja la gravedad de las acusaciones y el nivel de preocupación internacional. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han denunciado patrones que podrían constituir crímenes de guerra en distintos episodios del conflicto.
Estamos ante un problema estructural que está dada: El control de rutas energéticas y territorios estratégicos. La protección de intereses geoeconómicos. La consolidación de alianzas militares como instrumento de orden global. La normalización de la guerra preventiva como política exterior. Esta hegemonía va más allá de lo territorial, es militar, financiera y cultural, la dominación la tienen por todos los frentes. Dentro de los últimos años de nuestra historia como humanidad condenamos la guerra como modo expansión y de excusa de seguridad nacional, los humanos no somos piezas de un tablero, necesitamos soberanía de nuestros pueblos. El derecho internacional solo se ha vuelto un sirviente de estos grandes poderes y no puedan hallar justicia para todos los muertos producidos por las guerras, y es aberrante la amnistía que hay hacia los involucrados en estos genocidios. La muerte no es un daño colateral. La guerra desestabiliza todas las dimensiones de los pueblos del mundo y sus integrantes. CONDENA TOTAL A LOS PAISES QUE HACEN LA GUERRA.
Como sabemos todo estado tiende a expandir su poder y la guerra es producto de los estados, y no de los pueblos ay que los pueblos quieren paz, justicia y bienestar. Por lo tanto, es urgente:
Desmilitarización progresiva global.
Reducción radical del gasto en armamento.
Autodeterminación real de los pueblos sin intervención hegemónicas o de toda pretensión imperial.
Fortalecimiento de redes de apoyo mutuo internacionalistas.
Justicia internacional independiente de las potencias.
TODOS ESTAMOS LLAMADOS EVITAR LAS GUERRAS Y BUSCAR JUSTICIA PARA TODOS LOS ASESINADOS POR LAS HEGEMONIAS Y LOS ESTADOS ASESINOS. Estados unidos e Israel son estados criminales y asesinos, no más impunidad para estos.
Si examinamos el fascismo empecemos a verlo desde su etimología, que es, en su origen, el elemento común de todos los tipos de fascismo presentes en nuestros días, donde se manifiesta la lógica de su pensamiento.
Se ha pasado por alto la peor manifestación que encierra su significado.
Vamos primero a empezar por su ETIMOLOGÍA
Desde los fasces romanos viene a indicar unión sagrada, intocable, narcisista, de un grupo.
Desde aquí os hacéis ya una idea ¿no?
Pues esa idea llevarla a todo lo que significa realmente la palabra no solo llevada a lo que se conoce vulgarmente o lo que viene siendo vulgar: relativo a la gente común.
Si atendemos a la etimología y es generalmente todo lo que conlleva este concepto fascismo no es solo por lo que conocemos de la historia de todos los tiempos, más la de nuestro siglo XX, pero esta palabra la podemos encontrar en cualquier grupo que considere enemigo a otro y que se considere como el modelo y cosmovisión perfecta y la que debería ser en todas las partes del multiverso.
CARÁCTERÍSTICAS DE LO QUE IMPLICA LLAMARSE FASCISTA A CUALQUIER MOVIMIENTO O ACCIÓN: LA LÓGICA Y LÍNEA METODOLÓGICA DEL FASCISMO NO COMO FENÓMENO HISTÓRICO SINO COMO FORMA DE PENSAR:
Es un error fijarnos ahora en los movimientos históricos pasados donde vulgarmente se sitúa su nacimiento y las críticas que giran en torno a ellos; una de las cuales ha sido la base de la concienciación anarquista.
Y no. La óptica debe ser reorientada para hacer útil y evidente, desde nuestro propio ejercicio autovalorativo aplicado, un auténtico análisis aptitudinal, desde lo que no es, la actividad anarquista. El pasado no es la base de la crítica. Es el presente donde se debe intervenir. Desde nuestro propio ejercicio matutino y vespertino.
Nuestra competencia anarquista empieza por nosotros mismos y por las conductas que nos rodean y dentro de cualquier campo en el que situamos nuestra actividad diaria. Aquí está lo difícil de la lucha porque ir por delante y de frente, sin sumirse en el silencio ni protestando por detrás.
¿Y qué vemos? y ¿qué es? y ¿en qué consiste nuestra denuncia representada en nuestras propias vidas y no sólo en un papel o grupo?
Desde el sesgo catastrofista en todo lo demás que no sea basarse en la peligrosa razón basada en principios democráticos y constitucionales.
Desde el sesgo dicotómico aniquilador porque la culpa siempre es de los demás o de tu actitud desacoplada.
Desde la razón escondida en el sesgo emocional en la que toda injusticia queda normalizada diariamente desde la complicidad de los monos voladores que rodean el autoritarismo normativo unilateral e ilegítimo.
Nuestra actividad anarquista debe no pasar por alto y hacerse consciente en el momento en que la deshumanización es revelada y pública, constante e insistente, enunciada y evidente.
Desde el sesgo de arrastre en el que perdemos la identidad por el grupo, en el que somos absorbidos por los deber ser de los roles (recomendable la película del experimento). Todo lo que está fuera se excluye y no tolera: ¡Qué ironía verdad! Ahora que estamos con políticas sobre la inclusión de la diversidad. Me echo a llorar. O a reír, ya no sé, es tan preclaro e ilustre.
Imbuidos en la cosmovisión de la pureza, del ideal de la salud, del ideal del cuerpo, del ideal de una cultura adiestrada bajo el sesgo elitista. Y entendemos este concepto de élite como el grupo adocenado.
Esporas. Revista Libertaria de Crítica de Libros. Número 02 (2026). 60 páginas a todo color. Una edición al cuidado de Calumnia Editorial. La revista Esporas es una publicación periódica que pretende contribuir al fortalecimiento del tejido editorial autónomo y anarquista en el Estado español. Piedra Papel Libros la regalará en todos los pedidos de importe igual o superior a 20€. También se puede adquirir a través de nuestra web.
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«Durante muchos años los historiadores han utilizado interpretaciones muy superficiales del fenómeno carlista. (…) Pienso, pero, que nos conviene distinguir entre «el partido carlista» –el núcleo de cortesanos, militares, eclesiásticos y otra gentecilla que se organizaron para luchar por un cambio político en España– y, por otro lado, las masas campesinas que les siguieron en la lucha contra un enemigo común. (…) Esto, sin embargo, no significa que los campesinos fueran una masa estúpida, manejada por el clero a su placer, al contrario. La prueba es que este mismo clero no les podrá convencer, en estos años de alianza, para que paguen los diezmos puntualmente. La defensa integrista de la fe expresa en el mundo rural elementos de un marco de «economía moral»–si se me permite usar el término thompsoniano– y les ayuda a legitimar sus reivindicaciones específicas, de clase. (…) Porque resulta que estos campesinos que se sienten todavía identificados con los carlistas y que asocian a ellos la defensa de sus formas de viday de sus intereses de grupo (…) a estos carlistas el rey parece importarles bien poco. Y es que una cosa era el carlismo de los partidarios de don Carlos y otra cosa muy distinta el de los campesinos.»
«En España la liquidación del Antiguo régimen se efectuó mediante una alianza entre la burguesía liberal y la aristocracia latifundista, con la propia monarquía como árbitro, sin que hubiese un proceso paralelo de revolución campesina. Lejos de ello, los intereses del campesinado fueron sacrificados, y amplias capas de labriegos españoles (que anteriormente vivían en una relativa prosperidad y vieron ahora afectada su situación por el doble juego de la liquidación del régimen señorial en beneficio de los señores, y del aumento de los impuestos) se levantarían en armas contra una revolución burguesa y una reforma agraria que se hacían a sus expensas, y se encontrarían, lógicamente, del lado de los enemigos de estos cambios: del lado del carlismo.»
Mumia Abu Jamal es un periodista, revolucionario y preso político que lleva encerrado desde diciembre de 1981. Condenado a muerte, los esfuerzos en la lucha por su libertad fueron consiguiendo aplazar su ejecución hasta que en 2011 se conmutó su pena a cadena perpetua sin libertad condicional. Mumia fue detenido y condenado por el asesinato del policía Daniel Faulkner, hecho del cual siempre se ha declarado inocente. La participación política de Mumia no se ha visto frenada por su encarcelamiento ni por las constantes amenazas sobre su vida, manteniéndose siempre activo y contectando con las resistencias de dentro y de fuera de las prisiones.
Organizamos esta jornada para recaudar fondos para su grupo de apoyo y para Prison Radio, el proyecto en el que participa desde hace años. Tendremos tres espacios: en uno, proyectaremos “Revolucionario de larga distancia. Un viaje con Mumia Abu-Jamal” (2013). El segundo espacio será más relajado, con merienda y bebidas, espacio para charlar y un bote de apoyo. El tercer espacio estará preparado para escribir cartas a Mumia.
La vida de Mijail Bakunin (1814-1876), una de las figuras fundacionales del anarquismo, estuvo marcada por un halo de aventura incandescente que le acompañó hasta el final de sus días. Propagandista, agitador, hombre de acción y teórico revolucionario, su compromiso con la causa de los más humildes le llevó a prisión y, poco después, al destierro en los confines de Siberia.
Este pequeño texto, publicado por primera vez en 1978 en el número 5 de la revista Libero Internacional, se aproxima a una de las etapas más desconocidas de la biografía del anarquista ruso: su paso por Japón tras fugarse de la Rusia zarista. Un episodio que, además, los autores utilizan para sumergirnos en la historia contemporánea del país del sol naciente.
Autor: Libero Internacional Colección: Serie Transhistorias Tripa: Papel ahuesado 80 Gr ISBN: 979-13-990905-3-6 Medidas: 170 mm. x 116 mm. Páginas: 48 2026
[Romper la rutina derrotista y pasar a la ofensiva]
Todo lo relacionado con la estructura del estado del bienestar está podrido. Es una cuestión estructural del sistema capitalista. Para un trabajador, cuando desarrolla su actividad profesional en un recurso asistencial público o privado, el hecho de implicarse un poco más de la cuenta en conseguir una mejora estructural o de calidad de vida de los usuarios o de los propios trabajadores, deriva en estrellarse contra un muro de hormigón. Al final, las únicas opciones que tiene es pasar del tema y cumplir la jornada por el salario correspondiente con la única implicación de realizar su actividad profesional, o darse de baja y cambiar de profesión. Y no estamos hablando de una implicación en el terreno emocional, sino de cuestiones tan básicas como respetar los derechos reconocidos a usuarios y trabajadores, tal y como vienen recogidos en la legislación.
Para los anarquistas, «la dignidad de las personas y los derechos que les son inherentes», tal y como se mencionan en la Constitución, no son meras cuestiones simbólicas que deban estar únicamente plasmadas en un escrito jurídico, como no lo fueron en su día para los liberales. Queremos dar un paso más allá en nuestra acción política con la clase trabajadora, y no esperar alguna concesión del poder político para seguir sumidos en la derrota constante. No creemos que la ejecución de políticas parciales que tanto gusta a la socialdemocracia vaya a solucionar los problemas de la clase trabajadora. Tampoco creemos en el uso de la retórica posmoderna para lavar la cara de este u otro líder para mantener las estructuras de poder y autoridad, pilares de la desigualdad social. Es el mercado capitalista y el Estado los que llevan a que los recursos del «estado del bienestar» acaben podridos. A que unos pocos se beneficien a costa de la necesidad de usuarios y trabajadores. La auténtica dignidad para la clase trabajadora pasa por poseer capacidad política propia al margen de las instituciones del Estado y de los partidos políticos, y en construir socialismo a través de la libre federación de productores y consumidores basada en el trabajo asociado y cooperativo.
La precariedad laboral en la administración
Los trabajadores movemos el mundo. Todo recurso asistencial necesita de trabajadores para realizar cualquier tarea. En muchas ocasiones, a pesar de la diferencia jurídica entre trabajadores (interinos, fijos, funcionarios, eventuales), la producción sale adelante sin necesidad de jefes, políticos, etc. Y aquí es donde reside el auténtico potencial de la clase trabajadora: llevar adelante la producción sin necesidad de mandos, jerarquías, políticos, etc. Para las instituciones del Estado y la lógica neoliberal del mercado capitalista, se hace necesario dividir y aislar a los trabajadores, para impedir que se entiendan y se organicen. Así, las políticas neoliberales de la Comunidad de Madrid conllevan:
– Contratación precaria a través de contratos encadenados de pocos meses. – Abuso de la interinidad. – Introducción de empresas privadas en la gestión pública.
Pocos trabajadores y divididos con distintas situaciones administrativas o, lo que es lo mismo, fuerza de trabajo barata, flexible y reemplazable: esa es la receta del éxito para el desmantelamiento y la privatización de los recursos públicos.
El corporativismo es una de las principales estrategias de la administración entre grupos y subgrupos de trabajadores. Los de por la mañana contra los de la tarde, el personal de servicios contra los técnicos de enfermería, etc., cada uno sintiéndose especial en su zona de poder imaginada, considerándose diferente y agredido por sus propios compañeros de trabajo. Otra forma de división simbólica de una clase trabajadora ya bastante fragmentada por el mercado.
El papel de los mandos intermedios también deja mucho que desear. No solo por la pasividad con las políticas de fragmentación y privatización, sino por el hecho de asumir el papel de «jefe mediocre», negando, entorpeciendo o bloqueando los derechos básicos de los trabajadores en cuestiones como el descanso, la conciliación, el suministro de EPI y la prevención de riesgos laborales. Al poder político y económico le resulta esencial que los trabajadores compitan en un contexto caótico. El divide y vencerás de siempre que hace que seamos más pasivos, manipulables, etc.
Externalización de los servicios públicos, una cuestión ideológica
«Colaboración público-privada» no es más que un eslogan de una facción política concreta sobre una práctica que lleva décadas recogida en la legislación. Las consecuencias de que los servicios públicos se dejen en manos privadas se reflejan en lo ocurrido en el Hospital de Torrejón. No solo aumentan los costes para las administraciones, sino que se incrusta la lógica de mercado para los que más tienen, en detrimento de la clase trabajadora. Mientras tanto, se cierran los servicios de urgencias, faltan médicos o pasan muchos meses para que te manden a un especialista de un hospital público, reduciendo el tiempo de espera si se trata de uno concertado. En los recursos asistenciales de la Comunidad de Madrid se lleva tiempo viendo la externalización del servicio de lavandería, denunciándose públicamente la falta de toallas y pijamas, o que la ropa vuelve sucia. Además, esto trae consigo el desmantelamiento de la maquinaria, tirando a la basura cientos de miles de euros e impidiendo que el servicio se pueda recuperar. Otro problema en estos recursos es la falta de cocineros y el cierre de cocinas en favor de los servicios de catering, los cuales dan problemas por la pésima calidad de la comida y las consecuencias directas, como problemas de desnutrición. La privatización y el progresivo desmantelamiento de los servicios públicos nos afectan directamente a la clase trabajadora, aumentando la precariedad en nuestra vida y el riesgo de exclusión social, con el progresivo aumento de la desigualdad.
El desmantelamiento del «estado del bienestar» es una cuestión ideológica. Tanto la Iglesia como muchos empresarios necesitan vivir del dinero público a través de conciertos. La exclusión social es un negocio rentable, al igual que lo es la educación. Pero ni Isabel Díaz Ayuso, ni Pedro Sánchez, ni ningún cura o empresario están día a día sacando adelante los centros asistenciales y trabajando para los usuarios. Somos los trabajadores los que movemos el mundo y los que hacemos que las cosas funcionen. Romper con la dicotomía diaria es necesario tanto para los usuarios como para nosotros. Por eso necesitamos estar organizados y dar el paso a una acción sindical que rompa la rutina derrotista y pase a la ofensiva para defender nuestros derechos y los de los usuarios, con vistas a una transformación radical de nuestras condiciones materiales y la superación del poder político y del sistema económico capitalista.
Asistimos en estos días al espectáculo de la política, ese que consiste en corruptelas, insultos, mentiras, desprecios…, o sea, la política. Y asistimos con la exasperación de ver, de notar, cómo se enfocan estos espectáculos, los de antes, los de ahora, los del próximo futuro hasta las nuevas elecciones. Noticieros de todo tipo, sean voceros, sean imágenes, sean escritos…, de extrema derecha, de derecha, de extremo centro, de centro, de izquierda, de extremo izquierda… Todos tienen el mismo enfoque. A saber. Además de reproducir las corruptelas, insultos, mentiras, desprecios…, el pues anda que tú…! Ahora ha surgido algo nuevo, bueno, no es tan nuevo, siempre próximos a elecciones surge la necesidad de la izquierda de presentarse unida. Y en eso estamos ahora. Justo cuando se cumplen 90 años del triunfo del Frente Popular, ese que dio un gobierno que miraba a otro lado cuando el fascismo, apoyado por las derechas, la aristocracia, los terratenientes, la burguesía, tenía muy claro su próximo Golpe de Estado. Golpe frenado por las gentes comunes, por el común de las gentes y el sindicato anarquista, sin armas, negadas por el gobierno del Frente Popular.
Y vemos cómo ahora resurge esa necesidad de “unión”. Pero es curioso, por decir algo, que ningún medio del abanico político, otra cosa son los medios no sostenidos ni por publicidades, ni por ayudas estatales, los libres e independientes, entre los que se encuentran ctxt, tal vez El Salto, si bien se centra en Rufián y su propuesta. El resto es todo “más de lo mismo”. Parece que es normal que la izquierda se una por decisión piramidal, desde arriba. Las direcciones hacen sus propuestas, las direcciones aceptan hablar sobre ellas, las direcciones deciden ni siquiera hablar sobre ellas… De lo que resulte de estas charlas, o habladurías, lleguen a acuerdos —se unan—, o no lleguen a acuerdos —continúen separadas—, no deparará nada bueno. Será una nueva fase que copie la anterior, esa que a su vez copió la anterior…
Desde que esa “unión tan deseada”, sea por las cabezas dirigentes, pues son ellas las que imponen el camino, sea por orden y mando de las direcciones de los partidos, o mejor, mientras sean los partidos los que hablen, elijan o rechacen la “unión”, chungo. El artículo de Guillem Martínez en ctxt se inicia con la repetida frase de “lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible”. Yo añadiría, incluso ni se hace efectivo. Mientras sean imposición desde arriba. Mientras las gentes solo opinen depositando un papelito en una urna cuando corresponda. Mientras ninguna asamblea de fábrica, de escuela, de facultad, de barrio, de municipio…, se pronuncien sobre ello y decidan en qué condiciones y cómo se llevará a cabo… Pues eso, que no hay nada que hacer. Y lo que es peor. Todo ello, todas estas informaciones, todas estas manipulaciones, lo único que consiguen es la desmovilización en la calle. Una vez más.
Ya en su momento hablaremos más acerca de la singularidad de la creación anárquica. La auto-institución es lo que caracteriza dicha creación por fuera y en contraposición a la forma-Estado. No surge ex nihilo —sin relación con su época o condiciones materiales—, sino justamente desde su momento histórico concreto.
La creación anárquica es la que emerge del acrecentamiento relacional de potencias indominadas, es decir, aquella no atada a una relación de mando-obediencia. Estas relaciones anárquicas, si bien no son hegemónicas en el imaginario colectivo, son, sin embargo, mayoritarias en la sociedad.
De ahí la singularidad de la política y la institución anárquica. El imaginar y pensar colectivamente el estar-juntos sin dominio, en el primer caso, y el crear y sostener colectivamente lo común, en el segundo.
Por eso me gustan las creaciones populares, ideológicamente impuras, mezcladas y embarradas como la propia vitalidad del mundo. Esa es la pureza de la impureza anarquista: choca, se mezcla, rompe y se abre paso entre un mundo imperfecto. Lo nuevo nunca pide permiso y no espera aceptación, surge como fruto de la fuerza de las cosas.
Ahora, quien ve en lo anárquico una excepción a la regla no ha mirado bien su entorno. Quien espera que lo anárquico no esté compuesto por los elementos buenos y malos del presente, le erra feo.
Un ejemplo histórico interesante de esta creación anárquica “al borde” es la experiencia de los Arditi del popolo, una milicia popular formada por excombatientes de la Primera Guerra Mundial. Pichaje que había entendido que las guerras solo las ganan los ricos, tras haber sufrido en carne propia la miseria del antes, durante y después de la contienda.
¿Hay algo más popular y a la vez menos puro ideológicamente que unos grupos de ex soldados anarquistas y comunistas sin partido que deciden defender con la acción directa a la sociedad de los siervos de los patrones? “Guerra a la guerra” se decían entonces.
La milicia popular tiene el honor de haber dado su primer paliza grande al fascismo en Italia, derrotándolo en la calle. La ciudad de Parma se unió, levantó barricadas y logró barrer la agresión de 15000 ultraderechistas en lo que se conoce como «los sucesos de Parma». Nunca más los grupos escuadristas volverían a enfrentarse al pueblo sin estar custodiados, armados y secundados por policías y militares. Habían aprendido la lección.
Los contextos cambian, el uso de los elementos violentos y ciegos al servicio de la defensa del empresariado y su orden instituido, no. La ventaja del abajo de crear sus propias y novedosas formas, tampoco.
Las relaciones son profundamente personales. Son los bloques más pequeños y fundamentales que forman nuestras historias, nuestras culturas y nuestras sociedades. Somos dependientes y, por lo tanto, profundamente vulnerables a otras relaciones humanas desde que nacemos hasta que morimos. Nada de lo hecho por el hombre se hizo fuera de las relaciones. Todo lo que fabricamos es producto de ellas. Estamos intrínsecamente ligados a otras personas; tal es la realidad de la existencia humana.
Discutir sobre las relaciones, entonces, siempre será algo que afecte a todos de una manera cercana, personal y a veces incómoda. Tenemos inseguridades que aún no hemos podido calmar y, a menudo, recurrimos a diferentes formas de relación como un bálsamo para ellas. Todos, en última instancia, deseamos sentirnos amados, valorados y apreciados, y casi todas nuestras actividades parecen inclinarse hacia ese fin. Ante una necesidad social tan intensa, puede ser difícil evaluar con sinceridad los valores subyacentes que sostenemos cuando buscamos conexión. ¿Qué hace que una relación sea valiosa? ¿Qué hace que una persona sea valiosa? ¿Qué me hace valioso a mí?
Es hora de tener una conversación franca sobre la monogamia.
En este ensayo, discutiré los valores subyacentes de la monogamia obligatoria que nuestra cultura da por sentados: que los celos son una expresión de amor, que poseer a la pareja es un signo de compromiso y que imponer límites a la autonomía del otro es no solo aceptable, sino esperado. Argumentaré que estos valores trabajan para clausurar nuestra vulnerabilidad personal, aunque al final no logren hacerlo.
Para ello, es necesaria una definición de trabajo: la monogamia obligatoria es el mandato social (enseñado y reforzado por la familia, la escuela, la iglesia, la ley, etc.) de que, para que las relaciones sean consideradas válidas y significativas, deben ser románticas, sexuales y exclusivas. Es obligatoria porque se espera y porque otras opciones son difamadas, invisibilizadas o inaccesibles. Dejaré fuera de la discusión lo que llamo «monogamia autoimpuesta» (yo no tendré más parejas) para centrarme en la monogamia del «tú no puedes».
El experimento mental de la amistad
¿Por qué la monogamia del «tú no puedes» nos resulta tan aceptable? Harry Chalmers explora esto con un experimento: Imaginemos a dos amigos que acuerdan una restricción inusual: ninguno tiene permitido tener otros amigos. Si uno lo hiciera, el otro retiraría su afecto y terminaría la relación. La mayoría encontraría esto moralmente preocupante o perverso, una extralimitación salvaje en la autonomía del otro. Entonces, ¿por qué es aceptable poner tales limitaciones en el ámbito romántico y sexual?
La suposición moral fundamental de la monogamia del «tú no puedes» es que es razonable imponer límites a los vínculos de la pareja con otros mientras deseen mantener la conexión con nosotros. Esto solo tiene sentido si establecemos una división jerárquica entre el amor romántico/sexual y el amor no romántico/no sexual, valorando el primero sobre el segundo. Mientras que los celos porque un amigo tiene otros amigos se tratan como algo que uno debe aprender a gestionar, los celos románticos se ven como algo sobre lo que se puede actuar justificadamente imponiendo sanciones.
Vulnerabilidad y apego inseguro
Creo que hay dos razones emocionales dominantes para sentirse seguro en la historia de la monogamia del «tú no puedes»: la vulnerabilidad inherente de la corporeidad y el apego inseguro.
Como dice Judith Butler: «Nuestro sentido mismo de la personalidad está ligado al deseo de reconocimiento, y ese deseo nos sitúa fuera de nosotros mismos». Somos vulnerables los unos a los otros. En el capitalismo neoliberal, que atomiza la vida social, la relación de pareja a menudo representa el único espacio donde podemos revelar nuestras vulnerabilidades más profundas. Cuando somos monógamos, nuestra pareja es la única persona ante la cual esto es cierto, y nosotros somos los únicos para ellos. Esto suele confundirse con la «especialidad», pero en realidad es una confusión entre ser especial y la exclusividad.
El apego inseguro se caracteriza por el miedo y la incertidumbre. Un defensor acérrimo de la monogamia dirá: «¡No podría hacerlo, sería demasiado inseguro!». Esto viene de un lugar de miedo: creemos que si no poseemos el afecto de alguien, no tendremos amor seguro en absoluto. Hemos interiorizado que solo somos especiales si somos más especiales que cualquier otra persona.
La posesión como prisión
Erich Fromm escribe en El arte de amar que tener fe es una condición indispensable para amar bien. La fe requiere valentía, la capacidad de correr un riesgo y la disposición a aceptar el dolor. Quien insiste en la seguridad como condición primaria no puede tener fe; quien se encierra en un sistema de defensa basado en la distancia y la posesión se convierte en prisionero.
La monogamia del «tú no puedes» deja poco espacio para esta fe. Usamos la posesión para apuntalar nuestra seguridad, lo cual a menudo aumenta el apego inseguro. En lugar de enfrentar las necesidades subyacentes que indican los celos, la monogamia simplemente evita los comportamientos que los activan, a costa de la libertad del otro. Esto es una capitulación ante los celos.
Paradójicamente, la monogamia suele exacerbar el miedo al abandono. En lugar de confiar cada vez que una pareja regresa a nosotros tras una cita con alguien más, vivimos con el temor constante de que nuestra pareja monógama encuentre a alguien «mejor» y nos deje por completo para poder explorarlo. En lugar de ser honestos sobre lo que podemos y no podemos dar, buscamos maníacamente satisfacer cada necesidad de la pareja para que nunca busque a nadie más.
Conclusión
Hemos convertido en norma relacional lo que la académica indígena Kim Tallbear llama «acaparar el cuerpo y el deseo de otra persona». Usamos la monogamia como un medio para clausurar la vulnerabilidad, a pesar de que nuestra interconexión inherente hace que tal intento sea imposible. Devaluamos nuestras amistades, elevamos el amor romántico a lo supremo y aun así temblamos de inseguridad.
Cuando las relaciones terminan, nos sentimos aislados porque los términos de la monogamia obligatoria exigen que vertamos toda nuestra energía en un solo vínculo a costa de todas las demás conexiones. Algo está fundamentalmente roto en cómo construimos relaciones, y ningún gesto romántico material puede arreglarlo. Quizás sea hora de tener conversaciones más francas sobre la monogamia.
Lee Cicuta
Bibliografía
“Beside Oneself: On the Limits of Sexual Autonomy.” Undoing Gender, by Judith Butler, Routledge, 2009.
Blow, Adrian J., and Kelley Hartnett. “INFIDELITY IN COMMITTED RELATI0NSHIPS II: A SUBSTANTIVE REVIEW.” Journal of Marital and Family Therapy, vol. 31, no. 2, 2005, pp. 217–233., doi:10.1111/j.1752-0606.2005.tb01556.x.
Chalmers, Harry. “Is Monogamy Morally Permissible?” The Journal of Value Inquiry, vol. 53, no. 2, 2018, pp. 225–241., doi:10.1007/s10790-018-9663-8.
“The Practice of Love.” The Art of Loving, by Erich Fromm, Allen & Unwin, 1958.
Tallbear, Kim. “Making Love and Relations Beyond Settler Sex and Family.” Making Kin Not Population, by Adele E. Clarke and Donna Jeanne Haraway, Prickly Paradigm Press, 2018.