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AnteayerSalida Principal

Crónica del Congreso… desde el sofá de casa

11 Febrero 2026 at 16:58

Hoy debería estar escribiendo estas líneas desde la tribuna del Congreso. Hace un par de semanas compramos el billete de ida y vuelta Barcelona-Sants/Madrid-Atocha para ver en directo cómo el presidente del gobierno defendería su gestión sobre los accidentes de Adamuz y Gelida y el pobre estado del sector ferroviario. Ironías de la vida, pocos días después, recibimos un correo anunciando que mi tren, la joya de la corona de alta velocidad, el orgullo patrio de gobiernos socialistas y populares durante años, llegará con un retraso de dos horas.

Y claro, el viaje pierde todo su sentido. Las primeras dos horas son las que marcarán los mensajes clave que se replicarán en las tertulias de radio y en los informativos de la tele. Se cortarán los discursos para generar titulares, que se aprovecharán desde ambos lados del espectro ideológico para vender salchichas.

Hoy debería estar escribiendo estas líneas desde la tribuna del Congreso, pero lo hago sentado (medio tumbado, de hecho) desde el sofá de mi casa. No es lo mismo, pero vamos a hacerlo igual:

Arrancaba la sesión –como no podría ser de otro modo– el presidente del Gobierno su excelentísimo ciudadano Pedro Sánchez. Su objetivo, como si fuera una obra narrativa clásica, se dividía en tres partes. La primera: defenderse de los ataques que vendrían sobre la gestión de los trenes y las tragedias de Adamuz y Gelida. La segunda: comparar la gestión de su partido con la del PP durante la dana. Aquí ganará por goleada, porque Mazón representa algo así como el punto más bajo posible –inútil y ruin– que se puede alcanzar en política. La tercera: el contrataque “épico”.

Dirá Pedro Sánchez que la red española de trenes, si se pusiera toda en línea recta, podría unir el polo norte con el polo sur… y yo no puedo evitar soltar una carcajada, solo en mi sofá, pensando en ese o esa spin doctor que le redactó el párrafo al presidente. Añadirá, también, una frase que sintetiza por qué el problema con los trenes continuará en el futuro: “Somos el segundo país del mundo con más kilómetros de alta velocidad después de China”, dice, sacando pecho.

España es ese país que le gustaría ser, pero que no es. Un país de gente rica y próspera, que se compara con los mejores y que tiene un orgullo “imperial”; que habla de trenes rápidos, pero obvia el hecho de que la inmensa mayoría de la población no cogerá esos trenes en su vida. Los suyos se llaman Rodalies y Cercanías, y van lentos, y van tarde, y van apretados. Porque no son ricos, y les cuesta pagar el alquiler. La España Real.

Luego le sigue Feijóo, y al poco dice algo que me pone en alerta: “Lo ha mezclado todo; yo no lo haré”. Traducción: prepárense, que vienen curvas. Asegura que “se ha jugado a la ruleta rusa con nuestra seguridad” –discutible, pero entendible en el contexto–, y enseguida lo enlaza con la corrupción de Cerdán y Ábalos. Remata, además, con una pulla a un expresidente: “Parece que Zapatero puede tener una idea de adónde ha ido nuestro dinero”. Y entonces llega el eslogan perfecto: “Tenemos impuestos nórdicos e infraestructuras tercermundistas”. Chupito.

Pero eso no es nada, porque ahora sale Abascal. Pero me aburre, porque ya he escuchado ese discurso mil veces, que no es más que un refrito de lo que se divulga desde la extrema derecha estadounidense: que todo es un plan de George Soros para reemplazar a la población “española” con la población de malos inmigrantes asesinos, porque estos votarán a Pedro Sánchez, dice, ignorando conscientemente que la regularización no implica la ciudadanía, y que, sin esta última, no hay derecho a voto.

Dice también que “los inmigrantes duermen en un hotel con pensión completa y aire acondicionado”, y algo sobre Bill Gates y el cambio climático que no acabo de comprender. Recuerdo aquello de David Graeber de que nuestras democracias no son herencia del modelo ateniense, sino del circo romano.

Le sigue la portavoz de Sumar, Verónica Martínez. Empieza con un tono amable y dialogante, y termina hablando de fascismo, de Elon Musk y de los oligarcas tecnológicos. Un discurso bastante representativo del lugar en el que se encuentra hoy esta formación política: encallada en un espacio estrecho, obligada a abrirse paso entre el supuesto talante moderado de los socialistas y el tono más brusco y combativo de Podemos.

Se esperaba a Rufián, y aunque esté en el sofá de mi casa puedo notar ese silencio extra que denota el interés de una intervención esperada. Repite aquello de “ser un chungo está de moda”, atiza la hipocresía de la derecha extrema por odiar simplemente a los migrantes pobres, y aceptarles cuando venían con la Golden Visa. Y luego defiende primero la gestión de Óscar Puente, como para decir “eh, yo sé de qué lado del muro estoy”, para luego poder atizar –no sin razón–, los errores del gobierno. Acaba su intervención lanzando un alegato para reforzar su propuesta de un frente de izquierdas plurinacional: “Yo soy catalán, indepe, y republicano. Quien crea que el fascismo se va a frenar en su frontera se equivoca. Hablemos entre nosotros, o nos vamos al carajo”.

Míriam Nogueras (Junts) dirá aquello de que Catalunya era la gallina de los huevos de oro y ya no lo es tanto. Qué obsesión, la de mis paisanos, con la metáfora de la gallina. Josep Pla la utilizaba a menudo, pero con otro sentido, para mí, mucho más sutil y acertado. Decía que las gallinas, como Catalunya, son aves que por el hecho de serlo se creen que pueden volar. Luego baten las alas, pero no se separan casi del suelo.

Nogueras dirá, también, que ellos defienden un escudo social, un sistema social público, la vivienda pública y políticas sociales. ¿He oído bien? La esquizofrenia discursiva de Junts está alcanzando su punto álgido, pues mientras habla en socialdemócrata, vota conjuntamente con el PP y Vox no renovar las medidas de protección antidesahucios. Junts es un partido en peligro de extinción.

Y ahora habla Mertxe Aizpurua, la portavoz de Bildu. Como de costumbre, tengo la sensación de que Bildu juega a otra cosa. Me recuerda un poco al Partido Comunista Chino pero no por su supuesto autoritarismo, sino porque parece que es un partido con un rumbo fijo y una mirada a largo plazo. Alterna el español con el euskera (Rufián ha hablado íntegramente en castellano, y Míriam Nogueras lo ha hecho en catalán). Aprovecha para desmentir algunos bulos sobre la ocupación, y pide, sin estridencias, la necesidad de replantear el modelo de infraestructuras.

Acabo ya con Ione Belarra, que llevo horas delante de la tele tumbado y esto se está haciendo largo. Escuchar a Podemos es escuchar a la Izquierda y todas sus nobles causas: la lucha contra el imperialismo yankee y sus guerras por el petróleo; la salida inmediata de la OTAN, las demandas de “crujir” a los ricos a impuestos. Ay, la izquierda. ¿Dónde fueron esos tiempos, cuando todo era posible? ¿Y, sobre todo, cuándo volverán?

Viendo Aragón, no parece que pronto. Pero quién sabe, quién sabe. El futuro es esquivo, y algo tramposo. Casi tanto como los políticos. Por ahora la sesión continuará, y se repetirán algunos mensajes matutinos, pero con expresiones distintas. Se aplaudirán a sí mismos, abuchearán a los otros… y los trenes seguirán llegando tarde.

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