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AnteayerNoticias

90 años de la Revolución Social

19 Julio 2026 at 10:54
Por: editor

El 19 de julio de 2026 se cumplen 90 años desde que la clase trabajadora derrotó el golpe de Estado. El pueblo levantado en armas logró detener, no sólo las pretensiones de todas las fuerzas facciosas que estaban detrás de este alzamiento militar, sino que ante su propio triunfo no se detuvo y empezó la revolución social más profunda que haya conocido la historia.

Pero, ¿Qué es una Revolución Social? Una Revolución Social no es, desde luego, un cambio de gobierno, ni siquiera un cambio de la forma de Estado. Una Revolución Social es el cambio de las relaciones sociales que sustentan el estado de las cosas. Sustituyó la organización de la economía a manos de la empresa privada o el Estado por la organización por parte de la propia clase trabajadora, a través de las colectivizaciones, tanto en la industria como en el campo.

La transformación de las relaciones sociales, sin embargo, no se detuvo solamente en lo económico, sino que precisamente este cambio encaminado a superar el capitalismo por una nueva economía comunista libertaria permitió el impulso de medidas de todo tipo para los problemas sociales de su momento, muchas de las cuales siguen sin resolverse en nuestra sociedad hoy.

Desde el papel de la instrucción y la educación en la sociedad, el problema de la vivienda o la maternidad consciente, la igualdad entre sexos o la cuestión nacional y su resolución federalista, entre otras cuestiones que apuntaban a eliminar las viejas instituciones de la sociedad creando una nueva sociedad libertaria, ejemplifican el carácter profundo de una revolución hecha por trabajadores y trabajadoras del campo y la ciudad.

Este impulso revolucionario del pueblo, de la gente anónima de la historia pero que mueve el mundo cada día de sus vidas, se pudo sostener gracias al esfuerzo y sacrificio, también en el frente militar mediante las milicias obreras. Y es que hasta en la organización de la lucha militar se transformaron las caducas y rígidas formas autoritarias de los ejércitos por milicias sostenidas por el propio movimiento obrero y revolucionario.

La guerra civil española, a la que dio paso la derrota del golpe militar fascista de 1936, era la continuación de una guerra de clases larvada en las luchas revolucionarias: desde la comuna de Asturias en 1934 hasta las insurrecciones comunistas-libertarias como las de Fígols. Una lucha de clases que se remonta a los tiempos de la I Internacional en España, y a todas las luchas sociales donde el proletariado ha sido protagonista en el mundo.

A noventa años de ese hito en la historia jamás superado, que nos sirve de ejemplo para nuestras luchas cotidianas, debemos también señalar que el régimen que combatió desde el primer momento ese proceso fue también la propia República y las fuerzas burguesas liberales y republicanas, socialdemócratas y estalinistas. La derrota de la revolución precedió la derrota militar de la II República, y la imposición por la sangre y el genocidio de un régimen de terror acaudillado por el criminal Francisco Franco.

El cambio de régimen que, prácticamente 40 años después, dio lugar al actual Reino de España, en forma de monarquía constitucional, no fue sino un pacto, una transacción entre las fuerzas que administraron el franquismo con las de una nueva burguesía liberal y socialdemócrata, con el trasfondo de un importante nuevo episodio de la lucha de clases en la península ibérica del que también se cumplen 50 años este 2026. La derrota del proletariado en la “transición española”, nuevamente, ha asentado en el poder nuevas fuerzas reaccionarias, aunque se hagan vestir con piel de cordero. Y uno de los ejemplos más claros lo tenemos en la falsificación de la memoria histórica, llamada hoy Memoria Democrática.

Desde instituciones públicas, la academia oficial y el naufragio de la socialdemocracia y el estalinismo se impulsa una reinterpretación de la memoria histórica en la que nunca hubo una Revolución Social, donde las mujeres y los hombres anarcosindicalistas y anarquistas de la CNT, la FAI, Mujeres Libres o las Juventudes Libertarias lucharon, no por una transformación radical de las relaciones sociales que superaran el Capitalismo en un régimen comunista libertario, sino que ahora reescriben la historia para decir que lucharon por una República que los combatió y encarceló antes de la guerra civil, los combatió durante la guerra civil y cuyos herederos políticos de hoy intentan borrar de la historia.

No es casual que, apenas pocos años después que nos dejaran para siempre los últimos compañeros y compañeras que vivieron en primera persona la Revolución Social de 1936, que ya no están para poder contestar a la cara a los falsificadores de la historia, proliferen los esfuerzos para que la memoria democrática se vuelva olvido del proceso revolucionario.

En nuestras manos está que esto no suceda, y que las aspiraciones que motivaron quienes construyeron de forma anónima la mayor Revolución Social conocida hasta nuestros días nos guíen también a la hora de enfrentar los problemas actuales de la clase trabajadora en nuestra sociedad y el mundo entero.

Fuente: cnt.es/noticias/90-anos-de-la-revolucion-social/

El final de la Guerra Civil: más cálculo que épica

27 Junio 2026 at 07:00

Este reportaje se publicó originalmente en papel, en La Marea 111. Puedes conseguir un ejemplar y suscribirte en nuestro kiosco.

La Guerra Civil podría haber terminado meses antes de aquel 1 de abril de 1939. La victoria del bando golpista vino precedida por una operación de inteligencia, diplomacia y logística sin parangón en la historia bélica hasta aquel momento. La rendición tenía que ser total. No hubo espacio para armisticio alguno. Todos los presos fieles a la República serían tratados como presos comunes, no como prisioneros de guerra. Tampoco alargar la contienda habría significado entrar en la Segunda Guerra Mundial. Aquel primero de abril, la Guerra Civil llegó a muchos lugares que no la habían vivido. La épica cacareada por los gallos de la victoria no fue tal. La rendición al completo estuvo medida al milímetro, no así la crueldad que se desataría en cada lugar en el que los vencedores tuvieran sed de venganza.

Estas son las grandes tesis que deja tras de sí Cómo terminó la guerra civil española (Crítica, 2026), un extenso ensayo que contiene documentación con información procedente de fuentes hasta ahora no accesibles a los investigadores. En él, Gutmaro Gómez Bravo reescribe los días clave en los que el bando franquista pergeñó la victoria incondicional. Este catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) huye de la versión más extendida y se aleja de las desavenencias entre los gerifaltes militares republicanos para poner la mirada sobre los golpistas: «Su operación fue todo un éxito», adelanta.

El investigador asegura que la contienda podría haber concluido el 31 de enero, tras la caída de Barcelona, porque el conflicto ya se encontraba resuelto desde el plano militar. «Es en el cuartel general de Burgos donde se decide otro final. Quieren una rendición sin condiciones de los republicanos y evitar una mediación internacional y un tratado que convirtiera a los presos en prisioneros de guerra», explica Gómez. Lo consiguieron, pero solo tras un trabajo calculado hasta el mínimo resquicio.

Entre el hambre y el perdón

Junto al bando golpista, que se veía a sí mismo más victorioso cada día que pasaba tras la victoria en la batalla del Ebro y la caída de Catalunya, luchaba el hambre. «El hambre es decisiva para esta estrategia de rendición que proyectan, sustentada también en la guerra psicológica», sostiene Gómez. La aviación franquista bombardeaba con pan las grandes ciudades republicanas que sobrevivían con gran dificultad al asedio. En los paquetes, proclamas que aseguraban que las personas que no tuvieran las manos manchadas de sangre no tenían nada que temer.

El final de la Guerra Civil: más cálculo que épica
Ejemplar de octavilla lanzada por el bando golpista sobre las ciudades asediadas. EDITORIAL CRÍTICA

El historiador asegura que los franquistas proyectaron la rendición a través del hambre y la promesa del perdón. «Lo que no querían era tener que combatir en las ciudades, como pasará en la Segunda Guerra Mundial. Buscan una rendición ordenada, planimétrica, y lo comunican dándole la vuelta. Dicen que la culpa del hambre son los republicanos y la resistencia», añade el también director del Grupo de Investigación de la Guerra Civil y el Franquismo de la UCM.

Europa, a favor de Franco

El plano internacional fue determinante en estas últimas semanas de conflicto. En su ensayo, Gómez corta esa línea recta historiográfica trazada entre el final de la Guerra Civil y la posibilidad de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Consultada la documentación de Inglaterra y Alemania, el historiador resuelve que «a partir de la caída de Catalunya todo el mundo quiere que la guerra termine». Es precisamente en enero de 1939 cuando tanto soviéticos como alemanes, que pronto firmarían entre ellos el pacto de no agresión, empezarían a virar sus posiciones.

Las jornadas que pasarían a la posteridad se suceden. El 15 de febrero, los británicos reconocen en secreto a Franco como jefe del Estado, una decisión que harán pública el día que Francia también la tome. El día 27 hacen lo propio los franceses, justo una semana después de que España haya firmado, también en secreto, el tratado Antikomintern, que confirma la entrada militar de España en el Eje junto a Alemania, Italia y Japón, y que hará público el 31 de marzo, el último día de guerra en España.

Durante marzo, el último mes antes del fin de la contienda y el inicio de la dictadura, desde Burgos los franquistas se esmeran en hacer llegar a los republicanos las normas que deberán respetar en la rendición. «Se da un encuentro entre los militares del Estado Mayor de los dos ejércitos cuando, en realidad, ya trabajan para el mismo. Ahí se ve cómo el servicio de inteligencia franquista ha absorbido al servicio republicano. Les dan órdenes, trabajan juntos. No los matan, los utilizan», apostilla Gómez tras haber recabado esta información durante visitas a archivos extranjeros.

La entrada en Madrid

El coronel José Ungría es uno de los grandes nombres propios de esta historia. Sabedor de su papel decisivo a la hora de crear un gran aparato de información en el territorio republicano, Francisco Franco le encargó que definiera el desenlace de la guerra desde la perspectiva militar. Gracias a él, el Estado Mayor de Burgos terminó absorbiendo al Estado Mayor leal a la República.

José María Taboada Lago es otro de los nombres determinantes en el fin de la guerra. Secretario de Acción Católica, se movió diplomáticamente para interrumpir la mediación iniciada por el Vaticano en la Navidad de 1938 y, más tarde, se encargó de la unificación de las fuerzas derechistas en la capital, Madrid, republicana hasta el final de la guerra. Para salir de sus escondites y saludar al nuevo régimen que arrebataría la democracia a España durante cuatro décadas, Taboada y sus seguidores tenían que estar atentos a Radio Nacional. «Cataluña está nublado» significaba que la operación no había culminado en la región mediterránea; «geografía extensa», que se acercaban a la capital; y el día que anunciaran un «reparto de caramelos» en Madrid, sería la jornada señalada para que los franquistas tomaran la ciudad tras casi tres años de guerra.

Ungría y Taboada son dos de las entradas que recoge un dramatis personae con el que, acertadamente, la editorial Crítica ha decidido acompañar el ensayo y cuyas definiciones casi alcanzan las siete decenas. Entre ellas se cuentan personajes como Manuel Azaña, Pablo de Azcárate, Julián Besteiro, el cardenal Isidro Gomá y Diego Martínez Barrio, al igual que entidades o conceptos, como Comité propaz civil, Consejo Asesor, Consejo Nacional de Defensa y Servicio de Información y Policía Militar.

Por otro lado, los sindicatos no perdieron su papel predominante. La ocupación de las grandes ciudades por parte de los franquistas estuvo pactada con la UGT y la CNT, «quienes representaban realmente el primer gobierno de Francisco Largo Caballero frente al de Juan Negrín», apunta el historiador. Gómez apunta que la entrega de Madrid tenía que venir acompañada del aseguramiento de industrias como la logística, las comunicaciones, el Metro, el agua o la electricidad. «Hacen coincidir la transición con la ocupación, y es un éxito de manual para ellos», agrega.

Necesidad de rendición

De todas formas, la caída de Madrid el 27 de marzo estuvo precedida por una operación planificada y pensada para que todo concluyera como deseaban los franquistas. Dos días antes tuvo lugar la entrega de toda la aviación republicana que quedaba. «Después vendieron una victoria clara, pero estuvo planeada al milímetro porque no se fiaban: los republicanos que se rendían seguían siendo 400.000 hombres armados», detalla el autor del ensayo. Llegaba el tiempo de las salvas al aire como gritos de rendición, de sacar la bandera blanca, de que los militares republicanos se descosieran una manga de su uniforme.

Gómez recalca que esta versión de los hechos, contada desde la perspectiva interna del bando franquista, quedó opacada con el paso de los años. «Los protagonistas nunca lo contaron y la población en general desconoce que llegaron hasta este nivel de acuerdo, que realmente el ejército de Franco necesitó que los otros se rindieran y entregaran. Siempre ha parecido que se debió a una conquista, algo épico, pero no es así», se explaya.

El final de la Guerra Civil: más cálculo que épica
EDITORIAL CRÍTICA

El historiador, preguntado por aquello que le ha parecido más llamativo de esta investigación que le ha llevado años, responde que «el nivel de orden» que ejecutaron los franquistas a la hora de la rendición. Pero no solo eso. «Ahora vemos las consecuencias que tuvo ese final tan planificado a nivel logístico, diplomático y militar, algo muy complejo. Sin embargo, también vemos que a nivel local se desató una venganza brutal», comenta. Así lo refleja en su trabajo: la fase final de la operación «llevó a la rendición, al cese de las hostilidades, pero también al castigo masivo de la población civil».

El 1 de abril llegó el último parte de guerra, el único firmado a título particular por Franco: «En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado». Sin embargo, la batalla por la verdad se sigue librando investigación tras investigación precisamente para desterrar lo maniqueo, aquello que Gómez describe así en su libro: «Seguimos en una historia de vencedores y vencidos, de héroes y villanos, de ingenuos y clarividentes. Una historia, en definitiva, de buenos y malos».

La entrada El final de la Guerra Civil: más cálculo que épica se publicó primero en lamarea.com.

Historia de la filosofía anárquica: El Sócrates anarquista

4 Junio 2026 at 19:15
Por: pegasus

La controvertida figura de Sócrates ha estado sujeta a una variedad de interpretaciones, alineándolo, cada cual, a su ideología y pensamiento.

Aprovechando la lectura maestra de Agustín García Calvo, que, frente a otras, se precia de considerar a Sócrates como anárquico, bien se puede dar comienzo a una hasta ahora ausente: Historia de la Filosofía Anárquica.

La figura anárquica de Sócrates

A comienzo de los años 1920 Eugène Dupréel2 sostuvo la tesis de la inexistencia histórica de Sócrates. Unos veinticinco años después Olof Gigon3, en un trabajo que cambiaría el rumbo de los estudios socráticos, afirmó que Sócrates vivió realmente en Atenas donde fue condenado a muerte pero que, aparte de esto y con excepción de ciertos detalles biográficos sin importancia, era imposible saber más acerca de él.

Para Agustín García Calvo, sin embargo, sería Sócrates un protoanarquista, para Fernando Savater una especie de reaccionario conservador, siguiendo a Isidor F. Stone4 o a Karl Popper5, un reaccionario como Platón, según dos posturas diametralmente opuestas, las cuales, generaron un intenso debate en la prensa española durante el año 1989.6

Muchos estudiosos religiosos, como Luis Noussan-Lettry7, se han inspirado en Platón y han interpretado la figura de Sócrates como una especie de profeta, como un ser profundamente religioso, siguiendo una misión divina propuesta por el oráculo de Delfos y ayudado de un daimon o genio interior, para lo cual, han de ocultar los pasajes cuando manifiesta claramente su ateísmo.

Se ha escrito mucho sobre Sócrates a lo largo de la historia, pero aquí de lo que se trata es de no hablar tanto de la Historia como de dejar oír la voz de «el hombre condenado a muerte por el Jurado de los atenienses en 399 a. C. a los 70 años de edad, acusado de corromper a los jóvenes y de introducir otros dioses que los del Estado».8

Los otros dioses distintos a los impuestos por el Estado bien pudieran no ser otros que la excelencia, la verdad, la libertad y la justicia, que criticarían incluso a una democracia directa por no ser suficiente-mente universal y radical.

Lo cierto es que Sócrates es, y será siempre, lo que las fuentes ofrecen y el conjunto de interpretaciones que la tradición exegética ha realizado sobre ellas dice, a lo largo de los siglos.

Pero Sócrates no escribió nada, todo su pensamiento fue oral y se conoce principalmente por las narraciones cercanas a su vida de Platón, Jenofonte y Aristófanes. El primero, exceptuando los bien llamados diálogos socráticos, siguió empleándolo como personaje luego, en su obra subsiguiente, menos en la última, pero ya para expresar sus propias ideas, lo que siempre ha inducido a la confusión entre ambos. Y los otros dos, un cómico conservador que lo ridiculizaba y un historiador y militar también conservador que lo transformaba, desvirtuaron ya en vida de éste, mayormente aún que su discípulo, el legado de sus acciones y enseñanzas.

La vida y enseñanzas de Sócrates quedan bastante opacas a la indagación, de modo que cada cual ha ido sacando su Sócrates histórico, lo que, sin embargo, no ha podido acallar la voz de Sócrates, esa voz que resuena en los diálogos socráticos, cuando el joven Platón expuso las ideas de su maestro pues no tenía aún ideas propias.

Escuchada su voz por los jóvenes, aquellos que se encuentran ante el acontecimiento anárquico biológico del anhelo de libertad adolescente, Sócrates encuentra oídos aptos, una escucha del Sócrates anarquista que algunos siguen escuchando pese al encubrimiento histórico y la sordera de la madurez.

Por eso aquí nos interesa el Sócrates anarquista, opción interpretativa que las ideologías académicas han soslayado en beneficio de sus más sesgados puntos de vista, orientados según quien ostentase el poder en cada época. El Sócrates ingobernable que atrae a jóvenes y a anarquistas.

«¿De dónde vienen entonces esas historias sobre las ideas políticas de Sócrates y sus simpatías por el régimen espartano? Ahí debe de estar lo más zafio del guisado: de los casi solos testimonios socráticos que nos quedan, los escritos de Platón y de Jenofonte, apenas sí con mil miramientos y discusión de contradicciones, han podido los filólogos ir sacando algún hilo para discernir lo que en ellos podía haber de socrático, separándolo de lo que los autores fueron atribuyéndole de sus propias ideas y sus gustos a su respectivo personaje Sócrates. Pero, en cambio, de Platón y de Jenofonte estamos bien informados: Jenofonte, bastante limitado de entendederas y facultad dialéctica (tanto más admirable que el recuerdo de las charlas socráticas oídas en su juventud le hiciera escribir en defensa de su memoria), era un señor con ideales de derechas y declaradamente filo-espartano; Platón, maravilla de lucidez y gracia en la escritura, a quien debemos por sus diálogos de juventud la mayor parte de lo que pueda habernos llegado a la voz de Sócrates, sabemos que con la edad fue desarrollando ideales políticos y colaborando incluso con dictadores en ensayos para realizarlos»9.

Todos los diálogos socráticos de Platón son aporéticos, es decir, no llegan a ninguna conclusión. Sócrates desmonta los dogmas y creencias de aquellos con los que discute, demostrando que sus principios están equivocados o son confusos. Su proceder es notablemente anárquico (an-arché) pues no acepta que exista ningún arché (fundamento, principio, causa) que legitime lo que le dicen, destruyendo los argumentos de quienes creen que lo poseen. A los que se creen sabios y por ello con el derecho a gobernar les demuestra que en realidad son ignorantes y basan sus dogmas en prejuicios y posiciones arbitrarias con las que pretenden legitimarse.

Famosa pintura de Jacques-Louis David pintado en 1787: La Mort de Socrate.

En el proceso de Sócrates se juzgó y condenó a muerte, por impiedad (asebeia) y por corromper a los jóvenes, a un hombre concreto. Pero se le condenó porque se creyó ver en él, equivocadamente, una figura representativa de la sofística. Se juzgó y condenó en su persona a aquellos personajes que ponían en duda la existencia de los dioses, cuestionaban la autoridad de los padres y relativizaban los más firmes principios sobre los que se asentaba la sociedad. En su defensa, el Sócrates platónico comenzará rechazando las acusaciones que le hace, no ya el tribunal, sino la sociedad ateniense, considerándola una falsa opinión de la gente de Atenas reflejada por boca del comediógrafo Aristófanes en su obra Las Nubes. Estas acusaciones de la sociedad son las que se le harían a un sofista, la de hacer más fuerte el argumento más débil y la de enseñar esto a los jóvenes (Apol.17a-20a).

El mismo Protágoras tuvo que sufrir también un proceso por impiedad, al igual que, dos generaciones más adelante, el propio Aristóteles, quien huyó de Atenas “para no dar a los atenienses ocasión de atentar por segunda vez contra la filosofía”. Pese a que la crítica de la tradición estaba bastante aceptada socialmente, en contadas ocasiones, la osadía de los pensadores rebasaría los límites de lo permisible y provocaría una reacción que, generalmente, exceptuando el caso de Sócrates, se saldaría con la huida del encausado hacia otros territorios, hasta que la irritación suscitada contra él se fuese apagando y pudiera volver. Las contadas acusaciones de impiedad escondían, en realidad, recelos políticos, como las acusaciones a Anaxágoras y Aspasia, al amigo y a la compañera de Pericles, respectivamente.

Ante la muerte se mostrará Sócrates imperturbable a través de un razonamiento que hará célebre Epicuro y su escuela hedonista y que se convertirá en baluarte de todo el agnosticismo occidental: “Temer a la muerte no es otra cosa que creer ser sabio sin serlo, pues es creer que uno sabe lo que no sabe” (Apología 29a).

El rechazo de la opinión general, de la doxa (opinión), por persuasiva que pudiera ser, como criterio de referencia valorativa, hace que Sócrates se sitúe como un individuo marginal, en buena parte antisocial; un tipo a menudo paradójico respecto a sus conciudadanos, incomprensible dentro o fuera de la ciudad. Pero un individuo que no renunciaba a desempeñar su papel de guía de la comunidad hacia el objetivo general: una existencia justa y feliz. Sócrates no se dedica a enseñar, sino a dialogar, porque reconoce a todo el mundo que él lo único que sabe es que no sabe nada. Su método de enseñanza es procurar y ayudar al discípulo a que desarrolle sus propias ideas, en lugar de, como los sofistas, inculcar una serie de doctrinas establecidas para que se elija la más conveniente o la más ajustada a las necesidades de cada cual. Instaba a todos a decir la verdad y lo que realmente se pensaba sin importar las consecuencias:

«En fin, el colmo de la cosa debe de ser cuando, como muestra del desprecio de Sócrates por la Democracia, se le reprocha no haber en su defensa apelado al principio de la libertad de expresión, genial invento que si Sócrates hubiese usado le habría disculpado de corromper jóvenes y de meter dioses nuevos. Como si Sócrates no hubiera hecho al Principio Democrático de la Libertad de Expresión el más directo y fino homenaje que se puede, a saber, el de usarla, soltando el día del juicio, igual que cualquiera de los de su vida, lo que le salía por esa boca, sin cuidarse mucho de sus consecuencias».10

Sócrates usó la ironía y la dialéctica como método para desmontar los argumentos dominadores y triturarlos con sarcasmo, de ahí que el cínico Antístenes fuese uno de los principales socráticos.

El diálogo socrático al igual que el platónico discurre a través del preguntar. Sócrates asedia a sus interlocutores a preguntas, de ahí que se ganase el mote o sobrenombre de el tábano; en lugar de dar certeras respuestas, invita a sus codialogantes a pensar con él. Cuando con Sócrates se reúnen las gentes a dialogar no hay maestro y alumnos, sino que todos se sirven de los demás e intentan alumbrar la verdad o, al menos, avanzar en su dirección. El hombre más sabio de Grecia dice no saber y con ello afirma que el reconocimiento de la ignorancia es el primer paso que debe dar el amante del saber. Precisamente por eso, es el hombre más sabio y al mismo tiempo, puede decir que no sabe nada.

Para encontrar la verdad, que anida dentro de todo hombre, hay que ayudar, no enseñar. Ayudar mediante la dialéctica, o el método de las preguntas y respuestas, por medio de las que el hombre que no sabe «da a luz» (mayéutica) la verdad. Por eso dirá Sócrates en el Teeteto (149a) que su labor es la de una partera del conocimiento: «¿No sabéis que mi oficio es ser comadrón (mayeutikós), como el de mi madre?». Pero Sócrates no sólo indica no saber nada, sino que además señala en el diálogo antedicho que, al igual que las comadronas es estéril y sólo capaz de hacer que otros alumbren, pero no de dar a luz ninguna idea por sí mismo. Por eso demostrará en el Menón de Platón que incluso un esclavo sabe geometría. El esclavo no se habría dado cuenta hasta su encuentro con Sócrates de la posesión de este saber.

Aunque Sócrates dialogaba con todo el mundo, desde nobles a esclavos, desde artesanos a gobernantes, sus interlocutores y discípulos eran mayoritariamente los jóvenes, todavía no maleados por la sociedad y el gobierno de turno, como señala Agustín García Calvo:

«Porque es que, en el trance en que el mundo los tiene de aceptar el principio de realidad, de someterse por su propio bien futuro a las ideas que los mayores les inculcan, suena una voz que a cada una de esas ideas dominadoras pregunta ¿Qué es? y descubre razonando amablemente las contradicciones y mentira de que están formadas, y eso es como un aliento de liberación en que aletean, aunque sea un breve rato, sus corazones. (…). Sólo que no suelen los hombres confesarse tan claro esa necesaria huida y sordera a Sócrates a que su estado adulto les obliga; lo corriente es que apaguen pronto sus contradicciones, crean firmemente en algunos ideales o principios (en caso de que el recuerdo de Sócrates siga aguijando mucho, pueden, como Platón y Jenofonte, atribuirle a Sócrates las ideas en que ellos van con la vejez creyendo), o más bien no vuelvan siquiera a acordarse de a qué sonaba Sócrates, al menos hasta que alguno de los niños o niñas que hayan criado para el cielo venga por ventura a oírlo y se lo recuerde amargamente».11

Sócrates era ciudadano de Atenas, pero no participaba en política, considerando que la política estaba corrupta y que acarreaba la corrupción de quien la ejercitaba o la muerte de quien pretendiese intervenir en ella sin dejarse corromper. Estaba por tanto contra todo gobierno. Finalmente fue el gobierno democrático de su época el que le condenó a muerte, pero bien pudiera haber sido el oligárquico. Como en la actualidad ocurre con los anarquistas, Sócrates era mucho más demócrata que los que se denominaban demócratas, llegando a ser considerado, por ello, como un antisocial.

El partidario del Sócrates reaccionario y conservador Isidor F. Stone: «se desentiende de que habiéndole dejado a Sócrates vivir 70 años, había pasado por regímenes de diversos colores en Atenas, entre ellos, algunos netamente oligárquicos, como el de los treinta tiranos, durante el cual a Sócrates, como en tales regímenes se suele, sabemos que los Treinta quisieron implicarlo con ellos, encargándole una gestión policíaca para atrapar a uno de la lista negra, a lo cual él respondió no dándose por enterado del encargo, así que en un tris debió de estar que en consecuencia se lo hubieran cargado a él, adelantándose así las cosas algunos años y haciéndole para la historia perecer bajo una oligarquía, en vez de bajo una Restauración de la Democracia. ¿Cómo desconocer la evidente indiferencia de Sócrates por los cambios de régimen y las actualidades políticas de Atenas?: él se dedicaba a preguntar, entre otras cosas, qué es eso de gobernar un Estado, y esa es una pregunta que a ningún tipo de Gobierno le sienta bien; sólo que a Sócrates la mayor parte de su vida le tocó hacerla bajo una Democracia».12

Contra todo gobierno, contra todos los dogmas y todas las opiniones aceptadas por la sociedad sin ser examinadas, acusado de corromper a la juventud e inventarse falsos dioses, ateo, díscolo, ser ingobernable, Sócrates ha sido tergiversado y reinterpretado omitiendo y silenciando su vertiente anárquica. Esos silenciamientos y omisiones son un proceder muy generalizado a lo largo de la Historia de la Filosofía, que ha querido siempre enmarcar a los pensadores más libres y menos encuadrables dentro de las coordenadas de cada gobernanza y dominación: «fuera de la Historia, por así decir, es Sócrates una voz perpetuamente discordante en el seno de la Sociedad (…). Los objetos de ataque: Política, Moral, Ciencias, Poesía, Religión, Pedagogía».13

Como bien expuso Agustín García Calvo no es de extrañar que quienes generación tras generación sean los jóvenes los más capaces de escuchar la voz anárquica de Sócrates en lugar de quedarse en las variadas interpretaciones históricas del personaje, ya domesticado:

«Es una pena que los oyentes de Sócrates tengan en su mayoría que ser siempre tan inexpertos y jovenzuelos y, desde luego, esto de la sucesión de generaciones y que, aunque la voz siga sonando siempre, esos jovenzuelos tengan que ser a cada paso otros y otros, no es un procedimiento nada satisfactorio ni para quedarse tan conformes, pero el tinglado así lo condiciona; y en tanto y no que pasa algo para desbaratarlo y acabar con esas condiciones, lo que sí conviene que notemos es que el truco principal para anular o ensordecer las razones es el de confundir la voz de Sócrates con la figura histórica de Sócrates».14

El tinglado que condiciona la recepción académica de Sócrates es el gobierno de cada color, en cada época, con sus respectivas academias, de modo que para desbaratarlo hay que deconstruir la Historia de la Filosofía tal y como se ha realizado hasta ahora y construir una Historia de la Filosofía Anárquica que, sin duda, tendrá a Sócrates como uno de sus primeros filósofos.

«La Pedagogía (y en especial la Enseñanza Superior) la ha desarrollado el mundo justamente como defensa ante el posible peligro de la examinación socrática para el Orden».15

Según Robin Waterfield, los conservadores, oligarcas y tiranos del siglo V a.C. pensaban, con razón, algo que a ellos les parecía muy mal pero que a nosotros nos parece muy bien: «La democracia legislaba en interés propio (pero hasta sus críticos reconocían, irónicamente, que todos los sistemas políticos son interesados) y embaucaba a los crédulos llamándolo justicia. La democracia tendía a confundir libertad con desenfreno, desorden y anarquía, o, al menos, fomentaba la soberanía del pueblo más que la de la ley, con los peligros que eso conlleva».16

Sócrates nunca olvidó ambas partes de la cita antedicha. Primero: que la mismísima democracia, régimen al que pudiera sentirse más próximo, era un sistema de gobierno interesado; segundo: que la verdadera democracia era anarquía pues fomentaba la soberanía del pueblo antes que la de la ley, que bajo cualquier gobierno se convertía en la ley de los más fuertes.

Simón Royo Hernández1

Fuente: https://redeslibertarias.com/2026/05/28/historia-de-la-filosofia-anarquica-el-socrates-anarquista/


  1. Véase el artículo anterior inaugural de la serie en: https://redeslibertarias.com/2025/09/19/historia-de-la-filosofia-anarquica-1-la-anarquia-en-el-nacimiento-de-la-filosofia/ 
  2. Eugène Dupréel La Legende Socratique Et Les Sources Du Platon. Bruxelles. Les Edition Robert Sand, 1932. 
  3. Olof Gigon Sokrates, Sein Bild in Dichtung und Geschichte, Berna, A. Francke, 1947. 
  4. I. F. Stone The trial of Socrates. Little Brown and Company, London 1988. 
  5. Karl Popper The Open Society and Its Enemies. Volme I. The Spell of Plato. Routledge, 2003. 
  6. Agustín García Calvo, “¡Viva Sócrates!” Diario El País 10 – 04 – 1989. Fernando Savater. “¿Sócrates o Don Cicuta?”. Diario El País 25 – 04 – 1989. 
  7. Platón Apología. Traducción y Comentario de L.Noussan-Lettry. Editorial Astrea, 3ª Ed. Buenos Aires 1973. “La primera cuestión que debemos formularnos a propósito de la Apología es en qué medida podemos considerarla como un documento histórico” (John Burnet Plato´s Euthyphro, Apology of Socrates and Crito. Edited with notes. Oxford, at Clarendon Press, 1961, p.63). 
  8. Agustín García Calvo Sócrates. Enciclopedia Salvat 4 de mayo de 1972. 
  9. Agustín García Calvo “¡Viva Sócrates!”, Diario El País 10 – 04 – 1989. 
  10. Agustín García Calvo “¡Viva Sócrates!”, Diario El País 10 – 04 – 1989. 
  11. Agustín García Calvo “¡Viva Sócrates!”, Diario El País 10 – 04 – 1989. 
  12. Agustín García Calvo “¡Viva Sócrates!”, Diario El País 10 – 04 – 1989. 
  13. Agustín García Calvo Sócrates. Enciclopedia Salvat 4 de mayo de 1972. 
  14. Agustín García Calvo “¡Viva Sócrates!”, Diario El País 10 – 04 – 1989. 
  15. Agustín García Calvo Sócrates. Enciclopedia Salvat 4 de mayo de 1972. 
  16. Robin Waterfield La muerte de Sócrates. Crisis y conflicto. 
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Mark Galeotti: “El crimen organizado no es una anomalía del capitalismo, es parte constitutiva de él”

30 Mayo 2026 at 07:01

Hay libros que incomodan porque dicen en voz alta lo que todos intuyen, pero nadie quiere admitir. Homo criminalis: cómo el crimen organiza el mundo (publicado por Capitán Swing, con traducción de Noelia González Barrancos) del historiador y analista de seguridad Mark Galeotti, es uno de ellos. Su tesis es tan simple como perturbadora: el crimen organizado no es un parásito que se alimenta de la sociedad desde los márgenes, sino uno de sus motores fundacionales. Desde las repúblicas mercantiles del Renacimiento italiano hasta los cárteles que financian iglesias en América Latina, pasando por los piratas que trazaron las rutas del comercio atlántico, Galeotti argumenta que cada vez que la sociedad humana da un salto de complejidad, el crimen organizado da otro a su lado.

Galeotti es doctor en Filosofía por la Universidad de Oxford, ha asesorado a gobiernos y organismos internacionales sobre crimen transnacional y amenazas híbridas, y lleva décadas estudiando el crimen organizado ruso, campo en el que es una referencia mundial. Su trayectoria arrancó, como explica, de forma casi accidental mientras realizaba su doctorado sobre veteranos soviéticos de la guerra de Afganistán. Fue entonces cuando algunos de sus entrevistados le explicaron cómo acabaron entrando en las redes mafiosas que proliferaron en el caos postsoviético. Aquella pista accidental se convirtió en vocación.

Galeotti habla de la imposibilidad de separar historia legítima e historia criminal, de la guerra contra las drogas como fracaso programado, del blanqueo de capitales como columna vertebral de la economía global, del arte como moneda del hampa y de por qué el trumpismo, las Guerras del Opio británicas y los yakuza japoneses responden a una misma lógica: la del poder que ya no necesita disimular.

El título del libro, Homo criminalis, sugiere una suerte ontología del crimen: que transgredir es algo intrínseco a la naturaleza humana o al menos a cualquier forma de organización social. ¿Concibes el crimen organizado como un subproducto inevitable de cualquier estructura social, o más bien como uno de sus motores activos?

En sentido técnico estricto, el crimen es aquello que la ley define como tal. Por eso resulta revelador que en tantas lenguas exista una distinción: el crimen, que delimita el Estado, y el mal, que delimita la sociedad. Uno de los argumentos centrales del libro es precisamente que siempre habrá una brecha entre lo que el Estado criminaliza y lo que la sociedad considera reprochable. Y el crimen organizado florece en esa brecha. En una democracia que funciona bien, esa brecha debería ser estrecha. Pero en muchas sociedades es enorme.

¿Y cuándo emerge históricamente el crimen organizado como tal?

Los grandes momentos de emergencia del crimen organizado coinciden con los grandes momentos de organización social. Tras la caída del Imperio Romano no hubo crimen organizado propiamente dicho, solo bandidaje, porque tampoco había sociedad organizada más allá del nivel local. El crimen organizado reaparece en el Renacimiento, en Italia y en los Países Bajos: las cunas de los nuevos modelos de sociedad, de banca, de comercio. Hoy la sociedad está más organizada que nunca y es, por tanto, un momento extraordinario para ser un criminal organizado. La globalización les ofrece las mismas ventajas que a cualquier empresa transnacional.

¿Por qué la historiografía tradicional ha tendido a tratar el crimen como una anomalía, una patología social, en lugar de como uno de los pilares estructurantes de las sociedades humanas?

En parte por una razón muy humana: es cómodo pensar que el crimen ocurre en otro lugar, en países desordenados donde se fabrican las drogas, o entre tipos de aspecto amenazante en bares a los que nunca iríamos. Siempre se externaliza. Pero hay una razón más estructural: la erudición clásica se construye sobre los documentos y registros del Estado. Y el crimen deja pocos registros. Además, hasta hace relativamente poco, la producción académica estaba en gran medida al servicio de los intereses estatales. La idea del intelectual independiente tiene como mucho 200 años. Todo ello ha conspirado para que ignoremos hasta qué punto el crimen organizado no solo es una herramienta útil para entender cómo funcionan las sociedades, sino una fuerza mucho más poderosa de lo que hemos querido reconocer.

Se suele decir que la historia la escriben los vencedores, y tu escribes de la transición del bandido al fundador de naciones como un hecho casi estructural. ¿Puedes darnos algún ejemplo histórico en el que esa transición haya sido tan fluida que hoy celebremos a esos fundadores como héroes legítimos?

Todos los Estados fueron fundados por señores de la guerra. Los más eficaces no fueron solo los que tenían más espadas, sino los que entendieron la importancia de construir legitimidad. La espada más poderosa es la que está en el alma de los súbditos: convencerles de que tienes derecho a gobernar porque Dios lo quiso, o porque sacaste la espada de una piedra. Toda la historia británica está moldeada por la conquista normanda, es decir, por la invasión de una potencia extranjera sin ningún fundamento real. Pero si te quedas el tiempo suficiente, te conviertes en el monarca legítimo. Es exactamente el mismo principio que aplica el mafioso inteligente cuando convence a su comunidad de que está de su lado.

La piratería está muy romantizada en la cultura popular, pero ¿cuál fue su papel real en la formación del capitalismo mercantil? Y en relación a eso: Trump recientemente llegó a referirse a la piratería como «un buen negocio» cuando justificó la incautación de petróleo venezolano. ¿Estamos volviendo a un paradigma en el que la legitimidad ya no se construye discursivamente, sino que se impone por la mera demostración de fuerza?

Los piratas no crearon las estructuras del capitalismo mercantil moderno: fueron un producto de ellas, y también un factor dentro de ellas. Sin esas enormes rutas comerciales, sin las flotas de oro provenientes de América Latina, no habría habido incentivo para el surgimiento de esa subcultura económica pirata. Pero a su vez, la piratería generó rutas alternativas, ciudades enteras que vivían de la venta del botín. Se convirtió en instrumento de guerra entre Estados a través del corso, y en un mecanismo por el cual élites más amplias podían participar en las ganancias del colonialismo. Es, una vez más, la señal de que el crimen es parte del mundo capitalista: se invierte en él, se toman decisiones empresariales, se gana o se pierde.

En cuanto a la cuestión de la legitimidad, creo que hay una legitimación tecnocrática creciente que dice «no he seguido las reglas, pero hago que los trenes lleguen a tiempo». Hay una palabra rusa magnífica, vranyo, que significa una mentira que el otro sabe que es mentira, pero no puede hacer nada al respecto. Antes, Estados Unidos al menos tenía la cortesía de fingir que construía alguna justificación. Lo que vemos con Trump es que ni siquiera hay pretensión de eso. Y no lo veo como un fenómeno Trump sino como un síntoma del declive americano. Igual que las Guerras del Opio marcaron el declive del Imperio Británico, cuando un poder tiene que esforzarse más en aparentar que es fuerte, es porque ya no lo es tanto.

Te pregunto también sobre el mundo de las drogas: ¿qué balance haces de la guerra contra las drogas iniciada en el siglo XX? ¿Y apoyarías la despenalización total como estrategia para desarticular el mercado negro?

No apoyaría la legalización de todas las drogas, porque cuando algo tiene capacidad adictiva química distorsiona la libre voluntad del consumidor. Hay sustancias con efectos genuinamente devastadores. Dicho esto, con el cannabis, por ejemplo, hay que preguntarse si es socialmente o sanitariamente peor que el tabaco. Y una de las razones por las que hoy circulan versiones extraordinariamente potentes de cannabis es precisamente porque ha sido criminalizado: perdemos la capacidad de regularlo y creamos incentivos para que los criminales ofrezcan versiones cada vez más adictivas.

La cuestión de fondo es, de nuevo, la brecha entre Estado y sociedad. Cuando hay una parte importante de la sociedad que no cree que ciertas drogas blandas sean perjudiciales, el traficante se convierte en aliado y el Estado en enemigo. Eso deslegitima al Estado y a las fuerzas del orden. La guerra contra las drogas ha sido además catastrófica porque ha generado expectativas irreales: las guerras se ganan. Esto no es una guerra, es un problema de salud pública. Y se ha centrado obsesivamente en la oferta –quemar cultivos, interceptar correos– sin abordar en serio la demanda, que es más difícil y más incómoda políticamente.

El fentanilo es una epidemia en Estados Unidos, pero no lo es España. ¿No dice eso algo sobre factores sociales más profundos que la mera disponibilidad de la sustancia?

Absolutamente. El fentanilo es en gran medida un producto de un sistema sanitario completamente mercantilizado. La epidemia de opioides empieza en las salas de espera de los médicos, no en las esquinas. La industria farmacéutica prescribió opioides de forma masiva y creó una dependencia que luego encontró su cauce en el mercado negro. Es el ejemplo perfecto de cómo la distinción entre fármaco y droga es, en el fondo, una distinción artificial y política.

Y hablando de política y artificios… ¿Crees que sería posible sostener la economía globalizada actual si pudiéramos purgar todo el dinero de origen criminal?

No. La economía global colapsaría. El dinero sucio ha penetrado en cada rincón del sistema. Y ahora que el dinero es esencialmente una fantasía consensuada que se mueve de un ordenador a otro, rastrear su origen se ha vuelto prácticamente imposible. El mecanismo es conocido: el dinero entra en el sistema bancario a través de jurisdicciones muy opacas, y desde ahí se va desplazando, lentamente, hacia lugares cada vez menos dudosos, hasta llegar a Londres, Nueva York o Fráncfort. Todo el mundo sabe que eso ocurre. El problema es que cuando es responsabilidad de todos, no es responsabilidad de nadie.

Londres es señalada como uno de los principales centros de blanqueo del mundo. Con tu experiencia, ¿puedes explicar un poco su funcionamiento interno?

Antes de hacer el doctorado trabajé un año en la City de Londres. Lo odié, pero fue la mejor decisión que pude tomar, porque cuando volví a la academia supe con certeza que era lo que quería. Lo que escuché durante ese año fue muy revelador: todos eran conscientes de la necesidad de cumplir con la normativa de «compliance», pero la pregunta nunca era «cómo hacemos las cosas bien», sino «cómo nos aseguramos de que no nos pillen haciéndolas mal». Una amiga que trabajó siete años en ese sector me lo dijo con toda claridad antes de dejarlo: su trabajo consistía en asegurarse de que nadie fuera cazado. El sistema no está diseñado para ser ético, está diseñado para parecer que lo es.

En The Wire, el punto culminante de la carrera criminal no es el dinero ni el poder en la calle, sino el acceso al mundo de los abogados, los políticos y los hombres de negocios. ¿Es esa imagen –la del crimen que aspira a fundirse con lo legítimo– una representación fiel de cómo funciona realmente el ascenso en el crimen organizado?

La mayoría de los criminales no llegarán nunca a eso ni de lejos. La mayoría fracasa, acabará muerta, en prisión, o simplemente abandonará el mundo criminal porque no les sale a cuenta. Pero sí, el sueño es exactamente ese: el momento en que has dado el salto. Y mejor aun cuando has institucionalizado el proceso. Piensa en lo que ocurrió en Japón, donde los yakuza fueron durante mucho tiempo legales. Tenías el poder y el dinero que te da el crimen, y la seguridad y la respetabilidad de estar en el lado legítimo de las cosas. Eso es el ideal. En los países occidentales modernos es más difícil de conseguir, pero sigue siendo el horizonte.

En cambio, lo que obtenemos es, a menudo, una división del trabajo: el criminal, por un lado, y la figura legítima el político, el empresario que mantiene una alianza discreta con él. Puede que no consigas unir las dos identidades en una sola persona, pero consigues una asociación muy cómoda.

Acabo preguntándote sobre el mundo de los llamados robos de «guante blanco». El tráfico de arte y antigüedades suele presentarse como un crimen «elegante», casi menor. Pero el mercado del arte tiene una característica singular: la opacidad en la formación de precios lo convierte en un vehículo óptimo para el blanqueo. ¿Qué función cumple realmente el arte dentro de las economías criminales?

Es realmente deprimente hasta qué punto los tesoros culturales se han convertido en meros instrumentos de transacción financiera. En el cine y la televisión tendemos a imaginar al coleccionista que roba una obra para tenerla en su bóveda y contemplarla en privado. No digo que eso no ocurra nunca, pero es la excepción. En la mayoría de los casos, el arte simplemente se ha convertido en una unidad de capital muy concentrada.

Las obras se usan como garantía de deudas en el mundo criminal, como mecanismo de blanqueo y como reserva de valor que reposa en un depósito franco con control de climatización, sin que nadie las vea. Pero el dueño sabe que está ahí, y si necesita un millón de dólares extra, la tiene. Se usan también como medio de intercambio internacional entre criminales: una pequeña escultura que, aunque la vea un agente de aduanas, es improbable que identifique como una pieza babilónica original. Sirve para saldar la última remesa de drogas o armas. En el libro menciono el caso de un cuadro que había sido literalmente empotrado en una pared como fondo de reserva: no está expuesto, ni siquiera es visible. Podría ser perfectamente un lingote de oro o una bolsa de diamantes de sangre. El arte se ha convertido en eso: en dinero con buena prensa.

La entrada Mark Galeotti: “El crimen organizado no es una anomalía del capitalismo, es parte constitutiva de él” se publicó primero en lamarea.com.

El anarcocomunismo frente a la teoría de juegos

31 Marzo 2026 at 12:33
Por: diario

Kropotkin soñó con anarquismo y ciencia. Probablemente influenciado por su tiempo y su profesión, la de naturalista. Kropotkin quería demostrar con las herramientas científicas la tendencia cooperativa de las sociedades mientras señalaba al anarcocomunismo de manera científica como la mejor forma de organización política.

¿Puede la ciencia demostrar esto? Probablemente no, o al menos no de forma contundente, nuestras sociedades tienen un marcado carácter de aleatoriedad y son impredecibles. Pero la ciencia tal vez pueda dar argumentos científicos y racionales para fortalecer nuestras orientaciones políticas. Más aún ¿pueden ayudar las matemáticas o dar razones para creer que el anarcocomunismo es la mejor forma de organizarnos?. Sigamos la estela de Kropotkin aunque el ejercicio sea demasiado osado. Lo haremos basándonos en la teoría de juegos.

¿Qué es la teoría de juegos?

Muy resumido. La teoría de juegos es una rama de las matemáticas que estudia la estrategia. Plantea problemas para estudiar las interacciones entre los “jugadores” y sus resoluciones. Esta rama de las matemáticas ha sido utilizada en ciencias políticas, economía, sociología… Es tremendamente interesante y entenderla te puede ayudar mucho en la toma de decisiones y las negociaciones.

Un poco de historia

La teoría de juegos ha sido aplicada con buenos resultados en economía liberal y conflictos bélicos. Conceptos como el minimax o el maximin, el óptimo de pareto o los equilibrios de Nash son muy útiles cuando estamos negociando o tenemos un conflicto y debemos decidir, ayuda mucho a plantear estrategias. De aquí que el mundo liberal o el de las finanzas se hayan aprovechado de esta rama enormemente y se nota que han contribuido también enormemente en ella. Muchos de los textos y de las ideas entorno a la teoría de juegos tratan desde una perspectiva individualista, liberal y económica de mercado que busca las ganancias y maximizar los beneficios.

La llegada de John Forbes Nash

Nash cambió la teoría de juegos para siempre, desde el punto de vista matemático dejo un legado incuestionable pero también desde el punto de vista social y personal. Hay demasiada literatura y filmografía sobre su vida como para pararnos en la historia de esta “mente prodigiosa”. De todos los conceptos que nos dejó Nash hay muchos que han contribuido a los sueños de liberales y economistas pero hay otros que cuestionaron los conceptos de la economía clásica. Nash dejó claro que en los juegos no cooperativos el mejor resultado no proviene de que cada individuo busque su propio beneficio, como teorizó Adam Smith, la mejor estrategia ese buscar el beneficio propio y el del grupo.

Nash revolucionó tanto la visión que el ideal de la feroz competencia capitalista ha ido tornando al capital en hegemónicos oligopólios. Si colaborar da mejor resultado, esa colaboración se ha terminado imponiendo a nivel empresarial. Ahora las empresas no siempre compiten, muchas colaboran pese a ser competencia.

El dilema del prisionero

Muchas de las conclusiones de Nash se explican partiendo de problemas sencillos de la teoría de juegos. Uno de los ejemplos más famosos es el dilema del prisionero. Vamos a cambiar los protagonistas del dilema del prisionero por el dilema de personas huelguistas.

Dada una empresa de dos trabajadores, estos trabajadores son conscientes de la posibilidad de obtener mejoras salariales y se plantean dos opciones ir o no ir a la huelga. Si uno de los dos decide no ir a la huelga, la huelga será fallida ya que el otro no cobrará y tendrá mala reputación pero el esquirol obtendrá más beneficio de la dirección. Si los dos van a trabajar ninguno obtendrá una subida salarial, la matriz de decisiones queda tal que así:

Huelga 1 Trabajar 1
Huelga 2 2 / 2 3 / -1
Trabajar 2 -1 / 3 0 / 0

El incentivo del esquirol es poder obtener mayor subida siempre y cuando su compañero decida ir a la huelga. Pese a que ser esquirol es una estrategia ganadora en el ámbito individual la mejor ganancia para el grupo es asociarse para ir a la huelga. Lo racional es que alguna persona intente ser una esquirol de primeras, ese es el primer equilibro de Nash. Pero ¿qué pasa si se juegan más convocatorias de huelga?. Primará la desconfianza y es probable que la conducta del esquirol se castigue. Con varios juegos sin ganar lo racional sería pensar en otro equilibrio de Nash. El esquirol desistirá y terminará haciendo la huelga ya que es la única forma de obtener beneficio, surgirá la cooperación.

Trabajadores

Otro de los ejemplos míticos sobre Nash es una conversación son sus amigos que explicaremos de la siguiente manera: Un grupo de trabajadores se dirigen a la plaza de su pueblo para buscar el tajo del día. Por el camino todos quieren ir con un único patrón, es el que mejor paga y el trabajo no es duro. Pero saben que si todos acuden a él competirán entre ellos y el buen patrón puede bajar las buenas condiciones además de quedarse sin tajo ese día. El trabajador que leyó a Nash les advierte que competir entre ellos es muy mala estrategia, lo mejor es que colaboren y no acudan a la plaza cada uno por su lado. Pueden turnarse al buen patrón además de adecuar las elecciones del tajo a sus intereses personales.

La vida real

El juego de los huelguistas es simple cuando existen tan sólo 2 trabajadores, pero cuando la empresa tenga 200 trabajadores las combinaciones darán 40000 resultados posibles. Si a esto le sumamos que no todos los trabajadores son iguales, que hay trabajadores no cualificados, cualificados, mandos y personal más cercano a la administración, la cooperación en un entorno competitivo se empieza a tornar tremendamente difícil. Además los valores no son equitativos un trabajador cualificado puede obtener más beneficio traicionando a sus compañeros y un mando puede ser coaccionado con recibir represalias mayores de la dirección. Sin olvidar que no siempre somos racionales. En situaciones como estas el equilibrio de Nash tiende a la existencia de esquiroles pese a que es una estrategia perdedora tanto para el grupo como para muchas de las opciones individuales, el equilibrio es muy frágil.

El problema de la huelga tiene estrategias ganadoras históricas de los trabajadores. Por ejemplo los trabajadores pueden usar las asambleas para entender las estrategias individuales de los trabajadores y organizarse en una estrategia común. Además pueden usar los piquetes para ser la excusa de huelguistas con miedo y coaccionar a esquiroles. A su vez hay escenarios de división, la competencia entre trabajadores es una ventaja indispensable para la empresa. La empresa procurará sembrar el desconcierto con promesas individuales o manejando a los representantes sindicales. Una figura importante aquí es el representante sindical que desde el punto de vista de la teoría de juegos es un factor limitante de los trabajadores, ya que normalmente no beneficia la cooperación si no que la dificulta y la empeora en su representación de los mismos.

La vida real es un juego no cooperativo imposible de medir.

Cuando Pior Kropotkin conoció a John Forbes Nash

Pior Kropotkin estaba influenciado por un contexto cienticifista, como les pasó a muchos marxistas de su tiempo, el tan criticado determinismo es buen ejemplo de ello. Se cree y probablemente sea cierto que Kropotkin intentó demostrar que el apoyo mutuo es un factor tan determinante en la evolución como la competición entre individuos. Además lo intento demostrar desde un prisma científico basándose en el método “inductivo-deductivo” y en sus conocimientos como naturista. Si Kropotkin hubiese leído las definiciones formales de la tesis de Nash “Non-Cooperative Games” estoy seguro que su enfoque hubiese sido mucho más contundente y categórico, la cooperación es más importante que la competición. El problema es que la cooperación es mucho más complicada de poner en práctica mientras que la competición es trivial y promoverla resulta no ser beneficioso.

Sistemas como el anarcoindividualismo o el liberalismo no fomentan para nada la cooperación, tampoco el socialismo que se apoya en los líderes y desigualdades sociales en función de la valía y la competición entre individuos para ascender en la escala social. El anarcocolectivismo pese a no tener líderes da a los individuos el derecho a poder obtener mayores recursos en función se su contribución social. Aunque pueda sonar tremendamente simple una sociedad igualitaria, al menos en lo económico, maximiza la ganancia para el grupo.

Kropotkin intentó no sólo explicar si no demostrar a los socialistas y a otras ramas del anarquismo que el apoyo mutuo es una estrategia ganadora en el complicado juego no cooperativo de la vida. Ese apoyo mutuo es pilar fundamental del anarcocomunismo, que no contempla individuos con más recursos que otros. Como pasó con Nash muchas mentes brillantes que han ayudado y ayudan a otros a enriquecerse no verán nada de todos esos recursos acumulados pese a su incalculable contribución. La sociedad incluso puede darles la espalda, como le pasó también a Nash una época de su vida.

Presentación del cómic “Historias del Punk” en el CSR Gamonal

9 Marzo 2026 at 14:29
Por: editor

El viernes 13 de marzo tendrá lugar en el CSR Gamonal la segunda sesión de Viñetas & Subversión con la presentación de Historias del punk a partir de las 19:00 horas.

Historias del punk es un tebeo en el que Carlos Azagra y Encarna Revuelta, un tándem creativo que ha dado a la luz novelas gráficas como Pepe Buenaventura Durruti o El último aragonés vivo, han encargado a sus personajes Pedro Pico y Pico Vena que den un buen repaso a la historia del punk ibérico. Un viaje a pie por la memoria cruzando a través de eventos, conciertos, festivales, anécdotas bien jugosas, estilos y una barbaridad de grupos metiendo caña. Porque como bien dicen ellos mismos… “Si no somos nosotros los que contamos la historia… alguien la contará. Y seguramente mal.”

Presentación de “El Sótano” en la Biblioteca La Maldita

9 Marzo 2026 at 14:21
Por: editor

El próximo jueves 12 de marzo la Biblioteca La Maldita de Gamonal acogerá la primera sesión de Viñetas & Subversión, las III Jornadas de Cómic Social y libertario de Burgos, con la presentación de El sótano a partir de las 19:00 horas.

El Sótano es un cómic con el que nos sumergimos en la historia de los últimos maquis que combatieron en Sierra Nevada. La antaño poderosa Agrupación guerrillera de Granada y Málaga, por la que han pasado cientos de combatientes, se desmorona sin remedio. Los últimos guerrilleros son perseguidos por la Guardia Civil, que ha desplegado unidades especializadas por todo el sureste andaluz. La única esperanza de los supervivientes es alcanzar la lejana frontera con Francia. Contaremos con la presencia de Ibán Diaz, profesor de Geografía en la Universidad de Sevilla e ilustrador, autor también de otros cómics como Los Pistoleros donde aborda la conflictividad social de la Sevilla de los años 20.

Viñetas & Subversión: round III

20 Febrero 2026 at 06:21
Por: editor

Regresa a Burgos Viñetas & Subversión, las Jornadas de Cómic Social y Libertario que tendrán lugar a lo largo del mes de marzo . Esta tercera edición, que cuenta con un extenso programa que se desarrollará entre el 12 y el 21 de dicho mes, nos trae de vuelta un montón de tebeos con los que afrontar la realidad desde el pensamiento crítico.

Para conocer más detalles acerca de esta nueva edición de Viñetas & Subversión, os remitimos al programa oficial donde figuran las cinco sesiones que componen las III Jornadas de Cómic Social y Libertario de Burgos.

Taller de Estudios Anarquistas: La experiencia de los paros nacionales en Colombia

12 Septiembre 2023 at 01:38
Por: ViaLibre
Taller de Estudios Anarquistas:
La experiencia de los paros nacionales en Colombia

Del 14 de septiembre al 5 de octubre
Jueves 600 pm
La Redada Miscelánea Cultural (Calle 17 #2-51)
Bogotá

Primera sesión: Introducción y primeras experiencias (1944-1957) 14 de septiembre
Segunda sesión: Auge y crisis (1963-1990) 28 de septiembre
Tercera sesión: Recomposición y estallido (1999-2021) 5 de octubre

Entrada libre
Grupo Libertario Vía Libre

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Comunicado Público a 50 años del Golpe Cívico-Militar

En estos días se conmemoran 50 años del golpe de Estado que dio rienda suelta al terrorismo estatal y patronal, significando años de persecución, tortura, violación y desaparición. Sin embargo, queremos iniciar este documento con un balance de la experiencia desarrollada en los años previos al inicio de la dictadura cívico-militar. Aquel periodo suele asociarse al gobierno de Salvador Allende y a su “vía chilena al socialismo”, no pretendemos extendernos en las claras distancias políticas e ideológicas que nos separan del gobierno de la Unidad Popular (UP), toda vez que lo consideramos un proyecto de modernización capitalista que impulsó la conciliación de clase y el fortalecimiento de los mecanismos estatales de dominación, terminando en el dramático escenario de la dictadura que supuso la pulverización del tejido comunitario, la destrucción de la organización social, el asesinato y tormentos de miles de militantes populares y una profundización en la precarización de nuestras vidas latente hasta el presente.

Por lo tanto, quisiéramos enfatizar en el proceso que se tejía por debajo de las direcciones partidarias, aquel fenómeno que no seguía las pautas de la institucionalidad burguesa y supuso una verdadera amenaza para el orden del Estado y el Capital; hablamos de lxs pobladorxs en las tomas de terrenos y en las Juntas de Abastecimiento Popular, nos referimos a lxs obrerxs en los Cordones Industriales, pensamos en lxs campesinxs en las tomas de fundos y en la alegría popular corriendo el cerco de lo posible, nos referirnos al Poder Popular. Esta capacidad desarrollada por diversos sectores de la clase oprimida, supuso un ejercicio de audacia tremendamente valioso, ya que, en el desarrollo de esta fuerza popular se gestaba una potencialidad capaz de sobrepasar al Estado y plantear un escenario abierto y favorable en la lucha de clases, de allí que el gobierno de Allende no escatimó recursos en iniciar un proceso de institucionalización, cooptación e incluso represión sobre estas expresiones, tratando de desactivar aquella potencia de ruptura revolucionaria.

Sin embargo, no son solo causas “externas” las que debilitaron esta rica experiencia, sino también errores y límites internos que no pudieron ser superados allí donde se apura la historia. El primer traspié fue el burocratismo que operaba sobre las bases populares a partir del comportamiento parasitario de las instituciones estatales y los partidos políticos de la UP, cuestión que se reflejó en la obediencia de las bases a los lineamientos gubernamentales, temiendo, incluso, pasar por encima de Allende aun cuando las fuerzas reaccionarias se preparaban para iniciar el exterminio. Si bien el desarrollo del Poder Popular no es impulsado por el gobierno de la UP, rápidamente, la burocracia institucional inicia un proceso para su cooptación y debilitamiento, por eso, la lección es que ninguna fuerza social puede someterse a un marco gubernamental: el Poder Popular es antiestatal o no será, por tanto, es ineludible rebasar aquellas propuestas políticas que pretenden subyugar el protagonismo de las bases a lineamientos institucionales, tal como hoy ocurre con muchísimos empeños sociales que están completamente sometidos al gobierno de Boric, iniciando procesos de desmovilización y silencio cómplice ante el avance de su agenda represiva, precarizadora y extractivista. La organización popular no debe jamás confiar en un gobierno cualquiera sea su color o signo político, ya que, en la sobrevivencia y fortalecimiento de los pilares de la dominación está nuestra derrota.

El segundo traspié fue la débil coordinación de las diversas experiencias del Poder Popular, dado fundamentalmente por el sectarismo y la política de trinchera de los partidos de izquierda. Estamos convencidxs de que los procesos revolucionarios no le pertenecen a ninguna ideología, partido o movimiento político, más bien, son de lxs oprimidxs que buscan dejar de serlo, por ello, es necesaria la coordinación de los diversos esfuerzos que pretenden trazar el camino de la emancipación, desde perspectivas antiestatales, anticapitalistas y despatriarcalizadoras. Dicha coordinación debe realizarse desde las organizaciones sociales a partir de sus experiencias de lucha, dejando de lado los discursos identitarios y paternalistas. Lo anterior, nos permitirá dotar de perspectiva las luchas del presente y desarrollar, en conjunto con las expresiones organizativas de la clase oprimida, una fuerza capaz de romper el actual tránsito histórico, desechando los atajos institucionales y los personalismos mesiánicos que se nos presentan como barreras en nuestro camino hacia la libertad.

Ya lo dijimos antes, más allá del proyecto de la UP y de la cara institucional de los procesos políticos vividos en los cuales se inscribe el espectacular bombardeo a la Moneda, pensamos que lo que finalmente movilizó el complot golpista cívico-militar fueron las capacidades que mostraron las capas populares y oprimidas de tomar el destino de sus vidas con sus propias manos. Estas capacidades fueron gestadas y desarrolladas en décadas de lucha, constituidas a partir de los aprendizajes colectivos de nuestra clase, desde, al menos, los albores del siglo XX en los centros urbanos y mucho antes por las comunidades en resistencia a las diversas dimensiones de la colonización. Esta capacidad hizo posible la generación de fuerza social organizada que puso a temblar a la clase dominante y a los intereses imperialistas, quienes desataron toda su crueldad contra este protagonismo popular que comenzaba a escribir una nueva historia.

El terror fue desatado sistemáticamente desde el Estado y cayó la noche sobre la alegría de los pueblos. La contra revolución capitalista se abrió paso brutalmente con una imparable avanzada de muerte, tortura, violencia sexual y desaparición forzada, a la vez que llevaba a cabo la misión estratégica de desarticular todas las expresiones comunitarias en donde la vida fuera resuelta de manera solidaria, colectiva y en autogestión. La dictadura cívico-militar se desplegó tácticamente en múltiples dimensiones para sembrar el miedo en la sociedad, con el fin de desmantelar la fuerza social organizada que había hecho posible la experiencia socialista en la región chilena. Estos procesos de desmantelamiento político, social y emocional de gran parte de la clase organizada han provocado una herida colectiva, profunda y traumática, herida que la impunidad y los pactos de silencio institucionales mantienen abierta hasta el día de hoy y que ha traído múltiples consecuencias en la experiencia vital colectiva de todxs quienes hemos crecido en estos territorios los últimos 50 años y más.

La reestructuración capitalista que instauró el golpe y posterior dictadura cívico-militar se tradujo en una serie de rearticulaciones económicas y políticas, las cuales se transformaron en los pilares del sistema económico que heredamos de la dictadura y que los gobiernos de los 30 años han consolidado. Todas ellas han tenido efectos directos en nuestras experiencias vitales compartidas: la reconfiguración de las ciudades a través de la expulsión de lxs pobladorxs de los centros hacia las periferias y el desarrollo de la ciudad neoliberal, el freno de la reforma agraria y la continuidad del antiguo latifundio a través de un modelo agroexportador y el fomento del negocio forestal, el abandono de la educación y la salud pública, la creación de las AFP, la privatización del agua y, en general, la instauración de un modelo neoliberal y extractivista anclado a los deseos de consumo del norte global y los intereses de la clase dominante.

Como planteábamos anteriormente, todos estos mecanismos de terror y precarización de la vida humana y no humana, sumados al acceso al mundo de las cosas, el consumo y el crédito, han permeado capas más profundas de las comunidades y las personas, atomizando e individualizando las experiencias comunes y reduciendo la socialización humana a espacios de consumo y mercado. Nos han educado en la competencia y la violencia para sobrevivir, bajo la premisa del desarrollo y superación personal en base al esfuerzo. Nos han aislado a lxs unxs de lxs otrxs para mantenernos en sensación de soledad y tristeza persiguiendo un modelo de éxito individual que poco conoce del goce de las alegrías y las penas compartidas.

Enfrentadxs a esta devastación ecológica y social de los 50 años de implementación de un programa de muerte y desarticulación de las comunidades, no nos basta con contemplar la derrota de un proyecto institucional ni con reconocer el profundo daño que cargamos como una maldición que pareciera irremediable, porque en medio del despojo, han resistido y germinado diversas experiencias de organización y solidaridad popular como la lucha por la vivienda, las ollas comunes, la colectivización de los cuidados de la niñez, los múltiples espacios comunitarios culturales y deportivos, las luchas anti patriarcales, la defensa y cuidado de los ecosistemas, la lucha mapuche, la resistencia de las comunidades migrantes, entre muchas otras que apuestan por vidas dignas. Estos espacios de acumulación de fuerza, experimentación de formas orgánicas y métodos de lucha son aprendizaje y sabiduría práctica para disputar el presente y construir el futuro.

​​​​​​​Hoy, a 50 años de aquel dramático martes 11 de septiembre, desde el anarquismo no solo tenemos mucho que reflexionar, también debemos comenzar a romper con la inacción y el inmovilismo. Frente a los sectores pusilánimes que nos gobiernan, incapaces de defender a sus propios muertxs ante el avance de los discursos y acciones negacionistas de la derecha reaccionara, es fundamental asumir un rol protagónico en la batalla ideológica que hoy se libra, con lenguajes, narrativas, metodologías y herramientas que nos permitan salir del “gueto”. Si nuestras ideas no se enraízan en nuestra clase, otras lo hacen y, con esto, no pretendemos que todxs lxs oprimidxs se reivindiquen como anarquistas, más bien, buscamos que valores como la solidaridad, el apoyo mutuo, la acción directa y el antiautoritarismo se constituyan en la base de las relaciones sociales de nuestras comunidades, por ello, es fundamental hacer retroceder las ideas y prácticas promovidas por la burguesía, ya sea en su modalidad fascista, liberal o progresista.

Por otro lado, concebimos al anarquismo social y organizado como una caja de herramientas y, como tal, se demanda su uso, por ello es que apostamos por superar las posturas identitarias y sectarias, abrazando la organización social y la construcción comunitaria de poder popular. De esta manera pretendemos desarrollar la fuerza necesaria para destruir la sociedad de clases y la mercantilización de la vida, desplegando una capacidad organizativa que ponga en el centro el protagonismo popular y se oponga a cualquier proyecto personalista, reformista y de conciliación de clases. El anarquismo debe y puede retornar a las luchas sociales y a la organización territorial, no somos ajenxs a las realidades del campo popular porque también somos pobladorxs y  trabajadorxs que luchan por vidas libres y dignas, por eso, seamos hoy parte del fortalecimiento organizativo y de la necesaria coordinación de aquellas luchas libradas por diversos sectores de nuestra clase.

Finalmente, reconocemos que es necesario romper con la falsa oposición entre Estado y Mercado, apostando por construir una alternativa popular con foco en la reproducción de la vida que, desde la gestión comunitaria, prefigure aquella nueva y buena vida que buscamos, a partir de la autonomía y de un programa antiestatal, anticapitalista y con una perspectiva despatriarcalizadora. Resistir no significa soportar los oscuros tiempos aferrándonos a nuestras convicciones, más bien es transformar nuestra realidad, organizarnos comunitariamente, sin retroceder ante las contradicciones y amarguras de la situación actual. Confiamos en que la memoria, la lucha y la organización popular nos acercan a la emancipación y a la construcción de comunidades más sanas, más alegres, más dignas.​​​​​​​

A pesar de los golpes y las heridas: ¡organizadxs y en comunidad luchamos por la vida!
Asamblea Anarquista de Valparaíso - Federación Anarquista de Santiago

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