La banca islámica ha experimentado un crecimiento exponencial en Kirguistán durante los últimos años, hasta dejar de ser un nicho para convertirse en un segmento significativo del sistema financiero del país centroasiático. Según datos del Banco Central de Kirguistán, el volumen de financiación basada en principios islámicos alcanzó los 21.100 millones de soms (unos 225 millones de euros), lo que representa un incremento de casi seis veces respecto al periodo anterior.
Este auge se inscribe en un contexto de creciente demanda de productos financieros compatibles con la sharia, que prohíbe el cobro de intereses y las inversiones en sectores como el alcohol o el juego. Las autoridades kirguisas han impulsado un marco regulatorio favorable para atraer capital de países del Golfo, tradicionales impulsores de las finanzas islámicas en Asia Central.
Un mercado en expansión
El crecimiento de la banca islámica en Kirguistán contrasta con la situación en otras repúblicas de la región, donde su implantación es aún incipiente. Uzbekistán, Kazajistán y Tayikistán han mostrado interés en desarrollar productos similares, pero ninguno ha alcanzado un volumen comparable. El Banco Central de Kirguistán ha señalado que las entidades que operan bajo principios islámicos han multiplicado su cartera de créditos y depósitos.
Entre los factores que explican este auge se encuentra la expansión de las remesas desde trabajadores emigrados a países musulmanes y la creciente oferta de sukuk (bonos islámicos) en el mercado interno. Además, la proximidad geográfica con China y la Ruta de la Seda ha facilitado la llegada de inversores de Emiratos Árabes Unidos y Catar.
El volumen total de financiación islámica en Kirguistán representa ya cerca del 2% del PIB del país, una cifra modesta en términos absolutos pero significativa en un sector que prácticamente no existía hace una década. Expertos consultados por fuentes locales advierten, no obstante, de que el desafío principal sigue siendo la liquidez, ya que los bancos islámicos no pueden recurrir a instrumentos de deuda convencionales para gestionar sus excedentes.