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AnteayerSalida Principal

Un estudio incide en la responsabilidad de los empresarios para prevenir los efectos del calor en el trabajo

23 Julio 2026 at 11:54

Dice Marouane Laabbas el Guennouni, en plena ola de calor, que para gestionar el calor no podemos esperar a que lleguen las temperaturas extremas. «Deberíamos hacerlo cuando está nevando», analiza en esta entrevista en Climática con motivo del estudio que, junto con el investigador Andreas D. Flouris, acaba de publicar en el Instituto Sindical Europeo (ETUI), el centro de investigación y formación de la Confederación Europea de Sindicatos (CES).

Con el título El cambio climático y la salud de los trabajadores, el informe recoge lo que viene siendo una evidencia desde hace tiempo –»El cambio climático está haciendo más vulnerables a ciertas personas trabajadoras”–, pero también incluye entre sus principales conclusiones qué hay que hacer para evitarlo: «El estrés térmico laboral es prevenible, pero solo si la prevención se aborda como una obligación del empleador y una cuestión laboral colectiva, y no como una cuestión de resiliencia individual«. Entre las medidas figuran la evaluación de los riesgos térmicos mediante indicadores adecuados, la hidratación, la disponibilidad de zonas de descanso frescas o a la sombra, los ciclos de trabajo y descanso remunerados, la reprogramación de tareas, la aclimatación, la ventilación, la planificación de emergencias, la formación, la vigilancia de la salud y medidas específicas para los trabajadores con mayor riesgo.

«La necesidad de protección ante la exposición al calor no es cuando el calor sucede –insiste el coautor del estudio– sino que tienes que tener una preparación, medidas, protocolos de actuación que adopten el principio de prevención, es decir, medidas que estén preparadas para proteger antes, durante y después de la exposición». Es decir, no basta con un indicador concreto que solo tenga en cuenta la temperatura, sino otros factores como la humedad, la velocidad del aire… o, incluso, cómo los equipos de protección individual van a afectar o no al calor que experimentan las personas trabajadoras. 

En ese aspecto, el estudio señala asuntos que generan riesgos climáticos: «El diseño del lugar de trabajo, la organización laboral, la intensidad de las tareas, la vestimenta, los equipos de protección individual (EPI), la jornada laboral y el poder de negociación determinan si dichos riesgos se convierten en exposiciones laborales; y la exposición puede derivar en enfermedades, lesiones, pérdida de capacidad laboral, reducción de ingresos e inseguridad”. Y muchas veces, esas lesiones no son vistas como una consecuencia del efecto del calor.

Según recoge el mismo informe, análisis recientes del Centro Común de Investigación prevén que 22 regiones europeas pueden sufrir pérdidas anuales de productividad laboral superiores al 1% para el año 2050, cifra que ascendería a 107 regiones en la década de 2080. Estas pérdidas no se distribuyen de manera uniforme. Si bien el sur de Europa y la región mediterránea ya presentan una exposición elevada, el centro, el este y el norte de Europa también se ven cada vez más afectados, especialmente en zonas de islas de calor urbanas, edificios mal adaptados y sectores que históricamente no se diseñaron teniendo en cuenta las altas temperaturas.

Entre los trabajadores con menor capacidad para afrontar este riesgo se encuentran los migrantes y las personas en situación irregular, los trabajadores estacionales y de plataformas digitales, los falsos autónomos, los trabajadores remunerados a destajo, las trabajadoras embarazadas, los trabajadores de mayor y menor edad, aquellos con enfermedades crónicas y quienes deben utilizar equipos de protección individual o impermeables; no obstante –insiste el documento–, su vulnerabilidad deriva de factores diversos, como la susceptibilidad fisiológica, la concentración en sectores y ocupaciones de alto riesgo, las condiciones laborales precarias y una capacidad más limitada para ejercer sus derechos laborales.

Dice también Marouane Laabbas el Guennouni, que ha visto los efectos del calor en trabajadoras como su abuela y su madre, que en dos de las tres conferencias que ha organizado desde el ETUI este año se han producido situaciones en las que ha habido una emergencia hablando de la propia emergencia: «Es que recuerdo que en Barcelona estábamos en la sala y todos los móviles empezaron a sonar con la alarma. ¿Por qué digo esto? Porque está pasando ya. Es la nueva realidad. Y sin darle respuesta, nos va a atrapar, ya nos está atrapando».

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Prevención: libros y canciones para ayudar a las niñas y niños a protegerse de los pederastas

10 Junio 2026 at 07:00
Por: Ana Veiga

Hablar de los niños sin los niños es habitual; incluso, con ellos y ellas delante, como si no estuvieran, como si no entendieran. Pero lo hacen, a su manera, y es vital ofrecerles herramientas para que conozcan sus derechos, sus límites y detectar cómo y a quién pedir ayuda. 

Paso 1: conocer el cuerpo

Debemos empezar por el conocimiento de su propio cuerpo. Basta de eufemismos. Lo de que ‘no se nombra, no existe’ se puede aplicar a cómo nos relacionamos con nuestros genitales y las «zonas privadas». Al delimitar primero unas zonas, los niños pueden no solo saber de su existencia sino de su importancia. 

Libros como Tu cuerpo es tuyo, de Lucía Serrano, Tu cuerpo es un tesoro, de Margarita García Marqués –fundadora de la Asociación para la Sanación y Prevención de los Abusos Sexuales en la Infancia–, o ¡Mi cuerpo es mío!, de Dagmar Geisler, son una adquisición obligada en nuestra biblioteca casera.

Además, El semáforo corporal, de María Edelys Soler Rojas, ofrece pictogramas para que los niños y niñas neurodivergentes –con Trastorno del Espectro Autista y Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad– puedan reconocer qué zonas no puede tocar nadie. 

Paso 2: el consentimiento

¿Os suena eso de la abuela diciendo «dame un beso que me pongo triste»? Además de tener su poquito de manipulación emocional, pone contra las cuerdas el consentimiento del niño. La prevención se inicia ahí. Enseñarles que pueden negarse es la manera de que entiendan que la opción del no siempre está disponible.

 «En mis besos mando yo», dice la protagonista de Marta no da besos, de Pablo Macías y Belén Gaudes, con ilustraciones de Nacho de Marcos. También habla de ello la pediatra Mar López Sureda en El monstruo de los abrazos. También creó, junto a Demi, la canción Solo mío

El consentimiento (¡para niños y niñas!), de Rachel Brian deja claro en su subtítulo qué encontraremos en sus páginas: cómo poner límites, pedir respeto y estar a cargo de ti mismo. Esta novela gráfica pretende alejarse de la lógica de la culpa y la vergüenza, y les propone reflexionar sobre sus fronteras infranqueables. 

Por su parte, el erizo Enzo explica en Con sentimiento: el cuerpo solo se toca con permiso –de Carmen Esteban y Júlia Quintana– cómo el abrazo de una amiga de su madre hace que se sienta incómodo; y, sobre todo, cómo escuchar al cuerpo para detectar si estamos a gusto o no con el contacto de otras personas.

Paso 3: los secretos

A veces, la prevención no es suficiente. Por eso, también debemos contarles a quién avisar o cómo pueden sentirse para que aprendan a detectarlo. Y sí, alertarles de que esa persona, el agresor, no tiene por qué ser necesariamente alguien desconocido que nos regale caramelos en la calle, sino que puede ser del entorno familiar o cercano. Como demuestra la estadística.

Uno de los cuentos más usados en los centros escolares es Kiko y la Mano (también conocido como La Regla de Kiko), un libro recomendado a partir de los tres años y publicado por el Consejo de Europa. Cuenta, además, con un Manual para profesionales –válido también para padres y madres–. En su cuarto capítulo, por ejemplo, se centra en cómo explicar a los niños y niñas que identifiquen personas específicas a las que pueden pedir auxilio y enseñarles a ayudarse entre sí cuando uno de ellos no es capaz de contarlo a los adultos.

¿De qué color son tus secretos?, de la psicóloga Margarita García Marqués, promueve la expresión emocional en la infancia cuando han sido víctimas de alguna transgresión en sus límites corporales, y les enseña a identificar los tipos de secretos. Porque, como cantan Los Canticuénticos: «Hay secretos chiquititos que te invitan a jugar y hay secretos tan enormes que te vienen a asustar. No se tienen que guardar los secretos que hacen mal». 

Unicef ha creado una página con canciones que puedes escuchar aquí.

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