¿Preocupación de la administración Trump por las redes del narcotráfico que canalizan la droga hacia Estados Unidos? NINGUNA. Todo ha sido una coartada, una cortina de humo, destinada a preparar el terreno, a crear las condiciones políticas y de opinión pública para la operación militar de Venezuela. Invocar el fentanilo, la cocaína u otras sustancias tan sólo es una excusa para la justificar la invasión de este país, tomada ya hace tiempo; más aún, con ese mismo pretexto, se podrían justificar en el futuro operaciones militares en Colombia y México, países que cuentan con gobiernos que abiertamente cuestionan la conducta imperialista de la administración estadounidense. Todo ello conforme a la doctrina Monroe, reivindicada por Trump, que considera a Latinoamérica como su zona de influencia, su “patio trasero”.
¿Tiene esta operación algo que ver con el “totalitarismo” existente en Venezuela, con las disputas surgidas a raíz de las últimas elecciones celebradas en el país? NADA, otra cortina de humo. De hecho, no sólo la preocupación de Estados Unidos por la limpieza democrática de los procesos electorales es de hecho inexistente, sino que resulta un sarcasmo que el respeto por esos procesos lo reivindique un país que en los últimos 30 años ha promovido o bien ha organizado directamente un buen número de golpes de estado.
Un país que protagonizó la invasión de Iraq, provocando decenas de miles de muertes y la desestabilización de la región, a sabiendas de que carecía de armas nucleares (por cierto con el beneplácito, entre otros, de José María Aznar, político que, si la palabra justicia tuviera algún valor, tendría que haber sido llevado a la Corte Penal Internacional); un país que ahora soporta económica y militarmente regímenes criminales que vulneran de manera sistemática los derechos humanos (Yemen, Arabia Saudí…); un país, en fin, que sostiene militar y económicamente al gobierno genocida de Israel… por citar algunos ejemplos de la “preocupación” de Estados Unidos por los derechos humanos.
¿Cuál es entonces el quid de la cuestión? Está meridianamente claro. Hacerse con las enormes reservas de petróleo existentes en territorio venezolano, las mayores del mundo conocidas, con un enorme potencial de extracción y comercialización; ese ha sido el primer y más importante objetivo del bombardeo y de la intervención militar estadounidense. El mismo Trump, con la obscenidad que le caracteriza, lo ha señalado: las empresas petroleras de Estados Unidos se harán cargo inmediatamente de este enclave estratégico (por cierto, pieza clave en la disputa económica con China en la región).
Una política respaldada por los oligarcas de EE. UU.
Pero, por importante que sea esta cuestión, no se trata sólo de hacerse con el petróleo de Venezuela. El acceso a recursos estratégicos –energía, minerales y tierras raras-, además de ser clave para el propio sector militar, lo es asimismo para la consolidación y expansión de las industrias tecnológicas, que los utilizan masivamente; en consecuencia, necesitan garantizar la oferta y controlar los mercados y las rutas de suministro de esos insumos.
Es en ese contexto donde hay que situar la agresiva e intervencionista política exterior de Estados Unidos; una política respaldada por los oligarcas del país, los poderosos e influyentes milmillonarios, los dueños de las grandes firmas tecnológicas y de las redes que los sostienen; Trump y su camarilla no están solos, no estamos ante un pequeño grupo de alocados políticos; cuentan con una sólida base social que los respalda y que espera obtener, que ya está obteniendo, sustanciales beneficios de las políticas trumpistas.
¿Cómo están respondiendo las instituciones globales a esta flagrante violación del derecho internacional? Una condena formal, como mucho, que de hecho sanciona el nuevo statu quo, y a pasar página. ¿Y las europeas? Me temo que el pronunciamiento de estas repartirá culpas, leves hacia Estados Unidos, y contundentes en lo concerniente al régimen venezolano, justificando en la práctica la intervención militar.
La cuestión tiene su importancia, porque, de hecho, la inacción y el descrédito de las instituciones globales y regionales (y la retirada de Estados Unidos de diferentes instituciones multilaterales) es una pieza clave del unilateralismo practicado por este país, política para la que no hay líneas rojas y que es una de las victorias del neofascismo a escala global.
Con la información disponible cuando escribo estas líneas, ya es evidente la implicación, a diferentes niveles, de la oposición venezolana al gobierno de Nicolás Maduro. Habrá que ver en los próximos días cómo se articulan los diferentes actores en presencia, tanto los que apoyan la invasión como los que han sostenido el régimen.
Un último comentario para recordar las llamadas a la invasión estadounidense realizadas desde hace tiempo por parte de la Maria Corina Machado -a la que, para vergüenza de la institución que lo concede, recientemente se le ha otorgado el premio nobel de la paz- y su ofrecimiento a tomar el poder de manera inmediata.
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