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AnteayerSalida Principal

Todo tiene un precio

7 Junio 2026 at 11:42
Por: victorhck
Fotografía artística de un teclado de un portátil
Imagen: Fabricio Trujillo

Joe Bloggs se sentó frente a su portátil nuevo, pulsó el botón de encendido y esperó. Le había costado una buena suma, pero bien lo merecía: había tenido su dispositivo anterior durante casi seis meses. Mantenerlo más tiempo seguro que le costaría aparecer en un registro en algún sitio. Eso nunca era bueno. Aún peor era estar en posesión de una máquina más allá de su periodo legal de uso, una violación de la RA1011. Eso era aterrador.

Tras 30 minutos de vídeos promocionales, el ordenador llegó a la pantalla de inicio. Pasó la tarjeta y le cobraron 25 dólares por abrir el escritorio. Aunque sí era verdad que tenía que pasarla una sola vez. En cada una de las siguientes sesiones, el importe se le cargaría automáticamente en cuenta.

Lo mismo ocurría con las aplicaciones. Algunas eran más baratas que otras. Abrir Wowser costaba solo 50 céntimos, porque era la puerta de entrada al World Wide Market. En la red, cada sitio ya tenía su propia tarifa de acceso: las tiendas solían ser más baratas. Pero visitar cualquier portal donde pudieras interactuar con otras personas, en chats, foros o redes sociales, te podía costar hasta 100 dólares el minuto.

Tras los 50 anuncios de visionado obligatorio, Wowser mostró la página de GooBing, cargándole otros 10 dólares a su cuenta. Aunque aún no había realizado ninguna búsqueda, ¡uno no podía esperar que le regalasen la información!

De hecho, eso estaba prohibido por la ya famosa RA1996: «Ninguna persona, empresa, organización o entidad pública puede ofrecer productos o servicios de ningún tipo de forma gratuita». En el momento de su aprobación, argumentaron que esto nivelaría el terreno de juego, impidiendo que ciertas asociaciones, organizaciones benéficas y hackers subversivos de software libre socavaran a las empresas. Los mandamases tecnológicos, al fin y al cabo, eran los grandes titanes hechos a sí mismos al mando de los verdaderos motores de la industria, dirigiendo las empresas que generaban empleo y creaban verdadera riqueza a partir de la nada digital.

Joe no podía estar en desacuerdo. Después de todo, él era uno de los beneficiarios de la industria tecnológica. Cuando encendía su procesador de textos con certificación RA0365, podía trabajar y ganar lo suficiente para mantener la tecnología que le permitía trabajar y ganar dinero. Además, todo le resultaba tan cómodo: el subsistema iSpyAI detectaba automáticamente que estaba usando la suite ofimática para su trabajo, calculaba el valor monetario de su producción y descontaba un 10% para el proveedor de software.

Esto tenía sentido para Joe: si ganas dinero con su software, era justo que se llevaran su parte, incluso después de cobrarte en su momento por la adquisición del software y por el privilegio de usar su almacenamiento en la nube. Después de todo, los discos estaban ridículamente caros y eran muy lentos, decían, tanto es así que, no tenía sentido ofrecer en los menús del software en ningún sitio una opción para guardar tu trabajo localmente.

Si usaba la suite de oficina para cosas no relacionadas con el trabajo, como cuando escribía sus poemas, la tarifa se calculaba por palabra. Pero ya no hacía eso muy a menudo, no tanto por el coste, sino porque iSpyAI también registraba y analizaba esos textos y era cada vez más fácil violar alguna de las RA menos conocidas, incluso con un simple haiku.

El chaval del apartamento de al lado había escrito un apasionado mensaje a su novia. Antes de que pudiera pulsar el botón de Enviar, unos hombres armados vestidos de negro derribaron su puerta y lo golpearon con sus porras eléctricas hasta dejarlo sin sentido. Joe nunca llegó a enterarse qué empresa de software los había enviado, pero ahora su vecino cojeaba y estaba ciego de su ojo izquierdo.

En todo caso, que el navegador Wowser le llevara a GooBing cada vez que se ejecutaba era demasiado caro para Joe. Así que abrió la configuración y rebuscó en su contenido. Cambiar un valor predeterminado le costaría solo unos pocos céntimos. Modificar la página principal probablemente supondría algún cargo extra, pero, si elegía con cuidado, a la larga le saldría a cuenta.

Localizó la opción de la página principal y rellenó la casilla con foodsolutions4u.com, un sitio barato que Joe frecuentaba. Era una tienda que ofrecía «comidas*» para microondas. El texto bajo el asterisco garantizaba que cada comida contenía «sustancias alimentarias aprobadas». Foodsolutions4u le obligaba a hacer una compra en cada visita según la RA0888, pero sus productos eran casi todo lo que comía Joe.

Pulsó Guardar.

Una alerta a pantalla completa se iluminó en su escritorio. Letras grandes, blancas y agresivas sobre un fondo rojo:

VIOLACIÓN DE RA0101 DETECTADA. NO ABANDONE LAS INSTALACIONES. NUESTROS AGENTES LE ATENDERÁN EN BREVE.

La sangre se le heló en las venas.

Sonó un fuerte golpe en la puerta…


Este texto es una traducción del artículo original escrito en inglés por Paul Brown y publicado originalmente en su blog bajo una licencia CC-by-sa que puedes leer en este enlace:

Muchas gracias a Paul por permitirme traducir y publicar su ficción o peligrosa profecía de la «truñificación» que va asolando cada rincón de lo que una vez fue una red abierta.

El software libre creado por las distintas comunidades debe seguir ofreciendo alternativas éticas y creadas por personas para personas frente a sistemas cerrados que cada vez encierran más a sus usuarios «usados» en sus propios ecosistemas abusivos: no posees tus equipos o software, solo una licencia que te permite su uso.

victorhck

Fotografía artística de un teclado de un portátil

Libro «Nosotros» de Yevgueni Zamiatin

31 Mayo 2026 at 11:42
Por: victorhck

Una distopía escrita en 1920, creo que injustamente olvidada que nos recuerda a 1984 de George Orwell

una imagen en blano y negro de un gato medio dormido encima de un libro.
Imagen: Heather McKeen

Todos tenemos en la mente la famosa tríada distópica literaria de lectura cuasi obligatoria como son: 1984, Un mundo feliz y Fahrenheit 451, de George Orwell, Aldous Huxley y Ray Bradbury respectivamente. Junto con otras incorporaciones que se han ganado su fama como El cuento de la criada de Margaret Atwood, por citar las más conocidas.

Si no las has leido, deja de leer este artículo ahora mismo y dirígete a tu biblioteca más cercana a empezar a remediar ese descuido.

Pero antes que todas esas, hoy quiero escribir por una que para mí era una desconocida y que podríamos determinar como la semilla de todas ellas. Se trata de la novela Nosotros del escritor Yevgueni Zamiatin escrita en (nada más y nada menos) 1920.

Creo que la existencia del libro me llegó por Mastodon (no recuerdo por parte de quién) ya que lo desconocía por completo y no me sonaba de nada. Así que en mi biblioteca municipal me prestaron el libro para poder leerlo.

En Nosotros de Zamiatin empezamos a leer muchas de las cosas que ya nos suenan de la obra de Orwell 1984.

Si en 1984 teníamos a un Gran Hermano que todo lo controlaba, de igual manera en esta novela tenemos al Gran Bienhechor, que todo lo sabe y que perpetua ese estado que todo lo controla y castiga de manera ejemplar la disidencia.

Pero ¿quién va a querer disidencia si ya son felices y han eliminado la libertad de elección que era fuente de tristeza? Ahora todo está planeado, todo es más fácil, todo está pensado para ser eficiente.

¿Queremos esa libertad sin felicidad? o ¿La felicidad sin libertad?

Creo que es una falsa dicotomía plantear eso y aceptarlo sin más análisis y crítica. ¿cuál sería tu elección? Un estado que controla todo para hacer así que no tengas que pensar en nada y que seas feliz (¿realmente eso es felicidad?) o que tengas libertad de acción, y eso te acarreará infelicidad muchas veces…

Pero volvamos al libro a la sociedad que plantea, rodeada de un muro de cristal que nadie se ha atrevido a traspasar ¿y por qué hacerlo? ¿nadie? Una sociedad encerrada en sí misma, que ahonda únicamente en su historia contada por el Estado Único que es quien mantiene la «pureza» de espíritu y criterio de sus ciudadanos o números, ya que eso son.

Matemática, racionalidad. Nada de sueños. Dormir sí, pero soñar no. Es una anormalidad que no tiene sentido ni beneficio. Fantasear acarrea infelicidad ¿por qué hacerlo? No nos salgamos del camino marcado. Estamos siendo vigilados.

Han diluido su personalidad propia y única en un conglomerado de sociedad vigilada por los unos vigilantes que todo lo controlan y no es difícil ya que los edificios son de cristal y no existe intimidad.

Toda su vida está organizada y regida por unos horarios que controlan su tiempo: trabajo, «ocio», relaciones sexuales, comida (a base de una comida para todos igual). Desfilan por la ciudad de cristal en filas únicas y alineadas, como sus cerebros. Aquí el autor habla del sistema Taylor de control de tiempo. Que según la wikipedia:

El taylorismo, en organización del trabajo, hace referencia a la división de las distintas tareas del proceso de producción. Fue un método de organización industrial, cuyo fin era aumentar la productividad y evitar el control que el obrero podía tener en los tiempos de producción.

Saben que hace tiempo existió otra sociedad infeliz y dan gracias al Gran Bienhechor por haber remediado eso.

El libro es sin duda la semilla de 1984. Orwell dio a su sociedad una complejidad que la hace más creíble. Pero sin duda Nosotros ofrece una visión desasosegante y opresiva de una sociedad alineada y feliz en esa falta total de libertad.

Las revoluciones ocurrieron hace ya mucho tiempo. La última revolución fracasó y esto que ves aquí es lo que hay. Adáptate y no pienses, ya lo hacen otros por tí.

El libro me gustó. Pensar que está escrito en 1920 sorprende por ver la imaginación del autor a la hora de escribir sobre una ciudad que me imagino futurista, gris y fea estéticamente sin ninguna gracia, uniforme y banal.

El libro fue prohibido y no fue hasta 1988 cuando se publicó en ruso. Me parece injustamente olvidado (o esa es mi apreciación, igual todos lo conocíais) en esa gran literatura de distopías. Esas historias que son las que prohiben los estados totalitarios, pero que en algunos casos han tomado como manual de sus propios desvaríos peligrosos.

Te recomiendo la lectura del libro, una especie de diario del protagonista llamado D-503 en el que descubre que quizás la última revolución no existe y siempre hay una pendiente… ya veremos.

Imagen: Victorhck en Pixelfed

victorhck

una imagen en blano y negro de un gato medio dormido encima de un libro.

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