Académicos chinos han argumentado que el archipiélago de Batanes, en el norte de Filipinas, constituye una extensión natural de Taiwán, y por tanto debería considerarse parte de las reclamaciones territoriales de China. La tesis, recogida por la prensa asiática, añade un nuevo foco de tensión a la ya deteriorada relación entre Pekín y Manila en el Mar de China Meridional.
El argumento, que no ha sido adoptado formalmente como política oficial por el gobierno chino, ilustra cómo los vínculos históricos y culturales indígenas pueden quedar atrapados en la competencia geopolítica contemporánea. La cadena de islas, situada entre Taiwán y Luzón, es estratégica por su proximidad a rutas marítimas clave y a la base naval filipina de Basco.
La postura de los académicos —que consideran Batanes como una prolongación geológica y cultural de Taiwán— se suma a una lista creciente de puntos conflictivos entre China y Filipinas. En los últimos meses, Pekín ha intensificado sus patrullas en el Mar de China Meridional, mientras que Manila ha reforzado su alianza con Estados Unidos, que mantiene presencia militar en el archipiélago filipino.
La disputa por Batanes podría tener implicaciones para el equilibrio regional, al tratarse de una zona que Pekín nunca había reivindicado explícitamente hasta ahora. Aunque la posición china se centra en el Mar de China Meridional, la nueva línea argumental expande potencialmente el alcance de sus reclamaciones hacia el norte, en aguas próximas al estrecho de Luzón, una vía de tránsito para un tercio del comercio marítimo mundial.