Los trayectos en Metro, aunque muchas veces asfixiantes, pueden ser un lugar perfecto para la reflexión. Más si el tema sobre el que se da vueltas tiene que ver con la clase. Silvia Bezos eligió este transporte para que la protagonista de Manos de pobre, cómic que se hizo con el Premio PANG de la editorial Aristas Martínez, meditara sobre cómo los conceptos de desigualdad, acceso al conocimiento y cultura del esfuerzo moldean nuestras vidas.
Unas reflexiones que la autora contrasta con ilustraciones muy coloridas, referencias pop y mucho humor para que, según la propia Silvia Bezos, no la acusen de “intensita”. Hablamos con ella sobre todas estas ideas y sobre por qué, después de hacer el cómic, ha llegado a la conclusión de que no quiere cambiar de clase.
¿Las manos de pobre, por más que queramos, siempre van a ser reconocibles?
Una conclusión a la que he llegado después de hacer el cómic es que cuando intentamos disimular, tener ese passing de clase media, podemos lograrlo en algún aspecto. Algunos podrán conseguir una casa mejor, otros vestirán como la clase alta y otros pondrán todo su empeño en el plano intelectual, pero en otros sentidos se les va a notar. Al final siempre se vislumbra. Creo que es imposible en todos los puntos llegar al mismo lugar.

Sobre todo si se trabaja seis días a la semana, como le pasa a la protagonista. ¿Se pueden tener otras manos con esta realidad?
El esfuerzo que tiene que hacer una persona que trabaja tanto para alcanzar los mismos lugares que una que viene de lugares privilegiados es enorme. Algo que acaba llevando a una serie de consecuencias tanto físicas como mentales o en el tiempo que le queda para no hacer nada. Esto lo vemos en las personas que estudian mientras trabajan: ¿Cuánto esfuerzo le supone aprobar en comparación con su compañero que no tiene otra cosa que hacer?
Quizá donde más reconocible sea encontrar esas manos es en el Metro. ¿Por eso decidiste ubicar la obra allí?
El Metro es un lugar muy de clase obrera. Que haya gente que no lo ha cogido en su vida es algo que a las personas de a pie nos deja locas. También porque es muy repetitivo y claustrofóbico, como la vida laboral de las personas de clase trabajadora.
La novela gráfica es una especie de ensayo en el que muestras cómo la clase nos atraviesa en todos los ámbitos de nuestra vida. Incluso en el modo en que nos comportamos o en cómo nos expresamos.
Esto depende un poco de cuáles sean tus ambiciones. Pero algo que parece obvio, es decir, que una persona que venga de clase obrera se vaya a expresar peor, Brigitte Vasallo lo desmonta en su libro de Lenguaje exclusivo y exclusión de clase. Ella dice que las personas que vienen de clase baja, cuando están en público o en lugares de gente de estratos más altos, sobreproducen el lenguaje. Entonces tienes los dos extremos: los que se expresan peor y los que tienden a hacerlo con muchísima complejidad. Esto último, aunque no lo parezca, también señala de dónde vienes.
Podemos pensar que la clase tiene que ver sobre todo con la riqueza, pero hay otros muchos capitales que influyen. Como el cultural.
A mí esto fue lo primero que me obsesionó, porque es lo que más me importa. El resto de cosas que acompañan el venir de estratos sociales altos me dan más igual. Pero yo recuerdo pensar de pequeña: ¿Por qué una compañera sabía ciertas cosas si no las habíamos dado en clase? Ese capital cultural en mi opinión es el más difícil de alcanzar. Tanto, que en este punto nos llevan mucha ventaja y tienes que poner mucho empeño para alcanzarlo.
En el cómic esto lo muestro a través una carrera de relevos generacional. Algo que estoy viviendo ahora con mi hija. Pienso en cómo educarla en este aspecto porque no he tenido referentes. Y me pregunto qué hacen estas personas para que a sus hijos de 18 años sean cultísimos. Algo que creo que no depende del colegio al que se va, sino de lo que pasa en casa. El problema es que es más fácil copiar las conductas exteriores que las domésticas. La clase tiene que ver mucho con cómo te comportas ahí. Y con lo cultural pasa mucho eso.
¿Por ello es tan complicado cambiar de estatus social?
Uno de los motivos por los que nos intentan convencer de que sí se puede es por esto: porque es casi imposible. Hubo un momento en el que el ascensor social sí que funcionaba más, pero ahora está muy estropeado. Para vivir medianamente bien tenemos que hacer esfuerzos muy grandes y, aun así, mucha gente ni siquiera mejora. Ellos nos venden que es posible de manera individual, pero es al revés: solo lo conseguiremos de manera colectiva.
«Si nos intentan convencer de que se puede cambiar de clase es porque es casi imposible»
Una serie de reflexiones casi ensayísticas que entran en contraste con las ilustraciones coloridas y pop. ¿Por qué quisiste hacerlo así?
Siempre he tenido miedo de que me acusen de intensa en la vida, por eso me he adaptado así al miedo. Compenso la intensidad con el chiste y el colorido. No ha sido nada meditado.
También hay mucho humor. Aquí hasta los perros reflexionan con la protagonista.
Tenía muchas ganas de hacer un cómic, pero a la vez me daba miedo. Me apunté en 2020 a un curso de novela gráfica que fue genial y me animó un montón. En él, uno de los consejos que me dieron fue que tenía que intentar que el lector no acabara odiando a la protagonista. Me pareció interesante introducir personajes que apuntillaran o expresaran lo que ella no dice, para que no fuera la protagonista la que cargara con todo el discurso. Y si podían ser graciosos, como un perro, mejor.
En la contraportada de Manos de pobre la protagonista deja la conclusión de que en la obra ha encontrado todas las excusas para explicar por qué no está forrada a su edad.
Una cosa que hace este cómic más llevadero es que se ríe bastante de la protagonista. No es un discurso súper aleccionador, sino que se mofa de ella y de todos los que tenemos pensamientos del estilo. Yo, después de hacer le cómic, he llegado a la conclusión de que no quiero cambiar de clase. Lo que quiero es vivir con dignidad, tener tiempo libre, salud y educación a mi alcance.
Igualmente, en la obra hago la reflexión de que esta gente está fatal. Ellos tienen problemas de salud mental –diferentes de los de la clase trabajadora– que tienen que ver con una excesiva contención en la vida. Si eso es a lo que aspiramos, yo paso. También pierden capacidad de empatía y contacto con la realidad y lo humano. Yo solamente quiero y deseo dignidad para la gente. Se me ha pasado la idealización de los privilegios de clase durante todas estas reflexiones.
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